Del compañero y miembro de Espai Marx, Carlos Valmaseda.
1. EEUU pierde fuerza en Asia occidental
2. Llamamiento del FPLP.
3. Palestina y Kurdistán: la solidaridad en situaciones «complejas» (observación de José Luis Martín Ramos).
4. Las vidas palestinas no importan.
5. El futuro de Netanyahu.
6. Situación militar, política y diplomática en la guerra de Palestina.
1. EEUU pierde fuerza en Asia occidental
Lo último de Bhadrakumar, sobre la pérdida de poder del unipolarismo.
La diplomacia estadounidense ha perdido tracción en Oriente Próximo. Aislar a Irán ya no es posible.
El presidente estadounidense Joe Biden está convencido de que una de las razones por las que Hamás lanzó el ataque contra Israel fue el anuncio durante la Cumbre del G20 en Nueva Delhi sobre el Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa . Pero también admitió que esta lectura se basaba puramente en su instinto y que no tenía ninguna prueba de ello.
La motivación de Biden al decir esto radica en la desesperada necesidad de Estados Unidos de recuperar su papel de liderazgo en el Oriente Medio musulmán. Las dos realidades más apremiantes que rechazan el liderazgo estadounidense son: una, una fuerte solidaridad regional unida que trasciende las divisiones sectarias para buscar un acuerdo sobre Palestina, como nunca antes, y, dos, el acercamiento saudí-iraní.
Los últimos acontecimientos relacionados con Hamás e Israel socavaron los esfuerzos de Estados Unidos por persuadir a Arabia Saudí de que reconociera a Israel. Sin duda, la postura saudí sobre el problema palestino se ha endurecido. Biden se puso en contacto con el príncipe heredero Mohammed bin Salman el martes en un intento de crear la mayor convergencia posible entre Washington y Riad.
Pero la lectura de la Casa Blanca muestra que una masa crítica siguió siendo difícil de alcanzar; incluso cuando los dos líderes estuvieron de acuerdo en generalidades, no pudieron ponerse de acuerdo sobre la importantísima cuestión específica de un alto el fuego urgente entre Israel y Hamás.
Este profundo desacuerdo se refleja también en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde Emiratos Árabes Unidos apoyó el proyecto de resolución ruso, que pedía «un alto el fuego humanitario inmediato, duradero y plenamente respetado», pero se opuso al proyecto de resolución estadounidense, que se mostraba evasivo respecto al fin de los combates y, en cambio, insistía en el derecho de Israel a la autodefensa.
En una declaración conjunta firmada el jueves por los ministros de Asuntos Exteriores de Egipto, Jordania, Bahréin, EAU, Arabia Saudí, Omán, Qatar, Kuwait y Marruecos, se pedía un alto el fuego inmediato en la Franja de Gaza. En una admonición a Estados Unidos e Israel, la declaración afirmaba: «El derecho a la autodefensa de la Carta de las Naciones Unidas no justifica violaciones flagrantes del derecho humanitario e internacional».
De cara al futuro, la gran pregunta es sobre la intención estadounidense. ¿Se trata de una flexión muscular o de un complot oculto para crear hechos sobre el terreno que puedan aprovecharse como casus belli para lanzar una ofensiva contra Irán, que ha sido durante mucho tiempo un proyecto de los neoconservadores que dominan los discursos de la política exterior estadounidense?
Biden declaró el miércoles en una conferencia de prensa en la Casa Blanca que había advertido al líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, de que si Teherán seguía «actuando contra» las fuerzas estadounidenses en la región, Washington respondería.
Citando a Biden, «Mi advertencia al ayatolá fue que si siguen avanzando contra esas tropas, responderemos. Y debe estar preparado. No tiene nada que ver con Israel». (Biden se refería a los crecientes ataques contra bases estadounidenses en Irak y Siria).
El adjunto político de la oficina del presidente iraní, Mohammad Jamshidi, ha rebatido desde entonces el comentario de Biden, diciendo: «Los mensajes de EE.UU. no iban dirigidos al líder de la Revolución Islámica ni eran más que peticiones de la parte iraní. Si Biden cree que ha advertido a Irán, debería pedir a su equipo que le muestre el texto de los mensajes».
Horas después, cuando se le pidió una aclaración, el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Kirby, respondió: «Se transmitió un mensaje directo. Hasta ahí voy a llegar». Es concebible que los recientes ataques de grupos militantes en Siria e Irak supongan un quebradero de cabeza para Biden en política interior. Según los informes, hasta ahora han resultado heridos unas dos docenas de militares estadounidenses y ha muerto un contratista militar. Hay unos 2.500 soldados estadounidenses en Irak y unos 900 en Siria.
Es posible que Biden estuviera exagerando. No es algo inusual en los enfrentamientos entre Estados Unidos e Irán. Pero lo más probable es que Estados Unidos espere obligar a Irán a frenar a las milicias que campan a sus anchas en Siria e Irak para que no agraven la situación.
Irán está de acuerdo con China, Rusia y los Estados árabes en pedir un alto el fuego inmediato para que se den las condiciones para que la diplomacia aborde de forma significativa el problema palestino. Defienden la solución de los dos Estados. Irónicamente, Estados Unidos también afirma que apoya una solución de dos Estados.
Esto es lo que Biden declaró ayer en una conferencia de prensa en la Casa Blanca, leyendo de un texto preparado: «Israel tiene el derecho y, yo añadiría, la responsabilidad de responder a la matanza de su pueblo. Y nos aseguraremos de que Israel tenga lo que necesita para defenderse de estos terroristas. Eso es una garantía…
«Pero eso no disminuye la necesidad de – para operar y alinearse con las leyes de la guerra para Israel – tiene que hacer todo lo que esté en su poder – Israel tiene que hacer todo lo que esté en su poder, por difícil que sea, para proteger a los civiles inocentes …
«También quiero dedicar un momento a mirar hacia el futuro que buscamos. Israelíes y palestinos merecen por igual vivir uno al lado del otro con seguridad, dignidad y paz. Y no se puede volver al statu quo del 6 de octubre…
«También significa que cuando esta crisis termine, tiene que haber una visión de lo que viene después. Y en nuestra opinión, tiene que ser una solución de dos Estados. Significa un esfuerzo concentrado de todas las partes -israelíes, palestinos, socios regionales, líderes mundiales- para encaminarnos hacia la paz».
¿Suenan estas palabras como si Biden se estuviera preparando para una guerra con Irán? Por primera vez, quizá, hay un rayo de esperanza de que Estados Unidos deje de dar vueltas al problema palestino. Lo esencial, como también atestiguan las deliberaciones en el Consejo de Seguridad de la ONU, es que todas las potencias responsables comprenden que Oriente Próximo sigue siendo el centro de gravedad de la política mundial y que una conflagración en la región podría convertirse fácilmente en una guerra mundial. Y ninguna de las grandes potencias desea un desenlace tan apocalíptico.
Dicho esto, aunque Estados Unidos sigue teniendo un poder sin rival en Oriente Próximo, su influencia ha disminuido al surgir nuevas realidades:
Israel se ha hecho más poderoso militar y económicamente frente a los palestinos, pero ya no disfruta del dominio regional.
Arabia Saudí y los EAU, dos potencias dominantes en Oriente Medio, afirman cada vez más sus propios intereses.
China, aunque es un actor relativamente nuevo, ya no se limita a la diplomacia económica.
Estados Unidos ha perdido capacidad de influencia en el mercado mundial del petróleo, ya que Rusia colabora estrechamente con Arabia Saudí en el ámbito de la OPEP+ para calibrar el nivel de producción y los precios del petróleo.
En consecuencia, el petrodólar se está debilitando.
Los Acuerdos de Abraham han quedado prácticamente aparcados.
El conflicto árabe-israelí ha adquirido nuevas dimensiones en los últimos años, gracias al ascenso del eje de resistencia, que exigen nuevas posturas y reflexiones operativas por parte de EEUU.
La política israelí ha virado bruscamente hacia la extrema derecha.
El entorno global es muy complicado; el proceso de paz ya no puede estar bajo la tutela de Estados Unidos. El jueves, Rusia organizó una reunión trilateral en Moscú con el viceministro de Asuntos Exteriores de Irán y una delegación de Hamás. Más tarde, el viceministro ruso de Asuntos Exteriores, Mijaíl Bogdánov, que también es enviado presidencial especial para Oriente Próximo y África, anunció que el dirigente palestino Mahmud Abbas «llegará pronto en visita oficial» a Moscú para entrevistarse con el presidente ruso, Vladímir Putin.
En una guerra total con Irán, Estados Unidos sufrirá numerosas bajas y el Estado de Israel podría quedar destruido. De hecho, Irán podría optar por la capacidad de disuasión nuclear. Es casi seguro que una guerra entre Estados Unidos e Irán se convertirá en una guerra mundial. Está claro que la guerra no es una opción.
Existe un alto riesgo, por tanto, en una invasión terrestre israelí de Gaza. Si Israel se empantana en Gaza, lo que de ningún modo puede descartarse, existe una alta posibilidad de que Hezbolá abra un segundo frente. Y eso, a su vez, puede desencadenar una reacción en cadena que puede salirse de control. Aquí reside el peligro si no se acuerda un alto el fuego lo suficientemente pronto en el conflicto.
2. Llamamiento del FPLP
No recuerdo si ya os había pasado el llamamiento del FPLP. Por si acaso, aquí lo tenéis:
Llamamiento del Frente Popular para la Liberación de Palestina a un estallido masivo contra los países agresores y rechazo a la guerra de exterminio
El Frente Popular para la Liberación de Palestina llama a un estallido masivo contra los países agresores y rechazo a la guerra de exterminio El Frente, ha convocado «una manifestación de ira popular el viernes 27 de octubre de 2023, en rechazo a la rabiosa guerra sionista de aniquilación contra nuestro pueblo y en apoyo del derecho de nuestro pueblo a la existencia, la libertad y la independencia, y por su legítima resistencia contra la entidad criminal sionista». El FPLP llama «a las masas de nuestro pueblo en la Cisjordania ocupada y en el territorio ocupado en 1948 a incendiar el suelo bajo los pies del ejército enemigo y a intensificar la lucha en todas sus formas contra el ejército enemigo y sus colonos, destacando que la ferocidad de la opresión y el crimen sionista contra nuestro pueblo en Jerusalén y en toda Cisjordania y nuestra tierra ocupada en 1948 no pueden impedir que estas masas se levanten a defender su patria, su pueblo y sus derechos en este momento fatídico». El Frente dirige su llamamiento «a los pueblos libres del mundo, al pueblo de la gran nación árabe y a los opositores de la agresión a intensificar la lucha contra todas las partes que apoyan la agresión, destacando que este es un momento en el que se clasifican las posiciones y se determina a partir de este momento quien es el enemigo y quien es el amigo para el pueblo de Palestina y para la nación árabe». El Frente ha dicho que «el apoyo descarado y la clara participación de las potencias y gobiernos coloniales en esta agresión deben recibir una respuesta popular clara, y que el mundo entero debe hacer frente al horror de estos crímenes cometidos por el ocupante contra los niños, los ancianos y mujeres». El Frente ha destacado que «cerrar las embajadas del enemigo sionista y los países agresores y sus bases es hoy un deber moral y panárabe, y que levantar el asedio a nuestro pueblo y traer ayuda y equipos de socorro es una misión panárabe, porque está prohibido abandonar y dejar a nuestro pueblo al exterminio y a las herramientas del hambre y la matanza sionistas». El Frente concluyó su llamamiento diciendo que «estos son días decisivos y fatídicos en la historia de Palestina, de la nación árabe y del mundo, y que su confianza es total en la victoria de nuestro pueblo, y que es deber de toda persona libre en este mundo de hoy para apoyar a nuestro pueblo, firme en su tierra, frente a los crímenes de genocidio y los intentos de desarraigo». Frente Popular para la Liberación de Palestina 26 de octubre de 2023
Fuente: https://twitter.com/
3. Palestina y Kurdistán: la solidaridad en situaciones «complejas»
Los kurdos están en una posición complicada, al haberse abrazado a los EEUU. Muchos kurdos no se quieren solidarizar con Palestina porque desconfían de Hamás. El autor de este artículo defiende, frente a una solidaridad que llama «de estados-nación», construir una solidaridad desde la base.
Internacionalismo más allá de la geopolítica de Estados y solidaridad de principios en situaciones «complejas»: Solidaridad kurda y palestina
Por : Ozlem Goner
El 4 de octubre Turquía inició otra serie de ataques contra la región de mayoría kurda de Rojava (norte y este de Siria) y destruyó el 80% de la infraestructura civil, incluidas cincuenta escuelas y dos hospitales. Hasta ahora han muerto decenas de personas y millones se han quedado sin electricidad ni agua. La excusa de Turquía esta vez fue un atentado perpetrado por dos miembros del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) contra las Fuerzas Generales de Seguridad del Estado turco en Ankara, en el que resultaron heridos dos agentes de seguridad. Turquía lleva mucho tiempo afirmando que las Unidades de Protección Popular de Rojava (YPG) son la misma organización que el PKK y afirmando sin pruebas que los atacantes reales proceden de esta región. Mientras escribo esto, Turquía sigue arrasando la región con sus ataques aéreos y el mundo vuelve a guardar silencio.
Dos días después del recrudecimiento de los continuos ataques de Turquía, el mundo se vio sacudido por la matanza de más de mil ciudadanos israelíes a manos de Hamás y otras organizaciones que han unido sus fuerzas a Hamás a pesar de sus diferencias ideológicas y políticas con la primera. Israel, al igual que Turquía, produjo un montón de noticias falsas y utilizó los ataques como excusa para arrasar toda la franja de Gaza, una prisión al aire libre, creada en primer lugar por el colonialismo de los colonos israelíes. Los ataques dirigidos contra ciudadanos israelíes son un síntoma de la violencia colonial en curso, que ha dejado a la Palestina colonizada sin ningún otro medio de autodefensa. En lugar de replantearse el contexto del ataque de Hamás, Israel, con la ayuda de los políticos y los medios de comunicación occidentales, se embarcó en un proyecto genocida a gran escala para deshumanizar aún más a los palestinos mediante un discurso abiertamente racista y llamamientos a la tortura.
El distanciamiento de segmentos de activistas kurdos de la solidaridad palestina a través de una crítica a Hamás en este momento es un síntoma de una forma particular de internacionalismo centrado en los Estados, un internacionalismo que busca la pureza a través de acciones políticamente correctas de los colonizados sin prestar la debida atención a las condiciones actuales de colonización y opresión.
La primera reacción colonial fue la del ministro de Defensa de Israel, Yoav Gallant, que ordenó un «asedio total a la Franja de Gaza». Dijo que «no habrá electricidad, ni alimentos, ni combustible. Todo está cerrado. Estamos luchando contra animales humanos y actuaremos en consecuencia». Tzipi Navon, asesora de Sara Netanyahu, abogó abiertamente por torturar a los palestinos, diciendo que Israel debería «dejar sus lenguas para el final, para que podamos disfrutar de sus gritos, sus oídos para que pueda oír sus propios gritos, y sus ojos para que pueda vernos sonreír.» Mientras escribo esto, al menos 2.383 palestinos han muerto y 10.814 han resultado heridos, según fuentes del Ministerio de Sanidad palestino. El mundo está observando, y mientras los líderes autocráticos de Oriente Medio instrumentalizan cierto apoyo retórico a Palestina, guardan silencio no sólo sobre la naturaleza opresiva de sus propios gobiernos contra los disidentes y las minorías, sino también sobre su complicidad en el colonialismo de los colonos israelíes, dados sus continuos vínculos comerciales con Israel.
Uno de estos líderes autocráticos es el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan, que ha condenado la violencia de Israel contra Palestina, y ha estado desempeñando el papel de pacificador promovido incluso por redes progresistas como Democracy Now, que dio amplia cobertura al discurso de Erdoğan sobre Palestina, ignorando por completo que el mismo Erdoğan ha estado arrasando Rojava al mismo tiempo. La hipocresía de Turquía, y el hecho de que algunos círculos progresistas hayan apreciado a este «pacificador» de doble cara, han frustrado a los activistas kurdos, algunos de los cuales se han distanciado de la solidaridad palestina en este momento crucial. Por ejemplo, el medio de comunicación kurdo progresista exclusivamente femenino Jinnews publicó un artículo con el desafortunado título de «¿Están los pueblos confinados a elegir entre Palestina o Israel?». Aunque este artículo y muchos otros medios progresistas kurdos enmarcaron su distanciamiento en relación con Hamás y argumentaron acertadamente que Palestina es mucho más grande que Hamás, no hay que olvidar que enmarcar este contexto particular en torno a una crítica a Hamás ha legitimado la violencia colonial de los colonos en curso, que entra en una nueva etapa de completa aniquilación genocida.
Sugiero que el distanciamiento de segmentos de activistas kurdos de la solidaridad palestina a través de una crítica a Hamás en este momento es un síntoma de una forma particular de internacionalismo que se centra en torno a los Estados, un internacionalismo que busca la pureza a través de acciones políticamente correctas de los colonizados sin prestar la debida atención a las condiciones actuales de colonización y opresión. Este tipo de internacionalismo ha prevalecido en muchos círculos progresistas. Me centraré aquí en la solidaridad kurda con Palestina, y en la solidaridad de los progresistas estadounidenses con el Kurdistán más amplio, especialmente con Rojava, que actualmente está siendo arrasada por el Estado turco.
Problemas con el internacionalismo geopolítico
Ciertos segmentos del movimiento kurdo han problematizado con razón a Hamás desde un ángulo geopolítico. Hamás ha estado históricamente cerca de Turquía. Khaled Mashal, ex presidente del Buró Político de Hamás, celebró en una ocasión el colonialismo de los colonos y la limpieza étnica de Turquía en Afrin, en el norte y este de Siria, diciendo: «El éxito de Turquía, especialmente en Afrin, es un ejemplo serio. Esperemos que todos seamos bendecidos con las victorias de la Ummah islámica en muchas partes del mundo, como en Afrin.» Además, alrededor de 14.000 personas en Rojava murieron luchando contra el Estado Islámico respaldado por Turquía, lo que hace que las poblaciones kurdas desconfíen con razón de otras organizaciones fundamentalistas religiosas. Del mismo modo, Hamás cuenta con el apoyo retórico, si no material, no solo de Turquía, sino también del Régimen Islámico de Irán, que, al igual que Turquía, ha sido notoriamente opresivo contra las poblaciones y organizaciones kurdas, como han puesto de manifiesto los actuales levantamientos de Jina. Por último, el Estado turco incluso ha colocado a algunos refugiados palestinos en la región de Afrin como parte de sus campañas de intercambio de población para librar a la zona de sus poblaciones kurdas autóctonas, un acto de limpieza étnica. Estas realidades sobre el terreno crean emociones difíciles, que dan lugar a que algunos segmentos del movimiento político kurdo se distancien de la solidaridad palestina.
Sostengo que, aunque es fácil comprender los sentimientos que conducen a este distanciamiento, es políticamente condenable basar la política de solidaridad organizativa en los sentimientos. Fundamentalmente, se trata de sentimientos de internacionalismo geopolítico centrados en los Estados-nación, en los que los progresistas se relacionan con países y grupos en función de cómo se sienten sus Estados «propios» u «opresores» (malvados) respecto a un conflicto determinado. Por ejemplo, un disidente de Turquía siente la necesidad de distanciarse de todos los Estados y grupos a los que Turquía presta apoyo. Esta dinámica es especialmente frecuente en la política de solidaridad en Estados Unidos. Amplios sectores progresistas estadounidenses consideran que el internacionalismo requiere solidaridad con los países y grupos a los que Estados Unidos parece oponerse, y negar la solidaridad a los países y grupos a los que Estados Unidos parece apoyar. Aunque esta postura podría haber resultado útil, especialmente teniendo en cuenta la violencia imperial estadounidense histórica y actual, se basa en demarcaciones geopolíticas a priori, así como en una frecuente valorización de otros Estados y dictadores imperiales y coloniales sólo porque parecen estar en oposición a Estados Unidos. Aunque en un principio esta postura parece internacionalismo, sobre todo teniendo en cuenta el violento papel imperial de Estados Unidos en todo el planeta, en realidad impide analizar las realidades materiales de la opresión y la colonización sobre el terreno y obstaculiza el desarrollo de posibles alianzas con poblaciones oprimidas y organizaciones disidentes en lugares en los que Estados Unidos parece estar apoyando.
Como alternativa, el internacionalismo desde la base se basa en un análisis material de las relaciones de colonialismo y opresión; aboga por solidarizarse con los colonizados y los oprimidos en todos los contextos y por desarrollar alianzas con organizaciones de base reales. Si, por ejemplo, uno se centra en las redes del capitalismo global, entonces ve que las demarcaciones geopolíticas y los usos instrumentales de la solidaridad por parte de los actores estatales son a menudo una fachada. Por ejemplo, detrás de la retórica de solidaridad de Erdoğan, existen profundas y continuas conexiones comerciales y militares entre Turquía e Israel. Durante la Asamblea General de la ONU de septiembre de 2023, Erdoğan informó de que ambos países planean elevar su volumen comercial de 9.500 millones de dólares a un mínimo de 15.000 millones e incluso desarrollar algunos ministerios compartidos, para aumentar la cooperación en energía, turismo y tecnología. Incluso la República Islámica de Irán ha colaborado históricamente con Israel, comprando gran parte del armamento utilizado durante la guerra Irán-Irak a un país que, por otra parte, califican de «malvado».
Del mismo modo, a pesar de que Estados Unidos ha trabajado con las fuerzas de seguridad de mayoría kurda en el norte y el este de Siria para evitar el rebrote de la actividad del ISIS, ha apoyado durante mucho tiempo la guerra de Turquía contra el Kurdistán con medios materiales como la ayuda militar, el intercambio de inteligencia y la venta de armas, incluidos los aviones de guerra que se están utilizando en el Kurdistán más amplio en este momento. Y la alianza con la seguridad kurda en la región ni siquiera puede acercarse a la profundidad de las redes capitalistas desarrolladas entre Turquía y Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial. Por lo tanto, gran parte de la postura geopolítica emocional, ya sea por parte de ciertos disidentes en Turquía e Irán que se distancian de Palestina, o por parte de los progresistas en los EE.UU. que se distancian de la región de mayoría kurda del norte y este de Siria, no se basa en las relaciones materiales reales entre sus estados opresores y otras regiones, países y grupos.
Una vez que vamos más allá del internacionalismo geopolítico y nos centramos en cambio en las relaciones materiales del capitalismo global entre los actores estatales, así como en las relaciones regionales de colonialismo y opresión, la solidaridad internacionalista con los pueblos y las organizaciones políticas sobre el terreno se vuelve mucho menos «complicada». Esta forma de internacionalismo no opera a nivel de los Estados, sino desde el terreno creado a través de redes de solidaridad con organizaciones de base. Para lograr esta forma de internacionalismo, tenemos que ser críticos con las expectativas de pureza de los oprimidos, ya sea en un sentido liberal de victimismo que «condena» toda acción «violenta», o en un sentido más progresista de corrección política, que exige una pureza de motivaciones y alianzas políticas sin prestar atención a las simples necesidades de supervivencia.
El enigma de la pureza y el internacionalismo desde el (desordenado) terreno
La primera forma de discurso de la pureza es la liberal, que sólo espera el «victimismo» de los colonizados y los oprimidos. Cualquier acción de autodefensa se «condena» fácilmente, sin prestar atención a la violencia estructural permanente del colonialismo y a la capacidad de los oprimidos para autodefenderse, con los métodos que estén a su alcance. Incluso aquellos que son más conscientes de la agencia política, y conscientes de la limitada disponibilidad de medios de autodefensa, a veces caen en esta trampa liberal. Desde el lugar de cualquier acción supuestamente «violenta» emerge un falso discurso de «dos bandos», una condena de la violencia de «ambos bandos», que no sólo oculta la realidad estructural y sistemática de la violencia colonial, sino también el hecho de que los colonizados disponen de métodos muy limitados de autodefensa. En el caso de Palestina, es porque la oposición palestina no dispone de una fuerza militar violenta con aviones y tanques para defenderse del colonialismo de los colonos israelíes por lo que recurren a acciones como el asesinato de civiles. De alguna manera, esto último parece ser «más brutal» que décadas de violencia colonial de los colonos a manos de una gigantesca fuerza militar financiada por múltiples Estados. Esto no es una defensa de Hamás ni de sus acciones, sino un llamamiento a darse cuenta de que Hamás y las acciones concretas que lleva a cabo son un producto del colonialismo de los colonos israelíes, y no al revés.
Quienes son conscientes de los problemas de este falso discurso de «dos bandos», separan rápidamente a Hamás del pueblo palestino y condenan al primero, al tiempo que muestran cierta solidaridad nominal con el segundo. Por supuesto, sería un error reducir los movimientos palestinos, por no hablar del pueblo palestino, a Hamás y sus acciones. El Estado israelí estuvo implicado en la creación de Hamás y los medios de comunicación israelíes y occidentales han utilizado estos discursos reduccionistas que equiparan a Hamás y Palestina para legitimar el colonialismo de los colonos israelíes en Gaza y el resto de Palestina desde hace décadas. Sin embargo, no hay que olvidar que muchas otras organizaciones en Palestina reconocen la última acción como un acto de autodefensa, y que una «condena» de Hamás en este contexto concreto, así como los análisis basados en la llamada «violencia de dos bandos», legitiman la violencia genocida que Israel ejerce sobre Palestina. Estas representaciones alimentan una falsa noción liberal de «dos bandos» que hace invisible la realidad colonial y enmarca la violencia colonial como un «conflicto». Aunque la oposición palestina es mucho mayor que Hamás, y el apoyo a Hamás es limitado entre el pueblo palestino, estos debates no deberían ser relevantes para nuestra solidaridad con Palestina contra el colonialismo de los colonos israelíes.
Una segunda forma de discurso de pureza, prevalente entre los círculos más progresistas, es la expectativa de pureza política en las alianzas formadas por el marco geopolítico explicado anteriormente. Por ejemplo, para ser totalmente solidarios con Palestina en este momento, algunos kurdos podrían esperar que la oposición palestina evitara alianzas con Turquía. Del mismo modo, grandes segmentos de progresistas en Estados Unidos, como la DSA Internacional, se distanciaron de la revolución en Rojava y han permanecido en su mayoría en silencio ante el genocidio y feminicidio en curso de Turquía en la región debido a la participación militar táctica de Estados Unidos en la región contra el Estado Islámico.
En términos más sencillos, es crucial entender que la política sobre el terreno es confusa dada la colonización en curso y la propia falta de solidaridad internacionalista. Los colonizados tienen derecho a la autodefensa, a sobrevivir por todos los medios a su alcance. Y cuando la solidaridad internacional no está disponible para detener las acciones de los Estados colonizadores, los colonizados tienen derecho a procurarse los medios de autodefensa de quienquiera que los ponga a su disposición. Los que creen en el internacionalismo anticolonial deben apoyar a los colonizados y no condenar de forma general las relaciones pragmáticas que necesitan establecer para sobrevivir.
Además, no es responsabilidad de los colonizados, sino de los grupos y organizaciones en posiciones relativamente más privilegiadas, buscar formas de conseguir y mantener los medios de autodefensa que permitirían a los colonizados otras opciones que sentarse a la mesa del diablo. Un internacionalismo desde la base requiere que estudiemos a fondo el contexto material para comprender la relación de colonialidad y opresión, y que nos pongamos del lado de los colonizados y los oprimidos independientemente de la pureza de sus acciones y de las alianzas políticas que formen para sobrevivir. Al mismo tiempo, podemos desarrollar alianzas internacionalistas reales desde la base para que nuestros movimientos puedan sostenerse mutuamente y podamos liberarnos de las relaciones y dependencias con los Estados opresores.
En este contexto concreto, kurdos y palestinos han sufrido diversas formas de violencia colonial a manos de Turquía e Israel, respectivamente, y es nuestra alianza, junto con todas las demás poblaciones colonizadas y oprimidas de Oriente Próximo y más allá, la que puede traer la justicia y la paz. Desde aprender a autodefendernos juntos hasta momentos de solidaridad de valor incalculable, como la visita de Leyla Halid a Leyla Güven, una activista política kurda en huelga de hambre mantenida como rehén en las prisiones coloniales turcas, nuestra historia está llena de lecciones de solidaridad contra el mismo sistema global de opresión capitalista y colonialista. En este momento en que Rojava y Palestina están sufriendo una limpieza étnica, es más urgente que nunca encontrar un internacionalismo anticolonialista de principios desde la base.
Observación de José Luis Martín Ramos:
Los kurdos tienen una historia torcida. No son un pueblo apreciado por sus vecinos; acostumbran a equivocarse en sus alianzas (participaron en el genocidio armenio). Han estado muy divididos históricamente y su último giro dejándose instrumentalizar por EEUU no les lleva a ningún lado. Y comparto: el internacionalismo, el que concebimos desde el socialismo (en el sentido más amplio) y desde el anarquismo, es entre pueblos, no entre estados; entre estados es otra cosa, empieza a ser preocupante la suplantación del análisis de clase por el análisis geopolítico. Parece que los kurdos se equivocan diciendo que los amigos de mis enemigos no pueden ser mis amigos.
4. Las vidas palestinas no importan
De este artículo escrito por un palestino nacido en EEUU -sobrino de Edward Said-, más allá de la descripción del horror, lo que más me ha impresionado es este párrafo, en el que compara la destrucción actual con el «viejo» genocidio: «Lo que estamos presenciando, en otras palabras, es quizás la primera fusión de violencia colonial y genocida de la vieja escuela con armas pesadas avanzadas de última generación; una amalgama retorcida del siglo XVII y del XXI, empaquetada y envuelta en un lenguaje que se remonta a tiempos primitivos y a estruendosas escenas bíblicas que implican la derrota de pueblos enteros: los jebuseos, los amelikitas, los cananeos y, por supuesto, los filisteos.»
Ningún ser humano puede existir – globalter
Ningún ser humano puede existir
SAREE MAKDISI
Recientemente, un australiano-palestino amigo mío fue invitado a aparecer en la cadena nacional de televisión de Australia para hablar de la situación en Gaza y sus alrededores.
Sus entrevistadores blancos le plantearon todas las preguntas habituales: ¿Puede defender lo que hemos visto de los militantes de Hamás? ¿Cómo ha ayudado esta violencia a la causa palestina? ¿Cómo puede alguien defender la matanza de jóvenes amantes de la música en un festival de música? ¿Defiende usted a Hamás?
Probablemente esperaban una reacción defensiva por su parte, pero tranquilamente, en su suave inglés con acento australiano, mi amigo ya había dado la vuelta a la entrevista. “Quiero saber por qué estoy aquí hoy, y por qué no he estado aquí en el último año”, dijo suavemente.
En vísperas del 7 de octubre, señaló, las fuerzas israelíes ya habían matado a más de doscientos palestinos en 2023. El asedio en Gaza tenía más de dieciséis años, e Israel llevaba setenta y cinco años operando al margen del derecho internacional. Lo “normal” en Palestina era una matanza al día, pero una matanza al día en una ocupación que dura ya décadas no era noticia y, desde luego, no justificaba una entrevista en directo en una cadena de televisión nacional.
Ahora los palestinos tenían la oportunidad de hablar porque de repente a los medios de comunicación occidentales les importaba, y les importaba (“como debería importarnos a nosotros”, añadió mi amigo) porque, esta vez, entre las víctimas había civiles israelíes.
En los días posteriores al 7 de octubre, Australia mostró su apoyo a Israel: El Parlamento y la Ópera de Sídney se iluminaron con los colores de la bandera israelí; el primer ministro dijo que las concentraciones propalestinas debían suspenderse por respeto a los muertos israelíes; el ministro de Asuntos Exteriores fue criticado por decir que Israel debía esforzarse por minimizar las muertes de civiles en Gaza. “Bueno, ¿y qué pasa con nuestras vidas?”, preguntó mi amigo.
¿Qué hay de iluminar un edificio por nosotros? Cuando nuestro gobierno ilumina todos los edificios de azul y blanco, ¿cómo se supone que debemos sentirnos nosotros [los palestinos australianos]? ¿No somos australianos? ¿No deberíamos importarle a nadie? Los colonos israelíes prendieron fuego a un niño de 14 años en Cisjordania. ¿Y nosotros?
A los presentadores de las noticias les pilló desprevenidos. No se supone que estas entrevistas sean así.
Los que, como mi amigo, somos convocados por los medios de comunicación occidentales para ofrecer una perspectiva palestina sobre el desastre que se está produciendo en Gaza somos muy conscientes de la condición con la que se nos permite hablar, que es la suposición tácita de que las vidas de nuestra gente no importan tanto como las vidas de la gente que sí importa. Las preguntas se enmarcan en el ataque inicial de Hamás contra civiles israelíes (el ataque de Hamás contra objetivos militares israelíes y el cinturón israelí de fortificaciones, torres de vigilancia y puertas de prisiones que rodean Gaza pasa desapercibido), y cualquier intento de situarlo en un marco histórico más amplio se desvía de nuevo al ataque en sí: ¿Cómo puedes justificarlo? ¿Por qué intentas explicarlo en lugar de condenarlo? ¿Por qué no pueden limitarse a denunciar el atentado?
Si los comentaristas palestinos queremos que se nos pregunte sobre la violencia israelí contra los civiles palestinos -sobre la historia de limpieza étnica y apartheid que produjo la Franja de Gaza contemporánea y la violencia que estamos presenciando hoy; sobre la violencia estructural de décadas de ocupación israelí que separa a los agricultores de sus campos, a los profesores de sus aulas, a los médicos de sus pacientes y a los niños de sus padres- tenemos que pedir que se nos pregunte. E incluso entonces, las preguntas no llegan.
En las últimas dos semanas he hablado con muchos periodistas de diferentes medios de comunicación. Salvo raras excepciones, el patrón es el mismo desde hace años. Una reciente aparición en un importante canal de noticias por cable de Estados Unidos fue cancelada en el último minuto, inmediatamente después de que enviara los temas de conversación que el productor me pidió que presentara; claramente no eran los temas de conversación que tenían en mente. Durante años, figuré en la lista de invitados habituales a las entrevistas de radio y televisión de la BBC sobre Palestina, hasta que, durante un bombardeo israelí anterior de Gaza, le dije al entrevistador que estaba haciendo las preguntas equivocadas y que las preguntas que importaban tenían que ver con la historia y el contexto, no sólo con lo que estaba ocurriendo en ese momento. Esa fue mi última aparición en la BBC.
¿Cómo puede una persona compensar siete décadas de tergiversación y distorsión deliberada en el tiempo asignado a un bocado? ¿Cómo puede explicar que la ocupación israelí no tiene que recurrir a las explosiones -o incluso a las balas y ametralladoras- para matar? ¿Que la ocupación y el apartheid estructuran y saturan la vida cotidiana de cada palestino? ¿Que los resultados son literalmente asesinos incluso cuando no hay disparos?
A los enfermos de cáncer de Gaza se les impide recibir tratamientos vitales. Los bebés a cuyas madres las tropas israelíes niegan el paso nacen en el barro, junto a la carretera, en los puestos de control militares israelíes. Entre 2000 y 2004, en el punto álgido del régimen israelí de bloqueo de carreteras y puestos de control en Cisjordania (que se ha vuelto a imponer con venganza), sesenta y una mujeres palestinas dieron a luz de esta manera; treinta y seis de esos bebés murieron a consecuencia de ello. Eso nunca fue noticia en el mundo occidental. No eran pérdidas que hubiera que lamentar. Eran, como mucho, estadísticas.
Lo que no se nos permite decir, como palestinos que hablamos a los medios de comunicación occidentales, es que toda vida tiene el mismo valor. Que ningún acontecimiento se produce en el vacío. Que la historia no empezó el 7 de octubre de 2023, y si situamos lo que está ocurriendo en el contexto histórico más amplio del colonialismo y la resistencia anticolonial, lo más sorprendente es que alguien en 2023 todavía se sorprenda de que unas condiciones de violencia, dominación, asfixia y control absolutos produzcan a su vez una violencia atroz.
Durante la revolución haitiana de principios del siglo XIX, antiguos esclavos masacraron a hombres, mujeres y niños colonos blancos. Durante la revuelta de Nat Turner en 1831, los esclavos insurgentes masacraron a hombres, mujeres y niños blancos. Durante el levantamiento indio de 1857, los rebeldes indios masacraron a hombres, mujeres y niños ingleses. Durante el levantamiento Mau Mau de la década de 1950, los rebeldes keniatas masacraron a hombres, mujeres y niños colonos. En Orán, en 1962, los revolucionarios argelinos masacraron a hombres, mujeres y niños franceses. ¿Por qué esperar que los palestinos -o cualquier otra persona- sean diferentes? Señalar estas cosas no es justificarlas; es comprenderlas. Cada una de estas masacres fue el resultado de décadas o siglos de violencia y opresión coloniales, una estructura de violencia que Frantz Fanon explicó hace décadas en Los desdichados de la tierra.
Lo que no se nos permite decir, en otras palabras, es que si quieres que cese la violencia, debes poner fin a las condiciones que la produjeron. Hay que poner fin al espantoso sistema de segregación racial, desposesión, ocupación y apartheid que ha desfigurado y atormentado a Palestina desde 1948, como consecuencia del violento proyecto de transformar una tierra que siempre ha sido el hogar de muchas culturas, religiones y lenguas en un Estado con una identidad monolítica que exige la marginación o la eliminación total de cualquiera que no encaje.
Y que, aunque lo que está ocurriendo hoy en Gaza es consecuencia de décadas de violencia colonial de los colonos y debe situarse en la historia más amplia de esa violencia para ser comprendido, nos ha llevado a lugares a los que nunca antes nos había llevado toda la historia del colonialismo.
En cualquier momento, sin previo aviso, a cualquier hora del día o de la noche, cualquier edificio de apartamentos de la densamente poblada Franja de Gaza puede ser alcanzado por una bomba o un misil israelí. Algunos de los edificios afectados simplemente se derrumban en capas de tortitas de hormigón, los muertos y los vivos por igual sepultados en las ruinas destrozadas. A menudo, los rescatadores gritan “hadan sami’ana?” (“¿alguien puede oírnos?”), oyen las llamadas de socorro de los supervivientes en lo más profundo de los escombros, pero sin equipos de elevación pesados lo único que pueden hacer es arañar impotentes las losas de hormigón con palancas o con sus propias manos, esperando contra toda esperanza poder abrir huecos lo suficientemente anchos como para sacar a los supervivientes o a los heridos.
Algunos edificios son alcanzados por bombas tan pesadas que las bolas de fuego que se forman esparcen partes de cuerpos y a veces cuerpos enteros carbonizados -generalmente, debido a su pequeño tamaño, los de niños- por los barrios circundantes. Los proyectiles de fósforo, preparados por los artilleros israelíes para detonar con espoletas de proximidad, de modo que las partículas incendiarias caigan sobre un área lo más amplia posible, prenden fuego a todo lo inflamable, incluidos muebles, ropa y cuerpos humanos. El fósforo es pirofórico: arderá mientras tenga acceso al aire y básicamente no puede extinguirse. Si entra en contacto con un cuerpo humano, hay que extraerlo con un bisturí y seguirá ardiendo en la carne hasta que se extraiga.
“Vivimos”, dijo uno de los corresponsales árabes de Al Jazeera, hablando por encima del omnipresente zumbido de los letales drones israelíes, “envueltos en el olor a humo y muerte”. Familias enteras -veinte, treinta personas a la vez- han sido aniquiladas. Amigos y parientes se preguntan desesperados cómo están y a menudo encuentran ruinas humeantes donde vivían parientes cercanos, cuyo destino se desconoce, desaparecidos bajo el hormigón o esparcidos entre los restos de otras zonas cada vez más irreconocibles.
Los supervivientes se encuentran en una de las zonas más abarrotadas del planeta, con unas telecomunicaciones en ruinas, una electricidad vacilante, unos sistemas médicos deficientes, un inminente apagón de Internet y un futuro incierto.
En 2018, las Naciones Unidas advirtieron de que Gaza -su infraestructura básica de electricidad, agua y sistemas de alcantarillado destrozada durante años de incursiones y bombardeos israelíes, dejando al 95% de la población sin acceso al agua potable- sería “inhabitable” en 2020. Estamos en 2023, y todo el territorio, aislado del mundo exterior, carece de acceso a alimentos, agua, suministros médicos, combustible y electricidad, mientras sufre bombardeos continuos por tierra, mar y aire.
“Los ataques contra las infraestructuras civiles, especialmente la electricidad, son crímenes de guerra”, señaló Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. “Cortar el suministro de agua, electricidad y calefacción a hombres, mujeres y niños cuando se acerca el invierno son actos de puro terror”. Von der Leyen tiene razón, por supuesto, pero en este caso se refería a los ataques de Rusia contra las infraestructuras de Ucrania. En cuanto a los ataques de Israel contra la infraestructura de Gaza, Von der Leyen dice que Israel tiene derecho a defenderse.
900, 1000, 1500, 1800, 2600, 3500, 4600, 5000, 5900, 6500. Las cifras de víctimas mortales, que nadie puede mantener al día, aumentan cada pocas horas con otras veinte aquí y treinta allá, a medida que este edificio o aquel se derrumban en una explosión cataclísmica de fuego, humo y escombros. Cada día mueren trescientas o cuatrocientas personas, o más. En un momento dado, fuentes sanitarias de Gaza informaron de 100 víctimas mortales en una sola hora.
Por cada persona muerta hay dos o tres o más heridas, a menudo de gravedad. Casi la mitad de los muertos y heridos son niños de corta edad; algunas de las imágenes más dolorosas que nos llegan del bombardeo actual de Gaza, como en los anteriores, son las de niños muertos, maltrechos, cenicientos, cubiertos de hollín y polvo, envueltos en el último abrazo de padres que murieron tratando de protegerlos.
Hasta ahora, sin que se vislumbre el final, Israel ha matado a casi tres mil niños. Los muertos y heridos o, a menudo, simplemente partes del cuerpo recuperadas -piernas, troncos, cabezas destrozadas- son llevados a hospitales desbordados de heridos, que se quedan sin suministros médicos y sin combustible para sus generadores de emergencia. Las camas de los hospitales hace tiempo que están ocupadas; los recién llegados a los hospitales de Gaza se amontonan en su propia sangre en los pasillos o en las aceras de fuera; los médicos cuentan que duermen la siesta en las mesas de operaciones en las que ahora tienen que operar sin anestesia a la luz de los teléfonos móviles, y que utilizan vinagre doméstico para limpiar las heridas porque se les ha acabado todo lo demás.
Con los depósitos de cadáveres llenos hasta los topes y los cementerios sin espacio, las autoridades sanitarias de Gaza han empezado a almacenar los cadáveres en camiones de helados, con la sangre goteando lentamente por las puertas decoradas con los colores infantiles de las marcas de helados.
En callejones, patios y mezquitas improvisadas, quienes pueden se reúnen entre lágrimas y oraciones silenciosas ante los cadáveres, grandes y a menudo lastimosamente pequeños, envueltos en sudarios empapados de sangre para prepararlos para el entierro. Los familiares sollozan sobre cada bulto, dan un último beso a una frente oscilante cuando se la llevan por última vez, dejando sólo a madres, padres, hermanos, hermanas, tíos, tías y primos llorosos en los brazos de los demás, con su propio turno en sus sudarios seguramente no muy lejos. A veces no hay parientes; también se han ido todos.
La escala de la muerte y la destrucción es tan masiva, tan implacable, que a menudo no hay tiempo para llorar, y cada día, cada hora, los israelíes derraman más muerte sobre Gaza. Un hospital ha empezado a enterrar a los muertos anónimos en fosas comunes a falta de otra opción.
En la primera semana de bombardeos ininterrumpidos, los israelíes afirmaron haber lanzado 6.000 bombas sobre Gaza, una cifra equivalente a un mes de bombardeos en el punto álgido de las guerras estadounidenses en Irak y Afganistán, países muchísimo más grandes que la Franja de Gaza. (También afirmaron haber arrojado más de mil toneladas de explosivos de gran potencia; en otras palabras, al final de la primera semana, ya estábamos en las medidas de kilotones de armas nucleares, y las semanas dos y tres están sobre nosotros.
En la primera semana de bombardeos, se destruyeron 1.700 edificios enteros en Gaza. Muchas veces esa cifra de construcciones quedó dañada, a menudo sin posibilidad de reparación. Cada edificio incluye siete, ocho, nueve o más apartamentos independientes, cada uno de los cuales era el hogar de una familia que ahora ha vuelto a quedarse sin hogar o ha muerto.
Como siempre, los israelíes afirman que están atacando “la infraestructura terrorista”. Como siempre, los cuerpos (o partes de cuerpos) sacados de los escombros o recogidos de las calles vecinas son en su mayoría de mujeres y niños, componentes improbables de la fantasmal “infraestructura terrorista” de la que la potencia ocupante -con la bendición y el beneplácito de su superpotencia patrocinadora- afirma estar defendiéndose.
De las estremecedoras imágenes que llegan de Gaza se desprende que los israelíes, incapaces de localizar ningún objetivo militar claro -ningún guerrillero en la historia de la lucha anticolonial se ha parado nunca agitando las manos y convirtiéndose en un objetivo obvio-, están atacando indiscriminadamente objetivos civiles, destruyendo sistemáticamente un edificio de hormigón tras otro, a menudo aniquilando barrios enteros a la vez; la ONU calcula que la campaña de bombardeos de Israel ya ha dañado o destruido el 40% de todas las viviendas de Gaza.
En sus páginas web y en sus cuentas de las redes sociales, el Estado israelí presume con orgullo del éxito de su campaña contra Hamás, pero las pruebas que reúne suelen ser fotografías de ruinas urbanas, y el resultado es la imposición, cuidadosamente calculada, de la pérdida masiva de viviendas a toda una población.
El 12 de octubre, los israelíes dijeron a un millón de personas de la parte norte de Gaza que huyeran para salvar sus vidas. Pero no hay ningún lugar al que puedan huir, y los que lo intentan corren un riesgo tras otro. La Franja de Gaza tiene 140 millas cuadradas; ya es una de las zonas más densamente pobladas de todo el mundo. Si Estados Unidos tuviera la densidad de población de Gaza, tendría 60.000.000.000 de habitantes. Es decir, sesenta mil millones. Y ahora los israelíes braman que quieren que la población del minúsculo territorio se apiñe de algún modo en la mitad de la superficie restante, y de todos modos están bombardeando el sur de Gaza, así como el norte y el centro. Ningún lugar de Gaza es seguro.
Ya refugiados una o dos veces (el 80% de la población de Gaza son refugiados, supervivientes o descendientes de supervivientes de la limpieza étnica del resto del suroeste de Palestina en 1948), los nuevos refugiados se encuentran en busca de refugio una vez más, incluso cuando los israelíes advierten sombríamente que hay mucho, mucho más por venir. El 14 de octubre, una columna de refugiados aterrorizados que se dirigían de norte a sur por la calle Salah al Din de la ciudad de Gaza -señalada específicamente por los panfletos israelíes como corredor seguro- fue bombardeada, y setenta supervivientes de otros bombardeos murieron y decenas más resultaron heridos.
Los médicos de las clínicas y hospitales del norte de Gaza se negaron en redondo a trasladarse, alegando que sería imposible sobre todo porque no hay ningún lugar al que trasladar a sus pacientes. Todos los demás hospitales están llenos, dijo el Dr. Yousef Abu al-Rish del Hospital Shifa en el norte de Gaza. “Y lo otro”, añadió, “es que la mayoría de los casos son inestables. Y si queremos siquiera trasladarlos, aunque [haya] camas de sobra en los otros hospitales, lo que no es cierto, morirán porque son demasiado inestables para ser transportados.” Pacientes de la UCI, recién nacidos en incubadoras, personas con respiradores: todos morirían si se les trasladara.
Por supuesto, también podrían morir si se quedan quietos, sobre todo cuando se acaben las últimas gotas de gasóleo y se apague la luz. O si los israelíes siguen bombardeando hospitales y ambulancias como hasta ahora. Un tercio de los hospitales y clínicas de Gaza ya han tenido que cerrar por falta de recursos.
“El espectro de la muerte se cierne sobre Gaza”, advirtió Martin Griffiths, subsecretario general de la ONU para Asuntos Humanitarios. “Sin agua, sin electricidad, sin alimentos y sin medicinas, miles de personas morirán. Simple y llanamente”.
Hace unos días, los israelíes dijeron que lo mejor, en conjunto, sería que toda la población del territorio -más de dos millones de personas, la mitad de ellas niños- se marchara, a Egipto o al Golfo. Pretendemos, dijo con aprobación el analista israelí Giora Eiland, “crear unas condiciones en las que la vida en Gaza sea insostenible”. Como resultado, añadió, “Gaza se convertirá en un lugar donde ningún ser humano pueda existir”. El general de división Ghassan Alian, del ejército israelí, haciéndose eco de la reciente referencia del ministro de Defensa a los palestinos como “animales humanos”, dijo: “los animales humanos deben ser tratados como tales. No habrá electricidad ni agua [en Gaza], sólo habrá destrucción. Queríais el infierno, tendréis el infierno”.
¿Qué clase de personas hablan así, con un sentido divino de su poder sobre literalmente millones de personas? ¿Qué mentalidad produce tales proclamas genocidas sobre la disposición de poblaciones enteras?
Lo que estamos presenciando ante nuestros ojos creo que no tiene precedentes en la historia de la guerra colonial. La limpieza étnica, en sí misma, no es desgraciadamente una ocasión tan rara como uno quisiera; hace sólo unas semanas, 130.000 armenios fueron expulsados aterrorizados de sus hogares en Artsakh por Azerbaiyán (no casualmente armado por Israel). En las guerras yugoslavas de la década de 1990, miles de personas de la religión o etnia “equivocadas” fueron expulsadas a la vez de sus comunidades en Bosnia, Serbia y Croacia. Casi la totalidad -el 90%- de la población cristiana y musulmana de la propia Palestina fue objeto de una limpieza étnica por parte de las fuerzas sionistas en 1948. Y podemos remontarnos a los siglos XIX, XVIII y XVII y recordar la sórdida historia de genocidio, exterminio y esclavitud con la que la civilización occidental hizo sentir su presencia ilustrada en todo el planeta.
Pero, en ningún caso que yo conozca se ha llevado a cabo una limpieza étnica mediante el uso de artillería masiva y bombardeos intensos con sistemas de armamento ultramodernos, incluidas las bombas de una tonelada (e incluso municiones más pesadas para destruir búnkeres) utilizadas por los israelíes que pilotan los últimos jets estadounidenses.
Tales asuntos se llevan a cabo normalmente en persona, con rifles o a punta de bayoneta. La limpieza étnica de Palestina en 1948 se llevó a cabo casi enteramente con armas pequeñas, por ejemplo; los civiles palestinos masacrados en Deir Yassin, Tantura y otros sitios para inspirar a otros a una huida aterrorizada fueron disparados con pistolas, rifles o ametralladoras a corta distancia, no alcanzados por bombas de mil libras lanzadas desde F-35 que volaban a 10.000 pies o más.
Lo que estamos presenciando, en otras palabras, es quizás la primera fusión de violencia colonial y genocida de la vieja escuela con armas pesadas avanzadas de última generación; una amalgama retorcida del siglo XVII y del XXI, empaquetada y envuelta en un lenguaje que se remonta a tiempos primitivos y a estruendosas escenas bíblicas que implican la derrota de pueblos enteros: los jebuseos, los amelikitas, los cananeos y, por supuesto, los filisteos.
Lo que es peor, si es que algo puede ser peor, es la indiferencia casi total mostrada por tantas personas dentro y fuera del gobierno en el mundo occidental. Dada la conmoción e indignación por la masacre palestina de civiles israelíes expresada por periodistas, políticos, gobiernos y rectores de universidades, el silencio casi generalizado sobre el destino de los civiles palestinos a manos de Israel es ensordecedor: un silencio estremecedor, atronador.
Nosotros, que vivimos en países occidentales, no apoyamos ni pagamos para que ningún palestino matara a civiles israelíes, pero cada bomba lanzada sobre Gaza desde aviones proporcionados por Estados Unidos se añade a una factura que nosotros pagamos. Nuestros funcionarios se desviven por alentar los bombardeos y apresurar la entrega de nuevas bombas.
Los funcionarios del Departamento de Estado emitieron informes internos en los que pedían a los portavoces que no utilizaran frases como “fin de la violencia/derramamiento de sangre”, “restablecimiento de la calma” o “desescalada/ alto el fuego”. La Administración Biden en realidad quiere que continúen los bombardeos y las matanzas.
Preguntada por el pequeño puñado de voces más o menos progresistas del Congreso que piden un alto el fuego y un cese de las hostilidades, la portavoz de la Casa Blanca, Karine Jean-Pierre, dijo: “Creemos que se equivocan. Creemos que son repugnantes, y creemos que son vergonzosas”. “Aquí no hay dos bandos”, añadió Jean-Pierre. “No hay dos bandos”.
Los portavoces del gobierno son calculadores y poco sinceros; nihilistas por excelencia, en realidad no creen en nada, y menos en nada de lo que dicen ellos mismos. Pero no puede decirse lo mismo de la gente que nos rodea y que, tan desesperadamente conmovida por las imágenes y los relatos del sufrimiento israelí, no tiene nada que decir sobre el sufrimiento palestino a una escala mucho mayor.
¿Cómo se puede ser tan cruel? No hablo de racistas declarados que piden explícitamente la destrucción de Gaza y la expulsión de los palestinos. Hablo de gente corriente, muchos de ellos -quizás incluso la mayoría- liberales sólidos en lo que se refiere a la política: defensores de la igualdad de género y racial, preocupados por el cambio climático, por los sin techo, insistentes en llevar mascarillas por consideración humana hacia los demás, votantes de los demócratas más progresistas.
Su indiferencia no es personal, sino una manifestación de una cultura de negación más amplia. Parece que estas personas no ven ni reconocen el sufrimiento palestino porque literalmente no lo ven ni lo reconocen. Están demasiado atentos, demasiado centrados, en el sufrimiento de personas con las que pueden identificarse más fácilmente, personas que entienden que son como ellos mismos.
Por supuesto, los medios corporativos saben cómo fomentar esas formas de identificación, cómo construir protagonistas y cómo hacer que los espectadores simpaticen con un sujeto, que se imaginen en su lugar. Al estrangular la información, los medios de comunicación occidentales cortan el acceso a la identificación con los palestinos y reafirman la percepción de que sólo hay un bando.
Mientras tanto, en Al Jazeera Arabic -cuyo equipo de corresponsales en Gaza y en otros lugares de Palestina y Líbano ha estado proporcionando una cobertura apasionante e inquebrantable de la catástrofe en Gaza- la tragedia se desarrolla en tiempo real. El 25 de octubre, el jefe de la oficina de Gaza, Wael Dahdouh, estaba en directo cuando recibió la noticia de que su mujer, su hijo y su hija habían muerto en un ataque aéreo israelí en las cercanías. Las imágenes le muestran de rodillas mientras llora y pone una mano sobre el pecho de su hijo adolescente.
“¿Se están vengando de nosotros a través de los niños?”, dice Dahdouh. Para aquellos de nosotros pegados a Arabic Jazeera estos días, para quienes Dahdouh es un rostro familiar, la pérdida se siente personal.
Algunas vidas se lloran y reciben nombres e historias, sus relatos y fotografías se publican en el New York Times o en The Guardian junto con fotos de padres en duelo. Otras vidas son sólo números, estadísticas que salen de una máquina de contabilidad que no parece parar de añadir nuevos dígitos, veinte o treinta cada vez.
Saree Makdisi es un académico palestino nacido en Estados Unidos. Profesor de Literatura Comparada en la Universidad de California (UCLA) y sobrino del prestigioso intelectual palestino Edward Said. Su últim libro es “Making England western: Occidentalism, Race and Imperial Culture”.
Artículo en colaboración con el magazine cultural estadounidense n+1, donde se publicó el 25 de octubre.
5. El futuro de Netanyahu
Esta repaso histórico a la política de Israel de los últimos años me ha parecido interesante. Parece claro que Netanyahu no tiene mucho futuro político. Y espero que acabe en la cárcel, aunque no sea por el genocidio palestino. Menos da una piedra.
El futuro político de Benjamin Netanyahu podría estar acabado
Entrevista con Ettingermentum
En lugar de reforzar a Benjamin Netanyahu en un efecto de «concentración en torno a la bandera», el atentado del 7 de octubre contra Israel ha destruido su prestigio entre los votantes. La carrera política de Netanyahu, que ha remodelado fundamentalmente la sociedad israelí, puede estar efectivamente acabada.
Entrevista realizada por Luke Savage
A primera vista, cabría esperar que el brutal ataque del 7 de octubre de Hamás contra Israel reforzara el apoyo al primer ministro derechista Benjamin Netanyahu. En cambio, las encuestas sugieren que los israelíes culpan abrumadoramente a su gobierno y votarían a la oposición si hoy se celebraran elecciones.
Josh, alias Ettingermentum, es un estudiante de posgrado y prolífico analista político cuyo Substack se ha convertido rápidamente en uno de los más leídos de su clase. En la siguiente entrevista, se une a Luke Savage de Jacobin para un debate de gran alcance sobre su reciente artículo, «La vida después de Netanyahu», los orígenes políticos del consenso actual de Israel, por qué la violencia de este mes representa una amenaza existencial para toda la marca política de Netanyahu, y cómo la cambiante dinámica política de Israel puede afectar a los palestinos. La entrevista ha sido editada para mayor extensión y claridad.
Breve historia de la política electoral
Luke Savage
El punto de partida de su reciente análisis fue el papel formativo de Benjamin Netanyahu en el establecimiento y la solidificación del consenso político de larga data de Israel, un consenso que, según usted, se hizo añicos con el ataque de Hamás a principios de este mes. Antes de pasar a los acontecimientos recientes, ¿cómo caracterizaría la importancia de Netanyahu en la historia política de su país? ¿Y cuáles diría que son los principios fundamentales del consenso del que es sinónimo?
Ettingermentum
Netanyahu lleva mucho tiempo activo y relevante en la política israelí. Ha sido primer ministro de Israel casi ininterrumpidamente desde 2009-2010. Y esa no fue su primera vez como primer ministro. Fue elegido por primera vez en 1995, y había sido líder del partido conservador de derechas Likud desde 1993. Cuando llegó al poder, Israel era un sistema bipartidista muy competitivo entre el partido Laborista, de centro-izquierda y tradicionalmente dominante, y el Likud: compuesto antes de Netanyahu en su mayoría por antiguos miembros paramilitares como Menachem Begin y Yitzhak Shamir.
Shamir es interesante. Formó parte de un grupo que admitió ser terrorista y que era buscado por el gobierno británico antes de que se fundara Israel. Begin no pudo visitar algunos países durante un largo periodo mientras fue un activo político israelí.
Así que esa era la situación del partido Likud: eran muy duros y se oponían violentamente no sólo a la existencia árabe en el país, sino también a la mentalidad de los laboristas sionistas, más moderados, que eran los que tradicionalmente dominaban. Los laboristas contaban con el respaldo de la comunidad inmigrante asquenazí y con el apoyo más o menos tibio de la comunidad azi, personas que habían vivido en los Territorios Palestinos y en Oriente Próximo antes de la fundación de Israel y en todo Oriente Próximo.
El Likud toma el poder en 1977, en gran parte como consecuencia del fracaso inicial de Israel en la Guerra del Yom Kippur, y luego Netanyahu sucede a Shamir y se convierte en el líder del Likud en 1993. Es una figura diferente. Se educó en Estados Unidos y vivió en ese país gran parte de su vida. Creció en Filadelfia y trabajó en el Boston Consulting Group con Mitt Romney; empezó su carrera como hombre de asuntos exteriores que trabajaba en la ONU.
Pero no es menos radical que sus predecesores. Comienza su carrera oponiéndose virulentamente a los Acuerdos de Oslo. Es tristemente célebre por encabezar una serie de marchas en las que se pedía la muerte del Primer Ministro [Isaac] Rabin, y de hecho los servicios de inteligencia israelíes se pusieron en contacto con él para decirle que tenía que moderar su retórica porque suponía un riesgo para la seguridad.
Los ignoró por completo y Rabin fue asesinado por un lunático de derechas en 1995, lo que básicamente condujo a unas elecciones. En ese periodo, Israel había elegido directamente a los primeros ministros, y Netanyahu, por un 1% de los votos, vence al sucesor de Rabin y rival durante mucho tiempo, el laborista Shimon Peres. Netanyahu se convierte en Primer Ministro inmediatamente después de los Acuerdos de Oslo de 1995 y comienza a paralizar el proceso de paz. Por eso se le conoce.
También es uno de los principales liberales económicos del país: Israel tuvo una economía muy regulada y de izquierdas durante gran parte de su historia, y él aboga por la privatización, la desregulación y el neoliberalismo. (Parece un poco tonto hablar de neoliberalismo en un país donde el principal problema político es la ocupación, pero esto también ha sido una parte importante de su carrera). Se tambalea un poco cuando es primer ministro, y en 1999 pierde ante Ehud Barak, otro miembro del Partido Laborista (y antiguo general).
Saltando a 2009, el partido centrista Kadima gana más escaños, pero Netanyahu y su coalición obtienen la mayoría. Así que vuelve, y se ve el cambio. Tras la Segunda Intifada [el levantamiento palestino que comenzó en 2000], se produce el proceso de construcción del muro alrededor de Cisjordania y Gaza, que supuso un cambio importante en la mentalidad israelí en materia de seguridad. Y luego, bajo Netanyahu, se les ve realmente impulsar la construcción de la Cúpula de Hierro [el sistema antimisiles de Israel], con dinero y suministros estadounidenses, y el fin total de cualquier negociación oficial de paz, que seguía en curso, incluso durante el gobierno de [George W.] Bush.
Todo esto termina con el segundo mandato de Netanyahu. Tiene un gobierno inestable y debe celebrar varias elecciones en 2013 y 2015. Hay problemas persistentes entre él y sus aliados de derechas. La extrema derecha regular del partido, que es muy militarista, no es partidaria de los partidos ultrarreligiosos porque éstos no sirven en el ejército. Pero gana en 2013, gana en 2015, y sigue dando patadas al proceso de paz. [Obama intenta reanudar unas conversaciones marco, pero el presidente le llama la atención. Le dice: «No estáis dispuestos a ejercer ninguna presión sobre nosotros», y Obama responde: «Sí, tienes razón».
Así que siguen aumentando la seguridad. Israel consigue armamento cada vez más avanzado. Crean los muros, que se supone los protegerán de una invasión terrestre. Crean la Cúpula de Hierro. Y se considera que eso pone coto a la cuestión: «Ya no tienes que preocuparte de que los palestinos entren y bombardeen autobuses porque está la barrera gigante. Ya no tienes que preocuparte por los cohetes porque tienes la Cúpula de Hierro».
Entonces, ¿cuál es el problema desde la perspectiva israelí, especialmente desde la perspectiva de Netanyahu, de simplemente dejar que continúe la ocupación? ¿Dejar que Gaza se muera de hambre y que Cisjordania esté bajo ocupación militar directa? Desde la perspectiva de Netanyahu, esto no tiene ningún inconveniente. Tal vez Estados Unidos podría enfadarse porque Israel no impulsa una solución permanente. Pero entonces, en medio de todo esto, sale elegido [Donald] Trump y tiene una administración insanamente sionista, que está en la misma página que Netanyahu. No les importa una solución de dos Estados, ni siquiera nominalmente, y solo dicen: «Vamos a daros ayuda incondicional. Vamos a respaldar todas vuestras reivindicaciones».
Netanyahu tiene esta asociación muy estrecha, casi mano a mano con Trump, que acaba con la idea de cualquier acuerdo a largo plazo. Y, llegados a este punto, ha pasado una década del primer ministro Netanyahu, y los países árabes empiezan a considerar esto también como una situación sólida. Así es como se llega a los Acuerdos de Abraham, donde tienes países como los [Emiratos Árabes Unidos], Bahrein, Marruecos, Sudán….
Luke Savage
Posiblemente también Arabia Saudí, antes de los últimos acontecimientos.
Ettingermentum
Sí, esa iba a ser la piedra angular de este proceso en el que se decía: «Habéis resuelto la cuestión palestina. Se acabó. Los beneficios que podríamos obtener al aliarnos con vosotros son mayores que cualquier posibilidad de autodeterminación palestina que pudiera darse».
Esto se considera un trato hecho incluso cuando Joe Biden es elegido presidente y tiene el mismo equipo diplomático que la gente de Obama -que ostensiblemente estaba presionando por una solución de dos Estados. Oigan, ni siquiera intenten volver a una solución de dos Estados.
En el trasfondo de todo esto, Netanyahu se vuelve increíblemente controvertido en Israel porque es acusado de acusaciones de corrupción y soborno en 2018. Hay elecciones en 2019 y en ese momento Netanyahu es tan polémico y tan odiado que muchos de sus aliados tradicionales -como Avigdor Lieberman, de Yisrael Beiteinu, que es su viceprimer ministro desde hace varios años; Naftali Bennett, que fue otro de sus socios de coalición; y algunos de sus antiguos militares como Benny Gantz, que crea su propio partido- empiezan a volverse contra él.
«En este punto, el Partido Laborista, y la izquierda en Israel, es una completa cáscara de sí misma. Se considera una causa totalmente perdida».
A estas alturas, el Partido Laborista, y la izquierda en Israel, son un completo despojo de sí mismos. Se considera una causa totalmente perdida. Así que la oposición a Netanyahu adopta la forma de estos partidos de centro-centro-derecha que básicamente aceptan su consenso. También asumen que ha resuelto la cuestión palestina y que las negociaciones de paz no tienen sentido.
La oposición anti-Netanyahu está liderada por figuras como Benny Gantz, que es el antiguo jefe del Estado Mayor [de las Fuerzas de Defensa de Israel] y anuncia su campaña para 2019 con un anuncio en el que habla de cómo bombardeó a los palestinos hasta la Edad de Piedra. Ni siquiera dirá que apoya una solución de dos Estados – dice que apoya una «solución de dos entidades.»
Así que la oposición se vende para captar a los votantes de derechas y de Netanyahu, y aun así no consiguen una mayoría en varias elecciones sucesivas. Hay una breve propuesta de alianza entre Benny Gantz y Netanyahu a causa del COVID, en la que Gantz sería primer ministro suplente al cabo de seis meses. He aquí que el acuerdo se deshace antes de que Netanyahu abandone el cargo, lo que la mayoría de la gente supone que se debe a que, si perdiera la inmunidad de primer ministro, iría a la cárcel.
Se celebran unas cuartas elecciones en 2021, y la oposición es capaz de crear esta coalición increíblemente raquítica formada básicamente por todos los elementos políticos del país aparte de Netanyahu. Está liderada por Naftali Bennett, que es básicamente un colono estadounidense-israelí, y cuenta con el apoyo de militares, políticos centristas, islamistas árabes, socialdemócratas y socialistas.
Netanyahu es el líder de la oposición durante este período, y el objetivo principal es mantenerlo dentro, porque, después de que sea acusado, su objetivo es reducir el poder del poder judicial y hacerse inmune a la persecución mientras sea primer ministro para no ir a la cárcel.
Luke Savage
Este episodio fue bastante interesante porque era la primera vez que veía que en lugares como la página de opinión del New York Times se expresaba abiertamente preocupación por algo que estaba haciendo su gobierno.
Ettingermentum
Es todo gobierno de alto nivel, preocupaciones de clase alta. Pero se convierte en un tema polarizador, y esto es un testimonio de lo dominante que es.
La coalición de la oposición se desmorona un año después de su mandato de cinco años, y celebran otras elecciones en 2022, justo antes de las elecciones legislativas estadounidenses del año pasado. Netanyahu se presenta básicamente con una plataforma de «No me envíen a la cárcel» y gana su mayoría absoluta. Supera el umbral con holgura, por lo que puede formar lo que todo el mundo llama -incluida su propia coalición- el gobierno más derechista de la historia de Israel.
Incluye estas fuerzas increíblemente ultraderechistas -esto está más allá de lo que la gente consideraba siquiera posible en el país, pero ahora están en el poder-. Es un momento decisivo en el país, y Netanyahu está en este momento en la cima de su poder. Tiene una mayoría muy sólida y su primera prioridad es aprobar la reforma judicial, lo que provoca una tremenda indignación en el centro del país, incluido el estamento militar. Hay protestas masivas en las calles; algunos piensan que se trata de la mayor división de la sociedad israelí en toda su historia. Hubo informes de reservistas que decían que no se presentarían en sus bases si se aprobaba.
La coalición en el poder empieza a obtener resultados por debajo de lo que necesita para ganar, y la opinión pública se aleja de Netanyahu. Entonces se produce el atentado de Hamás, y toda la base de los últimos trece años de gobierno de Netanyahu, que transformó la política y las relaciones exteriores del país, se hace añicos por completo en un solo día. Y en esas estamos ahora.
Después de los atentados
Luke Savage
Suele ser axiomático que las guerras, al menos al principio, benefician a los gobiernos en ejercicio. Cuando pensamos en el clima de patrioterismo que prevaleció tras el 11 de septiembre de 2001 -por poner un ejemplo obvio- se produjo una febril concentración no sólo en torno a la bandera, sino también en torno a la figura de George W. Bush en concreto.
Usted sugiere que esto no ha ocurrido en Israel desde que comenzó el conflicto. ¿Cuál ha sido la respuesta general de los ciudadanos israelíes, judíos y no judíos por igual, y cuál es el panorama actual para la coalición de derechas que gobierna Netanyahu?
Ettingermentum
Le odian. Yo compararía esto más con la respuesta a Herbert Hoover y el inicio de la Gran Depresión que con una figura que supervisa una guerra.
Porque esto no es sólo un problema militar que nadie vio venir. Se trata de un problema que conocían desde hace décadas y que ha sido una cuestión política explícita durante décadas. Este tipo exacto de incidente era lo que se suponía que todo esto tenía que evitar: la peor masacre de judíos ocurrida desde el Holocausto en suelo israelí. Ese era el único propósito de todos y cada uno de los aspectos de la política palestina del país. Y el debate era: ¿Es mejor hacerlo mediante un acuerdo negociado o es mejor reprimirlos mediante la fuerza militar?
Netanyahu, a lo largo de toda su carrera, ha dicho que los asentamientos negociados son ingenuos, contraproducentes, poco realistas, utópicos, y que han perjudicado a Israel más de lo que le han ayudado. Esta ha sido su única línea a lo largo de toda su vida, y resulta que toda su visión del mundo estaba equivocada. Pidió a la gente que le juzgara por su capacidad de aportar seguridad al país: pueden ver los anuncios en los que se muestra como una niñera o como un socorrista que mantiene a salvo a todo el mundo. Era el protector indispensable del país. Este tipo de cosas nunca, nunca se suponía que iba a suceder.
Así que ahora la gente no está pensando: «Oh, tenemos que apoyarlo.» Están pensando: «El tipo que prometió durante décadas que podría crear seguridad a través de sus políticas, el tipo al que le hemos dado un cheque en blanco para hacer lo que quiera durante los últimos diez años, ha demostrado estar equivocado». Es un imbécil corrupto.
Su posición política en el país se ha hundido. El 94% de la población afirma que el gobierno es responsable [de los atentados del 7 de octubre]. La mayoría de la gente quiere que dimita cuando acabe la guerra. Quieren que dimita su Ministro de Defensa, que antes era muy popular según las encuestas. Su partido tiene unas cifras históricamente bajas en las encuestas y creo que sólo obtendría diecinueve escaños, lo que supondría un descenso respecto a los treinta y tantos de las pasadas elecciones y representaría quizá menos del 20% de los votos.
«Su posición política en el país se ha hundido. El 94% de la gente del país dice que el gobierno es responsable [de los atentados del 7 de octubre].»
Benny Gantz -el general de centro-derecha que actualmente forma parte del gobierno de Unidad, pero que históricamente ha sido una figura muy contraria a Netanyahu- está obteniendo unos niveles de apoyo casi sin precedentes. Podría formar fácilmente una coalición con los números que está viendo ahora.
Hay quien se burla de quien dice que esto podría ser el fin de Netanyahu, porque ha resucitado muchas veces. Pero esto es diferente. Esto no es sólo un escándalo o un asunto menor. Es todo el punto de su existencia como figura política siendo completamente refutado.
Y no ha hecho un buen trabajo respondiendo a la crisis. Todavía no ha admitido su responsabilidad. No quiere hablar con nadie. Parece demacrado y aterrorizado. Ha tenido que aferrarse básicamente a Biden para tener alguna sensación de legitimidad, lo cual es en parte la razón por la que creo que la visita de Biden fue un enorme favor que probablemente debería haberle arrancado más concesiones.
Pero es el final de una era, y creo que esto va a definir su legado. No puede prometer ninguna alternativa. Ha conseguido todo lo que quería, y no puede decir que lo que está haciendo vaya a funcionar.
Y esto es inmediatamente después del ataque. Históricamente, la caída de los políticos israelíes ha sido a menudo empantanarse en conflictos largos y sangrientos. Acabó con Begin tras la guerra del Líbano, que al principio era muy popular. La Intifada acabó con la carrera de Ehud Barak, porque se consideró un desastre para la seguridad, y propició el ascenso de Netanyahu en primera instancia.
Cada vez que hay elecciones, ya sea el año que viene o dentro de cinco años, él ya no tiene un propósito. Y no veo cómo se puede sobrevivir políticamente sin un propósito.
Luke Savage
Usted parece pensar, sin embargo, que aunque se estén produciendo cambios considerables en la dinámica política de Israel, es poco probable que el cambio de consenso produzca un cambio positivo para los palestinos.
Ettingermentum
Es delicado, porque todo esto ocurre inmediatamente después del conflicto, y todavía hay elementos de la mentalidad de concentración en torno a la bandera que podrían estar en juego. Aunque no haya una concentración en torno a Netanyahu, hay un apoyo general al estado de seguridad, a la represión y a la respuesta militar. Vi una encuesta que decía que el 65% de los israelíes apoyan una invasión terrestre.
Creo que la respuesta inmediata al atentado probablemente esté impidiendo que la gente contemple la situación desde una perspectiva más amplia y se pregunte si cometieron un error al abandonar el proceso de paz o al suponer erróneamente que todo esto podría resolverse con artilugios de alta tecnología. No creo que ese sea realmente el tipo de debate que se puede tener en este momento.
Más adelante, sobre todo si la operación es un desastre y demuestra que el statu quo es en sí mismo un desastre, podría haber una oportunidad -si la gente está dispuesta a escuchar- para volver a comprometerse con la idea de que tiene que haber una solución más permanente a esto, lo que sería una consecuencia irónica de un gran ataque de este tipo. Se podría pensar que eso haría imposible ese tipo de cosas. Pero, desde la perspectiva de un israelí que se preocupa racionalmente por su propia seguridad, ¿cuál es la otra respuesta que tienes?
Luke Savage
Quiero terminar preguntando por Estados Unidos. Desde la semana pasada se está gestando una rebelión entre el personal del Congreso, más de cuatrocientos de los cuales firmaron una carta pidiendo un alto el fuego, y una especie de motín sobre la política de Biden entre los funcionarios del Departamento de Estado, con una dimisión de alto nivel. ¿Qué puede decirse, a estas alturas, de la opinión pública estadounidense en relación con el conflicto?
Ettingermentum
Hubo una encuesta reciente que arrojó unas cifras bastante inesperadas y una estrecha mayoría de personas se oponían a las transferencias de armas y a los envíos de armas a Israel, mientras que una mayoría apoyaba la ayuda humanitaria a ambas partes del conflicto. Esto no es lo que mucha gente esperaba, teniendo en cuenta encuestas anteriores y que el ambiente político general en Estados Unidos siempre ha sido incondicionalmente pro-israelí.
Hay una especie de deseo por parte de Biden ahora mismo de volver a un momento unipolar y al sentimiento posterior al 11-S, en el que todo el mundo está unido en torno al gobierno y hay un consenso en torno al cual el presidente en ejercicio puede impulsar su posición política. Biden ha intentado hacerlo con Ucrania, y ahora lo intenta con Israel.
Pero es obvio que no se puede volver a ese momento porque ya hemos vivido sus consecuencias. Todo el mundo vivo recuerda las guerras de Irak y Afganistán, que universalmente se consideran errores.
Y, cuando la gente llega a esa conclusión, determina su forma de entender los conflictos en cualquier otro lugar. No van a volver a la situación de 2001 y decir inmediatamente: «Estados Unidos es el faro del liderazgo mundial. Tenemos que involucrarnos en todas partes para salvar el mundo». Van a ver estos conflictos, recordar lo que ocurrió y cómo resultó hace veinte años, y preguntarse por qué debemos esperar que esto sea diferente.
Este afán de la gente de Washington por utilizar cada estallido en el extranjero como una oportunidad para restablecer una especie de perspectiva patriotera e intervencionista, es claramente de otra época. Y forma parte de un patrón que se puede ver en el propio Biden -que es muy mayor y tiene personal que lleva aquí desde la administración de [Bill] Clinton- que no se adapta realmente al momento actual.
Así que no tengo grandes esperanzas de que sean capaces de responder a los cambios de opinión. Alguien más adelante podría, aunque será difícil dado el lío que nos ha montado. Pero ese es el sentido del compromiso político, supongo. No hay otro sitio al que ir que hacia arriba.
6. Situación militar, política y diplomática en la guerra de Palestina.
Hoy Rybar se centra casi exclusivamente en las operaciones miltares, que parecen haberse intensificado, llegando incluso a Eritrea.
https://rybar.ru/obstanovka-v-
La situación en la zona de conflicto israelo-palestina para el 27 de octubre de 2023
27 de octubre de 2023
Rybar
A última hora de la tarde, empezaron a circular por Internet rumores de que las Fuerzas de Defensa de Israel habían lanzado una operación terrestre en la Franja de Gaza. En realidad, resultó ser algo diferente: se trata de ampliar las operaciones terrestres (léase: incursiones) en el enclave (desde hace dos días, los israelíes llevan a cabo incursiones en la Franja de Gaza con mayor o menor éxito).
La intensidad de los ataques aéreos de las Fuerzas de Defensa de Israel se ha multiplicado, y las comunicaciones por Internet y móvil han quedado completamente cortadas en el enclave. Aunque esto no sea el comienzo de una operación terrestre en toda regla, los israelíes siempre tienen la opción de decir «ni siquiera hemos empezado todavía» si hay alguna reclamación en su contra. De un modo u otro, se han creado todas las condiciones para una operación terrestre, y las próximas horas mostrarán si realmente ha comenzado.
En este contexto, los grupos palestinos también se han vuelto más activos: Hamás y sus aliados golpean Ashkelon, Tel Aviv y los asentamientos fronterizos con la Franja de Gaza.
En cuanto a las incursiones, éstas fueron un fracaso para los israelíes. Por la mañana, fuerzas especiales israelíes intentaron entrar en el enclave cerca de Maghazi y Breij, donde, según los palestinos, cayeron en una emboscada. Además, un comando israelí desembarcó en una playa cercana a Rafah, se enfrentó a palestinos y se vio obligado a retirarse.
Mientras tanto, en la frontera israelo-libanesa, Hezbolá y las Fuerzas de Defensa de Israel siguen intercambiando ataques. Estas últimas están quemando activamente maleza en el sur de Líbano para dificultar que sus oponentes se muevan a escondidas cerca de las fronteras.
Periodistas de la publicación libanesa Al Mayadeen informaron también de un ataque contra la base militar israelí de Dahlak, en Eritrea, pero no dieron detalles de lo ocurrido.
Mapa de alta resolución en inglés https://rybar.ru/piwigo/
El curso de las hostilidades
Dirección sur
Por la mañana se produjo una explosión en la ciudad fronteriza egipcia de Taba, en la península del Sinaí. Según los medios de comunicación, un misil cayó cerca de un hospital local, hiriendo a cinco personas. Es muy probable que el movimiento chiíta yemení Ansarallah esté detrás del ataque, que tenía como objetivo la cercana ciudad turística israelí de Eilat. Sin embargo, el misil carecía de precisión, por lo que no alcanzó su objetivo y se estrelló en un Estado vecino.
No es el primer lanzamiento de este tipo: la semana pasada el destructor estadounidense USS Carney interceptó varios misiles que volaban hacia Israel desde Yemen sobre el Mar Rojo. Con el inicio de la operación terrestre de las IDF en la Franja de Gaza (que a estas alturas parece inevitable), el número de intentos de este tipo de atacar territorio israelí desde el sur aumentará claramente – Irán difícilmente perderá la oportunidad de atacar Israel por medio de sus aliados y apoderados sin intervenir directamente en el conflicto.
Además, los militantes volvieron a bombardear Ashkelon, Tel Aviv, Shoham y Rehovot. Por la tarde, aumentó la intensidad de los ataques contra ciudades israelíes, en respuesta a los masivos ataques de la aviación de las FDI de la noche contra la Franja de Gaza.
Franja de Gaza
Por la tarde, la intensidad de los ataques aéreos de las FDI sobre la Franja de Gaza aumentó bruscamente y, paralelamente, se cortaron los servicios de Internet y de telefonía móvil en el enclave palestino. Comenzaron a correr rumores no confirmados por Internet de que tanques israelíes estaban atacando la Franja desde el este y el norte. Al mismo tiempo, un portavoz de las IDF dijo que estaban «ampliando las operaciones terrestres», lo que podría interpretarse tanto como el inicio de una operación terrestre como una ampliación de las salidas que los israelíes ya habían estado llevando a cabo recientemente. En general, sin embargo, se dan las condiciones para empezar a limpiar el enclave. Pero las palabras «estamos empezando» no se utilizaron en esta formulación.
Estados Unidos no quiso hacer comentarios sobre la ampliación de la operación terrestre de Israel en la Franja de Gaza, dijo la Casa Blanca. Mientras tanto, Arabia Saudí ha advertido a Estados Unidos de que la operación terrestre de Israel en la Franja de Gaza podría tener consecuencias desastrosas para Oriente Próximo.
A primera hora del día, fuentes palestinas informaron de un intento de las fuerzas especiales de las IDF de infiltrarse en el enclave cerca de Maghazi y Bureij, donde supuestamente cayeron en una emboscada. Se desconocen los resultados de la batalla, pero los militantes informaron de la captura de soldados. Además, el viernes por la mañana, los israelíes intentaron desembarcar en la playa de Rafah, donde fueron atacados por los palestinos. Con apoyo aéreo, los combatientes se retiraron. Además, un dron israelí fue derribado en el barrio de Al-Zeitoun.
Frontera con Líbano
A lo largo de la frontera con Líbano, Hezbolá y las FDI llevan a cabo ataques mutuos cerca de Menara, Avivim y Mitzgav Am. Los israelíes, a su vez, golpean e incendian bosques a lo largo de la frontera para dificultar los movimientos encubiertos de su enemigo. Durante la noche, fuentes libanesas informaron de la interceptación de un UAV israelí sobre el Sur.
Cisjordania
Los israelíes volvieron a realizar asaltos y detenciones masivas durante la noche en los principales asentamientos árabes de Cisjordania. Los enfrentamientos más encarnizados tuvieron lugar en Yenín, donde se desplegaron vehículos aéreos no tripulados y equipos pesados. También se produjeron violentos enfrentamientos en Nablús, Tubas, Camp Askar y Jerusalén Oriental.
Eritrea
Periodistas de la publicación libanesa Al Mayadeen, citando a sus fuentes, informaron de un ataque contra la base militar israelí de Dahlak, en Eritrea. Según ellos, uno de los oficiales de las Fuerzas de Defensa de Israel habría muerto en el ataque.
Trasfondo político y diplomático
Sobre la transferencia de sistemas estadounidenses de defensa antiaérea y antimisiles a Oriente Próximo
Con el conflicto palestino-israelí como telón de fondo, la Red está debatiendo la transferencia de 12 sistemas de defensa aérea y antimisiles a Oriente Próximo como parte del refuerzo de la agrupación estadounidense. Una batería de sistemas de defensa antimisiles THAAD irá a Arabia Saudí (probablemente a las bases de Al Kharj y Rey Abdul Aziz, donde tienen su base aviones estadounidenses). Los sistemas Patriot MIM-104 irán a Kuwait, Jordania, EAU, Qatar, Irak, Siria y también a Arabia Saudí. Al igual que el THAAD, se desplegarán en instalaciones militares estadounidenses.
La distribución de los sistemas de defensa antiaérea y antimisiles entre distintos países tiene un sentido práctico: un vistazo al mapa muestra que de esta forma se cubre una vasta zona de las potencialmente peligrosas áreas de actividad de los proxies iraníes y del propio Irán. La defensa contra las formaciones proiraníes se ha convertido en un cómodo pretexto para aumentar la presencia militar estadounidense en la región y justificar el incremento de los gastos militares para la defensa del contingente militar estadounidense en Oriente Próximo. Los ataques de dos o tres vehículos aéreos no tripulados contra las bases de las Fuerzas Armadas estadounidenses no tienen un impacto significativo en la situación. Pero permite a los estadounidenses justificar enormes gastos en el mantenimiento de grandes fuerzas en la región y mantener un gran grupo en estado de alerta en caso de un deterioro real de la situación.
La valoración política de Netanyahu
Con el conflicto como telón de fondo, en los medios de comunicación israelíes circulan encuestas según las cuales las valoraciones de Benjamin Netanyahu y del partido Likud se han reducido casi a la mitad.
Hamás se reúne con el ministro de Asuntos Exteriores iraní en Moscú
El viceministro de Asuntos Exteriores iraní mantuvo una reunión con miembros del politburó de Hamás en Moscú, cuyo orden del día se desconoce.