“ORIENTE MEDIO Y LA LÓGICA FOLLETINESCA” por Ramón Qu

En el mundo sin principios de los “relatos” políticos impera el folletín sobre la “buena” literatura: simplicidad de los argumentos, empatías fáciles, personajes maniqueos, llamada a los afectos más primarios, técnicas de seducción tópicas: intriga, golpes de efecto, énfasis sentimentales, ocultamientos injustificados, trampas en la trama, adulación del narcisismo del lector: El héroe espadachín, víctima de la tiranía del malvado, sufre mil afrentas, lances y peripecias, hasta que gracias a su valor derrota al tirano. Todo ello transmite y encubre el mensaje real que habita en este mundo ficticio de buenos y los malos.

En el universo folletinesco el papel de víctima es muy preciado pues justifica la rebeldía. El agraviado goza de superioridad moral, de derecho a devolver la ofensa. Además es noble, virtuoso, sincero y bienintencionado. Los males que su acción de desquite puedan producir son consecuencias inevitables de su justa lucha y, en última instancia, culpa de la encarnación del mal combatida.

En los folletines políticos las víctimas reales –los muertos y heridos por la metralla, las bombas o el machete– se transforman de inmediato en giro argumental, en efectismo de la trama, en moneda de cambio propagandístico. El cadáver de Hassan o de Shani deja de ser una vida concreta, con su pasado, su presente y su futuro truncados, para convertirse en icono de la barbarie del otro y de civilización del nosotros. Víctimas en su muerte, víctimas en la utilización de su muerte, la víctima es doblemente victimada por el victimario folletinesco.

En los folletines bélicos, la lógica argumental se retuerce hasta el extremo… hasta el extremo en que desaparece y se hace irracionalidad camuflada. Veamos algunos ejemplos:

1º.-He sido atacado de forma criminal.
Todo aquel que es atacado tiene derecho a defenderse.
Luego yo ataco de forma criminal.

2º.- El enemigo está en ciudades llenas de civiles.
Hay que derrotar al enemigo.
Luego bombardeo las ciudades.

3º.- Hay que acabar con el enemigo.
El enemigo se refugia en hospitales llenos de heridos,
Luego bombardeamos los hospitales.

Podríamos poner más ejemplos de silogismos folletinescos pero dejémoslo aquí.

Hay que acabar con los relatos folletinescos; hay que volver a la “buena literatura”. Aquella que narra sucesos, que analiza las causas, que penetra en mentalidades, que describe tipos, arquetipos y caracteres; aquella que sabe de la complejidad de la vida y trata de dar cuenta de ella; aquella que no pretende seducir sino mostrar; aquella que no adormece y adula al lector sino que lo incomoda y despierta.

No necesitamos narradores folletinescos que a través de sus “buenos y malos” falaces nos den gato por liebre.

Necesitamos narradores democráticos que den curso a las voces que resuenan – unas satisfechas, otras dolientes –en las realidades complejas y contradictorias que son nuestras sociedades, nuestras vidas y nuestras historias –

Narradores democráticos que en sus “relatos” den todas las claves dramáticas posibles para que sea el lector quien juzgue.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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