Del compañero y miembro de Espai Marx, Carlos Valmaseda
1. Análisis de Turiel del WEO 2023.
2. La ideología alemana (observación de Miguel Candel).
3. Masacre en Yabaliya.
4. La indiferencia de las élites árabes hacia Palestina.
5. Enzo Traverso sobre el sionismo y la cuestión nacional.
6. Haciendo la cama a Zelensky.
7. De vuelta a Ucrania.
8. Una digna carta de dimisión.
9. La situación militar, política y diplomática en la guerra de Palestina (observación de Manuel Martínez Llaneza).
1. Análisis de Turiel del WEO 2023
Un año más, Turiel nos hace el favor de leer el informe de la Agencia Internacional de la Energía y nos resume sus principales resultados, añadiendo su propia visión, siempre crítica.
World Energy Outlook 2023: ¿Cómo vamos a bajar esos picos?
2. La ideología alemana
Por el nombre, supongo que Tarik Cyril Amar es musulmán. Es alemán o, al menos, vive en Alemania, y acaba de publicar en Substack este artículo sobre los actuales «valores» alemanes. https://tarikcyrilamar.
La nueva ideología alemana: El auge de los valores maestros
Tarik Cyril Amar 1 nov 2023
Tras el ataque de Hamás del 7 de octubre, la actual respuesta israelí, consistente en el castigo colectivo de los palestinos de Gaza y Cisjordania en un intento genocida de completar su limpieza étnica, se ha convertido en una prueba intelectual y, sobre todo, ética para el resto del mundo.
País por país, vemos cómo toman forma y chocan diferentes reacciones; y dentro de los países también difieren. En general, van desde, en un extremo del espectro, el apoyo incondicional de facto a Israel, incluso mientras comete crímenes de guerra masivos y crímenes contra la humanidad bajo la amplia luz mediática mundial, hasta, en el otro extremo, el apoyo a los palestinos y su lucha, incluido Hamás y todos sus métodos.
Encontramos respuestas alentadoras, como las posiciones explícitas contra el ataque de Israel adoptadas por los presidentes de Colombia y Turquía, así como reacciones que pasarán a la infamia, como la del presidente de Estados Unidos o la engreída jefa de la función pública de la UE, Ursula von der Leyen, que no se cansa de respaldar a Israel pase lo que pase y de encubrir así sus crímenes.
En cuanto a las reacciones de los medios de comunicación y de la opinión pública, los medios tradicionales occidentales han fracasado en gran medida a la hora de ser objetivos, favoreciendo en cambio las reivindicaciones y narrativas israelíes. A menudo contribuyen a promover la deshumanización israelí de los palestinos, que es un elemento de genocidio de manual. Las redes sociales están sujetas a la manipulación y la censura proisraelíes, pero siguen ofreciendo una imagen más compleja, gracias a los usuarios que se niegan a acatarlas. Las opiniones públicas de todo el mundo se movilizan mucho más por los palestinos que por Israel, lo que es un signo alentador de que sus gobiernos y medios de comunicación no son (todavía) capaces de erradicar la cordura moral.
Y luego está Alemania… Allí la respuesta de la élite política y de los medios de comunicación ha sido abrumadoramente proisraelí, en el sentido específico de que, la mayoría de las veces, las políticas, motivaciones y acciones militares israelíes se embellecen masivamente y cualquier crítica de los crímenes israelíes o incluso el cuestionamiento de las narrativas israelíes son muy mal recibidos y pueden conducir rápidamente al ostracismo, a menudo bajo la acusación libremente mal aplicada de antisemitismo.
Alemania es, por supuesto, una nación con un historial de genocidios: Primero en África (un hecho que sólo recientemente ha vuelto a la memoria, con mucho esfuerzo doloroso) y después, en Europa (sobre todo), cuando los alemanes iniciaron y llevaron a cabo (con bastantes ayudantes no alemanes) lo que se ha convertido, en la cultura de la memoria global o al menos occidental, en el genocidio paradigmático, a saber, el Holocausto, el asesinato en masa de 6 millones de judíos.
Resulta tentador referirse a esta historia para explicar la unilateralidad neuróticamente insistente de la respuesta general alemana a la masacre y expulsión de las víctimas palestinas a manos de los perpetradores israelíes. Después de todo, el canciller alemán Olaf Scholz hizo referencia explícita al Holocausto cuando definió el lugar de Alemania como «sólo al lado de Israel», como si la idea de que un canciller alemán pudiera o debiera ponerse también del lado de las víctimas de Israel -no menos humanas, no menos vulnerables- fuera evidentemente absurda: la vieja y mala Nibelungentreue alemana, una lealtad que se declara tan absoluta que convenientemente anula la responsabilidad moral, puede adoptar muchas formas.
Y, hasta cierto punto, esta explicación es correcta. Incluso si muchos alemanes reaccionan con una defensiva psicológica reveladora y una gran agresividad ante esta observación, es cierto: existe una manera profundamente perversa en la que los alemanes utilizan a los palestinos para sentirse mejor respecto a la culpa de sus propios padres, abuelos y de su nación en su conjunto: una especie de colonialismo desplazador de la gestión de la memoria.
En un acto de horrible sobrecompensación, parecen sentir que esa carga real (y merecida) se aligera -la carga de haber cometido no cualquier genocidio, sino el genocidio- poniéndose del lado de los descendientes de las víctimas o, al menos, del Estado y el ejército que dicen actuar en su nombre, incluso, quizá especialmente, cuando esos descendientes o ese Estado y su ejército cometen ellos mismos crímenes horrendos, incluida la limpieza étnica y el genocidio, contra otro grupo de víctimas.
En este sentido perturbador y repugnante, abandonar a los palestinos a su suerte e incluso exigir empeorarla recortando la ayuda puramente humanitaria que Alemania les presta desde hace tiempo -como los alemanes hacen ahora a menudo- es el resultado y el síntoma de que el proyecto nacional (y, absurdamente, el orgullo, seamos sinceros) de «Reconciliarse con el pasado» ha salido horrible y vergonzosamente mal. Queridos compatriotas alemanes: Nuestra Vergangenheitsbewältigung [hacer frente al pasado] ha fracasado. Cualquier palestino podría decírselo. Si alguna vez tuvieran el valor y la decencia de preguntarles.
Sin embargo, esta no es toda la historia que se esconde tras la actual muestra de obtusidad moral de Alemania. También hay una sorprendente pereza intelectual. Muchas declaraciones de políticos, profesionales de los medios de comunicación y «expertos» alemanes delatan una falta de familiaridad elemental con los hechos profundamente vergonzosa. De nuevo, con el Canciller a la cabeza: La declaración de Scholz en una reunión de la UE de que «Israel es un Estado democrático con principios muy humanitarios… Y, por lo tanto, pueden estar seguros de que el ejército israelí… seguirá las normas que se derivan del derecho internacional» es delirante por su total distanciamiento de la realidad empírica y del registro histórico. Delirante, es decir, o totalmente cínico.
Pero la pereza intelectual crece allí donde los perezosos creen que pueden permitírselo. Detrás de esta complacencia hay dos factores adicionales: El continuo intento alemán (es decir, preponderantemente, étnicamente alemán) de aceptar o rechazar la presencia de una minoría musulmana grande y creciente y, una búsqueda igualmente inacabada y a menudo llena de angustia de un sentido imposiblemente claro de quién y qué pertenece a la Alemania contemporánea y quién y qué no. Llámese identidad, si se quiere.
Estos dos complejos interactúan: los cerca de 5,5 millones de musulmanes que viven actualmente en Alemania son el elemento más importante contra el que no sólo la extrema derecha alemana, sino también la corriente dominante (étnicamente) alemana, definen un sentido de la propia germanidad «euroblanca». Y, no se hagan ilusiones, se trata de un sentido inherentemente racista en todo el espectro político, que asigna a los musulmanes, creyentes o no, el papel del Otro cultural en el peor sentido del término: inferiores, atrasados y eternamente necesitados de ponerse al día y, lo que es más importante, de demostrar que se han puesto al día.
Este es el mensaje implícito, pero estruendoso, que transmite una reciente campaña del principal periódico amarillo alemán, Bild. Desgraciadamente muy popular y políticamente influyente, Bild acaba de publicar lo que llama un «manifiesto». El manifiesto, un incoherente torrente de inconsciencia pequeñoburguesa de 50 puntos, no menciona directamente a los musulmanes de Alemania, pero son su objetivo. Bajo el titular «¡Alemania, tenemos un problema!» (un calco de una película de Hollywood, por supuesto), Bild establece la ley de cómo ser bienvenido -o tolerado- en Alemania, es decir, «nuestro país», caracterizado, con lo que debe ser la tradicional modestia alemana, como «maravilloso y acogedor». [¡Deutschland, wir haben ein Problem! Aquí puede leer el BILD-Manifest. | Politik | BILD.de]
Los puntos individuales del discurso van de lo trivial (respetar la ley y la Constitución) a lo cómicamente pedante o estúpidamente chovinista (decir «por favor» y «gracias» o ser «civilizado en las redes sociales» o «aquí comemos cerdo») y no merecen un análisis detallado. Lo esencial está muy claro. Muchos de los 50 puntos están diseñados para hablar no de cómo viven y se comportan realmente los musulmanes alemanes, sino de los estereotipos (étnicos) que a los alemanes les encanta tener sobre ellos, incluyendo, de forma destacada, la acusación de antisemitismo.
La ironía histórica es tan gruesa que debe ser humor alemán: El periódico más influyente y demagógico de una Alemania que una vez excluyó y luego masacró a los judíos con un antisemitismo no igualado en su implacable ferocidad y letalidad por ningún otro país (ya sea musulmán o, digamos, cristiano ortodoxo), ahora dirige el reproche de ser antisemita contra otro grupo más a marginar, los musulmanes. A la orden del día: ¡Projektion, jawohl!
Esto es totalmente sintomático: Una de las formas, quizás la más importante e hipócrita, en que los musulmanes de Alemania se enfrentan ahora al reto de demostrar su viabilidad y asegurar su precario lugar en términos (étnicamente) alemanes es que deben profesar la posición precisamente «correcta» sobre Israel y, en particular, sobre lo que son en realidad los crímenes de Israel contra sus compatriotas musulmanes. Que desaparezca la idea de que un musulmán en Alemania se atreva a sentir tanta compasión o solidaridad con los palestinos que no acepte de buen grado y con gratitud todas las mentiras israelíes. Y si no lo hacen, hey presto: son antisemitas y, por lo tanto, no pertenecen a los nuevos, tolerantes, perfectamente reconciliados con el pasado, muy buenos, muy inseguros y autocomplacientes alemanes.
Si esto no es un patrón colonial y racista (con muchos giros), nada lo es. Y es esta arrogancia, este torpe sentido de la superioridad, lo que define una vez más cómo ser alemán. Esta vez no se trata de una raza superior, es cierto. Sólo una sociedad de «valores» superior. Y, como antes, excluyente y despiadada.
Observación de Miguel Candel:
Inconscientemente solemos confundir la religión propiamente dicha con simples rasgos culturales que en muchos casos no son producto de la religión sino de tradiciones culturales de los países donde esa religión ha arraigado. Típica confusión: lo islámico con lo árabe.
3. Masacre en Yabaliya.
¿En serio no te has enterado? ¿No ha salido en las noticias en España? Es esto: https://twitter.com/
Quien ordenó el bombardeo al campamento de Jabalia por «estar encima de un miembro de Hamas» sabía que estaba llenos de niños. Es imposible que una fuerza aérea no tenga imágenes satelitales de su «objetivo». Lo que habla de un acto militar premeditado para generar terror.
Ahora he visto que sale en portada. Al menos en La Vanguardia y, menos destacado, en El País. Van por 145 muertos.
Los hispanoamericanos nos están dando sopas con honda en cuanto a solidaridad. Bolivia ha cortado relaciones diplomáticas con Israel, y Colombia se lo plantea. Este es el mensaje de Petro: https://twitter.com/
Parte de la rabia de los israelíes supongo que se debe a que también están recibiendo. Llevan 317 muertos. Pocos son, pero ya aumentarán…https://twitter.com/
4. La indiferencia de las élites árabes hacia Palestina
Os paso dos artículos escritos por autores de la zona sobre la nula implicación de los países árabes en la liberación de Palestina.
Los dirigentes árabes propician el genocidio de Gaza
Haidar Eid La Intifada Electrónica 30 de octubre de 2023
Los regímenes árabes han renunciado a la idea de liberar Palestina.
Gamal Abdel Nasser, el presidente progresista y nacionalista de Egipto, fue el último dirigente árabe que realmente creyó en la idea y trabajó en ella. Para él, la liberación de Palestina era una cuestión fundamental que no podía separarse de la seguridad nacional de Egipto.
Dejó absolutamente claro que el establecimiento de Israel en el corazón del mundo árabe era un golpe enorme a las aspiraciones árabes de modernidad, progreso, prosperidad y libertad. Representaba la continuación del colonialismo en un mundo árabe poscolonial.
Se había fundado una colonia de colonos que negaba la existencia misma del pueblo palestino y, por tanto, suponía una amenaza para Egipto y el resto del mundo árabe.
Tal vez sea ésta la razón principal por la que el régimen progresista de Nasser, con sus tendencias anticoloniales, fue el blanco de las antiguas potencias coloniales, a saber, Gran Bretaña y Francia, que se aliaron directamente con Israel para derrocar al gobierno de Nasser en 1956, y Estados Unidos, que formó su propia alianza con Israel en 1967.
La caída de Nasser en 1970 supuso un punto de inflexión. Su sucesor, Anwar Sadat, siguió una línea completamente distinta en cuanto a las relaciones con Occidente e Israel.
Sadat creía firmemente que el 99% de las cartas estaban en manos de Estados Unidos, como él mismo dijo escandalosamente. Estados Unidos era la única potencia, creía él, que podía persuadir a Israel para que otorgara las concesiones necesarias para devolver las tierras egipcias ocupadas en el Sinaí e incluso «resolver» la cuestión palestina.
Esto formaba parte de una nueva política económica nacional -aunque reaccionaria- de «puertas abiertas», de privatización y reestructuración del sector público. Atrás quedaban los compromisos oficiales con el panarabismo y la liberación de Palestina.
La libertad vista como un obstáculo
La normalización con el Israel del apartheid se convirtió en la «solución» sobre la base de ofrecer a los palestinos una forma de «autonomía» en Cisjordania y la Franja de Gaza, tierras a cambio de la «paz» y el reconocimiento del derecho de Israel a existir como colonia de colonos en el corazón del mundo árabe. Ese fue el motivo que impulsó la firma de los Acuerdos de Camp David (1978) y el inicio de una serie de acuerdos de normalización entre los gobiernos árabes, incluida la Organización para la Liberación de Palestina, e Israel.
Los gobiernos árabes dispuestos a «normalizar» las relaciones con Israel siempre han considerado la causa palestina como un obstáculo para su propia «prosperidad y seguridad». Un obstáculo que había que apartar del camino.
Liberar Palestina ya no estaba en la agenda. Se consideraba un sueño irrealizable que no se puede conseguir pase lo que pase.
Apoyar una solución justa a la cuestión palestina significa necesariamente una confrontación con el Occidente imperialista, encabezado por Estados Unidos. Y ese es un camino que los regímenes árabes no están dispuestos a seguir.
En primer lugar, va en contra de los intereses de las oligarquías gobernantes.
En segundo lugar, debilita su alianza con Estados Unidos, una superpotencia que les ofrece protección y estabilidad.
De ahí la desaparición de las ideas de liberar Palestina y el retorno de los refugiados palestinos a las ciudades y pueblos de los que fueron limpiados étnicamente en 1948. Eso ha sido sustituido por la fachada de la solución racista de los dos Estados y la idea de que es posible mejorar el apartheid de Israel y su sistema de múltiples niveles de opresión del pueblo palestino.
Silencio vergonzoso
Incluso la propia definición del pueblo palestino se ha reducido para incluir únicamente a quienes viven actualmente en la Franja de Gaza y Cisjordania. Se dice que este grupo es el componente del pueblo palestino que necesita una «solución» y que esa solución sólo puede materializarse si el Israel del apartheid ofrece generosamente mejorar la vida de estos palestinos, aunque esto ocurra bajo el control total de Israel.
Una «oferta generosa» de Israel podría incluir lo que Amilcar Cabral -uno de los más destacados opositores africanos al colonialismo- denominó «independencia de bandera», símbolos de gobierno y «soberanía». De ahí el apoyo oficial árabe a los acuerdos de Oslo en 1993, que ofrecieron una hoja de parra a todos los acuerdos árabes posteriores de normalización con el Israel del apartheid.
Desde hace más de tres semanas, Israel ataca Gaza, matando a miles de personas e hiriendo a decenas de miles, destruyendo la mayor parte de las infraestructuras y devolviéndola a la «edad de piedra».
¿Tendría Israel el «valor» de hacerlo sin el vergonzoso silencio de los gobiernos árabes? O dicho más crudamente, ¿habría ocurrido esto si no se hubieran firmado los acuerdos de normalización?
Después de más de tres semanas de genocidio, no parece haber un final a la vista. Este sangriento caos recuerda a la Segunda Guerra Mundial y a los tiempos de los pogromos genocidas en Europa del Este, África, Australia y América.
Gaza está siendo literalmente arrasada.
Los palestinos de Gaza, tanto musulmanes como cristianos, son árabes cuya humanidad ha sido negada incluso por sus hermanos «oficiales». De lo contrario, no se habría permitido la limpieza étnica y el genocidio de Israel, ni siquiera en las peores pesadillas de los Estados árabes.
En 1956, Gamal Abdel Nasser visitó Gaza y se dirigió a su «heroico» pueblo: «Pueblo de Gaza, quiero tres cosas de vosotros: Esperanza, paciencia y fe (en vuestra causa). Estas tres cualidades os llevarán a la victoria sobre todos los poderes que conspiran contra vosotros. Sois el pueblo más noble y honorable y quiero que sepáis un hecho importante: Gaza es tan querida para mi corazón como Egipto, y todo lo que perjudique a Gaza perjudica a Egipto».
Era una época en la que la liberación de Palestina era una idea realizable y realista.
Haidar Eid es educador y comentarista independiente de Gaza. Twitter: @haidareid
Los líderes árabes deben hablar claro sobre Palestina
Las mansas palabras de condena no detendrán el genocidio israelí de palestinos en Gaza.
Marwan Bishara Analista político de Al Jazeera. Publicado el 30 Oct 202330 Oct 2023
La respuesta de los gobiernos árabes a la guerra de Israel contra Gaza, al igual que su respuesta a sus cuatro guerras anteriores contra el enclave palestino asediado, ha sido, como mínimo, débil y endeble. Pero a diferencia de los ataques anteriores de Israel, este genocidio que se está desencadenando -si no se detiene- tendrá repercusiones peligrosas para todo el mundo árabe.
Pillados por sorpresa, los dirigentes árabes no entraron en acción hasta que la opinión pública árabe dejó claro que no toleraría las atrocidades israelíes contra los 2,3 millones de palestinos de Gaza. Aunque Palestina ha sido y sigue siendo el principal problema árabe, no han hecho más que alzar la voz, la mayoría de las veces con balbuceos y clichés.
En la reunión de la Liga Árabe celebrada en El Cairo el 11 de octubre, los ministros árabes de Asuntos Exteriores condenaron la matanza y los ataques contra civiles «en ambos bandos», equiparando a los ocupados y los ocupantes, un grupo de resistencia palestino y el ejército de ocupación israelí. Hablaron vagamente de la necesidad de paz, mientras Israel se disponía a reeditar la Nakba (catástrofe) de 1948 con otra ronda de violenta limpieza étnica.
El bombardeo del hospital al-Ahli el 17 de octubre, en el que fueron masacrados unos 470 palestinos, enfureció a la opinión pública árabe e internacional, obligando a los regímenes árabes a reaccionar con un poco más de determinación.
Pocos días después, los ministros de Asuntos Exteriores árabes consiguieron presionar a los Estados miembros de la ONU para que aprobaran una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas en la que se condenaban tanto los ataques del 7 de octubre como las atrocidades cometidas por Israel y se pedía una «tregua humanitaria inmediata, duradera y sostenida que conduzca al cese de las hostilidades».
El apoyo abrumador a la resolución, aunque suavizado y no vinculante, ha demostrado el aislamiento israelí en la comunidad internacional. Pero las autoridades israelíes la ignoraron por completo, claramente movidas por el principio de «el mundo dice lo que quiere, Israel hace lo que debe».
Procedieron despreocupadamente a lanzar una devastadora invasión terrestre de la Franja de Gaza, cortando las telecomunicaciones en el territorio durante 36 horas y sembrando aún más muerte y destrucción.
Israel cree que los Estados árabes están demasiado divididos, son impotentes e indiferentes al sufrimiento palestino como para responder adecuadamente.
No se equivoca, por desgracia.
El apoyo oficial árabe a la causa palestina ha disminuido persistentemente a lo largo de los años. Comenzó con la decisión del presidente egipcio Anwar Sadat de firmar un tratado de paz con Israel en 1979. Tres años después, nadie intentó detener la invasión israelí de Líbano, que expulsó del país a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y allanó el camino para la aparición de Hezbolá en Líbano y Hamás en Palestina.
En las cuatro décadas siguientes, los regímenes árabes siguieron mostrando cada vez menos interés en unirse en torno a la causa palestina, mientras el mundo árabe era asolado por múltiples guerras, entre ellas el conflicto Irak-Irán y la invasión iraquí de Kuwait, dos guerras del Golfo lideradas por Estados Unidos, así como múltiples guerras civiles tras las revoluciones de la Primavera Árabe de 2011.
Hoy en día, los líderes árabes pueden estar dispuestos a hablar en favor de Palestina, pero pocos están preparados o son capaces de cumplir sus promesas. Los que tienen los medios para influir en los acontecimientos no dicen lo que piensan, y los pocos que piensan lo que dicen carecen de los medios para llevarlo a cabo.
A decir verdad, los dirigentes árabes han estado generalmente en desacuerdo con Israel como empresa colonial divisoria en su seno, pero también se han mostrado indiferentes ante la difícil situación de los palestinos, al igual que lo han estado ante el sufrimiento de sus ciudadanos.
De hecho, algunos regímenes han tratado a su pueblo casi tan mal como Israel ha tratado a los palestinos. Muchos se han pronunciado a favor de los derechos de los palestinos sólo porque eso les ha dado una apariencia de legitimidad a los ojos de su pueblo.
La impotencia árabe ha abierto el camino para que otros actores regionales, Irán y Turquía, flexionen sus músculos y amplíen su influencia a expensas de los árabes, creando otra capa de complejidad y división regional. La creciente influencia de Irán y sus imprudentes políticas en varios países árabes han empujado a algunos regímenes frenéticos a aliarse abiertamente con Israel a cambio de un mayor apoyo estadounidense.
Pero esto se ha demostrado miope, ya que ni Israel ni Estados Unidos pueden o están dispuestos a garantizar su seguridad.
En la actualidad, estos regímenes culpan tácitamente a Irán y Hamás de la actual escalada en Gaza, que pretende socavar sus nuevas alianzas con Israel y arrastrarlos a una guerra regional. De hecho, predicadores, periodistas y expertos asociados a los gobiernos de países como Egipto, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos han condenado lo que consideran intentos de Hamás inspirados por Irán de empujar a la región a la guerra, infligiendo un sufrimiento insoportable al pueblo palestino.
Pero estas posturas no han influido en la opinión pública árabe. Allí donde se les ha permitido, los árabes han salido en masa a la calle para protestar contra las atrocidades de Israel y pedir una intervención internacional que ponga fin a la matanza masiva de civiles palestinos. La protesta puede convertirse en una agitación masiva que puede amenazar la estabilidad regional si no se toman medidas
Mientras Israel sigue diezmando Gaza y cometiendo masacres de niños, mujeres y hombres palestinos, sus socios árabes deben reconsiderar sus acuerdos de normalización y cooperación antes de que se vean obligados a hacerlo bajo una fuerte presión pública.
Este proceso de desnormalización debe comenzar con la propia Autoridad Palestina, cuya insistencia en mantener relaciones con Israel le ha permitido profundizar su ocupación militar y acelerar el robo de tierras palestinas.
Ya es hora de que el régimen del presidente Mahmud Abbas rompa relaciones con el gobierno israelí y empiece a proteger a sus civiles del ejército y los colonos israelíes que causan estragos en Cisjordania.
Los dirigentes árabes deben unirse para poner fin al genocidio de Gaza, pase lo que pase. Porque sólo uniéndose y hablando con una sola voz a favor de los derechos árabes y palestinos podrán disuadir la agresión israelí y la injerencia extranjera en los asuntos árabes.
5. Enzo Traverso sobre el sionismo y la cuestión nacional
Le entrevista Simón Vázquez, pero, por lo demás, no está mal.
https://jacobinlat.com/2023/
Enzo Traverso: Una izquierda que no critique el sionismo no es izquierda
Enzo Traverso
El empleo demagógico del antisemitismo, especialmente para despreciar o estigmatizar el antisionismo, es un problema serio. La izquierda debe tener una postura clara sobre este tema y no ceder ante las campañas mediáticas de la derecha, que nos acusan falsamente.
Entrevista por Simón Vázquez
Enzo Traverso (Italia, 1957) es profesor de la Universidad de Cornell. La prolífica obra de este destacado historiador explora el largo siglo XX desde la intersección entre el marxismo y el judaísmo, el nazismo y el fascismo, la revolución y los movimientos socialistas. Entre otros títulos, traducidos a diversas lenguas, destacan Melancolía de izquierda (Galaxia Gutenberg, 2018) o Revolución (Akal, 2023).
Verso Libros acaba de publicar La cuestión judía. Historia de un debate marxista (2023), una revisión actualizada de su tesis doctoral que analiza la historia del debate sobre la cuestión judía en el seno de la familia marxista, desde Karl Marx hasta la Escuela de Fráncfort. Nos encontramos con él en Barcelona después de su conferencia en el ciclo «Europa, laboratorio de las ideas», organizado por el Centro de Cultura Contemporánea de la capital catalana (CCCB).
La cuestión judía es un debate que atravesó los siglos XIX y XX. ¿Persiste actualmente en la izquierda o ya es solo un tema que ha quedado para la historia de las ideas?
Este debate, junto con muchos otros, pertenece a la historia del marxismo y, por ende, a la historia intelectual de la izquierda. Como muchos otros debates sobre la cuestión nacional y otros temas más olvidados, deben ser redescubiertos y reinterpretados ya que constituyen parte del trasfondo de memoria y teoría de la izquierda.
No creo que sea crucial, por ejemplo, en la Cataluña de hoy, leer mi libro para buscar una solución política. Pero, al mismo tiempo, creo que sería importante que los catalanes sepan que este tipo de problemas ya existió en muchos otros contextos y épocas, y que la izquierda intentó solucionarlos. Entonces el debate era: ¿cómo se define una nación?, ¿qué es una nación?, ¿cuál es el futuro de las naciones? La izquierda de la época que investigo en mi libro mostró diversos enfoques. Había marxistas que decían que el socialismo representaba la máxima expresión de las identidades y culturas nacionales, mientras que otros argumentaban que el socialismo conduciría a un mundo postnacional donde la humanidad ya no se distinguiría entre naciones. Incluso dentro del mismo partido, muchas veces coexistían estos dos enfoques.
Luego, la cuestión que algunos se plantearon fue: ¿si vivimos en un mundo postnacional, cosmopolita, con una humanidad unificada, qué lengua se hablará? Por supuesto, en aquel momento, en Europa Oriental, predominaba el ruso, dejando de lado otros idiomas como el ucraniano, lituano o armenio. Surgieron formas de nacionalismo expresadas a través de una perspectiva universalista. También hubo reivindicaciones nacionalistas regresivas que proponían construir una nación separando a las personas. Es un debate muy antiguo que aún resuena hoy.
Precisamente iba a preguntar sobre eso. Han existido diversas grandes «cuestiones»: la nacional, la judía, la meridional, la negra. La izquierda internacional ha discutido ampliamente sobre las identidades, el nacionalismo y el papel del «otro». Has mencionado la alteridad. En algunas entrevistas recientes también he notado un sentido de identidad compartida, de identidades no exclusivas. ¿Podrías desarrollar los conceptos de alteridad, «otro» y el de las minorías?
Las minorías, diría, son el elemento que desafía al nacionalismo. Son importantes porque sirven como una suerte de indicador para medir el nivel de una democracia. Una democracia que respeta a sus minorías, creo, es una democracia verdadera, a diferencia de una que rechaza la alteridad y se concibe como un cuerpo homogéneo y monolítico, lo cual es incompatible con valores democráticos. A menudo, las minorías desvelan todas las contradicciones, ambigüedades y tendencias negativas de un sistema de poder. Por ejemplo, la crisis catalana de 2017, con un referéndum bloqueado por el Estado central y la represión subsiguiente, así como las movilizaciones recientes en contra de una posible amnistía, han expuesto las contradicciones de la democracia surgida de la Transición española.
Pero hablar de minorías siempre requiere de una interpretación dialéctica porque, en el marco de un Estado multinacional, las minorías en un contexto pueden ser mayoría en otro. Además, hay minorías que, al luchar por sus derechos frente a la opresión y al ganar su batalla, pueden volverse intolerantes con respecto a sus propias minorías. Entonces, con respecto a la cuestión judía, el interrogante fue si se debía reivindicar la asimilación como progreso, lo que podría estigmatizar la identidad cultural de las minorías, o si se debía luchar por la independencia, la autonomía nacional y cultural, o por un Estado federal. En el imperio de los zares o en el imperio austrohúngaro, por ejemplo, todas estas opciones pudieron ser viables.
¿Podría ser que ahora, en Europa Occidental, la cuestión judía esté mutando hacia nuevas cuestiones, como la musulmana o la gitana, por ejemplo?
El prejuicio contra los gitanos no se ha debatido tanto, por desgracia. Tal vez en España más que en otros lugares. Cuando digo que el nacionalismo, especialmente el nacionalismo de derecha que tuvo una relación simbiótica con el fascismo, ha experimentado una metamorfosis en el siglo XXI hacia la transición del antisemitismo a la islamofobia como eje central, estoy señalando que la cuestión del Islam se convertirá en el prisma a través del cual Europa definirá su identidad democrática.
Si con el ascenso de las derechas radicales se afirma la idea de que Europa tiene raíces judeocristianas incompatibles con el Islam, eso implicaría que Europa no puede ser una democracia. Así, la capacidad de Europa para integrar el Islam como uno de sus componentes en un marco democrático plural es indicativo de que vivirá una democracia saludable.
En estos días, releyendo el libro, he notado que un lector ibérico puede no entender el concepto de la emancipación del judío por no haber tenido una cuestión judía en el mundo moderno posterior a 1492. Así que me preguntaba si podrías explicar un poco la cuestión de la emancipación del judío para entender mejor ese proceso.
La emancipación de los judíos es un proceso que comenzó en el siglo XVIII con la emergencia de varias figuras de la Ilustración que reivindicaban la emancipación jurídico-política de los judíos, es decir, otorgarles derechos. Simultáneamente, surgieron figuras dentro del mundo judío que reivindicaban su propia emancipación. Se trataba de transformar a los judíos de una minoría tolerada, excluida y discriminada —pues no tenían el derecho de acceder a una gama de derechos comunes a los ciudadanos del imperio— en ciudadanos plenos.
Este tema generó un gran debate, ya que implicaba definir de nuevo la ciudadanía. Es decir, ¿es un judío un ciudadano francés, alemán, italiano, etcétera, lo que implicaba relegar la religión a un aspecto privado de la vida del ciudadano, o bien se reconoce al judío como ciudadano, no como francés o alemán de religión judía, sino como ciudadano judío? Este fue un debate significativo en esa época, y continúo siéndolo. Pero la clave de la emancipación judía es que no fue una conquista resultado de una lucha de liberación de los judíos, sino una conquista otorgada por el poder desde arriba.
Fue la Revolución francesa, en la cual los judíos jugaron un papel muy marginal, la que emancipó a los judíos. También contribuyeron los cambios introducidos por las guerras napoleónicas, que otorgaron ciudadanía a los judíos, y posteriormente la unificación alemana. Esto contrasta con la emancipación de los negros, por ejemplo, que está vinculada a la Revolución Haitiana y a la lucha de los esclavos por la abolición de la esclavitud. Tiene muchas implicaciones. Los judíos, a lo largo de la historia del mundo moderno, se consideraron en deuda con el poder que los emancipó.
La emergencia, ya en el siglo XX, de la figura del revolucionario judío, que participa en los movimientos revolucionarios —no solamente judíos, sino también universales— sigue teniendo la conciencia de que tiene el privilegio de no haber conquistado sus propias libertades.
A raíz de esto, en los debates actuales entre universalismo y particularismo han surgido diversas corrientes o ideas. Por ejemplo, la teoría de «igualibertad» de Etienne Balibar, las teorías decoloniales que hablan de «pluriversalismo» o Asad Haider, en Identidades malentendidas, que reivindica el concepto de «universalismo insurgente». ¿Cuál crees que debería ser la propuesta política de izquierdas que resuelva la contradicción o la dialéctica entre universalismo y particularismo?
Esta dialéctica implica superar la contradicción entre universalismo y particularismo. Un universalismo que niega las particularidades es pernicioso, y un particularismo que no se inscribe en una perspectiva universal también es perjudicial. El universalismo es una totalidad hecha de particularidades y diversidad. Esa es la esencia de la política.
Desde este punto de vista, yo valoro críticamente a Hannah Arendt en muchos aspectos, pero en la definición de la política, considero crucial su herencia. La política implica la coexistencia de sujetos diferentes; es la interacción entre sujetos diferentes, y el principio de alteridad y diversidad es constitutivo de la política. Si la política se convierte en la creación de una comunidad homogénea, esa es la negación de la política, es decir, es la política del fascismo.
Hablando de categorías lógicas, hay un universalismo que es la visión cosmopolita de las élites, y hay un universalismo desde abajo, que es otro tipo de universalismo, y es el universalismo fecundo. Una sociedad plural, conquista de una revolución, funciona mucho mejor que una sociedad plural en la que hay una élite ilustrada que quiere educar a un pueblo bárbaro.
En Europa están surgiendo corrientes que provienen de la izquierda pero que comparten gran parte de la agenda política y mediática de la extrema derecha: nacionalismo exclusivista, fronteras, migraciones, antifeminismo y antiecologismo en diversos grados y medidas. ¿Serían ecos de épocas anteriores? ¿Ha existido una izquierda así en otros momentos de la historia?
Creo que esas tendencias regresivas deben ser reconocidas. Pertenecen a la historia de la izquierda. Son una herencia que resurge periódicamente. En el caso de la izquierda alemana, por ejemplo, están vinculadas al recorrido de la historia de Alemania. Pero tendencias nacionalistas similares existen en Francia. Por ejemplo, el nacional-republicanismo es una de ellas. O cuando sectores de la izquierda francesa se oponen al velo, es decir, explicitando que los musulmanes están fuera, porque es una manera de afirmar una identidad francesa que es incompatible con la alteridad musulmana. Pero no es toda la postura de la izquierda francesa. Sin embargo, esas tendencias existen y considero que se encuentran en todos los países.
¿Y cómo juzgas que se puede luchar contra estas corrientes?
Es esencial confrontarlas mediante una batalla ideológica, intelectual y política. Cuando se organiza una lucha contra el racismo y la xenofobia, las cosas se simplifican. No puedes hacerlo sin establecer las reglas del juego porque los problemas requieren soluciones muy concretas.
Al final, se trata de establecer posiciones claras. Por ejemplo, ¿cuál es la posición de los franceses de origen extranjero en las listas electorales de la izquierda? O en Alemania, donde existe una minoría de alemanes de origen turco que son musulmanes. Es notable cómo algunos partidos han manejado mejor estos temas que otros. Por ejemplo, hay líderes nacionales y parlamentarios en ciertos países con apellidos turcos. La lucha contra la xenofobia es, por supuesto, una lucha contra la derecha, pero también es una lucha en el interior de la izquierda.
¿Puede decirse que el año 1945 fue un punto de quiebre del antisemitismo en Europa?
El antisemitismo aún existe tanto en Europa como en Estados Unidos, evidenciado por actos violentos, como masacres en sinagogas y actos terroristas. El terrorismo islámico es fuertemente antisemita. La lucha contra el antisemitismo sigue siendo parte de la agenda política de la izquierda, aunque se ha tomado conciencia de que el antisemitismo no es más que un eje del conservadurismo nacionalista.
En la izquierda hemos visto acusaciones de antisemitismo, muchas veces vinculadas a la defensa de Palestina o los derechos de los palestinos. También hemos visto cómo se ha utilizado contra líderes como Jeremy Corbyn. ¿Qué opinas de este uso del antisemitismo en las luchas internas de la izquierda?
Es evidente que existe una instrumentalización del antisemitismo para dirimir problemas internos de la izquierda. Acusar de antisemitismo a un adversario en un debate interno es una táctica que será altamente mediatizada en Europa. El empleo demagógico del antisemitismo, especialmente para despreciar o estigmatizar el antisionismo, es un problema serio.
Una izquierda que no critique el sionismo, especialmente en un momento en que el sionismo se refleja en figuras como Benjamin Netanyahu y un gobierno de tendencia casi fascista, no merece ser definida como izquierda. Creo que la izquierda debe tener una postura clara sobre este tema y no ceder ante las campañas mediáticas de la derecha que nos acusan falsamente. Es vital aclarar estas falsedades, similares a las de los años 20 y 30 del siglo XX, cuando se acusaba a la izquierda de ser demasiado «filosemita».
Simón Vázquez es editor de Verso Libros.
Enzo Traverso. Historiador, profesor de la Universidad de Cornell y autor, entre otros, de Melancolía de izquierda. Marxismo, historia y memoria (Fondo de Cultura Económica, 2018).
6. Haciendo la cama a Zelensky
La prensa estadounidense parece ir dando por amortizado a Zelensky, presentándolo como un tipo poco razonable, con una visión mesiánica de la victoria de Ucrania y en un país plagado por la corrupción. ¡Hasta luego, Lucas! El artículo no es gran cosa, y contiene las mentiras típicas de la prensa basura, como el ataque generalizado ruso contra civiles, pero sirve para ver la actual Zeitgeist hacia Ucrania. Hay que recordar que Zelensky fue la «persona del año» en el Time de hace un año.
«Nadie cree en nuestra victoria como yo». La lucha de Volodymyr Zelensky por mantener a Ucrania en la lucha.
Por Simon Shuster/Kyiv 30 de octubre de 2023 8:00 AM EDT
La invitación a su discurso en los Archivos Nacionales de Washington se había enviado a varios cientos de invitados, entre ellos líderes del Congreso y altos funcionarios de la Administración Biden. Anunciado como el acto principal de su visita a finales de septiembre, le daría la oportunidad de inspirar el apoyo de Estados Unidos contra Rusia con el tipo de oratoria que el mundo espera del Presidente ucraniano en tiempos de guerra. No salió como estaba previsto.
Aquella tarde, las reuniones de Zelensky en la Casa Blanca y el Pentágono le retrasaron más de una hora, y cuando por fin llegó para empezar su discurso a las 18:41, parecía distante y agitado. Se apoyó en su esposa, la Primera Dama Olena Zelenska, para llevar su mensaje de resiliencia al escenario, mientras que su propio discurso parecía forzado, como si quisiera acabar de una vez. En un momento dado, mientras entregaba las medallas tras el discurso, instó al organizador a que se diera prisa.
La razón, dijo más tarde, fue el agotamiento que sintió esa noche, no sólo por las exigencias del liderazgo durante la guerra, sino también por la persistente necesidad de convencer a sus aliados de que, con su ayuda, Ucrania puede ganar. «Nadie cree en nuestra victoria como yo. Nadie», declaró Zelensky a TIME en una entrevista posterior a su viaje. Inculcar esa creencia a sus aliados, dijo, «requiere todo tu poder, toda tu energía. ¿Entiendes? Requiere mucho de todo».
Cada vez es más difícil. Veinte meses después del inicio de la guerra, aproximadamente una quinta parte del territorio ucraniano sigue bajo ocupación rusa. Decenas de miles de soldados y civiles han muerto, y Zelensky puede sentir durante sus viajes que el interés mundial por la guerra ha decaído. También lo ha hecho el nivel de apoyo internacional. «Lo más aterrador es que parte del mundo se acostumbró a la guerra en Ucrania», afirma. «El hartazgo con la guerra avanza como una ola. Se ve en Estados Unidos, en Europa. Y vemos que en cuanto empiezan a cansarse un poco, se convierte en un espectáculo para ellos: ‘No puedo ver esta repetición por décima vez'».
El apoyo público a la ayuda a Ucrania lleva meses en declive en Estados Unidos, y la visita de Zelensky no hizo nada por reavivarlo. Un 41% de los estadounidenses quiere que el Congreso proporcione más armas a Kiev, frente al 65% de junio, cuando Ucrania inició una importante contraofensiva, según una encuesta de Reuters realizada poco después de la marcha de Zelensky. Esa ofensiva ha avanzado a un ritmo atroz y con enormes pérdidas, lo que hace cada vez más difícil para Zelensky convencer a sus socios de que la victoria está a la vuelta de la esquina. Con el estallido de la guerra en Israel, incluso mantener la atención del mundo en Ucrania se ha convertido en un gran desafío.
Tras su visita a Washington, TIME siguió al Presidente y a su equipo de vuelta a Kiev, con la esperanza de comprender cómo reaccionarían ante las señales que habían recibido, especialmente los insistentes llamamientos a Zelensky para que luchara contra la corrupción dentro de su propio gobierno, y el desvanecimiento del entusiasmo por una guerra sin final a la vista. En mi primer día en Kiev, pregunté a un miembro de su círculo cómo se sentía el Presidente. La respuesta no se hizo esperar: «Enfadado».
La chispa habitual de su optimismo, su sentido del humor, su tendencia a animar una reunión en la sala de guerra con un poco de broma o un chiste subido de tono, nada de eso ha sobrevivido al segundo año de guerra total. «Ahora entra, se pone al día, da las órdenes y se va», dice un antiguo miembro de su equipo. Otro me dice que, sobre todo, Zelensky se siente traicionado por sus aliados occidentales. Le han dejado sin medios para ganar la guerra, sólo para sobrevivir a ella.
Pero sus convicciones no han cambiado. A pesar de los recientes reveses en el campo de batalla, no tiene intención de abandonar la lucha ni de pedir ningún tipo de paz. Al contrario, su convicción en la victoria final de Ucrania sobre Rusia se ha endurecido hasta adquirir una forma que preocupa a algunos de sus asesores. Es inamovible, rozando lo mesiánico. «Se engaña a sí mismo», me dice con frustración uno de sus ayudantes más cercanos. «Nos hemos quedado sin opciones. No estamos ganando. Pero intenta decírselo».
La terquedad de Zelensky, dicen algunos de sus ayudantes, ha perjudicado los esfuerzos de su equipo por idear una nueva estrategia, un nuevo mensaje. Mientras han debatido el futuro de la guerra, un tema ha seguido siendo tabú: la posibilidad de negociar un acuerdo de paz con los rusos. A juzgar por las últimas encuestas, la mayoría de los ucranianos rechazaría esa posibilidad, sobre todo si conllevara la pérdida de cualquier territorio ocupado.
Zelensky se opone rotundamente incluso a una tregua temporal. «Para nosotros significaría dejar esta herida abierta para las generaciones futuras», me dice el Presidente. «Quizá eso calme a algunos dentro de nuestro país, y fuera, al menos a los que quieren acabar con todo a cualquier precio. Pero para mí, eso es un problema, porque nos quedamos con esta fuerza explosiva. Sólo retrasamos su detonación».
Por ahora, su intención es ganar la guerra en condiciones ucranianas, y está cambiando de táctica para conseguirlo. Conscientes de que el flujo de armas occidentales podría agotarse con el tiempo, los ucranianos han aumentado la producción de aviones no tripulados y misiles, que han utilizado para atacar las rutas de suministro rusas, los centros de mando y los depósitos de municiones lejos de las líneas enemigas. Los rusos han respondido con más bombardeos contra civiles, más ataques con misiles contra la infraestructura que Ucrania necesitará para calentar los hogares y mantener la luz encendida durante el invierno.
Zelensky lo describe como una guerra de voluntades, y teme que si no se detiene a los rusos en Ucrania, la lucha se extienda más allá de sus fronteras. «He vivido mucho tiempo con este temor», dice. «Una tercera guerra mundial podría empezar en Ucrania, continuar en Israel y pasar de ahí a Asia, para luego explotar en otro lugar». Ese fue su mensaje en Washington: Ayudar a Ucrania a detener la guerra antes de que se extienda, y antes de que sea demasiado tarde. Le preocupa que su público haya dejado de prestarle atención.
A finales del año pasado, durante su anterior visita a Washington, Zelensky recibió una bienvenida de héroe. Pocos días antes de Navidad, la Casa Blanca envió un avión de la Fuerza Aérea estadounidense a recogerle al este de Polonia y, escoltado por un avión espía de la OTAN y un caza F-15 Eagle, entregarle en la Base Conjunta Andrews, a las afueras de la capital estadounidense. Esa noche, Zelensky compareció ante una sesión conjunta del Congreso para declarar que Ucrania había derrotado a Rusia «en la batalla por las mentes del mundo».
Observando su discurso desde el balcón, conté 13 ovaciones antes de dejar de llevar la cuenta. Un senador me dijo que no recordaba en sus tres décadas en el Capitolio una ocasión en la que un líder extranjero hubiera recibido una acogida tan admirativa. Algunos republicanos de derechas se negaron a ponerse en pie o a aplaudir a Zelensky, pero los votos a su favor fueron bipartidistas y abrumadores durante todo el año pasado.
Esta vez, el ambiente había cambiado. La ayuda a Ucrania se había convertido en un punto de fricción en el debate sobre el presupuesto federal. Uno de los asesores de política exterior de Zelensky le instó a cancelar el viaje en septiembre, advirtiéndole de que el ambiente era demasiado tenso. Los líderes del Congreso se negaron a que Zelensky pronunciara un discurso público en el Capitolio. Sus ayudantes intentaron organizar una aparición en persona en Fox News y una entrevista con Oprah Winfrey. Ninguna de las dos fue posible.
En su lugar, la mañana del 21 de septiembre, Zelensky se reunió en privado con el entonces presidente de la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, antes de dirigirse a la Antigua Cámara del Senado, donde los legisladores le interrogaron a puerta cerrada. La mayoría de los críticos habituales de Zelensky guardaron silencio en la sesión; el senador Ted Cruz llegó con más de 20 minutos de retraso. Los demócratas, por su parte, querían entender hacia dónde se dirigía la guerra y hasta qué punto Ucrania necesitaba el apoyo de Estados Unidos. «Me lo preguntaron directamente: Si no os damos la ayuda, ¿qué pasa?». recuerda Zelensky. «Lo que pasa es que perderemos».
La actuación de Zelensky dejó una profunda impresión en algunos de los legisladores presentes. Angus King, senador independiente por Maine, recordó que el líder ucraniano dijo a su audiencia: «Vosotros estáis dando dinero. Nosotros estamos dando nuestras vidas». Pero no fue suficiente. Diez días después, el Congreso aprobó un proyecto de ley para evitar temporalmente el cierre del gobierno. No incluía ninguna ayuda para Ucrania.
Cuando Zelensky regresó a Kiev, el frío de principios de otoño se había apoderado del país, y sus ayudantes se apresuraron a prepararse para el segundo invierno de la invasión. Los ataques rusos a las infraestructuras ucranianas han dañado centrales eléctricas y partes de la red eléctrica, dejándola potencialmente incapaz de satisfacer los picos de demanda cuando bajan las temperaturas. Tres de los altos funcionarios encargados de hacer frente a este problema me dijeron que los apagones serían probablemente más graves este invierno, y que la reacción de la opinión pública ucraniana no sería tan indulgente. «El año pasado la gente culpó a los rusos», dice uno de ellos. «Esta vez nos culparán a nosotros por no hacer lo suficiente para prepararnos».
El frío también dificultará los avances militares, bloqueando las líneas del frente al menos hasta la primavera. Pero Zelensky se niega a aceptarlo. «Para mí, congelar la guerra significa perderla», afirma.Antes de que llegue el invierno, sus ayudantes me advirtieron que esperara grandes cambios en su estrategia militar y una importante reorganización en el equipo del Presidente. Al menos un ministro tendría que ser despedido, junto con un general de alto rango a cargo de la contraofensiva, dijeron, para garantizar la rendición de cuentas por el lento progreso de Ucrania en el frente. «No estamos avanzando», dice uno de los ayudantes cercanos de Zelensky. Algunos comandantes de primera línea, continúa, han empezado a rechazar las órdenes de avanzar, incluso cuando procedían directamente de la oficina del Presidente. «Sólo quieren sentarse en las trincheras y mantener la línea», dice. «Pero así no podemos ganar una guerra».
Cuando planteé estas afirmaciones a un oficial militar de alto rango, me dijo que algunos mandos no tienen muchas opciones a la hora de cuestionar las órdenes de los altos mandos. En un momento dado, a principios de octubre, los dirigentes políticos de Kiev exigieron una operación para «retomar» la ciudad de Horlivka, un puesto estratégico en el este de Ucrania que los rusos han mantenido y defendido ferozmente durante casi una década. La respuesta llegó en forma de pregunta: ¿Con qué? «No tienen ni hombres ni armas», dice el oficial. «¿Dónde están las armas? ¿Dónde está la artillería? ¿Dónde están los nuevos reclutas?».
En algunas ramas del ejército, la escasez de personal ha llegado a ser incluso más grave que el déficit de armas y municiones. Uno de los ayudantes cercanos de Zelensky me dice que incluso si EE.UU. y sus aliados cumplen con todas las armas que han prometido, «no tenemos los hombres para usarlas».
Desde el comienzo de la invasión, Ucrania se ha negado a publicar recuentos oficiales de muertos y heridos. Pero, según estimaciones estadounidenses y europeas, el número de víctimas supera desde hace tiempo los 100.000 en cada bando de la guerra. Ha mermado tanto las filas de las fuerzas armadas ucranianas que las oficinas de reclutamiento se han visto obligadas a llamar a filas a personal cada vez más viejo, lo que ha elevado la edad media de un soldado en Ucrania a unos 43 años. «Ahora son hombres adultos, y para empezar no están tan sanos», afirma el estrecho colaborador de Zelensky. «Esto es Ucrania. No Escandinavia».
El panorama era distinto al principio de la invasión. Una rama del ejército, conocida como Fuerzas de Defensa Territorial, informó de la aceptación de 100.000 nuevos reclutas en los primeros 10 días de guerra total. La movilización masiva fue alimentada en parte por las predicciones optimistas de algunos altos mandos de que la guerra se ganaría en meses, si no en semanas. «Mucha gente pensó que podría alistarse rápidamente y participar en una victoria heroica», dice el segundo miembro del equipo del Presidente.
Ahora el reclutamiento ha bajado mucho. A medida que se intensifican los esfuerzos de reclutamiento en todo el país, se difunden en las redes sociales historias de oficiales de reclutamiento que sacan a hombres de trenes y autobuses y los envían al frente. Los que tienen medios a veces sobornan para librarse del servicio, a menudo pagando una exención médica. Estos episodios de corrupción en el sistema de reclutamiento se extendieron tanto a finales de verano que el 11 de agosto Zelensky despidió a los jefes de las oficinas de reclutamiento de todas las regiones del país.
La decisión pretendía señalar su compromiso con la lucha contra la corrupción. Pero el tiro le salió por la culata, según un oficial militar de alto rango, ya que el reclutamiento casi se paralizó por falta de liderazgo. También resultó difícil sustituir a los oficiales despedidos, en parte porque la reputación de las oficinas de reclutamiento había quedado manchada. «¿Quién quiere ese trabajo?», se pregunta el oficial. «Es como ponerse un cartel en la espalda que diga: corrupto».
En los últimos meses, el tema de la corrupción ha tensado la relación de Zelensky con muchos de sus aliados. Antes de su visita a Washington, la Casa Blanca preparó una lista de reformas anticorrupción para que los ucranianos las emprendieran. Uno de los asesores que viajó con Zelensky a Estados Unidos me dijo que estas propuestas iban dirigidas a la cúpula de la jerarquía estatal. «No eran sugerencias», dice otro asesor presidencial. «Eran condiciones».
Para responder a las preocupaciones estadounidenses, Zelensky tomó algunas medidas drásticas. A principios de septiembre, despidió a su ministro de Defensa, Oleksiy Reznikov, miembro de su círculo íntimo que había sido objeto de escrutinio por la corrupción en su ministerio. Dos asesores presidenciales me dijeron que no había estado personalmente implicado en sobornos. «Pero no supo mantener el orden dentro de su ministerio», dijo uno de ellos, señalando los precios inflados que el ministerio pagaba por suministros, como abrigos de invierno para los soldados y huevos para mantenerlos alimentados.
Al difundirse la noticia de estos escándalos, el Presidente dio órdenes estrictas a su personal para evitar la más mínima percepción de enriquecimiento propio. «No compréis nada. No os toméis vacaciones. Sólo siéntate en tu escritorio, estate callado y trabaja», dice un miembro del personal al caracterizar estas directivas. Algunos funcionarios de nivel medio de la administración se quejaron de parálisis burocrática y baja moral a medida que se intensificaba el escrutinio de su trabajo.
El salario típico en la oficina del Presidente, dijeron, asciende a unos 1.000 dólares al mes, o alrededor de 1.500 dólares para los funcionarios de mayor rango, mucho menos de lo que podrían ganar en el sector privado. «Dormimos en habitaciones de 2 por 3 metros», más o menos del tamaño de una celda de prisión, dice Andriy Yermak, jefe de gabinete presidencial, refiriéndose al búnker que Zelensky y algunos de sus confidentes han llamado hogar desde el comienzo de la invasión. «No estamos aquí viviendo la gran vida», me dice en su despacho. «Todo el día, todos los días, estamos ocupados luchando en esta guerra».
En medio de toda la presión para erradicar la corrupción, supuse, quizá ingenuamente, que los funcionarios de Ucrania se lo pensarían dos veces antes de aceptar un soborno o embolsarse fondos estatales. Pero cuando le comenté esto a un alto asesor presidencial a principios de octubre, me pidió que apagara mi grabadora de audio para poder hablar con más libertad. «Simon, te equivocas», me dijo. «La gente está robando como si no hubiera un mañana».
Ni siquiera el despido del Ministro de Defensa hizo que los funcionarios «sintieran miedo», añade, porque la purga tardó demasiado en materializarse. El Presidente fue advertido en febrero de que la corrupción se había extendido dentro del ministerio, pero titubeó durante más de seis meses, dando a sus aliados múltiples oportunidades de abordar los problemas discretamente o de dar explicaciones. Cuando actuó antes de su visita a Estados Unidos, «ya era demasiado tarde», afirma otro alto asesor presidencial. Para entonces, los aliados occidentales de Ucrania ya estaban al tanto del escándalo. Los soldados del frente habían empezado a hacer chistes subidos de tono sobre los «huevos de Reznikov», una nueva metáfora de la corrupción. «El daño a la reputación estaba hecho», dice el asesor.
Cuando pregunté a Zelensky por el problema, reconoció su gravedad y la amenaza que supone para la moral de Ucrania y sus relaciones con socios extranjeros. La lucha contra la corrupción, me aseguró, es una de sus principales prioridades. También sugirió que algunos aliados extranjeros tienen un incentivo para exagerar el problema, porque les da una excusa para cortar el apoyo financiero. «No está bien», dice, «que encubran su falta de ayuda a Ucrania lanzando estas acusaciones».
Pero algunas de las acusaciones han sido difíciles de desmentir. En agosto, Bihus.info, un medio de comunicación ucraniano conocido por sus investigaciones sobre corrupción, publicó un informe demoledor sobre Rostyslav Shurma, el principal asesor de Zelensky en política económica y energética. El informe revelaba que Shurma, antiguo ejecutivo de la industria energética, tiene un hermano que es copropietario de dos empresas de energía solar con centrales eléctricas en el sur de Ucrania. Incluso después de que los rusos ocuparan esa parte del país, aislándola de la red eléctrica ucraniana, las empresas siguieron recibiendo pagos estatales por producir electricidad.
La policía anticorrupción, una agencia independiente conocida en Ucrania como NABU, respondió a la publicación abriendo una investigación por malversación de fondos contra Shurma y su hermano. Pero Zelensky no suspendió a su asesor. En lugar de ello, a finales de septiembre, Shurma se unió a la delegación del Presidente a Washington, donde le vi saludando a altos legisladores y funcionarios de la Administración Biden.
Poco después de su regreso a Kiev, visité a Shurma en su despacho de la segunda planta de la sede presidencial. El ambiente dentro del recinto había cambiado en los 11 meses transcurridos desde mi última visita. Se habían retirado los sacos de arena de muchas ventanas, ya que habían llegado a Kiev nuevos sistemas de defensa antiaérea, incluidos misiles Patriot estadounidenses, que reducían el riesgo de un ataque con cohetes contra el despacho de Zelensky. Los pasillos seguían a oscuras, pero los soldados ya no los patrullaban con fusiles de asalto, y se habían retirado sus colchonetas y otros enseres. Algunos de los ayudantes del Presidente, incluido Shurma, habían vuelto a vestir de paisano en lugar de atuendo militar.
Cuando nos sentamos en su despacho, Shurma me dijo que las acusaciones contra él formaban parte de un ataque político pagado por uno de los enemigos internos de Zelensky. «Se tiró un pedazo de mierda», dice, cepillándose la parte delantera de su camisa blanca almidonada. «Y ahora tenemos que explicar que estamos limpios». No parece molestarle que su hermano sea un actor importante en la industria que supervisa Shurma. Al contrario, se pasó casi media hora intentando convencerme de la fiebre del oro que supondría la energía renovable después de la guerra.
Tal vez, sugerí, en medio de todas las preocupaciones sobre la corrupción en Ucrania, habría sido más prudente que Shurma se hiciera a un lado mientras estaba siendo investigado por malversación de fondos, o al menos no participar en el viaje de Zelensky a Washington. Shurma respondió encogiéndose de hombros. «Si hacemos eso, mañana todo el mundo en el equipo estaría en el punto de mira», dice. «La política ha vuelto, y ése es el problema».
Unos minutos después, el teléfono de Shurma se iluminó con un mensaje urgente que le obligó a interrumpir nuestra entrevista. El Presidente había convocado a sus principales colaboradores a una reunión en su despacho. Era normal que los lunes por la mañana su equipo celebrara una sesión de estrategia para planificar la semana. Pero ésta sería diferente. Durante el fin de semana, terroristas palestinos habían masacrado a varios centenares de civiles en el sur de Israel, lo que llevó al gobierno israelí a imponer un bloqueo de la Franja de Gaza y declarar la guerra a Hamás. Acurrucados en torno a una mesa de conferencias, Zelensky y sus ayudantes trataban de comprender lo que la tragedia significaría para ellos. «Mi mente va a toda velocidad», me dijo uno de ellos al salir de la reunión aquella tarde. «Las cosas están a punto de empezar a moverse muy deprisa».
Desde los primeros días de la invasión rusa, la principal prioridad de Zelensky y quizá su principal contribución a la defensa de la nación había sido mantener la atención en Ucrania y unir al mundo democrático a su causa. Ambas tareas se harían mucho más difíciles con el estallido de la guerra en Israel. El foco de atención de los aliados de Ucrania en Estados Unidos y Europa, y de los medios de comunicación mundiales, se desplazó rápidamente a la Franja de Gaza.
«Es lógico», me dice Zelensky. «Por supuesto que salimos perdiendo con los acontecimientos de Oriente Próximo. La gente está muriendo, y allí se necesita la ayuda del mundo para salvar vidas, para salvar a la humanidad.» Zelensky quería ayudar. Tras la reunión de crisis con sus ayudantes, pidió permiso al gobierno israelí para visitar su país en muestra de solidaridad. La respuesta apareció a la semana siguiente en los medios de comunicación israelíes: «No es el momento adecuado».
Pocos días después, el presidente Biden intentó salir del atolladero que Zelensky había visto en el Capitolio. En lugar de pedir al Congreso que votara otro paquete independiente de ayuda a Ucrania, Biden lo agrupó con otras prioridades, entre ellas el apoyo a Israel y la seguridad fronteriza entre Estados Unidos y México. El paquete costaría 105.000 millones de dólares, de los que 61.000 millones se destinarían a Ucrania. «Es una inversión inteligente», dijo Biden, «que va a dar dividendos a la seguridad estadounidense durante generaciones».
Pero también fue un reconocimiento de que, por sí sola, la ayuda a Ucrania ya no tiene muchas posibilidades en Washington. Cuando pregunté a Zelensky al respecto, admitió que las manos de Biden parecen estar atadas por la oposición del Partido Republicano. La Casa Blanca, dijo, sigue comprometida a ayudar a Ucrania. Pero los argumentos sobre los valores compartidos ya no tienen mucho peso sobre los políticos estadounidenses o la gente que los elige. «La política es así», me dice con una sonrisa cansada. «Sopesan sus propios intereses».
Al principio de la invasión rusa, la misión de Zelensky era mantener la simpatía de la humanidad. Ahora su tarea es más complicada. En sus viajes al extranjero y sus llamadas telefónicas presidenciales, tiene que convencer a los líderes mundiales de que ayudar a Ucrania redunda en su propio interés nacional, que, como dijo Biden, «dará dividendos». Conseguirlo se hace más difícil a medida que se multiplican las crisis mundiales.
Pero ante la alternativa de congelar la guerra o perderla, Zelensky no ve otra opción que seguir adelante durante el invierno y más allá. «No creo que Ucrania pueda cansarse de la guerra», afirma. «Aunque alguien se canse por dentro, muchos de nosotros no lo admitimos». El Presidente menos que nadie. -Con información de Julia Zorthian/Nueva York
7. De vuelta a Ucrania.
Scott Ritter da un repaso a la situación militar en Ucrania, que él siempre ha visto como una futura derrota para los occidentales, y añade un dato que publiqué ayer también en Twitter: una revista estadounidense considera al ejército ruso como el mejor del mundo, seguido del estadounidense y el chino.
SCOTT RITTER: John Kirby contra los militares rusos
31 de octubre de 2023
Algo está sucediendo entre Ucrania y Rusia que tiene al portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos tratando desesperadamente de preparar a la audiencia estadounidense para acontecimientos significativos.
Por Scott Ritter Especial para Consortium News
La administración Biden tiene mucho que hacer frente ahora en lo que se refiere a Rusia.
Mientras la Guerra de Gaza 2023 ha desviado la atención de un esfuerzo perdedor en Ucrania, una desastrosa contraofensiva ucraniana patrocinada por la OTAN se ha agotado, con cerca del 100% de bajas entre los hombres y el equipo participantes.
(La OTAN entrenó a una fuerza de 90.000 soldados ucranianos para este esfuerzo, y les suministró aproximadamente 300 tanques; Rusia ha publicado cifras que cifran las bajas ucranianas desde el inicio de la contraofensiva en unos 90.000 muertos y heridos, con unos 300 tanques destruidos).
Rusia ha asumido una postura ofensiva; la lectura inicial desde el campo de batalla es que está teniendo más éxito en las primeras semanas de sus ataques que Ucrania en sus cinco meses de contraofensiva.
Para colmo de males, US News and World Report acaba de publicar la clasificación de los ejércitos más poderosos del mundo y Rusia ha superado a Estados Unidos en el primer puesto.
En tiempos como estos, la Casa Blanca recurre a sus asesores de prensa para manipular la narrativa, y no hay mejor practicante del arte de la prensa en la Casa Blanca que el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, John Kirby.
«Si me lo permiten, quiero tomarme un par de minutos», dijo Kirby a la prensa el 26 de octubre, «para ponerles al día sobre la situación del campo de batalla en Ucrania».
Rusia, al parecer, estaba al ataque, tras haber lanzado, según Kirby, una nueva ofensiva en el este de Ucrania «a través de múltiples líneas», incluidos los alrededores de Avdiivka, Lyman y Kupiansk. Esta ofensiva, dijo Kirby, «no fue una sorpresa. Hemos estado observando su desarrollo. Y hemos advertido de que el Presidente Putin sigue teniendo como objetivo conquistar Ucrania y hemos estado trabajando para garantizar que Ucrania disponga del equipamiento necesario para defender su territorio.»
El tono de Kirby era diferente en junio de 2022. Entonces Kirby declaró: «Ellos [Ucrania] están recibiendo todo lo que podemos enviar tan rápido como podemos enviarlo. … Vamos a comprometernos a ayudar a las fuerzas armadas de Ucrania a defenderse e intentar recuperar el territorio, particularmente en el este, en el sur, que están intentando recuperar ahora.»
Ahora ya no se habla de que Ucrania vaya a recuperar territorio. En su lugar, Kirby hizo hincapié en que un nuevo paquete de apoyo, que se centró en la defensa aérea y misiles antitanque, así como municiones de artillería, estaba permitiendo a Ucrania «para mantener y mantener la – en la defensa contra esta ofensiva, con éxito repeler columnas de tanques rusos que han estado avanzando en Avdiivka.»
Los rusos, se apresuró a señalar Kirby, habían «sufrido pérdidas significativas en este intento ofensivo suyo, incluyendo al menos 125 vehículos blindados alrededor de Avdiivka y más de un batallón de equipo.»
A pesar de este revés -del que Kirby no ofreció pruebas-, se esperaba que Rusia siguiera atacando las líneas ucranianas. «Este es un conflicto dinámico», dijo Kirby, «y tenemos que recordar que Rusia todavía mantiene cierta capacidad ofensiva y puede ser capaz de lograr algunos avances tácticos en los próximos meses.»
La diferencia entre «Ucrania va a reconquistar el territorio perdido» y «Rusia está a la ofensiva y puede lograr algunos avances tácticos» es de un orden de magnitud que no puede descartarse sin más.
Algo está ocurriendo sobre el terreno entre Ucrania y Rusia que tiene a Kirby tratando desesperadamente de preparar a la audiencia estadounidense para algunos acontecimientos significativos en el campo de batalla que favorecen exclusivamente a Rusia.
Tras una contraofensiva fallida
Tratar de minimizar estos avances como de naturaleza «táctica» no altera el hecho de que se están produciendo tras una contraofensiva fallida que había sido respaldada por el poderío militar y económico colectivo de Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea.
La transición de una gran contraofensiva diseñada para reconquistar la mayor parte, si no todo, del territorio anexionado por Rusia, a una postura defensiva en la que se espera que Rusia capture aún más territorio, no puede ser tachada de «táctica» por naturaleza. Se trata de un cambio de suerte estratégico que puede muy bien representar la trayectoria final para ambas partes del conflicto.
Vladimir Trukhan es un coronel en la reserva del Ejército ruso afiliado al Distrito Militar Central de Rusia que ha regresado recientemente de la primera línea de la Operación Militar Especial. Afirma que la situación en el campo de batalla es mucho peor de lo que ha descrito Kirby.
En una amplia entrevista en mi podcast «Pregúntale al Inspector» a principios de este mes, Trukhan señaló que en Avdiika los rusos no están buscando «ganancias tácticas», sino más bien el control operativo del campo de batalla diseñado para crear un semicaldero que reproduzca el escenario de «picadora de carne» que tuvo lugar en Bakhmut y sus alrededores a principios de este año.
Scott Ritter Extra Ep 107 Ask the Inspector
Rodeando Avdiika, dijo Trukhan, no es el objetivo. El objetivo ruso es poner al mando ucraniano en un dilema, en el que abandonar Avdiika podría provocar el colapso de la moral entre los defensores ucranianos y quedarse podría provocar una pérdida masiva de vidas debido a las dificultades asociadas con el refuerzo de la guarnición.
En Bajmut, los rusos pudieron matar, herir o capturar a más de 70.000 soldados ucranianos, lo que representa aproximadamente el número de tropas que habían sido reunidas y entrenadas por la OTAN para llevar a cabo la contraofensiva.
Intentar aferrarse a Avdiika podría resultar fatal para todo el esfuerzo defensivo ucraniano, ya que las reservas ucranianas se han agotado y Ucrania se ve obligada a tomar tropas de otros lugares de la línea de contacto, creando oportunidades ofensivas adicionales para los soldados rusos.
Kirby mencionó Kupiansk como otra zona en la que Rusia podría lograr algún éxito «táctico» en el campo de batalla. La batalla de Kupiansk representa la manifestación del arte operacional ruso, un ejemplo en el que Rusia fue capaz de explotar una falta de mano de obra en primera línea por parte de Ucrania iniciando operaciones ofensivas en zonas del campo de batalla en las que las fuerzas ucranianas se habían reducido para proporcionar mano de obra adicional a la operación militar especial.
Otro semicaldero
En Kupiansk, Rusia está tratando de producir otro semicaldero, una nueva «picadora de carne» similar a la de Bakhmut, que obligará a Ucrania a retirarse o a comprometer tropas de las que no dispone, exponiendo otro punto del frente a las operaciones ofensivas rusas.
Y así, el ciclo se repite, hasta que se produce un colapso general a lo largo de la línea de contacto ucraniana.
Pero este no es el aspecto más importante de lo que está ocurriendo en Kupiansk. A diferencia de la derrota de la contraofensiva ucraniana en Zaporizhia, y de las batallas semiclandestinas de Bajmut y Avdiika -todas ellas libradas en territorio reclamado por Rusia y, como tales, cumpliendo el objetivo declarado del presidente Vladimir Putin de liberar todo el territorio ruso-, Kupiansk se encuentra inequívocamente en suelo ucraniano, parte del óblast de Járkov.
Aunque Rusia había mantenido una presencia militar en el óblast de Járkov tras su retirada en otoño de 2022, esta presencia estaba destinada a asegurar el territorio septentrional de la República de Lugansk más que a servir de trampolín para operaciones ofensivas rusas.
Si Ucrania hubiera buscado una solución negociada al conflicto, señala Trukhan, Rusia se habría retirado del territorio de Ucrania. Como Ucrania optó por seguir luchando, Rusia ha pasado a la ofensiva en el territorio de Ucrania.
Esto representa una señal por parte de Moscú de que Rusia -para garantizar la seguridad de los rusos étnicos en el este de Ucrania- iniciaría operaciones que podrían dar lugar a que Ucrania perdiera cinco oblasts más bajo control ruso.
Se trata de un nuevo punto de inflexión crítico en el conflicto, de importancia estratégica.
John Kirby puede intentar descartar la ofensiva rusa en Kupiansk como poco más que un éxito «táctico». Se trata, en cambio, de un momento que cambia las reglas del juego en el conflicto.
En lo alto del rango de ejércitos
Al centrarse en la Operación Militar Especial, Kirby no ve el bosque por los árboles. Sin embargo, US News and World Report no lo ha hecho.
De algún modo, Rusia -cuyo ejército, según los medios de comunicación occidentales y Kirby, ha estado sufriendo horrendas bajas que han provocado una parálisis operativa debido a una moral baja, un liderazgo ineficaz y una logística insuficiente- ha superado a Estados Unidos como el ejército más poderoso del mundo.
Esta clasificación no sólo desmiente la noción de incompetencia rusa en su conflicto contra Ucrania, sino que también refleja la realidad -en gran medida ignorada en Occidente- de que al mismo tiempo que Rusia está llevando a cabo con éxito su Operación Militar Especial, también está ampliando su estructura de fuerzas militares en servicio activo de 900.000 a 1,5 millones de soldados, marineros, aviadores e infantes de marina.
Este esfuerzo requiere no sólo un esfuerzo masivo de reclutamiento – al mismo tiempo que los combates en Ucrania – sino también un enorme esfuerzo por parte del complejo militar industrial ruso, que tiene la tarea no sólo de suministrar armas a las fuerzas rusas comprometidas contra Ucrania, sino también de equipar y apoyar logísticamente a una fuerza adicional de 600.000 hombres.
Todos esos nuevos hombres de uniforme, además de los 300.000 reservistas movilizados y los 300.000 voluntarios para la Operación Militar Especial, suponen un aumento de 1,2 millones de hombres en armas en un momento en el que la OTAN lucha por formar una fuerza de reacción rápida de 300.000 hombres y Estados Unidos se encuentra a unos 15.000 reclutas de su objetivo de 60.000 reclutas.
La Comisión del Congreso sobre la Postura Estratégica de Estados Unidos acaba de publicar un informe final que concluye que Estados Unidos necesita aumentar drásticamente el tamaño de su fuerza militar convencional.
No se aborda la cuestión de cómo hacerlo más allá de la asignación de fondos. Pero incluso un modesto aumento de 150.000 hombres en un momento en el que el ejército estadounidense es incapaz de reclutar suficientes efectivos para mantener la actual estructura de fuerzas parece una misión imposible.
Más allá de las comparaciones desproporcionadas de competencias a la hora de reclutar y mantener un gran número de nuevas formaciones militares, la verdadera trascendencia de lo que está haciendo Rusia fue aludida por el Coronel Trukhan, que señaló que la ampliación de la capacidad militar rusa tiene mayor prioridad que la realización de operaciones militares en el teatro de operaciones de la OMU.
Lo que esto significa es que en un momento en el que el Occidente colectivo -Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea- se esfuerza por encontrar la forma de sostener el esfuerzo bélico ucraniano, Rusia ha tomado la iniciativa estratégica en el SMO incluso relegándolo a un segundo plano.
El principal objetivo de Rusia es construir un ejército capaz de hacer frente y derrotar a las fuerzas combinadas de Occidente. El esfuerzo de Rusia implica la creación de nuevas unidades, dotadas de equipos modernos y sostenidas por la producción de la industria de defensa rusa.
Occidente, mientras tanto, lucha por transformar un ejército que existe en gran medida sobre el papel o en la imaginación de sus líderes, en algo capaz de saltar al campo de batalla en una guerra terrestre a gran escala en Europa.
Hoy en día, el ejército ruso está endurecido para el combate, probado en combate e incorpora la miríada de lecciones tácticas y operativas que ha aprendido por las malas a lo largo de más de 600 días de combates.
Los ejércitos del Occidente colectivo, mientras tanto, tienen dificultades para salir de los barracones, están organizados y equipados utilizando estándares heredados anteriores a la Segunda Guerra Mundial y pueden mantenerse durante apenas dos semanas en caso de combate a gran escala.
John Kirby puede dar vueltas a la información todo el día, pero nunca podrá desenmarañar esta realidad: Rusia está ganando la guerra en Ucrania y domina a Estados Unidos y a la OTAN en términos de fuerza militar global. Gracias a Vladimir Trukhan, podemos tener una visión significativa de la realidad del ejército ruso, una visión que ayuda a sostener las conclusiones de US News and World Report de que Rusia, y no Estados Unidos, tiene el ejército más poderoso del mundo.
8. Una digna carta de dimisión
El director de la Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Nueva York, Craig Mokhiber, acaba de dimitir. Esta es la carta que acaba de enviar.
No he conseguido encontrar el documento original en formato texto, así que he pasado el OCR a las imágenes y luego el resultado en inglés por el traductor automático. Creo que el esfuerzo vale la pena, y firmaría ya mismo por sus propuestas. Creo, incluso, que estaría bien que la publicásemos.
28 de octubre de 2023
Estimado Alto Comisionado,
Volker Turk, Alto Comisionado para los Derechos Humanos
Palais Wilson. Ginebra
Esta será mi última comunicación con usted como Director de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos en Nueva York.
Le escribo en un momento de gran angustia para el mundo, incluidos muchos de nuestros colegas. Una vez más estamos viendo cómo se desarrolla un genocidio ante nuestros ojos, y la Organización a la que servimos parece impotente para detenerlo. Como alguien que ha investigado los derechos humanos en Palestina desde la década de 1980, que vivió en Gaza como asesor de derechos humanos de la ONU en la década de 1990, y que ha llevado a cabo varias misiones de derechos humanos en el país antes y después, esto es profundamente personal para mí.
También trabajé en estas salas durante los genocidios contra los tutsis, los musulmanes bosnios, los yazidíes y los rohingya. En todos los casos, cuando el polvo se asentó sobre los horrores que se habían perpetrado contra poblaciones civiles indefensas, quedó dolorosamente claro que habíamos fracasado en nuestro deber de cumplir los imperativos de prevención de atrocidades masivas, de protección de los vulnerables y de rendición de cuentas por parte de los autores. Y así ha sucedido con las sucesivas oleadas de asesinatos y persecuciones contra los palestinos a lo largo de toda la vida de la ONU.
Alto Comisionado, estamos fracasando de nuevo.
Como abogado de derechos humanos con más de tres décadas de experiencia en este campo, sé bien que el concepto de genocidio ha sido a menudo objeto de abusos políticos. Pero la actual matanza masiva del pueblo palestino, arraigada en una ideología colonial etnonacionalista de colonos, continuación de décadas de persecución y purga sistemáticas, basada exclusivamente en su condición de árabes, y acompañada de declaraciones explícitas de intenciones por parte de dirigentes del gobierno y el ejército israelíes, no deja lugar a dudas ni a debate. En Gaza, se atacan gratuitamente hogares civiles, escuelas, iglesias, mezquitas e instituciones médicas, y se masacra a miles de civiles. En Cisjordania, incluida la Jerusalén ocupada, las viviendas se confiscan y reasignan en función de la raza, y los violentos pogromos de colonos van acompañados de unidades militares israelíes. El apartheid impera en todo el país.
Es un caso de genocidio de manual. El proyecto colonial etnonacionalista europeo de los colonos en Palestina ha entrado en su fase final, hacia la destrucción acelerada de los últimos restos de vida palestina indígena en Palestina. Es más, los gobiernos de Estados Unidos, el Reino Unido y gran parte de Europa son totalmente cómplices de este horrible asalto. Estos gobiernos no sólo se niegan a cumplir con sus obligaciones de «garantizar el respeto» de los Convenios de Ginebra, sino que, de hecho, están armando activamente el asalto, proporcionando apoyo económico y de inteligencia, y dando cobertura política y diplomática a las atrocidades de Israel.
Al mismo tiempo, los medios de comunicación corporativos occidentales, cada vez más capturados y adyacentes al Estado, violan abiertamente el artículo 20 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, deshumanizan continuamente a los palestinos para facilitar el genocidio y difunden propaganda de guerra y apología del odio racial o religioso que constituye incitación a la discriminación, la hostilidad y la violencia. Las empresas de medios sociales con sede en Estados Unidos suprimen las voces de los defensores de los derechos humanos mientras amplifican la propaganda proisraelí. Los trolls del lobby israelí y los GONGOS acosan y difaman a los defensores de los derechos humanos, y las universidades y empresas occidentales colaboran con ellos para castigar a quienes se atreven a denunciar las atrocidades. Tras este genocidio, estos actores también deben rendir cuentas, como ocurrió con la radio Milles collines en Ruanda.
En tales circunstancias, la exigencia de que nuestra organización actúe con principios y eficacia es mayor que nunca. Pero no hemos estado a la altura del desafío. El Consejo de Seguridad, con su poder de protección, ha sido bloqueado de nuevo por la intransigencia de Estados Unidos. el SG está siendo atacado por la más leve de las protestas, y nuestros mecanismos de derechos humanos son objeto de un ataque calumnioso sostenido por parte de una red organizada de impunidad en línea.
Décadas de distracción por las promesas ilusorias y en gran medida falsas de Oslo han desviado a la Organización de su deber fundamental de defender el derecho internacional, los derechos humanos internacionales y la propia Carta. El mantra de la «solución de dos Estados» se ha convertido en una burla abierta en los pasillos de la ONU, tanto por su absoluta imposibilidad de hecho, como por su total incapacidad para dar cuenta de los derechos humanos inalienables del pueblo palestino. El llamado «Cuarteto» se ha convertido en nada más que una hoja de parra para la inacción y la sumisión a un brutal statu quo. La deferencia (guionizada por Estados Unidos) a los «acuerdos entre las propias partes» (en lugar del derecho internacional) fue siempre un transparente juego de manos diseñado para reforzar el poder de Israel sobre los derechos de los palestinos ocupados y desposeídos.
Alto Comisionado, llegué a esta Organización por primera vez en la década de 1980, porque encontré en ella una institución basada en principios y normas que estaba directamente del lado de los derechos humanos, incluso en casos en los que los poderosos Estados Unidos, Reino Unido y Europa no estaban de nuestro lado. Mientras mi gobierno, sus instituciones subsidiarias y gran parte de los medios de comunicación estadounidenses seguían apoyando o justificando el apartheid sudafricano, la opresión israelí y los escuadrones de la muerte centroamericanos, la ONU defendía a los pueblos oprimidos de esas tierras. Teníamos el derecho internacional de nuestra parte. Los derechos humanos estaban de nuestra parte. Teníamos los principios de nuestra parte. Nuestra autoridad se basaba en nuestra integridad. Pero ya no.
En las últimas décadas, partes clave de la ONU se han rendido al poder de Estados Unidos y al miedo del lobby israelí, abandonando estos principios y retirándose del propio derecho internacional. Hemos perdido mucho con este abandono, sobre todo nuestra propia credibilidad mundial. Pero el pueblo palestino ha sufrido las mayores pérdidas como consecuencia de nuestros fracasos. Es una asombrosa ironía histórica que la Declaración Universal de los Derechos Humanos se adoptara el mismo año en que se perpetró la Nakba contra el pueblo palestino. Al conmemorar el 75 aniversario de la DUDH, haríamos bien en abandonar el viejo tópico de que la DUDH nació de las atrocidades que la precedieron, y admitir que nació junto a uno de los genocidios más atroces del siglo XX, el de la destrucción de Palestina. En cierto sentido, los artífices estaban prometiendo derechos humanos a todo el mundo, excepto al pueblo palestino. Y recordemos también que la propia ONU carga con el pecado original de ayudar a facilitar la desposesión del pueblo palestino al ratificar el proyecto colonial de los colonos europeos que se apoderaron de las tierras palestinas y las entregaron a los colonos. Tenemos mucho que expiar.
Pero el camino hacia la expiación está claro. Tenemos mucho que aprender de la postura de principios adoptada en ciudades de todo el mundo en los últimos días, cuando masas de personas se levantan contra el genocidio, aun a riesgo de palizas y detenciones. Palestinos y sus aliados, defensores de los derechos humanos de todas las tendencias, organizaciones cristianas y musulmanas, y voces judías progresistas que dicen «No en nuestro nombre», están abriendo camino. Todo lo que tenemos que hacer es seguirlos.
Ayer, a pocas manzanas de aquí, la estación Grand Central de Nueva York fue tomada por completo por miles de defensores judíos de los derechos humanos que se solidarizaron con el pueblo palestino y exigieron el fin de la tiranía israelí (muchos de ellos se arriesgaron a ser detenidos). Al hacerlo, desmontaron en un instante el argumento propagandístico de la hasbará israelí (y viejo tropo antisemita) de que Israel representa de algún modo al pueblo judío. No es así. Y, como tal, Israel es el único responsable de sus crímenes. A este respecto, vale la pena repetir, a pesar de las difamaciones del lobby israelí en sentido contrario, que criticar las violaciones de los derechos humanos por parte de Israel no es antisemita, al igual que criticar las violaciones saudíes es islamófobo, criticar las violaciones de Myanmar es antibudista o criticar las violaciones indias es antihindú. Cuando intentan silenciarnos con calumnias, debemos alzar nuestra voz, no bajarla. Confío en que estará de acuerdo, Alto Comisionado, en que esto es lo que significa decir la verdad al poder.
Pero también encuentro esperanza en aquellas partes de la ONU que se han negado a comprometer los principios de derechos humanos de la Organización ante el poder. Como custodios de las normas y principios de derechos humanos, la OACDH tiene un papel que desempeñar a pesar de las enormes presiones a las que se ve sometida. Nuestros relatores especiales independientes, comisiones de investigación y expertos de los órganos creados en virtud de tratados, junto con la mayor parte de nuestro personal, han seguido defendiendo los derechos humanos del pueblo palestino, incluso cuando otras partes de la ONU (incluso al más alto nivel) han incumplido vergonzosamente su deber particular de defender esas normas. Nuestro trabajo, creo, es hacer oír nuestra voz, desde el Secretario General hasta el más reciente recluta de la ONU, y horizontalmente en todo el sistema de la ONU, insistiendo en que los derechos humanos del pueblo palestino no son objeto de debate, de negociación en ningún lugar bajo la bandera azul.
¿Cómo sería entonces una posición basada en la norma de la ONU? ¿Para qué trabajaríamos si fuéramos fieles a nuestras admoniciones retóricas sobre los derechos humanos y la igualdad para todos, la responsabilidad de los autores, la reparación de las víctimas, la protección de los vulnerables y la capacitación de los titulares de derechos, todo ello bajo el imperio de la ley? Creo que la respuesta es sencilla si tenemos la lucidez necesaria para ver más allá de las cortinas de humo propagandísticas que distorsionan la visión de la justicia por la que hemos jurado, el valor para abandonar el miedo y la deferencia hacia los Estados poderosos, y la voluntad de enarbolar verdaderamente la bandera de los derechos humanos y la paz. Sin duda, se trata de un proyecto a largo plazo y de una cuesta empinada. Pero debemos empezar ahora o rendirnos a un horror indescriptible. Yo veo diez puntos esenciales.
1. Acción legítima. En primer lugar, en la ONU debemos abandonar el fracasado (y en gran medida falso) paradigma de Oslo, su ilusoria solución de dos Estados, su impotente y cómplice Cuarteto y su sometimiento del derecho internacional a los dictados de una presunta conveniencia política. Nuestras posiciones deben basarse sin paliativos en los derechos humanos internacionales y en el derecho internacional.
2. Claridad de visión. Debemos dejar de fingir que se trata simplemente de un conflicto por la tierra o la religión entre dos partes enfrentadas y admitir la realidad de la situación en la que un Estado desproporcionadamente poderoso está colonizando, persiguiendo y desposeyendo a una población indígena sobre la base de su etnia.
3. Un Estado único basado en los derechos humanos. Debemos apoyar el establecimiento de un Estado único, democrático y laico en toda la Palestina Histórica, con igualdad de derechos para cristianos, musulmanes y judíos y, por tanto, el desmantelamiento del proyecto profundamente racista y colonial de los colonos y el fin del apartheid en todo el territorio.
4. Lucha contra el apartheid. Debemos redirigir todos los esfuerzos y recursos de la ONU a la lucha contra el apartheid, al igual que hicimos con Sudáfrica en los años 70, 80 y principios de los 90.
5. Retorno e indemnización. Debemos reafirmar e insistir en el derecho al retorno y la plena indemnización para todos los palestinos y sus familias que viven actualmente en los territorios ocupados, en Líbano, Jordania, Siria y en la diáspora en todo el mundo.
6. Verdad y justicia. Debemos exigir un proceso de justicia transicional, haciendo pleno uso de las décadas de investigaciones, pesquisas e informes acumulados de la ONU, para documentar la verdad y garantizar la rendición de cuentas de todos los autores, la reparación de todas las víctimas y la reparación de las injusticias documentadas.
7. Protección. Debemos presionar para que se despliegue una fuerza de protección de la ONU bien dotada de recursos y con un mandato firme para proteger a los civiles desde el río hasta el mar.
8. Desarme. Debemos abogar por la retirada y destrucción de los enormes arsenales de armas nucleares, químicas y biológicas de Israel, no sea que el conflicto conduzca a la destrucción total de la región y, posiblemente, más allá de ella.
9. Mediación. Debemos reconocer que Estados Unidos y otras potencias occidentales no son mediadores creíbles, sino partes en el conflicto que son cómplices de Israel en la violación de los derechos de los palestinos, y debemos comprometerlos como tales.
10. Solidaridad. Debemos abrir nuestras puertas (y las puertas de la SG) de par en par a las legiones de defensores de los derechos humanos palestinos, israelíes, judíos, musulmanes y cristianos que se solidarizan con el pueblo de Palestina y sus derechos humanos, y detener el flujo ilimitado de grupos de presión israelíes a las oficinas de los líderes de la ONU, donde abogan por la continuación de la guerra, la persecución, el apartheid y la impunidad, y difaman a nuestros defensores de los derechos humanos por su defensa de los derechos palestinos basada en principios.
Tardaremos años en conseguirlo, y las potencias occidentales lucharán contra nosotros en cada paso del camino, por lo que debemos mantenernos firmes. A corto plazo, debemos trabajar por un alto el fuego inmediato y el fin del prolongado asedio a Gaza, oponernos a la limpieza étnica de Gaza, Jerusalén y Cisjordania (y otros lugares), documentar el ataque genocida en Gaza, ayudar a llevar ayuda humanitaria masiva y reconstrucción a los palestinos, cuidar de nuestros colegas traumatizados y sus familias, y luchar como locos por un enfoque basado en principios en las oficinas políticas de la ONU.
El fracaso de la ONU en Palestina hasta ahora no es motivo para que nos retiremos. Por el contrario, debería infundirnos valor para abandonar el paradigma fracasado del pasado y adoptar plenamente un enfoque basado en principios. Unámonos con valentía y orgullo, como OACDH, al movimiento antiapartheid que está creciendo en todo el mundo, añadiendo nuestro logotipo a la bandera de la igualdad y los derechos humanos para el pueblo palestino. El mundo nos observa. Todos tendremos que rendir cuentas de nuestra postura en este momento crucial de la historia. Pongámonos del lado de la justicia.
Le doy las gracias, Alto Comisario, Volker, por escuchar este último llamamiento desde mi mesa. Dentro de unos días dejaré la Oficina por última vez, tras más de tres décadas de servicio. Pero, por favor, no dude en ponerse en contacto conmigo si puedo serle de ayuda en el futuro.
Atentamente,
Craig Mokbiber
9. La situación militar, política y diplomática en la guerra de Palestina
El resumen de Rybar y el mapa de Suriyak. Ayer os hablaba de que los yemeníes decían que iban a anunciar algo importante. En este resumen vemos a qué se referían: han envíado misiles y drones hacia Israel y lo van a seguir haciendo. Curiosamente, Israel, que siempre bombardea a todos sus vecinos -Egipto, Siria, Líbano en los últimos días-, no ha tomado represalias todavía. https://rybar.ru/obstanovka-v-
La situación en la zona de conflicto israelo-palestina para el 31 de octubre de 2023
31 de octubre de 2023 Rybar
En los últimos días, unidades de las Fuerzas de Defensa de Israel, apoyadas por vehículos blindados y aviones, han podido realizar pequeños avances en la Franja de Gaza. Desde el norte, las fuerzas israelíes avanzan hacia Beit Lahiya y Beit Hanoun, así como a lo largo de la costa. Al sur de Gaza, los israelíes han alcanzado la carretera de Salah al-Din.
Los dirigentes israelíes intentan presentar el avance como un éxito indudable. Cabe destacar que las IDF informaron de la muerte de dos combatientes y de otros dos heridos, al tiempo que reivindicaron la eliminación de 300 militantes. Hamás, por su parte, informó de la destrucción de 22 vehículos blindados que entraron en el enclave.
Además, hoy circularon activamente imágenes de las secuelas de un ataque aéreo israelí contra un barrio residencial de Jabaliya, uno de los mayores campos de refugiados de la Franja de Gaza. Según el Ministerio de Sanidad local, más de 400 civiles resultaron heridos o muertos, y se están retirando los escombros. Las FDI dijeron que el ataque eliminó a un comandante de Hamás, Ibrahim Biari, y atribuyeron las muertes de civiles a la «tragedia de la guerra.»
Mapa de alta resolución en inglés https://rybar.ru/piwigo/
El curso de las hostilidades
Dirección sur
Las milicias palestinas atacaron instalaciones y concentraciones de las FDI en Netiv Hasar, Erez, Sderot, Kissufim, Nirim, Sufa y Nir Yitzhak. Las defensas aéreas también interceptaron cohetes sobre Be’er Sheva y Ashdod, zonas pobladas cercanas a Tel Aviv: algunas de las municiones alcanzaron objetivos civiles y provocaron incendios en los lugares de los incidentes. En Ashdod se registraron al menos cuatro heridos graves.
Franja de Gaza
Desde hace dos días, unidades de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF), apoyadas por vehículos blindados, intentan avanzar profundamente en el enclave, tanto al norte como al sur de Gaza. Hoy, representantes de Hamás han afirmado que las nuevas incursiones de las tropas israelíes marcan efectivamente el inicio de una operación terrestre, pero las IDF, como antes, se niegan a anunciarlo claramente, reservándose un margen de maniobra.
Por el momento, las tropas israelíes están atacando en un terreno que casi se ha convertido en ruinas como consecuencia de los ataques masivos. Así lo demuestran, en particular, las imágenes de tanques de las IDF sobre un fondo de casas destruidas. Según informes dispersos de ambos bandos, las tropas israelíes del norte pudieron acercarse a las afueras de Beit Lahiya y Beit Hanoun. Y al sur de Gaza, las unidades de las IDF volvieron a intentar avanzar hacia la autopista de Salah al-Din. Hamás confirmó los combates en estas zonas, pero, como es habitual, informó de la destrucción de varios vehículos blindados israelíes, tanto con misiles antitanque Yassin como con artillería.
Más tarde, según un portavoz del Ministerio del Interior de Hamás, las tropas israelíes consiguieron entrar en la zona costera de al-Qaram. Desde el comienzo de la escalada, la zona ha sido objeto de bombardeos masivos por parte de las IDF, que la han convertido en una ruina sin vida. Por el momento, los palestinos golpean al enemigo que avanza sin entablar combates encarnizados. Al sur de Gaza, se han avistado unidades israelíes cerca de la carretera de Salah al-Din. Si se confirma, el objetivo más probable de las IDF en esta zona es avanzar hacia la carretera de Al-Rashid para bloquear las rutas terrestres al norte y al sur del enclave. Sin embargo, su pérdida no afectará a la capacidad logística de los combatientes de Hamás, que han excavado decenas de kilómetros de túneles. Pero sí afectará a los civiles que quedan en el norte del enclave, cuyas condiciones de vida serán aún más catastróficas.
Las IDF continúan sus ataques masivos en la Franja de Gaza, dañando viviendas y edificios en la zona del Hospital Indonesio. En Jabaliya, una serie de ataques contra un barrio residencial hirió o mató a más de 400 personas.
En Internet circularon activamente imágenes tanto de víctimas de los bombardeos israelíes como de instalaciones civiles destruidas. También se informó del cierre de 14 hospitales como consecuencia de los bombardeos sobre Gaza.
Además, un convoy de 60 camiones con suministros humanitarios pasó por el paso fronterizo de Rafah. Sin embargo, representantes del Ministerio de Sanidad local acusaron a Israel de negarse a permitir la entrada de medicinas en el enclave, lo que aumenta aún más el número de víctimas. Mientras tanto, el Secretario de Estado estadounidense, Anthony Blinken, pidió una tregua humanitaria temporal en la Franja de Gaza.
La frontera con Líbano
A lo largo de la frontera entre Líbano e Israel continúan los intercambios de ataques mutuos entre las IDF y los combatientes de Hezbolá. Las fuerzas israelíes atacaron Al-Salhani, Yater y Baraashit, entre otros, mientras que el grupo bombardeó Bayad Blida y Metula.
Cisjordania
Continúan las protestas y los enfrentamientos entre la población árabe y las fuerzas de seguridad israelíes en la región, incluidos los barrios de Qabatiya, Tubas, Tulkarm, Hebrón y Beita. Más de 40 residentes locales fueron detenidos durante la noche, algunos de ellos en los barrios de Kabatiya, Tubas, Tulkarm, Hebrón y Beita. Más de 40 residentes locales, aproximadamente la mitad de ellos estudiantes y periodistas, fueron detenidos durante la noche. Al noroeste de Ramala, las fuerzas de seguridad volaron la casa vacía de Saleh al-Arouri, jefe adjunto del politburó de Hamás. Además, se celebraron protestas contra las acciones israelíes en varias ciudades de Cisjordania, en medio de un número considerable de víctimas de un ataque de las FDI contra un barrio residencial de Jabaliya.
Frontera sur
Cerca de Eilat, unidades de defensa aérea interceptaron un misil y un dron lanzados por el movimiento yemení Ansarallah sobre el Mar Rojo.
Uso de nuevas armas
Hamás afirmó haber desarrollado y utilizado por primera vez su propio torpedo guiado Al-Asef. Por el momento se desconoce si el torpedo alcanzó a uno de los buques de la armada israelí que disparan contra la Franja de Gaza.
Trasfondo político y diplomático
¿Ha declarado Yemen la guerra a Israel?
El movimiento Ansarallah ha hecho pública hoy una declaración belicosa: «Nuestras fuerzas armadas han lanzado una potente salva de misiles balísticos y de crucero… contra diversos objetivos en Israel. Seguiremos llevando a cabo mejores ataques con misiles y aviones no tripulados hasta que cese la agresión israelí». Muchos se apresuraron a interpretar esta declaración como una declaración oficial de guerra, pero esperar que el grupo yemení entre en un conflicto en toda regla antes que Hezbolá ciertamente no es una exageración.
Nada ha impedido a los Houthis lanzar cohetes contra Israel antes y declarar que luchan en interés del pueblo palestino. Otros grupos proiraníes de Siria e Irak están haciendo lo mismo. Por eso esta última declaración no debe percibirse más que como un intento de mantener el grado de confrontación necesario. «Hezbolá sigue esperando una nueva ronda de escalada cualitativa en forma de una operación terrestre a gran escala para limpiar Gaza y no tiene prisa por desatar las hostilidades, aunque el grupo tiene todas las oportunidades para hacerlo».
Sobre las protestas contra Israel en Estados Unidos
En Estados Unidos, manifestantes contra el apoyo a las FDI irrumpieron en el edificio del Congreso durante el discurso del secretario de Estado Anthony Blinken, exigiendo el fin de los ataques aéreos israelíes contra la Franja de Gaza. Se trata de la tercera acción de este tipo en el país: anteriormente los descontentos bloquearon la estación central de Nueva York y uno de los edificios del Congreso.
Sobre la solución del problema de los refugiados con la ayuda de Egipto
Con el telón de fondo de las incursiones del ejército israelí, los preparativos para una invasión terrestre y los bombardeos de Gaza, se desató otro escándalo en los medios de comunicación. Primero, Associated Press escribió que el gobierno israelí había preparado un plan para reubicar a 2,3 millones de residentes de la Franja de Gaza en la península egipcia del Sinaí. Después, el Financial Times informó de que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, estaba intentando convencer a los líderes europeos para que presionaran a Egipto para que aceptara refugiados allí. Poco después, la oficina del primer ministro israelí intentó suavizar la situación calificando el plan de «documento conceptual» que no significaba nada. Sin embargo, la noticia ya ha provocado la reacción del presidente egipcio, Abdel Fattah Al-Sisi, que ha afirmado que su país no va a aceptar refugiados palestinos, y que el problema de su reasentamiento recae sobre los hombros de Israel.
Como señala nuestro colega egipcio The Mediterranean Man, no es la primera vez que Israel planea reasentar por la fuerza a palestinos en la península del Sinaí. Ya en 2010, Netanyahu, que entonces ya era primer ministro, propuso tal escenario durante una conversación con el expresidente egipcio Hosni Mubarak, que fue rechazada. El actual presidente egipcio, Al-Sisi, y el presidente palestino, Mahmud Abás, han declarado en repetidas ocasiones desde 2013 que no habrá reasentamiento de palestinos en la península del Sinaí y que vivirán en su propio territorio.
El plan de Netanyahu, en el que se lleva trabajando más de una década, de reubicar a los residentes de la Franja de Gaza facilitaría la vida a las autoridades ultraortodoxas de Israel, pero complicaría considerablemente la situación en el país vecino. Sin embargo, Egipto no está dispuesto a hacer concesiones y desestabilizar una situación política interna ya de por sí difícil, dado que los propios palestinos rechazan tal escenario.
Sobre la desaparición de Israel en los mapas chinos en línea
En varios feeds de Telegram saltó la noticia: el servicio de mapas chino Baidu ya no muestra a Israel en el mapa. Por supuesto, esto no sería sorprendente, especialmente en el contexto de la retórica de los funcionarios chinos sobre la creación de un Estado palestino independiente. Pero no es tan sencillo. En este post se adjuntan dos capturas de pantalla: una del 31 de octubre de 2023 y otra del 3 de noviembre de 2022. No hay prácticamente ninguna diferencia, porque la palabra 以色列, que significa «Israel» en chino, no está ahí. En resumidas cuentas: la tesis de que Baidu ya no muestra Israel es fundamentalmente errónea. Relacionar la ausencia del nombre del país en el mapa con el agravamiento del conflicto también es erróneo. Israel, por cierto, todavía se puede encontrar en Baidu (al menos desde la aplicación móvil) – basta con escribir los caracteres pertinentes en la búsqueda.
El mapa de Suriyak
Situación en la franja de Gaza [31/10/2023]: Las IDF avanzaron 1,5 Km desde el eje de la playa e intentan entrar en el núcleo urbano de Atatra. Además, las tropas israelíes capturaron más zonas en la periferia noreste de Bait Hanoun y una pequeña parte de la propia ciudad.
Mapa: [ Gaza – Google My Maps
Supongo que habéis visto que a la izquierda hay un menú en el escoger qué se desea ver: las zonas ocupadas, las ciudades, lo choques, etc. Si clicáis encima se activa la capa correspondiente.
Observación de Manuel Martínez Llaneza:
Corre por los aires la voz de que Nasrala va a decir dos cosas el viernes: 1º) Que no ha hablado hasta ahora (cosa infrecuente que ha llamado la atención) porque el protagonismo era de Hamás, aunque él estaba informado de lo que hacía y no quería opacarlo. 2º) Va a dar un ultimátum a Israel para que cese el fuego.
Esto último son palabras mayores, que no sé si se confirmarán o cómo se confirmarán. Estaremos atentos.