Miscelánea 4/11/2024

Del compañero y miembro de Espai Marx, Carlos Valmaseda.
1. Prashad y García Márquez.
2. China y el Ártico ruso.
3. Los BRICS y los neocons.
4. 120 aniversario de Labriola.
5. La inutilidad del PP valenciano tan inabarcable como el amor de una madre.
6. Suspensión de la COP16.
7. Municipales en Chile.
8. Cómo podría ser la política económica de Trump (observación de Joaquín Miras).
9. Urbanismo y curso de los ríos.

1. Prashad y García Márquez

Vijay Prashad va a publicar Ten Books That Changed My World [Diez libros que cambiaron mi mundo], y este es un extracto del capítulo dedicado a García Márquez y Cien años de soledadhttps://newleftreview.org/

Mariposas amarillas

Vijay Prashad 03 de noviembre de 2024

La carretera a Aracataca, en el norte de Colombia, discurre junto al mar Caribe y, si viaja hasta allí en primavera o en otoño, su coche será seguido por miles de mariposas amarillas. Estas phoebis philea revolotean a lo largo de la Ruta 45: una autopista bordeada de flores rojas que conduce al lugar de nacimiento de Gabriel García Márquez, cuyo magnífico Cien años de soledad (1967) sigue siendo la representación literaria más famosa de este rincón del mundo. Fundada en 1912, Aracataca es una ciudad que parece lastrada por el pasado. La Zona Bananera en la que se asienta estuvo dominada durante mucho tiempo por la United Fruit Company (UFC), que llegó a la zona a principios del siglo XX y cuyos edificios en ruinas -restos de una historia sangrienta y disputada- siguen en pie.

Cuando García Márquez era niño, visitaba una plantación de plátanos llamada Yoknapatawpha. El nombre proviene de la palabra chickasaw que significa «tierra partida», y fue utilizado por William Faulkner para el condado ficticio de Mississippi en el que transcurren muchas de sus novelas. Bajo la influencia de Faulkner, García Márquez decidió llamar Macondo a su propia ciudad ficticia, que es la palabra bantú para plátano y era el nombre de otra plantación cercana. En mi visita a Aracataca en un caluroso día de julio, sólo veo actividad en un lugar: la calle donde creció García Márquez, o Gabo, como se le conocía cariñosamente. Hoy, el principal orgullo de una ciudad succionada por la United Fruit es el hombre que escribió mucho sobre su fealdad.

La casa donde el joven Gabo vivió con sus abuelos maternos fue posteriormente vendida, destruida, reconstruida, incendiada y vuelta a reconstruir por García Márquez y su esposa Mercedes Barcha Pardo, que intentaron rehacerla exactamente como era durante su infancia. Para entonces, García Márquez ya había convertido la casa en un artefacto literario: los objetos del hogar de Cien años Buendía -muebles, apodos, libros- se basaban en sus primeros recuerdos. En el jardín delantero, un grupo de escolares recibe una visita guiada. Un hombre vestido de blanco con mariposas amarillas prendidas en la camisa hace una lectura dramatizada de Cien años. Tiene una voz poderosa, en desacuerdo con la suavidad de la prosa de García Márquez, y su público está hipnotizado.

Está de pie bajo un gran baniano, y detrás de él hay una pequeña cabaña que antaño albergó a dos sirvientes de la familia García Márquez, procedentes de la comunidad wayuu de la península de Guajiros. Dormían en una hamaca sobre un suelo de tierra. Si llovía mucho, tenían que salir corriendo a la veranda mientras la choza se inundaba. García Márquez no escatimó elogios sobre su presencia en su infancia, un legado del colonialismo español, que sometió a los pueblos del hemisferio y los redujo a mano de obra barata para la clase criolla de colonos de la que él procedía. En su cuento «Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo», de 1957, los sirvientes wayuu intentan salvar sus muebles del incesante aguacero, pero se encuentran «derrotados e impotentes ante la perturbación de la naturaleza», experimentando «la crueldad de su frustrada rebeldía». En Cien años, los criados son Visitación y Cataure: los personajes que primero identifican la plaga del insomnio, una enfermedad que hace que los vecinos pierdan poco a poco la memoria colectiva.  

Periodista y hombre de izquierdas, profundo conocedor de la historia de América Latina, García Márquez no utilizaba frases como «rebelión frustrada» de forma inocente. En el mar Caribe, entre las dos orillas de la Gran Colombia de Simón Bolívar -las actuales Colombia y Venezuela- se encuentra la península donde el pueblo wayuu libró su incansable lucha contra el colonialismo español, a partir de 1701. En la rebelión wayuu de 1769, casi toda la población indígena se unió a una feroz revuelta armada, que llevó a los españoles a enviar al comandante José Antonio de Sierra para doblegarlos. Durante los doscientos años siguientes, los wayuu siguieron resistiendo la confiscación de sus tierras y la introducción del cristianismo, antes de sucumbir finalmente a principios del siglo XX, poco antes del nacimiento de García Márquez. Los frailes cristianos crearon orfanatos en las periferias del territorio wayuu, incluida la Sierra Nevada de Santa Marta, y es probable que los sirvientes de la casa de García Márquez procedieran de alguno de ellos. También es probable que le contaran al joven Gabo historias de sus rebeldes antepasados.

El abuelo de García Márquez, el coronel Nicolás Ricardo Márquez Mejía, o Papalelo, fue un destacado liberal, heroizado por su papel en la Guerra de los Mil Días de 1899-1902. Dos de las novelas de García Márquez tienen como protagonista a un coronel que se basa vagamente en él: En Cien años es Aureliano Buendía, y en El coronel no tiene quien le escriba (1961) es el veterano anónimo de la Guerra de los Mil Días que ahora se ve atrapado en La Violencia: la guerra civil entre liberales y conservadores que se libró entre 1948 y 1958. El año siguiente al nacimiento de García Márquez, el ejército colombiano masacró a decenas de trabajadores bananeros de la United Fruit Company en una plantación de Ciénaga, cincuenta kilómetros al norte de Aracataca. Es difícil saber cuántos murieron, pero algunos relatos, incluido el del propio García Márquez, hablan de miles. El coronel, como lo recordaba Gabo, estaba decidido a que el crimen nunca se olvidara. Su nieto hizo todo lo posible por cumplir ese deseo.

El relato de los asesinatos en Cien años es más sobrecogedor que el de cualquier historiador. En la plaza central de Macondo, los militares dicen a los trabajadores que tienen cinco minutos para dispersarse. “Tómense el minuto que les sobra y métanselo por el culo», grita José Arcadio Segundo, sobrino nieto del coronel, que se ha dedicado a organizar a los trabajadores bananeros en gran medida fuera del marco de la novela. Las tropas abren fuego. Miles de cadáveres son arrojados al Caribe. José Arcadio Segundo escapa y regresa a Macondo, donde descubre que la lluvia ha lavado la sangre y nadie quiere hablar de lo ocurrido. Se esconde de la policía en la casa familiar y estudia hasta la muerte los manuscritos del gitano Melquiades, como si buscara en esos textos esotéricos alguna prueba de la masacre, algún testimonio perdido de la lucha obrera.

La Zona Bananera no contaba con una población nativa que pudiera sostener las plantaciones, por lo que a partir de la década de 1910 muchos de sus trabajadores llegaron de otros lugares de la región, en una afluencia que se conoció como la fiebre del banano. UFC se refería a estas personas como «hojas caídas», candidatas perfectas para la superexplotación. Sin embargo, pronto empezaron a formar sus propias organizaciones, como el Sindicato de Trabajadores Bananeros del Magdalena y una sección local del Partido Socialista Revolucionario. El gobierno culpó a los soviéticos, lo cual no estaba del todo desencaminado. La Internacional Comunista había enviado a uno de sus agentes, Silvestre Savitski, para recabar apoyo para el marxismo y la República Soviética, trabajando junto al periodista de El Sol Luis Tejada. Juntos ayudaron al naciente movimiento obrero a organizar un Congreso Socialista en Bogotá en 1924, difundiendo la idea del poder obrero entre los sindicatos.

Telegramas de la época documentan la connivencia entre el gobierno de Estados Unidos, la UFC, el gobierno colombiano de Miguel Abadía Méndez y el ejército colombiano para combatir esta creciente militancia. Una de ellas, enviada desde la embajada estadounidense en Bogotá al Secretario de Estado de los Estados Unidos el 7 de diciembre de 1928, describe la situación en la ciudad de Santa Marta como «incuestionablemente muy grave; la zona exterior está en revuelta; los militares tienen orden de «no escatimar municiones» ya han matado y herido a unos cincuenta huelguistas». En aquella época, la United Fruit era ampliamente conocida como El Pulpo, porque había extendido sus tentáculos por América Central y del Sur. Cuando Pablo Neruda empezó a componer Canto General en 1938, El Pulpo estaba en su mente:
La United Fruit Company
se reservó para sí la más jugosa
pieza, la costa central de mi mundo,
la delicada cintura de América.

En 1929, el joven congresista liberal Jorge Eliécer Gaitán viajó al lugar de la masacre de Ciénaga. Lo que aprendió allí aceleró su camino hacia la política socialista. Si me quedo aquí y me enfrento a más horrores», dijo, «iré directamente al manicomio». Preparándose para presentarse a las elecciones de 1950 y favorito para ganarlas, fue asesinado antes de que empezara la campaña: un suceso que desencadenó un levantamiento general en Bogotá -conocido como el Bogotazo– seguido de La Violencia. En sus memorias, Vivir para contarla (2002), García Márquez recuerda haber escuchado los discursos de Gaitán a principios de 1948 y haberse sentido profundamente afectado por su muerte. Participó en el Bogatazo -al igual que su amigo Fidel Castro, que se encontraba en la ciudad para asistir a un encuentro estudiantil- y abandonó la ciudad en dirección a Cartagena cuando su alojamiento y su departamento universitario fueron incendiados en el tumulto. Fue allí, y más tarde en Barranquilla, donde empezó a escribir en serio, tras haber conocido a Faulkner en el grupo de Barranquilla, un círculo de lectura que le impulsó a dejar el periodismo para probar suerte en la ficción. García Márquez regresó pronto a la casa de Aracataca con su madre, y durante el viaje conoció al veterano comunista colombiano Eduardo Mahecha, quien le habló de las luchas obreras en la región. El viaje le inspiró para empezar a trabajar en una novela titulada La asa, que finalmente se convirtió en el primer borrador de Cien años en 1952.

UFC cambió su nombre por el de Chiquita a mediados de la década de 1980, pero siguió operando prácticamente de la misma manera. En 2007, el gobierno estadounidense cedió a la inmensa presión popular y aceptó presentar cargos contra la empresa por los pagos ilegales realizados a las fuerzas paramilitares de derechas, que operaban bajo los auspicios de las Autodefensas Unidas de Colombia. Chiquita fue condenada a pagar 38 millones de dólares a los supervivientes y sus familias. Una de las atrocidades documentadas en un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos tuvo lugar en Turbo, a lo largo del Golfo de Urabá, en el corazón de la Zona Bananera. A la 1 de la madrugada del 4 de marzo de 1988, un grupo de hombres armados irrumpió en la finca Honduras y asesinó sistemáticamente a diecisiete trabajadores, después se dirigió a la finca La Negra y asesinó a tres más, todos ellos miembros del Sindicato Agrario de Trabajo de Antioquia y de Sintrainagro, el principal sindicato de trabajadores bananeros. Al menos tres mil sindicalistas fueron asesinados en circunstancias similares entre 1971 y 2023. Ciénaga fue sólo el principio.

Aunque la obra de García Márquez se asocia con el «realismo mágico», gran parte de ella describe las brutalidades del mundo tal y como es: las jerarquías legadas por el colonialismo español, la violencia provocada por el imperialismo americano, la dura experiencia de la pobreza. La prosa es cruda, la dureza de la historia ineludible. Quizá sea por esta visión intransigente por lo que los críticos prefieren relegar la ficción de García Márquez al reino de la fantasía. Sin embargo, para él, la normalización de la violencia en Colombia -hasta qué punto se había convertido en un hecho de la vida- era en sí misma un proceso «mágico». El exterminio y la subordinación de los amerindios habían deformado y enajenado la existencia cotidiana. El sonido de los disparos se había convertido en algo tan natural como el amanecer. Creo que me propuse no inventar o crear una nueva realidad», escribió en sus memorias, «sino encontrar la realidad con la que me identificaba y que conocía».

García Márquez nació no muy lejos de donde murió Simón Bolívar en 1830, y las últimas palabras del Libertador – «¿cómo saldré de este laberinto?»- inspiraron uno de sus grandes libros, El general en su laberinto (1989). Narra el viaje de Bolívar desde Bogotá hasta la zona cercana a Santa Marta donde pasó sus últimos días, y lamenta la pérdida de su sueño panamericano. Meses antes de su estreno, el pueblo de Caracas se sublevó en lo que se conoció como el Caracazo, una erupción de rabia contra el régimen de austeridad del gobierno, que puso en marcha los acontecimientos que permitirían a Hugo Chávez acceder al poder diez años después. García Márquez conoció a Chávez en La Habana en 1999 y voló con él a Caracas unos días antes de su toma de posesión. Durante el vuelo, Chávez describió su fascinación por Bolívar y cómo pensaba redimir su proyecto desarrollando un nuevo modelo de socialismo para el siglo XXI. García Márquez, embelesado, recogió el encuentro en «El enigma de los dos Chávez», donde describe al presidente como una figura con cara de Jano: un hombre destinado a salvar a su país y quizá a su continente y, al mismo tiempo, un «ilusionista» que no puede cumplir lo que promete. Podría decirse que, al final, fue Chávez quien intentó sacar a Bolívar de su laberinto, utilizando las riquezas del continente en beneficio de su pueblo y no de las empresas.

Ahora, diez años después de la muerte de Chávez, el presidente Gustavo Petro -un antiguo guerrillero del movimiento M-19 cuyo nombre de guerra era Aureliano, en referencia al protagonista de Cien años– está intentando algo similar en Colombia. Durante décadas, el Estado colombiano se enzarzó en una sangrienta guerra con las fuerzas marxistas de las FARC-EP, que pretendían ampliar la participación política y proteger los intereses de las comunidades campesinas marginadas. El conflicto, que dejó más de doscientos mil muertos, decenas de miles de desaparecidos y cinco millones de desplazados, nunca fue elegido por las FARC-EP. Como me explicó uno de sus guerrilleros, «no empuñamos las armas porque sintiéramos la necesidad de utilizar la violencia. Tomamos las armas porque intentamos resolver la cuestión de la tierra por medios democráticos, a lo que el Estado respondió violentamente. Se nos impuso la violencia».

En El amor en los tiempos del cólera (1985), García Márquez escribió que, aunque la guerra estaba ocurriendo «en las montañas», éste no era el único lugar de conflicto. Desde que tengo uso de razón, nos han matado en las ciudades con decretos, no con balas». El mismo año en que se publicó el libro, las FARC-EP abandonaron los cerros y entraron en las ciudades, transformándose en un partido político, la Unión Patriótica, que obtuvo buenos resultados en las elecciones legislativas de 1986. Poco después, muchos de sus partidarios fueron aniquilados por una campaña de exterminio dirigida por el gobierno colombiano en concierto con diversos escuadrones de la muerte paramilitares. Los rebeldes volvieron a la clandestinidad y no resurgieron hasta que se pusieron en marcha iniciativas de paz a mediados de la década de 2010, participando en negociaciones en La Habana que duraron cuatro años. En 2016 se cerraron los acuerdos de paz. Prometían silenciar los fusiles a través de una serie de propuestas históricas, como la validación de títulos de propiedad de la tierra y el crédito a los campesinos pobres, que fueron ratificadas por el Congreso ese mismo año. La guerra ha terminado», dijo el líder de las FARC-EP, Iván Márquez, con lágrimas en los ojos. Dile a Mauricio Babilonia» -uno de los protagonistas de Cien años, a quien siguen a todas partes los coloridos insectos de Aracataca- «que suelte las mariposas amarillas».

Fui por primera vez a Colombia a principios de los años noventa en busca de las FARC-EP. La expedición no salió según lo previsto. La policía de Bogotá se enteró de mis intenciones de entrevistar a la cúpula guerrillera y me instó a abandonar el país lo antes posible, bloqueando mi viaje a las montañas, así que embarqué en el siguiente vuelo con destino a Panamá. Tampoco pude conocer a García Márquez, pero llevé dos de sus libros en mi mochila.

Hoy, la violencia que sirvió de telón de fondo a su ficción está remitiendo, y el partido político de las FARC-EP, Comunes, forma parte de la coalición gobernante de Petro, que llegó al poder con la promesa de garantizar una «paz total» al tiempo que impulsaba un desarrollo ecológico y equitativo. Este verano estuve en Isla Grande, una de las veintisiete Islas del Rosario situadas frente a la costa de Cartagena, donde los piratas solían esconder su botín y los africanos que escapaban de la esclavitud huían hace más de quinientos años. Desde la década de 1980, sus descendientes han resistido con éxito los intentos de la oligarquía colombiana de desalojarlos y han conseguido desalojar al acaudalado propietario de las mejores tierras de la isla, donde han construido el pintoresco pueblo de Orika. A principios de julio, fui testigo de cómo los residentes locales celebraban una asamblea popular para debatir la necesidad de una nueva central eléctrica sostenible. Mientras tanto, en el cercano municipio de Sabanalarga, Petro llegó para inaugurar la Selva Solar de Colombia, un complejo de cinco parques solares que beneficiará a 400.000 colombianos y reducirá las emisiones anuales de CO2 en 110.212 toneladas. Hizo un llamamiento a los alcaldes del Caribe colombiano, cuyo litoral está siendo erosionado por la subida de las aguas, para que construyan parques solares similares en cada municipio, reduzcan las tarifas eléctricas y descarbonicen la economía: la solución más concreta para las islas propuesta por un Gobierno colombiano hasta la fecha. En medio de la tormenta y la oscuridad», dijo Petro, empezamos a vislumbrar un «hermoso horizonte». ¿Cómo habría narrado García Márquez este vuelco en la historia de su nación?

Este ensayo es un extracto editado del próximo libro de Vijay Prashad, Ten Books That Changed My World.

II. Bueno, en un tuit de octubre, Prashad hablaba de cinco novelas. No sé si es un error de NLR o que finalmente ha cambiado de opinión. Este es el tuit: https://x.com/vijayprashad/

Cinco libros que cambiaron mi mundo. Así se llama un pequeño libro en el que estoy trabajando. Las cinco novelas son 

Cien años de soledad (Gabriel García Márquez, Colombia, 1927-2014) 

Godaan (Premchand, India, 1880-1936) 

Pétalos de sangre (Ngũgĩ wa Thiong’o, Kenia, nacido en 1938) 

Taiyang zhao zai Sanggan he shang. Guanghua shudian (Ding Ling, China, 1904-1986)

Intocable (Mulk Raj Anand, India, 1905-2005) 

Uno de los ensayos está completo, sobre Gabo. Cuatro de ellos están en preparación. He elegido las novelas porque, para ser sincero, son las que más han influido en mi propio pensamiento. La teoría vino después. 

Para una encantadora introducción a Ding Ling (su cumpleaños fue hace dos días), lea el ensayo de @t_ings , directora artística de @tri_continental y coeditora de Wenhua Zongheng, publicado en @peoplesdispatch – https://peoplesdispatch.org/..

[Ese ensayo que cita sobre Ding Ling es el que os pasé hace un par de días].

2. China y el Ártico ruso

Donde el título dice Sur Global debe leerse fundamentalmente China, que está aprovechando el interés ruso por desarrollar la costa ártica. De hecho, el artículo es un extracto de un libro sobre el Ártico ruso. Todo ello un desastre ecológico, por cierto, aunque allí se vea como una «oportunidad para el desarrollo». https://lvsl.fr/larctique-et-

El Ártico y el «Sur Global»: Moscú en busca de nuevos socios

Marlène Laruelle Jean Radvanyi

01 de noviembre de 2024

La parte occidental del Ártico domina las apuestas estratégicas y económicas de Rusia: la mayor parte del tráfico tiene lugar entre la península de Yamal, el mar Blanco y el mar de Barents, siendo este último el corazón militar del Ártico ruso. Sin embargo, Moscú se ha vuelto gradualmente hacia Asia en busca de nuevos socios y con la esperanza de revitalizar la parte oriental de su Ártico, mucho menos desarrollada. Como en el resto de la política exterior rusa, China1 se lleva la mayor parte del mérito.

Durante años, Moscú se ha opuesto a que Pekín -o cualquier otro Estado de fuera del Ártico- obtuviera el estatus de Estado observador en el Consejo Ártico, por considerar que el club debía seguir limitado a los Estados ribereños y no abrirse a potencias exteriores. El Kremlin cambió su postura en 2013, principalmente bajo la presión de Rosneft y como parte de su política de pivotar hacia Asia… y justo a tiempo. De hecho, a partir de 2014 y de las primeras sanciones occidentales tras la anexión de Crimea, Moscú se volvió hacia Pekín en busca de nuevos inversores. La China National Petroleum Company y el Silk Road Fund adquirieron una participación del 20% y el 9,9%, respectivamente, en el proyecto Yamal LNG, lo que convierte a China en el mayor actor extranjero en el Ártico ruso.

Pekín trata ahora de exportar su «diplomacia de las infraestructuras» y busca agresivamente posicionarse en toda la región, no solo en Rusia, sino también en Islandia y Groenlandia, con un discurso sobre las «Rutas de la Seda Polares». China se proyecta como una potencia «cercana al Ártico» (near Artic) en su primer Libro Blanco Ártico de 2018, un término que será contestado por muchos actores circumpolares y que las autoridades chinas irán suavizando.

Incluso más que en otros ámbitos de las relaciones sino-rusas, la asociación ártica está alcanzando rápidamente sus límites. Moscú está decepcionada por la falta de compromiso de Pekín con otras inversiones, como el puerto de Arkhangelsk y la línea ferroviaria de Belkomur en Siberia Occidental, y está dejando claro a su socio chino que la zona marítima ártica sigue siendo su coto geopolítico. Por su parte, Pekín no quiere verse obligado a invertir en proyectos cuya viabilidad comercial pone en duda. Incluso la empresa china COSCO, el mayor armador de China y número tres del transporte marítimo mundial, critica la falta de inversión de Moscú en la VMN. Además, China, que en el futuro podría independizarse de los rompehielos rusos, reivindica la libertad de navegación en el Océano Ártico central, negando a Rusia cualquier derecho de supervisión más allá de su estricto dominio costero.

A pesar de estas limitaciones, las relaciones ruso-chinas se están fortaleciendo, culminando con la formulación de una asociación estratégica «sin restricciones» en febrero de 2022, pocos días antes de la invasión de Ucrania. Con las nuevas oleadas de sanciones contra Rusia que desvinculan al país de Occidente, China puede esperar un mayor papel en el Extremo Norte. Aunque las empresas chinas han congelado su participación en Artic LNG 2 por temor a sanciones secundarias estadounidenses2, siguen estando muy presentes. Han suministrado el equipo necesario para construir turbinas de GNL, han acordado invertir en la mina de titanio de Pijenskoïé, en la República de Komi, y han apoyado a Gazprom en la construcción de plantas petroquímicas para el gasoducto Yamal-Europa. China Communications Construction Company (CCCC) se adentra en la explotación de minerales con Russian Titanium Resources e invierte en el puerto de aguas profundas de Indiga, en el distrito autónomo de Nenets, mientras que Nornickel negocia el traslado a China de una de sus plantas de fundición de cobre para evitar las sanciones y seguir accediendo a los mercados internacionales.

De hecho, parece que en zonas menos visibles que los grandes yacimientos de gas, la presencia china ha aumentado: la firma estadounidense Strider, que agrega datos abiertos, ha enumerado 234 empresas chinas autorizadas a trabajar en el Ártico ruso entre enero de 2022 y junio de 2023. en el Ártico ruso entre enero de 2022 y junio de 2023, lo que supone un aumento del 87% respecto al año anterior.

Rusia también sigue muy interesada en la RMV, que le garantiza un paso geopolíticamente seguro en un momento en que aumentan las tensiones en el mar de China y Pekín teme un posible bloqueo naval. Al menos once buques transportaron petróleo ruso a China a través de la RMV en 2023, tras un viaje de prueba en 2022. La armada china aún no dispone de grandes capacidades árticas y sus buques polares, Xuelong 1 y 2 se utilizan principalmente para operaciones científicas. Pero los astilleros chinos están desarrollando toda una gama de buques tipo rompehielos, cargueros de minerales y petroleros. En el reciente Foro Económico de San Petersburgo, una naviera china llegó a firmar un importante contrato para el lanzamiento de una línea de portacontenedores de VMN.

Sin embargo, este compromiso chino no es en absoluto absoluto. En efecto, aunque China siga apoyando a Rusia frente a las sanciones occidentales, su ayuda sigue siendo parcial y pragmática: el propio peso pesado chino está sumido en una crisis económica posterior a la crisis de COVID, se enfrenta a una saturación gradual de los suministros de gas natural ruso y las empresas chinas, sobre todo las grandes presentes en el mercado mundial, están ansiosas por evitar el riesgo de sanciones secundarias estadounidenses. A medio y largo plazo, sin embargo, es concebible que la presencia china en Extremo Oriente se desplace gradualmente hacia el norte, una trayectoria que interesa desde hace tiempo a las autoridades de Saja-Yakutia, que desearían ver inversiones chinas en las infraestructuras de la república.

Pekín también se ha vuelto más activo en el sector de los satélites, ofreciendo a los servicios meteorológicos rusos información en tiempo real sobre el estado del hielo a lo largo del Canal de la Mancha. En términos militares, Rusia nunca ha pretendido involucrar a su aliado chino en esta zona, considerada clave para la soberanía nacional. Las maniobras militares bilaterales siempre han evitado el Ártico, pero la situación está cambiando: los dos países han acordado realizar ejercicios navales conjuntos en las aguas internacionales del mar de Bering por primera vez en 2023. Esta cooperación estratégica podría verse reforzada por el acuerdo firmado el mismo año entre el FSB y los guardacostas chinos, que anuncia un nuevo avance. en la política rusa de evitar cualquier intervención exterior en su territorio soberano.

Aunque China es obviamente el principal socio económico de Rusia, no es el único país asiático que mira hacia el Ártico. Como explica Lukas B. Wahden, Rusia es la puerta de entrada al Ártico para el llamado Sur Global, que busca nuevas alianzas. Por su parte, Moscú busca nuevos aliados para diversificar sus inversores y evitar quedar atrapado en una dependencia de China. Desde 2022, India se ha convertido en uno de los principales clientes del petróleo y el carbón rusos, y Rusia ha firmado un proyecto con Nueva Delhi para desarrollar el corredor marítimo que une el sur de India con Vladivostok. Moscú también se ha puesto en contacto con Turquía, Vietnam y Emiratos Árabes Unidos sobre cooperación tecnológica y naval en el Ártico, con la esperanza de eludir las sanciones occidentales. También está planeando un enlace ferroviario directo entre Múrmansk y Bander-Abbas (Irán), y la flota «oculta» de petroleros rusos opera desde África, el sudeste asiático y Corea del Norte.

Lejos de ser puramente económico, el aumento de la visibilidad del Sur Global en el Extremo Norte es también diplomático y cultural. Rusia planea, por ejemplo, transformar las dos pequeñas ciudades mineras soviéticas de Barentsburg y Pyramiden (esta última completamente abandonada), en el archipiélago de Svalbard, para convertirlas en un escaparate de su cooperación científica con los BRICS. Desde el punto de vista diplomático, Moscú parece avanzar hacia una política de «puertas abiertas» hacia los países del Sur global en el Ártico, con el objetivo de debilitar la unidad de los países del borde occidental, todos ellos aliados de la OTAN.

Notas:

1 Este artículo está tomado de la obra de Marlène Laruelle y Jean Radvanyi L’Arctique russe, un nouveau front stratégique publicada en septiembre de 2024 por L’Inventaire en la colección » Les Carnets de l’Observatoire «.

2 Lukas B. Wahden, » Big Words, Small Deeds. Russia and China in the Arctic «, INSERM Research Papers n°. 141, 28 de febrero de 2024.

3. Los BRICS y los neocons

Sachs analiza la cumbre de Kazán no tanto en sí misma sino como símbolo del fracaso de los neocon en la política estadounidense.

https://www.commondreams.org/

La cumbre de los BRICS debería marcar el fin de los delirios neoconservadores

En pocas palabras, la mayoría del mundo no quiere ni acepta la hegemonía de Estados Unidos, y está dispuesta a hacerle frente antes que someterse a sus dictados.

Jeffrey D. Sachs Nov 02, 2024

La reciente Cumbre de los BRICS en Kazán, Rusia, debería marcar el fin de los delirios neocon encapsulados en el subtítulo del libro de Zbigniew Brzezinski de 1997, El tablero de ajedrez global: La primacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos. Desde la década de 1990, el objetivo de la política exterior estadounidense ha sido la «primacía», es decir, la hegemonía mundial. Los métodos elegidos por Estados Unidos han sido las guerras, las operaciones de cambio de régimen y las medidas coercitivas unilaterales (sanciones económicas). Kazán reunió a 35 países con más de la mitad de la población mundial que rechazan el acoso estadounidense y que no se acobardan ante las pretensiones de hegemonía de Estados Unidos.

En la Declaración de Kazán, los países subrayaron «la aparición de nuevos centros de poder, toma de decisiones políticas y crecimiento económico, que pueden allanar el camino hacia un orden mundial multipolar más equitativo, justo, democrático y equilibrado». Subrayaron «la necesidad de adaptar la arquitectura actual de las relaciones internacionales para que refleje mejor las realidades contemporáneas», al tiempo que declararon su «compromiso con el multilateralismo y la defensa del derecho internacional, incluidos los Propósitos y Principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas (ONU) como su piedra angular indispensable». Apuntaron especialmente a las sanciones impuestas por Estados Unidos y sus aliados, sosteniendo que «Tales medidas socavan la Carta de la ONU, el sistema multilateral de comercio y los acuerdos sobre desarrollo sostenible y medio ambiente.»

El tiempo se ha acabado para los delirios neoconservadores y las guerras de elección de Estados Unidos.

La búsqueda neoconservadora de la hegemonía mundial tiene profundas raíces históricas en la creencia de Estados Unidos en su excepcionalismo. En 1630, John Winthrop invocó los Evangelios al describir la Colonia de la Bahía de Massachusetts como una «Ciudad sobre la colina», declarando grandiosamente que «Los ojos de todos los pueblos están sobre nosotros». En el siglo XIX, Estados Unidos se guiaba por el Destino Manifiesto, conquistar Norteamérica desplazando o exterminando a los pueblos nativos. En el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, los estadounidenses abrazaron la idea del «Siglo Americano», según la cual tras la guerra Estados Unidos lideraría el mundo.

Los delirios de grandeza de Estados Unidos se sobrealimentaron con el colapso de la Unión Soviética a finales de 1991. Desaparecida la némesis estadounidense de la Guerra Fría, los neoconservadores estadounidenses ascendentes concibieron un nuevo orden mundial en el que Estados Unidos era la única superpotencia y el policía del mundo. Sus instrumentos de política exterior preferidos eran las guerras y las operaciones de cambio de régimen para derrocar a los gobiernos que les desagradaban.

Tras el 11-S, los neoconservadores planearon derrocar siete gobiernos del mundo islámico, empezando por Irak y siguiendo por Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán e Irán. Según Wesley Clark, ex Comandante Supremo de la OTAN, los neoconservadores esperaban que Estados Unidos se impusiera en estas guerras en 5 años. Sin embargo, ahora, más de 20 años después, las guerras instigadas por los neoconservadores continúan mientras Estados Unidos no ha logrado absolutamente ninguno de sus objetivos hegemónicos.

Los neoconservadores razonaban en la década de 1990 que ningún país o grupo de países se atrevería jamás a hacer frente al poderío estadounidense. Brzezinski, por ejemplo, argumentó en El Gran Tablero de Ajedrez que Rusia no tendría más remedio que someterse a la expansión de la OTAN liderada por Estados Unidos y a los dictados geopolíticos de Estados Unidos y Europa, ya que no había ninguna perspectiva realista de que Rusia formara con éxito una coalición antihegemónica con China, Irán y otros. Como dijo Brzezinski «La única opción geoestratégica real de Rusia -la opción que podría dar a Rusia un papel internacional realista y también maximizar la oportunidad de transformarse y modernizarse socialmente- es Europa. Y no cualquier Europa, sino la Europa transatlántica de la UE ampliada y la OTAN«. (énfasis añadido, edición Kindle, p. 118)

Brzezinski se equivocó rotundamente, y su error de apreciación contribuyó al desastre de la guerra en Ucrania. Rusia no sucumbió simplemente al plan estadounidense de ampliar la OTAN a Ucrania, como Brzezinski suponía que haría. Rusia dijo un no rotundo y estaba dispuesta a hacer la guerra para detener los planes estadounidenses. Como resultado de los errores de cálculo de los neoconservadores respecto a Ucrania, Rusia prevalece ahora en el campo de batalla, y cientos de miles de ucranianos han muerto.

Las sanciones y presiones diplomáticas estadounidenses tampoco aislaron lo más mínimo a Rusia, y este es el mensaje claro de Kazán. En respuesta al acoso generalizado de Estados Unidos, ha surgido un contrapeso antihegemónico. En pocas palabras, la mayoría del mundo no quiere ni acepta la hegemonía estadounidense y está dispuesta a enfrentarse a ella antes que someterse a sus dictados. Estados Unidos tampoco posee ya el poder económico, financiero o militar para imponer su voluntad, si es que alguna vez lo tuvo.

Los países reunidos en Kazán representan una clara mayoría de la población mundial. Los nueve miembros del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica como los cinco originales, más Egipto, Etiopía, Irán y Emiratos Árabes Unidos), además de las delegaciones de 27 aspirantes a miembros, constituyen el 57% de la población mundial y el 47% de la producción mundial (medida a precios ajustados al poder adquisitivo). Estados Unidos, por el contrario, constituye el 4,1% de la población mundial y el 15% de la producción mundial. Si añadimos los aliados de Estados Unidos, el porcentaje de población de la alianza liderada por Estados Unidos se sitúa en torno al 15% de la población mundial.

Los BRICS ganarán peso económico relativo, destreza tecnológica y fuerza militar en los próximos años. El PIB combinado de los países BRICS crece en torno al 5% anual, mientras que el PIB combinado de Estados Unidos y sus aliados en Europa y Asia-Pacífico crece en torno al 2% anual.

Sin embargo, incluso con su creciente influencia, los BRICS no pueden sustituir a Estados Unidos como nuevo hegemón mundial. Simplemente carecen del poder militar, financiero y tecnológico para derrotar a Estados Unidos o incluso para amenazar sus intereses vitales. En la práctica, los BRICS reclaman una multipolaridad nueva y realista, no una hegemonía alternativa en la que ellos manden.

Los estrategas estadounidenses deberían prestar atención al mensaje, en última instancia positivo, procedente de Kazán. La búsqueda neoconservadora de la hegemonía mundial no sólo ha fracasado, sino que ha sido un costoso desastre para Estados Unidos y el mundo, provocando guerras sangrientas e inútiles, crisis económicas, desplazamientos masivos de población y amenazas crecientes de confrontación nuclear. Un orden mundial multipolar más inclusivo y equitativo ofrece un camino prometedor para salir del marasmo actual, que puede beneficiar a Estados Unidos y a sus aliados, así como a las naciones reunidas en Kazán.

El ascenso de los BRICS no es, por tanto, un mero reproche a Estados Unidos, sino también una apertura potencial a un orden mundial mucho más pacífico y seguro. El orden mundial multipolar previsto por los BRICS puede ser una bendición para todos los países, incluido Estados Unidos. El tiempo se ha agotado para los delirios neoconservadores y las guerras de elección de Estados Unidos. Ha llegado el momento de una diplomacia renovada para poner fin a los conflictos que asolan el mundo.

4. 120 aniversario de Labriola

Con motivo del 120 aniversario de la muerte de Antonio Labriola Sinistra in rete publica este pequeño ensayo sobre su figura y los orígenes del marxismo en Italia. https://www.sinistrainrete.

Por el 120 aniversario de la muerte de Antonio Labriola

por Eros Barone

Los payasos políticos siempre tienen algo que divertirnos en este país donde florece la comedia para llorar y la tragedia para reír. Carta de Antonio Labriola a Friedrich Engels del 5 de noviembre de 1894.

La «crisis de fin de siglo» y el estado de sitio político caracterizaron en Italia el periodo comprendido entre los cañonazos del general Fiorenzo Bava Beccaris, con los que fue aplastada la insurrección popular (Milán, 6-7-8-9 de mayo de 1898), y los disparos de revólver del anarquista Gaetano Bresci, con los que fue aplastada la vida del rey Umberto I (Monza, 29 de julio de 1900). Sin embargo, estos acontecimientos no impidieron el florecimiento de estudios e investigaciones en torno a la teoría de Marx, ya que en aquel dramático cambio de siglo el marxismo adquirió una posición de prestigio en la cultura italiana y se convirtió en el centro de un amplio debate intelectual que comprometió a las mentes más agudas de la época.

  1. Un florecimiento excepcional de estudios y debates sobre el pensamiento de Marx y Engels

En el espacio de unos meses, los ensayos de Benedetto Croce su Materialismo storico ed economia marxistica, la monografía de Giovanni Gentile sobre La filosofia di Marx vieron la luz uno tras otro, 1 de Corrado Barbagallo, Pel materialismo storico y La teoria del valore di Carlo Marx de Arturo Labriola: cuatro jóvenes intelectuales emergentes que se estrenaban en la escena cultural acercándose al pensamiento marxista-engelsiano. En el mismo periodo estalló la polémica entre Merlino y Bissolati sobre el revisionismo, el joven Enrico Leone publicó un trabajo sobre el Método en «El Capital» de Karl Marx en la «Rivista critica del socialismo», y aparecieron La produzione capitalistica de Antonio Graziadei y Il terzo volume del «Capitale» de Vincenzo Giuffrida. Surge una pregunta: ¿cómo se explica que el marxismo, apenas conocido veinte años antes, haya alcanzado, en una época en que las ideas circulaban todavía con bastante lentitud, tal influencia y éxito?

Contrariamente a lo que se podría pensar, el mérito de la introducción del marxismo en Italia corresponde, en primer lugar, a los anarquistas, que no estaban de acuerdo con Marx en muchas cuestiones -sobre la dictadura del proletariado, sobre la concepción del partido, sobre la necesidad de participar en las elecciones políticas-, pero lo reconocían como el mayor maestro y fundador del socialismo moderno. Del marxismo, los anarquistas habían tomado prestada la visión materialista de la historia, el análisis de la sociedad burguesa y de sus contradicciones, el método de la lucha de clases y el objetivo del comunismo y, sobre esta base, se oponían tanto a las reformas institucionales de los republicanos como a las reformas políticas de los radicales y de los propios socialistas reformistas. En este sentido, cabe mencionar al menos a tres exponentes anarquistas: Emilio Covelli, que en 1871 cita y discute la obra de Marx (el primer volumen de la Capitale había aparecido en 1867) en las páginas de la «Rivista Partenopea» (en aquel Nápoles donde en la misma época se había constituido la primera sección italiana de la Asociación Internacional de los Trabajadores, también conocida como Primera Internacional); Carlo Cafiero, gran y humanísima figura del anarquismo (era un terrateniente que sacrificó todo a la causa de la emancipación social: tierra, patrimonio, seguridad y salud), que en 1879 publicó el importante Compendio del primer tomo de ‘El Capital’, que preparó en la cárcel de Santa María Capua Vetere, donde estaba preso por su participación en los disturbios de la Banda del Matese; el abogado Francesco Saverio Merlino (defensor, entre otros, del regicida Bresci), conocedor directo de la obra de Marx y su primer crítico. Un lugar especial lo ocupó, entonces, el grupo de la «Plebe», animado por Bignami y Gnocchi-Viani (futuro fundador en Milán de la primera Cámara del Trabajo en 1891), a medio camino entre el proudhonismo, el malonismo (a partir de las posiciones idealistas y revisionistas del ex-comunista Benoît Malon) y el marxismo (por sus contactos con Marx y Engels); Andrea Costa, que en la transición de las posiciones anarquistas a las socialistas transfundió en estas últimas no pocos elementos del marxismo; y, finalmente, por su apasionada y tenaz actividad como artesano aislado del marxismo, Pasquale Martignetti, de Benevento, germanoparlante autodidacta y traductor de algunas obras importantes de Engels.

A partir de 1891 la difusión ocasional por parte de los anarquistas dio paso a una actividad sistemática de información y profundización por parte de la revista «Critica Sociale» que Filippo Turati y Anna Kuliscioff empezaron a publicar en Milán. Aquí cabe recordar la gran influencia que ejerció sobre Andrea Costa primero y sobre Turati después esta inteligente y fascinante exiliada rusa, la «dama del socialismo italiano», que, formada en la escuela de Pietro Lavrov y de la socialdemocracia alemana, ya dominaba el concepto marxista a finales de los años setenta. En este sentido, los diez primeros años de «Critica Sociale» constituyeron el laboratorio teórico y político del marxismo italiano. La revista, que se sirvió de los consejos de Engels a los socialistas italianos, de la colaboración de Lafargue, Kautsky y Plechanov, y de la información constante y puntual sobre las experiencias y debates internacionales, no sólo tendió un puente entre la cultura socialista italiana y la europea, sino que vinculó la cultura positivista, que había sido típica de la democracia republicana, al joven pensamiento marxista, encontrando en Antonio Labriola (1843-2004) un crítico severo e irreductible de tal eclecticismo. De hecho, el cáustico profesor universitario ocupa un lugar central en la historia del marxismo en Italia. Su ensayo En memoria del ‘Manifiesto comunista’ (1895), la ‘Dilucidazione preliminare’ que introduce el ensayo Del materialismo storico (1896), las cartas a Georges Sorel recogidas en Discorrendo di socialismo e di filosofia (1897), representaron la base y marcaron el inicio del gran debate mencionado al principio de este artículo. Labriola no sólo infundió respeto al marxismo y al socialismo en las aulas universitarias, sino que con la agudeza de sus razonamientos, con el estilo a la vez elevado y conmovido de sus escritos, con su profundo conocimiento del método y del contenido del marxismo, llevó esta teoría al más alto nivel de confrontación con las corrientes culturales de la época. Su epistolario es una prueba del rigor teórico y de la dignidad intelectual a la que supo elevar el marxismo italiano, que hasta entonces se había quedado en un medio de propaganda cotidiana, repetido de forma catequística, sin una adecuada reelaboración crítica e interpretativa.

  1. Una intensa correspondencia en un periodo histórico crucial

‘Alemania tuvo a Marx y Engels, y al primer Kautsky; Polonia, a Rosa Luxemburgo; Rusia, a Plechanov y Lenin; Italia, a Labriola, que (¡cuando teníamos a Sorel!) mantenía correspondencia de igual a igual con Engels, y luego con Gramsci’. Así, Louis Althusser, en esa colección de ensayos, Pour Marx, que entre los años sesenta y setenta hizo una importante contribución a la reactivación del debate marxista, grabó, al mismo tiempo que denunciaba «la ausencia de una verdadera cultura ‘teórica’ en la historia del movimiento obrero francés»2, la existencia, en Italia, de una gran tradición teórica del marxismo, que incluso había sido capaz de dialogar, a través de Labriola, con uno de los dos fundadores del propio marxismo, a saber, Engels.

La correspondencia entre Antonio Labriola y Friedrich Engels abarca el quinquenio 1890-95: un periodo de tiempo en el que en Italia se agudiza la lucha de clases, las revueltas populares, antes limitadas a motines locales, adquieren dimensiones nacionales y el movimiento obrero surge trabajosamente de la espontaneidad y da origen al partido socialista, mientras las clases dominantes reaccionan furiosamente a la creciente presión de las masas y estallan escándalos que ponen al descubierto la corrupción y los métodos empresariales de la clase política gobernante.3 No es casualidad que los historiadores, al referirse a los conflictos sociales y las represiones estatales de los años 90, califiquen este periodo como la «década de la sangre». Como ocurre en las fases de transición de un ciclo económico recesivo a otro expansivo, la fase que sigue al final de la «Gran Depresión» (1873-1895) y a la transformación del capitalismo de libre mercado en monopolista, que da paso a la era del imperialismo y sus robustos vástagos (proteccionismo, colonialismo, militarismo y chovinismo), también está marcada por el estallido de guerras entre Estados y conflictos entre clases. En el caso italiano, el despegue industrial se entrelazó con la crisis agraria y a los crecientes gastos militares se sumaron los elevados aranceles aduaneros, lo que condujo a un empeoramiento de las condiciones de vida y de trabajo de las clases populares y provocó una vasta oposición antigubernamental que involucró también a sectores de la burguesía empresarial del Norte, perjudicada por la política económica proteccionista del gobierno central en su búsqueda de salidas en los mercados exteriores.

Friedrich Engels, en ese momento, había llegado al límite de sus años y era el carismático y a menudo solicitado líder de los partidos socialistas de la II Internacional, a los que prestaba la inestimable ayuda de su excepcional experiencia. Antes, hasta principios de los años ochenta, Antonio Labriola había escrito sobre todo libros, ensayos y memorias académicas, aunque nunca dio demasiada importancia ni a ese tipo de producción ni al trabajo de sus colegas universitarios, «que fingen no saber», como escribió a Benedetto Croce en 1897, «que están todos enfermos de servidumbre voluntaria».4 Luego, al llegar al umbral de la cincuentena, el estudio sistemático de Marx y Engels, así como el conjunto de experiencias a las que nos referiremos más adelante, orientaron a Labriola hacia el marxismo. Su correspondencia, en ese momento, se volvió intensa y novedosa, ya que, por un lado, se dirigía en gran parte a los principales dirigentes del socialismo internacional para presentar los acontecimientos italianos con una visión libre de «tendencias nacionalistas» y, por otro, desempeñaba una función preparatoria de los tres «Ensayos» que Labriola redactó posteriormente, en la segunda mitad de los años noventa. Así, si antes sus interlocutores privilegiados habían sido filósofos como Bertrando Spaventa y Benedetto Croce, a partir de 1890 Labriola encontró en Engels el cerebro político «internacional» y el «maestro» al que acudir «para toda duda científica, para toda comprobación de los hechos, para todo consejo práctico».5

  1. Hacia la fundación del Partido Socialista de los Trabajadores Italianos

Con la conferencia de 1889 sobre el socialismo Labriola demostró que había completado su aprendizaje marxista, haciéndolo fructificar en el doble terreno de una elaboración teórica autónoma y de una experiencia política consecuente, hasta alcanzar la plena madurez que sentía haber logrado en 1894, cuando pudo escribir a Engels que «todas las dudas sobre la interpretación materialista de la historia han pasado». 6 La alternancia y combinación de teoría y práctica o, si se prefiere, de filosofía y política, así como su fusión tendencial en la constitución del partido del proletariado, objetivo último al que se dirigían los esfuerzos de Labriola en esta etapa, marcaron con un apretado ritmo dialéctico el proceso de adquisición y elaboración del marxismo, del que el profesor-militante fue protagonista solitario entre las décadas de 1980 y 1990. Para mostrar el papel decisivo de la práctica como origen, fuente y criterio de la teoría, conviene recordar el punto de partida de la militancia socialista de Labriola en este período, a saber, la organización de la manifestación internacional del Primero de Mayo de 1891, caracterizada por la consigna de la jornada laboral de ocho horas. Labriola, en una época en la que el movimiento socialista era aún débil y poco incisivo, no sólo hizo todo lo posible por llevar a la práctica esta iniciativa, sino que se dedicó a aclarar el significado estratégico y revolucionario de la reivindicación de las «ocho horas» como alternativa a la anterior del «derecho al trabajo», de origen en los años cuarenta e inspiración reformista. La reducción de la jornada laboral es de hecho para él, como para Marx y Engels, el objetivo intermedio correcto que puede nutrir y hacer crecer, incluso en una situación atrasada como la italiana, «el germen sano de un partido obrero». 7

  1. Antonio Labriola y «el clásico trinagle marxista».

Benedetto Croce, a quien le unían lazos de amistad y estima y fue editor de sus ‘Ensayos’, fijó con esta imagen el retrato de Antonio Labriola, hace exactamente ciento veinte años, con ocasión de su muerte: un maestro al que el joven alumno era «todo oídos para escuchar», admirando su capacidad para transformar la política en «sátira amena» y para conversar de todo «con abundante vena» y «con chispeante ingenio», cualquiera que fuera el escenario en el que este moderno Sócrates se encontrara discutiendo: un salón intelectual o una sala de conferencias de la Universidad de Roma o una sección del partido socialista o una sala del café «Aragno». Y recordando el papel de Labriola en la elaboración y difusión del materialismo histórico, Croce lo define así: «Él [Labriola] fue el primer defensor de esta concepción desde una cátedra universitaria, el primero que se ocupó de ella, no como un aficionado o un periodista, sino como un científico, con severidad de propósito». 8 En la continuación de este artículo, Croce reiteró también esa disidencia fundamental de la concepción del materialismo histórico que haría de él y de Giovanni Gentile, no sin esa importante lección que sin embargo deja huellas muy sustanciales en su pensamiento filosófico, los dos principales exponentes del neoidealismo italiano. Además, al escribir los famosos ensayos sobre el socialismo científico en aquella breve temporada entre 1895 y 1897, Labriola estaba movido por la convicción de que era la única obra política que le estaba permitido realizar en la situación dada. En la misma línea, hay que subrayar con fuerza que Labriola fue el primer intelectual italiano que caracterizó su relación con el movimiento de clase con una apelación constante a la prioridad e inerradicabilidad de la teoría. Esto explica, entre otras cosas, la gran estima que Lenin le tenía: ese Lenin que, por su parte, nunca dejaría de afirmar, consciente de la circularidad dialéctica entre teoría y práctica, que «sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario».9

En este sentido, la lección de Antonio Labriola nos ayuda a comprender que el marxismo es, al mismo tiempo, una filosofía, una ciencia y una política, por tanto, una «triangulación» entre estos tres polos, con lados de longitudes variables según las corrientes y experiencias históricas, de modo que dan lugar a infinitas variaciones de la figura geométrica del triángulo. Hoy, sin embargo, como ha escrito Göran Therborn, «el triángulo marxista clásico se ha roto, y es muy poco probable que pueda recomponerse».10 El escritor cree que la parte que falta hoy es, por un lado, la política -el marxismo hace tiempo que dejó de guiar la acción del movimiento obrero- y, por otro, la filosofía, debido a la debilidad ecléctica de la teoría marxista frente a la fuerza, más aparente que real, de las corrientes burguesas -aquí es claramente el materialismo dialéctico el que hay que resucitar-.11 Por eso poner de nuevo en circulación los textos de Antonio Labriola será una empresa útil y meritoria en la medida en que ayudará a recomponer ese mismo triángulo.

Notas
1 Para el significado crucial de la lectura que hace Gentile de la «filosofía de Marx», véase el siguiente artículo: https://www.sinistrainrete..

2 Véase L. Althusser, Per Marx, Roma, 1967, p. 7.

3 Sobre la importancia de la correspondencia entre Engels y Labriola me remito al siguiente artículo: https://www..

4 A. Labriola, Epistolario 1896-1904, Editori Riuniti, Roma 1983, p. 683.

5 Carta a Engels del 3 de abril de 1890, en A. Labriola, Epistolario 1890-1895, Editori Riuniti, Roma 1983.

6 Ivi, Carta a Engels del 14 de marzo de 1894.

7 A. Labriola, Scritti filosofici e politici, Einaudi, Turín 1973, p. 132.

8 A. Labriola, Scritti varii di filosofia e politica, recogidos y publicados por B. Croce, Laterza, Bari 1906, pp. 498 y ss.

9 V. I. Lenin,¿Qué hacer?, en Id., Contra el oportunismo de izquierda y derecha y contra el trotskismo, Ediciones Progreso, Moscú 1978, p. 30.

10 Véase Göran Therborn, ¿Del marxismo al posmarxismo?, Verso, Londres, 2008.

11 Un intento en esta dirección está representado por el siguiente ensayo: https://www.sinistrainrete..

5. La inutilidad del PP valenciano tan inabarcable como el amor de una madre

Ya me gustaría que nuestros enemigos fuesen así, porque, por desgracia, algunos de esos cabrones son bien listos, trabajadores, y nos dan sopas con honda en la captura y gestión del poder político. Pero un pequeño desahogo de vez en cuando riéndonos de ellos, está permitido. Para darle al mensaje un tono un poco más serio, os paso también el editorial de CTXT que va en la misma línea de considerar la gestión de la ultraderecha como incompetente.

Y aquí os presento una propuesta que apoyo para avanzar en la transición ecosocial. Si se me permite el atrevimiento, propongo que hagamos pruebas de su prototipo con Juan Roig:

Fuente: https://climatica.coop/ideas-

https://www.elsaltodiario.com/

Zánganos de buena familia y un furgón del Mercadona

Cuando los populares recuperaron el Govern de la Generalitat, tras las elecciones de mayo de 2023, el militante valencianista Ricard Chulià reiteró la siguiente plegaria: “Por favor, que esta vez solo se dediquen a robarnos”.

2 nov 2024

Hace casi diez años la exvicepresidenta valenciana Mónica Oltra pronunciaba las palabras que han resonado con más fuerza durante estos días: El PP es más peligroso por inútil que por corrupto. Cuando los populares recuperaron el Govern de la Generalitat, tras las elecciones de mayo de 2023, el militante valencianista Ricard Chulià reiteró la siguiente plegaria: “Por favor, que esta vez solo se dediquen a robarnos”.

Quizá hace un tiempo y visto desde fuera a cualquiera le daría por pensar que ambos exageraban, que era imposible que la derecha española pudiese ser más incompetente que ladrona. Después del horror que hemos presenciado en los últimos días no cabe duda de que, efectivamente, lo mejor que nos habría podido pasar a los valencianos es que el actual gobierno de Carlos Mazón solo se hubiese limitado a saquear lo poco que dejaron sus predecesores.

Quienes los conocemos de cerca sabemos que la inutilidad de los principales mandos del PP valenciano es tan inabarcable como la inmensidad del océano o el amor de una madre. El actual Consell, presidente incluido, está desacomplejadamente integrado por lo que podríamos definir como zánganos de buena familia. Hijos y nietos de. La clase de gente con corbata y con título universitario que cuando abre la boca demuestra que en realidad es el invitado perfecto para la cena de los idiotas. Vázquez Montalbán diría de ellos que para eso ganaron la guerra, para no tener que pensar nunca más.

Los dirigentes al frente de la Generalitat solo sirven para dar la batalla cultural contra el catalán y a favor de los toros. De hecho, en ese lodazal del absurdo, el ridículo y el folklorismo se mueven mejor que nadie. Por poner un ejemplo, Carlos Mazón reaccionó con mucha más urgencia a una pancarta vecinal que ponía Països Catalans en el barrio barcelonés de Gracia que a los insistentes avisos de la Aemet y de la Confederación Hidrográfica del Xúquer en los días previos a la catástrofe.

¡No nos harán catalanes!, vocean ante cualquier estímulo cultural. ¡300.000 euros para la Fundación Toro de Lidia!, desembolsan sin ningún tipo de pudor. ¡Una mascletà en Madrid!, celebran como un enjambre de paletos provincianos. Pero más allá de alaridos cavernícolas envueltos en un aura de caspa fascista no hay absolutamente nada que rascar.

Para la posteridad quedarán las declaraciones exultantes de Carlos Mazón anunciando la supresión de la Unidad Valenciana de Emergencias. De la mano de sus por entonces socios negacionistas de Vox, el President no pestañeó a la hora de menospreciar el intento del anterior gobierno progresista de mejorar la capacidad de respuesta ante los crecientes retos de índole climática. Mazón salió a cámara blandiendo el falo y vociferando ¡fuera ese chiringuito! y entonces ordenó desmantelar un órgano que olía a zurdos comesojas.

El presupuesto que preveía el gobierno autonómico para la Unidad Valenciana de Emergencias rondaba los nueve millones de euros, según figura en la propia web de la Generalitat. El importe contrasta con los cerca de 40 millones que se calcula que cuestan los festejos populares taurinos a las arcas públicas valencianas cada año. Cualquier comparativa es susceptible de ser tildada de demagógica, pero en este caso ayuda a entender lo que es la verdadera sensación de la valencianidad. Somos un pueblo obligado a esperar paciente detrás de un ceda el paso infinito porque aquí quien tiene la prioridad incuestionable para circular es cualquier gilipollas con una idea absurda en la cabeza.

Aunque fue una información empañada por la catástrofe, el mismo martes día 29 a mediodía se daba a conocer que el gobierno valenciano ponía fin al Plan de Protección del Litoral y autorizaba la construcción o habilitación de alojamientos vacacionales a tan solo 200 metros del litoral. Cada movimiento de la derecha valenciana sirve siempre para ilustrar el sudapollismo con el que enfrentan los criterios de la comunidad científica, sea en el ámbito que sea.

Es su modelo y, más que su modelo, es en realidad el modelo de las élites empresariales a las que rinden pleitesía. Mazón no paralizó la actividad económica cuando el agua llamaba a nuestra puerta porque sabe que su función es garantizar que Juan Roig siga facturando. “En Irlanda llueve más que aquí y no veo que se paralice el país, anda y ponte a repartir, maldito vago”. También fue mala suerte que todo el mundo identificase la marca pese al repentino borrado mágico que sufrieron las nueve letras de Mercadona en el furgón zarandeado por las aguas desbordadas.

El PP valenciano ha protagonizado cagadas muy gordas, gordísimas. Pero ninguna ha alcanzado los niveles de criminalidad que hemos visto ahora. Al cierre de estas líneas se han confirmado las cifras de más de 200 muertos y aproximadamente 1.900 desaparecidos. Puede que nuestro gobierno no haya aprendido nada de los errores del pasado y tenga la intención, como ha hecho siempre, de patalear hacia delante y aquí paz y después gloria. El único problema que le veo a esa especie de homeopatía para estúpidos es que nosotros sí que hemos aprendido algo. Y aunque seamos una banda de desheredados que no tenemos más que una alpargata en un pie y una zapatilla en el otro, esta vez no vamos a permitir que se sacudan las muertes tan rápido como hicieron con el accidente de Metrovalencia.

https://ctxt.es/es/20241101/

Valencia y la ultraderecha incompetente

2/11/2024

Cuando ya son más de doscientas las personas fallecidas y cientos  más permanecen desaparecidas, la terrible sensación que deja la gestión previa y posterior de la DANA es que la Generalitat valenciana es una administración incompetente, dolosa y fallida, incapaz de utilizar los recursos necesarios para proteger a la gente y al territorio en el que se desenvuelve la vida.

La desgracia es política, además de climática, y se viene gestando desde hace tiempo. La ultraderecha que arrastra a la derecha al trumpismo se instala en el bulo, el negacionismo, el autoritarismo, la mentira y la generación de odio. Llama ideología a la ciencia, culpa al hombre del tiempo del cambio climático y critica las alarmas que sirven para detonar la precaución y poner en marcha los sistemas de protección. A la vez que desde posiciones racistas denigran los conocimientos de otras culturas, ignoran, ridiculizan y desprecian los conocimientos de la propia. Sus brazos civiles, como Manos Limpias, denuncian a la directora de la Agencia Española de Meteorología, en otro intento de distraer y escurrir el bulto de la responsabilidad.

Pero las cortinas de humo no engañan. Fueron Vox y el PP quienes cerraron la Unidad Valenciana de Emergencias cuando llegaron al poder, para ahorrar 38 millones y disparar después la financiación a la tauromaquia. Fue la derecha ultramontana la que criticó la creación de la UME en tiempos de Zapatero. Son ellos quienes cambian bomberos por toreros y quienes borran tuits del presidente Mazón asegurando a mediodía que todo estaba bien porque la DANA se iba a Cuenca. Y son sus medios afines los que ignoraron la catástrofe en sus portadas al día siguiente del desastre, porque había que hablar de la esposa del presidente.

Unos inventan supuestas voladuras de presas, otros echan la culpa a aviones fabricantes de DANAS. El magufismo y la conspiranoia son ya un problema estructural. Tiene sus propios canales de difusión masiva. Es necesario hacer un ejercicio de pedagogía, sí, de pedagogía, que llegue hasta el último rincón. Si no, lo hacen ellos.

Existieron alarmas clarísimas desde la mañana y el gobierno de la Generalitat, que tiene la obligación de velar por la seguridad de la ciudadanía, primero las minimizó y finalmente emitió la alerta cuando ya había personas en los árboles viendo pasar a sus vecinos flotando, muertos, en el agua que no había forma de contener. En ese momento la ideología ya no importaba. La ideología es lo que sucedió antes y después. La de que las vidas no importan y se supeditan a otros intereses.

La ciencia viene alertando de que estos eventos –que siempre se han producido– son ahora más y más violentos. Alguien decente, incluso aunque tenga dudas, aplicaría principios de cautela y se prepararía por si acaso. El por si acaso es un ejercicio de amor y de cuidado. En las culturas del odio y el beneficio económico a toda costa no hay cabida para la solidaridad, la prudencia y la cautela. Por eso se construye en zonas inundables, se cementa e impermeabiliza el territorio y no se lanzan a tiempo las alarmas que hubiesen hecho que la gente estuviera algo más a salvo cuando llegaron las aguas. Por eso no se prepara a la población para que sepa qué ha de hacer en estos casos. Por eso las empresas no permiten que sus trabajadores se vayan a casa cuando hay riesgos evidentes para sus vidas. Y por eso no reparten agua y comida cuando llega el desastre.

Luego viene lo de después. Hay que rescatar y los servicios públicos autonómicos están desmantelados. Como nadie se quiere responsabilizar, no se aceptan los ofrecimientos de los cuerpos de bomberos de otras provincias o se solicita la ayuda del ejército con cuentagotas. Tres días después puede que queden personas vivas atrapadas en coches o garajes, hay familias angustiadas esperando a saber qué pasa con su gente, y no hay luz, ni agua ni comida en algunos de los pueblos más afectados. La memoria de muchas personas está enterrada en el fango. El mundo, su mundo, ha desaparecido y estarían solas si no fuese porque, como siempre, brota la solidaridad.

La gente denuncia, con razón, que las instituciones públicas están fallando. Falla la Generalitat, que no ha solicitado el máximo nivel de catástrofe, para mantener su doble juego: mantener el control de la crisis y a la vez poder descargar el barro y la mierda sobre el Gobierno central. El Gobierno ha sido un rehén de Carlos Mazón, y debería haber tomado la gestión en sus manos para evitar que quienes han demostrado de sobra ser unos imprudentes temerarios, mentirosos e incompetentes sigan causando daños. Pero eso hubiera supuesto declarar el estado de alarma y abrir un conflicto político gigantesco. Los contendientes políticos solo aplican el principio de precaución para librarse de las consecuencias de sus actos y poder endilgársela al adversario. Como si fuese una partida de ajedrez en la que cada movimiento es estudiado cuidadosamente.

Mientras tanto, van cayendo peones y caballos. Se llamaba a mucha gente catastrofista, y lo que estamos viendo es una realidad distópica, en la que solo la gente organizada en tiempo récord ofrece esperanza. Pero no se les puede dejar solos. La administración pública tiene obligaciones, los Gobiernos tienen obligaciones. ¿Cuál ha sido el acto más llamativo de la lucha frontal del Estado contra la crisis ecosocial y climática? Procesar como si fueran una banda criminal a los activistas que denunciaron la inacción política tirando agua con remolacha a la fachada del Congreso. 

La extrema derecha está aprovechando el caos del servicio de emergencias valenciano para decir que España es un Estado fallido. Valencia es desde luego una administración autonómica incompetente, y si Mazón no dimite pronto, va camino de ser fallida. Por eso nos gustaría lanzar, una vez más, esta alerta: si el trumpismo ultraliberal y miserable que gobierna en Valencia llegara a gobernar el país, nos espera un futuro aterrador.

6. Suspensión de la COP16

Lamento no haberos enviado nada de la COP16 sobre diversidad desde su inauguración, pero os paso al menos este artículo sobre su cierre. Que no ha ido muy bien, como era de esperar. https://climatica.coop/cop16-

La COP16 se suspende por falta de quórum sin un acuerdo de financiación para la biodiversidad

Las negociaciones para la creación de un nuevo fondo para la biodiversidad han quedado pendientes. Entre los logros de la cumbre, destaca la aprobación por consenso del reconocimiento de la contribución de las comunidades indígenas, afrodescendientes y comunidades locales al cuidado y la preservación de la biodiversidad

Climática 2 noviembre, 2024

La cumbre de biodiversidad de la ONU, conocida como COP16, ha finalizado en Cali (Colombia) tras dos semanas de negociaciones. En su última jornada, la plenaria ha quedado suspendida por falta de quórum este sábado por la mañana, tras haber dejado el debate económico para el final.

El objetivo era lograr un consenso sobre la creación de un nuevo fondo para la biodiversidad que no esté coordinado por el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF). Tras 13 horas de negociaciones, varios representantes han tenido que abandonar la cumbre para volver a sus países y no se ha alcanzado un acuerdo para esta movilización de fondos.

Algunos países del Sur global no están conformes con que los recursos sean custodiados por el GEF porque en su toma de decisiones participa Estados Unidos, uno de los dos países que no han ratificado el convenio de biodiversidad.

Por otro lado, en el apartado de financiación, no hay novedades en cuanto a la aportación de los países ricos para financiar la conservación de la biodiversidad. El compromiso sigue siendo voluntario, de 20.000 millones anuales en ayudas en 2025 y 30.000 en 2030.

Esta suspensión de la plenaria no significa que las negociaciones de la COP16 hayan terminado, se deberá establecer otra fecha y lugar para concluirlas, quizás de manera virtual. Asimismo, las decisiones que se tomaron antes de la suspensión siguen siendo válidas. Entre estas, destaca la aprobación por consenso del reconocimiento de la contribución de las comunidades indígenas, afrodescendientes y comunidades locales al cuidado y la preservación de la biodiversidad.

Discusión “muy polarizada”

Se dejó de aprobar la estrategia financiera y los recursos, y tampoco se aprobó el marco de monitoreo. Eso deja algunos retos para la convención y toca empezar a subsanarlos. La discusión siempre fue muy polarizada”, ha señalado Susana Muhamad, ministra colombiana de Medio Ambiente y presidenta de la COP16.

La COP16 estaba llamada a ser la cumbre de la implementación y desarrollo del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, el acuerdo que se alcanzó en Canadá en 2022 para proteger al menos el 30% de la biodiversidad para 2030. “Esto se ha cumplido solo a medias” y la COP16 ha finalizado “con resultados mediocres”, lamentan desde Ecologistas en Acción en un comunicado.

La COP16 sí ha logrado establecer un Marco de Evaluación y Seguimiento del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, incluyendo una serie de indicadores y fuentes de información que permitirán recopilar datos sobre el progreso en el cumplimiento de sus 23 metas concretas.

Hasta la fecha, solo 44 de los 196 países han presentado sus planes nacionales para conservar la biodiversidad, adaptados al Marco Mundial, con una calidad y ambición en muchos casos cuestionable. Quedan, por tanto, 152 países que deberían presentar estos planes estratégicos antes de diciembre de 2024, hecho que Ecologistas en Acción considera altamente improbable”, destacan desde Ecologistas.

Además, lamentan en el del marco de evaluación y seguimiento ha desaparecido el compromiso de que la convención genere informes donde se evalúe el progreso de cada país o la posibilidad de formular propuestas de políticas vinculantes, “algo especialmente grave”.

La financiación de la biodiversidad sigue estancada tras una ensordecedora ausencia de promesas creíbles por parte de los gobiernos ricos y un lobby empresarial sin precedentes”, lamenta Celia Ojeda, responsable de Biodiversidad de Greenpeace, en una nota de prensa. “Sin embargo, las grandes farmacéuticas y las grandes corporaciones alimentarias no lograron bloquear un acuerdo innovador sobre la responsabilidad corporativa para pagar por la protección de la naturaleza”, añade Ojeda.

Algunos logros de la COP16

Además del reconocimiento de las comunidades indígenas, afrodescendientes y comunidades locales, otro de los logros de la COP16 ha sido la creación de un fondo mundial para establecer pagos por el uso de secuencias genéticas digitalizadas, denominado Fondo de Cali, que también garantizará el reparto de los beneficios obtenidos por la biodiversidad.

Este fondo incluye pagos por parte de grandes farmacéuticas, agroindustrias y biotecnología por el uso que hagan de los recursos genéticos, algo que según los expertos podría recaudar hasta 1.000 millones de dólares al año para la conservación y restauración de la biodiversidad.

El histórico Fondo de Cali [servirá] para recoger las contribuciones de la empresa privada sobre el uso de recursos genéticos cuando están en bases de datos digitales, esto es un mecanismo innovador e importantísimo”, ha resaltado Muhamad en declaraciones a la agencia EFE.

7. Municipales en Chile

Otro artículo sobre el resultado de las municipales en Chile. El autor parece próximo al Frente Amplio de Boric, por el cariño con el que se mira sus resultados, ignorando, por cierto, la victoria del PC en Recoleta.

https://jacobinlat.com/2024/

Un escenario abierto en Chile

Juan Pablo Orrego

Los resultados de las elecciones municipales y regionales en Chile fueron decepcionantes para la izquierda, pero la victoria de las derechas fue tan escueta que tampoco permite hablar de un cambio de escenario. Si algo confirman los comicios es la incapacidad de todo el arco político para generar una adhesión estable.

El pasado 26 y 27 de octubre tuvieron lugar las elecciones municipales y regionales en Chile. Los resultados reflejaron una clara —más no contundente— victoria de las oposiciones de derecha al gobierno progresista de Gabriel Boric. La alianza de gobierno concurrió a estas elecciones conjuntamente con la centrista Democracia Cristiana con el fin de maximizar su desempeño electoral, aprovechando además la fragmentación de la oposición en cinco pactos electorales. No obstante, a pesar de los esfuerzos, respecto a las últimas elecciones locales, de 2021, dicho pacto electoral perdió 39 alcaldías, 409 concejalías y 18 consejerías regionales. Tampoco se vislumbra un escenario positivo de cara a la segunda vuelta en Gobernaciones Regionales que tendrán lugar en noviembre.

Para la izquierda chilena, los resultados fueron a todas luces decepcionantes. Sin embargo, la escueta victoria alcanzada por las derechas —que vino además acompañada de algunas inesperadas y dolorosas derrotas en comunas claves— no permite hablar de un resultado electoral que cambie de manera sustantiva el escenario político nacional. Por el contrario, las recientes elecciones municipales y regionales dejan un escenario abierto, en el que ninguno de los sectores políticos logró erigirse como una fuerza gravitante capaz de ofrecer un rumbo claro al país. Si algo confirman estas elecciones es la persistente incapacidad de las distintas fuerzas políticas para generar una adhesión estable dentro de la ciudadanía que perdure más allá de los ciclos electorales.

El Chile posterior al Estallido
En octubre de 2019 Chile se vio envuelto en la ola de protestas más grandes desde el retorno a la democracia en 1990. El Estallido Social chileno, como se le conoció, dio paso a un proceso constitucional que en buena medida representaba el ideario del campo progresista. No obstante, la propuesta constitucional fue rechazada por más del 62% de las preferencias en un plebiscito que, por primera vez, contó con voto obligatorio y que integró a buena parte de los sectores populares que por años habían optado por mantenerse al margen de los procesos electorales. El plebiscito constitucional de 2022 dejó en evidencia la brecha existente entre el progresismo chileno y la mayoría del país, y terminó por reconfigurar un escenario político que hasta entonces había sido favorable para la izquierda.

De ahí en más, el gobierno liderado por Gabriel Boric ha debido navegar en un escenario complejo. La coalición oficialista se ha caracterizado por constantes roces internos y ha enfrentado persistentes problemas para aprobar sus proyectos más emblemáticos al no contar con mayoría en ninguna de las cámaras del Congreso. A lo anterior se suma la crisis de seguridad que se ha instalado en el país como principal prioridad ciudadana y mayor flanco de críticas hacia la administración de Gabriel Boric. El gobierno también enfrentó otra dura derrota electoral ante la oposición en las elecciones de consejerías constitucionales de 2023, las cuales tenían la responsabilidad de redactar una segunda propuesta constitucional que, al igual que primera, terminó siendo rechazada en las urnas.

Pero las recientes elecciones revisten una serie de particularidades que dificultan cualquier análisis superficial. En primer lugar, es difícil establecer un punto de comparación «justo» para estos comicios. Las elecciones municipales y a gobernadores regionales de 2021 se realizaron simultáneamente a las elecciones de convencionales constitucionales en el marco del primer proceso constitucional chileno. Además, tuvieron lugar en un contexto sustantivamente distinto al de 2024, marcado por las altas expectativas en torno al proceso constituyente y todavía en el marco de la pandemia. Las elecciones de 2021 también contaron con voto voluntario, por lo que la participación fue significativamente más baja entonces (43,4%) en comparación con las recientes elecciones (84,5%). Sumado a la baja aprobación del gobierno del entonces presidente Sebastián Piñera tras el Estallido Social, la derecha alcanzó en 2021 uno de sus peores registros para una elección local desde el retorno a la democracia.

En segundo lugar, las recientes elecciones locales son en sí mismas difíciles de analizar debido a su alta complejidad. El pasado fin de semana fueron elegidos cuatro tipos de cargos subnacionales: 345 alcaldías, 2251 concejalías, 16 gobernaciones regionales y 302 consejerías regionales. Por otro lado, cada tipo de cargo contó con un sistema electoral propio y con sus respectivos marcos de alianzas. Solo a modo de ejemplo, mientras la Democracia Cristiana y el oficialismo lograron acordar un pacto unitario para disputar las alcaldías («Contigo Chile Mejor»), los distintos sectores del progresismo concurrieron por separado para disputar el resto de los cargos. Consecuentemente, la identificación de ganadores y perdedores depende, en buena medida, de la elección que se esté analizando.

Tercero, las elecciones fueron precedidas por una serie de polémicas que salpicaron a todo el espectro político. La derecha chilena, principalmente la derecha tradicional aglutinada en el pacto Chile Vamos (Renovación Nacional, Unión Demócrata Independiente, Evolución Política-Evopoli), se vio involucrada en una serie de casos de corrupción protagonizados en su mayoría por alcaldías de su sector. Por el otro lado, a tan solo una semana de realizarse los comicios, el gobierno debió solicitar la renuncia al entonces Subsecretario del Interior Manuel Monsalve tras una denuncia por violación presentada por una funcionaria del mismo Ministerio.

En resumidas cuentas, los elementos mencionados configuraron un escenario hostil para la izquierda y la centroizquierda chilena, y en buena medida explican los resultados electorales. Por otra parte, a pesar de las polémicas en las que se vio involucrada la derecha, los malos resultados arrastrados de 2021 suponían una vara baja a partir de la cual la oposición tenía amplio espacio para crecer en el marco de una elección que contó con voto obligatorio.

Balances del campo progresista
Los resultados obtenidos por el campo progresista chileno presentan un escenario de estancamiento e incluso de retroceso respecto a los avances de años anteriores, dependiendo del partido que se analice. El Partido Comunista, por ejemplo, perdió más de 50 concejalías y 6 consejerías regionales respecto a 2021. También enfrentó duras derrotas en comunas emblemáticas como Santiago Centro, lugar donde una de sus principales figuras, la incumbente Irací Hassler, perdió por un margen de más de 22 puntos porcentuales ante el candidato de la derecha Mario Desbordes. En tanto, el Frente Amplio, partido de izquierda en el que milita el presidente Boric, no pudo retener varias de las comunas que había conquistado en 2021, incluyendo Ñuñoa, Tiltil, San Miguel y Melipilla. Tanto en el Partido Comunista como en el Frente Amplio se observa una alta concentración de sus votos en un número pequeño de comunas urbanas ubicadas en el centro del país y una baja presencia en comunidades más pequeñas y alejadas de las grandes urbes.

Por otro lado, los cuatro partidos de centroizquierda que en su momento conformaron la «Concertación de partidos por la Democracia» (Partido Socialista, Partido por la Democracia, Partido Radical, Democracia Cristiana), coalición que gobernó Chile en cuatro periodos consecutivos entre 1990 y 2010, han experimentado un declive en las últimas décadas que volvió a confirmarse en las recientes elecciones.

A primera vista, estos partidos obtuvieron resultados satisfactorios y, en su conjunto, alcanzaron una buena cantidad de concejales (691), alcaldías (58), consejerías regionales (86) y gobernaciones regionales (3 electos en primera vuelta). No obstante, detrás de esos números se esconde una crisis importante. Lo que en su momento conformó a la Concertación se sitúa como el espació que más alcaldías y concejalías perdió en estas elecciones en comparación a 2021: 29 municipalidades y aproximadamente 320 concejalías menos. El continúo declive de lo que alguna vez fue la Concertación es materia de preocupación, tanto por la incapacidad de la centroizquierda para frenar su declive como por la incapacidad del Frente Amplio para capitalizar ese retroceso.

Pero los resultados obtenidos por este último no fueron catastróficos, e incluso hay algunos elementos positivos que rescatar. El Frente Amplio se posicionó como el partido más votado dentro del oficialismo en alcaldías (6,3%), concejalías (7,2%) y consejerías regionales (8,6%), a pesar de contar con poco más de siete años de existencia. El partido del presidente, además, no solo logró retener a través de candidaturas propias y afines comunas emblemáticas —como Estación Central, Valdivia y Viña del Mar—, sino además ganar en comunas de gran tamaño como Valparaíso y Peñalolén. También obtuvo algunas victorias en comunas más pequeñas y alejadas de las grandes urbes, incluyendo Catemu, Juan Fernández y Putaendo. Más aún, el Frente Amplio se posicionó como el único partido «grande» del oficialismo que logró crecer en concejalías electas, pasando de 128 a 141. Dichos números sitúan al Frente Amplio al mismo nivel que otros partidos emblemáticos dentro de la coalición, aunque todavía por detrás.

Por otro lado, Tomás Vodanovic, alcalde incumbente y militante del Frente Amplio, alcanzó una victoria histórica con el 70% de los votos en la comuna de Maipú, la segunda más poblada del país, convirtiéndose así en el alcalde más votado de la historia del país con 227.693 preferencias. Las victorias de Macarena Ripamonti en Viña del Mar y de Camila Nieto en Valparaíso dejan al Frente Amplio con un conjunto importante de nuevos liderazgos con proyección nacional, a pesar de los más bien pobres resultados globales.

Finalmente, a pesar del sustantivo retroceso experimentado por los partidos de la otrora Concertación, la centroizquierda chilena todavía goza de una presencia importante en comunas más rurales y alejadas de las grandes urbes, en claro contraste con el Frente Amplio y el Partido Comunista. Consecuentemente, en lo que respecta a cargos electos, la centroizquierda continúa siendo un espacio determinante en el campo progresista chileno.

El avance disímil de las derechas
Chile Vamos sin duda se posicionó como uno de los ganadores de la jornada. La coalición obtuvo 122 alcaldías a lo largo del país (35 más que en 2021), 835 concejalías (101 más que en las elecciones pasadas), y se proyecta a conquistar la mayoría de las gobernaciones regionales en la segunda de vuelta de noviembre. No obstante, los avances alcanzados por la coalición pueden ser descritos, en el mejor de los casos, como escuetos. En lo que respecta a concejalías, su crecimiento fue escaso: Renovación Nacional creció un 2,7%, la Unión Demócrata Independiente solo un 0,2% y Evopoli incluso decreció un 2,3%. La coalición además experimentó un descenso en el número total de consejeros regionales electos respecto a 2021 (96 contra 107). Y su crecimiento en materia de alcaldes y concejalías electas tampoco es impresionante, considerando la anomalía que representaron las elecciones municipales de 2021.

Por otro lado, Chile Vamos, a pesar de obtener más alcaldías que el pacto oficialista, no logró superarlo en votos. El progresismo aglutinado en el pacto «Contigo Chile Mejor» alcanzó cerca de 3,5 millones de votos (30,8%), mientras que Chile Vamos obtuvo 3,1 millones (26,6%). A esto se suman dos derrotas inesperadas en lo que hasta este fin de semana eran bastiones de la derecha tradicional: Puente Alto, la comuna más populosa del país, en la que luego de 25 años el independiente de izquierda Matías Toledo destronó a Renovación Nacional del municipio, con una holgada victoria contra Karla Rubilar, exministra del gobierno de Sebastián Piñera. Y Las Condes, bastión de la Unión Demócrata Independiente, en donde la independiente Catalina San Martin derrotó a Marcela Cubillos, candidata respaldada por todo el arco de la derecha y también exministra.

La nota de preocupación, sin embargo, proviene de los avances realizados por Republicanos, el partido de extrema derecha liderado por el otrora candidato a la presidencia José Antonio Kast. A pesar de la sensación general de que Republicanos no obtuvo buenos resultados, dado que solo conquistó 8 alcaldías, un análisis más pausado indica lo contrario. El partido alcanzó 233 concejalías (221 más que en 2021), situándose como el tercer partido más votado, solo detrás de Renovación Nacional y la Unión Demócrata Independiente. Más aún: en términos de votos, es el segundo partido a nivel nacional, con el 13,8%. En las consejerías regionales se repite la historia. Republicanos es el partido con más consejerías regionales (60) incluso por encima de Renovación Nacional (55), categoría en la que se posicionó como el partido más votado de Chile, con el 15,7% de los votos.

Los resultados electorales nos hablan, por tanto, de una derecha tradicional que logró recuperar parcialmente el terreno perdido en 2021, pero por sobre todo de una reconfiguración de fuerzas dentro del sector. En pocos años, el partido Republicano logró evolucionar desde una plataforma electoral pensada para sostener la candidatura presidencial de José Antonio Kast a un partido que se ha consolidado territorialmente a nivel subnacional. A pesar de la poca atención que ha recibido, su avance y consolidación constituyen la principal fuente de preocupación para las fuerzas de izquierda y de centroizquierda del país. 

Desafección política y rechazo a los partidos
Más allá de los resultados alcanzados por los distintos sectores, las recientes elecciones también nos hablan de un electorado desafecto de la política y de los partidos en general. Las victorias del independiente de izquierda Matías Toledo en Puente Alto y de la independiente de centroderecha Catalina San Martin en Las Condes —ninguno de los cuales fue apoyado por los principales partidos del país— son solo dos ejemplos puntuales de lo que fue una verdadera avalancha de candidatos independientes electos. Sin ir más lejos, de las 345 alcaldías en disputa, 103 quedaron en manos de candidatos independientes, sin respaldo formal de ningún partido o coalición. Dicha cifra aumenta a 208 si se consideran además las alcaldías electas independientes con al apoyo de algún partido. A nivel de concejalías, de un total de 2251 escaños, 931 quedaron en manos de independientes.

Sumado a lo anterior, los otros grandes protagonistas de la pasada jornada electoral fueron los votos nulos y blancos, los cuales alcanzaron el 10,7% para las elecciones de alcaldías, 17,8% para gobernaciones regionales, 21,5% para concejalías y un 25,8% para consejerías regionales. En varias localidades, incluso superaron a los pactos electorales más votados. Sin sorpresas, fue precisamente en las comunas populares en donde más personas optaron por no emitir una preferencia por alguna de las candidaturas.

Tanto los votos nulos y blancos como la creciente influencia de los independientes en la política subnacional son indicadores potentes de la crisis del sistema de partidos chileno y su creciente retraimiento territorial en favor de figuras sin militancia política orgánica. Ambos indicadores refuerzan la idea central aquí desarrollada de que ningún sector político logró erigirse como una fuerza gravitante tras las elecciones. Por el contrario, los malos resultados de la izquierda y el progresismo parecieran explicarse mejor por la persistente desafección política, especialmente respecto a los gobiernos de turno, más que por una genuina victoria de las derechas.

Rumbo a las presidenciales
Es imposible abordar las recientes elecciones sin considerar el «costo de la oficina», vale decir, los costos reputacionales y organizacionales asociados a liderar un gobierno. Dicha variable no es menor para partidos como el Frente Amplio, dadas las dificultades orgánicas para sostener un rendimiento electoral estable de los partidos nuevos y de izquierda que además participan de gobiernos.

Por otro lado, tanto en Chile como en Latinoamérica se ha establecido como norma la dificultad de los partidos incumbentes para sostener sus respectivas posiciones electorales. La última vez que un gobierno en Chile logró elegir a uno de los suyos para el siguiente periodo presidencial fue en el año 2005, tras la victoria de la presidenta socialista Michelle Bachelet. La oposición al gobierno de turno, además, ha resultado victoriosa en elecciones locales de manera ininterrumpida desde 2012 a la fecha. Las elecciones recientes municipales y regionales parecieran confirmar esta tendencia.

Lo que también pareciera confirmarse es la existencia de ciertos cambios en el sistema de partidos chileno, con un Frente Amplio que a pesar de sus decepcionantes resultados ha logrado consolidarse como una fuerza importante dentro de la izquierda, una centroizquierda que sigue contando con una importante presencia territorial pero que continúa sumida en una inexorable crisis y un partido Republicano que sigue afianzando se presencia territorial. No obstante, si hay algo que confirman las pasadas elecciones es la centralidad de la independencia política en el marco de un sistema de partidos profundamente desacreditado y cada vez menos gravitante a nivel comunal.

Los comicios no arrojaron victorias inapelables y ningún sector político puede afirmar representar el sentir mayoritario del país, más allá de adhesiones circunstanciales. A pesar del claro avance de las derechas, y en particular de su versión más extrema, Chile y en particular sus sectores populares todavía están lejos de demandar un proyecto neoliberal como el representado por la actual oposición.

Las elecciones presidenciales del próximo año, por tanto, se encuentran abiertas, y la izquierda junto con el resto del progresismo chileno tienen tiempo de revertir la tendencia electoral que vienen arrastrando desde el plebiscito constitucional de 2022. Quizás el desafío más acuciante sea saber conectar con el sentir de los millones de nuevos votantes que fueron integrados tras la introducción del voto obligatorio y que en su mayoría provienen de aquellos sectores populares que la izquierda dice representar. 

[*] El análisis precedente utilizó como principales fuentes de información el Servicio Electoral de Chile (SERVEL) y la plataforma Decide Chile.

Juan Pablo Orrego. Investigador doctoral en Política por la Universidad de Edimburgo e investigador de Nodo XXI.

8. Cómo podría ser la política económica de Trump

Imagino que acabaría haciendo lo que le mandasen, pero este es el pronóstico de la posible política económica de Trump, si gana, en base a su presidencia anterior. Con cosas como eliminar el impuesto sobre la renta, la desregulación del trabajo infantil, y la persecución de la izquierda -como se anuncia en otro artículo de Jacobin- todo tiene un aroma tan decimonónico pero en un marco de capitalismo crepuscular, que tengo curiosidad por ver cómo avanzamos en la autoextinción. https://jacobinlat.com/2024/

Trumponomics Doug Henwood

¿Qué tipo de política económica podríamos esperar de un segundo mandato de Trump?

No es fácil decir cómo sería la política económica de Donald Trump si lograra un segundo mandato presidencial, ya que a menudo se limita a lanzar cualquier idea que se le pasa por la cabeza. En el ámbito económico, está la idea de «no aplicar impuestos a las propinas» (que Kamala Harris plagió rápidamente), pero lo más importante es su cambio de opinión sobre las criptomonedas. Seis meses después de dejar el cargo en 2021, denunció a Bitcoin como «una estafa… otra moneda que compite contra el dólar», que reveló que quería ser «la moneda del mundo». Un par de años antes, había señalado que el cripto era un reino plagado de crimen «basado en el aire». Las cosas cambiaron. En un mitin sobre Bitcoin en julio de 2024 en Nashville, Tennessee, halagó a los asistentes como «individuos de alto coeficiente intelectual» y a la moneda como un «milagro de la humanidad». Prometió que haría que «se disparara como nunca, incluso más allá de sus expectativas». Incluso fantaseó con pagar la deuda nacional, ahora de 35 billones de dólares, con Bitcoin, cuyo valor total ronda los 1,1 billones de dólares.

No hay duda de que vio votos en esa multitud de alto coeficiente intelectual y, quizás lo más importante, posibles contribuciones de campaña entre sus beneficiarios, que han estado arrojando grandes sumas a la política. Pero lo que realmente lo hizo cambiar de opinión fueron las «imágenes halagadoras de sí mismo», según un artículo de Bloomberg. «En pocas palabras, se enamoró de Trump-themed nonfungible-tokens [sic] (tokens no fungibles inspirados en Trump) —y de sus partidarios que los compraron—, una pasión se transformó en una apreciación más amplia de la industria, de acuerdo con los iniciados que observaron la evolución cripto de Trump.»

El fin del impuesto sobre la renta
En el núcleo de la agenda económica de Trump, que es lo que le permite a muchos capitalistas pasar por alto su volatilidad y vulgaridad, están los recortes de impuestos y la desregulación. Un segundo mandato de Trump significaría más de ambos, aunque los detalles, como suele ocurrir con el candidato, son esquivos.

Sus propuestas fiscales fueron de otro mundo. La primavera pasada, propuso un arancel general del 10% y un arancel del 60% sobre las importaciones chinas (junto con recortes del impuesto sobre la renta, pero todavía no su abolición total). Según un documento publicado por el Instituto Peterson de Economía Internacional, ese paquete reduciría los ingresos después de impuestos en aproximadamente un 3,5% para los hogares de la mitad inferior de la distribución de ingresos y le costaría al hogar medio un 2,7%, el equivalente a 1.700 dólares.

Pero esto no era lo bastante radical. En una reunión de junio con congresistas republicanos, Trump propuso eliminar por completo el impuesto sobre la renta y sustituirlo por un fuerte aumento de los aranceles. Con ello, la estructura de los ingresos federales retrocedería al siglo XIX, cuando los aranceles representaban entre el 80% y el 90% de la recaudación total y no existía el impuesto sobre la renta. Pero, aparte de las guerras ocasionales, el gobierno federal era pequeño entonces y no necesitaba de muchos ingresos. Eso dejó de ser así hace casi un siglo.

¿Cómo serían los ingresos federales con el canje completo de Trump? Serían mucho más escasos. Los impuestos sobre la renta de las personas físicas representan casi la mitad de los ingresos federales totales. (Los impuestos a las sociedades, que Trump quiere recortar aún más, representan otro 9%.) Los derechos de aduana existentes, que son técnicamente diferentes de los aranceles, representan menos del 2%.

Cálculos aproximados muestran que el gravamen del 60% sobre las importaciones chinas y el 10% sobre el resto de las importaciones ni siquiera se acercarían a reemplazar los ingresos perdidos del impuesto sobre la renta; una simulación sugiere que el paquete produciría ingresos equivalentes a sólo el 28% de la recaudación actual. Esto reduciría los ingresos federales en un tercio y duplicaría el déficit. Es muy difícil imaginar que sea políticamente posible compensar recortes del gasto de esa magnitud.

Estas simulaciones de ingresos suponen que las importaciones se mantendrían sin cambios ante el aumento de los aranceles, lo que por supuesto no ocurriría. Tampoco abordan las consecuencias distributivas de un cambio de un impuesto progresivo sobre la renta a un impuesto regresivo sobre el consumo, que es lo que son los aranceles, al menos en parte. La simulación de esta propuesta realizada por el Instituto Peterson concluyó que reduciría un 9% los ingresos de la quinta parte más pobre de la población, un 5% los de la quinta parte intermedia y que añadiría un 14% a los ingresos del 1% más rico.

Una nueva era de aranceles
Trump tiene un historial con los aranceles. Venía agitando el tema hace años, hasta que finalmente consiguió imponerlos a las importaciones de acero y aluminio de la mayoría de los países en marzo de 2018 y a las importaciones de China, en cuatro etapas, entre 2018 y 2019. También impuso duros aranceles a los paneles solares y a las lavadoras. Los aranceles a los metales fueron recibidos con alegría por los siderúrgicos estadounidenses, pero el resultado no se pareció en nada a lo que esperaban Trump y sus partidarios. El empleo y la producción no prosperaron, y, en particular, las medidas contra China provocaron represalias que golpearon las exportaciones agrícolas estadounidenses.

No es evidente quién paga los aranceles. Los seguidores de Trump dicen se cubren a costa de las empresas y los países exportadores, pero esa opinión no está muy extendida. La mayoría de los estudios muestran que afectan a los compradores de bienes importados, aunque hay cierto desacuerdo sobre qué parte exacta del aumento de los costos se refleja en precios más altos. Un documento de trabajo de 2020 de la Oficina Nacional de Investigación Económica concluye, al igual que estudios anteriores, que «los aranceles estadounidenses siguen siendo soportados casi en su totalidad por las empresas y los consumidores estadounidenses». Los autores, Mary Amiti, Stephen J. Redding y David E. Weinstein, señalan que los productores no chinos bajaron sus precios para ganar cuotas de mercado, calificando esto de «buena noticia para las empresas estadounidenses que demandan acero, pero mala para los trabajadores que esperan que los aranceles al acero devuelvan el empleo. (…) La producción de acero de Estados Unidos solo aumentó un 2 por ciento anual entre el tercer trimestre de 2017 y el tercer trimestre de 2019 a pesar de los aranceles al acero del 25 por ciento».

Mark Zandi, economista jefe de Moody’s Analytics, estimó en 2019 que, un año después, los aranceles habían costado a Estados Unidos 88.000 millones de dólares y 340.000 empleos. Este tipo de estimaciones suelen sonar sospechosamente precisas, pero casi todos los que estudiaron el asunto llegado resultados similares, y pocos concluyeron lo contrario. Como era de esperar, la Administración Trump, liderada por el economista Larry Kudlow —alguien que casi siempre se equivoca—, afirmó que había ganancias económicas, pero se negó a mostrar su trabajo.

La respuesta de China dolió. Un artículo de Bloomberg de diciembre de 2019 sobre las secuelas de la guerra comercial con China citaba, como ejemplo de daños colaterales, el caso de Northwest Hardwoods, un exportador de madera que sufrió un descenso del 40% en sus pedidos como consecuencia de las represalias de China. La empresa cerró plantas y despidió a trabajadores. Los agricultores se vieron especialmente afectados. Un año después de que Trump abriera el frente agrícola de la guerra comercial en julio de 2018, un representante de la American Farm Bureau Federation le dijo al Hill que habían «perdido la gran mayoría de lo que una vez fue un mercado de 24 mil millones de dólares en China».

Los aranceles no lograron equilibrar el comercio con China ni estimular el empleo. Desde 2016, el año antes de que comenzaran las guerras comerciales, hasta 2019 (justo antes de que COVID-19 rompiera todo), las importaciones estadounidenses de China cayeron un 3%, pero las exportaciones cayeron un 8%. Y aunque el aumento de los precios de las importaciones de China desalentó modestamente las ventas, también desplazó la demanda a otros exportadores como Vietnam. En general, desde principios de 2017 hasta finales de 2019 (desde el inicio de Trump hasta justo antes del inicio de COVID), las exportaciones reales aumentaron un 4,8%, las importaciones reales aumentaron un 5,3% y el déficit comercial aumentó un 7,6%.

El empleo en metales básicos representa una parte muy pequeña del empleo estadounidense y los aranceles no tuvieron ningún efecto visible en él. Tanto el acero como el aluminio experimentaron fuertes pérdidas de empleo en las décadas de 1990 y 2000 (el acero se redujo un 55% y el aluminio un 50%, mientras que el empleo global aumentó un 19%), pero después se estabilizaron en niveles muy bajos. En febrero de 2010, cuando el empleo tocó fondo tras la Gran Recesión, el hierro y el acero representaban el 0,06% del empleo total. En marzo de 2018, el mes en que se anunciaron los aranceles, el sector seguía representando solo el 0,06% del empleo total. En febrero de 2020, víspera de la pandemia, esa cifra era de nuevo del 0,06%. Y en junio de 2024, seguía en el 0,06%. Las cifras de empleo en el aluminio son muy similares. Los aranceles tampoco estimularon la producción nacional. Entre marzo de 2018 y diciembre de 2019, la producción de acero cayó un 6,1% y la de aluminio un 3,7%.

Sin embargo, a Trump le gustaría probar con más aranceles.

Proyecto 2025
¿Qué más podríamos esperar? Ahondando en la cámara de los horrores conocida como Proyecto 2025, el anteproyecto de la Fundación Heritage para una nueva administración presidencial de derecha —del que Trump afirma no saber nada, aunque muchos de sus autores trabajaron para él—, encontramos una ambiciosa agenda reaccionaria, aderezada con piedad y valores decimonónicos. Está lleno de palabras que les encantan a los conservadores fiscales, como «racionalizar» y «flexibilidad» (cada una aparece 43 veces), que son términos amables para dejar que las empresas hagan lo que les dé la gana.

El capítulo sobre el Departamento de Trabajo y las agencias reguladoras relacionadas se abre con «la resolución de reclamar el papel de cada trabajador estadounidense como protagonista de su propia vida y de restaurar la familia como eje central de la vida estadounidense» y, sólo unas líneas después, pasa a recomendar la «tradición judeocristiana, que se remonta al Génesis». Eso significa derogar la «agenda de ingeniería social de izquierda asertiva» que actualmente encarna el Departamento de Trabajo de Estados Unidos y reducir la regulación. Los primeros puntos de acción específicos son «revertir la revolución DEI» (siglas de Diversity, Equity, and Inclusion: Diversidad, Equidad e Inclusión) y «eliminar las capacitaciones en teoría crítica de la raza». Nada de ingeniería social aquí. El plan suprimiría las normas contra la discriminación y flexibilizaría las que regulan el pago de horas extra, especialmente en el «sudeste», la antigua Confederación. Desregularía el trabajo infantil y fomentaría «alternativas a los sindicatos, cuya politiquería y enfoque contencioso atrae a pocos». Pero hay excepciones al impulso desregulador: El Proyecto 2025 endurecería las normas para los trabajadores inmigrantes y avanzaría hacia la exigencia de que el 95% de los empleados de los contratistas federales sean ciudadanos estadounidenses.

Los capítulos siguientes proponen una política comercial más agresiva, es decir, aranceles y otras barreras comerciales, especialmente contra China, asumiendo aparentemente que Trump no se esforzó lo suficiente la última vez. El capítulo de Peter Navarro sobre comercio es enérgicamente belicoso al instarnos a luchar contra la «amenaza existencial planteada por el Partido Comunista Chino (PCCh) en su búsqueda del dominio global». (La abreviatura «PCCh» aparece 41 veces.) Curiosamente, sin embargo, el manifiesto de Navarro va seguido de una disensión: una defensa del libre comercio por Kent Lassman, presidente del libertario Competitive Enterprise Institute. Lassman declara que el experimento arancelario fue un costoso fracaso que enfureció a los aliados de EE.UU. y no obtuvo concesiones de China; en lugar de repetirlo, argumenta, debería reformarse la política para asegurar que no vuelva a ocurrir. Evidentemente, hay algunas tensiones dentro de la coalición de Trump.

Los autores del Proyecto 2025 también disolverían la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), porque es el núcleo de la «industria de la alarma sobre el cambio climático», privatizarían el Servicio Meteorológico Nacional (una agencia dentro de la NOAA) y «alinearían la misión de la Oficina del Censo con los principios conservadores», invirtiendo el largo aislamiento de las agencias federales de estadística de la política. Purgarían al Tesoro de su agenda «woke». (Promoverían la «competencia fiscal» en lugar de un «cártel fiscal internacional», lo que significa eliminar los esfuerzos internacionales para evitar la evasión fiscal y acabar con los paraísos fiscales. Reducirían la progresividad del impuesto sobre la renta y recortarían los tipos de sociedades y de las plusvalías. A partir de ahora, para subir los impuestos se necesitaría una mayoría de tres quintos en el Congreso. También retirarían a Estados Unidos del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, no porque hayan sido agentes de austeridad punitiva durante décadas, sino porque son «contrarios a los principios estadounidenses de libre mercado y gobierno limitado» y promueven «impuestos más altos y un gran gobierno centralizado». Los países que vivieron la crisis de la deuda latinoamericana de los años 80 y la crisis del euro de los años 2010 se sorprenderían de estas caracterizaciones.

Profundizando, encontramos propuestas para revisar el sistema financiero, concretamente mediante una desregulación radical —básicamente dejar que los bancos hagan lo que quieran— al mismo tiempo que se reduce radicalmente la Reserva Federal. El capítulo sobre la Reserva Federal es surrealista. Señala que desde que se creó la Fed en 1913, hubo una recesión cada cinco años, lo que es aproximadamente correcto. Lo que no menciona es que, entre 1854 (cuando comienzan las estadísticas oficiales) y 1913, hubo una cada dos años, y que las expansiones duraron sólo ligeramente más que las recesiones, a diferencia del periodo posterior a 1913, en el que las expansiones fueron cuatro veces más largas que las recesiones. Desde 1945, fueron seis veces más largas. Sí, la Fed (junto con el resto del gobierno) fue absurdamente indulgente a la hora de rescatar a los financieros cuando se meten en problemas, pero la respuesta a ese problema es regularlos y supervisarlos estrictamente, no traer de vuelta el régimen de pánicos y depresiones que prevaleció durante el siglo XIX y principios del XX. El crack de 1929, durante el cual la joven Reserva Federal no hizo prácticamente nada, no es un modelo inspirador casi un siglo después.

Destrucción creativa
Otra fuente sobre cómo podría ser el segundo mandato de Trump es el America First Policy Institute, descrito por el Financial Times como «la “Casa Blanca en espera” de Trump» (donde Larry Kudlow ejerce de vicepresidente, rodeado de antiguos alumnos de la primera administración de Trump). El material de la página web es más bien escaso, sin embargo, e incluye artículos de opinión sobre economía de fuentes tan rigurosas como el Daily Mail y el Daily Caller. Sus recetas pueden resumirse fácilmente: perforar, desregular, recortar impuestos, recortar gastos, promover el dinero sensato (y no la política climática y la DEI), dejar de subvencionar a los sindicatos federales y subir los aranceles. El sitio está lleno de quejas sobre cómo la deuda federal aumentó con Joe Biden (es cierto, pero aumentó mucho más rápido bajo Trump, gracias en gran parte a sus recortes de impuestos de 2017, que agregaron casi $ 2 billones al déficit). Y como a Trump le gustaría ampliar y profundizar esos recortes fiscales, es difícil ver cómo la deuda no volvería a aumentar. La única alternativa serían profundos recortes del gasto que resultaron políticamente imposibles en el pasado. Pero como estos déficits se destinarían a financiar recortes fiscales de alto nivel en lugar de subsidios por hijos, están bien.

Un comodín en todo esto es el posible vicepresidente J. D. Vance y sus posturas populistas. Un vicepresidente no tiene mucho poder, pero Trump tiene 78 años y no está, al menos a simple vista, en su mejor forma física, por lo que no es descabellado que Vance pueda ascender. Vance —cuyo ascenso se vio favorecido por la financiación de Peter Thiel, el multimillonario de la tecnología que cree que la democracia se acabó— hizo mucho ruido a favor de los trabajadores e incluso visitó un piquete, pero es difícil ver aquí algo más que afectación. (La visita al piquete tuvo lugar durante la huelga de United Auto Workers del otoño pasado contra las Tres Grandes; la aparición de Vance provocó que la representante de Ohio, Marcy Kaptur, le preguntara: «¿Es la primera vez que viene?». «Sí», respondió él). A pesar del disfraz de piquetero, Vance no parece muy pro-sindicatos, y su idea de impulsar el poder de la clase trabajadora parece girar en torno a respaldar el plan de Trump de sellar las fronteras y deportar a diez millones de trabajadores indocumentados.

Pero todo esto son especulaciones fundadas. El currículum de Trump como gestor nos hace preguntarnos cuánto podría conseguir. Su primera administración fue caótica. No estaba preparado para ganar e improvisó durante su mandato. Hubo una inmensa agitación en su gabinete: la rotación, según un recuento de la Brookings Institution , fue siete veces mayor que la de Biden y cinco veces mayor que la media desde Ronald Reagan hasta Barack Obama. Un segundo mandato podría ser más estable, con una agenda inspirada en el Proyecto 2025 y un equipo formado por tecnócratas y agitadores de derechas experimentados. Por otra parte, Trump seguiría en la cima, por lo que podríamos tener un extravagante drama de decadencia imperial.

Doug Henwood es editor de «Left Business Observer» y presentador de «Behind the News». Su último libro es «My Turn».

Observación de Joaquín Miras:
Una vez, durante los años 80, en una charla, le escuché al profesor Josep Fontana, que por aquel entonces venía a institutos -nocturno de BUP Eugeni D´Ors de Badalona- a dar charlas, que las sociedades siempre tenían sistemas -no sé si esa fue la palabra- de redistribución de la renta: o mediante los impuestos o por las esquinas, con una navaja. Bueno, parece que se empeñan en ir a la guerra civil.

9. Urbanismo y curso de los ríos

La prensa internacional ha prestado mucha atención a lo sucedido en Valencia, como no podía ser menos. Entre los artículos publicados, me ha gustado esta entrevista a un urbanista, aunque no diga nada que no hayamos leído ya también en España. De hecho, sobre el riesgo de inundación en esa zona, es muy clarificador el vídeo de Isaac Moreno, que ha hecho un aparte en sus vídeos sobre ingeniería antigua para explicar brevemente por qué se ha producido la catástrofe. Aunque creo que se equivoca en su propuesta final de más embalses, aunque no sé mucho de eso: https://www.youtube.com/watch?

https://reporterre.net/

Inundaciones en España :» Estamos pagando 150 años de urbanización brutal «

La violencia de las inundaciones en el sureste de España es un reflejo del cambio climático, pero también la consecuencia de una expansión urbana que no tuvo en cuenta el agua, explica el urbanista Clément Gaillard.

Las violentas inundaciones que asolaron la Comunidad Valenciana, en el sur de España, el martes 29 y el miércoles 30 de octubre dejaron al menos 205 muertos y causaron cuantiosos daños, según cifras provisionales.

Urbanista especializado en diseño bioclimático y adaptación al cambio climático, Clément Gaillard detalla para Reporterre las razones por las que el terreno parecía propicio para semejante catástrofe.

Reporterre – Llovieron más de 400 mm de agua en pocas horas en lugares de los alrededores de Valencia, una cantidad que no se veía desde septiembre de 1996 (520 mm en 24 horas). Durante estos fenómenos extremos, ¿es inevitable que se produzcan inundaciones?

Clément Gaillard – Está claramente documentado que estas lluvias excepcionales aumentarán en frecuencia debido al calentamiento global. Desde este punto de vista, lo que está cayendo sobre nuestras cabezas es efectivamente una fatalidad para la que vamos a tener que prepararnos.

Pero hay algo que sí sabemos, y es cómo gestionar estos fenómenos extremos, en términos de ordenación del territorio, desarrollo urbano y tratamiento del suelo.

Valencia se encuentra al final de una gigantesca cuenca hidrográfica. Recoge toda el agua que no puede infiltrarse río arriba. Antes había zonas de amortiguación en las afueras de la ciudad, pero entre 1956 y 2011 se destruyeron 9.000 hectáreas de huerta valenciana, es decir, dos tercios de su superficie, como ha demostrado el geógrafo Víctor Soriano. Es decir, casi el tamaño de París. Esta urbanización, cercana a zonas propensas a las inundaciones, ha aumentado la vulnerabilidad.

Tras las grandes inundaciones de 1957, el Ayuntamiento de Valencia desvió el cauce del río Turia, desarrollando un nuevo cauce de 12 kilómetros que circunvala la aglomeración por el sur….

Este planteamiento era típico de las prácticas de la época. Canalizábamos los ríos, en grandes caños enterrados o al aire libre. Salvo que el ciclo vital de un río, en su estado natural, nunca es completamente regular. Se mueve en su cauce mayor. Sería un error intentar forzarlo.

En cambio, en Ginebra (Suiza) se ha decidido hacer lo contrario, con una renaturalización de los cursos de agua, en particular del Aire. El río se desviará hacia una zona donde podrá retomar su curso natural, sin imponerle ninguna forma ni trayectoria predefinidas.

¿Es España un caso especial?

Zonas urbanas que se han desarrollado de forma un tanto anárquica, cerca de zonas inundables o en cauces de ríos importantes, las encontramos por todo el mundo. Esto refleja una época en la que la urbanización se llevaba a cabo sin tener en cuenta las cuestiones relacionadas con el agua. Tratábamos el agua de lluvia como un residuo. Estamos pagando 150 años de urbanización brutal.

¿Qué hay que hacer concretamente ?.

Esta es toda la cuestión de la planificación urbana. Si tenemos dinero, podemos urbanizar el terreno, las superficies y los edificios. En la medida de lo posible, los nuevos proyectos de desarrollo deben tener en cuenta estas cuestiones. Y tenemos la oportunidad de desarrollar lo que ya existe. Algunas zonas comerciales se están desertificando. Podemos transformarlas para hacerlas más porosas y mejor adaptadas.

Desde los años setenta, se ha desarrollado un contramodelo, con » gestión integrada de las aguas pluviales». Frente a la voluntad de canalizar el agua, este método trata de que los espacios públicos que imaginamos puedan actuar como depósito o espacio de amortiguación para retener el agua de lluvia en caso de inundación. Si observamos que una calle se convierte en un torrente, debemos diseñarla de forma que pueda servir de torrente en caso de un episodio extremo.

Pero si no tenemos dinero, como suele ocurrir, hay que desarrollar una cultura del riesgo. Como en Japón, donde, desde la escuela, se forma a cada ciudadano en los reflejos a adoptar en caso de terremoto o tsunami. Se trata de aprender a vivir con el riesgo. Ante el riesgo de inundaciones, esto debería llevarnos a revisar nuestra ocupación de las plantas bajas, asegurándonos de que dejen de estar habitadas en zonas inundables. En Tours, por ejemplo, un colectivo de artistas organizó una operación » jour inondable», simulando que había una inundación. La gente durmió en un gimnasio, para imitar el acontecimiento y prepararse para él.

Lo mejor sería seguir estos dos caminos. Revisar nuestra planificación y desarrollar una nueva cultura del riesgo. Con el cambio climático, nos encontraremos en cualquier caso con volúmenes de precipitaciones nunca previstos.
Con cada nueva inundación, parece que nuestro reflejo es reforzar los diques: ¿deberíamos revisar esta práctica ?.

Este puede ser un caso típico de mala adaptación: prevemos soluciones a los efectos del cambio climático que simplemente desplazan el problema. Es una cuestión filosófica importante saber si podemos adaptarnos sin desplazar el problema.

Sin embargo, esta precaución relativa a los diques depende de la zona de que se trate: los Países Bajos, por ejemplo, no pueden existir sin diques, porque muchas zonas están por debajo del nivel del mar. Lo importante es que las políticas de planificación tengan en cuenta las cuestiones hidrológicas, lo que suele ser el caso de los proyectos urbanísticos en los Países Bajos y Alemania.

¿Es la ciudad, por su propia naturaleza, inadecuada para el cambio climático ?.

Por el contrario, la proximidad de las instalaciones en las ciudades contribuye a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero al limitar la necesidad de transporte. Agruparse en ciudades es una estrategia que el ser humano ha adoptado durante milenios para simplificar las cosas. Pero si hacemos nuestras ciudades más densas, corremos el riesgo de reducir la cantidad de terreno abierto. Es decir, las zonas que permiten la infiltración del agua.

Por eso hay que hacer las ciudades más altas. Pero vivir en bloques de pisos está menos aceptado. Así que tenemos que adaptar este modelo lo mejor que podamos. En eso consiste el urbanismo: en encontrar compromisos entre todas las cuestiones. Nunca tenemos una respuesta ideal, pero al menos debemos ser capaces de diseñar con pleno conocimiento de causa.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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