(Página herida) La persistencia del COVID persistente

El gobierno israelí, respaldado por Estados Unidos, reanudó sus intensos ataques genocidas contra Gaza a primera hora de la mañana del martes [18/03], desatando una oleada masiva de ataques militares indiscriminados en toda la Franja y matando a más de 410 personas, entre ellas decenas de niños y mujeres, según funcionarios locales de sanidad. La masacre supuso una de las mayores cifras de víctimas mortales en un solo día de los últimos 17 meses, y en ella murieron también varios miembros del gobierno de Gaza y un miembro del buró político de Hamás. La administración Trump dijo que fue informada antes de los ataques, que comenzaron aproximadamente a las 2 de la madrugada hora local, y que Estados Unidos apoya plenamente los ataques de Israel.
«El cielo se llenó de drones, cuadricópteros, helicópteros, aviones de guerra F-16 y F-35. Los disparos de los tanques y vehículos no cesaban», declaró Abubaker Abed, periodista colaborador de Drop Site News que informa desde Deir al-Balah, Gaza. «Anoche no podía dormir. Sentía una punzada en el corazón de que algo horrible iba a ocurrir. A las 2 de la madrugada, intenté cerrar los ojos. Cuando ocurrió, cuatro explosiones sacudieron mi casa. El cielo se tiñó de rojo y se cubrió de columnas de humo». Abubaker dijo que los ataques de Israel comenzaron anoche con cuatro impactos en Deir al-Balah. «Los lamentos de las madres y los gritos de los niños resonaban dolorosamente en mis oídos. Atacaron una casa cercana. No sabía a quién llamar. No sentía las rodillas. Temblaba de miedo y mi familia se despertó bruscamente», cuenta. «Mi madre no podía respirar. Mi padre me buscó por todas partes. Nos reunimos en medio de nuestra casa, sabiendo que nuestro fin podía estar cerca. Es la misma sensación que hemos tenido durante los 16 meses de intensos bombardeos y atentados. La pesadilla nos vuelve a perseguir».
Abubaker Abed y Jeremy Scahill

Crónica anunciada de la destrucción planificada del alto el fuego, un alto el fuego que, de hecho, nunca ha estado vigente. Basta pensar en lo ocurrido en Cisjordania (también en Gaza) en estos últimos meses. El genocidio continúa. EEUU, por supuesto, ha apoyado las nuevas actuaciones criminales del Estado sionista y colonialista. Trump y Netanjahu: acuerdo sin fisuras, tal para cual.

Jonathan Cook ha desenmascarado las excusas dadas por Israel:
1. Israel dice que está tratando de obligar a Hamás a liberar a los cautivos en Gaza. “Lo que demuestra la vuelta de Israel al genocidio es que el gobierno israelí prefiere matar al resto de cautivos -vaporizándolos con el último cargamento de bombas de 2.000 libras de Trump- antes que hacer una concesión para garantizar su liberación o poner cualquier limitación a su capacidad de masacrar a la población de Gaza”.
2. Israel afirma que Hamás estaba rearmándose y planeando un nuevo ataque. “Como siempre, Israel invierte la verdad. Fue Israel quien fue rearmado por la administración Trump con las bombas que ahora destrozan a los niños de Gaza. Hamás -aislado del mundo exterior- no tenía ninguna ruta obvia para rearmarse”.
Su conclusión (que es fácil compartir):
En otras palabras, Israel miente descaradamente sobre sus razones para reanudar la matanza. Miente como lo ha hecho una y otra vez durante los últimos 18 meses. Israel siempre tuvo la intención de reiniciar el genocidio tan pronto como la administración Trump hubiera podido atribuirse el mérito de negociar el alto el fuego. Entonces podrían trabajar juntos para inventar una nueva serie de pretextos -basados en mentiras sobre quién estaba violando el alto el fuego- para justificar por qué había que asesinar a más niños de Gaza”.
Desde luego, concluye Cook, “Joe Biden y sus funcionarios deben ser juzgados en La Haya por los primeros 15 meses del genocidio. Pero son Trump y su administración los responsables de cada muerte palestina de aquí en adelante.” Por ejemplo, las 400 muertes del pasado martes.
¡Todos en pie de paz y resistencia! No desesperemos. ¡Acudamos a las manifestaciones y concentraciones que se vatan convocando (Esta tarde de miércoles hay una convocada a las 19:30 en la Plaza Sant Jaume de Barcelona). ¡Palestina en el corazón! ¡Presionemos a los gobiernos central y autonómicos para que rompan relaciones comerciales y militares con el Estado colonialista y criminal!

Sobre el irresponsable y belicista rearme de la UE-27 y de Inglaterra (¡más poder al complejo militar-industrial), será de su interés este artículo, lleno de coraje y crítica, de Pedro Costa Morata: “De aquellos traidores que nos metieron en la OTAN a estos irresponsables que nos llevan a la guerra” (https://www.elsaltodiario.com/opinion/traidores-nos-metieron-otan-irresponsables-nos-llevan-guerra.) Una de sus consideraciones:Imposible no evocar ante este arrebato guerrero europeo que las viejas potencias imperiales —Reino Unido y Francia en primer lugar, pero también Alemania, Holanda, Bélgica, Italia y España en menor medida— siempre parecen dispuestas a la guerra y a ignorar sus fracasos históricos, así como los inmensos daños que han ocasionado a la Humanidad. En su cerrada opción por la guerra en Ucrania, en cierto modo “imperial”, subyace la absurda intención de sustituir a Estados Unidos en sus veleidades imperialistas (al menos en esta ocasión), sabiendo que fue la potencia norteamericana la que a su vez y en su momento sucedió a las europeas, y sin aceptar que el antiguo papel hegemónico de unas y otras ya es irrecuperable”.
Ante el hecho, inevitable y deseable, de que el movimiento por la paz se alce contra este desvarío, concluye Costa Morata, “la izquierda entera será puesta a prueba, echándosele en cara su reconversión belicista por mor de un atlantismo que nos lleva hacia el desastre.”

Cojo el hilo de la página. Una previa… que pueden saltarse, enésima repetición de lo mismo.

El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) ha rechazado un recurso de la Generalitat que pedía revocar el 25 % de castellano en una docena de escuelas por la “imposibilidad legal” de aplicar esa cuota con la nueva ley (acordada para el caso, que no fija porcentajes en la enseñanza de las lenguas oficiales). No es la primera vez. En varias resoluciones, el alto tribunal catalán ha acordado inadmitir a trámite los recursos de casación que presentó la Generalitat para pedir que no se apliquen las sentencias que obligaban a impartir un 25 % de clases en castellano, a la luz de la ley de 2022, que está revisando el Tribunal Constitucional.
Efectos prácticos: cero, nada cambiará.
Ese 25%, recordemos, se concretaría en la explicación de una asignatura en castellano (aparte de la lengua o la literatura castellanas cuando se imparten, que no es siempre). Según la Generalitat, ni la Constitución, ni el Estatut, ni la legislación nacional en materia educativa imponen un modelo de porcentajes sobre el uso de las lenguas en la escuela. Pseudoargumentos de leguleyos.
En síntesis: neta refutación del “todo fluye”, nada cambia en este nudo. Mientras siga vigente la hispanofobia en buena parte de las instituciones y partidos catalanes, además de medios de inculcación de ideas y postulados “indiscutibles”, sumada a la consideración del castellano no lengua no propia (impropia hablando con claridad) de Cataluña, la inmersión lingüística no voluntaria seguirá en pie de “acción nacionalizadora” y sin ninguna modificación razonable. Ni en una coma.

Vayamos al COVID-19 persistente.

Recordemos a las personas fallecidas, a los amigos y familiares que ya no están entre nosotros. A las personas que sufrieron situaciones límites sin muchos poyos. En algunos casos, siguen sufriendo secuelas.

Recordemos nuestros aplausos, nuestra admiración por la entrega y dedicación del personal sanitario. Recordemos nuestras palabras sobre los riesgos de los trabajadores que desempeñaban tareas imprescindibles y sus malas (a veces pésimas) condiciones laborales (trabajadoras de residencias, de supermercados, de transportes, etc).

Recordemos nuestro decir de aquellos días, nuestros deseos de mejora, nuestros compromisos de futuro: no se puede repetir la situación de desamparo; debemos proveernos de medios esenciales (de mascarillas, por ejemplo); debemos dotar de más medios a los sistemas públicos de salud; con la salud no se juega. La salud, la salud de todas y todos, es esencial.

Queríamos ser mejores, queríamos que nuestras sociedad fuera una sociedad buena (no digo enriquecida).

Recordemos también nuestras críticas (que se han vuelto a repetir estos días con argumentos razonables) a determinados protocolos que generaron el abandono de muchas personas mayores (mayores que no tenían seguros privados).

Recordemos también la acción de algunos sectores de la medicina privada, muy lejos de la primera línea del frente de batalla.

No olvidemos lo que no debe ser olvidado. Volvamos la vista a la situación en la que nos encontramos.

Personas que conocen el tema han manifestado que la situación está lejos de haber mejorado sustantivamente. Afirman que estamos igual o incluso peor, que hemos aprendido poco, apenas nada, que hemos olvidado pronto, muy pronto. Que aquellas palabras fueron bellos deseos que jamás se concretaron, jamás tomaron pie en la realidad. Palabras que la desmemoria y el viento huracanado se ha llevado de nuevo.

Sea como fuere, no estamos condenados a repetir errores y decires inconsistentes. No podemos cegarnos ante lo más evidente, debemos rectificar. Recordemos nuevos nobles propósitos, no caigamos en el “todo seguirá igual.”

Tenemos frente a nosotros un problema, un enorme problema de salud pública, que debe merecer nuestra máxima atención. Se calcula que en el mundo hay 60 millones de personas afectadas por el COVID persistente. En nuestro país, entre dos y tres millones o más, los números bailan. Son personas enfermas (¡el COVID persistente no es una invención, no es una neura, no es un “problema psicológico”!) que merecen la atención a ellas debida. Según estudios, una de cada cuatro personas infectadas con SARS-CoV-2 padece o ha padecido COVID persistente.

Son muchos sus síntomas. Se habla de unos 200: respiratorios, neurológicos, digestivos, fuertes dolores musculares, temblores, erupciones cutáneas, patologías en los oídos, ojos y garganta, síntomas generales como fatiga, cansancio, agotamiento, alteración del sueño. Y nuevos síntomas. Y es diversa la situación de las personas enfermas (un porcentaje elevado de ellas son mujeres): desde aquellas que no sufren una alteración sustantiva de su hacer diario hasta otras que se ven impedidas de realizar tareas básicas del día a día.

En el caso de Cataluña, no tengo una información contrastada sobre la situación del resto de España, solo hay una unidad especialiazada. Se ubica en el Hospital Germans Trias i Pujol (Can Ruti) de Badalona. Es el único hospital de referencia para las personas enfermas. Muchas, muchas personas afectadas para solo un centro especializado. Por mucha que sea la entrega del personal sanitario, no pueden llegar a todo y a todos.

El personal médico y sanitario va avanzando poco a poco en el conocimiento de la enfermedad a partir de los síntomas y explicaciones de los propios enfermos. Hay en marcha vías de investigación y experimentación, cuyos resultados (positivos o negativos) no serán inmediatos.

Hay varios colectivos, varias asociaciones de personas afectadas. El pasado sábado de concentraron a las puertas del Hospital Clínic de Barcelona (también en otros lugares de España como Zaragoza y Madrid).

Hasta hace muy poco eran un colectivo invisible. Apenas se hablaba de ellos. No existían. Recientemente han empezado a aparecer noticias sobre la enfermedad y los enfermos en la prensa y en otros medios informativos. Es importante, muy importante. Más allá de lo que se diga en las redes, los medios son un camino de información y concienciación social. No hay que cesar en el empeño, la persistencia es aquí una virtud necesaria.

Los tribunales médicos no suelen fallar a favor de las personas enfermas. Tal vez tengan instrucciones para no conceder la invalidez, incluso a personas totalmente impedidas para realizar tareas laborales. Muchas resoluciones obligan a volver al trabajo a las personas afectadas. No pueden, no están en condiciones. Se ven obligadas a solicitar excedencias en sus empresas. No les queda otra. Sin remunerar y sin cotizar a la seguridad social.

La mayoría de las empresas, como es de imaginar, no están a la altura. No son muchas las veces en las que recolocan a sus trabajadores.

Por otra parte, las reclamaciones judiciales se eternizan y pueden resolverse al cabo de dos o más años.

Tomemos nota, debemos ser conscientes de la situación. Debemos presionar a “quien corresponda” para que el COVID persistente sea un tema básico, esencial de salud pública. Debemos dotarnos de más personal, de más medios para conocer y combatir la enfermedad. Hy que apoyar a las personas enfermas. Merecen toda nuestra consideración-

Este es otro ejemplo más de lo que puede implicar la falta de recursos y medios en nuestro demediado Estado asistencial. A temas así debemos dedicar nuestros esfuerzos y no a incrementar partidas militares por histerias belicistas llenas de informaciones sesgadas y conocidos irracionalismos del tipo “si quieres la paz, prepárate para la guerra”. Preparémonos para la paz y apoyemos a los sectores más vulnerables de nuestra sociedad. Las personas enfermas del COVID-persistente en lugar destacado.

Y que esta vez, por favor, no sean solo palabras. De nosotros depende también. Que no reine en nosotros el olvido o la desconsideración.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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