DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA.
ÍNDICE
1. Las normas de propiedad intelectual como neocolonialismo.
2. La película sobre la «batalla de Sainte-Soline».
3. Dos reseñas de Formenti.
4. Youthquake.
5. Desilusión israelí.
6. Relatos de la guerrilla comunista malaya.
7. Reunión del G7.
8. Lo de Alemania es atlantismo, no nacionalismo.
9. Resumen de la guerra en Palestina e Irán, 27 de junio de 2025.
1. Las normas de propiedad intelectual como neocolonialismo.
El último boletín del Tricontinental está dedicado a una de las formas de exacción del Norte Global sobre el Sur: las reglas de propiedad intelectual.
https://thetricontinental.org/es/newsletterissue/boletin-propiedad-intelectual-sur-global/
El Norte Global vive de las rentas intelectuales | Boletín 26 (2025)
A pesar de sus rápidas innovaciones tecnológicas, el Sur Global sigue atrapado en regímenes de propiedad intelectual dominados por el Norte Global: rentas infinitas con patentes y licencias, que lo despojan de su riqueza y frenan su desarrollo.
26 de junio de 2025
Queridas amigas y amigos,Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.La cifra en el gráfico anterior, basada en datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), no es una exageración. A pesar de la creciente capacidad tecnológica e industrial de los países del Sur Global, las corporaciones y Estados del Norte Global siguen siendo dueños de las patentes de propiedad intelectual sobre productos clave, condenando al Sur a regímenes indefinidos de pagos por este concepto. Estos incluyen pagos por patentes para productos farmacéuticos, tecnologías digitales (como licencias de software e infraestructura de telecomunicaciones) y agricultura (como semillas genéticamente modificadas, fertilizantes, pesticidas y equipos). Los avances científicos y tecnológicos se han acelerado en el Sur Global y varios países —sobre todo en Asia— han desarrollado trenes de alta velocidad, tecnologías verdes e infraestructura de telecomunicaciones. No obstante, incluso en estos rubros, la mayoría de los países siguen pagando altas rentas a empresas del Norte Global dueñas de patentes críticas.
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Ehuana Yaíra (Territorio Indígena Yanomami, Brasil), We Women Have a Plant Called Oka Xikɨ, Which Can Weaken Men When They Become Aggressive [Nosotras, las mujeres, tenemos una planta llamada Oka Xikɨ que puede debilitar a los hombres cuando se vuelven agresivos], 2023.
Existen cinco sectores en los que el desequilibrio en los pagos relacionados con patentes es más grave (es decir, donde los países del Sur Global pagan significativamente más en regalías y derechos de licencia de lo que reciben a cambio):
- Farmacéutica. Las patentes de medicamentos están mayoritariamente en manos de empresas de Europa, Japón y Estados Unidos. Un ejemplo reciente del alto costo para acceder a tecnologías médicas esenciales fue la importación de vacunas de ARNm durante la pandemia de COVID-19. Varios países del Sur Global, como Sudáfrica e India, enfrentaron demoras y costos inflados en la adquisición de vacunas debido a restricciones de patentes y escasa transferencia tecnológica. (Sudáfrica finalmente optó por comprar vacunas a los productores genéricos de India, como Cipla y el Serum Institute, lo que permitió al país ahorrar aproximadamente 133 millones de dólares en tres años).
- Tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Cada componente de las TIC, desde el software y el hardware hasta los semiconductores y las redes móviles, cuesta una fortuna a los países del Sur Global. Esto no se debe solo al precio de los productos físicos, sino también a las elevadas tarifas de licencias por las tecnologías subyacentes, que a menudo están controladas por consorcios exclusivos de patentes (grupos de empresas que gestionan y licencian conjuntamente patentes esenciales).
- Maquinaria industrial y tecnologías de manufactura. Las patentes de máquinas de control numérico computarizado (CNC), herramientas automatizadas para manufactura de precisión, robótica y otros equipos de precisión (claves en sectores automotriz, minero y textil) son propiedad mayoritaria de empresas del Norte Global. En consecuencia, los países del Sur Global que buscan industrializarse deben importar estas tecnologías y pagar derechos de licencia permanente, en lugar de desarrollarlas o producirlas localmente.
- Biotecnología agrícola. Un pequeño grupo de empresas —como DuPont, Monsanto (Bayer) y Syngenta— controla las principales biotecnologías agrícolas, incluidas las de fertilizantes, semillas genéticamente modificadas y pesticidas, todas distribuidas mediante costosos acuerdos de licencia. Este control monopólico no solo limita la capacidad de las y los agricultores del Sur Global para acceder o desarrollar alternativas, aumentando su dependencia de empresas extranjeras y elevando los costos de producción, sino que también socava la soberanía de las semillas y contribuye a la degradación ambiental mediante prácticas como el monocultivo, el uso excesivo de productos químicos y la pérdida de biodiversidad.
- Tecnología verde. Las principales innovaciones en sistemas de baterías, paneles solares y turbinas eólicas están protegidas por patentes que, en su mayoría, pertenecen a empresas del Norte Global, lo que impide la transferencia tecnológica. Como consecuencia, los países del Sur Global deben pagar tarifas de licencia exorbitantes para adoptar estas tecnologías, lo que limita su capacidad de desarrollar sistemas energéticos sostenibles de manera autónoma.
Estas desigualdades se deben en gran parte al control monopólico de las empresas del Norte Global sobre las innovaciones y los regímenes de propiedad intelectual, lo que impide a los países del Sur Global construir alternativas competitivas. La falta de capacidad de investigación y desarrollo (I+D) en las economías medianas y pequeñas del Sur Global juega un papel fundamental en la reproducción de estas desigualdades.
Esta falta de capacidad en I+D tiene su origen en un legado colonial que dejó a muchos países del Sur Global con instituciones educativas poco desarrolladas, en particular en las ciencias avanzadas. A ello se suma el patrón de migración neocolonial que empuja a estudiantes talentosos a emigrar hacia el Norte Global en busca de oportunidades laborales. Por último, los Estados del Sur Global no han logrado construir el poder político necesario para desafiar los regímenes internacionales de propiedad intelectual que protegen las ventajas obtenidas por los países y empresas del Norte Global en épocas anteriores.
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Moses Johuma (Zimbabue), Sin título, s/f.
En 1986, el Norte Global, liderado por Estados Unidos, impulsó la octava ronda de negociaciones del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés), también conocida como la Ronda de Uruguay. Las siete rondas de negociaciones anteriores del GATT se habían centrado principalmente en la reducción de aranceles entre los países del Atlántico y Japón, con escasa participación del mundo previamente colonizado. Pero en la Ronda de Uruguay se modificó la agenda: a cambio de acceder a los mercados del Norte, se presionó a los Estados del Sur para que derribaran barreras a la inversión, la tecnología y los servicios provenientes del Norte, y para que modificaran sus leyes de propiedad intelectual. Durante este período, las ventajas comparativas de las grandes empresas monopólicas del Norte en derechos de propiedad intelectual y servicios comenzaron a generar enormes ganancias.
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Julia Codesido (Perú), Mercado indígena, 1931.
Lo más relevante es que los borradores para las negociaciones de la Ronda de Uruguay no provinieron de los países que se sentaron a la mesa, sino de grupos misteriosos como la Coalición de Propiedad Intelectual y la Coalición de Negociaciones Comerciales Multilaterales. Resultó que estas coaliciones no estaban compuestas por países, sino por grupos de presión de grandes empresas monopólicas del Norte Global, como DuPont, Monsanto y Pfizer, que impulsaron la revisión del concepto de propiedad intelectual. Antes de la Ronda de Uruguay, las patentes podían otorgarse únicamente al proceso de innovación, permitiendo a otros individuos, empresas y países llegar al resultado final con métodos distintos, incluso mediante innovaciones de ingeniería inversa. La Ronda de Uruguay modificó este principio estableciendo que el producto final en sí mismo sería patentable, garantizando rentas al titular sin importar el proceso utilizado para obtener el resultado. Así nació el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio, o Acuerdo sobre los ADPIC (TRIPS, por sus siglas en inglés).
Diez países del Sur Global (Argentina, Brasil, Cuba, Egipto, India, Nicaragua, Nigeria, Perú, Tanzania y Yugoslavia), liderados por Brasil e India, se reunieron para discutir los peligros de la Ronda de Uruguay. Este Grupo de los Diez (G10) advirtió que este enfoque causaría una hambruna tecnológica en el Sur Global, con una transferencia mínima de tecnología a costos exorbitantes y el colapso virtual del desarrollo tecnológico local. Aunque inicialmente pareció que el G10 logró algunas concesiones, la presión ejercida por Estados Unidos fracturó al grupo. En 1989, Brasil e India cedieron y la coalición se disolvió.
El debate se trasladó entonces a los desacuerdos entre Estados Unidos y la Unión Europea sobre los subsidios agrícolas. Al concluir la Ronda de Uruguay en 1994, el Sur Global aceptó el nuevo y nefasto régimen de propiedad intelectual y las reglas derivadas. El Acuerdo sobre los ADPIC se convirtió en el núcleo de la Organización Mundial del Comercio (OMC), fundada al año siguiente.
Nueve años después, India, Brasil y Sudáfrica crearon el bloque IBSA, exigiendo exenciones a los derechos de propiedad intelectual y licencias obligatorias para medicamentos esenciales, en particular antirretrovirales para tratar el VIH/Sida. Su esfuerzo logró que, el 30 de agosto de 2003, la OMC flexibilizara temporalmente ciertas obligaciones del Acuerdo sobre los ADPIC, permitiendo a los países sin capacidad productiva importar medicamentos genéricos bajo licencias obligatorias. Aunque esto no revirtió la lógica subyacente del Acuerdo (o principio ADPIC), se garantizó un alivio limitado para algunos fármacos. (La promesa de 2003 de las fundaciones Gates y Clinton de reducir el costo de los medicamentos contra el VIH/sida fue, en cambio, una cortina de humo para blindar el marco general del Acuerdo sobre los ADPIC). Este alineamiento inicial entre Brasil, India y Sudáfrica derivó en el bloque BRICS en 2009, tras el inicio de la Tercera Gran Depresión del Atlántico en 2007. Pese a sus iniciativas en salud y tecnología, el BRICS, no ha logrado erosionar el principio ADPIC.
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Injy Aflatoun (Egipto), Fedayeen [Soldado], 1970.
En los años ochenta, varios gobiernos del Sur Global denunciaron lo que más tarde se conocería como biopiratería. Planteaban que muchas de las llamadas innovaciones modernas —sobre todo en agricultura y productos farmacéuticos— tenían su origen en sistemas de conocimientos tradicionales desarrollados por campesinxs y sanadorxs de África, Asia y América Latina. El argumento tuvo poco eco, salvo en casos emblemáticos —como el intento de W. R. Grace de patentar la hoja de neem del sur de Asia, y el de Phytopharm de desarrollar el hoodia, tradicionalmente usado por el pueblo san del sur de África—, la acusación de biopiratería obligó a las empresas a renunciar a sus patentes o compartir sus ganancias. El debate en torno a la biopiratería dio lugar a un tratado de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) que exige a las empresas declarar el origen de los recursos genéticos y conocimientos tradicionales utilizados en sus productos. Sin embargo, en la práctica, este tratado se incumple con frecuencia. Más allá de evidenciar que este tipo de declaraciones no se hacían en el pasado, no ha brindado ganancias sustanciales ni a las comunidades indígenas ni a los países en los que habitan. De hecho, el Acuerdo sobre los ADPIC prevalece sobre las disposiciones de la OMPI y otorga a las empresas amplios márgenes para explotar el conocimiento tradicional.
Reflexionar sobre la biopiratería y las normas de propiedad intelectual que rigen la difusión de las tecnologías verdes me lleva al mundo del poeta y exembajador mexicano Homero Aridjis, cuya obra Selva ardiendo podría servir como advertencia contra esas reglas que asfixian al mundo:
Los cielos amarillos parecen Turners tropicales.
Las palmeras danzantes son besadas por lenguas voraces.
Los monos aulladores saltan de copa en copa.
A través de las humaredas, bandadas de loros,
Con las colas quemadas, van buscando al sol,
que los mira oculto, como un ojo podrido.
Cordialmente,
Vijay
2. La película sobre la «batalla de Sainte-Soline».
Siempre me ha interesado el cine militante, así que me ha gustado esta entrevista al director de Direct Action, porque además contiene muchos otros elementos interesantes: qué hacer cuando ganas una batalla, el paso de ZAD a Soulèvements de la Terre, etc.
https://www.versobooks.com/blogs/news/an-interview-with-ben-russell
Entrevista con Ben Russell
Benjamin Crais se sienta con el director Ben Russell para hablar sobre Direct Action.
Ben Russell / Benjamin Crais, 27 de junio de 2025
Gran parte del tramo final del documental de Ben Russell y Guillaume Cailleau de 2024, DIRECT ACTION, tiene lugar en medio de lo que se ha dado en llamar la «batalla de Sainte-Soline». En marzo de 2023, miles de personas inundaron la zona para bloquear la construcción de una megabalsa. Los manifestantes se enfrentaron a la agresividad extrema de una fuerza policial militarizada que hirió a cientos de personas y dejó a dos en coma. En los días siguientes, el Gobierno francés se comprometió a tomar medidas enérgicas contra el «ecoterrorismo» y procedió a disolver el grupo que había coorganizado la acción: Les Soulèvements de la Terre (Los levantamientos de la Tierra).
Si bien DIRECT ACTION concluye con este enfrentamiento con el Estado, la mayor parte de sus 216 minutos de duración está dedicada a lo que el Gobierno francés intenta suprimir con tanta violencia: la (re)apropiación comunal de la tierra. Soulèvements de la Terre surgió del movimiento ZAD (Zona de Defensa), una serie de ocupaciones de tierras destinadas a obstaculizar proyectos de desarrollo a gran escala. Para DIRECT ACTION, los cineastas se instalaron en la ZAD de Notre-Dame-des-Landes después de que esta lograra obligar al Estado a abandonar sus planes de construir un nuevo aeropuerto en la zona. La película de Russell y Cailleau no se interesa tanto por explicar la dinámica política que sigue dando forma a la ZAD como por transmitir el espacio-tiempo cotidiano de la comuna, lo que Kristin Ross describe como «la elaboración colectiva de un modo de vida deseado» en el que «los medios [se convierten] en el fin». Capturando pacientemente los ritmos de la vida y el trabajo colectivos, DIRECT ACTION hace tangible el mundo por el que luchamos en los más mínimos detalles: el canto de los pájaros donde podría haber sido el rugido de los motores.
Benjamin Crais: Una de las cuestiones que plantea DIRECT ACTION es el papel del cineasta en relación con los movimientos políticos de izquierda como Soulèvements de la Terre. Pienso en el momento de la batalla de Saint-Soline en el que una mujer le grita: «¡Esto no es lo que debería estar filmando!», pero también en la escena inicial de la película: su cámara de 16 mm enfocada hacia las imágenes digitales tomadas por los participantes en la ZAD. En su entrevista con Film Comment, usted comentó: «No somos activistas, hacemos películas», y me gustaría que desarrollara esta afirmación, tanto en términos de cómo llegó a hacer una película sobre la ZAD/SLT como de cómo entiende su papel como cineasta en este contexto activista.
Ben Russell: Es una buena pregunta. Yo diría que las historias del cine político y militante en Estados Unidos y Francia son tan divergentes que me resultaba difícil imaginarme a mí mismo como un cineasta militante estadounidense. Quiero decir, es importante mostrar esta película aquí, en Estados Unidos, pero el público no es muy numeroso, mientras que en Francia, España o Portugal, donde existe la idea de un cine político que también puede ser cine cine, la película ha tenido una acogida muy diferente.
Creo que esto se debe tanto al valor de uso percibido como a las posibilidades del cine. Busqué la ZAD como tema porque, según tenía entendido, la lucha contra el aeropuerto había terminado y los zadianos habían salido victoriosos, y la victoria me parecía un tema mucho más interesante que cualquier otra cosa.
¿Cómo se ve o se siente cuando se gana? ¿Y qué pasa después? La lucha contra el aeropuerto fue un marco tan grande para todo lo que había sucedido que, cuando se retiró, ¿qué quedaba? La ZAD experimentó una ruptura muy profunda y sísmica cuando se canceló el proyecto del aeropuerto, porque el Gobierno obligó a los zadianos a legalizarse, a firmar contratos, a suscribir acuerdos de arrendamiento y a declarar proyectos agrícolas. La mitad de los ZADistas abandonaron la ZAD con la sensación de que la victoria era en realidad una derrota. Todavía hay mucha animadversión y rabia entre los que se fueron y los que se quedaron, pero no hablamos con ninguno de los primeros: decidimos hacer nuestra película con los que seguían viviendo en la ZAD en 2022.
No vinimos a la ZAD como cineastas militantes: aunque queríamos hacer un trabajo que pudiera servir a la causa, eso no era lo único que buscábamos. Hace poco, alguien me habló de Creation Lake, de Rachel Kushner, que se desarrolla en una ZAD ficticia (más o menos), y me dijo que le había decepcionado el pesimismo del libro y que «su película parece buena propaganda». Me alegra mucho haber hecho buena propaganda de algo que considero absolutamente valioso y necesario. Para mí y para Guillaume, esa nunca fue la cuestión, pero el calendario del activismo es tan diferente al del cine o el arte que ambos no se pueden compaginar fácilmente; hay mucha urgencia e inmediatez en el círculo activista y, por eso, mucho agotamiento. El cine tiene un eco mucho más prolongado, y eso es lo que ocurre con esta película, en la que vemos imágenes más de un año después de que fueran grabadas y hablamos de detenciones bastante tiempo después de que ocurrieran. Me parecía poco sincero hablar de lo que hacíamos como militantes o en la tradición del militantismo; me parecía más útil encontrar diferentes herramientas para hablar de las posibilidades de la creación de imágenes dentro de un contexto y un marco que asume los atributos de un tema, pero que no es necesariamente el tema en sí mismo.
BC: Cuando la mujer le acusa de filmar «lo incorrecto», me pregunté cuál sería la imagen «correcta».
BR: Sí, yo tampoco lo sé. Había 15 000 manifestantes y tantos periodistas y gente de los medios de comunicación que éramos solo uno más entre muchos otros. Supuse que se refería a que no debíamos filmar solo al Black Bloc lanzando cócteles Molotov a la policía, que es también lo que yo sentí cuando lo filmé. En ese momento, no estaba muy seguro de poder utilizar esa imagen de la protesta, debido a la forma en que el Estado utiliza ese tipo de imágenes contra los movimientos sociales para desacreditarlos. Por supuesto, eso es lo que ocurrió inmediatamente: el Estado francés publicó imágenes similares y solo habló del número de policías que habían resultado heridos. Creo que hubo unos veinte policías que sufrieron por inhalar demasiado gas lacrimógeno, pero hubo trescientos manifestantes heridos, tres de los cuales entraron en coma. No hablaron de eso. Así que pensamos que, aunque sin duda no era lo único que debíamos filmar, como llegamos a ello después de diez meses filmando muchas otras cosas en la ZAD —caballos, ovejas, cerdos y herreros—, al final consideramos que era una secuencia importante que debíamos incluir.
BC: En la recopilación de textos sobre Soulèvements de la Terre publicada por Ill Will, Kristin Ross escribe que uno de los principios fundamentales del movimiento es que el llamamiento abstracto a «salvar el clima» debe bajarse a la tierra, a la defensa organizada del territorio, a la habitación comunitaria de zonas específicas de tierra. Y uno de los aspectos más notables de DIRECT ACTION es precisamente este movimiento hacia lo concreto: una atención a la fisicidad y la duración de las diversas prácticas que sostienen la ZAD. Estas prácticas —y el entorno social y natural que sostienen— también tienen prioridad sobre la representación de cualquier individuo o líder en particular del movimiento. Me pregunto si podrían hablar de cómo el contenido político de la ZAD/SLT ha dado forma a su película.
BR: Guillaume, nuestra editorial, Iris éditions, y yo estamos publicando un libro que recoge entrevistas que pretenden existir en paralelo a DIRECT ACTION. Durante este proceso, hablamos con algunas personas que nos dijeron que, durante las protestas contra el aeropuerto, los periodistas siempre querían hablar de individuos: querían encontrar y nombrar a los líderes de lo que era claramente un movimiento colectivo. Esto se ve en la rueda de prensa al final de la película, donde los periodistas preguntan por Benoît Feuillu, uno de los portavoces de Les Soulèvements de la Terre: es otro intento de convertir a un individuo en responsable de un movimiento.
Entre 2012 y 2018, la mayoría de las personas de la ZAD se referían a sí mismas como Camille, tanto hombres como mujeres, y pedían que no se les filmara el rostro durante las entrevistas. Este aspecto persiste hoy en día en la ZAD, que sigue siendo una comunidad de personas sometidas a una fuerte vigilancia por parte del Estado. Por eso no hay teléfonos móviles en la película: porque funcionan como dispositivos de rastreo, como dispositivos de escucha, y está claramente documentado que el Estado utiliza esta tecnología contra los activistas. La mayoría de las personas de la ZAD también son lo que se denomina «fiche S», es decir, están señaladas como una amenaza para la seguridad nacional y, si la policía las detiene o salen de Francia, son objeto de registros, acoso, etc. El Estado los ha tildado de terroristas, por lo que se trata claramente de una preocupación real.
Pero estoy pensando en cuando mencionaste a Eisenstein [antes de la entrevista] y reflexiono mucho sobre eso: ese momento del cine soviético en el que la idea era hacer una película que pudiera hablar de un movimiento sin hablar de individuos. Si se intenta poner en primer plano una ideología colectiva, entonces celebrar a los individuos o crear personajes que se siguen a lo largo del espacio narrativo perjudica a esa ideología y es un mal reflejo de lo que puede ser el colectivo. En un plano más amplio, es importante resistirse a la tendencia a destacar las historias individuales, porque eso es lo que el capitalismo quiere que hagamos: quiere que pensemos en nosotros mismos como singularidades en torno a las que gira todo lo demás. Por eso, en la medida de lo posible, intentamos impulsar la idea del retrato colectivo dentro de la película: hacer un retrato de todos y de todo —humanos y no humanos, el cielo y el tiempo— para pensar realmente en el territorio de la ZAD. La película es un reflejo de ese territorio, un reflejo que incluye el tiempo, el movimiento, las estaciones, etc.
BC: Al menos hasta la batalla de Sainte-Soline, estas preocupaciones parecen sugerir una connotación diferente de «acción directa» a la que suele evocar el término, una que tiene que ver con las prácticas que sustentan la forma comunal.
BR: No soy una autoridad en la película, solo soy coautor, y aunque no quiero descartar otras lecturas, siempre entendí que el título DIRECT ACTIONS se refería a la totalidad de los acontecimientos: la acción directa lo es todo, nada es posible sin todo lo demás. Estudié antropología visual durante un tiempo y en esa disciplina siempre se debatía sobre la representación del acto en su totalidad. Cuando empecé a hacer películas en Surinam, me resultaba difícil saber cuándo y dónde comenzaba el acto. ¿Cuándo se empieza? Si se habla de los sujetos del colonialismo, que son los descendientes de esclavos fugitivos, ¿se empieza por la fundación de la colonia o por la fuga de los cimarrones, o se salta a quiénes son ahora y cómo viven ahora? Siempre me pareció que lo mejor era entrar en medio de todo el acto y confiar en que el tiempo de la película crearía el contexto que el espectador necesitaba, que no es un contexto basado en el conocimiento —y, por lo tanto, por encima del tema—, sino en una comprensión que se produce a través del tiempo compartido y la proximidad.
Estas ideas están definitivamente presentes en esta película. La acción directa es protesta, pero es un tipo de protesta que solo es posible gracias a los actos de compromiso colectivo y solidaridad que existen antes y después, a través de todas las actividades que se desarrollan dentro de una comunidad que lucha por la autonomía. Impulsa las decisiones sobre el tipo de aperos agrícolas que utilizan, sobre el trabajo con los animales que les han sido entregados, sobre la elaboración de pan que no se vende, sino que se pone a disposición a un precio libre, sobre la entrega del excedente de la producción a otros movimientos solidarios. Todo esto forma parte de la misma idea, una idea en la que también pensé siguiendo la línea de Frederick Wiseman: como el retrato de una institución. Si partimos de que la idea de la acción directa es una institución, ¿cuál es su representación como objeto que existe en el espacio?
BC: Esa pregunta de «¿por dónde empezar?» que mencionaste también parece muy cercana a los principios políticos del movimiento: que la revolución no es solo un acontecimiento futuro, sino algo que hay que empezar a crear en el presente.
BR: Exacto, es como la partida de ajedrez de la película. No se puede ganar siempre, pero tampoco se puede perder siempre, así que hay que seguir jugando. Y esa era también la idea: antes de llegar a la ZAD, sabíamos que no podía haber una sola victoria, sino una serie de victorias y derrotas que constituyen un proceso a lo largo del tiempo. Creo que eso es lo que dice Kristin Ross cuando escribe que la imposibilidad de luchar contra el «cambio climático» se contrarresta con la posibilidad muy real de luchar contra la privatización del agua. El activismo a nivel local se acumula y produce resistencia hacia algo mucho más grande. Pero si se parte del otro lado —que ha sido la estrategia de las empresas petroleras: hacer que los individuos se sientan responsables del calentamiento global—, entonces no se puede hacer nada porque uno se siente «aplastado por la ecoansiedad». Los movimientos locales pueden proporcionar claramente un modelo de resistencia y cambio, y esta ha sido una de las principales lecciones de la ZAD. Impidieron la construcción de un aeropuerto internacional en el oeste de Francia, lo que, a escala mundial, no es un acto increíblemente significativo. Pero, al igual que los zapatistas lograron demarcar un territorio y mantenerlo, la ZAD ha sido un claro faro de esperanza y posibilidad para otros movimientos en todo el mundo.
BC: La primera parte de la película concluye con un extenso reconocimiento aéreo del territorio de la ZAD filmado con una cámara montada en un dron. La secuencia es formalmente distinta del resto de la película, no solo porque está rodada en digital, sino porque el resto de la película es muy terrestre. Sin embargo, también está muy en consonancia con una larga tradición de filmación de luchas agrarias y comunas, como la toma inicial de Torre Bela (1975), de Thomas Harlan, o la secuencia final de Summer in Sanrizuka (1968), de Ogawa Pro. Esta última, por supuesto, también trata de la lucha contra la construcción de un aeropuerto y evoca, en esa secuencia final, su ausencia, el hecho de que no hay ningún lugar donde aterrizar. Me pregunto si podría hablar de la importancia de mostrar todo el territorio en este momento de la película.
BR: Lo bueno de hacer películas largas es que se puede pensar realmente en el desarrollo del tiempo a lo largo del tiempo, en cómo tiene que cambiar el movimiento no solo dentro de los planos o entre ellos, sino cómo se transforma a lo largo de la película. Después de pasar la primera hora y media de DIRECT ACTION en tierra, en espacios a veces claustrofóbicos y reducidos, era importante para nosotros dar al público un respiro que también sirviera para contextualizar visualmente el espacio en el que habíamos estado girando. Antes de eso, dedicamos mucho tiempo al diseño de sonido para reproducir los sonidos de otros espacios cercanos y crear transiciones de audio lentas que permitieran que una toma se deslizara a la siguiente casi sin darse cuenta. Sin embargo, la toma con el dron fue una forma de mostrar realmente el territorio y de hacerlo a través de un ZADista cuyo trabajo autodesignado durante la ocupación consistía en fabricar drones que pudieran derribar los drones de la policía y proporcionar contravigilancia. Durante los 14 meses que duró el proceso de realización de la película, intentamos hablar con todo el mundo. Tuvimos muchas conversaciones con el operador del dron, pero no fue hasta que nos enseñó su canal de YouTube, en el que aparecía principalmente fumado y volando drones por encima de las nubes, que nos dimos cuenta de que esa secuencia era importante para la película. Y al igual que en la película de Ogawa, nos pareció fundamental incluir una toma aérea en una película que, en realidad, trata sobre la ausencia de tomas aéreas, o la ausencia de un aeropuerto.
BC: Exacto, enmarca los sonidos y las imágenes de la ZAD como la antítesis del desarrollo capitalista: solo se puede ver y oír lo que se ve y se oye porque el aeropuerto no está allí.
BR: Exactamente. Para nosotros, estar allí significaba estar en un lugar que, de otro modo, habría sido completamente diferente. Quiero decir, el territorio en sí es bastante mundano: solo son tierras de cultivo. Pero pasas el tiempo plantando ajos en los campos o serigrafiando carteles, o vas al bosque a altas horas de la noche y hay salamandras amarillas y negras por todo el suelo y piensas: en un mundo paralelo, nada de esto estaría aquí, todo estaría cubierto de asfalto. El faro de la ZAD se construyó donde se iba a construir la torre de control del aeropuerto, para servir de recordatorio físico de un futuro diferente. De este modo, la película también sirve como índice de todo lo que se habría destruido si se hubiera construido el aeropuerto.
BC: ¿En qué medida fue el ciclo de Ogawa un punto de referencia para usted y Guillaume a la hora de concebir DIRECT ACTION? En muchos sentidos, se parece a las películas de Ogawa, no solo por la lucha contra el aeropuerto, sino también por el principio de integrarse en la comuna. Sin embargo, también hay divergencias: ustedes mantienen una especie de distancia observadora, un ligero ángulo oblicuo, que Ogawa no tiene.
BR: Guillaume y yo habíamos visto algunas películas de Ogawa, pero no habíamos visto la del aeropuerto hasta que llevábamos un tiempo rodando. Lo que nos interesa de Ogawa es cómo se desarrollaron esos proyectos y cómo dieron lugar a tantas otras películas. Ahora que hemos terminado una película y hemos hecho un libro juntos, seguimos queriendo ir a pasar tiempo con la gente de la ZAD. Hemos empezado a hablar de hacer nuestra próxima colaboración, pero ¿por qué ir a otro sitio a hacer un proyecto cuando esta comunidad de ZADistas sigue existiendo y sigue tan activa en lo que está pasando? Es fácil entender cómo pasar tiempo con una comunidad puede convertirte poco a poco en parte de ella.
Esta es la parte decepcionante de ser cineasta: está relacionada con lo que decía antes sobre la aparente dicotomía entre hacer películas y ser activista. Podría decirse que el activismo es más importante que el cine, y esto hace difícil aferrarse a la necesidad del cine, incluso si el cine tiene claramente un efecto emocional, efímero y duradero en los cuerpos y las mentes de todos mis seres queridos. Hay una cita en el libro: «Si tu casa se está quemando, ¿la filmas o apagas el fuego?».Esta es una pregunta que nos planteó uno de los activistas, y su respuesta es: «apagas el fuego».
BC: Quizá sea una falsa disyuntiva en este caso. Uno de los principios básicos del comunismo es «de cada uno según sus capacidades, a cada uno según sus necesidades». Si ese tipo construye drones, quizá usted lo filme.
3. Dos reseñas de Formenti.
Hace unos años Formenti publicó un libro, Utopie letali, sobre la deriva intelectual de la izquierda radical. En esa línea publica ahora un artículo centrándose en dos libros recientes: uno de Loretta Napoleoni y otro de Mélenchon.
https://socialismodelsecoloxxi.blogspot.com/2025/06/utopie-letali-2-quasi-dodici-anni-fa.html
Martes, 24 de junio de 2025
Utopías letales 2
Hace casi doce años (octubre de 2013) se publicó, por Jaka Book, Utopie letali (Utopías letales), un ensayo en el que analizaba los errores teóricos, las derivas ideológicas y los mitos que estaban hundiendo a la izquierda radical en la más absoluta incapacidad de analizar, y menos aún de contrarrestar, las estrategias de reconstrucción hegemónica del proyecto neoliberal que, tras la crisis de 2008, que había puesto de manifiesto sus contradicciones y debilidades, se había comprometido a restaurar el consenso de las grandes masas occidentales, en parte tentadas por los levantamientos populistas. En esas páginas acusaba, en orden, a las teorías posoperistas que sustituyen la lucha de clases por fantasmáticas «multitudes»; la idiosincrasia de los movimientos libertarios hacia cualquier forma de organización y poder político (el Estado y el partido elegidos como símbolos del mal absoluto); la fascinación por las tecnologías digitales vendidas como instrumentos de democratización económica, política y social; el eurocentrismo incapaz de tomar nota del desplazamiento del eje antiimperialista hacia el Este y el Sur del mundo; el desvío del compromiso político y social hacia objetivos reivindicativos de carácter particularista (libertades civiles e individuales frente a intereses y libertades colectivas).
Desde entonces, la ofensiva capitalista se ha endurecido, adquiriendo los rasgos de un liberal fascismo de nuevo cuño (confundido, por desgracia, con el liberalismo y el fascismo «clásicos», y por lo tanto combatido con las viejas herramientas del frontismo). Hemos asistido a una reacción airada ante la imposibilidad de restaurar el sueño de una pax atlántica y de un nuevo siglo americano, acariciado tras el colapso de la Unión Soviética; una reacción que ha aprovechado la pandemia de la COVID-19 para imponer una férrea disciplina ideológica, política y social; que se ha impuesto con relativa facilidad sobre los populismos de izquierda (Syriza, Podemos, Sanders, Corbyn, M5S, Mélenchon, de los que hablaremos más adelante), mientras que ha integrado a los de derecha (con Trump a la cabeza) en su propio proyecto; que ha identificado en la Tercera Guerra Mundial (cuyos primeros indicios hemos visto en Ucrania, Siria, el genocidio de Gaza y la guerra que Israel y Estados Unidos han desatado contra Irán) la solución final a la crisis secular iniciada en los años setenta del siglo XX.
¿Han aprendido algo los sujetos políticos y culturales que criticaba en Utopie letali de las derrotas sufridas en la última década? Su connivencia de hecho —salvo esporádicos gorjeos pacifistas— con la propaganda antirrusa, antichina y antiislámica (¡y anticomunista! Véase la ignominiosa resolución del Parlamento Europeo que equipara el comunismo y el nazismo) con la que Occidente en su conjunto prepara la nueva guerra mundial; y su obtusa repetición de las tesis y análisis mencionados, a pesar de haber sido desmentidos por los hechos, no alimentan esperanzas. Los dos libros que comento en este post: Tecnocapitalismo. L’ascesa dei nuovi oligarchi e la lotta per il bene comune (Tecnocapitalismo. El ascenso de los nuevos oligarcas y la lucha por el bien común), de Loretta Napoleoni, y Ribellatevi! La rivoluzione nel XXI secolo (¡Rebélmense! La revolución en el siglo XXI), de Jean-Luc Mélenchon (recién publicados por la editorial Meltemi) contribuyen a alimentar mi pesimismo.
Loretta Napoleoni: seducida por los mitos tecnolibertarios, decepcionada por la realidad anarcocapitalista.
Lo que llama la atención en el relato de Loretta Napoleoni es la paradójica alternancia entre, por un lado, la celebración del poder liberador y emancipador que las tecnologías digitales serían capaces de otorgar a los individuos, a la sociedad, a la especie humana en general y al entorno natural en el que vivimos y, por otro, el reconocimiento de que las expectativas suscitadas por las nuevas tecnologías no solo se han visto defraudadas, sino que se han convertido en auténticas pesadillas. Un resultado negativo que Napoleoni atribuye a la malicia de un puñado de tecnocapitalistas, ignorando el hecho de que estaba inscrito en la propia naturaleza de las tecnologías en cuestión o, mejor dicho, en la de las relaciones económicas, sociales y políticas que las han producido.
La autora inaugura el catálogo de héroes de la guerra contra el autoritarismo de los poderes constituidos (económicos, políticos y sociales) con el grupo de matemáticos, hackers, activistas y fanáticos de la ciencia ficción que, nacido a finales de los años 90 en San Francisco, se autodenominaba cypherpunk (una fusión entre la cultura cyberpunk que imperaba en aquellos años (1) y la palabra cypher, que alude a las tecnologías criptográficas). El objetivo fundamental de este movimiento «libertario», escribe la autora, era evitar el probable uso liberticida de las nuevas tecnologías por parte del Estado (no por parte de las empresas, que han demostrado ser mucho más hábiles que el Estado a la hora de oprimir y explotar a los trabajadores, los ciudadanos y los usuarios, pero ya se sabe: para los libertarios, la libertad económica es tan sagrada como la individual, si no más).
No es casualidad que los tecnocapitalistas, como Napoleoni llama a los magnates de la cibereconomía, hayan sido rápidos en aplicar la lección de los profetas de lo digital: la lentitud con la que el derecho reacciona a las innovaciones genera un área gris que cualquiera puede explotar para sus propios fines, lícitos e ilícitos. Esta zona ha dado a luz a quien la autora considera otro «héroe» de la batalla por proteger al individuo de la mirada intrusiva del Gran Hermano: ese Nakamoto (seudónimo tras el que algunos imaginan que se esconde un Robin Hood que quiere redistribuir la riqueza entre la gente común, mientras que los más avispados sospechan que se trata de un insider de las altas finanzas) que tiene el discutible mérito de haber inventado el bitcoin, la más conocida y difundida de una serie de criptomonedas.
Un invento, se atreve a decir Loretta Napoleoni, que podría haber hecho posible el sueño de los cypherpunk, es decir, «la descentralización del Estado y el fortalecimiento de un individuo que se convierte en soberano de sí mismo dentro de la multitud». Si a los dos ejemplos citados añadimos la exaltación de la «insurrección virtual» de la comunidad denominada Reddit, protagonista de una guerra financiera contra Wall Street librada con las armas del enemigo (y que, como era de esperar, terminó con una derrota), sería tentador cerrar aquí el debate, descartando el libro de Napoleoni como una ingenua utopía neoanarquista, una versión cibernética de los sueños decimonónicos de los diversos Owen, Proudhon, Saint Simon y Fourier. En realidad, las cosas son más complejas, en el sentido de que la autora no es ajena a las sombras asociadas a ciertas visiones «libertarias».
Sobre los cypherpunk, escribe, por ejemplo, que estos, insensibles a las cuestiones sociales y políticas, estaban convencidos de que solo la tecnología y no la ley (¡y por lo tanto ni la política ni el derecho!) puede proteger las libertades individuales, y se profesaban antidemocráticos porque, siendo la mayoría «ignorante», la democracia es sinónimo de tiranía , una versión burda de la tesis «clásica» de Alexis de Tocqueville (2). Además, tras explicar que el mecanismo de las criptomonedas se basa en la confianza de los usuarios, ni más ni menos que las monedas «oficiales», cuyo valor operativo se basa íntegramente en la confianza de los ciudadanos —en realidad, las cosas son mucho más complicadas, pero pasemos por alto este detalle—, y tras sostener que este dinero virtual podría representar un medio de emancipación del monopolio estatal sobre la emisión de moneda, la autora se ve obligada a admitir que las criptomonedas han resultado ser «un espejo del mundo real» (¡no me diga!) y que, una vez bajo el control de los tecnocapitalistas, han contribuido a aumentar, más que a reducir, las desigualdades.
En resumen: hubo una vez el sueño de un futuro en el que «el monopolio de la comunidad sustituiría al monopolio del Estado», pero luego llegaron los malos y lo convirtieron en una pesadilla. Pero ¿quiénes son los malos? Hay que decir que la autora parece tener las ideas claras sobre el funcionamiento del proceso de financiarización de la economía y sobre el hecho de que este se ha valido de mecanismos facilitados precisamente por la revolución digital (véase la facilidad y rapidez con la que, una vez transformadas las deudas —como los préstamos hipotecarios— en mercancías, «empaquetándolas» en fondos «certificados» por las agencias de calificación, estas pudieron inundar un mercado financiero global que opera «en tiempo real», desencadenando la burbuja de las hipotecas subprime). Todo ello ha sido posible gracias a la integración entre las altas finanzas y los gigantes tecnológicos. Han sido estos últimos (los famosos GAFAM, es decir, Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft) los que han monopolizado el sector tecnológico, haciendo que, lejos de favorecer la redistribución de la riqueza, haya agravado las desigualdades e intensificado la explotación laboral, promoviendo, entre otros, fenómenos como la uberización del trabajo y la gig economy, a los que la autora dedica interesantes páginas (3).
Hasta aquí todo bien. Los problemas comienzan cuando Napoleoni sostiene que el golpe de mano de los tecnotitanes se ha visto favorecido por el supuesto «fin» de un Estado-nación ya totalmente sometido a sus intereses. El estribillo sobre el fin del Estado suena empalagoso desde que economistas y estudiosos de la sociología política han aclarado que el neoliberalismo no es una reedición del liberalismo clásico, del laissez faire, sino una doctrina (4) que reconoce al Estado la tarea decisiva de crear las condiciones para el correcto funcionamiento de un mercado que, abandonado a sí mismo, no puede garantizar la reproducción del sistema. Por otra parte, historiadores de largo recorrido como Braudel (5) y teóricos del sistema mundial como Arrighi (6) explican que, desde sus orígenes mercantilistas, el gran capital financiero siempre ha actuado en estrecha conexión (aunque con fases conflictivas) con el Estado, y que el capitalismo, en palabras de Braudel, no puede existir sin el Estado, es más, no puede existir sin convertirse él mismo en Estado. Con el debido respeto a Loretta Napoleoni: nada nuevo bajo el sol, salvo la repetición en forma diferente de la apropiación capitalista del Estado.
Las lagunas en el relato de Napoleoni son el resultado de un malentendido fundamental, que consiste en no comprender que la Técnica (con mayúscula para subrayar la énfasis metafísico atribuido a la entidad en cuestión) no es un sistema que se desarrolla con dinámicas propias e independientes de las relaciones sociales (¡de clase!), políticas, culturales (¡ideológicas!) que componen la civilización humana en su conjunto. Si hubiera tenido en cuenta estas interdependencias sistémicas, no habría tenido dificultades para comprender cómo el triunfo del tecnocapitalismo sobre las utopías hacker estaba inscrito en las propias raíces de la llamada revolución digital: tanto en los intereses económicos, políticos y militares (véase el papel de la ARPA en el desarrollo de Internet) que crearon las condiciones para ello, como en la ideología anárquica (aunque sería más correcto definir a los libertarios como anarcocapitalistas, más que anarquistas en el sentido clásico del término) de sus creadores.
Estos últimos cultivan el sueño de una evasión individual del poder abrumador de los monopolios (no en vano son fans de la ciencia ficción: véase un autor como Philip Dick (7), que fue maestro del género). Un sueño que relanza la cultura individualista de los pioneros que en el siglo XIX abandonaron las metrópolis de la costa este (dominadas por los magnates) en busca de un lugar al sol en las praderas occidentales. Y ahora, agotado el sueño de la red como frontera virtual, ocupada por los enclosure de los GAFRAM, solo les queda el mito de la nueva frontera del espacio. Por desgracia, también aquí los tecnotitanes Musk, Bezos y Branson, escribe Napoleoni, están ocupando los mejores puestos, aunque hay que decir que ciertas narrativas de expansión cósmica se reducen a campañas de marketing para promover proyectos de turismo espacial para superricos y otras formas de valorización del espacio extraterrestre más cercano a nosotros, ya que, en el estado actual de la tecnología, el único espacio colonizable es, y seguirá siendo presumiblemente durante los próximos siglos, el orbital (de lo que, me atrevo a decir, no podemos sino alegrarnos, ya que no hay conquista colonial que no esté asociada a la monstruosización del otro, al genocidio y a la destrucción medioambiental).
Por otra parte, son precisamente las barreras aparentemente insuperables —naturales, económicas, culturales, sociales, demográficas, geográficas, etc.— las que permiten reconocer al demonio que posee a los tecnocapitalistas y tecnoanarquistas, magnates y pioneros, financieros y hackers, soñadores a pequeña y a gran escala: es el demonio que Hegel llamaba mala infinidad y Marx acumulación ampliada, mientras que Loretta Napoleoni prefiere hablar del mito del crecimiento infinito, y hasta aquí puedo estar de acuerdo con ella, pero se me erizan los pelos cuando invoca la tesis de Edward O. Wilson, un biólogo según el cual el mito del crecimiento infinito no sería un producto de la historia humana, sino de nuestro bagaje genético. Se entiende entonces por qué, desviada por este mal maestro, concluye así su trabajo: «Ignorantes de las consecuencias de los fracasos de nuestros gobiernos, de nuestras sociedades y, sobre todo, de nosotros mismos, caminamos como sonámbulos hacia la distopía, a menos que alguien o algo logre despertarnos a tiempo». En definitiva, por decirlo con Heidegger, solo un Dios puede salvarnos…
Jean-Luc Mélenchon: ¿tribuno del pueblo o neogolista de izquierda?
Formular un juicio global sobre el libro-manifiesto de Mélenchon no es tarea fácil porque, según admite el propio autor, no se trata de un conjunto orgánico de tesis, sino de un collage de argumentos tomados de diversos autores. Lo cual sería incluso aceptable, ya que no se trata de un teórico, sino del líder carismático de un movimiento (más populista que popular, como veremos) como lo fueron Tsipras e Iglesias de Syriza y Podemos. Lo que, en mi opinión, lo hace menos aceptable es el hecho de que las fuentes a las que recurre (no citadas, pero reconocibles) coinciden casi punto por punto con las utopías letales contra las que disparaba hace años: el planteamiento populista está tomado de autores como la pareja Laclau-Mouffe (8); el concepto de revolución ciudadana, del movimiento ecuatoriano de Rafael Correa (9); el rencor hacia el «socialismo real» (hoy evolucionado en rusofobia) es de clara matriz trotskista; la retórica decrecentista evoca la filosofía ecologista de autores como Latour y Latouche (10); el entusiasmo por el potencial democrático de las redes sociales remite a las mismas fuentes de Napoleoni; por último, la exaltación de las rebeliones espontáneas de las «multitudes» formadas por singularidades individuales y de la cultura antipartidista y desorganizadora que estas segregan es una mezcla de sugerencias posoperistas y trotskistas. Todo ello aderezado con vagos acentos chovinistas que justifican la definición de neogolista de izquierda, quizá malintencionada, pero en absoluto arbitraria. Pero vayamos por partes.
Otro «encantado por la red»
Las consideraciones críticas que acabamos de hacer sobre el texto de Loretta Napoleoni valen, palabra por palabra, para las páginas que Mélenchon dedica al tema de la red, por lo que no me extenderé demasiado sobre el tema, limitándome a señalar que él también se inscribe —parafraseando el título de un libro mío del año 2000 (11)— en el club de los «encantados por la red». Aunque no deja de denunciar a su vez la expropiación irreversible de los sueños tecnolibertarios por parte de la banda de los GAFRAM, sigue convencido de que la nuestra es «la era del hiperindividuo y de la conexión», por lo que anuncia, no sin grandilocuencia, que «la singularidad individual es un hecho esencial de nuestro tiempo» que ha bautizado el nacimiento de un «superindividuo».
Que la nuestra es la era de la conexión, no hay duda, en el sentido de que es la era en la que el capital, y el sistema político que representa sus intereses, explotan las tecnologías digitales para disciplinar, controlar y poner a trabajar no solo a los obreros, técnicos, empleados y trabajadores «autónomos», sino también a toda la masa de ciudadanos-usuarios-consumidores (12). Que esto implique de hecho la abolición de las formas tradicionales de asociación colectiva —política, cultural y civil— sustituidas por el sustituto virtual de las redes sociales, me parece que tiene francamente poco que ver con la «emergencia» (otro término al que Mélenchon recurre a menudo, tomándolo prestado de los teóricos de la complejidad) de un superindividuo. Esto es, en todo caso, el imaginario que transmiten los medios de comunicación, la publicidad y otros vendedores de humo («conviértase en el empresario de sí mismo») que alimenta la ilusión, sobre todo en las nuevas generaciones, de ser dueños de su propio destino cuanto más se reducen a átomos aislados, desprovistos de cualquier autonomía real de decisión y elección.
El nuestro, sin embargo, intenta darle la vuelta a la tortilla mostrándonos el vaso medio lleno, o mejor dicho, lleno hasta el borde, cuando escribe que «el espacio de las redes es la principal y, a veces, única ágora contemporánea, el punto de partida de innumerables acciones reivindicativas». Así, celebrando la emergencia de este espacio imaginario global, resucita las narrativas «altermundistas»(aplastadas por la carnicería mexicana de Génova 2000 y definitivamente enterradas por la fragmentación de un sistema mundial que se precipita hacia la Tercera Guerra Mundial) y delira con «una nueva comunidad global en creciente inclusión», caracterizada por un proceso de «criollización general», justo cuando la explosión de los particularismos identitarios desata oleadas de odio generalizado. Pero, evidentemente, para Mélenchon se trata de detalles marginales, de contrasentidos insignificantes. Más bien mira con confianza hacia el futuro radiante de la «Noosfera» (!). Sí, han leído bien: se trata precisamente de la visión alucinatoria del místico jesuita Teilhard de Chardin (13), aunque nuestro amigo dice que no es lo mismo (quizás se refiere a la versión del concepto reformulada en su momento por mi amigo Franco Bifo Berardi, quien, sin embargo, creo que ya la ha repudiado, recuperado el sentido común gracias a un saludable retroceso al realismo pesimista). Para quienes no lo sepan, por noosfera se entiende la esfera de todas las actividades de la mente humana que «se habría convertido en una realidad digital que incluye todos los pensamientos digitalizados». Sin comentarios…
Algunos restos de lucidez
Los únicos atisbos de lucidez crítica que concede el libro de Mélenchon se encuentran en las páginas dedicadas a la crítica del sistema neoliberal. Es cierto que él también, al igual que Loretta Napoleoni, se ha quedado con la idea de que el neoliberalismo es una reedición del laissez faire del siglo XIX, y no dice nada realmente nuevo sobre el tema, pero al menos en este caso ha elegido citar a los autores adecuados (siempre sin nombrarlos).
Así, escribe que el liberalismo que domina hoy el mundo ha entrado en una nueva fase en la que ha renunciado al proyecto democrático (proyecto que Mélenchon identifica con aquel «en torno al cual se organizaron las sociedades europeas tras la Segunda Guerra Mundial»). Sin embargo, habría que precisar que el liberalismo nunca ha sido democrático, solo ha utilizado el discurso democrático para legitimar su dominio en los centros imperiales, mientras que en las periferias coloniales se ha comportado exactamente como el Tercer Reich hitleriano (14).
Escribe además que las nuevas tecnologías han permitido al capital financiero realizar el sueño de reducir a cero el tiempo de realización del beneficio (D-D’ sin pasar por M, es decir, saltándose todas las molestias, los riesgos y los imprevistos de la producción y del mercado de mercancías), un sueño que ya Marx había analizado en el Tercer Libro del Capital (15). A continuación, describe cómo la tendencia creciente a la divergencia entre los ciclos largos del ecosistema y los ciclos cortos (que tienden a cero) de la economía es la causa principal de la catastrófica degradación de los sistemas ambientales, a la que también contribuyen fenómenos como la obsolescencia programada, el despilfarro sistemático y la monetización de los «derechos» de contaminación (temas también presentes en el libro de Loretta Napoleoni).
Populismo y ciudadanismo
¿Cómo afrontar el reto de un sistema neoliberal que está arrastrando al mundo hacia el abismo de la guerra y la catástrofe económica, social y medioambiental? La única fuerza capaz de evitar el desastre, responde Mélenchon, es la «revolución ciudadana». ¿Qué entiende con este eslogan, por decir lo menos genérico? Intentaré descifrarlo.
En primer lugar, sin duda hay una intención de evocar la memoria de los citoyen protagonistas de la Gran Revolución de 1789. Poco importa que Marx desmontara la narrativa de un ciudadano que, tras el mito de los derechos universales del hombre, ocultaba los prosaicos intereses de la clase burguesa. Mélenchon no se preocupa por antigüedades como la lucha de clases, porque hoy, escribe, la teoría —término genérico con el que alude presumiblemente a las tesis del filósofo populista Ernesto Laclau (16)— «presenta una nueva conflictividad social: después del proletario contra el burgués, aquí están los nuevos protagonistas, ellos y nosotros, los oligarcas contra el pueblo».
Lamentablemente, los líderes europeos que han intentado importar a Europa las ideas de Laclau (recortadas a partir de la experiencia del peronismo argentino) han fracasado estrepitosamente (véanse, entre otros, Tsipras e Iglesias). Pero, evidentemente, Mélenchon espera que Francia sea un terreno más fértil para aplicar ciertos modelos latinoamericanos (no es casualidad que su revolución ciudadana imite la revolución ciudadana del ecuatoriano Rafael Correa). Sin embargo, olvida que los únicos experimentos populistas de izquierda que han tenido éxito en el subcontinente han sido el de Venezuela, donde el movimiento de masas pudo contar con las izquierdas reunidas en el PSUV fundado por Chávez y, sobre todo, con el apoyo de las fuerzas armadas, y el de Bolivia, país caracterizado por la presencia de una abrumadora mayoría de origen indígena (17). Por el contrario, las revoluciones ciudadanas al estilo Correa, que se han apoyado en las clases medias urbanas que tanto le gustan a nuestro presidente, han sido derrotadas.
La cuestión es que, para el mundo urbano contemporáneo, ya no es válido el lema medieval «la ciudad hace libre»: las metrópolis posmodernas son el escenario de un proceso de gentrificación que ha expulsado a las clases populares de los centros y las ha relegado a las periferias, por lo que movimientos como el de los chalecos amarillos, que Mélenchon cita en varias ocasiones, son movimientos periféricos que expresan la revuelta de los suburbios y de las pequeñas y medianas ciudades de provincia contra la arrogancia de las clases medias altas de París, hegemonizadas por la derecha neoliberal (18).
Pero nuestro autor está convencido de que existe un único movimiento global contra el poder establecido (como el de los hackers exaltados por Napoleoni), expresión de «una crisis radical de consenso por parte de los pueblos hacia la autoridad que los gobierna». ¿Qué autoridades? Todas, porque, para la ideología libertaria, el poder es malo por definición. Así, Mélenchon traza una lista de revueltas que se asemeja a la proverbial noche en la que todas las vacas son negras, en la que encontramos, junto a Occupy Wall Street y los chalecos amarillos, el movimiento de los paraguas de Hong Kong (declarámente anticomunista y filooccidental) y los neonazis de la plaza Maidan.
Aun admitiendo que exista este movimiento global contra el Estado (contra toda forma de Estado) y dado que, como el propio Mélenchon admite, se trata de sujetos que ni siquiera quieren oír hablar de política, ¿cómo podrán encontrar respuesta sus reivindicaciones? Pero con el voto, naturalmente: «la convicción democrática y las elecciones son la forma necesaria de movilización política capaz de invertir el curso de los acontecimientos». Así terminan en gloria todos los salmos neoanarquistas, es decir, en las urnas electorales…
Para concluir: lo que no he encontrado que me hubiera gustado encontrar y lo que he encontrado que no me hubiera gustado encontrar en el libro de Mélenchon
No he encontrado una condena clara e inequívoca de los crímenes antiguos y nuevos del imperialismo francés. A partir del intento de sofocar la revolución de los esclavos haitianos que creyeron, erróneamente, que el lema Liberté, Égalité, Fraternité también valía para ellos. Una revolución liderada por héroes como Toussaint Louverture (19), que dentro de unos siglos quizá sean recordados como los protagonistas de un acontecimiento histórico más importante que la toma de la Bastilla, y que lograron derrotar en el campo de batalla a los ejércitos «revolucionarios» de París, pero luego se vieron obligados a pagar durante más de un siglo los «daños» causados a los plantadores franceses. Un episodio obsceno que es la causa principal de la miseria del pueblo haitiano y por el que Francia se ha negado hasta ahora a pedir perdón. A esto le siguieron los crímenes de guerra perpetrados en Indochina y Argelia, sobre los que los socialistas y comunistas franceses han hecho la vista gorda. Por último, el asesinato de Gadafi, perpetrado en connivencia con el imperialismo estadounidense, y las intervenciones en Siria y el Sahel.
No he encontrado una condena clara e inequívoca del racismo y la islamofobia que, como denuncia el libro de Said Bouamama, forman parte del bagaje cultural de gran parte de los ciudadanos franceses, y no solo de los de derecha.
No he encontrado una condena clara e inequívoca de la escandalosa resolución del Parlamento Europeo que equipara el nazismo y el comunismo.
No he encontrado una condena clara e inequívoca de la estrategia de la OTAN que, en contra de los compromisos adquiridos en el momento de la reunificación de las dos Alemanias, ha ampliado sus fronteras hacia el este hasta «ladrar a las puertas de Rusia», por usar las palabras del difunto papa Francisco.
No he encontrado una condena clara e inequívoca del régimen de Netanyahu y del carácter racista y genocida de la política israelí (¿cuánto pesa el lobby sionista dentro de la izquierda francesa?).
En cambio, he encontrado una exaltación del papel político de las clases medias, celebradas como «esenciales para el equilibrio de este tipo de sociedad» (¡es decir, de la sociedad capitalista!).
He encontrado la aprobación de las prácticas asamblearias ciudadanas que evitan cuidadosamente discutir temas problemáticos y «divisivos» (¿como la inmigración y el racismo?). Nada que ver con la versión posmoderna de los soviets, que eran organismos en los que se discutía ferozmente todo antes de tomar decisiones…
He encontrado una condena de la «invasión criminal y absurda de Ucrania», sin ninguna mención al cambio de régimen de 2014 orquestado por la CIA, ni a las persecuciones contra la población rusófona que precedieron a la intervención de Moscú (¿un reflejo del pasado trotskista?).
Por último, he encontrado una invitación a no entregar a la derecha la defensa de la soberanía nacional (hay que «tomar la bandera y hacerla propia», escribe). ¡Muy bien! Pero, ¿qué significa la acusación «Macron ha expulsado a Francia de sí misma»? ¿Esa sí misma incluye a la Francia imperial (colonialista, racista y criminal), a la Francia capitalista que explota a las masas de inmigrantes, a la Francia que se alinea con el Occidente colectivo contra los pueblos del Sur del mundo? Es de esperar que no, pero ciertos acentos chovinistas (que también resuenan en el lema France Insoumise), a partir de la suposición implícita de que no existe ninguna «verdadera» revolución salvo la Gran Revolución Francesa, por no hablar de las «omisiones» enumeradas anteriormente, justifican la pregunta que me atrevía a plantear en el título del párrafo: ¿«tribuno del pueblo» o neogolista de izquierda?
NOTAS
(1) Me refiero a autores como Bruce Sterling y William Gibson, autores de novelas que describen una especie de Edad Media digital, dominada por las grandes empresas de alta tecnología cuyo poder solo puede ser desafiado por los cowboys de la red, es decir, por un puñado de tecnoanarquistas individualistas.
(2) Véase Alexis de Tocqueville, La democracia en América, Rizzoli, Milán 1999.
(3) El autor se ha ocupado de la uberización del trabajo y la gig economy en Felici e sfruttati, Egea, Milán 2011.
(4) No es posible comprender la estrecha relación entre el Estado y el mercado que caracteriza al sistema neoliberal sin estudiar el ordoliberalismo. Véase, en particular, F. von Hayek, La società libera, Rubettino 2007. Sobre la diferencia entre liberalismo y neoliberalismo, véase A. Zhok, Critica della ragione liberale, Meltemi, Milán, 2020.
(5) Véase F. Braudel, Civiltà materiale, economia e capitalismo, 3 vols., Einaudi, Turín, 1982, 1993, 2006.
(6) Véase G. Arrighi, Il lungo XX secolo. Denaro, potere e le origini del nostro tempo, Il Saggiatore, Milán 1996.
(7) La monumental obra literaria de P. K. Dick, que anticipa los temas del movimiento cyberpunk, es una epopeya del pequeño empresario estadounidense, aplastado por la competencia de los monopolios de la alta tecnología.
(8) Véase E. Laclau, C. Mouffe, Hegemony and Socialist Strategy, Verso, Londres 1985; véase también E. Laclau, La razón populista, Laterza, Roma-Bari 1908.
(9) Sobre la revolución ciudadana de Rafael Correa, véase C. Formenti, Magia bianca magia nera, Jaka Book, Milán 2013.
(10) Véase B. Latour, Come abitare la Terra, Einaudi, Turín 2024, y S. Latouche, La scommessa della decrescita, Feltrinelli, Milán 2014.
(11) C. Formenti, Incantati dalla Rete, Cortina, Milán 2000.
(12) Véase C. Formenti, Felici e sfruttati, cit.
(13) Véase P. Theilard de Chardin, Il fenomeno umano, Queriniana 2024.
(14) Sobre los horrores cometidos por el imperialismo inglés, véase C. Elkins, Un legado de violencia, Einaudi, Turín 2024, y consideraciones análogas deberían hacerse sobre el imperialismo francés y el estadounidense; en cuanto al imperialismo alemán, Aimé Césaire ironiza sobre la hipocresía de las democracias occidentales, que no reprochaban tanto a Hitler los crímenes contra el hombre, sino los crímenes contra el hombre blanco, es decir, haber cometido contra los blancos los mismos delitos que ellos habían cometido contra los pueblos de color (Discurso sobre el colonialismo, ombre corte, Verona 2020).
(15) Véase lo que he escrito al respecto en estas páginas: https://socialismodelsecoloxxi.blogspot.com/2025/04/rileggendo-marx-appunti-sui-libri-ii-e_26.html
(16) Véase la nota 8.
(17) Sobre la naturaleza anticapitalista de las comunidades originarias de los campesindios andinos y su papel determinante en la revolución boliviana, véase A. G. Linera, Forma valor y forma comunidad, Quito 2015.
(18) Véase C. Guilluy, La France périphérique, Flammarion, París 2014.
(19) Sobre la revolución haitiana y la figura de su líder Louverture, véase S. Hazareesingh, Spartaco nero, Rizzoli, Milán 2020.
4. Youthquake.
Ahí va otro artículo sobre Kenia y las recientes movilizaciones. En este caso, desde ROAPE.
https://roape.net/2025/06/25/youthquake-how-kenyas-gen-z-took-on-imf-austerity/
Youthquake: cómo la generación Z de Kenia se enfrentó a la austeridad del FMI
25 de junio de 2025
Mientras Kenia conmemora el primer aniversario del levantamiento que sacudió al país el 25 de junio de 2024, Abdirashid Diriye reflexiona sobre el papel fundamental que desempeñó la Generación Z. Explica cómo el desafío, la creatividad y los conocimientos digitales de los jóvenes impulsaron una poderosa protesta contra el FMI, la austeridad y Ruto, que finalmente obligó al presidente Ruto a modificar partes importantes del proyecto de ley de finanzas.
Por Abdirashid Diriye
El 17 de junio de 2025, una vez más, los jóvenes kenianos se manifestaron contra la brutalidad policial y las promesas políticas incumplidas en medio de unas duras condiciones económicas y el desempleo. Mientras los manifestantes y las fuerzas de seguridad se enfrentaban en Nairobi, circuló por las redes sociales un vídeo en el que se veía a la policía disparando a quemarropa a un vendedor ambulante de mascarillas. ¿Es este el momento de Kenia como lo fue Túnez en 2011? La tensión ya es alta en Kenia, ya que este mes se cumple el primer aniversario de la revuelta liderada por la generación Z que sacudió el país en 2024. El 25 de junio de 2024 fue el día en que los jóvenes kenianos irrumpieron en el Parlamento para desafiar la ineptitud de la clase política y la brutalidad policial, y rechazaron los impuestos y las medidas de austeridad impuestos por el FMI.
El año 2024 pasará a la historia de la resistencia política africana como el año en que la generación Z de Kenia tomó las calles, utilizando canciones de protesta, hashtags, memes y una firme determinación para reclamar su futuro. Se trató de una revuelta y un levantamiento contra un sistema económico mundial, representado por el Fondo Monetario Internacional (FMI), que había influido sutilmente en la política fiscal del país durante décadas con repercusiones sociales desastrosas, y no solo contra una ley financiera impopular o unos impuestos onerosos presentados entonces en el Parlamento.
El proyecto de ley de finanzas de Kenia para 2024 fue la chispa que encendió las manifestaciones. El proyecto de ley imponía una serie de impuestos adicionales, entre ellos un impuesto sobre el valor añadido (IVA) del 16 % sobre el pan, gravámenes sobre los contenidos digitales e impuestos sobre los coches ecológicos, todos ellos presentados como un ajuste fiscal necesario para hacer frente al déficit presupuestario y al aumento de la deuda. Para muchos kenianos de mediana edad, esto no era más que otro capítulo de la larga historia de ajustes estructurales neoliberales. Sin embargo, fue la gota que colmó el vaso para la generación Z, la llamada «nación de los luchadores», nacida en un mundo de teléfonos inteligentes y TikTok.
La chispa: #RejectFinanceBill2024
Las plataformas en línea fueron el lugar donde comenzaron la resistencia, los debates y las movilizaciones. Utilizando la etiqueta #RejectFinanceBill2024, los jóvenes kenianos inundaron X (antes Twitter), Instagram y TikTok con hilos serios en los que detallaban la implicación de Kenia en los préstamos del FMI, sketches divertidos en los que ridiculizaban a los líderes gubernamentales e infografías en las que analizaban las ramificaciones del proyecto de ley sobre la clase trabajadora y los pobres. A través de sus plataformas, activistas digitales como Hanifa Adan, Allan Ademba y la influencer de TikTok Mungai Eve movilizaron el descontento generalizado explicando con frecuencia conceptos económicos en términos de cultura popular.
A pesar de carecer de un líder, este movimiento tenía un objetivo. Esta protesta fue orgánica, descentralizada y muy personal, en contraste con las anteriores, que estaban controladas por agrupaciones políticas y partidos políticos de la oposición. Los principales impulsores y movilizadores fueron los jóvenes kenianos que no veían futuro en las políticas económicas de una clase política elitista cada vez más percibida como desconectada de la realidad, entre ellos graduados desempleados, líderes estudiantiles, trabajadores informales y creativos autónomos.
La mano invisible del FMI
Para comprender este levantamiento, hay que seguir el rastro del dinero, hasta las salas de juntas del FMI y Washington D. C. En 2023, la deuda nacional de Kenia había alcanzado proporciones inmanejables, y el pago de la deuda representaba casi el 70 % de sus ingresos. El FMI obligó a Nairobi a realizar difíciles cambios presupuestarios a cambio de fondos de rescate y acuerdos de facilidad de crédito ampliada, entre ellos la eliminación de subsidios, la ampliación de la base impositiva y el aumento de los ingresos internos.
Sin embargo, los kenianos de a pie fueron los más afectados por estas políticas, que a menudo se aplicaban sin tener en cuenta la participación pública. El coste de los alimentos se disparó. El precio del combustible se disparó. Las facturas de la electricidad eran intolerables. Al mismo tiempo, los líderes electos mantuvieron su extravagante estilo de vida, comprando nuevas flotas de vehículos de alta gama y volando en aviones privados, que exhibían en las redes sociales. La ira de los jóvenes era palpable.
El FMI se convirtió en un símbolo de la captura de la élite y en una herramienta neocolonial para los kenianos de la generación Z, que habían crecido en un entorno neoliberal que prometía libertad económica, pero que en cambio generó desigualdad y desempleo. Su manifestación fue contra la austeridad, contra la explotación y contra el FMI, además de contra Ruto.
La calle se une a la pantalla: una nueva gramática política
A mediados de junio de 2024, la furia en Internet se había extendido a las calles. En Nairobi, Kisumu, Mombasa, Nakuru y Eldoret, miles de jóvenes kenianos organizaron manifestaciones no violentas desafiando la coacción policial y el gas lacrimógeno. Estas manifestaciones, coordinadas a través de aplicaciones de mensajería encriptada y organizadas mediante grupos de Telegram, se inspiraron en la Primavera Árabe, el movimiento #EndSARS de Nigeria y el Movimiento de los Paraguas de Hong Kong.
Llevaban pancartas con lemas como «Ruto debe irse», «IMF, vete a casa» y «Graven a los ricos, no a los luchadores». Los DJ utilizaron temas de gengetone para remezclar gritos de protesta, canciones y poemas. Los grafiteros pintaron mensajes en las paredes de la ciudad. Para asegurarse de que todo el mundo lo viera, los manifestantes retransmitieron en directo sus enfrentamientos con la policía. Fue un acto profundamente cívico, innovador y desafiante.
Crucialmente, estas manifestaciones no fueron meramente reactivas. Los jóvenes kenianos presentaron visiones alternativas. Reclamaron programas de bienestar social, una fiscalidad progresiva, financiación para la sanidad y la educación, y una mayor transparencia en la gestión de la deuda pública. Propusieron un «presupuesto popular» que prioriza la dignidad humana por encima de la ortodoxia económica y exigieron una auditoría nacional de todos los acuerdos de préstamo del FMI y el Banco Mundial.
Represión y resiliencia
La respuesta del Gobierno fue dura y típica de la historia de violencia policial de Kenia. La policía intentó penetrar en los centros de organización de Internet, utilizó balas de goma y cañones de agua y detuvo a decenas de manifestantes. El expresidente populista Ruto calificó las manifestaciones de insensatas y afirmó que el proyecto de ley de finanzas era necesario para la recuperación económica.
Pero la represión no hizo más que reforzar la resistencia. Sindicatos regionales de estudiantes, organizaciones sindicales, kenianos expatriados e incluso algunos miembros de iglesias y mezquitas se unieron al movimiento. Las organizaciones de la sociedad civil, como la Law Society of Kenya y Amnistía Internacional Kenia, proporcionaron asistencia jurídica a los jóvenes detenidos. Los medios de comunicación de todo el mundo comenzaron a prestar atención.
La fuerza de la memoria colectiva en momentos de agitación política fue algo que el Gobierno keniano subestimó. La generación Z, que había visto a sus padres pasar por décadas de privaciones, deshonestidad, promesas incumplidas y política étnica, decidió enfrentarse de frente a los pilares y las normas de la política keniana. Era consciente de que oponerse a la austeridad impulsada por el FMI era un problema generacional, además de político.
¿Un punto de inflexión?
El Gobierno se vio obligado a modificar partes importantes del proyecto de ley de finanzas antes de julio de 2024 debido a la creciente presión. Una comisión parlamentaria comenzó a examinar la participación del FMI en la planificación del presupuesto público de Kenia y se suspendieron los impuestos sobre los productos de primera necesidad. No fue una victoria total, pero sí un compromiso significativo. La generación Z no iba a volver a la indiferencia después de experimentar el poder de la acción colectiva y la movilización.
La insurrección de Kenia en 2024 es un reflejo de un ajuste de cuentas más amplio en el Sur Global. Los jóvenes, desde Argentina hasta Sri Lanka, están disipando la idea errónea de que la única forma de lograr la estabilidad fiscal es mediante la austeridad. Reclaman una nueva economía basada en la soberanía, la sostenibilidad y la equidad.
La nueva vanguardia política de África
El levantamiento de la Generación Z en Kenia en 2024 no es un incidente aislado. La política africana está siendo redefinida por una tendencia generacional más amplia. Se trata de demócratas radicales con datos, memes y fuego en sus entrañas, no ciudadanos pasivos que esperan que la prosperidad les llegue de forma indirecta. Piden sistemas económicos que sirvan a las personas, no a los beneficios, y se oponen al consenso de los países donantes que ha devastado África durante tanto tiempo.
Los países africanos llevan demasiado tiempo encasillados en la aplicación de políticas impopulares del FMI. Sin embargo, la Generación Z de Kenia ha derribado esa barrera. Su mensaje es inequívoco: si el FMI no respeta la soberanía democrática, se enfrentará a la oposición de una generación que no se ofrecerá en sacrificio en el altar de la austeridad, así como a la de activistas en Internet y en las calles.
La revolución se retransmitirá en directo, se etiquetará con hashtags y se compartirá en todo el continente, aunque no se emitirá por televisión en el sentido convencional. Y el mensaje es el mismo desde Nairobi hasta Lagos, desde El Cairo hasta Johannesburgo, desde Túnez hasta Lusaka: no solo es factible, sino que es necesario otro futuro.
Este artículo ha sido escrito en memoria y solidaridad con los jóvenes kenianos que fueron asesinados, heridos y detenidos, y con todos aquellos que marcharon, tuitearon y se levantaron por la justicia en 2024. La historia les recordará.
Abdirashid Diriye Kalmoy es doctorando en Sociología en la Universidad Ibn Haldun de Estambul. Su trabajo ha aparecido en Daily Sabah, The Elephant, Africa Is a Country y Modern Diplomacy. Es autor del próximo libro Hopes in Transition: An Ethnography of African Migrants in Istanbul (Ibn Haldun University Press). https://x.com/Sahansame93
5. Desilusión israelí.
Como siempre, un interesante análisis de Rapoport sobre la situación política en Israel tras el alto el fuego.
https://www.972mag.com/israel-iran-netanyahu-victory-disillusionment/
La euforia de Israel por su «victoria» sobre Irán está dando paso rápidamente a la desilusión
Políticamente, Netanyahu puede parecer el ganador de la «guerra de los 12 días». Pero Israel no ha logrado ninguno de sus objetivos militares y Gaza vuelve a ser imposible de ignorar.
Por Meron Rapoport, 27 de junio de 2025
«¿Podemos decir que esta es la mayor victoria en la historia del Estado de Israel?». Esto es lo que le preguntó un presentador del Canal 12 de Israel al general retirado Giora Eiland, padre del llamado «Plan de los Generales» para matar de hambre y llevar a cabo una limpieza étnica en las ciudades más septentrionales de Gaza, unas dos horas después de que entrara en vigor el alto el fuego entre Israel e Irán el 24 de junio. Eiland se mostró modesto. La victoria en la guerra de 1967 fue mayor, aseguró al presentador, pero sin duda se trataba de un logro tremendo.
Como persona lo suficientemente mayor como para recordar la euforia que siguió a la guerra de 1967, no puedo negar los ecos entre la Guerra de los Seis Días y esta «guerra de los 12 días» con Irán: el mismo alivio colectivo por la supuesta eliminación de una amenaza existencial, el mismo desdén y burla hacia el desempeño del enemigo, el mismo orgullo abrumador por la destreza militar de Israel, junto con la creencia de que tal victoria asegura el futuro del país durante las próximas décadas.
Pero, como nos recuerda la historia, la guerra de junio de 1967 no fue la última de Israel. Ni mucho menos. En muchos sentidos, marcó el comienzo de una nueva era de derramamiento de sangre. La guerra actual en Gaza, y quizás también la guerra con Irán, pueden considerarse una continuación directa de ese «glorioso triunfo».
Los israelíes tardaron años después de 1967 en comprender que la guerra no había traído consigo la transformación que esperaban. Esta vez, la desilusión se instaló casi de inmediato. Apenas unas horas después de que el presidente estadounidense Donald Trump anunciara abruptamente el alto el fuego, ya era evidente que la victoria sobre Irán probablemente no pondría fin al conflicto de Israel con la República Islámica, y mucho menos a todas sus guerras futuras.
En las primeras horas del domingo por la mañana, justo después del ataque estadounidense contra las instalaciones nucleares de Irán, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, declaró: «Les prometí que las instalaciones nucleares de Irán serían destruidas, de una forma u otra. Esa promesa se ha cumplido». En un discurso televisado, Trump se hizo eco de ese sentimiento y afirmó que las instalaciones habían quedado «totalmente destruidas» en el ataque aéreo del sábado por la noche.
Por su parte, los iraníes replicaron que habían retirado la mayor parte del uranio enriquecido de Fordow antes del ataque, mientras que un informe de la CNN que citaba fuentes de inteligencia estadounidenses revelaba que el ataque probablemente había retrasado el programa nuclear de Irán «unos meses» en el mejor de los casos. Dado que el objetivo declarado de la guerra era eliminar la amenaza inmediata de una bomba iraní —y que la inteligencia estadounidense nunca creyó que Irán estuviera cerca de fabricar una—, es difícil argumentar que se haya logrado este objetivo.
El «sabor amargo» de la guerra
Otra incógnita se cierne sobre el impacto de la guerra en la disuasión de Israel en Oriente Medio. Por un lado, el ejército israelí demostró claramente su abrumadora superioridad: sobrevoló el espacio aéreo iraní sin obstáculos, poseía información precisa sobre el paradero de altos funcionarios de defensa y científicos nucleares iraníes, y llevó a cabo ataques selectivos con una precisión notable. Sus capacidades operativas y tecnológicas quedaron plenamente demostradas.
Israel también demostró que puede actuar como el matón de la región, ignorando el derecho internacional y eludiendo las negociaciones en curso entre Irán y la Administración Trump, mientras sigue disfrutando del apoyo inquebrantable de Occidente, especialmente de Washington.
Pero aunque el éxito de Netanyahu al involucrar a Estados Unidos en una guerra que él mismo inició sin duda reforzó la imagen de Israel como potencia regional, sería un error pasar por alto el grado de disuasión que Irán logró establecer.
Desde 1948, las principales ciudades de Israel nunca se habían enfrentado a una amenaza tan prolongada como la vivida durante esta guerra: múltiples edificios reducidos a escombros; otros 25 destinados a ser demolidos debido a daños estructurales; 29 civiles israelíes muertos; casi 10 000 personas sin hogar; más de 40 000 solicitudes de indemnización presentadas ante la autoridad fiscal; calles vacías y la actividad económica paralizada. El 7 de octubre fue horrible, pero los israelíes lo percibieron en gran medida como una catástrofe aislada. Sin embargo, la guerra de 12 días con Irán minó su sentido de la seguridad, que habían mantenido durante mucho tiempo. Millones de personas sintieron que su inmunidad comenzaba a resquebrajarse.
Irán demostró que, a pesar de las avanzadas defensas de Israel, su frente interno sigue siendo vulnerable. Las imágenes de destrucción de Tel Aviv, Bat Yam y Beersheba se asemejaban a las escenas de Gaza, y se difundieron ampliamente por toda la región, incluso entre quienes no apoyan necesariamente al régimen iraní. Aunque la mayoría de los israelíes consideran que el sufrimiento «mereció la pena» para asestar un duro golpe a Irán, la constante carrera hacia los refugios, las noches en vela y la desorientación diaria dejaron una huella psicológica duradera. Si el conflicto se reavivara, es poco probable que los israelíes lo afrontaran con la misma compostura.
Está claro que Netanyahu y los dirigentes israelíes no buscaban una confrontación prolongada con Irán, precisamente porque socavaría el discurso de «victoria total» que dominó los primeros días de la campaña. Eso explica probablemente por qué, inmediatamente después del ataque estadounidense contra las instalaciones nucleares iraníes, la mayoría de los comentaristas y analistas israelíes comenzaron a hablar de «cerrar el capítulo» en cuestión de días.
Sin embargo, incluso en este enfrentamiento limitado de 12 días, Israel no logró sus objetivos declarados. En una rueda de prensa celebrada poco después del inicio de la ofensiva, Netanyahu estableció tres objetivos: desmantelar el programa nuclear de Irán, eliminar su capacidad de misiles balísticos y cortar su apoyo al «eje del terror». El ministro de Defensa, Israel Katz, fue aún más lejos y afirmó que uno de los objetivos de Israel era asesinar al ayatolá Alí Jamenei, es decir, provocar un cambio de régimen.
Ese objetivo final no se logró. De hecho, aunque los detalles del acuerdo de alto el fuego entre Trump y Teherán siguen sin estar claros, lo que sí está claro es que ninguno de los tres objetivos de Netanyahu se ha cumplido. Irán no tiene prisa por volver a las negociaciones nucleares y acusa a Washington de duplicidad por participar en la diplomacia mientras da luz verde a los ataques israelíes. No se han impuesto restricciones al creciente arsenal de misiles de Irán, que el jefe del Estado Mayor del ejército israelí, Eyal Zamir, citó como la razón principal del «ataque preventivo». Y no se ha reducido el apoyo iraní a su llamado «anillo de fuego», la red regional de proxies que rodea a Israel.
Si Israel ha emergido como la potencia militar superior, en el ámbito diplomático parece haber ganado poco o nada. Este resultado no debería sorprender: desde que comenzó la guerra en Gaza, Netanyahu ha abandonado en gran medida los esfuerzos por establecer objetivos diplomáticos claros para la acción militar, confiando en cambio en la fuerza como único instrumento de política, desde Gaza y el Líbano hasta Siria y ahora Irán.
Este último frente ha puesto de manifiesto una vez más los límites de ese enfoque. Desde el primer día, Irán declaró que no negociaría bajo fuego y exigió un alto el fuego antes de cualquier retorno a las conversaciones nucleares. Israel se negó y Netanyahu pareció aplicar la misma estrategia que antes había reservado para Hamás: negociaciones solo bajo fuego. Sin embargo, al final, se declaró el alto el fuego sin condiciones previas (conocidas), exactamente como había exigido Irán.
La brecha entre los ambiciosos «objetivos» y los más esquivos «logros» ya está sembrando la decepción, al menos en la derecha israelí. El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, describió un «sabor amargo» junto a la «victoria decisiva». Benny Sabti, un analista israelí nacido en Irán que se ha convertido en una voz destacada en los paneles de noticias israelíes durante la guerra, tuiteó que «un alto el fuego en medio de los continuos lanzamientos de cohetes y las víctimas mortales es una decisión irracional. Irán saldrá más fuerte».
Incluso la aparente victoria diplomática de Netanyahu al involucrar al ejército estadounidense en una guerra iniciada por Israel está siendo ahora reevaluada. Hace solo unos días, se aclamó como un triunfo personal del primer ministro israelí, y el legislador Aryeh Deri calificó a Trump de «mensajero de Dios para el pueblo judío». Pero al confiar en Estados Unidos para asestar el golpe final en Fordow, Israel cedió efectivamente un grado de control, lo que culminó con un claro recordatorio de que Trump seguía teniendo la última palabra. Después de que Irán lanzara un misil tres horas después del alto el fuego, Israel envió aviones de combate para tomar represalias. Pero cuando ya estaban en camino, Trump advirtió públicamente a Israel en su cuenta de Truth Social: «NO LANZEN ESAS BOMBAS», lo que obligó a los aviones a dar media vuelta.
¿Una restauración política?
A primera vista, Netanyahu parece ser el gran ganador de esta guerra en Israel. Incluso sus críticos más feroces en los medios de comunicación le han dado crédito por el éxito militar, por no hablar de sus partidarios, que han vuelto a hablar de él en términos casi divinos. Él mismo parece renacido: concede entrevistas, visita los lugares donde han impactado los misiles, come falafel con la gente, gestos que había abandonado casi por completo desde el inicio de su reforma judicial y, sin duda, desde el 7 de octubre. Como era de esperar, ya circulan en los medios de comunicación especulaciones sobre la posibilidad de que convoque elecciones anticipadas para aprovechar su nueva gloria.
Pero las encuestas publicadas desde el primer ataque de Israel contra Irán han sido menos alentadoras para Netanyahu de lo que cabría esperar. El Likud ha ganado algo de terreno, pero el bloque de la coalición de derecha sigue estancado en una proyección de 50 escaños en la Knesset, insuficientes para impedir que la oposición forme gobierno. Una posible explicación es que los pilotos de la fuerza aérea y los oficiales de inteligencia, los dos grupos quizás más asociados al movimiento de protesta contra Netanyahu, se han convertido en los verdaderos héroes de la guerra.
La razón principal por la que Netanyahu eligió este momento para iniciar una guerra con Irán fue hacer desaparecer Gaza del panorama: hacer que la gente olvidara su fracaso a la hora de eliminar a Hamás; olvidar a los rehenes que siguen cautivos; olvidar la creciente indignación internacional por las horribles imágenes que llegan desde la Franja; olvidar la creciente frustración interna con la guerra; y que el monstruoso plan de empujar a los palestinos al sur de Gaza para prepararlos para la expulsión se ha estancado, sin lograr mucho más que disparar contra civiles hambrientos que esperaban en fila para recibir alimentos.
Pero ahora que la guerra con Irán ha terminado, Gaza vuelve a ser imposible de ignorar. Cualquier israelí que necesitara un recordatorio no tuvo que esperar mucho: el 25 de junio, siete soldados murieron por la explosión de un artefacto explosivo improvisado en Khan Yunis. Y, contrariamente a las esperanzas de Netanyahu, es probable que la presión para poner fin a la guerra en Gaza se intensifique.
Incluso antes del mortal incidente de Khan Yunis, ya se percibía un sentimiento de fatiga y desesperación entre las tropas israelíes que prestaban servicio en Gaza, en particular entre los reservistas. De hecho, la guerra con Irán podría reforzar la creencia cada vez mayor entre los israelíes de que si el país puede hacer frente con éxito a una amenaza supuestamente existencial como el programa nuclear iraní, sin duda puede gestionar un desafío mucho menor como Hamás, llegando a un acuerdo para poner fin a la guerra a cambio de todos los rehenes. De hecho, el «Foro de Familias de Rehenes y Desaparecidos», el principal grupo que representa a las familias de los israelíes que siguen cautivos en Gaza, no tardó en establecer la conexión. «Cualquiera que pueda lograr un alto el fuego con Irán también puede poner fin a la guerra en Gaza», declaró en un comunicado tras el alto el fuego.
Aún no está claro si Trump presionará ahora para poner fin a la guerra en Gaza con el fin de reforzar su imagen de pacificador. Pero si se encamina en esa dirección, será mucho más difícil para Netanyahu resistirse, especialmente después de haberle entregado a Trump las llaves para poner fin a la guerra con Irán.
El furioso arrebato de Steve Bannon, figura emblemática del movimiento MAGA, que calificó a Netanyahu de «mentiroso descarado» por violar el alto el fuego negociado por Trump, es una primera señal de alerta. Y los países europeos, muchos de los cuales respaldaron a Israel durante la guerra con Irán por un instintivo reflejo de Occidente contra Oriente, podrían ahora intensificar sus amenazas de sancionar a Israel a menos que «ponga fin al sufrimiento» en Gaza, y tal vez incluso llevarlas a cabo.
Durante más de 30 años, la «amenaza existencial» de Irán —y la afirmación de que solo él podía neutralizarla— ha sido una de las bazas políticas más poderosas de Netanyahu. Pero ahora la ha jugado. Y no será fácil volver a jugar. No puede afirmar de forma creíble en un futuro próximo que Irán está a punto de fabricar una bomba sin socavar la «victoria decisiva» que celebró en directo por televisión.
Eso deja la limpieza étnica en Gaza y la anexión de Cisjordania como la agenda restante de Netanyahu. Pero políticamente, esas son cartas mucho más débiles, especialmente si se presentan solas, sin el espectro amenazador de un «eje del mal» iraní.
Sin una carta fuerte que jugar, Netanyahu podría llegar a considerar un acuerdo global sobre Gaza —como ha planteado recientemente Gilad Erdan, exembajador en Washington y leal a Netanyahu desde hace mucho tiempo— como la vía más viable para avanzar: poner fin a la guerra, traer a casa a los rehenes (los pocos que siguen vivos) y acudir a las elecciones aprovechando el impulso de la victoria en Irán y las imágenes de los rehenes abrazados a sus familiares.
Smotrich y Ben Gvir probablemente abandonarían la coalición. Pero si Netanyahu ganara las elecciones, es casi seguro que volverían, con el fin de impulsar la reforma judicial y la anexión de Cisjordania. Sería una apuesta dramática y un giro de 180 grados con respecto a casi todo lo que Netanyahu ha hecho en los últimos 20 meses. Pero, paradójicamente, las posibilidades de que se produzca un cambio tan radical pueden haber aumentado tras el turbio desenlace de la guerra con Irán.
6. Relatos de la guerrilla comunista malaya.
Reseña de un libro de relatos ambientados en la guerrilla comunista malaya, en la que participó el autor, y de la que normalmente no sabemos gran cosa.
https://jacobin.com/2025/06/malaysia-communist-guerrillas-short-stories
Los dolorosos recuerdos de los guerrilleros comunistas de Malasia
- Por
- Suyin Haynes
De 1976 a 1989, Hai Fan fue guerrillero en las filas del Partido Comunista Malayo. Su colección de relatos cortos, Delicious Hunger, humaniza a sus compañeros y retrata con maestría la tragedia de su lucha.
Varios de los relatos de Delicious Hunger se centran en los momentos «intermedios» de la supervivencia diaria en la selva tropical. (Micheline Pelletier / Gamma-Rapho a través de Getty Images)
Reseña de Delicious Hunger, de Hai Fan, traducido por Jeremy Tiang (Tilted Axis Press, 2025)
En palabras del propio autor, el objetivo principal de la primera colección de escritos de Hai Fan, What the Rainforest Told You, era «conmemorar [su] estancia en la selva tropical, presentar los sonidos e imágenes conmovedores de aquella época en relatos como los de Las mil y una noches, para que la gente pudiera escuchar la voz de alguien que había vivido ese periodo de la historia y estaba más cerca de la verdad».
Se trata de una evocación romántica de los fantásticos cuentos de Las mil y una noches, aunque en un primer momento la analogía pueda parecer contradictoria con el contexto en el que se inscribe la obra del autor. Durante trece años, entre 1976 y 1989, Hai Fan (seudónimo adoptado por el escritor singapurense Ang Tiam Huat) fue soldado del Partido Comunista Malayo (MCP) y participó en la guerrilla en la selva cercana a la frontera entre Malasia y Tailandia. En Delicious Hunger, una nueva y galardonada colección de relatos cortos, Hai Fan mezcla elementos de la tradición socialista con evocadoras técnicas modernistas. El resultado es una atmósfera casi irreal, poblada por individuos que navegan por emociones complejas; una selva tropical que despierta de su letargo y envuelve a los compañeros en un exuberante manto de camaradería, fragmentado por balas y bombas.
Aunque no están situadas explícitamente en un tiempo o lugar concretos, las historias se inspiran en las experiencias de Hai Fan durante la poco conocida «Segunda Emergencia» de Malasia: una lucha armada comunista contra el gobierno posterior a la independencia, que duró desde 1968 hasta el acuerdo de paz de 1989. Siete de los relatos fueron escritos a mediados de la década de 2010 en Singapur, donde Hai Fan regresó en 1992, y la colección se publicó por primera vez en chino en 2017. La editorial independiente británica Tilted Axis Press, especializada en la publicación de obras innovadoras traducidas de escritores de la mayoría global, publicó la traducción al inglés en Gran Bretaña el año pasado, donde se convirtió en el primer libro de Singapur en ganar el premio PEN Translates Award en inglés.
La traducción al inglés se publicará en Norteamérica en junio. «Creo que la decisión más importante y política que toma un traductor es qué traducir», me dice el traductor del libro, Jeremy Tiang. Se emocionó inmediatamente al leer la versión original de la colección en chino.
«No creo que nadie hubiera venido a pedirme que tradujera Delicious Hunger; la traducción se llevó a cabo porque decidí que era vital que el libro se publicara en inglés y llamé a muchas puertas para que así fuera».
En lugar de describir un campo de batalla activo o un enfrentamiento, varios de los relatos de Delicious Hunger se centran en los momentos «intermedios» de la supervivencia diaria en la selva tropical. Ciertamente hay casos extremos: amputaciones, emboscadas repentinas, succionar el veneno de mordeduras de serpiente. Pero Hai Fan equilibra estos acontecimientos intensos con la intimidad de las emociones cotidianas (enamorarse, sentir celos, entablar amistades), mostrando la naturaleza a veces banal de la vida en un contexto de conflicto.
Cabe destacar la sensible representación que hace la autora de las mujeres, que no solo lloran la muerte de sus compañeros y amigos, sino también la pérdida de su propia capacidad de llevar una vida «normal». En cierto modo, esto refleja la realidad: las mujeres desempeñaron un papel fundamental en todos los niveles del MCP, incluida la estrategia militar y la guerra, y en ocasiones sacrificaron la oportunidad de ser madres. Sin embargo, estas narrativas han permanecido en gran medida inexploradas tanto en los relatos históricos como en la representación literaria.
Elección formal
Como señala Kate McLoughlin, profesora de Literatura Inglesa en la Universidad de Oxford, en Authoring War, los cronistas de guerra han preferido diferentes formas de escritura en relación con los distintos conflictos: desde la épica en la Antigua Roma hasta el poema lírico de la Primera Guerra Mundial, la novela épica de la Segunda Guerra Mundial, las películas sobre la guerra de Vietnam (en su mayoría desde una perspectiva estadounidense) y los blogs sobre la guerra de Irak. Quizás el cuento o la novela corta sea la forma elegida por los revolucionarios del sudeste asiático, desde «la Generación del 45», que expresó su frustración con la revolución indonesia, hasta Nguyễn Minh Châu, que pidió menos propaganda y más realismo en las representaciones de las experiencias vietnamitas de la guerra, pasando por Siburapha y Sidaoru’ang, que exploraron las luchas de clases en Tailandia en sus escritos.
En Delicious Hunger, el formato del cuento sirve como una serie de viñetas que no están conectadas entre sí ni dependen unas de otras, ni se preocupan especialmente por la historia política o contextual específica. «Quería que mi traducción honrara la visión intransigente de Hai Fan, lo que significaba tratar las vidas y las elecciones vitales de los compañeros de Magong como igualmente válidas que las de cualquier otra persona, sin necesidad de explicaciones o justificaciones adicionales», afirma el traductor Tiang (Magong es una contracción de Malaiya Gongchandang, el nombre chino del partido). «Las historias de Hai Fan funcionan por sí solas, independientemente de que el lector conozca o no sus antecedentes, por lo que decidí no sobrecargar el texto con demasiado bagaje en forma de material histórico adicional».
Esto me recuerda el argumento del filósofo y poeta Édouard Glissant sobre el derecho a la opacidad en el contexto de la traducción: uno tiene derecho a no ser totalmente transparente con sus lectores, y especialmente si estos leen desde Occidente, uno tiene derecho a no dar demasiadas explicaciones ni justificaciones.
Hay una falta de explicación y de aceptación de lo desconocido tanto en la ausencia de contexto como en la propia traducción. El presidente Mao, el secretario general del MCP Chin Peng y el Acuerdo de Paz de Hat Yai de 1989, que puso fin a la insurgencia, solo reciben breves menciones sin introducción ni explicación. «El enemigo», «el líder» y «el intendente» son los sustantivos de los personajes en lugar de sus nombres, lo que elimina la personalidad de estas figuras de autoridad.
Algunos términos y frases se explican, se explican parcialmente o se dejan en su idioma original, en una combinación de las experiencias específicas de Hai Fan y la traducción subjetiva, o «basada en vibraciones», de Tiang de la literatura singapurense y malaya, incorporando la fluidez, la flexibilidad y la hibridación de los idiomas de la región.
Memorias dislocadas
La insurgencia comunista (aunque hay que señalar que Hai Fan prefiere el término «movimiento») fue una característica clave del orden mundial de la Guerra Fría tras la Segunda Guerra Mundial. También fue un escenario de lucha por la liberación nacional, conectado a nivel mundial con otras luchas similares en Vietnam, China y otros lugares más lejanos. Es imposible leer Delicious Hunger al margen de este contexto más amplio y de los retos individuales y personales que surgieron de él.
En el relato «Noche misteriosa», un líder anciano ordena a una compañera más joven que «confíe y se apoye en las masas revolucionarias». El hecho de que la mujer muera en el fuego enemigo en la escena siguiente tal vez señale la falacia de este mensaje ideológico. Otro relato, «En el trabajo», toma su título del estribillo que repite uno de los personajes, Lim Kuan, que acepta sin reservas todo lo que le sucede en el contexto de la lucha revolucionaria. Esto incluye una grave lesión en la pierna, que le lleva a la amputación, con la pantorrilla «como una rama seca despojada de su corteza… el muñón raspado, en carne viva y sangrante».
Estos escenarios reflejan la realidad de los tiempos inciertos y desarticulados que vivió Hai Fan, cuando el movimiento comunista se vio acosado por las luchas internas entre facciones.
Aunque el autor no hace referencia directa a estas fisuras internas, la frustración y la decepción son palpables en la desorientación y la desubicación que experimentan varios de los personajes de la colección. «El libro de Hai Fan se vende como ficción, pero se acerca más a la ficción histórica, lo que lo hace muy fascinante», afirma el historiador Jason Ng, coautor de Narratives From Piyamit:
Life Stories at the End of the Revolution, una historia oral de las experiencias guerrilleras del MCP durante la década de 1970. Para Ng, este tipo de obras literarias son importantes para humanizar a quienes fueron condenados como enemigos del Estado. «Libros como Delicious Hunger ponen de manifiesto la complejidad de esta memoria histórica y, en el caso de la historia de Malasia, enturbian las aguas. Sirven para recrear recuerdos perdidos».
Complicar las narrativas oficiales del Estado sobre el comunismo en Malasia y Singapur conlleva el riesgo de generar controversia. Tras el lanzamiento de Narratives From Piyamit en Betong, al sur de Tailandia, el mes pasado, Ng y el editor Chong Tong Sin (que también publicó What the Rainforest Told You) fueron detenidos e interrogados por funcionarios de aduanas y control de viajes a su regreso a Malasia. Se confiscaron más de veinte ejemplares en chino del libro; Ng afirma que aún no han sido devueltos.
Esto ocurre dos años después de que dos librerías, incluida la librería Gerakbudaya de Chong, fueran registradas por el Ministerio del Interior de Malasia. Se confiscaron ocho libros en chino de Gerakbudaya por supuestos «elementos comunistas», mientras que en otra tienda se confiscó una traducción al malayo de un libro sobre Karl Marx. Una selección de libros relacionados con el comunismo y el socialismo también figura en una base de datos de libros prohibidos en Malasia, que puede consultarse públicamente.
Recordando la obra del novelista Viet Thanh Nguyen sobre la memoria justa (que explora las complicadas formas en que se construyen los recuerdos de acontecimientos conflictivos o traumáticos), la guerra y la ética del recuerdo, la artista visual Sim Chi Yin escribe sobre el arte de la memoria como una forma de enfrentarse y colaborar con los fantasmas del pasado. «Las historias, la historia y los recuerdos de los movimientos locales de izquierda han sido silenciados o, peor aún, demonizados», escribe Sim. «Son estos silencios y mutismos los que ahora se han convertido en terreno fértil para gran parte de la creación artística en torno a la Emergencia Malaya».
Resulta apropiado, pues, que una obra de Sim sea la imagen de portada de Delicious Hunger, en la que se ve una pierna protésica compuesta por elementos compuestos. «Sigo sintiendo como si mi pierna siguiera ahí», dice el personaje Lim Kuan tras su amputación. Podemos interpretar esta pierna fantasmal, espectral, un motivo recurrente a lo largo de Delicious Hunger, como una metáfora de los elementos que faltan en la memoria histórica de Malasia y Singapur sobre el movimiento comunista. Delicious Hunger es el esfuerzo de Hai Fan por recuperar estas sensaciones y sentimientos, basándose en la verdad de sus experiencias: las incomodidades, el desorden, las intimidades poco gloriosas y todo lo demás.
Colaboradores
Suyin Haynes es una periodista independiente afincada en Londres que cubre historias en la intersección entre la identidad, la cultura y las comunidades infrarrepresentadas.
7. Reunión del G7.
El análisis de Michael Roberts de la reunión que se ha celebrado recientemente del G7, aunque ya ni nos acordemos pasados unos días. Esa de la que se fue Trump a toda prisa para, al parecer, organizar el ataque a Irán.
De las Montañas Rocosas a Estocolmo: ignorando la crisis mundial
Mientras escribo estas líneas, los líderes gubernamentales de los países del Grupo de los Siete (G7) —Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido y Estados Unidos— se encuentran reunidos en la remota localidad de Kananaskis, Alberta, en las estribaciones de las Montañas Rocosas canadienses, para mantener intensas conversaciones. Esta será la 51ª cumbre de las siete principales economías capitalistas. El G7 sigue representando el 44 % del PIB mundial, pero ahora solo el 10 % de la población mundial. Sin embargo, el G7 y algunos de sus socios más pequeños constituyen el núcleo imperialista, el llamado Norte Global, que gobierna el mundo.
¿Qué están discutiendo los líderes del G7? Naturalmente, la aceleración de la crisis en Oriente Medio tras el ataque israelí a Irán; la continuación de la guerra en Ucrania y la necesidad de más sanciones a Rusia y más armas para Ucrania; qué hacer con los aranceles comerciales de Trump; cómo imponer una serie de recortes en la ayuda internacional a los países pobres por parte de la mayoría de los gobiernos del G7 para hacer sitio al aumento del gasto en armamento; y la necesidad de una política común contra China.
Al mismo tiempo que la reunión de gobiernos del G7, en Suecia, un grupo de multimillonarios tecnológicos, primeros ministros, titanes corporativos y el rey de los Países Bajos se han reunido en Suecia para la 71ª reunión del Club Bilderberg en el lujoso Grand Hotel de Estocolmo, propiedad de los oligarcas suecos de larga data, la familia Wallenberg.
El grupo Bilderberg es un cónclave secreto en el que los poderosos del capitalismo mundial pueden discutir en privado las estrategias y políticas necesarias para preservar el sistema, es decir, el imperialismo. En esta reunión estarán presentes los jefes de la OTAN y del MI6, y dos de los militares de más alto rango de Estados Unidos, junto con los directores generales de varios importantes proveedores de «defensa», como Palantir, Thales y Anduril. El anfitrión de la conferencia, Marcus Wallenberg, dirige su propia empresa de armas, el mayor contratista de defensa de Suecia, Saab.
El tema principal de debate de los participantes en Bilberberg es cómo estrangular económica, política y militarmente a China. Como dijo el republicano estadounidense Jason Smith, partidario de Trump: estaba en Suecia para «seguir luchando contra la amenaza económica y de seguridad nacional que China representa para nuestra gran nación». Robert Lighthizer, otro asistente a la reunión de Bilderberg y asesor económico cercano a Trump, se hizo eco de ese sentimiento: «Para mí, China es una amenaza existencial para Estados Unidos».
Pero aquí está el quid de la cuestión. Hay dos grandes cuestiones que ni los líderes del G7 ni los pesos pesados de Bilderberg parecen dispuestos a debatir, obsesionados como están con las amenazas geopolíticas que, en su opinión, representan las potencias «resistentes» de Rusia, Irán y China. Habrá poco o ningún debate sobre el deterioro del panorama económico mundial, incluidas las principales economías del Norte Global; tampoco se hablará mucho de la amenaza existencial que suponen el calentamiento global y el cambio climático para las economías y los pueblos. En este último caso, cada vez está más claro que los gobiernos y los Bilderberg se han rendido; prefieren obtener beneficios en un mundo impulsado por los combustibles fósiles mientras las cosas vayan bien.
Sin embargo, estas son las dos cuestiones que probablemente socavarán todos los esfuerzos de los gobernantes de las economías del Norte Global. Las principales economías se encuentran en una situación cada vez más grave. Así lo deja claro el último y desolador informe del Banco Mundial sobre las perspectivas económicas mundiales. Según el informe: «Solo este año, nuestras previsiones indican que la crisis reducirá casi medio punto porcentual la tasa de crecimiento del PIB mundial que se esperaba a principios de año, situándola en el 2,3 %. Se trata del peor resultado en 17 años, salvo en casos de recesión mundial abierta… Para 2027, se prevé que el crecimiento del PIB mundial sea de solo un 2,5 % de media en la década de 2020, el ritmo más lento de cualquier década desde la de 1960».
El Banco Mundial señala que esta desaceleración no es nueva. «El crecimiento de las economías en desarrollo lleva tres décadas consecutivas de descenso, pasando de una media del 5,9 % en la década de 2000 al 5,1 % en la década de 2010 y al 3,7 % en la década de 2020. Esto coincide con la trayectoria descendente del crecimiento del comercio mundial, que ha caído de una media del 5,1 % en la década de 2000 al 4,6 % en la década de 2010 y al 2,6 % en la década de 2020. Mientras tanto, la inversión ha crecido a un ritmo cada vez más débil. Pero la deuda se acumula».
El Banco Mundial continúa: «Los países más pobres serán los que más sufrirán. Para 2027, el PIB per cápita de las economías de altos ingresos se situará aproximadamente donde se esperaba que estuviera antes de la pandemia de COVID-19. (Eso no es decir mucho, MR). Pero las economías en desarrollo estarían en peor situación, con niveles de PIB per cápita un 6 % más bajos. Excepto China, estas economías podrían tardar unas dos décadas en recuperar las pérdidas económicas de la década de 2020». En otras palabras, lejos de que los países más pobres logren avances en la mejora del nivel de vida de sus habitantes, estos países se están quedando aún más atrás. Las tasas de pobreza (incluso las fijadas de forma poco realista por el Banco Mundial) están aumentando.

La OCDE, la agencia de las economías del Norte Global, se hace eco en un nuevo informe del deprimente análisis del Banco Mundial. Según las últimas perspectivas económicas de la OCDE, la economía mundial se encamina hacia su periodo de crecimiento más débil desde la recesión provocada por la COVID-19. «El debilitamiento de las perspectivas económicas se dejará sentir en todo el mundo, casi sin excepción». Y eso incluye a la principal potencia imperialista. La OCDE prevé que el crecimiento de Estados Unidos se ralentizará de forma especialmente acusada, pasando del 2,8 % en 2024 a solo el 1,6 % en 2025 y al 1,5 % en 2026, mientras que se espera que la inflación estadounidense aumente hasta casi el 4 % a finales de 2025 y se mantenga por encima del objetivo de la Reserva Federal en 2026, lo que significa que el banco central estadounidense no recortará los tipos de interés para aliviar la carga de la deuda de los hogares y las pequeñas empresas.
En otros lugares, el crecimiento real del PIB chino se ralentizará del 5 % en 2024 al 4,7 % en 2025 (aún así, tres veces más rápido que el de EE. UU.) y al 4,3 % en 2026, mientras que la zona euro crecerá solo un 1 % este año y un 1,2 % en 2026. La economía japonesa crecerá solo un 0,7 % y un 0,4 % este año y el próximo, respectivamente. Se prevé que la economía británica crezca un 1,3 % este año, pero solo un 1 % en 2026. Y todas estas previsiones excluyen el impacto a largo plazo de los aranceles de Trump.

El comercio mundial crecerá un 2,8 % en 2025 y un 2,2 % en 2026, muy por debajo de las previsiones de la OCDE de diciembre. Además, la OCDE advierte de que los riesgos fiscales están aumentando junto con las tensiones comerciales, y que las demandas de más gasto en defensa se sumarán a las presiones sobre el gasto.
Detrás de la ralentización del crecimiento de la producción nacional se encuentra el mayor debilitamiento del crecimiento de la inversión productiva.

Los lectores que hayan seguido mi tesis sobre una larga depresión de la economía capitalista mundial durante los últimos 18 años reconocerán la trayectoria en «raíz cuadrada invertida» de la inversión desde 2008. Tras cada crisis o contracción de la acumulación (2008 y 2020), las principales economías no han recuperado la tasa anterior de crecimiento de la inversión empresarial.
La OCDE lo resume así: «Las valoraciones bursátiles, históricamente elevadas, están aumentando la vulnerabilidad a las perturbaciones negativas de los mercados financieros. El prolongado periodo de debilidad de la inversión ha agravado los retos a largo plazo a los que se enfrentan las economías de la OCDE, lo que está minando aún más las perspectivas de crecimiento». Mientras tanto, «a pesar del aumento de los beneficios, las empresas han rehuido la inversión en capital fijo en favor de la acumulación de activos financieros y la devolución de fondos a los accionistas».
Mientras los líderes y estrategas del capitalismo mundial se reúnen en Canadá y Suecia para debatir cómo lidiar con Rusia, China e Irán, el panorama económico inmediato de sus propias economías se vuelve cada vez más sombrío. Según la segunda estimación para el primer trimestre de 2025, el PIB real de Estados Unidos cayó un 0,2 % en comparación con el último trimestre de 2024. Lo más preocupante es que los beneficios empresariales cayeron un 2,9 % intertrimestral, mientras que los beneficios de las empresas no financieras cayeron un 3,5 % en el trimestre. El crecimiento de los beneficios se está ralentizando…

… y los márgenes de beneficio (precio de venta menos costes por unidad) han alcanzado su punto máximo.

La economía estadounidense aún no está en recesión, pero si los beneficios de las empresas se ralentizan aún más o caen, la inversión acabará siguiéndoles. Los economistas de JP Morgan advierten de una estanflación para la economía estadounidense. La estanflación, un término de la década de 1970, se produce cuando la producción nacional se estanca, pero la inflación se mantiene alta e incluso aumenta, lo contrario de la teoría keynesiana. Los estrategas de renta variable de JPMorgan escribieron: «Tras el reciente repunte, creemos que seguirá una fase de debilidad, que podría parecerse al periodo de estanflación, durante el cual se espera que concluyan las negociaciones comerciales». La confianza de los consumidores se ha mantenido débil: «La práctica habitual de realizar pedidos por adelantado en vísperas de las subidas arancelarias puede haber dado sus frutos, pero con la reducción del poder adquisitivo, el poder de compra de los consumidores se debilitará. Incluso con un retroceso significativo, la situación arancelaria actual es peor de lo que la mayoría de la gente esperaba a principios de año».

En opinión de JPMorgan, el aumento de los costes de los insumos y los gastos por intereses erosionarán los márgenes de beneficio, por lo que el crecimiento de los beneficios de las empresas del S&P 500 podría caer drásticamente y la economía estadounidense se estancaría. Esto es algo que predije en una publicación el pasado mes de febrero, un atisbo de estanflación.
Y los indicadores de actividad económica de las demás grandes economías del G7 muestran que ya se encuentran estancadas o en recesión. El PMI compuesto de la zona euro de mayo indicaba que tanto el sector servicios como el manufacturero de la región se estaban contrayendo, este último en su nivel más bajo en tres años. La contracción de la región estuvo liderada por Francia (ahora con nueve meses de descenso) y Alemania (donde el sector servicios cayó a su ritmo más rápido en más de dos años). El Reino Unido también siguió contrayéndose, impulsado por un sector manufacturero en su nivel más bajo en 19 meses.
Así pues, la situación de las economías del Norte Global está empeorando. Pero eso no es nada comparado con la angustia interminable de las economías más pobres del mundo, donde vive la mayor parte de la humanidad. La carga de la deuda (la ratio de la deuda con los bancos y los gobiernos de todo el mundo en relación con el PIB) de estos países sigue aumentando.

La deuda total de los llamados mercados emergentes (ME), excluida China, aumentó en 3 puntos porcentuales del PIB en 2023, hasta alcanzar el 126 % del PIB. La deuda de los países en desarrollo de bajos ingresos (PIDB) también aumentó y se sitúa por encima de los niveles previos a la pandemia. Los reembolsos de la deuda son ahora superiores a las nuevas entradas de crédito y capital. En 2023, los países de ingresos bajos y medios (excluida China) experimentaron una salida neta hacia el sector privado de 30 000 millones de dólares en deuda a largo plazo, lo que supuso un importante drenaje para el desarrollo. Los costes totales del servicio de la deuda (principal más intereses) de todos los PIMB alcanzaron un máximo histórico de 1,4 billones de dólares en 2023. Excluyendo a China, los costes del servicio de la deuda ascendieron a un récord de 971 000 millones de dólares en 2023, lo que supone un aumento del 19,7 % con respecto al año anterior y más del doble de las cantidades registradas hace una década. La deuda externa total de los países pobres alcanzó un máximo histórico de 8,8 billones en 2023, un 2,4 % más que el año anterior.
El Banco Mundial, en su último informe sobre la deuda internacional, no elude la realidad. El economista jefe del Banco Mundial, Indermit Gill, lo expresó con crudeza: «La elevada carga del servicio de la deuda, especialmente en el componente público, junto con la prevista restricción fiscal, podría obligar a algunos países de ingresos bajos y medios a reducir el gasto en otras prioridades, como las redes de seguridad social y la inversión pública en capital físico y humano». Gill continúa: «Hace una década, en una época en la que el capital privado fluía hacia las economías en desarrollo, los gobiernos y las instituciones de desarrollo pensaron que era exactamente lo que se necesitaba para impulsar el progreso en la reducción de la pobreza y otros objetivos de desarrollo. «La buena noticia es que, a nivel mundial, hay un amplio ahorro, que asciende a 17 billones de dólares, y la liquidez se encuentra en máximos históricos», se leía en un importante documento estratégico del Banco Mundial de la época. Eso resultó ser una fantasía. Desde 2022, los acreedores privados extranjeros han extraído casi 141 000 millones de dólares más en pagos del servicio de la deuda de los prestatarios del sector público de las economías en desarrollo que lo que han desembolsado en nueva financiación. Por segundo año consecutivo, los acreedores externos de las economías en desarrollo han retirado más de lo que han aportado».
Gill resume así el estado de la «ayuda» extranjera y los créditos de los bancos y organismos de inversión del Norte Global a los gobiernos y al sector privado del Sur Global: «Esto refleja un sistema financiero quebrado». En 2023, los países en desarrollo gastaron la cifra récord de 1,4 billones de dólares solo para pagar el servicio de su deuda. Eso supuso casi el 4 % de su PIB. El aumento de los pagos de intereses, que se dispararon en más de un tercio hasta alcanzar unos 406 000 millones de dólares, representó la mayor parte del incremento de los pagos totales por servicio de la deuda.
Datos recientes de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) revelan que 54 países gastan más del 10 % de sus ingresos fiscales solo en el pago de intereses. La carga media de los intereses para los países en desarrollo, como porcentaje de los ingresos fiscales, casi se ha duplicado desde 2011. Más de 3300 millones de personas viven en países que ahora gastan más en el servicio de la deuda que en salud, y 2100 millones en países que gastan más en deuda que en educación.
Gill vuelve a decir: «El resultado, para muchos países en desarrollo, ha sido un desvío devastador de recursos de áreas críticas para el crecimiento y el desarrollo a largo plazo, como la salud y la educación. La presión sobre los países más pobres y vulnerables ha sido especialmente dura… más de la mitad de estos países se encuentran en situación de sobreendeudamiento o en alto riesgo de incurrir en él. No es de extrañar que los acreedores privados se hayan retirado… Es fácil posponer las decisiones difíciles y proporcionar a estos países la financiación justa para ayudarles a cumplir sus obligaciones de pago inmediatas. Pero eso solo prolonga su purgatorio».
Gill: «Estos países tendrán que crecer a un ritmo más rápido si quieren reducir su carga de deuda, y necesitarán mucha más inversión si quieren acelerar el crecimiento. Ninguna de las dos cosas es probable, dado el tamaño de su deuda: su capacidad de pago nunca se recuperará. Es hora de afrontar la realidad: los países más pobres que se enfrentan a una crisis de deuda necesitan un alivio de la misma si quieren tener alguna posibilidad de alcanzar una prosperidad duradera». Pero el «alivio de la deuda» no figura en la agenda de las Rocosas ni de Bilderberg.
Y luego están el calentamiento global y el cambio climático. El calentamiento global se está acelerando. Las nuevas predicciones climáticas han revelado que hay un 70 % de posibilidades de que las temperaturas globales superen en 1,5 °C los niveles preindustriales como media durante los próximos cinco años. Y hay un 80 % de posibilidades de que al menos un año entre 2025 y 2029 establezca un nuevo récord de temperaturas globales, según muestra el análisis. Y, por primera vez, los modelos climáticos han demostrado que existe la posibilidad de que la temperatura media global del planeta supere los 2 °C por encima de los niveles preindustriales antes de 2030.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, puede considerar que el cambio climático es un mito. El Banco Mundial no lo cree así. El Banco Mundial advierte de una emergencia climática para 1800 millones de personas en el sur de Asia ante la amenaza de la crisis por el calor. Ha emitido una severa advertencia sobre la creciente amenaza del calor extremo en el sur de Asia, y prevé que casi 1800 millones de personas, aproximadamente el 89 % de la población de la región, estarán expuestas a temperaturas peligrosas para 2030. «Solo en 2021, países como Bangladesh, India, Pakistán y Sri Lanka registraron condiciones diarias medias demasiado calurosas para trabajar al aire libre con seguridad durante unas seis horas», señala el informe. Se prevé que esa cifra aumente a siete u ocho horas al día para 2050, lo que pondrá en peligro tanto los medios de vida como la salud. Según el Banco Mundial, más del 60 % de los hogares y las empresas de la región han sufrido fenómenos meteorológicos extremos en los últimos cinco años y más del 75 % espera que estos aumenten en la próxima década.

Una importante desaceleración económica hasta el estancamiento, junto con una inflación aún relativamente alta; una carga de deuda agobiante para la mayoría de la población mundial que malvive; y una crisis climática que se acelera: ninguno de estos temas se debatirá en las Montañas Rocosas ni en el Grand Hotel de Estocolmo.
8. Lo de Alemania es atlantismo, no nacionalismo.
Desde la perspectiva de Fazi, lo que está haciendo Alemania ahora con su remilitarización no es nacionalismo, porque va en contra de sus intereses, sino atlantismo.
https://unherd.com/2025/06/germanys-dangerous-submission/
La peligrosa sumisión de Alemania. Los atlantistas no se preocupan por el interés nacional
Thomas Fazi
25 de junio de 2025
En la cumbre de la OTAN que se celebra actualmente en La Haya, se espera que el nuevo canciller alemán, Friedrich Merz, presente su plan para transformar el Bundeswehr en «el ejército convencional más poderoso de Europa». Este dramático anuncio representa algo más que un cambio de política: supone una ruptura con la identidad estratégica fundamental que Alemania ha mantenido desde 1945.
La idea de rearmar al ejército alemán se remonta al discurso Zeitenwende de Olaf Scholz en 2022, el llamado «punto de inflexión» anunciado tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Scholz prometió un fondo de 100 000 millones de euros para el ejército y se comprometió a cumplir el objetivo de gasto del 2 % de la OTAN. Sin embargo, ese «punto de inflexión» no se materializó en gran medida. Dos años después, el Consejo Alemán de Relaciones Exteriores concluyó sin rodeos que poco había cambiado.
Ahora, Merz está decidido a cumplir lo que Scholz solo insinuó. Ha convertido la defensa y la seguridad en la piedra angular de su cancillería, lanzando la campaña de rearme más ambiciosa desde la Segunda Guerra Mundial. La magnitud es asombrosa: una propuesta de 400 000 millones de euros en inversiones en defensa y seguridad, incluido un plan para aumentar el gasto anual en defensa hasta el 5 % del PIB, tal y como exige la OTAN. Esto representaría casi la mitad del presupuesto federal —alrededor de 225 000 millones de euros—, una transformación con consecuencias políticas y sociales de gran alcance. El lunes, Berlín confirmó que su gasto militar alcanzará el 3,5 % del PIB en 2029, con el objetivo del 5 % en los años venideros.
Para lograrlo, Merz impulsó una enmienda constitucional para reformar el «freno al endeudamiento», un mecanismo fiscal consagrado en la Ley Fundamental alemana desde 2009 y que desde entonces ha limitado el déficit estructural federal. A pesar de prometer durante la campaña que el freno al endeudamiento se mantendría intacto —y de no mencionar sus planes de rearme—, Merz dio marcha atrás inmediatamente después de su elección. Su Gobierno aprovechó la última sesión del Parlamento saliente, a pesar de que ya se había elegido un nuevo Bundestag, para aprobar el cambio. El objetivo era explícito: desbloquear nuevos fondos para la expansión militar.
El 19 de mayo, el máximo responsable militar alemán, el inspector general Carsten Breuer, publicó una directiva en la que se exponía una visión global para la Bundeswehr. El objetivo: alcanzar la «plena disponibilidad operativa» para 2029. La lista de prioridades es extensa y ambiciosa. Incluye equipar y digitalizar por completo todas las formaciones de tropas, reactivar el servicio militar obligatorio, reforzar la defensa antirrobos y antimisiles, ampliar las capacidades ofensivas de guerra cibernética y electrónica, e incluso desarrollar sistemas de defensa espacial. Los planes también incluyen reforzar el papel de Alemania en los acuerdos de intercambio nuclear de la OTAN y mejorar la capacidad de ataque a largo alcance del país, lo que supone un importante cambio simbólico y estratégico.
Estos cambios no se limitan a la doctrina militar, sino que reflejan una transformación más profunda de la postura de Alemania en materia de política exterior. Merz ha adoptado rápidamente un enfoque de confrontación con Rusia, haciéndose eco de algunas de las voces más belicistas de la OTAN. Ha advertido de que Rusia está «librando una guerra híbrida agresiva cada día» y ha declarado que «Rusia supone una amenaza para todos nosotros». Antes de la cumbre de la OTAN, dijo que «debemos temer que Rusia continúe la guerra más allá de Ucrania», dando a entender que Rusia representa una amenaza militar directa para Europa a corto y medio plazo.
Mientras tanto, hace solo unos días, Reuters informó sobre un documento estratégico filtrado del Bundeswehr en el que se describe a Rusia como un «riesgo existencial» y se esbozan los preparativos del Kremlin para un conflicto a gran escala con la OTAN «antes de que termine la década». La idea de que Rusia podría lanzar un ataque a gran escala contra Europa en pocos años se ha convertido en un tema de conversación oficial entre los líderes de la UE y la OTAN, a pesar de que Moscú no tiene ni la capacidad ni el interés estratégico para llevar a cabo tal movimiento.
Inmediatamente después de asumir el cargo, Merz lanzó una activa campaña de política exterior. Recorrió las capitales europeas para coordinar la política hacia Moscú y Kiev. Una de sus primeras medidas fue viajar a Kiev junto con los líderes de Francia, Gran Bretaña y Polonia, en una muestra simbólica de unidad con Ucrania y una señal de desafío hacia Trump, que había abogado públicamente por un acuerdo negociado con Rusia. En Berlín, Merz recibió al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky y planteó la entrega de misiles Taurus de fabricación alemana, con un alcance de más de 500 kilómetros. Aunque la oposición interna le obligó a dar marcha atrás en parte, rápidamente dio un giro hacia una nueva estrategia: un acuerdo de 5000 millones de euros para coproducir misiles de largo alcance en territorio ucraniano utilizando tecnología alemana.
Aún más provocador, Merz anunció que las armas suministradas por Occidente ya no están sujetas a restricciones de alcance. «Ucrania ahora también puede defenderse atacando posiciones militares en Rusia», declaró, dando así luz verde a los ataques en territorio ruso con equipamiento occidental. Por primera vez desde 1945, Alemania no solo se está rearmando a gran escala, sino que está fomentando activamente la intervención militar directa contra Rusia, una potencia con armas nucleares. Para subrayar este cambio, Merz también confirmó que se entregarán nuevos sistemas de defensa aérea alemanes a Ucrania en el marco de un plan plurianual a largo plazo.
Pero lo que hace especialmente significativa esta campaña de rearme es que no se limita al ámbito militar. La visión de Merz es la de una movilización total, un enfoque «de toda la sociedad» que busca preparar no solo a las fuerzas armadas, sino a toda la economía y la infraestructura civil alemana para la confrontación con Rusia. Los medios de comunicación, la educación, la política industrial y la defensa civil se están alineando para apoyar esta nueva postura bélica. La disidencia, ya sea política, periodística o académica, está cada vez más estigmatizada como subversiva o incluso como una amenaza para la seguridad nacional. Periodistas e intelectuales de renombre, como Ulrike Guérot, Gabriele Krone-Schmalz y Patrik Baab, han sido atacados y marginados profesionalmente por instar a soluciones diplomáticas al conflicto de Ucrania.
Se trata de una ruptura profunda. Durante la mayor parte del período de posguerra, Alemania se definió deliberadamente en oposición a su pasado militarista. No ejerció su influencia a través de tanques o misiles, sino a través del comercio, la diplomacia y su liderazgo dentro de la UE. La doctrina de la Zivilmacht —el poder civil— no era solo una orientación política, sino un compromiso moral forjado en las cenizas del militarismo nazi. Alemania se veía a sí misma como una garante de la paz, no como una potencia hegemónica. La Bundeswehr era un «ejército parlamentario», estructurado para evitar el abuso por parte del ejecutivo e integrado en instituciones multilaterales diseñadas para limitar el aventurerismo soberano.
La agresiva retórica antirrusa de Merz —y su postura estratégica más amplia— también marca una ruptura radical con la tradición alemana de la posguerra. Incluso su predecesor, Olaf Scholz, aunque firme partidario de Ucrania, no llegó a autorizar el uso de armas suministradas por Occidente para ataques dentro del territorio ruso, una línea roja que Merz ha cruzado ahora. Moscú ha advertido de que tales acciones podrían desencadenar ataques de represalia contra objetivos de la OTAN. No hace mucho, esto habría sido impensable para un canciller alemán.
De hecho, durante la mayor parte del período de posguerra, a pesar de la Guerra Fría, la política alemana se centró en mejorar las relaciones con Rusia, entonces la Unión Soviética, una política conocida como Ostpolitik (política oriental). En esencia, la Ostpolitik se basaba en la convicción de que la estabilidad política y la paz en Europa podían lograrse mediante unos lazos económicos más estrechos y un diálogo sostenido con la Unión Soviética. En lugar de la confrontación, buscaba la distensión, una estrategia de compromiso basada en la idea de que la interdependencia fomentaría la confianza, reduciría las tensiones y abriría gradualmente un espacio para la reconciliación política.
Este fue el consenso alemán durante más de 50 años, esencialmente hasta la invasión rusa de Ucrania en 2022, aunque con el tiempo los dirigentes políticos del país, sobre todo Merkel, encontraron cada vez más difícil equilibrar los intereses estratégicos de Alemania con sus lazos transatlánticos, en medio de la creciente presión de Estados Unidos para desestabilizar a Rusia a través de Ucrania. En sus memorias, por ejemplo, Merkel relata su compromiso para que Ucrania aplicara los acuerdos de Minsk, destinados a poner fin a la guerra civil en el este de Ucrania. Como recuerda Merkel, las conversaciones acabaron fracasando debido a las poderosas fuerzas de Estados Unidos y otros países que abogaban por una solución militar al conflicto. Esto se hizo en gran parte con el objetivo de abrir una brecha entre Rusia y Europa, y en particular con Alemania.
Sin embargo, desde 2022, el consenso de la posguerra comenzó a desmoronarse y ahora se está revirtiendo radicalmente. Pero, ¿cómo hemos pasado, en tan solo unos años, de la Ostpolitik a Merz prometiendo hacer «todo lo posible» para garantizar que el gasoducto Nord Stream nunca se reabra, embarcándose en un programa de rearme masivo e incluso hablando con ligereza de ayudar a Ucrania a bombardear Rusia? ¿Se trata simplemente de una reacción «natural» a la invasión de Rusia y a la nueva realidad geopolítica posterior a Ucrania, agravada aún más por la decisión de Trump de desvincularse de Europa?
Según algunos observadores, este cambio señala un peligroso resurgimiento del nacionalismo y el chovinismo alemanes, que llevan mucho tiempo latentes bajo la superficie entre algunos sectores de la élite e incluso en la sociedad en general. Según esta narrativa, durante décadas, este impulso latente se vio frenado por el consenso de la posguerra y contenido dentro del marco del orden de seguridad liderado por Estados Unidos.
Ahora, con Washington cada vez más preocupado por otros asuntos y dando a entender una retirada estratégica de Europa, esa contención se está erosionando. Según esta narrativa, Alemania está aprovechando el momento para reafirmar su dominio en el continente, utilizando el vacío dejado por la retirada estadounidense para reclamar un papel hegemónico, esta vez no solo a través de su influencia económica, sino también mediante una postura militar asertiva, y haciéndolo con una confianza que recuerda capítulos mucho más oscuros del siglo XX.
Pero esta interpretación es, en mi opinión, errónea. Lo que estamos presenciando no es un retorno del nacionalismo alemán, sino todo lo contrario. Las políticas que se están aplicando actualmente —desde el rearme masivo hasta la escalada del conflicto con Rusia— no tienen su origen en una fría búsqueda de los intereses nacionales alemanes, sino en su negación. Son la expresión de una clase política que ha interiorizado tan profundamente la ideología atlántica que ya no es capaz de distinguir entre estrategia nacional y lealtad transatlántica.
«Lo que estamos presenciando no es un retorno del nacionalismo alemán, sino todo lo contrario».
Esta es la consecuencia a largo plazo de cómo se «resolvió» la cuestión alemana después de la Segunda Guerra Mundial: no mediante la restauración de la soberanía, sino mediante la absorción de Alemania en el «Occidente colectivo» bajo la tutela estratégica de Estados Unidos. Como se ha señalado, durante la mayor parte del período de posguerra, los dirigentes alemanes intentaron equilibrar esto con la búsqueda del interés nacional, pero en los años que siguieron al golpe de Estado en Ucrania, el ala «estadounidense» del establishment alemán comenzó a tomar el control y, con Merz, un antiguo representante de BlackRock, se ha afianzado en el poder.
Ahora, los dirigentes solo piensan en alinearse con un proyecto occidental cuyas prioridades a menudo se definen en otros lugares. En un artículo de opinión publicado ayer en el Financial Times, por ejemplo, Merz y Macron reafirmaron una vez más su compromiso con la relación transatlántica y la OTAN —que siempre ha supuesto la subordinación estratégica de Europa a Washington— a pesar de sus recientes gestos retóricos hacia una política europea más autónoma.
En este sentido, es revelador que Merz, aunque critica públicamente a Trump, esté en realidad ejecutando la visión de este: presionar a Alemania para que aumente drásticamente el gasto en defensa, asuma el liderazgo en la guerra de Ucrania y rompa los lazos energéticos con Rusia. Y, sin embargo, se presentan como expresiones de la soberanía alemana y europea. Contrariamente a la valiente postura de Schröder contra la invasión estadounidense de Irak hace veinte años, Merz también ha respaldado sin reservas el reciente ataque de Trump a Irán.
El problema hoy, por tanto, no es la ambición alemana, sino la sumisión alemana. Y la tragedia es que esta sumisión se disfraza de autonomía estratégica, una parodia sombría de la soberanía en una era de dependencia ideológica. Si los líderes alemanes entendieron en su día que la paz con Rusia era fundamental para los intereses de Alemania, los líderes actuales actúan como si el conflicto permanente fuera una condición para una política responsable. Este cambio de rumbo no solo es peligroso para Alemania, sino para toda Europa.
La buena noticia es que las ambiciones militaristas de Alemania chocan con una realidad implacable: la Bundeswehr no encuentra suficiente gente para luchar en sus guerras. El ejército tiene un déficit de 30 000 efectivos y uno de cada cuatro reclutas abandona en los primeros seis meses. La OTAN ha pedido a Berlín que cree siete nuevas brigadas, lo que requiere 60 000 soldados más, un objetivo que incluso el ministro de Defensa, Boris Pistorius, considera irrealista.
Pistorius afirma que, por ahora, el servicio militar obligatorio «no se plantea», no por falta de voluntad, sino porque es logísticamente imposible. «No tenemos capacidad, ni en cuarteles ni en formación», declaró ante el Parlamento. Aun así, insinuó que podría tratarse solo de una fase transitoria, siempre y cuando el ejército encuentre suficientes voluntarios.
Pero el verdadero obstáculo puede ser cultural, no logístico. Una encuesta de YouGov reveló que el 63 % de los alemanes de entre 18 y 29 años se oponen al servicio militar obligatorio; solo el 19 % lucharía si Alemania fuera atacada. Entre los mayores de 60 años, que ya han superado la edad de reclutamiento, el apoyo es mayor. Como lo expresaron los investigadores Chris Reiter y Will Wilkes: «Esta divergencia generacional es más que un simple cambio de actitud. Refleja dos realidades vividas muy diferentes. Los alemanes de la posguerra alcanzaron la mayoría de edad en un mundo en plena Guerra Fría con una misión cívica compartida: defender la democracia contra el expansionismo soviético. A cambio, el Estado ofrecía puestos de trabajo estables, viviendas asequibles y un sentido de propósito nacional».
Pero este contrato social se ha roto, en medio del deterioro de las perspectivas sociales y económicas para los jóvenes. «Para muchos, la llamada a servir en uniforme no se percibe como patriotismo, sino como una extracción más por parte de un sistema que no les ha devuelto nada», escriben Reiter y Wilkes.
«Cuando ignoran nuestras preocupaciones y luego nos piden que muramos por el Estado, eso es absurdo», dijo el influencer Simon David Dressler en un foro televisado. Probablemente, quien mejor expresó este sentimiento fue el periodista alemán Ole Nymoen, de 27 años, en un libro titulado Why I Would Never Fight for My Country (Por qué nunca lucharía por mi país), en el que el autor aborda la oposición generalizada de su generación a la militarización, el servicio militar obligatorio y el rearme. Esa desilusión también está remodelando la política. En las últimas elecciones, casi la mitad de los votantes jóvenes rechazaron a los partidos tradicionales y se decantaron por Die Linke o la AfD, no necesariamente por afinidad ideológica, sino como rechazo a la agenda de la OTAN y por su escepticismo hacia el impulso al rearme.
En última instancia, este puede ser el mayor obstáculo para el rearme, tanto en Alemania como fuera de ella: que un número cada vez mayor de personas está empezando a darse cuenta de que sus verdaderos enemigos no están en Moscú, sino dentro de sus propias élites políticas y económicas.
9. Resumen de la guerra en Palestina e Irán, 27 de junio de 2025.
El seguimiento en directo de Middle East Eye.
https://www.middleeasteye.net/live/live-dozens-killed-and-injured-israeli-shooting-aid-site-gaza
En directo: un ataque israelí mata a cuatro personas en una tienda de campaña en Al-Mawasi
Mientras tanto, tropas israelíes irrumpen en zonas de Nablus y Jenin, en la Cisjordania ocupada, y llevan a cabo múltiples detenciones.
Puntos clave
Trump afirma que es posible un alto el fuego en Gaza en el plazo de una semana
Médicos Sin Fronteras denuncia el plan de ayuda del GHF en Gaza
Netanyahu plantea más «acuerdos de paz» con los vecinos árabes
Actualizaciones en directo
Nuestro blog en directo cerrará en breve hasta mañana por la mañana.
Estos son los principales acontecimientos del día:
– El presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó el viernes que cree posible que se alcance un alto el fuego en Gaza en el plazo de una semana. No dio más detalles sobre cómo se lograría.
– Las tropas israelíes han admitido haber disparado y matado deliberadamente a palestinos desarmados que esperaban ayuda en la Franja de Gaza, siguiendo órdenes directas de sus superiores. Así lo han afirmado soldados y oficiales que han hablado con el periódico Haaretz.
– La oficina de prensa del Gobierno de Gaza condenó el hallazgo de pastillas de oxicodona en sacos de harina distribuidos por el programa de ayuda estadounidense-israelí Gaza Humanitarian Foundation (GHF).
– El presidente de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja afirmó que ya han muerto 50 miembros de su equipo en Gaza.
– Las Brigadas de Quds, que colaboran con las Brigadas de Qassam, afirmaron el viernes que habían tendido una emboscada a un grupo de soldados israelíes utilizando morteros pesados cerca de la mezquita de Halima, al sur de Jan Yunis, en el sur de Gaza. El ejército israelí aún no ha confirmado ninguna baja.
Trump afirma que el alto el fuego en Gaza es posible en una semana
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó el viernes que cree que es posible alcanzar un alto el fuego en el conflicto de Gaza en el plazo de una semana.
Trump, en un acto celebrado en el Despacho Oval para celebrar el acuerdo entre el Congo y Ruanda, declaró a los periodistas que cree que el alto el fuego está cerca. Afirmó que acababa de hablar con algunas de las personas involucradas en los intentos de alcanzar un alto el fuego entre Israel y Hamás.
– Información de Reuters
La Cruz Roja confirma que 50 de sus empleados en Gaza han muerto
El director de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja afirmó el viernes que 50 miembros de su equipo han muerto en Gaza.
«En Gaza, acabamos de superar un hito muy triste. Me ha entristecido profundamente la noticia de la muerte del enfermero Haitham Bassam Abu Issa, de la Sociedad de la Media Luna Roja Palestina (PRCS)», escribió Jagan Chapagain en X.
«Lo peor es que su muerte eleva a 50 el número de empleados y voluntarios de la PRCS muertos, tanto en servicio como fuera de él, desde la escalada de hostilidades en octubre de 2023», añadió.
«Esto es intolerable».
La oficina de prensa del Gobierno de Gaza condenó el viernes el hallazgo de pastillas de oxicodona que, según se informa, fueron descubiertas en sacos de harina distribuidos por centros de ayuda «estadounidenses–israelíes».
«Hasta ahora hemos documentado cuatro testimonios de ciudadanos que encontraron estas pastillas dentro de las bolsas de harina», afirmó en un comunicado, en el que advertía de la «posibilidad de que algunas de estas sustancias narcóticas fueran deliberadamente molidas o disueltas en la propia harina».
La oxicodona es un opioide destinado al tratamiento del dolor intenso y crónico, que se prescribe a menudo a pacientes con cáncer.
Esta droga es muy adictiva y puede tener efectos potencialmente mortales, como complicaciones respiratorias y alucinaciones.
Más información: Varias publicaciones en redes sociales compartieron imágenes de pastillas supuestamente descubiertas en bolsas de harina en Gaza
Un alto funcionario israelí visitará la Casa Blanca el lunes
El ministro de Asuntos Estratégicos de Israel, Ron Dermer, estará en la Casa Blanca el lunes para mantener conversaciones sobre Irán y Gaza, según ha informado Axios.
También sentará las bases para otra visita del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, a Washington a finales de este verano, según Axios.
Combatientes palestinos llevan a cabo la segunda emboscada a soldados israelíes esta semana
Las Brigadas Quds, en colaboración con las Brigadas Qassam, afirmaron el viernes que emboscaron a un grupo de soldados israelíes con morteros pesados cerca de la mezquita de Halima, al sur de Jan Yunis, en el sur de Gaza.
Las Brigadas Quds son el brazo armado de la Yihad Islámica Palestina (PIJ). Qassam es el brazo armado de Hamás.
Se desconoce el número de víctimas y el ejército israelí no ha confirmado hasta el momento ninguna baja.
Esta parece ser la segunda emboscada importante en una semana.
Un ataque anterior contra dos vehículos blindados israelíes causó la muerte de siete soldados y heridas a otros 15 en Khan Yunis. El ataque fue filmado y difundido en Internet por las Brigadas Qassam.
Las fuerzas israelíes continúan sus redadas en Tulkarm, en la Cisjordania ocupada
Las fuerzas israelíes continúan las redadas domiciliarias y las detenciones en Tulkarm y en el campo de refugiados de Nour Shams, en la Cisjordania ocupada, según informó la agencia de noticias Wafa.
Wafa afirmó que las fuerzas israelíes han demolido al menos 50 edificios en el campo de Tulkarm en las últimas dos semanas.
Las redadas de hoy marcan 152 días consecutivos de ofensiva militar israelí en Tulkarm y 139 días de redadas en Nour Shams, según el mismo informe.
Soldados israelíes admiten haber matado deliberadamente a personas desarmadas que pedían ayuda
Las tropas israelíes han admitido haber disparado y matado deliberadamente a palestinos desarmados que esperaban ayuda en la Franja de Gaza, siguiendo órdenes directas de sus superiores.
Según los soldados y oficiales que hablaron con Haaretz, los comandantes les ordenaron abrir fuego contra las personas que buscaban comida en los puntos de distribución de ayuda, a pesar de saber que no representaban ninguna amenaza.
Un soldado describió los centros de distribución como un «campo de exterminio».
«Donde yo estaba destinado, mataban entre una y cinco personas al día», declaró el soldado a Haaretz.
Más información: Gaza: soldados israelíes admiten haber matado deliberadamente a personas desarmadas que pedían ayuda
Médicos Sin Fronteras (MSF) ha pedido que se detenga un controvertido plan de ayuda estadounidense-israelí en Gaza, calificándolo de «masacre disfrazada de ayuda humanitaria».
En un comunicado emitido hoy, MSF ha afirmado que la Fundación Humanitaria de Gaza, creada el mes pasado, «degrada deliberadamente a los palestinos, obligándoles a elegir entre morir de hambre o arriesgar sus vidas por unos suministros mínimos».
El grupo también ha exigido que el plan sea «desmantelado de inmediato».
Dos bebés mueren en Gaza bajo el asedio israelí por la escasez de leche infantil
Dos bebés han muerto en Gaza bajo el asedio israelí debido a la malnutrición y a la falta de suministros médicos y nutricionales esenciales, agravada por la escasez de leche maternizada.
El jueves se anunció la muerte de los dos bebés en el Hospital Nasser, en la ciudad meridional de Jan Yunis, donde los médicos responsables han estado exigiendo a figuras clave, organizaciones y autoridades que permitan la entrada de tipos esenciales de leche maternizada y otros productos médicos necesarios para garantizar el bienestar de las madres y sus hijos.
Mohammad al-Hams, padre de Kinda al-Hams, de 10 días, declaró a Middle East Eye que su hija fue ingresada en una incubadora poco después de nacer por cesárea.
Menos de dos semanas después, murió por falta de medicamentos y nutrición, especialmente leche maternizada.
«Si hubiera habido tratamientos y medicamentos disponibles, nuestra hija estaría ahora con nosotros y estaríamos felices… pero Dios es suficiente», dijo el padre entre lágrimas.
Más información: Dos bebés de Gaza mueren bajo el asedio israelí en medio de la escasez de leche maternizada
Un bebé prematuro recibe atención mientras yace en una incubadora en la unidad de cuidados intensivos neonatales del hospital Patient Friend’s Benevolent Society, en la ciudad de Gaza, el 25 de febrero de 2025 (AFP/Omar al-Qattaa).
Un muerto y 20 heridos en ataques israelíes en el sur del Líbano
El Ministerio de Salud del Líbano ha informado de que una mujer ha muerto y 20 personas han resultado heridas tras un ataque aéreo israelí contra un complejo residencial en Nabatieh, en el sur del Líbano, el viernes.
Otras siete personas resultaron heridas en ataques aéreos en las afueras de la ciudad, según informaron las autoridades.
El gigante bancario francés BNP Paribas demandado por no informar de sus vínculos con Israel
Un grupo jurídico anunció el viernes que ha llevado a los tribunales al gigante bancario francés BNP Paribas por «incumplimiento de su deber de vigilancia», acusando al grupo bancario de no definir las actividades de apoyo a Israel, en particular en el contexto de su ofensiva militar en Gaza.
La ley obliga a las grandes empresas francesas a publicar un plan de vigilancia para prevenir, entre otras cosas, los riesgos medioambientales y las violaciones de los derechos humanos relacionados con sus actividades.
«Sin embargo, lejos de respetar estas obligaciones, BNP Paribas, en su plan de vigilancia para 2024, no se dignó definir la existencia misma de sus actividades en apoyo del Estado de Israel o de las empresas que arman al Estado de Israel», afirmó la asociación Juristas por el Respeto del Derecho Internacional (Jurdi) en un comunicado de prensa.
«De hecho, no se incluye la garantía proporcionada por BNP Paribas para la finalización con éxito de una suscripción de bonos por valor de 8 000 millones de dólares en beneficio del Gobierno israelí. Tampoco se incluye su apoyo a Elbit Systems, el principal proveedor de armas del Estado de Israel», aclaró.
La asociación, que agrupa a abogados y magistrados, afirma haber notificado formalmente a BNP Paribas en diciembre de 2024 para que modificara su plan de vigilancia, y afirma que el grupo bancario se negó a hacerlo en marzo.
Al menos 26 palestinos muertos en Gaza desde el amanecer
Veintiséis palestinos han muerto en ataques en toda Gaza desde el amanecer, según informó Al Jazeera Arabic, citando fuentes en Gaza.
Entre las víctimas se encuentran seis personas muertas por fuego israelí cerca de un punto de ayuda de la Fundación Humanitaria Gaza-EE. UU. al norte de Rafah y ocho muertas en el barrio de Tuffah, en la ciudad de Gaza.
También murieron dos personas en un ataque contra una tienda de campaña que albergaba a palestinos desplazados en al-Mawasi, en el sur.
Informe: Dos bebés mueren en Gaza por desnutrición
Dos bebés han muerto en la Franja de Gaza por desnutrición grave y escasez de leche maternizada, según informó la agencia de noticias palestina Wafa.
Los bebés fallecieron en el Hospital Nasser, en la ciudad meridional de Jan Yunis, y fueron enterrados el jueves por la noche, según Wafa. Ambas muertes están relacionadas con la falta de nutrición básica y el acceso limitado a tratamiento médico.
Las autoridades médicas de Gaza advirtieron la semana pasada del empeoramiento de la crisis sanitaria que afecta a los recién nacidos y los bebés, citando la continua falta de leche maternizada y medicamentos esenciales debido al asedio y la guerra israelíes.
Un bebé prematuro yace en una incubadora en el hospital Al-Helou, donde los médicos afirman que la escasez de leche maternizada especializada está poniendo en peligro la vida de los recién nacidos, en la ciudad de Gaza, el 25 de junio de 2025. (Reuters)
La Fiscalía del Estado ha declarado que se opone a la solicitud del primer ministro Benjamin Netanyahu de posponer su próxima declaración en su juicio penal para dedicar su tiempo a cuestiones de seguridad, incluida la guerra de Gaza, según Haaretz.
En su respuesta, la fiscalía afirmó que «los argumentos generales esbozados en la solicitud no justifican la cancelación de dos semanas de audiencias, especialmente justo antes del receso judicial de verano».
Colonos israelíes irrumpen en un lugar sagrado de Nablus
Colonos israelíes irrumpieron en el lugar sagrado de la Tumba de José, al este de Nablus, en la Cisjordania ocupada, en la madrugada del viernes, y se enfrentaron con palestinos.
Según el sitio web de noticias israelí Walla, los colonos israelíes y los residentes palestinos se lanzaron piedras antes de ser desalojados de la zona por la policía de la Autoridad Palestina.
Informe: Se registran al menos 23 ataques de colonos israelíes contra palestinos en una semana
Los colonos israelíes llevaron a cabo al menos 23 ataques contra palestinos en la Cisjordania ocupada durante la semana del 17 al 23 de junio, según informó la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA).
La OCHA afirmó que un palestino murió y otros 14 resultaron heridos en los incidentes, que también causaron daños materiales, incluidos incendios provocados, vandalismo y la destrucción de árboles jóvenes, en su mayoría olivos.
Los ataques tuvieron lugar en varias comunidades palestinas de todo el territorio, según la misma fuente.
Buenos días, lectores de Middle East Eye:
Estas son las últimas novedades de la guerra de Israel contra Gaza:
- El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, se convirtió el jueves en el líder europeo más destacado en calificar la situación en Gaza de «genocidio», mientras los equipos de rescate en el territorio palestino devastado por la guerra afirmaban que las fuerzas israelíes habían matado a 65 personas.
- La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA) ha dado la voz de alarma tras un aviso del ejército israelí de que todos los edificios serán destruidos en 13 comunidades palestinas de la zona de Masafer Yatta, en la Cisjordania ocupada. Al menos 1200 personas, entre ellas más de 500 niños, corren ahora el riesgo de ser «desplazadas por la fuerza» si el ejército lleva a cabo sus planes de demolición, según la OCHA.
- La policía israelí ha puesto en libertad a cinco colonos israelíes detenidos en relación con un ataque mortal perpetrado el miércoles en la aldea ocupada de Kafr Malek, en Cisjordania, en el que murieron tres palestinos.
- El ejército israelí ha bombardeado una tienda de campaña que albergaba a palestinos desplazados en la zona de Al-Mawasi, en el sur de Gaza, matando al menos a dos personas, entre ellas un médico y su sobrina, según el Centro de Información Palestino.
- Los últimos ataques israelíes en Gaza han causado la muerte de al menos 74 personas en las últimas 24 horas, según Al Jazeera, que cita fuentes de hospitales de Gaza.