El País, 9/03/2026. “El invento de la Reconquista cuenta con los silencios y la base dinástica para extenderse también por Cataluña.”
Guinadell Orriols tenía “un sueño”, según su madre, la alcaldesa Sílvia. ¿Quién a sus 19 años no los ha tenido? Pues bien, la joven Guinadell quería ser policía local. Y lo ha logrado en Ripoll, cuyo ayuntamiento preside su madre. El destino ha querido tan feliz coincidencia. La plaza llevaba meses vacante, pero el expediente fue tramitado de repente por vía de urgencia. Es casualidad que la primera edil ostentara “el comando superior de la Policía Local”. Algunos de forma sin duda torticera ven en el expediente al jefe de la policía local y en la designación del tribunal un conflicto de intereses. Gentes malintencionadas amenazan con convertir el sueño de la joven Guinadell en una pesadilla para su madre. La Oficina Antifraude de Cataluña está sobre el caso.
Sin embargo, el ruido que ha acompañado la designación ha sido imperceptible. Ello no deja de sorprender en un país acostumbrado al celo propio de un Peinado, a la eficacia de una Audiencia Provincial de Badajoz a la hora de inhabilitar, o a la probidad con que obra un Tribunal Supremo cuando se trata de no aplicar la amnistía. También se echa de menos la fiscalización de Manos Limpias o Abogados Cristianos, algunas de las marcas blancas con que actúa la derecha extrema o la extrema derecha. Parece que los hijos de don Pelayo han decidido no entrar en guerra con los de Guifré el Pilós.
Lo más preocupante no es esa esperable ausencia de fiscalización, sino la naturalidad con que la población ha acogido este asunto. Es cierto que 3 de cada 10 ciudadanos de Ripoll votaron por Orriols en las pasadas elecciones, pero el silencio expresa la normalidad con que se acoge el quehacer de la extrema derecha. Camilo S. Baquero lo explicó hace unos días en este diario. La oposición, por su parte, se mueve con la prudencia de quien cruza un campo de minas. Nadie quiere levantar las iras de una lideresa, apóstol de la gran sustitución: la madre parando la avalancha migratoria musulmana y la hija poniendo orden en las calles.
Orriols ha sido una mujer políticamente hábil que vio un filón electoral tras el atentado yihadista de la Rambla de Barcelona de 2017. Cambió el paradigma antiespañol por el antislámico. Hasta entonces había estado vinculada a los seguidores de Puigdemont e incluso a grupos supremacistas, como Els Intransigents de Catalunya, que defendían la superioridad de una supuesta raza catalana. Admiradora de la tradición de Estat Català, se sentía atraída por Miquel Badia, conocido como capità Collons. Con el tiempo Orriols ha sustituido el “peligro” de los migrantes murcianos de Badia por el de la amenaza islamista. Para el nacionalismo excluyente, los forasteros han sido históricos portadores de esa semilla de la discordia, capaz de minar los prístinos y ejemplares principios de hermandad imperantes en la nación. La realidad es que esa Cataluña tan bucólica como inexistente, de obreros y empresarios hermanados –evocada por el obispo Torras i Bages– ocultaba una realidad de miseria e injusticia.
La añoranza de aquellos tiempos subsiste en algunos. Y tal vez por ello Orriols ha dado a su descendencia unos nombres que dibujan cierto deseo dinástico: Guinadell, como la mujer que se sentó en el trono junto a Guifré el Pilós; Peronella, como esposa de Ramon Berenguer IV; Violant, como la consorte de Jaume I; Fortià, como un linaje de la baja nobleza medieval –pero nobleza, al fin– catalana; y Queralt, un rocoso promontorio, según el lingüista Joan Corominas. El invento de la Reconquista, término que no existió para la RAE hasta 1936, cuenta con los silencios y la base dinástica para extenderse también por Cataluña.
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