MISCELÁNEA 27/8/2026

DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA.

ÍNDICE
1. El mito de los BRICS como alternativa.
2. Tooze sobre el mercado de bonos estadounidenses.
3. Las empresas petroleras estatales del Sur Global.
4. Teorías de la inflación (2, 3 y 4).
5. El primer genocidio alemán.
6. Debate Formenti-Giacchè-Pasquinelli sobre China.
7. Las transiciones de Europa oriental.
8. Esclavismo y capitalismo.
9. Resumen de la guerra en Irán, 26 de agosto.

1. El mito de los BRICS como alternativa.

Toussaint ve una muestra de que los BRICS no son una auténtica alternativa, al menos en lo financiero, en el funcionamiento de alguna de sus instituciones, como el Nuevo Banco de Desarrollo y el Acuerdo de Reservas Contingentes.

https://www.contretemps.eu/brics-le-mythe-dune-alternative-pour-le-sud-global/

BRICS: el mito de una alternativa para el Sur global

Ocho observaciones que desmontan una ilusión

Desde la creación del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) y del Acuerdo de Reservas Contingentes (CRA) en 2014, numerosos observadores presentan estas dos instituciones como los pilares de una nueva arquitectura financiera internacional capaz de competir con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, y de constituir una alternativa financiera impulsada por el «Sur global».

Más de diez años después de su creación, ya es posible contrastar estas expectativas con la realidad. En ocho puntos, Éric Toussaint defiende la idea de que los BRICS no constituyen tal alternativa a las instituciones dominadas por Estados Unidos y sus aliados.

por Eric Toussaint

1/ El Nuevo Banco de Desarrollo y el Fondo Monetario (CRA) no están concebidos como una alternativa

Los BRIC+ consideran que el FMI debe seguir ocupando un lugar central en el sistema financiero internacional. En la declaración final de la cumbre que los BRICS+ celebraron en Río de Janeiro (Brasil) a principios de julio de 2025, se indica en el punto 11:

«El FMI debe seguir contando con recursos suficientes y rápidamente movilizables, en el seno de la Red de Seguridad Financiera Mundial (RSFM), con el fin de apoyar eficazmente a sus miembros, en particular a los países más vulnerables».[1]

Asimismo, expresan su apoyo al Banco Mundial. En el punto 12 de su declaración afirman que desean reforzar la legitimidad de esta institución. Y en la declaración final de la reunión de ministros de Asuntos Exteriores de los BRICS+, celebrada a mediados de mayo de 2026 en la India, afirman que el Nuevo Banco de Desarrollo debe reforzar la cooperación con bancos multilaterales como el Banco Mundial y los demás bancos multilaterales de desarrollo (Banco Africano de Desarrollo, Banco Asiático de Desarrollo, Banco Interamericano de Desarrollo), que están todas alineadas con las políticas de las instituciones de Bretton Woods[2].

Sin embargo, desde su fundación, el Banco Mundial y el FMI llevan a cabo una política contraria a los intereses de los pueblos y a los equilibrios ecológicos. En sus diversas declaraciones más recientes, los BRICS no expresan ninguna crítica hacia las políticas neoliberales que ambas instituciones de Bretton Woods se afanan por aplicar. En ningún momento cuestionan las deudas que estas instituciones reclaman a los países endeudados.

2/ El Fondo Monetario (CRA) no ha concedido ningún crédito, a pesar de que se creó en 2014

Este Fondo, denominado CRA (Contingent Reserve Arrangement) y creado en 2014[3], debía desempeñar, para los países del BRICS, la función que en principio desempeña el FMI cuando uno de sus miembros se enfrenta a una falta de reservas de divisas para efectuar pagos y recurre a él para recibir un crédito.

Aunque este fondo se creó sobre el papel en 2014, aún no ha entrado en funcionamiento.

3/ China, a la hora de conceder préstamos, da prioridad a sus propios bancos

Para conceder créditos, China da prioridad a los instrumentos de los que dispone directamente, es decir, a sus bancos públicos. Desde 2015, los bancos chinos han concedido créditos entre 20 y 30 veces superiores a los desembolsados por el Nuevo Banco de Desarrollo (véase la tabla incluida en el artículo anterior que reproducimos a continuación).

Tabla comparativa entre diferentes prestamistas a escala mundial (en dólares estadounidenses). Nuevos préstamos concedidos entre 2016 y 2024.

Institución Flujos estimados 2016–2024 (mil millones de USD) Tipo de datos

Grupo del Banco Mundial (BIRF + AIF + CFI) Aproximadamente 550 Desembolsos efectivos

Fondo Monetario Internacional (FMI) Entre 230 y 260 Desembolsos efectivos de los programas

Banco Asiático de Desarrollo (ADB) Entre 180 y 220 Desembolsos estimados a partir de los compromisos y los ritmos de desembolso

Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (AIIB) Aproximadamente 60 Compromisos acumulados aprobados

Nuevo Banco de Desarrollo (NDB) Aproximadamente 30 Desembolsos efectivos estimados

Entidades públicas chinas que conceden préstamos en el extranjero Entre 750 y 1 100 Estimaciones (AidData, Rhodium Group y bibliografía especializada)

Fuente: cálculos del autor a partir de los informes anuales de las instituciones en cuestión, la base de datos del FMI, los informes del NDB y las estimaciones de AidData y del Rhodium Group.

4/ China prefiere el AIIB en detrimento del NDB

Además del NDB de los BRICS, las autoridades chinas han creado otro banco multilateral al que se han adherido un número significativo de países. Se trata del Asian Infrastructure Investment Bank (AIIB) (Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras), con sede en Pekín. El AIIB cuenta con más de 100 países miembros (entre ellos 23 países europeos, como Alemania, Francia, Italia, Gran Bretaña, Bélgica, etc.). Ni Estados Unidos ni Japón forman parte de él.

El AIIB entró en funcionamiento en 2016, prácticamente al mismo tiempo que el NDB. El capital del AIIB asciende a 100 000 millones de dólares, de los cuales aproximadamente el 30 % ha sido suscrito por China, que es el principal accionista. El proceso de votación es similar al del Banco Mundial y del FMI: se basa en la participación en el capital, lo que otorga a China un derecho de veto de facto sobre las decisiones más importantes. En conclusión, el AIIB desempeña un papel mucho más importante que el del Nuevo Banco de Desarrollo, tanto por el número de países miembros como por el volumen de créditos que concede.

5/ China respalda las condiciones impuestas por el FMI

China, que se ha convertido en uno de los prestamistas públicos más importantes a escala mundial, insiste en que los países estén al corriente de sus obligaciones tanto con el FMI como con el Banco Mundial y, por lo tanto, exige que los deudores apliquen las condiciones contenidas en los acuerdos de préstamo que han firmado con dichas instituciones[4].

6/ El NDB no concede préstamos a los países más pobres

Cabe destacar que los únicos préstamos que el NDB ha concedido en el África subsahariana han sido a Sudáfrica. Ningún otro país al sur del Sáhara ha tenido acceso a un crédito del NDB. Esto incluye a Etiopía, que forma parte de los BRICS+ y que no ha recibido ningún crédito del NDB. Y en cuanto al norte de África, ningún país ha recibido crédito del NDB, ni siquiera Egipto, que es miembro del mismo. En Asia, solo China, Bangladés y la India han recibido créditos del NDB. En América Latina, solo Brasil ha recibido créditos del NDB; ningún otro país los ha recibido.

¿Cómo se puede afirmar que el NDB constituye una alternativa al Banco Mundial y al FMI si, hasta la fecha, ni uno solo de los 25 países de renta baja ha recibido un crédito del NDB y, de entre los 50 países de renta intermedia baja, solo Bangladés[5] y la India [6] han tenido acceso a un préstamo del NDB? Bangladesh ha recibido siete créditos por un total de aproximadamente 1.200 millones de dólares[7].

Como se ha indicado anteriormente, Egipto, que forma parte de los 50 países de renta media-baja, es miembro del BSD y del BRICS+ y no ha recibido ningún crédito hasta la fecha. El resto de los créditos concedidos se han destinado a Rusia (hasta 2021, ya que los créditos se suspendieron a partir de 2022), a Brasil, a China y a Sudáfrica.

7/ Los BRICS no han creado una alternativa a SWIFT

Contrariamente a lo que a veces se afirma, los BRICS+ no han establecido un sistema internacional de pagos o de mensajería financiera alternativo a SWIFT. La Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication (SWIFT) es una sociedad «cooperativa» de derecho belga que gestiona la principal red mundial de mensajería financiera segura, la cual permite a los bancos y otras instituciones financieras intercambiar instrucciones de pago. Más de 11 000 instituciones financieras en más de 200 países y territorios utilizan esta infraestructura, que se ha convertido en un elemento central del sistema financiero internacional.

Las potencias occidentales han excluido a la mayoría de los bancos iraníes y rusos de SWIFT a raíz de las sanciones impuestas por Estados Unidos y sus aliados contra estos dos países miembros del BRICS. En lo que respecta a Rusia, las sanciones occidentales se impusieron a partir de 2014 (tras la anexión de Crimea) y, sobre todo, tras la invasión de Ucrania en 2022 [8]. Como reacción, Moscú ha desarrollado su propio sistema nacional de mensajería financiera (SPFS) y los dirigentes rusos, así como varios responsables de los BRICS, han mencionado con frecuencia la creación de un sistema de pagos internacional alternativo o paralelo a SWIFT. China, cuyos bancos no están sujetos a sanciones, ha puesto en marcha su propio sistema, denominado CIPS, que coexiste con SWIFT.

A mediados de 2026, ningún sistema común de los BRICS comparable a SWIFT está operativo. Las declaraciones oficiales de los BRICS se limitan a apoyar el desarrollo de los pagos en monedas nacionales y la mejora de la interoperabilidad de los sistemas existentes.

8/ Ausencia de una moneda común de los BRICS

Los BRICS no han creado una moneda común ni pretenden crear una en el futuro. Los BRICS+ no hablan de desdolarización[9].

Conclusión

Cabe recordar que los cinco miembros fundadores de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) podrían, si así lo desearan, constituir un bloque poderoso, ya que representan aproximadamente el 40 % de la población mundial, cerca de un tercio del PIB mundial en paridad de poder adquisitivo (PPA) y alrededor del 20 % de las exportaciones mundiales. Si se incluyen los cinco países (Indonesia, Irán, Etiopía, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos), que se han convertido en miembros de pleno derecho desde 2024, los BRICS+ representan aproximadamente el 45 % de la población mundial, cerca del 35 % del PIB mundial (PPA), alrededor del 25 % de las exportaciones mundiales y entre el 35 % y el 40 % de la producción mundial de petróleo.

Sin embargo, hay que reconocer que ni el BRICS ni el BRICS+ constituyen un bloque coherente, sino que forman una alianza heterogénea cuyos miembros negocian por separado con Estados Unidos. Peor aún: Irán y los Emiratos Árabes Unidos (EAU), ambos miembros del BRICS+, se encuentran de hecho en guerra entre sí. Los Emiratos Árabes Unidos (EAU) son aliados estratégicos de Estados Unidos e Israel, que han desencadenado en dos ocasiones sendas guerras contra Irán, una en junio de 2025 y otra a finales de febrero de 2026.

Diez años después de su creación, el Nuevo Banco de Desarrollo y el Fondo Monetario de los BRICS (CRA) no constituyen una alternativa creíble a las instituciones de Bretton Woods, sino más bien una prolongación periférica de las mismas. Tras la retórica de la «desdolarización» y la emancipación financiera del Sur global, estos dos instrumentos siguen siendo prisioneros de la lógica de dependencia de los mercados financieros internacionales y de la sumisión implícita a la disciplina del FMI.

El CRA, inactivo desde su creación, simboliza este callejón sin salida: aunque se supone que debe proteger a los miembros del BRICS de las condiciones del FMI, por el contrario los remite a él tan pronto como superan un determinado umbral de endeudamiento. El NDB, por su parte, se ha transformado en una institución semioxidentalizada: sus financiaciones están denominadas mayoritariamente en dólares, sus calificaciones dependen de las grandes agencias anglosajonas y su estrategia de préstamos no tiene por objeto proporcionar créditos a los países que más los necesitan y que deberían recibir apoyo en el marco de una estrategia de desarrollo humano compatible con los equilibrios de la naturaleza.

La actitud de Pekín pone de manifiesto esta ambigüedad. En la práctica, China da prioridad a sus propios bancos públicos y al AIIB para ampliar su influencia, relegando al NDB a un segundo plano. Esta elección refleja una jerarquización de los instrumentos financieros del Sur, donde la cooperación multilateral sigue estando subordinada a lógicas nacionales de poder.

En el plano político, los BRICS+ no asumen una ruptura con el orden financiero mundial. Al reafirmar el papel central del FMI y del Banco Mundial, se han posicionado como reformadores internos del sistema más que como artífices de una alternativa. Esta postura revela la paradoja fundacional de los BRICS+: querer encarnar la voz del Sur sin romper con las estructuras de dominación del Norte y del sistema capitalista.

Así, diez años después de la creación del Banco de Desarrollo de los BRICS (NDB) y del Banco de Reconstrucción y Desarrollo (CRA), la promesa de un polo financiero posoccidental sigue sin cumplirse, cuando no se ha abandonado por completo. Los BRICS+, algunos de los cuales son aliados directos de Estados Unidos, como los Emiratos Árabes Unidos y Egipto, a falta de una voluntad política común de transformación sistémica, consolidan un modelo híbrido en el que el discurso de la soberanía enmascara la persistencia o el refuerzo de las dependencias. La verdadera alternativa a las instituciones de Bretton Woods no surgirá de una mera réplica institucional, sino de un proyecto colectivo basado en la justicia financiera, la solidaridad Sur-Sur y la construcción de nuevas instituciones financieras multilaterales verdaderamente democráticas, cuya prioridad será la satisfacción de los derechos humanos fundamentales y el respeto a la Naturaleza.

*

El autor agradece a Patrick Bond, Sushovan Dhar y Maxime Perriot su revisión del texto y sus consejos.

Notas

[1] Ingl.: 11. «El Fondo Monetario Internacional (FMI) debe seguir contando con recursos suficientes y mantener su agilidad, situándose en el centro de la red de seguridad financiera mundial (GFSN), para apoyar eficazmente a sus miembros, en particular a los países más vulnerables». https://dirco.gov.za/rio-de-janeiro-declaration-strengthening-global-south-cooperation-for-a-more-inclusive-and-sustainable-governance-rio-de-janeiro-brazil-6-july-2025/

[2] Véase el punto 57 de la «Declaración del presidente y documento final de la Reunión de Ministros de Asuntos Exteriores del BRICS (15 de mayo de 2026)», https://www.mea.gov.in/bilateral-documents?dtl/41144 (consultado el 26 de junio de 2026).

[3] El tratado por el que se establece el CRA se firmó el 15 de julio de 2014 en Fortaleza (Brasil). El importe total disponible, en principio, es elevado: 100 000 millones de dólares estadounidenses, distribuidos de la siguiente manera: China, 41 000 millones; Brasil, 18 000 millones; Rusia, 18 000 millones; India, 18 000 millones; y Sudáfrica, 5 000 millones. Véase el artículo 2 del tratado. El artículo 5 añade: «a. Las Partes podrán acceder a los recursos dentro del límite de un acceso máximo igual a un múltiplo del compromiso individual de cada Parte, de la siguiente manera: i. China tendrá un multiplicador de 0,5; ii. Brasil tendrá un multiplicador de 1; iii. Rusia tendrá un multiplicador de 1; iv. la India tendrá un multiplicador de 1; v. Sudáfrica tendrá un multiplicador de 2». Véase en la página web oficial del Gobierno brasileño https://www.gov.br/mre/en/contact-us/press-area/press-releases/documents-signed-on-the-occasion-of-the-vi-brics-summit-fortaleza-july -15-2014#II O en la página web de la Universidad de Toronto http://www.brics.utoronto.ca/docs/140715-treaty.html, consultada el 26 de junio de 2026.

[4] Para obtener más información sobre China como prestamista, consulte https://www.cadtm.org/Etude-Questions-reponses-sur-la-Chine-comme-puissance-creanciere-de-premier y su apoyo al programa del FMI en Argentina: https://www.cadtm.org/La-Chine-et-le-FMI-avec-le-soutien-des-BRICS-ont-offert-une-bouee-de-sauvetage

[5] Según la clasificación del Banco Mundial, Bangladés es un país de renta media-baja (lower-middle-income country). Según la clasificación del Banco Mundial para el ejercicio fiscal 2026, hay 25 países de bajos ingresos (Afganistán, Corea del Norte, Somalia, Burkina Faso, Liberia, Sudán del Sur, Burundi, Madagascar, Sudán, República Centroafricana, Malaui, Siria, Chad, Malí, Togo, República Democrática del Congo, Mozambique, Uganda, Eritrea, Níger, Yemen, Gambia, Ruanda, Guinea-Bissau, Sierra Leona); estos países tienen una renta per cápita inferior a 1 136 dólares estadounidenses. A continuación, hay 50 países de renta media-baja (lower-middle-income countries, LMIC). Esta categoría agrupa a los países cuyo producto nacional bruto (PNB) per cápita se sitúa entre 1 136 $ y 4 495 $. Estos datos proceden de https://datahelpdesk.worldbank.org/knowledgebase/articles/906519-world-bank-country-and-lending-groups. Extracto del Data Help Desk del Banco Mundial: Para el ejercicio fiscal actual de 2026, las economías de bajos ingresos se definen como aquellas cuyo RNB per cápita, calculado según el método del Atlas del Banco Mundial, era igual o inferior a 1 135 dólares en 2024; las economías de renta media de la franja inferior son aquellas cuyo RNB per cápita se sitúa entre 1 136 $ y 4 495 $; las economías de renta media de la franja superior son aquellas cuyo RNB per cápita se sitúa entre 4 496 $ y 13 935 $; y las economías de renta alta son aquellas cuyo RNB per cápita es superior a 13 935 dólares. Texto original en inglés: «Para el actual ejercicio fiscal de 2026, las economías de renta baja se definen como aquellas con un RNB per cápita, calculado según el método del Atlas del Banco Mundial, de 1 135 dólares o menos en 2024; las economías de renta media-baja son aquellas con un RNB per cápita comprendido entre 1.136 y 4.495 dólares; las economías de renta media-alta son aquellas con un RNB per cápita comprendido entre 4.496 y 13.935 dólares; y las economías de renta alta son aquellas con un RNB per cápita superior a 13.935 dólares».

[6] La India, que según el Banco Mundial forma parte de los países de ingresos medios bajos (LMIC), no tiene ninguna dificultad para obtener préstamos en el extranjero.

[7] Véase https://www.ndb.int/projects/all-projects/?country=bangladesh&key_area_focus=&project_status=&type_category=&pyearval=#paginated-list, consultado el 26 de junio de 2026.

[8] Lista de bancos rusos excluidos de SWIFT: VTB Bank, Promsvyazbank, Sovcombank, Bank Otkritie, Novikombank, Bank Rossiya, VEB.RF, Sberbank, Russian Agricultural Bank y Credit Bank of Moscow.

[9] Véase: «Los BRICS y la desdolarización», publicado el 7 de octubre de 2025, https://www.cadtm.org/Les-BRICS-et-la-de-dollarisation

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2. Tooze sobre el mercado de bonos estadounidenses.

A lo largo de este mes, Adam Tooze ha publicado tres «Chartbooks» dedicados a la situación del mercado de bonos estadounidenses. Os los paso juntos.

https://adamtooze.substack.com/p/chartbook-468-apocalypse-now-in-the

Cuaderno de gráficos 468: ¿«Apocalypse Now» en el mercado de deuda pública? Marzo de 2020 visto desde agosto de 2026.

Adam Tooze

22 de agosto de 2026

«Toda historia digna de ese nombre es historia contemporánea» —Benedetto Croce, 1917.

En 2026 volvemos a estar preocupados por los mercados de bonos. Los rendimientos a largo plazo se están disparando en todo el mundo desarrollado. El Tesoro de EE. UU. está llevando a cabo una intervención sin precedentes y los mercados no están respondiendo. Los rendimientos han vuelto a subir y el dólar se ha depreciado.

Dada la magnitud del mercado de bonos del Tesoro de EE. UU., se trata de un asunto de interés mundial.

¿Qué es lo peor que podría suceder? Una venta masiva a gran escala y el colapso del mercado de bonos del Tesoro como institución operativa.

¿Es probable que ocurra? Mañana hablaré más sobre ello. Pero lo que hay que destacar aquí es, sencillamente, que no se trata de una hipótesis. El colapso casi total del mercado de bonos del Tesoro de EE. UU., el mercado financiero más importante del mundo, es algo que ya hemos vivido, en marzo de 2020, cuando la COVID se propagaba por todo el mundo.

En aquel momento, la población mundial tenía otras preocupaciones en mente. Sin embargo, el colapso del mercado de bonos del Tesoro sigue siendo la crisis más subestimada de la historia financiera moderna.

Lo convertí en el eje central de mi libro sobre la COVID, Shutdown. Es el núcleo de Trillion Dollar Triage, de Nick Timiraos.

Y se destacó en lo que sin duda fue una de las hazañas periodísticas más subestimadas de los últimos meses: la historia oral de la respuesta de la Fed ante la COVID de Robin Wigglesworth, publicada en las páginas de FT Alphaville en febrero de este año. Al quedar relegada entre las intervenciones de Trump en Venezuela e Irán, esta retrospectiva periodística no recibió los elogios que merecía. Quiero volver a ponerla en primer plano aquí, no solo por su interés histórico, sino porque marca el terreno en el que parece que volvemos a movernos. Como ha quedado claro en las últimas semanas, no podemos pensar en el actual caos de los mercados de bonos mundiales sin pensar en marzo de 2020.

El problema verdaderamente letal que se estaba gestando en la segunda semana de marzo de 2020 era que, en su carrera por obtener liquidez, los inversores no solo vendían acciones y bonos corporativos supuestamente seguros. También estaban rompiendo la hucha de activos seguros que poseían en forma de bonos del Tesoro de EE. UU. El resultado, tal y como Daleep Singh —antiguo empleado de Goldman Sachs, posteriormente en el Tesoro de Obama y en la Fed de Nueva York, y que más tarde se incorporaría a la Administración Biden— explicó a Timiraos, fue que:

«no había dónde refugiarse. No había ningún refugio seguro… Lo que realmente me resultó más aterrador de 2020 fue cómo los rendimientos de los bonos del Tesoro se disparaban al mismo tiempo que los mercados de valores se desplomaban. Desde una perspectiva de mercado, se trataba de un riesgo imposible de cubrir».

La reunión del FOMC conocida como «Apocalypse Now» tuvo lugar el 15 de marzo de 2020. ¡Era un DOMINGO! No era un día habitual para una reunión de política monetaria de la Fed. Se programó para anticiparse a la apertura de los mercados en Asia.

Tras unas palabras de agradecimiento de Powell, la reunión comenzó con Lori Logan, de la Fed de Nueva York, exponiendo «una larga lista de acontecimientos negativos, terribles y desastrosos, tales como que los bonos de las aerolíneas se negociaran como si ya estuvieran en situación de impago; salidas masivas de fondos de renta fija; operaciones desequilibradas en todos los ámbitos; e incluso que la emisión de bonos corporativos con calificación de inversión se volviera “esporádica” y la liquidez del mercado de papel comercial se volviera “prácticamente inexistente”».

Sin embargo, como subraya Wigglesworth, «podría decirse que la evolución más alarmante se estaba produciendo en el mercado de bonos del Estado de EE. UU.»

Según Logan:

Tras varios días consecutivos de empeoramiento de la liquidez en el mercado de bonos del Tesoro, los participantes en el mercado informaron de un agudo deterioro de las condiciones hacia finales de la semana pasada. Varios operadores primarios comunicaron que habían dejado de actuar como creadores de mercado en valores fuera de la serie actual, y que este segmento del mercado de bonos del Tesoro había dejado de funcionar de manera efectiva. Esta interrupción de la intermediación se debió a flujos extraordinarios procedentes de inversores que buscaban la seguridad de los valores del Tesoro, en particular los de emisión reciente —los más líquidos—, y de aquellos que vendían valores del Tesoro de emisión anterior, entre los que se encontraban gestores de reservas que buscaban obtener liquidez, fondos de cobertura que se enfrentaban a ajustes de márgenes o que pretendían reducir su apalancamiento, y gestores de activos que buscaban reequilibrar sus carteras. Los operadores informaron de que tenían dificultades para vender estos valores «off-the-run» y de que se veían limitados a la hora de absorber cualquier stock adicional que les llegara. Dado el papel central de los valores del Tesoro en la fijación de precios y en la cobertura, así como en su función de reserva de valor, esta disminución de la liquidez se extendió a otros mercados y comenzó a suscitar dudas sobre el funcionamiento del sistema financiero en general.

Como le comentó un operador a Timiraos

«Era un tráfico absolutamente unidireccional, y todo el mundo era vendedor. Todo el mundo. Solo se buscaba obtener efectivo», afirmó Christopher Vogel, un operador veterano que dirigía la división de tipos de interés y divisas de TD Securities, una filial de un gran banco canadiense. «¿Cualquier cosa cercana a 99, 98, 97 o 96 céntimos por dólar? Lo aceptamos. Los reembolsos que vimos fueron feroces, y los compradores se mantuvieron al margen». El resultado: vender bonos del Tesoro. «Cuando el efectivo es tan codiciado, se vende lo que se puede, lo que no tiene por qué ser necesariamente lo que uno desea», afirmó Hammack, tesorero de Goldman Sachs.

El presidente de la Fed de Nueva York, Williams, se hizo eco de estos alarmantes informes:

Estamos observando tensión, falta de liquidez y disfunción del mercado en varios de los que yo consideraría pilares fundamentales de nuestro sistema financiero. No se trata de la volatilidad del mercado de valores ni de algunos de esos otros mercados. Se trata realmente de —para mí, el principal motivo de preocupación es el hecho de que el mercado de valores del Tesoro de EE. UU., que es, sinceramente, el mercado más importante del mundo, haya mostrado un rápido deterioro de la liquidez durante la última semana. . . . Cuando reflexiono sobre cómo estos acontecimientos en los mercados financieros afectan a nuestra capacidad para llevar a cabo nuestra política monetaria y, de hecho, para que esas decisiones lleguen a las empresas y a los hogares, resulta absolutamente esencial que los mercados de títulos del Tesoro y de MBS funcionen correctamente.

Según Wigglesworth, los gestores de reservas globales vendieron 290 000 millones de dólares en títulos del Tesoro. Los fondos de inversión se deshicieron de 270 000 millones de dólares y los fondos de cobertura vendieron al menos 180 000 millones de dólares, probablemente más.

Aunque la ola de ventas de marzo de 2020 ha sido objeto de numerosos estudios —algunos de los cuales se han publicado en Chartbook— y aunque se han realizado esfuerzos para reformar el mercado —un tema al que volveremos—, este escenario de ventas drásticas y que se retroalimentan, que abruma a los agentes privados, sigue siendo la pesadilla que acecha a los mercados hoy en día, en 2026.

La respuesta en 2020 fue espectacular. Como nos cuenta Wiggleswoth: «Powell afirmó que estabilizar el mercado de bonos del Tesoro era el motivo principal de la reunión de emergencia del domingo»

Logan explicó lo que la Fed ya estaba haciendo —principalmente grandes operaciones de recompra— y lo que ahora quería hacer para restablecer la calma: comprar una gran cantidad de bonos, comenzando con 40 000 millones de dólares en bonos del Tesoro de forma inmediata aquel lunes. Reveló que la Fed ya había comprado 37 000 millones de dólares el viernes anterior, tres veces más de lo que el banco central había comprado jamás en un solo día, incluso tras la crisis de 2008. Ahora, Logan proponía hacer más que eso cada día.

El 15 de marzo, dada la magnitud del desastre que se avecinaba, el único punto de debate se centraba en la magnitud de la intervención. Neil Kashkari defendió que la Fed simplemente anunciara compras ilimitadas, limitándose a decir que compraría «lo necesario hasta que los mercados volvieran a funcionar», en lugar de anunciar objetivos concretos.

Al plantear este argumento, el propio Kashkari se basaba en su experiencia en el Tesoro de EE. UU. en 2008, cuando había sido el responsable principal del programa de rescate TARP —tan denostado— para los bancos estadounidenses. Basándose en esa experiencia, insistió en que era «mucho mejor que la Reserva Federal reaccionara en exceso que por defecto».

«Allá por la crisis financiera, el único error que, colectivamente, el Tesoro —donde yo trabajaba— y la Reserva Federal cometimos repetidamente fue que siempre fuimos lentos, siempre hicimos muy poco y siempre fuimos tímidos. Y eso se debió a que no sabíamos: “¿Ya está todo dicho?” —¿verdad? ¿Es esto lo peor a lo que puede llegar la crisis? No queríamos reaccionar de forma exagerada. Pero, como dijo Charlie, cuando el escenario más pesimista es una gran crisis financiera, cuando el escenario más pesimista es una recesión muy, muy profunda, cuando el escenario más pesimista es un caso como el de Italia, la respuesta política adecuada es reaccionar de forma exagerada, porque lo que se quiere es atajar ese agujero tan profundo —quizá sea pequeño, pero muy profundo—. Simplemente creo que, al plantearnos las políticas para esta reunión y las próximas, no deberíamos preocuparnos por reaccionar de forma exagerada. Deberíamos pecar por exceso, no por defecto. . . . «

Esto fue en 2020, por lo que Raphael Bostic, de la Fed de Atlanta, planteó de hecho la cuestión de los «tipos de interés negativos» y señaló que la Fed también podría recibir preguntas sobre la teoría monetaria moderna».

En las semanas siguientes se produciría, efectivamente, un gigantesco impulso de política fiscal respaldado por las compras de bonos del Tesoro por parte de la Fed, que alcanzaron la asombrosa cifra de 75 000 millones de dólares al día —una combinación que fácilmente podría interpretarse como la implementación de un programa al estilo de la Teoría Monetaria Moderna (MMT) que aúna política fiscal y monetaria—. El resultado transformó el balance de la Fed de forma mucho más drástica que la crisis de 2008.

A finales de marzo de 2020, esto había logrado estabilizar los mercados, lo que permitió que la reunión de abril del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) adoptara un tono más tranquilo y retrospectivo. En abril de 2020 ya empezaba a quedar claro cuáles habían sido algunas de las fuerzas que habían contribuido a la desastrosa implosión de la liquidez del mercado de bonos del Tesoro. Como nos explica Wigglesworth:

La vicepresidenta de la Fed, Lael Brainard, se centró en algunas de estas «vulnerabilidades notables» en sus comentarios posteriores. Una oleada de reembolsos en fondos de bonos y fondos municipales plantea dudas sobre si los marcos de gestión de la liquidez son lo suficientemente sólidos. Los fondos del mercado monetario de primera categoría vuelven a estar en el punto de mira, después de que una oleada de reembolsos provocara tensiones que requirieron intervenciones de emergencia. La necesidad de salir de posiciones saturadas entre los fondos de cobertura con estrategias de valor relativo contribuyó a las distorsiones masivas en los mercados de valores del Tesoro.

Quarles se hizo eco de estos comentarios:

Creo que este suceso ha puesto de relieve algunas vulnerabilidades del sector financiero no bancario de las que llevamos hablando desde hace tiempo, pero que no se habían abordado tras la crisis anterior, o al menos no de forma completa, quizá debido al «cansancio de las respuestas» o simplemente a la mayor dificultad que entraña la respuesta. Pero sí creo que corresponderá al Consejo de Estabilidad Financiera retomar algunas de estas cuestiones sobre las finanzas no bancarias y analizarlas con mucha más atención.

Una vez más, le tocó a Kashkari adoptar un tono más urgente y más político:

Creo que el hecho de que esto esté ocurriendo doce años después de 2008 me resulta simplemente impactante y probablemente lo sea para todos nosotros. A largo plazo, creo que esto planteará muchas más cuestiones fundamentales sobre nuestro sistema regulador, no solo para los bancos, sino también para las entidades no bancarias. Me refiero a que la teoría básica de nuestras reformas reguladoras posteriores a 2008 es que las instituciones deben autofinanciarse. Y, sin embargo, ya hemos demostrado que eso ha fracasado. La Reserva Federal ha tomado medidas extraordinarias durante el último mes, y yo apoyo dichas medidas. Lo correcto fue poner en marcha todas estas líneas de crédito para respaldar a los mercados financieros. Y ahora todo el mundo sabe que estamos ahí. Estuvimos ahí en 2008, estamos ahí ahora y seguiremos ahí en el futuro. Por lo tanto, incluso después de que desactivemos oficialmente estas líneas de crédito cuando pase la crisis de la COVID-19, en cierto sentido, estas líneas de crédito siguen siempre activas en segundo plano. Por eso, en mi opinión, debemos plantearnos, a largo plazo, cuestiones mucho más fundamentales sobre la estructura de nuestros mercados financieros. Pensemos en los mercados de financiación a un día. ¿Existe algún valor social en permitir que las instituciones —bancarias o no bancarias— se financien a un día? El único valor social que se me ocurre es que pueden maximizar sus beneficios a corto plazo, sabiendo que la Reserva Federal estará ahí a largo plazo cuando la situación se vuelva preocupante.

Nadie en agosto de 2026 afirma que algo parecido al cierre por la COVID de marzo de 2020 vaya a producirse en un futuro próximo. La economía estadounidense se encuentra en una situación mucho más sólida. Pero la conmoción de marzo de 2020 sigue presente en el sistema. Cuando Wigglesworth escribió la semana pasada sobre la «codependencia tóxica del mercado de bonos del Tesoro» con los fondos de cobertura, fue la experiencia de marzo de 2020 la que invocó.

Parafraseando a Croce: si es cierto que toda historia auténtica es historia contemporánea, entonces también es cierto que cualquier análisis serio del momento actual, de la realidad contemporánea, debe ser necesariamente histórico.

Así es como Daleep Singh recordó el colapso de 2020:

«Fue pánico puro y sin adulterar, de una magnitud mucho peor que en 2008 y 2009. Mucho peor», afirmó Singh, quien había pasado la crisis de 2008 en la mesa de tipos de interés de la sala de operaciones de Goldman en Londres. La idea de cerrar los mercados resultaba especialmente desalentadora. «Era algo profundamente antiamericano de contemplar, el simple hecho de cerrarlo todo, y casi fatalista: que no íbamos a salir de esto».

Para Singh, el año 2020 se presentaba a través de una doble capa de historia: la experiencia de 2008 contrastaba con algo más antiguo, algo supuestamente auténtico y esencial, el profundo fundamento ideológico de la identidad estadounidense. En 2026, Bessent, como secretario del Tesoro de Trump, y Warsh, como sucesor de Powell, añaden sus propias capas.

https://adamtooze.substack.com/p/chartbook-469-the-risk-of-unwind

Cuaderno de gráficos 469: El riesgo de la corrección: el mercado de bonos del Tesoro de EE. UU. en la era del dólar impulsado por los beneficios de los fondos de cobertura.

Adam Tooze

23 de agosto de 2026

Los tipos de interés fijados por los mercados de bonos de todo el mundo están subiendo. A medida que decenas de billones de dólares en deuda a tipo fijo se negocian a precios más bajos, los rendimientos aumentan. El mercado en el que esto reviste mayor importancia es el gigantesco mercado de bonos del Tesoro de EE. UU. Al mismo tiempo, en el verano de 2026, el debate sobre el «choque chino 2.0» centra nuestra atención en el enorme superávit comercial de China y el enorme déficit de EE. UU. En otras palabras, seguimos estando en un mundo de «déficits gemelos» estadounidenses: tanto en el presupuesto público como en la balanza por cuenta corriente. Pero ese mundo tiene una estructura muy diferente a la que tenía antes. Y los riesgos de caos financiero provocado por los agentes financieros privados son mucho mayores.

Mientras que antes esos dos déficits estaban directamente vinculados por sus mecanismos de financiación —los superávits comerciales con EE. UU. acumulados por exportadores como China eran reinvertidos por los gestores de reservas oficiales en bonos del Tesoro de EE. UU. (el denominado «reciclaje de Bretton Woods 2.0»)—, la relación ya no es tan sencilla.

Así lo pone de manifiesto el último artículo de Anusha Chari y Gian Maria Milesi-Ferretti, de Brookings. Tal y como demuestran, en la era clásica de la acumulación de reservas bajo el sistema de Bretton Woods 2.0, entre 2000 y 2009, una parte muy importante de la emisión neta de bonos del Tesoro de EE. UU. fue adquirida por carteras oficiales de reservas extranjeras: el modelo de los «déficits gemelos» en acción.

Desde la crisis de 2008-2009, el modelo de los déficits gemelos ha ido siendo sustituido gradualmente por un nuevo régimen.

En la década de 2010, a medida que se acumulaban los déficits posteriores a la crisis y la emisión de bonos del Tesoro de EE. UU. continuaba a un ritmo acelerado, se mantuvo en cierta medida la acumulación de reservas oficiales extranjeras. Sin embargo, fueron cada vez más los inversores privados extranjeros quienes asumieron la absorción de la nueva deuda, junto con los inversores privados nacionales (los datos se han ajustado para tener en cuenta la deslocalización de las tenencias privadas estadounidenses a las Islas Caimán).

Desde 2020, con déficits y emisiones de deuda sin precedentes, el tipo de acumulación de reservas oficiales típico de la década de los 2000 se ha detenido casi por completo y son los inversores privados estadounidenses y extranjeros quienes han absorbido la nueva emisión de bonos del Tesoro.

Tracy Alloway ilustra este mismo fenómeno con un gráfico que muestra las cuotas de propiedad de los bonos del Tesoro. La línea turquesa oscura (correspondiente a las reservas oficiales extranjeras) alcanza su máximo alrededor de 2008-2009, con más del 40 por ciento, y luego desciende. La línea azul más clara, correspondiente a las carteras privadas extranjeras, supera a las carteras oficiales extranjeras. Y los compradores predominantes son ahora los inversores privados nacionales.

Aunque China sigue registrando enormes superávits comerciales con EE. UU. y continúa manipulando su tipo de cambio, esto ya no se traduce en compras oficiales a gran escala de deuda del Tesoro estadounidense. Entonces, ¿quiénes son los inversores extranjeros que siguen comprando activos en dólares y, por lo tanto, financian los déficits comerciales de EE. UU.? ¿Qué les atrae? ¿Y qué atrae tanto a los inversores privados extranjeros como a los estadounidenses hacia la deuda del Tesoro? La respuesta sencilla es que ya no es la necesidad imperiosa de manipular el tipo de cambio ni una política industrial orientada a la exportación lo que impulsa los fondos hacia el mercado del Tesoro, sino la búsqueda de beneficios.

Para los inversores de todo el mundo, los mercados financieros estadounidenses, con su promesa de rendimientos desmesurados, han resultado irresistiblemente atractivos. Los mercados de renta variable son un elemento clave de ello. Como muestran los datos de Chari et al., los pasivos financieros bilaterales de Estados Unidos —especialmente frente a la zona del euro, la anglosfera y los países asiáticos avanzados— consisten en gran parte en inversiones de cartera en renta variable e inversión extranjera directa (IED). Por el contrario, la deuda de cartera (es decir, las posiciones en bonos del Tesoro acumuladas en la década de 2000) domina los pasivos bilaterales frente a China. Desde la década de 2010, China ha venido convirtiendo sus enormes activos frente a la economía mundial en activos frente a deudores distintos de EE. UU.

Pero los títulos del Tesoro de EE. UU. también despiertan interés, sobre todo por las operaciones financieras que permite un activo tan líquido. Desde la década de 2010, entre los propietarios extranjeros, han sido sobre todo los principales centros financieros mundiales —la zona del euro, el Reino Unido— los que han aumentado su participación en las tenencias de títulos del Tesoro de EE. UU.… y las Islas Caimán.

Las Islas Caimán son importantes porque constituyen la sede extraterritorial de un grupo significativo de fondos de cobertura. Y desde la década de 2010, han sido precisamente los fondos de cobertura los que han constituido una fuente clave de demanda de deuda pública estadounidense.

Esta acumulación comenzó a finales de la década de 2010, cuando la Reserva Federal empezó a retirar la flexibilización cuantitativa (es decir, las compras de bonos del Tesoro). Las carteras de bonos del Tesoro de los fondos de cobertura alcanzaron su punto álgido a principios de 2020, justo antes de la COVID. Esto funcionó mientras duró. Pero también trajo consigo una nueva e importante fuente de inestabilidad. Los fondos de cobertura son extremadamente sensibles a las tasas de rendimiento y operan con apalancamiento. Si la situación se complica, se ven obligados a salir del mercado. Esto quedó dolorosamente patente en la primavera de 2020. Al estallar la turbulencia de la pandemia, los fondos se deshicieron de cientos de miles de millones de títulos del Tesoro, lo que provocó el pánico en el mercado en marzo de 2020 —la crisis analizada en el último boletín de Chartbook.

Un reciente trabajo de investigación de Phillip J. Monin, de la Fed de Nueva York, muestra la magnitud de la inversión de los fondos de cobertura en títulos del Tesoro

Figura 1. Exposiciones a títulos del Tesoro, exposiciones a operaciones repo y rotación

Figure 1. Treasury Exposures, Repo Exposures, and Turnover. See accessible link for data.

Nota: Los datos son mensuales hasta septiembre de 2025. Las exposiciones físicas y en derivados se han estimado según Banegas et al. (2021). La rotación del mercado de bonos del Tesoro incluye valores al contado y derivados vinculados al Tesoro. Fuentes: Formulario PF de la SEC, análisis del autor.

Hasta 2023, la actividad de los fondos de cobertura se mantuvo moderada. Sin embargo, a raíz de un endurecimiento significativo de la política de la Reserva Federal, las compras de bonos del Tesoro de EE. UU. por parte de los fondos de cobertura se dispararon. Su cuota en el mercado global de bonos del Tesoro se duplicó, incluso cuando el volumen de bonos del Tesoro aumentó en billones de dólares. Tal y como reveló el estudio de la Fed de Nueva York: «Las carteras de valores del Tesoro de los fondos de cobertura superan ahora a las de los fondos de inversión y las entidades de depósito autorizadas en EE. UU.».

Figure 2. Hedge Funds’ Estimated Treasury Holdings Relative to Outstanding Treasuries. See accessible link for data.

La demanda de los fondos de cobertura, como ya se demostró en 2020, puede ser extremadamente volátil, sobrepasando la capacidad incluso del mercado más profundo y líquido para absorber las ventas. Por lo tanto, esta acumulación de exposición resulta preocupante. Y lo es aún más, ya que está claro que esta acumulación de exposición a los bonos del Tesoro no se financia mediante una enorme acumulación de nuevos fondos por parte de los propios fondos de cobertura, sino mediante el endeudamiento. Según un estudio reciente de la OFR, «los fondos de cobertura dependen principalmente de los acuerdos de recompra y de los préstamos de los corredores de primera línea. En 2025, los préstamos mediante acuerdos de recompra de los fondos de cobertura crecieron un 154 % y los préstamos a través de corredores de primera línea un 83 % con respecto a 2022».
Figura 4. Préstamos de los fondos de cobertura (en miles de millones de dólares)
Prime brokerage and Repo borrowing by hedge funds has increased substantially since 2019 from 1.4 trillion dollars and 1.3 trillion dollars respectively, to around 3 trillion dollars. Other secured hedge fund borrowing is much smaller at 720 billion dollars.
Nota: Datos a junio de 2025. Los datos reflejan únicamente los fondos de cobertura cualificados (QHF).

Fuentes: OFR Hedge Fund Monitor, Oficina de Investigación Financiera.

Tal y como señaló el estudio de la Fed de Nueva York:

La magnitud de esta expansión es sorprendente: desde principios de 2023, la exposición bruta de los fondos de cobertura a los bonos del Tesoro, los niveles de financiación mediante acuerdos de recompra y el volumen de negociación mensual en los mercados de bonos del Tesoro se han más que duplicado. Además, sus actividades relacionadas con los bonos del Tesoro se han concentrado cada vez más, de modo que los 50 fondos más grandes por exposición bruta a los bonos del Tesoro representan aproximadamente el 90 % del total, frente al 84 % registrado a principios de 2023.

Al desglosar los diferentes tipos de operaciones realizadas por los fondos de cobertura, la Fed de Nueva York constató que

las estrategias de arbitraje altamente apalancadas (operaciones de base y arbitraje de diferenciales de swap) representan casi la mitad de los 2,4 billones de dólares en posiciones largas a fecha de septiembre de 2025, mientras que la exposición restante se distribuye entre operaciones con la curva de rendimiento, tenencias de efectivo sin gravámenes y usos de inversión exclusivamente en posiciones largas.

Figura 3. Usos estimados de la exposición larga a los bonos del Tesoro por parte de los fondos de cobertura

Figure 3. Hedge Funds’ Estimated Uses for Long Treasury Exposure. See accessible link for data.

En resumen, si, tal y como sostuve en la última entrada del «Chartbook», la crisis de marzo de 2020 sigue cerniéndose sobre el mercado, hay motivos de peso para estar preocupados.

En la crisis de 2020, fue sobre todo la liquidación de posiciones de operaciones de diferencial altamente apalancadas lo que causó el daño al mercado de bonos del Tesoro. Según la Fed de Nueva York, ese riesgo es hoy mucho mayor que en el momento del brote de COVID:

Figura 4. Posiciones estimadas de los fondos de cobertura en operaciones de diferencial

Figure 4. Hedge Funds’ Estimated Basis Trade Positions. See accessible link for data.

«Estimamos que los volúmenes agregados de operaciones de diferencia alcanzaron aproximadamente 830 000 millones de dólares en septiembre de 2025, lo que supone casi el doble de su máximo registrado a principios de 2020.

https://adamtooze.substack.com/p/chartbook-470-treasury-v-fed-2026

Chartbook 470: El Tesoro frente a la Reserva Federal en 2026: ¿una batalla real o una «furia épica» en el mercado de bonos?

Adam Tooze

26 de agosto de 2026

El hecho de que las dos agencias centrales de la política económica del Gobierno no mantengan una división coherente del trabajo, sino que tiren en direcciones opuestas, apunta a un desacuerdo fundamental en el seno del Gobierno.

Cuando esto ocurre en Estados Unidos —que sigue siendo el pilar del sistema del dólar—, y los actores implicados son la Reserva Federal y el Tesoro de EE. UU., y el escenario de su lucha es el mercado de bonos del Tesoro estadounidense, valorado en 32 billones de dólares —supuestamente el activo seguro y líquido más importante del mundo—, parece que se dan todos los ingredientes para una batalla real.

Por razones obvias, a los observadores les preocupan desde hace tiempo las políticas fiscales y monetarias del «trumpismo». Trump y sus secuaces han arremetido verbal y legalmente contra la Reserva Federal. Con Kevin Warsh como nuevo presidente de la Reserva Federal, los ataques verbales han remitido en cierta medida. Pero los ataques legales continúan.

No obstante, la escalada de tensión entre la Reserva Federal y el Tesoro de EE. UU. en agosto de 2026 ha tomado por sorpresa a los mercados y a los comentaristas.

Lo que ha provocado esta escalada es el aumento de los rendimientos de los bonos a largo plazo, que ha cobrado un impulso significativo, en parte debido a los fundamentos fiscales y en parte a la nueva ronda de perturbaciones de la oferta provocadas por la guerra con Irán y a la perspectiva de un nuevo repunte de la inflación. Este cambio en el estado de ánimo del mercado se ha producido justo cuando Kevin Warsh lucha por establecer su nuevo régimen conservador en la Reserva Federal. A largo plazo, Warsh espera sin duda que una nueva era de comunicación mesurada por parte de la Reserva Federal permita alcanzar un equilibrio estable con bajas tasas de inflación y rendimientos moderados de los bonos. Esa no es la situación este verano. La tasa de inflación en EE. UU. ha vuelto a situarse en el 3,7 % y los rendimientos de los bonos a largo plazo se sitúan en niveles que no se veían desde principios de la década de 2000.

Impacientes por obtener un alivio inmediato, ha ocurrido lo impensable. El secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, ha anunciado intervenciones en los mercados de bonos del Tesoro estadounidense para impulsar al alza los precios de los bonos y reducir los rendimientos a largo plazo. Tras 2008, nos acostumbramos a que los bancos centrales compraran bonos a gran escala. Sin embargo, la misión principal de la presidencia de Warsh es sacar a la Reserva Federal de ese hábito. Que el Tesoro de EE. UU. se dedique a manipular abiertamente el mercado de bonos supone, por un lado, un paso en la dirección opuesta y, por otro, una ampliación sustancial de la intervención gubernamental.

Krishna Guha, vicepresidente de Evercore ISI, afirmó que la medida del Tesoro podría no solo haber inquietado a los inversores, «sino también a los miembros del FOMC».

Para empeorar las cosas, Bessent justificó sus intervenciones alegando que el mercado de bonos del Tesoro no se ajustaba a los «fundamentales» y que, como máximo conocedor de la información privilegiada, cuenta con una ventaja informativa asimétrica que justifica sus intervenciones. Ambas afirmaciones contradicen la nueva visión de la Fed, que busca desvincular la política de los mercados, limitar cualquier uso de su propia ventaja informativa asimétrica y permitir que las «verdaderas» fuerzas del mercado se impongan.

A primera vista, esto tiene todos los ingredientes de una crisis que haría que la batalla entre Liz Truss y el Banco de Inglaterra, la «prima de la estupidez» y la agitación en el mercado de bonos del Estado británico parecieran una tormenta en un vaso de agua.

Históricamente, las disputas entre el Tesoro y los bancos centrales han definido el régimen fiscal y monetario: en el acuerdo entre la Reserva Federal y el Tesoro de 1951, y en las décadas de 1980 y 1990, con el establecimiento de bancos centrales independientes siguiendo el modelo del Bundesbank en Europa.

En 2026, todo parece estar preparado para un enfrentamiento de gran envergadura.

El elenco de personajes no podría ser más teatral. Tanto Bessent como Warsh son antiguos discípulos del legendario operador macroeconómico Stanley Druckenmiller, quien recurrió a las páginas del WSJ para criticar la intervención de Bessent.

El Departamento del Tesoro anunció el 19 de agosto que duplicaría el volumen de sus recompras de bonos a largo plazo, pasando de 2.000 millones de dólares a al menos 4.000 millones por operación, centradas en el segmento de 10 a 30 años y con vigencia desde el 9 de septiembre hasta el 4 de noviembre. El anuncio se produjo después de que el rendimiento a 30 años alcanzara su máximo en 19 años. Los rendimientos cayeron en cuestión de minutos. A la tarde siguiente, ya habían vuelto a niveles superiores a los iniciales. El veredicto del mercado fue rápido y acertado: no se trataba de gestión de liquidez, sino de gestión de precios —y de un error mucho mayor de lo que sugieren los 4.000 millones de dólares—. El anuncio del Tesoro delató sus intenciones. Justificó las operaciones de mayor envergadura como apoyo a la liquidez en sectores con «un respaldo sólido y constante por parte de los participantes en el mercado», pero ese respaldo sólido es precisamente la definición de un mercado sano y que funciona. No hubo subastas fallidas, ni bloqueos en los balances de los operadores, ni liquidaciones forzadas, ni nada que se pareciera a lo ocurrido con los bonos del Tesoro en marzo de 2020 o con los bonos del Estado británicos en septiembre de 2022, el tipo de episodios genuinamente disfuncionales que justifican la intervención oficial. La volatilidad se mantuvo contenida y la negociación fue ordenada: no se trató de un fallo, sino de la máquina haciendo su trabajo. Considere lo que la máquina estaba valorando. La inflación se sitúa entre el 3 % y el 4 % y lleva desde 2021 por encima del objetivo de la Reserva Federal. El desempleo es del 4,1 %, lo que supone pleno empleo según cualquier definición. El déficit ronda el 6 % del producto interior bruto, una cifra que Estados Unidos nunca antes había registrado en tiempos de paz y con pleno empleo. … El rendimiento a 10 años, incluso tras la venta masiva del verano, se sitúa en la tasa de crecimiento nominal de la economía o por debajo de ella. Esto significa que un prestatario (el Gobierno federal) que registra déficits del 6 % en situación de pleno empleo, con una inflación por encima del objetivo, sigue financiándose aproximadamente al ritmo de crecimiento de su economía. … El mercado de bonos no estaba actuando como un justiciero, como algunos argumentarían. Se estaba comportando como un blando que por fin había empezado a carraspear, y el Tesoro intervino para acallar incluso eso. Llevo cinco décadas operando en los mercados partiendo de una premisa sencilla: los mercados agregan información que ningún comité posee, y los precios son la forma en que esa información llega a quienes toman las decisiones. El rendimiento de los bonos del Tesoro a largo plazo es el precio más importante del mundo. También es el único garante de la disciplina fiscal que le queda a EE. UU. Ninguno de los dos partidos incluirá en su programa electoral la reforma de las prestaciones sociales. Ambos han pasado la última década ampliando compromisos mientras ignoraban la aritmética. Las democracias no sanan sus finanzas porque una oficina presupuestaria publique una tabla. Las sanan únicamente cuando el coste de la inacción se hace visible e inmediato, cuando los tipos hipotecarios se vuelven onerosos, cuando las subastas se estancan, cuando el coste político del aumento de los bonos a largo plazo acaba por superar el coste político de recortar el gasto. Cada punto básico de supresión artificial de los rendimientos es una subvención a la procrastinación. La gestión de los rendimientos siempre comienza como una operación técnica y termina como un compromiso político. Entre 1942 y 1951, la Reserva Federal limitó los rendimientos de los bonos del Tesoro a largo plazo para financiar la Segunda Guerra Mundial. El límite se mantuvo tras el fin de la guerra, financió déficits con dinero impreso y alimentó una inflación de dos dígitos. Fue necesario el Acuerdo entre el Tesoro y la Reserva Federal de 1951 para eliminar dicho límite, seguido de años de represión financiera que gravaron silenciosamente a toda una generación de ahorradores. Los responsables políticos estadounidenses levantaron un muro entre la gestión de la deuda y la gestión de los precios por una razón. Esta intervención comienza a desmantelarlo. A las pocas horas del anuncio, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, indicó que las operaciones podrían superar los 4.000 millones de dólares, y los analistas observaron que el Tesoro puede duplicarlas una y otra vez. Cuando el mercado de bonos no respondió a esta amenaza, altos funcionarios del Tesoro declararon a los periodistas que el departamento podría utilizar la Cuenta General del Tesoro para intervenir. Una vez que los mercados creen que el Tesoro está defendiendo un precio, cada subida de los rendimientos se convierte en una prueba de la determinación de las autoridades, y las operaciones deben ampliarse para superar dichas pruebas.

Dado que estamos en 2026, no hizo falta investigar mucho para determinar que el artículo de Druckenmiller había sido redactado en gran parte por IA, un hecho que el propio Druckenmiller ni siquiera negó. Está claro que está de acuerdo con lo que sea que haya ideado el algoritmo y, al parecer, también lo está el Wall Street Journal. No es de extrañar que el algoritmo conozca el guion. No se trata de ciencia espacial ni de predecir estructuras proteicas. Lo que está en juego son los componentes elementales de cualquier interpretación conservadora de la constitución fiscal y monetaria.

En respuesta, Citadel Securities ha salido al paso y ha calificado las acciones de Bessent como «represión financiera»: mantener bajos los tipos de interés frente a la inflación.

Muchos de nosotros, en el bando de la macrofinanza crítica, llevamos tiempo defendiendo que la represión financiera es, de hecho, la vía probable y menos perjudicial para el futuro. Quizá no esperábamos que nuestra profecía se manifestara de esta forma, pero la historia a veces sigue caminos extraños.

Daniela Gabor@DanielaGabor

Ejem.

Daniela Gabor @DanielaGabor

La represión financiera está a la vuelta de la esquina, le guste o no. El Estado no puede soportar los implacables golpes de la agonizante hegemonía estadounidense en un contexto de plena movilidad de capitales e independencia del banco central

3:47 a. m. · 25 de agosto de 2026 · 6,54 MIL visualizaciones

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A finales de esta semana, Warsh acudirá a la exclusiva reunión de banqueros centrales en Jackson Hole para pronunciar su primer discurso como presidente de la Fed. ¿Qué dirá? ¿Desafiará abiertamente al secretario del Tesoro de los Estados Unidos? Los observadores del mercado están nerviosos ante un posible enfrentamiento:

«Tengo una opinión muy negativa sobre el razonamiento del Tesoro y sus retoques. Creo que es una estrategia autolimitada y contraproducente», afirmó Greg Peters, codirector de inversiones de PGIM Credit. «Los mercados esperan algo de Warsh, pero no estoy seguro de qué se supone que debe hacer en esta situación».

El mero hecho de que nos planteemos estas preguntas resulta en sí mismo impactante.

Dado el guion que se está desarrollando, resulta irresistible la tentación de amplificar la conmoción muy real que se está produciendo en los mercados financieros, con el melodrama de Fin-Fi(cción). Los economistas serios se preguntan si los bonos del Tesoro de EE. UU. pueden considerarse, en un sentido real, activos seguros. ¿Es este el principio del fin del sistema del dólar? Más sobre esto en la próxima entrega de lo que se está convirtiendo en una miniserie de Chartbook.

Pero, antes de nada, volvamos a 2026 y pellizquémonos para ver si estamos despiertos. ¿Es plausible imaginar que, precisamente Scott Bessent, esté iniciando un giro radical en la política? ¿Con quiénes estamos tratando aquí? ¿Son estos titanes de la historia financiera?

Ser un necio o un fanfarrón no significa que no se pueda tener un impacto real en el mundo. Pero hay algo que no debemos tomar al pie de la letra: lo que dicen esas personas. En el caso de la segunda administración Trump, lo que sí sabemos es que les gusta hablar alto y claro, pero es posible que solo tengan un palito minúsculo. En el primer año de la administración Trump, sostuve que deberíamos tomarnos más en serio la cultura del bótox junto a la piscina de Mar-a-Lago como guía para el pensamiento estratégico que las pontificaciones de los asesores financieros de MAGA.

¿Ha llegado el momento, en 2026, de tomar como modelo la incoherencia chapucera de la «Operación Furia Épica»?

Al igual que las grandes operaciones militares, la intervención oficial en el mercado de bonos puede marcar una diferencia real. El Banco de Japón bajo el mandato de Kuroda, la Reserva Federal bajo el de Ben Bernanke y Jerome Powell, y el BCE bajo el de Draghi, llevaron las compras de bonos a proporciones gigantescas. En marzo de 2020, la Reserva Federal compraba más de 100 000 millones de dólares al DÍA. Esta cifra es tan astronómica que el estimado John Authers, en un artículo reciente, la confundió con la cifra mensual. ¡Se trataba de la compra DIARIA!

Así pues, en 2026, ante una auténtica debacle del mercado de bonos, cuando el ministro de Hacienda quiera ejercer un impacto significativo en el mayor mercado financiero del mundo, sin duda deberá estar hablando de cifras gigantescas. De lo contrario, sin duda sabe que sería un fracaso vergonzoso. Debe de estar pensando en compras por valor de cientos de miles de millones que se mantengan durante meses, restringiendo seriamente la oferta neta al mercado. ¡Eso podría pensarse!

Pero entonces se recuerda que estamos en 2026. El año de la «Furia Épica».

De hecho, la duplicación de las recompras de bonos que ha anunciado Bessent es tan insignificante que requiere un gráfico especial para explicarla:

Como señala Toby Nangle, esto no puede tener un impacto significativo en la emisión neta y no tiene ninguna posibilidad de alterar el mercado.

El propio Bessent no parece saber cómo interpretar su situación embarazosa.

Por un lado, quiere calmar los ánimos argumentando que lo único que está haciendo el Tesoro es resolver problemas de liquidez en el segmento a largo plazo, utilizando su capacidad de intervención y sus conocimientos superiores para facilitar una revalorización razonable. Quizá Bessent crea de verdad que se avecina una consolidación fiscal seria y espera que los agentes del mercado le sigan. Si el movimiento en los mercados de bonos hubiera sido moderado, si la confianza se hubiera mantenido básicamente estable, esa señal podría incluso haber surtido algún efecto —una especie de orientación fiscal prospectiva—. Pero, dada la magnitud de las incertidumbres y el nivel gigantesco de emisión, eso dista mucho de ser el caso.

Así pues, Bessent cambió de estrategia. Avergonzado por la reacción del mercado, el Tesoro dejó entrever «a través de fuentes» que, en realidad, podría recurrir a hasta 1 billón de dólares de la cuenta general del Tesoro.

1 billón de dólares es una enorme cantidad de dinero. Pero, una vez más, el mercado se estremece de vergüenza. Como señaló Robin Wigglesworth

… esto solo hace que el Tesoro parezca aún más desesperado, como si redoblara la apuesta con una mala mano. La TGA es como la cuenta corriente del Gobierno de EE. UU. en la Reserva Federal, donde se acumulan los ingresos fiscales, los ingresos por la venta de deuda, etc. Pero la mayor parte de ese dinero se destina a fines concretos, como el funcionamiento del Gobierno de EE. UU., o sirve como reserva en caso de un colapso catastrófico del mercado. No se trata de un poder financiero ocioso que esté ahí a disposición de los secretarios del Tesoro que quieran volver a probar suerte en el mercado de bonos.

Si el Tesoro se propone defender un objetivo de precio mediante compras financiadas con su cuenta corriente en la Reserva Federal, simplemente se está preparando para verter beneficios en las cuentas de los especuladores que, a la larga, romperán la paridad. El volumen de operaciones diario supera los 1,2 billones de dólares. Sin duda, la Reserva Federal podría conceder un descubierto al Tesoro. Al fin y al cabo, el Gobierno es una única unidad financiera. Pero esto supondría una grave violación de las barreras de protección establecidas desde hace tiempo. La única entidad que, en el marco del ordenamiento vigente, dispone de una cuenta verdaderamente sin restricciones es el banco central. Eso es lo que ha dotado a la Reserva Federal y a sus homólogos del poder necesario para dominar los mercados de bonos. Sin embargo, si hay algo a lo que la Reserva Federal, bajo el mandato de Warsh, está comprometida, es a abstenerse de cualquier tipo de manipulación de este tipo, salvo en condiciones de una crisis financiera manifiesta y que ponga en peligro la supervivencia.

No se dan tales condiciones.

¿Cuál es, pues, el resultado de esta extraña actuación del Tesoro de EE. UU.?

Sería muy sorprendente que el Tesoro alterara la trayectoria de los tipos de interés y diera lugar, de hecho, a una nueva era de represión financiera.

Sería sorprendente que Warsh, en Jackson Hole, decidiera adoptar una postura basada en principios.

No sería menos sorprendente que Bessent acabara teniendo razón y que, de hecho, se produjera una consolidación fiscal en EE. UU.

El resultado más probable es que no se produzca un cambio de régimen, sino que el Tesoro pierda credibilidad, que una «prima MAGA» eleve aún más los costes de financiación, lo que aumentaría el déficit y, por lo tanto, agravaría las presiones en el mercado de bonos.

Como señaló Lisa Shalett, directora de inversiones de Morgan Stanley Wealth Management, al FT

intervenir en el mercado del Tesoro «porque está de mal humor» ante el aumento de los rendimientos «no es un argumento convincente y huele a capricho». «Y usted no quiere un Tesoro impredecible y caprichoso»

La elección de las palabras aquí es reveladora. La cuestión no es si el Tesoro de Trump es una poderosa fuerza histórica a punto de cambiar el régimen financiero e inaugurar una nueva era de represión financiera. Hablar en esos términos es caer en el melodrama financiero. El problema es que, bajo la dirección de Bessent, el Tesoro es «irritable», «imprevisible» y «caprichoso».

Eso parece encajar con el año 2026, el año de la operación «Epic Fury», el año en que, tras causar un auténtico caos en Irán, Estados Unidos vio cómo sus poderosos grupos de combate de portaaviones quedaban inutilizados por drones de bajo coste, y cómo se produjo un casi motín entre sus tripulaciones, provocado por una comida digna de una prisión y unos aseos atascados.

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3. Las empresas petroleras estatales del Sur Global.

No os paso el texto de este estudio del TNI porque está en PDF y es un rollo remaquetarlo. Envío solo la introducción y el enlace al documento. Pero me parece un tema importante, porque buena parte de las principales industrias petroleras mundiales son estatales, especialmente en el Sur Global.

https://www.tni.org/en/publication/crude-futures

Futuros del crudo: Las empresas petroleras nacionales del Sur Global en un mundo en proceso de descarbonización

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Introducción:

S-OIL es un ambicioso proyecto comparativo de cinco años que investiga el papel cambiante de las compañías petroleras nacionales (EPN) en países de ingresos bajos y medios de África, Asia y América Latina, en el marco de las múltiples presiones que esas sociedades enfrentan, derivadas de la descarbonización de la economía global.

Las empresas estatales o controladas por el Estado poseen la mayoría de las reservas mundiales de petróleo, representan una gran proporción de la producción actual de hidrocarburos y son la fuente de la mayor parte de los ingresos fiscales de muchas economías del Sur Global que más dependen de la exportación de crudo. Sus estrategias corporativas, decisiones de inversión y alineamientos políticos serán determinantes para el éxito o el fracaso de la transición energética.

A pesar de su centralidad, las EPN del Sur Global siguen sorprendentemente poco estudiadas. La mayor parte de la literatura disponible se ha concentrado en las grandes empresas petroleras de propiedad privada, en la experiencia de unos pocos países exportadores de petróleo de altos ingresos, como Noruega o los países del Golfo, o en estudios de casos nacionales aislados o enmarcados estrictamente en términos institucionales o financieros. Actualmente no existen antecedentes de investigación comparativa, desde una perspectiva transregional y con base etnográfica, sobre la economía política de la propiedad estatal en la industria petrolera. S-OIL fue concebido para llenar ese vacío.

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4. Teorías de la inflación (2, 3 y 4).

Antes de las vacaciones os pasé la primera entrada de esta serie de Michael Roberts -con Carchedi- sobre la inflación. Ahora que las ha terminado, os paso las tres restantes juntas.

https://thenextrecession.wordpress.com/2026/08/03/theories-of-inflation-part-two-heterodox-and-marxist/

Teorías de la inflación, segunda parte: heterodoxas y marxistas

Esta es la segunda parte de mi análisis sobre las causas de la inflación en las economías capitalistas modernas, basado en un artículo inédito escrito por Guglielmo Carchedi y por mí.

Existen diversas posturas heterodoxas sobre las causas de la inflación. En general, estas posturas se oponen al enfoque dominante centrado en el monetarismo, el exceso de demanda y las expectativas de inflación, tal y como se expuso en la primera parte. Las perspectivas heterodoxas pueden dividirse en dos. En primer lugar, están quienes sugieren que la atención debe centrarse en la estructura sectorial de la economía, es decir, en cómo las restricciones de la oferta provocan subidas de precios en determinados sectores de la economía y, posteriormente, a través de los vínculos entre insumos y productos y de los cambios en el comportamiento de fijación de precios de las empresas, se extienden a toda la economía. Y, en segundo lugar, existen teorías basadas en la idea de que la inflación está provocada por el conflicto de clases, es decir, por las reivindicaciones salariales de los trabajadores y la respuesta de los capitalistas.

Desde la perspectiva sectorial, algunos recurren a los «márgenes de beneficio» de las empresas como explicación de la inflación; es decir, la inflación es causada por los monopolios y su poder para imponer precios de mercado por encima de los precios de la «libre competencia». Los monopolios pueden aumentar sus márgenes de beneficio y sus precios de venta si suben los costes, incluidos los costes laborales. Stephanie Kelton, la conocida «teórica de la teoría monetaria moderna», explica que «las empresas con suficiente poder de mercado también pueden subir los precios de forma unilateral en busca de beneficios cada vez mayores».

Marx no estaría de acuerdo. Sí, el precio de mercado de las mercancías vendidas puede desviarse —y de hecho se desviará— del precio de producción, es decir, el precio al que todos los capitales producen mercancías con la misma tasa media de ganancia (una tasa que está en constante fluctuación). Si el precio de producción —basado en la tasa media de ganancia de la economía— desciende, entonces todos los precios individuales que giran en torno a él también deberían descender. Sin embargo, existe un margen de maniobra dentro del cual algunas empresas podrían reducir sus precios menos de lo medio o incluso aumentarlos. No obstante, esta capacidad «monopolística» de actuar así siempre tiene límites. La competencia tenderá a imponerse, incluso en el caso de los oligopolios. Por lo tanto, el precio de «monopolio» de mercado no puede desviarse durante mucho tiempo del precio de producción.

En el reciente repunte inflacionista tras la recesión pandémica, la teoría sectorial ha adoptado una forma diferente. Según este punto de vista, la inflación se debe a restricciones de la oferta en sectores económicos clave, lo que a su vez se ve amplificado por el hecho de que las empresas aumentan sus márgenes gracias a su poder de mercado. Los cuellos de botella en la oferta, que se extienden por los distintos sectores de la economía, inician el proceso inflacionista, pero luego los márgenes de las empresas pueden superar la media, lo que ejerce una presión adicional sobre los precios. Isabella Weber y Even Wasner sostienen que el aumento de los precios en determinados «sectores ascendentes de importancia sistémica» proporciona un impulso para nuevas subidas de precios. Para proteger los márgenes de beneficio del aumento de los costes, los sectores descendentes propagan —o, en casos de monopolios temporales debidos a cuellos de botella, amplifican— las presiones sobre los precios.

Las pruebas que respaldan la inflación sectorial impulsada por los beneficios tienen cierta base en la reciente espiral inflacionista pospandémica, pero ¿puede considerarse una explicación general de la inflación en las economías capitalistas? La inflación ha existido a largo plazo en las principales economías, incluso cuando no se han producido aumentos en los márgenes de beneficio de las empresas ni picos en los precios de las materias primas. Es cierto que los precios en los mercados oligopolísticos suelen ser más elevados que en los mercados más competitivos, pero puede producirse una mayor inflación tanto en estructuras de mercado bastante competitivas como en las oligopolísticas. A finales del siglo XIX, la denominada «Edad Dorada» se caracterizó por el auge de los cárteles, pero con deflación en los precios; y la década de 1990, a menudo considerada como una segunda «Edad Dorada» con una creciente concentración del mercado, experimentó la denominada «Gran Moderación» en la inflación de precios, es decir, desinflación (tal y como se muestra en la primera parte). De hecho, en la última gran espiral inflacionista de la década de 1970, los beneficios llegaron a descender. Según Sylos-Labini, quien escribió entonces:«el descenso de la participación de los beneficios en varios países capitalistas puede atribuirse principalmente al aumento persistente de los costes directos de mano de obra, materias primas y energía». Volveré sobre el debate acerca de la denominada «inflación de los vendedores», los márgenes de beneficio y la inflación impulsada por sectores en la cuarta parte, cuando analice el repunte inflacionista pospandémico registrado hasta la fecha.

La segunda explicación heterodoxa de la inflación es que se debe al conflicto de clases. Esta teoría heterodoxa rechaza la teoría keynesiana, que atribuye la inflación a presiones salariales y de costes derivadas del exceso de demanda y del poder de negociación de los trabajadores. En cambio, esta teoría sostiene que los salarios aumentan en respuesta a las subidas de precios, tal y como argumentó Marx. Pero, ¿qué hay de la causa del repunte inicial de la inflación? Este se deberá a interrupciones en el suministro o al poder de los monopolios para aplicar márgenes de beneficio, con lo que volvemos a la primera teoría heterodoxa. No obstante, la inflación continuará, dependiendo de si los trabajadores disponen de suficiente poder de negociación para responder, lo que llevará a nuevos intentos por parte de las empresas de compensarlo subiendo aún más los precios. Por lo tanto, la inflación depende del equilibrio de poder de clase entre trabajadores y capitalistas. Sin embargo, esta teoría no ofrece ninguna explicación de la inflación inicial de los precios generales, salvo el factor contingente de una interrupción del suministro o «choque». Y recurre a la idea de que el desencadenante inicial de cualquier subida de precios se debe al aumento de los márgenes de beneficio o a las restricciones de la oferta, tal y como se ha expuesto en el argumento sectorial anterior.

Existen algunas teorías de la inflación abiertamente marxistas. Una explicación «marxista» de la inflación no es más que la teoría del margen de beneficio monopolístico descrita anteriormente. Baran y Sweezy (1966) explicaron la causa de la inflación de la siguiente manera: «La teoría keynesiana partía del supuesto de la libre competencia; en un oligopolio, el aumento de la demanda conduce a subidas de precios… y, en última instancia (como resultado del aumento del coste de la vida), a salarios más altos en lugar de a una expansión de la producción. El resultado es una inflación generalizada». Del mismo modo, Kotz (1982) argumentó que los monopolios pueden fijar precios de mercado que superen los precios de producción. Sin embargo, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, los monopolios han existido tanto durante el período inflacionista (1949-1979) como, de hecho, han aumentado su poder de mercado en el período desinflacionista (1980-2021). Por lo tanto, la inflación generalizada debe explicarse al margen de los monopolios. De hecho, si los monopolios tienen el poder de aumentar de forma incontrolada sus precios de mercado, ¿por qué optan por hacerlo solo en circunstancias muy concretas? Concretamente, han optado por subir sus precios de manera significativa solo en dos ocasiones en la historia económica reciente (a finales de la década de 1970 y en 2021), es decir, cuando la rentabilidad era baja.

Paul Mattick padre argumentó que «la inflación es una expresión de beneficios insuficientes que deben compensarse mediante políticas de precios y monetarias… Si los precios suben más rápido que los salarios, lo que no se ha podido extraer de los trabajadores en la producción se les quita en el proceso de circulación.» (1977, capítulo 3). Esto resulta evidente. Si los precios suben más rápido que los salarios, se produce una redistribución a favor del capital a costa de los salarios. Y si los precios crecen menos que los salarios, se produce una redistribución a favor de la mano de obra a costa de los beneficios. Pero ninguna de estas situaciones explica la causa del aumento inicial del nivel general de precios.

Ernest Mandel (1987) intentó ofrecer una explicación marxista que tiene en cuenta el dinero: si «la circulación del papel moneda se ha duplicado sin un aumento significativo del tiempo de trabajo total dedicado en la economía, entonces el nivel de precios tenderá a duplicarse también». Pero, ¿por qué el dinero en circulación no se limita a reflejar la variación del valor de las mercancías, medida en tiempo de trabajo total? Mandel está cerca de identificar los factores relevantes de la inflación, pero sin un análisis de cómo se combinan.

Harman (1979) identificó correctamente que la rentabilidad del capital era una causa clave de la inflación. Sin embargo, Harman adoptó un análisis subjetivo: «en una fase de auge, los capitalistas se sienten seguros de que sus productos se venderían, incluso si aumentaran sus precios. … Una vez que se instala la recesión, los capitalistas tienen que reaccionar… [mediante] la contracción de los mercados [y] tienen que recortar drásticamente los precios». Esto describe la reacción capitalista ante un auge económico y la inflación de precios, pero no explica la causa de los períodos inflacionistas o, por el contrario, desinflacionistas. Por ejemplo, no puede explicar la persistencia de la desinflación desde la década de 1980 hasta 2019. No se explica en qué medida son relevantes las variaciones de la rentabilidad ni se reconoce el impacto de las autoridades monetarias.

Choonara (2021) también subraya el papel de la rentabilidad como causa fundamental del aumento de los precios: «la inflación depende de la interrelación entre la creación de valor mediante el gasto de fuerza de trabajo, la creación de dinero (principalmente a través del sistema crediticio) y la relación entre la acumulación de capital y las tasas de beneficio». Esto es lo más cercano a nuestra «teoría del valor de la inflación», que abordaré en una entrada posterior.

Las dos explicaciones marxistas más exhaustivas sobre las causas de la inflación son las de Anwar Shaikh y, más recientemente, las de los economistas marxistas griegos Stavros Mavroudeas y Athanasios Chatzirafailidis.

A Shaikh no le gusta calificar su teoría de marxista, sino que prefiere el término «clásica». Sostiene que «la inflación moderna es el equilibrio entre un tirón de la demanda generado por el nuevo poder adquisitivo y una respuesta de la oferta que depende de la rentabilidad y del grado de utilización del crecimiento». La combinación de estos dos factores proporciona «una teoría general en la que la inflación responde positivamente al nuevo poder adquisitivo, ya que la parte de este último que no es absorbida por la oferta actual se traduce en aumentos de precios; y negativamente a la rentabilidad neta, puesto que esta eleva el crecimiento de la producción real; y positivamente a la tasa de utilización del crecimiento, en la medida en que esta última frena el crecimiento de la producción real».

¿De dónde procede este «nuevo poder adquisitivo» que representa la demanda? Procede del nuevo crédito interno concedido por los bancos privados y el banco central, es decir, en la práctica, de un aumento de la masa monetaria en circulación. La capacidad de la oferta para satisfacer este aumento de la demanda depende de la rentabilidad del capital, que constituye la «motivación» para la inversión. Si el stock de capital aumenta, proporcionará un incremento de la capacidad de producción y permitirá una mayor «utilización del crecimiento», es decir, una mayor producción real. Si el stock de capital disminuye, la capacidad de producción se reduce. En otras palabras, Shaikh afirma que la inflación se debe a que la demanda agregada supera la capacidad de oferta. Si la rentabilidad del capital aumenta, los capitalistas incrementarán la oferta y se evitará la inflación. Si la rentabilidad del capital disminuye, la capacidad de oferta se reducirá y surgirá la inflación.

Por lo tanto, la inflación se ve impulsada al alza por el aumento de la demanda (nuevo poder adquisitivo) y por una baja capacidad de oferta, siendo esta última consecuencia de la caída de la rentabilidad. La inflación se modera o desaparece si el nuevo poder adquisitivo se satisface mediante un aumento de la oferta, lo que tenderá a ocurrir cuando aumente la rentabilidad. Así, en el período en que la rentabilidad en EE. UU. descendió (1964-1982), el aumento de la capacidad de oferta se ralentizó y la inflación se aceleró. En el período 1982-2007, cuando la rentabilidad aumentó, la capacidad de oferta creció y la inflación se desaceleró. Shaikh aporta pruebas empíricas que respaldan esta teoría, al tiempo que refuta la curva de Phillips keynesiana. He reproducido su gráfico 15.10, extraído de su obra magna *Capitalism*, p. 711, y lo he recalculado.

El gráfico muestra una elevada correlación (0,63) entre el aumento de la inflación y el agotamiento de la capacidad (en otras palabras, una ralentización del aumento de la oferta) y viceversa. La correlación es muy elevada en el subperíodo inflacionista (inflación acelerada) de 1948 a 1981 (0,83) y sigue siendo relativamente fuerte en el período desinflacionista (inflación en desaceleración) de 1982 a 2010 (0,59).
Stavros Mavroudeas y Athanasios Chatzirafailidis definen la inflación como el fenómeno «en el que la suma total de los precios de mercado supera significativamente la suma total de los precios de producción durante un período apreciable en la economía». Un fenómeno inflacionista fuerte y persistente (es decir, el aumento de los precios totales de mercado por encima de los precios totales de producción) surge cuando la demanda de los capitalistas de más medios de producción supera significativamente la inversión durante un período considerable.

¿Por qué la demanda superaría a la inversión durante determinados períodos? Mavroudeas y Chatzirafailidis recurren al esquema de reproducción de Marx tal y como aparece en el volumen II de *El capital*. Para ellos, la inflación se debe a la sobreacumulación sistemática de capital y, concretamente, a una demanda incesante de más medios de producción. Invertir en más medios de producción en relación con la mano de obra eleva la composición orgánica del capital, lo que a su vez conduce finalmente a una caída de la rentabilidad que frena la inversión y da lugar a un crecimiento más débil de la producción. Así, la demanda supera a la oferta, los precios de mercado se sitúan por encima de los precios de producción y se produce la inflación.

Ambas teorías tienen el mérito de situar el papel de la rentabilidad del capital en el centro de las causas de la inflación. A diferencia de Shaikh, Mavroudeas y Chatzirafailidis hacen hincapié en que el lado de la oferta, en términos marxistas, depende del crecimiento del valor de las mercancías: «la inflación no debe percibirse simplemente como un proceso en el que los precios de mercado de las mercancías aumentan vagamente por encima de un nivel de precios “normal” arbitrario». Por el contrario, deberían tener los valores de las mercancías como sus «anclas.»

Sin embargo, en mi opinión, ninguna de estas dos teorías ofrece una teoría marxista completa de la inflación. Aunque Shaikh afirma que la demanda agregada viene impulsada por el crecimiento del crédito o por el dinero en circulación —lo cual, en mi opinión, es correcto—, no ofrece ninguna explicación de por qué dicha demanda debería acelerarse o desacelerarse. Lo que no explica es por qué la demanda no desciende también junto con una caída de la capacidad de oferta, evitando así la inflación. Al fin y al cabo, eso es lo que ocurre en una recesión. Asimismo, su énfasis en la utilización de la capacidad productiva, en lugar de en la tasa de crecimiento del valor en el lado de la oferta de la ecuación de la inflación, sugiere una teoría keynesiana de la demanda excesiva más que una teoría marxista del valor.

Por el contrario, Mavroudeas y Chatzirafailidis sitúan firmemente el valor de las mercancías como el punto de referencia de los precios de producción en torno al cual fluctúan los precios de mercado. Sin embargo, no otorgan ningún papel al dinero. Para ellos, la inflación de los precios en una economía capitalista es un fenómeno puramente real, no monetario. Parten de la hipótesis de que el dinero es una mercancía (oro), lo que descarta el papel del dinero en la inflación. Esto resulta poco realista en las economías modernas, donde los bancos centrales y los gobiernos pueden crear dinero (dinero fiduciario) que no está vinculado al valor de la mercancía oro. En las economías modernas, el crecimiento de la masa monetaria puede divergir del crecimiento del valor de las mercancías y, por lo tanto, afectar a los precios de mercado. Sin tener en cuenta el dinero en este análisis, no podemos explicar por qué la demanda debería superar a la oferta y provocar inflación.
En la tercera parte, presentaré lo que Carchedi y yo denominamos una «teoría del valor de la inflación», que incorpora el papel de la rentabilidad del capital, las variaciones en el valor de las mercancías y el papel del dinero. La combinación de todos estos elementos ofrece una teoría más completa.

https://thenextrecession.wordpress.com/2026/08/15/part-three-a-value-theory-of-inflation/

Tercera parte: una teoría del valor sobre la inflación

En esta entrada, retomo mi análisis de las teorías sobre las causas de la inflación en las economías modernas. En la primera parte, abordé las teorías dominantes; en la segunda, traté las teorías heterodoxas y otras teorías marxistas. En esta tercera parte, presento una teoría del valor sobre la inflación desarrollada por Guglielmo Carchedi y por mí mismo.

En nuestra opinión, cualquier explicación de la inflación en las economías capitalistas modernas debe partir de la teoría del valor de Marx. En todas las teorías convencionales, heterodoxas e incluso en la mayoría de las que se autodenominan marxistas, se omite el papel de la creación de valor. Esto genera un vacío en cualquier análisis de la inflación. Para Marx, el valor es el gasto de la fuerza de trabajo humana en abstracto, y se mide en tiempo de trabajo, es decir, el tiempo que la fuerza de trabajo dedica al capital. Se trata del tiempo realmente dedicado a la producción de mercancías. No todo el trabajo abstracto es productivo de valor: parte del trabajo es improductivo (básicamente el comercial, el financiero y el relacionado con el armamento y el sector inmobiliario). El trabajo improductivo se limita a redistribuir el valor. El trabajo productivo es aquel que crea nuevo valor y plusvalía. Por lo tanto, en nuestra teoría del valor de la inflación, el valor se mide por las horas trabajadas en los sectores productivos.

La realización del valor requiere el intercambio de las diferentes mercancías y, por lo tanto, el dinero actúa como medio de intercambio. El dinero hace posible el intercambio y, por lo tanto, representa el valor. Si el dinero representa el valor, entonces los cambios en el dinero vienen determinados por los cambios en el valor. Esta es una diferencia clave entre la teoría monetarista y la teoría del valor de la inflación, tal y como expliqué en la primera parte. Las autoridades monetarias se limitan a reaccionar ante los cambios de valor, ya sea aumentando o disminuyendo la oferta monetaria o elevando o reduciendo los tipos de interés sobre la tenencia de efectivo o los préstamos; pero esto no modifica el valor.

En la economía dominante, la inflación se define como la variación de los precios de las mercancías en el mercado. En cambio, en nuestra teoría del valor de la inflación, la inflación es la diferencia entre las variaciones del dinero en circulación y las variaciones en la producción de valor. Esta diferencia cobrará importancia al analizar el impacto en los salarios de los trabajadores.

Definimos y medimos el valor como las horas de trabajo productivo realizadas en cualquier período. Definimos y medimos la oferta monetaria como el dinero en circulación. No toda la oferta monetaria de una economía capitalista circula con el fin de adquirir bienes y servicios. Una parte será acaparada, es decir, mantenida en reserva por los capitalistas. Otra parte se utilizará para adquirir activos financieros (bonos, acciones, etc.) y bienes inmuebles (terrenos, edificios). Este dinero no circulará para adquirir bienes y servicios y, por lo tanto, no influirá en ninguna variación de los precios de los bienes y servicios que consumen los trabajadores.

Por lo tanto, en nuestra medición de la oferta monetaria, ajustamos la oferta monetaria (depósitos en bancos) en función del volumen de las reservas de dinero bancario mantenidas en el banco central y de la velocidad del dinero en cualquier período. La velocidad del dinero es una medida de la rotación de la oferta monetaria. Si la velocidad es superior a uno, significa que la oferta monetaria se ha utilizado más de una vez en un período determinado y, por lo tanto, se suma al dinero total en circulación. Si la velocidad del dinero es inferior a uno, indica que los titulares del dinero están acumulando una mayor parte de la oferta en lugar de inyectarla en el mercado de bienes y servicios. Teniendo en cuenta estos ajustes, obtenemos una medida del «dinero en circulación» para cualquier período.

Podemos medir la magnitud de la acumulación y la especulación financiera mediante la diferencia entre la tasa de variación de la oferta monetaria y la tasa de variación ajustada por la acumulación y la especulación en activos financieros. En la segunda mitad del siglo XX, apenas hubo diferencias entre la tasa de variación de la oferta monetaria (depósitos bancarios, etc., o M2 en las estadísticas financieras estadounidenses) y el dinero en circulación ajustado en EE. UU. De hecho, el M2 ajustado por el acaparamiento y la especulación solía crecer más rápido que el M2. Esto se debe a que la velocidad del dinero solía ser superior a la unidad y el acaparamiento y la especulación financiera eran mínimos. Sin embargo, a partir del año 2000 y, especialmente, tras 2008 y a lo largo de la década de 2010, la brecha entre el crecimiento de la oferta monetaria y el crecimiento del dinero en circulación se amplió considerablemente. Este fue el período de la denominada «flexibilización cuantitativa» adoptada por la Reserva Federal de EE. UU. Gran parte de las inyecciones monetarias de la Fed acabaron, en su mayoría, acumuladas o utilizadas para la especulación con activos financieros, en lugar de destinarse a la adquisición de bienes y servicios. La inflación del IPC estadounidense cayó prácticamente a cero durante este período, mientras que los precios de los activos financieros se dispararon.

Fuente: FRED, cálculos del autor
Para obtener la tasa de inflación en términos de valor, se mide la diferencia entre la variación de la oferta monetaria ajustada y la variación de las horas trabajadas en los sectores productivos de una economía. Si no hay diferencia, no habrá inflación. La inflación surge cuando la variación porcentual del dinero en circulación es mayor que la variación del valor creado. La deflación surge cuando la tasa de variación del dinero en circulación cae por debajo de la tasa de crecimiento del valor. La inflación aumenta cuando la diferencia se amplía entre la tasa de variación del dinero en circulación y la tasa de variación de las horas trabajadas, y cuando la diferencia se reduce, la inflación disminuye (desinflación).

¿Qué determina estos dos factores y cuál de los dos es el factor determinante y el determinado? Comencemos por las horas productivas trabajadas, nuestra medida del valor creado. A lo largo de todo el período analizado (1949-2022), las horas trabajadas aumentaron en los sectores productivos de la economía estadounidense. Esto se debe a que el aumento del número de trabajadores contratados fue más que suficiente para compensar cualquier descenso en las horas trabajadas por empleado, salvo cuando se produjeron despidos durante las recesiones (1957-1958, 1974-1975, 1980-1982, 1991, 2001, 2008-2009 y 2020). En esos casos, el total de horas trabajadas disminuyó.

Fuente: FRED, cálculos de los autores.
Según la teoría marxista, el crecimiento de la inversión conduce a un aumento de la proporción de capital constante (medios de producción) en relación con la mano de obra empleada, es decir, a un aumento de la «composición orgánica del capital». La recíproca de una composición orgánica creciente es una disminución del valor creado por unidad de capital invertido; en otras palabras, una caída de la tasa de ganancia sobre el capital invertido. A lo largo de todo el período 1949-2022, existe una correlación positiva entre la caída de la tasa de ganancia sobre el capital y la ralentización del crecimiento de las horas trabajadas en relación con el capital invertido.

Fuente: FRED, cálculos de los autores
La «tasa de inflación en términos de valor» anual es la diferencia entre la variación anual de la oferta monetaria ajustada y la variación anual de las horas productivas trabajadas. A lo largo de todo el período 1949-2022, el crecimiento de la oferta monetaria ajustada fue, de media, del 6,6 % anual, y el crecimiento de las horas trabajadas en los sectores productivos, de media, del 1,4 % anual. Por lo tanto, la tasa de inflación en términos de valor fue, de media, del 5,2 % anual (6,6 % – 1,4 %).

Fuente: FRED, cálculos de los autores
A lo largo de todo el período, la tasa de crecimiento de la oferta monetaria disminuye, mientras que la variación de las horas trabajadas aumenta (lentamente). Por lo tanto, la tasa de inflación en términos reales disminuye a lo largo de todo el período; en efecto, se produjo una desinflación (una caída de la tasa de inflación). La desinflación ha sido la tendencia a largo plazo desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta finales de la década de 2010.

Fuente: FRED, cálculos de los autores
No obstante, podemos distinguir dos subperíodos dentro del periodo 1949-2022. El primero abarca de 1949 a 1981 y el segundo, de 1982 a 2019. En el primer período, la tasa de inflación anual en términos de valor aumenta, lo que constituye un período inflacionista. En el segundo período, la tasa de inflación anual en términos de valor disminuye, lo que constituye un período desinflacionista. La tasa de inflación en términos de valor se acelera en el primer período porque la oferta monetaria ajustada crece más rápido que las horas trabajadas (véase la figura anterior). Esto fue especialmente evidente en la década de los setenta, cuando las horas trabajadas se estancaron o disminuyeron (véase la figura anterior sobre las horas). La tasa de inflación en valor aumentó bruscamente en la década de 1970, mientras que las horas trabajadas crecieron muy lentamente y, de hecho, se redujeron drásticamente durante las recesiones de 1974-1975 y 1980-1982. Así pues, la economía sufrió lo que se ha denominado «estanflación».

La reacción de las autoridades monetarias ante la desaceleración del crecimiento del valor fue aumentar la oferta monetaria con el fin de impulsar la actividad económica, lo que condujo a una aceleración del crecimiento del dinero en circulación. Sin embargo, esto no se tradujo en un crecimiento más rápido de las horas trabajadas. Como resultado, la tasa de inflación en términos de valor aumentaba a un ritmo superior al 10 % anual a finales de la década de los setenta (véase la figura anterior). Así pues, las autoridades monetarias estadounidenses, ahora bajo la dirección del entonces presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker, cambiaron radicalmente de rumbo y endurecieron la política monetaria. La tasa de crecimiento de la moneda en circulación se redujo a menos de la mitad a finales de la década de 1980. La inflación (aceleración de la subida de los precios) fue sustituida por la desinflación (ralentización de la subida de los precios). De hecho, tras el fin de la Gran Recesión y a lo largo de la década de 2010, la inflación prácticamente desapareció (véase la figura anterior).

Las variaciones de valor dependen de los factores objetivos que son el aumento de la población activa empleada (más horas) y la caída de la tasa de ganancia (menor crecimiento de las horas). Sin embargo, las variaciones en la masa monetaria en circulación dependen de la reacción subjetiva de las autoridades monetarias y del sector financiero ante estos cambios objetivos en la economía. La Reserva Federal de EE. UU. flexibilizará su política monetaria si considera que la economía se está debilitando y la endurecerá si considera que la inflación se está acelerando.

En nuestra opinión, es el cambio en la creación de valor —que constituye el factor objetivo en los precios— lo que determina la reacción subjetiva de las autoridades monetarias. Las autoridades monetarias creen que pueden frenar el deterioro de la economía aumentando la oferta monetaria, bajo la creencia errónea de que una mayor cantidad de dinero puede poner fin a cualquier descenso de la inversión y del crecimiento del PIB. Así pues, las autoridades aumentan la cantidad de dinero a un ritmo superior al de la cantidad de valor creado. De este modo, con una política monetaria activa, la inflación se convierte en una característica permanente de las economías modernas, aunque la tasa de inflación de los precios variará, en primer lugar debido a los cambios en el crecimiento del valor nuevo (horas trabajadas) y, en segundo lugar, debido a la magnitud relativa de la reacción de las autoridades monetarias a la hora de modificar el crecimiento del dinero en circulación.

¿Existe respaldo empírico para la opinión de que los cambios en el valor (horas trabajadas) son el principal motor de la tasa de inflación del valor? En primer lugar, existe una correlación relativamente alta entre la tasa de ganancia del capital y la variación de las horas trabajadas (0,66). En segundo lugar, existe una correlación relativamente alta entre la variación de las horas trabajadas y las variaciones del dinero en circulación (0,60). La correlación no demuestra causalidad. Sin embargo, estas elevadas correlaciones sí indican la «posibilidad» de una relación causal. Además, existen sólidas razones teóricas para suponer que los cambios en el valor provocan cambios en la circulación monetaria, y no al revés.

Además, podemos añadir una prueba estadística de causalidad. Una prueba de causalidad de Granger sobre la dirección de la causalidad entre las variaciones del valor (horas trabajadas) y las variaciones del dinero en circulación revela que la «hipótesis nula» no se cumple en el caso de que las variaciones del valor provoquen variaciones en el dinero en circulación —lo que implica una conexión causal—, mientras que sí se cumple en el caso de que las variaciones del dinero en circulación provoquen variaciones del valor —lo que implica que no existe conexión causal—. Esto tiende a confirmar empíricamente la proposición de que el crecimiento del valor es el motor objetivo de la inflación y que las inyecciones monetarias constituyen la reacción subjetiva de las autoridades.[1]

En resumen, solo nuestro modelo de inflación se basa en la teoría del valor de Marx. Construimos una tasa de inflación basada en el valor, medida por la diferencia entre la variación porcentual del dinero en circulación en el conjunto de la economía y la variación porcentual del valor, es decir, las horas que se han dedicado a la producción de mercancías. Las variaciones en el valor son el resultado de la interacción entre dos fuerzas opuestas: un aumento de las horas debido a la reproducción ampliada del capital (más trabajadores, jornada laboral o año laboral más largos) y una disminución del crecimiento de las horas trabajadas debido al aumento de la composición orgánica del capital y a la caída de la tasa de ganancia.

Así pues, la teoría del valor de la inflación incorpora tanto el papel de la rentabilidad como el del crecimiento de la inversión, tal y como se destaca en la segunda parte de esta serie de entradas de Mavroudeas et al., pero también el papel del dinero, tal y como lo plantea Shaikh en la segunda parte. Combinando ambos aspectos, llegamos a nuestra teoría. En las economías modernas, el dinero es gestionado por el sistema monetario (bancos centrales, bancos comerciales), con un cierto grado de autonomía relativa. Las autoridades monetarias manipulan la oferta monetaria de acuerdo con su evaluación de la situación económica. Este es el elemento subjetivo que, junto con el elemento objetivo (el crecimiento del valor), determina la inflación.

Y aquí radica la implicación interesante. Tanto el índice oficial de precios al consumo como el deflactor del PIB, como indicadores de la inflación, presentan una elevada correlación con nuestra tasa de inflación basada en el valor. Sin embargo, la tasa de inflación media anual en términos de valor entre 1949 y 2019 es mucho más elevada, situándose en el 5,2 % anual, en comparación con el 3,4 % (IPC) y el 3,1 % (deflactor del PIB).

Esto sugiere que los salarios reales de los trabajadores, cuando se miden en términos de valor (es decir, en horas trabajadas para obtener bienes), han aumentado mucho menos que cuando se miden en función de la inflación oficial de los precios. Analizaremos esta cuestión con más detalle en la cuarta parte, en la que también se abordará por qué la inflación se disparó tras el fin de la recesión pandémica en 2020 y si la inflación ha llegado para quedarse tras el período de desinflación comprendido entre 1982 y 2019.
[1] Los resultados de la prueba de causalidad de Granger están disponibles previa solicitud.

https://thenextrecession.wordpress.com/2026/08/23/part-four-post-pandemic-inflation/

Cuarta parte: la inflación tras la pandemia

En esta última parte de la serie sobre las causas de la inflación, analizo el periodo transcurrido desde el fin de la recesión provocada por la pandemia en 2020.

La desinflación terminó con la pandemia y la inflación ha vuelto. El aumento medio anual de la inflación de los precios al consumo en EE. UU. ha sido del 3,9 % en la década de 2020, y es probable que esa tasa siga aumentando, dado el impacto de la guerra con Irán sobre los precios mundiales de la energía, los alimentos y otras materias primas. Este aumento registrado en lo que va de la década de 2020 es más del doble de la tasa observada en la década de 2010, caracterizada por la desinflación, y es el más elevado desde la década de 1980.

La Reserva Federal de EE. UU. se ha fijado un objetivo de inflación del 2 % anual. Ha fracasado estrepitosamente en su consecución. Desde enero de 2020, el índice oficial de inflación de los precios al consumo ha aumentado a una tasa anualizada del 4,0 % y se sitúa ahora un 13 % por encima de la tendencia inflacionista del 2 %. Esto pone de manifiesto un fracaso colosal de la teoría económica dominante y de la política sobre la inflación.

Sin embargo, la economía dominante y los responsables del sistema monetario siguen citando las mismas causas de la inflación y adoptando las mismas medidas políticas que antes de 2020. Al principio, argumentaban, al igual que Jay Powell, entonces presidente de la Reserva Federal de EE. UU., que el aumento de la inflación era temporal, provocado por el «choque» de los cuellos de botella en la producción y el comercio mundial de bienes y servicios. Más tarde, comenzaron a reconocer que la inflación, lejos de remitir, se estaba acelerando y era permanente. Así pues, se volvieron a invocar las mismas viejas causas dominantes de la inflación —a pesar de que, como vimos en la primera parte de esta serie, tanto las teorías monetaristas como las keynesianas habían resultado insuficientes—.
El economista jefe del Banco de Inglaterra, Huw Pill, reiteró la solución política convencional de los bancos centrales para reducir las tasas de inflación tras la pandemia: «Las subidas de los tipos de interés en EE. UU. y el Reino Unido durante el último año se diseñaron para frenar el poder adquisitivo y la capacidad de las empresas y los ciudadanos de trasladar el peso de la inflación a otros». No especificó quién asumía exactamente ese peso; pero está claro que se trataba de los ingresos reales de los trabajadores.

El destacado macroeconomista keynesiano Gauti Eggertsson hizo todo lo posible por resucitar la fallida curva de Phillips (es decir, que si el desempleo desciende hasta alcanzar el pleno empleo, esto impulsará los salarios y ello conducirá a un aumento de la inflación). Eggertsson reconoció que la curva de Phillips tradicional no se aplicaba a la inflación actual, PERO, como puede observarse, la curva se ha vuelto «no lineal», es decir, el desempleo puede descender de forma lineal sin que ello tenga ningún impacto en la inflación y, de repente, dar un giro y provocar un repunte de la inflación; por lo tanto, en la práctica, no existe ninguna «curva» en absoluto.

Los monetaristas también intentaron recurrir de nuevo a su teoría para explicar el repunte de la inflación tras la pandemia. John Taylor, autor de la regla de Taylor, que supuestamente establece límites sobre cómo evitar la inflación o el desempleo mediante la manipulación del tipo de interés «adecuado» que debe fijar la Reserva Federal. Taylor consideró que la espiral inflacionista se debía a que la Reserva Federal había tardado demasiado en subir los tipos antes de la pandemia y, posteriormente, no había seguido su regla de Taylor. Sin embargo, cuando la Reserva Federal sí subió su tipo de interés oficial, no logró reducir la inflación hasta su objetivo (como vemos más arriba).
Una variante tanto de las teorías monetaristas como de las keynesianas sostenía que el repunte inflacionista se debía a un «exceso» de gasto público. Robert Barro, un economista conservador de Harvard, que siempre ha estado obsesionado con la reducción del gasto público —que considera que «desplaza» al sector privado—, presentó datos de 37 países de la OCDE que indicaban que «la expansión fiscal subyace al repunte de la inflación en el periodo 2020-2022». Christopher Sims, de la Universidad de Princeton, también defendió esta «teoría fiscal de la inflación», en contraposición a los keynesianos. Argumentó que, desde 1950, Estados Unidos había sufrido tres episodios de alta inflación y que estos fueron provocados por «expansiones fiscales»: es el gasto excesivo de los gobiernos lo que provoca la alta inflación, no una política monetaria laxa (a diferencia de lo que sostiene Taylor más arriba). Este es un caso clásico de no reconocer la dirección causal. El gasto público y los déficits presupuestarios aumentaron considerablemente en relación con la producción total durante la pandemia, debido a que las economías se paralizaron y la producción total se redujo. Cuando las economías comenzaron a recuperarse, la magnitud de los déficits presupuestarios anuales en comparación con el PIB volvió a descender.

Por último, se reactivó la teoría de las expectativas de inflación. El FMI, bajo la dirección de Gita Gopinath, tras reconocer que las teorías monetaristas, fiscales y de la curva de Phillips no explicaban la inflación reciente, volvió a recurrir una vez más a las «expectativas de inflación». Los economistas del FMI afirmaron que, desde 2020, las «expectativas de inflación a corto plazo» habían sido el principal motor del aumento de los precios en las economías avanzadas y el segundo factor más importante en los mercados emergentes. El profesor del MIT Ivan Werning consideró que el aumento de la inflación era el resultado de «expectativas irracionales» por parte de los consumidores. Así, la teoría de la inflación volvió a reducirse a la psicología.

Si se analizan los datos sobre las «expectativas» en el gráfico del FMI anterior, se observa que «otros factores (por ejemplo, los cuellos de botella en la oferta y otros factores misteriosos —bloque gris—) fueron la causa principal que desencadenó el aumento de la inflación». Las «expectativas» (bloque azul) solo aparecieron más tarde, una vez que la gente se dio cuenta de que los precios iban a seguir subiendo de forma pronunciada; las expectativas comenzaron a retroceder cuando la tasa de inflación descendió. Así pues, las expectativas siguieron a las causas reales, y no al revés.
Como resumió el keynesiano Larry Summers: «La teoría hacia la que se inclinan muchos economistas es que la curva de Phillips es básicamente plana, que la inflación viene determinada por las expectativas de inflación y que estas últimas las fijan las personas que las generan. Y eso se parece un poco a la teoría de que los planetas giran alrededor del universo debido a la fuerza orbital. Es más bien una teoría de nombres que una teoría real. Por lo tanto, considero que la teoría de la inflación se encuentra en un desorden muy considerable, tanto debido a los problemas de la curva de Phillips como a que no contamos con un sucesor realmente convincente de la teoría de tipo monetarista».

Werning intentó elaborar una teoría de la inflación que abarcara todos los aspectos. La inflación aumenta cuando existe una demanda excesiva provocada por un exceso de inyecciones de dinero por parte del banco central y por un gasto público excesivo. A esto se suman diversas rigideces (monopolios, sindicatos, etc.) que empujan al alza los precios, así como las crisis de los precios de la energía; y, por último, las expectativas inflacionistas. Esta combinación de causas nos deja sin explicación alguna. No es de extrañar que Werning resumiera su trabajo con las palabras: «que a menudo acabamos sabiendo menos de lo que sabíamos antes».

En un reciente mea culpa, el exgobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King, se retractó de sus opiniones anteriores y admitió que «los bancos centrales ya no disponen de una teoría de la inflación. La característica actual más destacada de los objetivos de inflación es totalmente diferente de [su] propósito original». El economista Milton Friedman solía argumentar que «la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario», determinado por la creación de dinero por parte del banco central. Sin embargo, este enfoque monetarista es limitado «puesto que la velocidad de circulación del dinero puede variar y los agentes privados crean dinero» (lo que se hace eco de nuestro argumento expuesto en la primera parte de esta serie). King también arremetió contra la teoría de las «expectativas»: «Esta es la teoría de la inflación del rey Canuto», en referencia al monarca inglés del siglo XI que, según se dice, intentó —sin éxito— controlar las olas con palabras, «o, por utilizar otra metáfora, chamanes que recurren a la intervención verbal para moldear los precios».

El año pasado, Michael Bordo, del Banco de Pagos Internacionales, elaboró un extenso informe para el Banco de Inglaterra con el fin de explicar la inflación pospandémica en el Reino Unido. Tras una montaña de páginas y gráficos, no pareció llegar a ninguna conclusión significativa. Al parecer, la inflación se produjo porque el lado de la oferta de la economía británica era improductivo y no podía ofrecer «una economía de baja inflación capaz de generar un crecimiento sostenido… Esto nos lleva a plantearnos cuestiones más fundamentales en la conclusión de este documento. ¿En qué medida fue inevitable la experiencia inflacionista, teniendo en cuenta el colapso de Bretton Woods como mecanismo disciplinario, los problemas estructurales del lado de la oferta a los que se enfrentaba el Reino Unido y la apertura de la economía, que hacía al país vulnerable a las perturbaciones procedentes del exterior? ¿En qué medida se debió esto a que el marco institucional de la política monetaria y fiscal del Reino Unido no logró adaptarse a esos cambios con la suficiente rapidez? ¿En qué medida se debió a la lentitud de los responsables de la formulación de políticas y de los políticos a la hora de comprender y asimilar los importantes cambios en el pensamiento económico que se produjeron en la década de 1960?» No hubo respuestas a estas preguntas.

Los economistas heterodoxos también recurrieron a sus teorías anteriores para explicar la inflación pospandémica. Los poskeynesianos se centraron en los márgenes de beneficio. Fue la capacidad de las empresas (monopolísticas) para aumentar los precios y practicar la especulación lo que provocó la inflación pospandémica. Pero, tal y como argumentamos en la segunda parte de nuestra serie, los cárteles monopolísticos u oligopolísticos han existido desde el desarrollo del capitalismo maduro. Se ha producido un grado creciente de concentración y centralización del capital, tal y como predijo Marx, pero ello no siempre ha ido acompañado de una aceleración de la inflación. Puede producirse una mayor inflación tanto en estructuras de mercado bastante competitivas como en las oligopolísticas. A finales del siglo XIX, la denominada «Edad Dorada» se caracterizó por el auge de los cárteles, pero con deflación en los precios; y la década de los noventa, a menudo considerada como una segunda «Edad Dorada» con una creciente concentración del mercado, experimentó la denominada «Gran Moderación» en la inflación de precios, es decir, desinflación. De hecho, en la última gran espiral inflacionista de la década de 1970, los beneficios llegaron a descender.

Además, la teoría del margen de beneficio como causa de la inflación no se ve respaldada por los datos. Como señaló James Crotty: «el modelo de Kalecki de determinación de los beneficios con margen constante» utilizado por el héroe poskeynesiano Minsky «es evidentemente insatisfactorio». Según Crotty: «La mayor parte de los datos demuestra que existe una variación cíclica significativa en el margen de beneficio y en la participación de los beneficios». En otras palabras, la capacidad de las empresas para subir los precios y obtener una mayor participación en los beneficios varía en función de la tasa de expansión de la economía. Antes de la recesión provocada por la pandemia, los beneficios empresariales representaban solo el 11 % de las variaciones en los precios unitarios.

La explicación heterodoxa más relevante del repunte inflacionista pospandémico provino de Isabella Weber y Evan Wasner. Señalan que, antes de la pandemia, hubo un largo período de relativa estabilidad macroeconómica de los precios, con baja inflación y un crecimiento del valor añadido nominal que, en general, se repartía entre los salarios y los beneficios. No fue hasta el período pospandémico de los últimos dos años cuando los beneficios se adueñaron de una mayor parte del valor de las subidas de precios por unidad de producción. Sin embargo, tal y como muestra su tabla (a continuación), en la primera parte de 2020 fueron los salarios los que más se beneficiaron de las subidas de precios, mientras que los beneficios se desplomaron debido a la recesión provocada por la pandemia. A lo largo de 2021, esas proporciones relativas se invirtieron gradualmente y los beneficios se llevaron la mayor parte. Sin embargo, en 2022, la participación de los salarios y los beneficios en el valor de los aumentos de precios estaba bastante equilibrada. De hecho, en el tercer trimestre de 2022, la participación de los trabajadores en los aumentos de precios era mayor.

Por lo tanto, todo depende de la fase del ciclo de expansión y contracción en la que se encuentre una economía capitalista, y no de la capacidad de los monopolios para «especular con los precios» como tal. Los datos sugieren que, en el período de bloqueos en la cadena de suministro y de fuerte subida de los precios de los productos básicos (alimentos, energía), las empresas con poder de fijación de precios subieron los precios para mantener e incluso aumentar sus beneficios (2020-21). Sin embargo, a medida que los bloqueos en el suministro remitieron y la producción repuntó en 2021-22, la competencia se intensificó y ya no fue posible mantener esos márgenes de beneficio adicionales.
Al atribuir la causa del aumento de la inflación al incremento de los beneficios, Weber y otros izquierdistas han defendido la introducción de controles de precios como alternativa a las políticas monetarias del banco central. No obstante, controlar los precios de la energía en el extremo del consumidor nacional no resolvería las subidas de precios en el extremo del productor, sino que simplemente llevaría a la quiebra a los distribuidores privados de energía. Esto obligaría a los gobiernos a poner fin a los controles o a hacerse cargo de las empresas en quiebra. De hecho, esta última solución representa la mejor respuesta política: la propiedad pública de las empresas internacionales de energía y alimentación que operan a lo largo de toda la cadena de suministro global. Pero esa política no figura en la agenda de los heterodoxos.

Lo que ni las teorías dominantes ni las heterodoxas responden es por qué las principales economías no lograron hacer frente a las «crisis» energéticas y alimentarias provocadas por las «secuelas» pos-COVID en las cadenas de suministro y los vínculos comerciales. La respuesta radica en la desaceleración general del crecimiento de la productividad y de la inversión productiva que se había producido durante las dos décadas anteriores y, en particular, en el período previo a la recesión provocada por la COVID. La cuestión es que las principales economías capitalistas ya se encontraban al borde de una recesión incluso antes de que se desatara la pandemia de COVID. Por lo tanto, el lado de la oferta ya se encontraba debilitado cuando comenzaron a surgir los bloqueos en el suministro mundial.

Esta es una de las varias ideas clave que el economista marxista Paul Mattick Jr. expone en su excelente y breve libro sobre la causa de la espiral inflacionista pospandémica. Mattick también escribió el mejor libro breve sobre las causas de la crisis financiera mundial y la Gran Recesión en 2011. En su nuevo libro, Mattick plantea el mismo argumento que Carchedi y yo expusimos con nuestra teoría del valor de la inflación, a saber, que el aumento de la productividad del trabajo tiende a reducir los precios. Sin embargo, el crecimiento de la productividad entra en conflicto con la rentabilidad. Si la rentabilidad se ralentiza, la inversión productiva se ralentiza y el crecimiento de la productividad se frena. Las autoridades monetarias y el sistema financiero amplían el crédito para compensar esta situación, pero esto no hace más que alimentar la inflación. «Es el declive tendencial de la rentabilidad global —evidenciado por la caída generalizada de las tasas de crecimiento desde la década de 1970, que solo se mantienen en sus niveles actuales gracias a un aumento constante del endeudamiento público, empresarial y privado— lo que invoco para explicar la tendencia inflacionista del capitalismo desde la Segunda Guerra Mundial». https://www.endnotes.org.uk/palabre/paul-mattick-preface-to-the-german-edition-of-the-return-of-inflation

Esto nos lleva de nuevo a nuestra teoría del valor de la inflación, tal y como se expone en la tercera parte de esta serie. Constatamos que la tasa media de inflación en términos de valor durante el periodo 1949-2019 fue aproximadamente el doble que la de las tasas oficiales (IPC y deflactor del PIB). Esto sugiere que las medidas oficiales de la inflación de precios están enormemente sesgadas a la baja. Corbin Trent analizó los ingresos reales en EE. UU. utilizando una medida diferente de la inflación de precios. Las estadísticas del Gobierno de EE. UU. muestran que los salarios reales medios han aumentado un 252 % desde 1950. Sin embargo, Trent sostiene que, en realidad, los ingresos reales han perdido un 61 % de su poder adquisitivo con respecto a 1950. ¿A qué se debe esto? Se debe a que los estadísticos oficiales «ajustan» los precios de muchos bienes para tener en cuenta su mayor productividad, es decir, su mejor rendimiento. Estos ajustes «hedónicos» reducen la inflación real en aproximadamente un 50-60 %. Además, la «cesta» de bienes y servicios está sesgada hacia los bienes cuyos precios están bajando y se aleja de los servicios cuyos precios están subiendo.

En su lugar, Trent analizó los ingresos después de la inflación en función de las horas de trabajo necesarias para adquirir bienes y servicios. «Eliminé los juegos estadísticos. Sin ajustes hedónicos. Sin equivalentes teóricos de alquiler. Sin reponderación de la cesta. Solo matemáticas puras y duras. ¿Cuánto ganamos y cuánto cuestan los productos básicos? Analicé los datos oficiales del Gobierno: los ingresos medianos del IRS y de la Oficina del Censo, y los precios reales de los productos básicos del HUD y de los registros federales. A continuación, me planteé una pregunta sencilla: ¿cuántos años, semanas o meses de trabajo se necesitan para comprar lo que necesitamos?».
De este modo, Trent calculó el impacto de la inflación de precios en los ingresos, basándose en el tiempo de trabajo necesario para adquirir bienes y servicios. Al hacerlo, se pone de manifiesto que, para poder adquirir los productos básicos que los abuelos de los estadounidenses podían comprar realmente en 1950, la renta mediana oficial de 2023, de 42 220 dólares, tendría que ser de 102 024 dólares. Así pues, se produjo una pérdida del 60 % en los ingresos reales según la medida del valor.

Nuestra teoría de la tasa de inflación basada en el valor utiliza un enfoque similar. Según los datos oficiales, la renta familiar mediana real de EE. UU. aumentó un 62 % entre 1960 y 2024; sin embargo, teniendo en cuenta la tasa de inflación basada en el valor que hay que deducir de la renta nominal, la renta real fue un 20 % inferior en comparación con 1960. De hecho, solo en la denominada «edad de oro» de 1960 a 1973 aumentaron las rentas reales según nuestra medida basada en el valor. En el período neoliberal (1974-2000), los ingresos reales cayeron un 14 % y, en el período de la larga depresión (2000-2019), los ingresos se redujeron otro 10 %. En el período pospandémico, prácticamente no se produjo ningún aumento, ni siquiera según los datos oficiales. No es de extrañar que la confianza de los consumidores estadounidenses se encuentre cerca de sus mínimos históricos.

La tasa de inflación en términos de valor registró un fuerte aumento hasta casi el 11 % en 2022, al igual que el deflactor del PIB. La oferta monetaria M2 ajustada aumentó más del 14 % en 2022, ya que las inyecciones monetarias se destinaron en su mayor parte a la circulación. Al mismo tiempo, el crecimiento de las horas trabajadas se ralentizó, por lo que la tasa de inflación en términos de valor (VRI) se disparó. En los años siguientes, 2023 y 2024, las autoridades monetarias restringieron el crecimiento de la oferta monetaria, es decir, pasaron de la flexibilización cuantitativa (QE) de 2020-21 a la restricción cuantitativa (QT). El consiguiente descenso del VRI en 2023 y 2024 vino acompañado de una caída similar de la tasa oficial de inflación; sin embargo, ambos indicadores de inflación se mantienen muy por encima de los niveles previos a la pandemia y por encima del objetivo oficial de la Reserva Federal del 2 % anual.

¿Ha llegado la inflación para quedarse? Recordemos los factores clave que provocan la inflación, tal y como se describe en la tercera parte de esta serie. La teoría de la tasa de inflación basada en el valor sostiene que la tasa de inflación depende de la diferencia entre la variación en el crecimiento de la masa monetaria en circulación y el crecimiento de las horas trabajadas en los sectores productivos de la economía. Este último depende de la expansión de la inversión en capital productivo y mano de obra (lo que, a su vez, se verá afectado por la tasa de beneficio del capital). Las horas trabajadas están aumentando actualmente a un ritmo de alrededor del 0,5 % anual, ralentizándose a medida que se ha frenado el crecimiento del empleo. Sin embargo, la masa monetaria en circulación está aumentando ahora a un ritmo superior al 8 % anual, tras haberse ralentizado hasta alrededor del 4,5 % en 2024. Por lo tanto, es probable que la tasa de inflación basada en el valor alcance una media del 7,5 % en 2026. Esto sugeriría una tasa oficial de inflación de precios del 4,5-5,0 % para 2027.
Con un crecimiento económico de EE. UU. de apenas alrededor del 1,5 % este año, ha regresado la «estanflación» (crecimiento bajo o nulo con una inflación elevada y al alza).
Esta previsión presenta algunas salvedades. La rentabilidad del capital estadounidense ha aumentado desde 2020. Esto debería impulsar un aumento del crecimiento de la inversión y de las horas trabajadas. Sin embargo, gran parte de este aumento de la rentabilidad se ha concentrado en unos pocos sectores: las tecnologías de la información, la energía y las finanzas. La amplia mayoría de los sectores no financieros de EE. UU. no está experimentando aumentos significativos de la rentabilidad. Y tal y como se ha argumentado en entradas anteriores, el aumento sostenido de la inversión y el crecimiento de la productividad depende ahora casi por completo de la IA. El actual presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, apuesta todo a la IA. «La IA es quizás el cambio más significativo en nuestra economía desde que soy adulto. La IA será una importante fuerza desinflacionista, que aumentará la productividad y reforzará la competitividad estadounidense.»Si eso no ocurre, el nivel actual de expansión monetaria y la desaceleración de la economía garantizarán que la inflación elevada haya llegado para quedarse. Los tenedores de bonos son quienes más temen a la inflación, ya que reciben un tipo de interés fijo por sus bonos y, si la inflación aumenta, esto merma la rentabilidad real de su inversión. El actual aumento de los rendimientos de los bonos indica que los inversores en bonos insisten en pagar menos por sus compras, ya que temen que la rentabilidad real disminuya a largo plazo.


Por eso los rendimientos de los bonos del Estado estadounidense han dado un giro brusco al alza desde 2020. Los inversores financieros no creen que Kevin Warsh tenga razón.

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5. El primer genocidio alemán.

La verdad es que, llegados tarde a la colonización y el exterminio, los alemanes son unos aprendices respecto otras potencias europeas en cuestión de genocidio, pero el caso es que se considera el de los herero y nama «el primer genocidio del siglo XX». En RT nos informan de la reclamación de la población actual namibia.

https://www.rt.com/africa/644628-german-genocide-in-namibia/

El primer genocidio alemán que Occidente decidió olvidar

El primer genocidio del siglo XX se cobró 70 000 vidas, arrasando con el 80 % de la población herero y el 50 % de la población nama en Namibia

Publicado el 26 de agosto de 2026

Por Mustafa Fetouri, académico libio, periodista galardonado y analista

Las profundas heridas físicas y estructurales infligidas al continente africano por el colonialismo europeo tardarán generaciones en sanar —si es que alguna vez llegan a sanar. En el cambiante panorama geopolítico actual, en el que crisis como la inmigración ilegal, la inestabilidad económica y los conflictos regionales dominan los titulares africanos, la cuestión de la justicia histórica suele quedar relegada a un segundo plano. Sin embargo, gracias a los esfuerzos continentales, África se niega a dejar que el tema caiga en el olvido.

La histórica Declaración de Argel, aprobada el pasado mes de diciembre bajo los auspicios de la Unión Africana, marcó un giro desde la reivindicación moral hacia una estrategia jurídica, exigiendo la tipificación de las atrocidades coloniales como crímenes contra la humanidad y estableciendo que la justicia requiere reparaciones legales vinculantes, y no la ayuda occidental voluntaria que suele publicitarse como donaciones.

Esta semana, esa exigencia continental de rendición de cuentas encuentra su expresión más vívida en Namibia. El 23 de agosto, los pueblos herero y nama se reunieron en la histórica localidad de Okahandja, en el centro de Namibia, a solo 70 kilómetros al norte de la capital, Windhoek, para las conmemoraciones anuales del Día de los Herero (Día de la Bandera Roja). El acto rinde homenaje al jefe Samuel Maharero, líder de la resistencia herero contra el dominio alemán. Tras fallecer en el exilio en Botsuana, su cuerpo fue repatriado a Namibia y vuelto a enterrar en Okahandja en 1923.

La marcha a través de los cementerios ancestrales de los jefes supremos constituye una protesta activa contra la evasión colonial moderna, así como un desafío directo a una potencia europea que intenta saldar una deuda de sangre de varios siglos según sus propios términos unilaterales y convenientes.

Para comprender todo el peso de este agravio, hay que remontarse a 1904, cuando las fuerzas coloniales del Imperio alemán desataron una campaña sistemática de destrucción tras un levantamiento indígena contra el desposeimiento implacable de tierras y la tiranía colonial. En octubre de 1904, el general alemán Lothar von Trotha emitió su infame «Vernichtungsbefehl» (orden de exterminio), en la que declaraba explícitamente: «Dentro de las fronteras alemanas, todo herero, con o sin arma… será fusilado».

Lejos de ser objeto de un proceso penal, von Trotha fue venerado durante mucho tiempo como un héroe en su país; una calle de Múnich llevó su nombre hasta que la presión pública obligó finalmente al ayuntamiento a cambiarle el nombre por el de «Hererostrasse» en 2006.

Bajo su mando, las tropas alemanas condujeron a decenas de miles de familias herero al hiperárido desierto de Omaheke, en el este de Namibia, envenenando y sellando sistemáticamente los pozos de agua para garantizar su muerte por sed y hambre. Los que sobrevivieron, junto con el pueblo nama que se rebeló poco después, fueron recluidos en campos de concentración (el más notorio, el de Shark Island), donde se enfrentaron a trabajos forzados, condiciones de vida letales y experimentos raciales pseudocientíficos.

Cuando la campaña concluyó en 1908, se había cobrado unas 70 000 vidas, exterminando sistemáticamente al 80 % de la población herero y al 50 % de la población nama, en lo que historiadores y juristas reconocen como el primer genocidio del siglo XX.

Sin embargo, al enfrentarse al ajuste de cuentas moderno por estas atrocidades, el Estado sucesor de la Alemania imperial ha dado una lección magistral de evasión diplomática y jurídica. En mayo de 2021, tras seis años de negociaciones bilaterales a puerta cerrada, Berlín y Windhoek rubricaron una declaración conjunta en la que Alemania reconocía las atrocidades como «genocidio desde la perspectiva actual» —una fórmula semántica cuidadosamente calculada, diseñada específicamente para evitar admitir responsabilidad jurídica en virtud del derecho internacional—. En lugar de ofrecer reparaciones jurídicamente vinculantes, Berlín se comprometió a aportar 1.100 millones de euros a lo largo de 30 años, destinados a proyectos de desarrollo a nivel estatal, y presentó el apoyo financiero estrictamente como un gesto voluntario de reconciliación.

El contraste con la forma en que Alemania ha abordado los crímenes históricos europeos no podría ser más evidente. Tras la Segunda Guerra Mundial, Alemania reconoció su responsabilidad jurídica directa por el Holocausto, pagando decenas de miles de millones de euros en reparaciones formales directamente a los supervivientes y a las organizaciones representativas —compromisos que continúan hasta el día de hoy—. Sin embargo, al tratar con las víctimas africanas, Berlín invocó lagunas jurídicas intertemporales, argumentando que en 1904 no existía el derecho internacional contra el genocidio. Al pasar por alto a los líderes herero y nama para alcanzar un acuerdo entre Estados, Alemania trató de asegurarse la inmunidad frente a futuras reclamaciones legales. Este doble rasero es precisamente la razón por la que las comunidades afectadas rechazaron el acuerdo de 2021.

Dos años después, los líderes tradicionales de la Autoridad Tradicional Ovaherero (OTA) y de la Asociación de Líderes Tradicionales Nama (NTLA), en representación de los descendientes directos de las víctimas, interpusieron un recurso judicial ante el Tribunal Superior de Namibia para invalidar la Declaración Conjunta de 2021. Alegan que, al excluir de las negociaciones a las comunidades indígenas afectadas, el Gobierno namibio incumplió su deber de proteger los derechos y el patrimonio de sus ciudadanos.

El estancamiento político resultante ha paralizado la ratificación parlamentaria en Windhoek, mientras que los diputados de la oposición en Berlín consideran cada vez más el acuerdo como un lastre diplomático. Al impugnar un acuerdo alcanzado sin tenerlos en cuenta, los herero y los nama están sentando un precedente fundamental: los Estados soberanos no pueden saldar la deuda de sangre de un genocidio indígena sin la inclusión directa y el consentimiento de las propias comunidades víctimas.

Esta batalla jurídica nacional se ha convertido en el eje central de una iniciativa jurídica internacional más amplia. En agosto de 2026, Amnistía Internacional presentó oficialmente documentos judiciales ante el Tribunal Superior de Namibia con el fin de incorporarse al litigio de los herero y los nama en calidad de «amicus curiae». La intervención jurídica de Amnistía se centra en un principio fundamental: los acuerdos de desarrollo entre Estados no pueden prevalecer sobre los derechos reconocidos a las comunidades indígenas en virtud del derecho internacional para reclamar reparaciones directas y plenas por el genocidio. Las antiguas potencias europeas se han amparado durante mucho tiempo en el principio de irretroactividad, alegando que las atrocidades cometidas antes de la Convención sobre el Genocidio de 1948 quedan fuera de los marcos judiciales modernos. Sin embargo, los esfuerzos conjuntos de la Unión Africana y la Comunidad del Caribe (CARICOM) están desmontando sistemáticamente esta defensa.

La negativa de Alemania a aceptar la responsabilidad jurídica en Namibia queda así al descubierto como un intento deliberado de preservar un escudo jurídico que proteja a los antiguos imperios de las reclamaciones de reparación.

A medida que la Unión Africana avanza hacia la incorporación de las atrocidades coloniales al derecho internacional, el recurso judicial en curso ante el Tribunal Superior de Windhoek sirve como caso de prueba para las antiguas potencias coloniales de todo Occidente. Hasta que Berlín cumpla con sus obligaciones con el mismo rigor jurídico y financiero que aplica a los crímenes históricos europeos, las solemnes concentraciones en Okahandja seguirán constituyendo una primera línea activa en la lucha mundial contra la impunidad.

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6. Debate Formenti-Giacchè-Pasquinelli sobre China.

Un interesante debate iniciado por una crítica por «filochinos» a Carlo Formenti y Vladimiro Giacchè, que ha provocado la respuesta del primero -Giacchè ha pasado-, y una aportación extra de Piero Pagliani. Os paso los tres textos.

1. La crítica de Pasquinelli a Formenti-Giacchè

https://www.sollevazione.it/2026/08/lenin-a-pechino-di-moreno-pasquinelli.html

Una crítica a las posturas de Carlo Formenti y Vladimiro Giacchè

Este breve ensayo decepcionará a quienes están obsesionados con la dimensión geopolítica; en él se intenta responder a cuatro preguntas fundamentales: ¿en qué se ha convertido China, ahora que se cumplen cincuenta años de las reformas de Deng de 1978? ¿Siguen siendo válidos los criterios marxistas para determinar cuál es la naturaleza de una formación social? Si nos dijeran que China es un país capitalista, ¿con qué tipo de capitalismo estaríamos ante? ¿Y si el «nuevo tipo de capitalismo» chino fuera el que acabara imponiéndose?

* * *

«En verdad, para el hombre nada tiene poderes

tan tristes y amplios como el dinero,

que devasta ciudades, arranca a los hombres de

sus hogares, instruye a las mentes para que conciban

el mal, las pervierte y las transforma, y al delito

le marca el camino y la experiencia revela

de toda impiedad».

Sófocles, Antígona

Dos mitologías…

Una de las criaturas mitológicas de la antigua Grecia era el centauro, con la cabeza, los brazos y el torso de un hombre unidos al cuerpo y a las cuatro patas de un caballo. Si le hubiéramos preguntado a un ateniense si el centauro era hombre o caballo, nos habría respondido: «Ninguno de los dos; se trata de un monstruo, fruto de un amor sacrílego, que posee una doble naturaleza, bestial y humana».

Sea cual sea el enigma que se esconde tras la cuestión de qué es China, lo cierto es que no se trata de un mito, sino de una entidad muy real, que, por lo tanto, solo puede entenderse mediante un análisis teórico riguroso. A pesar de que existe una literatura vastísima sobre la China contemporánea y una ingente cantidad de información y datos empíricos, las opiniones sobre la naturaleza del sistema social chino no solo divergen, sino que conducen a respuestas opuestas.

Por un lado, se encuentran los defensores acérrimos del capitalismo, quienes, con descarada perfidia, afirman que, si tras el colapso de la URSS también los comunistas chinos han restablecido el capitalismo, ello indica que el tan denostado capitalismo es el único posible entre todos los mundos, es más, el mejor de los mundos posibles, eterno y, por tanto, sin alternativa posible. Por otro lado, se encuentran los filochinos, quienes, por el contrario, consideran que China —precisamente tras haber derribado los cimientos colectivistas de la era maoísta— es un país socialista y que, gracias a su fuerza impulsora, el socialismo goza de excelente salud y está avanzando a escala histórica y mundial.

Dos mitologías que, paradójicamente, se sostienen mutuamente.

… Un empirismo

Intentaremos explicar que los filochinos están equivocados y cómo su postura tiene graves consecuencias teóricas y políticas.

Todo juicio sobre un fenómeno social se basa necesariamente en un enfoque gnoseológico, implica un método. No es difícil descubrir que el procedimiento cognitivo de los filochinos es tan empirista como el de los corifeos del capitalismo. Para los empiristas, la verdad surge de la verificación de los hechos experimentados, de los datos, de los fenómenos. De lo concreto a lo abstracto: ese es, de hecho, el método inductivista de los empiristas. Así nos explicamos cómo puede suceder que, a partir de las mismas observaciones fácticas, se pueda llegar a conclusiones teóricas diferentes e incluso opuestas. Nos lo explicamos si admitimos que no existen datos observativos puros (ni observadores neutrales). ¿Cómo interpretar, de hecho, los datos? ¿Cómo procesar el material fruto de la observación? ¿Con qué criterios establecer relaciones de conexión entre los hechos?

La verdad es que el acto de conocer no se produce por mero «reflejo», ex post, sino que para conocer se necesita una visión teórica ex ante de la que se deriva el método de investigación y con la que leer e interpretar los hechos. El epistemólogo Feyerabend escribió acertadamente: «La exigencia de admitir únicamente aquellas teorías que se deriven de los hechos nos dejaría sin ninguna teoría» . [1] De hecho, la ciencia no avanza de abajo hacia arriba, de los hechos a las teorías, sino de arriba hacia abajo, es decir, de lo abstracto a lo concreto. En palabras de Marx:

«El método de ascender de lo abstracto a lo concreto es la única forma en que el pensamiento se apropia de lo concreto, lo reproduce como algo espiritualmente concreto». [2]

El empirismo impide captar la esencia de los fenómenos sociales que se esconde tras su apariencia.

Una prueba evidente del empirismo utilizado por los filochinos nos la proporciona un intelectual prolífico como Carlo Formenti —quien ha publicado, defendiendo además tesis muy dispares entre sí, una veintena de libros. Tras excomulgar a quienes no creen que China sea socialista tildándolos de «negacionistas» (¡sic!), nuestro autor se pregunta cómo puede explicarse este «negacionismo» y, con singular franqueza, responde:

«La verdadera cuestión es, en mi opinión, por qué ciertos hechos, aunque sean conocidos, no se consideran suficientes para definir el sistema chino como socialista». [3]

Los hechos, pues, pero los datos fácticos por sí solos, sin una clave teórica para interpretarlos y comprenderlos —con todo respeto hacia Formenti—, nunca son suficientes para comprender «el inmenso alcance histórico del experimento chino»: cuanto más grande y complejo es el «experimento», más decisiva resulta la riqueza del proceso cognitivo.

Solo quien se plantea las preguntas adecuadas puede obtener las respuestas adecuadas y, por tanto, analizar hechos y fenómenos, desvelar su conexión y extraer una conclusión, es decir, un juicio ponderado sobre un sistema social.

Malentendidos y antinomias

Partiendo de la base de que nunca se debe juzgar a alguien por lo que dice de sí mismo, no se puede dejar de reconocer que tanto los pro-chinos como quienes gobiernan en China se declaran comunistas; de hecho, Xi Jinping proclama que se considera marxista-leninista. Pero, ¿respetan realmente los principios y criterios que caracterizan la teoría marxista? Veremos que la respuesta es negativa, que precisamente al aplicar los principios y criterios marxistas se deduce que China no es un país socialista y que, por el contrario, es una forma —como explicaremos más adelante— de capitalismo de última generación.

¿Cuáles son, pues, las preguntas que quienes proclaman seguir la forma de pensar y analizar de Marx deberían plantearse para responder a la cuestión de cuál es la naturaleza social de China? Intentemos enumerarlas: ¿es el modo de producción el principal criterio de juicio? ¿O es el criterio primordial su superestructura estatal e ideológica? ¿Qué es un modo de producción? ¿De qué tipo son, por tanto, las relaciones de producción y de propiedad que se derivan de él? ¿Se aplican en China la ley del valor y las leyes del mercado como en cualquier otra sociedad capitalista? ¿Es la mano de obra también en China una mercancía? ¿Cómo se determina la división del trabajo? ¿Se basa la planificación central en el principio de la producción y el intercambio de bienes como mercancías o como valores de uso? ¿Quién se apropia de la plusvalía (la parte excedente del trabajo que el trabajador realiza más allá de lo necesario para obtener su salario)? ¿En qué medida se distribuye socialmente y en qué medida, por el contrario, es acaparada por el capital como plusvalía? ¿Pueden los trabajadores organizarse y ejercer un control sobre la producción? Dado el papel rector de la élite política, ¿qué tipo de relación existe entre esta y las masas? ¿Existen formas de democracia socialista y, en caso afirmativo, qué contenido y alcance tienen?

Sin recurrir todavía a la dialéctica, resumimos esta serie de preguntas en un silogismo:

Premisa mayor: si en un polo tenemos a quienes, para vivir, deben vender su fuerza de trabajo como mercancía a quienes poseen los medios de producción; si los productos del trabajo adoptan la forma de mercancías; y si la producción de mercancías es la forma económico-social dominante;

Premisa menor: en el polo opuesto debe haber necesariamente capital que actúa para valorizarse y aumentar la plusvalía, y si hay plusvalía, el trabajador, al no poder disponer de los frutos de su trabajo, sufre explotación y alienación.

Conclusión: si hay explotación y alienación de los trabajadores, no hay socialismo, sino alguna forma de capitalismo.

Los pro-chinos no niegan que en China existan diversas formas de capitalismo; sin embargo, sostienen que estas no son dominantes y, por lo tanto, se amparan en Lenin, según quien, en las primeras etapas de la transición del capitalismo al socialismo, sobreviven necesariamente formas mercantiles y bienes producidos como mercancías. Volveremos más adelante sobre Lenin, la Revolución en Rusia y la Nueva Política Económica (NEP); obviamente, no cabe duda de que no se pasa al socialismo de la noche a la mañana, ni se abolieron el mercado y las relaciones mercantiles mediante decretos; y es cierto que en la convivencia (por naturaleza antagónica) entre los sectores económicos aún capitalistas y los socialistas incipientes, estos últimos deberán demostrar en la práctica que son superiores y vencedores. Es cierto, siempre y cuando se recuerde que el propio Lenin nunca se cansó de afirmar que la tarea de un gobierno revolucionario, si se mantiene fiel al objetivo del socialismo, es precisamente la de dedicarse en cuerpo y alma a la abolición de las formas capitalistas, y que, en la fase de transición, la lucha de clases se agudiza aún más por este motivo, ya que:

«El socialismo consiste en la destrucción de la economía de mercado; si el intercambio sigue vigente, resulta incluso ridículo hablar de socialismo». [4]

Por desgracia, los pro-chinos mezclan las cosas y confunden los conceptos, con el fin de hacer creer que existiría una homología y/o identidad entre el socialismo y la transición al socialismo. Una maniobra torpe: por socialismo debe entenderse una sociedad en la que la transición ya ha completado sus etapas fundamentales, dejando atrás el capitalismo y la división en clases, y que, por lo tanto, está haciendo realidad tanto el principio «De cada uno según sus capacidades, a cada uno según sus necesidades», como una forma efectiva y omnidireccional de democracia; mientras que, por período de transición del capitalismo al socialismo, se entiende un sistema social híbrido, en el que persisten las relaciones de producción capitalistas, fuerzas productivas inadecuadas para la creación de riqueza social general, y en el que aún no se pueden dar pasos sustanciales hacia la abolición de las clases y de la explotación.

Formenti, haciendo caso omiso del principio de no contradicción y condenando —como está de moda en Occidente— las normas binarias, responde que es ridículo «clasificar los sistemas socioeconómicos en campos claramente diferenciados y opuestos, aplicando de manera abstracta y formal (antihistórica) el concepto marxista de modo de producción» , y cree salirse con la suya recurriendo a la tesis del historiador Fernand Braudel, según la cual el capitalismo y el mercado no son lo mismo. [5] Recurrir a Braudel es una coartada que resulta ser un boomerang, ya que Braudel, en su imagen de la economía de tres niveles, sitúa el capitalismo en el nivel superior, donde, tras el libre mercado, mandan los gigantes monopolísticos que evitan competir entre sí y utilizan el poder político para gobernar el mercado desde arriba. Una definición que parece ajustarse casi a la perfección a China, a menos que Formenti quiera sostener, de forma absurda, que la etapa china sería la de la economía de subsistencia (planta baja) o incluso la del pequeño comercio de una sociedad esencialmente poco desarrollada y rural (primer piso) . De hecho, las relaciones mercantiles de producción e intercambio existían mucho antes de la llegada del capitalismo, pero solo con el capitalismo la producción de bienes como mercancías —de la que forma parte la existencia del trabajo asalariado— se vuelve dominante y se despliega.

El último recurso de los pro-chinos es sacar a relucir la dialéctica: « ¿Acaso no es cierto —nos dicen— que existe la unidad de los opuestos? ¿Que la contradicción implica una síntesis?». Esta idea de la dialéctica es engañosa; es una mala versión de la idea hegeliana de que la unidad de los opuestos consiste en su conciliación. Compartimos, en cambio, la interpretación que Mao hizo de la dialéctica en su conocido ensayo de 1937 Sobre la contradicción. Volverá sobre el tema en 1964, aclarando su pensamiento y explicando que por unidad de los opuestos no debe entenderse solo su vínculo, sino su oposición antagónica:

«¿Qué es la síntesis? Todos ustedes han sido testigos de cómo dos opuestos, el Kuomintang y el Partido Comunista, han llegado a la síntesis en el continente. La síntesis se produjo de la siguiente manera: sus ejércitos llegaron y nosotros los devoramos, nos los comimos bocado a bocado. No fue la síntesis de dos opuestos que coexistían pacíficamente.

(…) Una cosa destruye a la otra; las cosas surgen, se desarrollan y son destruidas; así ocurre en todas partes. (…) Una cosa se come a la otra; el pez grande se come al pequeño; eso es la síntesis». [6]

Ninguna sutileza dialéctica hegeliana invalida el principio aristotélico de no contradicción:

«De hecho, es imposible que el mismo <atributo> pertenezca y no pertenezca al mismo <sujeto>, al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto». [7]

¿Planificación socialista?

No es que Formenti no se dé cuenta, en su obstinada apología de la China socialista, de que se ve enredado en paralogismos y antinomias. De lo contrario, no podríamos explicarnos por qué hace suya la formulación aproximada y minimalista que da el título desarmante al ensayo colectivo de Daniele Burgio, Giulio Chinappi, Massimo Leoni y Roberto Sidoli: «China (prevalentemente) socialista». [8]

Los cuatro, recurriendo al torpe artificio del adverbio «prevalentemente», admiten que en China se ha producido, tras la etapa maoísta, una restauración del capitalismo, sin embargo, el modo de producción «prevalente» sería el socialista. Lástima que ni los cuatro autores ni, mucho menos, Formenti nos digan en qué consiste ni en qué sectores opera en China el «modo de producción socialista». Se limitan a decirnos que «en sectores decisivos como la tierra, las infraestructuras, el crédito, la energía, las grandes empresas, las redes logísticas, las telecomunicaciones, los recursos estratégicos y los instrumentos de planificación» […] el Estado sería quien llevara la batuta. Y dado que el adverbio (prevalentemente) resulta incómodo, Formenti empeora su situación añadiendo un adjetivo, sugiriendo que se adopte «el adjetivo socialista “en el sentido “débil” que le atribuye el difunto Alberto Gabriele». [9]

La falta de rigor teórico de formulaciones como esta resulta desconcertante; la idea central (al parecer) es que habría socialismo allí donde existieran la nacionalización de los sectores económicos decisivos y la planificación, etc. Nos preguntamos: con estos criterios, ¿no era ya la China maoísta cien veces más socialista que la actual? ¿Y qué hay de la República Popular Democrática de Corea, donde, a diferencia de China, solo se toleran pequeñas actividades comerciales privadas, todo está rígidamente planificado y colectivizado, y se registran sorprendentes tasas de desarrollo económico?

Mucho más sobria, ponderada, realista y sincera es la postura de un gran amigo de China como es Alberto Bradanini:

«En la China actual, los mecanismos de producción —ya sean públicos o privados, da igual— se basan en el beneficio, no en la necesidad; el trabajo está subordinado a las prioridades del mercantilismo; el perfil de la nación presenta pocos rasgos de esa fisonomía anhelada por los padres fundadores del socialismo (…) “lo esencial es atrapar al ratón, no importa de qué color sea el gato”, afirmaba Deng. Sin embargo, la aceptación doctrinal se ha quedado a medio camino, dejando de lado dos aspectos cruciales,

la identidad del sujeto, que habría requerido una remodelación anatómica del papel del partido, abordando al mismo tiempo, siempre desde el punto de vista marxista, las esferas ideal y material de la libertad, y la esencia fundamental del objetivo (el ratón), que habría allanado el camino hacia una participación efectiva en el poder y el control democrático en la distribución cualitativa y cuantitativa de la riqueza producida (el gato)». [10]

«En China hay planificación», claman los filochinos, sin tener en cuenta en absoluto que pueden existir dos modalidades opuestas de planificación: una capitalista y otra socialista. Queremos recordar que, en repetidas ocasiones, el capitalismo ha sabido experimentar con éxito la combinación entre el mercado y la planificación del ciclo económico, con la correspondiente centralización de las decisiones estratégicas; de hecho, nos parece poder afirmar que, gracias a la cibernética, al probabilismo predictivo y al uso de la inteligencia artificial, esta combinación tiende a convertirse en la nueva frontera del capital. Pero mientras que la planificación capitalista sigue basándose, por su propia naturaleza, en la producción y el intercambio de bienes como mercancías, la socialista, en los antípodas, lo es porque implica la producción y el intercambio de bienes como valores de uso, lo que supone superar la economía monetaria basada en el fetiche del dinero. En lo que respecta a la planificación, la experiencia vivida en la Unión Soviética y en otros países posrevolucionarios nos ha enseñado muchas cosas, entre ellas esta: dada la propiedad estatal total de los medios de producción y de intercambio, la planificación utilizaba el método del cálculo económico; es decir, recurría siempre a relaciones monetarias y mercantiles; o bien, aunque no estuviera subordinada a la realización del valor y de la plusvalía, se producía la circulación planificada de los bienes como mercancías, llevada a cabo a través de los precios y el dinero.

En cuanto a la categoría de capitalismo de Estado, se han dicho cosas de todo tipo, en parte debido a las definiciones ambiguas de Lenin. Sin embargo, es evidente que Lenin utilizó el concepto refiriéndose a un país atrasado que, una vez llevada a cabo la revolución política, debía llevar a cabo la revolución en el ámbito económico y que, debido al escaso desarrollo de las fuerzas productivas, habría tenido que aceptar que algunos sectores de la economía funcionaran, durante un cierto período de tiempo, de manera capitalista, aunque, por supuesto, bajo el control vigilante del Estado obrero. A los pro-chinos que se inclinan con adoración ante China como la potencia económica más avanzada del mundo, les preguntamos: ¿hasta qué nivel asombroso de desarrollo deberían llevarse las fuerzas productivas chinas para que haya igualdad social y democracia socialista?

* * *

Ante las críticas, los pro-chinos ajustan su discurso y, tras defenderse alegando que «no existe una teoría marxista creíble de la transición», recurren al argumento de última instancia: dado que el poder del Estado está en manos del Partido Comunista, y partiendo de que el objetivo del partido es el socialismo, se deduce que China es socialista. Formenti afirma con franqueza:

«Mi tesis es que el único criterio capaz de zanjar la controversia en cuestión es político; lo que realmente hay que comprender es quién detenta el poder político y qué intereses de clase promueve». [11]

El postulado autodefensivo es sencillamente falso, una burda estratagema para justificar el enamoramiento por el modelo social chino; equivale a sostener que la teoría marxista y las inmensas experiencias históricas del siglo XX no nos han proporcionado respuestas y enseñanzas muy valiosas sobre lo que es y lo que no es la transición al socialismo. ¿Y qué hay de la

arma de última instancia? Se trata de una forma absoluta y grotesca de autonomía de la política que, de paso, priva de sentido a todo razonamiento e investigación sobre la naturaleza de las relaciones sociales, ya que el criterio autosuficiente sería la voluntad de quien se encuentre, aunque solo sea momentáneamente, al frente del Gobierno de un país determinado. Formenti nos echa en cara un finalismo extremista por el que, con todo respeto a Aristóteles, tres de sus cuatro causas para explicar los fenómenos se van al traste, quedando así solo una, la final.

La cruda verdad, como veremos con claridad más adelante, es que la forma de razonar de los pro-chinos conduce a una tremenda conclusión: el socialismo es una quimera, Marx fue un gran utópico y, por lo tanto, resulta vana toda su monumental crítica al capitalismo. Es ciertamente cierto que hay rasgos utópicos en la visión marxista, que saltan a la vista en El Estado y la revolución de Lenin (donde se profetiza no solo la eliminación de las clases sociales, sino incluso la desaparición del Estado, de toda forma de gobierno político). Es acertado deshacerse de estas veleidades utópicas, es acertado tirar el agua sucia, pero hay que salvar al niño, es decir, la posibilidad de una sociedad que deje atrás el capitalismo y se base en la igualdad social y la libertad.

Que la teoría marxista tenga numerosas lagunas, ya lo hemos admitido, aunque señalando con la máxima precisión cuáles eran. [12] Del corpus teórico que nos legó Marx, so pena de perder el rumbo y ir a la deriva, hay que salvar sin duda su análisis crítico del capitalismo con sus leyes de movimiento, de las que extrajo su concepción del socialismo y de la transición. Dos aspectos que son las dos caras de la misma moneda.

Al sentenciar que China ha alcanzado el socialismo, los pro-chinos corren el riesgo de cometer la misma tontería que Stalin, quien, en 1936 afirmó a bombo y platillo que la URSS había alcanzado precisamente el socialismo. Como dijo Mao Zedong, que sabía bien algo de los desastres cometidos por Stalin:

«En 1936, Stalin dijo que la URSS era socialista y que la lucha de clases había sido eliminada, pero en 1939 puso en marcha otra purga de contrarrevolucionarios. ¿Acaso eso no era también lucha de clases?» [13]

La actitud de los pro-chinos respecto a la China actual se asemeja como una gota de agua a la de los pro-soviéticos que, en el Partido Comunista Chino, se oponían a la fracción maoísta en los años 50 y 60 (a quienes, durante la Gran Revolución Cultural, se les acusó de querer restaurar el capitalismo y de que, posteriormente, con Deng al frente, reconquistarían el poder político). Al referirse a ellos, Mao llegó a decir:

«No podemos seguir ciegamente a los soviéticos, sino solo tras un examen crítico. Hay pedos de olor insoportable y pedos apestosos. No hay que creer que todo pedo soviético huele bien. Si otros afirman que entre los soviéticos algo apesta, nosotros decimos que apesta». [14]

Tampoco los pedos de Xi huelen bien.

Una transición a la inversa

Que en China prevalezca la economía de mercado y que la fuerza de trabajo sea una mercancía —la única que posee la mágica capacidad de crear plusvalía para quien la adquiere— es un hecho que ninguna contorsión semántica puede ocultar. De otro modo, no nos explicamos la entrada de pleno derecho en 2001 en la imperialista OMC (Organización Mundial del Comercio), una adhesión que consagró la integración definitiva de la economía china en el circuito de la globalización neoliberal, y que fue aceptada precisamente porque el Gobierno chino había puesto en marcha profundas reformas sociales e institucionales destinadas a alinear su sistema social y normativo con el de Occidente globalizado. Sin olvidar los solemnes discursos (2017, 2021 y 2022) de Xi Jinping ante el círculo supremo de la oligarquía capitalista mundial, el FEM (Foro Económico Mundial) de Davos, donde, lejos de presentar a China como abanderada de la revolución socialista, muy al contrario, la exhibió como el baluarte más firme de la globalización económica, el libre comercio y el multilateralismo con tintes mercantilistas. A este respecto, resulta esclarecedora la aportación de Ernesto Screpanti. [15]

Para los pro-chinos, solo cuentan los hechos «puros», no los «dogmas teóricos», pero es un hecho que, incluso como consecuencia de las grandes y sucesivas privatizaciones de empresas públicas de diversos tipos y tamaños (las privatizaciones entre los años 90 del siglo pasado y principios del XXI ascendieron a 700 000 millones de dólares, ¡poco menos que el total alcanzado en todo el resto del mundo! ), el sector capitalista privado, ya en 2005 —siete años antes de la llegada al poder de Xi Jinping—, aportaba en China una contribución al PIB ligeramente superior a la del sector público. Hoy, catorce años después del ascenso de Xi, la tendencia no se ha invertido, sino que, por el contrario, se ha consolidado, ya que el sector privado aporta más del 60 % del PIB, el 48 % de las actividades de importación y exportación y el 56 % de las inversiones en capital fijo.

Es un hecho indiscutible que, en China, el Estado ostenta posiciones monopolísticas fundamentales en diversos sectores económicos. Es correcto afirmar, por tanto, que se trata de una economía mixta, en la que coexisten los sectores privado y público.

Podríamos decir que el Partido Comunista Chino aplica, mutatis mutandis, el modelo italiano de participaciones estatales, según el cual el Estado no solo gestionaba grandes empresas en sectores clave como la energía, la química, el transporte, la siderurgia y las comunicaciones, sino que las vinculaba con el sector privado en base a una planificación estratégica. Pero, ¿una economía mixta viola las categorías marxistas? ¿O puede entenderse precisamente a la luz de estas? En una economía mixta como la china, los bienes se producen, al fin y al cabo, como mercancías, existen el salario y la plusvalía, el proceso de trabajo es un proceso de valorización del capital, el capital está sujeto a la lógica de la acumulación y a sus ciclos y plazos de rotación, hay competencia y se forma una tasa de beneficio, hay capital mercantil y comercio exterior, hay circulación monetaria y, por último, un sistema financiero y bursátil con una clase de rentistas que viven de la especulación.

Por decirlo con palabras de Marx:

«En todas las formas de sociedad, es una producción determinada la que confiere rango e influencia a todas las demás, del mismo modo que sus relaciones confieren rango e influencia a todas las demás. Es una luz general en la que se sumergen todos los demás colores y que los modifica en su particularidad. Es una atmósfera particular la que determina el peso específico de todo lo que de ella emerge». [16]

El análisis de la situación de China no estaría completo si no señaláramos que, en múltiples aspectos, el capitalismo con características chinas se presenta, de hecho, como el más dinámico y eficaz; no es casualidad que China ocupe los primeros puestos en diversas clasificaciones mundiales, sobre todo en la de productividad laboral —lo que desmiente que los salarios chinos sean «altos», sino que, por el contrario, son bajos dada la enorme productividad—. El país supera incluso a los propios Estados Unidos y a los países occidentales en sectores como los de las altas tecnologías, la robótica y la automatización. Se lleva años debatiendo sobre el reciente culto a Confucio (verdadera bestia negra de los revolucionarios chinos, empezando por Sun Yatsen, por no hablar de los comunistas en la época de la China maoísta) y sobre la recuperación de los valores tradicionales (respeto a la familia, al orden y a las jerarquías sociales, la obediencia social y la identidad nacional), todo ello con el fin de potenciar la influencia global de China en el mundo (soft power). Albergamos serias dudas sobre la eficacia del neoconfucianismo como instrumento para hacer frente a la hegemonía cultural occidental; lo cierto es que no son los valores socialistas de igualdad y libertad los que alimentan el soft power de China, sino el mito de las fuerzas productivas, sus capacidades tecno-científicas, la obstinada convicción de devolver al Imperio del Medio a la cima del mundo, una política que parece capaz de domar los instintos animales y las contradicciones del capitalismo, y la aparente disciplina social.

La moraleja de la historia es que, incluso basándonos en los hechos «puros», si se analizan y se relacionan correctamente, si se interpretan a la luz de los criterios marxistas, estos indican que el modo de producción y las correspondientes relaciones de producción en China son capitalistas y, con mucho, dominantes; que, mediante un proceso ininterrumpido iniciado en 1978, la cantidad se ha transformado en calidad, y se ha pasado de una estructura social colectivista con un bajo desarrollo de las fuerzas productivas a una estructura capitalista con fuerzas productivas de altísimo potencial. La transición se ha producido, sí, pero a la inversa,

y no se aprecian indicios de un cambio de tendencia, ni de medidas encaminadas a eliminar los rasgos capitalistas dominantes.

LENIN, LA NEP Y LOS NUEVOS SMENOVEKHISTAS

En la negativa a admitir que en China, sobre las ruinas de la Gran Revolución Cultural, se ha producido una transición a la inversa, vemos una ruptura profunda, sin duda tanto con el maoísmo como con el marxismo.

De hecho, Formenti afirma sin ambages que, si se juzgara a China utilizando los «clásicos» parámetros y criterios marxistas, la conclusión inevitable sería que no existe socialismo:

«Las izquierdas negacionistas tienen razón si definimos el socialismo según los criterios clásicos (del siglo XIX) enunciados por los padres fundadores del marxismo». (…) Quien niegue el carácter socialista del sistema chino puede buscar argumentos en la teoría «clásica» de la transición que, en esencia, se basa en la Crítica al Programa de Gotha y en algunos pasajes de El Capital de Marx y del Anti-Dühring de Engels. Sobre todo en esta última obra, el autor escribe que el socialismo no solo se caracteriza por la socialización de los medios de producción, sino que implica la desaparición de la producción mercantil y de las relaciones monetarias». [17]

Nos gustaría decir: ¡Amén!

Sin embargo, no podemos. Tras cometer el burdo error de afirmar que «también Rosa Luxemburg se opuso a la NEP» (en realidad, falleció tres años antes), en su visceral e inaceptable rencortercermundista contra el «marxismo occidental» y por amor a las reformas capitalistas, Formenti, en la tumba de la confusión teórica, debe arrastrar también a Lenin. Leemos, de hecho:

«Lenin deja de lado dicha tesis a principios de los años veinte (estamos en la época de la NEP), cuando descarta las posiciones de la izquierda bolchevique y admite que la transición sería larga e inevitablemente caracterizada por la persistencia de las relaciones mercantiles y monetarias». [18]

Al emitir este juicio lapidario sobre Lenin, según el cual «dejaría en desuso» a Marx y a la teoría clásica de la transición, nuestro autor se ampara en Vladimiro Giacchè y elogia su libro Lenin, Economía de la revolución. [19]

La tesis de Giacché, utilizada deliberadamente para justificar la «economía socialista de mercado» china, es drástica: con la Nueva Política Económica (NEP), que restablecía medidas capitalistas en la Rusia posrevolucionaria, Lenin no solo propone una «retirada estratégica», sino que, al abandonar toda «pureza ideológica», concibe una nueva idea de transición al socialismo, lenta, sin rupturas, sin imposiciones subjetivistas, como una larga fase de coexistencia con el capitalismo. Sin embargo, la tesis que Giacché querría hacer pasar por una verdad leninista incuestionable es falsa de principio a fin. Nos preguntamos: ¿se trata de una incompetencia imperdonable o de una falsificación deliberada del pensamiento y la obra de Lenin? Quizá lo primero, dado que el libro de Giacché parece una copia exacta del publicado en Berlín por la editorial Dietz con motivo del centenario del nacimiento de Lenin.

[20]

Sea como fuere, Giacché ha llevado a cabo una burda censura, al excluir de su voluminosa recopilación todos los escritos de Lenin —¡pero todos, sin excepción!— que apuntan exactamente en la dirección contraria a su teorema. Será fácil demostrarlo, pero antes conviene subrayar las cuatro razones fundamentales que subyacen a la «retirada estratégica» de la NEP y a la adopción de reformas económicas capitalistas. Primera: la devastadora hambruna de 1920; segunda, el estado de anarquía social tras siete años de guerras; tercera: el profundo atraso de las fuerzas productivas y de la industria; cuarta: la derrota de la revolución en Europa y el acentuado cerco a la Rusia soviética.

¿Realmente concebía Lenin la NEP como una «retirada estratégica a largo plazo»? La NEP se puso en marcha en marzo de 1921 y solo un año después, en marzo de 1922, una vez que la economía y el intercambio entre la ciudad y el campo habían recuperado su vigor, acompañados del «pequeño» inconveniente de la reaparición de clases capitalistas (en forma de kulaks en las zonas rurales y de nepmeny en las ciudades), Lenin advirtió de manera perentoria:

«Hoy vemos con claridad la situación en la que se encuentra nuestro país y podemos afirmar con absoluta firmeza que la retirada, iniciada por nosotros, puede ya interrumpirse y que la estamos interrumpiendo. Ya basta (…)Sabemos, por otra parte, que, dada la hambruna, dada la situación actual de la industria, no estamos en condiciones de conservar todas las posiciones conquistadas entre 1917 y 1921. Ya hemos cedido algunas. Pero ahora podemos decir que esta retirada, en lo que respecta a las concesiones a los capitalistas, ha terminado». [21]

Pocos días después, en su informe ante el XI Congreso del Partido (27 de marzo y 2 de abril de 1922), Lenin reitera:

«Durante un año nos hemos retirado. Ahora, en nombre del partido, debemos decir: ¡basta! El objetivo que se perseguía con la retirada se ha alcanzado. Este período está a punto de terminar o ya ha terminado. (…) La retirada ha concluido, la retirada ha terminado; ahora se trata de reagrupar las fuerzas». [22]

Lenin se ve impulsado a subrayar el concepto del fin de la retirada por múltiples razones, entre las que destaca el peligro de que los enemigos internos y externos, al imaginar que los bolcheviques estaban sic et simpliciter volviendo al capitalismo, volvieran a levantar la cabeza de forma amenazante, y pone como ejemplo Smena Vekh, la revista de intelectuales blancos emigrados encabezados por Nikolái Ustrialov:

«Cese de la retirada (económica) y objetivo de reestructurar el reagrupamiento de fuerzas. Llega una advertencia de la burguesía, que, a través de Ustrialov, miembro del grupo Smena Vekh, ha declarado que la NEP no es una «táctica», sino una «evolución» del bolchevismo». [23]

Y es precisamente en la solemne sede del congreso donde Lenin afirma:

«Quisiera abordar brevemente la cuestión: ¿la Nueva Política Económica de los bolcheviques es una evolución o una táctica? Así han planteado la cuestión los smenovekhistas, quienes, como ustedes saben, constituyen una corriente que ha cobrado fuerza entre los emigrados rusos, una corriente político-social encabezada por los más destacados políticos del Partido Cadete, algunos ministros del antiguo Gobierno de Kolchak, hombres que se han convencido de que el poder soviético construye el Estado ruso y que, por lo tanto, hay que seguirlo. «Pero este poder soviético, ¿qué tipo de Estado está construyendo? Los comunistas dicen que es un Estado comunista, afirmando que se trata de una táctica: los bolcheviques, en un momento difícil, recurren a los capitalistas privados y, más adelante, según dicen, volverán a tomar todo en sus manos. Los bolcheviques pueden decir lo que les plazca, pero en realidad no se trata de táctica, sino de evolución, de renovación interna; llegarán al Estado burgués común, y nosotros debemos apoyarlos. La historia sigue caminos diferentes». Así razonan los smenovekhistas». [24]

Lenin precisa que la NEP no debe entenderse como una reconciliación con el capitalismo, subrayando que:

«El enemigo [los smenokhevistas] dice la verdad de clase, señalando el peligro que se nos presenta. Se esfuerza por hacer que este peligro sea inevitable»; y, por tanto, reitera que con la NEP no se inicia un período de pacificación con las fuerzas capitalistas, sino todo lo contrario: «la lucha contra la sociedad capitalista se ha vuelto cien veces más encarnizada y peligrosa, porque no siempre vemos con claridad quién es nuestro enemigo y quién es nuestro amigo». [25]

Cada uno puede decidir ahora si la analogía entre la situación de la Rusia soviética en la época de la NEP y la que existe en la China actual, o entre Lenin y Xi Jinping, tiene valor cognitivo y político. Aun admitiendo —sin por ello aceptarlo— que exista una consustancialidad entre la naturaleza de la dirección política china actual y la leninista de entonces, los sistemas sociales no son ni remotamente comparables: Rusia acababa de salir de siete años de guerras sangrientas y devastadoras, de una hambruna mortífera; el hambre asolaba a los ciudadanos y la economía estaba en ruinas; China es hoy, si no la primera, sin duda la segunda potencia económica, política, científica y tecnológica del mundo; por lo tanto, no cabe ninguna comparación con la Rusia de la época de Lenin.

En conclusión, Giacché y los pro-chinos como Formenti, siguiendo los pasos del difunto Domenico Losurdo, [26] no hacen más que volver a proponernos un bucharinismo, o mejor dicho, un smenovekhismo encubierto.

Contrariamente a las advertencias de Lenin, en los años posteriores a su muerte, cuando al frente de la URSS se encontraba el dúo Stalin-Bujarin, se persiguió la NEP, dando mayor espacio a las formas y fuerzas capitalistas —«¡Enriquézcanse!», dijo precisamente Bujarin en un discurso de abril de 1925. [27]

El resultado, tal y como había previsto con lucidez la oposición de izquierda, fue un desastre: en 1928, las fuerzas capitalistas resurgidas (sobre todo los kulaks, los campesinos ricos) provocaron una nueva «crisis del trigo» y atacaron de lleno al Estado soviético. El Partido Bolchevique se vio ante una decisión que tendría un alcance histórico.

Bujarin, tras acusar a los estalinistas de querer aplicar las recetas «ruinosas» de los trotskistas, se puso al frente de la oposición de derecha, o de los «genetistas», quienes, en oposición a los «teleólogos», querían continuar ad libitum con la NEP, defendiendo, en nombre de una convivencia prolongada con las formas y fuerzas capitalistas resurgidas, una concepción evolucionista —sin rupturas ni saltos— y firmemente gradualista de la transición al socialismo. [28]

Ya se sabe cómo acabó todo. En 1929, una vez enterrada la NEP, se puso en marcha el primer plan quinquenal con la colectivización del campo, el inicio de la industrialización y la liquidación violenta de las formas mercantiles y de las relaciones burguesas de producción, lo que permitiría, con unos costes humanos, sociales y políticos sin precedentes, impulsar a la URSS hacia unas tasas de desarrollo económico extraordinarias, hasta convertirla, en tan solo dos décadas, a pesar de las profundas heridas causadas por la agresión nazi, en la segunda potencia mundial.

¿Cibercapitalismo o socialismo?

Uno de los aspectos que Occidente envidia de China es el uso biopolítico de los sistemas cibernéticos de vigilancia de sus ciudadanos. Ningún otro país del mundo ha construido un sistema tan desarrollado y capilar de control, seguimiento y elaboración de perfiles de los ciudadanos —un uso invasivo y generalizado del reconocimiento biométrico, la utilización sistémica de la inteligencia artificial predictiva y la integración de redes y sistemas tecnológicos entre empresas, administraciones y policía—. De ahí el experimento del denominado «sistema de crédito social» (shèhuì xìnyòng tǐxì) «destinado a evaluar no solo la solvencia crediticia y financiera [como ya ocurre desde hace tiempo en Occidente], sino también la integridad social y cívica de los ciudadanos». [29] Lo cual nos dice mucho sobre la esfera de la libertad y los derechos civiles e individuales de las personas.

Es comprensible, dado el caótico ocaso del neoliberalismo impulsado por Estados Unidos, el dilema que se cierne sobre las mentes más agudas de las clases dominantes en Occidente y en el resto del mundo: si el modelo social y político chino funciona mejor, ¿por qué no adoptarlo?

La pregunta de las preguntas que los anticapitalistas deberían plantearse, si desean avanzar con los ojos bien abiertos, si quieren ver el monstruo que gesta el capitalismo, es si China, lejos de avanzar hacia el socialismo, no se encuentra ya más adelantada que Estados Unidos y el resto de Occidente en el paso o la transición hacia el incipiente cibercapitalismo, entendiendo por cibercapitalismo no solo un cambio de piel del capitalismo, sino una nueva totalidad social:

«

El sistema social que está tomando forma gracias a la conjunción de la Cuarta Revolución Industrial (caracterizada por la estrechísima correlación entre la esfera física, digital y biológica) y de la visión del mundo maquínica y poshumana. Su llegada no solo implica el nacimiento de un nuevo sistema social —al que corresponderán nuevas superestructuras políticas e institucionales—, sino que conlleva profundos cambios y vuelcos en el plano antropológico. Si el capitalismo ha transformado al ser humano en una mercancía, en una cosa entre las cosas, arrodillado (auri sacra fames) a los pies del más maldito de los fetiches, el dinero —el dinero no solo como medio, sino como símbolo de una riqueza materialista que se acumula a expensas de la esfera espiritual, cultural e intelectual del ser humano—; el cibercapitalismo llevará los fenómenos de la cosificación y la alienación a sus límites más extremos y autodestructivos, de ahí el inevitable agravamiento, en formas sin duda inéditas, de las tensiones sociales». [30]

Víctimas de su culto idólatra a las fuerzas productivas y a la tecnociencia, los filochinos no comparten nuestra crítica al cibercapitalismo; nuestro rechazo a un «progreso» que ya está allanando el camino hacia un tecnofeudalismo en el que la gran humanidad será relegada a un estado de vasallaje social y cognitivo, con los seres humanos reducidos a una masa de replicantes despersonalizados sometidos a las máquinas; ni compartirán nuestra visión de que el socialismo, liberado del doble lastre del utopismo y del estalinismo, solo puede basarse en una concepción humanista y revolucionaria del mundo. [31]

Sin embargo, también desde China llegan señales de que la lucha por la igualdad social, por una mejor calidad de vida, por liberarse de la explotación, la opresión, la alienación y la cosificación masiva, sigue viva y se está (re)abriendo un camino. Un humanismo que también, y precisamente, en China tiene raíces profundas y milenarias, que van desde Mozi hasta Mao Zedong, pasando por incesantes revueltas populares hasta la Gran Revolución Cultural.

Es sin duda relevante lo que está ocurriendo entre la juventud china, polarizada entre una élite mandarina, devota a la idea de convertir a China, cueste lo que cueste, en la mayor de las potencias económicas y geopolíticas, y el bando opuesto, marcado por el fenómeno de los liulang, que significa ir a la deriva. Afecta sobre todo a la generación Z, los nacidos en el torbellino del boom chino y de la revolución digital. También en China van en aumento el pesimismo sobre el futuro, el desencanto y la decepción por los resultados del vertiginoso «progreso», así como por la pésima calidad de vida. Un fenómeno que acompaña al del fanxiang xiaofei, es decir, el consumo inverso. Cada vez son más los jóvenes que se niegan a luchar con uñas y dientes y a desangrarse para abrirse camino en la jerarquía social, y que prefieren un estilo de vida frugal y no tan obsesivamente competitivo y meritocrático como el que impera en China. ¿Son estos síntomas del cambio que se avecina?

A pesar de que el Gobierno intente por todos los medios censurar las noticias sobre las revueltas sociales intermitentes,

estas se han filtrado y, de hecho, a menudo han obligado al Gobierno a adoptar una postura más moderada, a retirar normas consideradas injustas o a tomar medidas para apaciguar las protestas. Nos referimos a las innumerables revueltas rurales de los años 2024 y 2025, protagonizadas sobre todo por los trabajadores, revueltas contra las expropaciones y las confiscaciones forzadas de tierras agrícolas y de dominio público para construir en ellas centros comerciales, nuevos barrios residenciales o gigantescas instalaciones de energías renovables. Son incontables las revueltas contra las decisiones de las autoridades locales, a menudo corruptas y en connivencia con los capitalistas privados. Pero las revueltas populares estallan por los motivos más diversos, como en la localidad de Shindong contra una directiva de las autoridades locales que pretendía imponer la cremación apresurada en lugar del entierro de los difuntos, práctica tradicional de la etnia Miao. O la enérgica protesta en Jiangyou, una localidad de Sichuan, cuando, en agosto del año pasado, los ciudadanos salieron en masa a las calles para criticar a las autoridades que no habían intervenido en defensa de una niña acosada en el colegio, hija de una mujer sorda. Además, hay trabajadores de diversos sectores, tanto privados como públicos, obligados a salir espontáneamente a la calle (no se permiten sindicatos independientes) y a desafiar la prohibición del derecho a la huelga (eliminado de la Constitución en 1982) por los motivos más diversos: salarios impagados y despidos colectivos. Luchas que han obligado al tribunal de Hangzhou, ante la gran cantidad de casos ocurridos, a prohibir los despidos de trabajadores para sustituirlos por inteligencia artificial.

El ejemplo de lucha de clases moderna, que debería ser motivo de preocupación para todos aquellos que se declaran socialistas, es el memorable de las revueltas obreras contra la política despótica «Cero Covid» adoptada por el Gobierno chino, con duros confinamientos de zonas y ciudades enteras, cuarentenas masivas obligatorias y restricciones incluso en las grandes instalaciones industriales. Entre los diversos casos, el más sonado fue el levantamiento de los trabajadores en la megafábrica de Foxconn en Zhengzhou, en la provincia de Henan, propiedad de la multinacional del multimillonario taiwanés Terry Gou. Se trata de la mayor fábrica del mundo, en la que se hacinan casi 300 000 trabajadores, en su gran mayoría obreros, alojados como prisioneros en auténticos hormigueros denominados «campus», ya conocida como la «fábrica de los suicidios». En noviembre de 2022, la megafábrica fue escenario de violentos motines obreros y de duros enfrentamientos con el personal de seguridad para exigir el pago de los salarios atrasados, condiciones sanitarias y alimentarias adecuadas, mejoras en las condiciones de trabajo en las infernales cadenas de montaje, así como el fin de los rigurosísimos confinamientos y las segregaciones correspondientes impuestas por el Gobierno para que no se atrevieran a interrumpir la producción. Una vez derribadas las vallas, se produjeron auténticas fugas masivas para no permanecer encerrados. Estos levantamientos obligaron a las autoridades, en enero de 2023, a un cambio repentino de rumbo, lo que no impidió que se produjeran otras protestas obreras que desembocaron incluso en enfrentamientos con la policía. [32]

Ya es un lugar común afirmar que, a partir de la posición de la mujer en la sociedad, se reconoce el nivel de civilización de la propia sociedad, mientras que la posición del obrero en un sistema capitalista pone de manifiesto su grado de barbarie:

«Dentro del sistema capitalista, todos los métodos para incrementar la fuerza productiva social del trabajo se aplican a expensas del obrero como individuo;

todos los medios para el desarrollo de la producción se convierten en medios de dominio y explotación del productor, mutilan al obrero convirtiéndolo en un hombre incompleto, lo rebajan a un apéndice insignificante de la máquina, destruyen con el tormento de su trabajo el contenido del propio trabajo, le alejan las facultades intelectuales del proceso laboral en la misma medida en que a este último se le incorpora la ciencia como potencia autónoma; deforman las condiciones en las que trabaja; durante el proceso laboral, lo someten a un despotismo odioso de la manera más mezquina; transforman el período de su vida en tiempo de trabajo; y arrojan a su esposa e hijos bajo la rueda de Juggernaut del capital». [33]

Así describió Marx la situación de los obreros en Inglaterra cuando la fase más inhumana y feroz de la revolución industrial ya había quedado atrás; no muy diferente ha sido y sigue siendo el calvario sufrido por los chinos para alimentar el poderoso desarrollo de los últimos cincuenta años. Si bien es cierto que «el país más desarrollado industrialmente no hace más que mostrar al menos desarrollado la imagen de su futuro», también lo es que hay que tomarse a China muy en serio. [34]

De hecho, China nos resulta más cercana de lo que cabría pensar, y nos indica en qué sentido el capitalismo se está transformando en cibercapitalismo, que no consiste en absoluto en el fin del trabajo, sino —precisamente gracias a la unión entre el capital, la tecnociencia y la mecatrónica— en formas de trabajo y de vida aún más inhumanas, embrutecedoras y alienantes. La llegada del socialismo no depende del el aumento de las artimañas cibernéticas, sino del resultado de las revueltas contra el tecnodominio, para impedir que la sociedad se convierta en un panóptico o en una inmensa caverna platónica donde los reclusos se niegan a liberarse de sus cadenas.

Otros artículos sobre China publicados en SOLLEVAZIONE:

NOTAS

[1] Paul Feyerabend, Contra el método. Feltrinelli, 1975, pág. 55

[2] Karl Marx, Introducción de 1857 a «Hacia una crítica de la economía política». En: Esbozos fundamentales de la crítica de la economía política («Grundrisse»). Einaudi, 1976, págs. 25-26

[3] Carlo Formenti, Por qué China no es socialista,

[4] V. I. Lenin, La cuestión agraria en Rusia. Obras completas, vol. 15. Editori Riuniti, 1967

[5] Fernand Braudel, Civilización material, economía y capitalismo. Einaudi, 1979

[6] Mao Zedong, Discurso sobre los problemas filosóficos. En: Discursos inéditos, Mondadori, 1974, págs. 177-180

[7] Aristóteles, Metafísica, Libro IV. En: Aristóteles, Volumen I. RBA Edizioni, p. 143

[8] Daniele Burgio, Giulio Chinappi, Massimo Leoni y Roberto Sidoli, La China (prevalentemente) socialista

[9] Alberto Gabriele, La economía china contemporánea. Diarkos, 2024

[10] Alberto Bradanini, China: el ascenso irresistible. Sandro Teti Editore, 2022, p. 248

[11] Carlo Formenti, Aquellos que sostienen que China no es socialista

[12] Moreno Pasquineli, Veinte tesis sobre Marx

[13] Mao Zedong, en: Discursos inéditos. Mondadori, 1974, p. 215

[14] En: Mao inédito 1949-71, Armando Editore, 1975, p. 130

[15] Ernesto Screpanti, China no es socialista. Véase también: El imperialismo global y la gran crisis. Tedaliber, 2013.

[16] Karl Marx, Introducción de 1857 a «Hacia una crítica de la economía política». En: Esbozos fundamentales de la crítica de la economía política («Grundrisse»). Einaudi, 1976, p. 32

[17] Formenti, ibídem, Por qué China no es socialista

[18] Formenti, ibídem

[19] Vladimiro Giacchè, Lenin, Economía de la revolución. Il Saggiatore, 2017

[20] Los fundamentos de la dirección económica socialista en las obras de Lenin y su significado actual, editorial Dietz, 1970, Berlín, RDA

[21] V. I. Lenin, La situación de la República Soviética, 6 de marzo de 1922. En: Obras completas, vol. XXXIII, Editori Riuniti, 1967, pp. 197-199

[22] V. I. Lenin, Informe político del Comité Central del PCR(b), 27 de marzo de 1922. En: Obras completas, vol. XXXIII. Editori Riuniti, 1967, pp. 254-258

[23] V. I. Lenin, Carta a Molotov, 23 de marzo de 1922. En: Obras completas, vol. XXXIII. Editori Riuniti, 1967, pp. 225

[24] V. I. Lenin, Informe político del Comité Central del PCR(b), 27 de marzo de 1922. En: Obras completas, vol. XXXIII. Editori Riuniti, 1967, págs. 259

[25] V. I. Lenin, Ibídem. En: Obras completas, vol. XXXIII. Editori Riuniti, 1967, pp. 260-261

[26] Domenico Losurdo, La izquierda, China y el imperialismo, La città del Sole, 1999

[27] En: Maurice Dobb, Historia de la economía soviética, Editori Riuniti, 1976, p. 232

[28] Nikolái Bujarin, Notas de un economista, septiembre de 1928. En: Robert V. Daniels, La conciencia de la revolución, Sansoni, 1970, pp. 486-549

[29] Gianluca Centraco, Giovanna Maria Dora Dore, El sistema chino de crédito social: la tecnología como instrumento de vigilancia y persuasión.

[30] Moreno Pasquinelli, El cibercapitalismo y las tres variantes de la tecnocracia

[31] FRENTE DE LA DISIDENCIA, Por un humanismo revolucionario, abril de 2025

[32] SOLLEVAZIONE, 24 de noviembre de 2022 China entre la política de «cero COVID» y las luchas obreras

[33] Karl Marx, El Capital, 1867. Libro primero, tomo tercero. Editori Riuniti, 1973, p. 96

[34] Karl Marx, Prefacio a la primera edición de El Capital, 1867. En El Capital, Libro primero. Editori Riuniti, 1973, p. 16

2. La respuesta de Formenti:
 

Sábado, 15 de agosto de 2026

LA FATWA DE MORENO PASQUINELLI CONTRA LOS DENOMINADOS «PRO-CHINOS»

Mi amigo Visalli me ha señalado un extenso artículo de Moreno Pasquinelli publicado en el blog «Sollevazione» (se me había pasado por alto porque he dejado de leer la mayor parte de los sitios web de la izquierda radical, ya que es poco habitual encontrar en ellos ideas significativas que inviten a la reflexión).

Se trata de un pequeño panfleto contra los análisis que el que suscribe y Vladimiro Giacché hemos publicado sobre el experimento chino de construcción del socialismo.

No he encontrado en él nada particularmente nuevo con respecto a posiciones similares expresadas, entre otros, por Ernesto Screpanti, a quien me limité a dedicar unas breves líneas en una entrada anterior. En aquella ocasión señalaba irónicamente que, si se dieran por válidos los argumentos que los trotskistas, bordiguistas, neo y posautónomos y neomaoístas utilizan para criticar el llamado «socialismo real» en todas sus variantes, habría que deducir que, en toda la historia mundial, nunca ha existido, no existe ni existirá jamás un sistema socialista.

Como se verá, esto también se aplica a Pasquinelli, quien entra de pleno derecho en la lista de las siete corrientes mencionadas anteriormente. Dado que lo considero un amigo, no me limitaré a reiterar la observación en cuestión, sino que le dedicaré una breve réplica (en la que no tendré en cuenta la parte en la que arremete contra Giacché, quien, si tiene tiempo y ganas, responderá a su vez).

Evito realizar un análisis lingüístico del texto, aunque resultaría divertido, ya que abunda en sustantivos como «corifeos» (¿por qué no «moscas cocheras»?), «filochinos» (la fonética de los nombres chinos impide acuñar algo similar a «putinianos»), «mitologías», «falsificaciones», así como adjetivos como «absurdo», «grotesco», «paradójico», etc. En definitiva: un léxico que evoca ciertas polémicas de antaño, cuando se producían disputas entre compañeros de sección, grupúsculos rivales, etc. Al fin y al cabo, eran años en los que se intentaba revivir la tradición de los insultos cruzados entre las distintas corrientes del marxismo occidental (cuando aún tenían algún peso).

Pero vayamos al grano. Empezaré por la parte más jugosa, es decir, aquella en la que Pasquinelli nos explica cuál sería, según él, el «método» de Marx. ¿Tenía el pensamiento de «el Moro» quizá algo que ver con la dialéctica hegeliana? Por Dios, se indigna Pasquinelli, quien detesta a Hegel (quizá por eso le cae tan mal Giacché, uno de los máximos expertos italianos en el pensamiento del gran filósofo1) y, en general, el concepto de contradicción. «Ninguna sutileza hegeliana falsifica —sentencia— el principio aristotélico de no contradicción». Ergo: el maestro de Marx es Aristóteles y eso explica por qué el análisis «marxista» de la naturaleza de la sociedad china que realiza nuestro autor adopta la forma del silogismo: si la producción de mercancías es la forma económico-social dominante (premisa mayor) y si existe la plusvalía, y por tanto existen la explotación y la alienación (premisa menor), entonces en China no hay socialismo, sino capitalismo (conclusión).

Más adelante evaluaremos la inconsistencia de las dos premisas y «por lo tanto», imitando a nuestro neoaristotélico, deduciremos la falsedad de la conclusión. Por ahora, sigamos con su lección de método. Formenti, pontifica, es un empirista porque su verdad se basa en la comprobación de los hechos, los datos y los fenómenos, y no en una «visión teórica ex ante» de los mismos, que por sí sola puede esclarecer su significado.

Sin duda, Pasquinelli no pierde el tiempo analizando hechos, datos y fenómenos (que, de hecho, brillan por su ausencia en su texto): él nunca habría desperdiciado, como hizo Marx, días y días estudiando archivos y otros documentos históricos antes de esbozar una teoría sobre los orígenes del capitalismo y de la clase obrera en Inglaterra, porque, a diferencia de Marx (a quien cita fuera de contexto, sacándolo de contexto, la frase sobre el «método de ascender de lo abstracto a lo concreto»2), ya tendría en mente su propia «visión teórica ex ante», es decir, una iluminación mística que se le habría encendido en la mente al descender desde el mundo hiperrurano de las ideas (y aquí nos encontramos ante Platón y los místicos religiosos más que ante Aristóteles).

La cuestión es que, para Pasquinelli, la teoría no se fundamenta en principios y criterios, sino que está compuesta por principios y criterios (es decir, es fe en un conjunto de dogmas revelados y no la aplicación de principios para analizar la realidad concreta y su evolución histórica). Por lo demás, tampoco le hacen gracia la evolución ni la historia. De hecho, cuando intenta definir concretamente qué son el socialismo y la planificación socialista, repite los modelos que Marx y Engels esbozaron en la «Crítica al Programa de Gotha» y en el «Antiduhring»: la producción y el intercambio de bienes como valores de uso y la superación de la economía monetaria basada en el fetiche del dinero. Para Pasquinelli, un siglo y medio de intentos de instaurar el socialismo es como si no existieran, o mejor dicho: son fracasos debidos a la naturaleza «atrasada»3 de los países en los que se llevaron a cabo (y aquí se revela como un pésimo trotskista, dado que Trotski fue autor de una feroz crítica a la definición de la Rusia de 1917 como país «atrasado»).

Demos un paso atrás. Me reprocha haber enumerado fenómenos sin someterlos a ningún filtro teórico. Está claro que no ha leído el libro al que supongo que se refiere4 o, si lo ha leído, no ha leído —puesto que no hace mención alguna de ellos— a ninguno de los maestros teóricos que inspiran sus tesis: Giovanni Arrighi (autor del ensayo más importante5 sobre el análisis económico de la historia y la sociedad chinas); Alberto Gabriele6 (a quien menciona de pasada); Domenico Losurdo (ídem: lo cita brevemente solo para decir que el marxismo occidental y el marxismo oriental7 son «categorías» —en mi ingenuidad creía que se trataba de fenómenos históricos— inconsistentes; Costanzo Preve (no aparece por ningún lado, cuando le habría enseñado algo sobre el hecho de que en Marx existen diversos «regímenes narrativos»8); Lukács9 y Braudel.

A propósito de este último: Pasquinelli cita a Braudel evocando su conocido modelo «de tres capas» (vida cotidiana, mercado, capitalismo) y comete así un clamoroso autogol: de hecho, es precisamente la trilogía braudeliana sobre civilización material, economía y capitalismo10 la que desmonta la ecuación «producción de mercancías = capitalismo», al afirmar —tal y como reitera Arrighi siguiendo sus pasos— que se pueden añadir todas las relaciones de mercado que se deseen a un sistema, pero si la clase capitalista no ostenta el poder político, no se puede hablar de capitalismo.

Y aquí es donde se comete el error, por partida doble. La primera vez porque, en lo que respecta a Lenin, Pasquinelli se ve obligado a aceptar lo que escribía Lenin sobre el capitalismo de Estado y su función insustituible para la transición al socialismo. Un duro golpe, hasta el punto de que se ve obligado a cometer un pecado de lesa majestad al afirmar que «incluso Lenin se enredó en definiciones ambiguas». Peor aún (por segunda vez) porque se ve obligado a reconocer, de hecho, que entre el Lenin de Estado y revolución y el Lenin de la NEP hay una distancia abismal.

¿Se había vuelto loco el líder bolchevique? No, simplemente los marxistas, si es que lo son y no se limitan a repetir fórmulas prefabricadas, cambian de opinión a medida que evoluciona la situación histórica, porque aplican el método del análisis concreto de la situación concreta. Por lo demás, el propio Marx es un ejemplo de ello: véase la carta de 1858, en la que evalúa la hipótesis de que el colonialismo habría permitido al capitalismo occidental evitar la revolución cultivando y domesticando una aristocracia obrera (tema que reaparece en la cuestión de la relación entre los proletarios ingleses e irlandeses); véase la crítica al reseñista ruso de El Capital, en la que niega haber querido construir una teoría general de la evolución histórica válida para todos los pueblos; véase, por último, la hipótesis de un posible papel revolucionario de las comunidades campesinas rusas, a mil millas de distancia del «idiotismo campesino» que había ridiculizado en el Manifiesto de 184811, etc., etc.

Lo que irrita a Pasquinelli, aún más que la ambigüedad y los cambios de opinión de Lenin, son las tesis de quienes, como un servidor, sostienen —retomando lo escrito por Arrighi y Braudel (véase más arriba)— que, mientras el poder político no esté en manos de la clase capitalista, no se puede hablar de capitalismo. Esta afirmación, clama, es «una forma absurda y grotesca de autonomía de la política», es una sobrevaloración indebida del papel de la superestructura estatal e ideológica. ¡Ya estamos otra vez! Después de que Lukács y Gramsci (a quienes, no por casualidad, nuestro autor ignora) hayan explicado incluso a los más torpes que la ideología (¡por no hablar del Estado!) son fuerzas materiales que interactúan profundamente con la base económica (y la modifican), todavía tenemos que aguantar tales banalidades…

En cuanto al fastidio que siente el amigo Moreno hacia las tendencias «heréticas» del último Lenin con respecto a la definición dogmática de socialismo acuñada por los padres fundadores en el siglo XIX, le recomiendo encarecidamente que lea el último libro de Canfora, Comunismo: otra historia12, que explica muy bien cómo la Revolución de 1917 y Lenin marcan una ruptura de paradigma respecto a las teorías de los «clásicos» (los propios términos «socialismo» y «comunismo» adquieren significados distintos tras esa ruptura irreversible). Los verdaderos herejes no fueron el «apóstata» Kautsky ni la II Internacional, que encarnaban la visión «evolucionista» del último Engels, sino Lenin y los bolcheviques, que rompieron con la tradición del marxismo occidental. Pero no albergo excesivas esperanzas sobre la influencia que una lectura de este tipo podría tener en usted, enemigo acérrimo como es de la historia y de los «historicismos».

Antes de concluir con las disparates de Moreno sobre el capitalismo chino, haré un paréntesis sobre el concepto de modo de producción y sobre la aportación de Alberto Gabriele (a quien Pasquinelli menciona de pasada, lanzándole una fatwa por violar el principio de no contradicción). Gabriele (y yo mismo, Giacché y otros) sostiene —¡horror! —que la categoría de «modo de producción» es una abstracción que no da cuenta de la realidad concreta de todas las formaciones sociales existentes. Existen formaciones sociales que pueden definirse como plenamente capitalistas, como EE. UU. y los países europeos, y existen formaciones sociales «mixtas» en las que coexisten diversos modos de producción (precapitalistas, capitalistas y en transición hacia el socialismo) que mantienen entre sí relaciones conflictivas. Y aquí hay que aclarar un malentendido que —lamento decirlo— Pasquinelli alimenta con absoluta mala fe al atribuirme la tesis de que China sería ya un país socialista y no uno en transición hacia el socialismo (Gabriele utiliza el neologismo «socialístico» para connotar tales realidades).

En mis textos repito en varias ocasiones que considero que China es un país en el que conviven distintos modos de producción, en el que persiste la lucha de clases y en el que se está produciendo un proceso de transición a largo plazo que podrá tener resultados distintos en función de quién salga victorioso. Esto lo reconocen explícitamente varios autores chinos (por cierto: Pasquinelli no cita ni a uno solo —lo cual resulta extraño, ya que le correspondería enfrentarse a los intelectuales a los que considera adversarios—, y prefiere incluir en la bibliografía a figuras de poca monta italianas en lugar de pesos pesados como Zhang Boyng, Quiao Liang y Cheng Enfu13.

Me dirijo a la conclusión citando tres de las muchas preguntas a las que responde para demostrar que China es capitalista. ¿Se aplican en China las leyes del valor y las leyes del mercado? Sí, responde, por lo tanto, China es capitalista. Ya he rebatido anteriormente ese «por lo tanto» partiendo de las tesis de Braudel y Arrighi, por lo que no voy a repetirme. ¿Existe plusvalía y quién se apropia de ella? Sí, por lo tanto… Una respuesta que ignora la contribución de Paul Baran y Paul Sweezy14 sobre el capitalismo monopolístico y sobre el excedente como fundamento de todas las formaciones sociales, ya sean precapitalistas, capitalistas o socialistas: para reproducirse, toda sociedad debe producir más de lo que consume y, lo que define su naturaleza es, en todo caso, la forma en que se redistribuye ese excedente (pero Pasquinelli ignora los hechos y los datos que certifican que en China la distribución no funciona como en los países capitalistas, aunque aún no se haya aplicado el principio de «de cada uno según su trabajo, a cada uno según sus necesidades»). ¿Existen en China formas de democracia de base alternativas a la democracia burguesa? No, por lo tanto. Pero ese «no» está basado en la desinformación (al igual que todo el artículo de Pasquinelli). Ciertamente, en China no hay soviets —que, por cierto, fueron el producto de una fase histórica concreta de Rusia y no de la Revolución de Octubre15—, pero existen muchas y diversas formas de participación popular en las decisiones políticas y económicas: comités de aldea, de barrio y de empresa, cooperativas de producción, etc. Para una bibliografía al respecto, remito a las ediciones de Marx 2116 y a la nota que figura a continuación.

Voy a concluir. Para Pasquinelli, en China no solo existe el capitalismo, nacido sobre las ruinas de la Gran Revolución Cultural17, sino que se trata de la forma «más dinámica y eficaz» del capitalismo contemporáneo. A la espera de un tratado exhaustivo por su parte sobre las formas y las leyes de funcionamiento de esta nueva y extraordinaria formación social que, dado que, al menos hasta ahora, se ha mostrado exenta de las crisis catastróficas del capitalismo clásico, parece destinada a perdurar eternamente, me veo obligado a repetir la broma que hice sobre Screpanti: para estos señores, el socialismo nunca ha existido, no existe y nunca existirá. Yo, que soy bondadoso, creo que se trata de una tontería. Un autor como Gabriel Rockhill, a quien conocí hace unas semanas en el Festival de Pisa de Ottolina TV, al ser mucho más malicioso que yo, piensa que casi todos los «marxistas» críticos radicales del «socialismo real» han sido, son y serán anticomunistas al servicio del «viejo» imperialismo occidental18. Conociendo la buena fe de Pasquinelli, lo eximo de tal acusación, pero Rockhill aporta tantas y tan contundentes pruebas (los hechos que no le gustan a Moreno) sobre la mala fe de casi todos los demás, que le invito encarecidamente a distanciarse de esta pésima compañía.

1Véase, en particular, Hegel. La dialéctica. Introducción al pensamiento hegeliano, Diarkos 2023.

2El movimiento de la dialéctica marxista discurre alternativamente de lo abstracto a lo concreto y de lo concreto a lo abstracto; si solo siguiera el primer movimiento, sería, para disgusto de Pasquinelli, un idealista hegeliano puro.

3El concepto de «atraso» de Pasquinelli es eurocéntrico y antediluviano. Evolucionista-eurocéntrico porque da por sentado que el Occidente capitalista es el destino al que todos los demás pueblos deben llegar necesariamente, tarde o temprano; antediluviano porque ignora el debate teórico, que se remonta a varias décadas, sobre la relación entre desarrollo y subdesarrollo y sobre conceptos como centro, periferia y semiperiferia, dependencia, etc., al que han contribuido, entre otros, Wallerstein, Arrighi, Frank y Samir Amin (véase A. Visalli, Dipendenza, Meltemi, Milán 2020) .

4C. Formenti, Más allá de Occidente (segundo volumen de una obra en dos volúmenes, cuyo primer volumen está firmado por Alessandro Visalli), Meltemi, Milán 2026.

5G. Arrighi, Adam Smith en Pekín, Feltrinelli 2008.

6Véase, en particular, La economía china contemporánea, Diarkos, 2024.

7D. Losurdo, El marxismo occidental, Laterza, Roma-Bari, 2017.

8Véase, en particular, La filosofía imperfecta, Franco Angeli, 1984.

9Preferiblemente no el de Historia y conciencia de clase (que quizá le guste a Pasquinelli), sino el de Ontología del ser social (4 volúmenes), PIGRECO 2012 (que en cambio le dejaría consternado. Por cierto, Visalli me comenta que el nuestro le habría mencionado como aspectos positivos las críticas de Heller y de otros discípulos del gran filósofo húngaro a dicha obra. Sería mejor que se informara: Heller y compañía se han convertido todos al liberalismo occidental, por lo que corre el riesgo de ponerse en mala compañía)

10F. Braudel, Civilización material, economía y capitalismo, 3 volúmenes, Einaudi, Turín 1979.

11Los dos últimos casos pueden consultarse en otros tantos textos recogidos en la antología India, China, Rusia, Il Saggiatore 1960.

12Recién salida a la venta en las librerías, publicada por Feltrinelli.

13Estos y otros autores figuran en el catálogo de la editorial Marx 21.

14P. Baran, P. Sweezy, El capital monopolístico, Einaudi 1968.

15El modelo de los soviets eran las comunidades campesinas de base (obscina) que los obreros rusos (en su mayoría campesinos recientemente urbanizados) importaron a las fábricas. Sobre este tema, véase el análisis histórico de P. Poggio (La obscina. La comunidad campesina y la revolución en Rusia, Jaka Book 2013). Ay, estos historiadores: cuántas penas le causan a Pasquinelli.

16Véase también D. Bell, El modelo chino, Luiss 2019; D. Bertozzi, La China Popular, L’Antidiplomatico 2021; F. Parenti, El camino chino, Meltemi 2021; Cheng Enfu, Dialéctica de la economía china, Bari 2024.

17Me parece patético que la Revolución Cultural se siga presentando como un gran movimiento revolucionario, cuando ya son de sobra conocidos los desastres que provocó la pequeña burguesía estudiantil que fue su protagonista, llevando a China al borde del colapso y entregando su control al imperialismo occidental. Hasta tal punto que el propio Mao, quien la provocó al cometer un error no menos terrible que el Gran Salto Adelante, se vio obligado a ordenar al ejército que la aplastara.
18Véase G. Rockhill, Who Paid the Pipers of Western Marxism? Monthly Review Press 2025 (el volumen se encuentra en proceso de traducción y se publicará en la colección de Meltemi dirigida por un servidor).

https://socialismodelsecoloxxi.blogspot.com/2026/08/una-glossa-di-piero-pagliani-alla-mia.html

3. Intervención de Piero Pagliani:
 

Lunes, 17 de agosto de 2026

UN COMENTARIO DE PIERO PAGLIANI SOBRE MI POLÉMICA CON PASQUINELLI RESPECTO A CHINA

Recibo y publico con mucho gusto este correo electrónico que me envía mi amigo Piero Pagliani tras haber leído la polémica (véase la entrada anterior) con Moreno Pasquinelli sobre la cuestión de China: ¿un complejo proceso de transición al socialismo (yo mismo) o la última mutación del modelo de desarrollo capitalista (Pasquinelli)?

Estimado Carlo:

No creía que nuestro amigo Moreno estuviera tan desinformado.

Como todos los marxistas deberían saber, Lenin escribía: «No se puede comprender plenamente *El Capital* de Marx, y en particular su primer capítulo, si no se ha estudiado atentamente y comprendido toda la lógica de Hegel. En consecuencia, ¡tras medio siglo, ningún marxista ha comprendido a Marx!».

Ahora bien, o bien se piensa que Lenin no era marxista, o bien hay que tomarlo en serio, porque las reflexiones de Lenin siempre tenían un fundamento y una intención política.

Marx recurre repetidamente a conceptos fundamentales de Hegel; basta con pensar en la diferencia entre «la apariencia de la esfera de la circulación (der Schein der Warenzirkulation)» y la esfera de la circulación como la manifestación fenoménica (Erscheinung) de la esfera de la producción. Esa diferencia entre «Schein» y «Erscheinung» es exquisitamente hegeliana y, en Marx, se convierte en un eje central de su análisis de clase.

Si uno ignora o desdeña a Hegel, obviamente no puede comprender el significado del famoso «ascenso de lo abstracto a lo concreto», que constituye una crítica directa a Hegel, a quien Marx critica precisamente porque reconoce su importancia. Decir que hay que partir de lo elemental (un elemental complejo, como las células de un organismo que se diferencian, no un elemental simple, como los bloques de Lego que se ensamblan) porque lo concreto es síntesis de muchas determinaciones, no significa en absoluto que haya que partir de una «teoría ex ante».

Marx, en las Glosas a Wagner, escribía explícitamente: «En primer lugar, yo no parto de “conceptos”, por lo tanto, tampoco del “concepto de valor”».

Usted escribe que «es precisamente la trilogía braudeliana sobre la civilización material, la economía y el capitalismo

la que desmonta la ecuación producción de mercancías = capitalismo».

Exactamente. Ya Polanyi distinguía entre «sociedad con mercado» y «sociedad de mercado», y es necesario recordar que el capitalismo es acumulación monetaria, hacia la cual la economía material debe «bombear recursos», como escribe Braudel.

Si no se comprende esto, no se comprende la diferencia entre capital y capital ficticio (otra declinación de la diferencia entre Erscheinung y der Schein der Warenzirkulation), no se comprende por qué es el prestamista el verdadero capitalista, el principio y el fin del ciclo de acumulación, y, por lo tanto, no se comprende qué es la financiarización ni por qué es señal (Arrighi) de una crisis sistémica (la economía material ya no consigue «bombear» lo suficiente, por razones estructurales que afectan a toda una economía mundial y, por tanto, también a las relaciones interestatales; ¿no es casualidad que el «Sur, o Sur-Este, del mundo» se haya cansado de «bombear» recursos hacia nuestras finanzas y que el cambio en las relaciones de poder geopolíticas le permita vislumbrar alternativas?).

Si se ignora todo esto, resulta imposible comprender, por ejemplo, en qué consiste el control estatal chino sobre la esfera financiera, su importancia política y geopolítica y su relación con el socialismo.

Que existan contradicciones, incluso graves, en el sistema mixto chino no puede sorprender, sino, en todo caso, preocupar.

Usted escribe además: «Los verdaderos herejes no fueron el “apóstata” Kautsky y la II Internacional, que encarnaban la visión “evolucionista” del último Engels, sino Lenin y los bolcheviques, que rompieron con la tradición del marxismo occidental».

Me parece increíble que siga siendo necesario recordar esto, algo que Gramsci captó al instante y en su momento («La revolución contra el Capital»).

Me detendré aquí.

Si estas cuestiones no quedan claras, se caerá fácilmente en algún tipo de juicio infantilmente extremista o, si se quiere, «purista» (los diversos «Zurück zu Marx» que olvidan que después de Marx vino Lenin).

A modo de apéndice

1) Señalo un interesante artículo de Alessandro Testa en «Il cavallo di fuoco» titulado «Por qué China no es capitalismo de Estado»: https://share.google/kaNLIUx3tqLqFf9IC

2) Mi amigo Vladimiro Giacché, quien, a diferencia de un servidor, no ha querido perder el tiempo respondiendo al ataque que le dirige Pasquinelli en «Sollevazione», ha preferido admitir sus culpas enviándome la foto que publico a continuación como prueba irrefutable de su pertenencia a la secta de los «filochinos».

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7. Las transiciones de Europa oriental.

Reflexiones de Pozhidaev sobre un congreso sobre las transiciones en Europa Oriental tras la caída del muro. ¿Tiene sentido seguir hablando de «transición» 35 años después. ¿Y transición hacia qué?

https://deveconhub.com/transition-to-what-the-making-of-post-socialist-capitalisms/

¿Transición hacia qué? El surgimiento de los capitalismos possocialistas

1. Treinta y cinco años de transición: un debate en Belgrado

En el Congreso Mundial de la Asociación Económica Internacional celebrado en Belgrado el pasado mes de junio, asistí a una sesión académica a la que fui invitado junto con Jan Svejnar, de la Universidad de Columbia, titulada de forma provocativa El rendimiento de las economías en transición 35 años después. Svejnar presentó un rico panorama comparativo de lo que había sucedido en las antiguas economías socialistas desde el inicio de la transición. Sin embargo, lo que más me llamó la atención posteriormente fue la propia terminología. Más de treinta y cinco años después de que comenzaran las transformaciones possocialistas en Europa Central y Oriental, seguíamos hablando de economías en transición. Esto planteaba una pregunta bastante obvia: ¿cuánto tiempo puede permanecer una economía en transición?

Los datos presentados en la sesión hacían que la pregunta resultara especialmente pertinente. Sin duda, se ha producido una convergencia. En gran parte de Europa Central y Oriental, el PIB per cápita ha crecido considerablemente más rápido que en los antiguos Estados miembros de la UE. Sin embargo, la convergencia ha sido sorprendentemente desigual, lo que ha dejado diferencias grandes y persistentes entre las economías postsocialistas. Estas diferencias van más allá del PIB per cápita y se extienden a los salarios y las estructuras productivas. Quizás la observación más reveladora se produjo al final de la presentación: treinta y cinco años después de que comenzara el proceso, ninguna economía postsocialista ha alcanzado aún la media de la UE, ni en PIB per cápita ni en salarios medianos.

Nada de esto significa que el concepto de «transición» careciera de sentido. A principios de la década de 1990, describía con razonable precisión una transformación histórica extraordinaria. Las economías basadas predominantemente en la propiedad estatal y la asignación administrativa estaban desmantelando sus instituciones existentes y creando mercados, propiedad privada, sistemas bancarios comerciales y nuevas relaciones con la economía internacional. Algo se estaba transformando, literalmente, en otra cosa.

Sin embargo, el debate en Belgrado me hizo reflexionar sobre una suposición implícita en el concepto que rara vez expresamos de forma explícita. Durante el debate, planteé lo que me parecía una pregunta cada vez más difícil: ¿cuál es exactamente el objetivo normativo de una transición exitosa? ¿Esperamos que Serbia, Albania o Macedonia del Norte acaben convirtiéndose en Suiza o Luxemburgo? Y, de ser así, ¿es eso remotamente realista? Si no es así, ¿en función de qué destino estamos evaluando su «transición»?

La pregunta es importante porque la transición implica no solo un cambio, sino un avance hacia algún destino. En gran parte de la literatura inicial sobre la transición, ese destino era una economía de mercado que funcionara, normalmente tomando como referencia, de forma explícita o implícita, las economías capitalistas desarrolladas de Europa Occidental. Pero Polonia, Chequia, Estonia, Eslovenia, Serbia y Albania ya no son economías a la espera de convertirse en capitalistas. Son economías capitalistas. Si tras treinta y cinco años persisten diferencias sustanciales entre ellos, resulta cada vez más problemático describir dichas diferencias basándose principalmente en hasta qué punto ha avanzado cada país por una senda de transición común.

La cuestión más interesante, por tanto, ya no es si estos países han «completado» con éxito su transición, sino qué tipos de capitalismo han surgido de ella, por qué los resultados han variado tanto y por qué esas diferencias han resultado tan persistentes.

2. ¿Generó la transición convergencia?

La expectativa de que las economías possocialistas más pobres irían alcanzando gradualmente a Europa Occidental no era descabellada. Se basaba en dos ideas relacionadas, aunque distintas. La primera provenía de la crítica económica liberal a la planificación centralizada, desde Mises y Hayek en adelante: se esperaba que los mercados y la propiedad privada asignaran los recursos de manera más eficiente que la planificación administrativa, mientras que la competencia y una mayor apertura reforzarían los incentivos para la productividad y la innovación. Esta tradición intelectual influyó profundamente en la economía de la transición en la década de los noventa. La segunda provenía de la teoría convencional del crecimiento. Tal y como argumentó Robert Solow ya en la década de 1950, los rendimientos decrecientes del capital creaban la posibilidad de que las economías más pobres, bajo ciertas condiciones, crecieran más rápidamente que las más ricas. Además, podían adoptar tecnologías ya existentes en lugar de desarrollarlas desde cero, mientras que los menores costes laborales podían atraer la inversión y facilitar la industrialización.

La integración europea pareció reforzar enormemente estos mecanismos. Las economías possocialistas obtuvieron acceso a los mercados, el capital y la tecnología de Europa Occidental y, con el tiempo, en el caso de muchas de ellas, a los fondos estructurales de la UE y a la libre circulación de trabajadores. La inversión extranjera directa conectó a los productores de Europa Central y Oriental con las redes de producción europeas. Si alguna vez hubo condiciones favorables para la recuperación económica, gran parte de la Europa possocialista parecía contarlas.

Y la convergencia se produjo. Negarlo equivaldría a sustituir una simplificación por otra. Chequia y Eslovenia se acercaron mucho más a los niveles de renta de Europa Occidental; Polonia y las economías bálticas también experimentaron una notable recuperación, mientras que Rumanía y Bulgaria redujeron la brecha de manera sustancial. Sin embargo, más de tres décadas de desarrollo han dado lugar a una jerarquía persistente, en lugar de a una convergencia hacia una posición común. Los Balcanes Occidentales, en particular, siguen estando mucho más rezagados.

Como muestra la figura 1, las siete economías postsocialistas incluidas en esta comparación se han acercado a la media de la UE-14 durante el último cuarto de siglo, pero lo han hecho partiendo de puntos de partida muy diferentes y sin eliminar las grandes diferencias entre ellas. Se ha producido una convergencia hacia el punto de referencia de Europa Occidental sin que se haya producido la correspondiente convergencia entre las propias economías postsocialistas. Sus posiciones relativas han resultado ser notablemente persistentes.

Figura 1. Convergencia sin un destino común: PIB real per cápita en relación con la UE-14, 2000-2025

Estas diferencias son demasiado persistentes como para considerarlas simplemente distancias temporales a lo largo de una misma trayectoria de transición. Tampoco resulta especialmente útil describirlas como prueba de que algunos países «tuvieron éxito» en la transición, mientras que otros «fracasaron». Serbia no tiene hoy una economía de mercado a medias porque su PIB per cápita siga estando muy por debajo del de Austria. Albania no está a la espera de otra ronda de privatizaciones para que el capitalismo pueda llegar por fin. La transformación institucional que el término transición describía originalmente ya se ha producido, en sus rasgos esenciales.

La persistencia de estas diferencias sugiere que la convergencia en sí misma solo nos cuenta una parte de la historia. La cuestión no es simplemente hasta qué punto los países han avanzado hacia el modelo de referencia de Europa Occidental, sino qué estructuras económicas han surgido a lo largo del camino.

3. ¿Qué ha producido la transición? De las trayectorias de transición a los regímenes de acumulación

Una vez que dejamos de tratar las diferencias entre las economías possocialistas simplemente como distintas etapas de transición, se abre otra forma de analizarlas. Todas estas economías son capitalistas, pero no son el mismo tipo de economías capitalistas. Lo que surgió tras el socialismo de Estado no fue un único modelo económico en distintos niveles de desarrollo, sino sistemas con diferentes estructuras de propiedad, fuentes de inversión, especializaciones productivas y relaciones con el capital internacional.

Este punto no es precisamente nuevo. En Transition Economies: Political Economy in Russia, Eastern Europe, and Central Asia, Martin Myant y Jan Drahokoupil identifican varios tipos distintos de capitalismo possocialista. Su enfoque resulta especialmente útil porque estas diferencias no se reducen simplemente a la calidad institucional o a la velocidad de las reformas. La atención se centra, en cambio, en cómo funcionan realmente las economías resultantes: de dónde proceden las inversiones, qué producen y exportan, cómo están conectadas con los mercados internacionales y qué actores económicos y políticos sostienen estos acuerdos.

La divergencia se extiende mucho más allá de los casos europeos aquí considerados. Trabajos recientes de Calumn Hamilton y Gaaitzen de Vries, por ejemplo, revelan patrones sorprendentemente diferentes de transformación estructural en Europa Central y Oriental y en la antigua Unión Soviética: el cambio estructural contribuyó positivamente al crecimiento de la productividad en la primera, pero negativamente en la segunda, a pesar de que el crecimiento de la productividad intrasectorial fue mayor en la antigua Unión Soviética.

A efectos de este trabajo, esto sugiere desplazar el análisis de las trayectorias de transición hacia los regímenes de acumulación. Este concepto, desarrollado en el marco de la teoría de la regulación y profundizado por Robert Boyer en Économie politique des capitalismes, centra la atención en quién posee y controla los activos productivos, cómo se financia la inversión, dónde se ubican las capacidades tecnológicas y las funciones de mayor valor, cómo se incorporan las economías a las redes de producción internacionales y cómo se distribuyen y reinvierten los ingresos resultantes. Asimismo, se pregunta qué papel desempeña el Estado en la creación y reproducción de estos acuerdos.

Desde esta perspectiva, algunos rasgos que convencionalmente se interpretan como signos de una transición incompleta adquieren un aspecto bastante diferente. Tomemos como ejemplo a Serbia. Su modelo de desarrollo durante las últimas dos décadas se ha basado en gran medida en la inversión extranjera directa, una mano de obra relativamente barata, incentivos estatales a los inversores y la integración en redes de producción europeas y mundiales dominadas por empresas extranjeras. Esto ha impulsado las exportaciones manufactureras y el empleo. Sin embargo, también ha dado lugar a una estructura de acumulación particular. Las empresas controladas por capital extranjero representaban ya en 2020 más de una cuarta parte de la inversión total en Serbia, al tiempo que generaban alrededor de una quinta parte del valor añadido total. Las funciones tecnológicas y estratégicas importantes siguen estando fuera del país, mientras que el creciente volumen de inversión extranjera genera importantes salidas de ingresos. En 2025, los inversores extranjeros recibieron 2.7 mil millones de euros en dividendos y distribuciones similares, y 374 millones de euros en intereses, mientras que otros 1.8 mil millones de euros en beneficios se reinvirtieron en Serbia.

Estas cifras ilustran el carácter dual del modelo: el capital extranjero financia la acumulación nacional, al tiempo que genera importantes flujos de ingresos que revierten en los propietarios no residentes. En un trabajo anterior realizado junto con Boris Kagarlitsky, utilizando datos de Albania, Macedonia del Norte y Serbia, constatamos que las entradas de IED estaban asociadas a crecientes salidas de capital y al desplazamiento de la inversión nacional, lo que sugiere que la inversión extranjera puede apoyar la acumulación al tiempo que refuerza la dependencia. El Estado tampoco está ausente de este proceso. Sostiene activamente el modelo mediante subvenciones a la inversión, infraestructuras y otras formas de apoyo destinadas a mantener el atractivo del país para el capital móvil a nivel internacional.

Estas características no tienen por qué desaparecer porque Serbia lleve a cabo otra agenda de reformas, mejore otro conjunto de instituciones o avance más hacia la adhesión a la UE. Por el contrario, pueden ser mecanismos a través de los cuales el modelo económico existente se reproduce a sí mismo. Lo que, desde la perspectiva de la transición, parece una etapa intermedia en el camino hacia una economía de mercado más avanzada, puede ser, desde la perspectiva de la economía política, un régimen de acumulación relativamente estable.

Esto no significa que las instituciones, las políticas o las decisiones políticas carezcan de importancia. Trabajos recientes de Milojko Arsić, Saša Ranđelović y Aleksandra Nojković, por ejemplo, muestran que las políticas gubernamentales y las condiciones institucionales siguen siendo determinantes importantes del crecimiento en las economías emergentes de Europa y Asia Central. La cuestión es más bien que las propias instituciones forman parte de regímenes de acumulación concretos y no pueden tratarse simplemente como indicadores del avance de un país a lo largo de una senda de transición predeterminada. Reflejan y contribuyen a reproducir relaciones específicas entre los Estados, el capital nacional, la mano de obra y los inversores internacionales.

La persistencia de la jerarquía que se muestra en la figura 1 resulta, por lo tanto, menos desconcertante. Si la transformación possocialista produjo regímenes de acumulación diferentes y, en parte, autorreproductores, otra década de «transición» no tiene por qué hacer que converjan en el mismo modelo. La cuestión más difícil es por qué surgieron determinados regímenes donde lo hicieron y por qué algunos países se han mantenido mucho más cercanos al núcleo económico europeo que otros.

Esto nos lleva más allá de la propia transición, a la relación entre el centro, la semiperiferia y la periferia.

4. ¿Por qué han persistido las diferencias? Centro, semiperiferia y periferia

Si de la transformación possocialista surgieron diferentes regímenes de acumulación, la siguiente pregunta es por qué han resultado tan persistentes. Las instituciones nacionales y las decisiones políticas son claramente importantes, pero no pueden ofrecer una explicación completa. Tal y como argumentó Samir Amin en su análisis de la acumulación a escala mundial, el desarrollo y el subdesarrollo son procesos relacionales, determinados por las diferentes posiciones que ocupan las economías dentro de un sistema capitalista común. Las economías possocialistas se desarrollaron mediante su incorporación a una economía capitalista europea y mundial mucho más amplia, en la que los países ocupaban posiciones muy diferentes.

Esto sugiere otra forma de abordar la jerarquía que se muestra en la figura 1: a través de la distinción entre centro, semiperiferia y periferia. Estas categorías no son simplemente otra clasificación de países ricos, de renta media y pobres. Describen relaciones. Una economía periférica es periférica no solo porque sea más pobre o menos productiva, sino por la forma en que está conectada con centros económicos más avanzados: a través de la propiedad del capital, el control de la tecnología, las posiciones dentro de las redes de producción, los flujos comerciales y financieros, y la circulación de la mano de obra.

Serbia ilustra la profundidad de estas relaciones. En 2025, los Estados miembros de la UE representaban el 58,3 % de su comercio de mercancías y el 72,2 % de las entradas de IED. A pesar de los crecientes vínculos con China y otros socios, la estructura productiva de Serbia sigue estando profundamente entrelazada con la economía europea. Esta integración ha impulsado las exportaciones y el empleo, pero la integración en las redes de producción internacionales suele producirse a través de actividades en las que las funciones de mayor valor añadido permanecen en otros lugares. En el sector manufacturero, esto ha incluido el montaje y la producción de componentes, actividades intensivas en mano de obra; incluso en sectores aparentemente de alta tecnología, como las tecnologías de la información, las empresas serbias suelen prestar servicios a empresas extranjeras, mientras que la propiedad del producto final, la propiedad intelectual, el acceso al mercado y el control estratégico permanecen en el extranjero. El capital extranjero financia la acumulación nacional al tiempo que genera ingresos para los propietarios no residentes; la migración aporta remesas al tiempo que transfiere mano de obra y competencias hacia economías de mayor productividad. Por lo tanto, la integración puede promover la convergencia al tiempo que reproduce posiciones desiguales.

He analizado esta paradoja en otros trabajos en relación con Serbia como una «superperiferia» y, de manera más amplia, en El capitalismo del bien. La cuestión no es que la integración sea intrínsecamente perjudicial, sino que el desarrollo es relacional: las oportunidades de que dispone una economía dependen en parte de su posición dentro de un sistema más amplio en el que el capital, la tecnología y las funciones de mayor valor están distribuidos de forma desigual.

Esto también complica las explicaciones basadas principalmente en la calidad de las instituciones nacionales. La integración de Chequia en la industria manufacturera europea, la combinación de Polonia de inversión extranjera con un gran mercado interno y empresas nacionales más sólidas, y el modelo de Serbia —más dependiente e impulsado por la inversión extranjera directa— no pueden explicarse simplemente por las diferencias en los índices de calidad institucional. La geografía, las capacidades productivas heredadas, el tamaño del mercado, las capacidades tecnológicas y las estrategias de las empresas multinacionales también han determinado qué tipos de actividades se han desarrollado en cada lugar. Las instituciones y las políticas son importantes, pero operan dentro de estas oportunidades y limitaciones estructurales.

Existe un enigma histórico más profundo. La jerarquía que surgió tras 1989 presenta un parecido sorprendente con las divisiones económicas anteriores al socialismo de Estado. Las economías de Europa Central, históricamente más cercanas al núcleo industrial de Europa Occidental, ocupan hoy en día, en general, posiciones más sólidas que gran parte de Europa Sudoriental y algunas zonas del antiguo espacio soviético. El socialismo transformó profundamente estas sociedades, industrializó economías predominantemente agrarias e intentó reducir las desigualdades heredadas. Sin embargo, su desaparición no situó a todos los países en un campo de juego en blanco.

Esto no quiere decir que las posiciones actuales quedaran fijadas hace un siglo. Los países pueden cambiarlas, y de hecho lo hacen. Pero la persistencia —y, en algunos casos, el resurgimiento— de antiguas jerarquías espaciales plantea una posibilidad importante: la transformación postsocialista puede haber modificado los mecanismos mediante los cuales opera el desarrollo desigual europeo sin eliminar la estructura subyacente de centro y periferia.

Visto así, treinta y cinco años de convergencia desigual pierden parte de su misterio. Los países no se limitan a avanzar a diferentes velocidades hacia un mismo destino. Ocupan posiciones diferentes en la producción internacional y acumulan capital a través de relaciones diferentes entre sí. Por lo tanto, sus diferencias persistentes pueden reflejar no cuánto han avanzado por un camino común, sino las diferentes posiciones que ocupan dentro de la economía europea y mundial en su conjunto.

5. ¿Transición hacia qué?

¿En qué queda, pues, la idea de la economía de transición? Treinta y cinco años de experiencia sugieren tres conclusiones. La transición produjo convergencia, pero fue parcial y desigual, dejando una jerarquía persistente entre las economías possocialistas. No produjo una única economía de mercado en diferentes etapas de desarrollo, sino diferentes formas de capitalismo sostenidas por distintos regímenes de acumulación. Y estos resultados reflejan no solo las instituciones y políticas nacionales, sino también las diferentes posiciones dentro de las estructuras europeas y globales de centro, semiperiferia y periferia.

El reciente anuncio de Alec Gevorkyan sobre la edición en español de su Transition Economies, publicado originalmente en 2018, brinda una ocasión idónea para reconsiderar la propia categoría. Su libro abarca Europa Central y Oriental y la antigua Unión Soviética, reuniendo bajo un mismo marco analítico economías cuyas trayectorias postsocialistas se han vuelto extraordinariamente diversas. Esto hace que la pregunta resulte aún más pertinente: ¿durante cuánto tiempo más deberían los países cuyas economías capitalistas llevan funcionando más de tres décadas seguir definiéndose principalmente por el sistema que dejaron atrás?

Esto no significa que el estudio de la transición haya perdido relevancia. Más bien al contrario. La forma en que se desmanteló el socialismo de Estado, se establecieron los mercados y la propiedad privada, se redistribuyeron los activos y se crearon nuevas instituciones sigue siendo esencial para comprender por qué los sistemas económicos actuales tienen el aspecto que tienen. Pero se trata, cada vez más, de una cuestión histórica y causal. La transición forma parte de la explicación de cómo surgió el presente, más que de la descripción de lo que son estas economías en la actualidad.

La tarea analítica consiste ahora en comprender las formas de capitalismo que surgieron de esa transformación, los regímenes de acumulación que las sustentan y las relaciones que reproducen sus posiciones tan diferentes dentro de la economía europea y mundial.

Quizás, tras treinta y cinco años, haya llegado el momento de dar por concluida la transición y comenzar a estudiar sus resultados.

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8. Esclavismo y capitalismo.

En el Tricontinental han publicado un nuevo estudio, en una nueva sección titulada Estudios sobre Materialismo Histórico, centrado en esta primera muestra en el papel del esclavismo en el origen del capitalismo. Como el último boletín de Prashad está dedicado precisamente a este estudio, os paso juntos los dos textos.

https://thetricontinental.org/es/newsletterissue/las-raices-del-capitalismo/

Las raíces del capitalismo pasan por la esclavitud | Boletín 34 (2026)

Detrás de la pulida historia de Occidente se esconde otra: la máquina de vapor, la banca moderna y el capitalismo industrial no surgieron de una innovación pacífica, se pagaron con la sangre de personas esclavizadas.

20 de agosto de 2026

Naudline Pierre (Haití), This, I Know to Be True [Esto lo sé con certeza], 2023.

Queridas amigas y amigos,

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

Hay cierto encanto en las historias que los imperios cuentan sobre sí mismos. En ellas, el capitalismo aparece como el florecimiento natural del ingenio europeo: el producto de la razón, el descubrimiento científico, la innovación tecnológica y la austeridad de personas trabajadoras. El colonialismo y la esclavitud, cuando aparecen, son tratados como episodios lamentables en medio de una trayectoria triunfal hacia la modernidad.

Nuestro más reciente estudio, Las raíces del capitalismo: la esclavitud y el comercio del azúcar (agosto de 2026), de Prabir Purkayastha, nos pide abandonar esta conveniente mitología. El estudio inaugura nuestra nueva serie de Estudios sobre Materialismo Histórico, que examinará la construcción del mundo moderno situando en el centro de este proceso la dialéctica entre el imperialismo y las luchas de liberación nacional. Gran parte del estudio fue escrito durante los 225 días que Prabir estuvo encarcelado en la cárcel central de Rohini, en Delhi, India, entre octubre de 2023 y mayo de 2024. Fue arrestado ilegalmente por el gobierno indio como parte de una campaña más amplia contra la libertad de prensa y las voces progresistas. Durante su encierro, los pedazos de papel que iban y venían con las visitas se convirtieron en los primeros esbozos de esta historia del azúcar, la esclavitud y el capitalismo. Hay algo que encaja en esto: un estudio sobre los sistemas de confinamiento y explotación, escrito en condiciones de confinamiento por una mente que se negó a ser confinada.

El tema central del estudio es el azúcar, una de las grandes mercancías psicoactivas de la era colonial que, junto al alcohol, el chocolate, el café, el opio, el té y el tabaco, impulsó la Revolución Industrial. Antes de convertirse en un artículo cotidiano sobre las mesas de la clase trabajadora europea, el azúcar era un lujo consumido por reyes y aristócratas. Su transformación en un artículo de consumo masivo exigió más que un cambio de gusto. Requirió el despojo de tierras, la destrucción de sociedades indígenas y la violenta mercantilización de seres humanos. Africanas y africanos capturados, transportados a través del Atlántico y vendidos a los dueños de las plantaciones como mano de obra esclavizada. El azúcar estuvo entre las primeras mercancías verdaderamente globales, y su transformación en tal mercancía demandó la construcción de un inmenso aparato comercial y financiero que conectaba a África, las Américas, Asia y Europa.

La magnitud de la violencia colonial fue abrumadora. Al menos 10 millones de personas africanas esclavizadas desembarcaron en las Américas y el Caribe. Si se incluye a quienes murieron durante la captura, las marchas forzadas, el cautiverio y el Pasaje del Medio (la travesía forzada del Atlántico desde África hasta América), el número total de africanas y africanos capturados para la trata transatlántica fue probablemente de entre 14 y 20 millones. Mientras que las poblaciones de Asia y Europa crecieron enormemente entre los siglos XVII y XIX, la población de África se estancó y, en muchas regiones, disminuyó. Esta catástrofe no fue una consecuencia accidental del comercio. Fue producida mediante lo que el estudio llama el “nexo armas-personas esclavizadas-oro”: las armas de fuego y la pólvora europeas se intercambiaban por personas africanas esclavizadas, cuya venta generaba las ganancias que reproducían el sistema.

Osmond Watson (Jamaica), City Life [Vida citadina], 1968.

La plantación construida para organizar y agotar esta fuerza de trabajo no era un vestigio de un mundo precapitalista más antiguo. Era uno de los laboratorios de la modernidad capitalista. En la plantación azucarera, el cultivo y el procesamiento industrial se integraban en un único régimen laboral en el mismo lugar. La caña debía cortarse, transportarse, molerse, hervirse y cristalizarse según un calendario rígido. Las personas esclavizadas eran organizadas en cuadrillas, divididas por edad y capacidad física, y sometidas a jornadas que podían durar de 18 a 20 horas durante la zafra. Los administradores de las plantaciones llevaban contabilidades minuciosas, calculaban la productividad, medían la subsistencia frente a los costos de reemplazo y trataban a los seres humanos como capital fijo, como máquinas para ser agotadas y reemplazadas. La plantación era, como escribió el antropólogo estadounidense Sidney Mintz, una “síntesis de campo y fábrica”. Sus cálculos de tiempos y movimientos prefiguraron los sistemas de gestión asociados más tarde con el lugar de trabajo industrial moderno.

Las refinerías de azúcar de Londres, Bristol, Glasgow y Liverpool estuvieron entre los primeros centros de trabajo de tipo fabril de Gran Bretaña. A su alrededor crecieron el transporte marítimo, la construcción naval, el almacenamiento, los seguros, el crédito y la banca. Hacia 1774, el azúcar crudo representaba una quinta parte de todas las importaciones británicas. Entre 1700 y 1800, las importaciones británicas de azúcar aumentaron siete veces. La riqueza acumulada mediante el azúcar no permaneció en las lejanas plantaciones caribeñas: financió la expansión comercial e industrial británica. Una estimación sugiere que, hacia 1770, cerca del 40% del capital utilizado para esta expansión provenía de las ganancias de la trata de personas esclavizadas. Las inversiones en las colonias podían ser de cuatro a siete veces más rentables que las inversiones en Inglaterra. En otras palabras, las colonias aportaron el pago inicial que hizo posible la Revolución Industrial en los centros imperiales.

Lasar Segall (Brasil), Banana Grove [Bananal], 1927.

La política colonial británica de preferencias imperiales aseguraba que las colonias suministraran materias primas mientras la manufactura permanecía en el centro imperial. El azúcar crudo cruzaba el Atlántico para ser refinado en Gran Bretaña, donde se retenían los mayores márgenes de ganancia. Los aranceles desincentivaban el refinado en el Caribe y protegían tanto a los refinadores británicos como a las plantaciones caribeñas de la competencia del azúcar indio. El colonialismo no se limitó a extraer riqueza de las colonias: reorganizó economías enteras para que sus capacidades productivas permanecieran subordinadas a las de la potencia colonizadora mucho después de que el dominio colonial terminara formalmente. Esto es lo que el primer presidente de Ghana, Kwame Nkrumah, llamó neocolonialismo.

Prabir, desde la cárcel central de Rohini, trazó el circuito del capital no como un simple triángulo atlántico, sino como un sistema planetario de saqueo que conectaba a la India, África, las Américas y Europa. Los comerciantes europeos enviaban textiles indios a África occidental y los intercambiaban por personas esclavizadas. El salitre de Bengala, esencial para fabricar pólvora, ayudó a armar ese comercio espantoso. Tras la conquista británica de Bengala en 1757, los ingresos por tierras extraídos del campesinado indio pagaron estas exportaciones. El triángulo atlántico fue, por tanto, parte de una geometría de saqueo mucho más amplia que se extendía por todo el planeta. La máquina de vapor de James Watt está manchada con la sangre de las personas africanas esclavizadas en las plantaciones y del campesinado indio hambriento.

Débora Arango (Colombia), Plebiscito, 1958.

Nunca sabremos si hubiera podido existir un capitalismo imaginario en un mundo sin colonialismo. La historia no ocurre en mundos imaginarios. El capitalismo realmente existente es inseparable de la expropiación colonial. El capitalismo no tomó forma primero en el campo inglés para luego expandirse pacíficamente por el planeta. Su historia debe situarse simultáneamente en el campo inglés, la plantación caribeña, la mina de plata de Potosí, el patio de retención africano, la oficina de recaudación india, la bodega del barco que transportaba a las personas esclavizadas y la refinería europea.

Esta historia también nos impide tratar lo que Karl Marx llamó ursprüngliche Akkumulation [acumulación originaria] como un episodio concluido. Sus métodos siguen entre nosotros: el despojo de tierras, la subordinación de las economías a la producción monoexportadora, los regímenes de deuda, el intercambio desigual, la subvaloración del trabajo del Sur y la transferencia de riqueza hacia sistemas financieros controlados por el Norte. Las formas han cambiado, pero la expropiación continúa.

Che Lovelace (Trinidad), Street Dance [Danza callejera], 2016-2022.

Si se toman en serio estos antecedentes de explotación, entonces la demanda de reparaciones coloniales no puede descartarse como un mero llamado moral o una exigencia que mira hacia atrás. Las reparaciones deben entenderse como una necesidad material y política. No solo como un ajuste de cuentas con los crímenes del pasado, sino como una confrontación con las estructuras de acumulación vigentes que se construyeron mediante la expropiación colonial y que continúan reproduciendo la desigualdad global en el presente.

Este es el argumento del reciente libro de Kwesi Pratt Jr., Reparations: History, Struggle, Politics, and Law [Reparaciones: historia, lucha, política y derecho], que próximamente será publicado en una nueva edición sudafricana por Inkani Books. La edición incluye un prólogo del presidente de Ghana, John Dramani Mahama, y un epílogo de la profesora Verene Shepherd. Las reparaciones —ya sea mediante la cancelación de la deuda, la restitución de recursos robados, la transferencia de tecnología o la reconstrucción de capacidades públicas destruidas por el colonialismo y el ajuste estructural— son un antídoto esencial frente a la larga historia de saqueo que fundó el capitalismo moderno.

Canute Caliste (Grenada), Big Drum Dance in Carriacou [La danza del tambor grande en Carriacou], 1988.

Esta nunca fue solo una historia de explotación. El sistema de plantación fue disputado en todas sus etapas. Las personas esclavizadas huían, saboteaban la producción, preservaban prácticas culturales prohibidas, formaban comunidades cimarronas, organizaban rebeliones y, en definitiva, quebraron la aparente permanencia de la esclavitud. La Revolución Haitiana, que culminó en la independencia en 1804, sigue siendo la declaración más contundente de esta verdad: incluso la maquinaria de opresión más sofisticada puede ser derrotada por quienes la padecen.

En 1935, el poeta marxista haitiano Jacques Roumain (1907-1944), indignado por el intento constante de asfixiar a su país, escribió Guinea. Ese poema, traducido al inglés por su amigo Langston Hughes, es una poderosa evocación de los orígenes africanos de Haití y de su lucha permanente por la dignidad:

Es el largo camino a Guinea:
La muerte te conducirá.
He aquí las ramas, los árboles, la selva
Escucha el sonido del viento en los largos cabellos de
eterna noche.

Es el largo camino a Guinea:
Tus padres te esperan sin impaciencia
En la ruta conversan
Te esperan
Es la hora en que los arroyos crepitan
Como rosarios de huesos
Es el largo camino a Guinea:
No se te hará una acogida luminosa
En la tierra oscura de los hombres oscuros:

Bajo un cielo humeante, atravesado de gritos de pájaros
Alrededor del ojo del río
Las pestañas de los árboles se abren a la claridad que se desvanece
Allí te esperan al borde del agua un pueblo apacible
La choza de tus padres y la dura piedra ancestral
Donde tu cabeza reposará por fin.

Cordialmente,

Vijay

https://thetricontinental.org/es/azucar-y-esclavitud/

Las raíces del capitalismo: la esclavitud y el comercio del azúcar

El mundo capitalista moderno se construyó no solo a partir de bancos y fábricas, sino también a través de plantaciones, puertos y barcos que convirtieron el azúcar y a los seres humanos esclavizados en fuentes de ganancia global.

18 de agosto de 2026

Las raíces del capitalismo es el primer texto de Estudios sobre Materialismo Histórico, una nueva serie del Instituto Tricontinental de Investigación Social. Esta serie analiza el pasado del mundo moderno desde la perspectiva del materialismo histórico, un método que explica la historia a través de las condiciones materiales y la lucha de clases e insiste en que la dialéctica entre el imperialismo y las luchas anticoloniales es fundamental para comprender cómo se construyó el mundo moderno.

Prólogo

Hay cierto consuelo en las historias que los imperios cuentan sobre sí mismos. Son historias de ingenio, de descubrimiento, del avance constante de la razón y la ciencia. En ellas, el capitalismo aparece casi como una inevitabilidad, como el florecimiento natural del progreso humano en Europa occidental, impulsado por la innovación tecnológica y la llamada Ilustración. Lo que estos relatos omiten no es accesorio, sino fundamental: la violencia que forjó el mundo moderno.

Las raíces del capitalismo: la esclavitud y el comercio del azúcar, de Prabir Purkayastha, es una intervención en esta amnesia cultivada. Insiste en que miremos directamente el registro histórico y reconozcamos que el capitalismo no surgió del despliegue apacible de los mercados y las máquinas, sino de la brutal reorganización del mundo mediante la conquista, la esclavización y la extracción. Buena parte de este estudio fue escrito en pedazos de papel que iban y venían durante los 225 días de encarcelamiento de Prabir Purkayastha en la cárcel central de Rohini, en Delhi (India) y que discutíamos con quienes lo visitábamos. Nos obliga a repensar qué queremos decir cuando hablamos de los orígenes del capitalismo y a preguntarnos: ¿de quién es la historia que se cuenta?, ¿qué sufrimiento se oculta? y ¿cuál fue el costo?

En el corazón de este estudio está el azúcar, no solo como mercancía, sino como relación social. El azúcar fue una de las primeras mercancías verdaderamente mundiales, que unía continentes en circuitos de producción, intercambio y finanzas. Su cultivo exigió vastas extensiones de tierra, enajenadas mediante el genocidio en las Américas, e inmensas cantidades de trabajo, aportadas por la trata transatlántica de personas africanas esclavizadas1. El azúcar, en este sentido, no solo se producía: su producción era posible gracias a un sistema que trataba a los propios seres humanos como mercancías.

Lo que Purkayastha demuestra con claridad es que la plantación no era una institución arcaica ni precapitalista. Al contrario, fue uno de los primeros espacios de organización capitalista moderna. Allí vemos la integración de la agricultura y la industria, la contabilidad minuciosa de costos y ganancias, el cálculo de la productividad laboral y la despiadada lógica del reemplazo. Las personas esclavizadas quedaban reducidas a unidades de capital, y sus vidas se medían según su precio de mercado. La plantación, como señaló Sidney Mintz, era a la vez campo y fábrica. Las inmensas ganancias generadas por la esclavitud y la agricultura de plantación no fueron periféricas para el desarrollo europeo: fueron centrales. La producción de azúcar, la trata de personas esclavizadas y las industrias asociadas (transporte marítimo, seguros, refinado y finanzas) formaron un sistema interconectado que alimentó la acumulación de capital a escala global. La riqueza generada en el Caribe y las Américas fluyó hacia las ciudades europeas y financió el crecimiento de industrias e instituciones financieras. Las refinerías de azúcar de Londres, Bristol y Liverpool estuvieron entre los primeros centros de trabajo industriales. Procesaban el azúcar crudo producido con trabajo esclavo y lo transformaban en mercancías para el consumo masivo y la reexportación por todo el mundo.

Hablar del capitalismo sin aludir a la esclavitud es, por tanto, contar solo la mitad de la historia. Es aceptar un relato que limpia el pasado y oculta la violencia estructural sobre la que se edificó el mundo moderno. La obra de Purkayastha se inscribe en una larga tradición de pensamiento radical, de Eric Williams a Walter Rodney, que ha buscado restituir esta historia ausente. Pero además hace avanzar la discusión al centrarse de cerca en el azúcar como clave para comprender las dinámicas más amplias del desarrollo capitalista. Lo que emerge es una imagen del capitalismo no como un simple sistema económico, sino como un proyecto global de dominación que implicó la reorganización de la tierra, el trabajo y los recursos a lo largo de los continentes; la destrucción de las sociedades existentes; y la creación de nuevas jerarquías de raza y de poder. La interdependencia entre el azúcar y las personas esclavizadas como mercancías lo ilustra con nitidez: no se puede comprender el uno sin las otras. Esta historia no es solo de interés académico. Los legados de este sistema persisten en las desigualdades que estructuran nuestro mundo actual. La riqueza acumulada mediante la esclavitud y el colonialismo no desapareció: se institucionalizó en los sistemas financieros, las relaciones de propiedad y las divisiones globales del trabajo que siguen moldeando nuestro presente. Comprender los orígenes del capitalismo es, por tanto, entender mejor sus formas contemporáneas y sus injusticias persistentes.

Hay también, en esta obra, un desafío implícito a la forma en que pensamos la resistencia. El sistema que aquí se describe se sostuvo mediante la violencia, pero también fue disputado en cada etapa por las personas esclavizadas que resistieron su cautiverio, por quienes denunciaron la brutalidad de la trata y por los movimientos que buscaron desmantelarlo. Recuperar esta historia no es solo enfrentar los crímenes del pasado, sino también reconocer las luchas que buscaron superarlos.

El poema satírico y antiesclavista de William Cowper “Pity for Poor Africans” [Compasión por los pobres africanos], impreso y distribuido en 1788 por la Sociedad para la Abolición de la Trata de Esclavos y utilizado como parte de su campaña, comienza con una declaración inequívoca:

Confieso que me espanta la compra de esclavizados,
y temo que quienes con ellos trafican son malvados;
cuanto oigo de sus males, torturas y miserias,
casi basta para arrancar piedad de las piedras.

Los compadezco mucho, más guardo mi opinión,
pues ¿cómo pasaríamos sin azúcar ni ron?
Sobre todo el azúcar, tan necesaria, ya se ve:
¿qué?, ¿dejar nuestros postres, el café y el té?

Además, si lo hacemos, franceses, holandeses y daneses
nos lo agradecerán de corazón, sin duda, con creces:
si no compramos nosotros a esas pobres criaturas, ellos lo harán,
y torturas y gemidos aún más se multiplicarán.

El relato convencional: una visión general

La explicación convencional del ascenso de Occidente, la versión simplista y eurocéntrica de la civilización, sostiene que unos pocos países de Europa occidental llegaron a dominar el mundo gracias a una serie de acontecimientos ocurridos únicamente allí (Wolf, 1982). Según esta visión eurocéntrica, los acontecimientos clave de este período son la Era de los Descubrimientos (de fines del siglo XV al XVII), la Ilustración (de fines del siglo XVII al XVIII) y la Revolución Industrial (de mediados del siglo XVIII a mediados del XIX). Desde esta perspectiva, la Ilustración aceleró el desarrollo científico y tecnológico, y contribuyó a poner en marcha la primera ola de industrialización. Así, el impulso central del progreso en Occidente se presenta como el cambio tecnológico, guiado por la ciencia y la racionalidad capitalista, que se sacudió las cadenas de la producción precapitalista y creó un nuevo sistema económico basado en el trabajo asalariado “libre”. El papel del saqueo, el genocidio y la esclavitud que precedieron y acompañaron a la Revolución Industrial queda borrado de esta historia (Angus, 2023; Berg y Hudson, 2011: 259-281). Si se menciona, aparece a lo sumo como un apéndice desafortunado o un subproducto de esta historia, pero en absoluto como algo central.

Los hechos históricos no respaldan en modo alguno esta explicación mítica del desarrollo capitalista de Occidente. La narrativa convencional también omite tres hechos significativos en la historia del capitalismo: primero, que la economía de plantación en el Caribe y en la América continental (tanto del Norte como del Sur) consolidó el azúcar como una mercancía de producción a gran escala y creó un mercado mundial; segundo, que los cimientos del capital británico eran anteriores a la Revolución Industrial; y tercero, que fue el algodón, producido por personas africanas esclavizadas en el Sur de Estados Unidos, lo que convirtió a este país en una potencia en ascenso y financió la revolución textil de Inglaterra (Baptist, 2014).

No es nuestra intención repetir aquí lo que académicos como C. L. R. James (1938), Eric Williams (1944), Walter Rodney (1970), Joseph Inikori (2009) y muchos otros ya han escrito sobre este tema. En este estudio nos centraremos en un cultivo (la caña de azúcar) y sus productos (como el azúcar, la melaza y el ron) como mercancías para el mercado mundial. El azúcar fue la primera mercancía mundial: creó el mercado capitalista y sentó las bases del sistema financiero global. Estuvo acompañada por una segunda “mercancía”: personas esclavizadas capturadas en África y vendidas en el Caribe y las Américas. El desarrollo del capital británico, holandés y francés, y más tarde del capital estadounidense, es tanto la historia de esta práctica atroz de tratar a los seres humanos como mercancías para el mercado como la del producto de su trabajo.

La idea dominante en la academia y la historiografía occidentales sobre la economía mundial moderna es que sus cimientos se sentaron con la Era de los Descubrimientos: el “descubrimiento” europeo del llamado Nuevo Mundo por figuras como Hernando de Magallanes (1480-1521) y Cristóbal Colón (1451-1506), y el descubrimiento de la ruta marítima a Asia por Vasco da Gama (c. 1460-1524) al rodear África. La Era de los Descubrimientos suele vincularse con la Ilustración, pese a la brutalidad de figuras como Colón y da Gama.2 Luego, según el relato, la Revolución Científica, que acompañó a la Ilustración, condujo a la Revolución Industrial en Gran Bretaña, seguida rápidamente por otras partes de Europa occidental. Fue la expansión de la Revolución Industrial hacia el “Nuevo Mundo”, principalmente hacia América del Norte, con el aumento del trabajo asalariado “libre” y el despojo territorial colonial mediante el genocidio, lo que llevó a los Estados Unidos a convertirse en la principal potencia económica del siglo XX.

En otras palabras, la esclavitud, el genocidio, la expropiación de las tierras de los pueblos indígenas y el saqueo colonial no forman parte de esta imagen edulcorada del desarrollo del capitalismo salvo como aberraciones menores (Beckert, 2015: 83-97). ¿Cómo se “producía”, entonces, el suministro de personas esclavizadas procedentes de África?

El punto de partida de la trata transatlántica suele situarse en el momento en que los mercaderes occidentales –portugueses, británicos, holandeses y franceses– compraban seres humanos esclavizados en los puertos africanos.3 Así como el genocidio de los pueblos indígenas de las Américas y el Caribe se encubre con el falso relato de que sus tierras estaban vacías, a la espera de que los europeos llegaran a reclamarlas, algunos historiadores han sostenido que, dado que la esclavitud ya existía en África, lo único que hicieron los europeos fue aprovechar los mercados de personas esclavizadas ya existentes (Rodney, 1972: 95; Meillassoux, 1991). Este relato ignora la escala de la trata de personas esclavizadas que Occidente introdujo en África, que transformó cualitativamente lo que era en gran medida una esclavitud doméstica en una “producción” a escala industrial de personas esclavizadas destinadas a las plantaciones del otro lado del Atlántico. Claude Meillassoux describe este proceso como la producción de personas esclavizadas en el “vientre de hierro y oro”, es decir, mediante el nexo armas-personas esclavizadas-oro, en el que las armas de fuego y la pólvora se intercambiaban por personas esclavizadas cuya venta generaba ganancias. El “hierro” de esta fórmula alude al uso de las armas de fuego y la pólvora como mercancías de intercambio por personas esclavizadas y como instrumentos de captura, mientras que el “oro” remite a las ganancias y el capital que esta trata generaba. Esto se sustenta en los registros comerciales, que muestran exportaciones sustanciales de pólvora desde Europa hacia África durante este período (Whatley, 2018: 80-104).

Uno de los resultados de esta trata impulsada por la violencia, al igual que el genocidio en las Américas, fue una catástrofe demográfica. Mientras que la población de Asia y Europa creció un 300% o más entre los siglos XVII y XIX, en marcado contraste, la población africana se mantuvo casi igual y en muchas regiones disminuyó.4 Esto fue consecuencia de la violencia ejercida sobre las estructuras sociales existentes y de la destrucción de las economías locales mediante la captura y venta forzadas de seres humanos. El impacto de la esclavitud sobre la población africana suele pasarse por alto cuando se considera únicamente el número de personas esclavizadas transportadas a las Américas y el Caribe, estimado en al menos diez millones. Sin embargo, como escribe Walter Rodney, esta cifra se refiere solo a las personas que desembarcaron en las Américas y el Caribe. No toma en cuenta la actividad de los traficantes ilegales ni la cantidad de personas africanas que murieron al cruzar el Atlántico y durante el proceso de su “adquisición”, o secuestro, en sus lugares de origen. En conjunto, estas pérdidas sugieren que el número total de personas africanas capturadas para la trata transatlántica –tanto quienes sobrevivieron hasta llegar a las Américas como quienes murieron durante la captura, las marchas, la detención y el Pasaje del Medio– fue considerablemente mayor, probablemente en un rango de 14 a 20 millones (1972: 96). No fue sino hasta la abolición de la esclavitud cuando la población y la economía del continente comenzaron a recuperarse, y un crecimiento más sostenido no se produjo hasta que los países africanos alcanzaron la independencia.

Esta devastación en África fue intrínseca al auge de la producción de azúcar en las plantaciones de trabajo esclavo de las Américas y el Caribe. Comercializada a escala global desde el siglo XVI en adelante, el azúcar sustentó el crecimiento del colonialismo europeo y el desarrollo del mercado mundial de mercancías. De hecho, fue para expandir la producción de azúcar que se estableció el brutal y complejo sistema nuevo para adquirir y comerciar con personas africanas esclavizadas, distinto del sistema preexistente, que consistía en gran medida en la esclavitud doméstica (Rodney, 1972: 60; Inikori, 1982: 24-25). Juntos, el azúcar y las personas esclavizadas se convirtieron en mercancías emparejadas, y los circuitos de producción, crédito y comercio construidos en torno a ellos contribuyeron a sentar las bases del capitalismo moderno. Esta dinámica se aprecia con especial claridad en el complejo de plantación del Caribe5 que resultó central para el desarrollo capitalista de Gran Bretaña y constituye una dimensión de lo que Sven Beckert y Seth Rockman llaman “el capitalismo de la esclavitud” (Williams, 1944; Mintz, 1985; Eltis y Richardson, 1997; Eltis y Richardson, 2015; Beckert, 2015).

Impulsados por el comercio extremadamente lucrativo de personas esclavizadas, los productos derivados de la caña de azúcar (azúcar, melaza y ron) estuvieron entre las primeras mercancías producidas para los mercados mundiales. Antes de que la producción de algodón se convirtiera en el emblema tanto de la Revolución Industrial como de los horrores de la esclavitud en el Sur de Estados Unidos, el azúcar fue el eje de un sistema transatlántico de extracción e intercambio de trabajo, que vinculaba la producción de plantación con el comercio a larga distancia y la reexportación. Desde el siglo XVI hasta la abolición de la esclavitud en el siglo XIX, el azúcar y sus subproductos circularon a través de mercados entrelazados y generaron ganancias en el transporte marítimo, los seguros, el almacenamiento y las finanzas, a medida que las mercancías se exportaban, refinaban y reexportaban.

El relato dominante del comercio triangular, el intercambio a tres bandas de personas esclavizadas, materias primas y bienes manufacturados entre Europa, África y el “Nuevo Mundo”, suele pasar por alto otras mercancías esenciales para este sistema, entre ellas los textiles y el salitre (nitrato de potasio, un ingrediente clave de la pólvora).6 Por ejemplo, durante buena parte de los siglos XVIII y XIX (1750-1850, según Kazuo Kobayashi), los textiles producidos en la India fueron enviados por las Compañías de las Indias Orientales británica y francesa a la costa occidental de África, donde eran intercambiados por personas esclavizadas (2019). De manera similar, los europeos usaban el salitre exportado desde la India para fabricar pólvora, que luego intercambiaban por personas africanas esclavizadas. En sus evaluaciones de la importancia del comercio triangular, Ronald Findlay y Kazuo Kobayashi sostienen que, en el tercer cuarto del siglo XVIII, un porcentaje significativo de las exportaciones británicas a África eran reexportaciones desde la India, no bienes manufacturados europeos.7 Fue el botín colonial de la India, los ingresos por tierras extraídos del campesinado indio, lo que financió la “exportación” de textiles y salitre desde la India (Patnaik y Moyo, 2011).

Los economistas políticos como Adam Smith, por ejemplo, ven este período o bien como mercantilista y, por ende, ineficiente, o bien como una fuente de acumulación originaria: un precursor de la acumulación capitalista que le siguió. Sin embargo, Marx deja en claro que esta “supuesta acumulación originaria” fue expropiación, no acumulación (Angus, 2023). Fue saqueo, lisa y llanamente, no ahorro ni la formación de un fondo de emergencia.

En la producción de azúcar, la esclavitud y sus procesos de trabajo asociados fueron una fuente importante tanto de expropiación como de acumulación de capital. Esta forma de acumulación de capital, arraigada en las plantaciones, sentó las bases de la Revolución Industrial. Resulta engañoso afirmar que el impacto del colonialismo sobre las colonias (en términos de desindustrialización y drenaje de riqueza, por ejemplo) fue un fenómeno separado de la economía de las plantaciones basada en el trabajo esclavo, y de la dinámica más amplia del “Nuevo Mundo”, o que estos factores no fueron importantes para determinar el desarrollo del capitalismo en las metrópolis. Tal afirmación oscurece los cimientos coloniales del capitalismo moderno (Inikori, 1992: 151-157; Inikori, 2002).

A continuación, consideremos cómo se desarrolló el sistema de plantación para producir azúcar, principalmente por medio del trabajo esclavo. Esto exige rastrear el desarrollo del cultivo y el comercio del azúcar en la región mediterránea como precursor del desarrollo de la producción basada en las plantaciones en el mundo atlántico. ¿Cómo moldearon la producción, la exportación y la reexportación de azúcar el capital financiero europeo y el desarrollo industrial? Dado que la producción de azúcar se basaba en el trabajo esclavo, para responder a esta pregunta debemos examinar las dinámicas de la esclavitud y la producción de azúcar en la economía azucarera americano-caribeña, con mayor énfasis en el sistema de plantación caribeño bajo dominio holandés, francés y británico. Esta discusión ilustra que tanto el azúcar como las personas africanas esclavizadas, producidas y vendidas como productos de mercado, fueron cruciales para la expansión mundial del capitalismo temprano y sus estructuras de producción.

La producción de azúcar en el Mediterráneo: de la agricultura campesina al capitalismo de plantación

Antes de las Cruzadas, Europa Occidental (salvo su élite) no conocía el azúcar.8 Luego ocurrieron dos transformaciones. Primero, el uso del azúcar, importado del Mediterráneo oriental, siguió aumentando, incluso después de que las Cruzadas no lograran conquistar la “Tierra Santa”. Segundo, el cultivo del azúcar se expandió hacia el oeste, desde el Mediterráneo oriental hacia el Mediterráneo occidental y la Península Ibérica: en primer lugar a islas mediterráneas como Sicilia, Chipre, Rodas y Creta; luego a partes de la Península Ibérica y el norte de África; y más tarde a islas atlánticas como Madeira y las Canarias. Esta geografía estuvo determinada en parte por el clima: la caña de azúcar requiere una temporada de crecimiento larga y cálida, y un período de maduración y cosecha fresco, pero sin heladas. Las heladas pueden matar la caña y dañar sus raíces, lo que significó que el cultivo se limitara en gran medida a las zonas más cálidas del Mediterráneo, el sur de la península ibérica, el norte de África y las islas atlánticas, en lugar del norte y gran parte del oeste de Europa.

A diferencia de la agricultura de base campesina de las llanuras costeras del Mediterráneo oriental y meridional, la agricultura en Europa occidental se basaba en una combinación de trabajo campesino y la corvea (el trabajo no remunerado que los campesinos estaban obligados a realizar en las tierras del señorío feudal, o en las tierras de reserva señorial). En las islas mediterráneas de Sicilia, Chipre, Rodas y Creta, asentar o importar campesinado de Italia o Grecia no era una opción viable, porque la peste negra (1347-1351) había reducido drásticamente la oferta de trabajo campesino en Europa y el Mediterráneo. En su lugar, los gobernantes de Europa occidental de estas islas importaron personas esclavizadas del norte de África para sustituir el trabajo “libre” que proporcionaba la corvea en Europa occidental.9 Esto tuvo una enorme relevancia: la producción de azúcar se transformó de la producción mayormente campesina del mundo árabe a la economía de plantación “moderna” basada en la esclavitud en el Caribe.

Otra característica importante de las plantaciones en las islas del Mediterráneo fue la inversión de capital de las grandes familias mercantiles de Venecia y Génova: fue en estas islas donde comenzó el matrimonio entre el capital mercantil y la esclavitud moderna. Portugal extendió este modelo de plantación azucarera basada en la esclavitud desde las islas atlánticas más cercanas a la península ibérica —Madeira, las Canarias y las Azores— hasta Cabo Verde, frente a la costa de África occidental, y más tarde a Santo Tomé, en el Golfo de Guinea (cerca de la actual Ghana). El paso final en la transformación de la agricultura campesina a las plantaciones azucareras basadas en la esclavitud tuvo lugar en Santo Tomé. Los dueños de las plantaciones, por lo general de la aristocracia, obtenían tierras del rey portugués, capital de Venecia o Génova y personas esclavizadas de África. Los portugueses transportaron este sistema a Brasil. Desde allí, se extendió al Caribe y más tarde a partes de América del Norte.

¿Introdujeron estas islas del Mediterráneo y del Atlántico algún cambio tecnológico importante en la producción de azúcar? Según Ulbe Bosma, la respuesta es no. El error inicial que cometieron los historiadores fue oscurecer la similitud tecnológica de las técnicas de molienda y procesamiento del azúcar en el Mediterráneo oriental y occidental, la Península Ibérica, las islas del Atlántico y, finalmente, el “Nuevo Mundo” (2023:349). En su extraordinaria obra The World of Sugar [El mundo del azúcar], Bosma resume este recorrido:

Los productores de azúcar viajaron desde Egipto y Siria hasta Chipre y Sicilia, desde donde sus conocimientos y destrezas pasaron a Valencia y llegaron a Madeira. Los maestros azucareros portugueses aprendieron su arte de los musulmanes de Andalucía, que la gobernaron durante 800 años, y lo llevaron a Madeira y las Canarias.10

El modelo de plantación que se trasplantaría a las Américas prácticamente sin cambios, sobre todo a Brasil y el Caribe, comenzó en Santo Tomé. La caña cultivada en las Américas y el Caribe provenía de las islas del Atlántico, donde a su vez había sido introducida desde el Levante y Egipto. En cuanto al cultivo de la caña de azúcar, hubo pocos cambios importantes. El modelo siguió basándose en la técnica largamente establecida de dejar parte del tallo de la caña en el suelo tras la cosecha para que produjera una nueva cosecha (un proceso conocido como reproducción vegetativa, o “soca”, que aún se utiliza hoy). Incluso cuando se plantaban nuevos cultivos, los brotes de los tallos viejos seguían creciendo.

Las islas del Mediterráneo remodelaron la relación existente entre el campesinado productor de caña de azúcar y quienes participaban en los procesos secundarios y terciarios de moler la caña, producir azúcar a partir del jugo y comerciar con el azúcar. En el nuevo modelo de plantación, la producción de caña de azúcar se integró con los procesos de molienda, cocción y refinación en un solo sitio. Esto creó el nuevo “flujo de trabajo” de emplear trabajo esclavo a lo largo de todo el proceso, desde el cultivo de la caña de azúcar hasta el producto final, ya fuera azúcar morena o azúcar blanca cristalina, que se refinaba en Europa.

Así funcionaba el flujo en las plantaciones de azúcar: durante la temporada de molienda, la caña madura debía cortarse y molerse, y el jugo debía concentrarse antes de cristalizar en azúcar (véase el diagrama 1). Una vez extraído el jugo al moler la caña, se hervía en una serie de grandes tinas o calderas que requerían una gran cantidad de combustible para concentrar el jugo en un jarabe espeso, que luego se enfriaba en conos de barro invertidos. Esto permitía su separación en panes de azúcar y melaza. También se adoptaron procesos de cristalización, o de refinado adicional, para producir cristales de azúcar en lugar de panes.

Diagrama 1. El régimen de trabajo de la producción de azúcar.

El azúcar cruza el Atlántico: el complejo de plantación y la trata

Cuando la producción azucarera se expandió desde el Mediterráneo hacia las islas del Atlántico, Brasil y el Caribe entre los siglos XV y XVII, las técnicas centrales de procesamiento permanecieron relativamente sin cambios, pero la creciente escala de las operaciones de plantación y la expansión de los circuitos de exportación y reexportación transformaron gradualmente los patrones tanto de producción como de comercio. Este sistema de producción y comercio de mercancías, arraigado en la esclavitud, el cultivo de azúcar y los ciclos mundiales de exportación y reexportación, contribuyó a sentar las bases de la economía capitalista moderna. Como veremos, la “innovación” clave consistió en cómo extraer la máxima producción al mínimo costo de las personas esclavizadas antes de que pudieran ser “reemplazadas”, es decir, generar suficiente excedente del trabajo esclavo para cubrir tanto las ganancias como los costos de reemplazo.

Fue la promesa de inmensas ganancias lo que impulsó a los portugueses a llevar el monocultivo del azúcar desde la región mediterránea, primero a las islas atlánticas frente a la Península Ibérica y África occidental en el siglo XV. La incursión portuguesa en la producción de azúcar con trabajo esclavo tuvo lugar en las islas de Madeira, las Azores, Cabo Verde, Santo Tomé y Príncipe (Greenfield, 1979: 85-119). Hacia fines del siglo XVI y comienzos del XVII, el sistema colonial de plantación basado en la esclavitud surgió en Brasil bajo la égida de los portugueses. De 1624 a 1654, los holandeses obtuvieron el control de las plantaciones portuguesas en el norte de Brasil y aprendieron las técnicas de la producción azucarera de plantación, mientras controlaron el territorio. Durante este período, y tras su expulsión por los portugueses, el capital y la pericia holandesa ayudaron a difundir la producción de azúcar hacia sus colonias del Caribe. En el siglo XVII, los británicos y franceses aprendieron de la práctica holandesa e introdujeron el azúcar en sus colonias.

La producción de azúcar en el Caribe supuso una concentración de capital y una intensificación del trabajo esclavo sin parangón en ningún otro monocultivo de una sola región. Las plantaciones de algodón del Sur de Estados Unidos usaron más tarde un modelo similar de trabajo esclavo, pero este surgió al menos 150 años después.

Sidney Mintz, que ha escrito extensamente sobre el azúcar como mercancía y sobre la economía de plantación, sostiene que la producción de azúcar fue profundamente industrial y “moderna” en cuanto al proceso de trabajo, la productividad del capital y los sistemas de gestión empleados (1985). La producción de azúcar era esencialmente industrial y capitalista por naturaleza, salvo que trataba a los seres humanos como capital fijo, es decir, como máquinas, y, por tanto, como reemplazables.

Producción de azúcar en el Caribe, siglos XVII-XIX

Datos recopilados a partir de Deer, 1949, 1950.

Las islas del Caribe: plantaciones, azúcar y personas esclavizadas

Para rastrear cómo se expandieron las plantaciones azucareras y cómo se organizó la trata de personas esclavizadas entre imperios rivales, esbozaremos el cambiante control colonial de territorios clave del Caribe. Las cinco principales potencias coloniales en el Caribe fueron España, Portugal, los Países Bajos, Francia e Inglaterra. Los primeros colonizadores fueron los españoles, que se apoderaron de Jamaica, Trinidad, Puerto Rico y La Española entre la década de 1490 y comienzos del siglo XVII. Inglaterra reclamó Barbados en 1625 y comenzó su colonización en 1627. En 1655, Inglaterra le arrebató Jamaica a España. Francia estableció colonias en Guadalupe (1635) y Martinica (1635) y, en virtud del Tratado de Rijswijk (1697), obtuvo el tercio occidental de La Española, que rebautizó como Saint-Domingue (el actual Haití). En la cercana costa de las Guayanas, los holandeses establecieron colonias, entre ellas Esequibo, desde 1616; Surinam, que adquirieron más tarde, pasó a conocerse como Guayana Holandesa. Hacia la segunda mitad del siglo XVIII, Gran Bretaña y Francia se habían convertido en la principal presencia colonial en el Caribe.

Pero el azúcar no llegó primero a las Américas a través del Caribe. Llegó a través de Brasil, donde los portugueses importaron el modelo de Santo Tomé de producción de azúcar basada en la esclavitud a las regiones de Pernambuco y Bahía (Coben, 2015: 142-162). Estas regiones tenían un clima adecuado para producir azúcar y tierras que no estaban densamente boscosas y podían despejarse para desarrollar plantaciones de azúcar. Los portugueses necesitaban presencia sobre el terreno para reforzar su reclamo sobre una tierra que, por lo demás, no era más que una línea trazada en un mapa en el tristemente célebre Tratado de Tordesillas (1494), de modo que otorgaron concesiones de tierras a colonos que luego labrarían la tierra con trabajo esclavo. A diferencia de las plantaciones del Caribe, las parcelas de tierra en estas regiones de Brasil eran más pequeñas. Tanto en Brasil como en el Caribe, la producción de azúcar dependió en gran medida de personas africanas esclavizadas, junto con el trabajo de algunas indígenas.

La ventaja de las tierras “gratuitas” que la Corona portuguesa concedía a colonos y hacendados en Brasil, tras la violencia genocida empleada contra los indígenas, era que las plantaciones podían ampliarse sin ningún límite físico significativo. La desventaja de este sistema era que no ofrecía ningún incentivo para mejorar el cultivo. Resultaba más barato ampliar las tierras de plantación que esforzarse por mejorar los rendimientos o la eficiencia de la producción de azúcar, sujeto, por supuesto, a la disponibilidad de personas africanas esclavizadas. En las plantaciones insulares, en cambio, la tierra imponía un límite físico. Por ejemplo, en Barbados, una isla relativamente diminuta y con muy pocos bosques, los hacendados tuvieron que adoptar diversas prácticas para adaptarse a estas limitaciones, como emplear el bagazo (los tallos secos de la caña tras la molienda) a modo de combustible para hervir el jugo y producir azúcar, junto con diversas prácticas para preservar la fertilidad del suelo.11

En Brasil, por el contrario, había tierra en abundancia. Esto posibilitó métodos que agotan la productividad del suelo, ya que el cultivo podía desplazarse a nuevos campos, y una deforestación impulsada por la expansión. Aunque los holandeses, franceses y británicos sí mejoraron ciertas prácticas —por ejemplo, al introducir molinos más eficientes y estrategias de uso del combustible, y al optimizar la logística de las plantaciones—, también tenían una ventaja importante sobre los portugueses: el acceso a poderosas redes de financiamiento mercantil, seguros y refinación en Europa, capaces de financiar la producción, asegurar los cargamentos, refinar el azúcar y comercializarla a gran escala. Mientras los comerciantes de las ciudades italianas antes habían proporcionado capital y comercialización para el azúcar del Mediterráneo, los portugueses no contaban con una comunidad financiera semejante, pues habían expulsado a los judíos sefardíes y a los árabes que antaño desempeñaban ese papel, entre otras cosas mediante las expulsiones de la Península Ibérica bajo el rey Manuel I en 1496. Incluso durante la guerra que los Países Bajos históricos (los actuales Países Bajos y Bélgica) libraron contra la España de los Habsburgo (cuyo rey había sido declarado por el Papa cabeza del Sacro Imperio Romano Germánico), Amberes y Ámsterdam siguieron siendo las ciudades que refinaban el azúcar para el mercado europeo.

Los holandeses ocuparon el corazón de la economía azucarera de Brasil, Pernambuco, entre 1630 y 1654, cuando los portugueses recuperaron el control. En ese período, los mercaderes holandeses desarrollaron vínculos comerciales con los hacendados portugueses y canalizaron el azúcar brasileño hacia las refinerías de Amberes y Ámsterdam. Esto continuó después de que los portugueses recuperaran la posesión de Pernambuco y Bahía. Sin embargo, los holandeses se apoderaron de algo más que las plantaciones de azúcar: también les arrebataron a los portugueses el comercio de personas esclavizadas y, en 1637, tomaron el castillo de Elmina (en la actual Ghana), un importante centro de compra, confinamiento y embarque de personas africanas esclavizadas.

Los holandeses, que combatían al rey español y se consideraban “más ilustrados”, tenían pocos reparos en entrar en el comercio de personas esclavizadas. Aparecen en las crónicas del azúcar tanto como quienes llevaron las plantaciones de azúcar al Caribe como en calidad de grandes transportistas de personas africanas esclavizadas desde la costa africana hasta las Américas. El modelo de plantación azucarera que los holandeses llevaron a Guyana y a las islas del Caribe fue luego adoptado por los hacendados británicos en Barbados y los hacendados franceses en Saint-Domingue y Martinica. Los holandeses actuaron no solo en función de sus intereses estatales como República Holandesa, sino también como expertos que podían ser contratados por hacendados de otras potencias coloniales.

Los holandeses, franceses y británicos unieron el capital a la práctica de la esclavitud en las plantaciones de azúcar y a la moderna división del trabajo. Cultivaban la caña de azúcar, la procesaban hasta la etapa del pan moreno en las colonias con trabajo esclavo y la transportaban para su procesamiento final, hasta convertirla en azúcar blanco y más refinado, en las ciudades europeas. Los capitalistas británicos, franceses y holandeses ganaban dinero vendiendo azúcar a la clase trabajadora y a la clase media de sus países de origen, y lo convirtieron en un producto de consumo masivo. También lo reexportaban al mercado mundial, con lo que consolidaron el azúcar como una mercancía mundial.

El modelo de plantación para la producción de azúcar, surgido en el Mediterráneo de fines del siglo XV, se adaptó a la organización capitalista de la producción y al comercio colonial en el “Nuevo Mundo”, en particular en las islas del Caribe. La producción capitalista de azúcar se consolidó en las plantaciones tanto mediante el cultivo de la caña de azúcar como a través de la organización de su procesamiento para convertirla en azúcar. En la base tanto de la producción de caña de azúcar como de su conversión en azúcar estaba el trabajo esclavo: un matrimonio impío del capital con la esclavitud atlántica. Esto difería de la producción de azúcar en gran parte de Asia y África, donde el campesinado cultivaba la caña y los pequeños dueños de molinos la molían y convertían el jugo en azúcar.

La producción de azúcar en las plantaciones

La producción de caña de azúcar en las plantaciones coloniales era brutal e intensiva en mano de obra, y se apoyaba en una combinación de oficios especializados y labores de campo, organizada mediante lo que se conocía como el “sistema de cuadrillas”. Bajo este sistema, se hacía trabajar a las personas esclavizadas en cuadrillas supervisadas durante jornadas largas e ininterrumpidas. Contrariamente, el “sistema de tareas”, más común en las regiones productoras de arroz e índigo, como las zonas costeras de Carolina del Sur y Georgia, asignaba una cuota diaria de trabajo, tras la cual podía quedar algo de tiempo, dentro de estrictas restricciones coercitivas, para otras actividades (Cartwright, 2021; Pargas y Roşu, 2017). Los hacendados adoptaron diversos métodos para aumentar la rentabilidad de la economía azucarera basada en el trabajo esclavo, desde la preparación de los campos para el cultivo hasta el riego y la siembra, el corte y la cosecha de la caña, su transporte a los sitios de molienda, su procesamiento, y la producción y refinado del azúcar.

En el cultivo de la caña de azúcar, tanto en el Caribe como en Luisiana, se prefería el sistema de cuadrillas por la naturaleza de las plantaciones azucareras. Sidney Mintz explica en qué sentido la producción en las plantaciones de azúcar era singular: “Se trataba, por supuesto, de empresas agrícolas, pero, dado que buena parte del procesamiento industrial de la caña se realizaba también en las plantaciones, tiene sentido ver las plantaciones como una síntesis de campo y fábrica” (1985: 83). Tanto la producción agrícola como el procesamiento inicial de la cosecha hasta convertirla en “producto industrial” se realizaban en la propia plantación. En consecuencia, las mismas personas esclavizadas eran asignadas a distintas tareas a lo largo del ciclo de producción, desde plantar y cuidar la caña de azúcar hasta cosecharla, molerla para extraer el jugo y hervir ese jugo hasta obtener azúcar moreno y melaza. Esto difiere del sistema en las plantaciones de algodón, donde el cultivo solo se procesaba en parte in situ y luego se enviaba a las fábricas textiles, sobre todo en Gran Bretaña y más tarde en Nueva Inglaterra, para su manufactura posterior.

Aunque arraigado en la esclavitud, el sistema de cuadrillas extraía excedente mediante formas de cálculo que se asemejan a la gestión capitalista moderna. Las personas esclavizadas eran concebidas como activos de capital, y su mantenimiento se calculaba para minimizar los costos de subsistencia teniendo en cuenta, a la vez, su reemplazo. Se llevaban libros de contabilidad detallados de las plantaciones, que se compilaban en informes, muy parecidos a las hojas de cálculo actuales, con los que los dueños, a menudo en la lejana Gran Bretaña, podían examinar el rendimiento financiero de su inversión. Los estudios de tiempos y movimientos, tan apreciados por los modelos tayloristas de gestión fabril, estuvieron precedidos por estudios similares en las plantaciones trabajadas con trabajo esclavo en el Caribe y, más tarde, en el Sur anterior a la guerra de Secesión (Rosenthal, 2018). El valor de reemplazo de las personas africanas esclavizadas estaba determinado por el mercado: si su precio subía, aumentaba la necesidad de mantenerlas con vida. Si el precio bajaba, se incrementaba la intensidad de su explotación, y con ella el riesgo de muerte. Por eso, los cálculos del administrador de la plantación sobre la vida útil tomaban en cuenta el precio de reemplazo de una nueva persona esclavizada y estaban tan determinados por el mercado como las consideraciones del capital moderno en la actualidad.

En la práctica, el sistema de cuadrillas dividía a las personas esclavizadas según la edad y la capacidad física. La primera “cuadrilla” estaba compuesta por hombres y mujeres jóvenes, a finales de la adolescencia, que realizaban el trabajo físicamente más agotador durante 10 a 12 años, tras lo cual eran relegados a la segunda cuadrilla. Después de unos 20 años en la segunda cuadrilla, una persona que para entonces tenía cerca de 40 años, si sobrevivía, estaría exhausta y pasaría a integrar, junto con otras personas ancianas y niños pequeños, la tercera cuadrilla (conocida también como “cuadrilla de la hierba”), que desyerbaba los cultivos y recogía hierba para alimentar a los animales (Cartwright, 2021).

A comienzos del verano, la primera y la segunda cuadrilla preparaban los campos para la siembra despejándolos, quemándolos y removiendo la tierra con azadas. Las cuadrillas también debían construir y mantener las redes de riego. Luego, a fines del verano y comienzos del otoño, la primera cuadrilla plantaba la caña de azúcar, a menudo mediante el extenuante “ahoyado” (cane-holing): cavar a mano los hoyos de siembra por todo el campo. Se esperaba que una persona esclavizada de la primera cuadrilla cavara entre 60 y 100 hoyos al día, con dos plantas de caña sembradas en cada uno. Las personas esclavizadas de la primera y la segunda cuadrilla llevaban luego sobre la cabeza enormes y pesados cestos de estiércol animal hasta los hoyos y lo colocaban alrededor de cada planta. Un hectárea de plantas de caña de azúcar requería hasta 3 toneladas de estiércol.

Una vez cosechada, cinco o seis meses después de la siembra en el caso de las plantaciones más fértiles, la caña debía procesarse con rapidez para evitar que disminuyera su contenido de azúcar. Por eso, durante la temporada de zafra, cuando se trituraba y hervía la caña, las personas esclavizadas en los molinos y las casas de calderas trabajaban turnos de 18 a 20 horas, seis días a la semana. En Brasil, la observancia religiosa exigía formalmente que los ingenios12 suspendieran el trabajo los domingos y días festivos. No obstante, esta exigencia no se cumplía de manera generalizada. A menudo se obligaba a las personas esclavizadas a seguir trabajando los domingos y los días festivos. Quedaban tan exhaustas que “tan soñoliento como un ingenio” se convirtió en un dicho extendido, y perder miembros por las máquinas se volvió rutinario (Schwartz, 2011: 177). Otras actividades importantes incluían transportar la caña a los molinos, acarrear la pesada madera para los hornos con que se hervía el jugo, y enviar a los puertos el azúcar y otros productos, incluido el ron.

En el Caribe, los domingos no eran días de descanso para las personas esclavizadas. Los pasaban trabajando sus propias parcelas, conocidas como “parcelas de subsistencia”. Sin los alimentos que cultivaban en estas pequeñas parcelas, habrían sucumbido a la dieta sumamente deficiente que proporcionaba la cocina de la plantación. William Taylor, un crítico de la esclavitud, testimonió que, si una persona esclavizada dedicaba “todos los domingos al descanso, no podría mantenerse a sí misma ni a su familia trabajando los 26 días [al mes] que la ley le permitía” (Schwartz, 2011; Sheridan, 1985: 166).

Cada año, un plantador compraba en África personas esclavizadas recién importadas para reemplazar a las que habían muerto. Un plantador de Barbados llamado Edward Littleton calculó que un plantador de azúcar que poseyera 100 personas esclavizadas y las pusiera a cultivar y procesar caña de azúcar las mataría a todas en 19 años. Bosma, citando al clérigo anglicano reverendo Robert Robertson, calculó que dos quintas partes de las personas esclavizadas recién llegadas morirían en el plazo de un año desde su llegada (Cartwright, 2021; Bosma, 2023: 38).

Hay suficientes pruebas para demostrar que la tasa de mortalidad entre las personas esclavizadas en las plantaciones de azúcar era más alta que la de otras plantaciones de trabajo esclavo, ya fueran de algodón, café o tabaco (Bosma, 2023: 63). La esclavitud desincentivaba reemplazar el trabajo por máquinas tanto en las plantaciones de algodón como en las de azúcar, donde las condiciones de vida eran brutales. Aun así, la población esclavizada en las plantaciones de algodón aumentó a pesar de ello (mientras que en las plantaciones de azúcar de Luisiana disminuyó).

Esto se debe en parte a los múltiples procesos de producción integrados en el cultivo de la caña de azúcar, en los que la molienda, la concentración del jugo de la caña y la cristalización del azúcar implicaban trabajo esclavo. Otra razón era la mala alimentación de las personas esclavizadas, ya que los dueños sopesaban el costo de alimentarlas frente a su costo de reemplazo: el costo de comprar nuevas personas esclavizadas. Con la prohibición de la trata de personas esclavizadas a comienzos del siglo XIX, las plantaciones de algodón consideraban a los niños nacidos en la esclavitud como un “producto” económico, es decir, como una forma de reproducir internamente su fuerza de trabajo y su propiedad. Las plantaciones de azúcar de Luisiana buscaban el mismo resultado, pero, como la mortalidad allí era tan alta, los nacimientos no compensaban las muertes (Aronson y Budhos, 2017).

Se requerían equipos no solo para moler la caña de azúcar, sino también para procesarla, y todos ellos debían construirse, operarse y mantenerse con regularidad. Las primeras plantaciones usaban prensas manuales para extraer el jugo de la caña, pero con el tiempo se reemplazaron por prensas de tres cilindros más eficientes, impulsadas por animales y, más tarde, por el viento o, más comúnmente, por el agua. Por eso, las plantaciones solían establecerse cerca de ríos o arroyos para aprovechar la energía hidráulica.13 El viento o el agua movían grandes rodillos a través de los cuales las personas esclavizadas introducían la caña en los molinos. Era un trabajo peligroso, pues estas personas esclavizadas a menudo estaban exhaustas y, a veces, no soltaban la caña a tiempo y sus brazos eran arrastrados hacia los rodillos. Cuando esto ocurría, se usaba un hacha para cortar el brazo triturado. En algunas plantaciones azucareras, los hombres y las mujeres con un solo brazo eran una imagen habitual.14

La proximidad a los puertos y ríos era esencial, ya que reducía el costo de transportar el azúcar y otros productos de la plantación. Según el tamaño de la plantación, los ingenios necesitaban entre 60 y 200 personas trabajando, la mayoría de ellas esclavizadas, para funcionar (Cartwright, 2021). El pico de demanda de trabajo durante la temporada de zafra determinaba la cantidad de personas esclavizadas que se necesitaban en una plantación.

Las personas esclavizadas también cargaban con la agotadora tarea de recoger la madera necesaria para alimentar los hornos de la refinería. En la mayoría de las plantaciones caribeñas, la leña estaba disponible con facilidad. La excepción era Barbados, que tenía una disponibilidad limitada de madera. Allí, el bagazo, el residuo fibroso que quedaba tras moler la caña de azúcar, se usaba como combustible, una práctica muy probablemente importada de Egipto.

Quienes tenían las habilidades para operar y mantener la maquinaria de los ingenios azucareros eran muy solicitados. Algunos trabajadores calificados de los molinos provenían de la fuerza de trabajo esclavizada, pero solo su supervisor principal, el “maestro azucarero”, gozaba de un salario generoso. Con el tiempo, a medida que evolucionaban las poblaciones de las colonias, personas locales mestizas de ascendencia europea, así como personas libertas y, a veces, incluso esclavizadas, con las habilidades técnicas requeridas, fueron puestas a trabajar en estos puestos en la mayoría de las plantaciones caribeñas.

Las mujeres esclavizadas tenían que realizar trabajos extenuantes en los campos, algunas con sus hijos recién nacidos a la espalda. También sufrían una desnutrición extrema, que provocaba altas tasas de aborto espontáneo y de mortalidad infantil. La temporada de zafra era la peor. La caña en pie debía cortarse y procesarse con rapidez, lo que significaba que las personas africanas esclavizadas eran sometidas a una explotación aún más intensa. Cortar la caña, llevarla a los trapiches, triturarla para extraer el jugo y hervirla debía hacerse de manera simultánea: las personas esclavizadas apenas tenían tiempo de comer (Bosma, 2023: 57). Las mujeres participaban plenamente en la molienda de la caña junto con los hombres, donde perder la concentración significaba arriesgar desde los dedos hasta un brazo, o la vida, en el trapiche.

Podemos identificar las siguientes características de la tecnología empleada para sostener las plantaciones de azúcar basadas en la esclavitud:

  • La introducción de máquinas, como los molinos de viento, los molinos de agua y las máquinas de vapor, a menudo intensificaba la explotación de las personas esclavizadas.
  • La tecnología podía ahorrar trabajo o conducir a una explotación más intensa del trabajo, ya que las mejoras tecnológicas estaban determinadas por las relaciones sociales.
  • Las personas esclavizadas eran vistas como prescindibles, ya frecuentemente a los hacendados les resultaba más barato reemplazar a quienes morían que mantenerlas con vida. Las plantaciones de azúcar a menudo tenían que adquirir nuevas personas esclavizadas porque las brutales exigencias de la producción de azúcar mataban a las y los trabajadores a un ritmo muy alto. A diferencia de las plantaciones de algodón y tabaco, donde el procesamiento estaba menos integrado en el trabajo de la plantación, las fincas azucareras requerían que el cultivo se procesara in situ casi de inmediato tras la recolección (Aronson y Budhos, 2017).

Tras ser cosechada, la caña de azúcar se pasaba por rodillos hacia un trapiche (dispositivo de molienda) para extraer su jugo. Este líquido se hervía luego en grandes calderas y, mediante un proceso llamado curado, se separaba en melaza y azúcar cristalizado. La mezcla resultante se vertía en grandes ollas o moldes de barro, donde se endurecía hasta formar panes de azúcar con forma de cono.

Muchos consumidores en Europa llegaron a preferir el azúcar blanco al azúcar moreno que se forma de manera natural. Para crear un producto más blanco, se colocaba una mezcla espesa de arcilla y agua sobre la parte ancha de un molde de azúcar con forma de cono, a medida que la melaza goteaba hacia afuera. El agua bajaba desde la arcilla, atravesaba el cono y lavaba la melaza u otros materiales del azúcar. Una vez completamente escurridos, los panes de azúcar se retiraban de los moldes, se secaban en rejillas en una sala amplia, se recortaban hasta darles su forma final y se envolvían en papel. El procesamiento final para blanquear el azúcar se llevaba a cabo en localidades británicas o holandesas. Los consumidores europeos percibían el azúcar blanco como más puro y deseable, sobre todo a medida que el discurso racial vinculaba cada vez más la blancura con el valor durante la consolidación de la esclavitud moderna en las plantaciones.15 En una planta azucarera moderna, el azúcar se “blanquea” para quitarle su tono pardusco natural.

¿Por qué el paso final del refinado no se realizaba en las plantaciones ni en el Caribe británico? La respuesta reside en gran medida en la política colonial británica. La política tributaria, en particular después de que la India se convirtiera en colonia británica, ayudó a eliminar cualquier incentivo para refinar más azúcar en el Caribe. Como señala Bosma, los altos aranceles sobre el azúcar refinado penalizaban la modernización tecnológica y hacían de la exportación de mascabado la opción más rentable (Bosma, 2023: 111).

La industria azucarera se adaptó a la demanda generalizada de muchos tipos de azúcar. El azúcar se vendía a los consumidores en todas las etapas de refinado, incluidos el mascabado, el azúcar blanco refinado y el doblemente refinado. Cuanta más refinación requería el azúcar, más caro se volvía. En el siglo XVII, la melaza, subproducto del azúcar, también se volvió rentable: no solo era un edulcorante, sino un ingrediente del ron, un licor cada vez más popular.

Se produjeron innovaciones tanto en el cultivo de la caña de azúcar como en los métodos empleados para procesarla y convertirla en azúcar, entre ellas la aplicación de la energía de vapor y el uso de mejores cilindros (como el molino horizontal de dos rodillos), que se adaptaron además con barras de hierro salientes para aumentar la capacidad de molienda, así como tachos al vacío, centrífugas y evaporación de múltiple efecto, de doble a quíntuple.16 También hubo avances importantes en los sistemas de transporte que vinculaban el cultivo con el procesamiento. Entre ellos el uso de rieles móviles y fijos, a menudo impulsados por motores de vapor, además de cintas transportadoras. Hubo asimismo varias modificaciones en el ámbito agrícola, como el desarrollo de nuevas variedades de caña, la modificación de las distancias de siembra y de los arados, la mejora del drenaje y el riego, y la aplicación de estiércol y fertilizantes (Oostindie y Boomgaard, 1989: 3-22).

Los tachos al vacío, recipientes sellados que se usaban para hervir y concentrar el jugo o el jarabe de caña a temperaturas más bajas reduciendo la presión del aire, se desarrollaron primero en Gran Bretaña para refinar el azúcar de caña en bruto importado, y solo más tarde se adoptaron de manera más amplia en la producción colonial de azúcar de caña. Entretanto, la producción de azúcar de remolacha en Europa, sobre todo en Francia, se expandió después de que los bloqueos británicos cortaran el acceso al azúcar de caña en bruto de las Indias Occidentales. En las plantaciones de las Indias Occidentales trabajadas con trabajo esclavo, los hacendados tenían muy pocos incentivos para introducir ese equipamiento intensivo en capital: ampliar las plantaciones con más personas esclavizadas era la opción a la vez “más barata” y “más eficiente” para el capital, entendida la eficiencia bajo el capitalismo como la eficiencia del dinero para generar un producto requerido, no la eficiencia del proceso en sí.

En el Caribe, dado que la tierra era “gratis” —consecuencia de la violencia genocida contra la población indígena— y el trabajo esclavo era barato, no había incentivo para mejorar la eficiencia de la producción de azúcar. La única excepción era mejorar la eficiencia de la molienda, ya que, de lo contrario, la caña no podía procesarse dentro de la breve temporada de maduración. Por eso, a comienzos del siglo XIX se introdujeron mejores molinos: de tracción eólica en Barbados y de vapor en la Guayana Británica (la actual Guyana) y Jamaica. Esto ayuda a explicar las distintas trayectorias de los tachos al vacío y las centrífugas. Aunque los tachos al vacío se abrieron paso en Java, Indonesia, durante este período, no se consideraban necesarios en las plantaciones de trabajo esclavo ni del Caribe británico ni de Luisiana. La política tributaria colonial británica lo reforzaba: el azúcar refinado pagaba aranceles más altos que el azúcar en bruto, lo que hacía menos rentable seguir refinando en el Caribe (Bosma, 2023: 101-107). Las centrífugas, en cambio, redujeron el tiempo necesario para separar la melaza del azúcar, de meses en los conos de barro a unas pocas horas. Introducidas en la década de 1830, se convirtieron rápidamente en práctica habitual incluso en las plantaciones de trabajo esclavo (Bosma, 2023: 111).

La tecnología importaba, pero por sí sola no explica la rentabilidad del azúcar del Caribe. Para entender esa rentabilidad, debemos pasar de la maquinaria de la plantación al sistema colonial en su conjunto: los mercados interrelacionados del azúcar y las personas esclavizadas, la organización del refinado y la reexportación en Europa, y las políticas que vinculaban las colonias a la “metrópoli”.

Esclavitud y azúcar: mercados, exportaciones, reexportaciones y ganancias

Sidney Mintz sostuvo que la producción de azúcar, aunque se basaba en el trabajo esclavo, era profundamente industrial y moderna, y que los hacendados y los propietarios de personas esclavizadas empleaban métodos capitalistas modernos para organizar la producción, medir la productividad y calcular las ganancias (1985). Hacia los siglos XVI y XVII, el azúcar se había convertido en una de las mercancías más importantes y rentables del “Nuevo Mundo”.

Había tres mercados distintos para el azúcar del Caribe. En un principio, solo se producía para el mercado internacional, centrado en la “metrópoli” europea. Más tarde, se desarrollaron mercados locales y regionales en el Caribe y sus alrededores. Los mercados locales eran pequeños, autónomos y por lo general estaban ubicados en el interior, mientras que los mercados regionales giraban en torno a grandes ciudades como Lima y Ciudad de México, así como ciudades de toda Nueva Inglaterra. El mercado internacional del azúcar del Caribe era el más competitivo, con el mercado de refinado y reexportación radicado en Lisboa, Amberes, Ámsterdam y varias localidades de Inglaterra y Francia.

En un principio, con Brasil bajo dominio portugués como principal productor de azúcar en bruto de las Américas, Lisboa se erigió en el mayor mercado para reexportar azúcar en bruto a los centros de refinado, y así se mantuvo durante mucho tiempo. Desde Lisboa, los holandeses transportaban el azúcar primero a Amberes y Ámsterdam para refinarlo y luego al mercado mundial. Amberes albergó la mayor refinería de azúcar del siglo XVI, pero, hacia el siglo XVII, había perdido la batalla del azúcar, primero frente a Ámsterdam y luego frente a varias localidades de Inglaterra. Hacia el siglo XVIII, las refinerías de azúcar proliferaron en Gran Bretaña, desde Plymouth hasta Glasgow y desde Londres hasta Liverpool. Estas refinerías usaban grandes calderas de cobre al aire libre y una gran cantidad de carbón para generar calor, y fueron precursoras de las fábricas de la Revolución Industrial. Estuvieron entre los primeros centros de trabajo de tipo fabril en Gran Bretaña y constituían un vínculo directo entre el azúcar de la esclavitud y la gran divergencia entre Asia y Europa.

Las fábricas azucareras de Gran Bretaña existían mucho antes que las fábricas textiles asociadas con la Revolución Industrial. No es de extrañar que también fueran centros importantes del comercio de personas esclavizadas. Durante la gran peste de 1665, varias refinerías de azúcar se trasladaron de Londres, entonces asolada por la peste, a otros puertos ingleses. Los barcos de las Indias Occidentales que transportaban azúcar usaban los muelles de otros puertos de Inglaterra para evitar el contagio. Esto contribuyó a expandir el refinado de azúcar por toda Gran Bretaña. Esta expansión ayudó a ampliar el acceso al azúcar refinado más allá del consumo de las élites.

Aunque a quienes refinaban azúcar se los llamaba panaderos, el proceso de “horneado” del azúcar implicaba lo que hoy se consideraría trabajo de fábrica. El término inglés factory [fábrica] aludía en su origen a un lugar de actividad comercial ligado a la labor del agente17 de un comerciante –el factor–, como un puesto comercial o un centro de acopio, incluidos los sitios donde se compraban y vendían personas esclavizadas. Solo más tarde pasó a designar un lugar de manufactura. El refinado de azúcar ya tenía las características asociadas a la industria: espacios de trabajo concentrados, procesamiento intensivo en calor, equipos especializados y trabajo disciplinado. Sin embargo, como era inseparable de la esclavitud, rara vez aparece como punto de partida de la Revolución Industrial en el propio relato histórico de Europa.

La escala y la dirección de las exportaciones de azúcar del Caribe muestran cuán estrechamente ligadas estaban las plantaciones a la industria de refinado británica. Los datos de David Eltis sobre Barbados entre 1665 y 1701 muestran que los productos del azúcar representaron el 91,2% de las exportaciones totales de la isla en 1665-1666, el 91,6% en 1688 y 1690-1691, y el 95,6% en 1699-1701. También calcula que, entre 1682 y 1701, Gran Bretaña fue el destino de más del 95% de las exportaciones de azúcar de Jamaica (Eltis, 1995: 642, 644). Impulsado en parte por su combinación con el té y el café, el consumo de azúcar en Gran Bretaña aumentó considerablemente a lo largo del siglo XVIII, mientras que la reexportación de azúcar refinado a las Américas, incluido el Caribe, resultó muy rentable. Las tasas arancelarias variables ofrecían el nivel de protección necesario para sostener el funcionamiento de numerosas refinerías de azúcar en ciudades como Bristol, Glasgow y Londres. Esto significaba que la política colonial funcionaba de modo que la producción de azúcar refinado en Gran Bretaña quedaba protegida por aranceles más altos frente a las importaciones de azúcar refinado, mientras que no se brindaba tal protección para el refinado de azúcar en las colonias del Caribe. Tras su conquista de la India, por ejemplo, Gran Bretaña añadió un arancel adicional del 25% para proteger a sus refinerías y a sus plantaciones de azúcar del Caribe de la competencia de la India (Bosma, 2010: 58).

Esto formaba parte de la política colonial británica más amplia según la cual las colonias solo podían producir materias primas para la “potencia colonial”, y los bienes terminados solo se fabricaban en el centro colonial. La famosa directriz era que en las colonias no debía fabricarse ni un clavo (una excepción, curiosamente dado el ejemplo, era el hierro, porque enviar mineral de hierro a Inglaterra era voluminoso y, por tanto, costoso). En otras palabras, la política británica consistía en garantizar que la producción industrial no se desarrollara en las colonias, para que estas siguieran dependiendo de la metrópoli. En cambio, las colonias debían proporcionar materias primas o productos para facilitar las industrias de Gran Bretaña.18

Eltis y otros sostienen que las economías de plantación impulsadas por la esclavitud se expandieron a tasas equiparables a las de la Gran Bretaña y los Estados Unidos en plena industrialización, pese a sus fundamentos contrastantes (Eltis et al., 2005: 673-700). El comparar los precios del azúcar y de las personas esclavizadas, para calcular la productividad media de una persona esclavizada, demuestra que la producción de azúcar con trabajo esclavo era muy rentable. El análisis se realizó a partir de registros de aproximadamente 230.000 personas africanas esclavizadas transportadas a las Américas entre 1674 y 1807, alrededor del 6% del número total de personas esclavizadas desembarcadas en las Américas mediante travesías transatlánticas durante esa época.19 Para evaluar los cambios tanto en la demanda de trabajo esclavo como en la productividad total de los factores en la agricultura caribeña basada en la esclavitud a partir de 1674, los investigadores combinaron estimaciones de las poblaciones esclavizadas y las cifras de importación con datos sobre los precios de venta de las personas esclavizadas.20 Junto con esto, el aumento del precio del azúcar produjo un incremento considerable en la demanda de trabajo esclavo, lo que hizo el comercio de personas esclavizadas cada vez más lucrativo.

En Jamaica, por ejemplo, el crecimiento de la población esclavizada estuvo estrechamente correlacionado con el éxito de la producción de azúcar. Entre la década de 1720 y 1788, la población esclavizada en las cinco principales parroquias productoras de azúcar aumentó más de seis veces.21 Esta expansión fue impulsada por el aumento de la producción de azúcar y las altas ganancias que obtenían los hacendados y comerciantes, sobre todo en zonas recién colonizadas como la costa noroeste, y el número de personas africanas esclavizadas transportadas a Jamaica alcanzó su punto máximo en los prósperos primeros años de la década de 1790.

Los debates posteriores en torno a la tesis de Eric Williams a menudo redujeron su argumento más amplio a una pregunta específica: si la riqueza obtenida mediante el comercio de personas esclavizadas y el sistema de plantación se reinvirtió en las fábricas de algodón de Lancashire y otras industrias centrales de la Revolución Industrial.

Incluso cuando los estudiosos reconocen el sustancial crecimiento de la producción de las economías de plantación, a menudo se contrasta con argumentos según los cuales los sistemas basados en el trabajo esclavo experimentaron mejoras de productividad escasas o nulas a largo plazo, que la esclavitud y la agricultura de plantación tenían perspectivas de futuro sombrías, y que la decisión de Gran Bretaña de poner fin a la trata de personas esclavizadas se debió a la recesión económica de la industria azucarera.22 El impulso detrás de este argumento parece ser una necesidad ideológica de demostrar que el capitalismo con trabajo asalariado “libre” es una forma de producción más eficiente que la esclavitud. Según esta lógica, hay que refutar la idea de que la esclavitud de plantación funcionaba conforme a una economía capitalista “sólida”, con las personas esclavizadas tratadas como máquinas.

Findlay se apoya en la tesis de Williams al citar al historiador económico Stanley Engerman, quien calculó que, en 1770, cerca del 40% del capital utilizado para la expansión comercial e industrial de Gran Bretaña provenía de las ganancias de la trata de personas esclavizadas (Findlay, 1990: 25). Las ganancias combinadas del comercio de personas esclavizadas y del azúcar constituían hasta el 5% del ingreso nacional británico. Sin embargo, esta cifra subestima enormemente el total de ganancias que Gran Bretaña usurpó a partir de la trata de personas esclavizadas y del comercio de azúcar. A ello hay que sumar las ganancias del refinado del azúcar y de su reexportación desde Gran Bretaña al mercado mundial. Otra forma de evaluar los rendimientos es comparar las ganancias en las plantaciones azucareras con las de la metrópoli. Las inversiones en las colonias eran de cuatro a siete veces más rentables que las de Inglaterra (Bosma, 2023: 69).

En un estudio reciente sobre la importancia de la esclavitud y la agricultura de plantación para la economía británica, Klas Rönnbäck calcula el valor agregado total generado por la producción y el comercio de azúcar de Gran Bretaña. Este enfoque de valor agregado capta el excedente apropiado en cada etapa de la cadena de valor del azúcar, desde su cultivo en las plantaciones caribeñas hasta el refinado, la reexportación y la venta final del azúcar en Gran Bretaña. Sobre esta base, Rönnbäck estima que el valor agregado total a la economía británica aumentó drásticamente de 500.000 libras23 durante la primera década del siglo XVIII a 5.500.000 libras un siglo después. El valor de este comercio también dependía de lo que los economistas llaman “bienes intermedios”: en este caso, las personas africanas esclavizadas transportadas desde África hasta el Caribe y tratadas como insumos en la producción de azúcar.

El enfoque de Rönnbäck muestra que el excedente apropiado por los hacendados jamaicanos que poseían personas esclavizadas pasó del 40% de los costos de subsistencia en 1750 al 100% en 1790, lo que significa que, para el final de este período, el excedente que extraían equivalía a lo que gastaban en la subsistencia de las personas esclavizadas. Al observar las tendencias de los precios de las distintas calidades de azúcar durante el mismo período, Rönnbäck muestra también que había una diferencia de cuatro veces entre el precio del azúcar mascabado en Jamaica y el del azúcar refinado en Inglaterra, completamente desproporcionada respecto del costo de transporte y refinado. Esto indica que el diferencial de precios era muy probablemente consecuencia de una forma de precios de transferencia, es decir, la fijación de precios internos para desplazar ganancias entre las colonias e Inglaterra. En pocas palabras, había un enorme margen sobre el azúcar refinado, lo que permitía a los refinadores británicos retener las ganancias de la producción de azúcar en Gran Bretaña. Esto se aprecia en los altos aranceles de importación sobre el azúcar terminado, que afectaban las importaciones de azúcar de la India a Gran Bretaña, y en los bajos aranceles de importación sobre el azúcar en bruto de las plantaciones, que desincentivaban el refinado en las colonias.

Findlay también ha demostrado que las innovaciones en las técnicas de producción y la tecnología aumentaron considerablemente la producción en las plantaciones (1990). Entre ellas se cuentan el desarrollo de nuevas variedades de caña de azúcar con mayores rendimientos, como la variedad Otaheite, introducida desde las islas del Pacífico (como Tahití) a fines del siglo XVIII, junto con avances en la tecnología de molienda, una mejor gestión del agua y una tendencia creciente hacia la especialización agrícola. En algunas partes del Caribe, las colonias azucareras se orientaron cada vez más hacia el monocultivo, y dependían de alimentos importados en lugar de cultivarlos localmente. En general, la infraestructura también mejoró en muchas de las colonias que dependían del trabajo esclavo, lo que facilitó y agilizó el traslado de los bienes de exportación a los puertos. Estas mejoras también favorecieron el desarrollo de sistemas financieros que ampliaron el acceso al crédito para los propietarios de plantaciones. Así, muchas de las características asociadas a la expansión capitalista y al aumento de la productividad ya estaban presentes en el sistema de plantación azucarera basado en la esclavitud.

Estos aumentos de productividad se tradujeron en altos rendimientos no solo para los hacendados, sino también para Gran Bretaña. De 1713 a 1775, los ingresos brutos de los hacendados caribeños por las exportaciones de azúcar a Gran Bretaña aumentaron en un factor de 3,2, impulsados por la creciente demanda de azúcar en Inglaterra y por la rentable reexportación de azúcar refinado a otras partes del mundo, lo que dio al azúcar del Caribe un mercado enorme (Richardson, 1987: 747). Para 1774, el azúcar en bruto representaba una quinta parte de todas las importaciones británicas, superando por amplio margen a todos los demás bienes importados. En el mismo período, la producción de azúcar en las Américas pasó de aproximadamente 50.000 toneladas en 1700 a alrededor de 200.000 toneladas hacia el final de la Revolución estadounidense. Entre 1700 y 1800, las importaciones británicas de azúcar aumentaron siete veces, de 430.000 quintales (unas 21.845 toneladas métricas) a 3 millones de quintales (unas 152.407 toneladas métricas), lo que ayudó a convertir a Gran Bretaña en un centro importante, si no el centro, del comercio mundial de azúcar (Morgan, 1993: 184-185).

La trata de personas esclavizadas y el auge de la construcción naval en Gran Bretaña

La mayor parte del azúcar importado a Gran Bretaña provenía de plantaciones caribeñas en las que trabajaban personas esclavizadas. A medida que estas plantaciones se expandieron considerablemente entre los siglos XVII y XIX, requirieron un número creciente de personas esclavizadas. Portugal y Gran Bretaña concentraron cerca del 70% de todas las personas africanas esclavizadas transportadas a las Américas. Entre 1640 y 1807, los barcos británicos transportaron por la fuerza a unos 3,1 millones de personas de África, de las cuales alrededor de 2,7 millones sobrevivieron a la travesía atlántica y fueron llevadas a las colonias británicas del Caribe, América del Norte, América del Sur y otros lugares (The National Archives, s/f). Los principales centros del comercio de personas esclavizadas en Gran Bretaña eran Glasgow, Bristol, Manchester y Londres. Todas estas ciudades eran también importantes centros de construcción naval, ya que la demanda de barcos para transportar personas esclavizadas fue la principal fuerza motriz de la industria naviera de Gran Bretaña.

Una dimensión importante en cuanto a la naturaleza lucrativa y fundamentalmente capitalista del comercio de personas esclavizadas, y del sistema de producción bajo la esclavitud, es lo que los economistas denominan los mercados internos de personas esclavizadas. Es decir, el comercio interno de personas esclavizadas dentro de las colonias o dentro de las Américas. Al igual que la exportación y la reexportación de azúcar, este comercio se organizaba en etapas diferenciadas, cada una moldeada por cálculos de ganancia. Los puertos marítimos no solo eran importantes como destinos de las personas esclavizadas, sino también como centros comerciales donde estas se compraban, vendían y revendían como cualquier otra mercancía. Así, la rentabilidad del sistema de trabajo esclavo provenía no solo de la producción de las plantaciones, sino también de estas transacciones sucesivas de personas esclavizadas.

Kingston, en Jamaica, es un caso ilustrativo. El comercio de personas esclavizadas transformó la ciudad de un simple puerto en un centro neurálgico de “procesamiento”, donde las personas cautivas se desembarcaban inicialmente para luego ser vendidas y distribuidas por toda la isla. Se entendía ampliamente que, para los comerciantes británicos que buscaban fortuna en ultramar, intercambiar mercancías por personas africanas esclavizadas y, después, venderlas en las Américas ofrecía mejores perspectivas financieras que las inversiones más seguras en su país. Con base en un precio medio estimado de 30 libras por persona esclavizada durante el siglo XVIII, el valor total de la población esclavizada podría haber alcanzado casi 25 millones de libras, una cantidad que coincidía estrechamente con la riqueza total registrada de Jamaica en 1774 (Burnard y Morgan, 2001: 209). Una dinámica similar existía en las plantaciones de algodón de los Estados Unidos. Como muestran los datos bancarios, el valor de la plantación se fijaba según el número de personas esclavizadas que trabajaban en ella. Los dueños de las plantaciones obtenían préstamos y capital de los bancos ofreciendo a las personas esclavizadas como garantía.

Para reducir la posibilidad de un desastre financiero una vez desembarcadas las personas africanas esclavizadas, los comerciantes británicos empleaban a los llamados “factores” (agentes mercantiles que gestionaban la venta y distribución de las personas esclavizadas). Uno de esos factores en la Jamaica del siglo XVIII fue Thomas Hibbert, cuya familia era prominente en la industria del algodón. Llegó a Kingston, Jamaica, en 1734, estableció un negocio especializado en la venta de personas esclavizadas y más tarde cofundó la firma comercial de las Indias Occidentales Hibbert, Purrier and Horton, con sede en Londres. Entre 1764 y 1774, la operación de Hibbert gestionó la carga de 61 barcos y participó en la venta de 16.254 personas africanas esclavizadas (Burnard y Morgan, 2001: 213).

En el Caribe, los factores radicados en las ciudades portuarias no solo comerciaban con personas esclavizadas como mercancías. También las compraban y retenían, las evaluaban y clasificaban, gestionaban el “acondicionamiento”, el proceso de restablecer su salud tras la brutal travesía oceánica, y organizaban su venta y reventa para maximizar su precio. El factoraje era un negocio especializado y arriesgado, porque las ganancias dependían de sincronizar las ventas con la demanda de los hacendados, de conceder y cobrar crédito, y de gestionar la enfermedad y la muerte en cautiverio, todo ello conservando bajos los costos de manutención.

Las economías de escala hacían que buena parte del comercio de personas esclavizadas se concentrara en relativamente pocas manos y estuviera dominada por un pequeño número de casas mercantiles. Entre el 28 de septiembre de 1751 y el 27 de mayo de 1752, 31 barcos que transportaban personas esclavizadas llegaron a Jamaica con 7.123 personas africanas esclavizadas que habían sobrevivido a la travesía atlántica. Estos cautivos fueron entregados a 9 firmas de factoraje, pero su comercio de venta estaba muy concentrado: 3 firmas gestionaron el 83% de esas llegadas (Burnard y Morgan, 2001: 212). Los factores estaban ansiosos por vender a las personas esclavizadas con rapidez y al precio más alto posible, ya que las demoras significaban mayores gastos de alimentación y mantenimiento. Por ello, procuraban sincronizar las ventas con los períodos de fuerte interés de los compradores y con los momentos en que se podía asegurar el pago completo sin demora. El momento más favorable para vender personas esclavizadas solía ser al comienzo de la zafra y a lo largo de esta, cuando la demanda de los hacendados era mayor.

Como otras mercancías, el comercio de personas esclavizadas incluía una dimensión minorista, con lotes o patios mercantiles que operaban en paralelo con las ventas al por mayor realizadas directamente desde los barcos. Entre su llegada y su puesta a trabajar, la mayoría de las personas esclavizadas pasaban un tiempo en las ciudades portuarias como propiedad de comerciantes (los factores del comercio de personas esclavizadas), que las aclimataban a la esclavitud y a las islas específicas a las que habían sido llevadas. El comprador inicial también era responsable de tratar a las personas enfermas con el fin de revenderlas con ganancia. El desplazamiento de las personas africanas esclavizadas, desde el desembarco en los puertos hasta los patios de retención en las ciudades y, con el tiempo, hacia los pueblos o las plantaciones, intensificaba su sufrimiento, sobre todo por la frecuente y a menudo irreversible separación de los miembros de la familia.

A lo largo de los siglos XVII y XVIII, el mercado de personas esclavizadas cambió de varias maneras: una proporción creciente de personas cautivas se vendía a través de asociaciones mercantiles en lugar de directamente por los capitanes de los barcos. Las personas esclavizadas eran retenidas frecuentemente durante períodos más largos en las ciudades portuarias o en los patios de factoraje antes de ser vendidas. Las ventas se alejaron cada vez más del antiguo sistema de scramble24, un método brutal en el que los compradores se abalanzaban para reclamar a las personas esclavizadas a precios preestablecidos, hacia transacciones más negociadas (Radburn, 2015: 243-286). Hacia finales del siglo XVIII, como señalan Trevor Burnard y Kenneth Morgan:

Las personas esclavizadas no se vendían ni por subasta ni por scramble, sino mediante cuidadosas negociaciones entre compradores astutos, experimentados y bien informados, y vendedores bien enterados que evaluaban con detenimiento los riesgos que debían asumir para obtener las ganancias que los habían impulsado a entrar en el negocio. El mercado de personas esclavizadas era competitivo, complejo y sofisticado: una institución muy moderna que se ocupaba de un comercio antiquísimo y particularmente siniestro (2001: 224).

A medida que la demanda de personas esclavizadas se expandió por el mundo atlántico, los precios subieron considerablemente. Tanto los factores como los Estados de África implicados en la exportación de personas esclavizadas fijaban los precios en respuesta a la demanda siempre creciente. El precio de las personas esclavizadas se cotizaba frente a las mercancías exportadas a África, entre ellas armas, pólvora y textiles de algodón de la India. Eltis y Jennings mostraron que, entre 1701 y 1750, el valor de los términos de intercambio brutos de Gran Bretaña con África —que miden el valor relativo de las exportaciones británicas a África frente a las exportaciones africanas a Gran Bretaña— aumentó de un índice base de 100 a 112, antes de caer abruptamente a 40 en 1800. Según Eltis y Jennings, mientras a comienzos del siglo XVIII una sola persona esclavizada podía intercambiarse por apenas dos mosquetes, hacia finales de siglo esa cifra había ascendido a al menos 15 (1988: 936-959). Estas cifras sugieren que las ganancias compensaban con creces el aumento de los precios de las personas esclavizadas.

Esta misma lógica aparece también en la obra de Ronald Findlay. Sostiene que las armas de fuego, una importación clave en África en este período, podrían considerarse un “insumo” en la “producción” de personas esclavizadas, es decir, el intercambio de personas esclavizadas por armas de fuego estaba moldeado por cálculos económicos rigurosos (1990). A medida que los Estados de África comenzaron a enfrentar deseconomías de escala (el acceso decreciente a cautivos debido a la brutalidad implicada en las incursiones para capturar personas esclavizadas y a la destrucción de las sociedades que atacaban), el precio de las personas esclavizadas subió. Para quienes las suministraban, la creciente demanda de personas esclavizadas generaba precios más altos y mayores ganancias, a pesar de la brutalidad de su captura. El punto que se quiere subrayar aquí es que el mercado de personas esclavizadas, tanto en el lado de la demanda como en el de la oferta, se caracterizaba por claros cálculos económicos capitalistas. Por tanto, el comercio de personas esclavizadas solo puede describirse como “primitivo” en su brutalidad, dada la “sofisticación” de su economía.

Colonialismo, trata, azúcar y sistema financiero

Como hemos discutido, el auge del capitalismo moderno está intrínsecamente ligado a las economías de plantación basadas en el trabajo esclavo, y las plantaciones azucareras figuran entre las más importantes por su impacto en la economía mundial. En las secciones anteriores, discutimos la naturaleza de la economía azucarera que surgió en el Nuevo Mundo. Aquí nos centraremos en las dinámicas globales más amplias del ascenso de Europa occidental y su surgimiento como motor del capitalismo mundial.

Se han propuesto muchas teorías para explicar este ascenso de Occidente y el declive del resto. La mayoría de los teóricos eurocéntricos han sostenido que el capitalismo como sistema-mundo comenzó en Europa occidental y que su integración de la ciencia en la producción fue la fuerza dinámica que le permitió conquistar el mundo. Dentro de la tradición marxista, la teoría de los sistemas-mundo de Immanuel Wallerstein y la teoría de la dependencia de Andre Gunder Frank han sido influyentes, aunque ambas se apartan de los enfoques marxistas que subrayan la centralidad del Estado en el desarrollo del capitalismo, incluida su fase imperial.

En este estudio no nos centramos directamente en ese debate. Más bien, subrayamos que la configuración actual del poder y el surgimiento del capitalismo moderno se remontan al menos a unos 500 años atrás. Tres puntos son centrales aquí:

  1. El auge del capital mercantil, el poderío naval, las armas y la pólvora solo importa en relación con el poder estatal y su uso en el comercio y la expansión colonial.
  2. Los encuentros entre el núcleo de Europa occidental y los otros tres continentes (las Américas, África y Asia) fueron profundamente distintos, sobre todo entre 1500 y 1800, cuando un puñado de países de Europa occidental emergió como las principales potencias imperiales. En las Américas, este encuentro fue primordialmente genocida: se destruyeron civilizaciones y estructuras sociales enteras. Las Américas también suministraron la plata, en particular de Bolivia y México, que financió el comercio de Europa occidental con Asia, especialmente con la India y China, las mayores economías de Asia en aquel momento.
  3. La trata de personas esclavizadas procedentes del África subsahariana proporcionó a las potencias imperiales occidentales no solo mano de obra para las colonias, sino también una “mercancía” que contribuyó al auge del capital en Gran Bretaña, los Países Bajos y Francia. Las personas esclavizadas eran llevadas a las Américas y el Caribe para producir cultivos de plantación, de los cuales el azúcar era a la vez el más importante y la primera mercancía mundial. Si añadimos la plata como una forma de dinero-mercancía, entonces el papel del trabajo esclavo en las minas de plata y las plantaciones de las Américas convierte la trata de personas esclavizadas en un pilar central del auge del capitalismo moderno.

El surgimiento de un sistema financiero capitalista fue intrínseco a la trata de personas esclavizadas, a sus vínculos con las potencias coloniales emergentes y al auge del azúcar como mercancía mundial. Un instrumento que vinculó la trata de personas esclavizadas con el crecimiento del sistema financiero fue el asiento, una licencia de la Corona española que autorizaba a los comerciantes a participar en la venta de personas africanas esclavizadas a las colonias españolas. Emitido por primera vez en 1513, el asiento se concedió, hasta 1595, a un individuo o grupo de cualquier nacionalidad un contrato para importar un número determinado de personas esclavizadas a cambio del pago de una regalía. Para España, los principales destinos de las personas esclavizadas eran inicialmente las minas de plata de Bolivia y México. Los asientos se otorgaron más tarde a sociedades anónimas extranjeras: primero a empresas portuguesas; luego, en 1685, a las holandesas; en 1702, a las francesas; y de 1713 a 1739, a la Compañía Británica de los Mares del Sur. Esta se asoció con la Real Compañía Africana, propiedad de la Corona británica. La obtención del asiento permitió a Gran Bretaña dominar la trata de personas esclavizadas desde la década de 1740 en adelante (Newman, 2026).

El asiento fue uno de los elementos para el ascenso de una moneda de reserva mundial. España también introdujo una moneda común llamada real de a ocho a mediados del siglo XVI. Conocida también como peso de ocho o dólar de plata español, esta moneda era esencialmente dinero-mercancía y llegó a aceptarse en transacciones comerciales en toda Asia, las Américas y buena parte de Europa. El comercio internacional entre los siglos XV y XVIII se realizaba en gran medida en plata, lo que hacía que el dólar español fuera demandado en todo el mundo. A través del sistema del asiento, la Corona española ayudó a organizar el suministro de trabajo esclavo a sus colonias americanas, sobre todo a las zonas mineras de plata como las de Potosí, en Bolivia. La plata extraída allí se acuñaba luego en reales de a ocho, que se convirtieron en un medio de intercambio internacional ampliamente aceptado. Fue la plata española la que expandió significativamente el mercado mundial de mercancías. España usó esta plata para comerciar con China a través de la ruta de los galeones de Manila, la ruta comercial transpacífica que unía Acapulco, en la América española, con Manila, en las Filipinas españolas, así como a través de otros países europeos que comerciaban con Asia occidental y meridional. Como escriben Dennis O. Flynn y Arturo Giráldez: “El producto individual más responsable del nacimiento del comercio mundial fue la plata” que sustentó el comercio mundial de mercancías y permitió a Europa, y a España en particular, acceder a los mercados de China, las Indias Orientales y la India (Flynn y Giráldez, 2010).

La plata extraída de la América española, especialmente de México y Potosí (Bolivia),  representó el 80% del suministro mundial de plata entre 1494 y 1850. El dólar de plata español era principalmente dinero-mercancía, con un valor equivalente a su peso en plata. La libra esterlina británica y el dólar estadounidense eran, y son, principalmente monedas de reserva más que dinero-mercancía. Dado que el costo de producir plata era bajo en comparación con su valor de mercado, y que había depósitos de plata muy grandes en Potosí, la plata española funcionaba del mismo modo en que lo harían después la libra británica o el dólar estadounidense (Quinn y Roberds, 2016: 63-103).

China tenía una fuerte demanda de plata, que recibía en grandes cantidades al exportar seda y té a los países europeos. Al mismo tiempo, China importaba textiles de algodón de la India, que financiaba con la plata que fluía desde Europa. Tras la victoria británica en la Batalla de Plassey en 1757, Gran Bretaña ya no tuvo que enviar plata a la India para pagar los textiles importados. En cambio, financió esos bienes con los impuestos sobre la tierra recaudados de los campesinos indios, lo que invirtió efectivamente el anterior flujo de plata de Gran Bretaña a la India. Sin embargo, el déficit de Gran Bretaña con China continuó, ya que sus cuantiosas importaciones de bienes chinos seguían pagándose con plata. Ese flujo solo se invirtió más tarde, cuando Gran Bretaña comenzó a vender a los chinos opio cultivado por la fuerza en la India, un comercio también impulsado a punta de fusil durante las guerras del Opio de 1839 a 1860.

Al dejar España de dominar la trata atlántica de personas esclavizadas, el florín holandés se convirtió en la moneda de reserva del mundo atlántico en el siglo XVII.25 El casi monopolio de Ámsterdam sobre el refinado de azúcar en Europa, primero con azúcar de Brasil y más tarde con azúcar del Saint-Domingue francés (el actual Haití) y su papel central en la trata transatlántica de personas esclavizadas –con hasta el 20% de la trata de personas esclavizadas hacia las Américas y el Caribe– se consolidaron después de que los holandeses aseguraran el asiento en 1675, con Elmina, en la actual Ghana, como un centro importante. En otras palabras, el florín holandés ascendió a esta posición porque los Países Bajos controlaban una parte importante del comercio mundial de dos grandes mercancías: las personas esclavizadas y el azúcar, y las islas azucareras del Caribe y Brasil las que impulsaban la demanda de ambas mercancías.

Más tarde, la Real Compañía Africana y Gran Bretaña les arrebataron a los holandeses la trata de personas esclavizadas en el Atlántico y se convirtieron en los principales proveedores de azúcar. Con la expansión de las plantaciones de azúcar del Caribe británico y la creciente participación de Gran Bretaña en la trata de personas esclavizadas, la libra esterlina británica emergió como la moneda de reserva mundial y Londres se convirtió en el principal centro financiero del mundo.

Los orígenes del sistema financiero mundial residieron no solo en el azúcar y la esclavitud, sino también en la manera en que el asiento vinculó la trata de personas esclavizadas con la extracción de plata y el comercio asiático. Los asientos expandieron la trata de personas esclavizadas y el suministro de plata española al mercado mundial, y crearon un sistema financiero mundial que entrelazó la trata de personas esclavizadas en África, la extracción de plata en las Américas y el comercio con Asia, en particular con China, la India y el Sudeste Asiático.

Hemos considerado algunas de las implicaciones para el comercio mundial de los dos grandes “mercancías” que llegaron a definir el naciente mercado mundial desde el siglo XVI en adelante: las personas esclavizadas y el azúcar. Este período también vio un gran aumento de la circulación de oro y plata, extraídos en las Américas bajo el dominio español. Fue la sed de oro y plata la que impulsó el imperio de España en las Américas. No nos hemos centrado en el genocidio cometido por los españoles y otros países europeos, ni en su destrucción de los sistemas de producción existentes, ya que esa historia exige un tratamiento más detallado del que es posible aquí. En cambio, nos hemos centrado en el impacto de la trata de personas esclavizadas, el azúcar y el surgimiento de las monedas de reserva: el florín holandés en los siglos XVII y XVIII, seguido de la libra esterlina británica. Estos desarrollos fueron anteriores a la Revolución Industrial y muestran la vacuidad de la tesis de que fue el liderazgo de Occidente en la Revolución Industrial lo que creó su hegemonía sobre el mundo. Examinar un arco más largo de la historia muestra que el ascenso de Occidente se basó, en realidad, en el genocidio, la esclavitud y el saqueo colonial. El sistema financiero moderno debe entenderse como inseparable del genocidio en las Américas, la trata de personas esclavizadas y el sistema de plantación construido sobre el trabajo esclavo por las grandes potencias europeas.

Notas

1 En este estudio empleamos el término persona (s) esclavizada (s) en lugar de esclavo/a. Este último puede leerse como una identidad fija y, así, normalizar una condición impuesta mediante la violencia, ocultando la captura, la mercantilización y la deshumanización de millones de personas africanas sometidas a trabajo forzado para construir la riqueza de los imperios europeos. El primero, en cambio, conlleva la comprensión de que la esclavitud no definía a las personas esclavizadas, sino que era una condición de su sometimiento. Describe lo que se les hizo a las personas y, de ese modo, restituye su humanidad y pone de relieve las estructuras de colonialismo, racismo y capitalismo que produjeron esas condiciones. El lenguaje no es neutral: o refuerza el poder o lo resiste.

2 En su Historia de las Indias (1561; publicada en 1875), Bartolomé de las Casas, un misionero que navegó con Colón en su tercer viaje, describe a Colón como un asesino y un violador. Subrahmanyam (1997) relata los actos de pillaje y matanza masiva de Vasco da Gama.

3 Para los fines de este estudio, definimos la esclavitud en sentido estricto como propiedad enajenable. Otras formas de trabajo forzado, como los sistemas de encomienda y mita impuestos a las comunidades indígenas bajo el dominio colonial español, quedan fuera del alcance de esta discusión, aunque forman parte de una historia conexa de genocidio y trabajo coercitivo en las Américas (Reséndez, 2016).

4 Nuestros cálculos se basan en las cifras de población de A. M. Carr-Saunders, John D. Durand y Patrick Manning (1936; 1967: 136-159; 2014: 131-149)

5 Véanse, por ejemplo, Eric Williams, Sidney Mintz, David Richardson y David Eltis sobre el complejo de plantación del Caribe y su papel en el desarrollo capitalista de Gran Bretaña.

6 El salitre representaba el 75% de la composición de la pólvora, y el 75% del costo de la pólvora correspondía al salitre. La región de Bengala, en la India, era la mayor proveedora y productora de salitre de la más alta calidad, que constituía más del 90% del consumo europeo de salitre para producir pólvora destinada a la guerra y el comercio (East India Company, 1793 (1976); Whatley, 2018: 80-104)

7 Findlay cita datos de Eltis y Jennings que muestran que “los textiles constituían el 56% de las importaciones africanas en la década de 1780”, mientras que “las armas y la pólvora [representaban] el 8%, cifra que ascendió a casi el 15% hacia la década de 1820” (1990; 1988: 939-959; Kobayashi, 2019).

8 Existe una conocida anécdota sobre el rey Enrique III de Inglaterra, quien, en 1226, estaba dispuesto a pagar lo que hoy equivaldría a unos US$ 450 por tres libras de azúcar (Aronson y Budhos, 2017: 24).

9 Galloway comenta que la corvea era mucho más importante en Creta y Chipre que en los países musulmanes, donde la tierra dominical, es decir, la tierra poseída y trabajada directamente para el gobernante o el señor, era mucho más extensa (1977: 177-194).

10 Si bien en todos estos lugares se empleó trabajo servil y prestaciones de corvea en los cañaverales, no se empleó trabajo esclavo. Bosma escribe: “Solo en Santo Tomé, la isla deshabitada frente a la costa de África occidental, se utilizó trabajo africano esclavo en las plantaciones azucareras del siglo XVI de un modo comparable al de las Américas” (2023: 28-29). Por otra parte, Bosma menciona una rebelión del siglo IX, durante el califato abasí, de miles de personas africanas orientales esclavizadas que trabajaban en los cañaverales del delta del Éufrates. El caso abasí del siglo IX puede entenderse como una excepción que confirma la regla. Sugiere que la esclavitud de plantación era más difícil de estabilizar allí donde las personas esclavizadas tenían algún conocimiento de la geografía circundante, de posibles rutas de escape o de la cercanía de las comunidades de las que habían sido arrancadas. En cambio, el sistema de plantaciones del Atlántico intensificó el poder coercitivo de la esclavitud al transportar a las personas africanas esclavizadas a través del océano hacia las islas del Atlántico, el Caribe y las Américas, donde el terreno desconocido y la separación forzada de su hogar hacían mucho más difíciles la fuga y la revuelta sostenida.

11 La práctica de usar bagazo era habitual en Egipto durante el período mameluco (1250-1517), cuando los bosques habían menguado considerablemente y estaban protegidos por el Estado.

12 El término ingenio designa tanto el molino como las personas esclavizadas que trabajan en él.

13 Como escribió Bosma en The World of Sugar (página 53): “Hacia 1670, unos 400 pares de aspas movían los rodillos trituradores de Barbados, lo que permitía prescindir en gran medida de la extensa cría de ganado, para la cual la isla tenía poco espacio. Los molinos de viento sobrevivirían a la Revolución Industrial, que vio extenderse por todo el planeta los trituradores de caña impulsados por vapor. Todavía en vísperas de la Primera Guerra Mundial, 219 haciendas azucareras de Barbados seguían funcionando con energía eólica”.

14 Una ilustración de The Illustrated London News (9 de junio de 1849, vol. 14, p. 388) muestra a mujeres y hombres introduciendo caña en un molino de azúcar de rodillos verticales, con un cuchillo cañero o machete en primer plano (Aronson y Budhos, 2017: 388).

15 Sobre cómo el azúcar blanco se convirtió en un símbolo aglutinador de la política de la “Australia Blanca”, véase Stefanie Affeldt (2014).

16 El molino horizontal de dos rodillos surgió en el oeste de la India en los siglos XIII y XIV. Se ha sugerido que los portugueses introdujeron esta tecnología, cuya capacidad de molienda era el doble que la del antiguo molino trappeto, en el “Nuevo Mundo”, pero Bosma considera más probable que llegara al Caribe por una ruta indirecta, desde el oeste de la India hasta Madeira y de allí, vía las Canarias, hasta La Española (Bosma, 2023:45).

17 N. de la t. Esa labor se denominaba factoría o factoraje en español.

18 Las colonias americanas, por ejemplo, estaban obligadas a vender ciertos productos, “enumerados” por ley, solo a comerciantes británicos. Entre estos productos estaban el azúcar, el tabaco, el algodón y el índigo. Había algunos productos que a los colonos no se les permitía comerciar ni siquiera entre ellos o con regiones vecinas. Para una breve ilustración de las restricciones coloniales en el otro extremo del mundo véase Mukherjee, 2010: 73-82.

19 Las estimaciones de las poblaciones esclavizadas y de las importaciones de personas esclavizadas se combinan con los precios a los que se vendían las personas esclavizadas para estimar los cambios en la demanda de trabajo esclavo y la variación de la productividad total de los factores en la agricultura de trabajo esclavo, para todo el Caribe, a partir de 1674 (Eltis et al., 2005: 676).

20 Al analizar el aumento de la productividad en las plantaciones de algodón del Sur anterior a la Guerra Civil, Edward E. Baptist señala que incrementos similares en dichas plantaciones se basaron casi por completo en una explotación más intensa de la mano de obra esclava (2014).

21 Entre 1734 y 1788, la población esclavizada aumentó un 206% en aquellas parroquias en las que el 65% o más de todas las personas esclavizadas se empleaban en la producción de azúcar, frente al 46% en los interiores de Kingston y St. Jago de la Vega, donde la producción de azúcar era relativamente poco importante, (Ryden, 2001: 504-507).

22 Un argumento al estilo de Adam Smith que hoy en día muy pocos defenderían.

23 Todos los valores monetarios están en libras esterlinas, salvo indicación en contrario.

24 N. de la t. Scramble quiere decir rebatiña, revuelo, disputa.

25 A diferencia de las otras dos monedas de reserva que surgieron más tarde, la libra esterlina británica y el dólar estadounidense, el florín no estaba respaldado por el Estado holandés, sino por el Banco de Ámsterdam. Como Ámsterdam era el principal centro comercial de Europa occidental, se lo reconocía dentro de las potencias emergentes de Europa occidental como una moneda de reserva, aunque los comerciantes del resto del mundo solo aceptaban oro o plata.

Referencias bibliográficas

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9. Resumen de la guerra en Irán, 26 de agosto.

El seguimiento en directo de Middle East Eye.

https://www.middleeasteye.net/live/live-us-and-iran-confirm-peace-accord-signing-set-friday-geneva

En directo: Hegseth afirma que la acción militar sigue siendo posible en la guerra de EE. UU. e Israel contra Irán

Mientras tanto, las fuerzas israelíes derriban viviendas en el sur del Líbano

Puntos clave

EE. UU. califica a «Palestine Action» como organización terrorista

El primer ministro de Catar visitará Teherán para debatir la distensión

Un buque de guerra iraní se enfrenta a una embarcación que intentaba atravesar el estrecho de Ormuz

Actualizaciones en directo

¿Podrá sobrevivir la alianza de Israel con Grecia ante la creciente oposición pública?

Hace 2 minutos

El exagente de la CIA John Kiriakou explica a MEE que Grecia considera a Israel un socio estratégico clave frente a Turquía, pero que la indignación por la situación en Gaza, las ventas de armas y el aumento de los alquileres —del que se culpa a los compradores inmobiliarios israelíes— está convirtiendo esta relación en un lastre a nivel nacional.

Las fuerzas israelíes realizan una redada en una vivienda de Quneitra, en Siria

Hace 17 minutos

Según informan los medios locales, las fuerzas israelíes irrumpieron en una vivienda de la provincia de Quneitra, en el suroeste de Siria.

Según la cadena de televisión Alikhbariah, las tropas avanzaron el miércoles hacia Taranja, en el norte de Quneitra. A continuación, procedieron a registrar y asaltar una vivienda en la localidad, sin que se hayan facilitado más detalles sobre la incursión.

La presidenta japonesa de la CPI afirma que «no se rendirá» a pesar de las sanciones de EE. UU.

Hace 24 minutos

La presidenta japonesa de la Corte Penal Internacional (CPI), Tomoko Akane, ha declarado que no cederá ante la presión de EE. UU.

La semana pasada, Washington anunció que impondría sanciones a Akane, así como al fiscal principal senegalés de la CPI, Abdoulaye Seye. Esta medida se produjo en el marco de la misión declarada por el presidente de EE. UU., Donald Trump, de desmantelar la CPI por investigar a funcionarios israelíes y, potencialmente, a funcionarios estadounidenses por crímenes de guerra.

Akane declaró el miércoles ante la prensa que las sanciones han provocado que se le haya bloqueado el acceso a su tarjeta de crédito, pero añadió que «aunque se añadan sanciones contra la propia CPI, no nos rendiremos».

«Un organismo permanente como la CPI nunca debe cerrar. No debemos permitir que se cierre. Nos resistiremos con todas nuestras fuerzas», afirmó.

Las declaraciones de Akane se producen un día después de que la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, defendiera la condena de su Gobierno a las sanciones estadounidenses calificándolas de «muy lamentables», y restara importancia a las críticas sobre una respuesta «débil».

«Como principal financiador de la CPI, debemos proteger a una organización tan importante», declaró Takaichi a los periodistas el martes, añadiendo que Japón «intervendrá cuando y donde sea necesario».

La última medida de Washington se produce tras las sanciones impuestas a varios funcionarios de la CPI, consideradas en gran medida como una respuesta a las investigaciones de la Corte sobre Israel por sus crímenes contra la humanidad y genocidio.

Akane también expresó su esperanza de que Japón, el principal financiador de la Corte, tome medidas ante la presión de EE. UU.

«Espero que Japón se ponga en contacto con los países miembros menos poderosos que podrían sucumbir a la presión de EE. UU. para abandonar [la CPI] y les anime a mantenerse unidos», afirmó.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán califica el plan económico de EE. UU. para aislar a Teherán de «pura parodia»

Hace 59 minutos

El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmaeil Baqaei, se burló del plan económico de EE. UU. para aislar a Teherán calificándolo de «pura parodia».

«La política de Washington hacia Irán ha llegado a ser una pura parodia», afirmó en una publicación en X.

«Recurre a Baréin —un país que prácticamente no mantiene intercambios económicos significativos con Irán— para demostrar que su “coalición” funciona», señaló, refiriéndose a una conversación telefónica anterior entre el secretario del Tesoro de EE. UU. y el ministro de Finanzas de Baréin.

Durante la llamada, Scott Bessent y el jeque Salman bin Khalifa Al Khalifa debatieron sobre las últimas sanciones contra Teherán.

«A continuación, “suspende” los intercambios deportivos y académicos iraníes que, en la práctica, llevaban años inactivos. Está sancionando a quienes ya están sancionados y llamando “coalición” a ese espacio vacío», añadió.

Noticia: Ataques con drones contra un grupo kurdo-iraní en la provincia de Erbil

Hace 2 horas

Dos drones atacaron instalaciones pertenecientes a partidos de la oposición kurda iraní en la provincia de Erbil, en la región kurda del norte de Irak, según informó Al Jazeera.

Se escuchó una explosión en la zona y se produjo un incendio en el lugar, señaló la cadena, citando fuentes locales.

Los ataques israelíes matan al menos a 100 palestinos en dos semanas

Hace 2 horas

Los ataques aéreos israelíes han causado la muerte de al menos 100 palestinos y han herido a más de 400 personas en Gaza desde el 12 de agosto, según Ramiz Alakbarov, coordinador especial en funciones de la ONU para el proceso de paz en Oriente Medio.

«La situación en Gaza sigue siendo grave a pesar de un alto el fuego que ya dura casi un año», declaró Alakbarov ante el Consejo de Seguridad de la ONU, durante una sesión sobre el aumento de las tensiones en Gaza y en la Cisjordania ocupada.

Los legisladores instan a Rubio a intervenir en el caso de un ciudadano estadounidense detenido por Israel

Hace 3 horas

Más de 40 legisladores estadounidenses han firmado una carta en la que instan al secretario de Estado, Marco Rubio, a intervenir en el caso de un ciudadano estadounidense que permanece recluido en una prisión israelí sin cargos desde junio.

Todos los firmantes son demócratas, pero proceden de ambas cámaras del Congreso.

Sama Safi, una estudiante de 20 años de la Universidad de Birzeit, en la Cisjordania ocupada, fue detenida junto con otras tres compañeras el 2 de junio.

Safi padece una «grave enfermedad crónica compleja [que] se ha deteriorado rápidamente tras haber estado sometida a condiciones de detención pésimas durante los meses transcurridos desde que soldados armados israelíes irrumpieron en el domicilio de su familia en la Cisjordania ocupada en plena noche y la separaron de su familia», reza la carta.

«Sus médicos han advertido de daños irreversibles y potencialmente mortales en sus órganos internos si su detención continúa».

Más información: Los parlamentarios instan a Rubio a intervenir en el caso de una ciudadana estadounidense detenida por Israel

Sama Safi, una estudiante estadounidense de la Universidad de Birzeit, en Cisjordania ocupada, aparece en una fotografía publicada en su perfil de Facebook el 22 de octubre de 2024.

Las fuerzas israelíes detienen a dos hermanos durante una redada en Nablus

Hace 3 horas

Las fuerzas israelíes detuvieron a los hermanos Bilal Bassam Ziada y Hamza Bassam Ziada durante una redada en la localidad de Madama, en la provincia de Nablus, en Cisjordania ocupada, según informó el Centro de Información Palestino.

Las detenciones se produjeron tras una campaña de redadas e interrogatorios sobre el terreno en la localidad.

Las fuerzas israelíes disparan e hieren a dos palestinos cerca de Jerusalén

Hace 3 horas

Las fuerzas israelíes dispararon e hirieron a dos palestinos durante una redada en Beit Anan, al noroeste de Jerusalén, el miércoles por la tarde, según informó la agencia de noticias Wafa.

Las fuerzas dispararon munición real y lanzaron botes de gas lacrimógeno tras entrar en la localidad, alcanzando a uno de los hombres en la rodilla con una bala real. Ambos fueron trasladados al hospital; según se ha informado, uno de ellos se encuentra en estado estable.

Las fuerzas israelíes realizan redadas en viviendas palestinas en toda la Cisjordania ocupada sin órdenes de registro casi a diario.

Los huzíes de Yemen lanzan misiles balísticos contra al-Markha

Hace 3 horas

Los huzíes de Yemen, alineados con Irán, lanzaron misiles balísticos contra el puerto de Mocha el miércoles, según informó una fuente del ejército yemení a Al Jazeera.

Al menos tres misiles impactaron en la zona portuaria, mientras que un cuarto cayó cerca del cruce de al-Barah. Al menos otros cinco misiles impactaron en la zona de al-Khawkhah, en la provincia de Hodeidah, en la costa occidental de Yemen.

La fuente indicó que los misiles fueron lanzados desde zonas controladas por los huzíes al este de Taiz.

Se considera que el regreso de los diplomáticos estadounidenses a Oriente Medio reduce el riesgo de que se reanude la guerra

Hace 4 horas

Según informan los medios de comunicación, la Administración Trump está comenzando a enviar de nuevo a diplomáticos estadounidenses a las embajadas y consulados de Oriente Medio que fueron reducidos o evacuados en medio de la guerra contra Irán.

Esta medida parece indicar que EE. UU. no prevé que se reanude el intenso conflicto bélico que provocó a principios de este año una retirada a gran escala de diplomáticos estadounidenses en toda la región.

El secretario de Estado, Marco Rubio, comunicó a sus homólogos extranjeros que «por el momento» EE. UU. no lanzaría nuevos ataques contra Irán, según informó Axios el martes, al tiempo que EE. UU. amenaza, en su lugar, con intensificar la presión económica sobre la República Islámica.

Más información: El regreso de los diplomáticos estadounidenses a Oriente Medio se considera una medida que reduce el riesgo de que se reanude la guerra

En la imagen, la sede de la embajada de EE. UU. en Riad, el 3 de marzo de 2026, tras haber sido alcanzada anteriormente por ataques con drones. Irán respondió con ataques contra objetivos industriales y diplomáticos en todo Oriente Medio el 3 de marzo, y Washington advirtió a sus ciudadanos que evacuaran toda la región (AFP)

Las fuerzas israelíes derriban viviendas en el sur del Líbano

Hace 4 horas

Las fuerzas israelíes continúan derribando viviendas e infraestructuras en Bani Haiyyan, un municipio del distrito de Marjayoun, en el sur del Líbano, según la Agencia Nacional de Noticias.

Mientras tanto, aviones israelíes han bombardeado zonas de Marjayoun, así como áreas en los alrededores de la ciudad de Tiro.

El primer ministro de Catar visitará Teherán para debatir la distensión

Hace 5 horas

El primer ministro de Catar, el jeque Mohammed bin Abdulrahman al-Thani, visitará Teherán este jueves, donde se reunirá con varios responsables iraníes para debatir formas de rebajar las tensiones, según declaró este miércoles en X el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Majed Al Ansari.

Irán afirma que las instalaciones nucleares siguen sin ser seguras para las inspecciones del OIEA

Hace 5 horas

Irán sigue en situación de guerra y no ha garantizado la seguridad de sus instalaciones nucleares para las inspecciones, declaró el miércoles el responsable de energía nuclear, Mohammad Eslami, a los medios estatales.

Eslami señaló que el Organismo Internacional de Energía Atómica no podría solicitar acceso hasta que estableciera un protocolo de inspección. Añadió que las amenazas del presidente de EE. UU., Donald Trump, de bombardear una supuesta instalación nuclear secreta iraní demostraban que las organizaciones internacionales actuaban como «peones» de Estados Unidos e Israel.

Irán afirma que las sanciones de EE. UU. no lograrán nada

Hace 6 horas

El presidente de Irán insistió este miércoles en que Estados Unidos no lograría nada con su nueva campaña de sanciones, después de que Washington presentara planes para hundir la economía del país.

A punto de cumplirse seis meses desde el inicio de su conflicto, ambas partes se encuentran en un punto muerto: Irán mantiene cerrado el estratégico estrecho de Ormuz y Washington persiste en su contra-bloqueo naval contra Irán.

«Estados Unidos no logrará nada con la presión económica en esta fase, al igual que no pudo lograr nada en la guerra», declaró el miércoles el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, según la agencia de noticias iraní ISNA.

«Nos mantendremos firmes frente a las presiones económicas, tal y como hemos hecho hasta ahora y seguiremos haciendo».

EE. UU. califica al grupo activista «Palestine Action» de «organización terrorista global especialmente designada»

Hace 6 horas

La Administración Trump ha calificado al grupo activista británico «Palestine Action» como «organización terrorista global especialmente designada» (SDGT), como parte de sus esfuerzos por perseguir lo que describió como «redes terroristas violentas de extrema izquierda».

La decisión del miércoles se produce un año después de que el Reino Unido prohibiera el grupo por causar daños en fábricas de armas gestionadas por Elbit Systems.

Elbit es un proveedor clave de armamento para el ejército israelí, que lleva casi tres años llevando a cabo lo que las Naciones Unidas y los estudiosos del Holocausto han calificado de genocidio en la Franja de Gaza.

Más información: EE. UU. designa al grupo activista «Palestine Action» como «organización terrorista global especialmente designada»

Manifestantes, con el rostro cubierto por temor a represalias, participan en la protesta «Rompan el asedio a Gaza» frente a la embajada israelí en Washington, D. C., el 9 de agosto de 2025 (Mandel Ngan/AFP)

Hegseth afirma que la acción militar sigue siendo posible en la guerra de EE. UU. e Israel contra Irán

Hace 7 horas

El secretario de Defensa de EE. UU., Pete Hegseth, afirma que no se han descartado las opciones militares en la guerra de EE. UU. e Israel contra Irán.

La declaración de Hegseth se produce después de que Washington impusiera esta semana sanciones «sin precedentes» a Irán.

En una entrevista en el canal de cable estadounidense Newsmax, Hegseth afirmó: «Sabemos que la presión económica es lo que más les perjudica en este momento, pero de ninguna manera descartamos el uso de ataques cinéticos en cualquier punto del estrecho de Ormuz».

La relatora especial de la ONU condena la designación de «Palestine Action» por parte de EE. UU.

Hace 7 horas

Francesca Albanese, relatora especial de las Naciones Unidas para los territorios palestinos ocupados, ha condenado las sanciones impuestas por EE. UU. al grupo «Palestine Action».

En una publicación en X, Albanese señaló que la designación de dicho grupo como organización terrorista va dirigida contra «aquellos que se atreven a exigir responsabilidades a un Estado acusado de crímenes [internacionales]».

«El objetivo es claro: atacar a unos pocos para silenciar a muchos», afirmó Albanese.

Un buque de guerra iraní se enfrenta a un barco que intentaba atravesar el estrecho de Ormuz

Hace 7 horas

Un gran buque de guerra iraní se ha enfrentado a un barco indio que intentaba atravesar la ruta sur del estrecho de Ormuz, según ha informado la agencia de noticias iraní Fars.

«Hace unos instantes, un petrolero indio llamado “HAANA” intentó atravesar la ruta sur del estrecho de Ormuz, conocida como el corredor de Omán, pero se vio disuadido tras recibir una advertencia», indicaba el informe.

«No se ha observado tráfico alguno en la ruta sur del estrecho de Ormuz en las últimas 24 horas», añadía.

Al menos cinco muertos en ataques israelíes contra Gaza en las últimas 24 horas

Hace 8 horas

Israel ha matado al menos a cinco personas en Gaza en nuevos ataques perpetrados en las últimas 24 horas, según el Ministerio de Sanidad palestino en Gaza.

Otras dos personas también han fallecido a causa de las heridas sufridas en ataques israelíes anteriores, añadió el ministerio.

Al menos 1.303 palestinos han perdido la vida en Gaza desde que comenzó el «alto el fuego» en octubre de 2025, lo que eleva a 73.438 el total de palestinos fallecidos desde el inicio del genocidio en octubre de 2023.

Un tribunal israelí absuelve a una colona judía que propinó una patada en la cabeza a una monja católica

Hace 8 horas

Un tribunal israelí ha absuelto a Yona Schreiber, una colona judía del asentamiento de Peduel, en la Cisjordania ocupada, por una agresión violenta a una monja católica francesa cerca de la Ciudad Vieja de Jerusalén a principios de este año.

El Tribunal de Primera Instancia de Jerusalén absolvió a Schreiber el miércoles alegando «enfermedad mental».

Tras la sentencia, el abogado de Schreiber, Idan Gamliel, calificó la agresión de «incidente desafortunado» y afirmó que la defensa había tomado «nota» de los «difíciles sentimientos» de la monja respecto a la agresión.

Schreiber agredió a la monja, de 48 años, en abril frente al Cenáculo del Monte Sión, un lugar considerado sagrado tanto por cristianos como por judíos.

La monja, investigadora de la Escuela Francesa de Estudios Bíblicos y Arqueológicos de Jerusalén, necesitó atención médica después de que Schreiber la empujara al suelo y le propinara patadas en la cabeza.

La agresión suscitó la condena internacional y se enmarca en una tendencia creciente de ataques perpetrados por extremistas judíos contra cristianos en la Jerusalén Oriental ocupada y en Cisjordania.

Más información: Un tribunal israelí absuelve a un colono judío que propinó una patada en la cabeza a una monja católica

La monja, de 48 años, fue agredida el 28 de abril de 2026 en la Jerusalén Este ocupada, lo que le provocó hematomas en el rostro (Imagen facilitada por la policía israelí)

Cientos de académicos y abogados instan a Burnham a levantar la prohibición de Palestine Action

Hace 9 horas

Más de 250 académicos y abogados han escrito al primer ministro británico, Andy Burnham, instándole a poner fin a la cooperación militar con Israel y a retirar la calificación de organización terrorista al grupo de acción directa Palestine Action.

La carta, fechada el 25 de agosto y a la que ha tenido acceso Middle East Eye, fue firmada por figuras destacadas, entre ellas el abogado Michael Mansfield, el historiador de Oxford Avi Shlaim, el cofundador de «Defend Our Juries» Tim Crosland y la académica de la Universidad de Exeter Laleh Khalili.

«A pesar de que Israel sigue cometiendo flagrantes crímenes de guerra, el Gobierno del Reino Unido continúa prestándole apoyo militar, económico y diplomático», reza la carta.

«En lugar de cambiar de rumbo y dejar de ayudar e incitar a Israel, el Ministerio del Interior del Reino Unido y su sistema judicial han optado por castigar a los activistas que se oponen a los crímenes de guerra, los crímenes contra la humanidad y el genocidio.

En lugar de poner fin al delito de Estado más atroz del siglo XXI, nuestro Gobierno ha optado por imponer restricciones cada vez más autoritarias a la protesta política en general y a la solidaridad con Palestina en particular».

La carta continúa diciendo: «Como juristas, profesionales del derecho e intelectuales públicos preocupados por cuestiones de ética, justicia y derecho, comprendemos la importancia histórica mundial de la Convención sobre el Genocidio de 1948, que obliga a los Estados a “prevenir y castigar el genocidio”.

Leer más: Cientos de académicos y abogados instan a Burnham a levantar la prohibición de Palestine Action

El primer ministro británico, Andy Burnham, interviene durante la reunión de la «Coalición de los Dispuestos», celebrada en Kiev el 24 de agosto de 2026 (AFP)

El responsable nuclear de Irán afirma que las instalaciones nucleares atacadas no son seguras para una inspección del OIEA

Hace 9 horas

El responsable nuclear de Irán, Mohammad Eslami, declaró el miércoles que el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) no podría inspeccionar las instalaciones nucleares del país que han sufrido ataques en los últimos meses hasta que se elabore un protocolo de inspección específico para dichas instalaciones y se garantice su seguridad, y añadió que Irán sigue en situación de guerra, según comentarios difundidos por la agencia de noticias iraní IRNA.

Eslami afirmó que las amenazas de Trump de bombardear la supuesta instalación nuclear secreta iraní demuestran que el OIEA es un peón de EE. UU. e Israel, y acusó a ambos países de presionar al OIEA para que lleve a cabo una inspección.

Estados Unidos califica a «Palestine Action» como organización terrorista

Hace 9 horas

Estados Unidos ha impuesto sanciones al grupo de acción directa «Palestine Action», calificándolo como «Terrorista Global Especialmente Designado», según un aviso publicado en la página web del Departamento del Tesoro.

Según el diario *The Telegraph*, funcionarios estadounidenses afirman que la promoción de «actos de terrorismo» por parte del grupo en las redes sociales anima a otros a adoptar tácticas de acción directa en el extranjero, incluso en Estados Unidos.

Este es el primer caso conocido en el que un grupo británico de izquierdas es objeto de sanciones antiterroristas por parte de EE. UU.

Las sanciones supondrán la congelación de los activos del grupo en EE. UU. y la prohibición a los estadounidenses de mantener relaciones comerciales con él.

Según el *Telegraph*, los ciudadanos británicos que financien al grupo o participen en protestas también podrían enfrentarse a sanciones, según el *Telegraph*.

El Gobierno del Reino Unido prohibió a «Palestine Action» como organización terrorista en julio de 2025.

Desde entonces, su cofundadora, Huda Ammori, ha luchado por revocar la decisión.

En junio de 2026, el Tribunal de Apelación anuló una sentencia del Tribunal Superior que consideraba ilegal la prohibición.

En julio, el Tribunal Supremo concedió a Ammori permiso para recurrir la decisión.

Desde que se aplicó la prohibición, unas 3.500 personas han sido detenidas por presuntamente apoyar al grupo.

Un ministro británico condena la «indignante» toma israelí del centro de formación de la UNRWA

Hace 10 horas

Stephen Doughty, ministro de Estado británico para Oriente Medio, el Norte de África, Afganistán y Pakistán, ha emitido un comunicado en el que condena como «indignante» la toma israelí del centro de formación de la UNRWA en Qalandiya, en la Jerusalén Oriental ocupada.

«Esta instalación de la ONU ha ofrecido educación y oportunidades a generaciones de refugiados palestinos», afirmó Doughty en una publicación en X.

El ministro instó a que «Israel cumpla con sus obligaciones y respete la inviolabilidad de las instalaciones de la ONU».

Las fuerzas israelíes irrumpieron y ocuparon el centro de la UNRWA el martes, y continuaron con la ocupación del edificio.

La Gobernación de Jerusalén informó de que equipos técnicos municipales israelíes habían entrado en el instituto y habían iniciado trabajos de «mantenimiento y renovación» en el interior de sus edificios, preparándolo para acoger a estudiantes israelíes.

La toma del edificio el martes fue condenada por la ONU, que afirmó que esta medida «socava la capacidad de las Naciones Unidas para cumplir su mandato».

Trump afirma que «no tiene prisa» por reanudar las negociaciones con Teherán

Hace 10 horas

El presidente de EE. UU., Donald Trump, ha declarado que «no tiene prisa» por reanudar las negociaciones con Teherán.

En una entrevista con Al Jazeera, Trump ha señalado que «no tiene un calendario concreto» en lo que respecta a alcanzar un acuerdo con Irán.

Además, ha comentado que las sanciones económicas contra el país están resultando tan eficaces como los ataques militares, y que «la economía de Irán se está desmoronando».

Añadió que Irán «está tratando muy mal a su pueblo; están matando a muchísimos manifestantes».

Un ataque israelí contra un campamento de desplazados en Gaza causa un muerto y una mujer embarazada herida

Hace 11 horas

Un ataque israelí contra un campamento de desplazados en Mawasi, Khan Younis, ha causado la muerte de al menos una persona y ha herido a varias más, según informa Al Jazeera, citando a una fuente del Hospital Nasser.

Por otra parte, un ataque israelí contra el campo de refugiados de Jabalia, en el norte de Gaza, ha herido a una mujer embarazada.

El acuerdo entre Irán y Omán sobre el estrecho de Ormuz aún no se ha ultimado: fuente iraní

Hace 11 horas

Irán y Omán siguen ultimando un acuerdo sobre el reparto del estrecho de Ormuz y sus ingresos, según informa Reuters, citando a una fuente iraní de alto rango.

Según la fuente, los países siguen trabajando en los detalles del acuerdo.

Esto se produce poco después de que los medios iraníes, citando a un portavoz del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), informaran de que ambos países habían «alcanzado resultados que han sido aceptados por ambas partes».

En declaraciones recogidas por la agencia de noticias Tasnim, el portavoz confirmó que: «Se han alcanzado acuerdos sobre la participación de cada país en las aguas del estrecho y sobre la participación de Irán y Omán en sus ingresos».

El presidente iraní afirma que EE. UU. «no conseguirá nada» con la presión económica

Hace 13 horas

El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, afirmó que EE. UU. «no conseguirá nada» con su nueva ronda de sanciones económicas.

«Con las medidas que han previsto los sectores económicos del Gobierno, Estados Unidos no logrará nada con la presión económica en esta fase, al igual que no pudo lograr nada durante la guerra», declaró Pezeshkian el miércoles, según la agencia de noticias ISNA.

Irán insta a Catar a aclarar la suerte de los pilotos iraníes desaparecidos

Hace 14 horas

Catar comunicó a Teherán que desconocía la suerte de los pilotos iraníes desaparecidos desde que sus aviones fueron derribados tras entrar en el espacio aéreo catarí.

Irán instó a Doha a intensificar los esfuerzos para determinar su situación, según los medios estatales.

Los pilotos fueron derribados sobre el espacio aéreo qatarí al inicio de la guerra entre EE. UU. e Israel en Irán.

Irán y Omán planean un corredor temporal en el estrecho de Ormuz

Hace 14 horas

Irán ha mantenido nuevas conversaciones con su vecino Omán sobre la gestión del estrecho de Ormuz, bloqueado durante casi seis meses de conflicto, y el ministro de Asuntos Exteriores de Omán se mostró esperanzado de que pronto se pueda anunciar un corredor temporal a través de esta vía navegable.

Irán y Omán afirmaron el martes que habían debatido «un corredor de navegación temporal conjunto» a través del estrecho y acordaron desminarlo.

«Tengo la esperanza de que pronto anunciemos un corredor temporal para el estrecho de Ormuz y medidas prácticas para restablecer la navegación segura», publicó el ministro de Asuntos Exteriores de Omán, Badr Albusaidi, en X tras las conversaciones con su homólogo iraní.

Información de Reuters

Israel ocupa por segundo día consecutivo un centro de la UNRWA en Jerusalén Este

Hace 14 horas

Israel ha seguido ocupando un centro de la UNRWA en Jerusalén Este por segundo día consecutivo; según el medio de comunicación local Wafa, los soldados izaron la bandera israelí en el exterior de las instalaciones.

La Gobernación de Jerusalén afirmó que equipos técnicos municipales israelíes habían entrado en el instituto y habían comenzado trabajos de «mantenimiento y renovación» en el interior de sus edificios, preparándolo para acoger a estudiantes israelíes.

La toma del edificio el martes fue condenada por la ONU, que afirmó que esta medida «socava la capacidad de las Naciones Unidas para cumplir su mandato».

Netanyahu tacha a Irán de «salvajes» con los que no se puede negociar

Hace 15 horas

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmó que no era posible alcanzar un acuerdo diplomático con los «salvajes» que gobiernan Irán, al tiempo que elogió la nueva campaña de presión económica del presidente de EE. UU., Donald Trump.

Al relatar una reciente reunión con Trump, Netanyahu señaló que habían debatido la posibilidad de entablar relaciones diplomáticas con la República Islámica y añadió: «Dudo, sin embargo, que se pueda alcanzar un acuerdo con ese grupo de allí, con esos salvajes».

«Se lo digo: no se puede llegar a un acuerdo», declaró Netanyahu el martes por la noche en un acto celebrado en un asentamiento israelí de la Cisjordania ocupada.

Información de la AFP

Informe: Los ataques iraníes causaron «daños sin precedentes» por valor de miles de millones a instalaciones de inteligencia estadounidenses en Oriente Medio

Hace 17 horas

Los ataques iraníes han causado «daños sin precedentes» a las instalaciones de inteligencia y al equipo de vigilancia de EE. UU. en toda la región, según un informe de NBC News que cita a cuatro fuentes.

Los ataques con misiles y drones dañaron edificios y equipos de recopilación de información utilizados por la CIA y otras agencias de espionaje estadounidenses, y se prevé que los costes de reparación y sustitución asciendan a miles de millones de dólares.

Según el informe, la magnitud de la destrucción infligida a las agencias de inteligencia estadounidenses es mayor que cualquier daño sufrido anteriormente.

El secretario del Tesoro de EE. UU. y el ministro de Hacienda de Baréin debaten las sanciones a Irán

Hace 18 horas

El secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, debatió en una llamada con el ministro de Hacienda de Baréin las últimas sanciones contra Teherán, haciendo hincapié en la «importancia de mantener una presión financiera sostenida sobre los últimos resortes económicos de Irán».

El Departamento del Tesoro de EE. UU. señaló en una publicación en X que Bessent subrayó ante el jeque Salman bin Khalifa Al Khalifa que no «se debe permitir que Teherán amenace el comercio internacional ni utilice el estrecho de Ormuz como arma de presión contra la economía mundial».

Bessent también valoró positivamente la «larga colaboración» con este país del Golfo y su compromiso constante con la «salvaguardia de la integridad del sistema financiero internacional».

«Ambos responsables coincidieron en la importancia de mantener la coordinación entre Estados Unidos, Baréin, los socios del CCG y la comunidad internacional en general para combatir las finanzas ilícitas y reforzar la seguridad económica», añadió el departamento.

Actualización matutina

Hace 18 horas

Buenos días, lectores de Middle East Eye,

A continuación les presentamos las últimas noticias de toda la región:

  • El presidente de EE. UU., Donald Trump, remitió al Congreso un acuerdo sobre la energía nuclear civil con Arabia Saudí, manteniendo su postura de que el pacto solo seguirá adelante si el reino se adhiere a los Acuerdos de Abraham y reconoce a Israel, según declaró el martes un funcionario estadounidense a Reuters.
  • El senador estadounidense Chris Van Hollen ha acusado a Trump de lucrarse con la guerra contra Irán, calificándola de «pura corrupción» . Afirmó en una publicación en X que el presidente de EE. UU. «ha convertido la Casa Blanca en un casino de pago por juego» y «se ha embolsado más de mil millones de dólares» desde que volvió al cargo. «Mientras los precios suben para los estadounidenses, a su cartera de acciones no le podría ir mejor», añadió.
  • Israel expulsó a los representantes neerlandeses de un centro de coordinación de Gaza después de que los Países Bajos anunciaran su decisión de prohibir las importaciones procedentes de los asentamientos israelíes ilegales en los territorios palestinos ocupados. El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Gideon Saar, indicó que también se pidió a los representantes que abandonaran Israel en el plazo de una semana.
  • Las fuerzas israelíes avanzaron hacia la localidad de Jumla, en la cuenca del Yarmouk, situada en la provincia siria de Daraa, según Al Jazeera. La cadena también informó de que el ejército israelí lanzó un ataque aéreo contra Kafr Rummana, en el distrito de Nabatieh, al sur del Líbano. Las noticias sobre bombardeos de artillería israelí, explosiones y ataques en el sur del Líbano continuaron durante la madrugada del miércoles.
  • Las fuerzas gubernamentales yemeníes afirmaron haber repelido un ataque de combatientes huzíes en la provincia suroccidental de Taiz, y señalaron que habían abatido al menos a ocho de ellos. El mando militar indicó que los enfrentamientos estallaron en al-Safa y que se produjeron intensos intercambios de fuego.

Un ministro iraní advierte a EE. UU. contra «infligir daño» y afirma que Teherán «revelará nuevas capacidades»

Hace 18 horas

El viceministro de Asuntos Exteriores de Irán advirtió de que, si EE. UU. continúa infligiendo daño a Teherán, el país «revelará nuevas capacidades», según informó la agencia de noticias Nournews, vinculada al Estado.

Kazem Gharibabadi afirmó que Irán «ya no tratará con Estados Unidos de la misma manera que antes».

«Hoy en día, nos encontramos en una situación en la que, si se nos causa daño, tenemos previsto tanto mitigar dicho daño como infligir un daño recíproco», afirmó Gharibabadi.

El ministro también indicó que el estrecho de Ormuz «no es nuestra única herramienta» contra Washington, y señaló que «Estados Unidos no debería pensar que es la única parte capaz de causar daño económico».

Cinco buques de mercancías transitaron por el estrecho de Ormuz el martes

Hace 18 horas

Los datos preliminares de tráfico marítimo de Kpler mostraron que solo cinco buques de mercancías transitaron por el estrecho de Ormuz el martes, manteniéndose el tráfico muy por debajo de la media de los últimos 10 días, que es de 15.

Entre los buques que transitaban por esta vía navegable estratégica se encontraban dos petroleros que transportaban gas licuado de petróleo y un petrolero que transportaba betún. Otros dos petroleros de productos vacíos entraron en el estrecho.

Las cifras están sujetas a cambios, ya que algunos buques apagan los transpondedores durante la travesía.

Qatar condena la entrada del ministro de Defensa israelí en territorio sirio

Hace 19 horas

Qatar condenó la entrada del ministro de Defensa israelí en el suroeste de Siria, calificándola de «transgresión de las fronteras internacionales».

«El Estado de Catar condena enérgicamente la entrada ilegal del ministro de Defensa israelí, Israel Katz, en territorio sirio y la transgresión de las fronteras internacionales», declaró el ministerio en un comunicado.

A continuación, calificó la acción de «violación de la soberanía de la República Árabe Siria y de su integridad territorial».

Katz entró el martes en la zona de Jabal al-Sheikh (monte Hermón), junto a la frontera entre Siria y el Líbano, y amenazó con permanecer en la zona «mientras existan amenazas yihadistas contra el Estado de Israel».

Ben Gvir celebra la redada israelí en la oficina de la UNRWA en Cisjordania

Hace 20 horas

El ministro de Seguridad Nacional de extrema derecha de Israel, Itamar Ben Gvir, publicó un vídeo en el que aparece sentado en lo que, según él, era el escritorio del director de la UNRWA en el campo de refugiados de Qalandiya, celebrando la redada contra la agencia de la ONU.

El martes, las fuerzas israelíes irrumpieron en los centros de formación profesional de la UNRWA en Qalandiya y Kufr Aqab, que atienden a unos 16 000 refugiados palestinos en toda la Cisjordania ocupada.

Se han registrado explosiones, bombardeos y ataques israelíes en todo el sur del Líbano

Hace 20 horas

Las fuerzas israelíes provocaron varias explosiones en las afueras de la localidad de Srebbine, en el sur del Líbano, en el distrito de Bint Jbeil, según informaron los medios estatales.

La Agencia Nacional de Noticias añadió que se registraron bombardeos desde tanques militares en la localidad de Mansouri, al sur de Tiro. También se han registrado ataques aéreos durante la noche en Al-Qantara y Marjayoun.

Por otra parte, los bombardeos de artillería afectaron a las afueras de Haddatha, en Nabatieh, a primera hora del miércoles.

El senador estadounidense Van Hollen acusa a Trump de lucrarse con la guerra contra Irán

Hace 20 horas

El senador estadounidense Chris Van Hollen ha acusado a Donald Trump de lucrarse con la guerra contra Irán, calificándola de «pura corrupción».

«Trump ha convertido la Casa Blanca en un casino de pago por juego. Mientras los precios suben para los estadounidenses, a su cartera de valores no le podría ir mejor», afirmó en una publicación en X.

«Trump sigue lucrándose a costa del sufrimiento de los estadounidenses, incluida la guerra sin sentido que inició en Irán. Pura corrupción».

Van Hollen también declaró a MSNBC que el presidente de EE. UU. «se ha embolsado más de mil millones de dólares» desde que volvió al cargo.

«Es evidente que tenemos a un presidente que se está beneficiando de la guerra ilegal que él mismo inició, junto con el primer ministro israelí Netanyahu», declaró el senador demócrata a MSNBC.

Bangladesh podría sumarse al «pacto de La Meca», sugiere un responsable

Hace 21 horas

Bangladesh podría sumarse al acuerdo de defensa firmado por Turquía, Arabia Saudí y Pakistán a principios de este mes.

El ministro de Estado de Asuntos Exteriores de Bangladés, Humayun Kabir, declaró el lunes a los periodistas que su país ha sido invitado a participar en lo que se ha dado en llamar el «pacto de La Meca», pero no reveló quién había formulado la invitación.

Sin embargo, la agencia de noticias Reuters citó a una fuente anónima que afirmaba que Riad se había puesto en contacto con Daca.

«Si existe un acuerdo de seguridad entre las naciones islámicas de Oriente Medio, no es extraño que consideremos participar. Se está valorando de forma positiva», afirmó Kabir.

El acuerdo estipula que un ataque armado contra cualquiera de los tres países se considerará un ataque contra los tres, en una fórmula que se aproxima a la lógica de defensa colectiva de las principales alianzas militares, como la OTAN.

Más información: Bangladesh podría sumarse al «Pacto de La Meca», sugiere un funcionario

El líder huzí subraya su apoyo a los palestinos y condena la «tiranía» saudí

Hace 21 horas

El líder huzí, Abdel-Malik al-Houthi, ha reiterado su apoyo a los combatientes palestinos, según la agencia de noticias SABA, controlada por los huzíes, y ha afirmado que «no escatimarán esfuerzos» en el respaldo al pueblo palestino hasta la caída de Israel.

En la declaración, también acusó a Arabia Saudí de cometer «tiranía e injusticia» contra el pueblo yemení, y añadió que la situación exigía «nuevas medidas utilizando todos los medios legítimos» para contrarrestar las políticas de Riad.

Los huzíes también condenaron lo que calificaron de «asedio injusto» y «ocupación agresiva» llevados a cabo por Riad con el respaldo de EE. UU.

Israel expulsa a representantes neerlandeses del centro de coordinación de Gaza

Hace 22 horas

Israel expulsó a representantes neerlandeses de un centro de coordinación de Gaza después de que los Países Bajos anunciaran su decisión de prohibir las importaciones procedentes de los asentamientos israelíes ilegales en los territorios palestinos ocupados.

El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Gideon Saar, afirmó en una publicación en X que los representantes serían «expulsados de inmediato» del Centro Internacional de Apoyo a Gaza, situado en Kiryat Gat, y que se les había pedido que abandonaran Israel en el plazo de una semana.

Saar señaló que la decisión, aprobada por el primer ministro Benjamin Netanyahu, se producía en respuesta a lo que calificó como una «serie de medidas contra Israel» por parte del Gobierno neerlandés.

«La política contra Israel del Gobierno neerlandés va acompañada de una ola sin precedentes de antisemitismo y boicots en ese país», añadió.

«Nuestro mensaje es claro: quien actúe contra Israel no tendrá cabida en la región. Israel no permitirá que se tomen medidas en su contra sin dar una respuesta».

Las tropas israelíes avanzan hacia una localidad siria y atacan el sur del Líbano

Hace 22 horas

Las fuerzas israelíes están avanzando hacia la localidad de Jumla, en la cuenca del Yarmouk, situada en la provincia siria de Daraa, según Al Jazeera.

La cadena también informó de que el ejército israelí lanzó un ataque aéreo contra Kafr Rummana, en el distrito de Nabatieh, al sur del Líbano.

Vídeo: Un analista afirma que EE. UU. carece de influencia para forzar el aislamiento global de Irán

Hace 23 horas

Cuando el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, presentó la «Operación Economic Outcast», declaró ante el mundo: «O están con nosotros o están contra nosotros».

Todos los países deben romper relaciones con Irán; de lo contrario, EE. UU. afirma que les impondrá sanciones.

¿Es, pues, el «Día D» de Trump un ataque de proporciones históricas? ¿O se trata de una administración que se ha quedado sin ideas?

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