Tras crear un Estado en uno de los lugares más inhóspitos del mundo, las saharauis exiliadas en los campamentos de Tinduf buscan hoy su propia autonomía.
Cinco generaciones de mujeres saharauis han crecido y vivido logrando imposibles. Sobrevivían y cuidaban de niños, niñas y personas ancianas en uno de los lugares más inhóspitos del mundo. Intentaban poner puertas al desierto, barriéndolo fuera de sus haimas con escobones, tapando los resquicios de las tiendas, las puertas, las ventanas, para que la hamada no se les metiera más adentro. Con su inteligencia y sus manos fueron capaces de levantar, de la nada, un Estado en medio del destierro. Mientras tanto, los hombres se encargaban de combatir a las fuerzas ocupantes a cientos de kilómetros.
Esa es la división de las tareas que estableció el pueblo saharaui forzado al exilio hace 50 años, después de que España abandonase el Sáhara Occidental y permitiese que Marruecos ocupase la que sigue siendo la última colonia europea por descolonizar en África. Desde entonces, más de 170.000 personas –una de cada tres de ellas, menores– viven entre arena y piedras, sacudidos a menudo por tormentas que enferman los ojos y las fosas respiratorias, con temperaturas de más de 50 ºC en verano y que rozan los 0 ºC en invierno, en unas condiciones que las enferman, debilitan y empobrecen.
«Desde entonces, hemos conseguido lo que los españoles no consiguieron en cien años. Cuando España nos abandonó, no había ni una sola mujer saharaui universitaria y apenas se les permitió estudiar a unos 30 chicos. No había médicos saharauis y había carreras prohibidas para nosotros, como las Ciencias Políticas. La primera gran manifestación saharaui tuvo lugar entonces y la llevaron a cabo las mujeres pidiendo el derecho a la enseñanza, a la salud, al trabajo», explica Suelma Beiruk, ministra de Asuntos Sociales y Promoción de la Mujer de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), en su despacho en los campamentos de personas refugiadas de Tinduf (Argelia).
Avances desiguales
En una construcción de paredes desconchadas y con la arena del desierto abriéndose paso por las estancias, Beiruk defiende el trabajo realizado por el Frente Polisario en las cinco décadas de exilio forzado. Un periodo en el que buena parte de su población ha sido alfabetizada y en el que el acceso a la educación superior de los hombres se equipara al de las mujeres, quienes ocupan, además, un 42,7% del parlamento. Un salto en la igualdad de género sin apenas precedentes en el mundo e inaudita en el contexto de los campos de refugiados. Sin embargo, como en todas las sociedades, los retos en este ámbito siguen siendo importantes.
«En mi película, una niña le dice a su padre que quiere ir a la escuela a estudiar. Y su padre le dice que no, que le va a preparar una boda. Y ella le dice que no quiere porque es muy pequeña», explica Mahouda Ahmed, una joven de 19 años cuyos progenitores, cuando vieron cómo le apasionaba grabar con su móvil, le propusieron estudiar cine en la escuela audiovisual del FiSahara, el festival de cine del Sáhara Occidental. Mahouda tuvo claro desde un principio que quería dedicar su primer corto a esta problemática. «Yo quiero estudiar y hacer muchas cosas. No quiero casarme. Aquí muchas niñas pequeñas no estudian y solo quieren hacer la boda. Da mucha pena», explica, llena de ganas de continuar su formación en España para poder trabajar como cineasta.
La legislación saharaui establece la edad mínima para casarse en los 16 años, según la ministra Beiruk, aunque sigue habiendo casos de matrimonio infantil. No hay cifras oficiales y Beiruk sostiene no tener constancia de ninguno. «En el caso de que lo hubiese –asegura–, hablaríamos con los padres para solucionar la situación». No existen penas de cárcel o multas, explica, sino que el papel de las autoridades se limita a mediar para que el matrimonio no se celebre.
Desde España, la decena de mujeres en la diáspora que integran el Movimiento Feminista Saharaui sostienen que «no hay datos oficiales que nos permitan saber la realidad actual de casi ninguna de las violencias y limitaciones que sufrimos las mujeres en nuestra sociedad, pero sí sabemos de casos de menores de 18 años que contraen matrimonio y no está mal visto ni se impide de forma legal o desde las instituciones». Las activistas han decidido mantenerse en el anonimato y hablar en nombre del colectivo para poder seguir desarrollando su labor de apoyo a mujeres en los campamentos.
«En los años ochenta y noventa se promovía la educación desde todos los ámbitos. Era una reivindicación política del Estado y del pueblo: que toda la juventud se formara y se cultivara para aportar a la sociedad y con vistas a la independencia del Sáhara Occidental. Pero el paso del tiempo y el estancamiento de la situación política y social, el exilio y el refugio prolongados, han hecho que las nuevas generaciones no le encuentren utilidad. Ven que las mujeres mayores que emigraron, estudiaron y se formaron también han terminado en los campamentos, sin apenas salidas profesionales y relegadas a los cuidados, a la cocina, casándose y criando hijos. Así que muchas chicas piensan: “¿Para qué voy a hacer todo eso si no va a cambiar nada?”. Esto es también lo que busca la ocupación», explica una de sus integrantes por videoconferencia. «Además, nos siguen educando en la idea de que para ser mujeres completas tenemos que casarnos y tener hijos. Y como en la mayoría del mundo, las mujeres, y especialmente las jóvenes, somos las que cuidamos a las criaturas pequeñas y a nuestros mayores, las que cocinamos, limpiamos y llevamos toda la carga del hogar. Cuando tienes 15, 16, 17 años, casarte es la vía más asequible para salir un poco de eso», añade.
Sin datos sobre violencia de género
«Las mujeres son la corona del pueblo saharaui» es una de las coletillas más escuchadas en los campamentos para negar que haya violencia de género cuando se pregunta por ella. También la mencionó la ministra Beiruk, quien dijo haber oído que «empieza a haber violencia verbal, pero si un hombre maltrata a una mujer, el resto de la sociedad lo rechaza. Por eso los hombres maltratadores no se casan».
Abida Mohamed Buzeid, funcionaria en el Ministerio de Asuntos Exteriores, apunta que el Polisario sí ha creado herramientas contra las violencias de género, como el Mecanismo Técnico de Promoción y Protección de las Mujeres. «El problema es que muchas mujeres y niñas no recurren a él porque desconocen su existencia», lamenta Buzeid en su casa, decorada con ilustraciones y tapices que representan a mujeres africanas. «España ha llegado al tema de los derechos de los mujeres tras siglos de lucha de las mujeres y de las feministas. No se puede juzgar a una sociedad como la saharaui, creada hace menos de medio siglo, en condiciones extraordinarias, en un contexto de guerra y en el exilio», analiza esta licenciada en Bioquímica que, tras representar al Frente Polisario en Dinamarca, ha vuelto a trabajar en los campamentos. «Hay que recordar que la colonización española no es de las generosas, como la inglesa o un poco la francesa, donde al menos educaban y cuando se iban dejaban a los pueblos un poco formados para que pudieran levantarse con sus propias capacidades. España siempre ha mantenido al pueblo saharaui marginado, y más aún a sus mujeres. Así que lo que ha logrado la mujer saharaui hasta hoy es un motivo de celebración, a pesar de que seguimos teniendo muchos desafíos»
Una de las críticas a las que se ha tenido que enfrentar el Movimiento Saharaui Feminista es la de que con sus denuncias están perjudicando a la causa de la autodeterminación del Sáhara Occidental. «Lo primero de lo que se nos acusa es de ser promarroquíes porque, dicen, nos estamos metiendo con nuestra cultura, nuestra sociedad y con la causa nacional al criticar las opresiones que sufrimos por ser mujeres en una sociedad patriarcal y machista, como ocurre en el resto del mundo. Cuando las mujeres saharauis protestamos pidiendo el cumplimiento de nuestros derechos básicos, nos dicen que tenemos que esperar a que el Sáhara Occidental sea libre e independiente y, ya una vez en nuestra tierra, será el momento de otras luchas. Para nosotras no es incompatible luchar por la independencia de nuestra patria y por el respeto a nuestros derechos como mujeres», denuncia por videoconferencia la activista.
El Movimiento Feminista Saharaui presta especial atención al problema de la retención por parte de las familias de jóvenes saharauis cuando viajan a los campamentos. Desde que se conformó en 2021, su portavoz afirma que han tenido constancia de unos 10 casos y que se han implicado en cinco. «Son chicas de entre 18 y 30 años, que tenían en España su vida, su trabajo, su carrera. Normalmente, les piden que vayan a los campamentos de vacaciones, porque algún miembro de la familia está enfermo. También ha ocurrido durante una visita ordinaria. Cuando llegan, les quitan los papeles, las incomunican y comienza un proceso de presión y chantaje psicológico, a veces también de maltrato, para corregir lo que la familia percibe como una salida del camino correcto según la cultura saharaui», explica su portavoz.
El único caso que han denunciado públicamente es el de Safía, una joven de 27 años que estuvo retenida por su familia un año antes de conseguir escapar de los campamentos. Para entonces, sostienen desde la plataforma, su familia había conseguido que un fiscal saharaui emitiese una orden que impidiera la salida del territorio argelino de la joven, por lo que no podía volver a España por ninguna vía. Las activistas terminaron por denunciarlo públicamente tras meses trabajando por su liberación de manera confidencial. Consiguieron que el Gobierno de España emitiese varios salvoconductos, pero hasta octubre de 2025 Safía no consiguió viajar. Desde entonces, reside en España.
Violencia estética colonial
Otra de las violencias que sufren las saharauis, y que es común a todas las mujeres del mundo, tiene sus raíces en el colonialismo. «El canon estético de las mujeres africanas sostiene que debemos estar gordas y tener la piel clara. En los tiempos del colonialismo se entendía que si pertenecías a las familias ricas comías mucho y eras blanca. Es decir, lo contrario de lo que somos», explica Aziza Mrabih Abeidu, una de las impulsoras del proyecto Por Nosotras, un centro de estética creado para sensibilizar sobre las consecuencias para la salud de las cremas decolorantes, los corticoides y otros medicamentos cuyo consumo se ha extendido entre parte de las mujeres saharauis para engordar.
La Organización Mundial de la Salud desaconseja el uso de estas cremas porque muchas contienen mercurio, lo que provoca graves daños, especialmente en la salud reproductiva y hormonal. Además, el abuso de algunos corticoides puede perjudicar al equilibrio hormonal, entre otras contraindicaciones.
«Todas trabajamos en ONG internacionales y cuando organizábamos sesiones para explicar estas cuestiones, solo venían las mujeres mayores ya sensibilizadas con estos problemas. Así que decidimos crear un centro de estética donde las mujeres jóvenes vengan a depilarse, a peinarse, a hacerse la henna y mientras les hablamos de cómo cuidarse sin poner en riesgo su salud», continúa explicando su compañera, Enguia Hafdala Sidahmed.
Tras conseguir el apoyo del Instituto de las Desigualdades del Ayuntamiento de Barcelona, pusieron en marcha una iniciativa que parte de su condición de refugiadas: «Hay que pensar que detrás de la agresión estética que suponen estos productos y que están provocando incluso abortos e infertilidad, hay una herida. En el exilio, si no te casas y no tienes hijos, no tienes quien te cuide cuando seas mayor, así que es importante poder casarse. En consecuencia, les enseñamos a aclararse la piel como hacían las anteriores generaciones, con productos naturales, y a engordar con leche y carne de camello, rica en grasa», explica Fatma-Galia Beiba Saleh. A su lado, Adala Mohamed subraya la clave del éxito de la iniciativa: «Tras tantos años trabajando con ONG sabemos qué necesita nuestra comunidad, cómo formular proyectos y cómo ponerlos en marcha. Por eso está funcionando».
Las integrantes de Por Nosotras son, además, un grupo de amigas que se apoyan en la crianza, se cubren cuando necesitan tiempo para sí mismas y se ríen juntas como si no hubiera un mañana. «Como mujeres, tenemos muchos roles en nuestra sociedad: trabajamos en nuestras casas, en nuestros empleos, tenemos iniciativa. Por eso es crucial que nos apoyemos entre nosotras», concluyen entre bromas y abrazos.
La crisis humanitaria que fuerza a un nuevo exilio
La supresión de las ayudas de la agencia estadounidense USAID y los recortes en las ayudas a la cooperación de Europa han agravado aún más la crisis humanitaria que sufre el pueblo saharaui exiliado desde hace medio siglo. Los presupuestos del Frente Polisario se han reducido al 50% desde 2020, lo que ha impactado gravemente en cuestiones tan básicas como la educación y la sanidad. La falta de recursos para pagar salarios que permitan vivir ha provocado que no haya suficiente profesorado para impartir las clases, por lo que los docentes están siendo sustituidos por estudiantes de bachillerato. En los hospitales y centros de salud falta personal sanitario, por lo que están abriéndose consultorios y hospitales privados. Esta crisis económica está forzando a cientos de jóvenes a jugarse la vida subiéndose a una patera para buscar oportunidades en España.
Mientras, y tras el cambio histórico de postura del Gobierno español respecto al Sáhara Occidental, cuando en 2022 Pedro Sánchez anunció su respaldo al plan de autonomía marroquí –ilegal según la normativa internacional–, la reciente exclusión de los saharauis de la regularización de personas migrantes (un desaire que luego se intentó corregir con una proposición de ley que concederá la nacionalidad española a los saharauis y a sus descendientes) ha sido vivida como una nueva traición a un pueblo con el que España no tiene una deuda histórica, sino que sigue siendo a día de hoy la potencia administradora de iure, como recuerda recurrentemente la ONU, y la principal responsable de su infernal destierro.
La realización de este reportaje ha sido posible gracias a un viaje organizado y financiado por el Festival Internacional de Cine del Sáhara Occidental (FiSahara).
Este reportaje sobre las mujeres saharauis se ha publicado originalmente en La Marea 112. Hazte con un ejemplar aquí.
Fuente: https://www.lamarea.com/2026/08/26/mujeres-saharauis/