El País, 11/09/2026. “La RFEF prefiere retrasar la maternidad de las jugadoras a apoyarlas para que puedan conciliar.”
En los años más intensos de la crianza de mis hijos a menudo me preguntaba: ¿qué espera el mundo que haga con ellos? ¿Que los meta en una taquilla y los vaya a buscar cuando ya estén crecidos? Porque el sistema económico en el que vivimos y las dinámicas sociales imperantes parece que cuentan con eso: con que las madres vivamos ese servicio fundamental a la especie que es la reproducción como si fuera un catarro, una fiebre pasajera que al “curarse” nos dejará libres para regresar a la cadena de producción. No hay tiempo que perder, no hay energía que desperdiciar, lo primero es el trabajo. Que estés creando un nuevo ser humano: eso no es nada, es cosa de mujeres. Que en ello pongas el cuerpo entero, que se movilicen resortes biológicos que parecen superpoderes, que en ello te juegues literalmente la vida, todo se paga con el módico precio de unas cuantas semanas de baja por maternidad. Que ahora son iguales a las que tiene el padre de la criatura a pesar de que las seis primeras semanas de la madre son de baja médica (ya saben, lo de que se te abra la pelvis para que salga una cabeza humana, lo de estar sangrando cuarenta días después del parto, lo de empezar a fabricar alimento las 24 horas del día) y, por lo tanto, con la equiparación de permisos lo que se consiguió fue que nosotras tengamos menos derechos que el progenitor inseminador. Es solo un ejemplo de cómo buscar la igualdad absoluta entre hombres y mujeres se acaba convirtiendo en discriminación machista, dado que, evidentemente, no somos iguales biológicamente hablando. Y no tener en cuenta la diferencia sexual acaba siendo tan perjudicial como legitimar la estructura patriarcal de dominación sexista sobre la base de esa diferencia de fábrica. El trabajo de Carme Valls sobre las implicaciones que esto tiene en los problemas de salud demuestra que no basta con que nos vean como iguales, cuando másculo sigue siendo sinónimo de universal.
A la Real Federación Española de Fútbol se le ha ocurrido que para garantizar la igualdad a las jugadoras de las futbolistas lo mejor era… ¿qué? ¿apoyo para que puedan trabajar y criar? ¿guarderías? ¿especialistas que permitan compaginar rendimiento deportivo y procreación? No, la gran ocurrencia es establecer un acuerdo con una agencia de reproducción para que las jugadoras congelen sus óvulos. ¿Que de repente te apetece ser madre? Vale, nos parece muy bien, pero ahora no. Mejor congela a tus futuros hijos y ya cuando termine tu carrera (y te tiremos a la cuneta por ser mayor con mucho menos dinero en tu cuenta corriente que tus homólogos masculinos) te pones al tema. Y que encima saquen pecho feminista.
https://elpais.com/opinion/2026-09-11/congela-a-tus-hijos.html.