La Línea Verde desapareció hace mucho tiempo, y ninguna otra línea separa Cisjordania de Israel, salvo la línea del apartheid. Todos somos colonos
Haaretz, 10 de septiembre de 2026
Todo el mundo participa en el juego: Gran Bretaña supuestamente impone sanciones, alrededor de una docena de otros países europeos fingen sumarse y Israel responde con medidas propias de un ratón que contraataca a un elefante, para que podamos enseñarles un par de cosas a los británicos. Todos están encantados consigo mismos. La construcción de viviendas para colonos en tierras palestinas robadas no se detendrá, ni tampoco el robo de ganado, por lo que ha hecho Gran Bretaña, aunque el mundo se deleite con estas sanciones.
El nuevo gobierno británico afirma que en Cisjordania se está produciendo una limpieza étnica, convirtiendo a Gran Bretaña en el primer país occidental en decirlo. Es motivo de esperanza y un acto moral. ¡Hurra por Gran Bretaña!, sin cinismo alguno. Pero Gran Bretaña decidió castigar únicamente a los colonos, lo que sienta un precedente peligroso. Al hacerlo, está diciendo que una cosa es Israel y otra los colonos. Que hay un país y hay una ocupación, que hay israelíes y hay colonos.
Qué cómodo resulta establecer estas distinciones, como distinguir entre el Benjamin Netanyahu de las guerras y la oposición de la paz. Así, quizá nadie acuse a Gran Bretaña de antisemitismo, salvo Gideon Sa’ar, que se ha especializado en acusar de ello al mundo y castigarlo en consecuencia.
Pero los llamados asentamientos [colonias] no son una entidad política independiente. Cuando Europa impuso sanciones a la península ocupada de Crimea, también impuso sanciones al ocupante, Rusia. ¿Cómo se puede castigar únicamente a los colonos sin imponer sanciones a quienes iniciaron las colonias, los financian, los defienden y los apoyan, es decir, al gobierno de Israel?
Las colonias son Israel e Israel es las colonias. La Línea Verde desapareció hace mucho tiempo, y ninguna otra línea separa Cisjordania de Israel, salvo la línea del apartheid. Todos somos israelíes y todos somos colonos. Todos somos responsables de lo que se hace en nuestro nombre.
Si Gran Bretaña considera que hay una limpieza étnica, algunos de cuyos elementos figuran entre los crímenes de guerra y los crímenes de lesa humanidad más graves, ¿de qué sirve castigar a los colonos? Los colonos son actores secundarios en estos horrores, y su responsabilidad es menor. Son solo los ejecutores: los soldados que llevan a cabo el crimen.
La empresa de las colonias es una empresa de todo Israel, del gobierno y, en realidad, de todo el sistema. No hay un solo organismo oficial que no esté implicado, directa o indirectamente, por acción o por omisión, con entusiasmo o con indiferencia. Es el Estado el que debería castigar a los colonos violentos, si fuera un Estado de derecho; esa no es tarea del mundo. Quienes son responsables de la empresa de las colonias son quienes deberían ser castigados por el mundo, porque el gobierno israelí, como cualquier gobierno, no puede castigarse a sí mismo.
Por tanto, la decisión británica de imponer sanciones a los colonos proporciona a la comunidad internacional una vía para eludir su responsabilidad. El mundo, que a menudo se engaña creyendo que Benjamin Netanyahu es la fuente de todos los males, también debe recordar que Netanyahu no fundó la empresa de las colonias. Todo el proyecto sionista está detrás de las colonias, y con él el establishment sionista de todo el mundo.
En términos de eficacia, sancionar a los colonos no tendrá consecuencia alguna. Los colonos están muy alejados de la cultura mundial, y los nacionalistas creen que Israel no necesita al mundo. Ninguna sanción contra ellos impedirá que los extremistas campen a sus anchas por la tierra robada.
Incluso las sanciones a la importación de productos de las colonias tienen poca importancia, porque solo el 2,3 % de las exportaciones israelíes a Europa procede de las colonias. En el puesto avanzado de Esh Kodesh, la industria es el odio, no la alta tecnología; en Adei-Ad, el producto estrella es la violencia, no los tomates cherry. El vino de las colonias está manchado, hecho con las uvas de la ira cultivadas en tierras robadas.
Israel no está interesado en las sanciones impuestas a las colonias. Los colonos tampoco están especialmente preocupados, y con razón. Menos de un día después de que se anunciaran, la Administración Civil debatió el miércoles la construcción de 747 viviendas en Cisjordania. Lo importante es que en Westminster reina el júbilo.