DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA.
ÍNDICE
1. Ansar Allah y diez años de guerra en Yemen.
2. Valoración de las elecciones en Suecia.
3. El capitalismo más allá del neoliberalismo.
4. La patata en África.
5. El largo camino de la desdolarización.
6. Auge de la islamofobia.
7. La propaganda a favor de Marruecos.
8. Decolonialismo y anticolonialismo.
9. Resumen de la guerra en Irán, 19 de septiembre.
1. Ansar Allah y diez años de guerra en Yemen.
Los que de manera impropia denominamos huzíes, son un movimiento en origen exclusivamente cultural y educativo fundado en la década de los 90. En este artículo se hace un repaso histórico desde ese momento hasta la actualidad, con más de diez años de guerra.
https://breakthroughnews.org/2026/09/17/over-a-decade-of-war-in-yemen-and-the-rise-of-ansar-allah/
Más de una década de guerra en Yemen y el auge de Ansar Allah
A pesar de más de una década de guerra y del bloqueo impuesto por la coalición liderada por Arabia Saudí con el objetivo de desmantelarlo, el movimiento de resistencia yemení ha salido fortalecido.
17 de septiembre de 2026
En julio, Arabia Saudí se sumó a la guerra de Estados Unidos e Israel contra la región de Asia Occidental con ataques contra Yemen. Las Fuerzas Armadas yemeníes, lideradas por Ansar Allah, respondieron imponiendo un bloqueo marítimo y lanzando ataques contra intereses saudíes vitales.
La reanudación de los combates entre ambas naciones de Asia Occidental dio lugar a la toma por parte de Ansar Allah de la estratégica ciudad portuaria de Mokha, en el Mar Rojo, la semana pasada, así como a la liberación de todos los prisioneros del grupo que se encontraban en poder de las fuerzas respaldadas por Arabia Saudí en la costa occidental de Yemen.
La toma del puerto marítimo de Mokha por parte de Ansar Allah está redefiniendo la geopolítica regional y mundial, sobre todo porque constituye una vía de acceso principal al estrecho de Bab el-Mandeb y coincide con los acontecimientos en el estrecho de Ormuz.
Tal y como ponen de relieve estos importantes cambios, Yemen reviste una inmensa importancia geopolítica estratégica.
Situado en el extremo suroeste de la Península Arábiga y con vistas al estrecho de Bab al-Mandab, Yemen representa un punto de estrangulamiento vital que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y el océano Índico.
En consecuencia, los acontecimientos políticos internos en Yemen pueden tener repercusiones políticas y económicas a escala mundial.
Este hecho, a su vez, ha situado a Yemen en el punto de mira del bloque imperialista occidental liderado por EE. UU. y de sus aliados en Asia Occidental, que se han esforzado por someter al país mediante una devastadora guerra y un bloqueo que se prolongan desde hace una década.
El origen de esta guerra coincide con el surgimiento de Ansar Allah, que tuvo comienzo cuando el grupo logró tomar el control de amplias zonas del país, incluida la capital, Saná, en 2014.
El auge de Ansar Allah
Ansar Allah se fundó a principios de la década de 1990 en la provincia yemení de Saada, al norte del país, como una organización cultural y educativa denominada Al-Shabab al-Mumin (la Juventud Creyente).
En un principio, la organización se presentó como un movimiento teológico no armado cuyo objetivo era revivir y preservar el islam chií zaidí y contrarrestar la amenaza del salafismo suní respaldado por el Estado, que pretendía erradicar la identidad religiosa zaidí en su tierra natal, Saada.
Desde sus inicios, el movimiento se opuso al Gobierno, liderado por el presidente Ali Abdullah Saleh, acusándolo de corrupción y criticando sus vínculos con Estados Unidos y su aliado, Arabia Saudí.
Las tensiones entre el grupo y el Gobierno se intensificaron drásticamente tras la invasión estadounidense de Irak en 2003. Fue en ese momento cuando el grupo adoptó el lema («Muerte a Estados Unidos, muerte a Israel») durante las protestas masivas en contra de la guerra de Irak.
Estas consignas supusieron una amenaza política para Ali Abdullah Saleh, quien intentaba posicionar a su Gobierno como un aliado clave en la «guerra contra el terrorismo» de Estados Unidos tras los atentados del 11 de septiembre. Como consecuencia, su Gobierno llevó a cabo una brutal represión contra los manifestantes.
Las fuerzas de seguridad y la policía antidisturbios reprimieron las protestas utilizando munición real, gas lacrimógeno y porras, y detuvieron arbitrariamente sin juicio a cientos de activistas políticos, estudiantes y organizadores de la oposición.
En 2004, la tensión entre Al-Shabab al-Mumin y el Gobierno yemení llegó a su punto álgido, lo que desencadenó una serie de seis conflictos internos conocidos como las Guerras de Saada.
Estos enfrentamientos comenzaron con el asesinato, a manos del Gobierno, de Hussein Badreddin al-Houthi, fundador del grupo, y desencadenaron cinco rondas sucesivas de combates que se prolongaron hasta 2010. Desde entonces, los seguidores del grupo pasaron a ser conocidos popularmente como los huzíes.
Según se ha informado, Arabia Saudí participó en las Guerras de Saada proporcionando un inmenso apoyo financiero, político y material al Gobierno yemení. La intervención saudí en Yemen se intensificó en 2009 con una incursión militar directa y ataques aéreos unilaterales contra posiciones controladas por el movimiento huzí.
En 2011, el grupo se sumó a las manifestaciones a nivel nacional, en las que se exigía el derrocamiento del presidente Ali Abdullah Saleh. Fue entonces cuando el movimiento huzí adoptó oficialmente el nombre de Ansar Allah (Partidarios de Dios).
El derrocamiento de Saleh debilitó al Gobierno central y provocó un enorme vacío de poder, lo que permitió a Ansar Allah ampliar rápidamente su dominio territorial. En 2012, el movimiento yemení consolidó un firme control sobre toda la provincia de Saada y amplias zonas del norte de Yemen.
A principios de 2012, Abed Rabbu Mansour Hadi, que había sido vicepresidente de Saleh, asumió la presidencia de Yemen a través de un marco de transición negociado por el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), ya que se le consideraba una figura discreta y de consenso. Hadi también contó con un fuerte respaldo por parte de la Administración Obama.
A finales de 2014, Ansar Allah se alió con las fuerzas leales al presidente derrocado Ali Abdullah Saleh contra el Gobierno de transición encabezado por Abed Rabbu Mansour Hadi. Los combates que siguieron condujeron a la toma de la capital, Saná, por parte de Ansar Allah, lo que obligó a Hadi a huir del país.
2015-2022: La prolongada guerra de la coalición liderada por Arabia Saudí contra Yemen
Desde su exilio en 2015, Hadi solicitó a la coalición liderada por Arabia Saudí que interviniera en el conflicto, lo que abrió la puerta a una de las guerras más sangrientas y prolongadas de Asia Occidental. Un conflicto que, según estimaciones de la ONU, se saldó con 377 000 muertos en 2022.
Arabia Saudí fue el pilar principal de la coalición, liderando la campaña militar denominada «Operación Tormenta Decisiva» con una fuerza masiva, que incluía una amplia flota de aviones de combate y tropas terrestres.
Los Emiratos Árabes Unidos (EAU) también desempeñaron un papel clave al dirigir las operaciones terrestres y aéreas, especialmente en el sur de Yemen y a lo largo de la franja costera estratégica.
Bahrein participó en la operación con 12 aviones de combate (algunas fuentes hablan de 15) y desplegó tropas terrestres en la frontera sur de Arabia Saudí para proteger a este país de los ataques de los huzíes. Por su parte, Kuwait contribuyó con 15 aviones de combate.
Al inicio de la campaña, Catar participó con aproximadamente 1.000 soldados de infantería, vehículos blindados, una docena de aviones de combate y helicópteros de transporte, hasta que fue expulsado de la coalición en junio de 2017 a raíz de una crisis diplomática con Arabia Saudí, los EAU, Baréin y Egipto.
Jordania y Marruecos aportaron seis aviones de combate cada uno, mientras que Sudán, bajo el mandato del presidente derrocado Omar Al-Bashir, envió tres aeronaves y miles de soldados de infantería. Además, Senegal destinó 2.100 soldados.
Los países occidentales, entre ellos Estados Unidos, el Reino Unido y Francia, proporcionaron apoyo logístico y de inteligencia, como el reabastecimiento aéreo de los aviones de la coalición, asistencia técnica, equipamiento militar, apoyo a la coordinación y vigilancia marítima.
La tregua de 2022, negociada por la ONU, redujo la intensidad de la guerra en lugar de ponerle fin
En abril de 2022, las Naciones Unidas anunciaron un acuerdo de tregua oficial de dos meses de duración para todo el país, que detuvo temporalmente los ataques transfronterizos y las operaciones terrestres y aéreas, y permitió la importación de combustible a los puertos controlados por Ansar Allah. También se reanudaron los vuelos comerciales desde el Aeropuerto Internacional de Saná tras años de bloqueo marítimo, terrestre y aéreo impuesto por Arabia Saudí.
En lugar de eliminar por completo el bloqueo, el acuerdo solo supuso una relajación parcial de las restricciones, mientras que las regiones bajo el control de Ansar Allah han seguido enfrentándose a un bloqueo casi total.
El acuerdo se renovó en junio y se prorrogó por segunda vez en agosto de 2022 durante dos meses más, antes de que caducara en octubre.
Los acontecimientos regionales reavivaron el conflicto (2023-2026)
En noviembre de 2023, Ansar Allah impuso una prohibición a toda la navegación marítima israelí en el mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb, en represalia por la agresión genocida de Israel contra Gaza.
Aproximadamente un mes después, el grupo amplió considerablemente la prohibición para incluir a todos los buques que se dirigieran a puertos israelíes, independientemente de su nacionalidad o pabellón.
La prohibición se mantuvo hasta octubre de 2025, a pesar de las oleadas de ataques aéreos mortíferos lanzados por EE. UU., el Reino Unido e Israel contra Yemen.
En mayo de 2025 se alcanzó un acuerdo de alto el fuego entre EE. UU. y Ansar Allah, mediado por Omán. El acuerdo estipulaba el cese de los ataques de Ansar Allah contra buques estadounidenses en el Mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb, así como el fin de la agresión estadounidense contra Yemen, sin impedir que el movimiento de resistencia yemení lanzara ataques u operaciones navales contra Israel.
En este mismo periodo se produjo un cambio en el conflicto entre la coalición liderada por Arabia Saudí y Ansar Allah, que pasó de un enfrentamiento militar activo a una tensa y frágil diplomacia.
A principios de 2026, surgieron fricciones entre los dos pilares principales de la coalición contra Ansar Allah —a saber, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos— cuando se enfrentaron distintos grupos yemeníes respaldados por ambos países, aparentemente por el control territorial en Yemen.
La guerra de EE. UU. e Israel contra Irán ha vuelto a arrastrar a Yemen al conflicto regional
Aunque Ansar Allah se fundó como un movimiento yemení independiente, con el tiempo se convirtió en un componente clave del Eje de la Resistencia. Esta alineación se vio impulsada por fundamentos ideológicos comunes, una ideología antiimperialista compartida y una profunda cooperación estratégica y militar con Irán y Hezbolá.
A pesar de su afiliación a la alianza de resistencia, Ansar Allah optó por no involucrarse en la reciente guerra regional librada por EE. UU. e Israel contra Irán, aparentemente por consideraciones estratégicas y tácticas de coordinación militar con sus aliados.
Sin embargo, dado que Estados Unidos y sus aliados en la región parecen considerar la guerra actual como una oportunidad ideal para desmantelar el Eje de la Resistencia, Arabia Saudí decidió reanudar su agresión contra Yemen atacando el Aeropuerto Internacional de Saná en julio. El ataque tenía como objetivo impedir el aterrizaje de un avión iraní.
En consecuencia, Ansar Allah lanzó ataques de represalia contra intereses saudíes tanto dentro de Arabia Saudí como en territorio yemení. Además, declaró un bloqueo marítimo contra los buques comerciales vinculados a Arabia Saudí que atravesaran el estrecho de Bab al-Mandeb, exigiendo a Riad que pusiera fin a su bloqueo de una década sobre Yemen.
Al mismo tiempo, se intensificaron los enfrentamientos terrestres por el control territorial entre Ansar Allah y las fuerzas respaldadas por Arabia Saudí, lo que condujo a victorias clave para el grupo yemení. Las escaladas han persistido hasta el momento de la publicación.
El miércoles 16 de septiembre, Arabia Saudí acusó a Ansar Allah de intentar un ataque con drones contra la ciudad de La Meca, la ciudad más sagrada para los musulmanes, situada en el oeste de Arabia Saudí.
Ansar Allah desestimó las acusaciones saudíes calificándolas de falsas y afirmó que reflejan un «intento desesperado por movilizar a la opinión pública».
Mientras la guerra de Estados Unidos e Israel en Asia Occidental sigue redefiniendo la geopolítica, el surgimiento de Ansar Allah como fuerza regional ha situado a Yemen en el centro de una lucha que podría definir el futuro de Asia Occidental.
2. Valoración de las elecciones en Suecia.
El análisis de Lily Lynch sobre el resultado de las elecciones en Suecia, con una magra victoria de la socialdemocracia y, al menos, la derrota de la ultraderecha.
https://newleftreview.org/sidecar/posts/victory-in-defeat
Victoria en la derrota
Lily Lynch
18 de septiembre de 2026
El ambiente en la gala celebrada el domingo por la noche por los Demócratas Suecos (SD), de extrema derecha, con motivo de las elecciones, era sombrío. A primera hora de la noche, los fieles al partido se habían contoneado al ritmo de «Dancing Queen» bajo luces moradas y rosas, y habían imitado el característico gesto de Trump de levantar el puño al son de «YMCA». Pero, a medida que empezaron a llegar los resultados de las encuestas a pie de urna, el ambiente cambió. Las noticias fueron decepcionantes, aunque no del todo inesperadas: con un 17,5 % de los votos, el SD había perdido terreno por primera vez en unas elecciones al Riksdag. Hace cuatro años, cuando los simpatizantes se reunieron en un hotel frente al mar en Nacka para celebrar el histórico avance del partido, que alcanzó el 20,5 % —convirtiéndolo en el segundo partido más grande de Suecia tras los socialdemócratas—, reinaba la euforia. Liderado por Jimmie Åkesson, a cuya imagen moderna y desenfadada se le atribuye haberlo sacado de la marginalidad de la extrema derecha para situarlo en la corriente principal, el SD parecía imparable. Pero el domingo, la lamentable estampa de las luces de discoteca sobre una pista de baile que se iba quedando vacía parecía estar a años luz de aquella energía insurgente.
En 2022, el buen resultado del partido le otorgó un considerable poder de negociación frente a los partidos burgueses tradicionales —los Moderados, los Liberales y los Demócratas Cristianos—. El acuerdo resultante se formalizó en el Acuerdo de Tidö: los partidos de centro-derecha formaron un Gobierno, liderado por Ulf Kristersson, del Partido Moderado, mientras que el SD permanecería fuera del gabinete, pero lo apoyaría en el Parlamento a cambio de una influencia sustancial en la política. Åkesson dejó claro posteriormente que no esperaba permanecer al margen para siempre, y durante la campaña de este año Kristersson prometió que, si la coalición de Tidö salía victoriosa, el SD obtendría por fin carteras ministeriales.
Tras un recuento de votos de infarto, los sueños ministeriales del SD no se hicieron realidad. El bloque de derecha en el Gobierno perdió frente a la oposición de centroizquierda encabezada por los socialdemócratas de la ex primera ministra Magdalena Andersson —junto con el Partido de Izquierda, los Verdes y el Partido del Centro— por menos de un punto porcentual, un 48,9 % frente a un 49,6 %. La distribución de escaños fue un calco de la de 2022, con 173 para los partidos de Tidö y 176 para sus oponentes. Sin embargo, dado el margen de victoria tan estrecho, el ganador fue también, en cierto modo, un perdedor. Puede que los socialdemócratas hayan obtenido el mayor número de votos, pero, no obstante, registraron su peor resultado electoral en casi un siglo. Aún esta primavera, el partido tradicional de gobierno de Suecia rondaba el 34 % en las encuestas; el domingo obtuvieron un 28 %, un descenso del 2,3 % respecto a 2022 y ocho escaños menos, para un total de noventa y nueve.
Las encuestas de Novus indicaban que la sanidad, la educación y la seguridad pública figuraban como las tres principales preocupaciones de los votantes. En este contexto, los socialdemócratas también basaron su campaña en el temor de los votantes a que el SD entrara en el Gobierno. Un mensaje recurrente de la campaña fue: «Si no desea que haya doce ministros del SD tras las elecciones, debe votar a los socialdemócratas». (La cifra proviene de Åkesson, quien declaró a Aftonbladet que, si la alianza de Tidö ganaba las elecciones, los cargos ministeriales deberían repartirse en proporción al apoyo popular). Los socialdemócratas intentaron establecer un equilibrio con sectores de la derecha burguesa. El partido cortejó agresivamente a los denominados «Magdamoderater», simpatizantes del Partido Moderado dispuestos a votar por Andersson. Este grupo de votantes urbanos, con un alto nivel educativo y altos ingresos, se sitúa firmemente a la derecha en cuestiones económicas, pero rechaza el racismo grosero de los Demócratas de Suecia. Dicha repulsa se basa, en parte, en el desprecio de clase hacia el electorado del SD, con su predilección por los tatuajes vikingos, la cultura «hillbilly» americana y el kitsch motero. Como se leía en un editorial del periódico liberal Dagens Nyheter: «¿Desea usted una política burguesa? Entonces no debería votar a los partidos de Tidö».
A lo largo de la campaña, Andersson hizo hincapié en las «amplias coaliciones» y afirmó que estaría dispuesta a cooperar con cualquier partido que no fuera el SD. Para ganarse el apoyo de los centristas y los conservadores tradicionales, su partido adoptó una postura más dura en materia de «ley y orden» —una cuestión que ha dado buenos resultados a la derecha— y abrazó posiciones tradicionalmente de derechas a favor de la energía nuclear. Esta fue una apuesta que les pasó factura en las urnas: al virar hacia la derecha, lograron alienar a parte de su base, perdiendo votantes a favor del Partido de Izquierda y del Partido Verde, que disfrutaron ambos de un modesto aumento en su porcentaje de votos. La izquierda socialista obtuvo un 8,4 % (frente al 6,8 % de 2022) —y seis escaños adicionales, el mayor avance de todas las formaciones— con un programa que aboga por la reconstrucción del Estado del bienestar, el fin de la búsqueda de beneficios en la sanidad y la educación, y una política de empleo respetuosa con el clima. No muy por detrás, los Verdes, de centroizquierda y socialmente liberales, obtuvieron un 6,1 % (frente al 5,1 % anterior) y sumaron cuatro escaños a su total.
Mientras tanto, muchos de los «Magdamoderater» acabaron votando al Partido del Centro, de orientación neoliberal, que obtuvo alrededor del 7 %. Al final, el 17,5 % del SD fue superado por los Moderados, la formación más grande del bloque de derecha, que obtuvieron un 19,8 %, invirtiendo así el resultado de cuatro años antes. Los liberales, partidarios del libre mercado, obtuvieron un escaso 5,3 por ciento —superando el umbral del 4 por ciento necesario para tener representación en el Riksdag, probablemente impulsados por «votos tácticos» sustraídos a los Moderados y al SD—, mientras que los Demócratas Cristianos obtuvieron algo más del 6 por ciento. Kristersson luchó por su reelección alegando que su Partido Moderado había «puesto orden»; citaba con frecuencia las cifras de asilo, que han descendido a su nivel más bajo en cuarenta años, y afirmaba que los tiroteos mortales se han reducido en tres cuartas partes desde que la coalición asumió el poder. El SD, de forma no del todo inverosímil, compitió por atribuirse el mérito de estos mismos logros, posicionando al partido como el «garante» de las políticas restrictivas de inmigración del Gobierno de Tidö.
De hecho, la caída en la cuota de votos de los Demócratas Suecos puede reflejar, en parte, su propio éxito a la hora de impulsar su tema estrella. En 2022, la inmigración ocupaba el primer lugar entre las principales preocupaciones de los votantes. Durante años, Estocolmo contó con algunas de las políticas de asilo más generosas de la UE. En el punto álgido de la crisis de los refugiados en 2015, Suecia acogió a 163 000 solicitantes de asilo en un país de menos de diez millones de habitantes —el 12 % de todos aquellos que buscaban protección en Europa—. El SD aprovechó la reacción negativa que siguió a ello, exigiendo que el bienestar social sueco se destinara a los suecos en un momento de importantes recortes presupuestarios. En 2010, el año en que el partido entró por primera vez en el Riksdag, las prestaciones por desempleo de Suecia cayeron por debajo de la media de la OCDE; doce años después, los votantes acudieron a las urnas en medio de una crisis del coste de la vida, provocada en parte por la guerra en Ucrania. Los cuatro años posteriores de gobierno de derechas transformaron a Suecia, que pasó de ser uno de los países más acogedores para los refugiados a uno de los más restrictivos. Desde su máximo de 2015, durante la crisis de los refugiados, las solicitudes de asilo se han desplomado un 96 por ciento y el número de refugiados aceptados para su reasentamiento se ha reducido de 5.000 a 900. En 2024, el Gobierno de Tidö anunció que, por primera vez en más de medio siglo, el número de personas que abandonaban Suecia superaba al de quienes se trasladaban al país.
Se han introducido varias políticas controvertidas como parte del nuevo régimen de inmigración. Ahora se ofrece a los refugiados 27 000 libras para que abandonen el país. Más polémicas han sido las denominadas «deportaciones de adolescentes». La Agencia Sueca de Migración afirma ahora que la residencia basada en los vínculos parentales solo se concede en casos excepcionales que impliquen una «dependencia especial» después de los dieciocho años. En la práctica, esto significa que los adolescentes que no hayan obtenido un permiso de residencia permanente antes de cumplir los dieciocho años pueden enfrentarse ahora a la deportación al país de origen de su familia. El Gobierno también ha puesto el punto de mira en los adolescentes de familias inmigrantes como parte de su promesa de «tomar medidas enérgicas contra la delincuencia», en particular la violencia de bandas relacionada con las drogas. El 1 de julio, las prisiones de alta seguridad para adultos comenzaron a albergar a reclusos de tan solo quince años; el mes pasado, el Parlamento votó a favor de reducir aún más la edad de responsabilidad penal, hasta los catorce años. En junio, el Riksdag aprobó la controvertida «ley del chivato», que obliga a los empleados de la seguridad social, los servicios de empleo y otros organismos públicos a denunciar a la policía a los presuntos inmigrantes indocumentados. Los juristas afirman que esta legislación representa la «internalización de la gestión fronteriza en las infraestructuras de bienestar social».
Al igual que sus homólogos de la vecina Dinamarca, los socialdemócratas han seguido los pasos de la derecha al adoptar un enfoque más restrictivo respecto a la inmigración. «Teníamos uno de los sistemas de asilo más generosos de Europa», ha afirmado el líder del partido, Andersson, «y eso estaba mal». Aunque el SD no logró obtener el domingo los votos que esperaba, sí ha conseguido modificar de forma duradera la política migratoria sueca —con el centro ampliamente de acuerdo—, y solo el Partido de Izquierda y los Verdes siguen defendiendo el enfoque tradicional de Suecia respecto a la acogida de refugiados. Paralelamente a esta evolución, los criminólogos suecos han identificado un «cambio de paradigma» en las percepciones del peligro y el riesgo social. La noción socialdemócrata clásica de seguridad —trygghet en sueco— tiene sus raíces en el acceso al trabajo, al bienestar social, a las pensiones y a la asistencia sanitaria. En los últimos años, los partidos de Tidö han intentado reconceptualizar trygghet en términos de protección frente a la delincuencia. Los socialdemócratas han aceptado, en la práctica, la interpretación de la derecha; «seguridad» significa ahora proteger a la nación de amenazas extranjeras y nacionales, mediante penas más severas y vigilancia policial.
Aunque los Moderados disfrutaron de un ligero repunte en su porcentaje de votos con respecto a 2022 —principalmente al captar votantes del SD—, el mandato del primer ministro saliente, Kristersson, se ha visto empañado por una serie de escándalos decididamente poco suecos, lo que no ayudó a la coalición Tidö el domingo. Suecia figura habitualmente entre los países menos corruptos del mundo; en su época de esplendor, los socialdemócratas eran famosos por devolver sus lápices al Parlamento al jubilarse. Esto hizo que los errores de Kristersson resultaran aún más impactantes. A finales de 2022, el recién elegido primer ministro nombró a un amigo íntimo de la infancia, Henrik Landerholm, para el cargo de asesor de seguridad nacional. Landerholm procedió a demostrar una negligencia casi cómica: se dejó el teléfono toda la noche en la embajada de Hungría durante las tensas negociaciones sobre la adhesión de Suecia a la OTAN; extravió un cuaderno en Radio Suecia y hizo que un taxi se lo llevara a una cafetería de Estocolmo; y, lo que es más grave, dejó documentos clasificados en una taquilla de hotel, donde más tarde fueron descubiertos por el personal de limpieza. Durante todo ese tiempo, Kristersson defendió a su amigo de la infancia, quien finalmente dimitió el año pasado. La esposa de Kristersson, Birgitta Ed, una pastora luterana ordenada, también ha sido objeto de polémica. En junio, la Iglesia de Suecia inició una investigación sobre su conducta tras las denuncias de que su fundación espiritual reclutaba voluntarios para realizar trabajos no remunerados de recaudación de fondos y renovación en una propiedad de la que es copropietaria con el fin de crear oportunidades de «establecer contactos». La fundación promueve la «salud existencial», que postula que el sentido y el propósito son tan esenciales para el bienestar como la salud física; Aftonbladet informó de que el director de la Agencia de Salud Pública de Suecia fue destituido tras cuestionar una directiva del Gobierno para incorporar dicho concepto a su labor.
Destacó la ausencia en la campaña de cualquier desacuerdo importante sobre la orientación de la política exterior sueca. Mientras que los diputados de Izquierda y de los Verdes votaron en bloque en contra de la adhesión a la OTAN en 2023, hoy prevalece un consenso belicista. El antiguo líder del Partido de Izquierda, Jonas Sjöstedt, actualmente eurodiputado, ha sido descrito en los medios suecos como un «militarista a regañadientes»: aunque su programa oficial afirma que se opone a la «militarización y a la carrera armamentística», la Izquierda respalda ahora el rearme sueco y el apoyo maximalista a Ucrania, sumándose a los Verdes en un consenso que abarca todo el Riksdag. Aún se escuchan voces disidentes —los diputados de Izquierda y de los Verdes se opusieron al Acuerdo de Cooperación en materia de Defensa con EE. UU., que permite al ejército estadounidense acceder a más de una docena de bases en todo el país—, pero la adhesión puede demostrarse de otras formas. Cuando el periódico sensacionalista de centro-derecha Expressen lanzó una caza de brujas por «antisemitismo» contra miembros del Partido de Izquierda durante la campaña, la dirección no tardó en eliminar de sus listas a los acusados.
Durante la campaña electoral, el Partido de Izquierda dejó claro que aspiraría a ocupar carteras ministeriales por primera vez en su historia. A diferencia de la vecina Finlandia, donde el Partido Comunista formó parte de gobiernos de coalición durante la Guerra Fría y donde su sucesor, la Alianza de Izquierda, ha formado parte de varios gabinetes desde la década de los noventa, en Suecia la izquierda nunca ha formado parte del Gobierno. Tras haber conseguido el mayor aumento en la cuota de votos de todos los partidos en estas elecciones, la izquierda se sentirá sin duda más envalentonada en las negociaciones. Pero también hay poderosas fuerzas contrarias en juego. El Partido del Centro, que aborrece tanto a los Demócratas de Suecia como a La Izquierda, hizo campaña a favor de un gobierno de centro para excluir a los dos «partidos marginales». Antes de las elecciones, su fórmula preferida era un gobierno compuesto por los socialdemócratas, los Verdes y los demócratas cristianos, aunque esa combinación ya no alcanza la mayoría. La propia Andersson ha mostrado poco entusiasmo por incorporar a La Izquierda al gabinete. Las relaciones se han vuelto tensas desde 2021, cuando el partido contribuyó a derrocar a su predecesor socialdemócrata, Stefan Löfven, a raíz de los planes para liberalizar la fijación de alquileres en las viviendas de nueva construcción. No obstante, excluir a La Izquierda plantea sus propias dificultades, y un Gobierno de tendencia de centro-derecha resultaría muy impopular entre la base socialdemócrata.
Es probable que las próximas semanas resulten agotadoras para Andersson. A pesar del aparente éxito de la oposición de centroizquierda que ella dirige, los comicios del domingo fueron, en realidad, una victoria para la derecha. En Suecia, al igual que en Finlandia y Dinamarca, la popularidad de los partidos de extrema derecha ha llevado a amplios sectores de la corriente política dominante a asimilar su programa. Y dada la escasa diversidad de opiniones sobre el militarismo y la defensa, es poco probable que los próximos cuatro años sean muy diferentes de los últimos cuatro.
3. El capitalismo más allá del neoliberalismo.
Michael Roberts ha participado en una conferencia anual de economistas que en esta ocasión tenían como tema «El capitalismo más allá del neoliberalismo». Ha publicado dos entradas sobre el tema, pero las presento en un único mensaje.
https://thenextrecession.wordpress.com/2026/09/16/iippe-part-one-mattei-china-etc/
IIPPE 2026 – primera parte: Mattei, China, etc.
La XVI Conferencia Anual de Economía Política se celebró en Lisboa, Portugal, la semana pasada. Organizada por la Iniciativa Internacional para la Promoción de la Economía Política (IIPPE), el tema de la conferencia de este año fue «El capitalismo más allá del neoliberalismo: crisis, cambios y lo que vendrá después».
La IIPPE se fundó en 2006 con el objetivo de «desarrollar y promover la economía política en sí misma, pero también a través de un compromiso crítico y constructivo con la economía dominante, las alternativas heterodoxas, la interdisciplinariedad y el activismo, entendido en sentido amplio, desde la formulación de políticas progresistas hasta el apoyo a los movimientos progresistas…» «Aunque esperamos que la economía política marxista tenga una fuerte presencia y que los participantes la aborden con seriedad como tal, el IIPPE es un foro pluralista en el que todas las corrientes progresistas de la economía política son bienvenidas».
Hubo dos ponentes principales. Clara Mattei es de la Universidad de Tulsa, Oklahoma, y presidenta fundadora de FREE: Forum for Real Economic Emancipation, donde presenta un podcast semanal de FREE. Asimismo, puso en marcha el nuevo y ambicioso Centro de Economía Heterodoxa (CHE) en Tulsa.
En sus trabajos, Mattei sostiene que la «austeridad» no es un error técnico de política, sino una herramienta permanente y estructural utilizada para proteger el orden capitalista y reprimir el poder de la clase trabajadora. Tal y como detalla en su libro de 2022, The Capital Order: How Economists Invented Austerity and Paved the Way to Fascism, la austeridad moderna se diseñó en la Gran Bretaña e Italia de la posguerra para neutralizar el creciente radicalismo de la clase trabajadora.
Mattei sostiene que la austeridad es una intervención política impuesta desde arriba, diseñada para mantener a la mayoría en una situación de inseguridad económica y dependiente del mercado laboral privado para su supervivencia. La pobreza, la desigualdad, la inflación y el desempleo no son fallos accidentales del capitalismo; son mecanismos fundamentales utilizados como arma para impedir que los trabajadores adquieran poder de negociación. La economía dominante se presenta como una verdad neutral y científica, pero sus modelos, en realidad, sirven a los intereses de las élites al convencer al público de que «no hay alternativa» al capitalismo.
En su nuevo libro Escape from Capitalism, Mattei mantiene su argumento de que las reformas socialdemócratas solo pueden estabilizar el sistema, en lugar de transformarlo. En cambio, el capitalismo debe, en última instancia, ser sustituido y no reparado. El propósito de la producción capitalista no es la creación de valores de uso que favorezcan el desarrollo humano, sino la acumulación infinita de valor de cambio por parte de una clase mediante su control sobre el trabajo de otra. La indignación generada por décadas de presión a la baja sobre el nivel de vida y el recorte de los estados del bienestar mediante medidas de austeridad cada vez más severas —que han sido necesarias para el capital— ha creado un terreno fértil para la política de extrema derecha.
De ello se deriva la pregunta: ¿cuál es la alternativa a la organización económica de la sociedad, si no son los mercados y la acumulación de capital con fines de lucro? Mattei plantea esta cuestión, pero no la desarrolla. Tal y como señalan Stephen Maher y Scott Aquanno en una reseña del último libro de Mattei: si hay que «escapar» del capitalismo, eso solo será posible sustituyendo los mercados por la planificación a nivel nacional e internacional. Las cooperativas de trabajadores y las instituciones financieras gestionadas por la comunidad no serán suficientes. «Escapar» requiere sustituir la competencia entre empresas privadas por una coordinación a nivel macro de empresas de titularidad pública.
Antes de analizar la segunda ponencia principal, a cargo de Alfredo Saad-Filho, permítanme referirme a algunas de las demás sesiones de la conferencia del IIPPE. Como es habitual, fueron demasiadas para abarcarlas en una breve entrada (incluso si se divide en dos partes). Además, no asistí físicamente a la conferencia; participé y asistí únicamente a las sesiones híbridas en línea. No obstante, recopilé algunas ponencias y presentaciones de varias sesiones para comentarlas.
El Grupo de Trabajo sobre China de la IIPPE organizó un sinfín de sesiones en línea y comenzó con una mesa redonda especial sobre la naturaleza de la economía y el Estado chinos, con el provocativo título: China no es capitalista. Esto atrajo a un buen número de asistentes, tanto en Lisboa como en línea. Hubo cuatro ponentes.
Comencé mi presentación con una pregunta: ¿Es China capitalista o socialista? En mi opinión, no es ninguna de las dos cosas. El primer argumento es histórico. China vivió una revolución en 1949 que expulsó a las fuerzas militares de los capitalistas y terratenientes y comenzó a nacionalizar la tierra, la industria y las finanzas mediante un plan centralizado, al estilo soviético. En mi opinión, China, por lo tanto, claramente no fue capitalista a partir de 1949. Las reformas de Deng de 1978 ampliaron el sector privado y los mercados, fomentaron la inversión extranjera e iniciaron la industrialización urbana. La planificación centralizada de tipo soviético dio paso a una planificación «indicativa» basada en orientaciones y directrices. Sin embargo, se mantuvieron los planes quinquenales, los sectores estatales dominaban las industrias clave, las finanzas y el capital, y se conservaron los controles sobre los flujos de capital transfronterizos.
Por lo tanto, en mi opinión, a partir de 1978 China no volvió al capitalismo, sino que desarrolló una economía «híbrida» en la que la maquinaria estatal, bajo el control del Partido Comunista, seguía ejerciendo el control. El capitalismo se expandió, surgieron multimillonarios y se creó un mercado de valores. Sin embargo, la economía siguió estando dominada por el Estado y la inversión pública. De hecho, esa fue la razón por la que China pasó de ser una economía agrícola relativamente pobre a convertirse en una potencia industrial y exportadora en tan solo 40 años, sacando de la pobreza a más de 800 millones de chinos, según la definición del Banco Mundial. Esto habría sido imposible si China fuera simplemente otra economía capitalista más, con sus auges y sus crisis, como lo son la India o Brasil.
El volumen de la deuda pública como porcentaje del PIB; en comparación con el sector privado y la inversión pública respecto al PIB (%)… (Fuente: base de datos de inversión pública del FMI).
Pero China no es socialista, ni siquiera se está encaminando hacia el socialismo, como a los dirigentes chinos les gusta afirmar. El socialismo, en términos marxistas, es una organización social humana sin mercados, sin capital privado, sin dinero y en la que la maquinaria estatal (cuerpos armados de hombres) ha sido sustituida por una administración civil de los asuntos a escala mundial. Entonces, ¿qué es China? Es una economía de transición, en la que sigue operando la ley del valor (salarios, dinero, beneficios) y en la que existen considerables desigualdades de ingresos y riqueza. Además, China está rodeada de Estados imperialistas empeñados en su destrucción y en el establecimiento del capitalismo. No existe un mundo socialista. Pero en China, el desarrollo de las fuerzas productivas sigue estando en manos de un Estado (burocrático), no de una clase capitalista. Para una exposición más completa de mis argumentos,
Mis compañeros ponentes también coincidieron en que China no es capitalista, aunque quizá se mostraron más inclinados a aceptar que China se estaba «avanzando hacia el socialismo». Torkil Lauesen argumentó que, si bien China no es capitalista, tampoco es socialista, al menos no todavía. De hecho, no existe ningún país socialista ni lo ha habido nunca. En cambio, las luchas anticoloniales del siglo XX dieron lugar a un grupo especial de Estados que habían abolido el capitalismo, pero que permanecían en fase de transición. Estos Estados intentan sobrevivir frente a las potencias imperialistas, al tiempo que tratan de desarrollar las fuerzas productivas basadas en la propiedad pública y la planificación. Estos Estados en transición han demostrado ser superiores al capitalismo occidental en cuanto a crecimiento económico y satisfacción de las necesidades sociales. Y China se ha convertido ahora en líder tecnológico en una amplia gama de sectores. Aunque a mí me preocuparía que el estado de transición de China pudiera volver al capitalismo, Lausen se mostró más optimista y considera que China podría avanzar hacia un modo de producción socialista en las próximas décadas.
Mick Dunford es catedrático de la Escuela de Estudios Globales de la Universidad de Sussex y autor de *Revisiting Uneven Development* (Revisando el desarrollo desigual), obra sobre la que le entrevisté recientemente. Sostuvo que debemos ver el mundo a través de una perspectiva no occidental. China ha evitado la transición al capitalismo y, en su lugar, sigue una política orientada y diseñada para satisfacer las necesidades humanas, en la que el reconocimiento social se deriva de «lo que uno aporta a la labor compartida de la vida cultural y material», en lugar de «la transformación interminable del trabajo humano en valor abstracto, representado por el dinero». Dunford considera que China se encamina hacia el socialismo. La transición al socialismo en China ha discurrido en tres fases. En primer lugar, una fase turbulenta de construcción socialista en un contexto de escasez de capital y embargos estadounidenses (1949-1978); en segundo lugar, una fase de reforma y apertura en una era de globalización neoliberal, cuyos primeros orígenes se remontan al acercamiento con EE. UU. a principios de la década de 1970 (1978-2017); y, actualmente, una «Nueva Era» que data de 2017, centrada en la innovación, el desarrollo verde, la prosperidad común y un orden mundial equitativo.
Dic Lo es economista político en el Lingnan College de la Universidad Sun Yat-sen y en la SOAS. Comenzó afirmando que el socialismo tiene como ideal la emancipación del trabajo de la alienación. Un socialismo «viable» implica que la realización de ese ideal debe basarse en la creación de las condiciones materiales necesarias. La crueldad de la historia radica en que las revoluciones que aspiraban al socialismo solo han tenido éxito en sociedades económicamente atrasadas, pero han fracasado en las sociedades avanzadas. Por lo tanto, la acumulación socialista primitiva ha sido la tarea primordial de estas sociedades revolucionarias. Los países del antiguo bloque soviético lograron grandes avances, pero, al final, fracasaron en este sentido. Sin embargo, Lo considera que la «economía socialista de mercado» de China parece estar acercándose al éxito. La cuestión ahora es si China se convertirá en una economía capitalista avanzada más o si trascenderá ese modelo en dirección al socialismo. « Mucho depende de la interacción entre el Estado, el capital y el trabajo en la economía política china, en el contexto de la incertidumbre del capitalismo a escala mundial». Efectivamente.
Así pues, todos los ponentes coincidieron en que China no era capitalista en términos marxistas. Sin embargo, discreparon sobre si China era socialista o se encontraba en camino hacia el socialismo. Por el contrario, los participantes del público se mostraron en su mayoría (no todos) en contra de la opinión de la plataforma de que China no es capitalista. Un ponente de Brasil argumentó que la inversión china en Brasil no era más que otro ejemplo de explotación imperialista como la que se da en Occidente, es decir, la extracción de recursos utilizando mano de obra china o imponiendo condiciones de explotación. Otro ponente afirmó que China era claramente capitalista, ya que la mayoría de los trabajadores chinos estaban empleados en empresas capitalistas y, por lo tanto, el Estado no era dominante. Otro planteó la cuestión de si China era realmente una forma especial de capitalismo, el capitalismo de Estado, en el que el Estado controla la plusvalía en beneficio de una élite minúscula.
En mi opinión, la inversión de China en el Sur Global tiene como objetivo obtener materias primas vitales para su desarrollo industrial, quizá a expensas de la mano de obra de esos países, pero a diferencia de las instituciones lideradas por Occidente, como el Banco Mundial o el FMI, que a menudo imponen una gobernanza estricta, austeridad fiscal y largas condiciones burocráticas a los préstamos, China ofrece financiación rápida para infraestructuras críticas —como ferrocarriles, puertos y centrales eléctricas— que, de otro modo, los países en desarrollo tendrían dificultades para financiar. Añadiría que la transferencia de plusvalía de las economías del Sur Global a China a través del comercio y la inversión es minúscula en comparación con la extracción de plusvalía de China y del Sur Global hacia Occidente (véase mi artículo y también el trabajo de Andrea Ricci, quien también presentó una ponencia en Lisboa.
Sí, la mayoría de los trabajadores chinos están empleados en el sector capitalista, pero eso no determina si una economía es capitalista o no. ¿Diríamos que, dado que la mayoría de los trabajadores estadounidenses están empleados en pequeñas y medianas empresas (73 %), la economía de EE. UU. está dominada por pequeños capitalistas? No, lo que importa es el control de los medios de producción. En China, predomina el sector público. De las 100 principales empresas chinas, alrededor de dos tercios son de propiedad estatal o están controladas por el Estado. Las empresas capitalistas de propiedad nacional y extranjera constituyen una clara minoría. Ningún otro país del mundo presenta una composición de la propiedad semejante.
En cuanto a si China es una economía capitalista de Estado, les remito a mi artículo citado anteriormente en esta entrada. Las fuerzas productivas de la economía china se han expandido a un ritmo sin precedentes desde la revolución de 1949 (por ejemplo, en comparación con la India), y sin experimentar ninguna recesión ni caída en ninguno de los años en que el capitalismo mundial sí las sufrió (véase el gráfico de la evolución del PIB real más abajo). Si eso es un ejemplo de expansión capitalista o de capitalismo de Estado, entonces tal vez deberíamos reconocer que el capitalismo aún puede cumplir su cometido de hacer avanzar a la humanidad. En cambio, yo creo que no. China no es un modelo de éxito capitalista, sino un modelo en el que la propiedad pública y la planificación prevalecen sobre la rentabilidad capitalista.
En la segunda parte de mi reseña sobre el IIPPE 2026, analizaré algunas sesiones y ponencias sobre la inteligencia artificial, la tasa de ganancia, la deuda en dólares y el papel del dinero en el capitalismo.
_____
IIPPE 2026, segunda parte: IA, imperialismo, dinero y fascismo
En la segunda parte de mi informe sobre el IIPPE 2026 (la primera parte se encuentra aquí), podría seguir informando sobre varias ponencias interesantes relativas al desarrollo de China; sin embargo, dado que la primera parte se centró principalmente en cuestiones relacionadas con ese país, en esta segunda parte me centraré en las sesiones dedicadas a otros temas.
Chandrasekharan Saratchand, catedrático de Economía en el Satyawati College de la Universidad de Delhi, presentó su crítica a la denominada inteligencia artificial «general» (AGI). La tesis que se defiende es que la AGI puede aumentar indefinidamente la producción sin depender de la expansión de la mano de obra humana. Por lo tanto, supone una amenaza para la participación de los trabajadores en la producción. Utilizando un enfoque neoclásico marginalista de los «factores de producción», Saratchand considera que la AGI mercantilizará y automatizará el conocimiento humano convirtiéndolo en «capital máquina escalable» y que, entonces, los propietarios del capital ya no tendrán que distribuir salarios en función de las competencias humanas. La desigualdad de riqueza y de ingresos aumentará drásticamente, junto con una mayor concentración de los medios de producción. De hecho, sin «intervención», las enormes ganancias de productividad que traerá consigo la IGA serán monopolizadas, lo que conducirá al desempleo estructural y a la pérdida de poder de la mano de obra mundial. Saratchand considera que confiar en que las entidades comerciales actúen con moderación es estructuralmente inviable debido a las inmensas presiones financieras que ejercen los financiadores. En su lugar, aboga por «marcos institucionales rígidos y de arriba abajo para preservar el bienestar humano».
Este análisis presenta varios problemas. En primer lugar, parte del supuesto de que la IGA —es decir, los modelos de IA superinteligentes— surgirá con la capacidad de sustituir el trabajo humano casi por completo. En mi opinión, es muy improbable que el uso de los grandes modelos de lenguaje (LLM) sea lo suficientemente «inteligente» como para hacerse cargo de todos los sectores y profesiones de la industria. De hecho, podría pasar incluso una década o más hasta que se produzca la adopción generalizada de la IA «normal» en toda la economía.
En segundo lugar, la IA general (AGI) nunca podrá sustituir ni replicar las habilidades y los conocimientos humanos. Recordemos lo que dijo Noam Chomsky sobre la IA: «La mente humana no es como ChatGPT y similares, un pesado motor estadístico para la comparación de patrones, que se atiborra de cientos de terabytes de datos y extrapola la respuesta conversacional más probable o la respuesta más probable a una pregunta científica. Por el contrario, la mente humana es un sistema sorprendentemente eficiente e incluso elegante que opera con pequeñas cantidades de información; no busca inferir correlaciones burdas entre puntos de datos, sino crear explicaciones. Dejemos de llamarla inteligencia artificial y llamémosla por lo que es: «software de plagio», ya que no crea nada, sino que copia obras existentes —de artistas— modificándolas lo suficiente como para eludir las leyes de derechos de autor».
Tal y como argumentamos Guglielmo Carchedi y yo en nuestro libro, El capitalismo en el siglo XXI (págs. 167-174), las máquinas no pueden concebir cambios potenciales ni cualitativos. El nuevo conocimiento surge de tales transformaciones (humanas), no de la ampliación del conocimiento existente (máquinas). Solo la inteligencia humana es social y puede vislumbrar el potencial de cambio —en particular, el cambio social— que conduce a una vida mejor para la humanidad y la naturaleza.
Recientemente, unos investigadores de Oxford publicaron un artículo titulado «Theory Is All You Need». En él se refuta la afirmación de que los modelos computacionales puedan generar auténtica novedad o nuevos conocimientos. Los modelos de lenguaje grande (LLM) son máquinas de probabilidad que analizan retrospectivamente los datos existentes. La cognición humana mira hacia el futuro y es capaz de generar auténtica novedad. La cognición humana funciona, en teoría, de forma «descendente» (top-down) en lugar de «ascendente» (bottom-up) a partir de los datos. La IA se basa en la predicción a partir de datos, que es en gran medida imitativa. Los seres humanos, sin embargo, utilizamos una lógica causal basada en la teoría que nos permite albergar creencias que van más allá de los datos existentes. Los seres humanos no nos limitamos a procesar información; utilizamos la teoría para «intervenir» de forma práctica en el mundo. «Llevamos a cabo experimentos dirigidos para generar datos completamente nuevos». En mi opinión, estos son argumentos de peso contra el temor actual expresado por las empresas de IA y asumido sin reservas por los medios de comunicación (Martin Wolf), según el cual la IA está fuera de control y destinada a dominar a la humanidad hasta nuestra destrucción.
El verdadero temor para el mercado laboral no es ese, sino la pérdida de puestos de trabajo dignos y del nivel de vida a medida que los «agentes» de la IA sustituyan a los trabajadores en distintos sectores. El FMI calcula que el 60 % de los puestos de trabajo en las economías avanzadas se verán afectados. Los economistas de Morgan Stanley estiman que los bancos europeos podrían reducir su plantilla en torno a un 10 % para 2030. La estimación se basa en un análisis de 35 entidades crediticias importantes que, en conjunto, emplean a unas 2,12 millones de personas. Un recorte de esa magnitud se traduciría en la desaparición de aproximadamente 212 000 puestos de trabajo en los próximos cinco años.
En la década de 1850, Marx aclaró el efecto de las nuevas tecnologías que ahorran mano de obra: «Los hechos reales, que el optimismo de los economistas tergiversa, son los siguientes: los trabajadores, cuando son expulsados del taller por la maquinaria, quedan arrojados al mercado laboral. Su presencia en el mercado laboral aumenta el número de fuerzas de trabajo que quedan a disposición de la explotación capitalista… El efecto de la maquinaria, que se ha presentado como una compensación para la clase obrera, es, por el contrario, un azote de lo más espantoso. …
Por lo tanto, la cuestión no es un desastre existencialista que se cierne sobre la humanidad a causa de máquinas de IA superinteligentes «fuera de control»; es más probable que una crisis existencial provenga del cambio climático. La verdadera cuestión es quién controla los medios de producción (la IA). En lugar de desarrollar la IA para obtener beneficios, reducir puestos de trabajo y mermar los medios de subsistencia de las personas, una IA bajo propiedad y planificación comunes podría reducir las horas de trabajo humano para todos y liberar a las personas del trabajo penoso, permitiéndoles concentrarse en el trabajo creativo que solo la inteligencia humana puede aportar.
Hubo varias ponencias sobre economía política marxista, la teoría del valor y la tasa de ganancia. Permítanme centrarme en un estudio empírico. Leonardo Segura Moraes presentó una ponencia sobre El valor, el precio de producción y la rentabilidad en la economía brasileña entre 2010 y 2025. En lugar de realizar cálculos numéricos con datos agregados de las cuentas nacionales, Segura partió de los balances de 48 empresas brasileñas —un enfoque ascendente—. A partir de estos balances, calculó las categorías marxistas de capital constante y capital variable, plusvalía, rotación del capital y tasa de ganancia. Segura constató que la tasa de ganancia sobre el capital en Brasil descendió entre 2010 y 2015, se recuperó hasta 2018 y, posteriormente, se estabilizó. Entre 2010 y 2015, la tasa media de ganancia de la muestra siguió una tendencia a la baja, pasando del 13,7 % al 7,1 %. A este período de crisis le siguió una fase de recuperación hasta 2018 (momento en el que la tasa media de ganancia de la muestra alcanzó el 14,28 %). Tras el fin de la recesión provocada por la pandemia, la tasa de ganancia se mantuvo en un nivel más elevado.
Lo que me pareció interesante fue que los resultados del enfoque ascendente de Segura coincidían con los obtenidos a partir de datos agregados (descendente). Calculé la tasa de ganancia sobre el capital de Brasil utilizando las Penn World Tables (serie 11.0) y observé una caída similar de la tasa de ganancia cuando llegó a su fin el auge de las materias primas que comenzó en la década de 2000; y, al igual que en los datos de Segura, se produjo una recuperación a partir de 2015, aunque la tasa seguía siendo inferior en 2023 que en 2010. Así pues, dos métodos de cálculo diferentes arrojaron resultados similares, lo que refuerza el respaldo empírico a la ley de la rentabilidad de Marx.
En otra sesión, Cristina Re, de la Universidad de Parma, y Gianmaria Brunazzi, de la Universidad de Milán, presentaron
Debo decir que en aquel momento no me pareció convincente esta teoría (véanse mis comentarios adjuntos). Para mí, el «imperialismo de la deuda» se da cuando los países pobres acumulan enormes deudas (préstamos) con instituciones imperialistas para crecer, pero luego, ante las crisis económicas, se ven obligados a incurrir en impago, devaluar sus monedas e imponer severas medidas de austeridad para cumplir con sus obligaciones con los bancos del Norte Global y el FMI, etc. Estados Unidos constituye una excepción como deudor debido al «privilegio extraordinario» del dólar y a que puede financiar fácilmente sus déficits comerciales mediante la inversión extranjera en empresas y activos financieros estadounidenses. Sin embargo, no veo cómo se deduce de ello que la deuda estadounidense sea una nueva vía de dominación para el imperialismo estadounidense. En el IIPPE, Re y Brunazzi han ampliado su teoría para sostener que el imperialismo de la deuda estadounidense ha pasado a una fase «terrorista», pasando del mero poder financiero a una dominación más política y al uso de la fuerza (presumiblemente en Venezuela, Irán, etc.). Debatiré esta teoría en noviembre.
Henrique de Abreu Grazziotin, del Departamento de Economía de la Universidad de Massachusetts Amherst, presentó algunos aspectos de historia económica, concretamente un análisis de la crítica de Marx a la Ley de la Carta Bancaria de 1844. Esto es relevante porque el intento de las autoridades monetarias de controlar la oferta monetaria y la inflación vinculándolas a las reservas de oro del país supuso un fracaso desastroso. La Ley no logró evitar el pánico financiero y, por el contrario, agravó las crisis durante fases clave del ciclo industrial capitalista.
Marx argumentó que la Ley —impulsada por Sir Robert Peel e inspirada en la Escuela Monetaria— se basaba en la suposición errónea de que el volumen de billetes en circulación determina directamente los precios de las mercancías. Se trataba de una teoría monetarista, precursora del monetarismo moderno tal y como lo expresó Milton Friedman. Marx se alineó con la Escuela Bancaria, afirmando que la circulación monetaria viene determinada, en realidad, por las necesidades del comercio, los precios de las mercancías y el estado del sistema crediticio.
Grazziotin propone una teoría de cinco fases del ciclo industrial capitalista, basada en la evolución de la tasa media de ganancia y del tipo de interés medio. El «beneficio de la empresa» es la diferencia entre la tasa general de beneficio y el tipo de interés, lo que impulsa la acumulación de capital a lo largo del ciclo. Una crisis puede surgir tanto del aumento del tipo de interés como de la caída de la tasa general de beneficio. En el gráfico que figura a continuación, podemos observar que una caída de la tasa de beneficio puede reducir el beneficio de la empresa y, por lo tanto, provocar una recesión; o bien, un aumento del tipo de interés podría acabar desencadenando un colapso financiero. En las tres primeras fases del ciclo, una tasa de beneficio al alza puede absorber un aumento del tipo de interés de los préstamos, pero en la cuarta fase la tasa de beneficio comienza a descender mientras que el tipo de interés empieza a subir. En la quinta fase, la ganancia empresarial se ve tan reducida que se produce una crisis.
Por último, permítanme referirme a la ponencia principal de la sesión plenaria a cargo del profesor Alfredo Saad Filho sobre
Saad-Filho sostiene que superar esta nueva amenaza fascista requiere dejar atrás los fracasos de los sistemas del pasado para luchar por «una democracia renovada y genuinamente inclusiva». Esto me parece algo vago, si he interpretado correctamente su punto de vista. Asimismo, su énfasis en la debilidad de la clase trabajadora organizada no puede compensarse esperando que sean los inmigrantes y los trabajadores de la economía gig quienes lideren la lucha contra el nuevo fascismo del siglo XXI. El fascismo solo podrá ser hecho retroceder mediante la coordinación de trabajadores organizados —a menudo en las nuevas industrias tecnológicas—, movilizados en torno a un programa económico que les afecte directamente (el coste de la vida, los servicios públicos, la vivienda), y no solo en torno a la «democracia» o a la política identitaria.
4. La patata en África.
Un artículo sobre cómo se impuso el cultivo de la patata en Nigeria por necesidades militares de los colonialistas británicos, y la lucha actual por las semillas monopolizadas por el agribusiness.
¿Seguridad alimentaria o acaparamiento de semillas? La patata colonial y las guerras de semillas en África
Por James Akpu
En esta entrada del blog roape.net, James Akpu sostiene que las lógicas subyacentes a un plan colonial de cultivo de patatas en tiempos de guerra en las tierras altas de Nigeria siguen reproduciéndose hoy en día en los denominados programas de «seguridad alimentaria» de todo el continente africano.
Todo comienza con una patata. No del tipo que alimenta a una nación en las historias de los libros de texto, sino una patata colonial. Esta patata fue transportada, sometida a pruebas, racionada, introducida a través de los huertos de las misiones y las líneas de suministro militar y, en última instancia, vendida como un avance. Seguir el rastro de esa patata por las tierras altas de Nigeria nos lleva a las disputas actuales sobre las semillas, la deuda, la legislación y quién decide qué cultivan los agricultores africanos.
Las semillas no son solo semillas. Conllevan memoria, trabajo, sabor, legislación, poder y, a menudo, deuda. El plan colonial de la patata en Nigeria es significativo porque muestra cómo la dependencia de las semillas puede desarrollarse incluso antes de que quede codificada en la ley. Hoy en día, los debates sobre la soberanía de las semillas en África suelen centrarse en las patentes, los derechos de los obtentores, las leyes sobre semillas certificadas y la agroindustria. Sin embargo, la Nigeria colonial revela un método de control más antiguo: la emergencia.
En las décadas de 1930 y 1940, los funcionarios británicos transformaron las mesetas de Jos y Mambila en lugares de ensayo para el cultivo de patatas. Inicialmente, el plan era modesto y poco coordinado, impulsado por mineros europeos, misioneros y funcionarios coloniales que buscaban alimentos que les resultaran familiares. Entonces, la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) lo cambió todo. Las rutas de abastecimiento se vieron interrumpidas, las tropas necesitaban alimentos y los agricultores de las tierras altas nigerianas fueron integrados por la fuerza en un plan alimentario imperial de mayor envergadura. Un experimento agrícola pasó a formar parte del esfuerzo bélico del Imperio Británico.
Mapa base antropológico de la provincia de Plateau, reproducido a partir de C. G. Ames, *The Gazetteers of Plateau Province*, 1932 (copia conservada en los Archivos Nacionales de Nigeria, Kaduna)
Las tierras altas resultaban ideales para este cultivo. Las patatas prosperan en condiciones más frescas, y Jos y Mambila ofrecían el clima que deseaban los agrónomos coloniales. Sin embargo, estas zonas no eran espacios vacíos a la espera de ser explotados. Se trataba de sociedades habitadas, dedicadas a la agricultura y políticamente complejas, con sus propios cultivos, mercados y sistemas de conocimiento.
El dominio colonial alteró la dinámica de estas regiones. La extracción de estaño en la meseta de Jos atrajo a trabajadores, administradores y colonos. Aumentó la demanda de alimentos europeos. Las patatas, que antes eran un cultivo de huerto para los expatriados y las estaciones misioneras, comenzaron a parecer valiosas para el Estado colonial.
A partir de la década de 1930, los funcionarios británicos destinados en Nigeria comenzaron a importar patatas de siembra procedentes de Irlanda, Gran Bretaña, Europa, Sudáfrica, las Islas Canarias y los Estados Unidos. Las misiones cultivaban las patatas. Los jefes de distrito distribuían las semillas. Los agricultores probaban el cultivo con cautela, incorporándolo a las rutinas locales cuando tenía sentido y rechazándolo cuando no. La patata se convirtió en un medio de poder.
Esto no significó que desaparecieran los cultivos y los sistemas de semillas tradicionales. No hubo ninguna prohibición formal, y los agricultores locales continuaron cultivando, conservando e intercambiando semillas de diversas maneras. El sistema funcionó de formas más sutiles: alteró las recompensas. El acceso a la tierra, la mano de obra, el crédito, el apoyo oficial y los mercados comenzó a favorecer al cultivo colonial. Las semillas importadas se consideraban mejoradas, mientras que las semillas conservadas por los agricultores y los conocimientos locales quedaron relegados a un segundo plano. Con el tiempo, los sistemas de semillas diversos y adaptables se vieron reducidos —aunque no desaparecieron por completo— por una cadena de suministro que daba prioridad a las minas, las estaciones misioneras, las necesidades militares y los mercados imperiales.
Antes de la Segunda Guerra Mundial, el plan no tuvo un gran éxito. Algunos agricultores pensaban que las patatas eran venenosas. Otros no veían motivo para cultivar un producto con un mercado limitado y dominado por Europa. Un intento de 1937 de vender patatas de siembra importadas de la variedad «Great Scott» a la Autoridad Nativa de Jos terminó mal: la mitad quedó sin vender, el resto se regaló y el plan generó pérdidas.
La guerra transformó el fracaso en una necesidad apremiante. El imperio necesitaba alimentos cerca de los puestos avanzados militares. Su objetivo era ahorrar espacio de carga y reducir la dependencia de las rutas marítimas interrumpidas. De repente, las patatas de Mambila y la meseta de Jos se convirtieron en algo crucial.
La economía de guerra y la creación de dependencia
La producción se disparó de unas 90 toneladas al comienzo de la guerra en 1939 a unas 1.200 toneladas en 1943. Surgieron almacenes de semillas y estaciones experimentales por todo Kagoro, Zonkwa, Kurmin Biri y Riyom. La ciencia colonial también avanzó rápidamente: los científicos de Kew, con sede en Londres, idearon formas de transportar los «ojos» germinados de las patatas en lugar de los tubérculos enteros, lo que facilitó un suministro constante desde el exterior.
Las autoridades de la época de la guerra no establecieron un sistema de semillas nigeriano independiente, sino que crearon una cadena de suministro. Se animó a los agricultores a aumentar la producción. Sin embargo, la autoridad seguía residiendo en otra parte: las semillas, el control de enfermedades, las importaciones y los mercados seguían vinculados a las instituciones imperiales. Lord Woolton, ministro de Alimentación británico durante la guerra, se refirió a la patata como un «cultivo de seguridad». Sin embargo, y esto es fundamental, servía de seguridad para el imperio, no para los agricultores nigerianos.
Las crisis pueden generar dependencia más rápidamente que el comercio habitual. La guerra suspende el escepticismo. Hace que las medidas drásticas parezcan temporales y pragmáticas. Les dice a los agricultores: cambien ahora, paguen más tarde, confíen en los expertos; la emergencia lo exige. Luego, la emergencia llega a su fin.
Tras la guerra, las exportaciones de patatas desde las Provincias del Norte se desplomaron, pasando de 1.732 toneladas en 1944 a tan solo 100 toneladas en 1948. Las instalaciones de clasificación quedaron abandonadas. Los precios fluctuaron. Los agricultores que habían adaptado la tierra, la mano de obra y los ciclos de cultivo a la patata se quedaron con un sistema diseñado para la crisis de otros.
De la emergencia colonial a los programas de semillas actuales
Esta historia guarda una relación directa con el presente. En toda África, los programas de seguridad alimentaria suelen surgir durante las crisis: subidas de los precios de los alimentos, perturbaciones climáticas, interrupciones en la cadena de suministro, la COVID-19 y la guerra en Ucrania. Cada crisis trae consigo promesas de mejores semillas, fertilizantes, crédito, asistencia técnica y resiliencia.
La verdadera pregunta es: ¿resiliencia para quién? Las similitudes entre estos programas no residen en que sean idénticos. No lo son. El punto clave es la estructura recurrente: el lenguaje de la crisis, las semillas procedentes del exterior, el crédito, los mercados regulados, la pericia oficial y las normas que dictan qué semillas son válidas y quién puede utilizarlas.
Un mapa base colonial de la zona de Mambila, reproducido a partir de los Archivos Nacionales de Nigeria, Kaduna Yola Prof. 2303 (copia en los Archivos Nacionales de Nigeria, Kaduna)
En la actualidad, la labor de la Alianza para una Revolución Verde en África (AGRA) en materia de sistemas de semillas presenta las semillas mejoradas como una vía hacia una agricultura más productiva y comercial. El Programa de Prestatarios Ancla de Nigeria conecta a los agricultores con semillas, fertilizantes, crédito, compradores y el pago tras la cosecha. El programa «Planting for Food and Jobs» de Ghana ha evolucionado hacia un crédito para insumos que se recupera a través de la producción. Las subvenciones a los insumos que Malawi lleva aplicando desde hace tiempo han convertido el maíz, los fertilizantes y la financiación anual en elementos fundamentales de la política alimentaria nacional.
Diferentes programas, mismo riesgo: insumos ahora, reembolso más tarde, mercados organizados desde arriba. Los agricultores no se limitan a comprar semillas; se ven arrastrados a paquetes que vinculan semillas, crédito, fertilizantes, registro digital y compradores. El lenguaje es moderno, pero la estructura se hace eco de antiguos acuerdos de deuda por semillas.
Cuando la dependencia se convierte en ley
Los planes de emergencia pueden reorganizar rápidamente las prácticas agrícolas. La ley puede consolidar estos cambios. Por eso es importante la labor de Genetic Resources Action International (GRAIN) y de los movimientos africanos por la soberanía de las semillas. Durante más de dos décadas, han seguido de cerca y se han opuesto a los esfuerzos por armonizar las leyes africanas sobre semillas con el modelo de la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales (UPOV 1991), diseñado para reforzar los derechos de los obtentores y, al mismo tiempo, limitar las libertades cotidianas de los agricultores en materia de semillas. En términos sencillos, la UPOV 1991 convierte las semillas en propiedad intelectual protegida. Los obtentores obtienen derechos sólidos sobre la producción, la reproducción, la venta y la comercialización de las variedades protegidas.
Aunque a los agricultores se les permita conservar semillas en determinados casos, esa libertad se convierte en una excepción más que en un derecho. Las prácticas cotidianas que sustentan la agricultura —conservar semillas, volver a plantarlas, intercambiarlas con los vecinos, adaptarlas a los suelos locales y, en ocasiones, venderlas en los mercados locales— pueden convertirse en objeto de concesión de licencias, control policial o fijación de precios.
La larga lucha de Ghana en torno al proyecto de ley sobre los obtentores vegetales ilustra lo que está en juego. El proyecto de ley se presentó como una medida de modernización: recompensar la innovación, atraer inversiones y mejorar la agricultura. Los colectivos de agricultores y las organizaciones de la sociedad civil advirtieron de que el verdadero objetivo era controlar qué variedades se tienen en cuenta, quién puede reproducirlas y cómo circulan las semillas entre los agricultores.
Zimbabue se enfrenta a un reto similar a través de las reformas vinculadas a la Organización Regional Africana de la Propiedad Intelectual (ARIPO) y al Protocolo de Arusha. La ARIPO presenta un sistema regional de protección de variedades vegetales como un método simplificado para la innovación, el registro y el comercio de semillas. Los críticos lo consideran un atajo para instaurar normas al estilo de la UPOV, en un contexto en el que la mayoría de los agricultores siguen dependiendo del intercambio informal de semillas.
El reciente proyecto de ley de derechos de los obtentores de Zambia pone de relieve esta cuestión. Los defensores de la agroecología y la biodiversidad sostienen que las reformas alineadas con la UPOV de 1991 socavan los derechos de los agricultores, favorecen a las empresas multinacionales de semillas y reestructuran las leyes nacionales en función de normas externas. La soberanía de las semillas no es nostalgia. Representa una lucha constante por la legislación, los mercados y la supervivencia.
En comparación con el programa colonial de la patata, estas batallas legales forman parte del mismo marco. Primero viene la promesa: mejores semillas, mayores rendimientos, seguridad alimentaria, resiliencia climática. Luego, el paquete: semillas, fertilizantes, crédito, registro, mercados. Por último, la ley: protección, certificación, aplicación y sanciones. En última instancia, las semillas que los agricultores antes guardaban, intercambiaban y mejoraban pueden convertirse en propiedad de otra persona.
El programa de la patata en las mesetas de Jos y Mambila nos enseña una lección incómoda: la dependencia no siempre se presenta como una conquista. A veces llega en forma de ayuda, otras como socorro de emergencia y, en ocasiones, en una bolsa de semillas. Por lo tanto, la verdadera cuestión no es si África necesita mejores semillas, ciencia o apoyo. Sin duda, los necesita. La cuestión es quién es el dueño del sistema que se establece a continuación.
Si los agricultores salen de una crisis con un control reducido sobre las semillas, la tierra, los mercados y los conocimientos, entonces la «seguridad alimentaria» se convierte en un término educado para referirse a la apropiación. La próxima emergencia no debería dictar qué cultivan los agricultores, qué semillas compran, qué deudas contraen ni de quién pasan a ser propiedad sus cosechas.
Con el tiempo, los sistemas de semillas diversos y adaptables se vieron reducidos —aunque no desaparecieron por completo— por una cadena de suministro que daba prioridad a las minas, las estaciones misioneras, las exigencias militares y los mercados imperiales.
Los responsables en tiempos de guerra no establecieron un sistema de semillas nigeriano independiente; crearon una cadena de suministro. Se animó a los agricultores a aumentar la producción. Sin embargo, la autoridad seguía residiendo en otra parte: las semillas, el control de enfermedades, las importaciones y los mercados seguían vinculados a las instituciones imperiales.
Los agricultores no se limitan a comprar semillas; se ven arrastrados a paquetes que vinculan semillas, crédito, fertilizantes, registro digital y compradores. El lenguaje es moderno, pero la estructura se hace eco de antiguos acuerdos de semillas a cambio de deuda.
Etiquetas
Agricultura, Colonialismo, Dependencia, Seguridad alimentaria, Nigeria, patatas, semillas
James Akpu es un historiador especializado en el África colonial y poscolonial que actualmente trabaja en la Universidad de la Ciudad de Dublín, donde ocupa el cargo de investigador en Historia Africana. Su investigación recupera historias de la vida material cotidiana bajo el imperio, especialmente la labor misionera, la ciencia agrícola y la tecnociencia rural, a través de un trabajo continuado en archivos coloniales y eclesiásticos poco explotados de Nigeria, Irlanda y Gran Bretaña.
5. El largo camino de la desdolarización.
Patnaik dedica su Nota económica al proceso iniciado en Bretton Woods y su instrumentalización por parte del imperialismo, y la necesidad, por tanto, de una «desdolarización».
https://peoplesdemocracy.in/2026/0920_pd/weaponisation-dollar
El dólar como arma
Prabhat Patnaik
El sistema de Bretton Woods institucionalizó el dólar estadounidense como moneda de reserva mundial, comprometiéndose Estados Unidos a comprar y vender oro a gobiernos y bancos centrales extranjeros a un precio fijo de 35 dólares por onza de oro. El papel del dólar como moneda de reserva se basaba en la creencia de que no se produciría una avalancha de cambiadores de dólares por oro; es decir, en la expectativa de estabilidad en el precio del oro en dólares, que a su vez se fundamentaba en la expectativa de estabilidad (al menos a largo plazo, salvo fluctuaciones a corto plazo) en los precios en dólares de las materias primas. Mientras se mantuvo esta expectativa, Estados Unidos pudo gastar todo lo que quiso, ya que el resto del mundo siempre estuvo dispuesto a mantener dólares y activos denominados en dólares. Cuando estas expectativas se vieron socavadas debido a la inflación en Estados Unidos, tras la escalada de la guerra de Vietnam, el sistema de Bretton Woods se derrumbó.
Sin embargo, tras un período de transición, el dólar recuperó su supremacía y, aunque ya no era convertible en oro a un precio fijo, retomó su papel como moneda mundial de facto. Este papel, reflejado en el uso generalizado del dólar como medio de circulación en el comercio mundial —incluido, sobre todo, el comercio de petróleo— y, por lo tanto, también como forma de acumulación de riqueza, se basaba en la expectativa de estabilidad de su valor frente al mundo de las materias primas. Esto, naturalmente, confería una ventaja especial a EE. UU., ya que podía pedir prestado al resto del mundo y gastar todo lo que quisiera; y, durante mucho tiempo, la reacción del resto del mundo ante esta ventaja fue «que así sea».
Sin embargo, este papel del dólar se convirtió con el tiempo en un arma, cuando Estados Unidos comenzó a aprovecharse de la tenencia de dólares y de activos denominados en dólares por parte del resto del mundo para imponer su dictado a este último. En ese momento dejó de ser simplemente una moneda de reserva que confería una ventaja económica a Estados Unidos, para convertirse en un instrumento peligrosamente poderoso utilizado de manera totalmente cínica con fines de coacción.
Esto ocurrió por primera vez en 1979, cuando el presidente Jimmy Carter embargó —aunque no llegó a confiscar— activos iraníes por valor de 12 000 millones de dólares tras la denominada «crisis de los rehenes». Se trató claramente de un acto de bandolerismo internacional, que se ha repetido innumerables veces desde entonces. El hecho de que la moneda de EE. UU. sea la forma en que gran parte del resto del mundo mantiene su riqueza no otorga a EE. UU. ningún derecho legal ni moral a embargar dicha riqueza cuando le plazca, del mismo modo que, dentro de un país, el hecho de que la moneda que circula sea responsabilidad del banco central no otorga al Gobierno ni al banco central el derecho a embargar las reservas de efectivo de nadie a su antojo. Pero, aprovechándose del hecho de que todas las transacciones en dólares, independientemente de dónde se produzcan —ya sea dentro o fuera de EE. UU.—, deben canalizarse a través de los denominados bancos estadounidenses «correspondientes», EE. UU. se ha arrogado simplemente el derecho a congelar activos en dólares extranjeros y a utilizar esta influencia adquirida de forma ilegítima para coaccionar a los países a que obedezcan su dictado.
En resumen, el dólar se ha convertido explícitamente en una herramienta del imperialismo estadounidense. Si Estados Unidos está en desacuerdo con algún país, simplemente impone sanciones unilaterales —sin el respaldo de las Naciones Unidas— contra dicho país y embarga las reservas en dólares de este a través de este mecanismo de los «bancos corresponsales». Un país que ha sido objeto recientemente de este trato es Rusia: casi 300 000 millones de dólares de sus reservas de divisas han sido embargados por Estados Unidos y sus aliados de la Unión Europea, como parte de las sanciones impuestas en el contexto de la guerra de Ucrania. Del mismo modo, las reservas de divisas de Irán, por un valor que oscila entre los 100 000 y los 150 000 millones de dólares, han sido embargadas por EE. UU., que ha desencadenado una guerra contra este país junto con Israel, aunque esta suma se mantenía en su mayor parte en bancos fuera de EE. UU., incluidos, irónicamente, bancos situados en la India y China.
Este cambio en el papel del dólar, que ha pasado de ser una moneda de reserva a convertirse en un arma explícita del imperialismo estadounidense utilizada contra cualquier país que se atreva a desafiar a EE. UU., ha añadido urgencia a los llamamientos a la «desdolarización». Esto quedó patente en la cumbre del BRICS celebrada recientemente en Nueva Delhi, donde Rusia, China e Irán —con distintos grados de énfasis en diversos aspectos— dieron prioridad a la necesidad de resistir contra el régimen de sanciones unilaterales impuestas por Estados Unidos, así como a la necesidad de un acuerdo comercial y financiero alternativo; en este contexto, se hizo un llamamiento al uso de la moneda local en el comercio entre los países del BRICS, cuya magnitud se reconoció que debía ampliarse de manera significativa.
No se trataba únicamente de un llamamiento a un acuerdo más justo que beneficiara a los países del Sur Global; iba dirigido de forma más explícita contra la pesadilla de las sanciones unilaterales estadounidenses impuestas a los países que no siguen la línea de Estados Unidos, y contra la congelación de los activos en dólares de dichos países. La India, aunque se mostró de acuerdo en términos generales con la necesidad de ampliar el comercio dentro del BRICS y de utilizar monedas locales, guardó silencio, por desgracia, en lo que respecta a la oposición a la congelación de los activos en dólares. En términos más generales, aunque la India, bajo el Gobierno de la NDA, se opone a las sanciones unilaterales no respaldadas por la ONU, no critica abiertamente a EE. UU. por embargar los activos en dólares de los países sancionados; ¡el ministro de Asuntos Exteriores se ha pronunciado incluso en contra de la «desdolarización»!
Por supuesto, no hay que subestimar las dificultades asociadas al uso de monedas locales en el comercio intra-BRICS. Si este comercio se basa en el uso de múltiples monedas, entonces, para evitar la especulación, es necesario que las monedas tengan tipos de cambio entre sí que sean más o menos estables. Sin embargo, para que esta estabilidad se mantenga a lo largo del tiempo, las normas de ajuste de los déficits y superávits de la balanza de pagos deben ser diferentes dentro del BRICS en comparación con las que rigen en el marco del acuerdo internacional vigente. A nivel internacional, en la actualidad son los países con déficit los que se ven obligados a ajustarse reduciendo sus niveles de actividad para eliminar los desequilibrios comerciales; así pues, los países más pobres del mundo se ven obligados a aplicar medidas de «austeridad». Un acuerdo mucho más sensato y humano consistiría en que se obligara a los países con superávit a ajustarse; si su demanda interna aumentara, su superávit comercial se reduciría y, con ello, el déficit comercial de los países con déficit. Por lo tanto, si se pretende que el comercio intra-BRICS se expanda basándose en el uso de monedas locales, las «reglas del juego» deben ser diferentes de las que rigen actualmente a nivel internacional. El mero hecho de un mayor uso de las monedas locales reproducirá dentro del BRICS las mismas contradicciones que actualmente afectan al sistema internacional de comercio y pagos.
Los acuerdos comerciales bilaterales que la India mantenía con la Unión Soviética en las décadas posteriores a la independencia deben ser reexaminados con el fin de tomarlos como modelo en este contexto. Dicho comercio lo llevaban a cabo en gran medida empresas del sector público de ambas partes, lo que, de practicarse ahora a una escala significativa, podría, en principio, reducir el margen para la especulación monetaria. Además, dado que los superávits y déficits no liquidados se arrastraban de un período a otro, esto equivalía a una concesión automática de crédito por parte del país con superávit al país con déficit. Y dado que estos superávits y déficits se eliminaban con el tiempo mediante las compras adecuadas, no se planteaba la cuestión de que el país con déficit tuviera que aplicar por sí solo medidas de «austeridad» para eliminar su déficit. Por lo tanto, el acuerdo comercial indo-soviético no se vio afectado por los problemas a los que se enfrentan hoy en día los países del Sur Global en el marco del orden internacional vigente. La expansión del comercio intra-BRICS sobre la base de las monedas locales podría producirse hoy en día, en un primer momento, a través de acuerdos bilaterales entre los países miembros, siguiendo el modelo del acuerdo comercial bilateral indo-soviético.
Resulta revelador que, si bien en la cumbre del BRICS se mencionó ampliamente la expansión del comercio intra-BRICS mediante el uso de monedas locales —lo que desempeñaría un papel beneficioso al eliminar el papel del dólar como medio de circulación en dicho comercio—, no se debatieron los problemas prácticos asociados a ello. Esto no hace más que poner de manifiesto el largo camino que le queda por recorrer al BRICS antes de convertirse en una fuerza significativa en la escena mundial. De hecho, dada su naturaleza diversa, marcada por la presencia de países proimperialistas en su seno, sigue siendo una cuestión discutible si llegará a recorrer todo ese camino.
6. Auge de la islamofobia.
No creo que en el país de Santiago Matamoros necesitemos que nos expliquen nada sobre la islamofobia, pero es algo que está creciendo abrumadoramente en EEUU y en Europa, y este auge es el que se analiza en el artículo.
https://www.newglobalpolitics.org/the-state-of-islamophobia/
El estado de la islamofobia
Fantasía, proyección y la reconfiguración del contrato social tras el 11-S
- Robert D. Crews
- 11 de septiembre de 2026

El activista estadounidense de extrema derecha Jake Lang sostiene ejemplares del Corán tras intervenir en una reunión del Ayuntamiento de Dearborn, tras una manifestación antimusulmana que él mismo organizó, denominada «Marcha de la Cruzada Cristiana», celebrada en Dearborn, Míchigan, el 18 de agosto de 2026. (Fotografía de JEFF KOWALSKY / AFP vía Getty Images)
Veinticinco años después del 11-S, la democracia de base goza de buena salud en Estados Unidos. Aquel fatídico día, con el impactante telón de fondo de las Torres Gemelas aún humeantes, el futuro de EE. UU. parecía pender de un hilo. ¿Resistirían las instituciones del país el desafío?
Hoy en día, los consejos escolares, las comisiones de ordenación territorial y los ayuntamientos —los pilares de la democracia de este país, que cuenta con 250 años de historia— son centros neurálgicos de la participación ciudadana. Ciudadanos entusiastas toman la palabra en localidades grandes y pequeñas para orientar la maquinaria del Estado hacia la voluntad del pueblo. Exigen que el Gobierno actúe en interés de la nación. Se pide cuentas a los políticos. Invocan a los padres fundadores, las libertades estadounidenses, la Constitución… y la Biblia.
En un número cada vez mayor de estas reuniones, lo que estos ciudadanos comprometidos desean en 2026 es que el Estado intervenga para «proteger a ellos» de sus vecinos musulmanes. No se trata de un impulso que uno suela asociar con las democracias liberales. Pero el contrato social posterior al 11 de septiembre se ha reinventado. Los musulmanes representan algo más del 1 % de la población estadounidense. Sin embargo, una coalición diversa y considerable de actores políticos e instituciones los ha situado —o, más exactamente, una imagen distorsionada de ellos— en el centro de la vida cívica estadounidense. Este es uno de los legados más significativos de la respuesta de EE. UU. a los atentados del 11 de septiembre: el Estado de seguridad nacional estadounidense ha condicionado a los estadounidenses a buscar protección frente a los musulmanes como un tipo singular de amenaza.
Tras el 11-S, Estados Unidos entró en guerra contra el «terrorismo», aunque siempre se dejó claro que los objetivos eran los musulmanes. La única cuestión era si eran, por parafrasear a Mahmood Mamdani, los «buenos» o los «malos», y los primeros (los laicos, occidentalizados y aliados de Estados Unidos) siempre parecían escasear. Los estadounidenses abrazaron el militarismo, el Estado de vigilancia estadounidense se amplió, los poderes policiales se expandieron y se militarizaron aún más, y el país entró en guerra en Afganistán, Irak, Pakistán, Yemen, Libia, Siria, Somalia e Irán (además de llevar a cabo operaciones antiterroristas encubiertas en docenas de otros países). También actuó en colaboración con los países de la OTAN y su representante regional, Israel, que ha librado lo que sus líderes denominan una guerra en «seis frentes» durante gran parte de este período y que, desde 2023, ha cometido un genocidio en Gaza. Durante todo este tiempo, Israel ha contado con el apoyo bipartidista de ambos partidos políticos de EE. UU. y con el respaldo constante de los cristianos evangélicos.
Para garantizar un alto grado de apoyo a la «guerra global contra el terrorismo» y a sus sucesoras, los medios de comunicación y la industria del entretenimiento modificaron su catálogo de villanos (ya habían comenzado a presentar a los musulmanes de Oriente Medio en la década de los noventa, a medida que la URSS iba desapareciendo de la conciencia pública).
La guerra era buena para los negocios. Los beneficios de la industria armamentística, que se fue fusionando gradualmente con Silicon Valley, se dispararon: el gasto militar pasó de 531 000 millones de dólares en 2000 a más de 1 billón de dólares en 2025. Incluyendo diversos fondos suplementarios, el Proyecto Costes de la Guerra concluye que «el presupuesto militar de EE. UU. casi se ha duplicado en este siglo, con un aumento del 99 % desde el año 2000».
La justificación oficial de este cuarto de siglo de guerra en países musulmanes ha hecho hincapié en la seguridad de la «patria» estadounidense —por utilizar un término popularizado tras el 11-S—. En algunos momentos, también se trataba de «liberar» a las mujeres de los talibanes, a quienes la mayoría de la población estadounidense tendía a equiparar con el islam en general. Esta guerra era «buena», según una formulación atribuida a Barack Obama, porque ofrecía algo tanto a la derecha como a la izquierda. Se trataba de atrapar a los malos «allí» antes de que pudieran atacarnos «aquí», pero con un toque feminista. El público estadounidense obtenía una satisfacción especial al ver cómo las audaces heroínas de la CIA de Zero Dark Thirty (2012) y Homeland (2011-2020) castigaban a los brutos musulmanes.
La guerra también prometía democracia, hasta que los patrocinadores estadounidenses de las elecciones se enfadaron con sus clientes. Enemigos ocultos, aldeanos muertos, explosiones en las carreteras, terroristas suicidas, caos, corrupción, polvo, sangre, calor, sufrimiento: estos escenarios de guerra parecían, en 2021 y tras la retirada estadounidense de Afganistán, irremediablemente perdidos. La guerra contra Irán sería diferente. Se libraría a distancia con misiles guiados por inteligencia artificial y sanciones destinadas a desmoronar la sociedad iraní y, con ella, al Gobierno.
A partir de la década de 2010, un coro de críticos, entre ellos Donald Trump, reclamó el fin de estas «guerras eternas», pero las élites estadounidenses aún no han perdido su apetito por librar guerras en esta región. No tienen claro cómo definir sus «intereses» en el mundo, y las intervenciones militares resultan costosas y arriesgadas.
Sin embargo, esta inercia también genera un dilema menos valorado para la política democrática en EE. UU. y en otros lugares. Décadas de matanzas de musulmanes en el extranjero han dejado una huella indeleble en la percepción que tienen los estadounidenses de los musulmanes en todas partes, lo que socava la posibilidad de ver a los musulmanes como algo más que extranjeros y enemigos. Esto supone una grave amenaza para la propia idea de ciudadanía.
Encuestas recientes muestran que la percepción de los musulmanes es ahora mucho más negativa de lo que era inmediatamente después del 11 de septiembre, cuando se disparó el número de delitos de odio contra los musulmanes: el Pew Research Center reveló que, en marzo de 2002, el 25 % de los adultos estadounidenses pensaba que el islam fomenta la violencia más que otras religiones. El número de estadounidenses que asociaba el islam con la violencia fue aumentando con el tiempo. A principios de 2026, el 51 % de los encuestados compartía esta opinión. Y el 42 % creía que los musulmanes tienen un impacto «muy o bastante negativo» en el país.
Al menos dos generaciones de académicos elocuentes y perspicaces —desde Edward Said hasta Khaled Beydoun y Rozina Ali— han investigado la «islamofobia» como un rasgo central de la vida política en Estados Unidos y en Occidente, en general, que ya existía antes del 11 de septiembre y se extendió tras los atentados. Han señalado que el término «islamofobia» engloba no solo un miedo exagerado, sino también el odio. Aunque el «islam» constituye el núcleo de la etiqueta, el fenómeno va mucho más allá de la antipatía religiosa o de una especie de rivalidad sectaria heredada del mundo antiguo. Como forma de definir la diferencia racial, se trata más bien de toda una gama de imágenes mentales, fantasías y la atribución de irracionalidad, salvajismo, atraso, misoginia, sexualidad desenfrenada (pero también represión sexual) y odio hacia todo lo no musulmán, a menudo enmarcado, sobre todo, como antisemitismo endémico.
El peligro que representan los musulmanes en la mente de tantos estadounidenses resulta convincente porque es difuso, multifacético, sensacionalista y emotivo, y se nutre de numerosas referencias culturales, raciales y religiosas. Si uno escucha las recientes opiniones expresadas en los foros públicos, se da cuenta de que los musulmanes son rechazables porque, supuestamente, degradan a las mujeres. Imponen el velo. Casan a niñas pequeñas con hombres mayores. Se niegan a aceptar a Cristo como su Señor y Salvador. Son «otros» desde el punto de vista racial. Lo más alarmante es que quieren «tomar el control» e imponer sus costumbres, valores y leyes: la «sharia». Como afirmó Trump en marzo de 2016: «Creo que el islam nos odia».
«Los ministros de la CDU se quedan de brazos cruzados: ¡Acaben con el matrimonio infantil, voten para expulsar a la CDU!». Alternativa para Alemania. https://afdkompakt.de/2024/11/26/cdu-minister-guckt-tatenlos-zu-kinder-ehen-stoppen-cdu-abwaehlen/
La migración y el desplazamiento forzoso de millones de personas como consecuencia de las guerras posteriores al 11-S han complicado aún más el panorama. Para gran parte de la opinión pública occidental, estas guerras lejanas siempre fueron enfrentamientos religiosos, incluso «civilizacionales», y ahora han llegado a sus propias fronteras. La tan publicitada y sensacionalista crisis de refugiados de 2015 en Europa hizo saltar las alarmas —no tanto por los conflictos sembrados por las potencias europeas en Oriente Medio— como por la llegada de un gran número de musulmanes, especialmente de hombres jóvenes. El pánico provocado por la migración musulmana en Occidente ha brindado a los políticos la oportunidad de avivar y movilizar toda una constelación de temores. Desde las bandas de pederastas y los burkinis en la playa hasta los menús escolares halal y los alojamientos para solicitantes de asilo, los musulmanes de piel morena y negra encarnaban todo lo que resultaba ajeno y aterrador. También en Europa, donde los musulmanes representan apenas el 6 % de la población, la islamofobia se ha convertido en un pilar del contrato social.
La derecha europea ha sido la más explícita a la hora de apuntar contra los musulmanes al reclamar fronteras militarizadas, criterios más restrictivos para la ciudadanía, el fin del asilo y deportaciones masivas, advirtiendo de una «invasión» migratoria, el «terrorismo», la «delincuencia» y el «fraude en las prestaciones sociales». Pero los partidos de centro tampoco se han cortado a la hora de sacar partido de la estigmatización de los musulmanes. El canciller alemán Friedrich Merz, por ejemplo, ha llegado incluso a permitir que los talibanes mantengan misiones diplomáticas en Alemania a cambio de cooperar en la deportación de afganos. La retórica que deshumaniza y criminaliza a los inmigrantes es, desde hace tiempo, un fenómeno generalizado. Un ecosistema transnacional de activistas e influencers de derecha amplifica estos mensajes en Internet. A nivel mundial, desde 2023, el conflicto entre Israel y Palestina se ha convertido en una especie de símbolo del asalto del «islam» a «Occidente».
«El EI [Estado Islámico] amenaza con atacar el Carnaval de Colonia: ¡Solo la AfD protegerá a nuestro país del terrorismo!». Alternativa para Alemania. https://afdkompakt.de/2025/02/26/is-droht-koelner-karneval-mit-anschlaegen-nur-die-afd-wird-unser-land-vor-terror-schuetzen/
En todo el mundo, los Estados han convertido la «protección» frente a poblaciones «enemigas» —musulmanes, migrantes y otros— en un aspecto cada vez más central del contrato social. Esta práctica refuerza la percepción pública de que tales amenazas son reales, lo que sirve de justificación a quienes consideran que sus acciones respaldan (y se ajustan a) las políticas estatales.
En EE. UU., en un contexto de guerra constante e imágenes mediáticas negativas, las prohibiciones de viaje dirigidas a países musulmanes, la vigilancia de los centros islámicos y el enjuiciamiento de quienes se manifiestan contra el genocidio de Gaza son solo una de las formas en que el Estado ejerce su liderazgo.
Los representantes electos centran cada vez más la gestión estatal y local en la apariencia de combatir el islam, una medida que pone de manifiesto hasta qué punto la islamofobia contemporánea se basa en la fantasía y la proyección. En 2025, dos congresistas de Texas fundaron el «Sharia Free America Caucus», calificando su labor de «noble causa para salvar la civilización occidental y luchar contra la amenaza de la sharia». Más de dos docenas de sus colegas se unieron al grupo, incluido otro representante de Texas, Brandon Gill, quien explicó: «La ley de la sharia es absolutamente bárbara y no tiene cabida alguna en Estados Unidos». Mis electores de Texas expresan constantemente su preocupación y preguntan qué se puede hacer ante el aumento de la inmigración islámica masiva en el norte de Texas, incluyendo iniciativas como la Comunidad Islámica de East Plano. Si las personas vienen a Estados Unidos en busca de una vida mejor, deben estar dispuestas a asimilarse a nuestra cultura, no a imponer ideales del tercer mundo en nuestra sociedad».
En febrero de 2026, sus colegas del Senado presentaron la «Ley para derrotar la ley sharia en Estados Unidos». Su promotor, el senador de Texas John Cornyn, explicó que su objetivo era «garantizar que los yihadistas antiamericanos y aquellos que se atrevan a intentar aplicar la ideología de odio de la ley sharia en nuestras comunidades amantes de la libertad y temerosas de Dios sean detenidos y rindan cuentas por su discriminación radical y su flagrante violación de nuestra Constitución». Su copatrocinador, Tommy Turberville, de Alabama, añadió que «la ley sharia no es una religión; es un culto a la muerte y no tiene cabida en este país… La gente tiene miedo de denunciar la ley sharia por lo que es: una ideología que insta al asesinato de estadounidenses amantes de la libertad. Debemos tomar medidas contra esta ideología venenosa y proteger a los estadounidenses de la creciente amenaza del islam radical».
Asimismo, en Tennessee, un candidato republicano a gobernador se comprometió a prohibir las mezquitas y otros lugares de culto vinculados a «religiones paganas», y el diputado de Tennessee Andy Ogles anunció en las redes sociales que «los musulmanes no tienen cabida en la sociedad estadounidense». En vísperas del vigésimo quinto aniversario del 11-S, el congresista de Florida Randy Fine comentó sobre la conmemoración del suceso: «Para el yihadista Mamdani, el vigésimo quinto aniversario del 11-S no es una tragedia. Es una celebración de aquellas personas que compartían su horrible visión del mundo y asesinaron a 3.000 estadounidenses. Su presencia allí es una vergüenza. Su presencia en este país lo es aún más».
Tachar a los musulmanes de seguidores de «una ideología que insta al asesinato de estadounidenses amantes de la libertad» se ha convertido en un estribillo habitual de la retórica de MAGA, especialmente entre su base evangélica, pero, como han señalado muchos estudiosos de la islamofobia, tratar a los musulmanes como una amenaza colectiva no se limita a la derecha política.
En el norte de California, feudo demócrata, una coalición multirreligiosa de padres de la acomodada localidad de Palo Alto ha presentado una demanda contra un distrito escolar, alegando que una excursión a una mezquita violó los derechos constitucionales de los alumnos y que el centro no protegió a los estudiantes del «riesgo previsible de que se vieran expuestos a actividades religiosas y mensajes ideológicos».
En la cercana localidad de Los Gatos, los vecinos de una mezquita situada en un barrio residencial se encuentran inmersos en una intensa batalla urbanística. Los residentes se quejan del aparcamiento, el tráfico, el ruido y los faros que iluminan las viviendas; sin embargo, los miembros de la comunidad de la mezquita sostienen que estas cuestiones técnicas son un pretexto para negarles sus derechos. En jurisdicciones de todo el país se están librando batallas similares en torno a la construcción y ampliación de mezquitas.
La discriminación del islam y los musulmanes como chivos expiatorios se está produciendo en todos los niveles del Gobierno y amenaza derechos civiles fundamentales y los principios democráticos del país, pero además legitima la violencia.
Como ha señalado Mohamad Bazzi, las repetidas amenazas de Trump de destruir por completo Irán, «bombardeándolo hasta devolverlo a la Edad de Piedra», advirtiendo de que «toda una civilización morirá esta noche» y afirmando recientemente que sería «borrado por completo como país» si no obedecía, están normalizando la violencia masiva contra los iraníes y otros pueblos. «Al igual que hicieron con Gaza», escribe, «la mayoría de las potencias y los líderes occidentales se han vuelto insensibles ante la pérdida y el sufrimiento de los palestinos, los iraníes, los libaneses y otros pueblos de Oriente Medio».

MINAB, IRÁN – 3 DE MARZO: (NOTA DEL EDITOR: Getty Images facilita el acceso a esta imagen de distribución pública con fines editoriales y no es el titular de los derechos de autor. Es posible que se requieran permisos adicionales, los cuales son responsabilidad exclusiva del usuario final). Vista aérea de un cementerio durante los funerales de las alumnas y el personal de un colegio femenino que, según las autoridades, fallecieron en un ataque estadounidense-israelí el 28 de febrero, el 3 de marzo de 2026 en Minab, Irán. Las autoridades iraníes afirmaron que más de 160 personas perdieron la vida en la explosión, que se produjo el primer día del ataque conjunto de EE. UU. e Israel contra objetivos en todo Irán. Funcionarios estadounidenses afirman que estaban investigando las informaciones sobre el incidente en el colegio, que se encontraba junto a una base del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). (Foto: Cortesía/Getty Images)
La idea de que los musulmanes son intrínsecamente violentos —y, por lo tanto, deben ser combatidos y enfrentados con la fuerza— ha adquirido un matiz cristiano más explícito en el discurso de figuras influyentes como el secretario de Guerra, Pete Hegseth, y el vicepresidente, J. D. Vance. Mucho antes de contribuir a desencadenar la guerra en Irán, Hegseth advirtió de que «el islam nunca dejará de estar en guerra» y ha abogado por el inicio de «una cruzada estadounidense». Al arremeter contra Abdul El-Sayed, el candidato demócrata al Senado por Míchigan, Vance señaló recientemente que «hay algo en Abdul El-Sayed que es muy, muy maligno y que está en auge hoy en día en los Estados Unidos de América». «Lo que veo», prosiguió el vicepresidente, «es a un hombre que siente simpatía y compasión por quienes comparten su religión, pero que no siente nada por quienes no la comparten. Una persona que pedirá perdón por un asesino siempre que este tenga el aspecto adecuado, pero que no comprenderá la difícil situación de un niño inocente si este profesa la fe equivocada». Al equiparar el islam con el asesinato de niños no musulmanes, el dominio de Vance del arte de la proyección resulta impresionante, pero también muy peligroso.
Algunos de los efectos de la interacción entre las interminables guerras en el extranjero y la búsqueda de chivos expiatorios a nivel nacional pueden observarse en los manifiestos de los autores de tiroteos masivos que han atacado mezquitas y sinagogas. En el asalto de mayo de 2026 al Centro Islámico de San Diego, dos adolescentes asesinaron a tres personas, dejando escritos en los que elogiaban al autor del tiroteo de 2019 en la mezquita de Christchurch (Nueva Zelanda), que mató a 51 personas. Su manifiesto, a su vez, elogiaba al asesino noruego Anders Breivik, quien asesinó a 77 personas en 2011. El antisemitismo, la islamofobia, el odio contra los inmigrantes, la supremacía blanca y la creencia en la conspiración del «gran reemplazo» se encuentran entre los elementos ideológicos que comparten los recientes (y potenciales) autores de tiroteos en mezquitas y sinagogas.
El hecho de que exista un amplio solapamiento entre el lenguaje y las aspiraciones de los manifiestos de los autores de tiroteos masivos y los de los principales políticos occidentales en lo que respecta al islam y a los musulmanes debería invitarnos a reflexionar más profundamente sobre lo que las guerras del 11-S han supuesto para nuestro vocabulario político —y sobre cómo concebimos la ciudadanía y el contrato social—. Poner fin de una vez por todas a las guerras interminables, al militarismo y a la islamofobia significará replantearse toda la trayectoria política que hemos seguido durante el último cuarto de siglo.
Robert D. Crews es catedrático de Historia en la Universidad de Stanford.
7. La propaganda a favor de Marruecos.
Un repaso al intento de blanquear el régimen de Marruecos de la misma forma que los grandes medios hacen con Israel. Quizá con un poco menos de éxito en nuestra ultraderecha porque, como señala el autor, para ellos «un moro sionista es más moro que sionista».
https://www.elsaltodiario.com/marruecos/marruecos-israelizacion-politica-regional-norte-africa
Marruecos y la israelización de la política regional en el norte de África
La imagen que proyectan sus fabulosos emporios mediáticos intenta convertir a ambos países en fuerzas generadoras de los grandes valores de la humanidad. Una labor tallada a fuerza de dólares y contactos diplomáticos.
Ignacio Gutiérrez de Terán Gómez-Benita
Arabista en la Universidad Autónoma de Madrid.
16 sep 2026
Hay un detalle que llama poderosamente la atención en la política exterior del Reino de Marruecos de un tiempo a esta parte: hace, dice y manipula cosas que recuerdan mucho al modus operandi del régimen de Tel Aviv en Oriente Medio. Cuando a alguien se le pregunta por las similitudes entre uno y otro tiende a recordar el muro de separación en el Sáhara y los territorios ocupados palestinos, la estrecha colaboración con la política “imperialista” de Washington o la manía de erigir asentamientos y enviar colonos a los territorios ocupados para luego decir que llevan allí toda la vida. O que saharauis y palestinos son unos advenedizos sin derecho ni legitimidad para reclamar los territorios que se les han arrebatado.
Pero hay más, mucho más, una forma apenas perceptible de decir las cosas y moverse por este mundo que invita a pensar que, en este caso el régimen monárquico de Rabat, se comporta con la misma prepotencia soberbia de sus grandes aliados sionistas porque, a fin de cuentas, goza del favor de una cobertura mediática, diplomática y social que ha sido orquestada para sustentar el gran proyecto sionista.
Durante años, en mayor medida desde que firmara en 2020 los acuerdos de Abraham para el reconocimiento pleno de Israel, la imagen internacional de Marruecos ha experimentado una mejora notable. La prensa internacional, dominada por los regímenes de Washington y Tel Aviv, los cuales teledirigen el origen y sentido del grueso de la información que se distribuye hoy, en primer lugar a través de las agencias de prensa, aplica una estudiada labor de ensalzamiento de los “impresionantes” avances económicos experimentados por una “nación moderna y dinámica”.
Marruecos se ha convertido, nos insisten, en la primera potencia de África, una nación que atrae más inversiones externas que numerosos países europeos, un foco de “febril actividad” industrial y turística en el norte del continente, así como en un elemento clave para asentar la seguridad en el Mediterráneo y promover eso que pomposamente llaman la modernidad armónica. Y un montón de cosas más.
En el plano político, nos cuentan que está dando grandes pasos en el proceso de democratización, si es que no se trata de un país democrático a su manera, campaña en la que participan por cierto destacadas personalidades políticas y sociales españolas que no por casualidad mantienen intereses económicos allí. Los lobbies pro marroquíes han proliferado en Occidente, apoyados por la cobertura estadounidense, que ha convertido al rey marroquí en el oeste del Mediterráneo y a la horda que gobierna la Palestina ocupada en el este en sus puntas de lanza.
Por ello, la imagen que proyectan sus fabulosos emporios mediáticos intenta convertir tanto a Marruecos como Israel en fuerzas generadoras de los grandes valores de la humanidad. Una labor tallada a fuerza de dólares y contactos diplomáticos. Los emisarios de Washington han llevado durante décadas, en sus visitas a los gobiernos aliados o que aspiraban a serlo, mayormente los árabes, un portafolio especial sobre Israel, el repelente niño Vicente de Oriente.
No se sabe muy bien por qué, pero en un momento determinado de la reunión de turno había que abordar eso, aunque el orden del día se centrara única y exclusivamente en la cooperación bilateral. Que este gobierno necesita apoyo financiero y se lo pide a Washington, vale, pero antes reconoce, si no lo has hecho, a Israel; o inicia contactos diplomáticos (así lo hicieron con Mauritania, en los noventa). ¿Quieres un contrato de armas o que defendamos tu espacio aéreo? Bien, pero, si tienes un discurso hostil al sionismo, modéralo (monarquías del Golfo). ¿Deseas que te permitamos desarrollar tu propio programa nuclear? Súmate a la caravana de estados árabes que intercambian embajadores con Tel Aviv (así lo están haciendo con Arabia Saudí).
Por estos lares mismos, en los ochenta, cuando la incorporación a la OTAN y después la Comunidad (hoy Unión) Económica Europea, el reconocimiento de Israel aparecía como condición sine qua non. A muchos nos costaba entender qué tendría que ver el régimen de Tel Aviv con la incorporación a organizaciones de las que no formaba parte, ni la importancia universal de reconocer su especificidad, pero así iba el asunto.
Hoy, como un país africano o incluso europeo se despiste, los representantes de la patulea de la Casa Blanca le sueltan una filípica sobre cómo operar con el nuevo Marruecos. Es tal el nivel de embellecimiento washing que se está haciendo por doquier al régimen marroquí que no es extraño que el rey y su núcleo duro estén actuando con una desfachatez que se traduce, por ejemplo, en sucesos de Ceuta. O las represalias de variada índole a quien ose poner en duda la soberanía marroquí sobre el Sáhara o cuestione las corruptelas del rey o las ficticias reformas democráticas en el interior.
En verdad, la manipulación informativa ha conseguido mucho a la hora de ensalzar la imagen del estado de Marruecos, como han hecho siempre con el régimen de Tel Aviv, al tiempo que las presiones ejercidas por la administración estadounidense actual hacen que los posibles rivales mantengan un perfil bajo. Pero no pueden lograrlo todo.
El grado de barbarie del proyecto colonial y racista del sionismo ha llegado a tal extremo que ni siquiera las líneas informativas predominantes han conseguido evitar que buena parte de la opinión pública mundial tenga una imagen negativa del proyecto sionista. Pero no se ha logrado nada más: Israel sigue haciendo lo que le viene en gana, no sólo en Palestina, sino más allá de sus fronteras, en Líbano y Siria por ejemplo; las operaciones de castigo entabladas por Trump y compañía contra individuos e instituciones que han levantado la voz contra los crímenes del sionismo en Gaza, han desarbolado la ONU, el Tribunal Penal Internacional y convertido en delincuentes a personas de cierta relevancia, convertidas en “antisemitas”.
Algo parecido, a una escala menor porque a fin de cuentas no pinta tanto, están haciendo con Marruecos, un país donde datos oficiales hablan de un sorprendente 25% de analfabetismo, crónico en determinadas regiones periféricas. Al menos el 50%, por no exagerar, de la población entre 18 y 30 años ansía abandonar el país. Si un lector normal en buena parte del planeta mira una noticia sobre Marruecos encontrará halagos sobre los datos macroeconómicos, las ofertas laborales, la modernización de las infraestructuras y la apertura de nuevas industrias; poco se le dirá sin embargo sobre los salarios insuficientes, los caminos sin asfaltar lejos de las grandes ciudades y los hospitales, escuelas y edificios públicos ruinosos.
Cualquier persona perspicaz que vaya por allí y salga de los circuitos turísticos comprobará la enorme brecha de las desigualdades sociales, los barrios desastrados a pocos kilómetros de donde se construyen majestuosos estadios de fútbol y palacios para el sátrapa gobernante. Pero no lo cuentan. Del mismo modo que uno se encuentra con paisanas y paisanas que vuelven de la Palestina ocupada y te hablan de lo moderno que es aquello y de que “es como Europa”, porque nadie les ha llevado, ni ellos se han molestado en pedirlo, a los territorios ocupados ni les ha contado la historia real del expolio sionista. Tenemos a cientos de individuos perorando en Europa y Norteamérica sobre los grandes éxitos del vecino meridional. De una democracia donde se elige a gobernantes nominales que ni pinchan ni cortan en la política interna o internacional porque quien decide es el rey y eso que llaman algunos el diwán, otros el estado profundo y los más academicistas el núcleo duro del majzén.
De una economía sustentada en fundamentos precarios a partir de la inversión millonaria de empresas e intereses amigos. De una sociedad que vive bajo una represión, sutil en determinados casos, que convierte en delito una opinión contraria a los grandes mitos fundacionales de la monarquía (la marroquinidad del Sáhara o la legitimidad incuestionable del emir de los creyentes). Han creado una ficción, como la de la identidad democrática y plural del Israel sionista, y responden airados ante cualquier crítica. Para colmo de males, los actuales gobernantes estadounidenses se encargan de criminalizar a quienes critican la barbarie del sionismo o la autocracia de la desigualdad en Marruecos, lo cual acrecienta la sensación de impunidad entre sus líderes.
La connivencia de Tel Aviv y Rabat resulta manifiesta desde hace décadas, ya en los tiempos en que al rey anterior, Hasán II, se le imputaba la condición de brazo ejecutor del imperialismo estadounidense en el norte de África. Israel ha aportado ayuda militar y tecnológica para reprimir el movimiento nacionalista saharaui, principalmente en la construcción del referido muro de contención, el más largo y costoso del planeta, financiado además por israelíes y estadounidenses. Los programas de espionaje que han permitido conocer secretos confidenciales de varios gobiernos europeos proceden de Israel, lo mismo que la hoja de instrucciones sobre cómo lidiar con los díscolos domésticos y externos. Los enjambres de “moscas electrónicas” y redes de bots que difunden sin cesar noticias favorables a sus intereses y bulos sobre los contrarios han adquirido una influencia enorme, con su hoja de ruta diseñada asimismo en Tel Aviv. Se señala y atosiga a los periodistas, intelectuales o ciudadanos de a pie que critican desde fuera, aunque sean extranjeros.
La estrategia empleada en Gaza/Cisjordania y el Sáhara responde, al fin y al cabo, a un patrón común: expulsa, expolia y adormece a la opinión pública internacional con mentiras o, sencillamente, creando una para-realidad. El rey marroquí se ufana de su estrecha relación con el botarate de inquilino que tenemos en la Casa Blanca y hasta le ha puesto su nombre a una autopista… en el Sáhara. Piensa que el apoyo incondicional de este, que se ha dedicado a jalear la presión migratoria sobre el estado español y Europa a costa de la vida de cientos de marroquíes inocentes, lo convierte en inmune. Tanto o más que dispone de la insidiosa tecnología militar israelí y de la transferencia de sus lobbies, que hablan con entusiasmo de la amistad de la familia real alawita con el “pueblo israelí”.
Mohamed VI sigue presidiendo el comité al-Quds, que debería defender Palestina, en primer lugar “la identidad y el estatus de Jerusalén este”, frente a los excesos de los colonos y el régimen de Tel Aviv, pero con su inoperancia respalda el expansionismo sionista. Ejerce de Príncipe de los Creyentes, de ahí su inviolabilidad en el espacio político marroquí, y sin embargo no sabe o quiere proteger los lugares religiosos palestinos. En contra de la opinión mayoritaria de la población, un 80% al menos, mantiene las relaciones al máximo nivel con Tel Aviv, aun durante la campaña de genocidio en Gaza, y ha reforzado la cooperación militar con el gobierno israelí.
El gran inconveniente de este discípulo aventajado del sionismo estadounidense es que está lleno de moros y musulmanes. Y estos caen muy mal a la infra derecha radical que se proclama partidaria absoluta del trumpismo. Al inicio de los disturbios en Ceuta a aquella se le quedó cara de estólida insuficiencia cuando vieron el alud de mensajes de políticos y ciudadanos israelíes a favor de las tesis marroquíes. Un moro sionista es más moro que sionista, pensaron, e hicieron lo posible por atemperar los ánimos de sus amigos israelíes y estadounidenses indignados con el gobierno actual. Hay corrientes en Vox, y no digamos en el PP, al igual que abundan desde hace tiempo en el PSOE, que hablan de aceptar la inclusión del Sáhara en el mapa oficial de Marruecos. Así dejan en paz a Ceuta y Melilla. aducen. Total, los saharauis, como los palestinos, no cuentan para nada. Pero se equivocan. El sionismo y los suyos jamás se dan por saciados.
8. Decolonialismo y anticolonialismo.
En el blog de Alex Anfruns he visto este artículo sobre el interesante debate sobre el anticolonialismo que ve de manera crítica la teoría decolonial.
https://alexanfruns.wordpress.com/2026/09/06/descolonizar-lo-descolonial-un-repaso-bibliografico/
Descolonizar lo decolonial: un repaso bibliográfico
Este artículo se inscribe en el debate contemporáneo sobre el anticolonialismo desde una perspectiva crítica hacia la teoría decolonial en América Latina.
Por Aline Recalcatti
Las luchas anticoloniales propiciaron transformaciones sociales y políticas globales que dieron lugar, hace unas pocas décadas, a una reestructuración del sistema internacional capitalista, con la creación de más de ochenta Estados-nación políticamente independientes.
En el momento en que se multiplicaban las revoluciones anticoloniales en África y Asia, también tenían lugar luchas en los antiguos países coloniales de América Latina, que exigían una denominada «segunda revolución»: más allá de la emancipación política, se buscaba la emancipación social. Así, las relaciones desiguales de desarrollo social y político entre los Estados-nación, en el marco de una división entre centro y periferia o entre Primer Mundo y Tercer Mundo, constituyeron un problema central para una amplia tradición intelectual anticolonial y marxista.
En este contexto, surgen diferentes teorías que se sitúan en un plano crítico-político desde la tradición anticolonial y latinoamericana en torno a la idea de la descolonización. Una de estas teorías recientes de interpretación del proceso colonial es el decolonialismo, que se presenta en el mundo académico como representante de sujetos sociales no reconocidos y que abordaría temas ignorados hasta entonces (1).
El debate decolonial reviste especial importancia en América Latina, ya que, en el contexto de una crisis de paradigmas y del fin de la Guerra Fría, constituye el «primer espacio de pensamiento crítico con cierta influencia en los debates de las ciencias sociales y las humanidades latinoamericanas» (Cortés, 2020, p. 149) (3).
Se trata de una teoría que se presenta como prometedora frente a las «crisis» y los «límites» de otras tradiciones de pensamiento. Así, el binomio modernidad/colonialidad ha pasado a marcar muchas de las líneas de investigación en América Latina y el Caribe, tal y como se observa en los congresos de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS) y del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) a lo largo de las dos últimas décadas (Inclán, 2020) (4).
La teoría decolonial se considera una derivación contemporánea del anticolonialismo y se posiciona como tal (Ballestrin, 2013). El decolonialismo latinoamericano se presenta como la etapa posterior del pensamiento sobre la descolonización y llega incluso a presentarse como la única teoría posible para explicar la división colonial y las relaciones sociales de dominación (Avendaño, 2020; Urrego, 2021).
Sin embargo, trabajaremos aquí partiendo de la hipótesis de que se trata de teorías opuestas. Intentaremos desligar el decolonialismo del anticolonialismo, al defender que una investigación o una reflexión sobre los problemas a los que se enfrenta la configuración de un mundo colonial puede ser legítima aun sin tratarse de una perspectiva no descolonial.
Respondemos al llamamiento al debate para «redefinir el papel que la teoría decolonial está desempeñando en la configuración de un proyecto descolonizador» (Avendaño, 2020, p. 142) al «separarlos de un amplio y rico campo de reflexión y acción anticoloniales» (Makaran; Gaussens, 2020, p. 80).
El objetivo es construir un «diálogo descolonizador de gran alcance» que recupere la «historia intelectual» (Cortés, 2020, p. 142) del anticolonialismo, frente a una «confusión» que el decolonialismo ha generado en torno a la descolonización y la lucha contra el colonialismo actual (Makaran; Gaussens, 2020, págs. 18-21).
En primer lugar, es necesario aclarar el debate sobre la decolonialidad. Entendemos, por tanto, la importancia de analizar la bibliografía ya desarrollada hasta entonces sobre las críticas a la teoría decolonial latinoamericana (5).
El presente trabajo de revisión bibliográfica pretende sintetizar y presentar las aportaciones de diversos autores críticos con el decolonialismo, recogidas en dos antologías: Piel Blanca, Máscaras Negras, coordinada por Gaya Makaran y Pierre Gaussens (6), y Crítica a la Razón Neocolonial, organizado por Enrique de la Garza Toledo.
Se trata de una literatura poco difundida en Brasil y es la única bibliografía que hemos encontrado en formato de libro que recopila los principales problemas teóricos y políticos sobre la teoría decolonial. Destacamos como controvertido el hecho de que, en comparación con el tiempo de creación de la teoría decolonial —más de veinticinco años— y dada la amplia difusión de dicha teoría en los ámbitos académicos, la literatura sea considerablemente escasa y que los trabajos aquí analizados no hayan suscitado debates ni respuestas, teniendo en cuenta la polémica que plantean sus críticas (7).
Para cuestionar la teoría decolonial en su totalidad, los críticos de estos trabajos señalan que, a pesar de que los autores decoloniales presentan diferencias entre sí, comparten una misma forma de razonamiento, buscando la explicación de la realidad desde una misma perspectiva teórica (Garza Toledo, 2021a). Su asociación se manifiesta en «un léxico común» (Orellana, 2020, p. 73) y en «publicaciones compartidas y eventos conjuntos» (Pappas, 2020, p. 177).
Los autores críticos con los decoloniales destacan las siguientes características comunes: la «perspectiva histórica» centrada en la llegada de Cristóbal Colón a América en 1492 y la categoría de colonialidad. Además, la decolonialidad parte del supuesto común de un balance negativo de las luchas anticoloniales, al situarse como punto de partida del pensamiento descolonizador.
La provocación del título de la antología, Piel blanca, máscaras negras, ilustra una síntesis de la crítica principal de sus autores: la apropiación de sujetos subalternos para construir una legitimidad académica en forma de ventriloquía política (Browitt, 2020; Makaran; Gaussens, 2020b; Pappas, 2020).
Se trata de una crítica al beneficio simbólico que supone presentarse como la máxima expresión intelectual de las luchas anticoloniales y de las resistencias populares (Makaran; Gaussens, 2020).
La propuesta de estos autores fue reunir un conjunto de críticas a los decoloniales, un trabajo en el que encontraron dificultades, ya que «[e]stas oposiciones ya existían, pero hasta ese momento habían estado fragmentadas, encontrándose dispersas en textos aislados o debates incompletos» (Makaran; Gaussens, 2020, p. 21).
Se trata de autores que siguen diferentes corrientes teóricas, entre ellas el poscolonialismo y el marxismo. La recopilación de textos críticos organizada por Garza Toledo, Crítica a la razón neocolonial, también pretende difundir el debate sobre la interpretación de la teoría decolonial en su contexto histórico y generar nuevas síntesis sobre la situación poscolonial. Como se observa, también hay un juego de palabras en el título del libro: el neologismo (de)colonial se sustituye por (neo)colonial. A diferencia del primer libro analizado, todos los autores de Crítica a la razón neocolonial se rigen por el materialismo histórico (8)
Como veremos, las críticas en ambos libros se refieren a los orígenes de la teoría decolonial en América Latina, su perspectiva histórica y su análisis sobre el conocimiento. Además, los autores han detectado problemas de práctica científica en el grupo «modernidad/colonialidad».
Estos problemas se refieren a que las conclusiones teóricas de las investigaciones no están respaldadas por datos empíricos, existiendo una falta de base historiográfica en el desarrollo de las categorías y los argumentos (Avendaño, 2020; Barriga, 2021; Petruccelli, 2021).
Se han detectado: falta de referencias; revisión bibliográfica superficial; selección sesgada de fuentes; descontextualización de teorías y pensadores; falta de identificación de las lagunas en el conocimiento existente, ocultando la contribución de diversos debates políticos y teóricos anteriores a ellos; autorreferencia constante y uso superior a la media de citas entre sus pares; falta de control de la reflexividad; críticas constantes ad hominen; y un comportamiento evasivo cuando son criticados (Avendaño, 2020; Barriga, 2021; Browitt, 2020; Garza Toledo, 2021b; Petruccelli, 2021; Urrego, 2021).
Hacemos nuestra la reflexión de Petruccelli, para quien tal vez sea el momento de dejar de decir las cosas a medias. Buscamos salir de una posición defensiva adoptada ante etiquetas como «marxismo decolonial» para pasar a una posición crítica ofensiva, pues consideramos la urgencia de un debate más activo, que de ninguna manera se agota aquí. Ampliamos el llamamiento a la continuidad de la crítica de los autores aquí estudiados, sobre todo desde una perspectiva anticolonial.
La recuperación de esta tradición de pensamiento, borrada y distorsionada por el enfoque decolonial, constituye el marco teórico-político de este artículo.
Descolonizar el origen decolonial
Los autores decoloniales debaten cuestiones concretas para la comprensión de las relaciones de dominación actuales y de la división global entre centro y periferia (Browitt, 2020; Petruccelli, 2021). Parten de un problema teórico-político central: la perpetuación de relaciones desiguales tras la conclusión de los procesos de independencia nacional.
Para Cortés (2020, p. 151), la propuesta decolonial se presenta «como un movimiento que completa» esa «emancipación fallida». Se parte de la idea de que las luchas anticoloniales y comunistas por la emancipación social no se encaminaron hacia la descolonización total.
Pero, desde la perspectiva decolonial, esto ocurrió porque faltó una teoría rectora que estuviera descolonizada en el plano epistemológico. Este sería su balance histórico: las dimensiones políticas e ideológicas internas de las luchas sociales seguían basándose en una ideología «eurocéntrica». El marxismo se considera la causa de la derrota de los movimientos sociales del siglo XX.
La derrota de los movimientos de izquierda ha tenido una influencia importante en los orígenes teóricos y políticos de la teoría descolonial (Garza Toledo, 2021b). Esta pretende ser «la crítica a la civilización y a la razón occidentales», que no ha logrado «contemplar al otro, sino solo negarlo y dominarlo» (Barriga, 2021, p. 100). Así, según sus críticos, es necesario que los autores decoloniales se sitúen como una «contrateoría crítica y original» (Browitt, 2020, p. 114), ya que «ya no se trata de izquierda o derecha, ambas alternativas modernas y eurocéntricas, sino de la opción decolonial» (Cortés, 2020, p. 171). La teoría decolonial se presenta, por tanto, como una «tercera vía» teórica y política (Browitt, 2020; Makaran; Gaussens, 2020).
El texto de Silvia Rivera Cusicanqui (2010) es una de las primeras críticas directas a los autores decoloniales, en el que se sugiere la idea de «descolonizar lo decolonial». La boliviana recuerda que la decolonialidad surgió de un grupo situado en un espacio académico privilegiado. No se trata de reproducir el argumento esencialista de que las ideas que parten de un espacio geográfico imperial-colonial, como Estados Unidos, serían inválidas a priori para comprender realidades periféricas, sino más bien de señalar una situación concreta:
Las universidades estadounidenses garantizan una serie de beneficios, como salarios elevados, financiación para la investigación y las publicaciones, lo que asegura el prestigio profesional y los recursos institucionales que han hecho posible la expansión académica de la teoría decolonial (Browitt, 2020).
Si se compara con la desvalorización de la universidad y la educación en los países latinoamericanos, que son los espacios a los que se dirigen los decoloniales, puede considerarse como una posición epistemológicamente privilegiada.
Según Petruccelli (2021, p. 64), el privilegio epistémico puede caracterizarse como: «las concepciones de los miembros de un grupo o comunidad determinados tienden a ser aceptadas o validadas sin análisis previo y, por el contrario, las concepciones de los miembros de otros grupos o comunidades tienden a ser menospreciadas sin que se examinen».
Avendaño (2020, p. 132) se pregunta así: para un pensamiento profundamente arraigado en el ámbito académico, «¿cómo es posible que, al mismo tiempo y desde ese mismo espacio, se pueda generar un pensamiento descolonizador?». O, aún más, ¿cómo puede la institucionalización académica de un llamado pensamiento decolonial suponer la superación o la culminación del pensamiento anticolonial, que era en su esencia práctico?
Además, según Urrego (2021), se desarrolla una especie de trampa argumentativa: los autores decoloniales se reivindican como parte de una tradición, pero esa reivindicación se ajusta a sus propios términos y criterios. Por ello, existe cierta incoherencia, por la que a veces resulta aceptable reivindicar tradiciones europeas por parte del propio grupo de la modernidad/colonialidad, como ocurre con Enrique Dussel, su enfoque teológico cristiano y su proximidad a los estudios marxistas (9); la referencia teórica al portugués Boaventura de Sousa Santos o la influencia de Deleuze y Foucault en ciertas categorizaciones decoloniales.
Aquí radica el problema de los orígenes teóricos y políticos de la teoría decolonial. Su origen es una cuestión controvertida y difusa, lo que, para algunos, cumple precisamente la función de dispersar la atención para evitar que su formación se vincule directamente al ámbito universitario, ocultando determinados intereses sociopolíticos y la profundidad de la influencia posmoderna en sus bases epistemológicas (Urrego, 2021).
Así, insertados en el contexto histórico de la derrota de la izquierda, los autores decoloniales necesitan encontrar raíces que sean distintas de la coyuntura en la que se desarrolló su pensamiento, es decir, las universidades estadounidenses en la década de 1990.
Se observa que el grupo «modernidad/colonialidad» sitúa el origen de su pensamiento decolonial fuera del ámbito académico, como si estuviera articulado de alguna manera con los colonizados y sus luchas a lo largo de los siglos.
Los autores decoloniales discrepan sobre las teorías de las que proceden, pero coinciden en que su pensamiento sería una especie de síntesis de diversas propuestas, como el marxismo, la teología de la liberación, la teoría de la dependencia, las teorías del sistema mundial, el posmodernismo y el poscolonialismo. Sin embargo, para desarrollar su singularidad, originalidad y expresión de la crítica social, existe una tendencia constante a invalidar estas teorías mediante la simplificación y la afirmación de que ellos serían los portadores de una epistemología descolonizada, distinta de las demás (Cortés, 2020).
Así, se observa que los teóricos decoloniales comparten la constatación de que las demás teorías no decoloniales son limitadas e insuficientes para explicar el problema colonial. Existe la necesidad de «diferenciarse de autores contemporáneos o corrientes teóricas con presencia académica», que también son «críticos del colonialismo y de la opresión/discriminación étnico-racial» (Petruccelli, 2021, p. 76), para constituir una teoría diferente de otros corrientes de pensamiento, ya que estos necesitarían una «intervención decolonial» (Avendaño, 2020, p. 130).
Existe una necesidad recurrente de «desviar toda contaminación»; por ello, la invalidación de las teorías consideradas eurocéntricas «constituye uno de sus métodos favoritos de crítica» (Pappas, 2020, p. 193).
Existe un intento por desligarse de otras teorías para construir la identidad y la legitimidad del proyecto decolonial. Ahora bien, la teoría decolonial pretende identificar los males de la episteme colonial, incluso en los autores que critican el eurocentrismo (Petruccelli, 2021).
El poscolonialismo, por ejemplo, se define como una crítica al eurocentrismo que sigue insertada en patrones modernos eurocéntricos, insuficiente para pensar la realidad poscolonial, que sería como una «forma invertida de eurocentrismo» (Petruccelli, 2021, p. 82).
El problema de los Estudios Subalternos de la India que dieron origen al poscolonialismo, para algunos decoloniales, es que, al tener como referencia teórica a Gramsci y Foucault, no se alejan de la lógica epistémica colonial (Avendaño, 2020; Garza Toledo, 2021b).
Una de las hipótesis de Urrego (2021) es que esta crítica al poscolonialismo es aparente y sirve para ocultar sus orígenes en el propio poscolonialismo, que también se distancia del anticolonialismo marxista (10), ya que ello demostraría su acercamiento más profundo a las perspectivas posmodernas y posestructuralistas.
El marxismo se presenta de forma similar (Urrego, 2021). A veces, las críticas son más directas hacia Marx y Engels, a quienes se tacha de eurocéntricos y de defender un enfoque histórico etapista; o, de forma más indirecta, ese antimarxismo se observa en la idea de que el materialismo histórico sería insuficiente para comprender las particularidades coloniales; de ahí la necesidad de un «giro» también en este marco teórico.
Se argumenta que las categorías marxistas podrían no reflejar las complejidades sociales y culturales de sociedades diversas, en las que las relaciones de parentesco, etnia, sexualidad, religión y experiencia colonial han moldeado las estructuras sociales de maneras distintas y heterogéneas. La teoría marxista se presenta como si no hubiera abordado temas relacionados con la producción del conocimiento, la subjetividad política y las formaciones sociales no europeas (Petruccelli, 2021) (11).
Este reduccionismo del marxismo provoca el borrado de toda una tradición de pensamiento latinoamericano y anticolonial, sin tener en cuenta la relación histórica entre el anticolonialismo y el marxismo (Okoth, 2025).
El mismo patrón de reducción y simplificación se da en diversos pensadores y corrientes teóricas, sin un análisis riguroso de las mismas. Importantes intelectuales son descartados en unos pocos párrafos en los textos decoloniales y reducidos a una epistemología colonial/moderna. Cortés señala que «cuando se elimina al otro simplificándolo, se simplifica necesariamente el propio argumento, que no necesita entonces demasiado desarrollo para imponerse» (Cortés, 2020, p. 146).
Lo que se busca es «hiperbolizar o diagnosticar para establecer una equivalencia absoluta entre todas las tradiciones del pensamiento europeo y la colonialidad» (Orellana, 2020, p. 86).
Una cuestión que se deriva de ello es que quienes reproducen los textos decoloniales, al no profundizar en el análisis de los autores allí criticados —ni de conceptos importantes como la modernidad, la ciencia, Occidente o la razón—, pueden dar a entender que se trata de críticas «fuertemente debatidas y argumentadas […] puesto que pretendían rechazar ideas desarrolladas a lo largo de, al menos, cinco siglos» (Barriga, 2021, p. 100).
Petruccelli (2021, p. 65) añade que «aquellos que se sienten “desapegados” creen poder refutar con unas pocas frases y lecturas superficiales obras y tesis de gran complejidad». Además, cuando los autores decoloniales hablan de su origen, hacen referencias generales, sin analizar el contexto histórico y político de su surgimiento, y afirman que su pensamiento es anterior a la década de 1990.
A diferencia de las perspectivas que aún se enmarcan en la epistemología eurocéntrica, se considerarían decoloniales «todos aquellos proyectos que convergen en una perspectiva crítica de la modernidad desde la colonialidad» (Orellana, 2020, p. 72).
Quienes establecen los criterios metateóricos que determinan una perspectiva crítica o, para ellos, una perspectiva que perpetúa las relaciones de colonialidad, se derivan de la selectividad decolonial. Así, según Orellana (2020, p. 70), existe una «estrategia de inserción natural en las tradiciones culturales subalternizadas».
Cabe preguntarse: ¿Qué es lo decolonial? ¿Qué no lo es? Es en esto donde dicha teoría se vuelve muy problemática, ya que puede tenerse en cuenta el «pionerismo» del grupo modernidad/colonialidad y su importancia, así como puede descartarse por completo al afirmar que el decolonialismo sería el pensamiento subalterno en sí mismo. Según los críticos, se pueden hacer diversos malabarismos argumentativos, pero el pensamiento decolonial solo surge porque un grupo de intelectuales lo creó en la década de 2000, sin una representación o demanda concreta de la realidad social, sino que apareció como resultado de una coyuntura histórica del fin de la Guerra Fría. Es «encasillar a la fuerza» bajo la etiqueta «decolonial» a diferentes «críticos latinoamericanos» y perspectivas anticoloniales (Urrego, 2021, p. 147).
El decolonialismo absorbe la riqueza teórica e histórica del pensamiento anticolonial y desarrolla una cierta condición subsidiaria: depende de un pensamiento que cuestiona el sistema. Sin embargo, lo contrario no es cierto: los pensamientos que cuestionan la dominación y la explotación no dependen necesariamente de la teoría decolonial.
Esto se observa en el hecho de que, tras veinticinco años de elaboraciones descoloniales, el decolonialismo sigue siendo un movimiento académico, en el que ha alcanzado una dimensión estética que actualmente resulta lucrativa en las redes sociales y que ha reforzado la ideología de la fragmentación política en los actuales espacios de izquierda (Urrego, 2021).
En cuanto a la práctica política, se reivindican como parte de la decolonialidad algunos casos como el zapatismo, el Movimiento Sin Tierra (MST), las luchas indígenas por la plurinacionalidad en Bolivia y Ecuador, etc. Según Pappas (2020, p. 178), los autores decoloniales «interpretan los recientes movimientos indígenas como prueba de que su enfoque tiene relevancia, vigencia y futuro». Pero ninguno de esos sujetos se reivindicó ni se autodenominó decolonial (12).
Petruccelli (2021, p. 76) afirma que «la frontera entre quienes son y quienes no se consideran genuinamente decoloniales carece de fundamento teórico». Para él, se trata de un análisis avant la lettre: lo que parece es que crearon la teoría y después buscaron en la realidad social lo que encajaba en ella. Los criterios establecidos por los decoloniales sobre los pensadores eurocéntricos se justificarían por su concepción de la epistemología colonial/moderna.
Lo mismo ocurre con aquellos autores considerados «puros», como Aimé Césaire, W.E.B. Du Bois, Frantz Fanon, José Carlos Mariátegui, etc. Pero, en este caso, también faltan estudios, investigaciones y análisis rigurosos que establezcan cuál es el elemento que unifica a autores tan diversos en una línea de pensamiento «decolonial»:
“Si partimos de la base de que los conocimientos que no encajan en la «tradición» intelectual occidental han acabado marginados y excluidos, el reto consistiría, entonces, no solo en nombrarlos de forma abstracta, sino en localizarlos, desarrollarlos y contrastarlos para poder hacer frente al eurocentrismo. Si criticamos lo abstracto, el análisis no puede partir del mismo plano analítico” (Avendaño, 2020, p. 126, el subrayado es nuestro).
Así, cuando se cita a estos autores, rara vez se realiza un estudio sobre el contexto sociohistórico en el que se insertaban, con quiénes debatían o cuáles eran los problemas concretos en cada coyuntura. No se busca comprender las premisas de estos autores en sus propios términos (Petruccelli, 2021) y se excluyen las condiciones locales y específicas (Orellana, 2020), en una simplificación bajo el término «decolonial». «¿Cómo situar en el mismo ámbito a pensadores como Dussel, Quijano o Grosfoguel» (Urrego, 2021, p. 150) junto a Frantz Fanon y Aimé Césaire?
¿Y por qué la referencia al pensamiento sobre la descolonización, y el análisis realizado sobre él, proviene principalmente del grupo «modernidad/colonialidad» y no de la primera o segunda generación de anticolonialistas?
Se trata de la construcción artificial de un pensamiento disidente. No importa el contexto intelectual o histórico en el que pudieran inscribirse Bartolomé de las Casas o Aimé Césaire, sino «una historia que vincularía estos y otros textos como discursos subalternos» opuestos a la modernidad europea. No se establece la supuesta pluriversalidad, sino «el antagonismo entre la episteme de frontera y la episteme eurocéntrica» (Orellana, 2020, p. 74). La historia que configura este antagonismo hace que, por ejemplo, se pueda situar en el mismo plano epistemológico a Habermas y a Bin Laden (Petruccelli, 2021) (13).
El problema de las cuestiones de origen que apuntan a una configuración de la identidad —a partir de la simplificación de otros autores y de la falta de bases teóricas que establezcan una relación directa con lo que se considera decolonial— se manifiesta en la elaboración de las categorías decoloniales a partir de la proliferación de un «lenguaje propio» (Petruccelli, 2021, p. 89).
Existe una búsqueda constante de nuevos términos que permitan configurar su identidad particular en el mundo académico (Browitt, 2020; Urrego, 2021). Esto se justifica con el fin de llevar a cabo el «giro» más allá de la modernidad/colonialidad, ya que el vocabulario de las luchas de entonces, incluyendo la libertad y la igualdad, está inserto en la episteme eurocéntrica.
La creación de conceptos y categorías descoloniales suele seguir un patrón de reformulación en torno a nuevos términos —«border thinking», «pensamiento de frontera», «diferencia colonial», «hybris del punto cero», «zona del ser y del no ser», «egología/ egopolítica, cuerpo-política del conocimiento, transmodernidad — y funciona en forma de cita interna (Barriga, 2021; Petruccelli, 2021).
Se trata de una serie de neologismos que entorpecen la claridad de las exposiciones, ya que permiten que la teoría se desplace con mayor facilidad cuando se critica algún concepto concreto. Por ejemplo, el «pensamiento de frontera» de Walter Mignolo se conceptualiza de forma similar a las «zonas del ser y del no ser» de Santiago Castro-Gómez (Inclán, 2020). Para Petruccelli (2021, p. 64), el «rechazo a la fantasmagórica episteme occidental, la retórica de la modernidad o la lógica de la colonialidad es una auténtica ensalada conceptual, un saco de gatos en el que, además, todos los gatos parecen ser pardos».
Urrego (2021) afirma que esta intensa proliferación de nuevos términos contribuye al «estado de confusión» que genera la teoría decolonial sobre los estudios anticoloniales, caracterizada por un incesante culto a la novedad.
No es, por tanto, de menospreciar que el capitalismo sea sustituido por modernidad/colonialidad, la clase por la raza, la burguesía por Occidente, la dialéctica por la analética, y lo anticolonial por lo decolonial (Makaran; Gaussens, 2020; Inclán, 2020).
Resulta intrigante que el término «anticolonial» se sustituya por «decolonial», o que el «colonialismo» y el «imperialismo» se sustituyan por «colonialidad», sin un debate serio y profundo.
Para los autores decoloniales, la «colonialidad» es un término más adecuado que el «colonialismo», pero esta constatación se produce sin que se haya celebrado un debate sobre el neocolonialismo, el imperialismo y la dependencia.
Se corre el riesgo de perder las particularidades de los análisis de los fenómenos atribuidos a pensadores del siglo XX que se preocupaban por la situación del Estado poscolonial y desarrollaron importantes explicaciones para comprender los cambios históricos concretos.
Según Inclán (2020, p. 48), parece que la teorización «no se ha traducido en investigaciones historiográficas, sino en una reorganización de las explicaciones existentes». A este respecto, Makaran y Gaussens (2020) advierten del peligro de intentar hacer tabla rasa de siglos de tradición revolucionaria.
Descolonizar la historia decolonial
Según la perspectiva decolonial latinoamericana, en el año 1492, cuando Cristóbal Colón llega a América, se establece una estructura denominada modernidad/colonialidad. Este es el hito temporal que instituye una lógica de la colonialidad que constituye el eje central de la división entre los pueblos. De hecho, 1492 se convierte en una especie de mito, más que en un dato histórico, como veremos según las críticas que se resumen a continuación (14).
El primer problema de la centralidad de 1492 es su sesgo hispanocéntrico y su etnocentrismo latinoamericano (Inclán, 2021; Petruccelli, 2021; Barriga, 2021), además de presentar la búsqueda del elemento precolombino como un «pasado glorioso». En el fondo de este análisis de la historia subyace una dicotomía esencialista entre Latinoamérica y Europa (Browitt, 2020).
Según el pensamiento decolonial, Latinoamérica sería el espacio central para la configuración del sistema internacional por su particularidad en la colonización, ya que su conquista se estableció mediante una división racial. Inclán (2020) añade, y Makaran y Gaussens (2020) coinciden, que no hay trabajos empíricos que respalden muchos de los argumentos. Por ello, para Petruccelli (2021, p. 76), se trata de crear un «criterio de apropiación del pasado con el fin de construir una genealogía mitológica».
Los autores decoloniales critican la idea de que América Latina sea una copia de Europa, pero niegan que se haya occidentalizado o que haya incorporado como propios los pensamientos «eurocéntricos» (Browitt, 2020; Petruccelli, 2021; Urrego, 2021). La fórmula decolonial de oposición continental también plantea problemas de polarización cultural. Por ello, los autores señalan que, en este aspecto, el análisis decolonial recuerda a la teoría del choque de civilizaciones de Samuel Huntington (Browitt, 2020).
En la teoría decolonial, el hito histórico que crea la estructura de división entre los pueblos es 1492, y no los regímenes nazi-fascistas, la esclavitud moderna, la segregación racial o el reparto de África. Inclán (2020) se pregunta por qué no centrarse en otras fechas, como la conquista portuguesa de Ceuta, en África, en 1415.
Aún falta una explicación decolonial de por qué las luchas antirracistas estadounidenses y las luchas anticoloniales posteriores a la Segunda Guerra Mundial en África, Asia y el Caribe no se consideran hitos teóricos.
Según Orellana (2020, p. 86), «se lleva al extremo la interpretación histórica hasta llegar a afirmar que el racismo estatal y biológico-científico del siglo XIX es un fenómeno producido por la ratio imperial hispano-portuguesa del siglo XVI».
Una vez más, aquí se observa la falta de un criterio que, además de teórico, debe justificarse históricamente (Petruccelli, 2021). Esto, además, plantea otro problema: existe un vacío teórico y político en torno a África. Barriga (2021) recuerda que Aníbal Quijano llegó a defender que América había sufrido un colonialismo más «doloroso» que África. También se echa en falta un análisis de los procesos internos de las sociedades precolombinas, en la búsqueda de una América «auténtica, […] profunda, en la que sobreviva una esencia» (Inclán, 2020, p. 62).
El problema de la explicación decolonial es que, si la colonialidad es una episteme a través de la cual los pueblos europeos lograron dominar a los demás, se pasan por alto las diferentes condiciones materiales, lo que subordina aún más al colonizado (Barriga, 2021).
Las sociedades indígenas americanas no fueron dominadas porque un poder abstracto considerara sus epistemologías como inferiores. Es necesario tener en cuenta la superioridad militar y tecnológica. No se trata de una cuestión menor, ya que si los europeos elaboraron una idea de raza inferior que estructuró a priori la dominación, la lucha también se desarrollaría en ese plano abstracto de las ideas, pero olvidando la existencia concreta de los sujetos históricos. Los decoloniales acabarían borrando, por ejemplo, la centralidad que Fanon otorga a la violencia anticolonial, que es práctica y no epistémica (Makaran; Gaussens, 2020).
El enfoque en América Latina hace que muchos de los trabajos e investigaciones sobre el decolonialismo versen sobre los pueblos indígenas. Pero Cortés recuerda que, en la búsqueda de un lugar de pureza, «descontaminado», «los movimientos indígenas son, en realidad, una contingencia que podría ser ocupada por otros sujetos, lo que, a veces, de hecho ocurre (latinos, negros, mujeres)» (Cortés, 2020, p. 156). Estos sujetos se consideran a priori, en el proceso teórico y de análisis empírico, como «ajenos» o «externos» a la episteme europea, lo que da lugar a una dicotomía purista y esencialista, con sociedades homogéneas y sin contradicciones internas (Inclán, 2020; Cortés, 2020).
El indígena queda reducido a campesino, en relación directa con la «tierra», como si existiera una relación intrínseca entre el indígena y la naturaleza —el mitológico «buen salvaje»— o como si los campesinos de América Latina se limitaran a las etnias indígenas. Se pasa por alto a la población marginal no indígena, a la que no se considera «portadora de una cultura ancestral, sino más bien como consumidora y reproductora de la cultura de masas contemporánea» (Orellana, 2020, p. 89).
Así pues, existen formas de esencialismo en la teoría decolonial, además del reduccionismo racial y geográfico, provocadas por la perspectiva histórica «América 1492» (Makaran; Gaussens, 2020; Orellana, 2020).
Como se ha visto, los decoloniales pretenden distinguir a los autores que forman parte del «lado oscuro de la modernidad» —la modernidad/colonialidad— de aquellos que marcan el «giro» decolonial. Pero esto se hace sin una delimitación ni un análisis riguroso, y resulta aún más problemático cuando se observa la falta de historiografía o de base empírica que sustente dichas afirmaciones.
“Y aquí, ¿quién negaría hoy a Mignolo el derecho a alinearse con las propuestas de Pacari, Patzi Paco o Williams, y no con las de Blackburn o Bourdieu? Lo que sin duda se le exigirá es que presente argumentos a favor de esa opción. Pero el único argumento que Mignolo presenta para justificar su preferencia es el lugar de nacimiento o el color de la piel de cada uno” (Petruccelli, 2021, p. 87).
Urrego (2021a, p. 165) añade que «las hipótesis decoloniales no se sustentan a partir de las aportaciones de la historia cultural e intelectual, de la historia de la lectura o de los medios de comunicación». El problema, resume Orellano (2020, p. 91), es el establecimiento de «una dinámica que carece de un punto de control preciso y hegemónico y que, por esta razón, se ve siempre amenazada por la inestabilidad o la fuga».
Para ampliar la comprensión del problema, es necesario recurrir a la categoría de colonialidad, ya que, como señala Browitt (2020, p. 106), «la validez de la historiografía descolonial solo puede mantenerse si la definición de modernidad/colonialidad se mantiene en pie, como dogma».
Esta categoría guarda una relación directa con el problema histórico de 1492 y constituye la idea fundamental que sitúa lo decolonial como teoría original y precursora en el ámbito académico (Barriga, 2021). El pensador que la desarrolló fue Aníbal Quijano y fue gracias a su trabajo que se difundió la tesis de la decolonialidad.
Pero, como critica el propio Grosfoguel, se trata de una conceptualización similar de la relación entre lo étnico y lo racial en el mundo colonial que ya había sido desarrollada por otros autores a los que Quijano no menciona ni hace referencia. Quijano no habría prestado la debida atención a los debates latinoamericanos en los que se enmarcaba, como la tesis del colonialismo interno de Pablo González Casanova (Makaran; Gaussens, 2020), las cuestiones sobre la heterogeneidad y la hibridación cultural (Cortés, 2020), además de las categorías antes mencionadas de neocolonialismo y dependencia.
Andrea Barriga (2021) realizó una revisión bibliográfica en torno a la categorización de la colonialidad en Quijano. Para trazar la génesis de la categoría, Barriga sitúa la obra de Quijano a partir del artículo «Colonialidad del poder y clasificación social», publicado en 2000. En dicho artículo, Barriga busca algún desarrollo empírico y teórico de la categoría de modernidad, ya que, según la teoría decolonial, existe una inherencia de esta con la colonialidad, su «lado oscuro» en términos de Mignolo.
Sin embargo, en ese texto Quijano no desarrolló un análisis de la modernidad, sino que se limitó a remitirse a su bibliografía anterior. Siguiendo la investigación sobre la génesis de la categoría y el debate en torno a la modernidad, Barriga, tras encontrar otra serie de textos que se limitaban a remitirse a trabajos anteriores, da con la introducción a la idea en un artículo de 1991, «Colonialidad y modernidad-racionalidad». Se trata de un texto sin referencias bibliográficas, de diez páginas, cuyo objetivo es criticar toda la «construcción filosófica y científica europea desde el siglo XV hasta el siglo XX» (Barriga, 2021, p. 112). Además, la idea del surgimiento de la división racial en 1492 se plantea en un artículo de 1993, titulado «Raza, etnia y nación en Mariátegui».
Tras verificar las fuentes historiográficas allí citadas, Barriga (2021, p. 116) afirma: «No existe en estos textos, ni en otros de la época, ninguna mención al concepto de raza»16.
Descolonizar la «disidencia teórica» decolonial
La última cuestión que hay que considerar se refiere a los problemas que plantea el debate decolonial sobre el conocimiento, su supuesto «giro» epistemológico¹⁷, en diálogo con las críticas de los apartados anteriores. Como se ha visto, la categoría de modernidad no está desarrollada teóricamente y es fundamental para la comprensión de la colonialidad.
Para Quijano, esta «se refiere, sobre todo, a relaciones de poder en las que las categorías de “raza”, “color” y “etnicidad” son inherentes y fundamentales» (Quijano, 2014, p. 206) a partir de la Conquista de América.
La Conquista de América en 1492 «congela la modernidad en el primer acto colonizador hispánico» (Orellana, 2020, p. 91), considerándola inseparable del colonialismo. Según los propios autores decoloniales, estos llevan a cabo una labor de crítica a las epistemologías modernas, pero, pregunta Petruccelli (2021, p. 64-65): «¿por qué eso significaría tener que abandonar todo un marco epistémico?» Y, «¿por qué deberíamos abandonar la retórica de la modernidad en lugar de radicalizarla?».
Los autores decoloniales defienden la necesidad de una nueva epistemología, pero aún queda por desarrollar cuáles serían sus vínculos con los métodos científicos considerados opuestos a una lógica de la modernidad/colonialidad. Además de la falta de un desarrollo teórico decolonial sobre la diferencia entre modernidad, razón, ciencia y lógica (Garza Toledo, 2021b), la respuesta metodológica y epistemológica decolonial que se da al problema de la división del conocimiento consiste en la recuperación de aquellos conocimientos menospreciados por una «ciencia eurocéntrica».
Así, junto con la validación a priori del análisis mencionado anteriormente, se minimiza la importancia de cinco siglos de expansión capitalista, en los que los pueblos no occidentales absorbieron o contribuyeron a los procesos modernos de la razón y la ciencia (Garza Toledo, 2021b; Petruccelli, 2021).
Además, la existencia de una especie de «sustancia» de la modernidad y de Occidente elimina aquellos componentes emancipadores dentro del pensamiento ilustrado y la forma en que, históricamente, estos componentes han influido en luchas concretas.
Esta postura pasa por alto que la aparición de conocimientos críticos con Occidente y el eurocentrismo surgió precisamente de la propia circulación de lo científico y lo moderno (Inclán, 2020). No solo eso, sino que se produce una adopción del punto de vista inmediato del sujeto «subalterno», transformado en teoría sin mediaciones.
Para Garza Toledo (2021b, p. 33), la razón decolonial «no distingue entre gnoseología y epistemología», y busca equiparar diferentes formas de conocer la realidad. No hay mediación y se deja de distinguir, situando en paralelo y sin jerarquía las concepciones de «ciencia y pensamiento cotidiano» (Garza Toledo, 2021b, p. 19).
Además, al tratar de evitar el «dualismo» moderno de la división sujeto-objeto, según Avendaño (2020), corren el riesgo de negar cualquier separación ontológica entre el ser humano y la naturaleza. Si «definitivamente no existiera el sujeto y todo fuera naturaleza, nos encontraríamos ante una contradicción que negaría como tal la condición humana» (Avendaño, 2020, p. 138).
Al rechazar los patrones o la mediación en el conocimiento, centrándose en la particularidad y rechazando la totalidad y su mediación, el análisis decolonial puede limitarse a la descripción de diferencias superficiales, a la apariencia —y no a la esencia— del problema colonial. Esto puede conducir a una concepción que no aborda las desigualdades de poder subyacentes y concretas, ya que sitúa el control epistemológico/mental como la causa de la dominación. Así, el subjetivismo conlleva una reducción de la realidad al discurso.
Existe un «énfasis textualista de lo cognitivo» (Garza Toledo, 2021b, p. 26) en el discurso descolonial, cuya variable determinante es idealista. Los autores añaden que este subjetivismo está relacionado con el esencialismo: las «epistemologías descoloniales» acaban identificándose con una especie de corpus de conocimiento (Makaran; Gaussens, 2020). La interpretación de un lugar geográfico dividido racialmente como fin último de la explicación de la realidad refuerza el problema de causa y efecto, transformando partes aparentes en el todo (Makaran; Gaussens, 2020).
Otro aspecto que señalan los autores sobre la hipercentralidad del sujeto y el subjetivismo decolonial es la supresión de la materialidad del objeto. Por ejemplo, el análisis metodológico y teórico decolonial sobre el racismo está relacionado con la producción de conocimiento, y su justificación se da como un proceso que se ha desarrollado en el ámbito epistemológico.
Se trata de la negación del plano de lo concreto, el retroceso hacia el idealismo. Garza Toledo (2021b, p. 25) advierte de que una interpretación decolonial puede conducir a un camino en el que «las verdades impuestas por Occidente como científicas lo son en función de imposiciones de poder».
El alejamiento de lo concreto puede derivar en la irracionalidad y en que «los miembros de grupos étnicos oprimidos desconozcan o rechacen las cualidades cognitivas de la lógica y la ciencia al considerarlas […] como meras formas coloniales» (Petruccelli 2021, p. 68).
Otra consecuencia es renegar de las reivindicaciones de las luchas anticoloniales que reclamaban progreso social, desarrollo y otros aspectos modernos. Los «ataques contra los legados humanistas y universales» contribuyeron, según Urrego (2021, p. 162), «al refuerzo de las posturas hedonistas y de la ironía privada […] y la exaltación de una enorme variedad de […] intereses particulares».
De ahí se deriva un problema en la relación entre la teoría y la práctica. Para oponerse a perspectivas modernas, como el progreso y el desarrollo, los autores critican que algunas categorías decoloniales son apropiaciones de conocimientos y prácticas indígenas, como el cosmopolitismo andino (Browitt, 2020) y el Buen Vivir (Garza Toledo, 2021b).
Estas categorías son reivindicadas con fuerza por el corriente decolonial, porque supuestamente presentan una forma concreta de lo que ellos teorizan. El problema es que no explican el funcionamiento de una alternativa económica ni su viabilidad; es decir, no han teorizado sobre la universalidad de cómo una cosmovisión andina cambiaría aspectos sociales y ecológicos de las sociedades urbanas latinoamericanas, por ejemplo.
También recurren a alternativas ya elaboradas, como el salario mínimo universal, la economía solidaria, los microcréditos, etc., al tiempo que reivindican para sí la máxima expresión de la radicalidad política (Garza Toledo, 2021b). La lucha se libra contra un «colonialismo etéreo», estableciendo una «contradicción entre lo local y lo global» (Urrego, 2021, p. 179). Para Garza Toledo (2021b, p. 25), «una cosa es deconstruir el pensamiento occidental y otra, acabar con la miseria del tercer mundo, salvo que se crea que la miseria es solo un discurso que hay que deconstruir».
Para terminar, cabe señalar que estos problemas están relacionados con la «huida» decolonial que se sitúa en las décadas de 1990 y 2000, y que se autodenomina el pensamiento de los quinientos años de dominación. La lógica decolonial se inscribe en su contexto histórico de teorías que parten de la negación de la toma del poder político.
Según Urrego (2021, p. 163), pueden ser caras de la «misma moneda: el auge de la extrema derecha y del discurso antineoliberal con fuertes reivindicaciones de lo local y la búsqueda de un pasado glorioso». La razón descolonial propone una nueva epistemología, una nueva teoría del contacto con el pensamiento subalterno, sustituyendo a las anteriores, que habrían fracasado en la emancipación social porque su visión del mundo se guiaba por el marxismo —aquí, de nuevo, la explicación de la realidad se limita a lo cognitivo y elimina importantes componentes concretos—.
Descolonizar la teoría decolonial es insertarla en su contexto histórico. Su pensamiento se inscribe en un contexto de victoria del capitalismo y de sus ideologías subyacentes, como el «fin de la historia», que repercuten en la adopción de perspectivas teóricas que niegan el poder, la perspectiva de la totalidad y el punto de vista universalista, además de la huida política y teórica hacia el subjetivismo (Cortés, 2020; Garza Toledo, 2021b; Petruccelli, 2021; Urrego, 2021). Es decir, falta una revisión crítica de la decolonialidad que tenga en cuenta las determinaciones sociales en las que se inscribe.
Consideraciones finales
Una de las preguntas planteadas por los autores decoloniales, que probablemente atrae a investigadores con inquietudes similares, es: ¿qué leemos en la universidad y por qué? Siguiendo las críticas aquí abordadas, es preciso reforzar la importancia de esta pregunta y formular otra que cuestione si la teoría decolonial ha construido un proceso de descolonización en la universidad, o si simplemente ha reubicado nuevas lecturas bajo nuevos nombres hegemónicos.
Se trata de repensar la idea de que «lo decolonial no requiere descolonizarse, pues ya está descolonizado de antemano» (Avedaño, 2020, p. 130). Tras veinticinco años de la creación del grupo modernidad/colonialidad, falta un proceso de autocrítica, de cuestionar cuáles son sus límites teóricos y políticos. En realidad, este estado de crítica se ha ido gestando gradualmente, como bien ilustra la disputa entre Grosfoguel y Mignolo (17). Según Urrego (2021), se trata de señales de un proceso inicial de crítica al decolonialismo, en el que cierta incomodidad latente durante las dos últimas décadas comienza, por fin, a manifestarse (18).
Además, más de 20 años después de la creación del grupo, nos preguntamos: ¿cuál es su efecto en la política práctica a partir de la difusión de su discurso? Se requiere una evaluación concreta, presentada tanto por pensadores decoloniales como por sus críticos, cuando se trata de una teoría que cuestiona el ámbito político de la izquierda.
¿Qué impacto han sufrido los procesos políticos y sociales en América Latina tras la creación del grupo? ¿Cómo han avanzado hacia una práctica descolonizadora? Walter Mignolo afirmó que la categoría de colonialidad era tan importante, o incluso más importante, que la plusvalía de Marx y el inconsciente de Freud (Urrego, 2021). Por eso sería interesante recordar que treinta y cuatro años después de la muerte de Marx, nació la primera revolución comunista de la historia, que modificó por completo la historia del colonialismo en el siglo XX.
Esta comparación es válida cuando los propios pensadores decoloniales se posicionan como la “fase superior” del marxismo. ¿Podemos realmente esperar el mismo efecto político de movilización y unificación de esta teoría? ¿Una revolución o una transformación social guiada por un “giro epistemológico”? Según los críticos aquí analizados, la respuesta es no. Garza Toledo (2021b, p. 40) resume esta opinión: “no encontraremos […] ni una teoría de la transición a una sociedad distinta del capitalismo ni […] soluciones prácticas verdaderamente impactantes”.
Para el autor, se trataría, a lo sumo, de una forma de «neosocialismo utópico» (Garza Toledo, 2021b, p. 49), mientras que Urrego (2021) y Petruccelli (2021) señalan el peligro de su aproximación a los discursos tradicionalistas de derecha. Así, el largo debate que surge, y que sin duda no necesitamos en este momento, dada la coyuntura de crisis estructural del capitalismo, son «conversiones religiosas» o «desapegos genéricos» (Petruccelli, 2021, p. 59).
Evidentemente, no hemos agotado todas las críticas formuladas en las dos compilaciones, y este artículo presenta lagunas en el análisis de otras obras críticas con el decolonialismo o el debate conciliador del «marxismo decolonial». Buscamos presentar una reformulación de las cuestiones guiada por una preocupación anticolonial para que se puedan generar nuevas síntesis.
Si la teoría decolonial ha experimentado un crecimiento considerable en los últimos años, esto podría indicar una demanda, tanto en el ámbito académico como en el político, de una crítica anticolonial. Por ello, hemos presentado un análisis de la crítica de la crítica decolonial, pero este análisis no termina aquí, considerando el límite para elaborar cualesquiera espacios de apertura y aproximación entre la decolonialidad y el anticolonialismo.
Sin embargo, la mayor preocupación sigue siendo la evaluación histórica reduccionista realizada sobre el siglo XX. De hecho, los orígenes del decolonialismo parecen menos vinculados a una tradición anticolonial y más conectados con la tendencia culturalista-relativista que comenzó en la década de 1960 en los países anglófonos.
Además, vayamos más allá de Europa: ya es hora de deshacer la vieja dicotomía según la cual nosotros, los latinoamericanos, vivimos bajo “una lengua que aún no es nuestra; pensamos con categorías que no nos pertenecen [y] usamos nombres inventados por el otro” (Orellana, 2020, p. 98) (19).
Notas:
1) El decolonialismo cuenta con diferentes corrientes, por lo que nuestra delimitación de la investigación dentro de la teoría decolonial latinoamericana es el grupo Modernidad/Colonialidad (M/C), creado en la década de 2000 por académicos de América Latina y Estados Unidos. Los pensadores de referencia son Aníbal Quijano (1928-2018), Arturo Escobar, Edgardo Lander, Enrique Dussel (1934-2023), Catherine Walsh, Ramón Grosfoguel, Santiago Castro-Gómez, Nelson Maldonado Torres y Walter Mignolo. En Brasil, esta teoría se difundió posteriormente con otros nombres. Garza Toledo también incluye en su crítica a Boaventura de Sousa Santos, cuyas similitudes y diferencias con estos autores quedan fuera del alcance del presente ámbito, ya que se trata del debate más amplio sobre el decolonialismo más allá del grupo de Aníbal Quijano. Sobre los momentos fundacionales del grupo, los congresos y seminarios académicos celebrados en América Latina y en Estados Unidos, véase Garza Toledo (2021b, p. 24).
2) Un análisis sobre la presencia de las perspectivas decoloniales concluye que se ha producido un considerable crecimiento de esta literatura en los circuitos académicos hegemónicos (Carniel et al., 2024).
3) «Con el apoyo institucional del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y la formación de amplias redes de investigación y activismo, a finales de la década de 1990, los diversos proyectos intelectuales identificados con la producción de un conocimiento anticolonial propio pudieron articularse colectivamente bajo la rúbrica de “estudios decoloniales”» (Carniel et al., 2024, p. 2).
4) Adoptamos aquí la concepción del anticolonialismo centrada en el siglo XX, según la división establecida por Aijaz Ahmad. El anticolonialismo de primera generación abarcaría el periodo comprendido entre 1950 y 1965, que concluyó con la Conferencia de Bandung, y la segunda ola correspondería al periodo de 1965 a 1975. Según Ahmad, la segunda fase «fue una fase predominantemente marcada por las guerras revolucionarias de liberación nacional» y «tenía una trayectoria claramente socialista» (Ahmad, 1994, p. 30, citado en Portella, 2022).
5) Por motivos de delimitación, hemos seleccionado recopilaciones ya organizadas. No obstante, recomendamos una bibliografía que ha ido creciendo en los últimos años: Chambers (2020); Cusicanqui (2010); Lira Silva (2024); Okoth (2025); Portella (2022); Viana y Pelegrini (2024).
6) Se ha delimitado el análisis a la primera parte del libro, titulada «Las antinomias de la razón decolonial», porque, tal y como aclaran los editores, la segunda parte se centra en las implicaciones prácticas de la teoría decolonial y en la recuperación política de la tradición anticolonial. El debate sobre las consecuencias políticas del descolonialismo implica un trabajo complementario que trasciende los límites del presente análisis, aunque roza los temas tratados.
7) Walter Mignolo, en un texto de respuesta a Barriga y Petrucelli —autores que aquí se analizan—, además de no responder a un examen serio de su pensamiento, se refiere a lo largo del texto a recuerdos personales, ni siquiera los cita ni los incluye en las referencias bibliográficas. Véase: MIGNOLO, W. Memorias y reflexiones en torno a la de/colonialidad del poder. Políticas de la Memoria, Buenos Aires, n.º 20, p. 79-96, 2020. Disponible en: https://doi.org/10.47195/20.683. Consultado el 18 de mayo de 2026.
8) Cabe suponer que la mayoría de los trabajos críticos con el decolonialismo proceden de pensadores marxistas, ya que el marxismo es la teoría más criticada de forma sistemática por los autores descoloniales (Urrego, 2021).
9) Dussel presenta sus particularidades dentro del grupo «modernidad/colonialidad», pero no deja de reproducir los principales problemas de este. Para una crítica específica a Dussel, véase Lira Silva (2024).
10) Vivek Chibber (2013) denomina este distanciamiento «giro cultural».
11) Esta crítica a Marx y Engels, al marxismo en general y a las experiencias socialistas concretas se ha convertido casi en un lugar común en el ámbito académico «crítico», difundiéndose acusaciones de que el marxismo no aborda ni puede ser el eje de análisis de las perspectivas sobre raza, género, sexualidad y crisis medioambiental.
12) Sin embargo, desde 2020, crece la influencia de las ideas decoloniales en los movimientos de izquierda, como es el caso del político indígena ecuatoriano Yaku Pérez. Véase: NORTON, B. Cómo el candidato «ecosocialista» respaldado por Estados Unidos y partidario del golpe de Estado en Ecuador, Yaku Pérez, ayuda a la derecha. Lavra Palavra, 15 de febrero de 2021. Disponible en: https://lavrapalavra.com/2021/02/15/como- -o-candidato-ecossocialista-apoyado-por-estados-unidos-y-partidario-del-golpe-de-estado-en-ecuador-yaku- -pérez-ayuda-a-la-derecha/ Consultado el: 18 de mayo de 2026.
13) Esta comparación la hace Ramón Grosfoguel: «Para mí, Bin Laden es tan fundamentalista eurocéntrico como Habermas, porque ambos están atrapados en las mismas premisas del pensamiento occidental» (Grosfoguel, 2007, p. 26, citado en Petruccelli, 2021, p. 83).
14) Los autores responsables de esta «elección» son Enrique Dussel y Aníbal Quijano. Barriga (2021) señala que detrás de la centralidad de 1492 había un contexto histórico: en el momento en que ambos elaboraban su perspectiva, existía una movilización social en torno a los 500 años de la conquista de América, lo que garantizó una atención especial al grupo.
15) Recientemente, un autor brasileño ha elaborado un trabajo en respuesta a Grosfoguel, en el que presenta una defensa de Quijano que puede relacionarse con las críticas anteriores. Está de acuerdo en que es posible interpretar la ausencia de «citas de autores, escuelas y corrientes, señalada por su elevada generalidad, como algo que dificulta un posible mapeo de sus afinidades negativas y electivas» (Rubbo, 2019, p. 253, citado en Rubbo, 2025, p. 15). Pero esto se justifica por la falta de acceso a fuentes directas debido a su movilidad como académico internacional y a que ese es el estilo de escritura de Quijano. Además, sería «posible indagar en los silencios de la escritura de Quijano, que van mucho más allá de una cuestión de citas y que pueden entenderse a través de las idiosincrasias de la literatura andina» (Rubbo, 2025, p. 17). En cuanto al problema de la autorreferencia constante, los textos serían más bien «una forma de comprenderse a sí mismo y sus propias experiencias de un modo histórica y geográficamente situado» (Rubbo, 2025, p. 16).
16) Resulta curioso que Mignolo y Grosfoguel (2008) denominen «giro de 360 grados» a lo que puede interpretarse como un retorno al punto de partida.
17) En 2013, Grosfoguel se distanció del grupo modernidad/colonialidad y acusó a Mignolo y Quijano de racismo epistémico. Esta crítica surgió del contexto en el que el texto de Cusicanqui cobró relevancia, lo que podría indicar el uso estratégico de la coyuntura política para asegurar el distanciamiento de ideas que comenzaban a ser vistas, como mínimo, problemáticas. Según Rubbo (2025), puede haber otras razones para el distanciamiento de Grosfoguel, como la crítica que Quijano le hizo por comercializar el decolonialismo en Europa. Posteriormente, Grosfoguel criticó a Cusicanqui, su referente crítico poco antes, calificándolo de «intelectualista, mestizo y occidentalizado» (Avendaño, 2020, p. 136). No pretendemos entrar en debates que parecen más superfluos que teóricos, pero es necesario señalar este caso para contextualizar un panorama de «crisis» de la decolonialidad.
18) El autor resume: “Se avecina una crisis para los decoloniales: por un lado, estarán los gestores de proyectos, que buscan nuevas perspectivas; por otro, los círculos de aquellos que repitieron ciegamente los postulados y que tardarán algunos años en asimilar las autocríticas de los teóricos que dieron origen al giro decolonial” (Urrego, 2021, p. 172).
19) Como observa Aimé Césaire (2010, p. 36), «en este momento, la barbarie de Europa Occidental es increíblemente grande, superada, con algunas adiciones, por una sola, es cierto: la americana».
Traducido del portugués y reproducido con el permiso de la autora para el blog de Alex Anfruns
Fuente: Crítica Marxista, vol. 33, 01-20, e026017, 2026.
9. Resumen de la guerra en Irán, 19 de septiembre.
El seguimiento en directo de Middle East Eye.
https://www.middleeasteye.net/live/live-us-and-iran-confirm-peace-accord-signing-set-friday-geneva
En directo: Irán afirma haber transmitido a EE. UU. siete condiciones para poner fin a la guerra
Mientras tanto, el ministro de Asuntos Exteriores turco afirma que se han enviado nuevas propuestas a EE. UU. e Irán
Puntos clave
Teherán afirma que no se espera ningún mensaje de EE. UU. durante la visita del ministro pakistaní
La coalición saudí afirma que se han interceptado misiles huzíes dirigidos a Riad y otras ciudades
EE. UU. insta a sus ciudadanos en Oriente Medio a actuar con precaución
Actualizaciones en directo
Cisjordania: Ocho palestinos detenidos; colonos causan daños a una ambulancia
Hace 28 minutos
Ocho palestinos han sido detenidos, mientras que varios más han sufrido asfixia a causa de un ataque con spray de pimienta perpetrado por colonos israelíes en la Cisjordania ocupada. A continuación se ofrece un resumen de algunos de los ataques y redadas llevados a cabo por las fuerzas israelíes y los colonos, según informa la agencia de noticias palestina Wafa:
Ocho detenidos: El activista contra los colonos Osama Makhamreh declaró a Wafa que ocho palestinos fueron detenidos en la aldea de Ad-Deqaiqa, en la zona de Masafer Yatta, al sur de Hebrón, tras un ataque de colonos israelíes contra palestinos y su intento de robar ganado.
Identificó a los detenidos como Nasser Ahmad Nasser al-Najadeh, Abdul Rahman Mohammad al-Najadeh, Suleiman Mahmoud Kaabneh, Mohammad Suleiman al-Najadeh, Yousef Ahmad Mohammad Kaabneh, Mohammad Raad Amer, Odeh Salem al-Najadeh y su hijo Salem.
*Corte del suministro de agua: Los colonos cortaron la tubería principal de agua que abastece a la localidad, privando de agua a unos 700 residentes.
*Ataque a activistas solidarios: En un incidente independiente, los colonos atacaron la vivienda de Khairy Abu Tuffah en Khallet al-Hummus, al sur de Yatta, agrediendo a su familia y a activistas solidarios extranjeros.
*Tal de treinta guayabos: Los colonos talaron 30 guayabos en la aldea de Khirbet Firasin, cerca de la localidad de Ya’bad, al oeste de Jenín. Los árboles eran propiedad del agricultor palestino local Khaled Mohammad Amarnah.
*Ataque en las afueras de Ramala: Colonos israelíes, bajo la protección de las fuerzas israelíes, atacaron las afueras de la aldea de Abu Falah, al noreste de Ramala, el sábado por la tarde, mientras las fuerzas israelíes realizaban una redada en un local comercial.
*Los colonos utilizan spray de pimienta: Varios palestinos sufrieron asfixia el sábado por la tarde después de que colonos israelíes atacaran a ellos con spray de pimienta cerca de la entrada de la aldea de al-Mughayyir, al noreste de Ramala, según informó a Wafa el presidente del consejo municipal de al-Mughayyir, Amin Abu Alia.
* Ataque contra una ambulancia: Los colonos también atacaron una ambulancia perteneciente al consejo municipal de al-Mughayyir cuando se dirigía a prestar asistencia médica a los palestinos heridos, causando daños materiales al vehículo.
Abu Alia añadió que las fuerzas israelíes han irrumpido en la localidad en varias ocasiones desde anoche, registrando varias viviendas, saqueándolas y dañando su contenido, y agrediendo a varios palestinos.
Detenido un exgeneral sirio que dirigió ataques contra los rebeldes durante la guerra civil
Hace 1 hora
Las autoridades sirias han detenido a un general que sirvió bajo el mandato del derrocado presidente Bashar al-Assad, alegando que dirigió operaciones contra zonas que anteriormente estaban en manos de los rebeldes durante la guerra civil de 13 años que asoló el país.
En un comunicado, las fuerzas de seguridad anunciaron «la detención del exgeneral de división Ahmed Mohammad Ismail, un comandante de alto rango de la Guardia Republicana del ejército del antiguo régimen».
Los expedientes militares indican que «comenzó su servicio como comandante de pelotón y, posteriormente, prestó servicio como comandante de compañía en el 2.º Batallón del 101.º Regimiento Aerotransportado. Posteriormente, a principios de 2016, fue ascendido a jefe de operaciones de dicho regimiento y participó directamente en el mando de asaltos militares contra las ciudades de Alepo y Daraa, así como contra Guta Oriental».
Situada cerca de Damasco, Guta Oriental fue un bastión rebelde durante la guerra civil hasta 2018, y escenario de un grave ataque químico cinco años antes.
Los servicios de inteligencia estadounidenses afirman que más de 1.000 personas murieron por exposición al gas nervioso sarín en un suburbio de la capital siria, Damasco, en 2013, durante la guerra civil siria.
El ataque se atribuyó al Gobierno sirio bajo el mandato de Bashar al-Assad, quien fue derrocado a finales de 2024. El Gobierno de entonces negó su implicación y culpó a los rebeldes.
Informe de la AFP
Hace 1 hora
El ministro de Asuntos Exteriores turco, Hakan Fidan, ha declarado que Turquía y otros países han propuesto nuevas condiciones a EE. UU. e Irán para poner fin a la guerra.
Fidan declaró al canal de televisión turco NTV: «Turquía y otros países están presentando propuestas y haciendo todo lo posible para llevar a buen término las negociaciones entre Estados Unidos e Irán».
«Sin embargo, existe una profunda desconfianza entre las partes. Anteriormente habían alcanzado un acuerdo en Pakistán, pero luego surgieron problemas en su aplicación. Ahora ambas partes están intentando claramente hacer avanzar este proceso de una forma que garantice sus intereses».
https://www.middleeasteye.net/live-blog/live-blog-update/middle-east-situation-could-escalate-rapidly-us-urges-citizens-exercise?topic=War%2520on%2520Iran&
En alertas de viaje independientes para Irak, Baréin, Omán, Arabia Saudí, Irán, Catar, Líbano, Kuwait y Jordania, las misiones diplomáticas de EE. UU. en los nueve países señalaron que la situación de seguridad en Oriente Medio plantea «el riesgo de cancelaciones de vuelos, cierres del espacio aéreo e interrupciones en los viajes a medida que aumentan las tensiones regionales».
«Los huzíes, apoyados por Irán, han emprendido hostilidades contra Arabia Saudí, incluidos aeropuertos civiles. Este conflicto militar podría agravarse rápidamente. Los estadounidenses que se encuentren fuera de Oriente Medio deberían reconsiderar seriamente la posibilidad de viajar a la región o atravesarla», señalaba la alerta.
Las alertas advertían de que Irán y los grupos afines a Teherán podrían atacar intereses estadounidenses en el extranjero o lugares relacionados con ciudadanos estadounidenses.
Se recomendó a los ciudadanos estadounidenses que estuvieran atentos a las operaciones de las aerolíneas y los aeropuertos, evitaran las manifestaciones y las grandes concentraciones y siguieran las instrucciones de las autoridades locales.
Teherán afirma que no se espera ningún mensaje de EE. UU. durante la visita del ministro pakistaní
Hace 2 horas
El ministro del Interior de Pakistán, Mohsin Naqvi, tiene previsto visitar Teherán este domingo para reunirse con altos cargos iraníes.
El portavoz Esmaeil Baghaei declaró a la televisión estatal que no hay planes para que Naqvi transmita ningún mensaje específico relacionado con los esfuerzos de mediación sobre la guerra con EE. UU.
«Actualmente no hay indicios de que se vaya a transmitir ningún mensaje o propuesta por parte de Estados Unidos», afirmó Baghaei.
Añadió que el objetivo principal del viaje es dar seguimiento a acuerdos previos entre ambos países.
Hace 2 horas
Los Emiratos Árabes Unidos respondieron a las preguntas de The National, un periódico con sede en Abu Dabi, sobre si habían alertado a Netanyahu de un posible ataque de Hamás antes del 7 de octubre, según un informe de Haaretz.
En su respuesta, los Emiratos Árabes Unidos indicaron que los asuntos de seguridad se gestionan a través de «las entidades pertinentes» en el marco de las conversaciones con otros países, sin llegar a abordar directamente la afirmación.
Un informe anterior de Haaretz afirmaba que Mohammed bin Zayed, presidente de los EAU, llamó por teléfono a Netanyahu aproximadamente diez días antes de los ataques del 7 de octubre.
Según se informa, su conversación, de 45 minutos de duración, incluyó una clara advertencia de que el líder de Hamás, Yahya Sinwar, estaba preparando una operación a gran escala dirigida contra Israel.
The National es propiedad de International Media Investments, un grupo mediático bajo el control del hermano de bin Zayed.
Hace 3 horas
El jefe de la oficina política de Hamás, Khalil al-Hayya, ha mantenido un estrecho contacto con mediadores ante la reciente escalada de muertes causadas por Israel en Gaza, así como ante los ataques en la Cisjordania ocupada y en la mezquita de Al-Aqsa, según ha informado el grupo a Al Jazeera.
En un comunicado, señaló que las matanzas están socavando las posibilidades de alcanzar la calma y demuestran que Israel no está cumpliendo los compromisos adquiridos en el marco del plan de Trump, debido a las restricciones impuestas a la ayuda y a la reconstrucción.
Hamas también indicó que al-Hayya se ha dirigido por escrito a varios países, advirtiendo de que las condiciones humanitarias en Gaza podrían empeorar a medida que se acerca el invierno, y añadió que Israel está bloqueando la entrada de maquinaria pesada necesaria para retirar los escombros y asegurar los edificios dañados, así como de tiendas de campaña y suministros destinados a proteger a la población del frío y la lluvia.
El grupo insta a los mediadores a que presionen a Israel para que cumpla con sus obligaciones en el marco de la primera fase del acuerdo de alto el fuego, principalmente poniendo fin a los asesinatos y permitiendo la entrada en Gaza, sin restricciones, de equipos de rescate y de refugio.
Hace 3 horas
Irán ha refutado la afirmación del Mando Central de EE. UU. (Centcom) de que escoltó a petroleros que transportaban más de mil millones de barriles de petróleo a través del estrecho de Ormuz.
El portavoz de las Fuerzas Armadas, Abolfazl Shekarchi, calificó la afirmación de «operación psicológica fallida» destinada a elevar la moral de las tropas estadounidenses y a justificar los costes financieros y humanos de la guerra, según informó la agencia de noticias iraní Fars.
El Centcom también había afirmado que protegió más de 2.000 tránsitos comerciales a través del estrecho y despejó de minas sus principales rutas marítimas, además de facilitar las exportaciones de petróleo.
Por otra parte, un comité de altos funcionarios iraníes ha aprobado una norma que exige la autorización de Teherán para los cables de datos que atraviesen el estrecho, según informó Fars.
La medida, conocida como «Artículo 10», se aplicará también a otros equipos de comunicaciones de datos que pasen por la vía navegable, y los detalles se concretarán en futuras normativas.
Interceptados misiles huzíes dirigidos contra Riad y otras ciudades, según la coalición saudí
Hace 4 horas
Las fuerzas de la coalición liderada por Arabia Saudí afirmaron que las defensas aéreas interceptaron y destruyeron un misil balístico lanzado por los huzíes hacia Riad en la madrugada del sábado, según declaró el portavoz de la coalición, Turki al-Maliki, en un comunicado.
La Fuerza Aérea de Arabia Saudí «interceptó y destruyó con éxito un misil balístico lanzado por la milicia huzí», publicó al-Maliki en X.
Afirmó que los huzíes también intentaron atacar a «civiles e infraestructuras civiles en Bisha, Taif, Farasan y Yanbu», y añadió que los ataques «fueron frustrados por las defensas aéreas de la monarquía del Golfo».
Al-Maliki acusó a los huzíes de intensificar este tipo de intentos y reafirmó el derecho de la coalición a adoptar «las medidas adecuadas» contra el grupo en virtud del Derecho internacional humanitario.
https://www.middleeasteye.net/live-blog/live-blog-update/turkey-says-it-will-look-saudi-military-needs-part-defence-pact?topic=War%2520on%2520Iran&
En declaraciones a la cadena NTV, Fidan señaló que era inaceptable que se involucrara a Arabia Saudí en la guerra entre EE. UU. e Irán, ya que este país no tenía intención alguna de sumarse al conflicto, y añadió, sin dar más detalles, que se han transmitido propuestas a todas las partes para poner fin a los combates.
Arabia Saudí, Turquía y Pakistán firmaron en agosto en La Meca el Acuerdo Conjunto de Defensa, en virtud del cual un ataque contra uno de los miembros se consideraría un ataque contra todos.
Los ataques israelíes alcanzan varias zonas del sur del Líbano y destruyen una vivienda
Hace 6 horas
Aviones de combate israelíes llevaron a cabo una serie de ataques en el sur del Líbano el sábado, según la Agencia Nacional de Noticias del Líbano.
Uno de los ataques alcanzó las afueras de Sarbin, cerca de Haris, en el distrito de Bint Jbeil.
Otro ataque, de mayor intensidad, tuvo como objetivo una vivienda situada entre Haddatha y Haris, destruyéndola por completo.
El ataque coincidió con un bombardeo de artillería israelí en las afueras de Haddatha.
Hace 6 horas
El presidente israelí, Isaac Herzog, accedió el sábado a la solicitud del ministro de Defensa, Israel Katz, de borrar los antecedentes penales de Elor Azaria, un exsoldado israelí condenado por matar al palestino herido Abdel Fattah al-Sharif en Hebrón en 2016, según informa Haaretz.
Katz había escrito a Herzog en julio pidiéndole que aprobara la solicitud de Azaria para la eliminación de antecedentes penales.
El ejército israelí se opuso a la medida, ya que un alto mando del ejército señaló que Azaria no ha expresado remordimiento ni ha aceptado la responsabilidad por sus actos, ni siquiera una década después.
Tras su condena, Azaria comenzó a cumplir su pena por homicidio involuntario en agosto de 2017 y fue puesto en libertad tras nueve meses, en mayo de 2018, tras una reducción de la pena por parte de la comisión de libertad condicional.
Herzog anunció el sábado por la noche que había acortado el plazo restante antes de que se pudiera borrar el expediente de Azaria, lo que supone, en la práctica, su eliminación.
En 2024, la Administración Biden prohibió al exsoldado y a su familia directa la entrada en EE. UU., alegando su participación en lo que calificó de «una grave violación de los derechos humanos, concretamente una ejecución extrajudicial en Cisjordania».
Los huzíes reivindican ataques contra Riad y las instalaciones de Aramco en Yanbu
Hace 7 horas
El movimiento huzí de Yemen afirma haber lanzado misiles balísticos y drones contra lo que denominó «objetivos sensibles» en Riad, así como contra las instalaciones de Saudi Aramco en Yanbu.
«En respuesta a los intentos criminales del enemigo saudí de atacar la capital, Saná… las Fuerzas Armadas yemeníes llevaron a cabo con éxito dos operaciones militares utilizando un gran número de misiles balísticos y de crucero, así como drones», declaró el portavoz militar huzí, Yahya Saree, en un comunicado publicado en Telegram.
«La primera tuvo como objetivo lugares sensibles de la capital saudí, Riad, y la segunda, las instalaciones de Aramco en Yanbu».
El comunicado de los huzíes se produjo después de que, el sábado, los bomberos extinguieran un incendio en un depósito de combustible con el logotipo del gigante petrolero saudí Aramco en una terminal de combustible cercana al aeropuerto internacional de Riad.
Las autoridades saudíes aún no han confirmado las afirmaciones de los huzíes.
Los ingresos petroleros de Irán alcanzan su máximo en dos años a pesar del bloqueo estadounidense
Hace 7 horas
La Organización de Planificación y Presupuesto de Irán informa de que las ventas de petróleo han alcanzado su nivel más alto en dos años, a pesar del bloqueo naval estadounidense vigente.
Según la agencia de noticias semioficial iraní Mehr, los ingresos petroleros superaron los 3.000 millones de dólares en septiembre, la cifra mensual más alta que ha registrado el país en dos años.
El informe no indicaba cómo evadió Irán el bloqueo estadounidense para exportar su petróleo.
El ejército yemení afirma haber frustrado un ataque huzí, con un saldo de 12 muertos
Hace 8 horas
Las fuerzas armadas del Gobierno yemení, respaldado por Riad, afirman que sus combatientes frustraron un intento de infiltración huzí en el sector de al-Fuliahan, al sur de Marib, matando a 12 combatientes huzíes e hiriendo a otros.
Los combatientes huzíes restantes huyeron del lugar, según indicó el ejército en un comunicado oficial publicado en X.
La escalada de los combates entre los huzíes y las fuerzas gubernamentales ha obligado a muchos yemeníes a huir de sus hogares, según un informe de Reuters.
Hace 9 horas
Irán ha transmitido sus condiciones a los mediadores para reanudar las negociaciones destinadas a poner fin a la guerra con EE. UU., según declaró el sábado el jefe de Seguridad de Irán, Mohsen Rezaei, en una entrevista con Al Jazeera.
Las siete condiciones, que incluyen el fin de la guerra en todos los frentes, el desbloqueo de los fondos iraníes y el fin del bloqueo naval, se habían comunicado a EE. UU. a través del mediador, Catar, afirmó Rezaei, quien añadió que se espera una respuesta del presidente Trump.
Irán se ha convencido de la necesidad de cambiar su estrategia hacia Washington tras la retirada de EE. UU. del memorando de entendimiento, declaró Rezaei.
Afirmó que Irán conoce los puntos débiles del ejército estadounidense y está más preparado que nunca para contrarrestar sus ataques aéreos, añadiendo que recientemente ha probado un misil antibuque cerca de un portaaviones estadounidense.
El jefe de seguridad también señaló que Irán busca el fin de la guerra entre Arabia Saudí y los huzíes de Yemen. Considera que los huzíes, asimismo, buscan un acuerdo con Arabia Saudí.
«A Washington le conviene aceptar estas condiciones. Las amenazas de Trump no lograrán ningún resultado. Estamos preparados para una guerra decisiva», declaró Rezaei a Al Jazeera.
Rezaei no descartó un nuevo ataque estadounidense contra Irán, calificando dicha posibilidad de «muy probable» según las evaluaciones militares de su país, al tiempo que insistió en que Teherán estaba preparado.
En cuanto al programa nuclear de Irán, Rezaei señaló que Teherán no ha decidido retirarse del Tratado de No Proliferación Nuclear, a pesar de tener motivos para hacerlo tras los ataques de EE. UU. e Israel, aunque afirmó que la conducta de Washington «podría empujar a Teherán a retirarse».
Afirmó que Irán sigue respetando una fatwa (decreto) del antiguo líder supremo Ruhollah Jomeini que prohíbe las armas nucleares y que su doctrina permanece inalterada. «Pero no sabemos qué sucederá en el futuro», señaló, citando nuevas sanciones o la remisión del expediente nuclear de Irán al Consejo de Seguridad de la ONU como posibles medidas de presión futuras.
Hace 9 horas
La Defensa Civil de Gaza afirma que un ataque israelí contra un vehículo en el barrio de Sheikh Radwan, al norte de la ciudad de Gaza, ha causado la muerte de tres personas.
Esto actualiza los informes iniciales que señalaban una víctima mortal y varios heridos en el ataque.
A pesar del «alto el fuego» vigente, los ataques israelíes en toda la Franja de Gaza han causado la muerte de al menos seis palestinos, incluida una niña, en lo que va de día.
Hace 10 horas
El Mando Central de EE. UU. (Centcom) ha anunciado que el flujo de petróleo crudo, mercancías y gas natural licuado a través del estratégico estrecho de Ormuz ha alcanzado su nivel más alto en seis meses durante las últimas dos semanas.
En un comunicado difundido en X, el almirante Brad Cooper, comandante del Centcom, declaró que las fuerzas estadounidenses han facilitado el transporte de más de mil millones de barriles de petróleo a través de esta vía navegable solo en los últimos dos meses, proporcionando protección a más de 2.000 buques mercantes.
«También estamos colaborando con todos los socios de la región, reforzando su defensa aérea, formando una nueva unidad de drones de ataque de la coalición y manteniendo abiertos y despejados el estrecho de Ormuz y las aguas circundantes», afirmó Cooper.
Cooper también señaló que se han desminado con éxito las principales rutas de tránsito del estrecho.
Araghchi afirma que Oriente Medio necesita diálogo, no presencia militar extranjera
Hace 13 horas
El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, abogó el sábado por una mayor apuesta por el diálogo, la cooperación y las instituciones multilaterales.
En su intervención virtual en el Global Town Hall 2026 de Indonesia, Araghchi afirmó: «La seguridad sostenible en Oriente Medio no puede ser dictada desde fuera de la región».
Araghchi señaló que ignorar el derecho internacional cuando entra en conflicto con los intereses de las grandes potencias socava el Estado de derecho, mientras que el fracaso de instituciones internacionales como las Naciones Unidas a la hora de responder a la agresión y exigir responsabilidades a los infractores podría dañar su credibilidad.
«Creemos que la seguridad sostenible puede lograrse mediante el diálogo, el fomento de la confianza, la cooperación y el respeto mutuo entre los países de la región, y no a través de la presencia militar de potencias extranjeras y la imposición de su voluntad», afirmó.
Se observa una gran columna de humo negro cerca del aeropuerto de Riad, según informa Reuters
Hace 13 horas
El sábado se pudieron observar llamas y una gran columna de humo negro elevándose cerca del Aeropuerto Internacional Rey Khalid de Riad, según informó Reuters citando a testigos presenciales.
No se supo de inmediato cuál fue la causa del incendio y la oficina de prensa del Gobierno de Arabia Saudí no respondió a una solicitud de comentarios, según Reuters.
Este suceso se produce en medio de crecientes tensiones entre Arabia Saudí y el movimiento huzí de Yemen, aunque no quedó claro qué provocó las llamas.
Hace 14 horas
El ministro de Asuntos Exteriores de Pakistán, Ishaq Dar, y su homólogo iraní, Abbas Araghchi, mantuvieron una conversación telefónica para debatir los recientes acontecimientos regionales, según confirmó Islamabad en un comunicado.
Durante la conversación, Dar hizo hincapié en la necesidad fundamental de contar con rutas marítimas seguras y un suministro energético ininterrumpido, y advirtió de las posibles repercusiones para los países en desarrollo y las cadenas de suministro mundiales. Además, subrayó que «el diálogo y la diplomacia» siguen siendo las únicas vías viables para la paz regional.
Ambos diplomáticos acordaron mantener una estrecha cooperación y tienen previsto reunirse en persona en Nueva York, al margen de la 81.ª Asamblea General de la ONU.
Hace 14 horas
La Unión Europea declaró el sábado que lamenta la decisión del Gobierno de Estados Unidos de prorrogar la denegación de visados de entrada a los miembros de la delegación palestina para el próximo período de sesiones de la Asamblea General de la ONU en Nueva York.
El bloque instó a EE. UU. a reconsiderar la decisión, añadió.
El Departamento de Estado de EE. UU. anunció a principios de esta semana que prorrogaría las sanciones que deniegan visados a los funcionarios de la Autoridad Palestina y a los miembros de la Organización para la Liberación de Palestina de cara a la próxima Asamblea General de la ONU.
Hace 15 horas
Estas son las últimas novedades de la región:
- Las fuerzas israelíes mataron el sábado a tres palestinos, entre ellos una niña, en distintos puntos de Gaza.
- Los huzíes de Yemen afirmaron que aviones de combate saudíes atacaron zonas controladas por el grupo durante las últimas 24 horas.
- Arabia Saudí afirmó que la amenaza de ataques por parte de las fuerzas huzíes había pasado en Riad y Al-Kharj tras una segunda oleada de alertas de emergencia durante la noche.
- Colonos israelíes dispararon contra palestinos en Ramala a medida que se agravan las tensiones.
- El Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán señaló que continúan los esfuerzos diplomáticos para resolver las cuestiones relacionadas con el Memorando de Entendimiento firmado en junio con EE. UU.
Irán afirma que se están llevando a cabo esfuerzos para volver al acuerdo de Islamabad
Hace 16 horas
Los esfuerzos diplomáticos internacionales continúan para resolver las cuestiones pendientes y restablecer el acuerdo de Islamabad, según afirmó el sábado el Ministerio del Interior de Irán.
El portavoz del Ministerio del Interior, Ali Zeynivand, declaró en una rueda de prensa que Teherán insiste en que la otra parte cumpla sus compromisos en virtud del acuerdo, según informó la agencia de noticias semioficial Tasnim.
El acuerdo fue una decisión aprobada por el Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán y ratificada por el líder supremo, el ayatolá Jamenei, señaló Zeynivand.
Afirmó que la diplomacia iraní se mantiene activa a través de la participación del presidente Masoud Pezeshkian en las reuniones de la Organización de Cooperación de Shanghái y del BRICS, así como mediante consultas en curso.
Irán ejecuta a un hombre acusado de espiar para Israel
Hace 18 horas
El poder judicial iraní anunció el sábado la ejecución de un hombre acusado de proporcionar información sobre emplazamientos de misiles iraníes a los servicios de inteligencia israelíes.
«Se ha ejecutado la pena de muerte contra Hossein Pedaran, quien había proporcionado al Mossad información sobre emplazamientos de misiles en la provincia de Isfahán», en el centro de Irán, indicaron las autoridades judiciales, sin precisar cuándo fue detenido ni juzgado.
Informe de la AFP
Hace 18 horas
Buenos días, lectores de Middle East Eye:
Si acaba de unirse a nosotros, estos son los acontecimientos clave en toda la región:
• El presidente de EE. UU., Donald Trump, ha promulgado una ley que prorroga hasta 2031 las sanciones estadounidenses vigentes contra Irán y amplía las sanciones, los aranceles y otras restricciones contra Rusia.
• El sábado se escucharon explosiones en Riad, según informó la AFP, mientras que las autoridades de defensa civil saudíes emitieron —y posteriormente retiraron— alertas para varias provincias.
• El Ministerio de Derechos Humanos de Yemen acusó a los huzíes de atacar y saquear instalaciones humanitarias y médicas financiadas por Arabia Saudí en Al-Khawkhah y otras zonas de la costa occidental del país.
• Los huzíes de Yemen afirmaron que Arabia Saudí había lanzado 26 ataques contra zonas bajo su control en las últimas 24 horas, en medio de los continuos combates entre el movimiento alineado con Irán y el Gobierno yemení respaldado por Riad.
• Turquía ha revocado la licencia de funcionamiento del banco iraní Bank Mellat, que sigue figurando en la lista de sanciones del Tesoro de EE. UU., a medida que Washington intensifica la presión económica sobre Teherán.
• Arabia Saudí ha informado al menos a dos clientes de refinerías de petróleo en Europa de que no recibirán asignaciones de crudo en octubre, a medida que la guerra en Oriente Medio afecta a los mercados energéticos mundiales.
• El exministro de la Autoridad Palestina, Sufian Abu Zaida, ha afirmado que actuó como intermediario entre Israel y Hamás antes del 7 de octubre de 2023, y ha prometido revelar el mensaje que Yahya Sinwar le pidió que transmitiera.
• Tres palestinos han perdido la vida en ataques israelíes en la Franja de Gaza, según ha informado Al Jazeera, citando fuentes hospitalarias locales.
• La ministra de Asuntos Exteriores de Yemen, Afrah Alzouba, ha afirmado que Yemen no es «una moneda de cambio iraní» y que su futuro «lo determinan los yemeníes a través de su trayectoria estatal y nacional».
• El contralmirante Abdullah bin Salem al-Shehri, comandante de la Coalición Multinacional de Defensa Marítima (MMDC), ha afirmado que la protección de las vías navegables internacionales es una responsabilidad internacional, y ha advertido de que «se disuadirá cualquier amenaza a la seguridad marítima internacional».
• El Mando Central de EE. UU. (Centcom) ha declarado que ha desviado 105 buques comerciales desde que EE. UU. impuso un bloqueo naval contra Irán.
Hace 18 horas
Los diplomáticos europeos han expresado su sorpresa y decepción después de que Australia se negara a sumarse a una iniciativa liderada por el Reino Unido para actuar contra el comercio con los asentamientos israelíes en la Cisjordania ocupada, según un informe de la ABC basado en entrevistas con fuentes diplomáticas de varios países.
Otras doce naciones habían respaldado la decisión del Reino Unido, afirmando que se comprometerían a tomar medidas, o que las considerarían, en relación con el comercio con los asentamientos ilegales. Canadá fue el único signatario no europeo.
Cuatro fuentes diplomáticas indicaron a la ABC que Australia participó en las conversaciones hasta poco antes de que se ultimara la declaración y se mostró abierta a adoptar nuevas medidas. Posteriormente, decidió no firmar.
«Algunas fuentes especularon con que la presión a la que se ha visto sometido el primer ministro Anthony Albanese desde los atentados terroristas de Bondi, así como las críticas de grupos judíos por la falta de firmeza del Gobierno federal frente al antisemitismo, podrían haber influido en la decisión de Australia de no anunciar sanciones la semana pasada», según el informe.
«Otras fuentes sugirieron que, debido a la política interna, el Gobierno federal no pudo alcanzar una posición consensuada a tiempo para sumarse a la declaración».
Hace 19 horas
El contralmirante Abdullah bin Salem al-Shehri, comandante de la Coalición Multinacional de Defensa Marítima (MMDC), ha afirmado que la protección de las vías navegables internacionales es una responsabilidad internacional y ha advertido de que «se disuadirá cualquier amenaza a la seguridad marítima internacional».
Al Shehri se dirigió a la prensa tras la conclusión de la cuarta reunión de planificación de la coalición, celebrada el viernes en Yeda.
La MMDC es una alianza militar formada por 14 países y constituida en julio para garantizar que las vías navegables mundiales alrededor de la Península Arábiga —incluidos el golfo de Adén, el estrecho de Bab al-Mandeb y el mar Rojo— permanezcan abiertas al tráfico internacional.
La reunión de Yeda formaba parte de la «transición en curso de la coalición desde la fase de fundación a la fase operativa propiamente dicha, tras haber alcanzado la capacidad operativa inicial», según indicó el Ministerio en un comunicado el día X.
A la reunión asistieron representantes de «41 países hermanos y amigos», y también participaron representantes de la UE.
«Yemen no es una moneda de cambio iraní», afirma la ministra de Asuntos Exteriores
Hace 19 horas
La ministra de Asuntos Exteriores de Yemen, Afrah Alzouba, ha afirmado que Yemen no es «una moneda de cambio iraní» y que su futuro «lo determinan los yemeníes a través de su trayectoria estatal y nacional» .
En una entrevista con la agencia de noticias rusa Sputnik, Alzouba hizo hincapié en que la restauración del Estado es un «pilar para la seguridad regional y la protección de la navegación internacional», según un comunicado publicado en X por el Ministerio de Asuntos Exteriores del país.
El comunicado indicaba que, durante la entrevista, Alzouba abordó la escalada de violencia por parte de «la milicia huzí» en la costa occidental y en Bab al-Mandab, sus repercusiones humanitarias, sus implicaciones para la seguridad nacional y regional y las rutas comerciales internacionales, así como las relaciones con el Reino de Arabia Saudí.
El número de víctimas mortales del atentado contra la jefatura de policía de Pakistán asciende a 31
Hace 20 horas
El número de víctimas mortales de una explosión y un ataque a tiros perpetrados en una jefatura de policía del norte de Pakistán ascendió a al menos 31, entre ellas 16 agentes de policía, según informó el sábado a la AFP un alto cargo policial, mientras los enfrentamientos continuaban.
Los atacantes irrumpieron el viernes por la tarde en el complejo «Old Police Lines» de Kohat, una localidad de unos 220 000 habitantes situada en la provincia pakistaní de Khyber Pakhtunkhwa (KP).
El recinto policial funciona como cuartel general de la policía a nivel de distrito y alberga oficinas clave del Departamento de Lucha contra el Terrorismo (CTD), la Brigada Especial y varias otras unidades policiales.
Hasta el momento hay más de 100 heridos a causa del ataque de los militantes y el atentado suicida,
la gran mayoría de ellos agentes de policía, y varios se encontraban en estado crítico, según indicó el responsable.
El grupo militante local Ittehad-ul-Mujahideen Pakistan, una facción vinculada a Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP) —los talibanes paquistaníes—, ha reivindicado la autoría del ataque.
Informe de la AFP
Tres palestinos muertos en ataques israelíes contra Gaza
Hace 20 horas
Tres palestinos han perdido la vida en ataques israelíes en la Franja de Gaza, según informó Al Jazeera, citando fuentes hospitalarias locales.
La agencia de noticias Wafa informó el viernes de que un palestino identificado como Hudhaifa Awad había fallecido, y que varias personas más, entre ellas un niño, resultaron heridas cuando las fuerzas israelíes bombardearon una motocicleta en el campo de refugiados de Al-Taqwa, en el barrio de Sheikh Radwan, al oeste de la ciudad de Gaza.
Mientras tanto, las fuerzas israelíes llevaron a cabo una redada en la localidad de al-Mughayyir, en la Cisjordania ocupada, un día después de que los medios de comunicación israelíes informaran de que el ejército israelí estaba investigando un presunto tiroteo dirigido contra un conductor israelí cerca de al-Mughayyir.
Las fuerzas israelíes llevan a cabo demoliciones en el Líbano e incendian un hospital
Hace 20 horas
Las fuerzas israelíes han llevado a cabo una nueva serie de demoliciones en el sur del Líbano, entre otras localidades, en al-Mansouri y Khiam, según la Agencia Nacional de Noticias del Líbano (NNA).
Por su parte, el Ministerio de Sanidad del Líbano calificó el incendio del Hospital Meiss El-Jabal, provocado por el ejército israelí, como un «auténtico crimen de guerra», según la Red de Noticias Quds.
El ministerio afirmó que el hospital, recientemente renovado y equipado con tecnología médica avanzada para atender a los residentes de la frontera sur, sufrió una destrucción sistemática «destinada a privar a la población civil de la asistencia sanitaria básica».
Las fuerzas israelíes habían incendiado el hospital público el viernes, según la NNA.
Hace 21 horas
El precio mínimo de las entradas para el concierto del sábado de Ed Sheeran en Filadelfia se ha reducido casi a la mitad en los últimos tres días, tras la exclusión del rapero Macklemore como telonero por sus comentarios a favor de Palestina, según Forbes.
La exclusión de Macklemore provocó que los cuatro teloneros se retiraran del espectáculo en señal de solidaridad.
Citando al mercado secundario de entradas TickPick, Forbes señaló que el precio más barato de una entrada individual para el concierto del sábado de Sheeran en el Lincoln Financial Field cayó a 51 dólares el viernes por la mañana, desde los 100 dólares registrados el martes por la mañana.
Sin embargo, la caída de los precios ha provocado un aumento del 54 % en la disponibilidad de entradas.
Macklemore había declarado que se unió a la gira de Sheeran para poder decir «dos palabras que me llegan muy al corazón: Palestina libre». (AFP)
Un exministro palestino revelará el mensaje que Sinwar quería que Israel escuchara
Hace 21 horas
El exministro de la Autoridad Palestina, Sufian Abu Zaida, ha afirmado que actuó como intermediario entre Israel y Hamás antes del 7 de octubre de 2023, y ha prometido revelar el mensaje que Yahya Sinwar le pidió que transmitiera.
«En los próximos días, hablaré sobre la naturaleza de los contactos que mantuve durante más de un año y medio entre Israel y Hamás, cuyo objetivo era alcanzar un acuerdo para garantizar la liberación de los prisioneros retenidos por Hamás», declaró Abu Zaida en un vídeo difundido el viernes.
Se refería a dos civiles israelíes que llevaban años retenidos por Hamás antes de la invasión del 7 de octubre de 2023, junto con los cadáveres de dos soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI).
«También hablaré del mensaje que… Sinwar me pidió que transmitiera a la parte israelí», afirmó Abu Zaida, añadiendo que revelaría los detalles en una entrevista con el canal de televisión egipcio Al-Ghad en los próximos días.
Horas más tarde, el periodista israelí Shlomi Eldar lo identificó como «Coal Eyes», el interlocutor anónimo de Fatah mencionado en su reportaje publicado en Haaretz a principios de este mes, que causó un gran revuelo en Israel.
El reportaje alegaba que Sinwar, frustrado por el estancamiento de las negociaciones, advirtió a Israel de un «zilzal», que en árabe significa terremoto. El reportaje de *Haaretz* indicaba que la advertencia había llegado al presidente de los Emiratos Árabes Unidos, Mohammed bin Zayed, quien a su vez llamó por teléfono al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.
Netanyahu ha negado que se haya producido tal llamada.
Las autoridades saudíes retiran la segunda ronda de alertas para Riad y Al-Kharj
Hace 22 horas
La Dirección de Protección Civil de Arabia Saudí ha declarado que el peligro ha pasado en Riad y Al-Kharj, después de que la Plataforma Nacional de Alerta Temprana instara a los residentes de ambas zonas a tomar medidas de precaución.
Anteriormente, la AFP había informado de que su corresponsal había oído explosiones en la capital saudí.
Se habían emitido alertas similares, que posteriormente se retiraron, para las regiones de Farasan y Jazan, la ciudad de Abha y las provincias de Khamis Mushait, Yeda, Taif y Yanbu.
Trump prohíbe el acceso a la Casa Blanca a CNN, MS NOW y Politico por «difundir noticias falsas»
Hace 22 horas
El presidente de EE. UU., Donald Trump, ha anunciado que, «con efecto inmediato», prohíbe el acceso a la Casa Blanca a las cadenas de noticias por cable CNN y MS NOW, así como al sitio web Politico, acusándolos de difundir «noticias falsas».
Trump escribió en la plataforma Truth Social: «Me enorgullece anunciar que, con efecto inmediato, prohíbo el acceso a la Casa Blanca a la CNN de noticias falsas, a MSNOW (¡que recientemente cambió su nombre de MSNBC debido a la falta de audiencia y credibilidad!) y a Politico… de la Casa Blanca como consecuencia de su constante «difusión» de NOTICIAS FALSAS».
Afirmó que Politico había recibido una «suscripción ilegal y ridícula de 8 millones de dólares directamente del Gobierno de los Estados Unidos, bajo el mandato de Joe Biden, el deshonesto, con el fin de mantenerlos a flote».
«¡A mí me parece corrupción!», afirmó, y añadió: «Los medios de comunicación no deberían poder escribir o informar constantemente sobre FICCIÓN y MENTIRAS cuando cubren noticias sobre el presidente de los Estados Unidos, la Administración Trump o los Estados Unidos de América», y advirtió que «otros medios de noticias falsas seguirán el mismo camino».
Hace 23 horas
Un medio de comunicación estadounidense, MeidasNews, ha publicado lo que describe como imágenes exclusivas que muestran el alcance de los daños causados por los ataques iraníes contra una base estadounidense en Kuwait.
Afirmó que, según «lo que hemos analizado, la destrucción es grave».
MeidasNews señaló que varias estructuras de la base parecen «haber quedado completamente destruidas, y que todo lo que las rodeaba también ha quedado arrasado».
«Lo que antes eran estructuras en funcionamiento ahora están arrasadas, con escombros esparcidos por toda la zona circundante», añadió.
Hace 23 horas
El presidente francés, Emmanuel Macron, ha declarado que convocará una reunión del G7 en las próximas semanas para coordinar las respuestas a la crisis energética provocada por la guerra con Irán, al tiempo que ha reiterado que Francia está trabajando para facilitar la reapertura pacífica del estrecho de Ormuz.
Macron señaló que la reunión se centraría en coordinar los niveles de las reservas estratégicas, la cooperación en materia de exportaciones y capacidad de producción, así como en posibles liberaciones de reservas estratégicas.
Macron afirmó que el objetivo de la reunión era reforzar la cooperación y evitar tensiones innecesarias entre los países del G7 y sus socios clave.
Indicó que Francia había puesto en marcha el pasado mes de abril una misión de defensa internacional junto con la Organización Marítima Internacional, destinada a escoltar a petroleros y buques portacontenedores a través de esta vía navegable estratégica una vez se alcanzara un acuerdo.
Macron señaló que la reapertura de Ormuz dependía de un acuerdo entre Irán y Estados Unidos, lo que, según él, parecía poco probable a corto plazo.
Estas declaraciones se produjeron en un momento en que Francia se enfrenta a una presión creciente debido al fuerte aumento de los precios del combustible, y Macron reconoció que los precios en las gasolineras habían alcanzado niveles históricos y estaban ejerciendo presión sobre el poder adquisitivo de los hogares.
Informe de la AFP




