Montserrat Roig debe estar en el cuadro de honor de los mejores escritores/as españoles/as del último tercio del siglo XX.
El 13 de junio de este año se cumplieron 80 años de su nacimiento, y el 10 de noviembre se cumplirán 35 años de su fallecimiento. Unas fechas que me sirven para seguir rememorando a la gran escritora y periodista que fue. Mujer comprometida con los problemas de su tiempo fue militante del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC), el partido de los comunistas catalanes. El hecho de que la recuerde con gran añoranza, un economista como yo, se debe no solamente a lo mucho que me gustaban sus artículos, sino que sus novelas supusieron para mí un punto de inflexión como lector de literatura. La primera que leí fue La hora Violeta (1980) y me gustó tanto que me leí a continuación El Tiempo de las Cerezas (1977), y Ramona, adiós (1972).
Desde entonces, y ahí está el punto de inflexión, empecé a leer novelas una tras otra de diferentes autores. No es que con anterioridad no leyera novelas, pero las intercalaba con otras lecturas sobre historia económica y social, historia del pensamiento económico, economía, marxismo (obras de Marx y de sus discípulos). Tenía tantas ganas de aprender que los textos de pensamiento tenían prioridad sobre la narrativa. Era una manera se suplir las carencias del bachillerato y de la universidad. De modo que mi formación como economista no consistió solo en el estudio de las disciplinas de la carrera, sino en las lecturas que hice, que abarcaban campos no solo de la economía, sino también de la filosofía y sociología. Una formación fuera de los cauces académicos, y que fue en muchos casos más importante que la enseñanza oficial que recibía en varias disciplinas.
Muchas veces me he preguntado y lo sigo haciendo ¿por qué fueron las lecturas de Montserrat Roig y no otras muy buenas que leí las que me hicieron un adicto a la novela? Pues leí, como no, a Carpentier, García Marquez, Vargas Llosa, Martín Santos, Sender, Sampedro, por citar a algunos de los autores que más me entusiasmaron. Una de las razones ya la mencioné antes, la prioridad que di a las lecturas de pensamiento. Otra, sin duda, fue que al acabar una novela que me dejaba tan buen sabor que lo quería paladear durante un tiempo y me costaba, por tanto, coger otra a continuación. A su vez, también influyó que en el año 1981 fui vicedecano de la facultad y el 1984 hasta 1998 decano. Tuve mucho trabajo de gestión, que compartí con la docencia, estudio, publicaciones, y la vida familiar con hijas pequeñas. La novela me sirvió para disfrutar y evadirme de las preocupaciones y tensiones diarias. Pero la razón fundamental es que las novelas de Montserrat Roig tenían una gran sensibilidad que me llegaban al corazón. A partir de ahí, sigo leyendo ensayo, pero siempre una novela. Lo más normal es que lea dos libros al mismo tiempo.
Así que, me produjo una gran alegría, que en la lista que elaboró Babelia suplemento de El País sobre los mejores 50 libros del último medio siglo, ver que en el número 30 aparecía El Temps de les cireres (El tiempo de las cerezas) de Montserrat Roig. Esa alegría venía dada por los motivos expuestos, y sobre todo porque no había quedado en el olvido una novelista y ensayista tan extraordinaria como ella, que había muerto a la edad de 45 años. Con anterioridad a esta clasificación la editorial consonni editó en 2025 las novelas mencionadas, y en 2026 el ensayo La aguja dorada, sobre el viaje que hizo a Leningrado en 1980. De modo que la memoria perdura.
En 2021, con motivo del 75 aniversario de su nacimiento se publicó con el título Algo mejores artículos que van desde 1966 hasta 1983. Unos textos muy buenos y que recomiendo fervientemente. Entre todos ellos me gustarían destacar “Lise y Artur London: el camino hacia la libertad”. Selecciono de este artículo las siguientes palabras: “Los London han vuelto a Barcelona, se han paseado por una Barcelona llena de sol, han reconocido en la Barcelona de 1977 muchas cosas de la Barcelona que habían dejado en 1939. Lise Ricol estuvo en la manifestación del día de Sant Jordi, cuando doscientos cincuenta mil barceloneses reivindicaron el Estatut y recordó, por el entusiasmo, la fraternidad y la explosión unida de varias generaciones, la alegría de la efímera Primavera de Praga”. En el artículo hay parte de las biografías de los London, pero para profundizar más en la vida de estos dos grandes militantes resulta de gran interés los dos tomos de Lise London publicados por ediciones del Oriente y Mediterráneo con los títulos Roja primavera y Memorias de la resistencia.
En suma, debo a Montserrat Roig gracias a sus escritos el disfrute que me produjo la lectura y el conocimiento adquirido. Por su calidad considero que debe estar en el cuadro de honor de los mejores escritores/as españoles/as del último tercio del siglo XX.