Publicado en Crítica de la economía política. Bolivia
Anwar Shaikh,recientemente fallecido,fue un economista pakistaní-estadounidense que dedicó más de cuarenta años a estudiar cómo funciona realmente el capitalismo, no cómo dicen los libros de texto que debería funcionar. Su obra principal, Capitalism: Competition, Conflict, Crises (2016), es un intento ambicioso de explicar la economía usando como base las ideas de Adam Smith, David Ricardo, Karl Marx y John Maynard Keynes, pero llevándolas hasta sus consecuencias lógicas y confrontándolas con datos reales. Este artículo explica sus conceptos centrales sin fórmulas matemáticas, desarrollando especialmente su teoría de las crisis y la evidencia empírica sobre la tendencia de la tasa de ganancia.[1][2]
¿QUÉ ES LA «COMPETENCIA REAL»?
En los cursos básicos de economía se enseña que existe algo llamado «competencia perfecta», un mundo ideal donde muchas empresas pequeñas venden productos idénticos, nadie puede influir en el precio y todos tienen información completa. Shaikh dice que esto no existe ni ha existido nunca. Es como decir que para estudiar el clima hay que empezar asumiendo que siempre hace 25 grados y no hay viento.[2]
La competencia real, en cambio, es lo que ocurre de verdad. Las empresas compiten ferozmente para ganar mercado y beneficios. Usan todas las armas disponibles, desde bajar precios y hacer publicidad hasta innovar, reducir salarios, mejorar tecnología y comprar competidores. Shaikh dice que la competencia capitalista es como una guerra, no como un baile de salón. Es antagónica, turbulenta y nunca termina.[3]
Un ejemplo ilustra bien la idea. Cuando Samsung y Apple compiten, no son «tomadoras de precio» pasivas. Fijan sus precios activamente, se espían, se demandan y sacan nuevos productos constantemente para ganar ventaja. Eso es competencia real.
¿QUÉ SIGNIFICA «REGULACIÓN TURBULENTA»?
Este es un concepto clave. En la economía ortodoxa se habla de «equilibrio». La oferta y la demanda se igualan, los precios se estabilizan y todo está en paz. Shaikh dice que el capitalismo nunca está en equilibrio. Está en movimiento constante, como un barco en aguas bravas que nunca se detiene pero tampoco se hunde.[2]
La regulación turbulenta significa que el sistema se ajusta continuamente mediante errores y correcciones. Si una industria tiene beneficios muy altos, otras empresas entran, aumenta la oferta, bajan los precios y caen los beneficios. Si una industria tiene beneficios bajos, las empresas salen o reducen inversión, baja la oferta, suben los precios y mejoran los beneficios. Pero nunca llegan a un punto exacto de equilibrio. Siempre hay oscilaciones, sobrepasos y correcciones.[2][4]
Es como un termostato defectuoso. Si la temperatura baja de 20 grados, la calefacción se enciende y sube a 23. Entonces se apaga y la temperatura cae a 19. Vuelve a encenderse. Nunca se queda exactamente en 20, pero oscila alrededor de ese valor. Así funciona el capitalismo. Nunca está en equilibrio, pero tiene patrones reconocibles.
¿QUÉ ES LA TASA DE GANANCIA Y POR QUÉ IMPORTA?
La tasa de ganancia es simplemente cuánto gana una empresa en relación con lo que invirtió. Si una fábrica invierte 100 millones de dólares y gana 12 millones al año, su tasa de ganancia es 12%. Para Shaikh, este número es el motor del capitalismo. Las empresas producen no para satisfacer necesidades, sino para ganar beneficios.[1][3]
Cuando la tasa de ganancia es alta, las empresas invierten más, contratan trabajadores, compran máquinas y la economía crece. Cuando es baja, las empresas invierten menos, despiden, cierran y la economía se estanca. Por eso Shaikh dice que la economía no es «del lado de la oferta» ni «del lado de la demanda», sino «del lado del beneficio». La rentabilidad regula tanto la producción como el consumo.[2][3]
¿QUÉ ES EL «PLUSVALOR» O «TASA DE EXPLOTACIÓN»?
Este es un concepto marxista que Shaikh recupera. El plusvalor es la diferencia entre lo que un trabajador produce y lo que recibe como salario. Si un obrero trabaja 8 horas, pero en 4 horas ya produjo lo equivalente a su salario, las otras 4 horas son trabajo gratuito para el capitalista. Eso es plusvalor.[3]
La tasa de explotación, también llamada tasa de plusvalor, es la relación entre el plusvalor y el salario. En el ejemplo anterior, si en 4 horas el obrero produce su salario y en otras 4 produce plusvalor, la tasa de explotación es 100%. Cuatro horas de plusvalor dividido cuatro horas de salario. Shaikh muestra empíricamente que esta tasa ha tendido a subir en Estados Unidos desde la posguerra. Los trabajadores producen cada vez más en relación con lo que reciben.
¿QUÉ ES LA «COMPOSICIÓN ORGÁNICA DEL CAPITAL»?
Este término suena complicado, pero la idea es simple. La composición orgánica del capital es la relación entre lo que se invierte en máquinas, edificios y tecnología, llamado capital constante, y lo que se invierte en salarios, llamado capital variable.[3]
Con el tiempo, las empresas invierten cada vez más en tecnología y menos proporcionalmente en trabajadores. Una fábrica textil del siglo XIX tenía muchos obreros y pocas máquinas. Una fábrica moderna tiene robots y pocos operarios. Esto aumenta la «composición orgánica». Hay más capital constante por cada unidad de capital variable.
Para Shaikh, esto es crucial porque solo el trabajo humano crea nuevo valor, es decir plusvalor, mientras que las máquinas solo transfieren su valor al producto. Si hay cada vez más máquinas y menos trabajadores proporcionalmente, la tasa de ganancia tiende a caer, incluso si la explotación aumenta.[3]
¿QUÉ SON LAS «ONDAS LARGAS» O CICLOS DE KONDRATIEFF?
El economista ruso Nikolai Kondratieff observaron que el capitalismo tiene ciclos muy largos, de unos 40 a 50 años, con fases de crecimiento acelerado seguidas de fases de crecimiento lento o estancamiento. Shaikh retoma esta idea y la conecta con la tasa de ganancia.[3]
Según Shaikh, hay aproximadamente dos ondas largas completas en Estados Unidos desde 1899. Una va desde los años 1890 hasta la Gran Depresión de 1929, y otra va desde los años 1930 hasta el presente. Cada onda tiene una fase ascendente, de acumulación acelerada, y una fase descendente, de acumulación desacelerada o estancada.
Lo importante es que estas ondas no son causadas por factores externos como guerras, petróleo o tecnología, sino por la dinámica interna del capitalismo, especialmente por el movimiento de la tasa de ganancia.
LA TEORÍA DE LA CRISIS EN SHAIKH
LAS CRISIS NO SON ACCIDENTES, SON INHERENTES AL SISTEMA
En la economía ortodoxa, las crisis se ven como perturbaciones externas. Una guerra, un shock petrolero, una mala política o un exceso de especulación financiera. Shaikh dice que esto es incorrecto. Las crisis son endógenas, es decir, nacen del funcionamiento normal del capitalismo.[3]
El capitalismo crece de forma exponencial. Los beneficios se reinvierten, generan más beneficios, que se reinvierten, y así sucesivamente. Pero este crecimiento encuentra límites internos. Eventualmente, el sistema se «sobrextiende». Produce más de lo que puede vender rentablemente, invierte más de lo que el mercado puede absorber y acumula más deuda de la que puede pagar.
Shaikh cita a George Soros. «Si te excedes, te quedarás corto». El crecimiento acelerado lleva a un punto donde la rentabilidad cae, las empresas reducen inversión, los trabajadores son despedidos, la demanda cae y el sistema entra en crisis. Luego viene la recuperación, el crecimiento se reanuda y el ciclo se repite.
EL MECANISMO DE LA CRISIS: SOBREACUMULACIÓN ABSOLUTA
Marx llamó «punto de sobreacumulación absoluta del capital» al momento en que el sistema ya no puede seguir acumulando de forma rentable. Shaikh explica esto así.
Durante la fase ascendente de una onda larga, la tasa de ganancia es suficientemente alta como para que las empresas reinviertan agresivamente. El empleo crece, los salarios suben, el consumo aumenta y todo parece ir bien. Pero hay dos procesos simultáneos.
Primero, aumenta la composición orgánica del capital. Las empresas invierten cada vez más en tecnología para reducir costos y ganar ventaja competitiva. Esto significa que hay más máquinas por trabajador, o dicho de otro modo, menos trabajadores por unidad de capital invertido.
Segundo, eventualmente se agota el «ejército industrial de reserva». Tras años de crecimiento, el desempleo cae mucho, los trabajadores tienen más poder de negociación y los salarios suben más rápido.
El problema es que solo el trabajo humano crea plusvalor, es decir beneficio. Si hay cada vez menos trabajadores proporcionalmente al capital invertido, y además esos trabajadores reciben salarios más altos, la tasa de ganancia cae.[3]
En algún momento, la tasa de ganancia cae tanto que las empresas ya no quieren invertir. La masa total de beneficios, la cantidad absoluta de dinero que ganan las empresas, se estanca o incluso cae. Ese es el punto de sobreacumulación absoluta. El capital ha crecido tanto que ya no es rentable seguir acumulando.
Ahí comienza la crisis. Las empresas cancelan proyectos, despiden trabajadores y cierran fábricas. El desempleo sube, el consumo cae, más empresas quiebran y el sistema entra en espiral descendente. Solo cuando la rentabilidad se restaura, mediante quiebras, reducción de salarios o devaluación de capital obsoleto, puede comenzar una nueva fase de crecimiento.
LA PREDICCIÓN DE LA CRISIS DE 2008
Uno de los logros más notables de Shaikh es que predijo la crisis de 2008 con años de anticipación. No fue suerte, sino aplicación de su teoría.[3]
Shaikh analizó los datos de precios expresados en oro, no en dólares nominales que están distorsionados por la inflación, desde 1890. Observó que los picos de las ondas largas de Kondratieff ocurrieron en 1814, 1847, 1873, 1929 y 1980. Y notó que las grandes crisis, las depresiones, ocurrían aproximadamente 8 a 9 años después de cada pico.
Hacia 1999 a 2000, la curva de precios en oro había alcanzado otro pico similar a los anteriores. Aplicando el patrón histórico, Shaikh estimó que la siguiente gran crisis aparecería alrededor de 2008 a 2009. Lo dijo públicamente en conferencias y artículos desde 2003.[3]
Cuando llegó la crisis, Shaikh explicó que no fue causada principalmente por la especulación financiera, aunque eso fue el detonante, sino por una caída prolongada de la tasa de ganancia desde los años 1960 a 1970. El neoliberalismo de los años 1980 intentó restaurar la rentabilidad reduciendo salarios y bajando tasas de interés, lo que generó una expansión crediticia artificial. Pero la rentabilidad subyacente nunca se recuperó completamente y el sistema era vulnerable.[3]
EVIDENCIA EMPÍRICA: LA TENDENCIA DE LA TASA DE GANANCIA
LOS DATOS DE ESTADOS UNIDOS, 1899 A 1984
Shaikh no solo teoriza. Construye series de datos extensas para probar sus ideas. Su análisis más detallado cubre Estados Unidos desde 1899 hasta 1984, usando datos del sector manufacturero como proxy de toda la economía.[3]
Lo primero que hizo fue construir una medida adecuada de utilización de capacidad. Las medidas convencionales, como las de la Reserva Federal, están sesgadas hacia fluctuaciones de corto plazo y no capturan bien los ciclos medios y largos. Shaikh usó un método innovador. Midió la capacidad instalada de motores eléctricos que impulsan el equipo industrial y la comparó con su uso real. Esto le dio una medida directa de cuánta capacidad productiva estaba siendo usada realmente en cada año.
Con esta medida, pudo ajustar las variables económicas, como producción, beneficios y capital, para separar las fluctuaciones cíclicas de las tendencias estructurales. Por ejemplo, durante la Gran Depresión de 1929 a 1933, la tasa de ganancia «real» cayó dramáticamente porque las fábricas operaban a 40 a 50% de capacidad. Pero la tasa de ganancia «normal», ajustada por utilización de capacidad, se mantuvo relativamente estable. El problema no era que las fábricas fueran menos eficientes, sino que había exceso de capacidad sin usar.
HALLAZGOS PRINCIPALES
Los resultados de Shaikh muestran patrones claros.
Primero, la tasa de ganancia normal tiende a caer en ambas ondas largas.[3]
En la primera onda, de 1899 a 1929, la tasa de ganancia normal cayó a una tasa anual de aproximadamente menos 1.0%. En la segunda onda, de 1947 a 1984, la tasa de ganancia normal cayó a una tasa anual de aproximadamente menos 0.7%. Esto ocurre a pesar de que la tasa de explotación, es decir beneficios sobre salarios, subió en ambos períodos, especialmente en el segundo. Es decir, los trabajadores fueron cada vez más explotados, produjeron más en relación con sus salarios, pero la tasa de ganancia igual cayó.[3]
Segundo, la composición del capital sube más rápido que la explotación.
La relación capital sobre salarios, una proxy de la composición orgánica, subió 0.9% anual en 1899 a 1929 y 3.1% anual en 1947 a 1984. La relación capital sobre producto, otra medida de intensidad de capital, subió 1.0% anual en el primer período y 1.5% en el segundo. La tasa de explotación, beneficios sobre salarios, subió apenas 0.1% anual en el primer período y 2.4% en el segundo.
A pesar de que la explotación subió más en el segundo período, la composición del capital subió aún más rápido, lo que resultó en una caída neta de la tasa de ganancia. Esto confirma la predicción teórica de Marx. Incluso si la explotación aumenta sin límite, la tasa de ganancia eventualmente cae porque el capital constante crece más rápido que el trabajo vivo que crea plusvalor.
Tercero, la masa de beneficios se estanca antes de las grandes crisis.
Shaikh muestra que en los años 1920, antes del crash de 1929, la masa total de beneficios en la manufactura ya se había estancado. Es decir, las empresas en conjunto ya no podían aumentar sus beneficios totales, aunque individualmente algunas sí podían. Este estancamiento fue la señal de que el sistema había alcanzado el punto de sobreacumulación absoluta.
De manera similar, en el período de posguerra, la masa de beneficios totales, no solo manufactura, mostró un patrón de aceleración hasta finales de los años 1960, luego desaceleración y estancamiento. Shaikh ubica el punto de inflexión de la segunda onda larga a finales de los años 1960, no en 1973 con la crisis del petróleo como usualmente se dice. La crisis del petróleo fue un factor agravante, pero la tendencia subyacente ya era negativa.[3]
Cuarto, la tasa de ganancia cayó incluso durante el «boom» de posguerra.[3]
Contrario a lo que dicen algunos marxistas, como Ernest Mandel, Shaikh muestra que la tasa de ganancia normal no subió durante el boom de posguerra, de 1947 a 1966, sino que cayó secularmente. Lo que subió fue la tasa de utilización de capacidad. Las fábricas operaban cada vez más cerca de su capacidad máxima porque había mucha demanda.[3]
Esto creó la ilusión de prosperidad. Los beneficios totales subían porque se usaba más capacidad, no porque la rentabilidad subyacente fuera mayor. Pero cuando la utilización de capacidad alcanzó su límite a mediados de los años 1960, la caída subyacente de la tasa de ganancia se hizo evidente y el sistema entró en la fase descendente de la onda larga.[3]
EL PERÍODO NEOLIBERAL, 1980 EN ADELANTE
Shaikh también analiza el período posterior a 1980, la era neoliberal. Los datos muestran que la tasa de ganancia se estabilizó e incluso se recuperó modestamente desde principios de los años 1980, pero nunca volvió a los niveles de los años 1950 a 1960.[3]
Esta recuperación parcial se debió a varios factores.
La reducción agresiva de salarios reales mediante desindustrialización, ataque a sindicatos y globalización que movió producción a países de bajos salarios.[3]
La caída dramática de las tasas de interés, desde más de 15% en 1980 hasta cerca de 0% en años recientes, lo que aumentó la tasa de ganancia «neta», es decir después de pagar intereses.[3]
El aumento de la explotación. La productividad subió mucho más rápido que los salarios reales.
Pero a pesar de esto, la tasa de ganancia no se recuperó completamente porque la composición orgánica del capital siguió subiendo. La automatización, la robotización y la digitalización significaron más capital constante por trabajador. Además, los costos de realización, como marketing, finanzas y administración, crecieron más rápido que los costos de producción, lo que redujo la rentabilidad neta.
Michael Roberts, otro economista marxista, replicó los cálculos de Shaikh con sus propios métodos y encontró esencialmente el mismo patrón. Caída secular de la rentabilidad desde la posguerra, con estabilización parcial desde los años 1980 pero sin recuperación completa. Esto da robustez a los hallazgos de Shaikh.[3]
IMPLICACIONES POLÍTICAS Y ESTRATÉGICAS
¿SE PUEDE ELIMINAR EL DESEMPLEO BAJO CAPITALISMO?
Shaikh analiza esto cuidadosamente. Su conclusión es pesimista. El desempleo no puede eliminarse de forma estable bajo capitalismo.[2]
La razón es la siguiente. Si el desempleo cae mucho, los trabajadores tienen más poder de negociación, los salarios suben. Si los salarios suben más rápido que la productividad, la tasa de ganancia cae. Cuando la rentabilidad cae, las empresas invierten menos, contratan menos y el desempleo vuelve a subir.[2]
Hay solo dos formas de mantener el empleo bajo sin que esto ocurra.
Una posibilidad es que los salarios reales suban más lento que la productividad. Esto fue lo que ocurrió en Suecia durante el modelo socialdemócrata. Los sindicatos aceptaron moderación salarial a cambio de pleno empleo y estado de bienestar.[2]
La otra posibilidad es el control autoritario de salarios y precios. Esto fue lo que hicieron los nazis en Alemania y Roosevelt en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. El estado congeló salarios y precios, lo que permitió expansión fiscal masiva sin inflación y con aumento de rentabilidad.[2]
Fuera de estas dos opciones, el capitalismo tiende a generar desempleo como mecanismo de disciplina laboral.[2]
¿FUNCIONA LA TEORÍA MONETARIA MODERNA, MMT?
Shaikh critica la MMT, que dice que el estado puede gastar ilimitadamente y eliminar el desempleo imprimiendo dinero, y que el único límite es la inflación. Su objeción es que la MMT ignora los límites impuestos por la rentabilidad.[2]
Si el estado gasta masivamente para crear empleo, eventualmente choca con límites de capacidad productiva. No hay suficientes trabajadores calificados, no hay suficientes máquinas y los cuellos de botella generan inflación de costos. Esto ocurre antes de llegar al «pleno empleo» técnico.[2]
Además, si el gasto estatal no va acompañado de aumento de rentabilidad privada, las empresas no invertirán y el crecimiento no será sostenible. Shaikh dice que la MMT comete el error de pensar que la demanda es lo único que importa, cuando en realidad la oferta, es decir capacidad productiva, y la rentabilidad son igualmente cruciales.[2]
¿QUÉ SIGNIFICA ESTO PARA LA IZQUIERDA?
Shaikh no es optimista sobre las posibilidades de reformar el capitalismo desde dentro. Sus análisis muestran que las políticas keynesianas de estímulo fiscal funcionan solo temporalmente, y que el estado de bienestar redistribuye principalmente dentro de la clase trabajadora, de trabajadores de ingresos altos a trabajadores de ingresos bajos, no de capitalistas a trabajadores.[1][2]
Pero tampoco es fatalista. Su trabajo muestra que el capitalismo tiene límites objetivos, y que entender esos límites es crucial para cualquier estrategia política. Si la izquierda quiere proponer alternativas, debe hacerlo con conocimiento de las restricciones reales del sistema, no con ilusiones sobre lo que el estado puede lograr dentro del capitalismo.[1]
En particular, Shaikh enfatiza que la competencia no es un «defecto» del capitalismo que pueda eliminarse mediante regulación. Es la esencia misma del sistema. Las empresas compiten porque deben hacerlo para sobrevivir. Cualquier reforma que ignore esto está condenada al fracaso o a efectos no intencionados.
CONCLUSIONES
Los aportes de Anwar Shaikh representan uno de los esfuerzos más serios y empíricamente fundamentados de reconstruir la economía política clásica y marxista en el siglo XXI. Su teoría de la competencia real ofrece una alternativa viable al modelo neoclásico, capaz de explicar fenómenos observables como la fijación activa de precios, la innovación y la dinámica industrial.[1][4]
Su teoría de las crisis como fenómenos endógenos ha sido validada empíricamente. Predijo la crisis de 2008 basándose en patrones históricos de ondas largas y caída de rentabilidad. Sus datos sobre la tendencia secular de la tasa de ganancia en Estados Unidos, caída desde la posguerra con estabilización parcial desde los años 1980 sin recuperación completa, han sido replicados independientemente por otros investigadores.[3]
Más allá de sus contribuciones técnicas, Shaikh ha demostrado que es posible construir un paradigma económico alternativo que sea riguroso, coherente y empíricamente relevante, sin sacrificar la comprensión del capitalismo como sistema históricamente específico, conflictivo y contradictorio. Su obra invita a los economistas críticos a no conformarse con la heterodoxia como crítica marginal, sino a desarrollar marcos teóricos completos capaces de desafiar la ortodoxia en su propio terreno.[1][2]
REFERENCIAS SELECCIONADAS
· Shaikh, A. (1992). «The Falling Rate of Profit as the Cause of Long Waves: Theory and Empirical Evidence». En New Findings in Long Wave Research. Kleinknecht, Mandel y Wallerstein (eds.). Macmillan Press.
· Shaikh, A. (2016). Capitalism: Competition, Conflict, Crises. Oxford University Press.[1]
Zachariah, D. (2020). «Anwar Shaikh: «The Fundamental Questions About Capitalism»». Jacobin, 6 de abril.[2]
· Roberts, M. (2016). «Real capitalism: turbulent and antagonistic, but not imperfect». International Socialism, núm. 152, otoño.[3]
Citas:
[1] Anwar Shaikh Shows Us How Capitalism Works and How It Fails https://jacobin.com/2026/04/
[2] Anwar Shaikh: “The Fundamental Questions About … https://jacobin.com/2020/04/
[3] Real capitalism: turbulent and antagonistic, but not imperfect https://www.marxists.org/
[4] [PDF] Capitalism: Competition, Conflict, Crises, by Anwar Shaikh (New …https://nsereview.org/index.