¿Van a permitir que Die Linke gobierne en Berlín?

Mundo Obrero. 15/X/2026.
Comentario de José Luis Martín Ramos:

“Mundo Obrero sintetiza lo que os estoy comentando. La clave de todo ha de ser el programa de socialización de la vivienda. La cuestión del reconocimiento de Israel ha de poder admitir discrepancias y votos particulares dentro de Die Linke, porque no deja de ser una declaración “brindis”; los Länder no tienen ninguna competencia en política exterior. Haber puesto el tema como condición previa me huele me huele a trampa. Desde el día de las elecciones la se han impulsado maniobras de denuncia y presión contra Die Linke, en la que ha participado la derecha del SPD que ha pedido que el partido pase a la oposición. El objetivo es que la única opción de gobernabilidad sea CDU-SPD-Verdes.”

Las negociaciones con el SPD y Los Verdes están pausadas, con Israel, la vivienda y las presiones externas como puntos candentes de la disputa.

La victoria electoral de Die Linke en Berlín el pasado 20 de septiembre abrió la posibilidad de un Gobierno regional encabezado por Elif Eralp, con el Partido Socialdemócrata (SPD) y Los Verdes como socios. Sin embargo, las conversaciones para alcanzar un acuerdo están suspendidas desde el 13 de octubre.

Oficialmente, el motivo es el desacuerdo sobre cómo abordar las acusaciones de antisemitismo dentro de Die Linke. Pero detrás de este bloqueo se cruzan también diferencias programáticas, disputas internas y presiones políticas y económicas que complican la formación de una coalición.

El resultado electoral no ha bastado para despejar el camino. La pregunta ahora es qué condiciones tendrá que aceptar Die Linke para gobernar y hasta dónde puede llegar en las concesiones a sus posibles socios.

Israel, la condición que ha bloqueado las negociaciones

Antes de comenzar las conversaciones, Die Linke, el SPD y Los Verdes acordaron un mecanismo para responder a posibles incidentes antisemitas dentro de la formación de izquierdas. El pacto incluye el compromiso de no cuestionar la legitimidad de la existencia del Estado de Israel, una condición que genera resistencias dentro de Die Linke y que resulta difícilmente comprensible para buena parte de la izquierda europea, especialmente por sus implicaciones para la solidaridad con Palestina.

También contempla medidas disciplinarias, incluida la posibilidad de excluir a diputados del grupo parlamentario, e incorpora la definición de antisemitismo de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA).

Aún así, el acuerdo no ha evitado el conflicto. Las declaraciones de la diputada de Die Linke Vanessa Emde, quien cuestionó que los Estados tengan un «derecho a existir» en referencia a Israel, han alimentado las discrepancias. El SPD y Los Verdes han considerado insuficientes las garantías ofrecidas y suspendido las conversaciones para evaluar el cumplimiento de lo pactado.

La dirección de Die Linke ha respondido reafirmando su compromiso contra el antisemitismo y pidiendo a sus representantes que se pronuncien expresamente a favor de la existencia de Israel. Una exigencia que evidencia hasta qué punto las condiciones impuestas por los posibles socios están llevando a la formación a asumir posiciones que generan tensiones en su propia tradición internacionalista.

La vivienda: el desacuerdo que ya existía antes de la crisis

Sin embargo, la controversia sobre Israel no explica por sí sola las dificultades para alcanzar un pacto. Uno de los principales choques entre las tres formaciones se encuentra en la vivienda, precisamente una de las cuestiones centrales de la campaña electoral.

Die Linke defiende la socialización de grandes empresas inmobiliarias para sacar una parte importante del parque de viviendas de la lógica especulativa. La propuesta conecta con la consulta popular celebrada en Berlín en 2021, en la que una mayoría respaldó la expropiación de grandes inmobiliarias, y con el compromiso de la formación de izquierdas de intervenir de manera decidida en el mercado del alquiler.

El SPD mantiene una posición muy distinta. Su candidato, Steffen Krach, se opuso expresamente a las expropiaciones durante la campaña electoral. Los Verdes han mostrado una mayor disposición a desarrollar la iniciativa de socialización, aunque su aplicación también plantea diferencias políticas y jurídicas.

La contradicción es importante: Die Linke ganó las elecciones con un programa que incluye medidas contra la especulación inmobiliaria, pero necesita negociar con una formación que rechaza una de sus propuestas más emblemáticas. Renunciar a ella supondría un coste político para la izquierda berlinesa; mantenerla como condición de Gobierno puede dificultar el acuerdo.

La resistencia no procede únicamente de los partidos. Sectores empresariales también han cuestionado la propuesta. El consejero delegado de Deutsche Bank, Christian Sewing, advirtió públicamente de los posibles efectos de las promesas de expropiación sobre el atractivo inversor de Alemania. Estas declaraciones evidencian la oposición empresarial a la iniciativa.

Una socialdemocracia que tampoco tiene claro el pacto

Las dificultades también se encuentran dentro del propio SPD. El resultado electoral dejó a los socialdemócratas muy por detrás de Die Linke y abrió un debate sobre el papel que deben desempeñar en el próximo Gobierno.

El comité de Reinickendorf, uno de los distritos de Berlín, ha defendido que el SPD no entre en una coalición tripartita y que, en su lugar, permita gobernar a Die Linke y Los Verdes mediante un Ejecutivo minoritario. También ha reclamado una consulta a la militancia sobre la participación en el Gobierno.

No se trata de una decisión de toda la organización regional, pero sí de una señal de las resistencias internas a compartir el Ejecutivo con Die Linke. A las diferencias sobre la vivienda se suman las dudas sobre la viabilidad financiera y política de una coalición de tres partidos.

Por tanto, el bloqueo no enfrenta únicamente a una izquierda que quiere gobernar con dos socios reticentes. También refleja una crisis de orientación dentro de la propia socialdemocracia, que debe decidir si participa en un Ejecutivo encabezado por la fuerza que la ha desplazado electoralmente o si busca otra fórmula.

Las particularidades de la política berlinesa

A estos conflictos se han añadido controversias sobre los contactos de miembros de Die Linke con personas vinculadas a familias relacionadas con la criminalidad organizada en Berlín. La presencia de Issa Remmo, integrante de una conocida familia de la ciudad, en un acto electoral de la formación y los mensajes intercambiados entre el diputado Ferat Kocak y una persona de ese entorno suscitaron críticas. Die Linke reconoció errores en la gestión del episodio, pero negó que esas personas hubieran sido invitadas al acto.

Los tres partidos incluyeron también compromisos relacionados con la criminalidad organizada en sus acuerdos previos, dejando en evidencia el contexto general de desconfianza en el que se están desarrollando las negociaciones.

Para quienes observan la política alemana desde fuera, resulta difícil comprender algunas de estas disputas internas y su peso en la negociación. La historia política de Berlín, sus particularidades institucionales y sus debates sobre seguridad tienen un contexto propio. Pero estos asuntos no deberían ocultar las diferencias programáticas de mayor alcance: qué políticas de vivienda se aplicarán, qué margen tendrá Die Linke para desarrollar su programa y qué condiciones se le exigen para acceder al Gobierno.

Una presión que va más allá de Berlín

El debate tampoco se limita a los tres partidos. El canciller Friedrich Merz, de la CDU, ha cuestionado la posibilidad de que Die Linke dirija el Gobierno berlinés, en un contexto de críticas a sus posiciones sobre Israel. Al mismo tiempo, sectores empresariales han expresado su rechazo a las propuestas de intervención en el mercado inmobiliario.

Estas posiciones contribuyen a crear un entorno de presión sobre la formación de izquierdas. Muestran que el futuro Gobierno de Berlín se discute en un marco político y económico más amplio que el de las negociaciones entre sus posibles integrantes.

La alternativa a la coalición tripartita sería explorar otras fórmulas, entre ellas un Gobierno minoritario o un acuerdo entre la CDU, el SPD y Los Verdes. Ninguna de ellas puede darse por cerrada mientras continúe el bloqueo. La cuestión de fondo es si Die Linke podrá traducir su victoria electoral en políticas concretas o si las condiciones impuestas durante la negociación limitarán sustancialmente su programa. Las conversaciones siguen suspendidas y no existe todavía un acuerdo que permita despejar la incógnita.

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Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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