Memoria feminista. “Mitologías españolas: María Moliner” por Francis López Guerrero

Comprometida, luchadora y valiente. Participó de forma muy activa en las Misiones Pedagógicas de la Segunda República.

Coger una palabra que anda alegremente circulando por el aire de una calle o de una vivienda, anillarla, etiquetarla, clasificarla y meterla en un glosario -que rima con columbario- puede tener un alto componente de féretro y nicho. Aunque las palabras se pudran en el ataúd necesario y útil de los diccionarios -cada vez más ataúdes a causa de la revolución de las pantallas digitales-, conservan siempre una piel pueril de recién nacidas -pese a los siglos- y el efecto cuna con su doble vertiente, se las deja ahí para que duerman plácidamente como unas benditas o se niegan a quedarse depositadas en ese receptáculo para solo ser vistas en silencio y lloran con desespero el descubrimiento y que las saque de ahí el abrazo materno para sentirse vivas y queridas. Por eso, el ‘Diccionario de la lengua española‘ (DLE) es neutro, indiferente y aséptico como un padre que huye, y ‘el María Moliner’ es cercano, afectivo, sacrificado y abnegado como una madre en vela. El primero es un ataúd caoba para adulto. El segundo, un ataúd blanco de niño.

El idioma como oficio, pero por encima de eso el lenguaje como vivencia que trasciende la mera herramienta comunicacional. Coetánea de ‘Las Sinsombrero‘. Comprometida, luchadora y valiente. Participó de forma muy activa en las Misiones Pedagógicas de la Segunda República e impulsó la creación de bibliotecas rurales y populares. Hay personas que entienden la política como servicio porque la política se hace y no se habla, es tarea y no atril. Un compromiso ético y una apuesta decidida por la cultura como factor de crecimiento y de transformación, siempre y cuando lo que realmente importe sea la ciudadanía y su bienestar.

Con todo en contra y a la contra, la vida se puede escribir en mayúsculas y sin victimismos. Abandonada por el padre. Arrinconada por el franquismo. Rechazada y olvidada por la Academia. Arrumbada por la España oficial, pagó el alto precio del ostracismo. El machismo de la época, que no es otra cosa que la ingratitud y el menosprecio de la actualidad, esto es, el ninguneo universal y atemporal que suele cebarse con las mujeres… y también con muchos varones. Única salida digna casi desde que eres una niña de doce años: la heterodoxia y la rebeldía, el exilio interior del léxico; el agarradero sólido de las palabras, única patria capaz de alimentar a un espíritu desnutrido por la dejadez de las circunstancias. Única respuesta contundente y monumental: un diccionario. Una prueba inmortal de la grandeza y generosidad de un humano en la orfandad y el desamparo sociales. Una obra vitalista, emocional y emocionada que desafiaba la frialdad y la testosterona de la RAE. Un lexicón de 80 mil voces concebido y confeccionado por una sola mujer durante más de quince años en su propio hogar, en medio de la rutina familiar y con la tecnología punta de fichas de cartulina y una máquina de escribir portátil. Encerrada en su casa, encerrada en la incomprensión. Hete aquí que un encierro es un triunfo cuando lo de fuera es gris y mediocre. La resistencia se practicaba a diario con todas las consecuencias, no se redactaba frívolamente en un libro como un manual. En la inspiradora calle Don Quijote de Madrid se consumó la mayor epopeya de la lengua española y de la lucha feminista jamás contada porque nunca se cuenta. Fe en las voces del español. Fe en la voz interior. Fe femenina en el trabajo y el esfuerzo. Artesanía y paciencia. Feminismo silencioso y de trinchera elegante en la guerra de las desigualdades. Sin altavoz ni escaparate. Sin bandera. Mucha verdad abrazada a las palabras que también sirven para mentir. Y mucho amor por los símbolos y abstracciones que nos conforman como especie y que hoy es impensable que nadie esté dispuesto a darlo en esta sociedad materialista y egocéntrica.

María Juana Moliner Ruiz, bibliotecaria y archivera zaragozana. Guardiana y cuidadora de libros. Lingüista contestataria. Heterodoxa por filóloga y lexicógrafa. Heterodoxa por mujer. Tuvo cuatro hijos biológicos y de carne y hueso y un quinto hijo en 1966, gestado en las entrañas de la injusticia, no era biológico, sino antológico, fruto del amor propio: el ‘Diccionario de uso del español’, el bien más común de todos los ciudadanos de habla hispana.

Fuente: https://www.nuevatribuna.es/articulo/sociedad/memoria-feminista-mitologias-espanolas-maria-moliner/20261012013447255104.html

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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