“Las elecciones de noviembre” por Ernesto Gómez de la Hera

Deseadas por las derechas y no tanto por el Gobierno “social y de progreso”, las elecciones generales para la XV Legislatura están ya convocadas para el próximo 29 de noviembre.

La ruptura de cualquier posibilidad de entendimiento sobre cuestiones fundamentales en lo político, lo económico y lo social que afectaba a los mayores grupos parlamentarios de las Cortes, ya había convertido hace tiempo a la XIV Legislatura en un ente con respiración asistida. Esto ya era así cuando la legislatura nació, pero por entonces el Gobierno aún podía contar con el concurso de quienes le habían asistido en su investidura. Sin embargo tres años largos de dilaciones en el pago de los servicios con los que había de recompensarse aquella investidura (apenas ahora mismo se acaba de aplicar la amnistía a sus últimos beneficiarios), así como los enfrentamientos crecientes entre los diferentes socios gubernamentales (Podemos vs. Sumar, PNV vs. Bildu, ERC vs. Junts), nacidos de sus diversos intereses, así como de lo que ha venido sucediendo en las citas electorales habidas desde julio de 2023, han ido dejando en soledad al Gobierno, que ha padecido derrotas parlamentarias cada vez más frecuentes.

En principio el Presidente del Gobierno, siempre inasequible al desaliento, nunca tuvo empacho en proclamar que estaba dispuesto a gobernar, de ser preciso y cada día lo era más, sin contar con el Congreso. Y los malísimos resultados que, con la excepción de Cataluña, venían cosechando el PSOE y sus coaligados gubernamentales en las elecciones regionales celebradas no hacían más que reforzar su decisión de agotar la legislatura fuera como fuese. No obstante, por más impermeable que sea el Dr. Sánchez a las presiones de sus socios no ha podido serlo a las recibidas en el interior del propio PSOE.

Es cierto que el PSOE de hoy no es más que una plataforma política personal del Dr. Sánchez y que su mando en plaza, dentro de él, es casi omnímodo. Pero ese casi es muy determinante. Todos los dirigentes y las estructuras regionales y locales se deben a él, pero cualquier estructura organizada necesita tener perspectivas de susbsistencia, pues de no ser así sus integrantes dejan de tener interés en trabajar en su favor. De aquí viene la tensión generada en el interior del aparato del PSOE acerca de la necesidad de que las elecciones generales fueran antes de las previstas a finales de mayo próximo. La razón es que dejando las generales para después (eso era lo que significaba agotar la legislatura) habría un descalabro generalizado y mucho mayor que el ya sucedido en mayo del 2023, para los pocos alcaldes que aún mantiene en PSOE en localidades importantes.

Esto es, mucho más que la rampante corrupción que corroe al partido (corrupción sobre la cual siempre se puede tender el manto de echar la culpa a la persecución de que les hace objeto la administración judicial), lo que subyace en el adelanto de la cita electoral. Hay quienes dicen que también ha influido la gravedad de lo sucedido en Ceuta y es posible que sea así, aunque el Dr. Sánchez es consciente de que el PSOE hace años que no se come un colín (electoral, claro) en Ceuta, debido al escaso tamaño de esta circunscripción electoral. Y, en cuanto a la repercusión de esto en el resto de España, ya se han tomado medidas: Por un lado las continuas cortinas de humo (incluso falsedades, a veces) que los medios de comunicación gubernamentales han tendido. Por otro la devolución continua a Marruecos (es lo exigido por la UE) de los inmigrantes llegados, mientras se dice que se protegen su dignidad personal y sus derechos humanos. Desde luego esto no surte efecto en millones de electores, pero estos ya los consideraba perdidos. Así que el objeto de estas medidas son los todavía afectos al Gobierno.

Una vez decidido el adelanto electoral, se trataba unicamente de buscar un hito favorable a la causa gubernamental para hacerlo oficial. Y ya se ha encontrado. Un desahucio, uno de los miles que se han producido en España en los últimos años, algunos de ellos mucho más aberrantes y crueles, ha sido la ocasión para ello. Primero haciendolo posible al enviar cientos de policías a “protegerlo” de los manifestantes (hay que recordar que siempre que no hay policía y se sabe que habrá manifestantes, los juzgados suspenden cualquier desahucio). Luego usando los medios de comunicación gubernamentales para convertir el grave problema de la vivienda (hay que recordar que este, durante los años de gobierno del Dr. Sánchez, ha escalado posiciones hasta llegar a ser considerado en todos los sondeos como uno de los más importantes) en el centro de todo. Por último, para aprobar en el Consejo de Ministros (incluido un paripé interno en este) un par de Reales Decretos-ley. Estos no tenían mucho rigor técnico y no iban a servir mucho más que el patético proyecto publicitario Casa 47 para solucionar un tema que, como hemos dicho antes, lleva ocho años sin tocarse (en realidad muchos más, pues los gobiernos anteriores tampoco hicieron nada, aparte de empeorarlo). Naturalmente, los defectos no importaban, ya que ambos Reales Decretos-ley estaban destinados a ser derrotados en el Congreso. ¡Qué era el resultado buscado para disolver las Cortes!

La práctica parlamentaria habitual dice que cuando se ha llegado a una situación de confrontación política que no permite gobernar, que hace que ni siquiera se puedan aprobar los imprescindibles Presupuestos Generales del Estado, lo normal es dar la palabra a los electores. En España, ahora, estos la tienen. Más tarde de lo que hubiera sido preciso, pero la tenemos. Sin embargo la situación en que nos hallamos es tan seria que no parece que las elecciones del 29 de noviembre vayan a resolver gran cosa. Los odios y la inquina que se han sembrado durante estos años pronostican una cosecha desastrosa, sea cual sea el resultado.

Los pronósticos dicen que vendrá un gobierno presidido por el Sr. Feijóo, pero muy controlado (desde dentro o desde fuera) por Vox. Seguramente será así y ese gobierno profundizará, tal y como sucede en el resto de Occidente, el aumento del gasto militar, desatendiendo así la inversión social y acrecentando la penuria salarial y la carestía de la vida, al tiempo que congela las pensiones públicas y paraliza cualquier posible solución al problema de la vivienda. Y todo ello lo hará con total premeditación y sin fingir o publicitar, como hace tan a menudo el actual gobierno, que no lo hace.

Por supuesto podría darse otro resultado, pero no parece que vaya a repetirse lo de julio del 2023. Aunque el Dr. Sánchez, obviamente, no se resigna y hasta ha conseguido un aporte jamás visto para su campaña electoral: una huelga general contra la oposición. Con todo ello es cierto que el PSOE puede tener un resultado perfectamente digno. Pero eso será debido a la autodestrucción de las fuerzas a su izquierda y a los llamados al “voto útil”. Ya que la concentración del voto en el más fuerte es lo que puede hacer menos grande la victoria de las dos derechas. Además su conducta en los últimos años y el triste espectáculo que están dando ahora mismo, a la hora de elaborar las listas, no milita en favor de esas fuerzas, llamen como llamen a su herramienta electoral para esta ocasión. En cuanto a los socios externos del gobierno no es previsible que el total de sus resultados sea muy diferente al de 2023. Puede que haya algún pequeño trasvase de diputados entre ellos mismos (su resultado suele ser entre el 10% y el 12% del total del Congreso), pero nada trascendente. Lo más probable es que sean irrelevantes en la próxima legislatura, pero esto no es fundamental para ellos, pues su objetivo son siempre las elecciones de su propio territorio. Lo que sí se produciría de darse ese resultado inesperado es un agravamiento inmediato de la crisis que afecta a nuestro sistema parlamentario, pues las dos derechas incrementarían su presión hasta grados no vistos en el pasado reciente. Esto nos llevaría a un escenario pretérito, imposible de darse en el Occidente de hace unos años, pero que sí sería posible en el Occidente actual.

La excepcionalidad, pues, de esta campaña electoral, así como su polarización y los muros creados ya, hacen imposible la presencia de una fuerza real de izquierda en la misma. Pero, tanto el resultado previsible, como el inesperado, hacen urgente su reconstrucción para el escenario posterior al 29 de noviembre. Esta fuerza ha de ser política, pues únicamente el eje político puede dar fuerza y presencia permanente a los movimientos sociales, a los cuales debe respetar y no tratar de servirse de ellos, más allá de las puntuales apariciones de estos (puntuales, por cuanto su fuerza depende mucho de que los medios les sirvan de eco, como es el caso ahora). Y, sobre todo, debe ser coherente, pues nada debilita y desacredita más que la falsedad. Por ejemplo, decir que se está contra la OTAN y el rearme al tiempo que se participa sumisamente en un gobierno que aumenta enormemente el gasto militar (ver los informes del Centro Delàs).

https://www.cronica-politica.es/las-elecciones-de-noviembre/.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *