Sobre el resultado de las elecciones estadounidenses

Del historiador y miembro de Espai Marx, José Luis Martín Ramos.

El principal resultado de las elecciones ha sido la absoluta derrota de Trump, una derrota que acaba con su mito en el campo de la derecha y que deja al Partido Republicano muy tocado. Las razones de esa derrota son múltiples y no deberíamos caer en una simplificación despectiva como lo son esas consideraciones sobre el cinismo o el consumismo del pueblo. Es obvio que en una elecciones generales, en las que la política exterior -que es una atribución presidencial- no está en juego los motivos de la campaña y el voto son fundamentalmente de politica interior: las condiciones de vita materiales y las formas de la gestión política; claro que el pueblo vota mirando su bolsillo, pero no es por codicia sino por supervivencia, como en todas partes, y la cuestión del precio de los carburantes no es un capricho personal sino un grave problema para un país en el que -tal y como está organizado hoy- el automóvil es imprescindible para ir y volver del trabajo y el carburante es indispensable para que funcionen las máquinas agrícolas. La inflación ha sido un tema fundamental, porque además constituyó un caballo de batalla de Trump y una de sus principales promesas, incumplida como consecuencia de su política exterior imperialista; y en este punto se ha producido una conexión entre política exterior e interior, que hasta los propios republicanos han tenido que reconocer.

Han habido otros motivos de la derrota republicana, sea en términos de movilización o de decepción: de movilización la reivindicación de un sistema sanitario universal, de políticas de vivienda y de políticas para hacer frente al cambio climático (más allá de que se consideren la insuficiencia o no de las propuestas que se hacen) y esas propuestas han reforzado las posiciones de los grupos «progresistas» y socialistas emergentes, sus principales postuladores; de decepción, la de los hispanos, o latinos, que han roto con Trump por su persecución contra los inmigrantes. El factor del ascenso de una nueva generación de «americanos» (usamericanos) ha estado muy presente en las elecciones por las políticas y las torpezas de Trump. Los apellidos de muchos de los congresistas elegido son reveladores: El Sayed, Tlaib, Kirós, Gónzalez, Vang, Ocasio-Cortez, Valdez, Hamaway…. egipcios, somalíes, hispanos, indochinos.

Se han cambiado las tornas iniciales, aunque al Partido Demócrata se le abre un camino harto complicado de cara a las elecciones de 2028, en el que tendrá que decidir si mantiene la inercia política del antiguo aparato y reactiva opciones políticas continuistas, como las que representó -muy defectuosamente por cierto- Kamala Harris, o articula un compromiso con las posiciones emergentes de los «progresistas», el sector que lideró en su momento Bernie Sanders, los candidatos independientes con un discurso inicial de renovación -gente tan dispar como el musulmán El Sayed y el presbiteriano Talarico- y los socialistas que han pasado de no existir prácticamente a nivel nacional -solo dos representantes en el Congreso saliente- a poder formar un grupo que puede llegar a ser de nueve diputados, dos más de los que ellos mismos se esperaba en vísperas de las eleccionesl: Melat Kirós por Colorado, Donnovan Mc Kinnley y Rashid Tlaib por Michigan, Claire Valdez, Darializa Avila-Chevalier y Alenxadria Ocasio-Cortez por Nueva York, Chris Rab por Pennsilvania, Angela González Torres y Mei Vang (esta última pendiente del escrutinio final aunque llevaba ventaja clara con el 73,5% escrutado) por California. Desde los años cuarenta no había una presencia socialista semejante en la politica norteamericana, la que entonces representaba el Partido Comunista. Sin perder vista que Socialistas Demócratas de América es un movimiento todavía en expansión, con muchos matices internos, es innegable que hoy por hoy está creciendo como alternativa sistémica y lo hace dentro del sistema, aprovechándose de él.

Su crecimiento además es un signo alentador de cambios en la opinión pública norteamericana, un claro retroceso de la influencia del principal lobby sionista, el AIPAC -defensor de Netanyahu y del genocidio de Gaza- en el seno del Partido Demócrata y el retroceso del impacto de los discursos de demonización de la izquierda marxista. Esos nueve diputados, si actúan como grupo y consiguen sumar a algún «progresista», lo que no es imposible -los «progresistas» tampoco son homogéneos y en ellos hay diputados y diputadas próximos a SDA como Ihan Omar, de origen somalí, o Adam Hamaway- pueden tener una clave de la mayoría del grupo demócrata del congreso, no para imponer posiciones desde luego sino para ir poniendo condiciones que hagan visible el programa de SDA a escala nacional.

Es significativo que ya se esté diciendo en medios de comunicación que Alexandra Ocasio-Cortez es uno de los nombres que están en el escenario del Partido Demócrata para el ticket presidencial de 2028. No creo que pueda llegar a ser de ninguna manera candidata presidencial, ni siquiera vicepresidente, pero puede presentar una candidatura interna que siga removiendo las aguas dentro del Partido Demócrata como lo hizo Sanders en su momento. Esta es la propuesta no solo de los grupos socialdemócratas de SDA -el de Mandani y Ocasio-Cortez- sino también de grupos marxistas como «Reforma y Revolución» y Bread&Roses (el título de una canción woblie de comienzos del siglo XX), que apoyan la promoción de Ocasio-Cortez como palanca para ampliar la influencia socialista entre el electorado demócrata hasta llegar al punto crítico en que sea factible constituir un partido de masas alternativo, no abocado a la frustración de los «terceros partidos» del siglo XX, el de La Follete en los años veinte o el de Henri Wallace en 1948.

 

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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