La reflexión de un compañero, 9/3/2022
Sin entrar en este momento en los méritos de las razones invocadas para justificar medidas como el envío masivo de armamento a Ucrania -anunciado, además, a bombo y platillo, es decir, en plan provocativo-, las elites políticas de nuestro país y su intelectualidad sicofante, y, en particular, el gobierno, deben explicar a la nación con claridad los riesgos que ello implica y por qué merece la pena correrlos o no es posible evitarlos: verse envuelto en una guerra europea más general que podría acabar en nuclear.
En cuanto, a las sanciones económicas a un país de las dimensiones de Rusia -y que en modo alguno está aislado: recuérdense votos de China, India, Brasil y Sudáfrica en AG de NU: más de 2.800 millones de personas ellos solos- debe explicar claramente cómo se va a repartir el coste de sus consecuencias, de tal modo que no recaiga únicamente en las clases populares. Lo mismo respecto de la obligada acogida de la cuota de los millones de refugiados ucranianos -y rusos- que nos toque asumir.
¿O es que la «libre autodeterminación del pueblo ucraniano» es más importante que la del pueblo español?
Y, por lo demás, si están dispuestos a ir a la guerra, preparémonos para tener una economía de guerra también: nacionalización o intervención pública rigurosa en los órganos de dirección de todos los sectores económicos estratégicos, expropiaciones de bienes estratégicos vitales, planificación coercitiva, aumento de impuestos y deuda pública para financiar el rearme, racionamiento etc.