Sobre la ideología queer

Del profesor emérito de Filosofía de la Universidad de Barcelona, Miguel Candel.

Como bien dice la autora [Amelia Valcárcel], la ideología queer (literalmente, ideología borde, aunque, en el uso popular anterior a su elevación a teoría «progre» indiscutible por Judith Butler y otres bordes varies de la imperiosa anglosfera, queer significaba «marica») nos obsequia con una metafísica dualista de cuya falsedad otros dignos representantes anteriores de la anglosfera, como David Hume, nos habían convencido. Alucina pensar que esa gente está reintroduciendo el dualismo cuerpo-alma en su versión más cruda (que echaría patrás al mismísimo Descartes), dando por supuesto que, previamente a la concepción del cuerpo, existe un alma (salida ¿de dónde?; se supone que del hiperuranio) que luego (tras atravesar las sucesivas esferas celestes y quedando impregnada por las características de alguna de ellas: de ahí el talante «jovial» -de Jove o Júpiter- o «marcial» -de Marte, obviamente- exhibido por unas u otras personas) se introduce en el cuerpo ya concebido. Pero, ¡ay dolor!, a menudo se equivoca de cuerpo. Tranquilos: aquí llega la sin par ministra de Igual Da, Irene Montero y sus chiques, a corregir el entuerto de la cruel Naturaleza (¿o será cosa de ese cruel archiparadigma de heteropatriarcas llamado Dios?). Sea como fuere, gracias a la ley trans (que, como su nombre indica y Valcárcel señala, transciende todos los límites en que es razonable encuadrar el trámite de leyes de tanta enjundia) todas las almas acabarán en su sitio. Tamos salvaos.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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