Entrevista a Yerba Segura Suárez y Mª Isabel García García, sobre Mi infancia en el franquismo, de Enesida García Suárez (y III)

Entrevista a Yerba Segura Suárez y Mª Isabel García García,
sobre Mi infancia en el franquismo, de Enesida García Suárez (y III)

De las personas entrevistadas:

YERBA [Y]
Tengo 40 años, y profesionalmente soy trabajadora social y mediadora. Crecí sabiendo que mi bisabuelo materno estaba enterrado en una fosa común, y necesité 40 años para entender el profundo significado que encierra ese hecho, a nivel social y autobiográfico. Soy miembro de la AFA de la Fosa Común de Tiraña.

Mª ISABEL [MI]
Soy la hija mayor de Enesida. Tengo 70 años, y ya estoy jubilada. Viví acompañando a mi madre en el dolor de su infancia, y siempre potencié que mis hijas y mis nietas conocieran la historia de su propia familia. Soy la Presidenta de la AFA de la Fosa Común de Tiraña.

Nos habíamos quedado en este punto. Mirado desde nuestro hoy, ¿para qué nos puede servir un testimonio como el de Enesida?

Y: Con casi un año en la calle, el testimonio de Enesida nos sigue dando muestras de que sirve para muchas cosas. En primer lugar, nos sirve a nosotras: a su familia, a la asociación, a la gente que sube al cementerio, y a la que vive en aquella zona que se identifica con nuestra historia. Las familias tenemos una historia concreta, más evidente. Pero hay otro duelo pendiente del que nunca se habla, y que es básico para la calidad de la convivencia ciudadana: el duelo de la pequeña sociedad local que vivió los hechos como aviso a navegantes, muy conscientes de que las muertes eran aleatorias, y pretendían sembrar el terror en una zona social y políticamente muy activa en los años 30 del siglo XX. La muerte fue para algunas personas, pero la amenaza y el terror estaban destinados a la mayoría. Yo creo que eso la gente lo sabe y lo ha sabido siempre, y por eso la fosa y lo que tiene que ver con ella ha sido bastante respetado. Por otra parte, la historia de represión de Enesida y su familia es muy dura, y muestra ejemplos de muchas formas de violencia que el régimen utilizó “para destruir al enemigo interior”. Seguramente eso hace que multitud de personas pueden sentirse reconocidas en ella, dentro y fuera de España. Creo que su testimonio se está convirtiendo en un símbolo de las experiencias de muchas personas que no tuvieron la posibilidad de dejarlo escrito. Además, es una muestra elocuente de lo que significó sobrevivir a la tragedia, algo que en estos casos suelen hacer las mujeres y sus hijos e hijas (porque mayoritariamente los hombres estaban muertos, exiliados o encarcelados). La perspectiva de género es muy clara en su testimonio, y en todo el libro, y quizás por eso las compañeras de Memoria, mujeres y justicia lo han incorporado a su metodología de trabajo. Por otra parte, su lenguaje sencillo y claro permite que llegue a muchas personas distintas.

Como lector, creo que puedo comentar que lleva usted razón en su apreciación.

Y es que despierta interés tanto en personas de la calle, de edades muy distintas, como en investigadores o gestores institucionales de programas de memoria histórica. Hace poco comprendimos, hablando con algunas de estas personas, que la pedagogía de la memoria es un área a desarrollar en España. Además de las dificultades sociopolíticas (porque al ser un tema que genera tanto conflicto, los gestores educativos tienen miedo de abordarlo), existe una dificultad técnica que es la falta de materiales didácticos (adecuados a las distintas etapas educativas) para explicar el impacto del fascismo en España. Por eso, los pocos docentes que no quieren renunciar al potencial educativo de esta parte de la historia común, tienen que hacerlo explicando el impacto y las consecuencias del nazismo en Europa, que no es igual ni en sus características ni en sus consecuencias para nuestro país. Y sin embargo, el paralelismo es clarísimo: un compañero de la asociación, profesor de secundaria y especializado en pedagogía de la memoria, lo trabajó con su alumnado en el aula, y uno de sus alumnos le dijo “profe, entonces… Enesida es como Ana Frank…”

MI: El texto hace referencia a lo que sucedió en España en un periodo determinado, y por lo tanto forma parte de la historia de nuestro país. Puede servir para contarla, para contar la parte que no es visible en los libros de texto, en las escuelas de primaria, de secundaria y en las universidades.

Y: La verdad es que nos gustaría que el sufrimiento de nuestras familias, y su esfuerzo para salir adelante sin renunciar ni a su voz ni a su memoria, sirviera para que las generaciones más jóvenes pudieran conocer la historia de su propio país, así como reflexionar sobre las consecuencias de la violencia para la convivencia social y la calidad democrática de la sociedad a la que pertenecen. Lo que no se valora, no se cuida, y lo que no se cuida, no se conserva.

Asunto también muy importante, decisivo tal vez.

Y: En otro orden de cosas, nos hemos dado cuenta de que la difusión del testimonio de Enesida está potenciando que otras personas se den permiso para hablar de su historia familiar. Por ejemplo, a principios de año, nos llegó la información de un club de lectura que se realizó en Villaviciosa de Odón (Madrid), donde un grupo de mujeres partió de la lectura del libro para abrir un espacio donde cada una de ellas compartió sus recuerdos familiares durante la dictadura. Este tipo de cosas nos alegran y compensan el esfuerzo que hemos hecho en los últimos meses. También hemos detectado que, como nosotras siempre hablamos con respeto y con orgullo de nuestras familias represaliadas, hay personas que dejan de sentir que esa parte de su historia es vergonzante y hay que esconderla (una consecuencia muy típica de la represión ejercida sobre las familias represaliadas, y reforzada por el pacto de silencio de la transición, según las expertas en transmisión generacional del trauma).
Finalmente, con el epílogo “Cuando recordar es resistir”, quise partir de mi recuerdo individual, la historia de nuestra fosa y mis vivencias familiares, para llegar a la memoria colectiva. Mientras escribía, comprendí el tremendo esfuerzo que la generación de Enesida tuvo que hacer para sobrevivir sin renunciar a su propia historia, en un país en el que eran “la escoria de los vencidos”. Sentí mucha gratitud para con esa generación, y me pareció necesario decirlo firme y claro: nuestra historia también es la historia de este país; nuestras familias, vencidas y represaliadas, en ocasiones bajo distintas formas de represión y con grandes costes personales, ayudaron a levantarlo después de la guerra del 36. De ahí surge la candidatura de Alfonso, Elías, Tino, Carmen, Sela y Pilar, como representantes vivos de esa generación, al Galardón Pozu Fortuna 2018, que finalmente compartieron con la Asociación de Familiares y Amigos de la Fosa de Parasimón. Así que nos gustaría que sirviera para que mucha gente, desde el sentido común y el compromiso con la democracia española, tomase conciencia de que hablar de memoria histórica es hablar del esfuerzo de supervivencia de mucha gente, y que ese esfuerzo merece un pacto social amplio y firme acerca de la necesidad de los procesos de verdad, justicia y reparación.

Yerba, escribe usted en el texto que he comentado antes: “Así que ochenta años después, ante la permanente ausencia de políticas rigurosas que aborden la complejidad de la cuestión de la memoria histórica en España…”. ¿Cómo debería ser una política rigurosa que abordara esa complejidad en su opinión?

Y: Necesitamos políticas estables y sistemáticas, que permitan generar grandes consensos básicos sobre el tema, desde el punto de vista de los derechos humanos y la conciencia democrática. Necesitamos políticas que estén al alcance de toda la ciudadanía española y que no dependan de la vecindad civil, y donde quepan también las víctimas extranjeras de la contienda, que llegaron a nuestro país para defender la democracia en Europa. Necesitamos políticas globales, que abarquen los principales ámbitos del fenómeno: atención a los vivos desde el punto de vista psico-social, identificación de los muertos, dignificación de fosas y apertura de espacios conmemorativos que permitan la elaboración de los duelos individuales y colectivos; restitución de la situación penal y jurídica de centenares de personas (vivas y muertas), reconocimiento de los hechos y de sus consecuencias a lo largo del tiempo; sensibilización y educación como garantía de no repetición. Todo ello, sin perder de vista que hacer memoria es revisitar el pasado con ojos del presente, y que nuestra memoria colectiva es tan conflictiva como el periodo histórico al que se refiere, por lo que es necesario enfocar las intervenciones desde un punto de vista de justicia restaurativa, y utilizando herramientas de mediación social. Creo que la sociedad civil está preparada, y muestra de ello es la cantidad de iniciativas culturales que han visto la luz en los últimos meses: testimonios como el nuestro o tantos otros, que hablan desde el lado de “los vencidos”, o como los de Lala Isla Ortiz (“Las rendijas de la desmemoria”) o Loreto Urraca Luque (“Entre hienas”), las cuales abordan sus respectivas historias familiares para mostrar qué pasaba en el bando de “los vencedores”; y otras manifestaciones como montajes escénicos (“Tiraña en la memoria”, de La Caracola Iniciativas Sociales), canciones (“45 cerebros y un corazón”, de María Arnal y Marcel Bagès) y películas documentales (“El Silencio de Otros”, de Almudena Carracedo y Robert Bahar). Eso muestra que hay una necesidad sentida en nuestra sociedad, que mucha gente está decidida a afrontar este tema. Y sin embargo, parte de la clase política no parece estar a la altura, quizás porque le sale más rentable alimentar el conflicto. Si tuvieran responsabilidad civil de sus actos, como pasa en muchas otras profesiones, estoy segura que otro gallo cantaría.

Vuelvo a citarla: “[…] quienes descendemos de aquellos vencidos seguimos reivindicando que nuestra historia, y nuestro dolor, también forman parte de la historia de este país”. ¿Sigue sin formar parte? ¿Por qué es así?

Y: Totalmente. En el momento en el que no existen consensos científicos e institucionales que permitan que nuestra historia se investigue, se escriba, se analice y se divulgue; cuando en el ámbito político no se trabaja para que exista todo lo anterior, y mientras cientos de ciudadanos y ciudadanas de nuestro país ven sus derechos cívicos elementales ignorados porque están enterrados en fosas diseminadas en el territorio, o desaparecidos, o en el exilio, se está excluyendo sistemáticamente la experiencia de vida de nuestras familias. ¿Por qué es así…? Es una cuestión muy compleja. El pacto de silencio de la transición, que quizás fue necesario en un primer momento, hace tiempo que debería haber sido superado. Falta valentía política para liderar ese cambio, compromiso democrático en todas las esferas de la sociedad española, y sentido de Estado para estar a la altura de la complejidad de nuestra historia en común. Cualquier reivindicación en materia de memoria histórica termina reeditando el conflicto en nuevos escenarios y nuevos lenguajes. También sobra impunidad en las esferas del poder político, económico y judicial. Ejemplos en nuestra historia reciente, desgraciadamente, nos sobran. Lo que si se, como mediadora, es que mientras haya una parte de nuestra sociedad que se siga siendo sistemáticamente excluida y desatendida, no lograremos vivir en paz y proyectar al futuro con fuerza, asumiendo importantes costes colectivos en distintos ámbitos de la vida social.

Hace hincapié en la violencia directa que suele reservarse exclusivamente a las mujeres, “utilizando nuestro cuerpo sexuado como recurso de tortura física y psicológica”. ¿Ocurrió durante la guerra civil y la posguerra? Hablando en términos generales: ¿sigue ocurriendo?

Y: Indudablemente. La violencia sexual ejercida sobre las mujeres es otra de las prácticas habituales de los conflictos a gran escala, desgraciadamente hay infinidad de ejemplos en todo el mundo y en todas las épocas históricas. Otra cosa es que se visibilicen y se les dé prioridad en la investigación y en la denuncia social, porque incluso para eso funcionan los prejuicios de género y la falta de legitimidad y valorización social de las mujeres. Precisamente en los últimos meses hemos conocido el proyecto “Mujeres, memoria y justicia”, coordinado por Lola Martín Consuegra desde la Universidad de Murcia, que están trabajando para incorporar la perspectiva de género en la investigación y análisis de la memoria histórica española. Ocurrió durante la guerra del 36, y ocurrió en la posguerra. Los ejemplos de Isabel García Suárez, y de Rosario Montes Estrada, que ya he citado, son ejemplos claros y cercanos. ¿Sigue ocurriendo? Por supuesto. Seguro que Amnistía Internacional u organizaciones similares nos podrían dar cientos de ejemplos que están ocurriendo en la actualidad en diversas zonas del planeta. Desgraciadamente es así. Cada vez que escucho en las noticias las polémicas sobre la acogida de las personas refugiadas en Europa, me lamento de la ingratitud del ser humano: nuestros abuelos fueron refugiados y exiliados, y encontraron acogida en muchos países del mundo, y gracias a eso, salvaron la vida y parte de la memoria colectiva. Gracias a eso, muchos de nosotros estamos hoy aquí, y una parte importante del capital social, humano y simbólico de nuestro país existe.

Vuelvo a Eva Martínez Álvarez. Escribe en la presentación: “El valle de Tiraña, coronado por el Pozu Funeres, guarda en sus relieves las marcas de aquella guerra, de un pasado reciente, que Mi infancia en el franquismo, no nos dejará olvidar”. ¿No habita realmente el olvido en aquella tierra, entre las gentes que ahora viven allí?

Y: No. En absoluto. Nuestro entorno está lleno de historias durísimas de represión, y eso ha generado en una parte de la ciudadanía una solidaridad que se muestra públicamente de una forma rotunda. Hay muchas fosas, con los espacios dignificados y con sus actos conmemorativos periódicos. Se ha investigado y escrito bastante (aunque no suficiente), tanto desde la sociedad civil como desde la academia, para dejar constancia de las historias que no se contaron en la Historia oficial. Lo que pasa es que la mayoría de las iniciativas son pequeñas, sostenidas por grupos humanos modestos y con un alcance mediático muy limitado a lo local. Normalmente son iniciativas de familiares, que a veces reciben el apoyo de los municipios o grupos políticos de izquierdas, pero que no se constituyen como grupos formales, ni tienen presencia digital, y eso no permite que sean visibles fuera del entorno local. (Ese es nuestro caso, hasta que creamos la asociación en 2014). Otras veces, todo el trabajo se realiza de forma voluntaria, poniendo en marcha iniciativas de micro-mecenazgo para abordar las exhumaciones, como hicieron los compañeros de la AFA de la fosa de Parasimón. Pero realmente se ha hecho un trabajo silencioso y persistente por preservar la memoria, reforzado por algunas iniciativas institucionales que se han puesto en marcha en las últimas décadas, por ejemplo, el Mapa de Fosas y el Archivo de Memoria Oral. El pasado 2 de marzo se aprobó la primera Ley de Memoria Democrática del Principado de Asturias, que espero sea el instrumento que le dé el respaldo definitivo al trabajo por la memoria en nuestra región.

¿Nos explica alguna de las fotografías que contiene el libro?

Y: Le propusimos al equipo editorial incluir algunas fotos que permitieran poner cara a las protagonistas del libro, y situar a las lectoras y lectores visualmente en aquella época, y eligieron estas imágenes del archivo personal de la autora. En ellas, vemos a Enesida en familia en la puerta de su casa, y a sus dos hermanas mayores unos años después, siendo Isabel más cercana a la edad en la que ocurrieron los hechos que se relatan. Finalmente, quisimos incluir una foto del grupo de familiares junto a la fosa común, para lo que se eligió esa imagen de 1997.

¿Y el dibujo que se ha incluido tras el relato de Enesida?

Y: Una de las ideas centrales de la edición es que pese a la dureza del relato, queríamos que el libro fuera bonito en su presentación, que invitara a ser leído. La lámina central es creación de Amelia Celaya, diseñadora de Cambalache, en la que recuperó elementos simbólicos del relato de Enesida.

¿Han recibido ayudas para la edición del libro?

Y: Si se refiere a apoyo económico, no, ninguna. Ha sido una edición auto-gestionada. El trabajo y los costes de edición y de distribución lo asumió Cambalache dentro de la labor editorial. Por su parte, y para apoyar el proyecto, la familia de Enesida les cedió los derechos de autoría. Mi dedicación para la escritura del epílogo, y la participación que tanto la familia como yo tenemos en las tareas de promoción del libro, forman parte de nuestra aportación voluntaria a la causa.

Yerba, le copio un fragmento de Enesida y le pido un comentario de texto:
“La detuvieron [a Isabel, su hermana] el día 1 de septiembre de 1942. La tuvieron en la cárcel de Laviana hasta el día que de allí al sacaron a Rioseco, donde estuvo dos días, lo suficiente para que ese criminal y degenerao del capitán Brrravo… hiciera de ella lo que le vino en gana. La violó, le dio palos gasta dejarle el cuerpo negro, le quemó los pechos y algunas partes del cuerpo pidiéndole una pistola. Ella, cuando recobró el conocimiento -que creo estuvo bastante tiempo inconsciente- y se vio cómo estaba, le dijo: “sí, tengo la pistola, suéltame, que voy a buscarla”. Cuando le dijo eso, ya pensó en hacer lo que hizo. Llegó a Barredos, a casa de mi abuela paterna. Les dijo que no sabía lo que haría al día siguiente, que tenía que entregar la pistola y no la tenía.
Cuando se fueron a la cama, ella se quedó levantada diciéndoles que tenía que escribir unas cartas. La acompañaba una prima, pero no se percató a quién escribía. Una la escribió al capitán diciéndole que ponía fin a su vida por no volver a sus manos, que le dijo tenía la pistola para verse libre y hacer lo que iba a hacer”.

Y: Lo siento, soy incapaz de hacer un comentario de texto sobre este relato. Me viene a la cabeza mi abuela, que a su segunda hija le puso de nombre Isabel, y que falleció a los pocos meses. O una de mis tías abuelas, que tras una vida entera, nos descubrió hace poco (a colación del libro) que su nombre original es otro, pero se quedó con “Isabel” tras fallecer ésta, por decisión de la abuela que ambas mujeres tenían en común. Nuestra historia es dolorosa. La violencia fue real, y sus consecuencias también. Nuestras familias tuvieron que luchar mucho para salir adelante con una calidad de vida razonable. Esas palabras evocan todo eso. No son un simple texto del que pueda hacer un comentario.

¿Quieren añadir algo más?

Y: Si, me gustaría animar a todas las personas que nos lean a que investiguen acerca de su propia historia familiar. Que hagan lo necesario para conocerla todo lo posible, especialmente si tienen a su lado a personas de las generaciones anteriores. Y que si conservan testimonios, sean del tipo que sean, que busquen la manera de rescatarlos del olvido. Heredamos un país atravesado por un conflicto sin resolver, y por lo tanto, nuestras memorias también serán conflictivas en cierto modo. Pero los fantasmas están para hablar con ellos. No podemos cambiar de dónde venimos, pero si hacia dónde enfocamos nuestra energía a partir de ahora.

Muchas gracias por sus palabras, su tiempo y, sobre todo, por su tenacidad y coraje.

*

Para la primera parte de la entrevista: http://www.rebelion.org/docs/261622.pdf. Para la segunda: http://www.rebelion.org/docs/261867.pdf.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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