Para nosotros [Junts] lo mismo da unos que otros. O sea, cualquier presidente del Estado español, sea del PSOE, sea del PP, sea de Vox, tiene muchas cosas en común y es que todos son unos patriotas españoles que ponen la bandera y la unidad del Estado español por delante de los derechos fundamentales. Nos da igual. Nosotros no queremos votar a un presidente español.
Miriam Noguera, 2023
Sobre la cita inicial (que no tiene desperdicio): por si hubiera dudas de lo que significa a día de hoy “Junts per Catalunya”, sin olvidar, por otra parte, la voz, el tono, el estilo que suele usar la diputada Noguera para expresar sus ideas.
Observaciones iniciales:
1. Mi madre, como probablemente las suyas, me enseñó un buen principio que he intentado seguir siempre: no alegrarse nunca con el dolor ajeno. Pero debo admitir que en determinadas ocasiones no es fácil estar a la altura de ese buen principio. Un ejemplo reciente: la sentencia de ayer jueves sobre el caso Laura Borràs. Sus declaraciones en el Parlament en la línea de siempre: victivismo, hispanofobia y ataque a Cataluña en su persona. ¿Quién puede sentir empatía por una persona así?
2. El asunto “Barça-més-que-un-club” sigue en caída libre. A día de hoy seguimos sin una explicación mínimamente comprensible de la gran multinacional .Cat. Conjetura-más-que-conjetura: digan lo que digan, intentaron durante años comprar árbirtros que les beneficiaran, mientras decían-gritaban que otros clubs salían beneficiados por arbitrajes blanqueados.
3. De Clara Ponsatí conviene seguir recordando aquello “De Madrid al cielo” en plena pandemia. Lo demás (su detención durante unas horas el pasado martes) es montaje, show, espectáculo diseñado, hispanofobia fanatizada, intervención electoral, luchas intestinas (con el apoyo de la CUP) contra ERC, etc. Nada que tenga que ver con la ciudadanía trabajadora. Nada.
3. Enlaces de interés en nota sobre las I Jornada de Políticas Lingüísticas dentro de una España federal. http://www.asec-asic.org/2023/ http://www.asec-asic.org/2023/ http://www.asec-asic.org/2023/. Valen la pena.
4. La secretaria general de ERC, Marta Rovira, ha declarado en Catalunya Ràdio que el referéndum acerca de la independencia de Catalunya del 1 de octubre de 2017 “no tuvo suficiente legitimidad interna”. El Gobierno catalán “no supo conectar con una gran parte de la población de Catalunya al referéndum” [1]. Rovira afirmó también que el independentismo “no está preparado” para otro referéndum unilateral como el del 2017 y que hay que “corregir lo que convenga”, porque es “evidente” que no se ha “aplicado” el mandato y que Catalunya no es una república. Como se imaginan, le han dicho de todo en los ambientes nacional-secesionistas más fanatizados (que hasta hace no mucho la idolatraban).
Sea como fuere, no hay renuncia a la secesión ni siquiera a la secesión unilateral (aunque admite que de momento no están preparados) y conviene no olvidar el destacadísimo papel de doña Marta entre los hooligangs más fanatizados en los alrededores del 1-O. ¿Recuerdan sus intervenciones parlamentarias del 6, 7 y 8 de septiembre? Repánselas si tienen ocasión.
5. Carmen Domingo da excelentes razones críticas sobre Junts en “Mirarse al ombligo” [2]: “Nada nuevo. Yo, me, mi, conmigo. Por eso no les costó alinearse junto al PP y Vox y poner el grito en el cielo cuando Pedro Sánchez aprobó los indultos o votaron en contra de la reforma laboral. Está claro que desde la Generalitat de Catalunya hace tiempo que Junts solo tiene en su horizonte aquello de “cuánto peor, mejor”. En definitiva, que la tensión social vuelva a niveles del 2017 forma parte, sin duda, de su hoja de ruta. Que la vida de la gente vaya mejor o no, eso, para ellos, es secundario. O mejor dicho, vistas sus palabras, irrelevante.”
6. En “Prebenda de obispo”, Francesc Valls (El País, 26/III/2023) observa que “no hay otra manera de entender cómo se permitió desde 1998 y hasta 2015 la inmatriculación 35.000 de bienes –que algunos cálculos elevan a más de 100.000– por parte de la Iglesia católica”. Cataluña no se ha mantenido ajena a estas prácticas. Se produjeron, cómputo oficial, 3.722 inmatriculaciones por parte de la Iglesia. La mayoría de casos afecta “a propiedades comunes o colectivas de los pueblos, pagadas a través de aportaciones de la población durante siglos”. Una muestra del amor de la Iglesia católica .Cat por la tierra.
Cojo el hilo del llamamiento. Nos habíamos quedado aquí: nada puede ser más contraproducente, se afirma en el texto del llamamiento, “que enfrentar dos lenguas como expresiones de identidades inconciliables y cerradas”. Las identidades cambian y están en perpetua construcción. El viejo y no olvidado panta rei, el “todo fluye” de Heráclito. “Las lenguas se reflejan unas en otras, se influencian y se fecundan”. Los hablantes, especialmente los bilingües, son los agentes de estas influencias. Cataluña es plurilingüe (aunque es institucionalmente monolingüe, añado yo), “y España [no Madrid ni Estado español] un haz extraordinario de lenguas, culturas y arraigos diversos”, haz que debemos cuidar entre todos y que no es inconsistente con que una lengua sea común.
No podemos afrontar los retos del nuevo siglo (que ya no es tan nuevo), que exigen cooperación y proyectos colectivos (y mucho decrecimiento, antimilitarismo e internacionalismo, añado yo), desde sociedades tribales y fracturadas, prosigue el llamamiento, “ni dando la espalda a esa diversidad, a su riqueza y a su potencial creativo.” Ni en Cataluña ni en el conjunto de España.
Por todo ello, “Federalistes d’esquerres nos dirigimos a la sociedad civil catalana y española”, e interpelan a nuestros gobernantes “para reclamar diálogo y sensatez en el abordaje de las cuestiones lingüísticas” por parte de todos (sin imposiciones ni chantajes) y sin olvidar los marcos legales (añadidos míos).
Desde su punto de vista, “el catalán es una lengua minoritaria y necesita una protección especial” (¿qué implica esa protección?). No se trata sólo de los derechos de sus hablantes, afirman. Las lenguas, en su opinión, “contienen tesoros insondables de humanidad y semillas de progreso. No perviven como curiosidades antropológicas, sino que necesitan fluir por las venas de la sociedad”.
Para ello, “deben ser queridas”. La vitalidad del catalán “no depende tanto de su presencia troncal en la enseñanza o en la comunicación de las
administraciones públicas –legalmente garantizada y necesaria– como de los sentimientos de afecto que inspire en la población”. La finalidad del sistema educativo, afirman, es “conseguir que los estudiantes logren un perfecto dominio de las dos lenguas oficiales – tres, incluido el aranés.”
Siempre se dice (y tienen razón, así se suele decir) “que el nuestro es un modelo escolar de éxito”. Pero quizá “deberíamos estar más atentos a algunas señales de alarma. Algo se está haciendo mal”. Es de sentido común (crítico), que como se sabe -y más en este caso- es el menos común de los sentidos, “que la proporción de materias impartidas en los distintos idiomas siga criterios pedagógicos, adaptándose a las necesidades del alumnado y al entorno sociolingüístico de cada centro”. Nada más lejos de la realidad.
Tampoco parece discutible, prosiguen, “que, pese a la centralidad vehicular del catalán [no es solo centralidad, es la única lengua vehicular según la LEG”], el castellano no puede convertirse en algo marginal, ajeno a la adquisición viva de conocimientos”. Un correcto aprendizaje del castellano, afirman con razón y sensibilidad, “requiere que algunas asignaturas se enseñen en esta lengua, como ya es el caso en muchas [la gran mayoría] escuelas concertadas y privadas”. Sin embargo, “tenemos un grave problema cuando el tratamiento escolar del castellano es vivido como una discriminación.” Los ejemplos de acumulan.
Mal vamos, apunta el Llamamiento con mucha razón crítica, “si hace falta recurrir a la justicia para tratar de desatascar una cuestión que la comunidad educativa debería poder resolver por sí misma con mesura. Y peor iremos si la Generalitat solo despliega su ingenio para burlar a los tribunales.” (Recordemos la actuación no solo de la Generalitat sino del Parlamento, con protagonismo especial de los Comunes, en el caso de la sentencia del 25%).
Por el camino de los agravios y las astucias, las cosas sólo pueden envenenarse, prosigue el Llamamiento. “No queremos guerras lingüísticas. Ni queremos un país de comunidades etnolingüísticas separadas [aunque algo de eso ya hay por causas socioeconómicas]. Eso sería contrario a las mejores tradiciones democráticas de Cataluña y un obstáculo a su progreso.”
La mayoría de ciudadanos “tenemos voluntad de entendimiento en Cataluña y deseamos proyectar su potencial cultural hacia fuera. Es necesario que el catalán, así como el resto de lenguas de España, se escuchen con normalidad en sus instituciones, empezando por el Senado [Para los nacionalistas, el uso del castellano en el Parlamento catalán es casi una ofensa, un signo de neofranquismo españolista]”. Es necesario también “que el Estado las ampare, y promueva la difusión de su producción literaria, artística o audiovisual. Hacen falta consensos que nos protejan de la manipulación y los excesos”. En su opinión, “el catalán, presente en los ámbitos académicos europeos, lo sea también en la propia UE.”
Por todo ello, son las palabras finales del llamamiento, “nuestra sociedad y sus representantes deben adoptar el idioma del respeto y la fraternidad. Las lenguas deben servir para que nos hablemos, no para que nos enfrentemos”. Éste es el llamamiento del federalismo. “Respeto a la diversidad y uso de las lenguas como elemento comunicativo, de riqueza y crecimiento personal”.
No hay apuesta clara, formulada explícitamente, a favor del bilingüismo, pero, sin duda, el llamamiento es un paso adelante y muy positivo teniendo en cuenta la composición del colectivo promotor, Federalistes d’esquerra.
Las dudas: ¿hará mella este llamamiento en los colectivos de izquierda organizados en el PSC? ¿En los Comunes?
Mi conjetura (lamento ser tan pesimista): de entrada muy poco. No hay peor sordo que el no quiete oír. A día de hoy, las direcciones del PSC y, sobre todo, de los Comunes, no están por la labor. Siguen en lo de siempre: lengua propia, inmersión lingüística, hay que favorecer el catalán, el castellano sí pero no, el catalán debe ser idioma preferente, etc.
Pero, recordemos, todo fluye y lo racional (y equilibrado), siguiendo a Hegel, debe ser real. Deseamos que más pronto que tarde. En beneficios de todos, sin exclusiones.
Notas.
2) https://elpais.com/espana/catalunya/2023-03-27/mirarse-el-ombligo.html.