USA

Del compañero de Espai Marx, Vladimir Luxemburg Montseny (con nota complementaria del médico de familia, también miembro de Espai Marx, Antonio Navas).

Es verdad todo lo que dice. Creo que cada día mueren aquí como 160 personas al día por los opioides. En muchos casos yonkis por sobredosis de fentanilo o heroína pero en muuuuuuchos otros casos (prácticamente la mitad) es por pastillas súper adictivas que los médicos recetan en post-operatorios o por cualquier enfermedad. Sé de gente que ha tenido cáncer en este país y se ha negado a que le recetasen nada por miedo. Luego lo de los tiroteos masivos es increíble. Cada día muere un mínimo de 5 personas en tiroteos en lugares públicos, y no sé si os llega pero yo cada mes leo de alguno en alguna escuela. En 2022 hubo como 250 ataques con armas de fuego en escuelas. El último que he leído fue hace como 3 semanas en Nashville, murieron 7 u 8 niños de primaria. Y a los pocos días se disuelve siempre todo en el olvido y hasta que llegue el próximo. Después, la cantidad de gente sin casa y de locos que hay por la calle (locos de un calibre que en España nunca hemos visto, porque los tienen en instituciones o porque directamente no llegan a tal nivel de locura) es también delirante. En dos ocasiones he pasado bastante miedo en medio por situaciones violentas que se han desencadenado en lugares normales. Luego, creo que la gente es mucho más religiosa que en España, pero a la americana. Muchos son evangelistas y los católicos han enloquecido y están dando misa en latín (a pesar de que el papa las ha prohibido) y las mujeres con la cabeza cubierta, y más allá de eso son completamente reaccionarios.
Las formas de vida cotidiana son bastante áridas también. Más allá de Nueva York, el modelo de ciudad que nosotros tenemos en España aquí no existe. La gente vive en grandes extensiones de viviendas rodeadas de descampados, párkings y autopistas. No hay pequeños negocios, no hay peluquerías, no hay bares, por supuesto las tiendas de comida no existen. Lo único que hay es, a unos 15km de tu casa, un supermercado del tamaño de un campo de fútbol y el típico bar de carretera. Yo vivo en Boston, que es una ciudad considerable y que sí tiene un centro bastante europeo, pero cuando necesito una cebolla tengo que coger el tren media hora o tengo que pedirla por internet y pagar por ella 30 dólares entre transporte y propinas.

Observación de Antonio Navas:
Sobre el asunto de los opiáceos. No tengo la más mínima duda de que el problema es la sanidad privada, la ausencia de sistema de salud público potente. En el resto del mundo rico, España por ejemplo, tenemos acceso a todos esos opiáceos. Acceso fácil cuando está justificado médicamente, y supervisado por el sistema público de salud. Aquí, un médico privado puede recetar fármacos de ese tipo, pero que sea financiado solo podemos hacerlo desde el sistema público, exclusivamente. Eso establece un límite fundamental.
Es raro, rarísimo que aquí veamos muertes causadas por una sobredosis de opiáceos recetados a un paciente porque lo necesite. La experiencia entre la gente no genera desconfianza. Muchos abuelitos o pacientes con problemas traumatológicos usan toda clase de opiáceos, fentanilo en diversas dosis incluido, sin mayor problema.
Aquí también tenemos adictos en la población. Es cierto. Ejemplo: el único paciente que me ha amenazado es un adicto, u otra cosa (trapicheo) al…diazepan. Me enteré en san Cosme, El Prat, donde trabajé un mes, que en el mercado negro en Barcelona, un diazepan de 5 mg cuesta (costaba hace unos 10 años) 1 euro. Lo denuncié y fuimos a juicio. Se le impuso una multa económica que le perdoné (es pobre), y se le amonestó con la advertencia de que si volvía a montar un pollo se le cambiaría de ambulatorio. No ha vuelto a montar pollos. Viene apaciblemente a intentar colarle algún cuento, si pilla a algún médico que no lo conozca (pero hay avisos que quedan en el sistema,) y se va con el rabo entre las piernas ante las negativas. Es decir, hay una restricción clínica feroz por nuestra parte a pautar correctamente las dosis, cantidades, situaciones, duraciones, idoneidades, de un tratamiento con psicotropos, sean opiáceos de altísima potencia o benzodiazepinas de baja (diazepan), antidepresivos, neurolépticos, etc. Tenemos una responsabilidad legal por la forma en que lo hagamos. Queda registro de todo. Has de tener, quieras o no, un cuidado correcto, no estrictísimo, no hay sobrevigilancia, hay mucha confianza en el diagnóstico y buen criterio médico. Tan solo debe haber adecuación del uso en tiempo y cantidad con el proceso del paciente. Procediendo de esa forma vemos pocos, muy pocos problemas en la población general, sobre todo en términos comparativos con fenómenos como el estadounidense.
Conozco algún otro ejemplo de medicina de predominio privado: Panamá (para las clases pudientes; los pobres se limitan a joderse básicamente ante patologías serias.) La desconfianza hacia la atención médica es tremenda. Porque es muy cara y la gente pierde sus ahorros o se hipoteca si sucede algo un poco serio en su familia. Y nunca hay un criterio, una práctica comparable para poder percibir lo correcto, lo estándar, lo habitual en procedimientos médicos. etc, que generen la sensación de no abuso, de no arbitrariedad de la praxis médica. La otra cara de la moneda es que la gente (rica) se automedica. En Panamá no necesitas receta médica para muchas cosas que aquí sí. Igualmente puedes ir a cualquier médico privado a pedirle simplemente recetas, las que tú consideres: te las dará después de haberte cobrado una visita. El paciente piensa que así se evitará un rosario de visitas, pruebas y tratamientos innecesarios. Así funciona la mentalidad que genera la medicina privada tal como se practica en ciertos países (Panamá es el modelo USA básicamente).

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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