Las prisiones, las torturas y aun el exterminio en masa se hicieron de manera legal y apegada a la norma. Las leyes de Alemania y del Reich fueron modificadas de acuerdo a todos los preceptos de justicia de entonces, por lo que para los tribunales germanos nadie cometía un delito al perseguir y eliminar sistemáticamente a los judíos. El libro presenta sin rubor la manera como un país enfermo en su moral puede desfigurar la justicia y ponerla al servicio de intereses políticos. Como una radiografía de cualquier proceso totalitario, el libro menciona los pasos que un régimen da para poner todo el ordenamiento jurídico al servicio de su causa. Primero el Reichstag, suerte de Asamblea Nacional, que terminó siendo la sede de un teatro de marionetas, después las cortes y los tribunales obedeciendo ciegamente las órdenes, y finalmente el aparato de represión respondiendo con prontitud a los mandatos emanados legalmente de las instituciones. Ingo Müller, Los juristas del horror. La «justicia» de Hitler: el pasado que Alemania no puede dejar atrás
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