En Palestina todo es aún más burdo y dramático. La comparación entre la indignación occidental ante la invasión rusa de Ucrania, con su reacción de sanciones y ayuda de guerra directa sin precedentes, con la cooperación con Israel, ha mostrado por completo la desnudez moral de Occidente y la falacia de sus lecciones sobre “derechos humanos”. Se tachó como “terrorismo” la violencia del ataque de la resistencia palestina del 7 de octubre de 2023. Se pasó por alto lo que tenía de escapada del “mayor campo de concentración a cielo abierto del mundo”, según la definición de los propios responsables de la seguridad de Israel. Se ignoró el carácter desesperado y suicida de la incursión palestina, un clásico de la historia de los movimientos anticoloniales, y se amplificaron sus atrocidades con la falsificación de los más horribles relatos de crueldades sobre bebés decapitados y mujeres desventradas. Se ocultó de paso la demostrada aplicación de la llamada “doctrina Aníbal”, que permite al ejército israelí eliminar a sus propios ciudadanos antes de consentir a que caigan presos, lo que incrementó las cuentas de la matanza. Con 10.000 rehenes palestinos en cárceles israelíes, solo contaba el destino de los 250 israelís. Largas décadas de violencia colonial, apropiación ilegal de territorio y expulsión de la población indígena desaparecieron del relato. A partir de ahí se proclamó el “derecho de Israel a defenderse”, masacrando indiscriminadamente a decenas de miles de civiles inocentes -la cuenta puede llegar a 200.000, según la proyección de muertes directas e indirectas barajada este mes por expertos en la revista The Lancet – (Traumatic injury mortality in the Gaza Strip from Oct 7, 2023, to June 30, 2024: a capture–recapture analysis – The Lancet) con una abultada mayoría de niños y mujeres, arrasando ciudades, hospitales, lugares de culto, infraestructuras vitales y asesinando selectivamente a más periodistas y funcionarios de las agencias de las Naciones Unidas que todos los muertos en el mundo en el ejercicio de esas profesiones a lo largo de muchos años. Todo eso ha tenido lugar en medio de una elocuencia y transparencia sin precedentes por parte de quienes están al mando de la masacre y subrayan abiertamente su propósito exterminador ante las cámaras y micrófonos de la publicística global, justificándolo con una ideología supremacista envuelta en primitivas escenas bíblicas
Cuando la máxima institución de “justicia internacional”, un tribunal creado por las potencias occidentales en el apogeo de su dominio que casi nunca ha cuestionado sus crímenes, dictaminó como plausible “genocidio” el alegado “derecho de Israel a defenderse”, todo se hundió también en ese frente. Ni la cómplice manipulación de los grandes medios de comunicación occidentales y de sus profesionales -que no expresaron la menor empatía hacia sus colegas premeditada y selectivamente asesinados por el ejército israelí- ni las acusaciones israelís de “antisemitismo” dirigidas contra la ONU, sus castigadas agencias y su mismo secretario general, o contra cualquiera que protestara, incluida, en el colmo del absurdo, la juventud estudiantil judía de Estados Unidos, ni la criminalización de la solidaridad con Palestina en Alemania, Francia e Inglaterra, han podido remediarlo: se ha hecho evidente la negación occidental de la igualdad entre seres humanos y su raíz colonial y racista.
Después del veredicto de la Corte Internacional de Justicia, las principales organizaciones occidentales de derechos humanos, Human Rights Watch, Médicos sin Fronteras y Amnistía Internacional, frecuentes defensoras de la “política de derechos humanos” del hegemonismo contra sus adversarios y competidores en el mundo, han coincidido en señalar que la política israelí en Palestina está diseñada para la eliminación de un pueblo a cuyos ciudadanos se les niega su condición de seres humanos. Que todo esto haya sido marginado del informe mediático, no ha hecho más que evidenciar la quiebra moral de Occidente y sus medios de comunicación en el conjunto del mundo.
Rafael Poch de Feliu (2025) Continuar leyendo «(Página herida) TV3, for ever!»