Novedad editorial: Francisco Fernández Buey, «Sobre Simone Weil. El compromiso con los desdichados del mundo»

Novedad editorial: Francisco Fernández Buey, Sobre Simone Weil. El compromiso con los desdichados del mundo, El Viejo Topo, 2020 (Edición de Salvador López Arnal y Jordi Mir Garcia).

De las siete y cuarto a las nueve menos cuarto he estado cortando piezas en una larga tira de metal, en la prensa grande, junto con Roberto: 677 piezas. He marcado una hora y diez minutos. Las he rasgado al principio por falta de aceite. He tenido dificultad en cortar la tira. He ganado 1,85 francos.
De las nueve menos diez hasta las doce menos cuarto: terminales para conexiones, con el volante pequeño (no me sé el nombre). Con mucha lentitud al principio porque la herramienta estaba demasiado hundida y la pieza demasiado colocada a lo largo, lo que me obligaba a mirar de lado: 830 piezas. He ganado 7 francos.
Por la mañana he tenido que recuperar una hora.
De una y cuarto a las dos y media estoy parada (pero sólo me cuenta una hora).
De dos y media a cuatro: en la prensa. Tengo que arquear las piezas cortadas por la mañana: 600. He ganado 3,24 francos. He marcado una hora y veinte minutos.
De las cuatro a las cinco y cuarto: en el horno.
Trabajo agotador. No sólo hace un calor insoportable, sino que las llamas llegan a lamer las manos y los brazos. Es necesario dominar los reflejos, pues de lo contrario estás expuesta a sufrir quemaduras.
Durante la primera tarde que paso en el horno, hacia las cinco, el dolor que me ha causado una quemadura, el agotamiento y las jaquecas me hacen perder el dominio de los movimientos. No acierto a bajar la puerta del horno. Un calderero se adelanta a ayudarme y me la baja.¡Que agradecimiento se experimenta en semejantes momentos!
Simone Weil (1934)

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Reseña de José Herrera Plaza y Salvador López Arnal, Silencios y deslealtades. El accidente de Palomares: desde la guerra fría hasta hoy, dxe Miguel Muñiz

Reseña de José Herrera Plaza y Salvador López Arnal, Silencios y deslealtades. El accidente de Palomares: desde la guerra fría hasta hoy, Laertes (col. Trébol negro, 8), Barcelona, 2019, 310 págs.

De resistencias éticas perseverantes frente a impactos sociales irreversibles

Miguel Muñiz

El lector o lectora de este libro se enfrenta a una aparente paradoja: su autor, Salvador López Arnal, entrevista en profundidad a José Herrera Plaza que es autor de otro libro, y sigue punto por punto el contenido de la obra que éste ha publicado. Nos hallamos pues ante un libro que explica lo ya escrito en otro libro. Y surge la pregunta: ¿No sería más sencillo limitarse a difundir la obra original? Pues resulta que no. Y refutar la aparente paradoja va más allá de constatar que el libro objeto de la entrevista, Accidente nuclear en Palomares: consecuencias (1966-2016) [1], tiene un formato de álbum grande, de 31 x 24 cms, lo que supone una cierta dificultad de manejo que el que comentamos no tiene. Pero la paradoja no se desmiente por la mayor o menor facilidad de uso, ya que el subtítulo, el contenido, y la personalidad de sus autores, son la causa de la edición de Silencios y deslealtades. Continuar leyendo «Reseña de José Herrera Plaza y Salvador López Arnal, Silencios y deslealtades. El accidente de Palomares: desde la guerra fría hasta hoy, dxe Miguel Muñiz»

Presentación de Silencios y deslealtades en el Centro de Historia de la Ciencia (CEHIC) de la Universidad Autónoma de Barcelona

Presentación de Silencios y deslealtades en el Centro de Historia de la Ciencia (CEHIC) de la Universidad Autónoma de Barcelona

Para Miguel Muñiz Gutiérrez, por su incansable hacer, por su honestidad a prueba de todo.
Para Andrés Martínez Lorca, por su amistad y magisterio.
Y para José Herrera Plaza, por todo.

Nota edición: Intervención del autor en la presentación del libro Silencio y deslealtades el pasado jueves 28 de noviembre en el CEHIC de la Universidad Autónoma de Barcelona.

*

Gracias por la invitación, todo un honor para mí.

Seguro que ustedes recuerdan la figura de los teloneros. Este es mi papel en este encuentro. Yo hago de Sirex-Mustang, y el amigo José Herrera Plaza hace de Beatles, Bruce, Mile Davis, Paul Simon, Manel o Rosalía, en función de sus preferencias. Ninguna queja en mis palabras desde luego. Continuar leyendo «Presentación de Silencios y deslealtades en el Centro de Historia de la Ciencia (CEHIC) de la Universidad Autónoma de Barcelona»

Conversaciones son Ariel Petruccelli sobre «Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista.»

Salvador López Arnal (editor)

Conversaciones son Ariel Petruccelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista

Una política socialista respecto de las fuerzas productivo-destructivas contemporáneas tendría que ser bastante compleja y proceder con lo que podríamos llamar “moderación dialéctica”, empujando y frenando selectivamente con los valores socialistas bien presentes en todo momento, de modo que pudiera calcular con precisión los eventuales “costes socialistas” de cada desarrollo. Esa política tendría que estar lo más lejos posible de líneas simplistas aparentemente radicales, tales como la simpleza progresista del desarrollo sin freno y la simpleza romántica del puro y simple bloqueo. La primera línea no ofrece ninguna seguridad socialista, y sí muy alta probabilidad de suicidio. La segunda, es para empezar, impracticable. Ejemplifiquemos eso a propósito de la más fundamental de todas las fuerzas productivas-destructivas objetivas contemporáneas, la ciencia.
La ciencia en el sentido contemporáneo es un conocimiento socializado con proyección técnica más o menos inmediata. De esta última circunstancia se deriva su peligrosidad intrínseca como conocimiento sumamente eficaz: la excelencia de la física como conocimiento, por ejemplo, es la base del armamento nuclear y químico. La reacción romántica a esa circunstancia que consiste en intentar deshacer el camino andado y, en la práctica política, bloquear la investigación, me parece, por de pronto inviable, además de indeseable. La historia documenta bastante bien que todos los intentos de bloquear la investigación en las épocas por nosotros conocidas han fracasado rotundamente. Desde Galileo hasta, desgraciadamente, la propuesta de moratoria en ingeniería genética presentada por Crick y otros Premios Nobel hace unos diez años [1974]. Por otra parte, esa política tampoco es deseable, porque lo característico de la tecnología contemporánea (como de todo conocimiento, en realidad) no es una supuesta bondad o maldad, sino su constitutiva ambigüedad práctica. La misma ingeniería genética, por ejemplo, en la que se pedía una moratoria pensando en los riesgos de su manejo de ciertos virus y en la pesadilla, aun lejana, de intervenciones políticas en el equipo genético humano, es una de las principales esperanzas en la lucha contra el cáncer.
Desde el punto de vista político-moral, la ciencia es ambigua, por así decirlo, si no queremos usar la palabra “neutral” lamentablemente satanizada en los ambientes de izquierda (…). Desde un punto de vista político-moral, el producto científico es ambiguo y conlleva por sí mismo un riesgo probablemente proporcional a su calidad epistemológica. No es verdad que una física nuclear practicada por científicos socialistas sea menos peligrosa que la practicada por científicos capitalistas…
Manuel Sacristán (1983)

(….) creo que el primer principio orientador de una política de la ciencia para esa otra sociedad, para esa comunidad o federación de comunidades, debería ser una rectificación de los modos dialécticos clásicos de pensar, hegelianos, sólo por negación, para pensar de un modo que incluyera una dialecticidad distinta con elementos de positividad. Esto es demasiado largo de discutir para hacerlo ahora, pero se puede en cambio ejemplificar en la práctica.
Una dialecticidad que tenga como primera virtud práctica la de Aristóteles, es decir, el principio del mesotes, de la cordura, de la mesura, dimanante del hecho de que las contradicciones en las que estamos no las veo como resolubles al modo hegeliano sino al modo como se apunta en el libro primero de El Capital, es decir, mediante la creación del marco en el cual pueden dirimirse sin catástrofe.
De todos modos, todo esto se puede decir de un modo mucho más empírico-analítico y mucho menos filosófico-clásico. La razón por la cual el principio inspirador de una política de la ciencia para las nuevas comunidades debería ser el de la mesura y la cordura y no el que esperaba una solución en blanco y negro, por el juego de factores objetivos, es que eso sería prácticamente irrealizable o recusable. Recusable si se tratara de apostar por el desarrollo desencadenado de las fuerzas productivas tal como lo conocemos, recusable porque nos llevaría a la catástrofe; irrealizable si optara por el negro de una prohibición de la investigación sin más, no deseable pero además irrealizable a tenor de la experiencia histórica, que nos muestra que la mayoría de nosotros se apuntaría entonces por espíritu de libertad a lo que ya en otra ocasión (…) he llamado la nostalgia galileana.
Manuel Sacristán (1979)

Sobre Ariel Petruccelli y las entrevistas:

Profesor de Historia de Europa y de Teoría de la Historia en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Comahue (Argentina), Ariel Petruccelli ha publicado numerosos ensayos y artículos de marxismo, política y teoría de la historia.
Es miembro del consejo asesor de la revista Herramienta y autor de Ensayo sobre la teoría marxista de la historia (Buenos Aires, El Cielo por Asalto, 1998), Docentes y piqueteros: de la huelga de ATEN a la pueblada de Cutral-Có (Buenos Aires, El Cielo por Asalto / El Fracaso, 2005), Materialismo histórico: interpretaciones y controversias (Buenos Aires, Prometeo, 2010) y El marxismo en la encrucijada (Buenos Aires, Prometeo, 2011). En Breve publicará Revisionismo revolucionario (Rededitorial, 2020). En estas conversaciones nos centramos esencialmente en su libro Ciencia y utopía, Buenos Aires, Ediciones Herramienta y Editorial El Colectivo, 2016.
El profesor Petruccelli se define como «marxista libertario con una amplia participación política en el movimiento estudiantil (en tiempos ya lejanos) y sindical docente». También ha cultivado el humor político en un colectivo de agitadores culturales (El Fracaso) que editó a lo largo de más de una década dos publicaciones satírico-revolucionarias: La Poronguita y El Cascotazo.

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José Herrera y Salvador López Arnal analizan en un libro el incidente de Palomares

José Herrera y Salvador López Arnal analizan en un libro el incidente de Palomares
Novapolis

El libro Silencios y deslealtades, que se presenta el lunes 18, a las 19 horas en Librería Picasso de Almería (calle Reyes Católicos, 17) describe y reflexiona sobre lo acaecido en el accidente nuclear de Palomares en 1966 y sus consecuencias, de cómo las personas afectadas se convirtieron hasta hoy en ciudadanos de segunda clase para los dos países implicados. El libro está estructurado en entrevistas para facilitar la voluntad divulgadora con la que ha sido concebido. Los cuestionarios han sido elaborados por el profesor Salvador López Arnal para José Herrera Plaza. Continuar leyendo «José Herrera y Salvador López Arnal analizan en un libro el incidente de Palomares»

Presentación de «Silencios y deslealtadaes. El accidente militar de Palomares: desde la guerra fría hasta hoy.»

El infatigable y admirable compromiso de un ciudadano ejemplar

Presentación del ensayo de José Herrera Plaza y Salvador López Arnal, Silencios y deslealtadaes. El accidente militar de Palomares: desde la guerra fría hasta hoy (Editorial Laertes, 2019)

Como muchos otros niños y adolescentes de mi generación supe —sin llegar a saber realmente— del accidente militar-atómico de Palomares por las imágenes de un No-Do de 1966. En esas imágenes podía verse a Manuel Fraga, el temible y terrible ministro de Información y Turismo franquista (formó parte del Consejo de Ministros que ordenó el fusilamiento de Julián Grimau), bañándose en aguas del Mediterráneo andaluz con el embajador norteamericano en España. La narración, las palabras usadas, la propia voz del locutor, intentaban tranquilizar a los espectadores. Nada de qué alarmarse, todo bajo control, ningún peligro en el horizonte o en las proximidades, todo iba bien o incluso muy bien. España seguía yendo muy bien. «Las autoridades» se había bañado sin temor alguno en el lugar donde se había producido «un accidente aéreo» sin importancia. A seguir, pues, a continuar felices —y más alienados y engañados— con las actividades de cada día. La política no era cosa del pueblo trabajador, de los «de abajo». Para eso ya estaban los que mandaban y querían (y debían) seguir mandando. Continuar leyendo «Presentación de «Silencios y deslealtadaes. El accidente militar de Palomares: desde la guerra fría hasta hoy.»»

Silencios y deslealtadaes. El accidente militar de Palomares: desde la guerra fría hasta hoy.

José Herrera Plaza y Salvador López Arnal, Silencios y deslealtadaes. El accidente militar de Palomares: desde la guerra fría hasta hoy (Ed itorial Laertes, 2019)

En enero de 1966, en plena Guerra Fría, colisionaron en los cielos de Palomares (Almería) un avión cisterna y un bombardero estratégico estadounidense B-52. Cayeron, en un área habitada, cuatro bombas termonucleares, cada una de ellas 75 veces más potente que la bomba de Hiroshima. Dos de ellas contaminaron algo más de 400 hectáreas; otra bomba estuvo perdida en las profundidades del Mar Mediterráneo durante 80 días. Continuar leyendo «Silencios y deslealtadaes. El accidente militar de Palomares: desde la guerra fría hasta hoy.»

Presentación (primeros apartados) de Crítica de la (sin)razón nuclear. Fukushima, un Chernóbil a cámara lenta

Presentación (primeros apartados) de Crítica de la (sin)razón nuclear. Fukushima, un Chernóbil a cámara lenta
«La marca atómica como línea de demarcación del Antropoceno.»

Si nació usted antes de 1950, señalaba Javier Salas a mediados de septiembre de 2016, “puede que ahora vaya a sentirse algo más mayor: ha vivido en dos épocas geológicas distintas”. La tierra ha entrado en una nueva página del calendario geológico, el Antropoceno, “la edad de los humanos”. Una de las pruebas de que el mundo ha cambiado para siempre, proseguía el periodista científico de El País, estaba en la playa de Tunelboca, en la ría de Bilbao, “en una franja de siete metros de sedimentos acumulados por la industrialización”. Allí se habían ido depositando durante casi un siglo escorias vertidas por los altos hornos vizcaínos.

El Anthropocene Working Group (Grupo de Trabajo del Antropoceno, AWG por sus siglas en inglés), un colectivo de 38 científicos de sistemas terrestres convocados por el geólogo Jan Zalasiewicz de la Universidad de Leicester, Inglaterra, acordó en el verano de 2016 que la Humanidad había superado el Holoceno, la hasta ahora última época geológica del período Cuaternario, un período interglaciar en el que la temperatura se hizo más suave y la capa de hielo se derritió, lo que provocó un ascenso del nivel del mar. La huella de nuestra Humanidad quedará para siempre “grabada en todo el planeta como una línea bien identificable en los estratos que se verán dentro de miles o millones de años en cuevas y acantilados, una referencia permanente para los científicos del futuro”.

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Presentación del libro Cincuenta (+ nueve) conversaciones filosóficas, (Málaga, Ediciones del Genal, 2018)

Presentación del libro Cincuenta (+ nueve) conversaciones filosóficas, (Málaga, Ediciones del Genal, 2018)
«Las entrevistas como procedimiento de estudio y aprendizaje filosófico.»

 

Me han gustado desde siempre, desde que era muy joven. Sé que es asunto muy personal, muy de cada cual y que sobre gustos… las disputas razonables y las aproximaciones críticas ayudan a aclararlos, a pulirlos y a matizarlos más.

Una de las entrevistas que, según mi memoria que no siempre acuña bien sus monedas, más me impactó, la leí tres o cuatro años después de que se publicara sin comprender una buena parte de los argumentos esgrimidos, fue la que José María Mohedano hizo en 1969 a Manuel Sacristán para la revista antifranquista Cuadernos por el Diálogo sobre Checoslovaquia, la construcción del socialismo y la aniquilación manu militari de la esperanzadora (sin garantías absolutas, como todo lo esencial de nuestras vidas) Primavera de Praga. Unas tres décadas más tarde pude leer los papeles, cartas y documentos anexos, “la cocina” de la entrevista. Más motivos para deslumbrarme de nuevo. Veríamos cosas peores comentó el entrevistado en la conversación; las vimos, las hemos seguido viendo.

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