Con el actual genocidio de Gaza, no sólo han muerto miles de niños, mujeres, ancianos, cooperantes internacionales, periodistas y médicos. Esta es sólo la muerte física, visible. La otra muerte provocada por la masacre, la que no viene rebozada en sangre y polvo, es intangible porque es moral, espiritual. Hablo de la muerte de la decencia humana. De una mínima decencia humana. Y en este punto no puedo más que recordar las palabras de un buen amigo mío, que una vez me dijo que un matón, aún siendo un miserable, es un tipo al no se le puede pedir que actúe como una hermanita de la caridad. Un matón, al fin y al cabo, es lo que es, y actúa como tal. Pero cuidado con un fariseo, decía, porque es un espectador que, desde la tranquilidad que da la distancia y bajo una falsa apariencia de ecuanimidad, se permite maquillar, relativizar y hasta justificar abiertamente los abusos del primero. Y por tanto, es aún más execrable. Continuar leyendo «“Gaza, infierno de fariseos” por Luis Caldeiro»