Para el amigo, maestro y camarada Manuel Martínez Llaneza (1939-2026). In memoriam.
Llueve tozudo un salario de mierda Moja las paredes sucias
y las almas materiales Nadie abre los paraguas El sol
ya es solo una metáfora Una mujer extiende la mano y
regala una caricia rota Difícil gestionar la alegría cuando
los zapatos no saben si llegarán a fin de mes. Un pájaro
reclama huelga general.
“Dies irae” (Constantino Bértolo, La revolución no es una metáfora)
Sin olvidarnos de las exitosas (¡fueron un éxito!) convocatorias feministas de huelga general de hace unos años, hacía bastante tiempo que los sindicatos de clase no hacían un llamamiento de huelga general. Unos 14 años si mi memoria ha acuñado bien la cifra
Esta vez la iniciativa ha partido del movimiento por la vivienda, del sindicato de inquilinos e inquilinas, de organizaciones juveniles marxistas y de otros colectivos en lucha. ¡Son muchas las personas, no solo jóvenes, que ya no pueden más! ¡Han convertido, siguen convirtiendo, una necesidad básica, vital en un imposible para muchos trabajadores! Los sindicatos de clase (no hablo solo de CCOO y UGT) recogieron el guante, lo hicieron suyo, y su llamamiento de huelga lo están apoyando centenares de colectivos y organizaciones sociales de todo el país, las de jubilados entre ellas. La colaboración unitaria, sin sectarismos ni desencuentros, es más necesaria que nunca.
¿Qué cabe opinar de la convocatoria, desde el punto de vista de un trabajador jubilado, como es el caso del que suscribe? No es pregunta difícil, no es necesaria mucha reflexión para responder. La reivindicación de una vivienda digna y al alcance de todos (¡mucha más inversión pública en vivienda pública que no pierda su carácter público!), de mejores salarios (empezando por un aumento del salario mínimo interprofesional) y de mejores condicionales laborales (entre ellas, la reducción de jornada), junto con la lucha contra la inflación (que merma salarios y condiciones dignas de vida para los sectores obreros más vuleranbles) y el cuidado, mejora y profundización del Estado asistencial (o de bienestar, como se prefiera): pensiones (¡nuestro salario!), sanidad pública (en claro retroceso), enseñanza pública (ibidem), dependencias, infraestructuras (los servicios de cercanías son esenciales para las clases trabajadoras), y la necesidad de una reforma fiscal que se adecúe realmente a la progresividad enunciado en el artículo 31 de la Constitución (los recortes de impuestos a los más que millonarios son un escándalo, la acumulación de riqueza de las clases pudientes y dominantes es impía, nunca como ahora), todo lo señalado, nos afecta directamente a nosotros, los trabajadores jubilados, y a nuestros hijos, nietos, familiares, amigos y conocidos. Nada de todo esto nos puede ser ajeno y más cuando sabemos, como sabemos aunque cuenten muchos cuentos y mareen con cifras manipuladas, que el presupuesto militar español (de un gobierno que se dice de coalición y progresista), supera actualmente los 40.000 millones de euros (¡y va en aumento¡), con el acuerdo, entusiasmo y aplausos de organizaciones de derecha extrema (o no tan extrema) y de patronales, la catalana por ejemplo, que aspiran a conseguir que la industria militar de la muerte y destrucción sea un eje central, así dicen, de la reindustrialización del país.
Las razones, las buenas razones, se agolpan como vemos. Parece también razonable que nuestra acciones, nuestra praxis por decirlo al modo clásico, esté a la altura de las circunstancias y en la medida de nuestras fuerzas. ¡Somos mayores, viejos, pero no somos ni estamos inactivos!.
En la mayoría de las ciudades españolas se han creado comités de apoyo y organización (en Barcelona, en la Facultad de Filología de la UB). No estaría de más una visita para conocer la situación y dar cuenta de nuestras posibilidades para el día 11N.
Está a nuestro alcance hablar con amigos y familiares explicando las razones de la huelga, lo necesario que es la participación de todos, al tiempo que echamos una mano (también económica si es necesario) en asuntos domésticos de nuestros más próximos.
Nudo importante, sin duda, es nuestra participación en las manifestaciones de la tarde. Hagamos todo lo posible para asistir. Es tarea de todos, también nuestra, conseguir que las manifestaciones del 11N por la tarde estén entre más concurridas de estos últimos años. Que se fijen en el calendario, en la historia del movimiento obrero español.
Puede ser esta una huelga con futuro, una huelga que nos una, que una a todos los colectivos y movimientos obreros y populares que luchan por una sociedad mejor y más justa. Es ciertamente una huelga que planta cara al gobierno que en muchas ocasiones, admitámoslo, no ha estado a la altura de las circunstancias ni en vivienda ni en otras políticas sociales y democráticas ni tampoco en política internacional (¿cómo es posible que aún siga vigente la ley mordaza o que la reforma laboral se haya quedado a medias?, ¿qué sentido tiene seguir apoyando al régimen de Zelenski o haber dejado desamparadi al pueblo saharaui?).
También contra la oposición PP-VOX-Junts (y afines) porque sus planes de gobierno (y sus recordadas acciones parlamentarias) pasan, lo están anunciando ya cuando se van de la lengua, por desmantelar una parte sustantiva de las conquistas obreras y populares de estas últimas décadas.
Por supuesto, es también una huelga contra las políticas laborales y económicas de las patronales (pensemos, por ejemplo, en los beneficios bancarios y de otras grandes empresas, y en la acumulación de riqueza de la alta y media burguesía española), y, es necesario decirlo, esta es una huelga contra la civilización del capital, contra este modo de vida imperial de unos pocos que toma pie en la explotación obrera, en el maltrato de muchos sectores populares, en la expoliación del Sur global, en la subordinación al Imperio, en un desarrollismo desenfrenado, desigual y ecosuicida que pone en crisis acentuada (no es una exageración, lo sabemos bien) la posibilidad de una vida vivible para nuestra especie y para otras especies vivientes.
En nuestro nombre, en nombre de los jubilados trabajadores y de muchos otros, solo cabe un NO gigantesco, rotundo. Y las acciones anexas.
A las razones esgrimidas, cabe añadir una más y muy importante. El jueves 5 de noviembre, dos días antes del 7 noviembre, una fecha que nunca dejó de recordar y celebrar, ha fallecido un luchador antifranquista, un comunista sin tacha, un militante entregado y tenaz del PCE y de otras organizaciones comunistas, Manuel Martínez Llaneza. Maestro y gran amigo de muchos de nosotros, trabajador incansable, persona generosa, gran profesor, culto hasta el exceso, polímata, gran conocedor (en serio: subrayando y tomando notas) de la obra de Marx, Engels, Lenin, Luxemburg y de tantos clásicos, gran cervantino, prolífico inventor, comunista también en la vida cotidiana, miembro de Espai Marx, Manuel ha sido un compañero imprescindible que estará en nuestras almas para siempre.
El autor de La ciencia mal-tratada y Valor y precio en Marx (pueden bajárselos en la página de Espai Marx) apoyaba claro está, así se manifestó, la huelga del 11 y hubiera estado, de poder estar, en la manifestación de la tarde. Asistamos todos y recordémoslo también en ese día de lucha. Se lo debemos. Se sentirá feliz y orgulloso si lo hacemos.
PS. Este poema, también de Constantino Bértolo, amigo suyo, sería con seguridad de su agrado (“El Viejo Topo”, La revolución no es una metáfora, p. 31). En su recuerdo y para ustedes (y con el permiso de C. Bértolo):
Mira y aguarda Ve crecer la hierba Callan los ríos
El bosque de Macbeth se detiene Están
llegando
los bárbaros Asaltan el espacio Requisan
la velocidad de la luz Un martillo
rompe salarios salas de espera
tipos de interés y márgenes de ganancia Expropia
identidades y nacionaliza los medios de producción de la
felicidad Se
disparan
las molestas subjetividades insalubres y dañinas Miles de bocas
respiran juntas Dios abdica y la fe viaja a los palacios de
invierno
Saltando sobre las condiciones objetivas la revolución
nos ama.