De diferente signo y objetivos, dos fueron los grandes movimientos sociales y políticos que surgieron de la crisis de legitimidad de la democracia demediada española nacida de la crisis económica de 2007/8: el 15M y el procés catalán. Ambos fenómenos han sido derrotados.
Del 15M surgiría: Podemos, Unidos Podemos y diferentes coaliciones de la llamada “Izquierda a la izquierda” del PSOE. Errores tanto tácticos como estratégicos, la fortaleza electoral, tras su inicial crisis, de los socialistas, y la propia capacidad política e ideológica del sistema bipartidista, llevarían, primero, al vaciamiento de la fuerza y aspiraciones del 15M; segundo, a la “institucionalización” de las organizaciones surgidas de él; y tercero, al progresivo declive electoral de dichas organizaciones.
El procés, aunque conserva resortes institucionales y el apoyo “dormido” de buena parte de la sociedad catalana, ha perdido la capacidad masiva movilizadora que tuvo y la mayor parte de su fuerza política. Las últimas elecciones catalanas son prueba de ello.
El supuesto “botón nuclear” de Puigdemont contra el gobierno central es más hipotético y demagógico que real. Si de sartenes por el mango hablamos, es más Sánchez quien enarbola el cazo que el dirigente catalán. La derrota del procés como vía a la independencia de Cataluña unilateral y en esta generación tiene varios motivos: primero, un cálculo, por parte de los independentistas, erróneo de la real correlación de fuerzas; segundo, las contradicciones y divisiones que había en su interior; tercero, la fortaleza del estado español; cuarto, la oposición de Europa; quinto, la no aceptación de su proyecto por parte de la mitad de la sociedad catalana.
Frente a esta doble amenaza, el sistema bipartidista no tardó en reaccionar. Diferentes maniobras – Creación de Ciudadanos, guerra sucia contra Podemos… y la principal: la abdicación de Juan Carlos y la llegada a la corona de Felipe – se fueron sucediendo hasta que Sánchez decidió dar entrada en su gobierno a Unidas Podemos.
El PSOE, presentado por la derecha extrema como contrario al sistema constitucional del 78, en realidad ha sido y es el protagonista y arquitecto/albañil del proyecto de cierre reformista de la que hemos llamado crisis de legitimidad parcial de la democracia demediada española. Proyecto reformista dentro de la monarquía borbónica que se muestra como el más inteligente para los que realmente mandan.
Por más que Puigdemont haga declaraciones incendiarias, por más que Junqueras llore su mala pata, los independentistas saben muy bien que la vía unilateral que caracterizó al procés es en la actualidad absolutamente inviable. Solo les queda la subasta de prebendas en el corto plazo y la vuelta a la lenta acumulación de fuerzas en el largo.
La jugada de Sánchez de incorporarlos a la gobernabilidad del estado no solo responde a su necesidad aritmética parlamentaria, sino que va más lejos y constituye una real e inteligente maniobra política: por un lado aspira a reintegrar a buena parte de los componentes del procés a la legalidad institucional con el objeto de minar su oposición al sistema político actualmente vigente; y por otro, aplica el abrazo del oso a los partidos independentistas para ir poco a poco ahogando su presencia electoral. De nuevo las elecciones catalanas han sido ejemplo de ello.
En cuanto a la “izquierda a la izquierda” del PSOE la realidad habla por sí sola: retroceso movilizador generalizado; ausencia de lazos orgánicos con los de abajo; crisis organizativa completa; división interna cainita; dirigentes quemados; declive electoral incontenible dibujan un panorama deprimente. La izquierda a la izquierda del PSOE ha pasado en unos cuantos abrires y cerrares de urnas del sorpaso al papel cada vez más manifiesto de cayado de los socialistas.
Las causas de este declive de capacidad y protagonismo político tienen razones objetivas, que valoraremos en otra entrega. Solo digamos que el “abrazo del oso” – dicho en términos politólogos: el transformismo – ha funcionado.
La punta de lanza estatal reformista introducida en Cataluña por Sánchez, vía Illa; la práctica fagotización de la “izquierda a la izquierda” del PSOE también hábilmente llevada a cabo por Sánchez, nos hablan de la sanchización de la vida política española como la más eficaz vía política para los de arriba para implementar una salida reformista y borbónica a la crisis de la democracia demediada española que ya se pierde en la distancia de los años y las derrotas.
Y también nos habla de la paralela sanchización del bloque progresista: sin Sánchez, gobierno de la Neo CEDA y todos a la oposición. La izquierda de dicho bloque, desarmada y cautiva, poco puede oponer, desde sus actuales posiciones, a esta marea Sánchez.