«Lo que debería sorprendernos es que no hayan logrado cortar Nord Stream antes»: Ola Tunander

Hintergrund, 13 de julio de 2026. El investigador sueco sobre la paz Ola Tunander conversa con Moritz Enders sobre Nord Stream, la ampliación de la OTAN hacia el este y la lucha geopolítica por el suministro energético de Europa.

HINTERGRUND. Profesor Tunander, usted sostiene que los acontecimientos en torno a Nord Stream no pueden verse de forma aislada. ¿Por qué cree usted que una mirada a la historia –en particular a los años ochenta– es decisiva para comprender el presente?

OLA TUNANDER– El secretario de Energía estadounidense William Richardson dijo en 1998: « Es muy importante que al final el mapa de los gasoductos y la política coincidan ». Hablaba de Asia Central, pero bien podría haber sido una declaración estadounidense general sobre gasoductos. Los gasoductos conectan un Estado con otro. Son un puente que crea una interdependencia que allana el camino para una cooperación estrecha y una coexistencia pacífica. De manera similar a como la Comunidad Europea del Carbón y del Acero en los años cincuenta, y más tarde la UE, generaron confianza e interdependencia entre los antiguos enemigos de la Segunda Guerra Mundial, el gasoducto soviético-alemán occidental de los años ochenta abrió el camino a una interdependencia germano-soviética.[1] Creó confianza entre los enemigos de la guerra fría; de hecho, contribuyó a su fin hacia 1990. A partir de 1985, Mijaíl Gorbachov inició conversaciones con los alemanes, luego con los británicos y los usamericanos. Pero existía una importante élite de poder en USA , Gran Bretaña y partes de Europa que quería mantener a Rusia como enemiga. Ya en 1981 reconocieron que los nuevos gasoductos soviético-alemanes occidentales crearían dependencias entre europeos y rusos, debilitando la influencia estadounidense en Europa. Y según el entonces asesor de seguridad nacional Richard Allen y su adjunto Tom Reed, ya en 1982 eran capaces de destruir gasoductos. Mientras el presidente George H. W. Bush y su secretario de Estado James Baker aseguraban a Gorbachov que la OTAN no se ampliaría hacia el este, su secretario de Defensa Richard «Dick» Cheney presionaba para la ampliación de la OTAN y el corte de los gasoductos. Como vicepresidente, Cheney intentó en 2006 detener la construcción del primer gasoducto Nord Stream, y la entonces secretaria de Estado Condoleezza Rice dijo en 2014 en la televisión alemana que Alemania debía cambiar su dependencia energética y sustituir el gas ruso por gas estadounidense. La dependencia alemana del gas ruso barato era inaceptable para USA. A partir de 2016, USA comenzó a producir masivamente gas natural licuado (GNL) para que Alemania pudiera reemplazar el gas ruso por gas estadounidense. El ex embajador de USA ante la ONU y asesor de seguridad nacional de Donald Trump, John Bolton, dijo que Trump debía haber tomado una decisión sobre Nord Stream –pero no hizo nada. «Deberíamos haberlo cortado durante la administración Trump», afirmó Bolton. Los altos cargos del Congreso y del gobierno decían que había que eliminar el gasoducto. El presidente Joseph Biden declaró en febrero de 2022 que ya no habría gasoducto Nord Stream. Sin embargo, Trump proclamó en 2024 que él fue quien «detuvo el gasoducto». Biden, en cambio, lo había aprobado nada más llegar al cargo, dijo Trump.

El presidente Reagan con su director de la CIA William Casey, el secretario de Defensa Caspar Weinberger y el asesor de seguridad nacional Richard Allen; el presidente Bush con el secretario de Defensa Dick Cheney y el asesor de seguridad nacional Brent Scowcroft; y el presidente George H. W. Bush con el vicepresidente Cheney y la futura secretaria de Estado Condoleezza Rice, alumna de Scowcroft; todos estaban en contra del gasoducto. Ya en los últimos años, el presidente Biden con la protegida de Cheney, Victoria Nuland, y el protegido de Rice, Bolton, y el propio presidente Trump, han intentado detener el gasoducto para evitar interdependencias entre Europa y Rusia. Lo que debería sorprendernos más es que no hayan logrado cortarlo antes.

HINTERGRUND– ¿Puede entenderse el conflicto actual por la energía en Europa solo si se mira la fase final de la guerra fría?

TUNANDER– La influencia estadounidense en Europa dependía principalmente de la percepción de Rusia como enemiga. USA se presentaba en Europa como una «potencia protectora», y esta era la única manera de convertir la superioridad militar estadounidense en influencia política. La confianza mutua entre europeos y rusos –tras la construcción del gasoducto– reduciría la influencia estadounidense. Perderían su estatus geopolítico especial y, aunque seguirían siendo una gran potencia económica, se convertirían en un país completamente normal.

Hemos tenido diversos gobiernos en USA , pero desde los años ochenta, las élites del poder usamericanas han seguido la misma estrategia general: desacoplar a Europa de Rusia. En última instancia, este intento de desacoplamiento se remonta a principios del siglo XX, a la geopolítica británico-estadounidense de Halford Mackinder, quien en 1919 sostenía que era necesario que las potencias marítimas –Gran Bretaña y luego USA – controlaran las franjas europeas para contener el «corazón» (Rusia o más tarde la Unión Soviética). Se consideraba a Rusia expansionista, y lo fue hasta bien entrado el siglo XX. Esto significa que una alianza entre Alemania y Rusia debía evitarse a toda costa. Esta idea fue retomada en 1998 por el ex asesor de seguridad estadounidense Zbigniew Brzeziński, quien sostenía que el control occidental sobre Europa Central y, sobre todo, Ucrania, era crucial para impedir un imperio ruso. Históricamente, el objetivo de USA y Gran Bretaña era desacoplar a Europa de Rusia y separar a Alemania de Rusia, y con los gasoductos germano-rusos a partir de los años ochenta, esto ya no era posible.

HINTERGRUND– En los años ochenta surgió una cooperación gasística a gran escala entre Europa Occidental y la Unión Soviética. Políticos como Helmut Schmidt apoyaron este enfoque como parte de una estrategia de estabilidad más amplia. ¿Qué hacía estratégicamente tan significativa esta relación energética en aquella época?

TUNANDER– Para el canciller Helmut Schmidt, el gasoducto era importante para crear estabilidad y confianza en Europa, mientras que la administración Reagan quería estrangular económica y tecnológicamente a la Unión Soviética. Peter Schweizer escribió en 1994 en su libro Victory que ya desde principios de 1981, el director de la CIA Casey y el secretario de Defensa Weinberger querían detener el gasoducto, mientras que el secretario de Estado Alexander Haig argumentaba que USA no podía enfrentarse a toda Europa. Schweizer describe la visita del presidente Reagan al canciller Schmidt en junio de 1982: « Mientras [Reagan] hacía una apasionada petición [para restringir el funcionamiento del gasoducto], Schmidt miraba por la ventana –e ignorándolo deliberadamente». Schmidt no había tratado a Reagan como a un presidente estadounidense. «Eso fue un error», escribió Schweizer.

El corresponsal de UPI Richard Sale contó más tarde, en una entrevista con el periodista de investigación Dirk Pohlmann, que poco después, el subsecretario de Defensa Richard Perle se acercó al dividido Partido Democrático Libre (FDP) y les ofreció apoyo financiero si reemplazaban su alianza con Schmidt por una alianza con la CDU de Helmut Kohl. El FDP aceptó la oferta, y Kohl asumió el cargo de canciller el 1 de octubre de 1982. Sin embargo, el problema para USA era que Kohl también apoyaba el gasoducto. El gasoducto creó confianza entre los dirigentes alemanes y soviéticos, convirtiéndose así en una base material para el fin de la guerra fría.

HINTERGRUND– ¿En qué medida reflejó esta política un enfoque específicamente europeo –quizás incluso alemán– para equilibrar la seguridad y la cooperación económica durante la guerra fría? ¿Y puede la interdependencia económica a través de infraestructuras energéticas contribuir efectivamente a la paz y la estabilidad?

TUNANDER– Para Alemania, Rusia siempre será un vecino cercano. No podemos cambiar la geografía. Rusia y Bielorrusia están a las puertas de Alemania, solo Polonia en medio. Mantener una buena relación con Rusia fue siempre la « Realpolitik » alemana. La alianza energética ruso-alemana creó interdependencias durante la guerra fría y reforzó los intereses comunes europeo-rusos y la estabilidad en el continente. Alemania se desarrolló tras la Segunda Guerra Mundial en estrecha cooperación con otros países europeos y dentro de la UE, pero también tiene intereses comunes con Rusia en muchos ámbitos. El intercambio de gas ruso barato por productos de alta tecnología alemanes benefició a ambos países. En las últimas décadas, Rusia y Alemania han evitado aventuras militares. La invasión de Ucrania en 2022 fue una reacción directa a la exigencia de USA de admitir a Ucrania en la OTAN. Destacados usamericanos, como el fundador de la política de contención de la OTAN George Kennan y el ex secretario de Defensa William Perry, advirtieron de las graves consecuencias de la ampliación de la OTAN hacia el este. La propia canciller Angela Merkel entendía que Rusia interpretaría la adhesión de Ucrania a la OTAN como una « declaración de guerra ». Rusia quería una «Ucrania neutral» como amortiguador para impedir el despliegue adelantado de sistemas de armas usamericanos. «Todo lo demás era cosmética», dijo un negociador ucraniano en la primavera de 2022. Hasta entonces, no había ambiciones agresivas por parte de Rusia. Preservar una relación pacífica con Rusia debería ser una prioridad máxima para Alemania, y el gasoducto era el puente que habría podido mantener la paz.

HINTERGRUND– ¿Por qué podrían haber sido percibidas como problemáticas por USA unas relaciones energéticas más estrechas entre Europa y Rusia?

TUNANDER– USA , así como los británicos, siempre han afirmado que existe una «amenaza rusa» para Europa, y después de la Segunda Guerra Mundial esto parecía cierto en cierto sentido. La Unión Soviética había ocupado Europa Central y Alemania Oriental desde 1944 como consecuencia de la invasión fascista. Una élite estadounidense, así como los británicos, planearon en mayo de 1945 un ataque masivo contra la Unión Soviética, la «Operación Impensable». Los rusos no querían otra guerra en suelo ruso y veían Europa Central como una zona de amortiguación. Aunque esto no se ajustaba al derecho internacional, tampoco reflejaba una agresión soviética. La superioridad militar estadounidense durante la guerra fría y la ventaja estratégica británica no podrían haberse convertido en influencia política si no hubiera habido una amenaza militar directa para Europa. Por eso afirmaban que existía una «amenaza rusa» contra la que debían proteger a Europa. Los gasoductos entre Rusia y Europa parecían hacer irrelevante la percepción angloamericana de la amenaza. Para ellos, se hizo necesario «cortarlos», citando a Bolton.

HINTERGRUND – ¿En qué medida afectó la ampliación de la OTAN hacia el este a la confianza entre Rusia y Occidente?

TUNANDER– Fue el mismo grupo de políticos usamericanos los que querían ampliar la OTAN y cortar los gasoductos ruso-alemanes. Cheney, como secretario de Defensa y luego vicepresidente, quería ampliar la OTAN. No solo quería desmembrar la Unión Soviética e incorporar a las antiguas repúblicas soviéticas en la OTAN, sino que quería despedazar a Rusia, como dijo el entonces director de la CIA Robert Gates. Cheney quería eliminar a Rusia como gran competidor, y ya quería detener el primer Nord Stream a partir de 2006. Su protegida y luego asesora política Victoria Nuland desempeñó un papel central desde 2014 en el acercamiento de Ucrania a la OTAN, y tuvo un papel importante en la destrucción de los gasoductos Nord Stream en 2022. Retrospectivamente, podemos decir que los planes de extender la OTAN hasta la frontera rusa y estacionar sistemas de armas usamericanos cerca de Moscú provocaron la guerra rusa en Ucrania. Esto ha llevado a una pérdida total de confianza entre Occidente y Rusia, lo que probablemente fue un requisito para que la élite política alemana aceptara la voladura de Nord Stream y la sustitución del gas ruso relativamente barato por el GNL estadounidense mucho más caro.

Cuando el presidente Biden dijo en febrero de 2022: «No habrá más Nord Stream 2, pondremos fin al gasoducto […] Se lo prometo, lo haremos », el canciller Olaf Scholz estaba a su lado y dijo que se actuaría de común acuerdo con los amigos usamericanos. La élite alemana parecía aceptar la destrucción estadounidense del gasoducto y la destrucción de la economía alemana.

HINTERGRUND– ¿Qué importancia tiene el control de las rutas e infraestructuras energéticas como factor a largo plazo en la política de poder mundial? A menudo se describe a los gasoductos como algo más que simples proyectos económicos. ¿Qué los convierte en instrumentos geopolíticos tan poderosos?

TUNANDER– En mi respuesta a su primera pregunta, cité al ex secretario de Energía estadounidense Richardson, quien dijo: «Es muy importante que al final el mapa de los gasoductos y la política coincidan». USA ha intervenido en un país tras otro y ha impulsado cambios de régimen para que «la política correcta resulte », porque también querían controlar los gasoductos y, hoy en día, incluso el transporte de petróleo, porque USA quería poder estrangular a un competidor para obligarlo a someterse. La idea del presidente Trump de controlar el petróleo de Venezuela e Irán y controlar el transporte petrolero apunta principalmente a estrangular a China, a forzar a China a someterse. Para USA , se hizo necesario cortar Nord Stream para desacoplar a Europa de Rusia. Solo cortando Nord Stream era posible restaurar el pleno control estadounidense sobre Europa.

HINTERGRUND– En este marco histórico más amplio, ¿debe entenderse Nord Stream como una continuación de una cooperación anterior o, desde el principio, como una fuente de conflicto geopolítico? ¿Y por qué se convirtió Nord Stream en un proyecto políticamente tan sensible y controvertido?

TUNANDER– Para la gente de Cheney con Nuland, Rice y Bolton, Nord Stream era inaceptable desde el principio. Había que cortarlo para evitar la influencia rusa. O mejor dicho: había que sustituir la cooperación ruso-alemana por el control estadounidense, atando a Alemania a los suministros de gas usamericano, y « es hora de hacerlo ahora », como Rice ya dijo a los alemanes en 2014. Si bien está muy claro que Nord Stream beneficiaba tanto a Alemania como a Rusia, también limitaba la influencia y el control usamericanos sobre Europa. La voladura de Nord Stream ha convertido a Alemania en un vasallo de USA. Es notable que Rusia no contraatacara. Los rusos podrían haber destruido fácilmente el Baltic Pipe – el nuevo gasoducto desde los campos noruegos a Polonia, que reemplazó en parte a Nord Stream y fue inaugurado al día siguiente de la voladura de Nord Stream. Los rusos fueron extremadamente cautelosos. El ex secretario de Estado estadounidense Haig dijo sobre los rusos: «Me quedé sin palabras ante su paciencia».

HINTERGRUND – ¿Qué preguntas centrales deberían plantearse en relación con la voladura de Nord Stream, más allá del simple « ¿Quién lo hizo? »?

TUNANDER– Debería preguntarse: ¿Quién se beneficia de ello? Y: ¿Quién ha intentado destruir los gasoductos ruso-alemanes durante 40 años? Debería preguntarse: ¿Quién intentó volar el gasoducto con anterioridad? ¿Quién estuvo plenamente ocupado en los años anteriores a la voladura en destruir la alianza energética ruso-alemana? Y: ¿Qué personas celebraron después la voladura del gasoducto? Todos proceden del mismo país o países, y de la misma élite de poder.

HINTERGRUND– ¿Y quién lo hizo? ¿Quién destruyó los gasoductos?

TUNANDER– Sabemos que el periodista estadounidense Seymour Hersh ha afirmado que buzos de la marina estadounidense de Panama City, Florida, colocaron cargas explosivas con temporizadores, que debían ser activadas por una señal codificada, durante el ejercicio de desminado BALTOPS-22 al este de la isla danesa de Bornholm en junio de 2022. Aunque el ejercicio en sí solo requería inmersiones en superficie, sabemos que los buzos usamericanos operaron desde el barco noruego Magnus Lagabøte, equipado con una cámara de descompresión para inmersiones profundas, y que bucearon sobre los gasoductos. También sabemos que los aviones que abandonaron el ejercicio BALTOPS-22 volaron no solo a la Estación Naval de Norfolk, cerca de Washington, sino también a Panama City, Florida. Como dijo la fuente de Hersh, esos buzos venían de allí.

Pero también sabemos que un pequeño velero, el Andromeda con bandera ucraniana, llevaba una tripulación con buzos ucranianos, que supuestamente colocaron explosivos en los gasoductos en septiembre, semanas antes de las explosiones. Sin embargo, no está claro por qué habrían elegido hacerlo a 80 metros de profundidad, cuando no disponían de equipo para inmersiones profundas, y los gasoductos en el sur del Báltico discurren en su mayor parte por aguas poco profundas de 30 a 50 metros. La decisión de colocar las cargas a 80 metros no pudo haber sido suya.

También sabemos que un gran buque de guerra estadounidense, el Kearsarge de 257 metros, con capacidades de buceo profundo y con su AIS apagado, apareció en el lugar de las explosiones los días 20 y 21 de septiembre, menos de una semana antes de las explosiones. Sabemos que al día siguiente, un barco ruso, el SS‑750, con capacidad para transportar un pequeño submarino, se dirigió a la misma zona, pero fue aparentemente expulsado por unidades navales danesas y suecas después de haber sido advertidos por Roman Tschernowski, el supuesto «organizador del viaje de buceo ucraniano», como escribe el periodista del Wall Street Journal Bojan Pancevski.

También sabemos que las investigaciones danesa y sueca se cerraron sin conclusiones. Además, sabemos que tanto Tschernowski como su superior, el ex jefe del servicio secreto ucraniano Wassyl Burba, tenían estrechos vínculos con figuras centrales de la CIA.

Y sabemos que la marina estadounidense realizó, durante las tres noches anteriores a las explosiones, una operación especial sobre la zona de Bornholm y el sur del Báltico con un avión P‑8 Poseidon, procedente de Sicilia y estacionado temporalmente en Nordholz, cerca de Cuxhaven (Alemania). El P‑8 podría haberse utilizado para lanzar una boya sonar, enviar una señal codificada y activar los detonadores. Las bombas debían activarse de una u otra manera, y una señal codificada era un método seguro para hacerlo.

Los usamericanos también llevaron a cabo una operación con un segundo P-8 Poseidon desde Keflavik, en Islandia. Este P‑8 estaba encargado del Atlántico Norte, pero en este caso fue utilizado para vigilar la zona de la primera explosión durante cinco horas durante la noche y la madrugada del 26 de septiembre. El avión llegó a la región al este de Bornholm una hora después de la explosión, y comenzó su ruta hacia la zona objetivo dos horas antes de la explosión. Fue reabastecido en vuelo sobre Polonia por un avión cisterna estadounidense que despegó de la base de la Fuerza Aérea en Spangdahlem (Alemania) en el momento exacto de la explosión. El reabastecimiento era necesario para una patrulla prolongada. A las 9 horas sobrevoló el lugar de la explosión por última vez a baja altura, y luego ascendió inmediatamente a 10.000 metros y regresó a Keflavik. La decisión usamericana de vigilar la zona de la explosión durante cinco horas se tomó mucho antes de la primera explosión. Posteriormente, buques usamericanos participaron en el examen del lugar, mientras que a la empresa Nord Stream se le negó el acceso a su propio gasoducto. USA estuvo definitivamente directamente implicado en la operación.

Debido a la historia de 40 años de intentos usamericanos de perturbar los gasoductos ruso-alemanes, y debido a las actividades usamericanas días antes de las explosiones, la noche de la primera explosión y después de las explosiones, USA tiene casi con certeza la responsabilidad principal de la destrucción de Nord Stream. O, citando al ex ministro de Asuntos Exteriores polaco Radosław Sikorski, que tuiteó sobre una foto del gas escapando de Nord Stream: «Gracias, USA».

Pero también es probable que los británicos estuvieran informados, debido a su papel tradicional en el reconocimiento en el mar Báltico, mientras que tanto polacos como ucranianos parecen haber contribuido a la operación. Agentes de inteligencia de Noruega, Dinamarca y Suecia también podrían haber estado involucrados, e incluso quizás de Alemania. Todos parecen haber tenido su mano en el asunto, aunque no hayan sido sorprendidos in fraganti.

Nota

[1] Ya el 1 de octubre de 1973, un gasoducto soviético se conectó por primera vez a la red de la Ruhrgas AG.

OLA TUNANDER es profesor emérito del Instituto de Investigación para la Paz de Oslo. Sus áreas de investigación son la geopolítica, la estrategia marítima, la política de seguridad, la teoría del Estado, el engaño, el control de la percepción y las operaciones psicológicas. Es autor de unos 15 libros, incluyendo obras sobre la estrategia marítima de USA, la cooperación en la región ártica europea, la geopolítica en la Europa posterior a la guerra fría, las maniobras de diversión mediante submarinos usamericanos y británicos, así como sobre la guerra en Ucrania y el derecho internacional.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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