“Ceuta como síntoma” por Ernesto Gómez de la Hera

Pocos hechos acumulan tantas explicaciones-justificaciones como los sucedidos estos días en Ceuta. La mayoría de ellos proceden de partes interesadas, gobiernos (de aquí, de allá y de acullá), fuerzas políticas, medios de manipulación de masas, oscuras agencias,… Pero también abundan los procedentes de fuentes particulares, si bien aquí no vamos a detenernos mucho en estos, pues o caen en la paranoia conspiranoica o son totalmente disparatados. Además los que pueden ejercer influencia, o al menos aspiran a ejercerla, son los primeros.

En esos hemos asistido a giros de guión, pues se ha pasado del encogimiento de hombros y la falta de reacción (nuestro Gobierno) a las lágrimas de cocodrilos por los desafortunados usados como carne de cañón -con más de un centenar de muertos- para quebrar la frontera española. También hemos visto como lo que es una clara operación política se transmutaba en una crisis migratoria por parte de un buen número de gobiernos comunitarios. O como el Presidente del Gobierno hablaba de agresión mientras olvidaba decir quien es el agresor. Otros han señalado a una operación de muy altos vuelos, implicando en ella a los gobiernos de Washington y Tel-Aviv y a sus agentes. Luego, ya en lares más inmediatos a nosotros, están quienes insinúan que hay que utilizar la fuerza bruta, mostrando así que su cabeza les sirve más para embestir que para pensar. Por fin podemos contar con quienes (los consocios de “izquierda” de nuestro Gobierno) hacen sesudos análisis de la situación sociopolítica marroquí, pero no se les ocurre pensar en que ellos son responsables ante los españoles, también ante los de Ceuta, y no ante los marroquíes.

Sin embargo, sin excepción, todas esas explicaciones-justificaciones están destinadas a cubrirse ante la opinión pública (cada uno ante la suya) y a culpar a otro. Es decir, todos son conscientes de la gravedad de lo sucedido y de que tendrá consecuencias políticas, pero carecen de respuestas eficaces, así que se dedican a esparcer cortinas de humo. No obstante, estas cortinas de humo dejan ver bastante del panorama, si lo miramos sin ideas preconcebidas y usamos un poco nuestros cerebros.

Ya hemos afirmado que lo sucedido es una operación política y que la avalancha migratoria ha sido poco más que el instrumento elegido -como en ocasiones anteriores- por el gobierno marroquí para poner en un brete al gobierno español. De colaboración en esta operación se pueden tildar todos esos finos análisis que ponían en el centro a los agentes de Washington y Tel-Aviv, pues no es creible que estos pudieran tomar las decisiones. La decisión sólo se podía tomar en Rabat (y no por ninguna de esas mafias anónimas insinuadas por el Dr. Sánchez) al más alto nivel. Y esto es así por cuanto nadie podía desconocer en Marruecos las consecuencias dañinas que, en cualquier caso, tendría la operación para ellos, tanto por el desgaste de sus socios si la apoyaban, como por el sufrido ante su propio pueblo. Ya que los marroquíes también advierten si cuentan o no para su gobierno y este, por más dictatorial que sea, no puede desconocer esta realidad. A pesar de ello decidió lanzarla calculando que el beneficio superaría al daño, algo que sólo el transcurso de más tiempo podrá aclarar. Lo otro, decir que la operación se decidió en otro lugar, es rebajar al gobierno marroquí a la categoría de títere y, por más que sea un socio subordinado, no es así. Es cierto que EE.UU. y el estado sionista no tienen ninguna simpatía por el nuestro actual gobierno, pero sus agentes están ahora ocupados en tareas que les conciernen más. Marruecos, sencillamente, se limitó a aprovechar esa falta de simpatía de la que son harto conocedores. Por lo demás hay que tener en cuenta que quienes han hecho circular esa versión son los propios enemigos españoles de nuestro gobierno, por aquello de mostrar que ellos sí serían bienquistos en Washington y Tel-Aviv (lo que prueba bastante de sus características). Al tiempo que dan a entender que, sirviendo a tales amos, es Marruecos quien tiene la sartén por el mango. Lo que, aparte de ser falso, pone muy en entredicho su proclamado “patriotismo”.

Algunos, no los de más relieve político sin embargo, de estos ardientes “patriotas” han llamado al uso de la fuerza para detener la “invasión”. No quieren recordar que un gobierno admirado por ellos, enfrentado a hechos muy similares en el otoño de 1975, retrocedió con el rabo entre las piernas y sin disparar un solo tiro. Es verdad que la explicación tradicional en España (dada incluso por históricas personalidades democráticas) es que fue así por indicaciones recibidas de Washington. Lo que es tornar a decir que España carece de recursos políticos en su relación con Marruecos y está obligada a ceder en todo. Las repercusiones que todo esto ha tenido en la UE, donde todos han fingido que se trataba de una crisis migratoria (lo que es más entendible y preocupa mucho más a los electores), profundiza más en esta valoración y sensación de abandono. Y si aquí recordamos que el famoso artículo 5 del Pacto Atlántico no se aplica a Ceuta y Melilla la profundidad aún será mayor.

Seguramente son estas valoraciones, pues el Dr. Sánchez no tiene escrúpulos, mas no es tonto, las que subyacen al famoso y jamás explicado en el Congreso, giro del Gobierno social y de progreso en contra del pueblo saharaui, así como su sometimiento a las humillaciones recibidas desde Rabat. Se trata, sin duda, de un cálculo político y no de ningún chantaje personal, como dicen muchos. Pero es un cálculo político muy erróneo, aparte de ser indignante para una gran parte de los españoles. Es posible que esta razón ya se haya empezado a abrir camino, pues las imágenes de Ceuta son muy esclarecedoras. Puede que el Gobierno, que siempre está en modo electoral, comience a entender que en esto hay una fuga de votos mayor que la producida por todos los casos de corrupción habidos y por haber. Puede que ello esté también detrás de las declaraciones realizadas por la ministra de Defensa. Aunque todo llega ya tarde y es muy poco creíble viniendo de quienes viene.

Desde luego España y Marruecos, por su cercanía y el gran abismo económico que existe entre sus sociedades, no pueden tener una relación fácil. Y España no puede fiar en ningún apoyo real (si se diera una crisis más fuerte y abierta) por parte de sus aliados en la UE y en la OTAN. Pero esto no significa que no tenga ninguna carta que jugar. Marruecos es una sociedad mucho más desvertebrada que la española, tanto por la pobreza que afecta a la inmensa mayoría de su población (por algo ellos quieren venir aquí y no al revés), como por ser una dictadura. Y ya ha visto que su operación de Ceuta está teniendo costos. España sólo tiene un problema propio de desvertebración, que es la división centenaria de su bloque de poder, donde uno de sus sectores no está realmente integrado y siempre ha tenido tentaciones de correr su propia suerte (fuera de los años treinta del pasado siglo, cuando vieron su dominio histórico en peligro). Problema serio, pero tratable.

Ciertamente Marruecos puede abrir su frontera en nuevas ocasiones, pero cada vez el costo político será mayor para ellos (el costo en muertos no le importa nada al gobierno marroquí). Y ¿España? ¿Qué puede hacer España? Lo primero dejar claro que no se va a ceder, ni en Ceuta, ni en Melilla, ni en las aguas jurisdiccionales de Canarias, a ninguna presión. Y que estas serán respondidas. Ya es tarde para hacer algo respecto a Tánger-Med, ese puerto hub” construido con fondos comunitarios a 10 millas de Algeciras, pero no es tarde para usar el arma que más temen en Rabat: el reconocimiento de la RASD y el apoyo directo al pueblo saharauí. Esto, junto a una mejora real de las relaciones con Argelia, son medidas que deben usarse con mesura y de modo escalonado, pues es así como pueden servir de palanca de presión. Otra medida muy útil sería usar los mecanismos condicionantes que tienen los acuerdos de la UE para dificultar el paso de mercancías hortofrutícolas marroquíes por España. Y no es baladí recordar que las empresas dueñas de esas mercancías producidas en Marruecos suelen tener un socio capitalista español, por más que obligado a pagar la correspondiente “mordida” allí. Y esto ayudaría mucho a eliminar las capacidades de intoxicación mediática que estos empresarios ejercen aquí en favor de Rabat.

Para terminar no estaría de más obligar al CNI (del que no se sabe si no estaba enterado o el Gobierno le dijo que no lo estuviera) a que justifique su existencia, más allá de inventarse chismes antichinos en Ferrol. Claro que esto requeriría una gran transformación, pues no en vano hubo un jefe de eso que llegó al despacho directamente desde su embajada en Rabat y que, ¡sorpresa!, acabó su carrera como embajador en Washington. Estas son las verdaderas conspiraciones de todos los días con las que hay que terminar para que las relaciones entre España y Marruecos sean más equilibradas.

https://www.cronica-politica.es/ceuta-como-sintoma/.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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