“Premiar al inmigrante, si se lo merece” por Francesc Valls (con nota de José Luis Martín Ramos)

El País, 29/08/2026. “Disparar contra el forastero pobre se ha convertido en una indigna caseta de tiro sobre la que Junts también quiere derechos de explotación.”

La crisis migratoria de Ceuta ha vuelto a abrir la caja de los truenos en la derecha nacionalista. Aprovechando la coyuntura y mientras la xenófoba Aliança Catalana aumenta expectativas, Junts volverá a presentar en el Congreso su propuesta para que la Generalitat tenga competencias en inmigración y ha renovado sus votos en esta materia exigiendo un plus de arraigo a los recién llegados si quieren gozar de las mismas ventajas que los ya felizmente arraigados. Como dijo hace unos días Salvador Vergés, portavoz de Junts en el Parlament, “si un niño está enfermo hay que curarlo”, pero el acceso a la vivienda u otras ayudas sociales “deben ser un premio por los deberes cumplidos”. “Si la persona recién llegada no muestra esta voluntad y capacidad de integración, estas prestaciones no deben estar a su alcance”, agregó Vergés.

O sea, el acceso a determinado tipo de ayuda no debe estar en función de la situación socioeconómica en que se halle la persona, o si está o no en posesión de un permiso de residencia y trabajo, sino que debe ser un “premio” a “su voluntad y capacidad de integración”. La postura de Junts no es nueva. Su oposición —junto al PP y Vox— al decreto de regularización de inmigrantes ya arrojaba algo de luz sobre cómo debía ser esa adhesión inquebrantable: votaron en contra por no exigir el conocimiento del catalán a quienes iban a regularizar su situación. Lo cierto es que el texto en cuestión no exigía el dominio de ninguna lengua —ni castellano, catalán, eusquera o gallego—, sino que se limitaba a dar el plazo de un año —hasta la primera renovación del permiso de residencia— para iniciarse en el aprendizaje de las lenguas oficiales de las distintas comunidades autónomas. Es decir, Junts se embozaba en la lengua para coincidir con lo que la ultraderecha y la derecha extrema exhiben a diario y sin complejos: el miedo al otro, a que la mítica gran sustitución acabe reemplazando a los “autóctonos” por los “forasteros”.

En realidad, esa línea de pensamiento tiene ancestros ideológicos, más allá de los pogromos contra judíos o moriscos. Hermenegild Puig Sais, que presidió la Academia de Ciencias Médicas de Cataluña en 1915 así como el Sindicat de Metges, sostenía que era necesaria una frontera entre Cataluña y España para el control de la inmigración. Puig Sais depositaba entonces su confianza en la alianza entre la burguesía catalana y la Iglesia católica para impedir la inmigración y que los obreros autóctonos no desmadraran, tuvieran muchos hijos (mano de obra) y, por tanto, proponía castigar el control de natalidad promovido por los neomaltusianos como un crimen de esa patria y esa humanidad, explica el historiador Eduard Masjuan. Cataluña sería, así, una idílica colonia fabril: con su Iglesia, su buen patrón, sus obreros poblando ese mundo —explotadamente feliz— con sus hijos y, eso sí, un cuartel de la forastera, pero fiel, Guardia Civil en las afueras, por si acaso.

En la Cataluña moderna siempre ha existido un catalanismo convencido de que, sin forasteros, sin “agitadores castellanos o murcianos”, el país sería una balsa de aceite, una visión conspiranoica que Joan Maragall combatió con energía en sus artículos sobre la Semana Trágica. Estos días se cumplen 120 años de la publicación en el diario de la Lliga La Veu de Catalunya de —la “irritante”, según el historiador Joan Lluís Marfany— glosa Repulsió dels forasters, en la que Eugeni d’Ors enfrentaba el seny autóctono a las tendencias disgregadoras externas. La finura noucentista ha degenerado con los años en exponentes más de brocha gorda, como Heribert Barrera o Marta Ferrusola.

¿Se confunde deliberadamente integración con sumisión? ¿Se pueden pagar sueldos de 5 euros por hora y pretender agradecimiento eterno por estar en esta “tierra de acogida”? Ser pobre, —actualizando y parafraseando a Francesc Candel— sigue sin ser una ganga, aunque el migrante viva, trabaje y pague sus impuestos en Cataluña. Disparar contra el forastero pobre se ha convertido en una indigna caseta de tiro sobre la que Junts también quiere derechos de explotación.

https://elpais.com/espana/catalunya/2026-08-29/premiar-al-inmigrante-si-se-lo-merece.html.

Nota de José Luis Martín Ramos:
Lamentablemente no solo fueron Puig Salas o D’Ors. También Pau Vila firmó en su momento una infamia, junto a Josep Serra Rafols o Batista i Roca, un texto presentado a Companys en 1938 en el que se decía: “És tal la gravetat d’aquest problema que arribem a creure que si guanyem la guerra, però aquesta massa de refugiats resta a la nostra terra i es barreja amb el nostre poble, seria com si Catalunya fos vençuda”.
Se referían a los refugiados procedentes de otras zonas de la España republicana.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *