Sobre el petróleo venezolano, sobre el «gran acuerdo»

Una nota complementaria de Carlos Valmaseda (30/08/2026)

Un hilo de AMDLT que va en la línea de lo que apuntaba en mi comentario inicial: ese petróleo hay que sacarlo, tras años de sanciones el sistema petrolero venezolano estaba en las últimas y necesita una fuerte inversión, que veremos si harán las compañías estadounidenses y, como corolario, nunca jamás hay que hacer caso de nada que diga Trump o su gobierno. O es mentira o es un elemento de presión en función de sus necesidades del momento.

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65.000 MILLONES DE BARRILES QUE EEUU NO VA A PRODUCIR: LA REALIDAD MATERIAL DEL ACUERDO CON VENEZUELA
1. EL TITULAR Y LA CIFRA QUE NO RESISTE EL CÁLCULO
Ayer el mundo se despertó con el anuncio de Donald Trump en redes sociales: «el mayor acuerdo petrolero de la historia». El titular hablaba de 65.000 millones de barriles de reservas probadas bajo control mayoritario estadounidense. En cuestión de horas, los medios occidentales lo reproducían sin matices, con la disciplina de quien sabe quién le da de comer. La verdad no les resulta rentable. El titular del amo, en cambio, se vende solo. Y el miedo también.

La cifra sonaba a jugada decisiva. El cálculo la desmonta. Venezuela produce hoy 1,23 millones de barriles diarios. El propio acuerdo fija un objetivo de 1,5 millones de barriles diarios durante 25 años. Eso da, como mucho, 13.700 millones de barriles. Ni una cuarta parte de los 65.000 millones que Trump vende como conquista histórica. La realidad es que el cazador ha sido cazado por su propia desesperación de intentar evitar una depresión que ya no es evitable.

Mientras tanto, Ormuz sigue cerrado. Y cuando se reabra, el petróleo que cruce el estrecho ya no se pagará en dólares, sino en yuanes o en criptomonedas, bajo las condiciones que imponen Irán y Omán. El imperio cuenta barriles bajo tierra mientras pierde los que flotan.

2. EL PROPIO ACUERDO SE CONTRADICE A SÍ MISMO
Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela, fijó el marco real del pacto en una dirección televisada a la nación: 25 años de duración, con un objetivo de producción de 1,5 millones de barriles diarios. No hace falta ningún cálculo externo para desmontar el titular de Trump. Basta con mirar lo que la propia Caracas reconoció. Trump vende un océano y el contrato dice que es un charco.

El otro 79% de la reserva anunciada queda fuera del horizonte temporal que el propio acuerdo establece. No es que vaya a tardar en llegar. Es que no está previsto que llegue dentro del pacto que lo anuncia. El acuerdo victorioso, cacareado por los medios occidentales, no es más que papel mojado para aplacar a una ciudadanía enfurecida ante el aumento de los precios del combustible, harta de que las guerras de su país salgan de sus bolsillos.
Rodríguez calculó también los ingresos: 209.000 millones de dólares para Venezuela, a 19 dólares por barril, sobre un precio de referencia de 65 dólares que ella misma reconoció que puede fluctuar. Una estimación construida sobre un precio que no está garantizado.

3. LO QUE EL ACUERDO NO TOCA

Mientras Washington presenta reservas bajo tierra en Venezuela como solución, el terreno donde de verdad se juega la hegemonía estadounidense sigue exactamente igual. O peor. El imperio busca oxígeno donde solo queda barro.

El estrecho de Ormuz continúa cerrado y bajo control decisivo de Irán y Omán. El acuerdo entre Teherán y Mascate es claro: cuando se reabra, el petróleo entrará por Irán, saldrá por Omán, y se pagará en yuanes o en criptomonedas. No en dólares. La hemorragia no se tapa con un contrato basado en proyecciones hipotéticas a 145 años.

China sigue vendiendo bonos del Tesoro al ritmo que le conviene, y ninguna reserva petrolera venezolana compra un solo bono de vuelta. La deuda pública estadounidense, 40 billones de dólares, sigue su curso propio, y ese curso responde a política fiscal y monetaria interna, no a un yacimiento a medio desarrollar en otro hemisferio. Una deuda que se mide en semanas no se paga con un pozo que se mide en siglos.

4. EL CAZADOR CAZADO

El acuerdo depende de una infraestructura que hoy no existe: pozos, oleoductos, refinerías, puertos. Depende también de 100.000 millones de dólares en inversión privada estadounidense que aún no se ha desembolsado. Esa dependencia funciona en las dos direcciones.

Mientras el capital y la solvencia de Washington aguanten, el acuerdo avanza. Con China vendiendo bonos, los tipos disparados y sin margen para imprimir más deuda, EEUU entrará en depresión ⬇️ ⬇️ ⬇️
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antes de que esa infraestructura esté terminada. La inversión se cortará a medio construir. Venezuela no habrá entregado petróleo ya extraído. Habrá entregado una promesa de desarrollo condicionada a que el pagador aguante hasta el final. EEUU no ha comprado petróleo. Ha comprado futuro. Y el futuro ya no le pertenece.

Fuentes: declaraciones de Donald Trump (Truth Social, 28 agosto 2026) / datos de producción petrolera venezolana, agosto 2026 / Delcy Rodríguez, dirección televisada a la nación (Venezolana de Televisión, 29 agosto 2026) / seguimiento propio de la desdolarización, control iraní-omaní del estrecho de Ormuz y venta de bonos del Tesoro por parte de China, agosto 2026.
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Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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