Del historiador y miembro de Espai Marx, José Luis Martín Ramos.
Los nacionalismos, todos, se alimentan de la historia. Entrar en su terreno es perderse y a veces solo se recuerda lo que interesa.
Leo y oigo que los marroquíes, es decir, el estado alauita no tienen derecho a reclamar nada porque cuando España obtuvo Ceuta no existía ningún estado marroquí. No es exacto, a menos que demos el nombre de estado solo a los estados modernos y que consideremos «tribales» las formas estatales premodernas.
Ceuta formaba parte del sultanato benimerí, amazik o, por mal nombre, bereber. Luego pasó al sultanato saadí al que pertenecía cuando la conquistó Portugal en acto de expansión colonial y no en acto de defensa de la fe cristiana.
La propiedad portuguesa de Ceuta fue «reconocida» por el tratado de Tordesillas, un «tratado» de reparto colonial, con el beneplácito del Papa Rodrigo Borgia-Alejandro VI. Ni los ceutís ni el sultanato saadí participaron en la decisión, desde luego.
Del dominio portugués pasó al dominio castellano a partir de la incorporación de Portugal a la corona de Castilla y siguió bajo su soberanía después de la rebelión portuguesa de 1640.
No puede decirse que no hay un origen colonial. Ceuta no fue una fundación portuguesa o castellana. Tampoco puede decirse que no existiera estado en Marruecos. Existió el sultanato saadí y a este le siguió, con un lapsus de pocos años, el sultanato alauí, origen del actual estado «moderno» de Marruecos, pero estado él mismo, como lo fueron los reinos musulmanes de la península.
La historia es complicada. Ceuta nunca fue alauí por razones obvias, pero no era una ciudad nueva ni flotaba en el aire, formó parte de dos estados musulmanes.