Del historiador y miembro de Espai Marx, José Luis Martín Ramos
En cualquier caso no nos podemos poner en el plano de las reivindicaciones históricas, porque pasaríamos por encima de las personas. Los derechos históricos son ambiguos o equívocos o ambas cosas con respecto a las personas en un mundo dividido en Estados.
¿Cuál es el sujeto de esos derechos históricos? Los estados expoliados no existen hoy. El estado alauita que existe hoy no llegó a incorporar Ceuta, no sé qué derechos puede invocar, cuando además es un estado que atropella los derechos de la población amazik.
Con la cuestión de la ciudadanía no se acaba el problema de identidad; no sé cuántos ciudadanos de Ceuta, siendo ciudadanos españoles se identifican también como amazik o marroquí; por otra parte, ni una cosa ni otra agota la cuestión, como dice MC. Muchos de ellos deben querer seguir siendo ciudadanos españoles, «vivir en España», que pasar a ser marroquíes, «vivir en Marruecos», por el perjuicio material y derechos personales que ello comporta.
En el otro lado de la cuestión está la población heredera de un proceso de conquista que se remonta a seiscientos años; ellos también tiene alguna suerte de derecho histórico.
Por otra parte, no es posible negar el conflicto, ni el presente ni el potencial. Para mí el camino de la solución para por rechazar cualquier irredentismo (el de la monarquía alauita) y cualquier nacionalismo dominador (el que no podemos negar que existe en España y que la derecha y la extrema derecha están haciendo lo posible por incrementar). En tercer lugar Ceuta, y Melilla, están en medio del camino directo entre Europa y África. Para mí lo ideal sería maximizar una virtud de esas dos ciudades, la de ser ciudades con dos culturas; no convertir ese hecho histórico como un hecho pasivo y mucho menos conflictivo sino también como un hecho propositivo. Si no, nos empecinamos en cuestiones de poder de estado. Si pensamos en la convivencia de las personas y las relaciones pacíficas entre los estados han de buscarse soluciones de «condominio», de compromiso, con fórmulas de doble nacionalidad para quienes lo deseen, en los dos sentidos y coadministración en lo que sea conveniente coadministrar, como la frontera entre Europa y África por ejemplo.
Difícil, complejo, pero mejor como perspectiva que enquistarse en el «es mío, no es tuyo», porque al final las personas no son propiedad de los estados.
Entretanto no pueda producirse esa solución respeto al statu quo y rechazo a todo uso de la fuerza.