El País, 15/X/2026. “Un estudio advierte del riesgo de retroalimentación de un cambio climático que ha alcanzado ya niveles récord en varios de sus indicadores.”
Mientras la volátil atención global pasa de la Inteligencia Artificial a los conflictos bélicos desencadenados por ultras y autócratas, la amenaza existencial del cambio climático mantiene el rumbo y cada vez muestra señales más claras de una aceleración, como advierte un informe publicado este miércoles en la revista BioScience. De hecho, los autores del estudio temen que finalmente se entre en un proceso de retroalimentación que multiplique aún más los impactos.
Desde 2019, los científicos William J. Ripple y Christopher Wolf elaboran anualmente un informe en el que analizan lo que denominan “signos vitales del planeta” relacionados con el cambio climático. En esta séptima edición, sostienen que siete de esos 16 indicadores están en “extremos récord”. Las concentraciones en el aire de los tres principales gases de efecto invernadero vinculados a la actividad humana están en máximos nunca vistos en miles de años. Por ejemplo, la presencia en la atmósfera del dióxido de carbono, el principal de esos gases que sobrecalientan la Tierra, es la más alta de los últimos dos millones de años. El contenido de calor del océano, la subida del nivel del mar, la pérdida de hielo en Groenlandia y el deshielo de los glaciares son los otros cuatro “signos vitales” que están en esas cotas récord.
La tasa de calentamiento global, explica el estudio, muestra signos de aceleración. Si entre 1880 y 1970 el aumento de la temperatura global era de 0,05 grados Celsius por década, entre 1970 y 2010 se pasó a una tasa de 0,19 grados. Y entre 2010 y 2024 se ha disparado hasta los 0,36 grados. “Un calentamiento más rápido podría reducir los plazos de adaptación, aumentar la probabilidad de superar los umbrales críticos y reducir el margen para evitar impactos irreversibles”.
Porque “más allá del cambio climático gradual”, expone el informe, “cada vez más evidencias sugieren que el sistema climático podría estar entrando en un periodo de inestabilidad creciente” debido a un “calentamiento acelerado” y a “retroalimentaciones en cascada”. Y advierten: “El aumento del desequilibrio energético, el aumento del contenido de calor oceánico, el debilitamiento de los sumideros de carbono y la pérdida acelerada de hielo apuntan a un sistema climático que acumula calor y estrés a tasas que pueden superar las expectativas iniciales”.
Ese efecto de retroalimentación se aprecia bien en el caso de unos incendios que, en muchas ocasiones, se vuelven ingobernables, como se ha visto este verano en España. El cambio climático causado por los gases de efecto invernadero contribuye a esos fuegos que a su vez hacen que las emisiones aumenten. Es “un bucle de retroalimentación positiva que amplifica aún más el calentamiento global, con graves implicaciones para la biodiversidad global y la salud humana”.
El riesgo es que a la humanidad se le vaya totalmente de las manos, como advierte Unai Pascual, del Basque Centre for Climate Change (BC3) y uno de los científicos que han participado en esta edición. Para explicar este peligro, este experto recurre a una analogía con la IA: “Ahora nos preocupa que la IA se retroalimente y no se pueda controlar, y eso ya nos está pasando con el clima, porque estamos generando un sistema que no vamos a poder controlar”. Recalca en una conversación telefónica con EL PAÍS: “El clima va a ser como un agente de la IA y no lo vamos a poder controlar; se nos escapa el monstruo”.
En el informe se hace un repaso por los últimos estragos causados por unos fenómenos extremos que se vuelven más intensos debido al cambio climático: “Los últimos años han traído olas de calor, inundaciones, sequías, tormentas e incendios forestales cada vez más destructivos que están causando crecientes pérdidas de vidas, infraestructuras, seguridad alimentaria, biodiversidad y estabilidad económica”.
Causas y esperanzas
Los autores de este informe no dejan lugar a dudas cuando recuerdan en el informe que “los principales motores de estos cambios” son “las actividades humanas, especialmente la quema de combustibles fósiles”. Abren también, pese a todo, una puerta a la esperanza: “A pesar del empeoramiento, están surgiendo señales alentadoras de cambios sociales, incluyendo la rápida expansión de la electricidad renovable y el almacenamiento en baterías, aunque el progreso sigue muy por debajo de la escala y velocidad necesarias”.
Los autores advierten de que “la rápida desestabilización del sistema climático” que se está dando no es “una advertencia para el futuro”, sino un “diagnóstico del presente”. Pero no ignoran el complicado contexto internacional que saca del foco problemas de más largo recorrido como el cambio climático. Es más, señalan que los conflictos armados entre Irán y Ucrania “han puesto de manifiesto la vulnerabilidad de los sistemas energéticos globales que dependen en gran medida de las cadenas de suministro de combustibles fósiles”. “Estos riesgos pueden acelerar la transición hacia energías renovables nacionales a medida que los países buscan reducir la dependencia externa y construir sistemas energéticos más resilientes”, exponen en línea con otros estudios que están proliferando en los últimos meses, donde se señala un punto de inflexión en la movilidad eléctrica y las renovables. Aunque añaden: “El aumento de las tensiones geopolíticas también puede poner en peligro acuerdos multilaterales sobre el clima y otros acuerdos medioambientales”.