Del historiador y miembro de Espai Marx, José Luis Martín Ramos.
Tal y como están las cosas parece que las elecciones de medio término del 3 de noviembre van a ventilar no pocas cosas tanto en el ámbito local como en el internacional. Como complemento a lo que vamos viendo en el escenario internacional os paso algunas reflexiones sobre el local, sugeridas por el seguimiento que voy haciendo a Socialistas Democráticos de América.
El descenso de popularidad de Trump, por el incumplimiento de promesas, la inflación agravada por su aventura en Irán, sus ocurrencias autoritarias… parece que es un dato cierto de la situación que ha hecho temer a Trump un retroceso en las cámaras. La diferencia es estrecha y las mayorias en ambos casos dependen de un cambio de cuatro escaños en cada caso. Eso está dando aire a un Partido Demócrata que se arrastraba políticamente desde Biden. Ya veremos cuánto aire y qué rumbo tomará con él. Obviamente el duopolio político se va a mantener. pero parece que se reafirman cambios en ese escenario, sugeridos por el avance de las candidaturas “progresistas” y del SDA. Son avances moderados en el contexto de la correlación de fuerzas parlamentarias, pero pueden reforzar la visibilidad pública del SDA, incrementar el apoyo social y darle alguna fuerza de presión, sobre todo es importante la visibilidad y el apoyo social (y sobre la visibilidad, la propaganda anti-roja de Trump le está haciendo un favor al SDA, detalle que está recogiendo la prensa de SDA).
En la actual Camara de Representantes, el SDA solo tiene dos miembros Alejandra Ocasio-Cortez y Rashida Tlaib que se asociaron con otras dos congresistas del caucus “progresista” del PD, en un grupo informal que ha actuado con cierta coordinación. Pero no han representado ni al SDA ni al Caucus Progresista. Han actuado de manera individual. El Caucus Progresista viene a ser el ala de centro-izquierda del PD; la figura más conocida en Europa es Bernie Sanders y al Caucus pertenecen 96 de los 215 demócratas de la Cámara de Representantes. La victoria de media docena de candidatos del SDA en las primarias del PD -Chris Rabb, Claire Valdez, Darializa Ávila Chevalier, Melat Kiros, y, más recientemente, Donavan McKinney- ha abierto la expectativa de que en la próxima Cámara de Representantes haya un grupo de 7 miembros del SDA y a partir de esa expectativa se ha abierto el debate sobre cuál ha de ser su relación colectiva y su comportamiento político
SDA no es un partido político, es un movimiento más o menos estructurado, en el que se integran diferentes grupos -caucus- cuyas posiciones van desde la socialdemocracia hasta el comunismo, con algunas presencias trotskistas. Ese movimiento está coordinado por un comité político nacional que toma decisiones por la ley de la mayoría y no tiene atribuciones ejecutivas plenas. El organismo de debate y decisión final es la convención. El debate es constante y el cumplimiento de los acuerdos no queda asegurado por la disciplina de arriba a abajo sino también por el debate. Por otra parte el movimiento SDA está incrustado en el Partido Demócrata, una situación peculiar que le permite entrar en el juego político nacional, aunque deja en el aire la cuestión de su independencia definitiva.
Hasta ahora el SDA ha crecido fundamentalmente a nivel locales y territoriales con una política de reivindicaciones materiales y defensa explícita de las clases trabajadoras que los distingue de la de los «progresistas», aunque tenga puntos de contacto; hoy tiene 7 alcaldes, con Mandani a la cabeza, centenares de regidores, 58 diputados estatales; dio el primer paso en las instituciones nacionales en la última legislatura y ahora puede avanzar de manera sustancial en las elecciones del 3 de noviembre. Si pasa a 6 o 7 diputados puede tener en su manos la elección de la presidencia de la Cámara de Representantes, por lo que el debate interno de estos días es si le darán o no apoyo al candidato demócrata, el lider del grupo demócrata en el Congreso, Hakeem Jeffries.
Bienvenidos a las complejidades y las contradicciones. Jeffries forma parte del centro del PD, de su establishment, y ha estado bien relacionado hasta ahora con el lobby sionista AIPAC, aunque en el último año, ante el cambio en la opinión pública en contra del genocidio palestino -su denuncia ha sido básico en el crecimiento de SDA-, Jeffries se ha aproximado al lobby JStreet, también judío pero defensor -a al menos hasta ahora- de la hipótesis de los dos estados. Desde luego que si no votan a Jeffries podría ser que el presidente de la Cámara siguiese siendo republicano; si lo votan tendrían que hacerlo tapándose la nariz. Lo que se está debatiendo internamente es si se le vota y, si se hace así, qué condiciones políticas se le ponen. Está todo abierto hasta tener el resultado de las elecciones.
La otra cuestión es cómo participarían.
Para acabar, todo el debate actual tiene, acabe como acabe, una segunda derivada, que es la decisión a tomar en la Convención de 2027 sobre las elecciones presidenciales de 2028. Parece que hay una inclinación mayoritaria a presentar de nuevo un candidato socialista y que ese candidato socialista sea Alejandra Ocasio-Cortez, que es quien tiene más posibilidades de apoyo interno y de apoyo social hoy por hoy. Hasta los grupos importantes, presentes en el Comité Político Nacional, más a la izquierda y los que defienden que el objetivo del SDA es la construcción del Partido Socialista, aceptan ya esa perspectiva. Esa candidatura no sería exterior al PD, se trataría de una operación Bernie Sanders-2.0, no para ser tercer candidato final ni para ser la candidata del PD. Se trataría de aprovechar la ocasión y condicionar el programa final del candidato demócrata.
Evidentemente que eso es un salto político en el que hay que calibrar las ventajas y los riesgos de la institucionalidad. En eso están y la Convención de 2027 va a ser movida, tanto más cuanto que la experiencia de Mandani ya proporciona hechos y argumentos para el debate sobre los compromisos a los que lleva u obliga la participación institucional.