DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA.
ÍNDICE
1. La lucha no ha terminado.
2. Maranza.
3. La guerra civil en Francia.
4. El impacto de la guerra en Arabia Saudí.
5. El saqueo de Europa.
6. El control israelí de nuestras fronteras.
7. La transición verde como extractivismo.
8. No es posible una política ecosocialista sin romper con la UE.
9. Resumen de la guerra en Irán, 27 de octubre.
1. La lucha no ha terminado.
A pesar de la alegría por el triunfo de Lula no hay que confiarse. Amar nos recuerda que el imperialismo siempre contraataca y la situación de la izquierda en Brasil es de una cierta debilidad.
https://rt-english.com/news/647790-brazil-lula-us-domination/
Brasil ha asestado a Washington un revés que no perdonará
La victoria de Lula frenará, por ahora, la injerencia estadounidense, pero el bando de Bolsonaro y la presión extranjera siguen siendo fuerzas poderosas en la lucha que se avecina
Publicado el 27 de octubre de 2026
Por Tarik Cyril Amar
En Brasil, el presidente de izquierdas en el cargo, Luiz Inácio Lula da Silva —conocido simplemente como Lula— ha ganado de forma contundente una dramática segunda vuelta frente a su rival de derechas —y favorito de EE. UU.—, Flavio Bolsonaro. Dado que su patrocinador de facto, el presidente de EE. UU. Donald Trump, ha dado a entender que no intervendrá abiertamente, Bolsonaro, tras negarse inicialmente a reconocer su derrota, tuvo que aceptar de hecho el resultado.
Un resultado que ya podemos calificar de histórico. En lo que respecta a la política interna de Brasil, confirma a Lula como un maestro de la política y un estadista de primer orden. Al iniciar su cuarto mandato, ha desafiado tanto a su edad como a los despiadados intentos estadounidenses de socavarlo mediante guerra económica, sanciones y juegos sucios en las redes sociales.
Lula también ha roto los patrones tradicionales de las elecciones presidenciales brasileñas. Antes de ganar la segunda vuelta, perdió la primera; una remontada como esta nunca se había producido antes y parecía improbable. Ahora, gracias a una rápida reorganización de su campaña —que incluyó un descubrimiento tardío de las redes sociales y un auge de la movilización del electorado en todo el país—, Lula es el primero en lograrlo.
Para Brasil, estas han sido unas elecciones decisivas que podrían haber resultado fatales. Si Bolsonaro hubiera ganado, el país habría perdido sin duda su soberanía en favor de una política de subordinación entusiasta a la Doctrina Monroe de Estados Unidos. Lo que se ha impuesto a Venezuela mediante la violencia y la traición se habría logrado en Brasil mediante unas elecciones celebradas bajo presión. El país se habría sumado al reciente giro hacia la derecha en América Latina y a una sumisión aún mayor a Washington.
Es casi igual de seguro que Flavio Bolsonaro también habría encontrado la manera de acabar con la democracia en su propio país. Su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, ya lo intentó. Ningún miembro del poderoso clan Bolsonaro ha pronunciado jamás una palabra de arrepentimiento por el demostrado intento de golpe de Estado de Bolsonaro. Al contrario, Flavio y su hermano Eduardo, que ahora reside en Estados Unidos, han estado buscando venganza.
Si a esto le sumamos la pésima reputación de Flavio por sus vínculos con el crimen organizado e incluso con escuadrones de la muerte —reconocida incluso por la revista The Economist, de fiable tendencia conservadora—, su victoria podría haber supuesto la ruina para muchos brasileños.
Se han esquivado muchas balas —algunas de ellas, en sentido literal—. Sin embargo, sobrevivir al peligro no es lo mismo que lograr una victoria definitiva. Esto no ha sucedido. La victoria de Lula es sólida, superando a Bolsonaro por más de tres puntos porcentuales, pero esto no cambia el hecho de que este último aún haya obtenido más del 48 % de los votos. El bolsonarismo ha sido derrotado, pero no aplastado.
Lo mismo ocurre con el mayor y más peligroso aliado del clan Bolsonaro: Washington. No hay duda de que EE. UU. ha sufrido un revés, sobre todo en términos geopolíticos. Su proyecto de encerrar a América Latina en la jaula del imperialismo de la Doctrina Monroe ha recibido un golpe.
Y ese golpe es doloroso, pues Brasil es el objetivo central de Washington en Sudamérica. Por su ubicación, tamaño, demografía y rendimiento económico, así como por su potencial, Brasil es tan importante que ningún imperio estadounidense renovado en su «patio trasero» estará jamás completo sin él.
Consideremos algunos indicadores básicos. Según el Banco Mundial, Brasil tiene una población de 213 millones, lo que lo convierte en el séptimo país más poblado del mundo. Además, está completamente urbanizado, ya que casi el 90 % de la población vive en pueblos y ciudades. Es un país tecnológicamente avanzado: casi el 93 % de los brasileños tiene acceso al menos a 3G y casi el 85 % utiliza Internet.
Los indicadores económicos son notoriamente complicados y difíciles de comparar, pero Brasil tiene claramente la mayor economía de Sudamérica. A nivel mundial, también ocupa un lugar destacado. El Fondo Monetario Internacional prevé que su PIB para 2026 (ajustado al poder adquisitivo) alcance casi 5,3 billones de dólares, lo que lo convierte en la octava economía nacional más grande del mundo, dejando atrás, por ejemplo, al Reino Unido, Francia, Corea del Sur y, más cerca de casa, a México.
Brasil también cuenta con importantes reservas de petróleo crudo y es el mayor productor de petróleo de Sudamérica. Poner estas riquezas bajo el control de EE. UU. y sumarlas a lo que Washington está intentando saquear actualmente de Venezuela habría sido un sueño húmedo tanto para los geoestrategas estadounidenses como para las empresas. Sobre todo porque aproximadamente la mitad de la producción petrolera de Brasil se vende actualmente a China, el rival más temido de Estados Unidos.
Y lo que es más importante, China es, con diferencia, el socio comercial más importante de Brasil. El comercio chino-brasileño se encuentra en niveles récord y sigue creciendo, mientras que Brasil es el principal destino de la inversión extranjera directa china. La Doctrina Donroe se diseñó no solo para restablecer el dominio estadounidense en América Latina, sino específicamente para mantener a China fuera.
Y por si todo lo anterior no fuera lo suficientemente irritante para los partidarios del imperio hemisférico en Washington, Brasil es también una gran potencia en el ámbito de los minerales críticos. De hecho, según datos estadounidenses, las reservas de minerales críticos de Brasil ocupan el segundo lugar, por detrás de China, y superan con creces a las de los siguientes en la lista, como la India y Australia, por no hablar de los propios EE. UU.
A esto hay que añadir que el Brasil de Lula también ha sido un actor clave en el BRICS, en los proyectos de multipolaridad y de destronamiento del dólar, y en la resistencia a Israel y sus crímenes, incluido el genocidio contra los palestinos, por lo que Washington no podría estar más ansioso por someter a esta gigantesca espina clavada en lo que considera su punto débil del sur.
¡Menudo premio que se puede ganar! Y que se puede perder. Por ahora, EE. UU. ha perdido. Pero precisamente porque Brasil es tan crucial, Washington no se rendirá. Al contrario, el buen resultado de su favorito, Flavio Bolsonaro, y el hecho de que su partido dominará el Congreso brasileño, no harán más que endurecer la determinación de Estados Unidos, con numerosas oportunidades para sembrar división, subversión y sucias artimañas para un cambio de régimen aún por explotar.
Brasil ha conseguido un respiro vital. Pero la lucha no ha terminado. El imperio contraatacará. Siempre lo hace. Esto significa que Lula y sus aliados nacionales tendrán que continuar y ampliar la modernización de su enfoque que comenzó durante la segunda vuelta, por ejemplo, aplicando una política coherente para garantizar la soberanía brasileña en el ámbito de las redes sociales. También significa que los amigos de Brasil en el mundo, especialmente aquellos igualmente comprometidos con el proyecto de la multipolaridad, como China y Rusia, deben reflexionar muy detenidamente sobre cómo apoyar más a Brasil frente a la presión de EE. UU.
2. Maranza.
Tenía esta entrada de Andrea Zhok guardada desde hace unos días, pero en Zona de estrategia publican otro artículo sobre ese mismo concepto, el de los «maranza», que se explica en la nota final de este último artículo, y aprovecho para enviar ambos. Tras lo de Barcelona, imagino que también se buscará un nombre en español para estos chicos.
La versión que ofrecen el Frente Eurobelicista y los medios de comunicación a sueldo sobre las protestas en curso es la siguiente:
1) Se trataría de la «revuelta de los maranza».
Aunque la mayoría de los que protestan son italianos en Italia, franceses en Francia, griegos en Grecia, albaneses en Albania, españoles en España, etc., las únicas fotos que circulan son las de los gamberros saqueando las tiendas. Para encontrar declaraciones políticas, protestas contra el encarecimiento de la vida, peticiones de apoyo al sistema de bienestar social, etc., hay que rastrear a fondo la red. La imagen que se quiere imponer es la de la revuelta de los ingratos del sistema, acogidos por puro espíritu de caridad y que ahora son incapaces de aceptar las leyes de quienes los acogen.
2) Se trataría de un momento del «choque de civilizaciones».
Los maranza son la vanguardia de los islamistas para la conquista del poder en Europa. Aquí se apela a las (sacrosantas) exigencias de autopreservación de la población local frente a los movimientos migratorios incontrolados, que, por cierto, son movimientos QUERIDOS POR LOS MISMOS QUE PROMUEVEN LA GUERRA.
El panorama es el siguiente:
«Invasión de la barbarie islámica maranza» frente a «Ciudadanos virtuosos que levantan la persiana cada mañana y soportan heroicamente los sacrificios que la patria exige».
3) Tenemos las manos atadas; déjennos poner orden.
El aparato represivo puesto en marcha en los últimos años en el ámbito jurídico, para limitar el derecho a la huelga, el derecho a manifestarse y el derecho a protestar en cualquier forma, se presenta ahora como un sistema tímido, que adolece de demasiadas trabas y restricciones, y que no permite volver a los buenos tiempos en los que el general Bava Beccaris utilizaba artillería pesada contra quienes protestaban por el encarecimiento de los precios (por aquel entonces se trataba del precio del pan).
Aquí, algún infiltrado estratégico sirve para justificar la represión.
Una sencilla conclusión
Quien se trague este montón de tonterías inventadas a propósito merece permanecer encadenado por toda la eternidad.
Y si eso no ocurre, será solo gracias a aquellos que, en su lugar, han puesto en aprietos a los que llevan las riendas.
https://zonaestrategia.net/bienvenidos-al-desierto-de-lo-global/
Bienvenidos al desierto de lo global
Condenar o exaltar los saqueos de Milán es razonar con categorías ya disueltas. En el pasado se constituía un sujeto capaz de atraer y resignificar las muchedumbres caóticas; hoy no existe, y la pregunta es si puede existir algo parecido o si hay que reflexionar políticamente en términos completamente distintos.
Tal y como nos enseña la sociología, en la era definida como posindustrial, posfordista o posmoderna, las marcas dejan de ser simples etiquetas que definen las jerarquías de precios entre mercancías para convertirse en marcas con las que identificarnos, logos distintivos, estilos de vida. Porque los propios estilos de vida se han convertido en mercancía. No estás comprando un coche, una camiseta, un móvil: estás adquiriendo una forma de existir. ¿Cuántas veces habéis oído esa fórmula en los espots publicitarios?
Cuidado: no se trata solo de necesidades inducidas, como se decía en el vetusto léxico marxista, sino de la captura de comportamientos sociales y su traducción en forma de mercancía. A partir de los años ochenta, por ejemplo, las grandes multinacionales de la moda empezaron a enviar observadores por las periferias norteamericanas y las pistas de baloncesto de los barrios populares. Cool hunters, se llamaban, literalmente «cazadores de tendencias». Mimetizados entre los espectadores o viandantes, tenían la tarea de capturar los estilos de las vestimentas creadas por los propios chavales y que eran recurrentes entre ellos, que estaban a la moda, que eran molonas.
Entre llevar los pantalones caídos y zapatillas sin cordones, y atacar a la policía y saquear una tienda, la diferencia está en el valor que se le da a cada cosa: correcto o equivocado, bueno o malo, socialmente aceptado o no. En cambio, si lo miramos desde el punto de vista de la expresión de comportamientos que se convierten en tendencia, la diferencia desaparece: tanto los unos como los otros son comportamientos, y a menudo puede tratarse de las mismas personas. No por casualidad, en el fin de semana maranza1–quinqui o cani– de Milán, las tiendas más apetecibles han sido las de ropa deportiva de Adidas, Nike y similares. Justo las multinacionales que, con sus cool hunters, han capturado, empaquetado y vendido tendencias. Desde esa perspectiva, se podría decir que los maranza se han cobrado su parte por el trabajo gratuito que cotidianamente ofrecen sus estilos de vida. Pero esta afirmación, objetivamente demostrable, no lo es subjetivamente, porque equivaldría a atribuir a los asaltos un significado que no tienen.
Limitémonos a una constatación más sobria. Por muy bien o mal que nos parezca, el fin de semana maranza ha llevado a Italia dentro de los flujos de las metrópolis globales. ¿No os recuerdan las imágenes de Milán —por antonomasia la única auténtica metrópoli de la península italiana— a otras que visteis en Londres en 2011, o en distintas ocasiones en las banlieues francesas, o a las que se repiten desde hace varias décadas en Estados Unidos, de Nueva York a Los Ángeles, y que desde ahí se difunden, por contagio comunicativo, a las ciudades y centros urbanos más pequeños? En otras palabras: ¿os gustan las tendencias de las mercancías globales? Pues esperad, porque llegarán también las tendencias de los riots globales, que viajan a la velocidad de las redes sociales y que a golpe de selfis icónicos crean imaginario colectivo, reproducibilidad, organización instantánea del acontecimiento.
Evitemos subrayar lo obvio: las enormes diferencias entre Milán, París, Londres o Los Ángeles. Lo que nos parece materia de reflexión es que los sujetos de estas revueltas llevan hasta sus consecuencias más extremas esa libertad que, desde los años ochenta, constituye el mantra del capitalismo neoliberal. Y llevándola hasta sus últimas consecuencias, esto es, saqueándola, la desgastan, la desbordan, desvelan su vergonzoso núcleo de mistificación. Así, no son un simple producto del contexto sistémico, sino que se convierten, al mismo tiempo, en productores innovadores y, a veces, en excedentes de ese contexto. En resumen: entre el emprendedor de la startup y el emprendedor del saqueo la diferencia está, una vez más, en el valor que se le da a cada uno y no en su esencia: ambos desean dinero y mercancías mientras practican el do it yourself. Y quién sabe si algún que otro cool hunter no habrá ya propuesto una nueva marca llamada riot o looting como apuesta en la que invertir. Es el mercado, amigos.
Seguramente habrá quienes encuentren en estas consideraciones una excesiva empatía hacia lo ocurrido, mientras que otros, al contrario, apreciarán una excesiva lejanía. La cuestión es que tanto los unos como los otros razonan a través de categorías ya disueltas, y no precisamente durante el último fin de semana. Así, resulta posible condenar o exaltar, indignarse o justificar. Da lo mismo, porque hoy día ni unos ni otros —exactamente igual que quien escribe, obviamente— tienen posibilidad alguna de incidir en la realidad. Todos somos espectadores de trending topics que duran lo que dura un día y que liberan una fuerza extraordinaria, pero efímera.
El Gobierno de Meloni hace su sucio trabajo y traza una continuidad entre las manifestaciones estudiantiles del viernes y los saqueos del sábado y el domingo, para poder mover a la policía y hacer que suenen las esposas. Que luego sirva para algo es dudoso, pero dentro de poco hay elecciones y hay que tranquilizar al buen ciudadano. Por otro lado, igual que los maranza, también la política viaja a través de trending topics. La izquierda se apresura a tomar distancia, mientras que la izquierda de la izquierda se apresura a distanciarse de quienes toman distancia. También aquí, al contrario que las derechas, se intenta enmascarar la impotencia con ideología. Está claro que los estudiantes de las manifestaciones y los maranza de los saqueos son todos jóvenes, parte de una generación a la que se le ha borrado el futuro, precarizado el presente y reescrito el pasado. No obstante, no viven en las mismas condiciones, ni tienen los mismos comportamientos. El estudiante que se manifiesta para reabrir las puertas de su propio futuro y el maranza que saquea para celebrar «el mejor cumpleaños de [su] vida» no comparten el mismo horizonte temporal.
En Francia, entre 2005 y 2006, de forma casi sincronizada, se produjeron revueltas en las banlieues y luchas estudiantiles contra el CPE (contrato de primer empleo). Ambos conflictos se desarrollaron en paralelo, con muy pocos puntos de contacto. O bien, tal y como señalaron algunos, existía una intersección: chavales de las periferias que iban a robarles la cartera a chavales de su misma edad que se estaban manifestando en el centro. Un colectivo italiano, cargado de banderas e ideología, viajó a las banlieues al grito de «¡Proletarios de todo el mundo, uníos!». Ocurrió lo que tenía que ocurrir: volvieron cargados únicamente con sus banderas y su ideología, que habían dejado de ser cool hacía mucho, por lo que no valía la pena robarlas.
Hoy día no existe ese sujeto, y la pregunta histórica es si aún puede existir algo parecido
Desde entonces han pasado veinte años y gran parte del contexto ha cambiado; la guerra en general y la guerra a los jóvenes en particular ya no es solo metafórica, sino brutalmente concreta. Además, podría objetarse que las formas de violencia y conflictividad caóticas son parte indisoluble de la historia de la lucha de clases, les guste o no a quienes apelan al dogma idealista-religioso de la «conciencia», o a quienes distinguen la santidad del proletariado de la escoria subproletaria. La objeción es correcta, pero el problema es que en el pasado se constituía un sujeto —de forma distinta en cada ciclo— capaz de funcionar como línea de fuerza que atraía, descomponía, recomponía y resignificaba las muchedumbres caóticas. Hoy día no existe ese sujeto, y la pregunta —esta sí, histórica— es si aún puede existir algo parecido, esto es, si no sería necesario reflexionar políticamente en términos completamente distintos.
¿Estamos acaso defendiendo la inevitabilidad de lo que ocurre, la imposibilidad de la mutación, la aceptación de un destino ya escrito? En absoluto. E incluso si no existieran más que escasísimas posibilidades de una relación de minoría, tendríamos que apostar políticamente por ellas. La cuestión, no obstante, es cómo hacerlo. Tememos que lanzarse ideológicamente al caos de la actualidad sirva de poco, incluso, nos atreveríamos a decir, de nada. Intentar entender, eso es lo que podemos hacer. ¿Es el final de las Tesis sobre Feuerbach? Podría ser, pero hay que agarrar siempre el mundo por la cabeza si lo que se pretende es transformarlo de verdad.
Publicado originalmente en Machina-DeriveApprodi. Traducción A este lado del Mediterráneo, editado por Zona de Estrategia.
- Maranza: neologismo de origen milanés, combinación de las palabras marocchino (marroquí) —en la jerga popular, sinónimo de inmigrante— y zanza, que podría traducirse grosso modo como el cani/choni de los dosmiles. En los últimos años, el significado del término ha ido más allá de la identificación «étnica» para definir a chicos y chicas que, en su forma de vestir y comportarse, no se adecúan a los códigos de normalidad social. O, según un telediario del canal Sky de octubre de 2022: «Importunar a viandantes, turistas y gente de su edad por las calles de la ciudad. Ese es el objetivo de los maranza, grupos de chicos que llevan a cabo extorsiones, amenazas y agresiones. Un fenómeno nacido en redes sociales, especialmente TikTok, que empezó a darse a conocer el verano pasado [de 2022]». Así, el maranza forma ya parte de las nuevas clases peligrosas, un enemigo interno que, junto con la persona migrante y pobre, cumple actualmente en Italia una función mediático-social similar al mena en el Estado español, con diferencias culturales pero con connotaciones racistas o clasistas muy similares.
3. La guerra civil en Francia.
También sobre los jóvenes en revuelta, pero Prashad utiliza un título con mucha más tradición marxista. ![]()
https://www.counterpunch.org/2026/10/27/the-civil-war-in-france/
27 de octubre de 2026
La guerra civil en Francia
Vijay Prashad
Los estudiantes de los suburbios de París salieron a la calle simplemente para que los profesores volvieran a las aulas, para que hubiera suficientes pupitres para sus compañeros y para que el Estado construyera edificios escolares adecuados para la experiencia educativa. Estos suburbios, o banlieues, son el refugio de los trabajadores pobres de Francia, principalmente comunidades no blancas que habían llegado a Francia procedentes de sus colonias. La clase dirigente francesa no quiere hablar de racismo, envuelta en su ideología oficial del universalisme (universalismo republicano). Pero el racismo por parte del Estado (en particular de la policía) y de los partidos de extrema derecha es real, y la degradación de los servicios en las banlieues demuestra a los franceses no blancos que se les están negando sistemáticamente sus derechos. Por ello, cada pocos años, los jóvenes de las banlieues salen a la calle para exigir justicia.
El impulso procedente de las banlieues se extendió por toda Francia, alimentándose de la ira generalizada contra la actitud de la clase dirigente francesa ante la deflación salarial y la inflación de los precios, el genocidio israelí contra los palestinos, el creciente apoyo militar francés a Ucrania y, por último, el deterioro de los servicios públicos. Detrás de este abanico de reivindicaciones se esconde una pregunta fundamental: ¿qué tipo de futuro ofrece la República Francesa a sus jóvenes?
Deflación salarial, inflación de los precios
El 17 de octubre, la confederación sindical CGT contabilizó cerca de 800 000 personas, algunas de ellas procedentes de sindicatos, en las manifestaciones celebradas por toda Francia. Entre sus reivindicaciones figuraban salarios y pensiones más altos, precios más bajos y unos servicios públicos adecuados a las necesidades de la población. Las imágenes de edificios en llamas y tiendas saqueadas han dominado la cobertura mediática internacional y suelen utilizarse para desacreditar las protestas. Pero estas imágenes no explican por qué cientos de miles de personas, encabezadas por la clase trabajadora, han participado en toda Francia. Las escuelas están masificadas, los medios de vida son precarios y los hogares están agotados; nada de esto puede ser ignorado por el Gobierno francés, que quiere alegar que esta protesta no es representativa del pueblo francés en su conjunto. El escaparate roto no es tan significativo para las protestas como la promesa social incumplida que ha llevado a la gente a salir a la calle.
En 2018, una subida de los impuestos sobre el combustible desató la ira entre las personas que dependen del coche para desplazarse al trabajo. Este levantamiento se conoció como el Mouvement des gilets jaunes (Movimiento de los Chalecos Amarillos) porque quienes acudieron a la protesta llevaban los chalecos amarillos que se utilizan en caso de emergencia vial. Cuando el presidente francés Emmanuel Macron redujo el impuesto sobre el patrimonio, los chalecos amarillos lo interpretaron como un insulto directo. La gente se reunió en las rotondas de toda Francia, unida por sus quejas comunes contra la clase dirigente francesa. El Gobierno dio marcha atrás en el aumento del impuesto sobre el combustible, lo que fortaleció a los chalecos amarillos. Las brasas del movimiento de los chalecos amarillos permanecieron encendidas incluso después de que la gente regresara a sus hogares, y resurgieron en las calles en 2023 cuando Macron recurrió a un artículo de la Constitución para sacar adelante su legislación sobre las pensiones sin someterla a votación en la Asamblea Nacional. Quería elevar la edad de jubilación de los 62 a los 64 años para evitar pagar dos años de pensión a los trabajadores de más edad, muchos de los cuales simpatizaban con las reivindicaciones de los chalecos amarillos. De nuevo, en 2025, el primer ministro François Bayrou propuso un recorte presupuestario de 43 800 millones de euros, que incluía la supresión de dos días festivos. Para la ciudadanía francesa quedó claro que el tiempo libre de los trabajadores y las protecciones sociales de las que disfrutaban se habían convertido en un recurso para saldar las cuentas del Estado, mientras que la riqueza de los multimillonarios era intocable.
La traición a los trabajadores franceses afectó a sus hijos, y ahora son estos hijos los que están en las calles a causa de la traición que han sufrido en carne propia. Toda una generación ha crecido consciente de la brecha entre el discurso republicano y la realidad social. Esa promesa se ha ido deteriorando durante años, ya que el Instituto Nacional de Estadística y de Estudios Económicos (INSEE) de Francia constató que 9,8 millones de personas viven por debajo del umbral de la pobreza en 2023, con una tasa de pobreza (15,4 %) que es la más alta desde que se iniciaron las series estadísticas en 1996. Los más afectados son los niños y las familias monoparentales. En las banlieues, la pobreza es el estado natural, y esta pobreza está entrelazada con el racismo cotidiano. La movilización francesa de Black Lives Matter comenzó durante la campaña en favor de la justicia para Adama Traoré (un joven de 24 años de ascendencia maliense) que murió bajo custodia de la gendarmería en julio de 2016, y se intensificó hasta convertirse en manifestaciones de decenas de miles de personas en junio de 2020, cuando la hermana de Traoré, Assa, encabezó una marcha hasta el juzgado de París. La protesta aúno las experiencias de violencia policial vividas por personas negras y árabes de clase trabajadora en las banlieues. Los jóvenes que salieron a la calle eran demasiado jóvenes para haber formado parte del movimiento de los Chalecos Amarillos, pero ya habían experimentado —a través de sus padres— el gas lacrimógeno y las porras policiales, y habían vivido las protestas por la justicia racial.
Palestina
Detrás de las actuales protestas en Francia se esconde la represión del establishment francés contra quienes querían oponerse al genocidio de los palestinos. El 12 de octubre de 2023, menos de una semana después de que comenzara la nueva ola de violencia contra los palestinos en Gaza, el ministro del Interior, Gérald Darmanin, ordenó a los prefectos que prohibieran las manifestaciones en apoyo a Palestina. Esa noche, la gente se reunió en la Place de la République de París con banderas palestinas, antes de que la policía los dispersara con gas lacrimógeno y cañones de agua. El 18 de octubre, el Consejo de Estado aclaró que los prefectos no podían prohibir todas las protestas en favor de Palestina, sino solo aquellas que entrañaran riesgo de desorden. Esto no supuso ningún consuelo, ya que la mayoría de las protestas se enfrentaron a la represión, y la mayoría de ellas acabaron girando en torno al derecho a manifestarse más que a Palestina.
En Sciences Po (París), al igual que en otros campus, los estudiantes organizaron reuniones y ocupaciones para manifestarse en contra de las colaboraciones de su institución con instituciones israelíes. Durante la noche del 24 de abril, la universidad llamó a la policía antidisturbios para expulsar a sesenta estudiantes del campus. Esto demostró a los estudiantes que los valores universales que promovían sus instituciones se habían dejado de lado con impaciencia ante los estudiantes que pedían que esos valores se aplicaran a los palestinos. La crisis de credibilidad de las instituciones francesas ha motivado durante los últimos años a los estudiantes, que han visto cómo su Gobierno distinguía entre vidas dignas de defensa (Ucrania) y vidas que pueden abandonarse (Palestina). Los recursos destinados a la reparación social, en la misma línea, se redirigen hacia objetivos militares: la facilidad con la que la clase dirigente francesa ha encontrado fondos para reforzar su ejército y armar a Ucrania ha dejado atónitos a los activistas estudiantiles.
Ucrania
El 5 de marzo de 2025, Macron presentó a Rusia como una amenaza para Francia y Europa, y pidió una inversión militar adicional que se financiaría mediante recortes en el gasto social. «Para lograrlo», dijo Macron, «necesitamos reformas, decisiones y valentía». Pase lo que pase con la guerra, Macron afirmó que Europa tendría que rearmarse. El 13 de julio de 2025, Macron comunicó a las fuerzas armadas en el Hôtel de Brienne que elevaría el presupuesto anual de defensa a 64 000 millones de euros para 2027, el doble de su nivel de 2017 en términos nominales. «Si nuestra libertad tiene un precio, aquí está», afirmó Macron, al tiempo que insistió en que Francia no recurriría al endeudamiento ni subiría los impuestos para financiar este aumento.
El presupuesto propuesto para 2027 deja claras las prioridades: destina 63 400 millones de euros a defensa, lo que supone un aumento del 11 % con respecto a 2026. Los principales programas de armamento recibirían 17 200 millones de euros, un incremento del 11 % respecto a 2026. En lo que respecta al ejército y a la guerra en Ucrania, el Estado francés ha podido encontrar fondos que, según afirmaba, simplemente no estaban disponibles para los programas sociales, incluidos los de educación y sanidad. La seguridad se define como ayuda militar a Ucrania y no como el aumento de fondos para mejorar las condiciones materiales que permiten a las personas vivir con dignidad. Las prioridades de la clase dirigente francesa se oponen, una vez más, claramente a las prioridades de la clase trabajadora del país.
Lo que ha avivado la guerra civil en Francia ha provocado revueltas en toda Europa, con cientos de miles de personas en las calles desde Albania hasta Italia y Francia. El detonante es diferente en cada caso: el desahucio de Maricarmen Abascal (de 87 años) de su piso en Madrid desencadenó las protestas en España, mientras que en Albania el motivo de la «Revolución Flamenco» fue un complejo turístico que estaba construyendo una empresa de inversiones vinculada a Jared Kushner e Ivanka Trump. Pero los problemas sociales subyacentes son los mismos (el aumento de los precios de la vivienda, la caída de los salarios y el colapso de la red de protección social). Habrá más protestas de este tipo, oleadas crecientes de desesperación y desmoralización que no encuentran una salida fácil ante el compromiso europeo con la guerra y la austeridad.
Resultados
El resultado sigue siendo incierto y peligroso. Las protestas van y vienen en oleadas, que se institucionalizan a su manera. De los Chalecos Amarillos surgieron asambleas locales, que a su vez celebraron una Asamblea de Asambleas en Commercy en enero de 2019. No surgió ningún partido nacional unificado, pero algunos de los participantes en las asambleas se presentaron a las elecciones municipales con un éxito limitado. Las protestas de Black Lives Matter reforzaron el Comité de Adama y otras redes que luchan contra la violencia policial, forjando alianzas con los Chalecos Amarillos, como en la movilización conjunta en Beumont-sur-Oise en julio de 2019. Lo que sigue sin resolverse es cómo convertir estas capacidades dispersas en una fuerza política duradera con un programa común capaz de hacer frente a la austeridad, la militarización y el racismo. Cuando los partidos de izquierda se unieron en 2024 en la alianza del Nuevo Frente Popular (NFP) —que incluía al Partido Comunista de Francia, La France Insoumise, el Partido Socialista y una serie de otros partidos— y obtuvieron el mayor número de escaños en las elecciones legislativas francesas.
Las jerarquías de la administración francesa impidieron que el Nuevo Frente Popular reclamara el cargo de primer ministro. Queda por ver si estas protestas podrán influir en las elecciones presidenciales de 2027, sobre todo si el NFP es capaz de aúnar fuerzas en torno a un único candidato (probablemente Jean-Luc Mélenchon). A medida que el centro se ve deslegitimado, es más probable que la ventaja recaiga en la extrema derecha de un tipo especial liderada por la Agrupación Nacional de Marine Le Pen. Esta extrema derecha utilizará la inseguridad como argumento contra los migrantes y convertirá la ira en demandas de mayor represión. Esto va totalmente en contra de los sentimientos de los jóvenes que han pedido los medios para formarse y vivir, y hacerlo con dignidad.
4. El impacto de la guerra en Arabia Saudí.
Ahora que los saudíes han ido a Irán ha pedir un respiro, un repaso al tremendo castigo que Ansarallah ha infligido a Arabia saudí.
https://thecradle.co/articles/riyadhs-costly-road-to-war
El costoso camino de Riad hacia la guerra
El renovado enfrentamiento de Arabia Saudí con Yemen está poniendo de manifiesto los límites de sus defensas y amenazando las ambiciones económicas que apenas puede permitirse sacrificar.
Mawadda Iskandar
27 de octubre de 2026
Arabia Saudí está pagando por sus guerras lejos del campo de batalla. Los ataques contra sus instalaciones petroleras, aeropuertos y bases militares han puesto a prueba las defensas y la economía del reino, al tiempo que Riad se enfrenta a la perspectiva de otro ataque estadounidense-israelí contra Irán.
En este contexto, Teherán reunió el 26 de octubre a responsables de Irán, Arabia Saudí, Pakistán y Turquía para debatir sobre la seguridad regional. La reunión se produce mientras el enfrentamiento de Riad con Yemen sigue sin resolverse, con ataques contra infraestructuras vitales que perturban las operaciones de aviación y refinería de petróleo y agravan las presiones económicas del reino.
Teherán ha advertido de una respuesta más severa si se reanuda la guerra contra él, lo que plantea la posibilidad de que los ataques puedan ampliarse para incluir instalaciones energéticas, centros de datos, cables de comunicaciones submarinos, suministros de agua y otras infraestructuras críticas en todo el Golfo. Riad debe sopesar ahora el creciente coste de sus políticas regionales frente a la alternativa de la desescalada.
Irán ataca las arterias
Los Estados del Golfo que albergan instalaciones militares estadounidenses sufrieron graves pérdidas materiales y económicas a causa de los ataques contra su territorio y sus infraestructuras vitales entre el estallido de la guerra el 28 de febrero de 2026 y el cese de los ataques recíprocos a finales de julio.
Los daños no se limitaron a las bases militares estadounidenses, que se suponía que debían proporcionar protección a estos Estados, sino que se extendieron a instalaciones económicas y a las instalaciones dedicadas a la producción, el transporte y la exportación de energía. Una investigación de Reuters publicada el 15 de octubre de 2026 documentó al menos 135 ataques con misiles y drones contra 84 instalaciones de infraestructura en siete países de la región.
En Arabia Saudí, los ataques pusieron de manifiesto los límites del paraguas militar estadounidense. La base aérea del príncipe Sultán, en Al-Kharj, fue blanco repetido de los ataques iraníes.
Una investigación publicada por MeidasTouch en colaboración con la red VALOR reveló daños en un avión de alerta temprana aerotransportado E-3 Sentry y en un avión de reabastecimiento KC-135, que desempeñan un papel importante en la vigilancia del espacio aéreo, la coordinación de operaciones y el apoyo a misiones aéreas, así como en instalaciones utilizadas por el personal militar estadounidense. Los ataques también se extendieron a objetivos diplomáticos, incluida la embajada de EE. UU. en Riad.
La mayor presión recayó sobre el sector energético de Arabia Saudí, con ataques dirigidos contra yacimientos petrolíferos, estaciones de bombeo, refinerías e instalaciones de exportación. Los ataques contra las instalaciones de Manifa y Khurais redujeron la producción en aproximadamente 600 000 barriles al día (bpd), mientras que un ataque contra una estación de bombeo situada a lo largo del oleoducto Este-Oeste redujo el caudal en unos 700 000 bpd.
Este oleoducto reviste especial importancia, ya que transporta petróleo desde el este de Arabia Saudí hasta el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, lo que permite al reino exportar petróleo sin tener que pasar por el estrecho de Ormuz cuando se interrumpe el tráfico marítimo en dicha zona. Los ataques también tuvieron como objetivo el yacimiento petrolífero de Shaybah, situado en el Cuarto Vacío, uno de los principales yacimientos productores de Arabia Saudí.
También se vieron afectadas refinerías y plantas de procesamiento de gas, entre ellas Ras Tanura, SATORP en Jubail, SAMREF en Yanbu y la refinería de Riad, además de las instalaciones de procesamiento de gas en Juaymah y las instalaciones petroquímicas y eléctricas.
El Ministerio de Energía saudí informó de que estos ataques afectaron a las operaciones de refino y a las exportaciones de productos refinados, así como al gas licuado de petróleo y a los líquidos de gas natural. El complejo petroquímico de Jubail también fue objeto de ataques, incluida Sadara, la empresa conjunta entre Aramco y Dow, junto con otras instalaciones de la zona industrial.
En Yanbu, un ataque con drones contra la refinería de Saudi Aramco Mobil el 19 de marzo redujo su producción a aproximadamente el 70 % de la capacidad operativa hasta el 9 de abril. El tráfico marítimo también se vio afectado, ya que los petroleros Widian y Sidr fueron atacados mientras transitaban por el estrecho de Ormuz.
Yemen lleva la guerra a su propio territorio
Aun cuando el reino evaluaba sus pérdidas, Riad optó por intensificar su enfrentamiento con Yemen en lugar de aplicar las disposiciones de la hoja de ruta o levantar el bloqueo.
Entre el 13 de julio y el 26 de octubre, y tras varias advertencias, las Fuerzas Armadas de Yemen (YAF), alineadas con Ansarallah, anunciaron ataques contra la aviación, instalaciones militares e instalaciones energéticas, que se extendieron también a la navegación marítima. Su frecuencia aumentó considerablemente, al igual que el alcance de su impacto.
El Centro de Investigación del Golfo registró 82 ataques contra Arabia Saudí entre el 13 de julio y el 25 de octubre, incluidos 12 dirigidos contra aeropuertos y 10 contra instalaciones energéticas. El número de ataques pasó de cuatro en julio y siete en agosto a 17 en septiembre, antes de dispararse a 54 entre el 1 y el 25 de octubre, lo que representa aproximadamente dos tercios del total registrado.
La campaña aérea se centró en el Aeropuerto Internacional Rey Khalid de Riad, que fue blanco de repetidos ataques con misiles y drones, junto con los aeropuertos de Abha, Najran, el Aeropuerto Internacional Rey Fahd de Dammam y el Aeropuerto Rey Abdullah de Jazan.
Mapa de los principales ataques de Ansarallah contra las infraestructuras de Arabia Saudí.
Entre los objetivos también se encontraban instalaciones de radar en el monte Al-Hisn y el monte Al-Rahma, así como posiciones en la base aérea Rey Khalid de Khamis Mushait, entre las que se incluían hangares, depósitos de munición y centros de control de drones. El edificio del Ministerio de Defensa saudí en Riad también figuraba entre los objetivos declarados.
La magnitud de las perturbaciones queda patente en los datos de la empresa de análisis aeronáutico Cirium: aproximadamente el 45 % de los vuelos programados se cancelaron entre el 8 y el 25 de octubre, alcanzando las cancelaciones un máximo de más del 60 % el 12 de octubre.
El Aeropuerto Internacional Rey Khalid de Riad registró la tasa de cancelaciones más elevada, con aproximadamente el 86 % de los vuelos programados, frente al 42 % en Dammam y el 46,7 % en Abha. También se cancelaron los vuelos programados en Najran.
Las perturbaciones se extendieron más allá de los propios aeropuertos. ACLED informó de que los aeropuertos de Riad, Jazan, Najran, Dammam y Abha sufrieron ataques al menos en seis días distintos, lo que llevó a las aerolíneas internacionales a suspender los vuelos con destino a la capital.
Aunque el Aeropuerto Internacional Rey Khalid reabrió parcialmente el 25 de octubre tras un cierre que comenzó el 10 de octubre, las perturbaciones persistieron, y las suspensiones de vuelos internacionales se prolongaron hasta noviembre, mientras que Delta aplazó la puesta en marcha de su ruta a Riad hasta marzo de 2027.
Riyadh Air también evacuó sus aeronaves de la capital y las trasladó a Yeda, mientras que los planes para reanudar las operaciones incluían el transporte de pasajeros al aeropuerto de Qassim y, a continuación, su traslado a Riad por carretera, un trayecto de aproximadamente cuatro horas y media.
Las Fuerzas Aéreas de Yemen (YAF) también señalaron objetivos energéticos, entre los que se incluían las instalaciones de Aramco en Jazan, Yanbu, Najran, Abha y Dhahran; la refinería de Rabigh y una refinería en Riad; la planta de gas de Shedgum; las instalaciones petroleras de Tanajib; y el yacimiento petrolífero de Shaybah, así como estaciones de bombeo de crudo y el oleoducto Este-Oeste.
Las declaraciones del ejército yemení informaron de incendios en varios de estos emplazamientos, incluidas las instalaciones de Yanbu, el yacimiento petrolífero de Shaybah y las estaciones de bombeo.
Los ataques y los cuellos de botella logísticos también interrumpieron las operaciones de refino. El Wall Street Journal informó de que los ataques habían obligado a la refinería de Aramco en Jazan, que tiene una capacidad de aproximadamente 400 000 barriles diarios, a dejar de funcionar.
Las imágenes de satélite que mostraban columnas de humo cerca de las instalaciones de Abqaiq suscitaron dudas sobre la seguridad de uno de los centros de procesamiento de petróleo más importantes del reino, que recibe crudo del yacimiento de Ghawar antes de dirigirlo hacia las instalaciones de exportación de Ras Tanura y Juaymah.
Un ataque con drones también obligó a cerrar durante 11 días el estratégico oleoducto Este-Oeste, lo que perturbó aún más las exportaciones petroleras saudíes.
En el frente militar, las Fuerzas Armadas de Yemen (YAF) informaron de ataques contra posiciones y campamentos militares en Sharurah, Jazan y Asir, incluidos los campamentos de Al-Daghareer, Akifah y Al-Mawsim, así como contra depósitos de armas, salas de mando y control y concentraciones militares en diversos lugares.
Asimismo, anunciaron un ataque contra un campamento de la fuerza operativa naval saudí, la destrucción de una instalación de radar en Bir Askar y un ataque posterior contra la base naval meridional de la Guardia Fronteriza saudí en Jazan. En cuanto a las bajas aéreas, las fuerzas yemeníes anunciaron el derribo de un caza F-15 saudí sobre Marib, junto con la destrucción de drones de reconocimiento armados de los tipos CH-4, Wing Loong II, Bayraktar Akinci y Karyal.
A lo largo del Mar Rojo, Bab al-Mandab y el Golfo de Adén, las Fuerzas Aéreas de Yemen (YAF) anunciaron ataques contra los petroleros saudíes ENCELIA y LAYLA utilizando misiles balísticos, misiles de crucero y drones, y afirmaron haber logrado impactos directos e incendios a bordo de ambos buques.
Las autoridades saudíes confirmaron que el ENCELIA fue alcanzado y se incendió en la proa. Asimismo, anunciaron ataques contra otros buques, entre ellos los petroleros NCC GHAZAL, Wafa, Daisy y Amzan, así como contra una nave de desembarco militar frente a la costa de Mokha, al tiempo que obligaron a otros buques a cambiar de rumbo.
ACLED registró ataques contra 10 buques comerciales, la mayoría de ellos petroleros, de los cuales al menos seis fueron alcanzados directamente. Siete enarbolaban pabellón saudí o eran propiedad de empresas saudíes, mientras que, según se informó, otros dos tenían vínculos con Arabia Saudí.
La siguiente tabla resume las principales instalaciones y buques saudíes que fueron blanco de los ataques durante las campañas iraníes y yemeníes, junto con los efectos comunicados.
| Type of attack | Targeted locations | Significance |
| Diplomatic facilities | US Embassy, Riyadh | Attack on a diplomatic site |
| Oilfields | Manifa, Khurais, Shaybah | Production at Manifa and Khurais fell by approximately 600,000 bpd |
| Pumping stations and pipelines | East–West Pipeline | Pipeline shut down for 11 days; vital Red Sea oil route |
| Crude oil storage | Crude oil storage tank, Jazan | Destruction of a crude oil storage tank |
| Refineries | Ras Tanura, SATORP, SAMREF, Riyadh, Jazan, Yanbu, Rabigh, Abqaiq | Jazan refinery shut down; Yanbu refinery output fell to around 70 percent |
| Gas and petrochemical facilities | Juaymah, Jubail, Shedgum, Tanajib | Gas processing and petrochemical installations among reported targets; precise damage not specified |
| Airports | Riyadh, Dammam, Abha, Jazan, Najran | Air traffic disrupted; 86 percent of scheduled Riyadh flights canceled |
| Military bases | Prince Sultan Air Base, Al-Kharj | Damage to early warning and refueling aircraft |
| Military bases and radar | King Khalid Air Base (Khamis Mushait), Al-Hisn, Al-Rahma, southern military positions | Military and radar sites targeted; aircraft damage reported |
| Ships and oil tankers | ENCELIA, LAYLA, NCC GHAZAL, Wafa, Daisy, Amzan, and other vessels | YAF announced attacks on multiple vessels; ACLED recorded 10 commercial vessels attacked, at least six of them directly hit |
[Tipo de ataque Lugares atacados Importancia
Instalaciones diplomáticas Embajada de EE. UU., Riad Ataque contra una instalación diplomática
Yacimientos petrolíferos Manifa, Khurais, Shaybah La producción en Manifa y Khurais se redujo en aproximadamente 600 000 barriles diarios
Estaciones de bombeo y oleoductos Oleoducto Este-Oeste El oleoducto permaneció cerrado durante 11 días; ruta vital para el transporte de petróleo por el Mar Rojo
Almacenamiento de crudo Depósito de almacenamiento de crudo, Jazan Destrucción de un depósito de almacenamiento de crudo
Refinerías: Ras Tanura, SATORP, SAMREF, Riad, Jazan, Yanbu, Rabigh, Abqaiq. La refinería de Jazan se paralizó; la producción de la refinería de Yanbu se redujo a alrededor del 70 por ciento
Instalaciones de gas y petroquímicas: Juaymah, Jubail, Shedgum, Tanajib. Las instalaciones de procesamiento de gas y petroquímicas figuraban entre los objetivos señalados; no se especificaron los daños concretos
Aeropuertos de Riad, Dammam, Abha, Jazan y Najran: se interrumpió el tráfico aéreo; se canceló el 86 % de los vuelos programados en Riad
Bases militares de la Base Aérea Príncipe Sultán y Al-Kharj: se produjeron daños en aviones de alerta temprana y de reabastecimiento
Bases militares y radares de la Base Aérea Rey Khalid (Khamis Mushait), Al-Hisn, Al-Rahma y posiciones militares del sur: se atacaron instalaciones militares y radares; se han notificado daños en aeronaves
Buques y petroleros: «ENCELIA», «LAYLA», «NCC GHAZAL», «Wafa», «Daisy», «Amzan» y otras embarcaciones. La YAF anunció ataques contra múltiples embarcaciones; ACLED registró 10 buques comerciales atacados, de los cuales al menos seis recibieron impactos directos]
El impacto económico
Los ataques contra los aeropuertos y las infraestructuras saudíes han venido acompañados de una presión creciente sobre los mercados financieros y el sector energético. El 25 de octubre, el índice bursátil saudí cayó aproximadamente un 2,7 %, su peor jornada en 18 meses, tras ocho semanas consecutivas de descensos. La capitalización bursátil de las acciones cotizadas también se redujo en aproximadamente 114 600 millones de riales durante la semana que finalizó el 22 de octubre, en medio de una presión vendedora en la que participaron inversores institucionales extranjeros.
En el sector energético, las exportaciones de petróleo saudíes cayeron hasta aproximadamente 3,2 millones de barriles diarios en agosto, su nivel más bajo en más de 13 años, antes de que los envíos aumentaran en septiembre al redirigirse las rutas de exportación hacia el Mar Rojo.
La guerra también ha coincidido con crecientes presiones fiscales y un aumento del coste de la vida. Las estimaciones del déficit presupuestario para 2026 se revisaron al alza, pasando de 165 000 millones de riales a aproximadamente 245 000 millones de riales, mientras que las asignaciones para defensa alcanzaron unos 83 000 millones de dólares.
Arabia Saudí también anunció cambios en las tarifas de la electricidad y el agua, que entrarán en vigor en enero de 2027, entre los que se incluyen un aumento de los precios de la electricidad y subidas aún mayores en las facturas de agua, lo que se suma a la carga financiera que soportan los ciudadanos.
La guerra también está amenazando los planes de inversión y diversificación económica en los que Riad ha apostado su futuro. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha advertido de que las tensiones regionales prolongadas podrían socavar la confianza de los inversores, retrasar proyectos y complicar los esfuerzos por crear empleo en el marco del programa Visión 2030 del reino.
Los límites de las defensas aéreas saudíes
Con objetivos dispersos por todo el reino, Riad debe proteger sus instalaciones vitales al tiempo que ahorra munición interceptora, un reto que sus defensas aéreas actuales han tenido dificultades para afrontar. La distancia entre aeropuertos, instalaciones petroleras y bases militares no hace sino agravar ese dilema.
Según un análisis del Financial Times (FT), las defensas saudíes tienen dificultades para contrarrestar los ataques yemeníes debido a la diversidad de armas y objetivos implicados. Se utilizan drones para identificar las posiciones y el alcance de los sistemas de defensa aérea, mientras que los misiles de crucero que vuelan a baja altura son más difíciles de detectar e interceptar.
Los sistemas Patriot y THAAD de Arabia Saudí no pueden garantizar la interceptación de todos los proyectiles que se aproximan. El desafío se ha agudizado a medida que meses de ataques iraníes y yemeníes han agotado las reservas de misiles interceptores, lo que ha obligado a Riad a defender instalaciones muy dispersas con recursos cada vez más escasos.
A medida que los ataques yemeníes siguen mermando sus defensas, Riad ha recurrido a socios extranjeros en busca de apoyo militar. Arabia Saudí también ha recurrido al Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca, firmado con Pakistán y Turquía, cuyas disposiciones de defensa colectiva se han activado desde entonces en respuesta a los ataques yemeníes. Egipto, por su parte, ha autorizado al presidente Abdel Fattah el-Sisi a proporcionar apoyo militar para la defensa del reino.
Riad se enfrenta ahora a la disyuntiva de prolongar una guerra que ha puesto de manifiesto los límites de sus defensas militares o volver a alcanzar un acuerdo con Saná. Cuanto más se prolongue el enfrentamiento, mayor será el perjuicio para las ambiciones económicas en las que el reino ha depositado su futuro.
5. El saqueo de Europa.
Hudson ha seguido publicando en su página la transcripción de alguna de sus entrevistas, pero como me parecía que ya eran un poco repetitivas he dejado de enviarlas durante unos días. Vuelvo con esta con Diesen con un repaso a la situación geopolítica y sobre la dependencia de Europa respecto a los EEUU. Eso sí que es un buen saqueo, y no los ‘maranza’.
https://michael-hudson.com/2026/10/to-the-last-euro/
Hasta el último euro
Michael Hudson: Europa cae bajo la esfera de influencia de EE. UU.
Con Glenn Diesen, 23 de octubre de 2026,
Glenn
Bienvenidos de nuevo a todos. Hoy nos acompaña el profesor Michael Hudson, quien cuenta con una excelente página web con artículos y vídeos. He dejado un enlace en la descripción, así que no dejen de seguir su magnífico trabajo. Gracias por volver al programa. Es un placer formar parte de este largo debate. Están sucediendo muchas cosas en el mundo. No muchas cosas buenas, pero al menos están sucediendo muchas cosas. Un cambio en el frente diplomático parece ser la ambición de Trump de celebrar esta reunión trilateral entre él mismo, Vladimir Putin y Xi Jinping.
Así pues, las tres grandes potencias se reúnen, en esencia, para intentar resolver estos tiempos difíciles por los que el mundo está tratando de navegar. Por supuesto, ellos tienen objetivos diferentes, visiones diferentes del mundo. Y los europeos, que pensaban que gobernarían el mundo colectivamente junto con EE. UU. bajo la hegemonía liberal, están horrorizados. Lo denominan «otro Yalta» —y, por supuesto, una versión muy demonizada de Yalta—. ¿Cómo valora usted esta diplomacia de grandes potencias que, al parecer, Trump está intentando poner en marcha?
Michael Hudson
Bueno, todo comenzó cuando Trump quiso llegar a un acuerdo con Rusia sobre Ucrania. Y uno de los principales motivos para ello es que Trump prevé entrar en guerra con Irán en el Golfo Pérsico. Y de lo que se da cuenta es de que, si, por un lado, continúa con los esfuerzos de EE. UU. y la UE para aislar las exportaciones de petróleo, gas y diesel de Rusia y, por otro lado, entra en guerra con Irán —que responderá, en cierto modo, bloqueando las exportaciones de petróleo del Golfo Pérsico—, esto provocará una depresión mundial que se prolongará durante un par de años.
No se puede recortar un 20 % del suministro mundial de petróleo procedente de los países de la OPEP y aislar a Rusia, porque el mundo entero se vería sumido en tal agitación económica y financiera que se volvería contra Estados Unidos y Europa por haber sumido a las economías de Asia, a la mayoría mundial y al Sur Global en una crisis de balanza de pagos y en la consiguiente crisis de deuda. Por eso, Trump se da cuenta de que no puede permitirse una guerra en dos frentes petroleros al mismo tiempo, y su objetivo principal es Irán, no Rusia.
Por eso ha intentado ampliar este plan para incluir a China y convertirlo en un acuerdo tripartito, al que usted ha denominado «Yalta 2.0», que es como se le ha llamado en la prensa estadounidense. Y la idea general no es solo llegar a un acuerdo, al menos en lo que respecta a la participación de EE. UU. en la guerra de Ucrania, de la OTAN contra Rusia, diciendo: «A partir de ahora, esta es la guerra de la UE, no la de Estados Unidos». Trump también está intentando obtener mil millones de dólares adicionales gracias a un acuerdo con Rusia. Hasta ahora, ha ganado 2.5 mil millones de dólares a título personal durante su presidencia a través de sus acuerdos especiales.
Y cree que, si consigue llegar a un acuerdo con Rusia sobre los derechos mineros, ya sea en Ucrania,
en el territorio ruso de lo que solía ser el este de Ucrania, o en la propia Rusia, sobre materias primas, tierras raras y otros recursos, podrá beneficiarse personalmente, junto con sus patrocinadores financieros y el grupo que ha reunido en la Casa Blanca. Y quiere que China desempeñe un papel en esto, ya que la lucha de la UE contra Rusia se ha extendido a China.
Trump insiste en que la Unión Europea, ahora que ha suspendido sus importaciones de petróleo, gas y otros materiales procedentes de Rusia, amplíe esta medida a China y no importe tecnología de la información, inteligencia artificial ni tecnología de Internet chinas —es decir, que, en esencia, acepte depender de los monopolios estadounidenses en todos los ámbitos, especialmente en lo que respecta a Internet y la IA—. Además, está intentando impedir que Europa imponga impuestos a Meta, Google y otras empresas estadounidenses que se han lastrado para evitar pagar cualquier tipo de impuesto en Europa.
Está tratando de evitar que Europa desarrolle sus propias empresas independientes de Internet, inteligencia artificial o tecnología de la información para alcanzar la autosuficiencia y no depender de los monopolios estadounidenses. Así pues, lo que Trump ha planteado en este acuerdo de tres partes es, en definitiva, establecer una división de esferas de influencia. Y afirma que así fue como, en el siglo XIX, Gran Bretaña y otros países europeos estabilizaron la situación y, como saben, evitaron una guerra generalizada desde 1815 —cuando terminaron las Guerras Napoleónicas— hasta la Primera Guerra Mundial.
Pues bien, la idea es que, cuando habla de «esfera de influencia», en realidad se refiere a la influencia: afianzar la esfera de influencia de Estados Unidos sobre Europa y también sobre Japón y Corea del Sur. Y, obviamente, existe cierto temor por parte de Rusia y China. Afirman que no les interesan las esferas de influencia. A Rusia no le importa en absoluto Europa. Rusia está muy dispuesta a llegar a un acuerdo con Estados Unidos, diciendo: «Todo es suyo.
Hemos aceptado el hecho de que ya no podemos exportar nuestro petróleo y gas a Europa porque, ahora que hay una crisis petrolera en el Golfo Pérsico, va a haber escasez de petróleo, gas, diesel y fertilizantes en todo el mundo durante los próximos años. Así que tenemos clientes de sobra. Nos estamos orientando hacia el este». Lo único que quiere Rusia es que la dejen en paz. Por lo tanto, este discurso de que se quiere la paz en Ucrania es prorruso —esto no afecta en absoluto a los intereses rusos, ya que Rusia ha perdido interés en Europa—. Si lee los discursos del presidente Putin y del ministro de Asuntos Exteriores Lavrov, ese es el contenido de todo ello.
Bien, veamos ahora qué está intentando hacer Trump para sacar provecho económico para sí mismo y su familia de cualquier acuerdo. Está hablando con Rusia y diciendo: «Bueno, ya sabe, existen todas estas inversiones de Gazprom y Lukoil. Y ahora, si realmente están dispuestos a desvincularse de Europa, véndannos los derechos sobre Nord Stream que están, por así decirlo, en suspenso. » «Nadie lo está utilizando ahora porque hemos presionado a los líderes europeos para que cometan un suicidio económico para Europa, algo que todos están dispuestos a hacer en beneficio personal de Macron, Merz y el Partido Laborista británico.
Véndanos los derechos sobre esto para que podamos decirle ahora a Europa: “De acuerdo, ya no hay necesidad de que luchen contra Rusia porque Rusia no está interesada en ustedes, ya que ustedes no cuentan. Y como no cuentan, más les vale depender de nosotros, porque somos la única otra potencia regional del mundo, aparte de Rusia y China». Así pues, el acuerdo que le propone a Putin es que, si este vende el gas de Nord Stream a Europa, Europa podrá llevar a cabo lo que ya se está gestando. Todos los partidos de la oposición en Europa están ganando apoyo entre el electorado.
Y es obvio que los actuales partidos belicistas y antirrusos van a ser destituidos en las elecciones de los próximos dos años. Y los partidos que lleguen al poder querrán actuar en interés propio de Europa —como creo que comentamos en nuestro último episodio— y comprar gas y petróleo rusos. Pues bien, si la familia y los partidarios políticos de Donald Trump pueden adquirir el gasoducto Nord Stream y las participaciones asociadas de Lukoil allí, entonces él podrá decir: «Bueno, ya sabe, no pasa nada por que comercien con Rusia». Rusia ya no va a ofrecer precios preferenciales a Europa porque no tiene por qué hacerlo, del mismo modo que ya no va a ofrecer precios preferenciales por su petróleo y gas a la India.
Se producirá un aumento del precio mundial del petróleo, el gas, el diesel y los fertilizantes. Por lo tanto, cualquier acuerdo que alcancen los inversores estadounidenses para hacerse con el control de Nord Stream y el comercio de petróleo asociado con Rusia supone una enorme oportunidad de obtener beneficios monopolísticos, simplemente añadiendo los costes de transporte a lo que Europa tiene que pagar. Y además de poder imponer estos precios de transporte monopolísticos —algo que la rusa Gazprom y otros inversores en Nord Stream evitaron cuidadosamente—, Estados Unidos puede disponer de una palanca política para afirmar: «Si hay algún país europeo que esté recibiendo petróleo y gas rusos en este momento, podemos simplemente cortarles el suministro de gas por gasoducto y hacerles lo mismo que Europa le ha hecho a la economía alemana». Así pues, toda la estrategia de Estados Unidos para intentar establecer esferas de influencia con Rusia y China consiste en afianzar su control sobre aquella parte del mundo sobre la que aún espera mantener el dominio, e impedir que Europa actúe en función de sus propios intereses y afirme: «Bueno, quizá no podamos permitirnos esta dependencia de Estados Unidos a la que se han comprometido nuestros líderes políticos.
Quizá nuestra prosperidad, la recuperación de nuestra industria, nuestras exportaciones y nuestras inversiones obtengan mejores resultados en las economías de más rápido crecimiento de Asia, la Mayoría Global y el Sur Global que con Estados Unidos». Ese es, pues, el gran contexto político de las próximas reuniones que podrían celebrarse en algún lugar de Asia.
Glenn
¿Qué hay de Nord Stream? Es interesante porque el ex primer ministro de Italia, Romano Prodi —que, por cierto, también fue presidente de la Comisión Europea— hizo esa predicción. No estoy seguro de si habló de un control total, pero al menos los estadounidenses querrían participar como inversores antes de reabrirlo. Así pues, de nuevo, la idea general es que no era un problema que la energía rusa llegara a Europa, pero debía estar bajo control estadounidense. En esencia, los estadounidenses deberían administrarlo y obtener los beneficios. Y supongo que esto también tiene sentido, para situar a los europeos en la esfera de influencia de EE. UU.
Y es interesante lo que ha dicho sobre los rusos porque, como sabe, esto es lo que también se oye desde Rusia. Están, como sabe, reorientando su economía hacia Oriente. En el pasado, por supuesto, ofrecían descuentos en todo esto porque pensaban que la integración económica con Europa era un paso hacia la integración política, formando esta gran arquitectura de seguridad euroasiática. Pero ahora que todo eso se ha ido al traste y miran hacia el este, realmente no les importa, como usted dice. Y por esa razón, no están tan interesados en ofrecer descuentos económicos.
Aun así, hace dos o tres semanas estuve en Moscú, y Putin pronunció un discurso en Valdai. Alguien le preguntó si Rusia podría restablecer sus relaciones energéticas con Europa. Y él respondió: «Bueno, claro, pero ahora tienen que competir con los chinos y los indios». Así que ya no existe una posición privilegiada. Así que creo que eso es, en esencia, a lo que se refiere. Pero, ¿qué le ocurre a Europa en esta situación? Porque, ya sabe, cabría pensar que, para que Europa prospere, querría diversificar su conectividad económica. Querría, ya sabe, abastecerse de energía procedente de muchos lugares.
Quizá le gustaría tener el control de su propio futuro y gozar de cierta autonomía. ¿Cómo afecta el hecho de encontrarse en la esfera de influencia estadounidense al desarrollo de las economías europeas? Sí.
Michael Hudson
Bueno, ha mencionado que Europa considera que la compra de Nord Stream por parte de los estadounidenses es simplemente una inversión.
La inversión es control. Y ese control es control económico y control político.
La pregunta es: ¿cuánto tiempo puede vivir Europa en este tipo de universo paralelo ficticio en el que Rusia podría invadir Europa e incluso, de alguna manera, iniciar una guerra con ella que obligara a Europa a luchar junto a Ucrania, como si se estuviera defendiendo de un ejército ruso que avanzara hacia su territorio? Bueno, ya hemos hablado de esto antes en su programa, y ningún país puede permitirse invadir a otro país hoy en día. Las tropas rusas serían aniquiladas en su camino a través de Polonia.
Y no tiene sentido imaginar que Rusia tenga algo que ganar con la invasión de Europa. Creo que lo único que quiere Rusia es que la dejen en paz para poder reducir su presupuesto militar. Y cabría pensar que Europa querría reducir su presupuesto militar, porque veamos a qué se enfrentan ahora los políticos europeos. Las huelgas y manifestaciones en París, en toda Francia y en otros países europeos —Italia, ya sabe— se deben todas al hecho de que, debido a las extrañas restricciones monetarias y fiscales que la UE se ha impuesto a sí misma, Europa ha recortado su gasto social precisamente en un momento en que los precios se están inflando, no por la política monetaria, sino, una vez más, por la guerra de Trump contra Rusia e Irán para mantener el control del comercio mundial del petróleo.
Quienes se oponen a la guerra afirman: «Queremos que los gobiernos subvencionen a los hogares que se ven obligados a pagar más por la iluminación y la calefacción de sus viviendas, y que subvencionen a las industrias». ¿Cómo vamos a evitar en Europa acabar como Alemania en 2024, cuando dejamos de recibir gas y petróleo de Rusia? La interrupción del comercio mundial de petróleo en el Golfo Pérsico es incluso más grave que la interrupción del comercio petrolero de Rusia.
La UE y Estados Unidos intentaban utilizar Ucrania como vehículo para bombardear las refinerías rusas y así impedir que Rusia pudiera comerciar con Europa, siendo Europa, y no Estados Unidos, la perdedora en todo este asunto. Así pues, la pregunta es: ¿cuánto tiempo podrá Europa resistirse a este mito que su prensa y sus medios de comunicación no dejan de avivar —el de que todo lo que sale mal es culpa de Rusia? Se afirma que la oposición francesa a los recortes en el gasto en educación y a la congelación del aumento de las pensiones para reflejar el incremento del coste de la vida está inspirada por Rusia. No hace falta inspiración rusa para que las personas actúen en su propio interés.
No creo que a los manifestantes les importe si Rusia, China o cualquier otro país puede obtener de algún modo un beneficio geopolítico. Lo que quieren es la ayuda que Europa ha ofrecido en el marco de los acuerdos socialdemócratas que ha mantenido desde la Segunda Guerra Mundial. Y estos acuerdos socialdemócratas —la obligación de preservar el nivel de vida, el aumento de los salarios y la productividad laboral, el incremento del empleo— todo eso se está tirando por la borda debido a la insistencia en que los países europeos deben destinar el 5 % de su PIB al ejército para enriquecer a las empresas militares y ayudar a librar esta guerra imaginaria que tienen que librar contra Rusia.
Como creo que mencioné antes, Putin dijo: «La guerra no va a ser tan costosa. Durará dos días, quizá dos horas. La guerra terminará en un día. Ya no habrá Europa». Y los mercados bursátiles internacionales han puesto de manifiesto que ahora se está produciendo una ola de ventas de empresas del complejo militar-industrial europeo porque, en mi opinión, los inversores internacionales reconocen que, en realidad, nada de esto va a suceder. Simplemente no existe ninguna vía política por la que Europa pueda llevar esto a cabo realmente.
Así pues, creo que uno de los problemas es: ¿qué va a hacer la clase belicista, el grupo belicista que sí desea una guerra con Rusia, para mantener su capacidad de ir a la guerra? Y creo que hay algunas dinámicas previsibles en este sentido. Este es un periodo muy peligroso para Europa, ya que los grupos belicistas que controlan los actuales gobiernos europeos están diciendo: «Nos van a destituir de nuestros cargos dentro de dos años. Esta es nuestra última oportunidad para la guerra.
Esta es la última oportunidad de que toda Europa sea arrasada por bombas atómicas». Pues bien, por muy descabellado que parezca, esta es la última oportunidad que tienen para una guerra con Rusia —como si, de alguna manera, Europa pudiera vencer a Rusia más de lo que Ucrania ha sido capaz de hacerlo. Así pues, los partidos que ahora gobiernan en Francia, Alemania y Gran Bretaña dejarán de estar en el poder. Y el gran peligro es que estos partidos vayan a intensificar sus ataques contra la navegación rusa. Ya se están observando preparativos por parte de Finlandia, Suecia, los Estados bálticos y los países nórdicos para atacar —con el fin de convertir el mar Báltico en un lago de la OTAN e impedir que la navegación rusa utilice el Báltico—.
Y eso incluiría a Kaliningrado, el puerto ruso en el Báltico, que es tan importante para el país, a su manera, como lo es Crimea, un puerto ruso situado en lo que antes era Ucrania. Obviamente, se trata de un intento de impedir el transporte ruso de su petróleo —no hacia Europa—. No tiene ningún problema en afirmar: «Vamos a enviar nuestros petroleros. No se preocupen. No vamos a colaborar. No vamos a vender a Europa ni a vender por debajo del precio que ustedes han acordado pagar a Estados Unidos. Pero necesitamos que los petroleros salgan para poder vender a otros países fuera de Europa». Pueden hacer lo que quieran. Queremos vender a África, a Sudamérica, al resto del mundo.
La OTAN sigue queriendo bloquear esto y está amenazando con la guerra por Kaliningrado y en el Báltico en general. Y entonces, ya sabe, ¿qué va a hacer Rusia? Ha comenzado a enviar aviones junto a los petroleros y ya ha impedido que un buque estonio intentara abordar un petrolero ruso y hacerse con el control del mismo. Pero ya se han producido incautaciones de petroleros rusos por parte de Suecia y otros países europeos. Esto constituye una declaración de guerra contra Rusia. Y, como digo, la guerra va a ser muy breve y muy sangrienta. Y Rusia ha estado haciendo todo lo posible, creo, para decir: «Por favor, comprendan que no estamos interesados en ustedes. No los queremos.
No queremos tener nada que ver con ustedes». Nos estamos dando de cabezazos por haber imaginado que podríamos haber convertido a Rusia en un país europeo con cultura europea. Hemos visto el resultado de la cultura europea. Es una cultura estadounidense. Es una economía financiarizada. Es una economía contraria a los trabajadores. Es una economía que se está contrayendo. Es una economía que ya no es democrática ni se parece en nada a la imagen que los europeos tenían de sí mismos durante la Ilustración. Simplemente queremos que nos dejen en paz. Déjennos en paz y no pasará nada. Pero si nos amenazan y nos hacen daño, tendremos que defendernos solo para preservar nuestra independencia de ustedes y dejar claro que estamos aislados.
Existe una nueva amenaza —el equivalente al Muro de Berlín— y queremos protegernos de ustedes, los europeos, que no son más que Estados títeres del «Estado profundo» neoliberal y neoconservador estadounidense.
Glenn
Bueno, ¿considera usted que la guerra es el desenlace más probable? Porque parece que, en este plan de convertir a Europa en una esfera de influencia de Estados Unidos, seguramente alguien querría resistirse a ello. Pero también, sin duda, los europeos sabotearían de alguna manera los esfuerzos de EE. UU. por llegar a un acuerdo con los rusos, como vemos ahora en el caso de Ucrania. Usted ha mencionado, por supuesto, la incautación de buques y las amenazas a Kaliningrado. También pueden, por supuesto, intentar apropiarse de forma permanente de los activos soberanos rusos.
Pero, de nuevo, esta idea de que, en los próximos dos años, todos estos líderes políticos belicistas y muy impopulares sean destituidos en las urnas… Tampoco ellos los veo retirándose en silencio en la noche. Me resulta muy extraño observar lo que está sucediendo ahora en Europa. Una vez más, este militarismo, cuando ni siquiera cuentan con un ejército en condiciones, no tiene mucho sentido para mí. Pero, ¿cree usted que ellos se lanzarán a la guerra?
Michael Hudson
Los líderes europeos quieren convertirse en la nueva Ucrania. Tal y como se expresa en Estados Unidos, este país está dispuesto a luchar hasta el último euro contra Rusia. Hemos instalado un régimen títere, el régimen neonazi de Zelensky en Ucrania, para luchar hasta el último ucraniano, por quien ni a Europa ni a los estadounidenses les importa lo más mínimo. Los estadounidenses están dispuestos a luchar hasta el último euro de la industria europea, de los excedentes económicos europeos, para sumarse a esta lucha contra Rusia y también contra China.
Todo esto está vinculado a los acuerdos que la UE ha suscrito en las últimas semanas: los acuerdos comerciales con China sobre el comercio de vehículos híbridos y eléctricos. Imagínese lo que está ocurriendo ahora: los precios del diesel, el petróleo y el gas volverán a subir como consecuencia de la guerra contra Irán y, posiblemente, del aislamiento continuado de Rusia.
Esto va a impulsar un cambio hacia los coches eléctricos porque estos, al menos si hay suministro de electricidad —ya sea procedente de la energía nuclear —bueno, Alemania se ha deshecho de sus centrales nucleares—, de la energía solar o de la eólica—, van a resultar más económicos que depender del diesel o la gasolina. Por lo tanto, creo que tanto en Estados Unidos como en Europa se reconoce que esta será la tendencia del futuro. Y Europa ha convencido a China para que intente alcanzar un acuerdo global. Y saco este tema a colación porque se trata, una vez más, de la «Yalta II», el acuerdo tripartito. ¿Cuál es el papel de China en todo esto, en la división del mundo?
Rusia está bastante satisfecha de aislarse de Europa, ya que lleva tantos años sometida a sanciones comerciales que estas han hecho que Rusia sea independiente de los productos que solía importar de Europa. Ya no depende de los productos agrícolas y lácteos del Báltico ni de Europa. Es independiente de cualquier producto esencial cuyo suministro a Rusia haya bloqueado la UE. ¿Cuál es el efecto de una sanción? Obliga a los países a valerse por sí mismos. Así pues, las sanciones de Europa han desempeñado el mismo papel que habrían desempeñado los aranceles protectores rusos a la hora de crear una industria rusa independiente.
Por lo tanto, las sanciones de Europa han ayudado a preparar a Rusia para todo esto. Pero China no opina lo mismo. China sigue considerando a Europa como un mercado para sus exportaciones, especialmente las del sector automovilístico e industrial, así como todas sus exportaciones de materias primas. Y está negociando con Europa: «Bueno, esta lucha contra nosotros, los chinos, es una lucha estadounidense. Creen que solo puede haber un gobernante del mundo, y tiene que ser Estados Unidos. Creen que aún pueden mantener su poder unipolar. ¿Y de qué lado se van a situar ustedes en esto?
El mundo se está dividiendo». Y, al igual que Europa Occidental y Rusia se están distanciando, Asia, la mayoría mundial y el Sur Global están desarrollando por su cuenta y a gran velocidad un conjunto alternativo de instituciones financieras, relaciones comerciales y relaciones de inversión. Y la pregunta es: dado que Estados Unidos está, en esencia, detrás de este conflicto —este conflicto del «peligro amarillo»—, ¿qué papel va a desempeñar Europa en todo esto? Así pues, China estaba dispuesta a llegar a un acuerdo sobre las exportaciones de automóviles, reduciendo, creo, de 850 000 vehículos el año pasado a quizás 350 000 coches eléctricos y de otros tipos este año.
Pero lo hizo a cambio de un acuerdo global que incluye el derecho de China a acudir a la Organización Mundial del Comercio y demandar a Europa si esta impone otros aranceles y restricciones contra China que sean ilegales según el derecho internacional. Pues bien, la industria química europea ya ha declarado: «Vayan a ver este maravilloso acuerdo que la UE ha alcanzado con China. China ha accedido a reducir sus exportaciones de automóviles. ¿Cómo podemos alcanzar el mismo acuerdo para los productos químicos?». Pues bien, China ha dejado muy claro que no va a haber ningún acuerdo en ese ámbito: «Entendemos la importancia que tiene para Europa el comercio de automóviles.
Ha sido un elemento tan central de su desarrollo industrial que no queremos provocar un desempleo masivo en la industria automovilística europea, porque somos conscientes de que eso simplemente empujaría a los votantes a apoyar una política general contra China». Pero cuando se habla de la industria química, ustedes, los europeos, ya han destruido su propia industria química porque los productos químicos se fabrican en gran medida a partir del petróleo y el gas. E incluso los productos que no se fabrican a partir del petróleo y el gas necesitan azufre. Y el ácido sulfúrico se obtiene como subproducto del refinado del petróleo.
Por lo tanto, no pueden achacarnos a nosotros, los chinos, su falta de competitividad, ya que ustedes han incrementado sus costes de producción debido a su lucha contra Rusia. Ese es su problema. No vamos a reducir nuestras exportaciones para que ustedes puedan permitirse mantener ese odio hacia Rusia que sus líderes, patrocinados por Estados Unidos, han sido elegidos para defender. Ese es su problema. Y Europa ha dicho: «Bueno, ya sabe, hemos decidido rechazar por completo los últimos 200 años de teoría del libre comercio. Hemos rechazado la teoría de que los países se benefician al comprar en el mercado más barato. Hemos redefinido el concepto de importaciones.
Las importaciones son consecuencia de la sobreproducción». Así pues, si la sobreproducción es consecuencia de las subvenciones, los europeos fingen que no están subvencionando su mercado y que Estados Unidos tampoco subvenciona el suyo, al igual que China y todos los demás exportadores industriales subvencionan sus industrias, y la Política Agrícola Común de la UE subvenciona su agricultura. Por supuesto, China ha subvencionado su industria como cualquier otro país. Pero la idea general es que, si existe un desequilibrio, si un país importa de China, esto es consecuencia de la sobreproducción china. Así pues, lo que China ha dicho es: «De acuerdo.
De acuerdo, siguiendo su lógica, dejaremos de exportarles todas nuestras materias primas, nuestras tierras raras, nuestro aluminio, nuestro galio, nuestros productos químicos, nuestros productos farmacéuticos y todo lo demás, porque para ustedes eso es nuestra sobreproducción, y la sobreproducción es mala. Lo que es bueno es la autarquía. Si quieren ser autosuficientes en esto, que les vaya bien. Produzcan su propio aluminio, tierras raras, galio, tungsteno, productos farmacéuticos y todo lo demás». Cuando leo la prensa europea, me parece un auténtico disparate desde el punto de vista de cualquier teoría económica.
Me pregunto cómo es posible que gran parte de la prensa popular, especialmente en Inglaterra —que leo principalmente porque está en inglés—, pueda tragarse todas estas tonterías. Pero estas son las declaraciones que están saliendo de los Gobiernos francés, alemán e italiano. Y es una auténtica locura. Así que creo que todo esto es lo que va a salir de esta reunión trilateral entre Estados Unidos, Rusia y China. Y la postura de China sería: «Queremos una economía abierta. No queremos una esfera de influencia». Que el libre mercado, que otros países decidan con quién quieren comerciar y en quién quieren invertir.
Y, obviamente, las empresas alemanas y otras europeas han invertido masivamente en China porque ahí es donde está el mercado. Se les está diciendo que inviertan en Estados Unidos, y el acuerdo de von der Leyen con Trump sobre los aranceles del Día de la Liberación impuestos contra ellos dio lugar a promesas europeas de invertir en Estados Unidos. Pero no han podido encontrar ninguna forma de que sus empresas operen de manera rentable invirtiendo en Estados Unidos, porque Estados Unidos ya no es competitivo industrialmente. Ha financiarizado su economía.
Se ha convertido en una economía rentista con unos costes de vivienda tan elevados —ya sea en alquiler o en hipotecas—, unos costes de seguro médico tan elevados para la población, unos costes de educación tan elevados para que las personas puedan formarse y conseguir un empleo, unos costes de transporte tan elevados y unos costes tan elevados para todo en general, que no hay forma de que Europa pueda cumplir las promesas a las que se comprometió al ceder von der Leyen a las condiciones de Trump, al igual que Corea o Japón no pueden cumplir sus promesas respecto a esas enormes inversiones que se habían comprometido a realizar en Estados Unidos.
Así pues, estamos asistiendo a lo que parece ser el último suspiro de Estados Unidos en su intento por mantener su imperio mundial, su gasto militar en el extranjero y su control a través de la forma tradicional de obtener ingresos mediante mercados eficientes. Ya no cuenta con un mercado eficiente. Ya no posee el poder crediticio que tenía, ahora que el Gobierno de Estados Unidos se ha convertido en el mayor deudor oficial del mundo.
Estados Unidos solo tiene, como ya hemos comentado anteriormente, la capacidad de provocar el caos, entorpecer el desarrollo de otros países y desencadenar una crisis si estos no acceden de alguna manera a seguir pagando tributo o a mantener una relación de inversión y comercio tributaria con Estados Unidos. Esta es la nueva forma de la diplomacia mundial. Y se debate ampliamente en la prensa estadounidense y asiática, pero brilla por su ausencia en la prensa europea. Eso es lo que no consigo entender.
Glenn
No, no tengo ninguna respuesta satisfactoria para esto. No entiendo por qué los debates no se orientan en absoluto hacia esta dirección. Pero, de hecho, acabo de regresar de China, y los periodistas me pidieron en numerosas ocasiones que explicara qué se entiende por este concepto de «exceso de capacidad», ya que, como sabe, solíamos llamarlo «exportaciones». Ya sabe, nadie se queja del exceso de capacidad de Italia en el sector de la moda ni del de Francia en el del vino. Pero me preguntaba, dado este deseo de EE. UU. de, en esencia, incorporar a Europa a su esfera de influencia, ¿cómo cree que actuarán entonces con respecto a Oriente Medio?
Porque la gran tendencia ahora parece ser, bueno, como usted ha dicho, que Estados Unidos no puede competir económicamente, por lo que parece haber un incentivo y una voluntad crecientes de recurrir al ejército para labrarse, supongo, una posición privilegiada en la economía internacional o incluso esferas de influencia exclusivas. ¿Cree usted que Estados Unidos se está alejando de Oriente Medio o que está exigiendo una esfera de influencia exclusiva? Porque parece que, en este momento, podría ocurrir cualquiera de las dos cosas.
Michael Hudson
Parece que se está expulsando a Estados Unidos de Oriente Medio. Toda la conquista poscolonial europea de Asia Occidental que tuvo lugar tras la Primera Guerra Mundial —y que ya había comenzado a finales del siglo XIX— está llegando a su fin. Se está viendo cómo Arabia Saudí y los Emiratos Árabes, en esencia, se están convirtiendo en cosa del pasado. Irán es la potencia emergente en Oriente Próximo, y la potencia en declive es Arabia Saudí, que es una potencia terrorista. Tenemos un Oriente Medio proestadounidense y proeuropeo gobernado por dos gobiernos terroristas.
Michael Hudson
Los fanáticos de Al Qaeda que dirigen Siria, los terroristas suníes contra los chiíes, los cristianos y todos aquellos que no sean musulmanes suníes fanáticos saudíes, junto con Israel, que lucha allí. Y ahora, con el Reino Unido enviando aviones a Arabia Saudí y Francia enviando buques, se puede observar que, a medida que Oriente Próximo se aleja de Estados Unidos, también se está distanciando de todo su legado poscolonial con Europa. Y eso significa el Reino Unido y Francia. Y se está observando cómo no solo Asia Occidental, sino también África, se están separando de la zona del franco en la que se encontraban.
Se está asistiendo al fin de los imperios europeos del siglo XIX de Gran Bretaña y Francia, y está terminando de una forma tan desagradable, terrorista y violenta. Se puede observar que los países de Asia Occidental, en gran medida con el apoyo de Irán —que a su vez cuenta con el respaldo directo de Rusia y China, que proporcionan orientación a través de Internet sobre dónde bombardear exactamente a los gobiernos títeres controlados por Estados Unidos en Arabia Saudí y el resto del Golfo Pérsico—, se están reorientando para suministrar su petróleo, gas y otras exportaciones a Asia y África, la mayoría mundial y el Sur Global.
Así pues, esta guerra en el Golfo Pérsico, Irak y Siria va a formar parte de toda la ruptura con el legado del colonialismo europeo que fue absorbido por el imperialismo estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial, y formará parte de la división mundial. Y parece que Europa va a quedar tan al margen de esta ruptura como lo ha estado en las relaciones con Rusia. Así pues, de nuevo, ¿con quién podrá Europa comerciar e invertir sin Asia Occidental, África y otros países? ¿Con alguien que no sean los Estados Unidos? Se está encerrando a sí misma en las guerras de Trump contra Rusia, Irán y, en última instancia, China.
Y este va a ser el bando perdedor, del mismo modo que no hay esperanza de que Ucrania derrote militarmente a Rusia, como veremos. No hay esperanza de que los europeos o los estadounidenses puedan mantener el dominio de toda la economía mundial que tuvieron desde finales del siglo XIX hasta el final del siglo XX. Todo ese mundo está llegando a su fin. Y el resto del mundo está debatiendo: bueno, ¿qué instituciones vamos a crear para establecer un nuevo orden económico internacional alternativo? Europa y Estados Unidos no forman parte de este debate.
Lo único que pueden hacer es intentar aislarse, es decir, permitir que Estados Unidos aísle aquellas partes del antiguo orden mundial que aún es capaz de controlar como sus Estados títeres, sus satélites.
Glenn
Bueno, dado que llevamos muchos años observando cómo el mundo se encamina hacia una distribución multipolar del poder, siempre me he preguntado cómo se adaptaría Occidente. Y ahora nos encontramos en esta situación. En cierto modo, lo vemos ahora: Estados Unidos volviendo a ese militarismo extremo, y los europeos que, al parecer, no tienen ni idea y se están marginando cada vez más. Por supuesto, yo había esperado algo diferente, pero aquí estamos. ¿Tiene alguna reflexión final antes de que terminemos?
Michael Hudson
Bueno, ¿cómo se adaptará? La cuestión es si se parecerá más a China. Y todo esto tiene un trasfondo financiero. Toda la lucha de los países europeos y la crisis política son, en gran medida, de carácter financiero. Se trata de todo el sistema financiero europeo, de la forma en que se financia el presupuesto, de cómo el capitalismo industrial europeo y estadounidense se ha transformado en capitalismo financiero, y de cómo las economías se han financiarizado y desindustrializado.
¿Cómo pueden reindustrializarse? La única forma de hacerlo es desfinanciarizar.
¿Cómo pueden desfinanciarizar sin eliminar gran parte de la carga de la deuda que se ha generado?
¿Y cómo pueden llegar a ser competitivos o tener algo que intercambiar con el resto del mundo? Si siguen manteniendo privatizados los antiguos servicios públicos —todas las empresas de comunicaciones y transporte que, desde la década de 1980, bajo el thatcherismo en Inglaterra y la «Reaganomics» en Estados Unidos, se han privatizado hasta convertirse en monopolios de alto coste—, entonces toda la economía acabará pareciéndose a lo que el sistema de Thames Water ha supuesto para Londres. ¿Cómo pueden Europa y Estados Unidos darse cuenta de que han tomado un desvío erróneo alejándose de la lógica del capitalismo industrial?
Esa lógica consistía en desarrollar una economía mixta, pública y privada, en la que la empresa pública —incluido el sistema financiero— gestionara los monopolios básicos, como el sistema crediticio, en aras de una inversión de capital tangible a largo plazo, el crecimiento económico, el aumento de la productividad y la mejora del nivel de vida. Toda esa cuestión constituía el núcleo de la economía clásica del siglo XIX.
Toda esa dimensión del debate —la teoría del valor, la teoría de los precios, qué es la renta, cómo ajustamos los precios al coste real de producción y evitamos la búsqueda de rentas—; todo este debate, que estuvo en el centro del debate económico europeo durante un siglo, tendrá que resurgir en algún lugar. Y, sin embargo, ha desaparecido de los planes de estudios de economía y de ciencias políticas. Así pues, obviamente, todo se reduce a un cambio de conciencia y, supongo, a lo que antes se denominaba ideología.
Glenn
Así pues, nos espera una curva de aprendizaje muy pronunciada. Bueno, profesor Hudson, muchas gracias por dedicarnos su tiempo. Le agradezco enormemente sus reflexiones al respecto. Me alegro de que hayamos podido ampliar este debate a una perspectiva más amplia.
Michael Hudson
Gracias, Glenn.
6. El control israelí de nuestras fronteras.
Un muy interesante fragmento de una de las emisiones del programa de Olga Rodríguez «Donde callan las armas» con el Centre Delàs. Es una entrevista al investigador de PorCausa, José Bautista, sobre el tremendo control de las empresas israelíes sobre casi todos los sistemas de control biométrico en nuestras fronteras. Una de ellas, por cierto copropiedad de uno de los fundadores de ACOM, de los que hablabais ayer.
Aquí un pequeño corte para que os hagáis una idea:
https://www.tiktok.com/@olgarodriguezfr/video/7699898583524429078?_r=1&_t=ZN-9AouVEap7cU
Y aquí el programa completo. La entrevista a Bautista empieza en el minuto 29:27 del programa 1×06.
https://centredelas.org/donde-callan-las-armas/?lang=es
7. La transición verde como extractivismo.
El último editorial de la revista ROAPE está dedicado a cómo la evolución de la minería actualmente en África sigue la misma lógica extractivista de siempre.
https://roape.net/2026/10/26/mining-in-contemporary-african-underdevelopment/
La minería en el subdesarrollo africano contemporáneo
Editorial del número 189
Por Bettina Engels, Elisa Greco
26 de octubre de 2026
En este editorial del número 189 de ROAPE, Bettina Engels y Elisa Greco sostienen que la «transición» verde no supone una ruptura con el capitalismo, sino una renovación de su antigua lógica extractivista, que convierte a África en una fuente de mano de obra barata y de minerales críticos para los esfuerzos del Norte Global por descarbonizar, digitalizar y militarizar sus economías. Asimismo, se preguntan si el nacionalismo de los recursos puede ser la respuesta a los problemas de África.
Una de las características definitorias del capitalismo es su notable capacidad para salir de cada crisis aún más fuerte.[1] La historia ha demostrado una y otra vez que la guerra y la militarización sirven a los intereses del capitalismo. E incluso en el caso de la crisis climática —de la que el capitalismo es el principal responsable —, se nos presenta una supuesta solución «beneficiosa para todas las partes». Mientras que las empresas multinacionales se retiran, al menos en parte, de la minería del carbón (véase Tsuji et al. 2026, en este número), el aumento masivo de la demanda de metales y minerales necesarios para la «energía limpia», la digitalización, la electrónica de consumo, el sector aeroespacial y la militarización ha dado lugar a un renovado auge minero, especialmente de las denominadas materias primas críticas (UNCTAD 2026). En un escenario de continuidad con la situación actual, se prevé que la demanda de estos materiales entre 2024 y 2040 aumente un 353 % en el caso del litio, un 131 % en el del grafito, un 69 % en el del níquel y un 49 % en el del cobalto (UNCTAD 2026, 3) .
Muchos de los yacimientos de estas materias primas se encuentran en el Sur global, y el continente africano concentra alrededor del 30 % de los minerales y metales críticos del mundo: por ejemplo, el 85 % de los yacimientos mundiales de manganeso (en Sudáfrica y Gabón) y el 21 % de las reservas de grafito (en Mozambique, Madagascar y Tanzania). Solo Guinea posee una cuarta parte de las reservas mundiales de bauxita. Sudáfrica es uno de los principales productores mundiales de cromo y platino, mientras que la República Democrática del Congo (RDC) es el segundo mayor productor de cobre, con una cuota del 13 % del suministro mundial en 2024 (por detrás de Chile, con un 24 %). Alrededor del 70 % del suministro mundial de cobalto se extrae en la RDC (Boafo et al. 2024; AIE 2025; Cobalt Institute 2026; Servicio Geológico de los Estados Unidos 2026).
El litio se ha convertido en el metal por excelencia necesario para la transición energética: «encarna la fantasía de una “solución tecnológica”, capaz de convertir la crisis climática en una oportunidad política y económica para quienes ostentan el poder» (Voskoboynik y Andreucci 2022, 803) . La investigación crítica, el debate político y el activismo se han centrado en los efectos catastróficos de la expansión de la minería en el «Triángulo del Litio» (Chile, Argentina y Bolivia), que alberga la mayor parte de las reservas mundiales de litio (Ahmad, 2020; Ciftci y Lemaire, 2023; Mejía-Muñoz y Babidge, 2023) . Sin embargo, se ha prestado menos atención a Zimbabue, por ejemplo, que posee los quintos o sextos yacimientos de litio más grandes del mundo, lo que representa casi el 10 % de la producción mundial actual (Manduna 2026b, 4; OCDE 2026, 6); o a Malí, que cuenta con 700 000 toneladas de reservas de litio (Chandler 2022, 2). Es posible que uno de los mayores yacimientos de litio en roca dura sin explotar se encuentre en el sur de la República Democrática del Congo: en 2023 se concedió una licencia de exploración para el Proyecto de Litio de Manono a Manono Lithium SAS, una empresa conjunta entre la empresa china Zijin Mining y la empresa estatal congoleña Société commerciale et Minière du Congo, en la que Zijin posee una participación mayoritaria del 54,9 % (Zijin s. f.) .
Cabe destacar que los mayores yacimientos de litio de Europa se encuentran en Ucrania. Se estima que Ucrania posee alrededor del 5 % de las reservas mundiales de materias primas estratégicas, incluidas las de litio, grafito, titanio y tierras raras. La mitad de estas reservas se encuentra en territorios actualmente bajo control ruso (Baranowski, Jabkowski y Kammen 2025; Crescenzi 2026) . Las empresas multinacionales están interesadas en la otra mitad: por ejemplo, la empresa irlandesa TechMet Ltd, en una empresa conjunta con Ronald Lauder (heredero de Estée Lauder Companies y amigo personal de Donald Trump), obtuvo del Gobierno ucraniano, en enero de 2026, la concesión para explotar el yacimiento de litio de Dobra, en Kirovohrad (Barba, 2025; Méheut, 2026). También en este caso, la competencia geopolítica por los mercados de la descarbonización resulta ser una fuerza impulsora de la guerra.
«Los minerales críticos », sin embargo, son críticos ante todo para el Norte global, no para la oferta y la demanda locales y nacionales del propio continente africano. Son muy pocos los países africanos que procesan y utilizan minerales y metales para tecnologías bajas en carbono. Esto no es de extrañar, dado que los Estados africanos cuentan con menos industrias y, en consecuencia, contribuyen en mucha menor medida a las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Los Estados del G-20 son responsables de casi el 83 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, en particular la UE, EE. UU., China e India (o, si nos basamos en las emisiones per cápita, Arabia Saudí, Canadá y Australia) (EDGAR 2025).
¿Aumento del nacionalismo de los recursos?
En muchos países africanos, el superciclo de las materias primas impulsó una nueva ola de minería a gran escala, con consecuencias inequívocas (como limitaciones a los medios de vida y las infraestructuras basados en los recursos naturales, el aumento de las disparidades salariales, el incremento del coste de la vida y las tensiones dentro de las comunidades y entre estas y las empresas mineras: Bowman et al. 2021) que recuerdan los ciclos de auge y caída tan familiares para las economías dependientes de la minería (Fraser y Larmer 2010). El reciente crecimiento mundial de la extracción de recursos naturales ha reforzado antiguos patrones de extractivismo, heredados de la época colonial, en un contexto de desarrollo desigual como resultado de la acumulación de capital a escala mundial (Greco, 2020; Radley, 2023a). Aun así, o precisamente por ello, en muchos Estados africanos el aumento de la demanda de metales y minerales para la descarbonización, la militarización, la digitalización y otros usos ha ocupado un lugar central en los debates políticos sobre si la minería puede impulsar el desarrollo nacional.
Aunque sabemos que el «tríptico» es un mito, la descarbonización puede, según algunos académicos, élites políticas y actores empresariales, representar una «ventana de oportunidad» para que algunos países del Sur global se beneficien de las cadenas de valor «verdes», impulsen la industrialización y aumenten su soberanía económica (véase Alami, Taggart y Chodor 2025; Cerioli 2026) . Queda por ver si este es el caso en África o si se aplica principalmente a los países de renta media, concretamente a los del sudeste asiático. Como ha argumentado recientemente Ben Radley (2026) en un estudio comparativo sobre el nacionalismo del cobalto y la transformación estructural en la República Democrática del Congo e Indonesia, invirtiendo la famosa máxima del expresidente tanzano Julius Nyerere de que, en la búsqueda de la industrialización de África, «debemos correr mientras otros caminan», es Asia la que corre mientras África camina.
También sigue siendo una cuestión abierta si la desvinculación será posible si la economía se basa en un sector cuya demanda y mercados están controlados por el Norte. La desvinculación, un concepto desarrollado por Samir Amin, se refiere a «someter las relaciones exteriores a la lógica de un desarrollo interno independiente de ellos» (Amin 1987, 442) . Para que los proyectos soberanos nacionales se hagan realidad, será necesario un desarrollo industrial no solo nacional, sino también regional que, si se basa en la extracción de materias primas, debe procesar y utilizar dichas materias a nivel local. En África, han surgido en algunos países intentos de establecer políticas de nacionalismo de los recursos, por ejemplo, en Zambia, Zimbabue y la Confederación de los Estados del Sahel (Malí, Níger y Burkina Faso) (Caramento, Saunders y Larmer 2023; Saunders, Mlambo y Ovadia, 2023; Manduna, 2026a; Tull, 2026). Sin embargo, estos intentos «no son ni de lejos tan ambiciosos como los que en su día llevaron a cabo los gobiernos socialistas africanos» (Greco, 2020, 511). Aunque Nyerere abogaba por dejar los recursos en el subsuelo hasta que la nación estuviera en condiciones de explotarlos en su propio beneficio (Greco 2020, 511), las actuales reformas mineras que están llevando a cabo los gobiernos africanos mantienen, en esencia, la práctica de la explotación de recursos por parte de las empresas multinacionales. En Tanzania, Ghana y Guinea, se están revocando los permisos de explotación minera en el marco de un modelo de «rendimiento ante todo» si las empresas no los utilizan de forma activa y no cumplen sus compromisos de procesamiento ni sus obligaciones de contribuir al desarrollo nacional. Malí y Burkina Faso han aumentado la participación estatal en las minas industriales del 20 % al 35 % y del 10 % al 15 %, respectivamente —lo cual supone un paso significativo, pero sigue significando que el 65 % o el 85 % de las participaciones están en manos de corporaciones multinacionales (Engels 2021, 155).
Si bien el nacionalismo de los recursos promueve la idea de que la extracción de recursos puede cumplir las promesas de desarrollo en África, Amin (1978), al analizar si la teoría de la renta fundiaria de Marx se aplica a la minería, ya había advertido de que el cálculo estrecho de los costes y beneficios de la extracción a corto plazo deja fuera de la ecuación a las generaciones futuras —reproduciendo el enfoque distópico de la burguesía, «après-moi le déluge», respecto a la apropiación de la riqueza social:
La primera de estas [características especiales de la minería] es la no renovabilidad de los recursos que se van a explotar. Esta característica impone un coste específico de producción que no se incluye en la renta, a saber, el coste de reposición. … El dominio del desarrollo social por parte de la propia sociedad implica una perspectiva temporal considerablemente más amplia que la del cálculo capitalista, cuya racionalidad parece, a este respecto, ser relativa y a corto plazo. (Amin 1978, 96)
Amin también nos recuerda que incluso los supuestos «dones gratuitos de la naturaleza» ilimitados (el concepto de Marx de «Gratisnaturkraft»: véase Moore 2016; Battistoni 2025, cap. 3), como el suelo, el viento, el sol y el agua, distan mucho de ser inagotables (Amin 1978, 97). La acumulación capitalista se basa en la apropiación y la explotación de la naturaleza, abstraéndose así de sus cualidades y limitaciones físicas y materiales. Esta alienación de la naturaleza y la alienación del trabajo son dos caras de la misma moneda (Foster 2018). Partiendo de su concepción del proceso de trabajo como «un proceso entre el hombre y la naturaleza» (Marx 1894, 574), Marx llegó a la conclusión de que «la producción capitalista [está] socavando simultáneamente las fuentes originales de toda riqueza: la tierra y el trabajador» (Marx 1976 [1867], 638). La contradicción entre el capital y la naturaleza forma, por tanto, parte integrante de la contradicción entre el capital y el trabajo. Con la industrialización de la agricultura y la creciente concentración de la propiedad de la tierra en la Europa del siglo XIX, la población campesina disminuía y la población industrial de las ciudades aumentaba, lo que tuvo como consecuencia, entre otras, el agotamiento y el uso excesivo del suelo. Ya a finales del siglo XIX, Marx, refiriéndose al químico Justus von Liebig, puso de relieve lo que hoy denominamos crisis ecológica. Describió la separación entre los entornos agrícolas rurales y los industriales urbanos como «una ruptura irreparable[2] en la coherencia del intercambio social prescrita por las leyes naturales de la vida» (Marx 1894, 531; véase también Foster 1999; Saito 2020).
La acumulación capitalista y el desarrollo desigual se basan en los despojos coloniales e imperiales, para los que la opresión, la explotación y la destrucción de los cuerpos femeninos son constitutivas, tal y como han subrayado décadas de estudios feministas sobre la reproducción social (Federici 2004; Mezzadri 2019; Ossome 2024). Partiendo de esto, y siguiendo a Amin, Patrick Bond ha argumentado que los supuestos efectos de la extracción de recursos sobre el desarrollo —independientemente de si son presentados por defensores del nacionalismo de los recursos o por ONG como Publish What You Pay— se basan en un «borrador medioambiental y de género», ya que no tienen en cuenta ni los costes ecológicos ni el trabajo no remunerado de la reproducción social, condicionado por el género, que hacen que la extracción de metales, minerales y recursos fósiles resulte tan rentable (Bond 2025, 103). La clase social es otro factor clave que se borra sistemáticamente. Las representaciones neoliberales de las crisis medioambientales y climáticas pretenden que la humanidad en su conjunto fuera responsable de las consecuencias de las economías basadas en los combustibles fósiles y se viera afectada por ellas —replanteando la idea de que «todos estamos juntos en esto». Por el contrario, hacemos hincapié en la importancia de un análisis de clase de las crisis actuales y de las «transiciones» propuestas para resolverlas (Greco 2022) . Las relaciones de clase estructuran todas las formas de dominación: la extracción de recursos, tanto en África como a escala mundial, sigue estando estructuralmente arraigada en la dominación de los trabajadores pobres. Hasta ahora, las cuestiones relacionadas con el trabajo y las relaciones de clase han brillado por su ausencia en los debates sobre el extractivismo, el nacionalismo de los recursos y la industrialización verde, aunque es obvio que, al igual que en otros lugares, en las economías rentistas basadas en la extracción de recursos, el valor lo producen en realidad los trabajadores que extraen metales y minerales del suelo.
Mineros artesanales de cobalto en la República Democrática del Congo (Wikicommons)
Sacrificados por partida doble
Mientras el debate sobre el nacionalismo de los recursos en África sigue en curso, los países que dependen en mayor medida del sector minero han tenido hasta ahora dificultades para utilizarlo como fuente de ingresos con la que financiar los planes nacionales de desarrollo económico y social. Entretanto, esos mismos países han soportado el impacto ecológico y social de los enclaves extractivos, que tienen pocos o ningún vínculo con los proveedores locales, no generan vínculos intersectoriales a nivel nacional y, a menudo, se convierten en enclaves territoriales gobernados por empresas transnacionales (Bebbington et al. 2008; Bush 2008; Radley 2020). Cada vez más, las zonas extractivas se están convirtiendo en zonas de sacrificio cuyos residentes son considerados prescindibles por los gobiernos. El concepto de «zonas de sacrificio ecológicas» —«la lógica de sacrificar […] lugares y poblaciones que se verán afectados por el abastecimiento, el transporte, la instalación y la puesta en marcha de soluciones destinadas a impulsar las transiciones hacia una economía con bajas emisiones de carbono» (Zografos y Robbins, 2020, 543)— se ha acuñado para poner de relieve la distribución desigual de los costes y beneficios de las economías de descarbonización, tanto dentro como fuera de los países mineros.
Las poblaciones rurales de África y de otras partes del Sur Global están siendo, por tanto, «sacrificadas» por partida doble: soportan las consecuencias de la crisis climática, que se deriva en gran medida del desarrollo industrial y la riqueza del Norte Global y del «modo de vida imperial» (Brand y Wissen, 2021) de las clases acomodadas; y ahora soportan las consecuencias de una vía de descarbonización basada en la tecnología y perfectamente alineada con el capitalismo, que se sustenta en la extracción intensificada de materias primas precisamente de estas zonas rurales. Si toda la humanidad adoptara el estilo de vida derrochador de las clases adineradas del Norte global, probablemente nos extinguiríamos en unas pocas generaciones al sobrepasar los límites planetarios. En cambio, el Informe sobre Justicia Global (World Inequality Lab, 2026) propone aspirar a la suficiencia: reducir el elevado consumo privado, prescindir de los símbolos de estatus y trabajar la mitad del número medio actual de horas. La clave para ello es una redistribución radical que comience por abolir la clase de los multimillonarios —el 0,001 % más rico— y, en su lugar, garantice una renta mínima digna para todas las personas a nivel mundial. Esto no es una utopía, sino algo bastante factible (World Inequality Lab 2026; véase también Parsons y STWR 2026). Sin embargo, la redistribución por sí sola no genera justicia, ni a escala mundial ni dentro de las sociedades. Debe ir más allá de lo que propone el Informe sobre Justicia Global y comenzar antes y durante el proceso de producción —la «predistribución», por así decirlo— en lo que respecta a la propiedad y el control de los medios de producción, así como a la diferente valoración del trabajo productivo y reproductivo.
El Relator Especial del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas define como «zonas de sacrificio» aquellas localidades en las que «las comunidades están expuestas a niveles extremos de contaminación y tóxico» (CDH de las Naciones Unidas 2022, 1; véase también CDH de las Naciones Unidas 2021). En estas zonas, la extracción ha ido modificando los ecosistemas y paisajes locales, lo que ha provocado daños medioambientales a largo plazo que crean entornos tóxicos inhabitables, violando el «derecho humano a un medio ambiente limpio, saludable y sostenible» (CDHNU 2022, 1). Las zonas de sacrificio suelen ser áreas militarizadas en las que la población sufre una crisis social permanente. No es casualidad que estas zonas se encuentren en lugares históricos de extracción en África. En la ciudad de Kabwe, situada en el Cinturón del Cobre de Zambia, la exposición ambiental al plomo es tan grave que el 95 % de los niños presenta niveles elevados de plomo en sangre, lo que perjudica su desarrollo neurológico y provoca déficits cognitivos a largo plazo y, en los casos más graves, «ceguera, parálisis y muerte» (CDH de la ONU 2022, 7). En el delta del Níger, en Nigeria, la contaminación por petróleo provoca «anomalías en las funciones sanguíneas, hepáticas, renales, respiratorias y cerebrales, así como ataques de asma, dolores de cabeza, diarrea, mareos, dolor abdominal y dolor de espalda» (CDH de la ONU, 2022, 8), lo que reduce la esperanza de vida media de los residentes locales a 40 años, por debajo de la ya de por sí baja esperanza de vida media nacional de 55 años.
Retórica ecológica
Si bien los impactos son esencialmente los mismos y bien conocidos (por ejemplo, el despojo y la expulsión de los usuarios locales de la tierra, los riesgos para la salud, la contaminación del suelo, la escasez de agua, el aumento del coste de la vida y la pobreza en las zonas mineras), el actual auge de los recursos se caracteriza por el hecho de que, además del argumento ya bien establecido de que
«la minería genera crecimiento económico, desarrollo nacional y empleo», se justifica cada vez más mediante una narrativa «verde»: la perspectiva de una modernización ecológica y la mitigación del cambio climático. De este modo, se silencian y se invisibilizan las estrategias alternativas para hacer frente a la crisis climática, mientras que los movimientos y activistas que se movilizan contra los efectos desastrosos de las industrias extractivas son deslegitimados por considerarse retrógrados y un obstáculo para la descarbonización, y con frecuencia son reprimidos y criminalizados (Foro Social Mundial 2023). En ese «extractivismo verde» (Voskoboynik y Andreucci 2022; Riofrancos 2025), la extracción de materias primas se convierte en un medio para alcanzar un fin, que se presenta como una solución «beneficiosa para todas las partes»: «la extracción y la valorización de los recursos minerales no solo se presentan como compatibles con el “desarrollo sostenible”, sino como necesarias para este y para la posibilidad de un «futuro con bajas emisiones de carbono»» (Voskoboynik y Andreucci, 2022, 803; énfasis en el original).
Hoy en día, al igual que en décadas y siglos anteriores, el Sur global sirve de reserva de naturaleza barata y mano de obra barata para el Norte global. Hickel et al. (2022; véase también Hickel, Hanbury Lemos y Barbour, 2024) han intentado cuantificar este intercambio desigual. Basándose en datos de insumo-producto medioambientales y en el análisis de la huella ecológica, calculan que la cantidad total de recursos (materias primas, tierra, energía y mano de obra) que el Norte se apropió del Sur entre 1990 y 2015 ascendió a 242 billones de dólares estadounidenses (Hickel, Hanbury Lemos y Barbour 2024). La mano de obra desempeña, por tanto, un papel clave: el Norte se apropia aproximadamente del doble de mano de obra de la que dispone; en consecuencia, esta mano de obra no está disponible para contribuir a la producción y a la reproducción social en el Sur. La riqueza del Norte se basa claramente en la inmensa brecha salarial mundial: los trabajadores del Sur aportan el 90 % a la economía mundial, pero solo reciben el 21 % de los ingresos globales (Hickel et al., 2022). Esto se aplica igualmente a la extracción de recursos en el marco de los esfuerzos para, supuestamente, combatir la crisis climática. La perpetuación de las relaciones coloniales de explotación de la mano de obra y la naturaleza, así como del despojo en nombre de «objetivos renovables», se denomina, por tanto, «colonialismo verde» (Hamouchene y Sandwell, 2023) e «imperialismo verde»: la forma en que las empresas y los gobiernos del Norte controlan territorios fuera de sus fronteras nacionales con el fin de lucrarse con la descarbonización mediante la extracción de materias primas en dichos lugares (Radley, 2023b, p. 324).
La modernización tecnológica verde, la estrategia de descarbonización promovida por los gobiernos para cumplir sus promesas en materia de objetivos climáticos (un eufemismo tecnocrático para su respuesta hipócrita a la crisis climática), encaja perfectamente en la lógica del capitalismo neoliberal. Representa una solución tecnológica a las crisis del capitalismo: «soluciones» tecnológicas y basadas en el mercado para la crisis climática. La modernización verde se basa en una necesidad sustancial y creciente de metales, minerales y tierra, mano de obra barata para la extracción de recursos y los «regalos de la naturaleza», como el agua, el viento y el sol, para las energías renovables. El capitalismo «verde», asimismo, necesita un «exterior» del que apropiarse de materias primas y al que externalizar los costes ecológicos y sociales (véase Luxemburg 2003 [1913]). Con este tipo de gestión de crisis, las estructuras históricamente arraigadas entre los centros de producción industrial y los países de la periferia ricos en recursos se reproducen en forma de desarrollo desigual (Smith 1984) y estructuras de poder asimétricas, aunque bajo nuevos auspicios y en condiciones cambiantes. La crisis del neoliberalismo quedó claramente de manifiesto en la crisis económica y financiera mundial de 2007-2008, en las desastrosas políticas de austeridad neoliberales adoptadas como respuesta a la misma, y el consiguiente aumento de los precios de los alimentos y los levantamientos populares en todo el mundo. A pesar de todo ello, las actuales estrategias de gestión de crisis siguen firmemente arraigadas en la lógica neoliberal y están cada vez más dominadas por intereses militares y de «seguridad» —en el sentido reaccionario de la seguridad de las fronteras nacionales, más que en el de la seguridad de la salud, la nutrición y el bienestar de las personas en todo el mundo—.
Los artículos de este número
Las dos primeras contribuciones de este número abordan explícitamente los efectos de la descarbonización global. Hiroyuki Tsuji, Kei Otsuki, Joshua Kirshner y Griet Steel examinan los efectos sobre las relaciones laborales. En Mozambique, empresas multinacionales como Rio Tinto se retiraron de la minería del carbón y entraron en escena empresas indias. Esto tuvo un efecto considerable en las condiciones laborales, sobre todo porque las empresas indias operan bajo condiciones menos estrictas que Rio Tinto y son más propensas a recurrir a subcontratistas que no cumplen con la normativa de seguridad. Esto provocó un drástico deterioro de las medidas de seguridad en el lugar de trabajo, lo que tuvo graves consecuencias para los trabajadores, dado que la minería es uno de los sectores más peligrosos. El cambio de Rio Tinto a las empresas indias también tuvo repercusiones en lo que respecta a las relaciones de clase.
Kennedy Manduna ofrece un análisis empírico detallado de la inversión china en el sector del litio de Zimbabue. Al examinar, a través de cuatro estudios de caso locales, quién se beneficia y quién sale perdiendo con los megaproyectos de litio, sostiene que la inversión china en la extracción de recursos en África representa nuevas formas de intercambio ecológico desigual. Según Manduna, la construcción de plantas de procesamiento en el país es más bien una fachada, destinada a apaciguar el discurso público: la mayor parte de los minerales de litio sigue exportándose sin procesar. Los intentos políticos de indigenizar el sector extractivo en Zimbabue también se han visto frustrados, ya que se ha vuelto a permitir a las empresas multinacionales poseer y controlar íntegramente una mina. Las inversiones en la extracción de recursos, concluye Manduna, pueden contribuir a enriquecer a un Estado, pero no a que este sea independiente.
Siyabulela Christopher Fobosi examina la capacidad de acción y las prácticas de resistencia de los trabajadores precarios en los sectores informales. Su etnografía sobre los conductores de minibuses-taxi en Johannesburgo describe el imali yesokisi, «dinero en el calcetín», como una estrategia principal utilizada por los trabajadores para sortear las relaciones laborales explotadoras, ocultando una parte de sus ingresos. Fobosi entiende el imali yesokisi como «resistencia cotidiana», un «arma de los débiles», en términos de James Scott (1985), en un contexto en el que la organización colectiva de los trabajadores es débil y se ve obstaculizada por la extorsión violenta y por una regulación y protección estatales mínimas. Al ocultar parte de sus ingresos a los propietarios de los taxis, los conductores hacen frente a su precariedad material y ejercen su capacidad de acción en un entorno laboral estructuralmente limitado.
Mebratu Kelecha se basa en la teoría de la dependencia para analizar los regímenes de deuda de Etiopía, argumentando que las relaciones de poder desiguales entre los Estados, las instituciones internacionales y los inversores privados determinan los procesos políticos que subyacen a la reestructuración de la deuda en Etiopía. Lejos de ser un ejercicio técnico neutral, la reestructuración de la deuda constituye un ámbito de lucha dentro del orden financiero mundial. Kelecha subraya que las decisiones políticas nacionales son relevantes y detalla las particularidades de los distintos regímenes de deuda a lo largo de la historia de Etiopía; al mismo tiempo, las decisiones políticas se ven limitadas por las restricciones que impone un sistema financiero global estructurado en torno a relaciones de poder desiguales. Estas restricciones han dado lugar a una reducción de las opciones políticas de los sucesivos gobiernos etíopes, lo que ha conducido a reformas que han priorizado el reembolso de la deuda frente a los planes de desarrollo a largo plazo y la provisión pública para satisfacer las necesidades sociales.
Laura Paramoer, Hamish Evans y Anne Pollock analizan las perspectivas de la fabricación de productos médicos en África en el período posterior COVID-19, comparándola con el período inmediatamente posterior a la independencia. Observan que, mientras que en el período posterior a la independencia se promovió la fabricación de productos médicos dentro del imperativo más amplio de la industrialización de sustitución de importaciones y de paradigmas más amplios de desarrollo nacional, en la era neoliberal las prioridades se han alejado de la transformación social para orientarse hacia la seguridad sanitaria. En la coyuntura posterior a la COVID-19, esto ha tenido un profundo impacto en el significado de la solidaridad y la soberanía, y aunque las iniciativas contemporáneas en materia de fabricación de productos médicos en África no son tan radicales como las propuestas en las décadas de 1960 y 1970, siguen teniendo cierto potencial para catalizar transformaciones tangibles y no deben subestimarse.
En su informe, Bülent Gökay y Zehra Vildan Serin también abordan las inversiones chinas en África. Analizan la Iniciativa de la Franja y la Ruta, en la que África se ha convertido en una región líder, siendo la energía y la minería sectores clave. Las inversiones energéticas en África «representan tanto la composición más “sucia” como la más “ecológica” en la historia de la Iniciativa de la Franja y la Ruta» (406); las inversiones en combustibles fósiles se triplicaron con creces entre 2024 y 2025, mientras que, al mismo tiempo, las inversiones en energías renovables (eólica, solar y valorización energética de residuos) también alcanzaron máximos históricos. En consonancia con los temas relacionados con la industria extractiva de este número, Bettina Engels reseña la obra de Kennedy Manduna titulada «La indigenización de la industria extractiva en Zimbabue: neoextractivismo, nacionalismo de los recursos y desarrollo desigual».
Además de estos artículos, nos complace anunciar que el Premio Ruth First de este año ha sido otorgado a Antonater Tafadzwa Choto por su artículo, «Zimbabue 1995-2000: una relectura del intelectual orgánico de Gramsci en las luchas contemporáneas de la clase obrera» (Choto 2025). ROAPE concede anualmente este premio al mejor artículo de un autor africano publicado por primera vez en la revista durante el año natural anterior. Nuestra nota editorial analiza el artículo de Choto y expone los motivos de esta decisión, junto con un perfil de la autora y su obra.
Por último, Jon Abbink y Mohamed Salih recuerdan al difunto Fantu Cheru, colaborador y amigo de ROAPE y antiguo miembro de su consejo asesor internacional. Fantu nos dejó el 31 de mayo de 2026. Sus innumerables análisis críticos sobre la economía política y el desarrollo africanos han marcado a toda una generación de jóvenes académicos radicales y constituyen un valioso recurso para inspirar a las futuras generaciones.
Notas
1Este editorial es, como siempre, un esfuerzo colectivo. Muchas gracias al colectivo editorial por sus comentarios, correcciones y modificaciones.
2Dependiendo de la edición traducida de El Capital, vol. III, el término utilizado es «ruptura» (Bruch) o «fisura» (Riss). Aunque estos términos difieran ligeramente en su sentido literal, ello no altera significativamente el fondo.
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8. No es posible una política ecosocialista sin romper con la UE.
Creo que ya os había pasado el artículo de Durand que da origen a esta respuesta de Kouvelakis, quizá excesivamente larga pero, como sabéis, es un tema que me interesa mucho. El razonamiento de Kouvelakis es el que señalo en el título: hay que romper con estas instituciones. Un debate fundamental.
¿Una política «ecosocialista» sin enfrentamiento con la UE? Respuesta a Cédric Durand
En esta respuesta a un texto de Cédric Durand publicado en nuestra página web, Stathis Kouvélakis critica la idea de que se pueda llevar a cabo una política ecosocialista sin asumir el enfrentamiento con los mercados financieros y las instituciones europeas, y aboga por otra estrategia que implique medidas de ruptura con dichas instituciones.
por
Al repasar la capitulación de Syriza en 2015 y el balance de los gobiernos «progresistas» españoles, pretende demostrar que la voluntad de conciliar una política alternativa con el respeto a las restricciones europeas conlleva el riesgo de perpetuar la austeridad y de desarmar a un gobierno de izquierdas frente a los ataques del capital.
En contraposición a un «realismo presupuestario» preocupado por tranquilizar a los mercados financieros y al capital, defiende un «realismo de ruptura»: preparar los medios económicos y políticos para el enfrentamiento con la Unión Europea con el fin de allanar el camino hacia una transformación social y ecológica fiel al proyecto de ruptura impulsado por la izquierda radical e insumisa.
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La posible victoria de LFI y de su candidato en las elecciones presidenciales del próximo año abre (¡por fin!) la posibilidad de un debate estratégico a «gran escala» en la izquierda radical francesa*. En el seno de este espacio político e intelectual, las contribuciones de Cédric Durand (CD), ya sea sobre el capital ficticio, la Unión Europea o, más recientemente, sobre el «tecnofeudalismo » y la planificación ecológica, han desempeñado un papel fundamental y han valido a su autor un lugar destacado en el ámbito de la economía heterodoxa y en la elaboración programática de la principal fuerza de la izquierda radical, LFI.
En el artículo publicado el pasado 17 de agosto en línea en Contretemps bajo el sugerente título «¿Cómo llevar a cabo una política ecosocialista en un régimen capitalista? », CD pone «las cartas sobre la mesa». Contrariamente a lo que el título podría sugerir, el verdadero objetivo de este texto no es tanto reflexionar sobre dicha política «en un régimen capitalista», sino algo mucho más concreto y políticamente relevante, a saber, la línea que debería seguir un posible gobierno de LFI para hacer frente a las reacciones que, sin duda, suscitará la puesta en práctica de su programa.
CD es muy claro al respecto: «la hostilidad del capital» , que concentra un inmenso poder económico en las sociedades en las que vivimos, es un hecho ineludible, y quien pretenda ignorarlo —o piense que puede superarse fácilmente mediante un llamamiento al voluntarismo político— se expone a graves decepciones. Basándose en la experiencia de anteriores gobiernos de izquierda que llegaron al poder, pretende evitar tanto la « renuncia» del giro neoliberal durante el primer mandato de siete años de Mitterrand y la «derrota pura y simple» del Gobierno de Syriza en el verano de 2015.
Su argumentación está salpicada de referencias a situaciones históricas como la política de los comunistas chinos en una provincia del norte durante la guerra chino-japonesa y la guerra civil que le siguió,
o los debates sobre la planificación en los inicios de la revolución cubana, en los que destacó, entre otros, el economista marxista Charles Bettelheim. Los dejaremos de lado en lo que sigue, por un lado, porque se refieren a contextos demasiado alejados del nuestro como para poder arrojar luz sobre nuestra situación y, por otro, porque plantean cuestiones teóricas que requerirían largos desarrollos imposibles de llevar a cabo en el marco de este texto1.
De hecho, es sobre todo el «fantasma del desastre griego» el que acecha los análisis de CD, al igual que acecha, por lo demás, a toda la izquierda radical europea desde aquel fatídico año 2015. Por ello será objeto de análisis relativamente exhaustivos. La lección que CD extrae de ello consiste en lo que denomina, con un agudo sentido de la antífrasis, como « el principio de Tsipras»: «Basar una estrategia únicamente en la capacidad de convencer a los adversarios de que cambien de rumbo es un camino peligroso».
Uno se ve tentado a dar un paso más y afirmar que incluso esa pequeña palabra «únicamente» sobra: pues, a menos que se viva en la ilusión ideológica de un Jürgen Habermas y se crea que las contradicciones del mundo social pueden resolverse mediante la ética del debate y la primacía del mejor argumento, una estrategia realista de ruptura con el orden existente solo puede basarse en la construcción de una relación de fuerzas y en ningún caso en la posibilidad de «convencer» a un adversario (de clase) haciendo gala de una capacidad extraordinaria de «persuasión».
Hasta aquí, salvo esta salvedad, seguimos el razonamiento de CD. Sin embargo, pronto surge una objeción más seria. Y es que existe una variante de la ilusión del «verdadero» Tsipras que, a nuestro juicio, CD parece compartir. En el razonamiento de Tsipras, al igual que en el de tantos otros dirigentes de izquierda que han llegado al poder por la vía electoral, tras la invocación del poder de los argumentos racionales y las virtudes del diálogo, estaba en juego algo mucho más prosaico. A saber, la convicción de que, al demostrar preventivamente moderación, el adversario aceptará dejarnos alcanzar nuestros objetivos, siempre y cuando los reduzcamos a un nivel «razonable», es decir, que los rebajemos.
Insistamos en la palabra «preventivamente»: no se trata de rechazar toda idea de compromiso ni de considerar que esta sea ajena a la estrategia revolucionaria —la crítica de Lenin contra el rechazo «izquierdista» a los compromisos en su famoso folleto sigue siendo, a este respecto, de plena actualidad.
Lo que hay que rechazar, en cambio, es, por retomar la formulación de Lenin, «atarse las manos de antemano», ya sea en un sentido «izquierdista» —al que se refiere la polémica del dirigente bolchevique (« decirle en voz alta a un enemigo que, por el momento, está mejor armado que nosotros, si vamos a hacerle la guerra y en qué momento»), o en un sentido «de derechas», que consiste en creer que se puede desactivar el enfrentamiento aceptando desde el principio moverse dentro de un marco supuestamente aceptable para el adversario. Ahora bien, la experiencia histórica es, a este respecto, contundente: desde los Frentes Populares de la década de 1930 hasta el Chile de Allende, y por supuesto la Grecia del primer Gobierno de Syriza, lejos de impedir la derrota, la retirada y el moderantismo condujeron directamente a ella.
De hecho, existen situaciones en las que, a diferencia de otras2, la configuración del enfrentamiento de clases hace que la búsqueda preventiva de un compromiso sea sinónimo de una conducta abocada al fracaso. Ahora bien, y este es el objeto de las observaciones que siguen, es precisamente a esta imposibilidad a la que conduce la propuesta central de CD en el texto que nos ocupa. En pocas palabras, puede formularse así: ante un elevado nivel de déficit y endeudamiento públicos, un Gobierno insumiso deberá renunciar a una política de reactivación presupuestaria y aceptar, como objetivo prioritario, congelar el nivel de endeudamiento (ratio deuda/PIB) en su nivel actual.
Esta adaptación a las restricciones establecidas por los tratados europeos permitiría entonces matar dos pájaros de un tiro: por un lado, privaría al BCE del pretexto para intervenir y ejercer el tipo de chantaje al que se entregó durante la crisis de 2015. Por otro lado, haría posible la «nacionalización» parcial de la deuda pública mediante una política de recompra de los títulos que actualmente obran en poder de acreedores extranjeros. El poder público, es decir, el Gobierno de izquierda de ruptura, quedaría así protegido de los ataques de los mercados financieros internacionales.
Una vez establecido este marco, CD defiende la aplicación de medidas habituales en los programas de izquierda (incluidos los socialdemócratas): aumento de los salarios, imposición del capital y de la riqueza para generar margen presupuestario, e inversión pública financiada no con cargo al presupuesto, sino mediante la intervención de entidades públicas (como Bpifrance o la Caisse des dépôts), intervención que, a su vez, se inscribe en un marco de planificación ecológica.
La conclusión que se deriva de ello, de forma implícita pero clara, es que es posible avanzar hacia una «política ecosocialista» sin salirse del marco de los tratados europeos, evitando el un enfrentamiento con la UE e incluso asumiendo los objetivos enunciados en el Pacto de Estabilidad actualizado, aunque ello implique renegociar ciertas modalidades de su aplicación.
Esta propuesta de CD nos parece a la vez ilusoria y perjudicial. Perjudicial porque cede demasiado en relación con los objetivos de una política de ruptura y con las urgencias de la situación social. No puede sino conducir al un estancamiento administrativo y a la desconexión de las exigencias del bloque social que se está estructurando en y en torno a LFI. Ilusoria también, porque cede muy poco para resultar aceptable a los adversarios de clase y/o para permitir defenderse frente a sus ataques.
Como demostraremos, lejos de oponerse al enfoque de Tsipras y de otros gobiernos de izquierda que acompañan al neoliberalismo, no hace más que prolongarlo. En las observaciones que siguen, procederemos en primer lugar a un análisis de su balance de la experiencia griega; a continuación, abordaremos la cuestión de la política económica adecuada al proyecto de la izquierda de ruptura, con especial referencia al caso español. Concluiremos con una propuesta que denominaremos el «principio de un realismo de ruptura», que consiste en dotarse de los medios necesarios para llevar a cabo el inevitable enfrentamiento con la UE.
El fantasma de Grecia: ¿«traición», «capitulación», «derrota»?
Por razones propias de la experiencia del autor de estas líneas, pero también, y sobre todo, debido al lugar estratégico que ocupa tanto en este texto de CD como en sus anteriores contribuciones, debemos volver sobre el balance de lo que él califica como la «derrota de Syriza». Sorprendentemente, CD se niega a calificar esta derrota de «traición», prefiriendo hablar de «derrota». Poco antes, se menciona la «farsa infligida por la Troika (FMI, BCE, Eurogrupo) al Gobierno griego dirigido por Alexis Tsipras». Esto nos traslada al registro de la commedia dell’arte, poco compatible con la caracterización —mucho más adecuada— de «tragedia» que CD adopta unas líneas más adelante.
Lo que sugieren estas formulaciones, y lo que plantea un problema, es que el Gobierno de Tsipras y la dirección de Syriza no parecen ser más que actores pasivos a quienes la Troika «inflige» una paliza. Esto da crédito a la autojustificación esgrimida por Tsipras (y compartida por la casi totalidad de la izquierda radical europea de la época, con la notable excepción de Mélenchon y el Partido de Izquierda) según la cual «no podía haber actuado de otra manera». Un argumento que, como mínimo, exime a los dirigentes de Syriza de su responsabilidad en un desastre que el historiador británico Perry Anderson, poco dado a la exageración, comparó con la votación, en agosto de 1914, de los créditos de guerra por parte de la socialdemocracia alemana.
Según un enfoque «objetivista», que hace abstracción de las intenciones de los actores, lo ocurrido en Grecia entre enero y julio de 2015 se presenta indiscutiblemente como la ilustración más pura de lo que, en la historia de la izquierda, se suele calificar de «traición». ¿Cómo, en efecto, denominar de otro modo lo que ocurre cuando un Gobierno elegido con un mandato perfectamente claro —liberar al país de la jaula de hierro de los dos memorandos firmados por sus predecesores con la Troika— llega, en apenas siete meses, a firmar un tercer memorando —aún peor que los dos anteriores— y ello una semana después del histórico referéndum del 5 de julio de 2015, en el que más del 61 % del pueblo griego —a pesar de estar sometido a un bloqueo financiero total3— había votado «no» al dictado de la Comisión Europea?
Si bien resulta objetivamente fundado y plenamente justificado desde un punto de vista político, no obstante es cierto que el término «traición» no basta para explicar —y, por tanto, para comprender— lo que ha ocurrido. Si se incorporan a la ecuación las intenciones de los actores, la perspectiva analítica resulta modificada. Tsipras y la mayoría de la dirección de Syriza no fueron «traidores» según una concepción simplista que convertiría su actuación en el resultado deliberado de un plan concebido de antemano.
Más bien se presentan como figuras débiles, incluso patéticas, obligadas por las decisiones que tomaron de forma plenamente consciente y desbordadas por las consecuencias de su actuación. Consecuencias que, sin embargo, eran perfectamente previsibles y que se derivaban de su obstinada negativa a aceptar las opciones alternativas que se les habían planteado en el seno de su propio partido, a saber, un «plan B» que incluía la suspensión de los pagos de la deuda y la salida del euro.
Pero antes de llegar a ese punto, sin duda conviene recordar que, en 2015, el propio CD veía las cosas de otra manera. En un texto de aquella época, publicado en estas páginas, al que él mismo hace referencia (aunque solo en una nota al pie), calificaba la decisión del Gobierno de Tsipras de «rendición ante la irracionalidad neoliberal… tanto más escandalosa cuanto que tuvo lugar inmediatamente después de la magnífica victoria del «no» a las exigencias de la Troika en el referéndum del 5 de julio ». En el Diccionario de sinónimos, la primera entrada asociada a «rendición» es «capitulación», y de eso se trata precisamente. CD atribuía entonces la causa de este fracaso al «entusiasmo proeuropeo» que (la mayoría de) Syriza compartía con la casi totalidad de la izquierda radical europea de la época, y que la llevó a rechazar obstinadamente cualquier idea de un plan B que incluyera la opción de salir del euro.
En ese mismo texto defendía, con argumentos muy sólidos, precisamente un plan de ese tipo, que incluía el Grexit. De ello extraía entonces una conclusión que traspasaba el marco de ese caso concreto:
«Un pueblo que pretenda romper con el neoliberalismo no puede contar con sus adversarios para financiar su economía. Se trata de la famosa restricción externa que obliga a todo país que desee escapar de la soberanía de los mercados financieros a no dejar que se dispare su déficit comercial y a protegerse de la especulación en los mercados de capitales. En el marco de la zona del euro, se suma además la necesidad de dejar de depender de de un banco central hostil para garantizar el funcionamiento normal de su sistema bancario. Recuperar la soberanía monetaria es, por tanto, una condición necesaria para romper con las políticas de austeridad y emprender reformas estructurales orientadas a la justicia social, la reconstrucción del aparato productivo y la transición ecológica. »
Para remachar el clavo, CD concluía este texto con una «lección» que formulaba así:
«Para no seguir hundiéndose en la insignificancia, la izquierda debe anclarse firmemente a los intereses inmediatos de los subalternos, es decir, rechazar la austeridad y preparar la salida de la moneda única. Al derrotismo de la otra Europa se opone la voluntad de romper».
En nuestra opinión, nada de lo que ha ocurrido desde entonces justifica cambiar ni siquiera una coma de esta conclusión. Un gobierno de izquierdas que renunciara de antemano a enfrentarse a la institución clave de la UE: el BCE —el Banco Central Europeo—, la única que dispone de un verdadero poder sancionador, y a llegar hasta la ruptura si (o más bien cuando) esta pase a la ofensiva, se condenaría a correr la misma suerte que Syriza.
El verdadero «principio de Tsipras»
No obstante, queda por aclarar un punto esencial. En su reciente texto, CD califica de «principio de Tsipras» una postura que, en realidad, es opuesta a la del «verdadero» Tsipras. En su intervención en la universidad de verano de los colectivos descoloniales, el pasado 5 de julio, había hablado de la «desinvoltura» de la que habrían dado muestras Tsipras y los dirigentes de Syriza y que, según él, explicaría su fracaso.
Sin embargo, aunque pueda basarse en una retórica (aparentemente) voluntarista que efectivamente prevaleció durante el período en cuestión, se trata de una interpretación superficial de la línea seguida por Tsipras y sus allegados. Cuando se dirigían a audiencias más reducidas, los dirigentes de Syriza eran explícitos en cuanto a su verdadero objetivo, que se resumía en el término «compromiso honorable », acuñado por Giannis Dragasakis, el auténtico «cerebro político» de la dirección de Syriza y ministro de Economía de enero a agosto de 2015. El resultado de esta línea fue el «programa de Tesalónica», con el que Syriza se presentó ante el electorado y ganó las elecciones de enero de 20154.
Este programa fue objeto de interpretaciones contradictorias. A menudo calificado de moderado —elogiado y criticado por ello a partes iguales—, también fue tachado de maximalista por los defensores de la terapia de choque. El ala izquierda de Syriza y, en términos más generales, los opositores a la línea de Tsipras, se acogieron a él para denunciar su abandono definitivo durante la capitulación de julio de 2015. De hecho, fue fruto de un compromiso interno: la dirección del partido hizo concesiones al ala izquierda al incorporar medidas sociales emblemáticas, en particular los aumentos salariales, en un contexto en el que estos habían sido brutalmente recortados en más de una cuarta parte de su importe nominal.
Sin embargo, se conservó lo esencial de la línea del «compromiso honorable». El razonamiento era, a grandes rasgos, el siguiente: vamos a demostrar a los dirigentes de la Troika que somos personas «razonables », y dejar de lado los elementos más radicales del programa de Syriza. De este modo, les ahorramos el agravamiento de una crisis que, en lo que respecta a la deuda, no deja de socavar los cimientos del euro y de la UE. A cambio, nos permiten aplicar medidas de emergencia, destinadas a aliviar a una sociedad maltratada, sin cuestionar los fundamentos de la terapia de choque ya aplicada, pero aplazando un nuevo paquete de medidas de austeridad.
¿Cómo se ha traducido este enfoque en el ámbito de las propuestas económicas? Comencemos por lo que constituyó la base de la tutela del país por parte de la Troika. El objetivo de «cancelación de la mayor parte de la deuda pública de Grecia», reivindicación central de Syriza —que retoma la de las movilizaciones populares de la época—, se mantiene formalmente. Pero el único medio indicado para lograrlo es la búsqueda de un acuerdo negociado con los acreedores, siguiendo el modelo de la conferencia de Londres de 1953, que canceló la deuda de Alemania (Occidental). La posibilidad de suspender el pago de la deuda en caso de negativa de los acreedores —que, sin embargo, figuraba expresamente en el documento aprobado por el congreso de Syriza de 2013— queda relegada a un segundo plano. Se trata, sin lugar a dudas, de la concesión estratégica, aquella que condiciona todo lo demás5.
En cuanto a las medidas de política social y económica, se dividían en dos categorías: las destinadas a resolver lo que se calificaba de «crisis humanitaria» mediante la instauración de una especie de «red de seguridad» mínima dirigida a los más vulnerables (suministro gratuito de electricidad, medicamentos y transporte público, vales de alimentación, ayudas para la calefacción, etc.). El término —altamente despolitizador— de «humanitario» no fue, por otra parte, fruto de la casualidad. Fue elegido por la dirección de Syriza para hacer aceptar a la Troika, a título excepcional, el único aspecto del programa al que realmente daba importancia y que contravenía el principio de «neutralidad presupuestaria».
Estas medidas se complementaban con medidas de reactivación destinadas a estimular la demanda de los hogares, que combinaban el aumento del salario mínimo hasta su nivel de 2010, la ampliación de la cobertura de la prestación por desempleo (sin objetivos cuantitativos) y el ajuste de la presión fiscal que pesaba sobre los hogares y las pequeñas empresas (con el fin de reducir los impagos y, de este modo, generar mayores ingresos). Las medidas de reactivación del empleo preveían, además del restablecimiento de la legislación laboral derogada por los memorandos, la creación de 300 000 puestos de trabajo en todos los sectores de la economía, mediante medios que no se especificaban pero que incluían «asociaciones público-privadas».
El coste total de estas medidas se estimaba en 12 000 millones de euros, es decir, el 6 % del PIB de Grecia en 2015, debiendo repartirse algunos de estos gastos a lo largo de varios años. Sin embargo, el programa de Tesalónica preveía llevar a cabo estas medidas con presupuestos equilibrados, algo que ya se había logrado en 2014 en lo que respecta al saldo primario (excluida la carga de la deuda). Se suponía que la mitad de los 12 000 millones necesarios procedería de un aumento de los ingresos fiscales derivado del estímulo al crecimiento, de las facilidades concedidas a particulares y pymes para el reembolso de sus deudas con Hacienda y de la lucha contra el fraude y la evasión fiscales. En cuanto al ámbito de la inversión pública y la reactivación del empleo, la financiación se basaba en la hipótesis, aún más arriesgada que las anteriores, de una reorientación de los fondos europeos asignados a Grecia (fondos estructurales y fondos del Mecanismo Europeo de Estabilidad destinados a la recapitalización de los bancos), reorientación que presuponía el acuerdo de las instancias de la UE (el cual, como es lógico, nunca se concederá) .
A esto hay que añadir otra concesión importante: el abandono de la demanda de nacionalización bajo control social del sistema bancario, que figuraba en el programa de Syriza de 2013. Solo se preveía la creación de un banco público de desarrollo, flanqueado por bancos con misiones específicas (crédito a agricultores y pymes). Sin embargo, tal nacionalización habría supuesto ningún coste, ya que los bancos griegos, en situación de quiebra desde el inicio de la crisis, ya habían sido generosamente recapitalizados con fondos públicos. Pero el Estado seguía siendo un accionista «silencioso», tras haber cedido el control de los bancos a un «Fondo de Estabilidad Financiera» sometido al control de la Troika. La toma de control público podría haberse llevado a cabo, por tanto, mediante la simple «activación» de dichas acciones.
Esta concesión ilustra la renuncia a dotarse de los medios que habrían permitido resistir al chantaje perfectamente previsible ejercido por el BCE y habría allanado el terreno para un retorno a la moneda nacional, única respuesta posible ante la restricción drástica y, posteriormente, la interrupción total del suministro de liquidez decidida por el BCE en febrero y junio de 2015.
Supuestas de «efecto neutro» (sobre el presupuesto), se esperaba que las medidas previstas en el programa de Tesalónica pudieran aplicarse sin recurrir a un endeudamiento adicional, lo cual resultaba imposible dada la exclusión del país de los mercados financieros; por lo tanto, tal y como proclamaba con orgullo el texto, «independientemente del curso de las negociaciones con los acreedores y las instancias supranacionales ». En realidad, su aplicación dependía doblemente de la voluntad de la Troika: por un lado, porque los superávits primarios generados (un 0,4 % del PIB en 2014) distaban mucho de ser suficientes para hacer frente a los reembolsos de la deuda, lo que hacía que el Gobierno griego siguiera dependiendo de los tramos de préstamos concedidos por la Troika, y, por tanto, de una solución consensuada a la cuestión de la deuda. Por otro lado, porque, como acabamos de ver, la financiación de la mitad del programa dependía de fondos procedentes de la UE, y, por lo tanto, de la buena voluntad de esta.
De hecho, al renunciar a la medida de suspender el pago de la deuda, Syriza se comprometía a mantener el marco de austeridad de los presupuestos equilibrados y excluía, de forma implícita pero irrevocable, el retorno a la moneda nacional, opción obligatoria en caso de suspensión de los pagos a la Troika. Los memorandos preveían, en efecto, la suspensión automática de los pagos de los préstamos si Grecia incumplía sus compromisos. Como señalaba con lucidez CD en su artículo de 2015, refutando a «aquellos que se movían en un limbo entre la salida del euro y la sumisión a la Troika » y pensaban que era «posible separar la cuestión de la deuda de la de la moneda», lo que «nos enseña precisamente el desenlace del pulso entre la UE y Syriza es que estas dos cuestiones son estrictamente indisociables».
El regreso del espectro griego
Lo propio de los espectros, como es sabido, es que no dejan de reaparecer, pues, en cierto sentido, «siempre están ahí», acechando la realidad cotidiana y duplicándola en ese «espacio virtual de la espectralidad», como lo denominaba Jacques Derrida, lo que apunta a la irreductible posibilidad de su transformación6.
Se podría haber creído que la crisis griega había quedado relegada a una simple página de la historia. Ha bastado con una declaración del candidato de LFI en la que pedía « quemar [una parte de] la deuda», en un contexto de repunte de los tipos de interés soberanos y de creciente nerviosismo de los «mercados», para que regresara el espectro de los años 2010-2015. Estos acontecimientos confirman que la lección extraída por CD en su texto de 2015 —la indisolubilidad entre la cuestión de la deuda y la del euro — sigue siendo de plena actualidad. ¿Cómo explicar, en efecto, que esta propuesta de Mélenchon —muy moderada, por cierto, ya que solo se refiere a la parte de la deuda que ya está en manos del BCE (es decir, alrededor del 18 %) y, por lo tanto, no perjudica en absoluto a los acreedores privados— haya resucitado el fantasma de una crisis de la deuda e incluso de una salida del euro?
Y es que, como recordaba recientemente Frédéric Lordon, la dependencia de los Estados respecto a los mercados financieros para las necesidades de (re)financiación de su deuda —dependencia grabada en piedra en los tratados europeos y blindada por la «independencia» del BCE (es decir, su total dependencia respecto a esos mismos mercados), es el mecanismo fundamental de disciplinarización de sus políticas presupuestarias en el sentido de una ortodoxia neoliberal, es decir, de una austeridad crónica. Las desviaciones solo se toleran de forma temporal (por ejemplo, suspendiendo el Pacto de Estabilidad durante la crisis de la COVID) o cuando se trata de gastos militares, y únicamente de estos (activación de la cláusula de excepción nacional en el marco del plan «ReArm Europe»).
Sin embargo, la propuesta del candidato de «La France Insoumise» se presentó de forma totalmente ajena a cualquier salida del euro: una simple escritura bastaría para anular el 18 % de la deuda francesa que actualmente está en manos del BCE, aliviando así el ratio deuda/PIB y devolviendo un margen de maniobra presupuestario al Estado. Pero, al hacerlo, el BCE —o, más exactamente, el Banco de Francia, que forma parte del Eurosistema y está sujeto al marco definido por Fráncfort, tendría que activar su facultad de creación monetaria. De forma indirecta, infringiría así su principio fundacional, que le prohíbe financiar directamente a los Estados. Aunque, desde un punto de vista estrictamente jurídico, nada le impide anular una deuda que ya posee, dar un paso en esa dirección, lo que sin duda desencadenaría solicitudes similares por parte de otros Estados miembros de la zona del euro, equivaldría a poner en tela de juicio la moneda única como mecanismo disciplinario.
Se trata, por tanto, de algo muy distinto a un simple juego de contabilidad. A pesar de su aparente moderación, esta propuesta ha planteado la cuestión del poder del BCE y ha vuelto a traer a colación el fantasma de las peticiones de condonación de la deuda que se creía archivado desde la crisis griega. Y esa es precisamente la razón por la que ha suscitado de inmediato una oleada de protestas por parte de los «principales interesados», es decir, en orden cronológico —que, en este caso, refleja estrictamente el orden jerárquico—, los respectivos presidentes de el Bundesbank, Joachim Nagel; del BCE, Christine Lagarde; y del Banco de Francia, Emmanuel Moulin. Además de los espantajos más o menos fantasiosos que se han esgrimido («ilegal», «riesgo de hiperinflación», «operación en vano», puesta en peligro de los bancos comerciales, etc.), resulta muy característico que algunas voces «autorizadas» se hayan apresurado a hablar del riesgo de un « «Frexit» a raíz de los hechos, sin que siquiera se haya decidido en las urnas», aludiendo al repunte ya iniciado de los tipos de interés de los títulos de deuda pública francesa7. Un repunte que sin duda se vería amplificado por la aplicación de las medidas preconizadas por Mélenchon, e incluso por la mera posibilidad de su victoria en las urnas.
La ecuación imposible: conciliar el «realismo presupuestario» y la ruptura con la austeridad
Pero volvamos a la propuesta central de CD, más concretamente del CD de 2026: en la situación actual, escribe, «enfrentarse a las instituciones europeas para ampliar el margen fiscal del que dispone el país… no es la opción preferible ». Para ello, esgrime en primer lugar un argumento de carácter político, a saber, la «hostilidad hacia cualquier forma de desorden monetario o social por parte de un amplio sector de las clases populares, [que] refleja la ausencia de una red de seguridad económica privada mínima o de una capacidad de movilización colectiva efectiva para hacerle frente, [y] la de las clases medias, [motivada por] la aspiración a disfrutar de lo ya conseguido» . Añade que «cuando Édouard Philippe anuncia “en dos años, el FMI” si LFI llega al poder, aviva las brasas de una inquietud que hay que apagar».
El argumento resulta, como mínimo, extraño: ¿cómo es posible imaginar que se pueda llevar a cabo «una política ecosocialista en un régimen capitalista», tal y como anuncia el título de este texto, sin provocar la más mínima «forma de desorden monetario o social»? Y lo que es aún más grave, ¿cómo se puede plantear como objetivo primordial calmar las inquietudes de un electorado sensible a los discursos de de Edouard Philippe en detrimento de las reivindicaciones del bloque popular que apoya a la izquierda de ruptura? ¿Cómo es posible concebir una política de transformación del orden de cosas existente sin asumir la conflictividad que acompaña inevitablemente a tal empresa? ¿No equivale querer prescindir de ella a perseguir el espejismo de una política de ruptura que eludiría la ruptura y la reduciría a una variante de gestión social-liberal?
Decir esto no significa, naturalmente, que un futuro Gobierno insumiso deba mostrarse indiferente ante las inquietudes de sectores significativos de las clases populares y (sobre todo) «medias» ante un período de turbulencias. Sin olvidar, no obstante, que dicho período ya comenzó hace algún tiempo, con el deterioro de la situación económica y, en el plano político, la lenta agonía de la «macronía» y el discurso del miedo que se inculca a todas horas sobre la «quiebra» que amenazaría a Francia a causa de la deuda.
En el supuesto de una victoria de LFI, existe, no obstante, un amplio abanico de medidas de su programa que podrían traducirse en beneficios materiales inmediatos para la base social, cuyo apoyo activo es indispensable para el éxito de esta política de ruptura —algunas de ellas se mencionan, por cierto, en la continuación del texto de CD—: aumento de los salarios, congelación de los precios de los productos de primera necesidad, inversiones masivas en los servicios públicos y medidas de justicia fiscal. Sin convertir el aumento del déficit en un fin en sí mismo, la idea de que estas medidas puedan satisfacerse planteando como condición previa la renuncia a una política de reactivación parece totalmente ilusoria. La cuestión que se plantea, por tanto, es la de las condiciones económicas para su puesta en práctica.
Lo que nos lleva a los argumentos de CD en este ámbito. Hay que evitar, nos dice CD, «la incertidumbre generada por este enfrentamiento [con el BCE]», ya que Francia ya presenta un elevado nivel de endeudamiento y de déficit presupuestario. Una política keynesiana clásica de reactivación presupuestaria conduciría a un aumento del nivel de endeudamiento. Ahora bien, prosigue, «ampliar aún más la dependencia de los mercados financieros y del BCE no es necesariamente una buena idea» . CD admite que, por el momento, la carga de los intereses de la deuda es moderada, pero observa, con razón, que los tipos están subiendo. Según las estimaciones oficiales, esta carga podría aumentar un 36 % en 2026 con respecto al año anterior y alcanzar cerca del 90 % del presupuesto de Educación Nacional, que históricamente ha sido la principal partida de gasto del Estado.
CD respalda las peticiones que un gobierno de izquierdas podría formular con el fin de lograr un «cambio en el papel del BCE y, en particular, la plena movilización del poder monetario al servicio de los imperativos de la transición ecológica». Pero considera, de nuevo con razón, que sería muy imprudente confiar en que dicha petición fuera acogida favorablemente. Evidentemente, no se cuenta entre quienes creen en «otra Europa» —un discurso que, por lo demás, resulta difícilmente audible en el contexto actual—. Sin embargo, se abstiene de señalar en qué medida tal reorientación contravendría los tratados europeos, que solo establecen un único objetivo de política económica para el BCE: una inflación inferior al 2 %. Para hacer frente a esta dificultad, plantea la siguiente propuesta:
«Si el camino elegido no es el de la confrontación con las instituciones europeas, para poner fin a estos ataques es necesario, en primer lugar, comunicar de forma coherente la trayectoria de las finanzas públicas, de modo que se garantice que los demás tenedores de la deuda no sigan el ejemplo de los hedge funds» .
¿En qué consiste esta «comunicación coherente sobre la trayectoria de las finanzas públicas»? El primero de los «cuatro pilares» del escenario formulado al final de su texto aclara en cierta medida los términos: se trata de «adoptar una postura de responsabilidad fiscal» y, por parte de «la izquierda», de «comprometerse a estabilizar el peso de la deuda pública ya desde la campaña».
Los términos se han elegido cuidadosamente para no chocar de frente con los lectores de Contretemps y, en un sentido más amplio, con los partidarios de esa «política ecosocialista» que figura en el título del texto. No obstante, la «estabilización del peso de la deuda» y la «trayectoria fiscal controlada» no son más que la jerga repetida ad nauseam por los gobernantes y sus cohortes de expertos. De hecho, eso es precisamente en lo que consisten los objetivos que expone extensamente el informe de los cuatro expertos designados por el Gobierno en una «misión sobre la transparencia de las finanzas públicas de cara a 2030», cuyas conclusiones han recibido el respaldo de los actuales ministros de Economía y de Acción y Cuentas Públicas, Roland Lescure y David Amiel8.
Para alcanzar el objetivo de estabilizar la ratio deuda/PIB de aquí a 2032, ya que de aquí a 2030 «el aumento continuado de la deuda pública en proporción al PIB… parece inevitable»9, los autores de este informe oficial recomiendan un «ajuste presupuestario por valor de 125 000 millones de euros», que basan en un «reparto de esfuerzos», es decir, la combinación de «recortes en el gasto» (se señalan explícitamente los gastos sociales: pensiones y sanidad), de un «aumento de los ingresos» y un «incremento del crecimiento»10. Asimismo, dejan claro que esta trayectoria viene dictada por los «compromisos europeos de Francia», es decir, los objetivos de un 3 % de déficit presupuestario y un 60 % de ratio deuda/ PIB, actualizados por el Pacto de Estabilidad revisado en 2024, que adapta los mecanismos que permiten alcanzarlos:
«los Estados miembros deben publicar a partir de ahora un plan presupuestario y estructural a medio plazo (PSMT) destinado a situar el saldo público en un nivel compatible con la sostenibilidad de la deuda y a evitar déficits excesivos »11.
El cumplimiento de los objetivos de este plan es objeto de las consultas entre la Comisión Europea y los sucesivos Gobiernos franceses, en el marco del semestre presupuestario europeo, a partir de julio de 2024, fecha en la que Francia, junto con otros seis países12, fue sometida a un «procedimiento por déficit excesivo». Este procedimiento impone, durante el período de ajuste, una reducción de la ratio deuda/PIB del 1 % anual y una reducción del déficit presupuestario estructural de al menos el 0,5 % anual. La austeridad permanente es, como se puede observar, el eje central de este mecanismo, al igual que constituye la base de los tratados europeos.
La propuesta de CD equivale, por tanto, a aceptar los objetivos de los planes de ajuste presupuestario en curso. Se podría incluso afirmar que, al no proponer un plazo concreto para la estabilización de la ratio deuda/PIB, va potencialmente más allá de los objetivos oficiales en materia de «consolidación presupuestaria» . De este modo, se validan al mismo tiempo los supuestos de la «sostenibilidad de la deuda» —en otras palabras, la negativa a cuestionar su legitimidad— y la reducción de los déficits como condición para una situación financiera «sana». Ya se puede afirmar que contraviene una medida fundamental del programa de LFI, que consiste en suspender unilateralmente (mediante una votación del Parlamento francés) las normas presupuestarias y el semestre europeo. Esta medida es fundamental precisamente porque consiste en negarse a atarse las manos de antemano en cuanto a la política que se seguirá y en no excluir ninguna opción que permita cumplir los compromisos del programa, objetivo al que deben subordinarse todos los demás.
¿Se puede afirmar, por tanto, que CD aboga directamente por una política de austeridad? Resulta difícil formarse una idea clara a partir de este texto, en la medida en que no se explicitan las decisiones relativas al gasto público que implican los objetivos de estabilización de la ratio deuda/PIB y de una «trayectoria fiscal controlada». CD aboga por una especie de política de reactivación al proponer «poner fin a la austeridad salarial» mediante un « aumento de los salarios bajos» (por lo tanto, no de los demás, ya que el umbral que define el «salario bajo» sigue sin estar determinado), de aumentar los ingresos mediante medidas de justicia fiscal que permitan «generar recursos… en particular para los salarios de los funcionarios, para la acción ecológica, para la innovación y la investigación y en favor de la dignidad de las personas» y mediante inversiones financiadas por organismos públicos que operan al margen del presupuesto.
Se trata, en otras palabras, de una reactivación impulsada sobre todo por medidas sin coste presupuestario y, en lo que respecta al ámbito del presupuesto, mediante gastos que se supone que se financiarán íntegramente con el aumento previsto de los ingresos, sin agravar el déficit, y dentro del límite autorizado por dicho aumento. CD pretende así demostrar que existe un margen para alcanzar los objetivos fijados por el Pacto de Estabilidad mediante otras modalidades, socialmente más justas.
En este momento, quedan varias cuestiones pendientes. Por ejemplo, aunque esté estrictamente condicionado al aumento de los ingresos, ¿es compatible el crecimiento previsto del gasto público con el objetivo de su reducción que implica la «trayectoria controlada» necesaria para la estabilización de la ratio deuda/PIB? ¿Se someterán sin rechistar el capital y las clases acomodadas a medidas de tributación y de restricción de las ayudas públicas —sobre todo en el contexto de libre circulación de capitales impuesto por los tratados europeos? ¿Existiría una vía que permitiera resolver la cuadratura del círculo, es decir, alcanzar la « responsabilidad fiscal», es decir, reducir drásticamente los déficits y estabilizar el nivel de endeudamiento, al tiempo que se evita la austeridad?
¿Es la España de Pedro Sánchez un modelo a seguir?
La referencia de CD a la política de los gobiernos de izquierda en México y España («países gobernados por la izquierda, como España o México, han reducido sustancialmente su ratio deuda/PIB») permite aclarar las cosas. De hecho, a pesar de las referencias atractivas (dirigidas al público de la izquierda radical) a los comunistas chinos de la década de 1940 o al economista marxista Charles Bettelheim, es más bien la política del Gobierno de Sánchez la que inspira las propuestas de CD en materia de «responsabilidad fiscal»: aumento del salario mínimo, inversiones públicas (financiadas en gran parte con fondos europeos), medidas fiscales redistributivas y ayudas específicas a los hogares (en particular, para el coste de la energía), así como una reforma del mercado laboral que ha reducido la proporción de contratos precarios.
Gracias a esta política de reactivación, España ha podido reducir tanto su ratio de deuda pública como sus déficits presupuestarios sin recurrir a medidas de austeridad13 —aunque la proporción del gasto público en el PIB se mantiene en un nivel modesto, significativamente inferior a la media de la UE, en particular a la de Francia, o incluso a la de Bélgica, Hungría y Croacia. La clave de este éxito reside en el crecimiento que ha experimentado el país durante los años posteriores a la pandemia, claramente superior a la media europea, en particular a la francesa. Esto explica que la política de los gobiernos españoles sirva actualmente de referencia para propuestas políticas destinadas a renovar el modelo socialdemócrata, incluido, por ejemplo, el programa del PS presentado por Chloé Ridel14.
Cabría decir que, con estas medidas de reactivación «presupuestariamente neutras», salvo aquellas destinadas a «resolver la crisis humanitaria », el programa de Salónica de Syriza, analizado anteriormente, se adelantaba a estos acontecimientos. Sea como fuere, no cabe duda de que existe una diferencia real entre la política seguida al otro lado de los Pirineos y la de los gobiernos franceses o de otros países fieles a las recetas neoliberales.
¿Debe, por ello, considerarse el caso español un modelo a la vez deseable y trasladable para la izquierda de ruptura? Comencemos por lo deseable. Todo depende, por supuesto, de dónde se sitúe el listón: una gestión más humana del orden neoliberal o una ruptura con el mismo. Y es que, aunque difiere de la brutalidad neoliberal de un Macron, la política de los gobiernos de Sánchez no ha supuesto ningún cambio estructural en el modelo económico del país. Así, la subida del salario mínimo solo ha permitido mejorar de manera significativa los salarios más bajos, ya que únicamente el 20 % de la parte inferior de la escala salarial ha recuperado entre 2019 y 2023 las pérdidas del periodo 2010-2018.
En general, España sigue siendo un país de salarios bajos15, con un salario medio que en 2026 seguirá siendo inferior al nivel de 2021 y una participación de los salarios en el PIB inferior en 2024 al nivel de 2020 e incluso al de principios de la década de 200016. Dicho de otro modo, el crecimiento relativamente sostenido de España en los últimos años ha beneficiado sobre todo al capital, y el aumento de los salarios bajos se ha traducido en una redistribución interna dentro de la población asalariada.
Cabe destacar hasta qué punto el modelo español se basa en los salarios bajos, que afectan (aquí como en otros lugares) de manera desproporcionada a los trabajadores y trabajadoras inmigrantes: según diversos estudios, entre 2019 y 2025, la población de nacionalidad extranjera en edad de trabajar ha aumentado un 39 % y representa dos tercios del incremento de la población activa durante ese periodo. Esta aportación explicaría el 47 % del crecimiento acumulado del PIB entre 2022 y 2025. Por otra parte, a pesar del crecimiento, el desempleo se mantiene en un nivel elevado (un 10,1 % en 2026, el segundo más alto de Europa), especialmente entre los jóvenes (24,3 %, el 3.º puesto a nivel europeo). El gasto público en sanidad sigue siendo inferior a la media europea (5,9 % del PIB frente al 6,6 %) y el problema de la vivienda se ha convertido en un tema candente, como demuestran las recientes movilizaciones contra los desahucios, que, por otra parte, llevaron a Sánchez a convocar elecciones anticipadas.
La política de los gobiernos de Sánchez ha aprovechado los márgenes de maniobra que ha generado la suspensión provisional de las normas de los tratados europeos durante el periodo de la pandemia y los años posteriores. Un neoliberalismo con rostro humano, sin duda, pero para lograr un cambio radical habrá que mirar claramente en otra dirección.
La cuestión es ahora saber si incluso este estrecho margen de maniobra podrá sobrevivir al restablecimiento de dichas normas, que se materializará con la la adopción del Pacto de Estabilidad y Crecimiento en 2024. Y es que, contrariamente a las expectativas optimistas de CD, que en 2020 diagnosticó la «segunda muerte del neoliberalismo», la ortodoxia neoliberal no ha tardado en reaparecer. En lo que respecta a España, la Comisión de Bruselas muestra signos crecientes de impaciencia y considera, en su informe de 2026 dedicado a este país, que «las medidas detalladas en el MTFSP [plan presupuestario estructural a medio plazo presentado por el Gobierno español a la Comisión] solo responden parcialmente a estos retos» y que «serían necesarios esfuerzos adicionales para cumplir sus compromisos presupuestarios en un contexto de fragmentación política (el Parlamento no ha aprobado ningún presupuesto desde 2023), de aumento del gasto en defensa y de presiones presupuestarias persistentes relacionadas con el envejecimiento de la población y las decisiones políticas que de ello se derivan».
La cuadratura del círculo
El retorno a la austeridad impulsado por el Pacto de Estabilidad vigente no es en absoluto una mala racha; al contrario, fue la relajación durante el periodo de la pandemia lo que resultó excepcional. De hecho, hace inviable la combinación de un retorno a la ortodoxia presupuestaria y la adopción de medidas redistributivas financiadas con impuestos . Es cierto que los tratados europeos no se oponen formalmente al aumento de la fiscalidad sobre el capital y los más ricos. No obstante, en virtud de las famosas «cuatro libertades » que han guiado la integración europea desde su fundación, estas consagran la libre circulación de bienes, servicios y capitales.
El artículo 66 prevé excepciones para la circulación de capitales, pero estas solo pueden ser decididas «en circunstancias excepcionales» por el Consejo, únicamente a propuesta de la UE y tras consultar con el BCE, todo ello por un plazo que no puede exceder los seis meses. Por lo tanto, queda excluido que un Estado miembro pueda decidir una medida de este tipo de forma unilateral. Y es precisamente una medida de este tipo la que figura textualmente en el programa de LFI. En la práctica, esto significa que si el Gobierno de un Estado miembro aumenta los impuestos sobre el capital, este puede (amenazar con) trasladarse al país vecino sin perder el acceso al mercado del país del que está a punto de marcharse.
Como subraya Frédéric Lordon, «es precisamente por eso por lo que, en los tratados europeos, el artículo 63, que garantiza la total libertad de movimientos de capitales, es la joya de la corona. Los alemanes, que no son tan tontos, sabían muy bien que no se podría contar únicamente con el artículo 126 (el artículo del 3 %-60 %), que no tiene más poder disciplinario que la tinta sobre el papel, y que se ignoraría a la primera ocasión. Así pues, se complementó el dispositivo formal e impotente del artículo 126 con el dispositivo real y tiránico del artículo 63: «lo que la letra del 3 %-60 % sería incapaz de producir, lo lograría la confrontación obligatoria con los mercados de deuda que impone el artículo 63».
La combinación de las normas presupuestarias y los principios de la «libre competencia sin distorsiones» conduce así a una situación que no deja otra opción para lograr el ajuste presupuestario que la reducción del gasto y las medidas fiscales que afectan sobre todo a los más débiles (como el aumento del IVA). Al establecer mecanismos que se aplican de forma permanente, incluso en ausencia de presión por parte de los mercados financieros (y con mayor intensidad aún cuando dicha presión aumenta), los tratados institucionalizan la parálisis de la fiscalidad del capital a nivel europeo.
Se podría objetar a esto que, hasta la fecha, las autoridades europeas se han mostrado complacientes con unos niveles de endeudamiento y déficit público de Francia muy superiores a los famosos 3/ 60 de los tratados. Sin embargo, de conformidad con las disposiciones del Pacto de Crecimiento reformado, la Comisión Europea inició en junio de 2024 un procedimiento para declarar a Francia en situación de déficit excesivo por haber superado los umbrales de déficit presupuestario y deuda pública. Tal y como se precisa en el documento oficial del Gobierno francés de diciembre de 2024, «la Comisión Europea ha fijado una trayectoria de referencia exigente: un ajuste estructural que representa 0,6 puntos del PIB al año de media durante el período [2014-2030]»17.
Pero la inestabilidad política que siguió a la disolución de 2024, es decir, la ausencia de una mayoría parlamentaria dispuesta a aplicar el choque de austeridad exigido por Bruselas, ha dado lugar a una reducción del déficit público de apenas 0,8 puntos del PIB entre 2024 y 2026, o incluso la mitad según las últimas previsiones del Gobierno, que tienen en cuenta la caída prevista del crecimiento. Y, sin embargo, sabemos cuál es el coste social de esta austeridad «suavizada», que se produce tras años de desinterés del Estado, de una subinversión alarmante y de recortes en la función pública.
Aquí es donde entra en juego un factor sobre el que CD guarda un silencio absoluto: la explosión del gasto militar. Sin embargo, estas cifras, en lo que respecta al margen presupuestario, son vertiginosas: entre el inicio del mandato de Macron y el año en curso, el gasto militar (excluidas las pensiones) han pasado de 32 a 57 150 millones, lo que supone un incremento de más del 78 % (y un aumento del 1,8 % al 2,21 % del PIB), con una clara tendencia a la aceleración. Es cierto que, en el marco del plan ReArm Europe adoptado por la Comisión Europea, que prevé un gasto adicional de 800 000 millones de euros de aquí a 2030, los Estados miembros están autorizados a hacer una excepción a la norma del 3 % de déficit presupuestario, hasta un máximo del 1,5 % de su PIB durante un periodo de cuatro años. ¿Es compatible el realismo presupuestario que defiende CD con la continuación de esta carrera armamentística? ¿Cuenta con esta excepción para mantener la «trayectoria de control de las finanzas públicas» sin realizar recortes adicionales en el gasto social?
En cualquier caso, una cosa parece segura: lo que las autoridades europeas y los mercados financieros han aceptado sin demasiadas objeciones por parte de los gobiernos macronianos no tiene ninguna posibilidad de perdurar bajo un Gobierno de izquierda de ruptura. Por parte de los mercados financieros, que llevan la batuta en esta materia, este cambio de rumbo ya está, por lo demás, en marcha, con la subida de los tipos de interés de los empréstitos franceses, subida alimentada por la incapacidad persistente de los Gobiernos franceses para ajustarse a las normas del Pacto de Estabilidad. Una incapacidad tanto más grave cuanto que se perfila en el un horizonte una perspectiva mucho más sombría para esos mismos mercados, a saber, la posibilidad —ahora plausible— de que la izquierda radical llegue al poder.
El Financial Times, una de las voces autorizadas de las finanzas mundiales, señalaba ya el 27 de agosto que « Francia ha sustituido a Italia como principal motivo de preocupación para los inversores». Citando a múltiples analistas que trabajan para entidades financieras, el diario de la City destaca que «mientras ambos países se enfrentan a delicadas negociaciones presupuestarias este otoño y a elecciones el año que viene, la atención de los inversores se ha centrado de nuevo en el deterioro de la situación presupuestaria de París y en la creciente probabilidad de que gane un candidato menos favorable a los mercados». Unas líneas más adelante, se identifica claramente a ese «candidato menos favorable a los mercados»:
« Las últimas encuestas indican que es cada vez más probable que Jean-Luc Mélenchon, candidato de extrema izquierda, se clasifique para la segunda vuelta frente a Marine Le Pen, candidata de extrema derecha, un escenario que Evelyne Gomez-Liechti [gestora de carteras multiactivos del grupo financiero Mizuho] ha calificado como “el peor desenlace posible para los mercados”».
El 24 de septiembre, el nivel de inquietud del Financial Times aumentó claramente:
«La inquietud de los inversores se ha acentuado, ya que las encuestas apuntan a que Mélenchon podría pasar a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de mayo, lo que daría lugar a un duelo con la líder de extrema derecha Marine Le Pen, cuyas ambiciosas propuestas en materia de fiscalidad y gasto público también contribuirían a agravar la deuda ».
Desde la publicación de este artículo, la candidata de extrema derecha se ha apresurado a mostrar su alineamiento con las medidas de austeridad y la
«continuidad con el macronismo» tal y como destaca, no sin cierto regodeo, el emblemático diario del «centro extremo» francés. Lo cual no ha impedido en absoluto que el spread (el diferencial entre los tipos de interés de los títulos franceses y alemanes) superara, el 18 de septiembre, el umbral simbólico de los 100 puntos (1 %), lo que supone un nivel récord desde el punto álgido de la crisis del euro de 2012. Como subraya muy acertadamente Romaric Godin, «El «spread» se convierte entonces en un medio para condicionar la decisión de la primavera de 2027, ejerciendo lo que muchos considerarán un «principio de realidad», pero que, en realidad, no es más que un principio de dominación. Lo que está en juego aquí es muy sencillo: garantizar la subordinación del Estado al capital».
¿Renacionalizar la deuda «manipulando las fuerzas del mercado»?
Hasta ahora, lejos de contradecirla, la propuesta central de CD nos ha parecido una variante del «verdadero principio de Tsipras», tal y como lo hemos analizado anteriormente, es decir, obtener el consentimiento de los guardianes del templo del ordoliberalismo aceptando el marco establecido por los tratados europeos. Los fundamentos son idénticos, en particular el hecho de no cuestionar el principio del reembolso de la deuda pública, cuya ratio ha alcanzado la de Grecia en 2010 (el 120 % del PIB) , aunque, a pesar del discurso difundido por los medios de comunicación, Francia dista mucho actualmente de estar excluida de los mercados financieros. Los riesgos de recaer en una gestión austeritaria y de acabar con la experiencia de un Gobierno de izquierda de ruptura antes incluso de que haya comenzado son, como creemos haber demostrado, evidentes.
No obstante, en lo que respecta a la deuda, surge a primera vista una diferencia significativa entre ambos enfoques: al abandonar «el arma del débil», es decir, el impago, Tsipras abogaba, como hemos visto, por una solución consensuada de la cuestión de la deuda, siguiendo el modelo del acuerdo de Londres de 1953, que condonó la mitad de la deuda de Alemania. CD no confía, con razón, en tal generosidad de miras:
«Si bien es cierto —escribe— que hay que abogar a nivel europeo por un cambio en el papel del BCE… no hay que dejar en manos de las instituciones europeas las condiciones que hagan posible una política ecosocialista impulsada a nivel nacional».
Por consiguiente, propone «manipular las fuerzas del mercado» y «estar dispuesto a derrotar a los especuladores si es necesario y sin la ayuda del BCE ». El mecanismo que aboga consiste en «incentivar de forma coordinada a los agentes nacionales para que adquieran más deuda pública». De este modo, el Banco de Francia dispondría de «un cierto margen discrecional en sus compras de activos, que puede utilizar para adquirir títulos de deuda pública en el mercado secundario».
A ello se sumarían las compras de deuda en el mercado secundario por parte de « entidades públicas, como las empresas e instituciones financieras de capital público», a las que se les puede «instar a realizar órdenes para defender la deuda pública», pero también por parte de agentes privados, como los bancos y las aseguradoras. De este modo, sería posible transferir a manos de agentes nacionales la parte (mayoritaria: el 56 % en el 4º trimestre de 2025) de la deuda que actualmente está en manos de acreedores extranjeros. A falta, pues, de un circuito del Tesoro —que permitiría la financiación de la deuda por parte del Banco Central nacional (como ocurrió en Francia desde los años cuarenta hasta los sesenta)—, se dispondría así de un mecanismo capaz de resistir ataques especulativos contra la deuda francesa.
Pero hay un problema, e incluso un doble problema. En primer lugar, el «margen de maniobra » del Banco de Francia en esta materia parece muy limitada. El texto del Acuerdo sobre activos financieros netos (ANFA) al que hace referencia CD regula de forma muy estricta la actuación de los bancos nacionales que forman parte del Eurosistema. Afirma la primacía de los objetivos de la política monetaria única, «competencia exclusiva del Consejo de Gobierno del BCE», cuyas decisiones prevalecen en todos los casos sobre las de los bancos nacionales18. Así, en caso de divergencia entre los objetivos de la política monetaria y las medidas autorizadas en el marco del acuerdo, el Consejo puede decidir por mayoría de dos tercios (artículo 14.4 del Tratado Europeo).
Además, tal y como admite CD, «manipular el mercado para lanzar un ataque especulativo contra la deuda pública de Francia es la estrategia adecuada, siempre que el objetivo sea, efectivamente, mantener una trayectoria fiscal controlada (el subrayado es nuestro)». Por lo tanto, es más bien el manipulador en ciernes quien corre el riesgo de acabar siendo manipulado, y no al revés. A riesgo de recurrir a una metáfora: este procedimiento equivale a creer que uno se libera del yugo de un chantajista siempre que se respeten el importe y los plazos de pago del tributo que exige.
Más fundamentalmente, a falta de un verdadero circuito del Tesoro, «renacionalizar la deuda» al estilo de CD significa que la titularidad pase a ser mayoritariamente residente. En sí mismo, esto no tiene absolutamente ningún efecto: la deuda francesa está denominada en euros, el Banco de Francia forma parte del Eurosistema, por lo que, aunque la mayoría de los bonos franceses estuvieran en manos de residentes, estos podrían vender sus títulos. En caso de «crisis de confianza», nada impide —más bien al contrario— que los bancos y los fondos franceses exijan rendimientos más elevados, mientras que otros inversores podrían anticiparse a estas ventas y amplificarlas. En resumen, los bancos y los inversores institucionales franceses se comportarán como todos los demás del planeta.
El término «renacionalización» resulta aquí engañoso, en la medida en que da a entender que se trata de una recuperación del control por parte de los poderes públicos, una opción que la toda la arquitectura de la moneda única pretende excluir. Una verdadera nacionalización de la deuda soberana implica un mecanismo totalmente distinto, a saber, un circuito del Tesoro y, como corolario, el control de los movimientos de capitales (véase más adelante).
El «principio de realismo de ruptura»: prepararse para la inevitable confrontación
Hay situaciones en las que intentar eludir el momento del enfrentamiento en nombre de una vía intermedia inalcanzable es el camino seguro hacia la capitulación. Ese momento es precisamente aquel en el que se construye y se transforma la relación de fuerzas. Puede desembocar en un compromiso —por definición, temporal e inestable— o en una transformación más profunda, en función de la configuración de las relaciones de fuerza al término de una secuencia de enfrentamientos.
En cualquier caso, es el momento del conflicto, de la lucha, el que permite ampliar el abanico de posibilidades concretas. Para lograrlo, se requiere una estrategia adecuada. Consiste en establecer las «líneas rojas» y las prioridades. Para la izquierda de ruptura, la única «línea roja» posible es la de la aplicación de los compromisos de su programa. Esto implica invertir el orden de prioridades tal y como lo ha formulado CD. En lugar de fijar como objetivo principal apaciguar a las instituciones europeas y a los mercados financieros, y de intentar crear márgenes de maniobra compatibles con el mantenimiento de ese marco, proponemos un «principio de realismo de ruptura ».
El objetivo prioritario pasa a ser, por tanto, la ruptura con la austeridad, para reparar el estrago causado por décadas de política neoliberal y poner en práctica los pilares del programa de LFI. Las decisiones presupuestarias quedan subordinadas a este objetivo, lo que implica la suspensión inmediata del mecanismo del Semestre Europeo, tal y como prevé el programa de «Les Insoumis». En otras palabras, aumentar el déficit no debe ser un tabú ni, por el contrario, un fin en sí mismo. Estas opciones deben evaluarse en función del contexto y a la luz de las posibilidades que ofrecen para romper con las políticas de austeridad y la militarización de la economía, y para reconstruir un Estado social.
Pero una opción de este tipo no puede sino toparse de inmediato con poderosas resistencias. Resistencias que son aún más poderosas, ya que décadas de neoliberalismo autoritario han alimentado una radicalización de las clases capitalistas occidentales y reforzado sus aspiraciones militaristas e imperialistas. Por lo tanto, en el supuesto de una presidencia de Mélenchon y de un Gobierno insumiso, la cuestión es la de los medios de (auto)defensa frente al ataque de los mercados, a las presiones de Bruselas y al arma nuclear de que dispone el BCE, es decir, el arma monetaria.
Limitémonos al problema central planteado por CD: cómo reaccionar ante el previsible ataque de los mercados financieros y, de manera más general, ante el doble desafío de la deuda y los déficits públicos. De hecho, este ataque ya ha comenzado, con la subida de los tipos de interés y la difusión de un clima de crisis de la deuda que pretende tomar como rehén la campaña presidencial francesa. Pero se intensificará considerablemente si la izquierda radical se impusiera en 2027.
La respuesta radica en dos medidas, ambas incluidas en el programa de LFI: la restablecimiento de un circuito del Tesoro y el control de los movimientos de capitales. La primera consiste en obligar a las instituciones financieras públicas (o parapúblicas), así como a las empresas públicas que dispongan de amplios fondos de tesorería, a suscribir bonos del Estado, obligación que puede llegar a cubrir la totalidad de los títulos emitidos19. Esto dista mucho de la compra en el mercado secundario que practican las políticas de flexibilización cuantitativa del BCE o de una simple transferencia de títulos entre actores «nacionales» sujetos a las leyes del mercado.
Solo la recreación de de un circuito del Tesoro de este tipo —que existió en Francia al término de la guerra y hasta la década de 196020— hace posible liberarse de la dependencia de los mercados financieros y restablecer la soberanía presupuestaria. Esto no implica una salida inmediata del euro (siempre que no se exija la intervención del Banco de Francia) , pero entra en contradicción con la maquinaria disciplinaria de los mercados y de la libre circulación de capitales, cuyo acceso a los títulos de deuda se vería restringido o incluso bloqueado.
Al disponer de dicho instrumento, junto con un control de los movimientos de capitales —lo que, una vez más, supondría una violación total de los tratados—, un gobierno de izquierda de ruptura podría resistir las presiones del BCE y llevar a cabo una política de reactivación presupuestaria sin la espada de Damocles que supone el chantaje de los mercados financieros. La La implantación de este mecanismo provocaría sin duda alguna una contraofensiva de las instituciones europeas, especialmente en el ámbito jurídico, con un recurso ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, lo que volvería a plantear la cuestión del desacato a sus decisiones, sinónimo de salida de facto de la UE.
¿Qué hay de la propuesta de condonación de la parte de la deuda en poder del BCE? Ya se sabe ya que se enfrenta a la negativa categórica del BCE y del Banco de Francia, y no hay ninguna posibilidad de que esta postura cambie. Sin embargo, al formular esta petición, el candidato de LFI ha situado la cuestión de la deuda en el centro del debate y ha preparado el terreno para un enfrentamiento con las instituciones europeas21. No obstante, queda por plantearse la respuesta a esta negativa y a las presiones del BCE sobre el sistema bancario francés.
Éric Toussaint propone un plan de este tipo, en una publicación reciente, que se basa en sus intervenciones anteriores durante la crisis de la deuda de Ecuador y Grecia. Se sustenta en un doble enfoque: en caso de que el BCE se niegue reiteradamente a acceder a la petición del Gobierno francés, este pondrá en marcha una auditoría ciudadana de la deuda y suspenderá temporalmente —sin prejuzgar los resultados de la misma— los reembolsos de los títulos en poder del Eurosistema cuando venzan. Esto obligará al BCE y al al Eurosistema a entablar un debate y una negociación. Una vez concluida la auditoría, Francia podrá decidir democráticamente cuáles serán sus exigencias respecto al tratamiento de la deuda: reestructuración con un fuerte descuento, cancelación parcial o total. Cabe recordar que la auditoría ciudadana de la deuda pública para evaluar su parte ilegítima es un mecanismo que figuraba en el programa de LFI de 2022 y que se recoge en las propuestas para el presupuesto de 2026 presentadas por el grupo parlamentario de LFI.
Teniendo en cuenta el peso de la deuda francesa, tal suspensión, combinada con el amplio debate público que generaría la auditoría, sacudiría profundamente el sistema bancario europeo y asestaría un golpe decisivo a la autoridad del BCE. Se plantearía la salida del euro, pero una salida de Francia del euro supondría el fin del euro. En este sentido, Francia no es, en efecto, Grecia. Por otra parte, su permanencia en el euro en condiciones de liberación de las restricciones de la moneda única y de los tratados —es decir, una secesión de hecho— equivaldría a una lenta deflagración. Resulta difícil imaginar cómo podría sobrevivir a ello la arquitectura de la moneda única y de los tratados.
Una crisis de este tipo abriría una oportunidad a las fuerzas de izquierda rupturistas en otros países europeos, aunque hoy en día tal posibilidad parezca abstracta, dada la situación de la izquierda radical a escala continental. No obstante, cabe pensar que una Francia gobernada por una izquierda de ruptura desencadenaría un seísmo político cuyas consecuencias a escala continental, y más allá, no pueden sino ser inmensas y, en la etapa actual, imprevisibles. Hay que estar preparados tanto para resistir ante un entorno hostil como para apostar por un despertar popular que traspase las fronteras.
Sea como fuere, el «principio de realismo de ruptura» se reduce, en definitiva, a lo siguiente: el enfrentamiento no es una cuestión de elección, sino que es el adversario quien lo impone en cuanto percibe que su dominio se ve cuestionado, aunque sea mínimamente. Y para aspirar a salir victoriosos, hay que prepararse para ello. Desde ayer mismo.
Notas:
* Agradezco a Benjamin Bürbaumer, Thierry Labica, Frédéric Lordon, Stefano Palombarini y Éric Toussaint sus comentarios y correcciones durante la elaboración de este texto. Huelga decir que soy el único responsable de las posiciones que en él se defienden.
1 Por citar solo un ejemplo, las referencias a Charles Bettelheim, quien defiende un «cálculo económico-social » como base de la planificación, nos parecen poco compatibles con el «cálculo en especie» inspirado en Otto von Neurath que CD y Razmig Keucheyan proponen en su obra Cómo tomar un nuevo rumbo. Los principios de la planificación ecológica (París, La Découverte/Zones, 2024), pp. 92-105. Por otra parte, los casos chino y cubano remiten, en el primero, a una economía de guerra (que permite una disciplinarización de las fuerzas del mercado inalcanzable en tiempos de paz), y, en el segundo, a una revolución que ha abolido la mayor parte de la propiedad privada de los medios de producción; es decir, situaciones que no tienen nada que ver con la que deberá afrontar una posible presidencia y un posible Gobierno de LFI en la Francia de 2027.
2 A decir verdad, el único ejemplo verdaderamente pertinente es el compromiso keynesiano surgido de unas relaciones de fuerzas absolutamente excepcionales a escala mundial en la posguerra.
3 Interrupción del suministro de liquidez por parte del BCE, bancos cerrados por tiempo indefinido, límite máximo de retirada de 60 y, posteriormente, de 20 euros, etc.
4 La versión francesa más completa de este programa se puede consultar en este enlace. Para una versión ligeramente abreviada, véase mi libro de entrevistas con Alexis Cukier, Grecia, Syriza y la Europa neoliberal, París, La Dispute, 2025, págs. 179-195.
5 Véase el análisis de este giro realizado por Éric Toussaint, «Cómo Tsipras, con la colaboración de Varoufakis, dio la espalda al programa de Syriza», CADTM, 31 de agosto de 2017. Este estudio se recoge en la obra de Éric Toussaint, Capitulación entre adultos. Grecia 2025: una alternativa era posible, Syllepse, 2020, pp. 25-53. Véase, en particular, su testimonio personal, pp. 46-47.
6 Jacques Derrida, E Espectros de Marx. El Estado de la deuda, el trabajo del duelo y la nueva InternacionalE , Galilée, 1993, p. 32. Véase también Daniel Bensaïd, «Espectros y mesías de Derrida», danielbensaid.org.
7 Véase también esta entrevista con Emmanuel Roman, director general de la gestora de activos Pimco, con sede en Estados Unidos, quien declara, en relación con la propuesta del candidato de La France Insoumise: «La moneda única se creó en virtud de un contrato entre distintos países: si uno empieza a dejar de pagar sus deudas, se producirá la explosión del euro y el fin de la Unión Europea» (Le Monde, 7 de octubre de 2026).
8 Véase el informe de Xavier Jaravel, Xavier Ragot, Jean-Luc Tavernier y Natacha Valla (julio de 2026) y el comunicado de prensa del 15 de julio de 2026 firmado por Lescure y Amiel, que pueden descargarse en la página web gouv.fr. Esta línea fue respaldada de inmediato por Jean Pisani-Ferry, antiguo miembro de los gabinetes de Strauss-Kahn y Sautter y uno de los estrategas de la campaña de Macron en 2017, quien se encargó de presentarla como una propuesta que respondía a la «demanda de los mercados», la cual consiste, según él, en exigir «seriedad presupuestaria», pero «no austeridad». Véase su artículo de opinión en Le Monde del 3 de octubre de 2026.
9 Las previsiones oficiales de la Comisión de Bruselas, de mayo de 2026, prevén un aumento significativo de la ratio deuda/PIB hasta 2028, partiendo de la hipótesis de una reducción del déficit de algo menos del 0,5 % anual (que no se ha cumplido, ya que se ha superado ligeramente, solo en 2025) y una hipótesis de crecimiento que ya se ha revelado demasiado optimista.
10 Xavier Jaravel, Xavier Ragot, Jean-Luc Tavernier y Natacha Valla, «Informe», op. cit., p. 24.
11 Ibíd., p. 22.
12 A saber, Italia, Bélgica, Hungría, Polonia, Eslovaquia y Malta. A partir de julio de 2026, la lista se amplió a Austria, Bulgaria, Finlandia y Rumanía.
13 Véase el balance favorable elaborado por dos economistas heterodoxos españoles: Jorge Uxó,
Ignacio Álvarez, «In search of a new economic policy paradigm: the case of Spain», Review of Evolutionary Political Economy, vol. 7, 2026.
14 Tal y como señala el editorial de Le Monde del 24 de abril de 2026: «en el ámbito económico y social, [el proyecto socialista] se inclina claramente más hacia el español Pedro Sánchez que hacia el británico Tony Blair». Un proyecto del que pronto supimos que no comprometía en absoluto al candidato que será respaldado por el partido en las elecciones presidenciales.
15 Según Eurostat, en 2025 el coste horario de la mano de obra era de 26,4 euros en España, frente a los 44,3 de Francia, los 45 de Alemania y los 32 de Italia.
16 Véase Jorge Uxó, Ignacio Álvarez, «In search of a new economic policy paradigm…», obra citada, gráficos n.º 10 y n.º 11.
17 De hecho, de conformidad con el Pacto de Estabilidad revisado, durante un período transitorio que abarca de 2025 a 2027, el cálculo del déficit estructural excluye los gastos adicionales por intereses registrados durante esos años. Durante ese período, el objetivo de ajuste equivale, por tanto, a un esfuerzo que debe representar como mínimo 0,4 puntos del PIB al año.
18 El Consejo de Fráncfort puede, por ejemplo, decidir intervenir en caso de venta de activos financieros, «teniendo en cuenta las condiciones existentes en los mercados, incluidas las posibles consecuencias de ventas masivas de activos en períodos de turbulencias» .
19 Véanse las propuestas en este sentido del Instituto Intérêt général en su nota n.º 15, de 15 de marzo de 2021, Deuda pública: acabar con las manipulaciones. Episodio III: Financiar mejor y salir de la tiranía de los mercados, pp. 17-22.
20 En su obra El Estado y el capital (París, Maspero, 1982), Suzanne de Brunhoff analizó el desmantelamiento progresivo del circuito del Tesoro a lo largo de la década de 1960, así como la dilución concomitante del carácter público de instituciones como la Caisse des Dépôts, como consecuencia de una «despolitización de las políticas de crédito», es decir, de una retirada del Estado en beneficio de un capital financiero en auge. Asimismo, señala que este movimiento se vio interrumpido temporalmente por los efectos de mayo de 1968: «Aunque fue provisional, esta interrupción no fue accidental. Puso de manifiesto el efecto sobre las formas de financiación de las luchas políticas y sociales: en el sector financiero público, la relación entre los elementos más implicados políticamente y los demás varía en función de un conjunto de condiciones que incluyen la lucha de clases» (p. 83).
21 La propuesta de Mélenchon, que recoge el programa actualizado de LFI para 2027, es doble: la cancelación de la parte de la deuda en poder del BCE («meterla en el fuego») o su transformación en deuda perpetua a tipo cero («congelarla»).
Ambas propuestas no son equivalentes, tal y como explica Eric Toussaint: solo la primera permite reducir el volumen de la deuda y aflojar el control del BCE. La segunda se limita a retirar los títulos del mercado, conservando el BCE el derecho a sacar la deuda del «nevera»: «una deuda guardada en la nevera sigue siendo una deuda y quien conserva el crédito dispone de capacidad de acción sobre su futuro». Cabe señalar que la versión de 2022 del programa de L’Avenir en commun, bajo el título «Rechazar el chantaje: cancelar la deuda pública», solo mencionaba la segunda propuesta (la de la «nevera»). El énfasis en la «cancelación», perceptible en los discursos de campaña del candidato de La France Insoumise, indica una voluntad de asumir un enfrentamiento con el BCE (y, por tanto, con la UE) en este ámbito.
9. Resumen de la guerra en Irán, 27 de octubre.
El seguimiento en directo de Middle East Eye.
https://www.middleeasteye.net/live/live-israelis-head-polls-netanyahu-fights-political-life
En directo: Los avances de los partidos palestinos impiden que Netanyahu y la oposición formen gobierno, según indican las encuestas a pie de urna
Son las primeras elecciones parlamentarias que se celebran desde el inicio del genocidio de Gaza en 2023
Puntos clave
La comisión electoral israelí rechaza la solicitud del partido de Netanyahu de ampliar el plazo de votación
Ra’am afirma que la policía israelí se ha incautado de urnas electorales en el Negev
Netanyahu advierte del aumento de votantes árabes en las elecciones israelíes en un intento desesperado por ganarse el apoyo
Hace 22 minutos
Se prevé que tanto el bloque del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, como el de la oposición no alcancen la mayoría parlamentaria tras el aumento de la participación de los ciudadanos palestinos de Israel.
La encuesta, publicada tras el cierre de las urnas este martes, prevé que el bloque de Netanyahu obtenga 50 escaños y el de la oposición, 53, en la Knesset, que cuenta con 120 escaños, siendo 61 los necesarios para alcanzar la mayoría.
Se prevé que la Lista Conjunta y Ra’am, dos partidos que representan a los ciudadanos palestinos de Israel, obtengan en conjunto 17 escaños, lo que podría suponer un número récord de diputados árabes en el Parlamento.
Hace 25 minutos
Según el Canal 12 de Israel, el bloque de Netanyahu habría alcanzado los 52 escaños, superando al de Eisenkot.
Por su parte, los partidos liderados por palestinos han alcanzado los 19 escaños.
Eisenkot afirma que Israel ha optado por el cambio y desea formar gobierno
Hace 1 hora
El candidato de la oposición, Gadi Eisenkot, declaró en la madrugada del miércoles que Israel había optado por el cambio tras el mandato del primer ministro Benjamin Netanyahu y que intentaría formar un nuevo gobierno.
En unas declaraciones dirigidas a sus seguidores, Eisenkot también advirtió a Netanyahu: «No se atreva a utilizar la seguridad de Israel para sus necesidades políticas», en lo que parece una referencia a sus amenazas de nuevos ataques contra Irán.
Asimismo, afirmó que no desea que se celebren unas segundas elecciones.
«En estas elecciones, en las que se ha registrado un elevado porcentaje de participación, sería un error repetirlas. Es mi deber, y el de todos, hacer realidad la voluntad del pueblo», afirmó.
Comienza el recuento oficial de votos en las elecciones israelíes
Hace 1 hora
Las autoridades electorales israelíes han comenzado a contar los votos, según informan los medios de comunicación israelíes.
A las 00:18 hora local, se habían escrutado 2.670 votos de 15 colegios electorales, según el Canal 12 de Israel.
La participación en las elecciones parlamentarias alcanzó el 77,7 %, según las últimas cifras de la Comisión Electoral Central.
Smotrich afirma que «no permitirá» que los ciudadanos palestinos celebren los avances electorales
Hace 1 hora
El ministro de Hacienda israelí de extrema derecha, Bezalel Smotrich, ha declarado que su partido «no permitirá» que los ciudadanos palestinos de Israel celebren los resultados, después de que las encuestas a pie de urna pronosticaran importantes avances para los partidos liderados por palestinos, según informó Haaretz.
«Puedo ver en algunas pantallas que los árabes están celebrando esta noche. Así que se lo digo a ustedes y a ellos: no les dejaremos celebrar», declaró Smotrich en un acto organizado por su partido, el Sionismo Religioso.
Las encuestas a pie de urna pronosticaban que la Lista Conjunta y la Lista Árabe Unida obtendrían entre 16 y 18 escaños, frente a los 10 que ambos partidos ocupaban en la Knesset saliente.
Smotrich también afirmó que los partidos no serían capaces de revertir la expansión de los asentamientos israelíes.
«Ellos creen que podrán revertir la revolución de los asentamientos en Judea y Samaria, y les digo que no lo conseguirán», afirmó, utilizando el término israelí para referirse al territorio ocupado.
«No lo conseguirán. Se establecerán asentamientos judíos en Gaza», añadió.
Los simpatizantes de la alianza política israelí «Lista Conjunta», liderada por palestinos, vitorean en la sede de campaña de la alianza en la ciudad de Nazaret, al norte de Israel, el 27 de octubre de 2026 (AFP)
Lieberman insta a Netanyahu a dimitir
Hace 1 hora
El líder de Yisrael Beiteinu, Avigdor Lieberman, ha pedido al primer ministro Benjamin Netanyahu que dimita y ha instado a los miembros de su partido, el Likud, a destituirlo, según informó el Canal 12 de Israel.
«Si se marcha, será posible reconstruir el bloque nacional», afirmó Lieberman, exministro de Hacienda y exviceprimer ministro, en un discurso pronunciado en la sede de su partido.
Lieberman también expresó sus dudas sobre las encuestas a pie de urna, afirmando: « No estoy seguro de que las encuestas reflejen los resultados reales».
Hace 2 horas
Yousef Jabareen, líder de la Lista Conjunta, de mayoría palestina, ha calificado las elecciones israelíes del martes de «día histórico» y ha afirmado que los votantes han enviado un mensaje claro de que el «gobierno del derramamiento de sangre» debe marcharse.
« «La ciudadanía se ha pronunciado, acudiendo en masa a los colegios electorales y depositando su confianza en nosotros de forma inequívoca», declaró Jabareen en un comunicado.
«Hemos demostrado que somos una fuerza política que no puede ser ignorada y que aquí no se puede construir un futuro sin nuestra voz», añadió.
Hace 2 horas
El ministro de Seguridad Nacional de extrema derecha de Israel, Itamar Ben-Gvir, se pronunció sobre la posibilidad de que el partido Yashar, de Gadi Eisenkot, forme gobierno, afirmando que «paralizará nuestra labor».
En declaraciones a sus seguidores en la sede de su partido, Otzma Yehudit, Ben-Gvir también elogió los resultados obtenidos en las elecciones del martes.
«Estamos muy orgullosos de nuestro recorrido», afirmó, recordando una época en la que el partido ni siquiera existía en el panorama político.
Se prevé que Otzma Yehudit, o «Poder Judío», obtenga entre seis y siete escaños en la Knesset, que cuenta con 120 escaños.
Hace 2 horas
Ni el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ni los partidos sionistas de la oposición cuentan con escaños suficientes para formar gobierno tras el enorme aumento de la participación electoral de los ciudadanos palestinos de Israel, según sugirieron el martes las encuestas a pie de urna.
Tras el cierre de las urnas a las 22:00 horas, hora local, la cadena pública Kan informó de que se prevé que el bloque de Netanyahu obtenga 50 escaños, mientras que la oposición obtendría 53, una cifra muy por debajo de la mayoría necesaria de 61 escaños.
Se prevé que la Lista Conjunta y Ra’am, dos formaciones que representan a los ciudadanos palestinos de Israel, obtengan 18 escaños, lo que supondría un número récord de diputados árabes en el Parlamento israelí, la Knesset.
A lo largo de la jornada electoral quedó claro que la participación sería elevada en estas primeras elecciones celebradas tras el genocidio de Gaza y las diversas guerras israelíes en la región desde el ataque liderado por Hamás del 7 de octubre.
Más información: Las encuestas a pie de urna israelíes muestran que los grandes avances palestinos impiden a Netanyahu formar gobierno
Los simpatizantes de la Lista Conjunta vitorean en la sede de campaña de la alianza, en la ciudad de Nazaret, al norte de Israel, el 27 de octubre de 2026, mientras se anuncian en televisión las primeras encuestas a pie de urna (Ahmad Gharabli/AFP)
Hace 3 horas
Ameer Fakhoury, analista del centro de estudios israelí Vanleer Institute, describe por su parte la movilización de los ciudadanos palestinos en estas elecciones como un «acontecimiento verdaderamente histórico».
«Acudieron a las urnas en un número extraordinario para hacer frente a una clase dirigente responsable de lo que consideran los crímenes más graves contra su pueblo: la devastación en Gaza, la limpieza étnica en Cisjordania y años de persecución e intimidación en su propio país», declaró a MEE.
Fakhoury señaló que los resultados electorales no se reducen simplemente a la sustitución de Netanyahu, el primer ministro que más tiempo ha permanecido en el cargo en Israel. «Se trata de una elección entre perpetuar el apartheid y emprender una reparación política y moral».
«La historia ha situado a los ciudadanos palestinos de Israel en una posición extraordinaria. Tras haberse movilizado, ante todo, para proteger a su propio pueblo, ahora también pueden contribuir a rescatar a los israelíes judíos de la trayectoria destructiva de su país», afirmó.
«La cuestión es si los líderes políticos judíos israelíes están dispuestos a aceptar esa posibilidad —o si prefieren seguir descendiendo hacia una Esparta militarizada y etnocrática».
Los simpatizantes de la alianza política israelí «Lista Conjunta», liderada por palestinos, vitorean en la sede de campaña de la alianza en la ciudad de Nazaret, al norte de Israel, el 27 de octubre de 2026 (AFP)
Un veterano comentarista afirma que los resultados marcan «el fin de la era Netanyahu»
Hace 3 horas
El veterano comentarista político Meron Rapoport declaró que los resultados suponen «el fin de la era Netanyahu».
«No puede ser el próximo primer ministro, eso es seguro al 100 %. Su partido, el Likud, parece ser el más numeroso en el Parlamento, pero esto no tiene ningún significado si su coalición se encuentra muy lejos de los 61 escaños necesarios para formar Gobierno», declaró a Middle East Eye.
«No está claro qué tipo de Gobierno tendremos. Quizá haya nuevas elecciones si no se puede formar Gobierno».
Rapoport señaló que los principales líderes de la oposición, Naftali Bennett y Avigdor Lieberman, se muestran muy hostiles hacia los palestinos y han descartado formar parte de una coalición con ellos.
«Pero dejando la ideología a un lado, si los políticos ven la oportunidad de formar una mayoría de 70 escaños mientras Netanyahu tiene 50, creo que sería casi un suicidio optar por nuevas elecciones que le den a Netanyahu otra oportunidad».
El líder de la oposición israelí afirma que Netanyahu ha sufrido una «derrota aplastante»
Hace 4 horas
El líder de la oposición israelí, Yair Lapid, ha afirmado que el primer ministro Benjamin Netanyahu sufrió una «derrota aplastante» en las elecciones del martes.
Por su parte, el exjefe del ejército Gadi Eisenkot señaló que los resultados ponían de manifiesto una «falta de confianza» en Netanyahu.
Hace 4 horas
Se prevé que el partido Likud del primer ministro Benjamin Netanyahu obtenga 25 escaños en el Parlamento israelí, más que cualquier otro partido, según una encuesta a pie de urna realizada por el Canal 13.
Le sigue el partido Yashar, del exjefe militar Gadi Eisenkot, con 23 escaños. Se prevé que el bloque de la oposición mantenga una estrecha ventaja sobre el bloque de Netanyahu.
La encuesta prevé el siguiente reparto de los 120 escaños de la Knesset:
- Likud: 25
- Yashar: 23
- Juntos: 14
- Lista Conjunta: 10
- Demócratas: 9
- Yisrael Beiteinu: 7
- Judaísmo Unido de la Torá: 7
- Ra’am: 7
- Shas: 6
- Poder Judío: 6
- Sionismo Religioso: 6
Hace 4 horas
Ni el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ni los partidos sionistas de la oposición cuentan con escaños suficientes para formar gobierno tras el enorme aumento de la participación electoral de los ciudadanos palestinos de Israel, según sugirió este martes una encuesta a pie de urna.
Tras el cierre de las urnas a las 22:00 horas, hora local, el Canal 13 informó de que se prevé que el bloque de Netanyahu obtenga 50 escaños, mientras que la oposición alcanzaría los 53, una cifra muy por debajo de la mayoría necesaria de 61 escaños.
Se prevé que la Lista Conjunta y Raam, dos formaciones que representan a los ciudadanos palestinos de Israel, obtengan 17 escaños, lo que supondría un número récord de diputados árabes en el Parlamento israelí, la Knesset.
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Leer más: Las encuestas a pie de urna israelíes muestran que los enormes avances palestinos impiden que Netanyahu y Eisenkot formen una mayoría
Hace 4 horas
Se prevé que el bloque de la oposición «Cambio», liderado por el exjefe del ejército israelí Gadi Eisenkot, obtenga más escaños que el bloque del primer ministro Benjamin Netanyahu, según una encuesta a pie de urna del Canal 11 de Israel.
Las encuestas a pie de urna también muestran fuertes avances de los partidos liderados por palestinos en las elecciones del martes.
Eisenkot lidera el partido Yashar, mientras que Netanyahu encabeza el Likud.
Las encuestas a pie de urna israelíes indican un empate en las elecciones del martes
Hace 4 horas
Las elecciones de Israel terminaron el martes en un aparente empate, según mostraron las encuestas a pie de urna de las principales cadenas de televisión, sin que ni el primer ministro Benjamin Netanyahu ni su principal rival, Gadi Eisenkot, estuvieran en camino de obtener la mayoría en la Knesset, de 120 escaños.
La participación entre los reclusos supera el 88 %, según un informe
Hace 4 horas
Casi el 89 % de los reclusos y detenidos con derecho a voto recluidos en prisiones israelíes ejercieron su derecho al voto en las elecciones del martes, según informó el Servicio Penitenciario de Israel.
La votación en las prisiones finalizó a las 20:00 hora local, añadió.
Hace 5 horas
La Comisión Electoral Central de Israel tiene previsto anunciar los resultados oficiales de las elecciones del martes el miércoles por la noche, según informó la radio estatal israelí.
Está previsto que los colegios electorales cierren a las 22:00 hora local, pero la comisión ha indicado que permanecerán abiertos si aún hay votantes haciendo cola para emitir su voto.
Los canales de noticias israelíes retransmitirán las proyecciones de las encuestas a pie de urna una vez finalizada la votación.
La participación electoral en Israel supera el 74 %
Hace 5 horas
La participación electoral en las elecciones de Israel alcanzó el 74,3 % a las 20:00 hora local del martes, superando la participación total del 70,6 % registrada en las elecciones de 2022, según la Comisión Electoral Central.
La comisión señaló que se trataba de la participación más alta registrada a esa hora desde que comenzó a realizar un seguimiento de la votación por franjas horarias.
Más de 5,4 millones de personas habían emitido su voto a las 20:00 horas, unas 655 000 más que en la totalidad de las elecciones de 2022.
Un hombre judío ultraortodoxo se prepara para emitir su voto en un colegio electoral de Bnei Brak el 27 de octubre de 2026, durante las elecciones legislativas de Israel (AFP)
Los votantes de una localidad beduina informan de que han esperado más de cuatro horas para votar
Hace 5 horas
Los votantes beduinos palestinos informaron de que habían esperado más de cuatro horas para emitir su voto en Shaqib al-Salam, una localidad beduina del Distrito Sur de Israel, y algunos se marcharon mientras cientos de personas hacían cola fuera de un colegio electoral, según informó Haaretz.
Algunos recorrieron decenas de kilómetros para votar.
Hace 6 horas
La Comisión Electoral Central de Israel rechazó este martes una solicitud del partido del primer ministro Benjamin Netanyahu para ampliar el horario de votación más allá de las 22:00 horas, hora local.
«La elevada participación a nivel nacional en todos los sectores de la sociedad refleja un fuerte compromiso de la ciudadanía con el proceso democrático, y no se ha identificado ninguna necesidad de ampliar el horario de votación», señaló un comunicado de la comisión.
Smotrich afirma que «la participación árabe no tiene precedentes»
Hace 7 horas
El ministro de Hacienda israelí de extrema derecha, Bezalel Smotrich, ha instado a los votantes de derecha a acudir a las urnas, alegando que una participación sin precedentes entre los ciudadanos palestinos de Israel podría contribuir a que un «peligroso gobierno de izquierdas» llegara al poder.
«¡No se desesperen! Todavía es posible ganar», afirmó Smotrich en una publicación en X.
Los políticos palestinos han acusado a figuras de la derecha de incitación contra los ciudadanos palestinos de Israel, que constituyen el 20 % de la población del país.
Ra’am afirma que la policía israelí ha incautado urnas electorales en el Negev
Hace 7 horas
La policía israelí ha incautado urnas electorales en la localidad de Arara, en el Negev, según informó Al Jazeera, citando a Ra’am, el partido de Mansour Abbas, también conocido como la Lista Árabe Unida.
La cadena también ha señalado que la policía está impidiendo que continúe el proceso de votación en esa circunscripción electoral.
Abbas, de Ra’am, insta a votar de forma continuada para «derrocar» a Netanyahu
Hace 7 horas
Netanyahu está utilizando al grupo político como un «espantapájaros» para movilizar a los votantes de derecha, ha afirmado Mansour Abbas, líder de Ra’am, o Lista Árabe Unida.
Abbas escribió en una publicación en las redes sociales que «la Lista Árabe Unida hace un llamamiento a nuestro pueblo para que nos brinde su apoyo y sus votos», y añadió que su partido «derrocará a Benjamin Netanyahu, a Smotrich y a Ben Gvir en estas elecciones».
Hace 8 horas
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y sus socios de coalición de extrema derecha realizaron el martes un último esfuerzo para llevar a sus seguidores a las urnas, advirtiendo de un aumento en la participación de los votantes árabes, una táctica que los políticos palestinos denunciaron como racista e incendiaria.
Varios coches con banderas del partido Likud de Netanyahu recorrieron Jerusalén a todo volumen con la llamada islámica a la oración e instando a sus seguidores a votar porque «los árabes están votando», según afirmaron testigos.
«Si no despertamos ahora, nos encontraremos con un gobierno de Mansour Abbas y Ahmed Tibi», escribió Netanyahu en una publicación, refiriéndose a dos destacados políticos palestinos en Israel.
Tibi, candidato de un partido árabe, afirmó que una alta participación de la minoría árabe de Israel «allanaría el camino para un gobierno alternativo y cambiaría la grave realidad».
Sami Abu Shehadeh, líder del partido árabe Balad, escribió en X que las largas colas frente a los colegios electorales deberían ser motivo de «orgullo y alegría para cualquiera que crea en la democracia».
«Estamos recibiendo todos estos mensajes incitadores de los racistas mezquinos, Ben Gvir, Netanyahu y sus aliados. ¿De qué tienen miedo? En realidad, es una imagen excelente; es buena para la democracia».
Hace 8 horas
El partido del principal rival electoral del primer ministro Benjamin Netanyahu ha declarado que se «opone firmemente» a la petición del partido del primer ministro de ampliar el horario de votación del martes, calificándola de pretexto para cuestionar en el futuro la legitimidad de las elecciones.
«No se ha producido ningún incidente excepcional que justifique la concesión de esta solicitud, cuyo objetivo es sentar las bases para acusaciones que pongan en duda la integridad de las elecciones, dando continuidad a las mentiras que Netanyahu lleva difundiendo desde esta mañana», declaró el partido Yashar, del exjefe del ejército Gadi Eisenkot.
En la imagen, empleados de la Comisión Electoral Central para la 26.ª Knesset en el edificio de la Knesset, en Jerusalén, el 27 de octubre de 2026, el día de las elecciones legislativas de Israel (AFP)
Un votante israelí: «Un voto contra el miedo, el terror y la desigualdad»
Hace 8 horas
Un votante israelí ha declarado a Middle East Eye que las actuales elecciones en Israel son existenciales.
Fátima Hassan Bakri, una ciudadana palestina de Israel de 77 años, afirmó que era la primera vez que «sentía el peso del momento al emitir su voto, porque estas elecciones son diferentes a cualquier otra».
«Este voto es un voto por la supervivencia y por nuestra propia existencia. Un voto por nuestros hijos que emigran porque no hay trabajo. Un voto contra el miedo, el terror y la desigualdad», afirmó.
«Hago un llamamiento a todas las mujeres para que salgan a votar con sus hijos. Constituimos la mitad de la sociedad, por lo que debemos hacer oír nuestra voz».
El Likud solicita una ampliación del horario de votación más allá de las 22:00 horas
Hace 8 horas
El partido Likud, de Netanyahu, ha presentado una solicitud para ampliar el horario de votación más allá de las 22:00 horas.
El Times of Israel informó de que el partido ultraortodoxo Shas también había solicitado una ampliación.
«Los partidos están tratando de evitar una situación en la que los ciudadanos que esperan en la cola no puedan votar», afirmó el partido en un comunicado.
Un votante israelí: «Este Gobierno es racista»
Hace 9 horas
Deshacerse del Gobierno «racista» de Netanyahu debería ser una prioridad para los israelíes, declaró un votante israelí a Middle East Eye.
Kassim Titi, ciudadano palestino de Israel procedente de Galilea, afirmó que el primer ministro israelí y sus aliados de extrema derecha, Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich, habían fomentado un odio intenso contra los palestinos.
Afirmó que «el Gobierno es racista y está liderado por Ben-Gvir y Smotrich».
«La forma en que tratan a los árabes no es correcta. Queremos vivir en paz, estabilidad y seguridad, y queremos igualdad entre judíos y árabes», afirmó.
El líder de Ra’am acusa a Netanyahu de incitar contra su partido
Hace 9 horas
Mansour Abbas, líder del partido Ra’am, de mayoría palestina, ha acusado a Netanyahu de incitar contra su partido al afirmar que este estaba involucrado en fraude electoral.
«Benjamin Netanyahu miente e incita contra Ra’am, utilizándolo como táctica intimidatoria para movilizar a los votantes de derecha y llevarlos a las urnas», afirmó en un mensaje de vídeo.
Una votante israelí: «Netanyahu es un psicópata»
Hace 10 horas
Una votante israelí que se dirigía a votar en la ciudad de Or Yehuda, cerca de Tel Aviv, declaró a Middle East Eye que votaría por el partido Yashar de Gadi Eisenkot, ya que «Netanyahu es un psicópata».
Orly Neiger, fisioterapeuta de 60 años y madre de dos hijos, afirmó que, en su opinión, Eisenkot y sus aliados seguían siendo de derechas, pero que, no obstante, eran «personas que utilizan la cabeza, a diferencia de quienes votan a Netanyahu por miedo».
Afirmó que habría preferido votar al partido de centroizquierda «Los Demócratas», liderado por Yair Golan, pero que acabaría votando a Eisenkot porque tenía «un buen amigo que trabaja en la Knesset con Eisenkot y, por respeto a su labor, votaré a su lista».
«Netanyahu es un psicópata; no es un líder», afirmó.
«Es incoherente, irresponsable, se niega a asumir responsabilidades, no tiene en cuenta a todos los sectores de la nación y es incapaz de conectar con la gente de carne y hueso de Israel».
Hace 11 horas
Benjamin Netanyahu ha afirmado que los partidarios de los Hermanos Musulmanes están «asaltando» los colegios electorales en Israel.
«Estamos en guerra por nuestro hogar. Los partidarios de los Hermanos Musulmanes están asaltando los colegios electorales y robando las elecciones», escribió en X.
«Salgan a votar, recupérenlo».
La participación electoral es la más alta desde 1973 a las 14:00 horas
Hace 11 horas
La participación electoral a las 14:00 horas fue la más alta en unas elecciones israelíes desde 1973, según la comisión electoral de Israel.
A las 14:00 horas, hora local, el 44,9 % de los votantes con derecho a voto había emitido su voto.
Hace 11 horas
Según un observador, se han registrado retrasos y largas colas en los colegios electorales de las comunidades palestinas de Israel.
Adalah, el Centro Jurídico para los Derechos de la Minoría Árabe en Israel, declaró a *Haaretz* que se habían observado retrasos sistemáticos.
«Existen numerosos informes que señalan graves retrasos en muchos colegios electorales», afirmó Yeela Raanan, una observadora de Adalah encargada de supervisar la integridad electoral en las comunidades beduinas.
Adalah señaló que los agentes de policía estaban comprobando la identidad de los votantes a la entrada de los colegios electorales y retrasando su acceso, mientras que las mesas electorales también llevaban a cabo los trámites de votación con lentitud y formulaban preguntas irrelevantes a los votantes.
Añadieron que, al parecer, algunas juntas electorales cerraron las puertas de los colegios electorales y suspendieron la votación.
La organización afirmó que había presentado una denuncia ante la comisión electoral de Israel.
Mike Huckabee, criticado por distinguir entre israelíes y «árabes» en las elecciones
Hace 12 horas
El embajador de EE. UU. en Israel, Mike Huckabee, fue objeto de críticas el martes después de que pareciera dar a entender que los ciudadanos palestinos de Israel no eran israelíes.
En una publicación, Huckabee elogió el sistema electoral israelí porque, entre otras razones, «los árabes votan igual que los israelíes».
Los usuarios de X se apresuraron a señalar que los votantes «árabes» de Israel también eran ciudadanos israelíes.
Los ciudadanos palestinos de Israel, a diferencia de la mayoría de los palestinos, tienen derecho a votar en las elecciones israelíes.
Hace 12 horas
Gadi Eisenkot, el principal rival electoral del primer ministro Benjamin Netanyahu, instó el martes a los votantes a derrocar al «peor Gobierno» de la historia de Israel.
«Hago un llamamiento a todos los ciudadanos de Israel para que acudan a votar, para que no se dejen intimidar por la tensión ni por las perturbaciones, y para que se mantengan fieles a la misión: sustituir esta noche al peor gobierno desde la fundación del Estado», afirmó.
Información de la AFP
Hace 13 horas
Un hombre ha sido detenido tras acercarse al líder del partido de centroizquierda Yair Golan con un cuchillo en Tel Aviv.
Golan, líder de «Los Demócratas», participaba en una campaña de movilización del electorado cuando el hombre se le acercó de «manera amenazante». Tras ser interceptado por los guardias de seguridad, se le cayó un cuchillo grande de la chaqueta y fue reducido por los guardias, antes de que llegara la policía y lo detuviera.
«La incitación y la violencia no nos disuadirán», declaró Golan tras el incidente.
La participación electoral más alta desde 1977, según la comisión electoral
Hace 13 horas
La comisión electoral de Israel ha indicado que la participación al mediodía era la más alta desde 1977.
Más de 2,3 millones de israelíes habían votado al mediodía, lo que supone el 31,5 % del censo electoral.
Las elecciones de 1977 fueron las primeras en las que el partido Likud, de Benjamin Netanyahu, obtuvo la mayoría simple de escaños en el país.
Netanyahu advierte de que «mujeres de izquierdas están acompañando a mujeres árabes a las urnas»
Hace 14 horas
Benjamin Netanyahu ha advertido a sus seguidores de que «mujeres de izquierdas están acompañando a mujeres árabes a las urnas».
Según Haaretz, el primer ministro envió a los votantes un mensaje grabado en el que acusaba a los partidos de izquierdas y a los liderados por palestinos de intentar «robar las elecciones» .
Añadió que la policía había «detenido a tres altos cargos [de Ra’am] con sobres de dinero en efectivo en el sur».
Hace 14 horas
La Comisión Electoral Central de Israel (CEC) ha afirmado que no hay pruebas de manipulación sistemática de las papeletas en las elecciones, a pesar de las denuncias de al menos seis partidos de la oposición.
El diario *The Times of Israel* informó de que Yashar, B’Yachad, *People of Israel*, Yisrael Beytenu, Ra’am y el Partido de los Reservistas y la Economía habían denunciado presuntas irregularidades, entre ellas «papeletas de voto desaparecidas o deterioradas y otros presuntos intentos de interferir en la votación».
Yashar afirmó que había presentado una denuncia tras sospechar que las denuncias de irregularidades no eran «incidentes aislados».
«El gran número de incidentes suscita serias sospechas de que no se trata de incidentes aislados, sino más bien de un intento sistemático y deliberado de sabotear el proceso democrático, impedir que los ciudadanos ejerzan su derecho al voto e influir en los resultados electorales», afirmaron en un comunicado.
Activistas de un partido liderado por palestinos detenidos en el Negev
Hace 14 horas
Activistas del partido Ra’am, liderado por palestinos, han sido detenidos en el Negev, y su líder ha acusado a las autoridades de reprimir su campaña electoral.
Mansour Abbas afirmó que había presentado una denuncia ante la Comisión Electoral Central por las detenciones, y añadió que en varias localidades árabes se habían retirado o deteriorado papeletas electorales.
«Su voto es su poder: no renuncie a él», declaró el partido en un comunicado.
Explicación: ¿Quiénes son los principales líderes y cuál es su postura respecto a los temas clave?
Hace 14 horas
Las elecciones, las primeras desde 2022, han estado dominadas por el debate sobre los ataques liderados por Hamás de 2023, el genocidio en Gaza, el servicio militar obligatorio para las comunidades ultraortodoxas y la seguridad en Cisjordania, incluida la expansión de los asentamientos.
A continuación se detalla la postura de cada uno de los principales partidos respecto a los temas clave:
Más información: ¿Quiénes son los principales líderes y cuál es su postura respecto a los temas clave?
Los palestinos votan en Israel para garantizar su propia supervivencia
Hace 14 horas
Ibrahim Said ha boicoteado las elecciones israelíes desde que votó por primera vez en 1980.
Los partidos iban y venían, asegurándole que defenderían sus intereses si resultaban elegidos, e incluso prometiéndole ayudar a recuperar sus tierras en al-Birwa, la localidad de la que su familia fue desplazada durante la Nakba de 1948.
Pero nada cambió nunca para mejor para los ciudadanos palestinos de Israel. La democracia israelí no tenía nada que ofrecerle a él ni a su comunidad, opinaba este hombre de 70 años.
Este año, la situación es completamente diferente.
«Sin duda alguna, esta vez debemos votar. Vivimos con miedo», afirma Said a Middle East Eye en su garaje de Galilea.
Más información: Los palestinos votan en Israel para garantizar su propia supervivencia
Políticos británicos detenidos por Israel al intentar acceder a Cisjordania
Hace 14 horas
Tres parlamentarios británicos han sido detenidos por Israel mientras intentaban acceder a la Cisjordania ocupada.
Al diputado laborista Clive Lewis, a la diputada del Partido Nacional Escocés Lara Bird y a la diputada del Partido Verde Escocés Kate Nevens se les denegó el acceso al territorio.
Viajaban como parte de una delegación organizada por la Internacional Progresista.
Israel cerró el territorio ocupado antes de las elecciones.
Netanyahu afirma que las elecciones son una cuestión de «vida o muerte» para los votantes de derecha
Hace 15 horas
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirma que las elecciones parlamentarias son una cuestión de «vida o muerte» para los votantes de derecha en Israel.
«Estimados votantes de derecha, ¡esto es una cuestión de vida o muerte para nosotros! Debemos salir y asegurarnos de votar al Likud», escribió en X, haciendo referencia a un discurso del líder del partido palestino Ahmed Tibi.
«Si no votan, mañana nos despertaremos con un Gobierno de Lieberman, Eisenkot y los partidos árabes que apoyan el terrorismo», añadió, refiriéndose a sus rivales de la derecha Avigdor Lieberman y Gadi Eisenkot.
Netanyahu afirma que las elecciones son una cuestión de «vida o muerte» para los votantes de derecha
Hace 15 horas
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirma que las elecciones parlamentarias son una cuestión de «vida o muerte» para los votantes de derecha en Israel.
«Estimados votantes de derecha, ¡esto es una cuestión de vida o muerte para nosotros! Debemos salir a votar y asegurarnos de votar al Likud», escribió en X, haciendo referencia a un discurso del líder del partido palestino Ahmed Tibi.
«Si no votan, mañana nos despertaremos con un Gobierno formado por Lieberman, Eisenkot y los partidos árabes que apoyan el terrorismo», añadió, refiriéndose a sus rivales de la derecha, Avigdor Lieberman y Gadi Eisenkot.
La participación temprana en las elecciones de Israel es la más alta desde 1981: comité electoral
Hace 15 horas
La participación electoral en las tres primeras horas de las decisivas elecciones generales de Israel se situó en el 16,68 %, según informó el martes el Comité Electoral Central, la cifra más alta en esta fase de la votación desde 1981.
«A las 10 de la mañana, más de 1 200 000 israelíes habían votado. La participación electoral a nivel nacional se sitúa en el 16,68 %», declaró Dean Livne, director general en funciones de la comisión, en un comunicado televisado.
Información de la AFP
Se abren las urnas mientras Netanyahu lucha por mantenerse en el poder
Hace 15 horas
Los israelíes comenzaron a votar este martes en las primeras elecciones parlamentarias celebradas desde los atentados del 7 de octubre de 2023, en las que el actual primer ministro, Benjamin Netanyahu, se enfrenta a un duro desafío por parte de su rival de la oposición, Gadi Eisenkot.
Los colegios electorales abrieron a las 7:00 horas locales (5:00 GMT) y está previsto que cierren a las 22:00 horas (20:00 GMT).
Un total de 36 listas electorales se disputan los 120 escaños del Knesset, el Parlamento israelí, con el objetivo de formar el 38.º Gobierno del país.
La coalición de Netanyahu, formada por partidos de derecha, extrema derecha y ultraortodoxos, se convirtió en el primer Gobierno israelí desde 1988 en completar un mandato completo de cuatro años, tras tomar posesión en diciembre de 2022.
Sin embargo, las encuestas sugieren que su bloque podría quedarse corto respecto a los 61 escaños necesarios para obtener la mayoría parlamentaria, ya que las previsiones lo sitúan en torno a los 50.