El País, 30/X/2026. El problema no es de Montero ni de Rufián; es el de un tiempo en el que llamar la atención es más importante que el tema sobre el que se consigue que te miren y te escuchen.
Hay que espectacularizar la realidad y todo tiene que ser entretenimiento banal y frívolo, incluso obsceno. Y en campaña electoral epatar es lo que importa: hacerse viral, llegar al votante indiferente y al rezagado. Entiendo que la comunicación manda pero ¿no creen ustedes, señoras y señores de la izquierda posmoguay, ecopija y deconstructora, no creen que se están pasando tres pueblos? Mientras las calles arden pidiendo techo, después de ocho años en los que a pesar de tocar algo de poder, aunque fuera de modo tangencial, no derogaron la reforma laboral de Rajoy ni su ley mordaza, ni hicieron nada que cambiara el problema de la vivienda, habiendo destruido la cohesión del feminismo español suplantándolo por una feria de identidades, mientras los trabajadores (rebautizados por ustedes como los de “abajo” o “de la mierda”, expresión que usa Gabriel Rufián para hablar de sí mismo cuando era pobre y currante) sienten sobre el cuello la bota de un sistema que explota cada minuto de su existencia, mientras todo esto pasa, ¿de verdad creen que lo mejor es hablarles a los españoles de comer coños y comer culos? Que no digo yo que el tema no tenga su relevancia pero, señora Montero, ¿acaso va a promulgar usted una ley para que los hombres aprendan el muy noble arte del cunnilingus?
No es un problema de Montero ni de Rufián; es el de un tiempo en el que llamar la atención es más importante que el tema sobre el que se consigue que te miren y te escuchen. Que los jóvenes están alejados de la política y pueden quedarse en casa el día que toca ir a las urnas, pues hablémosles de coños y culos y pollas como los niños dicen teta, culo, caca. A esos niveles han bajado quienes aspiran a presidir este país. Y lo hacen, además, en la televisión que pagamos todos, donde todo el mundo debería expresarse de forma libre, claro está, ¿pero de verdad creen que insultar así nuestra inteligencia es una buena estrategia? Será que de verdad nos toman por idiotas porque la propia Irene Montero, cuando David Broncano acierta preguntándole por qué a la izquierda le cuesta tanto hablar de inmigración, achaca el problema a que los xenófobos lo son porque la extrema derecha los ha convencido de que tienen que odiar al vecino inmigrante. Lo cual es en parte cierto pero no tiene en cuenta el malestar en los barrios donde los pobres, de aquí y de fuera, compiten en la miseria de los márgenes. Entiendo que sea difícil entender la complejidad y las tensiones de esa realidad que tan lejos queda de Galapagar, donde las señoras tienen preocupaciones más importantes: conseguir que alguien les coma bien el coño.
https://elpais.com/opinion/2026-10-30/politica-comeconos.html.