Miscalánea 23/II/2023

De Carlos Valmaseda, miembro de Espai Marx (con observaciones del historiador José Luis Martín Ramos, miembro también de Espai Marx).

1. Renovables y territorio

Héctor Tejero publicó ayer un artículo en El País, que os pego al final de este mensaje. Si no tenéis ganas de leerlo entero, él mismo lo ha resumido en este hilo. Trata de un tema bastante polémico en tiempos recientes: la instalación de renovables y la oposición que eso ha generado en diversos territorios -que creen que toda la energía generada va a ese sumidero llamado Madrid (o Barcelona)-.

https://twitter.com/htejero_/

Llevamos tiempo con polémicas en torno al despliegue renovable en España, que han ido subiendo de tono. Escribo hoy en El País sobre el tema proponiendo avanzar hacia un nuevo contrato social y territorial. Va hilo explicando:

Empiezo con tres ideas que no hay que perder de vista: 1) La velocidad y profundidad de la crisis climática en la que nos encontramos. En las últimas semanas he visto artículos sobre las renovables en los que la crisis climática apenas aparece mencionada.

2) Las renovables producen electricidad, pero el 80% de nuestro consumo energético son fósiles que producen el cambio climático y tiene muchos impactos locales. Incluso reduciendo consumo hay que electrificar y producir bastante renovable.

Es importante recalcar esto porque si no parece que hablamos de renovables como si hablamos de cualquier otra infraestructura: una macrogranja, una cementera o un centro comercial. Las renovables son imprescindibles para afrontar la crisis climática y de biodiversidad.

3) La transición ecológica tiene que empezar en un sistema neoliberal y en un sector energético oligopólico. Los vientos de época parecen estar cambiando pero, por desgracia, no podemos esperar. Hay que hacer la transición ecológica y salir del neoliberalismo a la vez.

Hay muchos debates sobre las renovables: tejado o suelo, impactos locales vs impactos globales y agricultura frente a fotovoltaica. Son debates importantes pero secundarios frente a otros que me parecen más importantes para explicar la polémica.

La desigualdad territorial en la producción/consumo de electricidad. Es escandaloso que Extremadura produzca un 487% y Madrid un 5%. Hay también casos intermedios como País Valenciano, País Vasco o Cantabria. Hay mucha desigualdad también dentro de cada CCAA, por cierto.

Hay que corregir estas desigualdades teniendo en cuenta el diferente aprovechamiento renovable (hay más viento en Aragón que en Madrid y menos sol en Cantabria que en Andalucía) y que las ciudades nunca serán autosuficientes energéticamente a corto plazo: ni Madrid ni Vigo.

Esto no quita responsabilidad a las ciudades, que deben rehabilitar para reducir consumo, electrificar calefacciones y descarbonizar la movilidad, que es el gran jaleo urbano. También poner todas la renovable que puedan, pero difícilmente será suficiente.

Como el 80% de la energía que consumimos es de origen fósil y ninguna CCAA genera 100% renovable ninguna tiene instalada más renovables de las que ella misma va a necesitar en unos años. No es excusa, pero significa que los desequilibrios son corregibles sin dejar de instalar.

Otra cuestión que sale mucho es el oligopolio eléctrico. Debemos apostar por la democratización de la energía: reformar el mercado eléctrico, participación local en fotovoltaica y eólica, autoconsumo y comunidades energéticas. Pero el oligopolio no es específico de las renovables

A día de hoy el despliegue renovable puede favorecer al oligopolio eléctrico, sí. Y frenarlo favorece al oligopolio fósil que obtiene beneficios récord. A veces, de hecho, son los mismos. Esta es la incómoda realidad que hay que asumir por el momento en la transición ecológica.

Sin embargo, para mí la clave del asunto viene del sentimiento de agravio que, con razón, sienten muchas regiones y territorios de España. Zonas que han sufrido despoblación y abandono y que en los últimos años se ha articulado en torno a la idea y el afecto de “España vaciada”

Las renovables han sido secundarias en este proceso respecto a otras causas, pero corremos el riesgo de que se vean como la gota que colma el vaso. Las renovables llueven sobre mojado y provocan resistencias donde se mezclan mejores y peores razones.

Las resistencias locales no surgen del egoísmo o el “rechazo al progreso” sino de dudas razonables sobre su impacto y la desconfianza por repetir procesos anteriores, pero pueden perder de vista las consecuencias cercanas y lejanas de la crisis climática.

El despliegue renovable rápido y justo no quiere “arrasar lo rural” o imponer “desde Madrid”, pero su preocupación por la crisis climática puede hacerla subestimar impactos locales sociales y ambientales.

Conflictos de este tipo serán cada vez más frecuentes según se vayan descarbonizando más sectores en un contexto de injusticias, escepticismo y desigualdad heredado por décadas de neoliberalismo. La transición ecológica debe hacerse cargo de ellos y buscar acuerdos y encuentros.

Propongo para ello avanzar hacia un nuevo contrato social y territorial, ¡¡el famoso Green New Deal!!. Y acabo aterrizándolo en tres propuestas concretas que sirvan para abrir el debate más allá de agravios y reproches mutuos:

1) Una implantación respetuosa de las renovables. Agilizar plantas pequeñas y medianas con sello de calidad ambiental. Más regulación para las grandes. Mapas vinculantes de zonas prioritarias. Más medios para la administración. Que las ciudades se pongan las pilas con los tejados

Clave en este punto obligar a procesos de información, participación y mediación a escala local que eviten que las renovables se perciban como una agresión que se hace por la espalda. Quien busque atajos aquí se encontrará que irá más lento por la vía judicial o la desobediencia.

2) Reformar el mercado para que los territorios más cercanos a la producción paguen electricidad más barata. Al final es un mecanismo de compensación vía renta indirecta cuyo principal problema es ser un mecanismo de mercado que no asegura que se reviertan el vaciamiento

3) Fondo Soberano Renovable, al estilo del que tiene Noruega con el petróleo. Alimentado a través de impuestos a los beneficios, concesiones, licencias, etc. y que pueda invertir directamente o sus rendimientos a través de agencias de transición ecológica y desarrollo locales

Aquí el modelo de referencia europea es la Agencia escocesa de las Highlands. Una agencia apegada al territorio cuyas inversiones visibilicen los retornos locales de las renovables y que incentive la descarbonización del mundo rural, que es un reto clave.

Siento la chapa, pero me parece un tema clave. La transición ecológica es un imperativo moral pero no estará libre de conflictos. Tenemos la oportunidad y la obligación de construir nuevos contratos sociales que nos permitan vivir mejor en el mundo, más cálido, que viene.

Y este es el artículo:

https://elpais.com/clima-y-

Renovables para todos: por un nuevo contrato social y territorial

Debemos reformar el mercado eléctrico, democratizar su estructura y promover una mayor participación pública y ciudadana en la producción y distribución de electricidad. Pero no hay margen para frenar la instalación de renovables.

2. Entrevista a Tariq Alí

No estoy para nada de acuerdo con la visión de un «aventurerismo enloquecido de Putin» que habría pretendido ocupar toda Ucrania, ni la postura de los entrevistadores, que solo dan la opción de una guerra de independencia nacional contra un agresor imperialista -Rusia-, o una guerra por delegación interimperialista, pero no sea dicho que discrimino otras visiones de la izquierda sobre este conflicto. Todas pueden ayudarnos a pensar, aunque para mí, esta, publicada en Jacobin lat, no mucho…:-) https://jacobinlat.com/2023/

Tariq Ali: «Es perfectamente razonable no estar a favor de Putin ni de Zelensky»

UNA ENTREVISTA CON Tariq Ali

Traducción: Pedro Perucca

La brutal operación de Estados Unidos y la OTAN no justifica el aventurerismo enloquecido de Putin. Un análisis no unilateral sobre la guerra en Ucrania y su impacto regional y mundial.

Entrevista por Martín Mosquera y Nicolás Allen

El escritor, cineasta e historiador paquistaní Tariq Ali, integrante de los consejos editoriales de la revista New Left Review y de Verso Books e histórico militante de izquierda en Gran Bretaña, donde vive desde su juventud, analizó para Jacobin el nuevo escenario mundial abierto por la invasión rusa a Ucrania. Siempre interesado en la evolución de los movimientos políticos latinoamericanos, también destacó que la coyuntura política actual abre la posibilidad de una nueva Marea Rosa en la región.

Comenzamos con la gran pregunta, la que tiene que ver con el debate que está dividiendo a la izquierda internacional en torno a cómo caracterizar la guerra en Ucrania. Están los sectores que afirman que la guerra es solamente una «guerra de independencia nacional» contra un agresor imperialista, en este caso Rusia, y hay quienes afirman que también se trata de una «guerra por delegación» librada por Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y que, por lo tanto, sería también una guerra interimperialista. Esas son dos de las principales posiciones sobre el conflicto, cada una con vertientes, pero ¿cuál sería su propia caracterización de esta guerra?

Desde el principio he visto que esencialmente se están librando tres guerras. Una es, por supuesto, la intervención rusa en Ucrania, en la que el aventurerismo enloquecido del presidente ruso Vladimir Putin lo llevó a pensar que su ejército era capaz de tomar todo el país sin más. Esa fue la causa inmediata de esta guerra en particular. En segundo lugar, es una guerra entre los invasores rusos y los nacionalistas ucranianos de toda clase, incluida la derecha dura dentro del núcleo nacionalista ucraniano, respecto de quienes no tiene sentido negar que son fascistas en lo político, con un legado que proviene de los fascistas que lucharon junto al Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial. Hay una larga historia de eso en Ucrania. No es un gran secreto. Pero sería un error decir que todos los nacionalistas ucranianos son fascistas, aunque todo fascista ucraniano es nacionalista. Y la tercera, que en los últimos meses se ha vuelto el aspecto más importante de la guerra, tiene que ver con la intervención de la OTAN. Ahora bien, es absolutamente cierto que Ucrania no es miembro de la OTAN, pero eso no significa que la OTAN no esté en Ucrania. Porque viene siendo el caso desde 2014, cuando sucedió la llamada «revolución de Maidán», que efectivamente fue un golpe de Estado en muchos aspectos organizado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, con [la subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos] Victoria Nuland diciendo abiertamente que estaba allí para elegir al nuevo liderazgo de Ucrania. ¿Qué puede ser más claro que eso? No me cabe la menor duda de que, desde 2014, Estados Unidos ha ido aumentando su control político, militar e ideológico de Ucrania.

Esto plantea una pregunta sobre lo que podrían haber hecho los rusos sin embarcarse en la guerra. En mi opinión, podrían haber ejercido mucha presión. Y, en el peor de los casos, podrían haber amenazado con tomar el control de los óblast en el Donbas, Donetsk y Lugansk. Y, de manera curiosa, eso es básicamente para lo que Estados Unidos estaba preparado, algo que se consideraba inaceptable pero que podía constituir un punto de negociación. Entonces Putin perdió completamente la calma y decidió que iba a tomar toda Ucrania. Y la razón por la que hizo esto fue porque estaba harto. Rusia y Estados Unidos, con sus respectivos servicios de inteligencia, sabían perfectamente lo que estaba pasando. Desde el pasado mes de septiembre Estados Unidos conocía los planes rusos para la invasión a Ucrania, pero no podían creerlo y tuvieron que preguntarle a sus colegas rusos, quienes confirmaron esos planes por haber perdido la paciencia ante todos los juegos que había estado jugando Estados Unidos. Pero, aun así, en Estados Unidos muchos dudaban de que eso fuera a concretarse. Y la mayoría de la gente de la izquierda, sabiendo lo que había estado sucediendo hasta 2014, pensaba que Putin amenazaba efectivamente a Ucrania como forma de presión, con el objetivo de que del otro lado comiencen a escuchar y acepten sus demandas.

Tengo que decir que ninguno de nosotros creía en la amenaza de ocupación, algo tan irracional (aun en términos de racionalidad burguesa o incluso imperial, si se quiere) que no nos cabía en la cabeza. No era algo que pudiéramos haber previsto. Así que creo que ese es el preámbulo de la guerra. Y es interesante la respuesta inicial de personas de muy alto nivel en los Estados Unidos. Hay dos artículos de Tom Friedman en el New York Times que fueron muy críticos sobre el rol de Estados Unidos. Si bien allí Friedman no decía explícitamente que EE. UU. eran responsable, todo su argumento era que esencialmente había provocado la guerra. No me gusta decir esto, pero hay que reconocer que se trató de un análisis bastante agudo, más que los de cualquier corresponsal de la prensa dominante en Europa.

El actual jefe de la CIA y exembajador estadounidense en la Federación Rusa William Burns ya había advertido hace años que la única línea roja para los rusos era Ucrania. Si la OTAN y la Unión Europea (ahora más o menos en acuerdo, con la excepción de Turquía) seguían por ese camino iban a provocar una respuesta seria por parte de Rusia. Muchas otras personas en el Departamento de Estado y en otros lugares plantearon advertencias en el mismo sentido. Mary Sarotte escribió todo un libro sobre el tema mapeando exactamente lo que había sucedido: Not One Inch: America, Russia, and the Making of Post-Cold War Stalemate (Ni una pulgada: Estados Unidos, Rusia y la creación del estancamiento posterior a la Guerra Fría). Pero EE. UU. avanzó despreocupadamente después de 2014 y, aunque había muchas razones para ello, una razón clave era que no creía que Putin intentara ocupar la totalidad de Ucrania, como tampoco lo creía la izquierda. Y eso es lo que conmocionó a todo el mundo. Incluso el presidente estadounidense Joe Biden dijo públicamente que se hubiera podido aceptar la ocupación de Crimea y la ampliación del espacio ruso con la toma de las provincias de mayoría rusa, lo que hubiera sido un punto de partida para las negociaciones. Pero los rusos fueron mucho más allá. Vale la pena tener esto en cuenta.

La ideología declarada de Putin es la de un gran chovinista ruso. No hay otra forma de describirla. Él glorifica el período zarista, cuando el Imperio ruso era enorme, odia a Lenin y a los bolcheviques por haberles dado a todas las naciones del antiguo Imperio zarista el derecho a la autodeterminación nacional. En particular, odia a Lenin porque afirma que entregó demasiado. Su forma de pensar no es nuestra forma de pensar, en eso podemos estar de acuerdo. Lenin y Trotsky, como la mayoría de los bolcheviques, eran internacionalistas y pensaban internacionalmente y el chovinismo ruso había sido su enemigo durante muchas décadas porque era la ideología de la élite gobernante. Putin incluso dijo que no existía tal cosa como una nación ucraniana. Esto es inaceptable.

Hay un argumento posible para plantear que, mirada en retrospectiva, la ampliación de Ucrania durante el período soviético, llevada a cabo cuando Jrushchov era el principal líder de la Unión Soviética, fue imprudente. Pero ¿quién puede decirlo cuando nadie había pensado jamás que la Unión Soviética se derrumbaría tan rápidamente? Putin no dice eso sino que él, Dmitri Medvedev y sus otros aliados afirman que no existe el Estado ucraniano ya que siempre fue parte de Rusia y que no hay nada que discutir. Esta posición implica que la ocupación de Ucrania apenas es una forma de recuperar algo propio, lo que no es cierto, porque incluso en los años veinte y treinta hubo grandes debates sobre Ucrania como nación, no solo por parte de los bolcheviques sino también por expertos en relaciones internacionales que sostuvieron que Ucrania es tan nación como Georgia, por ejemplo.

Eso es lo que Putin se niega a aceptar y ahí es donde estamos ahora. ¿Pero dónde estamos ahora exactamente? Mi opinión es que estamos en una situación en la que el intento inicial de Putin de tomar toda Ucrania demostró ser un desastre total y absoluto, incluso desde su punto de vista. El ejército ruso está atrapado, porque no era un ejército que esperara luchar durante tanto tiempo. Y eso es lo que va a pasar si el objetivo es tomar toda Ucrania, que no es un insignificante Estado báltico sino una nación de 14 millones de personas si solo se contara a la población rusófona. Entonces, ¿cómo podría tomarse Ucrania sin que la población y el ejército estén totalmente a favor y entiendan lo que se está haciendo y las razones para ello? En este sentido Rusia ha conseguido mejorar algo su posición en los últimos meses y hay sondeos de opinión que muestran que sus índices de aprobación están subiendo (sondeos realizados por agencias occidentales como Ipsos, no agencias rusas). Así que, básicamente, Rusia ha sido incapaz de cumplir sus objetivos.

Miles y miles de sus tanques han sido capturados y se dice que hasta 10 000 soldados rusos han muerto, lo que es una cantidad enorme. Probablemente, este sea el gasto bélico y de vidas humanas más importante desde hace mucho tiempo en Europa. Así que para Putin esto ha sido un desastre. Y mi opinión es que, en privado, la posición inicial de la OTAN era la de dejarlo ocupar algunos pequeños distritos para luego, a cambio de haberlo dejado hacer eso, incorporar a Ucrania a la OTAN. Eso era lo que Putin no quería que pasara ya que, por razones estratégicas de Estado, no quería bases militares de la OTAN justo en las fronteras de Rusia. Así que no iba a aceptarlo. Y en los medios de comunicación occidentales se habla muy livianamente de que la lucha se lleva a cabo entre Rusia y Ucrania, lo que es solo parcialmente cierto, porque el peso de la mayoría de los combates, en términos de suministro de armas, identificación y asesinato de generales rusos, es responsabilidad de Estados Unidos, que opera con el apoyo de la OTAN.

En cuanto a la solución, la única significativa es un acuerdo negociado en lugar de continuar con una guerra que va a costar cada vez más vidas ucranianas, la destrucción de ciudades ucranianas, etc. La esperanza rusa de que la entrada de sus tropas en Kiev fuera una expedición muy pequeña que rápidamente ocupe la capital y poco a poco vaya entrando en el resto del país, dejando atrás a miles de ucranianos en las fronteras con Polonia, no se ha cumplido. Ucrania organizó una fuerte resistencia, los alemanes están enviando armas, etc. Desde el punto de vista ideológico general, ha sido un gran triunfo para los Estados Unidos. No creo que haya otra forma de verlo. Hasta ahora, Putin ha sido humillado en el campo de batalla, sus fuerzas han sufrido, Suecia y Finlandia han decidido entrar en la OTAN y Suecia incluso ha comenzado a entregar a refugiados kurdos al presidente Erdoğan, para anular las objeciones turcas para sumarse a la OTAN. Así que es una especie de victoria extraña, pero básicamente constituye una señal de que Estados Unidos ha impulsado esto y de que Rusia está ahora aún más aislada de lo que estaba antes de que decidiera ir a la guerra.

Ese es el balance hasta ahora. Así que las opciones creo que en gran medida están del lado de la OTAN. Ahora la OTAN o, en realidad, permítanme ser franco, Estados Unidos debe decidir si realmente quiere librar una guerra durante cuatro o cinco años para tratar de debilitar a Rusia a costa de una gran pérdida de vidas ucranianas y de la destrucción de sus ciudades. ¿Van a luchar hasta el último ucraniano simplemente para destruir a un nuevo enemigo de la Guerra Fría? Porque durante mucho tiempo Rusia fue un aliado de Estados Unidos. La guerra de Chechenia, por ejemplo, fue respaldada por Bush, Clinton y Blair. Mataron a mucha gente, y Grozny fue completamente destruida. Eso no fue un problema. Pero esto sí lo es porque desafía la estrategia de la OTAN en esa parte del mundo. La OTAN podría querer seguir luchando si piensa que puede quebrar al Estado ruso, pero no necesariamente ese sería el caso, incluso aunque fuera capaz de hacerlo. Porque si lo intentan se generarían más movilizaciones en Rusia y más gente estaría dispuesta a unirse y luchar para defender su propio país. Mucha más gente se involucraría en esa defensa de la que hoy está dispuesta sumarse a una invasión a Ucrania.

Así que estamos en un momento de transición. Putin está atascado. Ha obtenido algunas victorias en el Donbas, pero podrían ser de corto plazo. Estados Unidos dice que está decidido a luchar en la guerra y los nacionalistas ucranianos dicen que podrían haber estado dispuestos a aceptar la entrega del Donbas pero que ahora no lo están y quieren recuperar también Crimea. Bueno, si este es el caso, entonces esta guerra puede continuar durante algún tiempo. Y eso es lo que parece en este momento aunque, por supuesto, es una situación muy volátil en la que no pueden hacerse predicciones.

La otra parte de tu pregunta era sobre el estado de la izquierda. Muy pocos sectores de la izquierda apoyan la guerra de Putin y eso hay que reconocerlo. Hay unos pocos de línea dura que la apoyan simplemente porque el enemigo es Estados Unidos. Y esa nunca ha sido mi forma de ver la política, ni a nivel nacional ni a nivel mundial. El enemigo de tu enemigo rara vez es tu amigo, si es que alguna vez eso sucede. La historia lo ha demostrado una y otra vez. Así que no es algo que pueda funcionar. Pero no empecemos con la izquierda sino con el estado del mundo. La mitad del mundo, si no más, no votó para que Estados Unidos impusiera sanciones a Rusia. Eso es increíblemente importante, en realidad. Es que esa idea de que Estados Unidos decide a qué país sancionar y todo el mundo lo sigue no ha sido cierta en Cuba, ni en Venezuela, ni ahora en Rusia. Simplemente, no es cierto.

Cuando dos países del tamaño de China e India deciden tomar esa posición, no lo hacen por algún principio estratégico abstracto sino porque sus propios países, que tienen estrechos vínculos comerciales y económicos con Rusia, se verán muy afectados. La mayor parte de África hizo lo mismo. Los principales países del mundo se abstuvieron en la votación de las sanciones. Así que Estados Unidos tuvo que reunir a sus propios aliados, que son básicamente los países que dependen de él desde la Segunda Guerra Mundial. Esa es la realidad. Pero el resto del mundo no está a favor de la forma en que se está librando esta guerra y se opone totalmente a las sanciones a Rusia. Eso representa un cambio público respecto de una guerra que en el resto del mundo no se ve del mismo modo que desde los medios de comunicación europeos. En particular, los informes sobre el tema en India son bastante neutrales, presentando los puntos de vista de ambas partes.

En cuanto a la izquierda, los intelectuales están divididos. Algunos adoptan la posición que acabo de esbozar (que es la posición que defendemos en la New Left Review desde que comenzó la guerra y, por lo que leí, la posición de Jacobin no es tan diferente) y hay otros, como Slavoj Žižek, cuya ubicación no constituye una sorpresa. Está desesperado por algo de publicidad, así que se le ocurren estas ideas, pero nadie lo toma demasiado en serio en estos días. Hablando más seriamente, lo cierto es que su posición no ha cambiado desde la guerra de Yugoslavia, cuando apoyó los bombardeos de la OTAN. Ese fue el primer gran intento posterior a la Guerra Fría de expandir la OTAN por medio de la fuerza. Y Žižek defendió el bombardeo, algo que lo desacreditó un poco, aunque no demasiado en ese momento. Efectivamente, es un operador astuto e inteligente. Yo lo describiría básicamente como un liberal de izquierda. Y con este tema ha vuelto a sus orígenes. Creo que es inútil nombrar a otras personas.

La izquierda siempre se divide cuando Occidente está luchando en una guerra y hay sectores que ahora respaldan la presencia de la OTAN en Ucrania y exigen más ayuda y más tropas para los ucranianos. Hicieron lo mismo con Siria, cuando era obvio que Estados Unidos estaba involucrado en el derrocamiento de un régimen que no le convenía en ese momento, apoyaron el derrocamiento de Gadafi en el cambio de régimen en Libia y ahora intentan no hablar de los desastrosos resultados en ese país. Y están haciendo lo mismo con Ucrania. Y creo que vale la pena subrayar que ninguna de estas personas, haya ahora cambiado de bando o reforzado sus posiciones previas, se preocupa demasiado por lo que sucede en Yemen, en Somalia, en el Sahara o por lo que ocurre entre bastidores en otras partes del mundo cuando a Estados Unidos no le gusta el régimen de algún país. Y si hablas con algunos de ellos sobre Palestina, básicamente plantean que los palestinos deben hacer un acuerdo a largo plazo con el Estado sionista, porque no se puede hacer nada más. Si renuncias por completo a cualquier forma de análisis radical de lo que ocurre en el mundo, ¿por qué debería esto ser diferente en Ucrania?

 Esto me recuerda a algo que Richard Seymour escribió hace poco planteando que la guerra es una especie de droga para los intelectuales de izquierda porque de repente sus ideas parecen tener una gran importancia e influencia mundial. Incluso hay algunos que se apresuran a apoyar las causas imperialistas, algo sorprendente, porque antes los intelectuales de izquierda eran los que, como decías, arrojaban luz sobre estas guerras ignoradas, las invasiones imperialistas o el colonialismo.

Eso es cierto, pero no se aplica a todos. Hay que decir que los intelectuales de la izquierda, o del lado radical de los levantamientos revolucionarios, han cambiado de bando durante mucho tiempo. Si nos remontamos a la revolución inglesa del siglo XVII, recomendaría un libro de Christopher Hill titulado The Experience of Defeat, en el que describe a los niveladores y a los miembros de otras sectas anticromwellianas que se opusieron a Cromwell por muy buenas razones, pero que luego se convirtieron en partidarios de la restauración monárquica y sobrevivieron para moverse libremente en la corte de Carlos II. Así que esto no es un fenómeno nuevo sino que solo lo parece para la generación actual. Lo mismo ocurrió después de la Revolución francesa y de la Revolución rusa. Muchos trotskistas que empezaron apoyando a Trotski terminaron alineados con el imperialismo estadounidense. Ahí es donde los llevó su lógica particular. Max Shachtman es un ejemplo, porque terminó apoyando la invasión de Bahía de Cochinos en Cuba y básicamente defendió la guerra de Vietnam. Y hay otros como él. Solo digo que no es un fenómeno nuevo. Así que el hecho de que Žižek o un británico llamado Paul Mason, que estaba en la izquierda, hayan adoptado estas posiciones no es una gran sorpresa para mí. En cambio, franceses como Jean-Luc Mélenchon tomaron una posición que me parece muy equilibrada, no muy diferente de la nuestra.

Pero, una vez más, algunos de los grupos trotskistas se han lanzado a un entendimiento muy unilateral de lo que estaba pasando, básicamente sin cuestionar a la OTAN. Es como si la guerra saliera de la nada y no hubiera más responsables que Putin, que se volvió loco de repente. Es decir, explicaciones psicológicas de la guerra que dependen de una sola persona. Pero hay que leer a los periodistas y comentaristas estadounidenses para saber qué ha hecho su propio bando. Creo que es perfectamente posible decir en público, como he dicho, que estoy totalmente en contra de Putin y de las atrocidades que se están llevando a cabo en Ucrania pero sin estar a favor de la respuesta del gobierno ucraniano pro OTAN, que busca continuar la guerra y poner sobre la mesa demandas inaceptables para que el enfrentamiento continúe. Es perfectamente posible adoptar una posición así. Cuando nos oponemos a la guerra de Irak, eso no significa que apoyemos la posición de Saddam Hussein. Cuando nos oponemos a la guerra en Siria, no significa que seamos partidarios políticos de Assad o de Gadafi en Libia. Puedes oponerte a una guerra incluso si no estás de acuerdo con la gente que está luchando. Y es perfectamente razonable no estar a favor de Putin ni de Zelensky.

Entiendo que decir esto es implica una especie de shock de horror para mucha gente. Pero cuando miramos a Zelensky queda claro que trabajó para EE. UU. Estados Unidos no lo quería, pero quedó atrapado en la corriente de la guerra y hubo que apoyarlo y construirlo. No es un tipo muy inteligente, simplemente hace lo que se le pide que haga. Entonces, ¿hasta cuándo vamos a adorarlo como a un héroe? Y eso es una clara muestra de cómo algunos en la izquierda se dejan atrapar por la propaganda de guerra. Esto sucedió menos en Irak que en Siria o Libia. Hay una mega propaganda en los medios de comunicación, la CNN y la BBC me resultan indistinguibles, ya que usan exactamente las mismas imágenes. Y los jóvenes no son conscientes del tipo de problemas más profundos que llevaron a esta situación, simplemente odian ver esa violencia. ¿Y quién puede culparlos? Yo también odio verla. ¿A quién le gusta que destruyan casas, que maten a gente corriente o que mujeres y niños intenten salir del país como refugiados? Claro que Occidente lo hace todo el tiempo en otras partes del mundo. Y es inaceptable, lo haga quien lo haga.

Queríamos volver sobre el punto que estabas planteando en relación con la OTAN cuando aludiste a la incorporación de Suecia y Finlandia… Hay una revitalización de la OTAN que es bastante inesperada si tenemos en cuenta, por ejemplo, que Macron llegó a decir que la OTAN estaba en un estado de muerte cerebral poco antes de la invasión a Ucrania. Entonces, ¿estamos asistiendo también a una revitalización del poder militar estadounidense? ¿Cómo podemos leer la trayectoria de este fortalecimiento?

Yo soy uno de los que nunca ha creído que el poder estadounidense esté en declive. Ha sufrido reveses, de los cuales el más reciente es Afganistán, pero eso no significa que su poder militar esté siendo superado por cualquier otro país o por una combinación de potencias. El presupuesto militar de EE. UU. es superior a los seis presupuestos militares siguientes juntos, incluyendo a los de Rusia, China, India y la mayor parte de Europa. Y esa situación no ha cambiado. Aunque al inicio el rol de EE. UU. provocó cierta disidencia y nerviosismo entre algunas élites europeas, en particular en Alemania y marginalmente en los países escandinavos, por ahora se logró acotarla. ¿Pero a qué precio? Ahora Alemania tendrá que invertir menos en gasto social y más en armamento y el ejército alemán crecerá. Si yo estuviera en el grupo de expertos asesorando al Departamento de Estado de EE. UU., diría: ¿están seguros 100% de que es una buena idea? No porque haya sido fascista sino porque actualmente es el país más importante de Europa, al punto de que si sacas a Alemania de la Unión Europea, ahora que Gran Bretaña ya está afuera, ésta se convierte en una broma.

Así que los alemanes jugarán un papel cada vez más poderoso y uno de los ejes estratégicos del Estado alemán ha sido tener relaciones amistosas en todos los niveles con los rusos. Hace tiempo que los dos países son complementarios en términos económicos y comerciales. Incluso durante el primer periodo de los bolcheviques, a finales de los años veinte, los alemanes no querían enredarse demasiado con ellos. Luego los nazis cambiaron eso y ya vimos con qué resultados para ellos. Pero cuando a la élite alemana se le negó el entrenamiento militar en su propio suelo, debido al Tratado de Versalles, los rusos firmaron el Tratado de Rapallo en 1922 por el que permitían el entrenamiento de los alemanes, porque estaban en contra de Gran Bretaña y Estados Unidos. Así que, independientemente de la estructura social capitalista de los dos países y de los diferentes niveles de desarrollo, hoy tienen grandes capitalistas que son amistosos entre sí.

¿Hasta cuándo seguirán aceptando los alemanes aislar a Rusia, algo que va en contra de sus propios intereses estatales y económicos? Probablemente hasta que termine la guerra de Ucrania, pero no creo que sus posiciones hayan cambiado tanto internamente. En el centro del Estado alemán hay un núcleo duro proestadounidense y una facción menos dura pero igualmente importante que es prorrusa. Ahora aparentemente la OTAN se ha reforzado, lo que obviamente es un gran alivio para los Estados Unidos. Pero está claro que no pueden depender exclusivamente de la OTAN. Australia estuvo presente en esta última reunión de la OTAN en Madrid donde se atacó a China como una probable amenaza futura… En mi libro sobre Churchill (Winston Churchill: His Times, His Crimes) caractericé a Gran Bretaña y Australia como los dos cruciales Estados-testículo de los Estados Unidos. No son importantes por sí mismos. Y no hay garantía de que esta situación continúe si Escocia se independiza, dejando a Inglaterra mucho más débil que antes, o si cambia la situación en Australia. Aunque allí un gobierno horriblemente derechista fue sustituido por uno laborista que en política exterior pretende mantener a Australia como Estado-testículo, así que la actual situación no va a desaparecer rápidamente, pero las cosas cambian en el mundo y los movimientos de masas se desarrollan.

Queríamos pedirte que entraras en una caracterización más amplia de la coyuntura. Hay un debate en curso sobre el posible final de la globalización, del neoliberalismo y del orden geopolítico heredado de la década de 1990. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

Bueno, yo diría que la globalización, tal como existió inmediatamente después del colapso de la Unión Soviética y en los años noventa, con esa especie de entusiasmo que sostenía que era el único camino a seguir, se ha derrumbado. Y lo ha hecho no por la fuerza de la izquierda —excepto en Sudamérica, a la que me referiré en un minuto— sino debido a la crisis de 2008. Y mucha gente, incluyendo a esa suerte de intelectuales que defienden el orden existente —muchos de los cuales eran sus apologistas en el Financial Times planteando semana tras semana que la globalización era la solución a los problemas del mundo—, hoy no aceptan la nueva situación y plantean que no hay que renunciar a todo, que no hay que tirar el bebé con el agua del baño, que no hay que atacar a las privatizaciones y demás.

Pero la caída de Wall Street en 2008 fue un duro golpe contra la globalización, gracias al que perdió su brillo en otras partes del mundo donde se vio lo que estaba sucediendo. Y además que, simplemente sobre una base práctica, se puede constatar que la globalización no cumplió con sus promesas, excepto en China, que ha sido el gran descubrimiento de finales del siglo XX y que sin dudas dominará el siglo XXI. Y la razón para ello es que los chinos lo hicieron de manera inteligente. Aunque estuvieron tentados, no lo hicieron a la manera de los rusos, que decidieron volverse capitalistas poniendo efectivamente a la venta sus industrias por sumas ridículas de dinero a los burócratas y sus amigos, muchos de los cuales habían sido incondicionales del Partido Comunista de la Unión Soviética. El origen de los oligarcas se encuentra en la burocracia que existía antes del colapso de la Unión Soviética.

Solo como nota a pie de página, en ese libro de Trotski de título mal traducido, La revolución traicionada (que el propio autor había titulado ¿Qué es la Unión Soviética y hacia dónde va?, que era más sutil), se planteaba la existencia de un período de transición en la Unión Soviética durante el que o bien se avanzaba hacia alguna forma de democracia socialista y se controlaba a la burocracia o se volvía al capitalismo, con la transformación de la mayoría de los burócratas que entonces defendían al régimen en capitalistas. Trotski no usó la palabra oligarca pero sí dijo que se volverían capitalistas, lo que fue bastante clarividente. Y eso es más o menos lo que pasó cuando la burocracia soviética se derrumbó. La dirección política soviética no tenía ninguna visión. Gorbachov y Yeltsin le creyeron a Occidente cuando les dijeron que iban a ayudarlos, pero de hecho fueron y los saquearon.

Como sabemos, los chinos no aceptaron eso, aunque es importante recordar que lo consideraron. Pero finalmente debatieron las cuestiones dentro de sus think tanks y el liderazgo del partido y eligieron su método particular, que consistía en mantener una cantidad significativa de control estatal sobre la economía para poder intervenir rápidamente cuando tuvieran que hacerlo. Al mismo tiempo, utilizaron al Estado y sus estructuras político-económicas para crear nuevas ciudades y transformar a otras viejas como Shanghai o Beijing, consiguiendo exitosamente crear una clase media muy grande, que es bastante decisiva a muchos niveles. Ahora los rusos admiran a medias la forma en que lo hicieron los chinos y una de las cuestiones clave que los chinos remarcaron fue que estaban a favor de la perestroika pero no de la glasnost porque el partido debe mantener el control, de lo contrario todo podría salir como salió, un balance ahora obvio.

Pero incluso antes de la caída de Wall Street de 2008, donde la globalización fue golpeada bastante duro por primera vez fue en América del Sur. El caracazo venezolano produjo a Chávez. Recuerdo una cosa increíble que sucedió cuando arrestaron a Chávez y lo acusaron de llevar a cabo un golpe de Estado antes de que estuviera en el poder. Su plan era utilizar el ala más radical de los oficiales con los que se había estado reuniendo, quienes organizarían una huelga general para que se combinaran secciones del ejército y de la gran clase trabajadora. Pero la huelga general no se llevó a cabo y lo arrestaron. Pero él le dijo al gobierno de Venezuela, y esto es bastante fascinante: «No voy a negar esto. Pero, ¿por qué no me dejan admitir mi culpa ante el pueblo en la televisión?» Y lo hicieron. Así que Chávez habló en la televisión como detenido, diciendo: «Compañeros, lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados». Al día siguiente vieron las encuestas de opinión que mostraban que el 70% de la población estaba de acuerdo en que Chávez tenía razón. Esto revela dos cosas: una es el hartazgo de la gente y la segunda la forma en que los políticos visionarios pueden golpear de repente, movilizando y vigorizando a las masas. Y sé que los venezolanos han tenido momentos difíciles y han cometido errores, no tengo problemas en reconocerlo, pero esto sentó las bases de lo que luego se conoció como la Marea Rosa, que consistió en una política socialdemócrata efectivamente de izquierda y democrática. En varios países impulsaron incluso nuevas constituciones, de las que la venezolana es la más radical (mucho más que la estadounidense, por cierto, ya que no le da poder a una Corte Suprema, e incluye el derecho de revocar al presidente y muchas otras cosas así). Y los bolivianos hicieron lo mismo e incluso los chilenos, cuyo nuevo presidente no simpatiza en absoluto con la izquierda, tienen que tener una constitución y eso está produciendo grandes debates dentro de la izquierda por la forma en que se está haciendo. Boric es muy pro Estados Unidos y no simpatiza para nada con la Marea Rosa.

Pero ese modelo no ha muerto. Los Estados Unidos no han sido capaces de retrotraer todo. Llevaron a cabo un golpe de Estado en Honduras que ahora fue revertido, lucharon muy duro para evitar que Andrés Manuel López Obrador fuera elegido presidente en México y sufrieron otro revés, se deshicieron de Evo Morales, obligándolo a salir del país, pero el Movimiento al Socialismo ahora está ahora de vuelta en el poder y Evo en su casa muy correctamente, sin jugar un papel central porque otros pueden llevar adelante la gestión. Los resultados de las elecciones colombianas realmente dieron mucho placer a un gran número de personas que siguen las noticias de América del Sur, porque probablemente era el país más apegado a los Estados Unidos, con un Plan Colombia diseñado para desestabilizar a otros Estados, por el que se hicieron cosas desagradables en Venezuela. Todos sabemos eso. Ahora bien, no estoy diciendo que la victoria de estos dos destacados compañeros en Colombia vaya a transformarlo todo, porque el ejército en particular es algo que habrá que vigilar, es un hueso duro de roer, pero es un indicio de que Estados Unidos no puede salirse con la suya, ya que si quiere derrocarlos mediante un golpe militar también pagarán el precio, porque a la gente de hoy en día no le gustan los golpes de Estado, excepto a las élites. Bolsonaro probablemente sea derrotado por Lula, que llegará al poder de nuevo. Así que, a pesar de los altibajos, América del Sur sigue siendo el continente más progresista, lo que la sitúa en el punto más atractivo del mundo actual.

Observación de José Luis Martín Ramos:

Jacobin, una vez más. El neotrotskismo es tremendamente “ equidistante” y preocupado por la “corrección” de su discurso. Algo que le pasa también al laborismo de izquierda de New Left Review, aunque Susan Watkins no llega a los extremos de Tariq Alí. Su obsesión por etiquetar los conflictos para presentar su propia etiqueta le impide reconocer, y analizar, la realidad compleja del conflicto ucraniano en el que, para empezar, no hay una sola nacionalidad ucraniana en presencia; Tariq Alí se ha comido con patatas el discurso nacionalista ucraniano, y el discurso de la propaganda “occidental” sobre el factor subjetivo del “ perverso Putin, capaz de cualquier cosa”.

3. Los líos de Die Linke con Wagenknecht

Gracias a Manuel Monleón he conocido este artículo en el que se vuelve a los líos de Die Linke con la iniciativa puesta en marcha por Sahra Wagenknecht. Cuando más falta haría una izquierda decidida y combativa, peor estamos.

https://www.nd-aktuell.de/

Guerra de Ucrania: La izquierda se está haciendo superflua

Por qué una conferencia especial del partido sobre la cuestión de la paz debería garantizar un nuevo comienzo para la izquierda

Michael Brie

El comité ejecutivo del Partido Die Linke se esfuerza por dejar claro a los ciudadanos que este partido no es necesario. En un momento en el que 575.000 personas habían firmado un «Manifiesto por la Paz [1]» y se preparaba la primera manifestación real a gran escala contra el curso de apoyo a la guerra en Ucrania con cada vez nuevas entregas de armas, la junta ejecutiva fue incapaz de movilizarse claramente [2] para esta manifestación. El director nacional del partido explicó la negativa a un apoyo claro a esta manifestación de la siguiente manera: «En concreto, nos falta una clara diferenciación de la derecha en la convocatoria, lo que está llevando actualmente a que conocidos nazis y organizaciones de derechas apoyen esta convocatoria y se movilicen masivamente para la manifestación del día 25». En lugar de ayudar a la amplia izquierda social y política a dominar esta manifestación -con muchas banderas rojas y con agentes del orden que, según las instrucciones de las iniciadoras Alice Schwarzer y Sahra Wagenknecht, impiden la exhibición de símbolos de extrema derecha- se proclama la abstención y se recomienda la dispersión en muchas acciones pequeñas y en gran medida ineficaces.

Mientras el estado de ánimo de la sociedad cambia por fin, cada vez más personas se dan cuenta de que la matanza debe terminar mediante un alto el fuego inmediato, negociaciones, compromisos basados en el reconocimiento de los intereses opuestos que condujeron a esta terrible guerra en el centro de Europa del Este -es precisamente en este momento cuando el Comité Ejecutivo de Die Linke cambia su enfoque a una cuestión secundaria: cómo impedir que ni un solo extremista de derechas [3] se acerque a la Puerta de Brandemburgo en este día. Eso es sencillamente imposible. De este modo, se trabaja en manos de quienes quieren destruir el movimiento contra el curso de la guerra y el rearme. Hasta ahora, cada voz que pedía que las negociaciones se situaran en el centro de atención era tachada de «pro-Putin»; ahora se está situando cerca de la extrema derecha, y la dirección de la izquierda se está uniendo a ella.

El propio Partido Die Linke no fue capaz de movilizarse eficazmente para las manifestaciones en un «otoño caliente». Se quedó en unos pocos planteamientos. Sus mítines en referencia a la política del gobierno federal sobre la cuestión de la guerra siguieron siendo marginales. Por otra parte, los iniciadores de una verdadera manifestación a gran escala exigen siempre nuevas delimitaciones a la derecha, aunque Sahra Wagenknecht había explicado desde el principio que es la derecha la que quiere difundir la manifestación por la paz mediante su propia movilización: «Con la selección de nuestros primeros firmantes, hemos dejado claro con quién cooperamos y de quién esperamos apoyo, y de quién no». Con la decisión del pasado fin de semana, el Comité Ejecutivo de la Izquierda está permitiendo que la agenda sea dictada por los partidos gobernantes y la derecha, en lugar de luchar decididamente por el surgimiento de un amplio movimiento democrático por la paz en el que el Partido de la Izquierda es necesario.

Los grandes movimientos sociales, véanse también las luchas históricas contra la doble decisión de la OTAN o contra la guerra de Irak, no pueden tener una forma socialista pura [4] Son grandes porque son al mismo tiempo heterogéneos y están unidos en torno a una única cuestión. Así es como cambian la política: mediante la amplitud, la dirección clara y la precisión milimétrica. El «Manifiesto por la Paz» tiene todo esto. Contra la infiltración de la extrema derecha ayuda sobre todo su propia fuerza y presencia, así como la confrontación sobre el terreno. El Comité Ejecutivo de Die Linke quiere sobre todo mantener unida su propia tienda cada vez más pequeña y la está llevando así a la insignificancia.

Durante un año, Die Linke no ha cumplido de forma convincente su función como partido de política de paz socialmente eficaz. Sin embargo, en el momento en que los ciudadanos preguntan a Die Linke: «¿Qué os parece si por fin llevamos a la calle la protesta contra el rumbo del Gobierno federal?», la dirección de Die Linke se repliega y se desmoviliza.

La última decisión de la junta directiva es el último punto de fracaso de este partido como fuerza política. Es hora de que Die Linke discuta abiertamente[5] si su mayoría sigue dispuesta a seguir por este camino. Es hora de celebrar un congreso especial del partido. Dos veces, en 1989 y 2003, esto ha hecho posible un nuevo comienzo. Sólo hace falta el 25% de los delegados del congreso del partido convocado en junio de 2022 para forzar la convocatoria de dicho congreso del partido. También son suficientes las asociaciones estatales y de distrito que en conjunto representan una cuarta parte de los miembros del partido, es decir, unos 15.000. La lucha por el Partido Die Linke está en un escenario abierto y debe decidirse si el partido continuará en el camino de la marginalidad o si hará frente a su responsabilidad histórica. Hay días de decisión. Si se pierden, se pierde toda posibilidad de un nuevo comienzo.

Observación de José Luis Martín Ramos:

Perdón por el símil histórico. El SPD está anclado en la revision keynesiana de la socialdemocracia, cada vez más reducida a liberalismo social, sin política internacional propia, es decir atornillado en el nacionalismo y el atlantismo. Die Linke, su dirección actual, se ha situado como el nuevo centro kautskiano de la disidencia socialdemócrata al SPD. Esperemos que la guerra deslinde posiciones dentro de Die Linke y reconfigure una izquierda real, no verbal, en torno a las posiciones de Shara Wagenkecht, Lafontaine, Gisy

4.El discurso de Putin

Entiendo que la versión de la prensa occidental ya la conocéis, más o menos, así que os paso la que es más difícil que circule por nuestras «democracias». Lógicamente, en lo que más se han cebado es en su política contra la diversidad de género. No la comparto en absoluto -otra cosa es la libre determinación de género-, pero sin duda, tiene tirón en esa y otras zonas del mundo no tan occidentalizadas. Un punto que no aparece en los resúmenes que os paso a continuación es que Putin anunció que cada seis meses los soldados podrán tener un par de semanas de vacaciones, lo que indicaría la previsión de una guerra larga…

Empiezo con el resumen que hace Jacques Sapir en un hilo, centrado en la economía:

https://twitter.com/

I. El discurso de Putin es importante y dice varias cosas esenciales.
A- La guerra en Ucrania es «existencial» para Rusia. Se trata de la supervivencia de Rusia como Estado

II. Esto implica que
B- hay «traidores a la Patria». Pero #Putin distingue entre los que se opusieron a la guerra -y a los que perdona- y los que luchan activamente contra la Patria. Para esos, no hay perdón.

III. #Putin aboga por una nueva distribución de la riqueza.
C- Anuncia la creación de un fondo especial para apoyar económicamente a los combatientes y sus familias.

IV. D- Pide el refuerzo material del complejo militar-industrial, y ayudas especiales (salarios, vivienda) para los trabajadores de estas industrias.
¿Es éste el anuncio de un «keynesianismo militar»?

V. E. Anuncia un importante refuerzo de las fuerzas armadas con la integración de la experiencia de los combates actuales y un aumento del personal para la constitución de una reserva activa.

VI. F- Las sanciones fueron un fracaso. #Putin repite la cifra de una caída del PIB del -2,1%. Confirma que se están gastando 14.000 millones de dólares para contrarrestar las sanciones.

VII. #Putin destaca los avances en la construcción y la agricultura, y afirma que se ha producido una fuerte reducción de la tasa de desempleo.

VIII. G- #Putin indica que si la prioridad hoy es la Defensa, esta prioridad no debe ser a costa de la economía

IX. H- #Putin anuncia un cambio de modelo económico. El crecimiento se centrará más en el mercado interno y en diversificar la economía.

X. H- #Putin reitera la prioridad del transporte (prolongación de la línea de alta velocidad hacia el este) y la «gasificación» de la economía. Anuncia un importante programa de infraestructuras

XI. #Putin anuncia un sistema de créditos subvencionados y reducciones fiscales para acelerar el desarrollo de tecnologías punta.

XII. Último punto: hay una clara advertencia de #Putin a los oligarcas. O volvéis a #Rusia y participáis en su desarrollo o no seréis nada

XIII. Un último punto: #Putin retoma el tema «Rusia es una civilización» y dice que la #Soberanía de #Rusia no es negociable.

XIV. Último punto: el énfasis de Putin en la formación. Un país que carece de mano de obra no tiene otra opción.
Necesitamos una mejor formación de los jóvenes en relación con la economía

XV. Esto implica una mejor coordinación entre la universidad y el mercado laboral.

He visto que en redes algunos han destacado el punto XII, contra los oligarcas, diciendo que ha nadie le ha parecido mal que en Occidente se hayan quedado con sus posesiones, fruto de su saqueo de los bienes comunes durante los 90. Es algo que destaca también Rafael Poch en este fragmento del texto del discurso:

«Saben, me gustaría añadir una cosa muy importante -simple, pero muy importante-: ninguno de los ciudadanos de a pie del país, créanme, ha sentido pena por los que perdieron su dinero en bancos extranjeros, nadie ha sentido pena por los que perdieron sus yates, palacios en el extranjero, etc., y en sus conversaciones de cocina la gente probablemente recordaba la privatización de los años 90, cuando las empresas creadas por todo el país se vendieron por una miseria, y el lujo manifestativo y ostentoso de las llamadas nuevas élites.
Sí, todo el mundo puede elegir: algunos pueden querer vivir sus días en una mansión ocupada con las cuentas bancarias bloqueadas, o tratar de encontrar un lugar, al parecer, en una atractiva capital occidental o en un centro turístico, en otro lugar cálido en el extranjero – es el derecho de cualquier persona, ni siquiera lo estamos invadiendo. Pero es hora de comprender que para Occidente esas personas han sido y seguirán siendo forasteros de segunda categoría con los que se puede hacer cualquier cosa, y el dinero, las conexiones y los títulos comprados de condes, pares y alcaldes no ayudarán en absoluto. Tienen que entenderlo: allí son de segunda clase.
Pero hay otra opción: estar con su Madre Patria, trabajar para sus compatriotas, no sólo para abrir nuevas empresas, sino también para cambiar la vida a su alrededor: en sus ciudades, en sus pueblos, en su país. Y tenemos muchos empresarios así, auténticos luchadores en los negocios: son ellos los que impulsarán el futuro de las empresas nacionales. Todo el mundo debe entenderlo: tanto las fuentes de prosperidad como el futuro deben estar aquí, en nuestro país de origen, en Rusia.
Y entonces crearemos realmente una economía robusta y autosuficiente que no se cierre al mundo, sino que utilice todas sus ventajas competitivas. El capital ruso, el dinero que se genera aquí, debe trabajar para el país, para su desarrollo nacional. Hoy tenemos grandes perspectivas en el desarrollo de las infraestructuras, la industria manufacturera, el turismo nacional y muchos otros sectores.
Me gustaría que me escucharan quienes se han enfrentado a los hábitos lobunos de Occidente: no tiene sentido y, sobre todo, es inútil tratar de ir por ahí con la mano tendida, arrastrándose, pidiendo el dinero, sobre todo ahora que se sabe muy bien con quién se está tratando. Ahora, no tiene sentido aferrarse al pasado, intentando demandar dinero. Tenéis que reconstruir vuestra vida y vuestro trabajo, tanto más cuanto que sois personas fuertes -me refiero a los representantes de nuestra empresa, conozco a muchos de ellos personalmente y desde hace muchos años- que habéis pasado por una escuela de vida difícil.
Pongan en marcha nuevos proyectos, ganen dinero, inviertan en Rusia, inviertan en empresas y puestos de trabajo, ayuden a las escuelas y universidades, a la ciencia y la sanidad, a la cultura y el deporte. Así multiplicarás tu capital y te ganarás el reconocimiento y la gratitud de la gente durante toda una generación, y el Estado y la sociedad te apoyarán sin duda.»

Por último, os paso la visión de Pepe Escobar en The Cradle, un medio claramente proruso, centrada en los aspectos geopolíticos Occidente-Oriente:

https://thecradle.co/article-

El discurso «civilizacional» de Putin enmarca el conflicto entre Oriente y Occidente
En su discurso ante la Asamblea Federal, el Presidente Putin subrayó que Rusia no es sólo un Estado-nación independiente, sino también una civilización distinta con identidad propia, que está en conflicto y se opone activamente a los valores de la «civilización occidental».
Por Pepe Escobar 22 de febrero de 2023
El esperado discurso del presidente ruso, Vladímir Putin, ante la Asamblea Federal rusa el martes debe interpretarse como un tour de force de la soberanía.
El discurso, significativamente, marcó el primer aniversario del reconocimiento oficial por parte de Rusia de las Repúblicas Populares de Donetsk y Luhansk, sólo unas horas antes del 22 de febrero de 2022. En muchos sentidos, lo que ocurrió hace un año también marcó el nacimiento del mundo multipolar real del siglo XXI.
Dos días después, Moscú lanzó la Operación Militar Especial (OME) en Ucrania para defender dichas repúblicas.
Frío, tranquilo, sereno, sin un atisbo de agresividad, el discurso de Putin pintó a Rusia como una civilización antigua, independiente y muy distinta, a veces siguiendo un camino en concierto con otras civilizaciones, a veces en divergencia.
Ucrania, parte de la civilización rusa, ahora resulta estar ocupada por la civilización occidental, que según Putin «se volvió hostil hacia nosotros», como en algunos casos en el pasado. Así que la fase aguda de lo que es esencialmente una guerra por poderes de Occidente contra Rusia tiene lugar sobre el cuerpo de la civilización rusa.
Eso explica la aclaración de Putin de que «Rusia es un país abierto, pero una civilización independiente; no nos consideramos superiores, pero heredamos nuestra civilización de nuestros antepasados y debemos transmitirla».
Una guerra que diluya el cuerpo de la civilización rusa es un grave asunto existencial. Putin también dejó claro que «Ucrania está siendo utilizada como herramienta y campo de pruebas por Occidente contra Rusia». De ahí la inevitable consecuencia: «Cuantas más armas de largo alcance se envíen a Ucrania, más tiempo tendremos para alejar la amenaza de nuestras fronteras.»
Traducción: esta guerra será larga y dolorosa. No habrá una victoria rápida con una mínima pérdida de sangre. Los próximos movimientos en torno al Dniéper pueden tardar años en consolidarse. Dependiendo de si la política estadounidense sigue aferrándose a los objetivos neocon y neoliberales, la línea del frente puede desplazarse a Lviv. Entonces, la política alemana puede cambiar. El comercio normal con Francia y Alemania no podrá recuperarse hasta finales de la próxima década.
Exasperación del Kremlin: START está acabado
Todo esto nos lleva a los juegos del Imperio de la Mentira. Dice Putin: «Las promesas… de los gobernantes occidentales se convirtieron en falsificaciones y crueles mentiras. Occidente suministró armas, entrenó a batallones nacionalistas. Incluso antes del comienzo del SMO, hubo negociaciones… sobre el suministro de sistemas de defensa aérea… Recordamos los intentos de Kiev de obtener armas nucleares».
Putin dejó claro, una vez más, que el elemento de confianza entre Rusia y Occidente, especialmente Estados Unidos, ha desaparecido. Así que es una decisión natural que Rusia «se retire del tratado sobre armas estratégicas ofensivas, pero no lo hacemos oficialmente. Por ahora sólo interrumpimos nuestra participación en el tratado START. No se pueden permitir inspecciones estadounidenses en nuestros emplazamientos nucleares».
A modo de apunte, de los tres principales tratados de armas ruso-estadounidenses, Washington abandonó dos de ellos: El Tratado de Misiles Antibalísticos (ABM) fue desechado por la administración del expresidente George W. Bush en 2002, y el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF) fue vetado por el expresidente Donald Trump en 2019.
Esto demuestra el grado de exasperación del Kremlin. Putin está incluso dispuesto a ordenar al Ministerio de Defensa y a Rosatom que se preparen para probar las armas nucleares rusas si Estados Unidos va primero por el mismo camino.
Si ese es el caso, Rusia se verá obligada a romper por completo la paridad en la esfera nuclear y a abandonar la moratoria sobre las pruebas nucleares y la cooperación con otras naciones en lo que se refiere a la producción de armas nucleares. Hasta ahora, el juego de Estados Unidos y la OTAN consistía en abrir una ventanita que les permitiera inspeccionar los emplazamientos nucleares rusos.
Con su jugada de judo, Putin devuelve la presión a la Casa Blanca.
EE.UU. y la OTAN no estarán precisamente encantados cuando Rusia empiece a probar sus nuevas armas estratégicas, especialmente el Poseidón, el mayor torpedo de propulsión nuclear jamás desplegado, capaz de desencadenar aterradoras marejadas oceánicas radiactivas.

En el plano económico: Eludir el dólar estadounidense es la jugada esencial hacia la multipolaridad. Durante su discurso, Putin alabó la resistencia de la economía rusa: «El PIB ruso en 2022 sólo disminuyó un 2,1 por ciento, las estimaciones de la parte contraria no se hicieron realidad, decían que un 15, 20 por ciento». Esa resistencia da a Rusia margen suficiente para «trabajar con sus socios para independizar el sistema de pagos internacionales del dólar estadounidense y otras divisas occidentales. El dólar perderá su papel universal».
Sobre geoeconomía: Putin se deshizo en elogios hacia los corredores económicos, desde Asia Occidental hasta Asia Meridional: «Se construirán nuevos corredores, rutas de transporte hacia el Este, esta es la región donde centraremos nuestro desarrollo, nuevas autopistas hacia Kazajstán y China, nuevo corredor Norte-Sur hacia Pakistán, Irán».
Y éstas conectarán con Rusia desarrollando «los puertos de los mares Negro y de Azov, es necesario construir corredores logísticos dentro del país». El resultado será una interconexión progresiva con el Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur (INSTC, por sus siglas en inglés), entre cuyos principales países se encuentran Irán e India, y, en última instancia, con la mega-trillonaria Iniciativa del Cinturón y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés) de China.
El plan chino para la seguridad mundial  
Es inevitable que, aparte de esbozar varias políticas estatales orientadas al desarrollo interno de Rusia -podrían incluso compararse con las políticas socialistas-, gran parte del discurso de Putin tuviera que centrarse en la guerra OTAN vs. Rusia hasta el último momento en Ucrania.
Putin comentó cómo «nuestras relaciones con Occidente se han degradado, y esto es enteramente culpa de Estados Unidos»; cómo el objetivo de la OTAN es infligir una «derrota estratégica» a Rusia; y cómo el frenesí belicista le había obligado, hace una semana, a firmar un decreto «poniendo nuevos complejos estratégicos terrestres en servicio de combate».
Así que no es casualidad que el embajador estadounidense fuera inmediatamente convocado al Ministerio de Asuntos Exteriores justo después del discurso de Putin.
El ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, dijo a la embajadora Lynne Tracey en términos inequívocos que Washington debía tomar medidas concretas: entre ellas, retirar de Ucrania todas las fuerzas y equipos militares de Estados Unidos y de la OTAN. En un gesto sorprendente, exigió una explicación detallada de la destrucción de los gasoductos Nord Stream 1 y 2, así como el cese de la injerencia estadounidense en una investigación independiente para identificar a los responsables.
Manteniendo el impulso en Moscú, el alto diplomático chino Wang Yi se reunió con el secretario del Consejo de Seguridad ruso, Nikolai Patrushev, antes de hablar con Lavrov y Putin. Patrushev señaló que «el rumbo hacia el desarrollo de una asociación estratégica con China es una prioridad absoluta de la política exterior rusa». Wang Yi, no tan crípticamente, añadió: «Moscú y Pekín deben sincronizar sus relojes».
Los estadounidenses están haciendo todo lo posible para intentar adelantarse a la propuesta china de desescalada en Ucrania. El plan chino debe presentarse este viernes, y existe un grave riesgo de que Pekín caiga en una trampa tendida por la plutocracia occidental.
Demasiadas «concesiones» chinas a Rusia, y no tantas a Ucrania, pueden ser hiladas para abrir una brecha entre Moscú y Pekín (Divide y vencerás, que es siempre el Plan A de EE.UU. No hay Plan B).
Sintiendo las aguas revueltas, los propios chinos decidieron tomar la ofensiva, presentando un Documento Conceptual de la Iniciativa de Seguridad Global.
El problema es que Pekín sigue atribuyendo demasiada influencia a una ONU desdentada, cuando se refieren a «formular una Nueva Agenda para la Paz y otras propuestas presentadas en Nuestra Agenda Común por el Secretario General de la ONU».
Lo mismo cuando Pekín defiende el consenso de que «una guerra nuclear no puede ganarse y nunca debe librarse». Trata de explicárselo a los psicópatas neoconservadores straussianos del Beltway, que no saben nada de guerras, y mucho menos de guerras nucleares.
Los chinos afirman la necesidad de «cumplir con la declaración conjunta sobre la prevención de la guerra nuclear y evitar la carrera armamentista emitida por los líderes de los cinco estados poseedores de armas nucleares en enero de 2022». Y de «reforzar el diálogo y la cooperación entre los Estados poseedores de armas nucleares
para reducir el riesgo de guerra nuclear.»
Se puede apostar a que Patrushev explicó detalladamente a Wang Yi cómo eso no es más que una ilusión. La «lógica» del actual «liderazgo» colectivo occidental ha sido expresada, entre otros, por el mediocre irredento Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN: incluso la guerra nuclear es preferible a una victoria rusa en Ucrania.
El discurso mesurado pero firme de Putin ha dejado claro que lo que está en juego es cada vez más importante. Y todo gira en torno a hasta qué punto la «ambigüedad estratégica» de Rusia -y China- son capaces de petrificar a un Occidente paranoico que coquetea con las nubes en forma de hongo.

5.Asiáticos expulsados del jardín americano

Quizá lo más conocido sea el tratamiento a los japoneses durante la IIª Guerra Mundial, metiéndolos en una especie de campos de concentración, pero el racismo contra los asiáticos -por no hablar de hacia los negros y la población originaria- fue siempre un rasgo común del imperialismo «doméstico» estadounidense.

¿Cómo olvidar esta famosa imagen de la ‘limpieza’ de chinos?

Por la famosa Ley de Exclusión China de 1882, se prohibía la entrada a todo inmigrante chino en el país. Estuvo en vigor hasta 1943, cuando se permitieron 105 chinos por año. https://es.wikipedia.org/wiki/

Como es natural, los indios -de India- no podían escapar de este tóxico racismo anglo, o «europeo», sin me apuras. El 19 de febrero de 1923, el Tribunal Supremo de Estados Unidos decidió por unanimidad prohibir a los sudasiáticos hacerse ciudadanos estadounidenses y desnaturalizar a los que ya lo habían hecho. No recuperaron el derecho a la ciudadanía hasta 1946.

Fuente: https://twitter.com/, pero la foto con el texto «los hindús demasiado morenos para votar aquí» es de un artículo de la época en The Literary Digest. https://www.saada.org/

6.Artículo de Scott Ritter sobre la suspensión de Rusia del tratado START

Como una addenda al mensaje sobre el discurso de Putin, os paso este artículo sobre uno de los mensajes que envió el presidente ruso. Por desgracia parece que las nuevas generaciones políticas ya no tienen el miedo en el cuerpo ante la posibilidad de una guerra nuclear. Una batalla que parecía que habíamos ganado en los ochenta -por incomparecencia de uno de los contendientes, eso sí- que vuelve con fuerza. O tempora… https://consortiumnews.com/

SCOTT RITTER: ¿Control de armamentos o Ucrania?

22 de febrero de 2023

Mientras Rusia suspende el Nuevo START, cuanto antes acabe la guerra de Ucrania, antes podrán Estados Unidos y Rusia trabajar para preservar el control de armamentos y evitar el desastre final.

Por Scott Ritter Especial para Consortium News

Los expertos en Rusia y los especialistas en seguridad nacional estarán estudiando detenidamente el texto del discurso del presidente ruso Vladimir Putin del martes durante algún tiempo, tratando de adivinar el significado oculto.

El hecho es, sin embargo, que el discurso de Putin fue algo que rara vez se oye en los círculos políticos occidentales: afirmaciones de hecho sin ambages, expuestas de forma directa y sorprendentemente fácil de entender.

En un mundo en el que los políticos occidentales disimulan con frecuencia para influir en la percepción, aunque los «hechos» subyacentes no sean ciertos (basta recordar la infame llamada telefónica del presidente Joe Biden con el ex presidente afgano Ashraf Ghani, en julio de 2021, como ejemplo), el discurso de Putin fue un soplo de aire fresco: sin agendas ocultas, sin falsas pretensiones, sin mentiras.

Y en el tema del control de armas, la verdad duele.

«Tengo que decir hoy», anunció Putin casi al final de su discurso, «que Rusia suspende su participación en el Nuevo START. Repito, no se retira del tratado, no, sino que simplemente suspende su participación».

El Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (New START), firmado en 2010 como resultado de las negociaciones entre el presidente estadounidense Barack Obama y el presidente ruso Dmitry Medvedev, limita ostensiblemente a 1.550 el número de cabezas nucleares estratégicas que cada país puede desplegar; limita a 700 el número de misiles terrestres y submarinos desplegados y de bombarderos utilizados para lanzar estas cabezas; y limita a 800 los lanzadores de ICBM desplegados y no desplegados, los lanzadores de SLBM y los bombarderos pesados equipados para armamento nuclear.

En febrero de 2021, Biden y Putin acordaron prorrogar el tratado cinco años más. El Nuevo START expirará en 2026.

Antecedentes de la decisión

Los antecedentes del Nuevo START son importantes, especialmente en el contexto de la declaración de Putin sobre la suspensión de Rusia. El núcleo de esa historia es la defensa antimisiles.

En diciembre de 2001, el entonces presidente George W. Bush anunció que Estados Unidos se retiraba del histórico tratado de 1972 sobre misiles antibalísticos (ABM), que prohibía (con limitadas excepciones) el desarrollo y despliegue de sistemas de defensa antimisiles diseñados para derribar misiles balísticos intercontinentales (ICBM).
El tratado ABM consolidó el concepto de la Guerra Fría de destrucción mutua asegurada, o MAD, la idea de que ningún bando que poseyera armas nucleares las utilizaría contra otra potencia nuclear por la sencilla razón de que hacerlo provocaría su propia desaparición mediante represalias nucleares garantizadas.

La locura de MAD ayudó a allanar el camino para todos los acuerdos de control de armas que siguieron, desde las Conversaciones sobre Reducción de Armas Estratégicas (SALT), al Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF) y a las diversas iteraciones de los Tratados de Reducción de Armas Estratégicas (START).
Putin condenó la decisión estadounidense de retirarse del tratado ABM como «un error». En aquel momento, los arsenales nucleares estratégicos de Estados Unidos y Rusia estaban sujetos a las limitaciones impuestas por el tratado START de 1991. Los esfuerzos para reducir aún más las armas nucleares estadounidenses y rusas se emprendieron en el marco del tratado START II.

Pero la política posterior a la Guerra Fría, combinada con la decisión de Estados Unidos de abandonar el tratado ABM, hizo que el tratado se firmara pero no se ratificara, lo que en la práctica acabó con él.

Cuestiones similares contribuyeron a acabar con el tratado START III en la fase de negociación. El Tratado de Reducción de Armas Estratégicas Ofensivas (SORT, por sus siglas en inglés), que se firmó en 2002, se comprometía tanto a Estados Unidos como a Rusia a realizar reducciones adicionales a las estipuladas en el START I, pero no contenía mecanismos de verificación ni de cumplimiento.

El tratado START I expiró en 2009, y el SORT en 2012. El nuevo START pretendía sustituir a ambos acuerdos.

La Presidencia de Medvédev

Uno de los puntos conflictivos ha sido la cuestión de la defensa antimisiles. Bajo la presidencia de Putin, Rusia se negó a suscribir ningún nuevo tratado de control de armamento (el SORT era más un acuerdo informal que un tratado en cuanto a estructura y contenido) que no abordara de forma significativa la defensa antimisiles.

Pero en mayo de 2008, Dmitry Medvedev asumió la presidencia rusa. La Constitución rusa prohíbe que un presidente ocupe el cargo durante más de dos mandatos consecutivos, por lo que, con el apoyo de Putin, Medvédev se presentó como candidato al cargo más alto de Rusia, y ganó. Posteriormente, Putin fue nombrado Primer Ministro.

Mientras la administración Bush intentaba negociar un tratado que sucediera al START I, que pronto expiraría, Medvédev se mostró igual de reacio a suscribir cualquier acuerdo con Estados Unidos que no incluyera limitaciones a la defensa antimisiles, algo que el presidente Bush no aceptaría.

Al final, el problema de negociar un nuevo tratado quedaría en manos de la administración de Barack Obama, que asumió el cargo en enero de 2009.
En su primera reunión, celebrada en Londres a finales de marzo de 2009, los dos líderes emitieron una declaración en la que acordaban «perseguir reducciones nuevas y verificables de nuestros arsenales ofensivos estratégicos en un proceso paso a paso, empezando por sustituir el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas por un nuevo tratado jurídicamente vinculante».
En cuanto a la defensa antimisiles, Obama y Medvédev acordaron tratarla como una cuestión aparte. «Aun reconociendo que persisten diferencias sobre los propósitos del despliegue de activos de defensa antimisiles en Europa», rezaba el comunicado, «discutimos nuevas posibilidades de cooperación internacional mutua en el campo de la defensa antimisiles, teniendo en cuenta las evaluaciones conjuntas de los retos y amenazas de los misiles, con el objetivo de mejorar la seguridad de nuestros países, y la de nuestros aliados y socios.»
Que no quepa ninguna duda: el Nuevo Tratado START negociado entre Rusia y Estados Unidos, aunque se centraba exclusivamente en la reducción de los arsenales nucleares ofensivos estratégicos, contenía un claro entendimiento de que este tratado iría seguido de un esfuerzo de buena fe por parte de Estados Unidos para abordar las preocupaciones de larga data de Rusia sobre la defensa antimisiles.
Esto se reflejó en el intercambio de declaraciones unilaterales no vinculantes adjuntas al Nuevo Tratado START. La «Declaración de la Federación Rusa relativa a la defensa antimisiles» establecía la postura de que el Nuevo START «sólo puede ser efectivo y viable en condiciones en las que no se produzca un aumento cualitativo o cuantitativo de [las capacidades del sistema de defensa antimisiles estadounidense]».
Además, la declaración afirmaba que cualquier aumento de las capacidades de defensa antimisiles de Estados Unidos que diera «lugar a una amenaza para [el potencial de fuerza nuclear estratégica de Rusia]» se consideraría uno de los «acontecimientos extraordinarios» mencionados en el Artículo XIV del tratado y podría llevar a Rusia a ejercer su derecho de retirada.
Por su parte, Estados Unidos emitió su propia declaración en la que afirmaba que las defensas antimisiles estadounidenses «no pretenden afectar al equilibrio estratégico con Rusia», al tiempo que declaraba su intención de «seguir mejorando y desplegando sus sistemas de defensa antimisiles para defenderse de un ataque limitado».
Los acuerdos alcanzados entre Obama y Medvedev, sin embargo, no eran necesariamente aceptables para Putin. Según Rose Gottemoeller, negociadora estadounidense para el Nuevo START, Putin, como primer ministro, estuvo a punto de echar por tierra las conversaciones cuando, en diciembre de 2009, volvió a plantear la cuestión de la defensa antimisiles.
«Ellos [los rusos] iban a tener una reunión crítica del Consejo de Seguridad Nacional», relató Gottemoeller más tarde en una charla en octubre de 2021 con el Carnegie Council, «y la historia que he oído contar es que Putin, por primera vez mostrando algún interés en estas negociaciones, entra en la reunión del Consejo de Seguridad Nacional y simplemente traza líneas a través de todas las cuestiones en esta hoja de decisiones y dijo: ‘No, no, no, no, no'».
Gottemoeller continuó describiendo cómo Putin viajó entonces a Vladivostok y pronunció un discurso en el que denunció el tratado como «totalmente inadecuado», criticando a los equipos negociadores de Estados Unidos y Rusia por estar «centrados únicamente en limitar las fuerzas estratégicas ofensivas», señalando que «no están limitando la defensa antimisiles. Este tratado es una pérdida de tiempo», citó Gottemoeller a Putin. «Deberíamos salirnos de las negociaciones».
Según Gottemoeller, Medvédev se enfrentó a Putin, diciéndole a su primer ministro: «No, vamos a continuar estas negociaciones y terminarlas».
Promesa rota
Anatoly Antonov fue el negociador ruso del Nuevo START. Cumplió obedientemente las instrucciones del Kremlin de elaborar un tratado centrado en la reducción de las armas estratégicas ofensivas, trabajando bajo el supuesto de que Estados Unidos cumpliría su palabra cuando se tratara de entablar negociaciones significativas sobre la defensa antimisiles.
Sin embargo, menos de un año después de la entrada en vigor del Nuevo START, Antonov descubrió que Estados Unidos no tenía intención de cumplir sus promesas.

En una entrevista concedida al periódico Kommersant, Antonov afirmó que las conversaciones con la OTAN sobre un sistema de defensa antimisiles previsto para Europa Occidental habían llegado a «un callejón sin salida», añadiendo que las propuestas de la OTAN eran «vagas» y que la prometida participación de Rusia en el sistema propuesto «ni siquiera está en discusión».
Antonov indicó que la falta de buena fe mostrada por Estados Unidos en relación con la defensa antimisiles podría llevar a Rusia a retirarse por completo del Nuevo Tratado START.
Aunque Estados Unidos se ofreció a dejar que Rusia observara aspectos concretos de una prueba específica de un interceptor de misiles estadounidense, la oferta nunca llegó a nada, y Estados Unidos restó importancia a las capacidades del misil SM-3 a la hora de interceptar misiles rusos, señalando que el misil carecía del alcance necesario para ser eficaz contra los misiles rusos.
La difunta Ellen Tauscher, que en aquel momento era subsecretaria de Estado de EE.UU. para el control de armamentos y la seguridad internacional, había ofrecido a Antonov garantías por escrito de que el sistema Aegis Ashore Mk. 41, que emplearía el interceptor de misiles SM-3, no estaba dirigido contra Rusia.
Sin embargo, Tauscher declaró: «No podemos ofrecer compromisos jurídicamente vinculantes, ni podemos acordar limitaciones a la defensa antimisiles, que necesariamente debe seguir el ritmo de la evolución de la amenaza».
Las palabras de Tauscher fueron proféticas. En 2015, Estados Unidos comenzó a probar el interceptor SM-3 Block IIA contra objetivos de misiles balísticos intercontinentales. De hecho, el SM-3 tenía alcance para derribar misiles rusos de alcance intermedio e intercontinental.
Y ahora esos misiles iban a estacionarse en bases construidas en Polonia y Rumanía, dos antiguas naciones del Pacto de Varsovia que estaban más cerca de la frontera con Rusia de lo que nunca habían estado las fuerzas de la OTAN.
Los estadounidenses habían negociado de mala fe. Resultó que Putin había tenido razón al cuestionar un tratado de control de armas estratégicas que no tenía en cuenta las preocupaciones de Rusia sobre la defensa antimisiles.
Y sin embargo, esto no debilitó el compromiso de Putin de cumplir el Nuevo START. Según Gottemoeller
«Putin, desde que se ha firmado este tratado, ha adoptado una postura muy positiva al respecto. Desde que el tratado entró en vigor, lo ha calificado públicamente en repetidas ocasiones como el ‘patrón oro’ de los tratados nucleares y lo ha apoyado… Sé que ha estado comprometido con el tratado y realmente comprometido con los esfuerzos que se están realizando ahora en este diálogo de estabilidad estratégica para poner en marcha nuevas negociaciones».
Pero la asidua adhesión de Putin al Nuevo START no significaba que el líder ruso hubiera dejado de preocuparse por la amenaza que suponía la defensa antimisiles estadounidense. El 1 de marzo de 2018, Putin pronunció un importante discurso ante la Asamblea Federal Rusa, el mismo foro ante el que habló el martes. Su tono fue desafiante:
«Quiero decir a todos aquellos que han alimentado la carrera armamentística en los últimos 15 años, han tratado de obtener ventajas unilaterales sobre Rusia y han introducido sanciones ilegales destinadas a contener el desarrollo de nuestro país: todo lo que queríais impedir con vuestras políticas ya ha sucedido. Han fracasado en su intento de contener a Rusia».
A continuación, Putin desveló varias armas estratégicas rusas nuevas, entre ellas el ICBM pesado Sarmat y el vehículo hipersónico Avangard, que, según dijo, se habían desarrollado en respuesta directa a la retirada de Estados Unidos del tratado ABM.
Putin dijo que Rusia había advertido a EE.UU. de que tomaría tales medidas ya en 2004. «Nadie nos escuchó entonces», declaró Putin. «Así que escúchennos ahora».
Una de las personas que escuchaba era Rose Gottemoeller. «La gente está preocupada por los nuevos sistemas de armas exóticas que el presidente Putin presentó en marzo de 2018», dijo en 2021 la ex negociadora de control de armas, ya jubilada. «Dos de ellos ya están dentro de los límites del Nuevo START, el llamado [ICBM] pesado Sarmat y también el Avangard, que es su primer vehículo de planeo hipersónico de alcance estratégico que se están preparando para desplegar. Ya han dicho que lo incluirán en el Nuevo Tratado START».
Gottemoeller señaló que cualquier futuro acuerdo de control de armamento buscaría limitaciones para estos sistemas.
Prórroga del Tratado en 2021

El Nuevo Tratado START se prorrogó por un plazo de cinco años en febrero de 2021, a pesar de que los rusos consideraban insuficientes los procedimientos de «conversión o eliminación» utilizados por Estados Unidos para determinar si los bombarderos B-52H y los submarinos de clase Ohio pasaban de uso nuclear a no nuclear, o se eliminaban por completo.
Los rusos esperaban que estas cuestiones pudieran resolverse utilizando el proceso de la Comisión Consultiva Bilateral (CCB) exigido por el tratado, que se reúne dos veces al año para resolver cuestiones como éstas.

Sin embargo, uno de los problemas a los que se enfrentaban los inspectores y negociadores estadounidenses y rusos era la pandemia de Covid-19. A principios de 2020, ambas partes acordaron suspender las inspecciones in situ y las reuniones del CCB debido a la pandemia. A mediados de 2021, los negociadores estadounidenses y rusos empezaron a discutir la creación de protocolos Covid conjuntos que pudieran poner en marcha tanto las inspecciones como las consultas del BCC.
Pero entonces llegó Ucrania.
El 9 de marzo de 2022, Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Europea aprobaron sanciones que prohibían a los aviones rusos sobrevolar sus respectivos territorios e imponían restricciones de visado a los rusos en tránsito por la UE o el Reino Unido de camino a Estados Unidos. Según los rusos, estas restricciones prohíben de hecho el envío de equipos de inspección de armamento a Estados Unidos utilizando los protocolos de inspección de corto plazo del Nuevo START, cuya aplicación está sujeta a estrictos plazos establecidos por el tratado.
En junio de 2022, Estados Unidos declaró unilateralmente que la moratoria de las inspecciones impuesta a causa de la pandemia de Covid-19 dejaba de estar en vigor. El 8 de agosto de 2022, Estados Unidos intentó enviar a Rusia un equipo de inspección con poca antelación para llevar a cabo las tareas de inspección exigidas por el tratado.
Rusia denegó la entrada al equipo y acusó a Estados Unidos de intentar obtener una ventaja unilateral realizando inspecciones in situ mientras Rusia no podía. Citando las restricciones impuestas por las sanciones, el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso afirmó que «no existen obstáculos similares a la llegada de inspectores estadounidenses a Rusia».
Para resolver el punto muerto en el que se encontraban las inspecciones, así como otras cuestiones pendientes relativas a la aplicación del tratado, los diplomáticos rusos y estadounidenses iniciaron consultas sobre la convocatoria de una reunión del CCB, y finalmente lograron acordar una fecha para el 29 de noviembre de 2022 en El Cairo (Egipto). Sin embargo, cuatro días antes de la fecha prevista, Rusia anunció que la reunión se cancelaba.
El viceministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Ryabkov, en declaraciones a Kommersant, dijo que la guerra en Ucrania estaba en el centro de la decisión. «Está, por supuesto, el efecto de lo que está ocurriendo en Ucrania y a su alrededor», dijo Ryabkov. «No voy a negarlo. El control de armamentos y el diálogo en este ámbito no pueden ser inmunes a lo que ocurre a su alrededor.»
El control de armamento podría estar muerto
El Departamento de Estado emitió un informe oficial para el Congreso sobre el cumplimiento ruso del New Start a principios de 2023 en el que acusaba a Rusia de violar el tratado New START al negar a los inspectores estadounidenses el acceso a emplazamientos dentro de Rusia.
Rusia, declaró un portavoz del Departamento de Estado, «no estaba cumpliendo con su obligación en virtud del Tratado New START de facilitar las actividades de inspección en su territorio», señalando que «la negativa de Rusia a facilitar las actividades de inspección impide a Estados Unidos ejercer importantes derechos en virtud del tratado y amenaza la viabilidad del control de armas nucleares ruso-estadounidense».
La insensibilidad de la parte estadounidense ante el impacto de sus acciones dirigidas contra Rusia -a veces literalmente- como parte de la respuesta general de Estados Unidos al inicio por Putin de la Operación Militar Especial en febrero de 2022 es, sin embargo, reveladora.
En su discurso del 21 de febrero de 2022, Putin destacó el papel desempeñado por Estados Unidos y la OTAN para facilitar el uso ucraniano de aviones no tripulados de la era soviética para llevar a cabo un ataque contra una base cerca de Engels, Rusia, que albergaba los activos estratégicos de aviación de Rusia, incluidos bombarderos con capacidad nuclear. También señaló que acababa de firmar órdenes para que los sistemas Sarmat y Avangards entraran en funcionamiento y, como tales, fueran inspeccionables en virtud de los términos del Nuevo START.
«Estados Unidos y la OTAN están diciendo directamente que su objetivo es infligir una derrota estratégica a Rusia», dijo Putin. «¿Van a inspeccionar nuestras instalaciones de defensa, incluidas las más nuevas, como si no hubiera pasado nada? ¿De verdad creen que les vamos a dejar entrar fácilmente así como así?».
Rose Gottemoeller observó que Estados Unidos «no va a cambiar su política sobre Ucrania porque él [Putin] esté enfadado por el nuevo tratado START. Eso no va a ocurrir».
Pero la postura de Putin tiene muchos más principios que un simple «berrinche». Nacido del pecado original perpetrado por Estados Unidos al retirarse del tratado ABM, el enfado de Putin está directamente vinculado al engaño mostrado por los funcionarios estadounidenses -incluida Gottemoeller- cuando se trataba de las garantías dadas a Dmitry Medvedev sobre la defensa antimisiles durante las negociaciones del Nuevo START.
Este engaño llevó a Rusia a desplegar nuevas categorías de armas nucleares estratégicas -el Sarmat y el Avangard- para derrotar a los sistemas de defensa antimisiles estadounidenses, incluidos los que se habían desplegado en Europa.

Y ahora, con la guerra de Ucrania vinculada a una estrategia estadounidense para lograr la derrota estratégica de Rusia, Estados Unidos pretende utilizar el Nuevo START para acceder a esos mismos sistemas, negando al mismo tiempo a Rusia sus derechos recíprocos de inspección en virtud del tratado. Como señaló acertadamente Putin, un acuerdo así «suena realmente absurdo».
La incapacidad y/o falta de voluntad de cualquiera de las partes para llegar a un compromiso sobre el Nuevo START significa que el tratado permanecerá en el limbo durante un futuro indefinido lo que, dado que el tratado expira en febrero de 2026, significa que hay una clara posibilidad de que el control de armas entre EE.UU. y Rusia esté muerto.
Submarino nuclear K-114 Tula en un muelle de la base naval de la Flota del Norte rusa durante ejercicios para tripulaciones de submarinos nucleares en la región rusa de Murmansk. (Archivo RIA Novosti / Mikhail Fomichev / CC-BY-SA 3.0, Wikimedia Commons)
Riesgo de una nueva carrera armamentística

Aunque EE.UU. y Rusia se habían comprometido previamente a un tratado de seguimiento que sustituyera al Nuevo START, el actual conflicto entre Rusia y Ucrania supone un obstáculo casi insuperable para cualquiera que pretenda tener listo un documento de este tipo para su firma y ratificación antes de que expire el Nuevo START.
Hay muchas posibilidades de que Estados Unidos y Rusia, dentro de dos años, se encuentren sin ningún mecanismo verificable para calmar los temores y la incertidumbre sobre los respectivos arsenales nucleares de ambas partes, lo que llevaría a la posibilidad real -si no probabilidad- de que ambos se embarquen en una carrera armamentística sin restricciones alimentada por la angustia basada en la ignorancia que podría muy bien dar lugar al tipo de malentendidos, errores o errores de cálculo que podrían desencadenar una guerra nuclear y, al hacerlo, acabar con toda la humanidad.

«La verdad ha quedado atrás», dijo Putin al concluir su discurso ante la Asamblea Federal Rusa.

También puede ser la última oportunidad de la humanidad para evitar una calamidad nuclear, si no se encuentra la forma de volver a incluir en la agenda el control de armamentos.
En este sentido, la afirmación de Gottemoeller de que Estados Unidos no alteraría su política respecto a Ucrania para salvar el Nuevo START subraya la realidad contraproducente de los esfuerzos de la administración Biden por armar a Ucrania.

Cuanto antes acabe la guerra en Ucrania, antes podrán Estados Unidos y Rusia dedicarse a preservar el control de armamentos como parte viable de la relación entre ambas naciones.

Sin embargo, al tratar de prolongar el conflicto de Ucrania, Estados Unidos está llevando a cabo un acto de autoinmolación que amenaza con sumir al mundo en un holocausto nuclear.
Durante la guerra de Vietnam, el célebre corresponsal Peter Arnett citó a un oficial anónimo del ejército estadounidense diciendo: «Tuvimos que destruir el pueblo para salvarlo». Con respecto al vínculo que se ha creado entre Ucrania y el control de armamentos, ahora se aplica la misma lógica enfermiza: para salvar a uno, hay que destruir al otro.

Para salvar a Ucrania, hay que destruir el control de armamentos.

Para salvar el control de armas, hay que destruir Ucrania.

Uno sacrifica una nación, el otro un planeta.
Esta es la elección de Hobson que han creado los políticos estadounidenses, excepto que no lo es.

Salvar el planeta. Ésa es la única opción.

7.La lista interminable.

Ayer murieron asesinados por los israelíes 11 palestinos más. Para comprender esa indiferencia ante el dolor que causan, -bombardearon Siria al poco del terremoto- puede ser útil entender el marco mental en el que operan. Me ha gustado mucho en este sentido esta intervención del periodista israelí Gideon Levy. Que conste que lo que él dice es lo que cree que piensan los israelíes, no él personalmente, que le parece una atrocidad, porque hay algún tuit en respuesta que así lo da a entender. Según él, los israelíes siguen pensando que siempre son las víctimas. Y usa una cita de Golda Meir: «Nunca perdonaremos a los árabes que nos obliguen a matar a sus hijos», unido a la idea fundamental de que «los palestinos no son seres humanos como nosotros»:

https://twitter.com/PalBint/

Y si alguien piensa que son solo opiniones de un periodista, no hay más que darse una vuelta por la prensa sionista: Fuente: https://twitter.com/

Y como dice con muy buen criterio el iraní Marandi, nosotros somos cómplices: «En Occidente se critica más a los cazadores de safaris que a los asesinos matones israelíes en Palestina.» https://twitter.com/s_m_

Observación de José Luis Martín Ramos:

Lo tengo muy claro. Y Golda Meier era “ laborista”. Y el holocausto no justifica nada, ni explica nada; el desprecio al árabe, al palestino, el supremacismo de pueblo elegido está presente en la colonización sionista del Mediterráneo al Mar Muerto antes de 1933.

8.Algunos apuntes de internacional

No creo que tengan mucha entidad para crear un mensaje propio y se me han juntado, así que presento todas estas noticias juntas aquí:

-Primera ministra estonia Kaja Kallas: los países de la OTAN deben tomar el control de Moscú y reescribir la mentalidad de los ciudadanos rusos para que los rusos nunca vuelvan a ser una amenaza. https://twitter.com/

-Rusia suministrará armas a Sudán a cambio de una base naval en el Mar Rojo.

https://avia-pro.net/news/

-Ya lo hemos tratado en extenso por aquí, así que no paso la entrevista entera:

El ex primer ministro israelí Naftali Bennett afirma que EE.UU. y Reino Unido pusieron fin a sus negociaciones con Putin y Zelenski.

Ambas partes deseaban fervientemente un alto el fuego”

India se negaría a que el G-20 discutiese sanciones adicionales contra Rusia durante este año en el que Nueva Delhi ostentará la presidencia del bloque.

Host India doesn’t want G20 to discuss further Russia sanctions – sources

-Josep Borrell: «¿Por qué te preocupa que yo pueda dar armas a Rusia si tú das armas a Ucrania [ preguntó Wang Yi]?»

«Tuve que explicarle la gran diferencia, decirle qué amenaza supone para nosotros la guerra en Ucrania», – dijo Josep Borrell en una rueda de prensa en la OTAN.

https://twitter.com/

Observaciones:

Antonio Navas Leo lo del ex primer ministro israelí y se me hiela la sangre.

J.L.Martín Ramos: A mí me hierve la sangre. El escándalo del bombardeo de la Maternidad de Mariupol, el 9 de marzo, y sobre todo el episodio de Bucha, minaron por dentro la posición de los partidarios de la negociación en Ucrania (el 5 de marzo fue asesinado por los propios servicios secretos un negociador ucraniano). Los servicios secretos ucranianos dijeron el 3 de abril que en Bucha se había producido una masacre. El 8 de abril -o el 9- Boris Johnson, que había venido haciendo todo lo posible por enconar el conflicto -a diferencia, entonces de Macron y Scholz- viajó por sorpresa a Kiev e impuso el aborto de las negociaciones a cambio de la promesa de un masivo apoyo económico y militar para derrotar a Rusia. La guerra pudo acabarse entonces, con un acuerdo que se mantenía en la linea de los acuerdos de Minsk. ¿Quién fue el responsable de que prosiguiera?

9. ¿Es una guerra imperialista?

Hilo de «Yurii Kazakov» sobre las discusiones en el seno de uno de los partidos comunistas rusos, el PCOR, ante la guerra. Es un tema que me interesa, así que quizá eche un vistazo a esos artículos que cita. Si veo alguno especialmente interesante, os lo paso. https://twitter.com/

(1) En la web del Partido Comunista Obrero Ruso (PCOR) hay una serie de artículos con discusiones sobre el tema del imperialismo y su interpretación en el conflicto de Ucrania. Es una tarea demasiado grande traducir estos artículos, así que no lo voy a hacer. [Y sigue una traducción de un fragmento del último de los artículos de la serie, que paso más abajo completa]

Esta es la traducción del artículo que se cita:

La teoría moderna del imperialismo y el debate en el movimiento comunista

Fecha: 21 de febrero de 2023

DEL EDITOR: Seguimos informando a los lectores sobre la controversia en las filas del movimiento comunista internacional en torno a las evaluaciones de las causas de la guerra en Ucrania y, en consecuencia, de las tácticas propuestas por los Partidos Comunistas.
El lector atento ya sabe que, en opinión del Partido Comunista Ruso, las diferencias de opinión se derivan en gran medida de la interpretación errónea que algunos partidos hacen de la teoría leninista del imperialismo. Ha habido un debate teórico bastante rico sobre esta cuestión entre el PCRR y los camaradas griegos, cuyos materiales pueden encontrarse en nuestro sitio web y en Solidnet.

Recientemente nos ha llamado la atención un artículo de Jana Zawadzki, del Partido Comunista Alemán (La teoría moderna del imperialismo y la escisión del movimiento comunista).
Hoy ofrecemos a nuestros camaradas una entrevista con Alexander Vladimirovich Kharlamenko, conocido erudito, especialista en América Latina, doctor en Filosofía, miembro desde hace mucho tiempo, junto con Elena Nikolaevna Kharlamenko, del consejo editorial de Marxismo y Modernidad y autor habitual y colaborador desde hace mucho tiempo de Tamila Yabrova, editora de esta notable revista: «El Partido Comunista Griego y el sesgo izquierdista en el movimiento comunista».

El Partido Comunista Obrero Ruso, en el acalorado debate internacional actual, llama a no quemar puentes. Llevamos más de dos años dialogando con el PCG y otros partidos que apoyan, en nuestra opinión, la posición errónea de nuestros camaradas griegos sobre el imperialismo y la situación actual con Ucrania. Y vemos que hay una tendencia negativa hacia el primitivismo y una especie de engreimiento: etiquetar, cortar lazos, denunciar a todos los disidentes con una resolución dura. Además, algunos de nuestros oponentes están empezando a apoyar a esos grupos histéricos de izquierdas dentro de Rusia que han declarado la guerra no sólo a la posición actual del RCRP, sino a toda la historia de la lucha del partido. No se hace más que daño a nuestra causa común con tal práctica de disputas teóricas, así como al mantenimiento de los lazos amistosos entre partidos. El capital mundial sólo se alegrará de una nueva escisión en el movimiento comunista. Y por eso -estamos seguros- no tenemos otra salida para todos nosotros, debemos continuar el proceso conjunto de búsqueda de la verdad en forma de intercambio de opiniones de forma correcta. Ofrecemos para su visualización un análisis de la posición del CPG en Red TV por el camarada A. Kharlamenko. No vale la pena desenterrar argumentos en este vídeo para continuar la disputa y satisfacer agravios mutuos. Pero sí vale la pena recurrir una vez más a la teoría y a la consideración de las condiciones específicas, porque sólo este nivel de análisis mutuo de las posiciones puede ayudar a encontrar un denominador teórico común. El FEI confía en su posición y no rehúye continuar el debate.
Esperamos que este material, como los anteriores, sea útil a los comunistas pensantes y, como dijo Lenin, «ayude a comprender la cuestión económica básica, sin cuyo estudio no se puede entender nada en la evaluación de la guerra moderna y de la política moderna, a saber: la cuestión de la esencia económica del imperialismo».

[Y sigue el hilo de Kazakov]:

(9) Luego viene un vídeo (en ruso) del profesor A. Jarmalenko en el que se analiza la postura del KKE sobre el asunto. El título es: «El Partido Comunista Griego y la desviación a la izquierda del movimiento comunista». Está en ruso, pero se le pueden poner subtítulos (…)

(10) y traducción automática (ahora, ni idea de la calidad): vídeo: https://youtube.com/watch?v=c59eo artículo del PCOR: https://ркрп.рус/2023/02/21/c%

10. Andrés Arauz (II)

Los compañeros de la Internacional Progresista han publicado la segunda parte de la intervención de Andrés Arauz en el Congreso sobre el Nuevo Orden Económico Internacional, de la que ya os había pasado la primera (https://twitter.com/ProgIntl/). También me ha parecido muy interesante, así que aquí la tenéis: https://twitter.com/ProgIntl/

Teóricamente, la charla completa está aquí, pero yo nunca puedo entrar, me da error al conectar con el servidor: Arauz: Unilateral, coordinated actions from the South

11.Guillem Martínez sobre la nueva guerra fría y la prensa

Reconozco que a veces me pierdo y me aburro un poco con su estilo, pero creo que hay bastante sensatez en este artículo de Guillem Martínez en CTXT.

Se nos rompió la guerra fría de tanto usarla (I)

Se nos rompió la guerra fría de tanto usarla (I)

Por aquí abajo no eres nadie si no expulsas a alguien de la cultura/periodismo desde criterios que satisfagan al Estado

Guillem Martínez 21/02/2023

1- Trabajar, envejecer y el mes de febrero serían lo peor. Si se pudiera escoger, claro. Febrero es lo que nos queda de las glaciaciones. Todo en febrero es el naufragio del frío. Febbraro, curto e amaro, dicen los romanos. Verbigracia: este febrero he pillado la bicha, lo que me ha supuesto un KO técnico prolongado, y lo que ha hecho que el trabajo se me acumule. Este articulete es, por lo tanto, un articulete acumulado. Les iba a hablar del estado de la cuestión de la cosa catZzzz, tras lo del TJUE, y tras la ITV a las sentencias del TS. Que tiene miga. Pero en eso pasó, zas, lo dicho, febrero y su acumulación de yuyus.  

2- ¿Por dónde iba? Ah. Febrero. Hasta los árboles crecen hacia abajo en febrero. Para evitar el arriba. El arriba: en febrero, hace un año, tras la invasión rusa, empezó una guerra en Ucrania. Y en febrero de este año, Seymour Hersh ha explicado que lo del atentado del Nord Stream fue de autoría estadounidense-noruega. Esa noticia es puro febrero: a) es fría y chunga, y b) no ha trascendido oficialmente en el grueso de gobiernos occidentales, lo que también es chungo. En el País Favorito de la Divina Providencia es, sin duda, donde la recepción ha sido más raruna y peculiar: la pomada se ha puesto de perfil y trapense, como marca la disciplina, si bien la novedad, la originalidad, lo trascendente ha sido otra cosa y en otro sitio: la enojosa labor de desprestigiar el artículo de Hersh la ha desarrollado una parte del periodismo local, más allá del deber, y realizando unas funciones que, en el resto de Occidente, las ha realizado, con menos apasionamiento, ganas y tiempo, el Estado.  

3- Sea lo que sea eso, eso es categórico. Esto es, supone una nueva categoría desde 2011, cuando esos alineamientos con el Estado quedaron desprestigiados, que no en desuso. En todo caso, la pregunta de la cosa Hersh es, dos puntos, ¿a qué se debe esa intensidad? ¿Por qué un periodismo local ha denunciado, en modo Shakira, un Contubernio de Hersh y, consecuentemente, ha expulsado del templo del periodismo –así, con todas las letras– a un periodista de dimensión internacional, llamado Hersh, y con él al medio que lo publicó en castellano y a los curritos de ese medio canijo? ¿Qué ha pasado? 

4- En primer lugar, todo –las recepciones gubernamentales del artículo en USA y en Europa, y más aún las reacciones paraestatales en España– se entiende mejor, en primera instancia, si atendemos a otro hecho fundamental, acaecido la semana pasada. El Pentágono no descartaba, recuerden, que varios objetos voladores no identificados, derribados recientemente en EEUU, fueran extraterrestres. Lo que es muy importante para el caso que nos ocupa. El visionado de bichos extraterrestres fue un sello de la Guerra Fría. No hay guerra fría sin marcianitos. Cuanto más fría –esto es, intensa, invisible, terrorífica–, más marcianitos ve la parroquia.  

5- Los marcianitos del Pentágono confirman que, en efecto, estamos, zas, en plena Guerra Fría. Lo que es llamativo, pues también estamos en Guerra Calentita en Ucrania. La primacía de lo Frío sobre lo Caliente en la UE y los EEUU explica, a su vez, que estamos en una guerra informativa, como la del ínterin 1948-89. No sabemos lo que pasa, y eso es lo que pasa. Pero, ahora, nuevamente, con marcianitos. Los marcianitos no son más que la otra cara de una sobreexposición a las teorías de la conjura, esa región cotidiana de la Guerra Fría.  

6- Lo que ha sucedido, el silencio internacional ante Hersh, su descalificación local es, me temo, en primer lugar, eso. Guerra Fría. Lo que, tal vez, explica la intensificación de la Guerra Fría en España, en tanto España lleva la Guerra Fría tatuada. En su Constitución, por ejemplo. El trámite constitucional de la incorporación a organizaciones internacionales, como la UE o, más concretamente, la OTAN, en la CE78 es rapidita, con poca soberanía y/o control democrático, no sea que… La CE78 es tan de la Guerra Fría que, en fin, debería haber un Título XI titulado Sobre la espía que me amó. Los tatuajes de la guerra fría, más allá de la CE78, deben ser profundos si observamos que el modelo de cultura y de intelectual democrático post-78 estaba finalizado, a toda leche, para el referéndum de la OTAN/1986, aquel capítulo de la Guerra Fría, y aquel ERE masivo a opciones culturales no atlantistas. Aquellos EREs son tal vez el origen, incluso, de la tendencia polarizadora que emite cualquier objeto que quiera expresar, por aquí abajo, algo de poder. Por aquí abajo no eres nadie si no expulsas a alguien de la cultura/periodismo, desde criterios que satisfagan al Estado. Es posible que sean hilillos de plastilina de la Guerra Fría lo que justifica a compañeros periodistas a disparar hacia abajo –la modalidad de disparo menos olímpica y deportiva–, y a ubicar a otros compañeros en el epicentro del bloque de los malos. Lo que, si se hace con datos buenos y certeros, era/es una delación. Pero si se hace con datos manguis, cutres y creativos, sigue siendo, ni más ni menos, que una delación en todo su esplendor 

7– Lo que nos lleva a la pregunta del céntimo: el artículo de Hersh, ¿es un producto emitido por Spectra? ¿Una nueva versión de los Protocolos de Sión? ¿Es periodismo? 

8- Hersh, en todo caso, no reescribe lo ocurrido desde febrero. Rusia sigue siendo la potencia invasora –esa palabra lo cambia todo; no se puede interpretar esa palabra; invasión es invasión– de un tercer país. Algo que –sea ese país Ucrania o Irak– está absolutamente fuera de derecho, hasta el punto de justificar la defensa colectiva de ese tercer país. Lo que reescribe Hersh es otra cosa. No deseada, según observo. El otro bando. El nuestro. Describe una Europa sin soberanía, subsidiaria de EEUU, y la desconfianza de Estados Unidos hacia Alemania, hasta el punto de haberle quemado las naves/los gasoductos a Alemania, en plena guerra, no sea que se pusiera relativista. La moderna extrema derecha proviene o/y está animada por Rusia. Rusia, en lo que es otro hecho, ha tenido contactos explícitos con la extrema derecha española y catalana. Por otra parte, existe en España una izquierda que se muere por participar del nacionalismo y el soberanismo nominal, de la polarización que da gestionar esos juguetes, y que gastan ya otras izquierdas europeas. Pero el artículo de Hersh no es que defienda o favorezca todo ese pack, sino que está en otra galaxia. Informativa. ¿El periodismo patrio, al denunciar a Hersh, quería denunciar a esas derechas o izquierdas? Si es así, no lo ha hecho, sino que ha hecho guerra fría. Ha condenado a bulto. Ha cazado brujas. A la extrema derecha y a los populismos no se les chulea con brujas, o con marcianitos, sus alimentos, sino con información. O ni siquiera con eso. 

9- La lectura de Hersh apunta en la dirección de que, como bloque, tampoco estamos muy finos. Esta guerra puede ser una guerra entre abusadores de Ucrania contra exabusadores de Irak. Pero, aun existiendo diferencias, siempre notorias, entre lo mejor y lo peor, no es nítidamente una guerra democracia-autoritarismo. O, al menos, no lo es hoy. La razón: el bando autoritario se presentó a la batalla. De hecho, la inició con una invasión. Pero el bando democrático ha hecho unas severas rebajas epistemológicas. Exemplum: el Bienestar, la forma de democracia en Europa, está en caída libre. Es irrecuperable en su dimensión anterior a los 70. Los Estados superan, a su vez, la cosmovisión democrática cuando –esa es la tesis de Hersh– realizan un acto de guerra en el Báltico contra un Estado aliado, sustentado, además, en la posterior desinformación de ese hecho. La mismísima guerra –algo muy serio; lo más serio en Atenas, después del teatro– la ejercen y la planifican hoy objetos no electos, con una inquietante autonomía, y con un poder que supera a ejecutivos y legislativos –la subida del gasto en armamento hasta el 2% del PIB es, exactamente, ese poder superior a los ejecutivos y legislativos–. Esos objetos no electos tienen, por cierto, cada vez mayor trascendencia en Europa. En la crisis de 2008 –recuerden la Troika, el BCE, la Comisión– fueron trascendentales. Es preciso que el periodismo –ese compromiso con la democracia, que no con sus políticos– hable de ello, que intente ejercer el control democrático sobre lo que pasa –pasa una guerra– sin que sea acusado de tener veleidades prorrusas. Esto es, denunciado como extremo-derechista. Es preciso hablar de que se nos ha olvidado que, desde 2008, Europa vive abiertamente una crisis democrática tan desmesurada que tendría que tener su propia serie de dibujos animados. Tal vez, incluso, ya la tiene/punto 10.   

10- Es el periodismo. El periodismo de guerra fría, quiero decir, esa cosa que parece estar volviendo, que puede volver, con sus marcianitos, y que desprestigia puntos de vista y planteamientos sin marcianitos. Hersh, en ese sentido, ha dado un paso informativo adelante. Así lo interpreta, por ejemplo, Chomsky, un pelanas al que cualquier día el periodismo español, el mejor del mundo mundial, debería darle un correctivo y un paseo por el puerto. En todo caso, Hersh, con su repor, se ha jugado su prestigio. Si bien –Hersh es alta cultura periodística EEUU– esa apuesta no está emitida tan en el vacío como se interpreta en España. A saber: a) el artículo de Hersh dispone de mecanismos de verificación inexistentes en Europa, salvo en algunos medios UK. Lo explica Hersh en una entrevista a Fabian Scheidler: “Para esta historia trabajé con los mismos verificadores (…) experimentados que solía tener en The New Yorker”. Por mi parte, les aseguro que esos verificadores son unos aguafiestas. Si existieran en España, Sálvame Limón –por aludir sólo a la Capilla Sixtina del periodismo de investigación español, ese faro de Occidente– debería cerrar la barraca. Esos mecanismos de verificación evitan, por cierto, que el prestigio del emisor sea la única garantía de un producto periodístico. La info de Hersh, sustentada en una sola fuente anónima, es algo frecuente, por otra parte, en casos de terrorismo o abusos de Estado, una disciplina poco transitada en España, y que suele contar con entre una y ninguna fuente. Por lo demás, la fuente única e inconfesada es algo cotidiano, frecuente hasta el aburrimiento, incluso un abuso diario, en el periodismo español. Abran el periódico de hoy, el que sea, y sea el día que sea hoy, y compruébenlo. Que se argumente la posesión de una sola fuente, y secreta, para cargarse un repor, es algo que puede impresionar a un obispo del Palmar, esos idealistas. Pero no a un periodista. En España, esa fuente única constante suele ser, curiosamente, el Estado. Pero no se vayan, amigos. También suele ser la empresa. Últimamente, son las energéticas. Y aún así, se han publicado verdaderas joyas, mapas certeros de la época, con esas fuentes únicas y secretas, vertebradas por la inteligencia y el oportunismo –el periodismo es oportunismo– del periodista que ha firmado la información.  

11- Conviene recordar aquí que el periodismo –incluso el más I+D/el español, que no admite a Hersh con la misma radicalidad con la que, en su día, no admitió, en otro bravo gesto, el cepillo de dientes– es un objeto sencillo como un botijo y carente de toda épica que no sea la sencillez amish. Todo el mundo, sometido a cierta presión y temperatura, puede ejercer el periodismo. Es más, entre los mejores periodistas de cada cultura siempre hay, y no son pocas, personas sin estudios de periodismo. La razón: el periodismo son mil estilos y formas y posicionamientos que se retrotraen a su función y a su método. Y la metodología es sencilla: ser claro, no mentir, aportar datos verificables y, cuando no se pueda, aportar la sombra de esos datos proyectada contra la pared. El periodismo es mantener viva una pulsión ética. Sin ella, es propaganda u otro objeto no periodístico. Poco más. No es erigirse en sacerdote. No es expulsar del templo. Es transformar el templo en un piso compartido. El periodismo es tan sencillo, en fin, que, como la democracia, se puede ejercer sin un ordenador, solo con la manita. Es más, cuantos más palabros raros se utilicen para definir periodismo, democracia, hombre, mujer, persona o primavera, más posibilidades hay de asistir a un abuso, o a su prima, el ninguneo, de todos esos conceptos.  

12- En España, por lo que veo, no existe la crítica, sino la expulsión. Hubiera sido muy positivo poder hablar del artículo de Hersh –es periodismo, no es un objeto perfecto y concluso; como todo periodismo verificado como tal, precisa interpretación, no inquisición–. Hablar de él o contra él como se habla, o no, de cualquier otro de los miles de productos periodísticos construidos diariamente con los mismos o peores mimbres. No ha sido posible, pues Hersh, lo dicho, ha sido expulsado, esa tradición tan nuestra desde 1492, que nos ha conservado tan puros y listos. Este caso es, no obstante, la primera expulsión colectiva del oficio desde 2011, cuando, momentáneamente, se dejó de expulsar alegremente del periodismo. Desde entonces, la tradición –que veo que no caló– era criticar, argumentar, no leer, pero no expulsar, desacreditar. Al optar entre las miles de posibilidades por la de expulsar a Hersh, a sus traductores y currantes, a las tinieblas exteriores del periodismo mundial, se ha expulsado, por lo mismo, al grueso del periodismo mundial, y a la gran mayoría del español, pues el repor de Hersh no se distancia, lo dicho, de esas dinámicas. El periodismo, por otra parte, no es la Biblia. No es Historia. No es ciencia. No es dogma. Debe ser apañado, honesto, verificado, verificable y, con ello, garantizar discusiones cabales, un escepticismo cabal, incluso. Sabemos que un objeto es periodismo porque permite el desacuerdo. No requiere fe, ni sacerdotes –que admitan la fuente única y anónima todos los días y minutos salvo cuando publicas a Hersh–. Y también por que, si hay equivocación, estafa incluso –no la descarten nunca–, el periodismo serio admite el error, y ofrece para ello la disculpa y la adenda. Sabemos que el periodismo es periodismo porque no satisface sistemáticamente al Estado. Y porque, visto lo visto, no hay manera de expulsarlo. Yo, por mi parte, nací ya expulsado. Y mira.

12+1- Les iba a hablar, lo dicho, del estado de la cuestión de la cosa catZzzz, tras lo del TJUE, y tras la ITV a las sentencias del TS. Que tiene miga. Pero en eso pasó, zas, lo dicho, febrero y su acumulación de yuyus. El tema cat agrupa temas de controversia, pues implican, como siempre, a dos trincheras que, por otra parte, son Estado. El mismo Estado, lo que es ya para cortarse las venas. Por eso el periodismo español y catalán –poco diferenciados, créanme– lo han hecho tan mal al respecto. Por mi parte, lo haré como pueda, jugándome mi prestigio, consultando fuentes que no querrán salir con su nombre ni majaras. Tendrán que confiar, por lo tanto, en mí. Incluso en mi peor , que es el de febrero. Si me equivoco, tienen mi garantía de que solventaré mi error. Como siempre, por otra parte. Se le llama periodismo. Y sucede cada día. Como el pan, los besos o pisar una XXXXXX de perrete. No es épico. Pero ya, si eso, en el próximo artículo.

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Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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