Como han leído, no hay error en el título de esta nota indignada, muy indignada. Los responsables de Literal, ‘feria de ideas y libros radicales’ coordinada por L.A., han vetado la presencia de la editorial (imprescindible para muchos de nosotros) de El Viejo Topo en el encuentro que se celebrará en Barcelona los próximos 20 y 21.
Literal 2023 se presenta (solo en catalán) con las siguiente palabras: “Literal, la feria de ideas y libros radicales, celebra su 9ª edición los días 20 y 21 de mayo de 2023 en el recinto de la Fabra i Coats, en Barcelona. Esta edición cuenta con un mercado del libro, que agrupa a un centenar de editoriales independientes y librerías cooperativas, y setenta conversaciones, debates, presentaciones, poesía y cuentacuentos, entre otras actividades. La 9ª edición de Literal volverá a ser el punto de encuentro de la cultura y el pensamiento crítico. Una cita indispensable para movimientos sociales, sector del libro y público general.” Remarco: ideas y libros radicales, editoriales independientes, punto de encuentro de la cultura y el pensamiento crítico, cita para movimientos sociales y el sector del libro, etc. ¿De verdad que aquí no encaja el Viejo Topo?
Miguel Riera [MR], el director de la editorial, ha explicado lo sucedido en un artículo muy recomendable [1]. Entresaco algunos pasajes.
El Viejo Topo, señala MR, ha sufrido en sus carnes la ira de nuevos inquisidores (que se las dan, insistimos de antifascistas y radicales). Los organizadores de Literal, la Feria del libro que se celebra anualmente en Barcelona con apoyo del consistorio municipal (conviene retener este apoyo), “ha comunicado a El Viejo Topo que su presencia en la Feria, en la que ha participado desde su fundación, ya no es bienvenida”. No se les permite participar ni exhibir sus libros ni ejemplares de la revista. ¡Fuera, el Topo fuera!
¿Y cuál es el motivo de la censura? Los organizadores arguyen, comenta MR, “que no comparten determinadas líneas ideológicas contempladas en su catálogo editorial. Así de claro. Censura, como en los viejos tiempos del franquismo. Los organizadores se declaran firmes antifascistas, y les parece que El Viejo Topo no cumple con los requisitos necesarios para ser declarado antifascista”. A ver, a ver, un momento. ¿La editorial que ha publicado libros de (y sobre) Marx, Engels, Luxemburg, Kollontai, Gramsci, Labriola, José Martín Ramos, Manuel Sacristán, Paco Fernández Buey, Ferran Gallego, Jorge Riechmann, Enric Tello, Joaquín Miras, Miguel Candel, Joan Tafalla, Manel Cruz, Félix Ovejero, Andrés de Francisco y Eduard Rodríguez Farré, entre tantos otros autores y autoras, no cumple los requisitos para ser declarada antifascista? ¿Qué requisitos editoriales son esos?
Por la misma senda: ¿se puede argüir para defender una práctica censora de estas características, y desde supuestas coordenadas de izquierda radical además, que no se comparten determinadas líneas ideológicas de la editorial? De acuerdo, admitámoslo, no se comparten. ¿Y eso qué importa? ¿Por qué deben compartirse? ¿Quién da, quién puede dar carnets de “línea ideológica correcta”? ¿Cómo se puede presentar una más que evidente y trasnochada actitud sectaria como un argumento razonable y radical además?
En la comunicación telefónica mediante la que se nos comunicó el veto, prosigue MR, “solo se citó el nombre de un pecador, Diego Fusaro”, aunque MR tiene la certeza de que en la trastienda figuraban otros autores igualmente perversos. “¿Es Diego Fusaro el personaje terriblemente peligroso al que los nuevos inquisidores temen? ¿Al que hay que negar el uso de la palabra? Tal vez en el catálogo de El Viejo Topo hay más autores execrables. Tal vez a los nuevos inquisidores les gustaría silenciar a unos cuantos. Quién sabe.”
Centrémonos en el caso de Fusaro, autor, confieso, que he leído poco y que no siempre me ha convencido. ¿De verdad que es razonable que los responsables de una Feria del libro radical veten la presencia de una editorial porque esa editorial siga editando (no es la primera vez) a un autor, sea Fusaro o sea quien sea, que no sea del gusto de esos responsables? ¿Seguimos en esas? ¿Quiénes se han creído que son los gestores de la Feria para negar la presencia de una editorial que ha estado además en todos los encuentros celebrados hasta ahora? ¿Vetará también Literal a la editorial Siglo XXI que también ha publicado a Fusaro? ¿Por qué no han vetado a El Viejo Topo hasta ahora, cuando lleva años editándolo?
Pero más allá del contenido de cualquier libro, comenta MR con razón, “¿quién otorga a estos poseedores de la “verdad” del antifascismo la facultad de aceptar o negar? (y con dinero público por en medio, por cierto). ¡Cuánta arrogancia! ¿Dónde se funda el derecho que les permite prohibir? ¿Quién les autoriza a ello? ¿Piensan tal vez que Literal es su jardín? ¿Propiedad privada? ¿Para cuándo la quema pública de libros?” Se entiende, se comparte la indignación.
¿Puede haber algo más detrás del veto? Puede, claro que puede. En el correo enviado al Topo informando de la situación se enviaba copia a una editorial (de nombre muy maoísta: Tigre de paper) del mundo cultural nacional-secesionista. Ente raro y muy raro. ¿Puede considerarse, podemos pensar que también se han tenido muy en cuenta los planteamientos abiertamente anti-nacionalistas de la editorial? ¿Sospecho mal? ¿No tiene nada que ver una cosa con la otra? ¿De verdad de la buena? ¿Nos lo creemos?
¿Qué hacer entonces? Desde aquí pido, pedimos (son muchos los compañeros y compañeras indignados) la inmediata rectificación de los responsables de Literal. Errar es humano y ellos han errado en algo muy básico, muy central. Rectificar es de sabios.
Si no hay rectificación y, por lo tanto, no se trata de un error, sugerimos:
- Notas de apoyo a El Viejo Topo.
2. Que el consistorio barcelonés tome conciencia que está apoyando una Feria en la que se censura a una editorial de larguísima trayectoria antifascista (basta ojear en su catálogo los libros publicados a lo largo de sus casi 50 años).
3. Las editoriales de izquierda, radicales además, ¿pueden encontrarse cómodas participando y apoyando una Feria del libro afectada por una actitud tan inquisitorial?
4. ¿A la ciudadanía de izquierdas puede satisfacerle acudir a una Feria del libro, Literal 23, en la que los responsables han hecho pedazos algo tan central, tan esencial para la izquierda, para todos nosotros, como la libertad de pensamiento, edición y expresión?
PS: Una carta de Daniel Jiménez Schlegl que hago mía: https://slopezarnal.es/una-carta-de-daniel-jimenez-schlegl/
Notas.
1) Miguel Riera, “Los nuevos inquisidores” https://www.elviejotopo.com/topoexpress/los-nuevos-inquisidores/.