“China: la fortaleza comunista. Una reflexión a posteriori” de Alfredo Iglesias Diéguez

Una reflexión complementaria del profesor Alfredo Iglesias Diéguez a su reseña sobre el último libro de Xulio Ríos publicada hace unos días en este blog.

En el año 1994 o 1995 recuerdo haber comentado en una reunión en la que participábamos algunas de las personas que asistíamos al curso de doctorado en el que estaba matriculado que la construcción de la presa de las Tres Gargantas en China suponía el fin del maoísmo. Inmediatamente me preguntaron si lo que estaba diciendo era que China había dejado de ser un país comunista, a lo que repliqué que había dicho lo que había dicho: que la construcción de la presa de las Tres Gargantas implicaba el fin del maoísmo, lo que no quiere decir que China ya no sea un país comunista. Reconozco que mis lecturas sobre el comunismo chino estaban limitadas a unas pocas obras de Mao, siendo quizás esa la razón de que considerase que una obra que implicaba el desplazamiento de tantos millones de personas, la destrucción del paisaje y la subordinación del campo a la ciudad (cuando él había defendido la integración de la juventud urbana en las comunas rurales durante la Revolución Cultural), no podía obedecer a los principios que había defendido Mao. No obstante, ¡eso no significaba que China ya no fuese comunista!
En este sentido, el libro del conocido sinólogo gallego Xulio Ríos La metamorfosis del comunismo en China (Kalandraka, 2021), es una gran aportación para profundizar en el conocimiento de la historia (metamorfosis) del comunismo chino. No volveré a insistir en las tres etapas que atraviesa: maoísmo (1935-1978), denguismo (1978-2012) y xiísmo (2012-actualidad). Simplemente quiero dejar constancia de un hecho: la formulación de la crítica al comunismo chino.
Por lo general, cada vez que se formula una crítica a China desde posturas de izquierdas es para negar que China sea un país comunista. Las críticas, habitualmente, consisten en:
denunciar la desigualdad de ingresos entre la población y la existencia de miembros del PCCh multimillonarios;
mostrar la extrema explotación laboral de la clase obrera china, con fuerte represión antisindical, como evidencia de un rasgo antiobrero del régimen chino;
acusar a las autoridades del país de ejercer una violenta opresión de las minorías étnicas (principalmente tibetana y uigur), llegando a afirmar que esos pueblos son víctimas de genocidio;
denunciar la brutal represión de la disidencia interna, tanto la de izquierdas como la liberal, destacando generalmente las tensas relaciones con los defensores de la democratización instalados normalmente en Hong Kong;
señalar como imperialista cualquier acción que China realice fuera de sus fronteras, ya sea como consecuencia de establecer unas relaciones económicas asimétricas o de ejercer de intermediador en conflictos internacionales.
Hay otras críticas, pero quizás esas cinco son las más significativas: desigualdad, antiobrerismo, represión de las minorías y de la disidencia e imperialismo, que se resumen en una: China es un país con capitalismo de Estado.
Nunca entendí que ser crítico con China sea negar el carácter socialista de la experiencia china. En este sentido, es preciso hacer las siguientes reflexiones:
primera: es necesario comparar la evolución de India y China desde 1945, momento en que los dos países compartían circunstancias demográficas, económicas y sociales semejantes, para valorar las particularidades del ‘capitalismo chino’;
segunda: denunciar la desigualdad de ingreso sin mencionar que en China se realizó y realiza la mayor redistribución de rentas que tuvo y tiene lugar en la historia, sacando a 600 millones de personas de la pobreza, resulta poco crítico;
tercera: denunciar que como consecuencia de la flaqueza de su mercado interno China se ve obligada a desarrollar una estrategia imperialista, cuando hasta ahora China evito más de un conflicto armado, a pesar de que no le faltaron ocasiones para entrar en guerra, es poco objetivo.
No es que sea xiista, pero no acabo de entender porque somos más de izquierdas si denunciamos que China no es ‘nuestra lucha’, como titula Au Loong-Yu uno de sus artículos hipercríticos con el ‘capitalismo chino’.
En este sentido, dos reflexiones finales:
primera: todas las experiencias socialistas son nuestra lucha y nuestro deber es denunciar sus errores para avanzar en la construcción del socialismo, por lo menos yo no entiendo el socialismo como un modelo perfecto que va a caer del cielo sin contradicciones para ser aplicado sin tensiones…, creo que habrá aciertos, errores, fracasos…, pero tenemos que seguir en la lucha…
segunda: ¡no hay que olvidar la lucha de clases! Me explico, la lucha de clases existe a nivel internacional y China es un enemigo a batir y, como pueblo que vive en Occidente, consumimos productos ideológicos que muestran una realidad deformada de China (¿ya nos olvidamos de los índices de desarrollo humano de los países musulmanes libres en comparación con los de las minorías oprimidas de China o la antigua Unión Soviética?) y existe en el interior de China y es necesario que busquemos la forma de superar las contradicciones en el seno del pueblo siempre buscando los intereses del pueblo.
En fin, pienso que debemos permanecer críticos ante la evolución de China, pero teniendo la certeza de que es una experiencia socialista de la que podemos y debemos aprender. A lo mejor es que estoy siendo maoísta-chavista.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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