Entrevista a Antonio Bernardo Reyes sobre «Todo sobre el amianto. Una guía visual».

Entrevista a Antonio Bernardo Reyes sobre Todo sobre el amianto. Una guía visual.
Según la OMS, 125 millones de personas están hoy expuestas al amianto en su lugar de trabajo, a lo que hay que sumar los millones que se exponen al amianto fuera del trabajo (exposición ambiental, doméstica)”

Antonio Bernardo Reyes (Cabo Verde, 1972) es Arquitecto técnico y Técnico en Riesgos Laborales, profesión que desempeña desde hace veinte años. Viene colaborando con Paco Báez y Paco Puche desde 2013, en textos relativos al amianto, sus efectos y consecuencias.
Centramos nuestra conversación en el libro que ha publicado con Paco Puche: Todo sobre el amianto. Una guía visual (Málaga, Ediciones del Genal, 2019)

¿Por qué habláis en el subtítulo de “Una guía visual”?
Ofrecemos al lector una especie de manual integral del amianto (de ahí el “todo”del título, porque pretende abordar la totalidad del problema), pero para tratar de enfocarlo de manera sencilla e intuitiva lo presentamos en imágenes, gráficos, fotos, cuadros etc., amén de unas referencias breves, meramente escritas, en cada capítulo o apartado principal.

Lo habéis escrito al alimón tú y Paco Puche. ¿Alguna cosa que quieras decir de tu compañero y amigo?
Que me siento honrado de poder considerarme su compañero y amigo. Paco es una forma de vida muy especial, con la resulta muy fácil cooperar, practicar la estrecha interacción y mutua dependencia, que decía su querida Margulis. Paco es un Don Quijote que planta batalla contra gigantes… incluidos aquéllos que pretenden pasar por pacíficos molinos.

Una hermosa dedicatoria abre el libro: “A todos los luchadores y luchadoras del amianto que han hecho posible este libro…”. Sigue y al final dais una serie de nombres de científicos y luchadores y añadís: “sin sus magisterios y ejemplos no hubiese sido posible este libro”. Te pregunto por una de las personas citadas, por Paco Báez. ¿Qué nos puede decir de este luchador incansable?
El libro está especialmente dedicado a las personas que han venido alumbrando el camino, y Paco Báez lo ha hecho, intensamente y de forma ininterrumpida, durante los últimos 40 años (alguno más, me dirá él); buena parte de ellos predicando en el más absoluto desierto. La dedicatoria es tan sólo un pequeño gesto, para lo que supone esa inmensa, impagable labor de Paco, dentro y fuera de España, en la lucha contra el amianto.

ABR: Reunión de trabajadores de Uralita, denunciando los “peligros del amianto” en 1977 (nº 35 de los Cuadernos de la Fundación 1º de mayo de CCOO “LA LUCHA CONTRA EL AMIANTO Y LA DEFENSA DE LAS VÍCTIMAS”). Al fondo, presidiendo la mesa, Paco Báez; tal vez preguntándose a sí mismo…¿dónde me estaré metiendo?).

¿A quién va dirigido vuestro libro? ¿Es un libro de investigación, de resumen de lo hasta ahora sabido, de pedagogía? ¿Está pensando y escrito en clave española?
Nuestro libro está dirigido a las víctimas y afectados por el amianto, en primer lugar. Pero también está destinado a toda persona, asociación y organización interesada en el amianto, sus efectos y letales consecuencias; a personal técnico de ONGDs, a estudiantes, investigadores/as, profesorado en educación formal y no formal, AMPAS, jueces, abogados, activistas sindicales, ecologistas, empresas, asociaciones de vecinos y público en general, que no deja de estar atrapado en eso que hemos venido a llamar la «telaraña global» del amianto. Hemos compilado buena parte de las publicaciones de ambos, y particularmente los materiales divulgativos y formativos que hicimos en común para Ecologistas en Acción. Y además hemos puesto asuntos al día, a partir de recientes investigaciones, pugnas sociales e iniciativas de la administración. Está pensado en clave pedagógica, para mejor contribuir a las luchas que se despliegan tanto en todo el territorio nacional e internacional.

Después de la dedicatoria, seguís con un ramillete (magnífico) de citas. La primera es de Romana Blasotti Pavese: “Eternit: la verdad ya la tenemos, ahora queremos la justicia”. ¿Qué o quién es Eternit? ¿Hubo trabajo esclavo en Eternit? ¿A qué verdad, ya tenida, se refiere Blasotti?
Eternit es el nombre de una de las cuatro multinacionales que dominaron el negocio del amianto en el siglo XX. Propiedad de la familia suiza Schmidheiny, en colaboración con los belgas Emsens y los franceses Cuvelier manejaron la industria del amianto en Europa; y, a través de un complejo entramado empresarial y de alianzas comerciales, en buena parte del mundo. Incluida su presencia en la Alemania nazi, con trabajadores “esclavos” en la fábrica que compartía con otros miembros del cártel internacional del amianto SAIAC (entre los que se encontraba la Uralita de los Roviralta). Y también en la Sudáfrica del Apartheid, con minas y fábricas en las que trabajaron a lo largo de 50 años decenas de miles de personas, la mayor parte de ellas negros privados de derechos, como describe Roselli en La mentira del amianto. Fortunas y delitos (2010).
De esas verdades hablaba Romana Blasotti, de los miles de víctimas en su pequeño pueblo, Casale Monferrato, entre los que se encontraban su marido y su hija, y de las responsabilidades de los dirigentes y propietarios de Eternit. La resistencia indomable de esta formidable mujer durante treinta años ha conseguido que la verdad de los crímenes de los industriales del amianto avance y se extienda por todo el mundo, de forma incuestionable.

Para que no haya confusiones: se habla a veces del amianto y a veces del amianto. ¿Qué diferencia hay entre el amianto y el asbesto?
Ninguna, en realidad, amianto o asbesto (asbestos, en los países de habla inglesa) son términos utilizados genéricamente para denominar una serie de silicatos complejos de hierro, aluminio, sodio y magnesio, que se presentan en la naturaleza en formas fibrosas, de aspecto sedoso, especialmente al desmenuzarse. Estos minerales se encuentran en depósitos y yacimientos de todo el mundo, en cantidades abundantes y en rocas de la misma composición.

Rocks in Asbestos Mountains”. Sudáfrica. W. Burchell. (1811)

Habláis a veces de genocidio para hablar de esta industria criminal. En ocasiones, usáis el término holocausto. ¿No son genocidio y holocausto palabras excesivas?
Hablamos efectivamente de un genocidio, y empleamos el término holocausto exclusivamente para referirnos a la magnitud del desastre (que podría alcanzar la cifra de 10 millones de víctimas). Ya el amigo Paco Báez en su libro Amianto, un genocidio impune vino a exponer de forma contundente que el uso industrial del amianto suponía un magnicidio.
Según el Derecho Internacional, para que haya genocidio tienen que darse tres condiciones: intencionalidad, destrucción física o grandes sufrimientos sobre un grupo y carácter sistemático.
Sobre la destrucción física o grandes sufrimientos, lo evidencian los datos de la OMS (150.000 personas fallecen al año) o estudios recientes publicados en The Lancet, que aumentan la cifra de víctimas a las 250.000 anuales.
El carácter sistemático se evidencia en el uso cotidiano y continuado en el tiempo del amianto en la actividad industrial, durante más de 100 años en los países europeos, EEUU y Canadá y, aún hoy, en Rusia, buena parte de Asia, África y algunos países latinoamericanos.
Y la intencionalidad: se sabía desde 1906 que el amianto provocaba asbestosis, una gravísima enfermedad pulmonar; desde 1938, que además el amianto estaba detrás del cáncer broncopulmonar; y desde 1960, que originaba una forma particular de cáncer denominado mesotelioma (para el que no se ha podido establecer una dosis mínima de exposición). Además de todo ello, el Juicio de Turín nos ha permitido conocer detalles sobre las prácticas industriales, y el conocimiento que los máximos responsables de la industria tenían sobre los letales efectos del amianto; por esas evidencias sobre la intencionalidad de sus actos, se les condenó por delito doloso.

Vuestro libro da para mil preguntas, se van a quedar muchas en el tintero. Una selección: Escribís: “El amianto es, sobre todo, una tragedia humana”. ¿Por qué sobre todo? ¿Qué es, además, de una tragedia humana?
Es, sobre todo, una tragedia humana, por las terribles cifras de víctimas, a las que tan sólo podemos aproximarnos. Centenares de miles, probablemente millones de enfermos y de muertes prematuras, y las que aún se espera que se van a producir, con certeza, en los próximos cincuenta años. En los países industrializados es la principal causa de enfermedades profesionales y, después del tabaco, el cancerígeno ambiental más mortífero de los conocidos hoy día. Es una tragedia humana porque, pese a esa realidad, aún hoy se extraen miles de toneladas de amianto y hay países más de 100 países en los que se continúa empleando este mineral maldito.
Es, también, como se ha dicho, un genocidio. Y, como argumenta Paco Puche, es necesario culminar la construcción social de la referencia al amianto como la perpetración histórica de un genocidio. Decir “amianto” (o “asbesto” o “uralita”) debe suscitar en la sociedad la imagen de unos genocidas y la de un magnicidio industrial.
Y es, también, una crisis mundial, y por tanto un formidable reto, al que nos tenemos que enfrentar. Según la OMS, 125 millones de personas están hoy expuestas al amianto en su lugar de trabajo, a lo que hay que sumar los millones que se exponen al amianto fuera del trabajo (exposición ambiental, doméstica). Es necesario alcanzar el consenso internacional para la prohibición del uso del amianto, y para la eliminación de todo el que se encuentra instalado o el que se ha retirado y constituye un peligroso residuo, ya que aún conserva íntegramente su capacidad letal.

Os cito: “Casi todos los materiales deben ser reutilizados, reparados o reciclados, antes de volver a la naturaleza dada la finitud de los mismos como fondos originales, pero en el caso del amianto esta recomendación está prohibida totalmente dado su carácter nocivo. Al contrario, se recomienda una vuelta segura a la misma en espera de su inertización por procedimientos sofisticados de calor entre otros”. Para aclarar mis dudas: ¿qué hacer entonces con todo el amianto instalado? ¿No hay que proceder, con urgencia en ocasiones, al desamiantado? ¿Qué hacer entonces con los materiales obtenidos?
El amianto instalado hay que identificarlo, localizarlo, en primer lugar. Convivimos, a menudo sin ser conscientes de ello, con materiales y aplicaciones que contienen amianto; como ejemplo, lo ocurrido en el caso de los metros de Madrid y de Barcelona. También es preciso concretar los grandes focos de contaminación, procedentes de las actividades industriales en las que se utilizó el amianto en el pasado (fábricas de fibrocemento, especialmente); y, también, los vertederos que han proliferado durante décadas, prácticamente en cualquier ciudad o pueblo, en los que se han ido depositando residuos contaminantes, incluido el amianto retirado ilegalmente. Una telaraña global, que nos envuelve a todos y que, por tanto, a todos concierne.
Esto requiere en primer lugar concienciación sobre el problema y su magnitud, para pasar después al plano político, y establecer estrategias, planes y presupuestos para su retirada, en óptimas condiciones de seguridad. Eso es lo urgente, emprender sin más dilación políticas de erradicación del amianto instalado; retirar con urgencia, o con prisas, en el escenario actual, no es recomendable; el motivo ya lo expuso la asociación de empresas de desamiantado ANEDES “la actual normativa de aplicación no garantiza, en absoluto, la correcta ejecución de los trabajos de retirada de amianto”. El sistema actual, con más de 4.000 empresas autorizadas para realizar trabajos de desamiantado en nuestro país, “hace imposible el control por parte de la administración competente”. Es preciso por tanto un cambio legislativo que nos aproxime a los criterios del resto de la UE y que se exijan a las empresas unos requisitos previos para poder realizar esas peligrosas actividades. Empresas muy especializadas y controladas por la administración.
Una vez identificado y localizado el amianto, y retirado en condiciones seguras, será necesario depositarlo en recintos especiales para después inertizarlo, esto es, someterlo a tratamientos que anulen su potencial efecto cancerígeno. Solo entonces será posible su reutilización.
En definitiva, un formidable reto, como te decía anteriormente.

Lo es, lo es. Habláis de minerales, como el talco o la vermiculita, contaminados con amianto. ¿Hay muchos minerales contaminados? ¿Qué hacer entonces con ellos?
Todos los que se localizan en contextos geológicos donde exista alguna de las variedades “oficiales” de amianto, y que por tanto durante el proceso de extracción o explotación puedan verse contaminados, de forma accidental o, como el talco y la vermiculita, de manera habitual. En el caso del talco, compañías como Johnson&Johnson se han visto sometidas en los últimos años a 14.000 demandas desde 2016 y al abono de 5.000 millones de dólares en condenas, por usar un mineral contaminado con amianto.
¿Qué hacer en esos contextos geológicos? Igualmente, primero identificarlos e investigarlos, y después determinar el nivel de riesgo que puede suponer la extracción o explotación minera, o cualquier actividad que suponga la alteración de estas formas minerales.

¿Y en España?
En España, tenemos un contexto geológico donde existen y se han explotado afloramientos de amianto en la Sierra Bermeja malagueña, particularmente en la Sierra Alpujata y de Ojén, donde también existen explotaciones de talco, y se han aprovechado otros recursos minerales “colindantes” con el amianto, como la propia mica vermiculita, la magnetita o incluso la roca serpentina (roca madre de la que procede el amianto crisotilo), que se explota como roca ornamental (el conocido como “mármol verde”, es en realidad serpentinita).
Pero además de las variedades del amianto, tendríamos otros “sospechosos habituales”, minerales asbestiformes, es decir, que cristalizan en formas fibrosas o aciculares (agujas), pero que no se incluyen entre las formas convencionales de amianto: wollastonita, palygorskita, atapulgita, caolita, montmorillonita, zeolitas…; en algún caso se ha establecido la relación causal con enfermedades asbesto-relacionadas, como el mesotelioma, y en otros no (pero sí efectos fibrogénicos, neumoconiosis, por tanto evidentemente peligrosos). La erionita es un caso particular, de mineral fibroso no asbesto, con una más que merecida mala reputación: en algunas poblaciones de Turquía con el mayor índice de incidencia de mesotelioma en el mundo no hay amiantos… pero si erionita.

Como recordáis, en 1977, hace más de 40 años, la OMS clasificó al amianto dentro del Grupo 1 de cancerígenos seguros para los seres humanos. A pesar de ello, en el siglo XXI, países como Rusia, China, Brasil o Kazakhstan lo siguen produciendo. ¿Cómo se explica una inconsistencia así? ¿Qué sentido tiene seguir produciendo un mineral que es mortal para los seres humanos?
Paco Báez dedicaba a este asunto buena parte de su Amianto, un genocidio impune, así como otros textos publicados posteriormente. Se explica básicamente por la denominada “conspiración del silencio”, la intensa dedicación de la industria y de sus aliados por mantener en la ignorancia a los trabajadores y a la población: desde la corrupción de la ciencia y de los científicos, la desinformación o “suero de la mentira”, los Think Tanks, la guerra sucia, el tratamiento mediático, el chantaje de los acuerdos extrajudiciales con las víctimas, y un largo etcétera. A medida que en los países europeos y de Norteamérica y Australia se iban desarrollando prohibiciones en el consumo del amianto, la industria trasladaba su “target” comercial hacia el continente asiático, paises ex-soviéticos y latinoamérica. El esfuerzo de activistas a nivel mundial (muchas de ellas mujeres, que citamos en nuestro libro y a las que también está especialmente dedicado) ha ido arrinconando progresivamente a la industria criminal, sin embargo aún mantiene sus “feudos”.

Te pido un resumen: ¿cuáles son las principales enfermedades que causa el amianto? ¿Son todas ellas malignas? ¿Existe alguna enfermedad específica del amianto?
Uf…doctores tiene la iglesia, pero vamos allá: según el vigente cuadro de enfermedades profesionales, el amianto provoca asbestosis, afecciones fibrosantes de la pleura y pericardio que cursan con restricción respiratoria o cardíaca, neoplasia maligna de bronquio y plumón (cáncer broncopulmonar), mesotelioma, mesotelioma de pleura, mesotelioma de peritoneo, mesotelioma de otras localizaciones, y cáncer de laringe. Todas ellas son enfermedades letales o muy graves, incapacitantes, irreversibles e incluso progresivas. Estas serían las principales enfermedades que pueden relacionarse con la exposición al amianto, y que al estar en el cuadro dan derecho a Incapacidad Permanente con prestación social (en el caso de que se diagnostiquen y se admita por la seguridad social su relación con la actividad laboral). Pero no son las únicas que se relacionan con el amianto: tendremos otra serie, tal vez más numerosa que la anterior, de enfermedades que tienen o pueden tener origen en la exposición al amianto: cáncer de ovario, cáncer del aparato digestivo, cáncer de riñón, EPOC, cáncer de colon-recto, cáncer de páncreas, por citar algunas de ellas.
La asbestosis se relaciona exclusivamente con el amianto (como la talcosis con el talco, o la silicosis con la sílice libre). Pero la enfermedad o enfermedades más específicas del amianto serían los mesoteliomas. La exposición al amianto es un factor necesario para el desarrollo del mesotelioma, porque para ningún otro agente existe suficiente evidencia científica de ser factor etiológico. Por tanto, es ampliamente aceptado que la principal o única causa del mesotelioma es la exposición al amianto. Si unimos a esto que, además, no ha podido establecerse un nivel de exposición mínimo para desarrollar un mesotelioma, es ésta enfermedad la que caracteriza, más que cualquier otra, la letalidad y relevancia del amianto como agente cancerígeno.

¿Toda persona que ha tenido contacto con el amianto, tarde o temprano, generará alguna enfermedad con él relacionada?
No, claro que no. Como no todo el mundo que fuma o ha fumado desarrollará una enfermedad relacionada con el tabaco (la OMS establece que el 50% de los fumadores, activos o pasivos, si lo hará). No sabría decir qué porcentaje de personas expuestas al amianto pueden llegar a desarrollar alguna enfermedad. Pero sí que las personas altamente expuestas tienen muchas posibilidades de sufrir alguna de las enfermedades asbesto-relacionada. Así de crudo lo expuso la Doctora Inmaculada Alfageme, del Hospital Universitario de Valme, de Sevilla, que atendía a ex trabajadores de Uralita y sus familiares: “Los fallecimientos por el amianto son constantes y permanentes entre ex trabajadores y familiares directos, pero sin ser una epidemia. Los que tuvieron una exposición muy masiva al polvo de amianto han fallecido ya, y el resto de trabajadores presentan alteraciones más sutiles y progresivas. Hay poquísimos relacionados con Uralita que no tienen nada. Casi todos tienen algo. Son personas de riesgo por su exposición a esta sustancia tóxica. En la consulta los vemos una vez al año aunque no tengan nada aparente. Son personas que necesitan un seguimiento médico de por vida”.

No abuso más de tu generosidad, mil gracias. Una recomendación a los lectores: conviene leer esta magnífica guía visual editada por Ediciones del Genal…. Y un abrazo grande, muy grande, para el coautor de este magnífico libro: Paco Puche.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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