Los estatutos de la Asociación Internacional del Trabajo (AIT) o Primera Internacional, elaborados por Karl Marx, se abrían con la siguiente afirmación: “La emancipación de la clase obrera debe ser obra de los obreros mismos”
Esta sencilla y contundente afirmación es olvidada una y otra vez por las organizaciones, sindicatos y partidos que dicen defender o representar los intereses de los de abajo.
Así, dichas organizaciones acaban sintiéndose y presentándose a sí mismas como los verdaderos “motores y protagonistas” de la emancipación de las clases trabajadoras.
Cada una de ellas creería que es ella y no las “otras” la verdadera portadora de la estrategia correcta para la transformación progresista de la realidad: faro y guía, camino, verdad y vida.
Por si este carácter mesiánico fuera poco, suele ir acompañado de una alta auto apreciación moral – nosotros los buenos y honestos; los otros, traidores y trepas – ; y de un gran apego afectivo: sentimiento de fratria, de tribu, de un nosotros comunitario.
La organización pasa de ser medio más o menos eficaz, más o menos útil, a convertirse en fin en sí mismo: sin nosotros nada es posible.
Todo movimiento social produce individuos que por razones diversas van a convertirse en “dirigentes” de dicho movimiento. La crisis económica de 2007/08 generó una serie de respuestas populares que acabó constituyendo una elite de dirigentes presuntamente progresistas.
Tras diversos avatares – que no vamos a entrar a valorar – se desencadenó una lucha interna dentro de esta elite progresista por ver quién hegemonizaba el espacio político a la izquierda del PSOE.
El resultado de esa lucha ha sido a nivel electoral desastroso. Veamos las últimas cifras:
Elecciones europeas de 2019, Unidas Podemos, 2.258.857 votos, un 10,07%.
Elecciones generales del 23 de julio, Sumar (con Podemos dentro) 3.044.996, un 12,33%.
El 9 de junio, entre Sumar y Podemos, 1.383.447 votos, un 7,93%.
¿Es posible revertir este proceso de decadencia?
De otra manera, ¿es posible refundar la izquierda a la izquierda del PSOE?
Lo vemos difícil, pero sin duda que para ello hará falta una profunda auto crítica de todos, un serio análisis sobre la realidad tanto española como europea/global y la asunción de que todas las organizaciones son medios y no fines en sí mismas.
Esto último significa que más de un dirigente ha de dar un paso a un lado y ningún partido es el grano primigenio de arena en torno al cual crecerá la perla.
Volver a la sociedad civil, crear organización territorial, construir tejido social, religarse con los de abajo es lisa y llanamente pensar que “La emancipación de la clase obrera debe ser obra de los obreros mismos”