Israel: guerra contra el periodismo

Colonos israelíes propinaron una paliza a la fotoperiodista estadunidense Heidi Levine cuando cubría los ataques que sufren los agricultores palestinos durante la cosecha de la aceituna en Cisjordania reocupada. Levine, quien trabaja para The Washington Post, relató que realizaba su labor cuando vio a “más de 50 hombres enmascarados (…) Llevaban palos de madera (…) y creo que también barras de hierro. Entonces, de pronto, me atacaron”.

Con la mano izquierda envuelta en un grueso vendaje, describió cómo “llevaba un bolso con mi teléfono y terminaron arrancándome todo; después intentaron ponerme de pie, sólo para volver a tirarme al suelo y seguir pateándome”. El resultado pudo ser fatal si no hubiera portado casco y chaleco antibalas, así como de no haber contado con el auxilio de socorristas palestinos que la trasladaron a un hospital. Cuando finalmente intervino, el ejército israelí no protegió a la víctima, sino que alejó a los enviados de medios de comunicación para impedir que documentaran el ataque, una práctica habitual de las fuerzas invasoras en Palestina.

El intento de linchamiento a Levine es la más reciente de una serie de ataques de colonos ilegales contra comunicadores de medios occidentales. Apenas 10 días antes, el 6 de octubre, el fotógrafo de la Afp Jaafar Ashtiyeh recibió golpes con la culata de rifles, palos y patadas, además de disparos hacia su posición, por llevar a cabo la misma tarea que Levine: registrar la destrucción de los olivos que forma parte de las acciones de los grupos sionistas para arrebatar a los palestinos todos sus medios de subsistencia. El 29 de agosto, otra banda de colonos enmascarados se lanzó contra un equipo de NBC News. El 11 de julio, una partida cerró el paso a vehículos de CNN y otro medio, destrozaron uno de los parabrisas y amenazaron a los periodistas con barras de metal, piedras y un cuchillo. El equipo de prensa se encontraba en la localidad de Sinjil para cubrir el primer aniversario del asesinato de Sayfollah Musallet, un palestino-estadunidense linchado cuando visitaba a familiares en la zona al norte de Ramallah. Cuatro días después del asesinato de Musallet, el 15 de julio de 2025, colonos agredieron a empleados de CNN que realizaban la cobertura del hecho. Jeremy Diamond, corresponsal de la cadena en Jerusalén y víctima del ataque, informó que “ésta es únicamente una muestra de la realidad enfrentada por muchos palestinos en Cisjordania en medio de la creciente violencia de los colonos”.

Toda esta violencia es inaceptable y debe recibir una condena unánime, pero no puede compararse con el trato que Tel Aviv dispensa a los periodistas palestinos. De acuerdo con la cadena catarí Al Jazeera, desde octubre de 2023 hasta septiembre pasado Israel asesinó a 263 comunicadores palestinos. La Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos cifra en un mínimo de 242 a los periodistas palestinos abatidos desde el 7 de octubre de 2023 hasta agosto de 2025. Como se ha reiterado en este espacio, nunca tantos profesionales de la información han sido masacrados en el transcurso de un conflicto armado. Y nunca se ha documentado de manera tan exhaustiva que estas muertes no son accidentales ni “daños colaterales”, sino parte de una política sistemática de exterminio destinada a ocultar la verdad y enterrar toda esperanza de libertad del pueblo palestino.

Lamentablemente, la prensa corporativa global es cómplice de las agresiones que sufren los comunicadores a manos del régimen del prófugo de la Corte Penal Internacional Benjamin Netanyahu. Pese a la evidencia incontrovertible de que los ataques de colonos y soldados forman parte de una política de Estado, propietarios y directivos de los grandes medios se empeñan en llamar guerra al genocidio que tiene lugar en Gaza, legitimar el colonialismo, hacer pasar a los opresores por víctimas, estigmatizar como terrorismo a toda forma de resistencia palestina e inducir en sus audiencias opiniones favorables a un régimen criminal. A estas alturas, ningún medio, ningún informador, puede fingir ignorancia sobre la brutalidad del sionismo como proyecto colonial y la conducta homicida de los seguidores de esta ideología supremacista. Denunciar la violencia es un deber, pues las consecuencias de la complicidad no las pagan los propietarios ni quienes dictan la línea editorial, sino comunicadores de a pie.

https://www.jornada.com.mx/2026/10/17/edito.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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