La eñe, la ele geminada y la piulada de don Carles
Es evidente que estas cifras [las lenguas de Papua Nueva Guinea (840), Indonesia (710), Nigeria (524), India (453), Estados Unidos (335)…] resultan mareantes en comparación con un país como España donde se cuentan cuatro idiomas oficiales o cooficiales (español, catalán/valenciano, gallego y vasco) y algunos otros de menor nivel administrativo (aranés, asturiano-leonés, navarro-aragonés). Ni siquiera centrándonos en Europa puede decirse que España representa un tipo singular, pues otro siete países reconocen más de un idioma (Irlanda, Finlandia, Luxemburgo, Malta, Chipre, Kosovo, Bielorrusia y Noruega), ello sin contar otros como Francia o Italia que albergan varias lenguas en situaciones administrativas. En cualquier caso, quiero destacar que a escala europea el estado español ha sido escrupulosamente cuidadoso a la hora de reconocer los derechos lingüísticos de sus ciudadanos.
Angel López García-Molins, Repensar a España desde sus lenguas (2020)
Con la mayor brevedad, estamos casi en vacaciones y conviene no cansar. Un apunte sobre uno de los últimos tuits de don Carles Puigdemont.
Dos previas. La primera: diga lo que diga el presidente de la Generalitat (lo volvió a repetir el pasado martes) no existe un conflicto político entre Cataluña y lo que ellos llaman Estado español, Madrid o España dependiendo del lugar y circunstancias. Existe un conflicto político (construido, abonado, subvencionado, exagerado, calculado, tv3ficcionado) entre, por una parte, la ciudadanía nacional-secesionista (y colectivos afines) y las organizaciones, asociaciones, fuerzas políticas, sindicales e instituciones que están a su servicio (al tiempo que les dirigen y alientan), y, por otra, la ciudadanía no nacionalista de Cataluña, muy desprotegida institucional y asociativamente, una buena parte de la ciudadanía del resto de España y algunas instituciones del Estado que no han desfallecido.
No es lo mismo. Nada de Cataluña versus España o España versus Cataluña. Cuentos falsarios.
La segunda: el pasado miércoles, en el pleno del Congreso, Gabriel Rufián afirmó que la distancia que existía entre José MªAznar o Felipe González y Pedro Sánchez era mayor (no recuerdo si dijo mucho mayor) que la distancia entre un catalán secesionista y otro que no lo sea. Su objetivo: negar la necesidad de una mesa de diálogo, aquí en Cataluña, paralela a la mesa de diálogo entre los dos gobiernos. No sé cómo se mide la distancia a la que alude el diputado Rufián de ERC, pero como miembro del segundo colectivo, el de los ciudadanos de Cataluña que no somos secesionistas ni nacionalistas (ni siquiera ya catalanistas), puedo asegurarle que la distancia que sentimos, cada día con más fuerza, entre nosotros y el mundo nacional-secesionista .Cat se puede medir no en años-luz sino en siglos-luz. Poco o nada que ver y porque ellos han querido. Diga lo que diga don Rufián, a la mesa de diálogo (o de teatralidad del desencuentro) entre los gobiernos de la Generalitat y de España le falta una pata: nosotros, los no nacionalistas. Nadie nos representa, y menos que nadie el gobierno secesionista de la Generalitat.
Vayamos al tuit de don Carles.
El tuit fue respuesta a una foto institucional, con motivo del Mobile World Congress, que pudo verse en el pabellón de España. En una de les paredes aparece escrito «SPAIÑ», con Ñ final. No es errata mía, es un juego de letras con el nombre de España en inglés, Spain, más una de las letras que caracteriza al castellano, la eñe.
La traducción del comentario del eurodiputado nacional-secesionista de Waterloo, mejoro el original: “Cuando has puesto como símbolo del país una letra que no existe en algunos de los idiomas que se hablan [en España], es que esos idiomas no te importan nada, has renunciado a representar a sus hablantes y esperas asimilarlos a la lengua dominante. A eso se llama supremacismo lingüístico”.
¿Qué decir, qué pensar? Solo se me ocurre una cosa: que la hispanofobia fanatizada, el Vivales hace siempre que puede orgullosa ostentación de ella, conduce inexorablemente al más irracional irracionalismo, presentado éste como sentido común, como evidencia sin turbulencias, como corolario de un argumento impecable.
Un experimento mental: imaginemos que en la pared de un pabellón de la Generalitat de Catalunya hubieran escrito: “Catal.lonia (con ele geminada) no es Andorra”. ¿Ustedes logran imaginarse a algún ciudadano español con cabeza, del color político que sea, tuiteando que el uso de tal signo (usado en muy pocos idiomas del mundo, incluidos los de España que no sean el catalán o el aranés [1]) es una prueba irrefutable de que a las instituciones catalanas no les importan un higo las otras lenguas que se usan en Cataluña, que han renunciado a representar a sus hablantes y que aspiran a asimilarlos a la lengua oficialmente dominante [2], y que todo ello es clara demostración de supremacismo lingüístico?
Me esfuerzo, pero no consigo pensar en nadie que pudiera escribir un tuit así. Pero don Carles V(ivales), en cambio, sí puede escribirlo y no pasa nada, todo sigue igual en el mundo nacional-secesionista. ¡España es una m. y punto, y el juego lingüístico con la eñe es signo evidente de opresión, colonización, represión, maltrato y menosprecio! Y así siguiendo… hasta sin razón plena.
Pocos comentarios como este tuit resumen mejor el irracionalismo político-cultural de la ideología, el marco conceptual, la cosmovisión, como prefieran, del nacional-secesionimo. Que alguien como el autor de esas líneas pueda tener miles y miles seguidores, o pueda ser tratado con guantes de seda, ayudado en sus aventuras y huidas, o incluso elogiado, por gentes que se dicen de izquierda, algunos de ellos dirigentes o ex dirigentes de Unidas Podemos, son dos misterios políticos de imposible comprensión por el momento.
Pero ahí estamos. Que no sea por mucho tiempo.
Notas
1) Según Wikipedia, se usa también en belsetano, una variante dialectal del aragonés, y en transcripciones del coreano.
2) Dicho sea de paso, todas estas afirmaciones pueden considerarse verdaderas en lo que respecta al uso oficial del castellano en Cataluña, según las intenciones y aspiraciones del nacional-secesionismo. Pero éste es otro tema.