Miguel Candel es profesor emérito de Filosofía, colaborador de Crónica Política y El Viejo Topo y dirigente de AIREs (Alianza de la Izquierda Republicana española).
Añado a lo que dice Carlos: tampoco aparece mencionado ni una sola vez el partido BSW. Para ellos sí que ha funcionado a la perfección el cordón sanitario.
Yo, personalmente, con la información que tengo, que seguramente no es suficiente (¿cuándo lo es?), creo que sí sé lo que haría como miembro de BSW (que, por cierto, parece que tienen previsto llamarse finalmente con uno de sus eslóganes electorales: Vernunft und Gerechtigkeit, «Razón y justicia»): propondría abstenerme en una hipotética votación de investidura del candidato de la AfD. Ni votar a favor (lo que sería el harakiri para un partido de izquierda) ni sumarme al cordón sanitario (que no hace sino mantener engañados a millones de personas sobre las presuntas virtudes democráticas de los partidos del «extremo centro», los mismos que impulsan la escalada armamentista para ir a la guerra contra Rusia, se dejan chulear por los EE.UU. poniendo la otra cara (porque no tienen más), persiguen a los manifestantes propalestinos y amañan recuentos electorales en perjuicio de partidos como BSW, inter alia, multa alia). Que cada palo aguante su vela. Por una cuestión de principio: no es democrático ignorar la voluntad política (equivocada o no) del 43% del electorado. Y por una cuestión táctica: el cordón sanitario sólo sirve para engordar electoralmente a AfD al hacerla aparecer como víctima de un sistema ampliamente desprestigiado: los enemigos de mis enemigos… Yo les diría a los de la AfD aquello de «Hic Rhodus, hic salta». Que la gente compruebe en la práctica qué ventajas y qué desventajas ofrece un gobierno de AfD (partiendo de la base que, por más afinidades ideológicas que estos tengan con los nazis, es impensable que en las actuales circunstancias sean capaces, aunque quisieran -que no creo-, de generar la movilización social reaccionaria y armada que aquellos generaron). Las comparaciones ideológicas para juzgar la continuidad o no del fascismo no bastan: lo crucial es estudiar la naturaleza de los movimientos de masas que presuntamente constituyen su base actual y potencial. No es lo mismo una base social formada por escuadristas que una formada por tertulianos.
En cuanto a los piadosos deseos de quienes buscan una alternativa a Alternativa por Alemania dentro del sistema, no deberían olvidar que en la naturaleza (incluida la naturaleza de las sociedades humanas) hay un principio fundamental de asimetría manifestado, por ejemplo, en las leyes de la termodinámica: es infinitamente mayor la probabilidad de que una vasija se rompa que la probabilidad de que sus fragmentos vuelvan a juntarse. Por eso, tratándose del vidrio, sólo cabe volverlo a fundir. Aplicado a los corruptos sistemas democráticos occidentales: la solución no es refundarlos, sino refundirlos. ¿No era eso, de hecho, lo que significaba «revolución»? Claro, lo que viene ahora no es eso, sino la contrarrevolución en estado puro (en estado impuro lo ha sido durante los años transcurridos desde 1945). Pero lo importante no es cómo empiece la refundición (la izquierda es incapaz de iniciarla), sino cómo acabe. Ahí estamos. Y como canturrean los bailadores de sardanas, «tots som pocs».
MC