Miscelánea 05/V/2023

Del compañero Carlos Valmaseda, miembro de Espai Marx
1. Entrevista a Étienne Balibar.
2. La bandera roja de Reichstag en el espacio.
3. Será un Kennedy, pero lo que dice es sensato.
4. Anti-Malm.
5. Tres anillos
6. Un mundo bipolar, no multipolar.
7. La imagen del día: «La fiesta de primavera».

1. Entrevista a Étienne Balibar

Hacía mucho que no leía nada suyo, y me ha parecido que tiene elementos interesantes.

La fuente permanente de la vida democrática es su elemento insurreccional”

La fuente permanente de la vida democrática es su elemento insurreccional”

Francesco Brancaccio / Francesco Pavin (Global Project) 3/05/2023

En esta entrevista con el filósofo marxista Étienne Balibar, realizada en abril en París, se discuten aspectos estratégicos, de composición social y política, de prácticas y de valores de los movimientos de protesta en Francia, fundamentalmente del movimiento contra la reforma de las pensiones y el movimiento Soulèvements de la terre contra la devastación de los ecosistemas rurales. A día de hoy, el pueblo francés continúa con las espadas en alto, sin que aún pueda hablarse de derrota o de victoria, mientras las luchas en Francia, al igual que la guerra en Ucrania, permanecen ausentes de las discusiones sobre la unidad de la izquierda en España.

Hemos escuchado tu presentación en el taller sobre la huelga que tuvo lugar en la Universidad de París 8 Saint-Denis-Vincennes. Me pareció muy interesante el concepto de “insurrección democrática” que propones. Lo has tratado añadiendo otro aspecto importante: que la insurrección no es algo que vendrá o que esté por venir, sino que es algo que ya está aquí y ahora. ¿Te importaría volver sobre este punto?

Sí, la insurrección no es algo que esté por venir: está teniendo lugar en este momento. He utilizado este término a propósito, porque no me parece que haya otros mejores, pero por supuesto tenemos que discutir el significado que le damos. Remite, por lo demás, a cosas que he escrito hace bastante tiempo y que sigo defendiendo. No rechazo el término democracia, al contrario: creo que la raíz permanente, la fuente permanente de la vida democrática es precisamente su elemento insurreccional, es decir, el rechazo del orden existente, dominante y desigual. Durante mucho tiempo he trabajado con un par antitético, insurrección-, que se parece un poco al par poder constituyente-poder constituido de Toni [Negri]. 

Y luego hay una tradición en el uso de este término que viene de la Revolución Francesa y también del contacto que tuve con los norteamericanos y sudamericanos; y de la gran avenida de la Ciudad de México que se llama Insurgentes; y de la Revolución Americana, que utilizó mucho la categoría de “The Insurgents”. Y además es una palabra de la Comuna de París. Así que me parece importante utilizar este término porque conserva la idea de ruptura con el poder y, en consecuencia, con lo dominante.

Estoy de acuerdo con esta lectura, porque da la posibilidad de imaginar y construir nuevas instituciones a partir de la parte más cercana a la gente, el territorio. Por ejemplo, el otro día hablábamos del municipalismo.

Sí, qué duda cabe, pero tampoco quiero enredarme en esta discusión. Hubo alguien que hizo una intervención muy interesante durante el debate, evocando Rojava e introduciendo el tema del municipalismo en el sentido de Murray Bookchin y otros. Esta es también una perspectiva muy interesante, pero no quiero que penséis que imagino una especie de reconstrucción anarquizante del sistema político en la que todo se base en las comunas municipales.

Creo que es muy importante refundar la práctica democrática en contacto con luchas y elementos muy fuertes de autogestión a nivel local. Pero justo después en el debate empezamos a hablar del Estado, de los servicios públicos. Si reflexionamos sobre estos elementos, no creo en absoluto que en un contexto como el del Estado en Francia, y más en general en Europa, se pueda abolir el Estado y poner en su lugar una federación de comunas municipales.

Francia es un país, como se suele decir, jacobino o bonapartista –a veces hay una gran confusión entre estos dos aspectos–, y luego hay raíces aún más antiguas que lo convierten en un país en el que el centralismo estatal es absolutamente monstruoso. Se trata de una ideología compartida tanto por la derecha como por la izquierda. Toda la sociedad está organizada en torno al poder central. Por eso tenemos que hacer un esfuerzo muy importante para deconstruir, como decía uno de mis maestros, Jacques Derrida, esta representación totalmente vertical o verticalista de lo político.

Reflexionando de nuevo sobre la relación entre insurrección democrática e instituciones, compartimos desde luego la perspectiva de la insurrección como elemento fundador y dinámico de la democracia. Pero si hablamos de instituciones del Estado, esta perspectiva implica claramente que las instituciones son capaces de reformarse a sí mismas a partir del momento insurreccional. Ahora bien, el problema es que las instituciones –al menos, las estatales– no responden hoy dinámicamente al impulso insurreccional, por ejemplo, reformándose. Al contrario, la situación política, en el caso de Macron y su gobierno, está completamente cerrada y me atrevería a decir que bloqueada.

Claro, estoy de acuerdo. No albergo ilusiones sobre las capacidades –y si queréis hablamos también de Macron– de democratización endógena del sistema estatal en su forma actual y a partir de sus propias instituciones. La cuestión es si tenemos un concepto puramente estatal de lo que llamamos instituciones, o si intentamos tener un concepto más amplio de instituciones. Hay una tradición también en el pensamiento de izquierdas –y aquí estoy muy lejos de lo que aprendí de mi maestro Althusser, he evolucionado en este sentido– que tiene que ver con el pensamiento crítico, en el sentido amplio del término, que utiliza la categoría de institución en un sentido mucho más amplio, más activo, más revolucionario que la acepción jurídica y estatal del término. Por ejemplo, Cornelius Castoriadis hablaba de la institución imaginaria de la sociedad; Miguel Abensour empleaba la idea de la capacidad instituyente de los movimientos populares, etc. Son formas de decir que los movimientos que cuestionan la verticalidad del Estado o el monopolio de las clases dominantes sobre el gobierno de la sociedad no son solo movimientos que destruyen, sino que inventan, que organizan, que proponen formas de organizar la sociedad.

¿Qué diferencia crees que hay entre este movimiento y los anteriores (el movimiento contra la Loi Travail, los Chalecos Amarillos, etc.), respecto al hecho insurreccional?

En mi opinión, los otros movimientos también pueden calificarse de movimientos insurreccionales.

¿Existe entonces una continuidad entre estos diferentes movimientos o momentos de la misma tendencia insurreccional?

Sí, claro.

¿Se podría hablar incluso de una insurrección que estaría cobrando un carácter permanente?

Quiero tener los pies en el suelo y ser realista. No hay que perder de vista que, de alguna manera, desde hace varios años –es difícil fijar un punto de partida preciso–, los movimientos sociales que vemos en Francia tienen todos al principio un carácter defensivo. Son movimientos que reaccionan con mayor o menor fuerza, con pasión me atrevería a decir, con esperanza política, al trabajo de demolición que está llevando a cabo el poder neoliberal en Francia. Todo esto está lleno de paradojas: cuando uno se pregunta qué imagina Macron en este momento, qué tiene en la cabeza, sencillamente se puede decir que quiere ser la Margaret Thatcher francesa. Macron piensa así. Aunque no soy extraordinariamente optimista sobre la correlación de fuerzas, creo que las condiciones que permitieron a Margaret Thatcher obtener una victoria casi total sobre el movimiento obrero británico y en particular sobre el sindicalismo y, más en general, sobre la sociedad, las clases trabajadoras, no son las mismas en Francia.

De todos modos, surge una cuestión y es la siguiente: ¿por qué el capital financiero necesita una Margaret Thatcher en Francia en 2023? ¿Por qué el capitalismo francés lleva cuarenta años de retraso con respecto a otros países similares en el desmantelamiento del estado del bienestar que se creó tras el final de la Segunda Guerra Mundial? Se podría escribir una larga historia al respecto.

Hay varias razones, pero lo que es seguro es que todos estos movimientos, uno tras otro, presentan sobre todo un carácter defensivo. En todo ello hay también elementos de desesperación, un aspecto que me llama mucho la atención. El día 5 de abril, en el debate de París 8, en la intervención de una compañera joven, surgió una verdadera desesperación de una categoría de estudiantes que ya no comen; en un sistema universitario que se desintegra progresivamente, los jóvenes tienen la impresión de que su futuro es oscuro.

Luego estaba el compañero que hablaba en nombre de las banlieues. Podríamos pensar que es bueno que haya alguien que venga a decirnos que no hay que olvidar a los inmigrantes, que no hay que olvidarse de las banlieues, pero en el hecho de que hablara con tanta vehemencia vi algo más: que la vida es insoportable en las banlieues. Entonces, cuando se dice que el movimiento olvida estas cosas es verdad y mentira a la vez, porque lo interesante de lo que está pasando ahora es que, si tomamos la huelga de los basureros o incluso las manifestaciones, no hay una fractura racial insalvable que separe a los inmigrantes de los trabajadores “franceses”.

Pero el problema existe como tal, y si intentamos reflexionar sobre el futuro o las posibilidades de un movimiento insurreccional o una insurrección pacífica en un país como Francia, no tardamos en preguntarnos cómo superar las fracturas entre la clase obrera en el sentido tradicional del término, por un lado, y, por otro lado, la juventud en paro de las banlieues que desciende masivamente de inmigrantes de las antiguas colonias francesas. No existe el abismo que describen algunos teóricos radicales de la “lucha de razas”, sino un problema, una contradicción. Con este tipo de problema en mente, en el breve texto publicado enL’Humanité –¡sólo disponía de 3.000 caracteres!– utilicé la famosa fórmula del presidente Mao sobre las “contradicciones en el seno del pueblo”. Hay muchas cosas del presidente Mao que no me gustan, pero creo que esta fórmula es muy importante.

Pero es precisamente el elemento insurreccional el que permite no limitar los movimientos a su carácter defensivo.

Me parece importante que en la Nuit Debout, en el movimiento de los Chalecos Amarillos y en las huelgas actuales contra la prolongación de la edad de jubilación no solo haya habido desesperación, así como que no se trate únicamente de luchas defensivas. Estos movimientos aportan también una dimensión constructiva, un elemento de esperanza y de imaginación para el futuro. No se trata solo de defender conquistas, por fundamental que sea la defensa de estos logros. Cada vez está más presente la doble idea de que la sociedad puede organizarse de otro modo y de que, por otra parte, las personas de abajo, como diría nuestra tradición política común, tienen una capacidad real de hacer que la sociedad funcione de forma diferente.

Desde luego, hay experiencias recientes que han tenido que desempeñar un papel importante para alimentar esta idea. No es una cuestión de espontaneidad. No creo que la idea de la gente que sale a la calle sea: “Somos el pueblo, tomemos las cosas en nuestras manos” contra esta casta de oligarcas y tecnócratas. No creo que la gente crea –esto es un poco el mito de la Comuna de París– que basta con tener asambleas del pueblo para gobernar un país. Son perfectamente conscientes de que no solo hacen falta funcionarios, sino también organizaciones y estructuras. Pero quienes nos gobiernan han demostrado recientemente que hay una especie de impostura en la pretensión de las clases dirigentes de ser las únicas capaces de gobernar.

La covid-19 ha sido una experiencia muy interesante a este respecto. Tanto en los hospitales como en las escuelas o los institutos, todo se habría derrumbado, nada habría podido funcionar si el colectivo del personal de los hospitales o el de los profesores no hubiera compensado las contradicciones y el desorden provocados por las instrucciones que venían de la administración central.

De esta guisa, el pueblo ha experimentado una capacidad colectiva de organización y de gobierno, y sabe que este poder tecnocrático neoliberal que pretende gobernarlo todo provoca en realidad desórdenes por todas partes. Por supuesto, podemos y debemos plantearnos la cuestión de si no existe una estrategia perversa –y volvemos así a nuestro punto de partida– y totalmente deliberada para desorganizar los grandes servicios públicos al objeto de favorecer su privatización, es decir, de instaurar sistemas de servicios fundamentales totalmente privados y organizados con arreglo a las clases, un sistema con los ricos o ultrarricos con escuelas privadas, hospitales privados, clínicas privadas, pensiones de capitalización, etc., por un lado, y el pueblo llano con servicios degradados, por otro lado. A pesar de que elementos de la tradición de la “République Sociale” han retrasado relativamente este proceso, las cosas también están mal en Francia: basta con acudir a una cita hospitalaria para comprobar que hay escasez de personal. Así que puede ser que haya una estrategia perversa por parte del poder: de hecho, vemos que mientras afirman querer salvar los servicios públicos, están echando abajo todo.

Para terminar sobre este punto, no estoy diciendo que el movimiento social al que asistimos, que viene después de otros movimientos, vaya a conseguir más que los anteriores invertir el curso de esta historia, de esta política. Sin embargo, me impresiona mucho el hecho de que, cada vez que se presenta la ocasión, cada vez que se defiende algo esencial, resurge esta doble dimensión constructiva y esperanzadora.

Y hay algo más que invita a la reflexión: los Chalecos Amarillos, por ejemplo, fueron tan populares porque mucha gente en Francia pensó que esas personas hablaban en nombre de todos nosotros y luchaban por nosotros. No es un movimiento que involucrara a una mayoría de ciudadanos franceses; la “Nuit Debout” tampoco lo hizo, aunque por motivos distintos. No hay que idealizar el movimiento actual, no todo el mundo participa en él de la misma manera, pero en este sentido creo que los sondeos son reales cuando muestran que una gran mayoría de franceses apoya el movimiento.

Y hay otros indicios: si una inmensa mayoría de trabajadores, precarios o no, no estuvieran ahogados por el aumento del coste de la vida y por unos salarios cada vez más bajos, tendríamos cuatro o cinco veces más gente en las huelgas y manifestaciones. He leído el texto de Frédéric Lordon, que afirma que el poder ahora solo se mantiene gracias al hilo que lo une a la policía y a Darmanin [ministro del Interior]. Este análisis no me parece correcto: el poder tiene todo tipo de recursos, incluida una Francia de derechas o de extrema derecha con la que puede aliarse. Pero lo cierto y sorprendente es que el poder se encuentra en un estado de aislamiento y de impotencia política.

(…)

Si miramos a Francia con una perspectiva europea, ahora mismo, tiene una dimensión de lucha institucional que otros países no tienen. ¿Cómo te lo explicas?

Sí, es impresionante, aunque debo tener cuidado de no caer en el narcisismo.

Creo que es importante hacerse esa pregunta, también porque has hablado de esperanza. Y estamos de acuerdo, también necesitamos esperanza. En tu opinión, ¿este “modelo francés” de luchas podrá llevar a que se muevan otros países europeos? Pienso en Alemania o Italia, por ejemplo.

Ay, amigo, no lo sé. Porque precisamente he vivido la esperanza, seguida más tarde por la desilusión, de que se creara en Europa algo así como un espacio político común, en el que no solo pudieran circular ideas y proyectos organizativos, sino también en el que los movimientos sociales y políticos surgidos de abajo pudieran animarse y reforzarse mutuamente.

Nunca pensé que desaparecerían las fronteras; soy muy consciente de que las tradiciones nacionales son fuertes, de que el poder se organiza a escala nacional y de que las luchas obreras y, más en general, populares, también. Sin embargo, yo creía no solo en el internacionalismo, sino también en la internacionalización de las dinámicas políticas. Y esta idea alimentó en mí y en otros la esperanza y el objetivo de poner en marcha un movimiento constituyente, expresión que utilicé en el momento de la crisis griega en un texto escrito junto con Sandro Mezzadra y Frieder Otto Wolf, y no es casualidad que lo firmáramos un francés, un alemán y un italiano. Sandro había mencionado ese concepto, un “momento constituyente para Europa”, y a partir de ahí escribimos juntos. Nos referíamos a una alternativa política concebible a escala de la propia Europa, y a nuestro juicio esta cobraba aún mayor importancia en la medida en que todos rechazábamos el nacionalismo, el soberanismo que tanta influencia tiene en una parte de la izquierda de cada país.

Cada cierto tiempo hemos nutrido la esperanza de que causas comunes a todos los pueblos de Europa pudieran servir de cemento para la cristalización, para el cambio de escala del espacio de las luchas sociales y políticas, algo tanto más necesario cuanto que se trata de un recurso fundamental utilizado por el capitalismo actual para organizar los poderes de decisión real tanto en el plano nacional como supranacional. En el plano transnacional, ya no existen formas de protesta, al menos en apariencia, a excepción del nacionalismo.

Para nosotros, las causas en juego eran otras. Pensábamos que era el apoyo a experiencias de izquierda o de extrema izquierda, como Syriza en Grecia o Podemos en España, la resistencia a la financiarización extrema. También pensábamos que era la defensa de los derechos de las personas migrantes y refugiadas.

El movimiento contra la crisis climática, “fin du monde, fin du mois”, quizás pueda ser una respuesta en este sentido para repensar una nueva dimensión que cruce fronteras.

¡Ahí estamos de acuerdo, amigo! Es el candidato más serio a una transnacionalización de las luchas, y quizás nos hayamos equivocado al no hablar de ello hasta ahora. Y aquí tocamos otra contradicción en el seno del pueblo. Es muy interesante y puede ser decisivo que en este momento haya en Francia, al mismo tiempo, aunque no a la misma escala, un movimiento de protesta social y de defensa de las conquistas del estado del bienestar, por un lado, y por otro un movimiento cada vez más visible contra la destrucción del medio ambiente, y en particular contra la política del capitalismo extractivo del medio ambiente. Se trata de una causa potencialmente transfronteriza.

Eso sí, no hay una fusión absolutamente espontánea de los dos, y precisamente por eso, como muchos otros, digo que la discusión debe desarrollarse entre las las bases, y por supuesto con mediadores, sindicalistas y tal vez intelectuales, para garantizar que la gente hable, que la situación no se quede empantanada. Por un lado –y quede claro que no quiero presentarlo de forma caricaturesca– tendríamos trabajadores que tienen interés, o que creen tener interés en que continúe el productivismo, porque de ahí se deriva su empleo, su nivel salarial; y por otro lado, jóvenes y no tan jóvenes –y yo soy uno de ellos– que están apegados a la idea de que solo podemos salvar algo del medio ambiente a condición de que nos comprometamos con la vía del decrecimiento. Esto es potencialmente transnacional.

El concepto de decrecimiento. Durante mucho tiempo no nos hemos adherido a esta visión del decrecimiento. Creo –y éste es el debate que tenemos dentro de la comunidad política a la que pertenezco– que debemos adoptar esto como un punto cardinal de lucha.

Yo también lo creo, pero tenemos que ser serios y explicar que el decrecimiento no es el cierre de todas las fábricas y la vuelta a la vida de los cazadores-recolectores amazónicos. Es una transformación de la sociedad industrial.

Y, por lo tanto, también un rechazo de este modelo capitalista de sociedad industrial que destruye la vida.

¡Sin duda!

Quizá podamos formularlo de esta manera: se trata de reflexionar y comprometerse concretamente en la cuestión estratégica de cambiar el modo de producción.

Sí, precisamente, se trata de un cambio del modo de producción, y me refiero aquí a la definición elemental de la expresión “modo de producción”.

Y en este necesario cambio de modo de producción también hay cosas que tienen que “crecer”, como los servicios públicos, las actividades asistenciales, la circulación del conocimiento, la educación, etc.

Sí, claro, y aquí es donde llegamos al meollo del problema, porque hay que estudiar la necesidad de una planificación democrática. Es decir, una planificación que implique la iniciativa de toda la población desde abajo (y no el Gosplan que viene desde arriba) en la transformación de los modos de vida y de los servicios. Si se dice que hay que reorganizar la sanidad y los servicios médicos, se llega inmediatamente al meollo del problema. La gente tiene tumores; la vida humana está hecha de fluctuaciones permanentes entre lo normal y lo patológico de distintas maneras, y para hacer que todo esto sea soportable hacen falta una serie de medios técnicos, y por ende hay que producirlos, no se trata de volver a ser campesinos en la Edad Media.

Y a este respecto cabría trazar un vínculo entre este tema ecológico y la reforma de las pensiones. En la Universidad de París 8 insististe en la importancia del hecho de que la movilización comenzó en torno al rechazo de la reforma de las pensiones, y que el tema de las pensiones no es solo un “pretexto” para oponerse a las políticas de Macron en general, sino una cuestión fundamental sobre qué tipo de sociedad queremos construir. Es un asunto decisivo, porque está en juego la relación entre el tiempo de trabajo y el tiempo de vida; y el cambio en el modo de producción implica también eso, repensar esta relación desde una perspectiva ecológica. Abandonar la carrera a ciegas del productivismo probablemente signifique preguntarnos qué debemos producir y cómo debemos hacerlo, y reflexionar sobre el hecho de que hay una serie de actividades en nuestra vida que ya, aquí y ahora, no responden a la lógica mercantil y que han de ser reforzadas.

El tema de las pensiones plantea toda una serie de cuestiones políticas muy interesantes. Un tema que surge constantemente en los discursos de la clase dirigente en este debate es: “¿Cómo vamos a defender a escala europea un sistema de pensiones que presenta una disparidad total respecto a lo que se hace en todos los demás países europeos? En todas partes la edad de jubilación es de 65 o incluso 67 años, como en Alemania o Italia, y vosotros en Francia os jubiláis a los 62 años, ¡sin dar un palo al agua! No se pueden defender tales privilegios!”. Esto se complementa con el discurso de Macron, que no para de repetir que los franceses no trabajan lo suficiente, que son perezosos.

Podríamos entrar en detalle para entender qué hay detrás de la abstracción de estas cifras, es decir, hasta qué edad trabaja realmente la gente en otros países europeos, y también en Francia, teniendo en cuenta que el límite de edad de 62 años no significa desde luego que todo el mundo acabe a los 62 años, a veces están en paro con esa edad o siguen trabajando más años porque el importe de su pensión a los 62 sigue siendo demasiado bajo. 

Y luego podríamos adoptar el punto de vista de que, en lo fundamental, cuanto más puedan protegerse los trabajadores de la sobreexplotación, mejor para ellos y, en ese sentido, en lugar de culpar a los franceses por trabajar menos que los italianos y los alemanes, ¡deberíamos desear que los italianos y los alemanes se jubilaran antes!

Lo dije rápidamente en mi texto: sorprende comprobar hasta qué punto el debate sobre las pensiones verifica el concepto marxista o marxiano, muy sencillo pero fundamental, del valor de la fuerza de trabajo y de su explotación. A condición, claro está –y esto está en la propia lógica de Marx, creo yo–, de que salgamos del punto de vista microeconómico, es decir, de creer que el valor de la fuerza de trabajo sólo se define a escala del día y del año.

Por el contrario, es un concepto que atañe a toda la vida del trabajador. Si nos planteamos el problema de saber a qué precio se compra y se vende la fuerza de trabajo, vendida por los trabajadores y comprada por el capital, es evidente que en el sistema actual –y esto no era así en la época de Marx– debemos incluir en este valor tanto los salarios que las personas ganan durante su vida como las pensiones que cobran después. Y así, desde este punto de vista, la ofensiva actual del capital francés consiste en ejercer la máxima presión sobre esa remuneración total. Es la misma lógica que encontramos en el capítulo de El Capital dedicado a la jornada de trabajo, salvo que aquí no razonamos en el plano de la jornada de trabajo, sino de toda la vida.

Si planteamos el problema en términos de distribución del valor producido por el conjunto de la sociedad, me parece que la cuestión cambia de sentido. La desigualdad de la distribución no deja de crecer bajo el sistema actual; el desmantelamiento de las conquistas tradicionales de la seguridad social y del sistema de pensiones forma parte de los medios que utiliza el capital para reducir aún más el precio al que compra la vida de los trabajadores. Por lo tanto, ¡la defensa de todos los aspectos de esa remuneración, directos e indirectos, es el meollo de la lucha de clases!

Llegados a este punto, más que preguntarse si es justo jubilarse a los 62, 65 o 67 años, la pregunta que hay que hacerse es si los trabajadores, incluidos los de los servicios, es decir, los que constituyen la inmensa mayoría de la sociedad, tienen lo suficiente para vivir digna y correctamente en el mundo actual. La respuesta es la siguiente: aunque es cierto que partimos de un nivel muy alto, porque los países del Norte se han beneficiado de la imposición imperialista, y el movimiento obrero ha impuesto muchos compromisos al capital durante siglo y medio, la tendencia general se encamina a la precariedad, a la proletarización de los niveles de vida.

Pero hay otro aspecto del sistema de pensiones en el que hay que insistir, y es el que has mencionado antes: no solo se trata de cómo se distribuyen los productos del trabajo, teniendo en cuenta las grandes desigualdades que existen entre hombres y mujeres, sino sobre todo de cómo se divide la vida entre trabajo y actividad libre.

El trabajo es una categoría que tiene que ser discutida, reflexionada, criticada; es cierto que una tradición en el marxismo contemporáneo, pienso en Postone y otros, afirma que la noción misma de trabajo es una noción capitalista. Esto es cierto. Aunque Marx escribió que el objetivo de la sociedad comunista es reducir el tiempo de trabajo al máximo para liberar tanto tiempo como sea posible para la actividad libre, en realidad –podría equivocarme– no creo que el trabajo sea lisa y llanamente esclavitud. Por el contrario, creo que podemos y debemos pensar que hay en el trabajo una condición que hay que organizar de otra manera para realizar la propia vitalidad, la propia potencia de acción.

Sin embargo, lo cierto es que, por otra parte, hoy es fundamental saber si los individuos y las sociedades disponen de tiempo libre para actividades distintas que las que están al servicio de un empleador. En este debate sobre las pensiones, se ofrece una imagen caricaturesca del pensionista como alguien que está sentado en su sofá delante de la televisión –es la imagen caricaturesca del prolo francés, que vive a mesa puesta por su mujer y que el día de la jubilación se sienta en el sofá con su cigarrillo a ver la televisión–. Pero eso no es lo que hacen los jubilados.

Participan por ejemplo en actividades asociativas, en la economía social y solidaria; realizan múltiples actividades que participan en la producción de riqueza en la sociedad.

¡Ya lo creo! Y esto se pone de manifiesto si hacemos hincapié en la importancia de los cuidados, los servicios y la solidaridad. Marx tenía buenas razones para decir que el trabajo se socializa, pero el trabajo que se organiza en formas capitalistas crea muy poca solidaridad en el seno de la sociedad. Y por eso es interesante comprobar que las personas que ya no están obligadas a ir todos los días a su oficina, a su empresa, son las que transmiten su vitalidad, su conatus, que diría Spinoza, al campo de las actividades asociativas, sin las cuales la sociedad no podría vivir. Se trata, por lo tanto, de personas sumamente útiles. Y no hay que preguntarse cómo se evalúa el valor mercantil de sus actividades, porque no son actividades mercantiles. No digo que sea el comunismo, no lo sé, pero sin duda es el no-capitalismo, sin el cual las sociedades no podrían sostenerse.

Es tal vez lo que podemos llamar la comuna.

Por supuesto, es una forma de comuna, una de las formas de comuna. La imagen caricaturesca del pensionista es la del ultraindividualismo. Hay muchas cosas que van en este sentido: hace unos días leía un artículo en Le Monde que decía que el debate francés sobre las pensiones tenía que provocar estupor al lector del Québec, porque allí tienen el mejor sistema de pensiones del mundo. Ese sistema se basa en las capitalizaciones individuales, y son capaces incluso de explicar que los fondos de pensiones invierten eligiendo, de manera ética, inversiones “limpias” en todo el mundo, desde África hasta China, ¡lo que significa que su sistema sería un sistema internacionalista y no nacionalista! Cada cual trabaja para sí mismo, cada cual contribuye para sí mismo y, al final de la historia, ¡cada cual vive solo y muere solo! No digo que el problema de las pensiones lo sea todo, y además tengo una tendencia hacia lo que Hegel, y luego Marx, llamaban empirismo especulativo, es decir, que cuando pasa algo lo abordas como una apuesta teórica fundamental. Pero desde luego no es una batalla conservadora.

No tiene nada de conservador, y si la “jeunesse”, los protagonistas del movimiento y de los “débordements” después del recurso al art. 49.3, se han tomado la cuestión de las pensiones tan en serio y tan a pecho, es porque ven en esta batalla algo que remite inmediatamente a la cuestión de la vida de la sociedad, y de ahí a la cuestión de la vida del planeta, de la ecología. Sobre esto circulaba un cartel muy divertido: “Quiero jubilarme antes del fin del mundo”.

¡Sí, son muy graciosos! Tal vez podamos ver en sus consignas y en su experiencia una manera de articular orgánicamente la cuestión de la precariedad y la de la jubilación. En algunos aspectos, la jubilación es la antítesis de la precariedad. Puede parecer paradójico, aunque no lo es, que los jóvenes, cuyo primer problema consiste en comprender las condiciones en las que van a poder encontrar un trabajo, no anden buscando la seguridad, como si fueran pequeños burgueses.

Su objetivo no es sólo tener un sueldo a fin de mes, aunque eso sea importante. Les gusta hacer otras cosas en su vida y no limitarse a ir a la oficina. Y a este respecto el teletrabajo no resuelve nada. Quieren hacer otras cosas en su vida, militar por la ecología o inventar nuevas actividades artísticas y culturales, pero su problema inmediato es la precariedad. Por un lado, se les impide hacer planes personales y, por otro lado, se les echan abajo las formas de empleo que se han venido construyendo prácticamente a lo largo de un siglo.

Esta entrevista se publicó en italiano en Global Project

Traducción de Raúl Sánchez Cedillo.

2. La bandera roja de Reichstag en el espacio

Ya sé que para los rusos ahora esa bandera no tiene tanto un significado ideológico comunista sino más bien nacionalista. ¿Pero a quién no le gusta esta imagen de la bandera «ondeando» en el espacio? https://twitter.com/

3. Será un Kennedy, pero lo que dice es sensato

En las campañas electorales se dice cualquier cosa que se crea que da votos, así que es interesante plantearse por qué un Kennedy dice estas cosas. ¿Cambia la opinión pública en EEUU?

Sobre la guerra de Ucrania y las relaciones con Rusia: https://twitter.com/

Sobre la inmigración: https://twitter.com/

El aspecto más crucial de la crisis de la inmigración rara vez se discute: ¿Por qué hay tanta gente tan desesperada por dejar atrás sus hogares y sus países en busca de un futuro incierto? La respuesta es incómoda. En gran parte, son las políticas estadounidenses las que crean condiciones desesperadas al sur de la frontera. La guerra contra las drogas es una de ellas. Dictadores, juntas, paramilitares y escuadrones de la muerte financiados por Estados Unidos. La extracción neoliberal de recursos. Deudas impagables. Es inhumano e hipócrita negar la inmigración mientras se crean las condiciones que la impulsan. Como Presidente, cambiaré estas políticas. Es la única solución a largo plazo para la crisis fronteriza.

4. Anti-Malm

Una crítica anarca -muy visceral- al ecoleninismo de Malm. Por si tenéis interés por estas corrientes del ecologismo.

https://libertamen.wordpress.

Maniobras autoritarias ecológicas – Delirios leninistas, cooptación y amor anarquista (2022) – Alexander Dunlap

5. Tres anillos

Os paso el segundo artículo al que he pasado el traductor de Sinification.

Three Rings: Building a New International System in the Face of Western Decoupling by Cheng Yawen

Tres anillos: La construcción de un nuevo sistema internacional frente al desacoplamiento de Occidente, de Cheng Yawen.
«China y los países en desarrollo deben romper el actual orden mundial núcleo-periferia».
Thomas des Garets Geddes y Daniel Crain
13 abr 2023
Estimados todos,
Hace tiempo que quería compartir el siguiente artículo de Cheng Yawen (
程亚文) titulado «Construir los ‘nuevos tres anillos’: La opción de China ante un posible desacoplamiento total» y pensó que sería oportuno hacerlo durante la visita a China de uno de los principales representantes del Sur Global: el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. El artículo de Cheng fue publicado el verano pasado por la respetada Beijing Cultural Review (文化纵横, en adelante BCR) y publicado de nuevo en Internet tras el acuerdo entre Arabia Saudí e Irán firmado por China el mes pasado. Como se verá más adelante, no fue una coincidencia.
Al igual que Cheng, Yang Ping (
杨平), redactor jefe de BCR y director de la Fundación Longway (修远基金会), ha pedido a su país que construya un «nuevo tipo de sistema internacional» en respuesta al distanciamiento que China percibe en el actual orden internacional liderado por Estados Unidos. Tanto Yang como Cheng quieren que su país revise su actual estrategia internacional reorientando sus esfuerzos diplomáticos desde Occidente hacia el Sur Global (incluida Rusia). También quieren que el compromiso de su gobierno en el exterior esté menos orientado al crecimiento y más centrado en objetivos políticos y de seguridad. El resultado final sería la aparición de un sistema paralelo libre de interferencias occidentales.
Para los que no estén familiarizados con este boletín, tengan en cuenta que las opiniones de Yang y Cheng representan una de las diversas y, a veces, opuestas líneas de pensamiento sobre este asunto en China. De hecho, como ya se comentó aquí hace un par de meses: «Cómo responder a la creciente división política entre China y Occidente, marcada por el desacoplamiento parcial, las alianzas de seguridad y el riesgo de sanciones, entre otras cosas, sigue siendo un importante tema de debate entre la élite intelectual china. Como ya se puso de manifiesto en ediciones anteriores de este boletín, las opiniones varían considerablemente. Las presentadas aquí hasta ahora han oscilado entre Da Wei (
达巍), que subraya la importancia de preservar, si no reforzar, los lazos con Occidente, y Shen Wei (沈伟), que aboga por reformar la OMC y construir una red de acuerdos de libre comercio a Ye Hailin (叶海林) subrayando la necesidad de que China demuestre su poderío militar para desmovilizar a los aliados de EEUU y Lu Feng (路风) abogando por la auto y una mayor asertividad en el campo de la tecnología. No cabe duda de que estas perspectivas coinciden en cierta medida, pero las diferencias no dejan de ser notables.» Nadie sabe hasta qué punto Xi y sus colegas de Zhongnanhai son favorables a cada uno de estos puntos de vista o incluso bandos.
Este post ha sido posible gracias a la generosa ayuda de Daniel Crain, que ha traducido los extractos de hoy.
RESUMEN
La globalización y el capitalismo liderados por Estados Unidos impulsaron la expansión de la OTAN hacia el Este.

Esta ha sido, a su vez, la «razón principal» de la ofensiva rusa en Ucrania.
La globalización al estilo occidental está llegando a su fin.
El ascenso de China amenaza el actual orden internacional liderado por Estados Unidos, cuyas reglas han sido diseñadas para beneficiar a Occidente.
El conflicto de Ucrania ha dejado al descubierto la intención de Occidente de unirse para reprimir a los países no occidentales, China y Rusia en particular. Estados Unidos ha dejado claro que «no descansará hasta derrotar a China».
El desacoplamiento de Occidente de China se va a acelerar y continuará «durante mucho tiempo». Que China se vea a su vez afectada por sanciones similares a las de Rusia sigue siendo una posibilidad.
Por tanto, Pekín debe «crear un nuevo entorno internacional propicio para salvaguardar la seguridad nacional y el desarrollo a largo plazo de China». Para ello, debería reevaluar «la pasada tradición de multilateralismo de China» y desplazar su enfoque diplomático de Occidente hacia el Sur Global (Rusia incluida).
Esto, sin embargo, no significa rehuir por completo a Occidente. En la medida de lo posible, debería seguir manteniendo e incluso desarrollando relaciones de cooperación con los países occidentales.
China debería categorizar sus relaciones diplomáticas con el mundo en «tres anillos» y darles prioridad de la siguiente manera: 1. 1. Asia Oriental, Asia Central y Oriente Medio; 2. Otros países en desarrollo de Asia, África y América Latina; 3. Europa, Estados Unidos y otros países industrializados.
Para fomentar este cambio, China debería
Fomentar la aparición de un nuevo sistema internacional de pagos, promover la internacionalización del RMB y prestar apoyo a monedas distintas del USD (como el euro).
Modernizar el Nuevo Banco de Desarrollo y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras.
Establecer un mercado energético y una red de pagos comunes con otros países asiáticos (incluido Oriente Medio).
Reforzar la cooperación financiera y de seguridad con otros miembros de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) e Irán.
Profundizar en la integración económica de Asia Oriental (entendida en su sentido más amplio).
Reforzar las estrategias de crecimiento en favor de las políticas y de seguridad. Esto ayudará a reducir la interferencia occidental en la región.
Utilizar los BRICS como catalizador de la cooperación Sur-Sur.
«La emergencia de un nuevo sistema-mundo y la profundización de la cooperación Sur-Sur permitirán a China entrar en la vanguardia de la economía y la política mundiales».
EL AUTOR
Nombre: Cheng Yawen (
程亚文)
Edad: 50/51
Cargo: Investigador y director de doctorado en la Escuela de Relaciones Internacionales y Asuntos Públicos de la Universidad de Estudios Internacionales de Shanghái; miembro del think tank con sede en Pekín Pangoal Institution.
Otros cargos conocidos: Trabajó en el Departamento de Teoría de la Guerra e Investigación Estratégica de la Academia de Ciencias Militares del Ejército Popular de Liberación.
Áreas de investigación: Política comparada; globalización y cambio político (entre otras cosas).

Formación (provisional): Máster en la Universidad de Defensa Nacional del Ejército Popular de Liberación.
Experiencia en el extranjero: Desconocida
CONSTRUYENDO LOS «NUEVOS TRES ANILLOS»: LA OPCIÓN DE CHINA ANTE UN POSIBLE DESACOPLAMIENTO TOTAL
Cheng Yawen (
程亚文)
(junio de 2022)
1. Introducción
«La ‘operación militar especial [
特别军事行动]’ de Rusia en Ucrania y el consiguiente enfrentamiento a gran escala entre Occidente y Rusia es un hito en la tendencia hacia el ‘fin de la globalización [全球化大潮走向终结]’ que se viene produciendo desde la década de 1980. Estados Unidos está coaccionando a sus aliados para que impongan sanciones «mortales» [欲置之于死地的制裁] a Rusia y está presionando al resto del mundo para que elija un bando entre Occidente y Rusia. [Esto] ya está provocando que el mundo vuelva a las mortíferas luchas de «vivir o morir [你死我活]» de hace un siglo y supone un enorme desafío para China.»

«El ‘fin de la globalización [全球化终结]’ ha dejado a China sin el entorno de desarrollo exterior [favorable] que ha tenido durante las últimas cuatro décadas. [Mientras tanto,] es muy probable que el empuje estadounidense para reconstruir el sistema internacional liderado por Estados Unidos y ‘desacoplarse [脱钩]’ de China y Rusia se intensifique en el futuro.»

«El mundo actual está marcado por un cambio de paradigma [范式性变革]. Ante la posibilidad de un desacoplamiento reactivo pero completo, China necesita ajustar su estrategia de política exterior de forma proactiva y tomar nuevas decisiones en sus prioridades de compromiso nacional. [China debe] dar forma a un nuevo sistema internacional que sea propicio para protegerse de los impactos negativos del desacoplamiento de Occidente.»

2. El conflicto ruso-ucraniano como resultado de la globalización liderada por Estados Unidos

«En las últimas décadas, el proceso de globalización y la búsqueda del poder estadounidense han sido dos caras de la misma moneda. Ambos se condicionan y refuerzan mutuamente. La ‘operación militar especial’ de Rusia en Ucrania es el resultado de la globalización [liderada por EE.UU.] que expone plenamente su verdadera fuerza. [Esta crisis] también está poniendo fin a la globalización liderada por Estados Unidos».

    «La expansión de la OTAN hacia el este es la razón principal del lanzamiento del ataque de Rusia. Parece una cuestión de seguridad, pero también es una cuestión económica [derivada de] la globalización. Al iniciar [发起] la globalización, Estados Unidos intentó periferizar [中外围化] la Unión Soviética. Cuando Rusia [intentó] utilizar la globalización para lograr el rejuvenecimiento nacional [国家复兴] y convertirse en un país central [中心地带国家], violó claramente la lógica de la aparición y progresión de la globalización [dirigida por Estados Unidos]. El capital global, especialmente el capital financiero, es el más interesado en Rusia por los recursos energéticos, alimentarios y minerales, todos ellos ámbitos en los que el capital financiero puede obtener enormes beneficios. Pero desde que Putin llegó al poder, Rusia ha reforzado su control sobre industrias clave que son vitales para la seguridad nacional y el sustento básico de su pueblo [基本民生]. [Al mismo tiempo], Rusia se ha dedicado a construir una Unión Económica Euroasiática [欧亚经济联盟]. El capital extranjero no está contento con el compromiso de Rusia de configurar un espacio de desarrollo económico a su medida. La expansión de la OTAN hacia el este es una manifestación de la política dirigida por el capital en busca de la expansión del mercado, que sigue reduciendo el espacio de desarrollo de Rusia e intensificando su periferización [外围化]. Si no se da una respuesta eficaz, Rusia quedará aún más encerrada como fuente de productos primarios [初级产品], perdiendo su capacidad de participar en la política de las grandes potencias e incluso arriesgándose a una crisis interna. Esto es algo que las élites rusas no quieren ver».

3. Una visión wallersteiniana del mundo: China como perturbadora del orden internacional núcleo-periferia dominado por Occidente

«El orden internacional jerárquico núcleo-periferia bajo el sistema colonial europeo no ha desaparecido realmente [véase el World-Systems Analysis de Immanuel Wallerstein]. Ha continuado como un orden sutil y oculto. Aunque las relaciones de poder jerárquicas, directas y absolutas, ya no existen, han sido sustituidas por un orden internacional «común pero dispar [共同而有差别]». En apariencia, todas las naciones son iguales en términos de soberanía, pero en la práctica sigue habiendo diferencias de poder. El [llamado] ‘orden basado en reglas’ es la principal expresión de este orden, en el que todas las naciones están sujetas a las mismas reglas. Sin embargo, el contenido real [内涵] de estas reglas sitúa a los países occidentales, y no a las Naciones Unidas y al derecho internacional, en su centro.»

«La división del trabajo del sistema mundial, la elaboración de normas, el suministro de dinero y la producción industrial son privilegios de unos pocos países centrales. Cualquier intento por parte de otros de unirse corre el riesgo de desintegrar la posición dominante de esos países selectos [privilegiados]. Las naciones que se benefician del sistema actual se niegan a ver [cualquier desafío] a su poder de decisión, su dominio monetario y su superioridad tecnológica a través de los derechos de propiedad intelectual. El sorprendente crecimiento económico de China en las últimas décadas ha perturbado este orden internacional núcleo-periferia de posguerra [战后以来的中心边缘国际秩序], y [por tanto] ha amenazado las normas no escritas centradas en Occidente. En los últimos años, Estados Unidos ha definido a China como un importante «competidor estratégico [战略竞争对手]» y ha dejado claro que no descansará hasta derrotar a China.»

«Tanto la expansión de la OTAN en el este como la supresión selectiva de China por parte de Estados Unidos reflejan cómo Estados Unidos y Occidente quieren preservar y reforzar su propia ventaja de poder.»

4. China debería centrar sus esfuerzos diplomáticos en los países no occidentales.

    «En el capítulo inicial de las ‘Obras selectas de Mao Zedong [毛泽东选集]’, [titulado] el ‘Análisis de las clases en la sociedad china [中国社会各阶级的分析]’, se plantea una pregunta: «¿Quiénes son nuestros enemigos? Quiénes son nuestros amigos? Esta es una cuestión de primera importancia para la revolución [谁是我们的敌人?谁是我们的朋友?这个问题是革命的首要问题]

«Pero que Tianxia [天下] pueda o no alcanzar la Gran Armonía [大同] no está determinado únicamente por los deseos de China. Con el Occidente liderado por Estados Unidos avanzando hacia una confrontación a gran escala con Rusia y China, el mundo contemporáneo ya no puede considerarse mecánicamente como uno de «paz y desarrollo». Por el contrario, debe considerarse seriamente [a través de las lentes de] la «competencia [竞争]» o incluso la «guerra [战争]». Incluso si se puede descartar la guerra, ya no es posible intentar lograr un mejor desarrollo en un sistema globalizado dominado por Occidente como [hicimos] en el pasado. China debe replantearse la «cuestión de primera importancia [首要问题]» en sus compromisos exteriores: ¿con quién es posible que China coopere ahora y en el futuro, y quiénes son aquellos a los que China no puede atraer a asociaciones de cooperación?».

«La base de China para desarrollar la cooperación multilateral está en los países no occidentales.»

«Al centrar su diplomacia multifacética [全方位外交] en los países en desarrollo no occidentales, China ciertamente no excluiría tratar o incluso formar relaciones cooperativas y amistosas con los países occidentales y otras grandes potencias.»

«Sin embargo, también es importante señalar que el compromiso y la cooperación de China en el pasado con los «países centrales» siempre se ha basado en dos premisas. En primer lugar, desde su propio punto de vista, China insiste en desarrollar sus relaciones exteriores sobre la base de la autodeterminación [独立自主], la igualdad y la reciprocidad. También se opone a la jerarquía de poder [权力等级] en las relaciones internacionales. En segundo lugar, desde la perspectiva de los «países centrales», su cooperación con China siempre ha tenido un techo; es decir, no pueden arriesgarse a desestabilizar la estructura de poder mundial centrada en Occidente. Si estas dos premisas se [alteraran] de algún modo, sería difícil para un país en desarrollo como China seguir estableciendo relaciones de cooperación profundas con Occidente, especialmente políticas.»

5. Crear «un nuevo entorno internacional propicio para salvaguardar la seguridad nacional y el desarrollo a largo plazo de China»

    «En las últimas cuatro décadas, China ha abandonado [el énfasis] en las diferencias de ideología y sistemas [políticos] nacionales. Se ha comprometido [en cambio] a cooperar con todos los países, formando gradualmente un modelo de compromiso exterior en el que «las grandes potencias son la clave, la vecindad es lo primero, los países en desarrollo son la base, y el multilateralismo es una plataforma importante [大国是关键、周边是首要、发展中国家是基础、多边是重要舞台]

«En virtud de los ‘grandes cambios no vistos en un siglo [百来未有之大变局]’, los países occidentales han mostrado una intención cada vez más fuerte de suprimir a los posibles desafiantes. Esto ha sido especialmente cierto tras el estallido del conflicto ruso-ucraniano [战火], que ha expuesto claramente [暴露无遗] la tendencia de Occidente a agrupar y reprimir a los países no occidentales en todos los frentes. Esta [tendencia] se convertirá en una característica estructural de las relaciones internacionales durante mucho tiempo. China debe permanecer especialmente vigilante ante [el peligro de que] las sanciones y las tácticas represivas utilizadas por Occidente contra Rusia puedan aplicarse de forma similar [如法炮制] a China en el futuro. Por estas razones, es urgente reexaminar la pasada tradición de multilateralismo de China, ajustar el patrón espacial de sus relaciones exteriores y fortalecer la cooperación con los países en desarrollo no occidentales. [Todo esto debe hacerse] con la máxima urgencia [迫在眉睫] para crear un nuevo entorno internacional propicio para salvaguardar la seguridad nacional y el desarrollo a largo plazo de China.»

6. Priorizar las relaciones diplomáticas de China basándose en los «tres anillos»

«En 1974, Mao Zedong propuso una división de los «tres mundos [三个世界]», que identificaba tres tipos de países en el mundo en ese momento y analizaba cómo China podría relacionarse con cada uno de ellos. Los países en desarrollo del «tercer mundo [第三世界]» fueron identificados como los principales socios de China para el compromiso.»

«Desde la Reforma y Apertura [iniciadas en 1978], China ha puesto más énfasis en cooperar con los países occidentales. En el futuro, China tendrá que dar más importancia al fomento de la cooperación Sur-Sur [南南合作]. Ya sea en busca de avances diplomáticos, desarrollo a largo plazo o rejuvenecimiento nacional [国家复兴], la estrategia de política exterior de China tendrá que centrarse, en un futuro previsible, principalmente en promover la construcción de un nuevo sistema global anclado en Asia y sus regiones circundantes. El resultado final de esto debería ser un sistema internacional de «tres anillos [三环]» para salvaguardar la seguridad nacional y el desarrollo de China.»

        «El primer anillo [debería] consistir en la vecina Asia Oriental, Asia Central y Oriente Medio. Asia Oriental está conectada con los recursos financieros del mundo y China ya ha formado una inseparable división industrial del trabajo con los países de esta región. [Asia Central y Oriente Medio están conectados a los recursos naturales del mundo. China tiene que depender de los países de esta región para un suministro estable de energía y una «barrera de seguridad» [安全屏障] fiable.»

«El segundo anillo [debería] estar formado por los numerosos países en desarrollo de Asia, África y América Latina, con los que China comercia materias primas y bienes industriales. La ayuda exterior de China debería dirigirse principalmente a estos países.»

«El tercer anillo [debería] extenderse a los países tradicionalmente industrializados -principalmente Europa y Estados Unidos- con los que China comercia bienes industriales, tecnología y conocimientos.»

«Esta estructura de ‘tres anillos’ serviría para organizar la importancia relativa [轻重缓急] y la orientación [前后左右] de los intercambios exteriores [de China] y redefinir la dirección y el contenido de [nuestro] compromiso con el exterior.»

«La prioridad clave a la hora de construir un ‘nuevo sistema internacional de tres anillos [新三环]’ es el ‘primer anillo [第一环]’, que consiste en las dos alas de Asia: la primera es Asia Oriental, y la otra es Asia Central y Oriente Medio. Para profundizar la integración económica de Asia Oriental y fortalecer [nuestros] vínculos con Asia Central y Oriente Medio, debemos enriquecer los temas de compromiso entre los países asiáticos. En los últimos años, China se ha dedicado a promover la diplomacia económica con otros países. Ha impulsado fuertemente la integración económica [一体化] en Asia Oriental y la cooperación con muchos países asiáticos [más ampliamente]. El último avance innovador en la integración económica de Asia Oriental ha sido la finalización del Acuerdo Integral de Asociación Económica Regional [区域全面经济伙伴关系协定] (RCEP), que tras años de negociaciones entró en vigor el 1 de enero de 2022. Sin embargo, en los últimos años, las interacciones económicas entre los países de Asia Oriental se han visto cada vez más afectadas por fuerzas extranjeras y factores de seguridad. Las disputas sobre los derechos marítimos en el Mar de China Meridional y la estrategia «Indo-Pacífica» de Estados Unidos han añadido incertidumbre al proceso de integración económica de Asia Oriental. En sus relaciones exteriores, China debería abandonar su anterior enfoque de «el PIB por encima de todo [PIB 至上主义]». [En su lugar, China debería] prestar mucha atención a las cuestiones políticas y de seguridad y promover una mayor cooperación en materia de seguridad entre los países asiáticos [para] evitar la explotación de las cuestiones internas de Asia por fuerzas externas.»

7. Elevar la cooperación Sur-Sur (incluida Rusia) a un nuevo nivel

    «La base del impulso chino para construir un «nuevo sistema internacional de tres anillos» es la «cooperación Sur-Sur [南南合作]», un concepto más antiguo que hace hincapié en la cooperación y el apoyo mutuos entre los países no occidentales del «tercer mundo [第三世界]». En la segunda mitad del siglo XX, la importancia de la cooperación Sur-Sur [南南合作] tenía una orientación más política. Los países en desarrollo, frenados por sus economías subdesarrolladas y sus bajos niveles de tecnología, se ayudaban poco unos a otros en términos de intercambios comerciales y tecnológicos. [Por lo tanto], tenían poco impacto en la economía mundial».

«Desde la década de 1990, el concepto de ‘cooperación Sur-Sur [南南合作]’ se ha desvanecido y ha recibido poca atención en los círculos chinos de relaciones internacionales. Sin embargo, la «cooperación Sur-Sur [南南合作]» del siglo XXI está en proceso de construir nuevos cimientos y se está convirtiendo en una posibilidad más realista. La razón principal es que, en las últimas décadas, los países en desarrollo de Asia, África y América Latina se han industrializado o casi industrializado a medida que se ponen al día con la ola de la globalización y ‘toman prestada la escalera para llegar a la cima [借梯上屋]'».

«Hasta la fecha, los países en desarrollo han dado los primeros pasos hacia la formación de un sistema económico mundial. Sin embargo, es necesaria una mayor integración económica y política para aumentar los vínculos económicos, reforzar la influencia política de estos [países] en la escena internacional y escapar al control o la coerción de Occidente. [Todo] esto, sin embargo, requiere que la minoría de países que ya han alcanzado un mayor nivel de desarrollo social y económico impulse [este proceso].»

«Para que la autonomía económica y política de los países en desarrollo siga mejorando y para que las economías emergentes adquieran una influencia política en el mundo [在世界体系中] acorde con su peso económico, deben romper con su dependencia financiera y monetaria de los países occidentales. Por lo tanto, la construcción de un «nuevo sistema internacional de tres anillos [新三环]» no sólo debe tener en cuenta los factores geopolíticos tradicionales, sino también métricas importantes como la moneda y la información. En los últimos años, China ha explorado estos aspectos realizando swaps de divisas con algunas economías de mercado emergentes. Entre los países en desarrollo, debería desarrollarse más ampliamente un mayor nivel y un ámbito más amplio de cooperación financiera y monetaria. Para ello, es necesario hacer un buen uso de algunas plataformas y mecanismos existentes para elevar la cooperación Sur-Sur [南南合作] a un nuevo nivel. [Deberíamos]

Actualizar y renovar el Banco Asiático de Infraestructuras e Inversiones [亚投行] y el Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS [金砖国家银行]. [Además], [debe] mejorarse un sistema de pagos internacional autónomo y controlable [自主可控].

Reforzar la cooperación en materia de seguridad en el seno de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), así como la cooperación China-Rusia-India-Irán [中俄印伊] en su marco, en particular la cooperación financiera. [Además,] debemos reconocer que Rusia también es un país en desarrollo, y que las economías de China y Rusia son muy complementarias.

         Profundizar la integración económica en Asia Oriental en el marco de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, especialmente consolidando los logros del RCEP.

Construir un mercado común de la energía en Asia, de modo que los mercados compradores de energía de Asia Oriental y Meridional y los mercados vendedores de energía de Oriente Medio, Asia Central y Rusia puedan coexistir en una única red de comercio y pago de energía.

Aprovechar el mecanismo de reunión de los BRICS para liderar la profundización de la cooperación Sur-Sur.

Promover la diversificación del sistema monetario internacional y la internacionalización del RMB en el contexto de la cooperación Sur-Sur, con el fin de protegerse de la hegemonía del dólar estadounidense y, al mismo tiempo, respaldar adecuadamente la posición internacional del euro.»

«Hace cien años, los dirigentes del Partido Comunista Chino plantearon el camino revolucionario de ‘rodear las ciudades desde el campo [农村包围城市]’. En esta época de ‘grandes cambios no vistos en un siglo’ [百年未有之大变局]’, China y los países en desarrollo [del mundo] deben romper el actual orden mundial núcleo-periferia [中心边缘秩序] y la represión preventiva [防范打压] de Occidente sobre los países no occidentales. [Juntos,] también debemos garantizar la solidaridad y la cooperación en las zonas «rurales» del mundo.»

«El surgimiento de un nuevo sistema-mundo y la profundización de la cooperación Sur-Sur permitirán a China: entrar en la vanguardia de la economía y la política mundiales; reunir [调度] recursos globales para construir un sistema internacional de ‘tres anillos’; aliviar las presiones internacionales [化解国际压力]; y romper los cercos [突破重围]».  Tras más de cuarenta años de Reforma y Apertura [改革开放], China debe ajustar su comprensión de la «Apertura [开放]» y lograr un nuevo avance en su pensamiento sobre las relaciones exteriores [对外往来]. Por supuesto, siempre que sea posible, China debe esforzarse por mantener la cooperación con Occidente. Mientras éste no opte por enemistarse completamente con China, no debemos renunciar a encontrarnos con ellos a mitad de camino [相向而行].»

6. Un mundo bipolar, no multipolar.

Hacía tiempo que no os pasaba nada de Sinification, donde suelen traducir artículos de académicos y políticos chinos. Hoy os paso un par de artículos que me han llamado la atención. En este primero porque en lugar de seguir el discurso «oficial» chino de que ellos apuestan por la multipolaridad, defiende que, efectivamente vamos hacia un mundo desglobalizado, pero que en realidad será bipolar, EEUU-China.

https://www.sinification.com/

Yan Xuetong advierte a las empresas chinas de que la desglobalización ha llegado para quedarse
Según Yan, las relaciones entre Estados Unidos y China se encuentran hoy en peor estado que en 1978, antes de que se establecieran relaciones diplomáticas.
Thomas des Garets Geddes
4 de mayo de 2023
Estimados todos,
Yan Xuetong (
阎学通), uno de los más renombrados especialistas en relaciones internacionales de China, pronunció recientemente un discurso en un acto organizado por la empresa china Cornerstone Capital (基石资本) en Shenzhen. Dirigiéndose a un público compuesto principalmente, supongo, por empresarios e inversores chinos, Yan habla del declive general del mundo en que vivimos, marcado por una relación cada vez más tensa entre Estados Unidos y China, la bipolarización del orden internacional actual y una tendencia a la desglobalización. Su principal mensaje a la audiencia fue que las empresas chinas deberían revisar sus estrategias a largo plazo y dejar de depender tanto de la cooperación internacional y de los efectos de la globalización para hacer crecer sus negocios. Según él, este entorno generalmente regresivo y adverso durará una o dos décadas más.
EL PONENTE
Nombre: Yan Xuetong (
阎学通)
Edad: 70 años
Cargo: Director del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Tsinghua.
Anteriormente: Investigador en el Instituto Chino de Relaciones Internacionales Contemporáneas (CICIR) de 1982 a 1984 y de 1992 a 2000.
Áreas de investigación: Relaciones internacionales
Formación académica: BA Universidad de Heilongjiang (1982); MA Universidad de Relaciones Internacionales (1986); PhD Universidad de California, Berkeley (1992)
Para una visión más detallada de la rica carrera de Yan, sus intereses, premios y publicaciones, consulte aquí.
PUNTOS CLAVE
1. Vivimos en un mundo bipolar, no multipolar.
La «corrección política» es la principal razón por la que los políticos de todo el mundo no lo admiten.
Estados Unidos no lo reconocerá porque sería como decir que China ya está a su altura.
China no lo admitirá porque no puede presentarse como más importante que otros países.
Y otros polos potenciales como Europa, Rusia, India, Japón y Brasil hablan de multipolaridad para mejorar su propio estatus y no ser vistos como inferiores a EEUU y China.
Comentario: Este ha sido durante mucho tiempo un tema perseguido por Yan. En 2013, predijo que la bipolaridad EEUU-China sería el rasgo distintivo del mundo actual.
2. La rivalidad entre EE.UU. y China y los intentos de EE.UU. de contener el ascenso de China están aquí para durar
Las relaciones entre EEUU y la RPC se encuentran hoy en peor estado que en 1978, antes de que se establecieran relaciones diplomáticas (
我们看现在中美之间的关系,都不如1978年没有建交前).

Yan: «Ahora tengo más de 70 años y cuando éramos niños en los años 50 y 60 crecimos maldiciendo a los líderes estadounidenses. Desde la visita de Nixon a China en el 72, China dejó de nombrar y avergonzar a los líderes estadounidenses. [Sin embargo,] después de que Trump llegara al poder, volvimos a nombrarlos y avergonzarlos, llamando a Pompeo enemigo de la humanidad. ¿Hasta dónde quiere que lleguen las relaciones bilaterales? Durante mi última visita a Estados Unidos, tuve la sensación de que la percepción de China en ese país también se había deteriorado gravemente. Conocí a algunos de nuestros estudiantes extranjeros que me dijeron que los estudiantes estadounidenses no lo dirían en voz alta, pero que todo el mundo sabe que albergan mucha hostilidad hacia los estudiantes chinos».
Yan repitió los recientes comentarios del ex primer ministro de Singapur, Goh Chok Tong, de que estamos entrando en un mundo marcado por la competencia y la desconfianza entre Estados Unidos y China, las crecientes divisiones económicas y políticas, y los países que eligen «pasivamente» un bando [
被动选边站] entre Washington y Pekín.
Impulsado por el reciente Marco Económico Indo-Pacífico para la Prosperidad (IPEF) de Washington, el anterior «equilibrio estratégico» (
战略平衡) consistente en la dependencia económica de China y la dependencia en materia de seguridad de Estados Unidos por parte de los países de la región ha empezado a inclinarse a favor de Estados Unidos.
Por tanto, las empresas deben prepararse tanto para sobrevivir como para desarrollarse en un entorno tan adverso y regresivo durante mucho tiempo.
Yan: «Es decir, su estrategia anterior de desarrollarse en el contexto de un mundo globalizado y [por tanto] confiar en la cooperación internacional para desarrollar sus negocios puede que ya no sea apropiada».
Por tanto, las empresas deben empezar a buscar oportunidades generadas no por la cooperación internacional, sino por los efectos del desacoplamiento y la remodelación de las cadenas de suministro.
3. Sobre la carrera tecnológica entre EE.UU. y China
La rivalidad entre Estados Unidos y China difiere de la rivalidad de Washington con Moscú durante la Guerra Fría. Esta última se centraba en lograr el dominio en lo que Yan denomina «espacio natural» (
自然空间 – es decir, tierra, mar, cielo y espacio), mientras que la primera se centra principalmente en el ciberespacio (网络空间).
Yan: «En otras palabras, quien tenga la sartén por el mango en el ciberespacio ganará esta competición estratégica».
Washington concede ahora más importancia a su rivalidad tecnológica con China que a la ideología.
4. Sobre la hipocresía del nuevo enfoque estatal de EE.UU. hacia la tecnología
Estados Unidos ha condenado y denunciado repetidamente a China ante la OMC por el uso que hace de las subvenciones estatales y las distorsiones del mercado. Sin embargo, Washington está haciendo ahora exactamente eso.
Su voluntad de violar sus propios principios de libre comercio y libre competencia basados en la economía de mercado es un claro indicio de lo decidido que está a obstaculizar el ascenso tecnológico de China.
5. La estrategia china de doble circulación: Centrarse en la circulación interna (nacional)
Ante las crecientes tensiones políticas, la atonía del crecimiento mundial y la desregulación de las cadenas de suministro de los países occidentales, China se propone aumentar su grado de autosuficiencia y reducir así su dependencia del exterior en determinados ámbitos.
La actual tendencia a la desglobalización durará otros 10-20 años o más.

Pero esta tendencia negativa abarca mucho más que la simple economía. El mundo, sus civilizaciones y su política han entrado en un periodo de «regresión» general (倒退) y aumenta el riesgo de conflictos armados.
Este entorno regresivo y adverso es precisamente lo que destacaba Pekín al afirmar que:
«Hoy, nuestro mundo, nuestros tiempos y nuestra historia están cambiando como nunca antes, y la comunidad internacional se enfrenta a múltiples riesgos y desafíos pocas veces vistos. Los focos de inseguridad regional no cesan de recrudecerse, los conflictos y turbulencias locales se suceden con frecuencia, la pandemia COVID-19 persiste, el unilateralismo y el proteccionismo han aumentado considerablemente, y las amenazas tradicionales y no tradicionales a la seguridad están entrelazadas. Los déficits de paz, desarrollo, seguridad y gobernanza son cada vez mayores, y el mundo se encuentra de nuevo en una encrucijada histórica». (Como señala Yan, el término «encrucijada» (
十字路口) tiene una connotación negativa en chino y no presagia nada bueno).
Las empresas chinas deben despertar al hecho de que la «desglobalización» se ha convertido en la norma («
逆全球化 «已成常态).
6. Entender los motores de esta tendencia desglobalizadora
La globalización, la economía digital y las formas extremas de liberalismo económico han dado lugar a una enorme disparidad de riqueza tanto dentro de los países como entre ellos.

El descontento y la oposición de los ciudadanos a la globalización han contribuido a la llegada al poder de populistas que legitiman sus políticas desglobalizadoras invocando constantemente el concepto más vago y maleable de todos: la seguridad económica. Una vez que varios gobiernos empiezan a seguir este camino, la desglobalización se convierte en una tendencia.
Así pues, si se quiere hacer frente a esta ola de desglobalización, hay que mirar primero hacia los gobiernos y sus políticas.

7.La imagen del día: «La fiesta de primavera»

En los países del espacio postsoviético, especialmente entre los caniches, está de moda llamar a la jornada del 1º de mayo la «fiesta de la primavera». No todo el mundo está de acuerdo…

Texto: Tu cara cuando los burgueses dicen que el primero de mayo es «la fiesta de la primavera y el trabajo».

Fuente: https://twitter.com/


Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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