Del compañero y miembro de Espai Marx, Carlos Valmaseda.
1. Resumen de la guerra en Palestina, 9 de abril.
2. Entrevista a Susan Abulhawa.
3. Democracia africana.
4. Entrevista a Riley sobre el 18 Brumario (observacion de Joaquín Miras).
5. Primera cadena de islas.
6. Lotería de vida y muerte.
7. Placer en el terror.
8. Lucha por la tierra y estrategia revolucionaria.
9, Nuevo orden mundial (observación de José Luis Martín Ramos)
1. Resumen de la guerra en Palestina, 9 de abril
El resumen de Mondoweiss. https://mondoweiss.net/2024/
Día 186 de la «Operación Al-Aqsa»: Hamás mantiene sus exigencias de alto el fuego permanente mientras Netanyahu «pone fecha» a la invasión de Rafah
Las negociaciones entre Hamás e Israel continúan en El Cairo, mientras Hamás mantiene sus exigencias de un alto el fuego permanente y el regreso de los palestinos al norte de Gaza. Mientras tanto, Netanyahu promete invadir Rafah.
Por Qassam Muaddi 9 de abril de 2024
Bajas
33.360+ muertos* y al menos 75.993 heridos en la Franja de Gaza.
Más de 456 palestinos muertos en Cisjordania ocupada y Jerusalén Oriental**.
Israel revisa a la baja su estimación de muertos del 7 de octubre, de 1.400 a 1.139.
604 soldados israelíes muertos desde el 7 de octubre y al menos 6.800 heridos.
*El Ministerio de Sanidad de Gaza confirmó esta cifra en su canal de Telegram el 9 de abril de 2024. Algunos grupos de derechos humanos estiman que el número de muertos es mucho mayor si se tienen en cuenta los presuntos muertos.
** El número de muertos en Cisjordania y Jerusalén no se actualiza periódicamente. Según el Ministerio de Sanidad de la AP el 5 de abril, esta es la última cifra.
*** Esta cifra la publica el ejército israelí, mostrando los soldados cuyos nombres «se permitieron publicar». El número de soldados israelíes heridos es según los informes de los medios de comunicación israelíes.
Principales acontecimientos
- Israel mata a 153 palestinos y hiere a 60 en las últimas 24 horas en toda Gaza, lo que eleva el número de muertos desde el 7 de octubre a 33.360 y el de heridos a 75.993, según el Ministerio de Sanidad de Gaza.
- Los palestinos recuperan decenas de cadáveres en Jan Yunis tras la retirada israelí, los civiles dicen que la ciudad «huele a muerte».
- Hamás «estudiará» la propuesta israelí de alto el fuego, señalando sin embargo que no satisface las exigencias de los grupos palestinos, que incluyen un alto el fuego duradero y permanente.
- Netanyahu afirma que «hay fecha» para la invasión de Rafah, la ciudad más meridional de Gaza que alberga actualmente a más de un millón de palestinos desplazados de toda la Franja.
- Canal 12 de Israel: Siete miembros del partido Likud del primer ministro Netanyahu exigieron una reunión urgente del partido para debatir las negociaciones sobre la liberación de los cautivos, en medio de la creciente presión de las familias de los cautivos israelíes.
- El secretario general de la ONU afirma que la prohibición israelí de la entrada de periodistas en Gaza contribuye a la difusión de información errónea.
- La policía israelí asalta la casa de la familia del preso palestino fallecido Walid Daqqa y dispersa por la fuerza a los dolientes pocas horas después de que se anunciara que el famoso escritor y preso había muerto por negligencia médica bajo custodia israelí.
- El Departamento de Estado estadounidense afirma que la UNRWA desempeña un «papel vital» que ninguna otra organización puede sustituir, y que se está preparando para trabajar con otras organizaciones de ayuda si el Congreso prohíbe tratar con la UNRWA.
- Líbano: El ejército israelí anuncia la muerte de un dirigente de Hezbolá en un ataque aéreo nocturno. Hezbolá anuncia el ataque a una posición del ejército israelí al otro lado de la frontera con un dron suicida.
Israel mata a 153 palestinos y hiere a 60 en toda la Franja de Gaza.
El Ministerio de Sanidad palestino, con sede en Gaza, anunció que 153 palestinos murieron y 60 resultaron heridos por los continuos ataques de las fuerzas israelíes contra la Franja de Gaza en las últimas 24 horas.
Mientras tanto, fuentes de los medios de comunicación locales informaron de que las fuerzas israelíes seguían llevando a cabo ataques aéreos en distintas partes de Jan Yunis, tras haberse retirado de la ciudad. Al parecer, un ataque aéreo israelí hirió a varios palestinos en la localidad de Al Qarara, al norte de la ciudad. En Rafah, fuentes médicas informaron de la recuperación de dos palestinos muertos en el barrio de al-Tanour por un ataque aéreo israelí.
La defensa civil palestina informó de la recuperación de 86 cadáveres en todo Jan Yunis en las horas posteriores a la retirada de las fuerzas israelíes de la ciudad, tras un asedio y un ataque que habían durado semanas. La defensa civil declaró que entre las víctimas identificadas había familias enteras y que la mayoría de los cadáveres estaban descompuestos.
Testimonios palestinos describieron la destrucción a gran escala de infraestructuras y viviendas en Jan Yunis tras la retirada israelí, cuando los palestinos desplazados comenzaron a regresar a la ciudad tras cinco meses de invasión israelí.
En el centro de la Franja de Gaza, los ataques aéreos israelíes sobre Al Maghazi mataron a tres palestinos, entre ellos una mujer y el alcalde de la localidad. En Deir al-Balah, los ataques israelíes mataron al menos a un palestino, mientras la artillería israelí seguía bombardeando la ciudad de al-Zahraa.
En el norte de la Franja de Gaza, las fuerzas israelíes mataron a dos palestinos en un ataque aéreo dirigido contra voluntarios civiles que organizaban la distribución de ayuda. En la ciudad de Gaza, la defensa civil palestina siguió recuperando cadáveres bajo los escombros en los alrededores del hospital al-Shifa.
Hamás dice que «estudiará» la propuesta israelí de alto el fuego
Las negociaciones entre Hamás e Israel sobre un alto el fuego han alcanzado un «punto crítico», según el ministro israelí de Asuntos Exteriores, Israel Katz. Katz añadió: «Si las cosas funcionan, un gran número de rehenes volverán a casa, y luego, por etapas, todos».
Hamás ha dicho a través de varios portavoces que «estudiará» la nueva propuesta israelí de alto el fuego, presentada a través de intermediarios egipcios y qataríes en El Cairo.
El lunes, el alto dirigente de Hamás Ali Baraka declaró a Reuters que el movimiento «rechaza las últimas propuestas que ha presentado la parte egipcia». El politburó se reunió y tomó esta decisión».
Tanto Hamás como Israel habían enviado delegaciones a El Cairo el domingo. Las delegaciones partieron el lunes y se espera que regresen a la capital egipcia dentro de dos días para reanudar las conversaciones indirectas.
El martes, Sami Abu Zuhri, alto cargo de Hamás, declaró a la cadena de televisión a-Araby que las declaraciones israelíes sobre las negociaciones «son maniobras mediáticas que no reflejan la realidad». Abu Zuhri señaló que Israel ha seguido negándose a un alto el fuego permanente y al regreso de los desplazados al norte de Gaza.
«Estados Unidos no ejerce ninguna presión sobre Israel para que detenga la guerra», señaló Abu Zuhri. «En lugar de ello, sus esfuerzos y los del gobierno israelí se centran únicamente en la liberación de los cautivos [israelíes]», señaló.
Hamás había presentado sus condiciones a los intermediarios en marzo, insistiendo en un alto el fuego permanente y el regreso de los palestinos desplazados a sus hogares en el norte de la Franja de Gaza, lo que Israel ha rechazado categóricamente.
Mientras tanto, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmó que Israel seguirá adelante con su esperada invasión de Rafah, y añadió el lunes que «hay una fecha» fijada para la invasión.
La policía israelí dispersa violentamente a los asistentes al velatorio de Walid Daqqa
La policía israelí asaltó el lunes la casa familiar del dirigente y escritor palestino Walid Daqqa, dispersando por la fuerza a los dolientes y deteniendo a varios asistentes.
Daqqa, reconocido dirigente e intelectual, murió el lunes en una prisión israelí tras 38 años de cautiverio. Su familia acusó a las autoridades israelíes de retrasar la entrega de su cadáver y de prohibirles abrir su casa para recibir el pésame según las tradiciones palestinas.
El lunes por la tarde, la policía israelí hizo una redada en la casa de la familia y dispersó por la fuerza a los dolientes de una tienda que la familia había instalado en el patio de la casa. Imágenes de vídeo grabadas por los asistentes mostraron a policías israelíes disparando granadas aturdidoras y utilizando porras para dispersar a los dolientes, al tiempo que detenían a varios de ellos. La familia declaró posteriormente que cinco de sus miembros habían sido detenidos por la policía israelí.
Daqqa, escritor e intelectual de 62 años, era el preso palestino que más tiempo llevaba en la cárcel israelí. Tras serle diagnosticado un cáncer en 2015, Israel rechazó varios llamamientos para que fuera puesto en libertad por motivos humanitarios.
El lunes, la directora general de investigación de Amnistía Internacional, Erika Guevara-Rosas, pidió a Israel que entregara el cuerpo de Walid Daqqqa a su familia, «para que pudieran darle un entierro pacífico y digno y permitirles llorar su muerte sin intimidación».
Guevara-Rosas también señaló que «para Daqqa y su familia, los últimos seis meses en particular fueron una pesadilla interminable, durante la cual fue sometido a tortura y otros malos tratos, incluidas palizas y humillaciones.» Amnistía Internacional consideró la muerte de Walid Daqqa «un cruel recordatorio del desprecio de Israel por el derecho a la vida de los palestinos.»
El secretario general de la ONU insta a Israel a permitir la entrada de periodistas en Gaza
El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, afirmó el lunes que la prohibición impuesta por Israel a los periodistas de entrar en la Franja de Gaza contribuye a difundir información errónea. El funcionario de la ONU pidió a Israel que permita la entrada en la Franja a los periodistas internacionales.
Desde el 7 de octubre, Israel ha prohibido la entrada en Gaza a casi todos los periodistas extranjeros, salvo a unos pocos periodistas occidentales y de la corriente dominante, a los que se permitió previa coordinación y aprobación del ejército israelí. Como resultado, la cobertura de la guerra ha dependido, durante los últimos seis meses, de los informes de los ciudadanos en las redes sociales y de los periodistas palestinos locales, cientos de los cuales han sido detenidos, heridos y asesinados por Israel.
«La guerra de la información se ha sumado al trauma de la guerra en Gaza, oscureciendo los hechos y trasladando las culpas», escribió Guterres en X. «Negar la entrada a Gaza a los periodistas internacionales está permitiendo que florezcan la desinformación y los relatos falsos».
Haciéndose eco de las preocupaciones de Guterres, la Asociación de la Prensa Extranjera instó a Israel a dar acceso a los periodistas internacionales al territorio palestino asediado.
«Impedir el acceso de la prensa independiente a una zona de guerra durante tanto tiempo no tiene precedentes en Israel», ha declarado. «Plantea interrogantes sobre lo que Israel no quiere que vean los periodistas internacionales», declaró la FPA en un comunicado.
Desde el 7 de octubre, unos 140 periodistas palestinos han muerto por ataques israelíes, mientras estaban de servicio.
2. Entrevista a Susan Abulhawa
Os he pasado algún escrito de Susan Abulhawa tras su regreso a EEUU desde Gaza, en el que contaba la vida cotidiana en el horror. En El Salto publican ahora esta reciente entrevista en la que abunda en el tema. Parece que los del colectivo Viva Palestina Libre son esos modernos que solo escriben en femenino -bueno, siempre es «nosotras» y «ellos», o no hablan de «las israelíes», sino de Israel, así en genérico-, pero al menos me ahorro la traducción. De la entrevista, me preocupa que se menosprecie tan claramente a nuestros políticos. Es evidente que hay muchos idiotas, pero muchos otros no lo son. Nunca ha sido muy sensato minusvalorar al enemigo.
https://www.elsaltodiario.com/
«El mundo está cansado de las mierdas imperialistas occidentales, máquinas de muerte y genocidio”
La periodista y activista por los derechos humanos Susan Abulhawa ha estado en Gaza después de la campaña de genocidio lanzada por Israel. En esta entrevista reflexiona sobre el poder de la rabia.
Frank Barat Traducido por el colectivo Viva Palestina Libre. 8 abr 2024 04:57
El 21 de marzo, Frank Barat mantenía esta entrevista-conversación con la escritora y activista palestina Susan Abulhawa, tras la vuelta de ésta de su visita a Gaza, de dos semanas de duración. Esta entrevista, que nos habla del horror, de la ira y la esperanza, y de la resistencia desde abajo, forma parte de una serie de conversaciones que Frank Barat lleva realizando desde octubre del año pasado y que pueden encontrarse en su canal de youtube subtituladas al castellano por el colectivo Viva Palestina Libre- subtítulos contra la ocupación que se encarga, además del subtitulado, de su edición en formato texto para este medio.
Frank Barat: Acabas de pasar dos semanas y media en Gaza. Llevas fuera de Gaza unas tres semanas. Sabemos que no muchas personas “internacionales” entran en Gaza. Sabemos que ninguna periodista entra en Gaza. Has hablado largo y tendido sobre ello en Democracy Now y otros programas. Pero aún así, si te parece bien, quería preguntarte: sé lo mucho que has estado siguiendo la masacre, el genocidio en Gaza desde el 7 de octubre, pero, estando sobre el terreno, ¿aún te impactó lo que viste? ¿qué has visto?
Oh, absolutamente, sí. Y eso era más o menos el quid de lo que he estado diciendo y escribiendo, sobre lo impactante que es. Incluso para aquellas de nosotras que hemos estado siguiendo cada detalle, cada noticia, cada vídeo. La totalidad de esto creo que simplemente tenemos que llamarlo holocausto. Realmente lo es. Es masivo. Nadie se salva. No hay burbuja. No hay burbuja para las personas ricas, como suele suceder en momentos como estos. Es una agonía masiva. Todo el mundo se ve obligado a estas formas de vida simplemente degradantes. Como, por ejemplo, que la gente no puede lavarse. Y la forma en que no poder lavarte te destroza, es bastante profunda. No son personas acostumbradas a vivir a la intemperie. A menudo la mayoría de ellas son profesionales, personas que vivían en hogares multigeneracionales, que tenían historias. Todo eso se ha borrado. El trauma es extraordinario. No te lo puedes creer, de verdad.
Los baños son compartidos por cientos de personas. La gente estructura sus días en torno a la planificación de cómo llegar a un baño. Hay algo tan simple, la posibilidad de lavarte los dientes. Quiero decir, es simplemente tomar una taza de café, sentirse humano. Una de las mujeres en el hospital… Su marido tuvo que trabajar durante semanas para ahorrar 30 dólares para pagar el transporte para llegar hasta ella. Pero también tenía el problema de venir con ropa limpia cuando sólo tenía un par de prendas de ropa, un conjunto de ropa. Encontró este pequeño rincón donde podía lavar su ropa y esperar desnudo en ese rincón hasta que se secara. Estas son las cosas que la gente hace para tener algo de dignidad. Y estas no son las imágenes dramáticas que se ven en los vídeos. Es el desmantelamiento diario de las personas, de su psique, de su dignidad, de su condición de persona, de su… simplemente se está desmantelando cada pequeño detalle. Y la gente está cansada, está exhausta.
Las niñas han visto lo que ninguna niña debería ver nunca, y lo ven repetidamente. No es sólo un shock al ver a una persona muerta en la carretera o ver a sus amigas desmembradas. No se trata sólo de eso. Es una repetición del terror. Israel está constantemente volando esos drones sobre las cabezas de todo el mundo, todo el tiempo. Y ahora sobrevuelan a baja altura con sus aviones de guerra que crean este sonido horrible y aterrador para las niñas. Así que tenemos gente con niveles elevados de cortisol durante casi seis meses. La gente está operando bajo este alto nivel de terror. Así que puedes imaginarte lo que eso le hace a la gente. Realmente, es difícil de imaginar. Sus cerebros están siendo reconfigurados. No están bien. Nadie está bien. Y la gente tiene hambre, tienen sed, están desorientadas, sienten dolor, están en duelo. Están luchando contra estas enfermedades rampantes. La hepatitis se está propagando como un incendio. Hay muchos casos de meningitis, la gente no es capaz de conseguir suficientes antibióticos, así que las personas que están heridas, que ingresan en el hospital y se someten con éxito a operaciones quirúrgicas, contraen infecciones y luego desarrollan septicemias porque los cuidados postoperatorios están al límite. Quiero decir, podría seguir y seguir y seguir. Ya te haces una idea.
Frank Barat: Lo que dices es tan impactante… Hablé con Imane Maarifi, es una enfermera francesa que pasó un par de semanas en Gaza justo antes de que tú lo hicieras. Y cuando volvió, hablamos y ella tenía el mismo tipo de sentimiento, y esto es lo que tenemos que recordar siempre, el genocidio provocado por el hombre. No es una catástrofe, no es un tsunami, no es un terremoto. Pero de lo que Imane estaba hablando también era del hecho de que mucha gente en Gaza sentía vergüenza de que una visitante les viera y viera sus casas y su ciudad y sus pueblos en ese estado. Y no paraban de decirle a Imane algo como: “Sentimos tanto que estés viendo esto, vuelve en otro momento”. Le enseñaban fotos de sus casas de antes. Hay este tipo dignidad y lo sé porque he estado en Palestina y lo que me has estado contando es también una especie de sociocidio, ¿verdad? Ni siquiera sé cómo llamarlo, donde realmente están tratando de destruir la sociedad. Imane decía que cuando regresó de Gaza, empezaron a invitarla a programas de televisión y al parlamento francés, al senado francés, y les dijo, ya sabes, ella es enfermera: “He visto bebés sin piernas, sin brazos. He visto niñas sin familia”. Ella pensaba, cuando vuelva y cuente esto a los “líderes” van a decir: “Oh, vaya, no lo sabíamos. Paremos esto ahora mismo” y me decía “Hace dos semanas que he vuelto a Francia y todavía no hay un alto el fuego”. ¿qué sientes al respecto? Ellos saben, los políticos saben lo que está pasando. Ya han tenido suficientes testigos, ya han tenido suficientes informes, ya han tenido suficiente material mediático. Ellos saben lo que está pasando y todavía no hay un alto el fuego. ¿Qué dice todo esto de, no sé, ellos, nosotras, la humanidad?.
¿De verdad te sorprende? ¿De verdad crees que les importan una mierda las cosas de las que fingen preocuparse? ¿De verdad crees que les importa si vivimos o morimos? No les importa. Siempre lo he sabido. La mayoría de nosotras siempre lo hemos sabido. La única razón por la que parecen estar cambiando su tono en este momento es porque están preocupados por sus propias carreras, sus propias trayectorias políticas, porque no han conseguido controlar toda la información. Como has dicho, Israel no permite la entrada a ninguna periodista y han estado asesinando activamente, o persiguiendo a las periodistas que están allí. Sólo quedan unas pocas. Así que, ya sabes, la imagen que estás recibiendo es sólo una pequeña, pequeña, pequeña fracción de la realidad y de la magnitud de lo que está ocurriendo. Así que no sólo saben lo que está pasando, sino que saben que Israel está ocultando la mayor parte. No son estúpidos. Lo hacen en todo el mundo con las personas negras y morenas. Se trata de sus intereses. Esta es la élite gobernante que hace lo que quiere con nosotras. Y espero que Gaza suponga un cambio en el destino de la humanidad en lo que a eso se refiere. Creo que miraremos atrás en la historia y veremos este momento como el momento crucial en el que las cosas dieron un giro o lo que sea. Un giro de 180º, giro a la izquierda, giro a la derecha, o lo que sea, pero un giro.
Frank Barat: ¿Cómo podemos asegurarnos de que este momento lo cambie todo? Porque sabemos que el enemigo y las fuerzas opuestas van a asegurarse de que este momento no cambie nada. Van a asegurarse de que: “oh, es culpa de Netanyahu, te lo dijimos”. Y van a tener a (Yair) Lapid en el poder y van a decir que eso es todo. Pero tenemos que asegurarnos de que no siga este camino. ¿Y cómo lo hacemos? Lo hemos visto en las calles. Lo hemos visto, ya sabes, están pasando tantas cosas en términos de solidaridad también en el Sur Global. En realidad, principalmente en el Sur Global. No principalmente, pero han ocurrido muchas cosas en el Sur Global. Llevas años escribiendo y hablando de esto. El hecho de que… a la mierda Occidente, a la mierda los grupos de presión, Biden y lo que sea, David Cameron y Sunak, ellos son parte del problema. Son las élites a las que les importa una mierda que nos muramos. Así que encontremos una lucha común con la gente, morenas, negras del Sur que se preocupan por nosotras, que también es la mayoría del mundo.
Se trata principalmente del Sur Global, pero también es la clase trabajadora de Occidente, también las personas pobres y las negras y las morenas de Occidente, y la clase trabajadora y las desposeídas. Está en todas partes. Quiero decir, hay un montón de gente en el Sur Global que representa a la élite gobernante. Si miras a la élite gobernante en el mundo árabe, técnicamente son parte del Sur Global, pero son parte del problema. Son una gran parte del problema.
Ésta es una de las razones por las que nunca he tenido mucha fe en la política electoral, aunque recientemente escribiese un artículo para deshacernos de Biden. Pero nunca he creído realmente en los esfuerzos de los grupos de presión, porque siempre existe esta suposición de que estas personas tienen una conciencia, que estas personas se preocupan, que tienen una brújula moral y no es así. Y esa es la verdad. No tienen una brújula moral. A lo único que responden es al dinero y al poder. Y a menos que demuestres que puedes afectar de alguna manera a sus carreras y que puedes afectar sus vidas de alguna manera, nada cambiará. Así que creo que, para responder a tu pregunta sobre ¿qué hacemos? Bueno, hacemos lo que hemos estado haciendo. Hacemos más de eso. Permanecemos en las calles, perturbamos su vida cotidiana. No les permitimos tener un momento de descanso. Todo lo que hacen debe ser perturbado. Sus pequeñas reuniones, sus pequeñas conferencias, sus parlamentos, sus resoluciones, su tráfico… Creo que tenemos que perturbar todos los aspectos de la sociedad, y creo que tenemos que hacer que se sientan lo más incómodos posible. Tiene que quedar muy claro que los pueblos del mundo ya han tenido bastante, que no seguiremos como hasta ahora. Estamos cansadas. El mundo está cansado de estas guerras interminables, de estas interminables mierdas imperialistas occidentales, máquinas de muerte y genocidios y dolor y agonía que nos infligen a todas nosotras todo el tiempo para sus propios fines codiciosos. Y de eso se trata en última instancia.
Esto es una apropiación de tierras, es una apropiación de recursos, es un movimiento judío de supremacía blanca que siempre ha querido expulsarnos de nuestras tierras, y ahora al menos fueron honestos al principio, al decir que se trataba de un empeño colonial. La llamaron la organización colonial judía o lo que fuera. Tenían todas estas diferentes asociaciones para recaudar dinero, y eran muy claros acerca de su papel como colonizadores y colonos, ¿verdad? Fueron honestos. Pero ahora han cambiado a esto de “somos indígenas”. Los absurdos de su narrativa son simplemente alucinantes. Y simplemente se permite. Se acepta en los medios de comunicación occidentales, en el discurso occidental, como si fuera un hecho. Al igual que los 40 bebés decapitados. Y ahora tienes a estos ricos, blancos, ejecutivos multimillonarios de Hollywood decidiendo “oh, somos indígenas de esta tierra”. Ninguno de ellos había puesto nunca un pie en ella, ni probablemente la conociera antes del sionismo. Hay tantos malditos agujeros en esto, en sus narrativas, que es simplemente alucinante que alguien se entretuviera. Entretenerse en esto como incluso un tema a discutir, es tan estúpido y absurdo.
Frank Barat: No podría estar más de acuerdo en todo lo que has dicho sobre la política electoral. Me resulta tan difícil explicar a la gente por qué no tiene ningún sentido que Biden o Trump puedan ser nuestros dirigentes. No tiene ningún sentido. Has dicho “alucinante”, que es como algo que pasó en Francia recientemente: Siences Po, que es una de las universidades francesas más famosas, fue ocupada por camaradas projusticia, prohumanidad, proamor. Aparentemente, a una mujer judía no se le permitió entrar en el teatro vacío porque ella era judía. Después de cinco minutos, fue desmantelado. Esta mujer era una sionista bien conocida, que estaba interrumpiendo todas las reuniones, que estaba haciendo fotos de la gente sin decirles que colgaba las fotos en Internet. Así que ella era una perturbadora y por eso, no se le permitía la entrada en la reunión. Y el organizador dijo que había otras personas judías en la reunión, incluyendo a personas que no están de acuerdo con nosotras.
Esta historia ocupó los titulares de todos los malditos periódicos franceses, programas de televisión, el presidente Macron dijo que “el antisemitismo no tiene cabida en nuestras universidades”. Y lo que es alucinante es que es una noticia falsa, pero una noticia falsa de la que tienes evidencia desde el minuto en el que se produjo, que era una noticia falsa, y aún así explota. Es como una bola de nieve. Estuve hablando recientemente con una autora y actriz tunecina que participó en el levantamiento de 2011 contra Ben Ali en Túnez. Lleva unos cuatro años en París. Y ella me estaba diciendo, “París ahora es Túnez en el 2009. Se pueden sentir las semillas del totalitarismo”.
Y siento… cuando te hablo ahora, tal vez estoy equivocado, pero puedo sentir algo de ira. Y creo que a veces la ira es necesaria. Y en realidad la ira es un don. Necesitamos estar enfadadas.
¡Absolutamente! Perdona que te interrumpa, me alegro de que lo menciones. Esta es otra cosa que han sembrado a través de la cultura popular. Eso de que de alguna manera es malo, que no deberías enfadarte, que estar enfadada te hace irrelevante o irracional. Pero es porque temen nuestra ira, han construido toda esta narrativa alrededor de eso para condenar la ira al ostracismo, para hacerla antinatural, cuando en realidad yo abrazo mi ira. Amo mi ira. Es mi combustible, es mi pasión, es mi poder. Y todas deberíamos estar enfadadas. Deberíamos indignarnos, enfurecernos cuando estamos en las calles. Y ellos deberían temer nuestra ira y nosotras deberíamos estar enfadadas y deberíamos alimentar nuestra ira. El hecho de que todos los medios de comunicación corrieran a publicar esa historia que estás mencionando, esa fabricación total y completa, debería decirte que los medios de comunicación franceses, como los de EE UU, al igual que otros medios occidentales, tienen una agenda, y están siendo controlados por personas con esa agenda. Y este es el tipo de narrativa sionista que todo lo que los palestinos hacen a los israelíes, es que lo hacemos porque son judíos, ¿no? Lo cual es estúpido. Como si no tuviera nada que ver con el hecho de que estas personas han estado maltratando y vertiendo este odio, este odio violento sobre nosotras década tras década tras década, afectando cada parte de nuestras vidas y como si eso no tuviera nada que ver. Y nosotras somos solo estas personas locas e irracionales que quieren matar judíos. Una vez más, esto se remonta a esas estúpidas y absurdas narrativas que publican. Pero estoy de acuerdo contigo, porque creo que esto les va a estallar en la cara, y creo que les va a estallar de manera espectacular. Y tenemos que asegurarnos de que así sea, porque esta generación más joven es mucho más inteligente. No lo están aceptando. Están hartas. Creo que ahí es donde todas tenemos que estar. Creo que sólo tenemos que seguir presionando y no desesperar, porque todo lo que hacen es robarnos tiempo.
Esta gente será derrocada. Serán aplastados. Sucederá. Tengo una total fe en ello. La historia lo enseña
Estaba hablando con una amiga mía que tiene que lidiar con estas estúpidas y frívolas demandas que se presentan contra ella como profesora. Carecen de sentido y de mérito, pero hacen estas cosas para ocupar nuestro tiempo y apartarnos del activismo. Se dirigen a voces poderosas para, básicamente, perturbar sus vidas de alguna manera. Eso es lo que hacen. Es fácil que la gente se asuste y se desespere, pero lo más importante que podemos hacer es resistirnos a esa sensación de agobio. Cada persona puede desempeñar un papel, aunque sea algo tan insignificante como compartir contenidos en las redes sociales. Todas tenemos que estar en la calle. Todas debemos apoyar a las personas que están dispuestas a asumir riesgos, a realizar acciones directas y demás. Esta gente será derrocada. Serán aplastados. Sucederá. Tengo una total fe en ello. La historia lo enseña. Creo que cuentan con su pequeña Inteligencia Artificial y todas sus máquinas de muerte, y piensan que van a ser capaces de aplastar a las masas y se van a llevar a muchas de nosotras con ellos, sin duda. Pero creo que prevaleceremos, de verdad que sí. Creo que estamos alcanzando esa masa crítica que siempre hemos querido alcanzar, y tenemos que hacerlo, porque la pérdida en Gaza no puede ser en vano. Simplemente no puede serlo. Lo que han hecho a la gente de Gaza va más allá, mucho más allá. Quiero decir, es simplemente indescriptible. Es impensable. Es inimaginable. Y te diré algo más: Incluso si detienen hoy las bombas, cientos de miles de personas en Gaza van a seguir muriendo. El número de muertos es astronómico, no son las 31.000. Esa es la cifra más subestimada. También sabemos que hay decenas de miles de personas aún bajo los escombros, a las que no se puede llegar. Pero hay tantas personas que tienen diabetes, que tienen enfermedades cardíacas, que tienen hipertensión, que no tienen acceso a la medicación, enfermos de cáncer, pacientes de diálisis. Todas están muriendo. Hay personas que tienen necesidades especiales y dietas especiales. Como has visto, se mueren de hambre porque no se les puede alimentar. Hay toneladas de gente con enfermedades nuevas. Hay diarrea rampante. Como dije antes, un brote de hepatitis.
Todo esto va a afectar enormemente a la gente. Y la magnitud de este holocausto aún está por revelar. Pero está ahí, y está al acecho. Y yo lo veo y otros lo ven, y el resto del mundo necesita verlo. Israel no puede salirse con la suya. De ninguna manera. No importa cuánto tardemos en hacerles rendir cuentas o cuánto tiempo, cuánto esfuerzo nos suponga, deben rendir cuentas. Eso es todo. Y honestamente, siento que ver lo que vi, realmente me hace dedicar el resto de mi vida a esto, a asegurarnos de que estos pedazo de mierda rindan cuentas. Eso es todo.
Frank Barat: No puedo estar más de acuerdo. Y también siento en mis entrañas que… basta, ellos van a perder. Ya están perdiendo. Y es como este viejo mundo. Todos ellos, todos esos blancos, asquerosamente ricos, genocidas, racistas de derechas… es como el último “hurra”, ¿verdad? Saben que se ha acabado. Y va a ser duro, puede que sea duro durante unos años más, pero saben que se acabó. Y lo que has estado diciendo sobre la generación más joven, yo también lo he experimentado. Estuve en París la semana pasada. He estado activo en Bruselas, en Londres, y veo a la juventud, de unos 20-25 años, tan inteligente. Están en las reuniones feministas del #MeToo. Están en las reuniones de Palestina. Están en las reuniones de acción directa. Lo han entendido. Todo está relacionado. Y que Palestina en realidad es y podría ser, pero creo que no es que podría, sino que es, la clave para que todo este maldito mundo se desmorone. Recuerdo siempre escuchar a Ilan Pappé y Angela Davis diciendo, “Esperamos ver una Palestina libre antes de irnos, antes de morir. Pero no estamos seguros de ello”.Y tengo 46, y hace unos años he empezado a preguntarme si algún día podré ir a Palestina, una Palestina libre. Pero ahora… —y hace poco les contaba esto a mis hijos— estoy seguro de ello. Sé que antes de morir vamos a experimentar una Palestina libre. Y espero, estoy bastante convencido, de que esto no puede continuar. No tiene ningún sentido que esta maldita pesadilla continúe. Y para estas personas que son el 1% y envían bombas sobre el 99% de la humanidad. No tiene ningún sentido que continúe. Soy un gran fan de Rage Against the Machine, la banda. Y en una de sus canciones, Zack de la Rocha grita: “La ira es un don”. Y eso siempre me ha gustado. La ira es un don. También, lo que has dicho… Yo odio estas reuniones a las que vas y lo primero que te dice la gente es, “por cierto, que somos no violentos, pacíficos. Es muy importante…” pero a veces necesitamos que estén preocupados y asustados.
Sí. Y eso es otra cosa que la narrativa de la no violencia también ha hecho…Y es interesante porque a menudo se oye a estas personas liberales blancas decir, “bueno, ¿dónde está el Gandhi palestino?”, o algo así. Y entonces tristemente las palestinas responderán “bueno, nosotras lo hicimos, pero ellos los asesinaron”. Como si fuera la única manera. ¿Y sabes qué? No queremos un maldito Gandhi. No queremos eso. Vamos a enfrentarnos a vuestra violencia, a vuestro terrorismo incalificable, con la violencia que podamos reunir. Y tenemos ese derecho. Tenemos derecho a resistir este terrorismo implacable contra nosotras, década tras década tras década. Tenemos ese derecho. Y cualquiera que sugiera lo contrario no tiene lugar en nuestro movimiento, sinceramente.
La no violencia es una gran opción. De hecho, ha sido la opción predominante para las personas palestinas que simplemente existen cada día en su territorio. Quiero decir, esta es una forma de resistencia no violenta. Simplemente existir e ir a la escuela y construir negocios y construir escuelas y seguir viviendo y tener esperanza, ésa es la máxima resistencia no violenta. Pero también tenemos derecho a tomar las armas. Tenemos derecho a apuñalar a alguien que entre en nuestra casa. Tenemos ese derecho. Y la gente que intenta decir lo contrario son trols y disruptores de lo que tenemos que hacer.
Frank Barat: Sí, creo que quiero cerrarlo así porque puede sonar extraño, pero es un mensaje positivo. Nosotras tenemos principios morales sólidos, pero eso no significa que no podamos enfrentarnos a ellos con la fuerza también. Y también hablas del Gandhi palestino o lo que sea. La mayoría de la gente que dice esto ni siquiera sabe quién narices era Gandhi o quién narices era Mandela. ¿Dónde está el Mandela palestino? Mandela fue el fundador del brazo armado del Congreso Nacional Africano (CNA). ¿De qué demonios estamos hablando?
Exacto. Ni siquiera conocen la historia de Mandela, ¿verdad? No saben nada sobre el CNA o sobre lo que hacía el CNA y lo que representaba.
Frank Barat: Lo que más me enfada es que los llamados “líderes“ son totalmente estúpidos. Realmente son idiotas ricos sin educación. Y siento vergüenza.
Es mediocridad. Apestan a mediocridad. Es chocante cuando eres una niña. Recuerdo que cuando era niña, miraba a las adultas y a las personas en posiciones de liderazgo y pensaba que eran muy inteligentes y que sabían mucho más que yo. Y luego creces y las escuchas hablar y te das cuenta, “oh, Dios mío, esta es la gente que ha estado dirigiendo el mundo”. Y es impactante. Es chocante. Algunos de ellos son simplemente estúpidos, no tienen sentido de la historia, ni siquiera tienen capacidad cognitiva real. Es chocante.
Frank Barat: Durante un año formé parte de un grupo que hacía presión sobre diputados del parlamento británico. Oh, Dios. Me sorprendió que pudieran ser tan absolutamente tontos. Honestamente, estaba en reuniones y pensaba ¿de verdad son tan tontos?
Sí, a mí me llevó un tiempo comprenderlo, pero es cierto. Pero quiero decir una cosa. Has dicho que saben que este es su final. En realidad no creo que lo sepan. Pienso que creen que las viejas tácticas todavía van a funcionar. Pienso que creen que van a poder matar y embrutecer a su manera. Y hay un tipo en las redes sociales al que sigo —ahora no recuerdo su nombre, lo siento, me estoy haciendo vieja— pero él estaba hablando de cómo mucho de lo que está pasando le recuerda a algo que dijo María Antonieta justo antes de la revolución. Que todas estas personas en la corte estaban en una especie de baile en su camino al borde del abismo. Estaban en el abismo y no lo sabían. Y seguían teniendo esas fiestas de alta costura con todas sus joyas y su ropa elegante, y no tenían ni idea de que estaban a punto de caer por el precipicio. Y creo que tiene razón. Creo que no lo saben.
Frank Barat: Es aún mejor. Me gusta el elemento sorpresa…
Empujarlos al abismo…
Frank Barat: No, pero honestamente, sé que el odio no es un buen sentimiento. No es agradable, pero siento mucho odio hacia esta gente. Sinceramente.
¡Está permitido! Es una reacción muy natural hacia la gente que lleva tanto tiempo vertiendo literalmente tanta violencia sobre todas nosotras, destruyendo nuestro planeta, destruyendo nuestras vidas, destruyendo nuestras sociedades, todo para poder llenarse los bolsillos un poco más. Esa gente para la que nada es suficiente, ninguna cantidad de poder es suficiente, ninguna cantidad de dinero es suficiente, ninguna cantidad de casas o coches o riqueza es suficiente. Y quieren más. Y están felices de destruirnos a todas para conseguir un poco más. Sí, merecen nuestro odio. Merecen nuestro desprecio. Merecen nuestra violencia. Merecen nuestra ira. Se merecen todo lo que sentimos hacia ellos. Lo dejaré aquí.
3. Democracia africana
Aunque quizá se idealicen las instituciones políticas anteriores como «democráticas», me ha parecido interesante este artículo en Russia Today de un antiguo ministro libio, antes de que Occidente fuese allí a «poner orden». https://www.rt.com/africa/
Democracia nativa: Por qué África debe rechazar la vía occidental
Los modelos africanos de gobernanza tradicional pueden y deben incorporarse a la vida sociopolítica moderna
Por Moussa Ibrahim, Secretario Ejecutivo del African Legacy Forum, Johannesburgo, y ex ministro libio de Medios de Comunicación y Cultura
En el discurso de la gobernanza mundial, la democracia occidental suele erigirse en epítome de la organización y la representación políticas. Sin embargo, en todo el continente africano existe una perspectiva crítica de los modelos democráticos occidentales.
Muchos africanos, informados por su rico tapiz de tradiciones, historia y estructuras sociales, creen en la necesidad de reevaluar los paradigmas democráticos occidentales y abogar por formas de gobierno más arraigadas en las realidades africanas. Esta visión crítica parte de la creencia arraigada de que África debe desarrollar sus propias formas de democracia, inspiradas en las prácticas, religiones, tradiciones y valores comunitarios autóctonos.
En el centro de la crítica africana a la democracia occidental se encuentra el reconocimiento de la disonancia entre los sistemas políticos importados y los diversos paisajes sociopolíticos de las naciones africanas. La democracia occidental, a menudo caracterizada por el ultraindividualismo, las estructuras de poder elitistas y el énfasis en los valores «progresistas», puede no encajar del todo con el ethos comunitario predominante en muchas sociedades africanas. Por el contrario, los sistemas de gobierno tradicionales africanos, como los que se encuentran en diversos reinos, jefaturas y estructuras tribales, dan prioridad a la creación de consenso, la toma de decisiones comunitaria y la integración de las creencias espirituales en el gobierno.
Una de las principales razones por las que muchos africanos se aferran a las formas tradicionales de gobierno es el contexto histórico del colonialismo y sus duraderas repercusiones. La imposición de sistemas políticos occidentales durante la era colonial alteró las estructuras de gobierno preexistentes y a menudo marginó a las instituciones indígenas. Este legado histórico ha dejado una profunda huella en las sociedades africanas, fomentando el escepticismo hacia los modelos occidentales y el anhelo de recuperar y revitalizar las prácticas de gobernanza indígenas.
Además, los sistemas tradicionales africanos suelen considerarse más integradores y participativos, ya que abarcan un espectro más amplio de voces dentro de la comunidad. Los procesos de toma de decisiones en los entornos tradicionales suelen implicar la consulta con los ancianos, los líderes de la comunidad y las autoridades espirituales, lo que garantiza que se tengan en cuenta diversas perspectivas y se alcance un consenso.
Esto contrasta con la naturaleza jerárquica de muchos sistemas democráticos occidentales, que pueden marginar aún más a los grupos marginados y perpetuar los desequilibrios de poder. Las religiones y creencias espirituales africanas también desempeñan un papel importante en la configuración del concepto de gobernanza y elaboración de políticas en el continente. Los sistemas de creencias indígenas suelen hacer hincapié en la interconexión, la reverencia por la naturaleza y la responsabilidad colectiva.
Muchos africanos sostienen que la incorporación de estos valores a las estructuras de gobierno puede conducir a enfoques más sostenibles y holísticos del desarrollo, frente a la perspectiva a menudo utilitarista y antropocéntrica de los marcos políticos occidentales.
Los líderes africanos de la liberación nacional, desde Patrice Lumumba hasta Gamal Abdel Nasser y Muammar Gaddafi, siempre atacaron la desigualdad económica y las políticas liberales/neoliberales de Occidente, que priorizan el crecimiento impulsado por el mercado y la privatización. En muchos países africanos, estas políticas han exacerbado las dificultades económicas, ampliado la brecha entre ricos y pobres y perpetuado la dependencia de la ayuda y la inversión extranjeras. Esta disparidad económica socava el ideal democrático de igualdad de oportunidades y justicia social.
También está la cuestión de la incompatibilidad de los valores occidentales con la diversidad cultural africana. Las normas y prácticas democráticas occidentales no siempre encajan con la diversidad cultural presente en las sociedades africanas. Por ejemplo, cuestiones como los derechos LGBTQ+, las divisiones centradas en el género y las políticas laicistas de construcción del Estado pueden chocar con las creencias y normas tradicionales y nacionales de ciertas comunidades. Esta incompatibilidad cultural puede provocar tensiones entre los principios democráticos progresistas y las costumbres locales, socavando potencialmente la cohesión social y la estabilidad.
Además, la historia africana está repleta de ejemplos de sofisticados sistemas de gobierno anteriores al dominio colonial. Reinos como el Imperio Malí (c. 1226 a 1670 d.C.), el Imperio Ashanti (1701-1901 d.C.) y la civilización del Gran Zimbabue (siglos XI-XV d.C.) prosperaron gracias a sistemas de gobierno que combinaban la autoridad política con instituciones culturales y económicas.
Constituyen ejemplos notables de sociedades africanas que experimentaron con diversas formas de gobierno democrático, desafiando las narrativas convencionales de gobierno autocrático en el África precolonial. El Imperio de Malí, famoso por su riqueza y poder bajo el mando de líderes como Mansa Musa, empleaba un sistema en el que el poder estaba descentralizado entre los gobernantes locales y sus tribus, fomentando un sentimiento de participación y representación entre sus ciudadanos.
Del mismo modo, el Imperio Ashanti, con su compleja estructura política y su énfasis en la creación de consenso a través de consejos de ancianos y asambleas populares, ejemplificaba una forma de democracia participativa que permitía la expresión de diversos puntos de vista dentro de la sociedad.
Mientras tanto, se cree que la civilización del Gran Zimbabue, conocida por sus impresionantes estructuras de piedra y sus sofisticadas redes comerciales, funcionaba con un sistema en el que la toma de decisiones se distribuía entre distintos niveles de la sociedad, lo que sugiere una forma de gobierno descentralizada y la inclusión de comerciantes, artesanos, terratenientes y soldados.
Estos ejemplos ponen en entredicho la idea errónea de que la democracia es un concepto ajeno a las civilizaciones africanas, destacando en cambio la rica historia de experimentación e innovación democráticas en el continente.
Desde la década de 1950, los auténticos experimentos de democracia de base africana llevados a cabo en Egipto, Tanzania y Libia han producido resultados valiosos que merecen un examen exhaustivo y un avance. En Egipto, durante las décadas de 1950 y 1960, la creación generalizada de sindicatos de trabajadores, asociaciones de agricultores y la redistribución democrática de las tierras cultivables dieron lugar a una importante participación de grupos anteriormente marginados en el proceso de toma de decisiones políticas.
Del mismo modo, en Tanzania, Julius Nyerere -bajo su filosofía de Ujamaa (fraternidad/comida familiar en swahili)- amalgamó ideales de la religión, la tradición y la comunidad africanas para encabezar un movimiento de participación democrática en diversos sectores de la recién liberada y unificada sociedad tanzana.
Mientras tanto, en Libia, Gadafi empleó una mezcla de tradición islámica, en particular la Shura (consulta popular), consejos tribales y un enfoque de Democracia Directa no representativa para construir su visión de una nueva alternativa democrática para el Sur Global.
Inspirándose en estos precedentes históricos y contemporáneos, los defensores de las democracias centradas en África abogan por la adaptación y modernización de los principios de gobernanza autóctonos para adaptarlos a los retos contemporáneos.
En los últimos años, se ha producido un movimiento creciente en toda África para reclamar y reinterpretar las prácticas tradicionales de gobernanza. Iniciativas como la Agenda 2063 de la Unión Africana hacen hincapié en la necesidad de encontrar soluciones autóctonas a los retos de desarrollo del continente, incluida la reforma de la gobernanza.
En concreto, la Agenda 2063 dibuja una visión de un continente en el que prevalece un compromiso compartido con la buena gobernanza, los principios democráticos, la igualdad de género y los derechos humanos. La Unión Africana colabora estrechamente con sus Estados miembros para elaborar y ejecutar políticas destinadas a fomentar instituciones sólidas y bien gobernadas. Estos esfuerzos implican la promulgación de leyes que garanticen la participación activa de los ciudadanos africanos en la formulación de políticas y en los esfuerzos de desarrollo, al tiempo que se da prioridad a la creación de entornos de vida seguros y protegidos.
Para reforzar la consecución de estos objetivos, la UA ha creado varios órganos dedicados a defender la buena gobernanza y los derechos humanos en todo el continente. Entre ellos se encuentran la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos (CADHP), el Tribunal Africano de Derechos Humanos y de los Pueblos (TADHP), la Comisión de Derecho Internacional de la UA (AUCIL), la Junta Consultiva de la UA sobre Corrupción (AUABC) y el Comité Africano de Expertos sobre los Derechos y el Bienestar del Niño (ACERWC).
Países como Ghana y Sudáfrica han incorporado elementos de gobernanza indígena a sus marcos jurídicos y políticos, reconociendo la importancia del patrimonio cultural en la configuración de la identidad nacional y las estructuras de gobierno. Mecanismos democráticos resistentes y ancestrales como los consejos de ancianos, las asambleas comunitarias, la rotación del liderazgo, el derecho consuetudinario y la resolución de conflictos están experimentando un resurgimiento en el discurso intelectual y político africano.
En Ghana, un ejemplo destacado de incorporación de elementos de la gobernanza indígena al marco jurídico y político es la institución del cacicazgo. Los líderes tradicionales, conocidos como jefes, tienen una gran autoridad e influencia en sus respectivas comunidades. Sus funciones suelen incluir la mediación en conflictos, la conservación del patrimonio cultural y la consulta sobre cuestiones de gobernanza local. El sistema de jefatura es reconocido y respetado por el gobierno ghanés, y los jefes desempeñan un papel activo en los procesos de toma de decisiones a nivel local.
Otro ejemplo notable de incorporación de elementos de gobernanza indígena, en Sudáfrica, es el reconocimiento del derecho consuetudinario en el ordenamiento jurídico. El derecho consuetudinario engloba las prácticas, normas y costumbres tradicionales de diversas comunidades indígenas. La Constitución sudafricana reconoce la importancia del derecho consuetudinario y prevé su reconocimiento y aplicación en determinadas materias, en particular en relación con el derecho de familia, la herencia y la tenencia de la tierra. Este reconocimiento garantiza que el sistema jurídico dé cabida a las diversas prácticas y valores culturales de las comunidades indígenas de Sudáfrica.
En las redes sociales y en los parlamentos africanos se están produciendo interesantes debates sobre estos temas. Tuve el privilegio personal de participar activamente y dirigir varios de estos debates entre 2009 y 2010. En esa época, mi Jamahiri Media Centre (entonces un incipiente proyecto de medios de comunicación Global-Sur en Trípoli, Libia) acogió la Conferencia de la Juventud Africana, en la que defendimos y promovimos las democracias africanas, apartándonos de los modelos democráticos occidentales neoliberales importados.
Los críticos del enfoque africano de la democracia suelen citar la preocupación por la posible regresión al autoritarismo o la exclusión de las voces minoritarias. Sin embargo, sus defensores sostienen que abrazar las tradiciones africanas no implica un rechazo de los principios democráticos, sino más bien una reimaginación de la democracia más inclusiva, participativa y que refleje los contextos locales.
De hecho, la visión crítica africana de la democracia occidental refleja un profundo deseo de recuperar la capacidad de decisión sobre los procesos de gobernanza y formulación de políticas. Apoyándose en las tradiciones, religiones, historia y estructuras sociales autóctonas, muchos africanos abogan por el desarrollo de modelos democráticos que resuenen con la identidad única del continente y aborden los complejos retos a los que se enfrenta. Mientras África sigue afirmándose en la escena mundial, el debate sobre el futuro de la democracia en el continente seguirá siendo fundamental para configurar su panorama político.
4. Entrevista a Riley sobre el 18 Brumario
Las transcripciones de las entrevistas radiofónicas de Daniel Denvir son siempre muy largas -os he pasado una sobre historia de Oriente Medio y otra sobre India, que yo recuerde-, así que me da un poco de corte enviaros otra. Lo bueno del correo es que os podéis saltar tranquilamente el mensaje. En este caso la entrevista es con Dylan Riley, del que alguna cosa hemos visto a raíz del debate Riley-Brenner. https://jacobin.com/2024/04/
Revisión del 18 Brumario de Marx
Entrevista con Dylan Riley
En El 18 Brumario, Karl Marx analiza la revolución y la reacción en la Francia de mediados del siglo XIX con un efecto abrasador. Sus apreciaciones ofrecen lecciones perdurables sobre la revolución, la dinámica de clases y la perpetua lucha contra los lazos de la Historia.
Entrevista realizada por Daniel Denvir
Como escribió Marx en El 18 Brumario de Luis Bonaparte, «Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su antojo; no la hacen en circunstancias elegidas por ellos mismos, sino en circunstancias ya existentes, dadas y transmitidas desde el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas pesa como una pesadilla sobre los cerebros de los vivos». Una pesadilla, en efecto, que se refiere a nuestro momento, cuando lidiamos con el peso de los legados históricos.
Lo que resulta especialmente sorprendente del momento actual es cómo las contradicciones acumuladas de la economía política estadounidense han llegado a un callejón sin salida. El viejo orden sigue vigente, pero ha perdido su apariencia de naturalidad, inevitabilidad y permanencia.
En una entrevista en el podcast the Dig de Jacobin Radio, Daniel Denvir habla con el sociólogo político Dylan Riley. Ambos profundizan en el análisis de Marx en El 18 Brumario, explorando su visión de la revolución y la reacción en la Francia de mediados del siglo XIX, así como las teorías más amplias que desarrolla sobre la historia. También examinan la intrincada relación entre la política y la lucha de clases, y cómo las ideas de Marx en el Brumario pueden iluminar la dinámica política contemporánea en Estados Unidos.
Lo que sigue ha sido editado para mayor claridad y extensión.
La Monarquía de Julio y las Jornadas de Junio
Daniel Denvir
Empecemos exponiendo la historia general que Marx está analizando en la Francia de mediados del siglo XIX y los grupos y personalidades clave. Tenemos a Luis Bonaparte, los monárquicos del partido del Orden, los socialdemócratas de la Montaña, el proletariado de París, los campesinos, etcétera. Por favor, prepare el escenario, presente a los personajes y dé una idea general de lo que trata este libro y de lo que intenta argumentar.
Dylan Riley
Voy a dar mi opinión sobre lo que creo que ocurre en el libro, pero debo empezar con un descargo de responsabilidad. No soy un historiador de la Francia del siglo XIX ni un experto en este texto en particular, que es quizás el más desafiante de todos los escritos de Marx, incluso más que El Capital en muchos sentidos.
Dicho esto, permítanme darles una idea general de lo que creo que es importante tener en cuenta al acercarse al Dieciocho Brumario. Es útil comenzar describiendo la primera parte del largo siglo XIX. El contexto general del Brumario es el periodo de medio siglo que sigue a la Revolución Francesa de 1789, el periodo de 1789 a 1848 que Eric Hobsbawm denomina la Era de la Revolución. Fue una época marcada por la agitación y las turbulencias.
Antes de los levantamientos de 1848 hay tres periodos notables. En primer lugar, la época revolucionaria, que abarca de 1789 a 1815 -la Revolución Francesa y las guerras napoleónicas- y que difundió las ideas revolucionarias por toda Europa. Luego está la restauración, en la que el antiguo régimen vuelve a resurgir en el periodo comprendido entre 1815 y 1830, marcado por el Congreso de Viena y la instauración de la llamada Monarquía de Julio. Por último, está la propia Monarquía de Julio, de 1830 a 1848: una monarquía constitucional liberal clásica que sustituye a la monarquía conservadora precedente.
Marx interpreta estos dos últimos periodos en términos de dinámica de clases. Ve la propia restauración como una venganza de la aristocracia terrateniente. E interpreta la Monarquía de Julio como una monarquía burguesa, con su base social enraizada en las altas finanzas.
Otra cosa que hay que tener en cuenta es el trasfondo inmediato de la década de 1840, que es el primer gran boom ferroviario. La red ferroviaria europea se está construyendo, y hacia el final de la década de 1840, hay una crisis clásica de sobreproducción y una fuerte caída cíclica con el deterioro de las condiciones de los salarios y el empleo. Es lo que prepara el escenario para el propio levantamiento de 1848. La propia evolución política de Marx se vio profundamente influida por la miseria social de la época. En febrero de 1848, en medio de una escalada de este sufrimiento popular, estalló un levantamiento generalizado contra la Monarquía de Julio.
Se desencadena en París, pero estalla en toda Europa.
En realidad comienza primero en Palermo. Pero, sí, se extiende por toda Europa. Es la primavera de la gente, es una serie de levantamientos a escala europea. El movimiento abarca varias iteraciones, incluyendo versiones italianas, húngaras, polacas y alemanas, con Francia ocupando un lugar central con la revolución de febrero de 1848. Curiosamente, la revolución de febrero está, en cierto modo, predicha por el Manifiesto Comunista, que está escrito justo en ese período.
Así que, si nos fijamos en el liderazgo en Francia durante ese tiempo, es esencial tener en cuenta que la situación no era la misma en el resto de Europa. El trasfondo social de 1848 es bastante heterogéneo en toda Europa. En Francia, sobre todo en París, la clase obrera desempeñó un papel importante, impulsada por figuras como Louis Blanc y Auguste Blanqui. Sin embargo, a diferencia de la situación en 1789, el campesinado permaneció en gran medida pasivo durante el levantamiento de 1848.
Esto prepara el terreno para comprender las complejidades que se analizan en El 18 Brumario, que mezcla una narración detallada con reflexiones teóricas más amplias.
Esta es la cronología básica: en abril de 1848, justo después del levantamiento de febrero, surge lo que podemos llamar una república constitucional. Ya no es un régimen monárquico, y está dominado por un grupo llamado los Republicanos Moderados. Pero entonces, las cosas toman un giro más radical a partir de junio de 1848, con otro levantamiento. Marx llama a este período los Días de Junio, y establece un importante telón de fondo para El Dieciocho Brumario.
Este levantamiento -de decenas de miles de trabajadores- es ferozmente reprimido por uno de los personajes centrales de El 18 Brumario, un hombre llamado Louis-Eugène Cavaignac. Cavaignac es un general que ha aprendido a reprimir a los colonos en Argelia y regresa a París en 1848 para aplicar las mismas técnicas a la clase obrera. En cierto modo, la situación recuerda a la de Francisco Franco en España, que dejó su impronta primero en el norte de África antes de desatar la violencia reaccionaria contra la clase obrera española durante la Guerra Civil.
Las Jornadas de Junio son realmente un momento clave de la propia historia europea, porque marcan la ruptura definitiva e irrevocable entre la burguesía y la clase obrera. Para Marx, esto señala el comienzo de lo que podríamos considerar la lucha de clases moderna a partir de esa época. La clase obrera pasa a un segundo plano a medida que el resto de El 18 Brumario se centra en el menguante apoyo social al régimen parlamentario francés, hasta su desaparición en diciembre de 1851 con el golpe de Estado de Luis Napoleón Bonaparte.
«Las Jornadas de Junio son realmente un momento clave de la propia historia europea, porque marcan la ruptura definitiva e irrevocable entre la burguesía y la clase obrera».
La primera parte de la historia es la elección de Bonaparte, que tiene lugar el 10 de diciembre de 1848. Es un acontecimiento bastante sorprendente. Bonaparte es en realidad el primer jefe de Estado elegido popularmente en el mundo, descontando el sistema del Colegio Electoral de Estados Unidos. Así, comienza a cosechar un importante respaldo popular. Sin embargo, la mayor parte de El 18 Brumario gira en torno a la lucha de poder entre Bonaparte y sus diversos adversarios burgueses. Esencialmente, todos los adversarios, al ver aplastados a sus aliados potenciales, se encuentran cada vez más aislados en su enfrentamiento con Bonaparte, hasta que éste emerge como el último hombre en pie en esta saga de tres años después de 1848.
El aplazamiento de la ruptura revolucionaria
Antes de entrar en materia, ¿podría explicarnos un poco de qué trata este libro, más allá de los acontecimientos históricos concretos que Marx analiza?
La forma en que entiendo el libro es en términos del propio desarrollo intelectual y político de Marx. Es muy importante darse cuenta de que El Dieciocho Brumario se escribe pocos años después del Manifiesto Comunista. El rompecabezas fundamental que Marx está tratando es bastante simple: Marx predice una ruptura revolucionaria -aunque no es el único que lo hace- en 1848. Parece que su predicción se ve inmediatamente confirmada por los acontecimientos históricos. Pero entonces se produce el ascenso de Bonaparte. Y eso, por supuesto, supone un desafío tanto político como teórico para Marx.
Porque los trabajadores de Francia se unieron y consiguieron a Luis Bonaparte.
Sí, claro. ¿Por qué? ¿Por qué la historia va al revés?
La pregunta es: ¿Por qué el esquema de desarrollo social que fue tan brillante y lacónicamente expuesto en el Manifiesto Comunista, por qué parece no aplicarse en este caso? Ese es el enigma que se plantea aquí. Para responder a esa pregunta, creo que El 18 Brumario no es totalmente coherente, pero ofrece un par de sugerencias diferentes sobre cuál es el proceso. Creo que hay dos cosas principales que se pueden extraer de estas sugerencias.
Una de ellas es fácil de pasar por alto en una lectura rápida. Si lees de cerca el análisis de Marx, no está tan claro cómo entiende exactamente la economía política francesa. Tal vez el problema, desde la perspectiva de Marx, es que la sociedad francesa, en algunos aspectos importantes, está subdesarrollada. Hay un gran campesinado. Incluso la propia burguesía es un estrato dependiente del Estado, que busca rentas. No es exactamente la burguesía del Manifiesto Comunista. Esta divergencia de la burguesía descrita en el Manifiesto Comunista aísla a la clase obrera y hace que la burguesía francesa sea susceptible de traicionar su misión histórica de establecer un Estado representativo. Estos factores históricos conducen al aislamiento de la clase obrera francesa.
Otra lección es la importancia de las alianzas de clase. En El Dieciocho Brumario, Marx está pensando mucho más estratégicamente sobre política que en el Manifiesto Comunista. Y está pensando en el problema planteado por el hecho de que, para que la clase obrera emerja como una fuerza política efectiva, debe articular sus intereses como los intereses de la nación. Y, en cierto sentido, por utilizar un término gramsciano, esa es la forma en que la clase obrera puede reclamar la hegemonía.
La tercera cosa que está pasando es la realidad del Estado. Y eso es algo que creo que seguirá persiguiendo a Marx también a través de sus escritos sobre las guerras civiles en Francia. Es decir que, cuando pensamos en la ruptura revolucionaria prevista, debemos recordar que existe este último respaldo al orden social que no se puede desear que desaparezca. En el caso de El Dieciocho Brumario, la realidad del Estado se presenta como el garante final, podríamos decir, del orden existente. Y esto es algo que se percibe y que realmente no se percibe en las versiones anteriores del análisis de Marx.
Quiero volver al entorno intelectual en el que Marx debate. Se enfrenta a las evaluaciones liberales de la situación francesa, así como a la del anarquista Proudhon. Escribe que Victor Hugo se limita a invectivas amargas e ingeniosas contra los responsables del golpe de Estado. El acontecimiento aparece en su obra como un relámpago. No ve en él más que el acto violento de un solo individuo. No se da cuenta de que hace a este individuo grande en lugar de pequeño al atribuirle un poder personal de iniciativa sin parangón en la historia del mundo. Proudhon, por su parte, intenta representar el golpe de Estado como el resultado de un desarrollo histórico precedente. Sin embargo, inadvertidamente, su construcción histórica del golpe de Estado se convierte en una apología histórica de su héroe. Cae así en el error de nuestros supuestos historiadores objetivos. Yo, por el contrario, demuestro cómo la lucha de clases en Francia creó circunstancias y relaciones que hicieron posible que una grotesca mediocridad desempeñara el papel de héroe.
¿Con qué está Marx en desacuerdo en estos dos enfoques, y qué ofrece como alternativa?
Había cierto paralelismo entre esto y las discusiones liberales sobre Trump. Es cierto, es una monstruosidad, una especie de cisne negro que surge de la nada. Y si no tienes una explicación, entonces no puedes desarrollar una política racional en respuesta.
Obviamente, en la mente de Marx hay una conexión entre desarrollar una explicación real de los acontecimientos y pensar qué hacer al respecto. Mientras que con Proudhon, es la otra cara de la moneda. Es una especie de relato objetivista. Y creo que uno de los puntos centrales de Marx en El 18 Brumario -en cierto sentido, el punto central- es la necesidad de pensar en las posibilidades revolucionarias futuras; la necesidad de que la clase obrera forme una alianza con aquellos actores sociales con los que las alianzas son posibles. Y en el caso francés del siglo XIX, ése es el campesinado. Por supuesto, eso tomaría una forma diferente hoy en día.
También se ve allí la forma en que Marx ve esto y lo reconoce como un desafío fundamental para su propia teoría. «¿Cómo puede tu relato, basado en las luchas de clases y las fuerzas históricas objetivas, explicar este acontecimiento, que parece tan idiosincrásico y tan dependiente de la personalidad individual?». Y el argumento de Marx, por supuesto, es que es precisamente la lucha de clases la que puede explicar por qué un individuo emerge de repente como decisivo en un momento histórico concreto.
Ilusión y disyuntiva
Como acabas de decir, un mal análisis hace una mala política, y Marx escribe que el tipo de pensamiento de Hugo hizo que los opositores franceses a Bonaparte fueran incapaces de entender claramente y contrarrestar su ascenso. Me ha recordado a toda esa certeza liberal ante noviembre de 2016: la certeza de que la ortodoxia triunfaría sobre el esperpento de Trump.
Marx escribe: Como siempre, la debilidad se había refugiado en la creencia en los milagros, creía vencido al enemigo cuando sólo estaba conjurado en la imaginación, y había perdido toda comprensión del presente en una glorificación inactiva del futuro que le esperaba y de las hazañas que tenía en mente pero que aún no quería llevar a cabo. Esos héroes que tratan de refutar su incapacidad demostrada -ofreciéndose mutuamente su simpatía y reuniéndose en una multitud- habían atado sus fardos, recogido por adelantado sus coronas de laurel y se habían ocupado de descontar en el mercado de cambios las repúblicas in partibus para las que ya habían organizado providencialmente el personal gubernamental con toda la calma de su talante desenvuelto.
¿Qué está diciendo Marx aquí sobre estos políticos franceses que se apresuraron prematuramente a medir las cortinas?
En mi opinión, lo que Marx ve aquí es que existe una conexión entre la incapacidad de un personaje histórico para comprender el proceso histórico y su ceguera política en el momento inmediato en el que está actuando. Y esa es una conexión en la que insistirá a lo largo del libro.
Y en esa línea, en otro pasaje escribe: En ninguna época, por tanto, encontramos una mezcla más confusa de frases altisonantes y de incertidumbre y torpeza reales, de esfuerzo más entusiasta por la innovación y de dominio más arraigado de la vieja rutina, de armonía más aparente del conjunto de la sociedad; y de distanciamiento más profundo de sus elementos.
Lo primero que pensé al leer eso fue en los primeros años de Obama, cuando parecía que todas esas profundas contradicciones -políticas, económicas, sociales, lo que fuera- de la sociedad estadounidense se habían pacificado de algún modo en el propio personaje y persona del nuevo presidente.
Creo que existe un paralelismo en el sentido de que la función histórica real de Obama y su propia autoconciencia y autocomprensión divergen enormemente entre sí. De hecho, creo que lo mismo puede ocurrir con Trump en un sentido opuesto.
«Marx identifica la disyuntiva entre los papeles que los actores políticos parecen desempeñar, los papeles que ellos mismos entienden que desempeñan, y las funciones reales que cumplen.»
Una de las razones por las que El 18 Brumario tiene un carácter imperecedero es que Marx identifica agudamente la disyuntiva sistemática entre los papeles que los actores políticos parecen estar desempeñando, los papeles que entienden que están desempeñando y las funciones reales que cumplen. En el proceso político, la función real de Obama era salvar a los bancos, por decirlo crudamente. Pero, se presentó como la trascendencia de todos estos problemas profundamente arraigados en la sociedad estadounidense – obviamente, lo más importante, la cuestión de la raza. La mitología en la que estaba envuelto es completamente una parte de la comprensión de ese momento histórico. Y se podría decir además que fue precisamente esa mitología la que le permitió actuar de la forma en que lo hizo.
En esa línea, Marx señala que es ese tipo de mitología la que puede hacer que cualquier orden dado parezca tan sólido. Como escribió en otro lugar: «Todo lo que es sólido se funde en el aire». En El 18 Brumario argumenta que cualquier orden dado, por sólido que parezca, puede ser en realidad bastante frágil porque siempre está supeditado a un conjunto de condiciones que lo sustentan.
Y escribe que La Constitución, la Asamblea Nacional, los partidos dinásticos, los republicanos azules y rojos, los héroes de África, los truenos de la tribuna, los relámpagos de la prensa diaria, la literatura entera, los nombres políticos y las reputaciones intelectuales, la ley civil y el código penal, la liberté, la egalité, la fraternité, y el segundo domingo de mayo de 1852, todo se ha desvanecido como una fantasmagoría ante el hechizo de un hombre al que ni siquiera sus enemigos hacen pasar por hechicero. El sufragio universal parece haber sobrevivido sólo por el momento, para que con su propia mano haga su última voluntad y testamento ante los ojos de todo el mundo y declare en nombre del propio pueblo: «Todo lo que existe merece perecer».
¿Qué argumento esgrime Marx aquí? ¿Y cómo cree que podría aplicarse a nuestro propio orden, que ciertamente no ha descendido a la dictadura, pero que está atravesando una profunda crisis que la gente ni siquiera preveía que tendría lugar, incluso en medio de los días más intensos de la crisis financiera?
Supongo que lo que yo diría es que la vida política que se desarrolla en una democracia capitalista está llena de dramatismo. Yo diría que Marx está tratando de penetrar en el tipo de conflicto pirotécnico que constituye la escena política en una democracia capitalista burguesa (aunque aplicar el término «democracia» a la situación en Francia sobre la que está escribiendo es un poco anacrónico). La cuestión es que, en cierto sentido, el problema es que en este mundo de lo político, la gente tiene esta ilusión de solidez y fijeza. Esta ilusión se manifiesta en rutinas y normas consagradas que podemos ver en contextos contemporáneos, como en Estados Unidos.
Aunque estos aspectos de la vida política puedan parecer estables, pueden desvanecerse rápidamente cuando las cuestiones de clase, tal y como las percibe Marx, pasan a primer plano. El paisaje político sirve como elemento vital en la reproducción de la sociedad capitalista, pero también tiene un carácter efímero, susceptible de rápidas alteraciones. Este fenómeno es más extremo en países como Estados Unidos, con su veneración de la Constitución y otros rasgos institucionales.
Tragedia y farsa
Sobre ese punto acerca de la fijeza y el poder dados a las instituciones y a un momento histórico particular, Marx escribe algunas de sus líneas más famosas. Escribe: «Hegel señala en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia mundial aparecen, por así decirlo, dos veces. Olvidó añadir: la primera vez como tragedia, la segunda como farsa».
Y continúa, Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su antojo; no la hacen bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo circunstancias ya existentes, dadas y transmitidas desde el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas pesa como una pesadilla sobre los cerebros de los vivos. Y así como parecen ocupados en revolucionarse a sí mismos y a las cosas, creando algo que no existía antes, precisamente en tales épocas de crisis revolucionaria conjuran ansiosamente a los espíritus del pasado a su servicio, tomando prestados de ellos nombres, lemas de batalla y trajes para presentar esta nueva escena en la historia del mundo con un disfraz consagrado por el tiempo y un lenguaje prestado.
Hay un poco de tensión, tal vez complementaria, con lo que acabamos de discutir: cómo Marx sostiene que todo sistema político-económico es frágil, dependiente de circunstancias rápidamente cambiantes que pueden conducir a su colapso o a una rápida transformación. Pero en estos pasajes, está argumentando sobre las limitaciones de la historia y la estructura. ¿Cuál es su argumento aquí?
Creo que esto enlaza con lo que decíamos antes sobre la relación entre tener una política adecuada y tener una comprensión real de la situación histórica a la que se enfrenta un grupo o una clase. Y lo que creo que Marx está diciendo en esos famosos pasajes es en realidad que hay una forma paradójica en la que los actores del drama histórico que está describiendo, para actuar, deben, en cierto sentido, no comprender plenamente la naturaleza de su propia acción.
Y eso significa que deben malinterpretar -de alguna manera fundamental- su propio papel en el proceso histórico. El proyecto de Marx, que es a la vez un proyecto político y un proyecto teórico, es superar eso. Su proyecto es, de hecho, dotar a la clase obrera de una comprensión real de su papel en la historia. Esta conciencia de clase implica una comprensión de la dinámica histórica genuina y de los retos a los que se enfrenta la propia clase. Todas las clases anteriores, en algunos aspectos, han sido capaces de actuar sólo a través de una incomprensión de su propio papel en el proceso histórico – de ahí la invocación de Hegel.
Marx se refiere aquí a la comprensión de Hegel del desarrollo histórico, que es, por supuesto, también una comprensión de una autocomprensión del agente del cambio histórico en la historia. Y lo que quiere decir Hegel es que estas dos cosas, es decir, la autocomprensión y la realidad, se han separado pero se están fusionando gradualmente. Y aquí ocurre algo parecido con lo que dice Marx: la razón por la que las clases llevan anteojeras es que, para cumplir su propio papel en la historia, deben de alguna manera no entender esto y comportarse como si fueran actores del pasado.
Pero luego Marx argumenta que para tener éxito tienen que mirar hacia el futuro.
Se trata sobre todo de la clase obrera. Creo que esa es la cuestión. La clase obrera tiene que aprender su propio lenguaje. ¿Cuál es ese lenguaje? Es el lenguaje que los socialistas intentan construir. Es el nuevo lenguaje. Esto sugiere un cambio en la agencia histórica, en la que los actores ya no se limitan a imitar el pasado, sino que poseen una auténtica comprensión del momento histórico. Creo que la ciencia y la política están muy estrechamente vinculadas en estas líneas, aunque sea de forma implícita.
Su pasaje se refiere precisamente a eso: La revolución social del siglo XIX no puede tomar su poesía del pasado, sino sólo del futuro. No puede empezar por sí misma antes de haberse despojado de toda superstición sobre el pasado. Las revoluciones anteriores requerían recuerdos de la historia mundial pasada para sofocar su propio contenido. La revolución del siglo XIX debe dejar que los muertos entierren a sus muertos para llegar a su propio contenido. Allí la frase iba más allá del contenido, aquí el contenido va más allá de la frase.
Marx señala cómo los revolucionarios franceses adoptaron el ropaje de la República romana y, más tarde, del Imperio romano. Pero esto no es la República Romana, no es el Imperio Romano. Sin embargo, para llevar a cabo su tarea histórica, que es establecer el Estado representativo moderno -emprender la revolución burguesa- deben malinterpretar su propio papel en la historia.
Para la burguesía y las sociedades anteriores a la clase obrera, existe un vínculo necesario entre sus acciones de clase y la incomprensión de su papel histórico. Sin embargo, la clase obrera actúa de forma diferente. Para actuar eficazmente como clase, la clase obrera debe comprender su papel en la historia sin mistificaciones. Por eso tiene una forma especial de agencia histórica. Ya no se trata de que la clase obrera se vista con los trajes del pasado. Debe aprender la poesía del futuro. Creo que ésa es la diferencia de la que habla.
Cuando dice «la frase iba más allá del contenido», se refiere a cómo los revolucionarios burgueses se vistieron históricamente con los trajes simbólicos de la antigüedad clásica para establecer la sociedad burguesa. El contenido aquí representa la realidad prosaica de la sociedad burguesa, mientras que la frase se refiere a estos trajes simbólicos.
Sin embargo, para la clase obrera, la situación es diferente. El contenido es la emancipación humana, mientras que la frase representa la autocomprensión de la situación histórica, que se alinea con el materialismo científico o histórico. Esta distinción subraya una diferencia fundamental de enfoque entre la burguesía y la clase obrera.
Dialéctica del éxito y del fracaso
¿Es justo decir que a lo que Marx se refiere es a la tendencia reaccionaria a reinterpretar constantemente la tradición?
Es posible. Y creo que hay algo fascinante en la naturaleza del culto a Napoleón. Supongo que es como «hacer a Francia grande de nuevo». También tiene mucho que ver con esta forma particular en que Marx entiende la manera en que se supone que funciona la conciencia de clase en diferentes épocas históricas y para diferentes clases. Y es probablemente la parte más difícil de entender lo que Marx está tratando de decir – para decirlo de manera muy simple, tenemos que pensar por qué es que la burguesía tiene que actuar de esta manera. ¿Por qué la burguesía tiene que ponerse los trajes del pasado? Y eso nunca se aclara del todo en El Dieciocho Brumario.
Una cosa que quiero discutir sobre este punto es el argumento de Marx en cuanto a cómo un proletariado llega al punto en que está firmemente orientado hacia el futuro. Y parece que está haciendo tanto un argumento analítico como prescriptivo. Está dando consejos a los revolucionarios, pero también argumentando que la dinámica de cualquier momento revolucionario está fuertemente determinada por la dinámica histórica contingente.
Escribe, Las revoluciones burguesas, como las del siglo XVIII, pasan más rápidamente de un éxito a otro, sus efectos dramáticos se superan unos a otros, los hombres y las cosas parecen engastados en brillantes diamantes, el éxtasis está a la orden del día – pero duran poco, pronto han alcanzado su cenit, y un largo Katzenjammer se apodera de la sociedad antes de que aprenda a asimilar sobriamente los resultados de su período de tormenta y estrés. Por otra parte, las revoluciones proletarias, como las del siglo XIX, se critican constantemente a sí mismas, se interrumpen constantemente en su propio curso, vuelven sobre lo aparentemente realizado, para comenzar de nuevo; se burlan con cruel minuciosidad de las medias tintas, debilidades y mezquindades de sus primeras tentativas, parecen derribar a sus adversarios sólo para que éstos saquen nuevas fuerzas de la tierra y se levanten de nuevo ante ellos más gigantescos que nunca, retroceden constantemente ante la colosalidad indefinida de sus propios objetivos – hasta que se crea una situación que hace imposible toda vuelta atrás . . .
¿Cuál es el argumento de Marx aquí sobre cómo la historia crea momentos que están más o menos maduros para la política transformadora? ¿Es esa la forma correcta de leerlo?
Creo que lo que busca aquí es toda la tensa cuestión de cómo será la futura revolución. Y no está seguro. Hay un intento de salir del lecho de Procusto de 1789 y sus secuelas. Es decir, que no va a ser necesariamente como el asalto a la Bastilla. Pero como la naturaleza real de la revolución futura, esto es algo que creo que va a ocupar a Marx, en sus escritos políticos, durante el resto de su vida. Y, en cierta medida, sigue siendo la cuestión clave que la gente de izquierda debe abordar.
Por lo tanto, no sé exactamente cómo responder a eso, aparte de decir que está claro que cualquier revolución que venga va a tomar una forma diferente a la toma de la Bastilla y los grandes días de la Revolución Francesa. Además, la crítica constante desempeñará un papel importante. Será una revolución autoconsciente que incorporará la comprensión de sí misma y de su papel social para impulsar el cambio. Hay un componente cognitivo en esta lucha revolucionaria que es muy importante destacar para Marx.
Hay una recomendación estratégica específica, creo, en El Dieciocho Brumario. Y, básicamente, es que, si la clase obrera está aislada, no podrá tomar el poder. Debe establecer alianzas de clase. Debe establecer alianzas con los grupos que están fuera del núcleo de la clase obrera manufacturera. Eso está muy claro. Y esto será así durante toda la Revolución Rusa y más allá: ese otro actor es el campesinado.
Sobre la cuestión más amplia de cómo pensar en la revolución proletaria, no creo que haya una respuesta clara en El Dieciocho Brumario. Y no creo que Marx haya abordado nunca adecuadamente esta cuestión.
Parece que está argumentando que hay ciertas limitaciones y posibilidades que ofrecen momentos históricos particulares. Aunque no presenta un argumento completamente determinista, Marx parece insinuar que el proletariado francés, dadas sus circunstancias -tanto internamente como en relación con estructuras político-económicas y dinámicas de clase más amplias- tenía resultados en cierto modo predecibles. Y me hace pensar en algo como Occupy Wall Street, a menudo tachado de fracaso. Pero teniendo en cuenta el contexto histórico en el que surgió, hizo lo máximo que podía hacer y luego sentó las bases para una política de izquierdas más grande, más audaz y más sistemática que seguiría su estela.
Creo que esta es realmente una cuestión clave. En cuanto al primer punto que has planteado, estoy completamente de acuerdo contigo, y se hace eco de mi resumen de El Dieciocho Brumario. Hay dos líneas argumentales -y en realidad no son totalmente compatibles entre sí- que recorren este libro. Una sugiere que los acontecimientos descritos son una especie de proyección hacia atrás de las guerras civiles en Francia. Según una interpretación marxista, El 18 Brumario ilustra que la burguesía ha perdido esencialmente su capacidad de gobernar, mientras que el proletariado aún no ha asumido su papel de gobernante. En este interregno, asistimos a la aparición de esta figura tan extraña, una especie de figura de transición entre lo viejo y lo nuevo. Esto implica una sociedad que, en cierto sentido, está sobremadurada. Ha alcanzado su límite histórico, la burguesía ha agotado su tiempo en el poder. Pero el proletariado, por la razón que sea, no se ha puesto a la altura de la situación.
El otro argumento, por supuesto, que atraviesa esta obra es que la Francia de mediados del siglo XIX no es una sociedad capitalista plenamente desarrollada. Con su enorme población campesina y una burguesía dependiente en gran medida del Estado, el aislamiento de la clase obrera no es una mera coincidencia, sino que está arraigado en la dinámica estructural de la sociedad francesa. El lector tiene la sensación de que nunca queda del todo claro si Francia se presenta como la última palabra en materia de desarrollo o si se trata de una teoría del atraso político y económico.
En cuanto a las complejidades del éxito, el fracaso, la contingencia y la necesidad, es realmente muy difícil de navegar. La contingencia debe entenderse en relación con las posibilidades objetivas reales inherentes a cualquier momento histórico. Para que la contingencia tenga importancia, hay que tener un fuerte sentido de la necesidad: hay que reconocer que existen ciertas estructuras que podrían haber permitido o dificultado diversos resultados, subrayando así la importancia de la acción política en la configuración del resultado final. En cuanto a su interpretación de Occupy Wall Street, podríamos decir que aún no sabemos si fue un éxito o un fracaso. Es demasiado pronto para saberlo. Todavía no sabemos si la Revolución Francesa fue un éxito o un fracaso. Es demasiado pronto para la Revolución Rusa.
Contradicciones de la República burguesa
Marx tiene palabras de elogio para la clase obrera parisina, a pesar de que fue brutalmente derrotada en un sentido estrecho y a corto plazo. Escribe: «había demostrado al mismo tiempo que en Europa las cuestiones en cuestión son otras que la de ‘república o monarquía’. Había revelado que aquí ‘república burguesa’ significa el despotismo ilimitado de una clase sobre otras clases.»
Sí, eso es exactamente cierto. Y eso es precisamente lo que sugería antes. Para Marx, las luchas de clases en torno a 1848 marcan una transición crucial. Ya no se trata simplemente de una contienda entre república y monarquía, sino de un choque más amplio entre socialismo y capitalismo. O dicho de otro modo, es el momento de la ruptura definitiva entre la clase obrera y la burguesía. Marx piensa que después de 1848, la burguesía ya no puede cumplir un papel históricamente progresista.
Y parece como si elogiara a la clase obrera francesa.
Sí, por revelar y desmitificar eso. Así es. Por hacer añicos la hegemonía de la burguesía y su legitimidad.
Es como si lo que estuviera en juego estuviera claro después de esto. ¿Verdad? Así es esencialmente como interpreta toda la trayectoria histórica que lleva al ascenso del bonapartismo en Francia.
Hablemos un poco más de la opinión de Marx sobre la república burguesa. Escribe que es “una dominación que, en general, sólo era posible bajo la forma de la república parlamentaria, pues sólo bajo esta forma podían unirse las dos grandes divisiones de la burguesía francesa, y poner así a la orden del día el gobierno de su clase en lugar del régimen de una fracción privilegiada de ella.”
Pero continúa diciendo que hay una contradicción inherente a esto: “El instinto les enseñó que la república, es cierto, hace completo su dominio político, pero al mismo tiempo socava su fundamento social, ya que ahora deben enfrentarse a las clases subyugadas y contender contra ellas sin mediación, sin el disimulo que les proporcionaba la corona, sin poder desviar el interés nacional mediante sus luchas subordinadas entre sí y con la monarquía.”
Está argumentando que una república burguesa es el vehículo perfecto y altamente contradictorio para el dominio de la clase capitalista. Pero, ¿está argumentando contra la democracia electoral como tal, o sólo contra un tipo particular?
No hay ningún sentido en el que pueda estar argumentando en contra de la democracia electoral como tal. Si nos fijamos en sus escritos sobre la Comuna de París, elogia cierto tipo de democracia electoral. No la democracia representativa, pero obviamente las elecciones eran amplias. Desde mi punto de vista, el contexto histórico de Marx desempeña aquí un papel crucial. No es evidente para Marx, dada su experiencia histórica, que el sufragio universal o amplio pudiera coexistir con la preservación de la propiedad capitalista a mediados del siglo XIX. Después de todo, apenas había ejemplos de ello fuera del caso único de Estados Unidos.
E incluso entonces se limita de diversas maneras en 1848.
No tiene claro que el capitalismo y la democracia sean compatibles entre sí. Sin embargo, también señala un punto crucial: el capital como clase está intrínsecamente dividido por conflictos económicos, con facciones internas. En el escenario que discute, es la tierra contra las finanzas.
Existen numerosos intereses económicos específicos dentro de la clase capitalista, propios de sus diversas facciones. Para que esta clase funcione como una entidad unificada, debe existir una institución que concilie y articule estos conflictos de intereses económicos como un interés general de la clase. Marx asigna este papel al parlamento. Sin embargo, lo que no previó es la capacidad de la democracia electoral moderna para funcionar sin llevar a la arena política las divisiones de clase fundamentales inherentes a toda sociedad capitalista. Este Estado representativo moderno, en cierto sentido, permite que la política lo abarque todo excepto la clase, facilitando la reproducción política del capital. Esta es mi opinión al respecto.
Marx habría predicho que el sufragio universal acabaría por hacer aflorar todas las contradicciones del capitalismo y conduciría a una especie de transición hacia el socialismo.
Creo que sí. Es probable que Marx no pudiera imaginarlo de otro modo. En su opinión, la perspectiva de conceder el sufragio efectivo frente a una clase obrera militante suponía una amenaza significativa. Puso de relieve una contradicción: la burguesía necesitaba la democracia representativa para articular sus intereses como clase, pero conceder esa democracia entrañaba el riesgo de empoderar a la clase obrera y crear una amenaza desde abajo. El Dieciocho Brumario, en cierto sentido, refleja el resultado de esta contradicción. Pero podríamos decir que el truco de la democracia representativa moderna es que demostró no ser una contradicción tan difícil de resolver, o al menos era resoluble en algunos aspectos.
Base y superestructura
Es sobre esta cuestión de la relación entre la burguesía y el Estado que Marx expone su clásico y siempre debatido y discutido argumento sobre la relación de una base material con una superestructura ideológica y política.
Específicamente, argumenta que las dos facciones monárquicas que buscaban una restauración de dos casas reales diferentes, la de Borbón y la de Orleans, no están fundamentalmente divididas por una diferencia en su lealtad de principios a una u otra corona. Escribe: «Aquí, en la república burguesa, que no llevaba ni el nombre de Borbón ni el de Orleans, sino el de capital, habían encontrado la forma de Estado en la que podían gobernar conjuntamente». Continúa: “Lo que mantenía separadas a las dos facciones, por lo tanto, no eran los llamados principios, eran sus condiciones materiales de existencia, dos tipos diferentes de propiedad; era el viejo contraste entre la ciudad y el campo, la rivalidad entre el capital y la propiedad de la tierra. . . . Sobre las diferentes formas de propiedad, sobre las condiciones sociales de existencia, se levanta toda una superestructura de sentimientos, ilusiones, modos de pensar y visiones de la vida distintos y peculiarmente formados. Toda la clase los crea y los forma a partir de sus fundamentos materiales y de las relaciones sociales correspondientes.”
Continúa: «Hacen su verdadero negocio como el partido del Orden, es decir, bajo un título social, no político; como representantes del orden mundial burgués, no como caballeros de princesas descarriadas; como la clase burguesa contra otras clases, no como monárquicos contra los republicanos.» Explica lo que Marx está argumentando aquí, y toca algunos de los debates sobre este argumento: ¿Crees que permite suficiente autonomía para cosas como la ideología, la política, la cultura? Y a eso podríamos añadir el racismo, el sexismo, el colonialismo frente a la economía.
Para desentrañar lo que se transmite ahí, consideremos el contexto histórico que has esbozado: el conflicto entre dos facciones monárquicas, interpretado por Marx como un enfrentamiento entre la tierra y el capital financiero. Cuando Marx menciona que llevan a cabo sus verdaderos negocios como el partido del Orden, parece sugerir que las afiliaciones de clase no siempre se alinean perfectamente con las estructuras de los partidos políticos en una correlación de uno a uno. En algunos aspectos, la articulación de los intereses de clase requiere una especie de lucha política partidista intraclasista.
La política de una democracia capitalista abarca un amplio espectro de cuestiones: desde debates públicos sobre la actualidad hasta discusiones sobre diversos derechos e injusticias sociales. Sin embargo, el núcleo de los intereses de clase tiende a quedar sin tratar dentro de este teatro político. Funciona por debajo de la superficie. Este concepto enlaza con la noción de Marx del partido del orden, que destaca un interés de clase fundamental subyacente a las disputas políticas superficiales.
Esto puede ser una lectura un poco forzada, pero en cierto modo, eso es lo que Marx está pensando con esta idea del partido del Orden – que hay un tipo fundamental de interés de clase que de alguna manera subyace a todas estas disputas superficiales que se llevan a cabo en nombre de las etiquetas de los partidos políticos o como quieras llamarlos. En cuanto a los otros fundamentos de la vida política -como la ideología, la política y la cultura- no está claro cómo los enfocaría Marx. Pero podemos considerar esta cuestión de una manera directa. La política en una democracia capitalista abarca varios factores más allá de la clase – la clase es sólo un elemento entre muchos otros. De hecho, en la mayoría de los casos no se trata de clase. Y de eso se trata, porque. . .
El capitalismo es el punto de consenso sistémico. Es la premisa.
Exactamente. La otra cosa que hay que decir al respecto es que la eliminación de las diferencias de clase no eliminaría las otras bases de la diferencia social y, por tanto, tampoco eliminaría la política. En una sociedad socialista, creo que habría todo tipo de conflictos políticos. Pero no estaría distorsionado por el tipo de campo magnético subyacente de la polarización de clases.
Los teóricos de la reproducción social argumentarían que es necesario abordar todas estas cosas a la vez, porque la acumulación y la explotación capitalistas dependen fundamentalmente de estas otras esferas de explotación y expropiación.
Sí, creo que el trabajo de Nancy Fraser ha sido muy importante en este sentido, cuestionando cómo pensar las condiciones de reproducción del capitalismo.
El Estado burocrático moderno
Uno de los argumentos clave de Marx en este libro es la relación de los capitalistas con los aparatos represivos del Estado. Durante el período que Marx describe en Francia, fueron los liberales, si no me equivoco, los que se movilizaron con la derecha dura contra el proletariado. Pero, al hacerlo, también legitimaron a las fuerzas de la represión y la reacción que, en última instancia, vendrían a por ellos, los reprimirían y los eliminarían como fuerza política independiente.
Escribe: “Durante las jornadas de junio todas las clases y partidos se habían unido en el partido del Orden contra la clase proletaria como partido de la anarquía, del socialismo, del comunismo. Habían «salvado» a la sociedad de «los enemigos de la sociedad». Habían repartido las consignas de la vieja sociedad, «propiedad, familia, religión, orden», a su ejército como contraseñas y habían proclamado a los cruzados contrarrevolucionarios: «¡En este signo vencerás!» A partir de ese momento, en cuanto uno de los numerosos partidos que se agruparon bajo este signo contra los insurgentes de junio pretende mantener el campo de batalla revolucionario en su propio interés de clase, se hunde ante el grito: «propiedad, familia, religión, orden».
Continúa: «¿no estaban acaso destinados a dar finalmente con la idea de salvar de una vez por todas a la sociedad proclamando su propio régimen como el más elevado y liberando por completo a la sociedad civil de la molestia de gobernarse a sí misma?»
Explica la dinámica que Marx está describiendo en Francia.
La dinámica que está describiendo es la misma de la que hablábamos antes, en la que todo grupo político está esencialmente preparado para recurrir a la represión contra su adversario inmediato. En el pensamiento de Marx, este proceso erosiona gradualmente el núcleo del gobierno parlamentario, con los aparatos represivos del Estado interviniendo para llenar el vacío a cada paso. Si estás dispuesto a utilizar la fuerza contra la clase obrera y la pequeña burguesía está dispuesta a apoyarlo, entonces la gran burguesía va a estar dispuesta a apoyarlo contra la pequeña burguesía democrática. Y finalmente, el ejército va a estar dispuesto a utilizar abiertamente la fuerza contra la propia gran burguesía.
Marx analiza también el papel que desempeñó el imperialismo en el ascenso de Bonaparte. Su primer gabinete procedía del partido del Orden, que a su vez estaba formado por estas dos facciones monárquicas, y en su primera reunión de gabinete resolvieron emprender una expedición inconstitucional a Roma -a espaldas de la Asamblea Nacional- para aplastar a la República Romana en asociación con las monarquías reaccionarias de todo el continente. ¿Qué papel veía Marx que desempeñaban el militarismo y el imperialismo en la destrucción de la democracia burguesa en Francia? ¿Y qué nos dice eso sobre la relación entre el militarismo y la democracia burguesa en general?
El Segundo Imperio francés desempeñó un papel clave en la configuración del concepto de imperialismo moderno. Comienza, como dices, con el intento de aplastar los regímenes revolucionarios, en particular, la República Romana. No creo que el propio Marx llegue a desarrollar del todo una teoría de lo que podríamos considerar imperialismo. Cuando utiliza el término, se refiere realmente al mito del imperio y a su utilidad política. Obviamente es muy importante políticamente. Se puede considerar como una forma temprana de imperialismo social, en el que el militarismo y el imperialismo se emplean para asimilar a las clases subordinadas, junto con nociones de grandeza nacional francesa y todo eso.
El ascenso del segundo Napoleón en Francia es realmente lo que desencadena los inicios del imperialismo interestatal europeo clásico. Su derrota en la batalla de Sedán en 1870, seguida de la Comuna de París de 1871 y la unificación alemana bajo Bismarck, iniciaron la competencia interimperialista que finalmente conducirá a la Primera Guerra Mundial y sus secuelas. Marx ve un uso político interno para la grandeza nacional, pero no creo que tenga un análisis completamente desarrollado en El 18 Brumario del imperialismo como una dinámica económica real.
El enfoque de Marx va más allá de las nociones abstractas del Estado y se interesa específicamente por el surgimiento del Estado burocrático moderno. Escribió: . . . el Estado enreda, controla, regula, supervisa y tutela a la sociedad civil desde sus manifestaciones más abarcadoras de vida hasta sus agitaciones más insignificantes, desde sus modos de ser más generales hasta la existencia privada de los individuos; donde a través de la centralización más extraordinaria este cuerpo parasitario adquiere una ubicuidad, una omnisciencia, una capacidad de movilidad acelerada, y una elasticidad que sólo encuentra su contrapartida en la dependencia indefensa, la falta de forma del cuerpo político real – es obvio que en un país así la Asamblea Nacional pierde toda influencia real cuando pierde el mando de los puestos ministeriales, si no simplifica al mismo tiempo la administración del Estado, reduce en lo posible el ejército de funcionarios y, por último, deja que la sociedad civil y la opinión pública creen órganos propios, independientes del poder gubernamental. Pero es precisamente con el mantenimiento de esa extensa máquina estatal en sus numerosas ramificaciones con lo que los intereses materiales de la burguesía francesa se entrelazan de la manera más estrecha.
Aquí, Marx parece estar planteando un argumento complicado sobre el papel que un poderoso Estado administrativo centralizado puede desempeñar para ayudar a la burguesía en su dominación política y en la acumulación de capital, y las contradicciones que ello conlleva. Y parece decir que la verdadera democracia requeriría que la sociedad civil mantuviera bases de poder fuera e independientes del Estado. ¿Qué debemos pensar de este pasaje?
Uno de los aspectos realmente interesantes de ese pasaje es el uso de los términos «sociedad civil». Es uno de los pocos casos en la obra de Marx en que «sociedad civil» no se emplea en el contexto de la sociedad burguesa, sino que se refiere a la sociedad fuera del Estado. Es una distinción muy importante en relación con el segundo punto que planteas. La visión política de Marx es profundamente crítica con el Estado.
La perspectiva de Marx sobre el Estado se remonta a sus primeros escritos hegelianos, donde lo ve como una encarnación de la alienación política, una separación de la libertad humana en instituciones alejadas de la vida cotidiana. Y su articulación inicial del proyecto -de lo que él llama emancipación humana- es reabsorber el Estado en la sociedad civil, con lo que se refiere a una forma de vida que podría describirse como sin Estado. En sus escritos sobre la Comuna, es muy claro al respecto.
Hay otra cuestión sobre la que creo que valdría la pena reflexionar aquí: aunque es tentador interpretar el análisis de Marx del Estado burocrático moderno como un poco similar a las ideas de Max Weber, es esencial reconocer que el régimen napoleónico también representa la última iteración de un orden político de larga data, haciéndose eco de las tradiciones del Estado absolutista francés anterior a la Revolución.
Derechos y libertades
Sobre esta cuestión, Marx escribe de manera muy conmovedora acerca de cómo en la democracia burguesa, al menos en el caso francés, las libertades supuestamente universales sólo pueden disfrutarse de manera muy limitada, particular e interesada. Escribe, “Cuando prohíbe estas libertades por completo a «los demás», o permite disfrutar de ellas en condiciones que no son más que trampas policiales, esto siempre ocurre únicamente en interés de la «seguridad pública» -es decir, la seguridad de la burguesía- como prescribe la constitución. . . . Así, mientras se respetara el nombre de libertad y sólo se impidiera su realización real, por supuesto de manera legal, la existencia constitucional de la libertad permanecía intacta, inviolada, por mortales que fueran los golpes asestados a su existencia en la vida real.
Mi pregunta es, ¿qué criticaba Marx en aquel momento? ¿Y cómo podríamos aplicar este análisis a Estados Unidos?
Me hace pensar en el concepto de Aziz Rana de las «dos caras de la libertad americana». A lo largo de la historia estadounidense, se ha producido una paradójica aceptación de la libertad igualitaria para los de dentro mientras se perpetuaba la subyugación bruta y la violencia contra los considerados de fuera u «otros», como describe Marx. Y lo vemos en la oposición a la restricción del rey Jorge a los asentamientos blancos en tierras indígenas que alimentó la revolución, o en el populismo jacksoniano que celebró la matanza de nativos y la esclavitud de africanos. El patrón persiste hasta el presente, cuando políticos de todas las tendencias alardean de la libertad estadounidense y, por supuesto, de imponer esas cosas a otros países a punta de pistola, todo ello mientras presiden un sistema de encarcelamiento masivo sin precedentes en la historia.
En lo que Marx está pensando es en la dimensión de clase de todo esto: la restricción de las libertades al círculo de la propiedad. También está ahondando en la hipocresía que rodea la adhesión a las normas constitucionales y la fetichización de las normas jurídicas. Está hablando de estas exclusiones fundamentales entre los que se identifican racialmente como de dentro y los de fuera en el cuerpo ciudadano, que creo que es análogo en cierto modo a lo que él está discutiendo allí.
Otro aspecto a considerar es la idea de que la ciudadanía formal es en sí misma una farsa. Incluso para aquellos que la poseen, existe la sensación de que la ciudadanía funciona principalmente dentro de una esfera pública imaginada: carece de sustancia real. Y esto se extiende a la noción de que en la fábrica, la clase obrera pierde todos sus derechos como ciudadanos. Creo que Marx está tratando de hacer ambas cosas.
Creo que sus observaciones son especialmente pertinentes en el contexto estadounidense. Las descripciones de Marx se alinean estrechamente con instancias históricas como la reivindicación de los colonos blancos sobre las tierras indígenas o la noción populista jacksoniana de libertad ligada a la propiedad blanca para el asentamiento y la esclavización de los africanos: ciertos individuos se aseguraron históricamente su protección primaria frente al Estado a través de los derechos de propiedad.
Me parece que a lo largo de la historia de Estados Unidos, hay un tema constante de los derechos de propiedad como derecho fundamental, a menudo dentro de marcos de secularismo y sistemas de castas racializados. Tal vez sea diferente del marco de Marx, pero hay un hilo conductor común: la reducción de la libertad a un tipo específico de derechos de propiedad.
Creo que tanto tú como El Dieciocho Brumario estáis hablando de la primacía de ciertos tipos de derechos que se conceden a ciertos tipos de grupos en la sociedad civil. Marx critica la noción misma de derechos tal y como la entendemos habitualmente. Hay dos críticas entrelazadas: una aborda el privilegio de ciertos derechos para grupos específicos, y la otra cuestiona el concepto de derechos en su conjunto. Estas críticas son paralelas y se complementan en el análisis de Marx.
Supongo que lo que Marx argumenta específicamente y que podríamos aplicar de forma más general es que estos discursos de derechos nominalmente universales ocultan la particularidad clasista de su aplicación.
Incluso los derechos universales, en la medida en que son formales, sirven para garantizar las desigualdades en la sociedad civil. El caso más obvio es el de la propiedad: tener derechos de propiedad. No el derecho a la propiedad en sí, sino la garantía de que el Estado salvaguardará las desigualdades existentes.
Quiero hablar de la crítica de Marx a la socialdemocracia y de lo que cree que podríamos aprender de ella. Él escribe: “El carácter peculiar de la socialdemocracia se personifica en el hecho de que las instituciones democrático-republicanas se exigen como medio, no de eliminar dos extremos, el capital y el trabajo asalariado, sino de debilitar su antagonismo y transformarlo en armonía. Por diferentes que sean los medios propuestos para la consecución de este fin, por recortados que estén con nociones más o menos revolucionarias, el contenido sigue siendo el mismo. Este contenido es la transformación de la sociedad de manera democrática, pero una transformación dentro de los límites de la pequeña burguesía. Sólo que no se debe caer en la estrechez de miras de que la pequeña burguesía, por principio, desea imponer un interés de clase egoísta. Por el contrario, cree que las condiciones especiales de su emancipación son las condiciones generales dentro de cuyo marco sólo puede salvarse la sociedad moderna y evitarse la lucha de clases.
Los compromisos de clase que subyacen a cualquier pacto socialdemócrata entre el trabajo y el capital siempre tienen costes. Mi pregunta es: ¿Cuáles son los costes que Marx describe en Francia y cuáles son o han sido en Estados Unidos?
El término «socialdemocracia», tal y como Marx lo utiliza aquí, difiere ligeramente de lo que normalmente entendemos por socialdemocracia, especialmente en la Europa de posguerra o al describir los movimientos políticos dentro de las naciones capitalistas avanzadas y los Estados del bienestar.
Lo central que yo diría -y que creo que es muy aplicable al momento actual en Estados Unidos- es la noción de compromiso de clase. Desde una perspectiva marxista, gran parte de la crítica liberal de izquierdas a la política estadounidense contemporánea puede considerarse esencialmente pequeñoburguesa. Gira en torno a argumentos morales que abogan por la igualdad de oportunidades y por una menor división y conflicto social. Y el problema con eso -creo que esto es lo que Marx está diciendo- no es decir, eres terrible; eres un pequeño burgués y malo. El problema con esta forma de pensar la política es su vacuidad estratégica. No está claro quién implementará el compromiso de clase, en qué términos y a través de qué medios. Creo que el punto central de Marx sobre esto es enfatizar la importancia de la lucha de clases como el mecanismo a través del cual se impone realmente cualquier compromiso de clase. Y si no se tiene en cuenta ese punto, entonces la política está inhabilitada desde el principio.
Dylan Riley es profesor asociado de Sociología en la Universidad de California Berkeley y miembro del comité editorial de la New Left Review.
Daniel Denvir es autor de All-American Nativism y presentador de The Dig en Jacobin Radio.
Observación de Joaquín Miras:
El 18 B es el texto que más ha sido reflexionado por parte de los políticos -los políticos prácticos, esta es una redundancia necesaria hoy día, redundancia no redundante- de inspiración marxista, para pensar acción política. Muchísimo más que El Capital, e incluso mucho más que el Manifiesto. Es una entrevista para ser reflexionada a su vez; hay un cierto resabio muy nuestro: que Marx no ha abordado nunca adecuadamente la reflexión sobre el cómo de la revolución: claro porque faltaba Lenin… pero, pues, vaya… no sé qué tal nos ha ido, salvando las grandezas de Marx y de Lenin, pero el problema es que pareciera que lo que se busca es la fórmula de la mayonesa para todos los tiempos, la fórmula «al fin encontrada» -frase de Marx en otro lugar, para otra cosa, la democracia proletaria…-. La idea de que desde el 48, definitivamente, la clase proletaria se separa del capital y asume su misión histórica, dos cosas, por fin y misión histórica. Sobre el uso de ropajes del pasado, más allá de decir que ahora nosotros ya no somos unos recien llegados a la historia y, por ello, tenemos un gusto a ponernos ropajes del pasado que mete miedo, como se ve en la mayoría de las elaboraciones sobre Lenin en el centenario, que, mayoritariamente, no son de análisis, sino de eucaristía: se conjura el cuerpo de Cristo para representar nuevamente la misma muerte y resurrección del salvador: «en los momentos de crisis, conjurar a los espíritus del pasado, tomando prestados nombres, lemas de batalla y trajes». Otra cosa, el capitalismo como algo garantizado, que va creando escenarios para nacer, y no como la consecuencia del hacer de las gentes en la historia y hay un momento en que se rechaza la estrategia, por ser pretenciosa previsión del futuro, ni aunque solo sea el siguiente paso, el siguiente momento histórico que surge del pandemonium que es siempre todo momento histórico, y no digamos la pretensión de tener el saber sobre cómo serán los dos o tres siguientes pasos -así, por ejemplo, se puede estar haciendo el socialismo a base de desarrollar una sociedad ultracapitalista… porque lo dice el comité central-: «la creencia en los logros, recogido (o recogiendo, no sé…) por adelantado sus coronas», pero al final, el comentarista, defiende o usa la nocion de estrategia. Pero me gusta.
5. Primera cadena de islas
Estos días se están celebrando reuniones entre representantes de los EEUU y dos de sus siervos más fieles en Asia, Japón y Filipinas, para una política de «seguridad» común. En realidad, son lo que se conoce como la «primera cadena de islas» para acosar a China. En este artículo de Korybko se analiza la situación. Esperemos que no se llegue pronto al conflicto, porque uno de los puntitos de la cadena en el mapa está exactamente sobre mi cabeza. https://korybko.substack.com/
EE.UU. aprieta el nudo de contención en torno a China en la primera cadena de islas
Andrew Korybko Abr 09, 2024
Los últimos movimientos militares demuestran que Estados Unidos se está preparando para «pivotar (de nuevo) hacia Asia» una vez que la guerra por poderes entre la OTAN y Rusia en Ucrania termine inevitablemente, lo que significa que las tensiones globales no disminuirán en el corto plazo a medida que la Nueva Guerra Fría se convierta en la nueva normalidad.
El escenario está preparado para que Japón participe en los proyectos de capacidades avanzadas del Pilar II de AUKUS (IA, armas hipersónicas, guerra electrónica, drones submarinos, tecnologías cuánticas y radar de seguimiento espacial) después de que los ministros de Defensa de ese bloque manifestaran su interés en ello en la declaración conjunta del lunes. La declaración se hizo pública antes del viaje del Primer Ministro Fumio Kishida a Washington esta semana, que él mismo describió como un «momento histórico decisivo», en el que también participará en la primera cumbre trilateral de la historia con Filipinas.
La CNN dio bombo a este último acontecimiento publicando un artículo sobre cómo estos tres países se están uniendo como resultado de sus preocupaciones compartidas sobre China, aunque la realidad es que su convergencia militar no está tan motivada por inocentes intereses defensivos como han hecho parecer. Las tres disputas separadas de China con Japón, su díscola provincia de Taiwán y Filipinas han sido presentadas por Occidente como parte de un impulso hegemónico de la República Popular por dominar Asia-Pacífico.
Esta percepción ha sido explotada para conseguir aliados regionales en los últimos años antes de un enfrentamiento chino-estadounidense aparentemente inevitable, lo que explica el reciente acercamiento coreano-japonés mediado por Estados Unidos y la nueva posibilidad de que Japón despliegue tropas en Filipinas. El manifiesto de facto de Kishida que compartió durante su viaje a EE.UU. en diciembre de 2022 reveló que está tratando de aprovechar la guerra por poderes entre la OTAN y Rusia en Ucrania para restaurar la esfera de influencia perdida de Japón.
En consecuencia, el verano pasado se hizo evidente que «la naciente alianza trilateral de EE.UU. con Japón y Filipinas se integrará en AUKUS+», con la lógica detrás de este movimiento de afianzar la influencia militar estadounidense en la primera cadena de islas de Japón-Taiwán-Filipinas a través de medios multilaterales. Japón y Filipinas ya son socios de EE.UU. en materia de defensa, por lo que es lógico que el país quiera que refuercen bilateralmente la cooperación militar bajo su égida, en el marco del llamado «reparto de cargas».
En cuanto a Taiwán, la revelación de su «Ministro de Defensa», a mediados de marzo, de que fuerzas especiales estadounidenses están entrenando a las tropas de su país en una pequeña isla situada a sólo seis millas de China continental, demuestra que Estados Unidos también está afianzando su influencia militar allí, con el fin de crear una trampa para intervenir en un futuro conflicto. Con Japón y Filipinas a punto de intensificar la cooperación militar bilateral, es muy probable que también incluyan a Taiwán en la mezcla, posiblemente a través de sus propias misiones de fuerzas especiales.
La gran tendencia estratégica es que Estados Unidos está transformando AUKUS+ en una «OTAN asiática» con el propósito de contener a China en Asia-Pacífico, a pesar del «alto el fuego» informal que los líderes de estas dos superpotencias acordaron durante su reunión de mediados de noviembre al margen de la Cumbre de la APEC en San Francisco. El motivo, mutuamente beneficioso, era ganar más tiempo para posicionarse mejor antes de su aparentemente inevitable enfrentamiento.
Mientras que Estados Unidos está reequipando, renovando y ampliando ampliamente su base militar-industrial con el pretexto de combatir a Rusia, al tiempo que estrecha su cerco de contención en torno a China en la primera cadena de islas, la República Popular está reforzando sus propias fuerzas armadas y diversificando sus vulnerables cadenas de suministro. La balanza general se inclina a favor de Estados Unidos, que se espera que manipule para coaccionar a China en una serie desigual de acuerdos para una «Nueva Distensión», aunque Pekín podría no estar interesada.
Después de todo, la República Popular sabe que una guerra caliente entre ellos supondría unos costes inaceptablemente altos para ambos y, por lo tanto, no es probable que acceda a ninguna propuesta que subordine de alguna manera su país a su rival sistémico sólo para disuadir la agresión estadounidense. Sin embargo, el riesgo de que estalle un conflicto por error de cálculo seguirá creciendo a medida que AUKUS+ atrinchere aún más sus fuerzas militares en la primera cadena de islas donde se encuentran las tres principales disputas marítimas de China.
No obstante, la reanudación de los canales de comunicación militar sino-estadounidenses podría, al menos en teoría, ayudar a evitar una espiral incontrolable hacia la guerra en caso de que China se enfrentara a los miembros japoneses, taiwaneses y/o filipinos de AUKUS+. Aun así, los últimos movimientos militares demuestran que Estados Unidos se está preparando para «Pivotar (de nuevo) hacia Asia» una vez que la guerra por poderes entre la OTAN y Rusia en Ucrania termine inevitablemente, lo que significa que las tensiones globales no disminuirán en ningún momento a medida que la Nueva Guerra Fría se convierta en la nueva normalidad.
6. Lotería de vida y muerte.
Otro excelente reportaje de Jonathan Cook sobre los últimos acontecimientos en Gaza. Considera que el asesinato de los cooperantes occidentales fue intencionado.
https://jonathancook.substack.
El asesinato de cooperantes por parte de Israel no es un accidente. Forma parte del plan para destruir Gaza.
El aislamiento de Gaza es casi total. Las leyes de la guerra se han roto y el enclave está ahora completamente a merced de Israel.
Jonathan Cook 09 de abril de 2024
[Publicado por primera vez por Middle East Eye]
Después de seis meses -y muchas decenas de miles de mujeres y niños palestinos muertos y mutilados más tarde- los comentaristas occidentales se preguntan por fin si algo no va bien con las acciones de Israel en Gaza.
Al parecer, Israel cruzó una línea roja cuando mató a un puñado de trabajadores humanitarios extranjeros el 1 de abril, entre ellos tres contratistas de seguridad británicos.
Tres misiles, disparados durante varios minutos, alcanzaron a los vehículos de un convoy de ayuda de la World Central Kitchen (WCK) que se dirigía a la costa de Gaza por una de las pocas carreteras aún transitables después de que Israel convirtiera en escombros las casas y calles del enclave. Todos los vehículos estaban claramente señalizados. Todos iban por un paso aprobado y seguro. Y los militares israelíes habían recibido las coordenadas para rastrear la ubicación del convoy.
Los precisos orificios de los misiles en los techos de los vehículos hicieron imposible culpar a Hamás del ataque, por lo que Israel se vio obligado a admitir su responsabilidad. Sus portavoces afirmaron que se había visto a una persona armada entrar en la zona de almacenamiento de la que había partido el convoy de ayuda.
Pero ni siquiera esa débil respuesta podía explicar por qué el ejército israelí había atacado coches en los que se sabía que había trabajadores humanitarios. Así que Israel se apresuró a prometer que investigaría lo que el Primer Ministro Benjamin Netanyahu describió como un «trágico incidente».
https://twitter.com/netanyahu/
Presumiblemente, fue un «trágico incidente» igual que los más de 15.000 otros «trágicos incidentes» -los que conocemos- que Israel ha cometido contra niños palestinos día tras día durante seis meses.
En esos casos, por supuesto, los comentaristas occidentales siempre se las arreglaron para producir alguna racionalización de la matanza.
Esta vez no.
«Esto tiene que parar»
Con medio año de retraso, con toda la infraestructura médica de Gaza destrozada por Israel y una población al borde de la inanición, el diario británico Independent encontró de repente su voz para declarar con decisión en su portada: «Basta».
Richard Madeley, presentador de Good Morning Britain, se sintió finalmente obligado a opinar que Israel había llevado a cabo una «ejecución» de los cooperantes extranjeros. Presumiblemente, 15.000 niños palestinos no fueron ejecutados, simplemente «murieron».
Cuando se trató del asesinato del personal de la WCK, el popular presentador de la LBC Nick Ferrari concluyó que las acciones de Israel eran «indefendibles». ¿Pensaba que era defendible que Israel bombardeara y matara de hambre a los niños de Gaza mes tras mes?
Como el Independent, él también proclamó: «Esto tiene que parar».
El ataque al convoy de la WCK cambió brevemente la ecuación para los medios occidentales. Siete cooperantes muertos fueron una llamada de atención cuando muchas decenas de miles de niños palestinos muertos, mutilados y huérfanos no lo habían sido.
Sin duda, una ecuación saludable.
Los políticos británicos aseguraron a la opinión pública que Israel llevaría a cabo una «investigación independiente» de los asesinatos. Es decir, el mismo Israel que nunca castiga a sus soldados aunque sus atrocidades sean televisadas. El mismo Israel cuyos tribunales militares declaran a casi todos los palestinos culpables de cualquier delito del que Israel decida acusarlos, si les permite un juicio.
Pero al menos los cooperantes extranjeros merecían una investigación, por muy previsible que fuera el veredicto. Eso es más de lo que nunca tendrán los niños muertos de Gaza.
El libro de jugadas de Israel
Los comentaristas británicos parecían sorprendidos por la idea de que Israel hubiera elegido matar a los extranjeros que trabajaban para World Central Kitchen, aunque esos mismos periodistas sigan tratando a decenas de miles de palestinos muertos como desafortunados «daños colaterales» en una «guerra» para «erradicar a Hamás».
Pero si hubieran prestado más atención, estos expertos comprenderían que el asesinato de extranjeros no es excepcional. Ha sido un elemento central de la estrategia de ocupación israelí durante décadas y ayuda a explicar lo que Israel espera conseguir con su actual matanza de palestinos en Gaza.
A principios de la década de 2000, Israel protagonizó otra de sus masacres, arrasando Gaza y Cisjordania supuestamente en «represalia» porque los palestinos habían tenido la temeridad de levantarse contra décadas de ocupación militar.
Conmocionados por la brutalidad, un grupo de voluntarios extranjeros, un número significativo de ellos judíos, se aventuraron en estas zonas para presenciar y documentar los crímenes del ejército israelí y actuar como escudos humanos para proteger a los palestinos de la violencia.
Llegaron bajo el manto del Movimiento de Solidaridad Internacional (ISM), una iniciativa dirigida por palestinos. Estaban dispuestos a utilizar lo que entonces eran nuevas tecnologías como las cámaras digitales, el correo electrónico y los blogs para llamar la atención sobre las atrocidades del ejército israelí.
Algunos se convirtieron en una nueva clase de periodistas activistas, integrados en comunidades palestinas para informar de lo que los periodistas occidentales, integrados en Israel, nunca consiguieron cubrir.
Israel presentó al ISM como un grupo terrorista y desestimó su documentación filmada como «Pallywood», una supuesta industria productora de ficción equiparada a un Hollywood palestino.
Gaza aislada
Pero las pruebas del ISM fueron desenmascarando cada vez más al «ejército más moral del mundo» por lo que realmente era: una empresa criminal allí para imponer el robo de tierras y la limpieza étnica de los palestinos.
Israel tenía que tomar medidas más firmes.
Las pruebas sugieren que los soldados recibieron autorización para ejecutar a extranjeros en los territorios ocupados. Entre ellos, jóvenes activistas como Rachel Corrie y Tom Hurndall; James Miller, cineasta independiente que se aventuró en Gaza; e incluso un funcionario de Naciones Unidas, Iain Hook, destinado en Cisjordania.
Esta rápida oleada de asesinatos -y la mutilación de muchos otros activistas- tuvo el efecto deseado. El ISM se retiró en gran medida de la región para proteger a sus voluntarios, mientras que Israel prohibió formalmente al grupo el acceso a los territorios ocupados.
Mientras tanto, Israel denegó las credenciales de prensa a cualquier periodista que no estuviera patrocinado por un Estado o por un medio de comunicación multimillonario, expulsándolos de la región.
Al Yazira, el único canal árabe crítico cuya cobertura llegaba a las audiencias occidentales, vio cómo sus periodistas eran regularmente prohibidos o asesinados, y sus oficinas bombardeadas.
La batalla para aislar a los palestinos, liberando a Israel para cometer atrocidades sin supervisión, culminó con el bloqueo de Gaza por parte de Israel, que dura ya 17 años. Fue sellada.
Con el enclave completamente asediado por tierra, los activistas de derechos humanos centraron sus esfuerzos en romper el bloqueo a través de alta mar. Una serie de «flotillas de la libertad» intentaron alcanzar la costa de Gaza a partir de 2008. Israel pronto consiguió detener a la mayoría de ellas.
La mayor de ellas estaba encabezada por el Mavi Marmara, un buque turco cargado de ayuda y medicinas. Comandos navales israelíes asaltaron el barco ilegalmente en aguas internacionales en 2010, matando a 10 cooperantes extranjeros y activistas de derechos humanos a bordo e hiriendo a otros 30.
Los medios de comunicación occidentales suavizaron la absurda caracterización israelí de las flotillas como una empresa terrorista. La iniciativa fue decayendo poco a poco.
Complicidad occidental
Este es el contexto adecuado para entender el último ataque contra el convoy de ayuda WCK.
Israel siempre ha tenido cuatro vertientes en su estrategia hacia los palestinos. En conjunto, han permitido a Israel perfeccionar su régimen de apartheid y ahora le permiten aplicar sus políticas genocidas sin ser molestado.
La primera consiste en aislar progresivamente a los palestinos de la comunidad internacional.
La segunda es hacer a los palestinos totalmente dependientes de la buena voluntad del ejército israelí, y crear unas condiciones tan precarias e impredecibles que la mayoría de los palestinos intentan abandonar su patria histórica, dejándola libre para ser «judaizada».
En tercer lugar, Israel ha aplastado cualquier intento por parte de personas ajenas -especialmente los medios de comunicación y los observadores de los derechos humanos- de escrutar sus actividades en tiempo real o de pedirle cuentas.
Y en cuarto lugar, para conseguir todo esto, Israel ha necesitado erosionar pieza a pieza las protecciones humanitarias consagradas en el derecho internacional para impedir que se repitieran las atrocidades habituales contra civiles durante la Segunda Guerra Mundial.
Este proceso, que llevaba años y décadas produciéndose, se aceleró rápidamente tras el ataque de Hamás del 7 de octubre. Israel tenía el pretexto para transformar el apartheid en genocidio.
La Unrwa, principal agencia de las Naciones Unidas para los refugiados, encargada de suministrar ayuda a los palestinos, estaba desde hacía tiempo en el punto de mira de Israel, especialmente en Gaza. Ha permitido a la comunidad internacional mantener el pie en la puerta del enclave, manteniendo una línea de vida para la población de allí independiente de Israel, y creando un marco de autoridad para juzgar los abusos de Israel contra los derechos humanos. Peor aún, para Israel, la Unrwa ha mantenido vivo el derecho al retorno -consagrado en el derecho internacional- de los refugiados palestinos expulsados de sus tierras originales para poder construir en su lugar un autoproclamado Estado judío.
Israel aprovechó la oportunidad para acusar a la Unrwa de estar implicada en el atentado del 7 de octubre, a pesar de que no aportó ninguna prueba. Casi con el mismo entusiasmo, los Estados occidentales cerraron el grifo de la financiación de la agencia de la ONU.
La administración Biden parece dispuesta a poner fin a la supervisión de Gaza por parte de la ONU, dejando su principal función de ayuda en manos de empresas privadas. Ha sido uno de los principales patrocinadores de WCK, dirigida por un famoso chef español vinculado al Departamento de Estado estadounidense.
Se esperaba que WCK, que también ha estado construyendo un muelle frente a la costa de Gaza, fuera un complemento del plan de Washington de enviar finalmente ayuda desde Chipre, para ayudar a los palestinos que, en las próximas semanas, no mueran de hambre.
Hasta que Israel atacó el convoy de ayuda y mató a su personal. WCK se ha retirado de Gaza por el momento, y otros contratistas privados de ayuda están retrocediendo, temerosos por la seguridad de sus trabajadores.
El primer objetivo se ha cumplido. La población de Gaza está sola. Occidente, en lugar de ser su salvador, es ahora totalmente cómplice no sólo del bloqueo israelí de Gaza, sino también de su hambruna.
Lotería de vida o muerte
A continuación, Israel ha demostrado sin lugar a dudas que considera enemigos a todos los palestinos de Gaza, incluso a sus niños.
El hecho de que la mayoría de las casas del enclave sean ahora escombros debería servir como prueba suficiente, al igual que el hecho de que muchas decenas de miles de personas allí han sido asesinadas violentamente. Es probable que sólo se haya registrado una fracción del número de muertos, dada la destrucción por Israel del sector sanitario del enclave.
El derribo de hospitales por parte de Israel, incluido el de Al Shifa, así como el secuestro y tortura de personal médico, ha dejado a los palestinos de Gaza completamente expuestos. La erradicación de una asistencia sanitaria significativa significa que los partos, las lesiones graves y las enfermedades crónicas y agudas se están convirtiendo rápidamente en una sentencia de muerte.
Israel ha estado convirtiendo intencionadamente la vida en Gaza en una lotería, sin ningún lugar seguro.
Según una nueva investigación, la campaña de bombardeos de Israel se ha basado en gran medida en sistemas experimentales de inteligencia artificial que automatizan en gran medida el asesinato de palestinos. Eso significa que no hay necesidad de supervisión humana – y las limitaciones potenciales impuestas por una conciencia humana.
El sitio web israelí 972 descubrió que decenas de miles de palestinos habían sido incluidos en «listas de asesinatos» generadas por un programa llamado Lavender, que utiliza definiciones poco precisas de «terrorista» y con una tasa de error estimada incluso por el ejército israelí en uno de cada diez.
Otro programa llamado «¿Dónde está papá?» rastreó a muchos de estos «objetivos» hasta sus casas familiares, donde ellos -y potencialmente docenas de otros palestinos con la mala suerte de estar dentro- fueron asesinados por ataques aéreos.
Un oficial de inteligencia israelí dijo a 972: «Las IDF los bombardearon en sus casas sin dudarlo, como primera opción. Es mucho más fácil bombardear la casa de una familia. El sistema está construido para buscarlos en estas situaciones».
Como se consideraba que muchos de estos objetivos eran operativos «menores», de escaso valor militar, Israel prefería utilizar munición no guiada e imprecisa – «bombas tontas»-, lo que aumentaba drásticamente la probabilidad de que también muriera un gran número de otros palestinos.
O, como observó otro oficial de inteligencia israelí «No quieres malgastar bombas caras en gente sin importancia – es muy caro para el país y hay escasez [de bombas inteligentes]».
Eso explica que familias enteras, compuestas por docenas de miembros, hayan sido masacradas con tanta regularidad.
Por otra parte, el periódico israelí Haaretz informó el 31 de marzo de que el ejército israelí ha estado operando «zonas de exterminio» sin marcar en las que cualquier persona que se mueva -hombre, mujer o niño- corre el riesgo de ser abatida a tiros.
O, como dijo al periódico un oficial de reserva que ha estado sirviendo en Gaza: «En la práctica, un terrorista es cualquiera que las IDF hayan matado en las zonas en las que operan sus fuerzas».
Esta, informa Haaretz, es la razón probable por la que los soldados abatieron a tiros a tres rehenes israelíes huidos que intentaban entregarse a ellos.
Los palestinos, por supuesto, rara vez saben dónde están estas zonas de exterminio, ya que recorren desesperadamente áreas cada vez más grandes con la esperanza de encontrar comida.
Si tienen la suerte de evitar morir en el cielo o de inanición, corren el riesgo de ser capturados por soldados israelíes y llevados a uno de los lugares negros de Israel. Allí, como admitió un médico israelí la semana pasada, se infligen a los reclusos horrores indescriptibles, al estilo de Abu Ghraib.
Se ha logrado el segundo objetivo, dejando a los palestinos aterrorizados por la violencia en gran medida aleatoria de los militares israelíes y desesperados por encontrar una salida a la ruleta rusa en la que Israel está jugando con sus vidas.
Informes reprimidos
Hace tiempo, Israel prohibió a los observadores de derechos humanos de la ONU el acceso a los territorios ocupados. Esto ha dejado el escrutinio de sus crímenes en gran medida en manos de los medios de comunicación.
Los reporteros extranjeros independientes tienen vetada la entrada en la región desde hace unos 15 años, lo que deja el campo libre a los periodistas de los medios de comunicación estatales y corporativos, donde existen fuertes presiones para presentar las acciones de Israel de la mejor manera posible.
Por eso, las noticias más importantes sobre el 7 de octubre, las acciones del ejército israelí en Gaza y el trato a los presos palestinos en Israel han sido publicadas por medios de comunicación con sede en Israel, así como por pequeños medios occidentales independientes que han destacado su cobertura.
Desde el 7 de octubre, Israel ha prohibido el acceso a Gaza a todos los periodistas extranjeros, y los reporteros occidentales lo han acatado dócilmente. Ninguno ha alertado a su audiencia de este grave asalto a su supuesto papel de vigilantes.
A los portavoces israelíes, expertos en las oscuras artes del engaño y la distracción, se les ha permitido llenar el vacío en los estudios de Londres.
La información sobre el terreno procedente de Gaza que ha llegado al público occidental -cuando no ha sido suprimida por los medios de comunicación porque sería demasiado angustiosa o porque su inclusión enfurecería a Israel- procede de periodistas palestinos. Han mostrado el genocidio en tiempo real.
Pero por esa razón, Israel los ha ido eliminando uno a uno -como hizo antes con Rachel Corrie y Tom Hurndall-, además de asesinar a sus familiares como advertencia para los demás.
El único canal internacional que tiene muchos periodistas sobre el terreno en Gaza y está en condiciones de presentar sus reportajes en inglés de alta calidad es Al Jazeera.
La lista de sus periodistas asesinados por Israel no ha dejado de aumentar desde el 7 de octubre. El jefe de la oficina de Gaza, Wael al-Dahdouh, ha sufrido la ejecución de la mayor parte de su familia, además de resultar él mismo herido.
Su homóloga en Cisjordania, Shireen Abu Akhleh, murió por disparos de un francotirador del ejército israelí hace dos años.
Como era de esperar, Israel aprobó la semana pasada una ley para prohibir a Al Yazira emitir desde la región. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, la calificó de «canal terrorista», alegando que había participado en el atentado de Hamás del 7 de octubre.
Al Yazira acababa de emitir un documental que repasaba los hechos del 7 de octubre. En él se mostraba que Hamás no cometió los crímenes más bárbaros de los que le acusa Israel y que, de hecho, en algunos casos Israel era responsable de las atrocidades más espantosas contra sus propios ciudadanos que había atribuido a Hamás.
Es comprensible que Al Yazira y los grupos de derechos humanos estén preocupados por las nuevas medidas que Israel pueda tomar contra los periodistas del canal para acabar con su labor informativa.
Los palestinos de Gaza, por su parte, temen perder el único canal que les conecta con el mundo exterior, que les cuenta sus historias y les mantiene informados sobre lo que el mundo sabe de su difícil situación.
El tercer objetivo se ha logrado. Las luces se están apagando. Israel puede llevar a cabo en la oscuridad la fase potencialmente más fea de su genocidio, mientras los niños palestinos se demacran y mueren de hambre.
Libro de reglas roto
Por último, Israel ha destrozado las normas del derecho internacional humanitario destinadas a proteger a los civiles de las atrocidades, así como las infraestructuras de las que dependen.
Israel ha destruido universidades, edificios gubernamentales, mezquitas, iglesias y panaderías, así como, lo que es más grave, instalaciones médicas.
En los últimos seis meses, los hospitales, antaño sacrosantos, se han convertido poco a poco en objetivos legítimos, al igual que los pacientes que se encuentran en su interior.
El castigo colectivo, absolutamente prohibido como crimen de guerra, se ha convertido en la norma en Gaza desde 2007, cuando Occidente permaneció en silencio mientras Israel asediaba el enclave durante 17 años.
Ahora, mientras los palestinos mueren de hambre, mientras los niños se convierten en piel y huesos, y mientras los convoyes de ayuda son bombardeados y los que buscan ayuda son abatidos a tiros, aparentemente todavía hay lugar para el debate entre la clase política-mediática occidental sobre si todo esto constituye una violación del derecho internacional.
Incluso después de seis meses en los que Israel ha bombardeado Gaza, ha tratado a su población como «animales humanos» y les ha negado alimentos, agua y electricidad -lo que constituye la definición misma de castigo colectivo-, el viceprimer ministro británico, Oliver Dowden, parece creer que, injustamente, se está exigiendo a Israel «un nivel de exigencia increíblemente alto». David Lammy, secretario de Asuntos Exteriores en la sombra del partido laborista, supuestamente de la oposición, no tiene más que «serias dudas» de que se haya infringido el derecho internacional.
Ningún partido propone aún prohibir la venta de armas británicas a Israel, armas que se están utilizando precisamente para cometer estas violaciones del derecho internacional. Ninguno hace referencia a la sentencia del Tribunal Internacional de Justicia según la cual es «plausible» que Israel esté cometiendo genocidio.
Mientras tanto, la principal conversación política en Occidente sigue sumida en conversaciones delirantes sobre cómo revivir la legendaria «solución de los dos Estados», en lugar de cómo detener un genocidio que se acelera.
La realidad es que Israel ha hecho trizas el más fundamental de los principios del derecho internacional: la «distinción» -diferenciar entre combatientes y civiles- y la «proporcionalidad» -utilizar sólo la mínima cantidad de fuerza necesaria para alcanzar objetivos militares legítimos-.
Las normas de la guerra están en ruinas. El sistema del derecho internacional humanitario no está amenazado, se ha derrumbado.
Cada palestino de Gaza se enfrenta ahora a una sentencia de muerte. Y con razón, Israel asume que es intocable.
A pesar del ruido de fondo de las «preocupaciones» expresadas sin cesar desde la Casa Blanca, y de los rumores de crecientes «tensiones» entre aliados, Estados Unidos y Europa han indicado que el genocidio puede continuar, pero debe llevarse a cabo de forma más discreta, más discreta.
El asesinato del personal de la World Central Kitchen es un revés. Pero la destrucción de Gaza -el plan de Israel de casi dos décadas de duración- está lejos de terminar.
7. Placer en el terror.
Intento de explicación de esos vídeos israelíes orgullosos de sus crímenes de guerra.
https://www.middleeasteye.net/
Para los asesinos en serie israelíes de TikTok, infligir terror racial en Gaza es un placer
Sahar Ghumkhor 8 de abril de 2024
Los soldados israelíes están publicando vídeos de sí mismos riéndose y mostrando con orgullo sus trofeos. La historia colonial y la guerra contra el terror explican las condiciones que convirtieron Gaza en una escena del crimen
La escena del genocidio suele ser la de la víctima de una violencia desnuda que queda totalmente deshumanizada por un estado de encarcelamiento, violación, desmembramiento, inanición y tortura.
En Gaza, las imágenes son incesantes, te atrapan en una desesperación ineludible: mutilaciones, cadáveres putrefactos, aniquilación familiar, bolsas llenas de partes de cuerpos de seres queridos, padres desconsolados en estado de angustia, niños traumatizados, moribundos y hambrientos, madres que lloran desesperadas: retazos de pesadilla de la creciente magnitud de la pérdida tomados de escenas apocalípticas del siglo XXI.
No hay escasez de imágenes de los horrores que se están produciendo: los palestinos están ofreciendo al mundo imágenes de su genocidio, pero cada día hay un nuevo nivel de criminalidad brutal. Y ninguna imagen o palabra institucional – «terrorismo», «guerra», «violaciones de los derechos humanos», o incluso «genocidio»- puede captar adecuadamente la profundidad de estas atrocidades, o permitirnos comprenderlas. Ni deberían hacerlo.
A falta de rendición de cuentas, estas escenas son en cambio provocaciones -afirmaciones comprometidas y directas- que envían al mundo el mensaje de que éste es un poder donde ninguna ley se atreve a hablar.
Peor aún, se nos juzga como desesperanzados y patéticos ante el mayor asesinato masivo de nuestros tiempos.
Nuestra conmoción, horror y dolor son castigados como acusaciones de antisemitismo, simpatía por el terrorismo y, en el caso de muchas comunidades ya altamente vigiladas y vigiladas, criminalidad.
Escenificación del crimen
Pero mientras los palestinos documentan desesperadamente su genocidio, hay otra escena que te posee por su pura depravación: la retransmisión y exhibición del disfrute de los israelíes en esa violencia.
La puesta en escena transgresora y el testimonio voyeurista tienen un efecto autovalidante. Con insensible indiferencia ante las heridas infligidas, los soldados israelíes comparten con nosotros su inquietante deseo de seguir dominando los hogares, ahora vacíos, de los palestinos desplazados y posiblemente muertos.
Intrusos y exponiendo su mundo privado con alegre abandono, los soldados israelíes exhiben ropa interior femenina en paredes, vehículos militares y en sus propios cuerpos, acariciando juguetonamente los pezones.
La falta de vergüenza en estas imágenes -desde los embarazosos TikToks de europeos bailando torpemente disfrazados de luchadores indígenas por la libertad hasta el robo descarado de casas abandonadas a su pesar- es tan burda como inquietante.
La vergüenza sugeriría que hay un público que presencia y juzga. ¿A quién se presentan estos soldados? ¿Quién se supone que les observa? Es una pregunta complicada, porque si se trata de una demostración de poder, ¿para quién es?
Semana tras semana, los funcionarios israelíes hacen apariciones en los medios de comunicación con la sorda demanda de ser vistos como la víctima.
Mientras tanto, en las redes sociales, israelíes de a pie han expresado el racismo más vil que atribuimos a principios del siglo XX, riéndose mientras admiten su deseo de matar palestinos, cuando no de asesinarlos directamente.
Nos hemos convertido en espectadores involuntarios de estos escandalosos placeres del terror racial que la historia de los asesinatos en serie, desde la esclavitud y Jim Crow hasta las campañas coloniales militares y de tortura, han atestiguado desde hace mucho tiempo.
En esta perversa historia, ante la oposición, el terror que se infligía a las comunidades sometidas tenía que ser total.
Fantasías coloniales
En 1492, mientras llevaba la armada de la inquisición al Sur Global, Cristóbal Colón describió la tierra como un seno con el ecuador como «pezón», el pico más cercano al cielo.
Los escritos coloniales están plagados de estas descripciones eróticas feminizadas de tierras imaginadas extendidas, listas para ser descubiertas y conquistadas por la exploración masculina.
Los hombres europeos viajaban a «Oriente» para redescubrir cómo ser hombres sin límites. Raza y género se entrecruzan en esta fantasía colonial de dominio.
Al identificar las dimensiones de género de la producción cultural y política del colonialismo, el escritor palestino Edward Said describió cómo éste se imaginaba a sí mismo como una fuerza masculina proyectando un Oriente sexualizado y «femenino» para la penetración y la posesión.
Saqueando mientras violan y se burlan de las vidas que muy probablemente han exterminado o que sin duda huyeron en busca de una seguridad que aún no ha llegado, los soldados israelíes se inmiscuyen y llevan a cabo su agresión de la misma manera.
El robo colonial y la incitación pornográfica marcan escenas históricas de desvelamiento colonial: entrar en el harén colonial, levantar el velo de los cuerpos de las mujeres musulmanas y penetrar la carne. Nos remite a historias invertidas en cuerpos escenificadas por una voluntad colonial de dominio sobre mundos y pueblos.
En la Argelia ocupada por Francia, Frantz Fanon observó cómo, con su atuendo, la mujer con velo bloqueaba la mirada colonial y negaba su dominio sobre la tierra y los cuerpos. Esto provocaba en el colonizador un deseo enloquecedor e insaciable de descubrir y conquistar los márgenes y exponer lo oculto.
Las autoridades francesas, cautivadas y ansiosas por lo oculto, organizaron ceremonias públicas de «desvelamiento» de mujeres argelinas para descubrir sus misterios, revelar lo que ocultaban y demostrar la sumisión cultural y política de Argelia a Francia castrando y humillando a los hombres argelinos.
Las observaciones de Fanon en la Argelia ocupada pusieron de manifiesto que la lucha por el conocimiento estaba enredada en la violencia, el placer y el terror racial.
Décadas más tarde, en Palestina, los colonizadores siguen asentados, excavando e incrustándose en la tierra, extrayéndola para perpetua excitación y autodescubrimiento.
Gaza está siendo revertida a una designación colonial de «tierra vacía» mediante la etapa final del colonialismo de colonos, como reflexiona el académico Ahmed Paul Keeler, lo que acelera la violencia en muerte, destrucción y desplazamiento.
Sin embargo, como observa Anne McClintock, el mapa colonial es una tecnología del conocimiento que reivindica una verdad científica sobre la tierra. Pero en los espacios en blanco y los bordes del mapa que marcan los límites del conocimiento abunda la paranoia, por donde amenazan cruzar monstruos, sirenas, bestias y caníbales.
En la frenética ferocidad de Israel en Gaza tras la violación de sus imaginarias fronteras nacionales el 7 de octubre de 2023, ¿no es éste el miedo al cruce de fronteras y a la contaminación? ¿Los peligros de los márgenes? ¿La rabia de su existencia?
Escribiendo sobre el terror racial, el antropólogo Michael Taussig sostiene que hay un exceso en la violencia colonial que ningún objetivo económico, militar o político puede explicar plenamente.
El terror infligido es su propio propósito.
Hombres musulmanes peligrosos
Para que las opiniones públicas israelí y occidental centren la violencia y el daño moral en torno al 7 de octubre, deben eludir no sólo una historia de apartheid y ocupación en Palestina, sino también las atrocidades subsiguientes. Esto se justifica por ideas racistas basadas en historias de orientalismo e islamofobia sobre la masculinidad árabe y musulmana.
Considérese el tema altamente sexista de las perversas exhibiciones de los soldados israelíes, junto con la repetida acusación de violaciones masivas el 7 de octubre.
En ciudades occidentales han aparecido obras de teatro de protesta en las que los partidarios de Israel llevan pantalones manchados de sangre falsa en la entrepierna como otra depravada representación de las supuestas violaciones.
Apelando a la mujer blanca en peligro y convirtiéndola en un arma al ser deseada por hombres negros, árabes y musulmanes que albergan fantasías sexuales violentas, estas protestas piden a los hombres blancos y a sus industrias de la muerte que vayan a la guerra por ellas.
Hamás se proyecta como una masculinidad musulmana peligrosa con la que no se puede comprometer, sino sólo cazar y eliminar. La entrepierna ensangrentada, como única escena del crimen, se sobrepone no sólo a la ocupación sino incluso a la violencia sexual contra las mujeres y niñas palestinas por parte de soldados israelíes para autorizar la caza vengativa.
Las repetitivas historias de violaciones masivas, pechos mutilados y bebés decapitados invocan estereotipos racistas de árabes y musulmanes como misóginos y truculentamente violentos y circulan porque hay compra política.
Por lo tanto, las correcciones y pruebas que se exigen a periódicos como The New York Times, que encargó a un escritor gastronómico que informara sobre la historia, no vienen al caso.
La verdad de lo que ocurrió ese día es irrelevante para la historia, ya que hay un público dispuesto a recibir estas historias de violencia bárbara y malvada por parte de árabes y musulmanes y su desviación sexual.
Lo que importa es la narración y la imaginación que despierta sobre los peligros de las masculinidades musulmanas.
¿Cómo si no se explica que los países occidentales hayan cortado la financiación de la Unrwa sin una investigación? La masculinidad palestina -cua árabe y musulmana- es vista como monstruosa en estas acusaciones, que persisten porque son creíbles para el público occidental.
No hay que subestimar la dimensión fóbica de estas fantasías racistas de masculinidad peligrosa.
A diferencia de la masculinidad romantizada de los ucranianos que se oponen a los invasores rusos, la masculinidad de Hamás encarna no sólo la maldad del Estado Islámico, la misoginia y el apartheid de género de los talibanes, y la habilidad conspiradora de Al Qaeda, sino la voluntad política musulmana como aberración e incompatible con la vida moderna. Es una voluntad que, si no se extingue o se compromete a una sangría periódica, mediante rituales de «siega del césped», se alzará y pasará a Occidente a cuchillo, una fantasía que la literatura orientalista ha propagado durante mucho tiempo sobre la amenaza existencial que supone el Islam.
La mujer blanca en peligro tan central en la narrativa de condena contra Hamás no sólo permite la caza sino que sanciona la brutal violencia de los soldados sionistas.
Insistir en la entrepierna ensangrentada -real o imaginaria- en un momento en que los soldados israelíes cometen y documentan deliberadamente comportamientos feos, desviados y crueles es tan descarado como desconcertante.
Psicopatía colonial
Más allá del fetichismo sexual por los objetos personales de los palestinos, como para burlarse del pervertido mundo de los musulmanes, se dan otras muestras de maldad y desviación.
En innumerables vídeos, se ve a soldados israelíes haciendo muecas, burlándose de los palestinos torturados y desplazados, y mofándose de los palestinos hambrientos quemándoles o robándoles la comida y cocinándola en sus cocinas abandonadas, imitando un programa de cocina.
Mientras se filman a sí mismos saqueando, hurgando en las vidas personales, escarbando y extrayendo las intimidades de la vida palestina, hay algo caníbal en esta necesidad de consumir todo lo relacionado con el otro enemigo.
Los rostros burlones, juerguistas y regocijados de los soldados recuerdan a los maníacos asesinos o a los arquetipos demoníacos de las películas de terror, que acechan a sus víctimas con mórbido placer.
Típico de los asesinos en serie, hay una omnipotencia -una psicopatía colonial- presente en estos rostros y en el descaro del crimen. Pero en los asesinatos en serie, el derramamiento de sangre rara vez es suficiente. La necesidad de conseguir trofeos como herramienta masturbatoria para revivir la violencia se convierte en una compulsión perversa.
Por eso no es casualidad que las redes sociales se hayan puesto a su perverso servicio, ya que ofrecen a los asesinos en serie volver a la escena del crimen y facilitan la fantasía del dominio total sobre la víctima, es decir, asesinar una y otra vez.
Mientras que el estribillo «toda acusación es una confesión» se ha hecho popular entre los partidarios de Palestina que reconocen las afirmaciones israelíes como una proyección de sus propios crímenes en Gaza, la repetición de este relato de violencia puede evocar en el autor el secreto placer de volver a la escena del crimen.
El escabroso registro visual de los crímenes cometidos por los soldados israelíes contra las mujeres palestinas se aleja claramente de la narrativa occidental de hacer la guerra en nombre de «salvar» a las mujeres musulmanas. De hecho, la actualización israelí de esta fórmula vuelve a la naturaleza brutal de su motivo: Las mujeres musulmanas nunca debieron ser salvadas, sino utilizadas como escudos humanos contra cualquier condena que pueda exponer la barbarie lobuna de las democracias liberales occidentales y su deseo de asesinatos en masa.
Masculinidad y guerras culturales occidentales
Ampliando el ámbito político, ¿qué significan estas muestras manifiestas de poder racial y de género en un momento en el que las guerras culturales de Occidente están dominadas por una crisis de masculinidad percibida?
Israel, un país que afirma estar amenazado por un mundo árabe y musulmán hostil, ha lanzado su propio guante al campo de batalla cultural.
En las actuales guerras culturales, los hombres agraviados de todo el espectro político y cultural que no sentían que tuvieran un lugar en el mundo occidental contemporáneo han recurrido a figuras salvadoras como Jordan Peterson, Andrew Tate y a una creciente cultura en línea de masculinidad defensiva.
En su guerra contra la «izquierda radical» y su percibido asalto cultural a la familia, la alt-right había empezado, en los últimos años, a mirar al islam y a los ideales de la masculinidad musulmana como una resuelta defensa contra estas fuerzas. En respuesta a las alabanzas a la «sharia blanca», la emergente manosfera musulmana señaló un nuevo apetito de algunos hombres musulmanes por unirse en torno a la defensa de la masculinidad tradicional.
Pero, ¿dónde habría dejado esto a Israel, que durante mucho tiempo se había visto a sí mismo asediado y compitiendo con la violenta masculinidad europea y las fantasías de la masculinidad oriental?
Todas las fantasías nacionales de supremacía racial se ven acechadas por unos márgenes sombríos en los que la fantasía se atenúa, volviéndose menos estable al enfrentarse a sus propios límites, lo que el psicoanálisis describe como castración.
Para Israel, que se ha promocionado a sí mismo como la excepción -la «única democracia» de Oriente Próximo con una defensa de seguridad superior- la castración aparece en la posibilidad de sustitución por el «Otro» que puede penetrar sus defensas e incluso galvanizar a sus antiguos aliados en la oposición.
Por tanto, no es conspirativo apreciar cómo el desencadenamiento de la violencia contra Gaza tras el 7 de octubre reafirma las fronteras coloniales y devuelve las guerras culturales a la línea racial.
La derecha cristiana de Estados Unidos, que había solicitado el apoyo de los musulmanes en una agenda compartida de preservación de la llamada «familia tradicional», reafirmó su compromiso con Israel frente a las hordas musulmanas. Jordan Peterson ha dejado claro su apoyo a la venganza tras los ataques de Hamás, animando al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu a «darles caña».
Para una generación de hombres musulmanes posterior al 11-S, la llamada «crisis de masculinidad» es un síntoma de agravios políticos y económicos más profundos reducidos a «palabrería cultural» y un diagnóstico erróneo para gestionar los antagonismos inherentes a décadas de violencia.
En una escena familiar, grupos de hombres palestinos atados y con los ojos vendados son desnudados hasta la ropa interior, apiñados y vistos como desesperados por utilizar otros cuerpos como cobertura.
La guerra contra el terrorismo perfora estas imágenes de carne árabe y musulmana brutalizada y expuesta.
Otras escenas también nos invadieron: las torturas en la prisión de Abu Ghraib, la bahía de Guantánamo, la prisión de Bagram, los centros de detención, las entregas y las redadas antiterroristas.
En el paisaje cultural actual, en el que se representan las crisis, la recirculación de tales imágenes de deshumanización no sólo restablece la línea racial, sino que sigue racionalizando el disciplinamiento de una voluntad política musulmana.
El campo de exterminio de la islamofobia
Para sacar el lobo, ¿son siquiera eficaces los paralelismos históricos con otras escenas de subyugación?
¿Cuál es la labor política de historizar la violencia? ¿Cuál es la ética de repetir las compulsiones repetitivas de la historia?
Recordar sugiere que deseamos una memoria perfecta que nos alivie de nuestro momento contemporáneo y le dé un sentido estable, pero la historia no tiene conciencia y está sujeta a los recuerdos de los demás.
Sin embargo, este siglo nos da suficiente historia. Antes de que lleguen los campos, siempre quedan las palabras.
Décadas de islamofobia vieron una inversión perversa en la problematización de los musulmanes como peligrosos, violentos, sospechosos y misóginos, preparándonos para este momento.
Ha sido testigo de la naturaleza despiadada de la islamofobia en una guerra contra el terror que tenía sus propios objetivos genocidas para exterminar la voluntad política musulmana en todo el mundo, donde han muerto hasta 4,5 millones de personas.
Vilipendiados, detenidos, entregados, torturados, dronados, prohibidos: el embrutecimiento de los cuerpos musulmanes o de aquellos a los que se hace ser musulmanes se ha convertido en algo de sentido común, pensable, incluso esperado.
Mientras que los placeres del terror racial siguen siendo inexplicables, es la islamofobia la que arroja luz sobre cómo un público del siglo XXI consiente en ser testigo, durante seis meses, del desarrollo de un genocidio.
Sahar Ghumkhor es una académica residente en Australia. Sus investigaciones exploran las intersecciones entre racismo, violencia política y psicoanálisis. Es miembro fundador de Islamophobia Observer Australia.
8. Lucha por la tierra y estrategia revolucionaria
Aunque a los urbanitas nos puede parecer algo bastante alejado, la lucha por la tierra sigue siendo un elemento fundamental para salir del capitalismo.
Capitalismo, tierra y bienes comunes
Tanguy Martin 29 marzo 2024
Este es un extracto del libro de Tanguy Martin Cultiver les communs, publicado en 2023 por Syllepse. En él muestra cómo la tierra agrícola está integrada en la lógica capitalista, las luchas que se están desarrollando con vistas a salir del capitalismo a través de la tierra, y propone algunas ideas para construir un bloque social mayoritario en torno a una narrativa política alternativa.
Estrategias de emancipación
Evidentemente, no tiene mucho sentido sacar por sí sola la tierra agrícola del capitalismo en la Francia metropolitana. Sólo puede ser un ladrillo y un paso en el camino hacia la construcción más amplia de un mundo post-capitalista y, más ampliamente, post-opresivo. Esta construcción sólo puede tener sentido a una escala que se extienda a todos los territorios y a todos los sectores de la actividad humana. Para que este ladrillo tenga alguna utilidad, también hay que darle forma para que encaje en la construcción de estrategias anticapitalistas desplegadas a principios del siglo XXI.
Tras la caída de la Unión Soviética, la cuestión revolucionaria se hizo inaudible y gran parte de los movimientos emancipadores se perdieron en el desarrollo de iniciativas tan esenciales para soñar con el fin del capitalismo como ineficaces para superarlo a corto plazo. Peor aún, muchas de estas iniciativas han sido o están siendo recuperadas al servicio del capitalismo. La agricultura ecológica es una triste víctima de ello. Se construye en torno a la necesidad de cuidar la tierra evitando el contacto con productos derivados de la química sintética. A su pesar, se está convirtiendo en el nombre de una dualización de la alimentación, separando social, geográfica y económicamente a quienes pueden acceder a ella del resto[1]. Por supuesto, tenemos que luchar para salvar la agricultura ecológica y popularizarla. Sin embargo, no se puede salvar si se concibe y construye aislada de otras luchas y si se le niega cierta radicalidad. La radicalidad también frenará su institucionalización a corto plazo. Incluso luchas tan emblemáticas y politizadas como las de Larzac o Notre-Dame-des-Landes siguen siendo impotentes frente a la artificialización global de la tierra, aunque alberguen el potencial de mundos más emancipados y constituyan espacios parcialmente liberados del capitalismo. Para que estos experimentos y luchas logren superar el capitalismo, deben integrarse en estrategias más amplias capaces de hacerlo.
Afortunadamente, al igual que la cuestión de la tierra, la cuestión estratégica anticapitalista parece haber recobrado impulso en la última década. No intentaré aquí hacer un recuento exhaustivo del trabajo realizado. No obstante, me parece útil ofrecer una distracción a través de una selección subjetiva de algunos trabajos recientes. Partiré principalmente de Adieux au capitalisme (2016) de Jérôme Baschet, Stratégie et Communisme (2019) de Isabelle Garo y Stratégies anticapitalistes pour le 21e siècle (2021) de Erik Olin Wright. También me referiré al Commun (2014) de Dardot y Laval, del que ya me he inspirado en páginas anteriores.
Aunque no están de acuerdo en todo, estos autores toman nota del fracaso de las estrategias para tomar el poder mediante la revolución en el siglo XX, y del consiguiente debilitamiento de la idea de socialismo o comunismo. También señalan que la predicción marxista del autodesplome del capitalismo bajo el peso de sus contradicciones internas tarda en cumplirse. Todavía es posible, en palabras de Karl Marx, que «los capitalistas se ahoguen en las gélidas aguas del cálculo egoísta». Sin embargo, el capitalismo se ha convertido en una fuerza geológica a través de lo que ahora se llama el Antropoceno, pero que lógicamente debería llamarse el Capitaloceno[2]. La rápida superación de los límites planetarios está redefiniendo fundamentalmente este pensamiento, y significa que corremos el peligro de ahogarnos con los capitalistas. Esta emergencia medioambiental nos obliga a no esperar el advenimiento de un inaccesible paraíso comunista, y debería protegernos de un idealismo que fija un horizonte lejano sin pensar en cómo llegar hasta él.
Esta urgencia se expresa hoy en lo que Jérôme Baschet llama intentos de «transformación sistémica de forma molecular, como multiplicación de las microiniciativas presentes». Para él, estas microiniciativas constituyen «espacios liberados» que permiten «experimentar transformaciones en el orden de las subjetividades y de las relaciones interpersonales». Erik Olin Wright, por su parte, habla de «utopías reales» que siguen cinco estrategias típicas para erosionar el capitalismo: aplastarlo, desmantelarlo, domesticarlo, resistirlo o huir de él. En su opinión, todas estas utopías reales son válidas en la medida en que se sustentan en un conjunto de valores anticapitalistas: igualdad ligada a equidad, democracia ligada a libertad, comunidad ligada a solidaridad. Hasta la fecha, ninguna de estas estrategias modélicas ha sido capaz de provocar un derrocamiento duradero del capitalismo, pero también parece que es todo lo que tenemos a nuestra disposición.
La perspectiva que nos queda es, por tanto, invertir en todas estas estrategias al mismo tiempo, articulándolas en lugar de oponerlas. La idea es construir tantos espacios liberados y utopías reales como sea posible en los intersticios del sistema capitalista, vinculándolos entre sí para que se transformen y fortalezcan mediante este intercambio. Volvemos aquí a la idea de Dardot y Laval sobre el proceso de instauración de la praxis. Para instituir un derecho emancipador de los comunes, proponen también ir y venir entre un derecho consuetudinario, nacido de las prácticas de los que luchan (en el sentido de Joseph Proudhon) y un derecho formal innovador, basado en un imaginario radical (en el sentido de Cornelius Castoriadis).
Así pues, no existe un plan de acción listo para salir del capitalismo. Incluso es posible que estemos en el camino sin darnos cuenta, del mismo modo que era imposible ver las premisas del capitalismo contenidas en el feudalismo. Según Jérôme Baschet, «otras posibilidades ya han empezado a tomar forma, y es en el suelo de estas experiencias concretas y de su creatividad donde debemos arraigar nuestro pensamiento». También debemos cuidarnos de la exigencia de pureza anticapitalista en las utopías reales que desarrollemos, sin abandonar un mínimo de radicalidad para evitar que sean recuperadas. Debemos partir siempre de las condiciones materiales y de las relaciones de poder existentes, incluso cuando nos sean desfavorables y cuando la conciencia de clase de los oprimidos parezca fragmentada. Nuestra relativa impotencia actual no debe llevarnos a la inacción, sino a «prepararnos para lo imprevisible», como dice Jérôme Baschet. Lo imprevisible es el acontecimiento externo que nos dará la oportunidad de volver a tomar nuestras vidas y nuestro mundo en nuestras manos, pero también lo que aún no conocemos, que surgirá de nuestras luchas y de su intersección. Estar preparados significa permanecer abiertos a esta imprevisibilidad y evitar la estupefacción que aniquilaría nuestra capacidad de actuar[3].
Isabelle Garo añade que para politizar nuestras «aspiraciones, que se nutren de brillantes elaboraciones teóricas pero no logran estructurar un movimiento de masas, […] la primera tarea es reconstruir un auténtico debate colectivo en torno a la cuestión de la alternativa, incluyendo ante todo su dimensión estratégica, trabajando para articular medios y fines». Esto requiere la construcción de una narrativa coherente sobre la alternativa. Para Jérôme Baschet, «evocar otros mundos posibles (no capitalistas) acentúa la relativización del estado actual de las cosas y libera una fuente de energía susceptible de hacer tambalear su supuesta invencibilidad».
Puesto que el capitalismo no agota los problemas del mundo, cualquier estrategia para salir del capitalismo tendrá que pensar también más allá de las alianzas internas si quiere constituir un bloque social suficiente. Para ello, hay que prever alianzas que vayan más allá de la mera cuestión capitalista y se articulen con las demás luchas emancipatorias en curso, contra el racismo, el patriarcado, etc. Isabelle Garo lo resume de la siguiente manera: «la recomposición de una alternativa al capitalismo se juega muy precisamente en las intersecciones de sus diversas fallas, para hacer posible su articulación concreta sin reducir ni subordinar una lucha a otra, ni resignarse a la dispersión y la competencia de las emancipaciones». Jérôme Baschet sugiere incluso que estas alianzas incluyan las que se establecen con los no humanos para nuestra supervivencia común. Aunque existen vías para avanzar, como se explica en el capítulo 4[4], los contornos de estas alianzas aún están por definir. Lo que está claro, sin embargo, es que las crisis medioambientales serán un catalizador para el anticapitalismo y sus alianzas con las luchas contra otras opresiones, empezando por las ecofeministas y los ecologistas descoloniales[5].
Ejercicio práctico con tierras agrícolas
Las experiencias y luchas por la tierra agrícola descritas en este libro son todos intentos de construir espacios liberados y utopías reales, por pequeñas que sean. Lejos de seleccionar las mejores en una competición militante, hay que multiplicarlas e intensificarlas allí donde sea posible. Según las categorías de Erik Olin Wright, combinan todos los tipos posibles de estrategia anticapitalista, excepto quizás la de aplastar el capitalismo y tomar el poder revolucionario a gran escala. Quizás esto se deba a que las actuales condiciones materiales nos imponen una guerra de posicionamiento más que de movimiento, por utilizar las categorías de Gramsci.
Ninguna de estas luchas y experiencias permitirá, por sí sola, prever una salida del capitalismo por la vía de la tierra en la agricultura francesa. Por lo tanto, parece esencial establecer vínculos y coordinación entre ellas, así como el diálogo entre sus protagonistas[6]. Los intentos de la economía de plataformas por recuperar el porteo solidario de tierras frente al capitalismo nos alertan sobre la necesidad de analizar nuestras prácticas a la luz de las categorías de la economía política marxista y anticapitalista detalladas en este libro. Deben atacar la renta, la plusvalía, la mercantilización, la financiarización, las abstracciones económicas, administrativas y técnicas, la explotación humana y la destrucción de los ecosistemas. Para ello, deben mantener como brújula: la igualdad vinculada a la equidad, la democracia vinculada a la libertad, la comunidad vinculada a la solidaridad. Nuestras prácticas también deben permanecer abiertas a la posibilidad de ir más allá de ellas, y no quedar osificadas por la burocratización. Estas dos últimas recomendaciones (crítica reflexiva y potencial de autotrascendencia) pueden parecer obvias, pero serán difíciles de mantener en el tiempo ante la fatiga que nuestro compromiso y nuestras luchas no dejan de provocar.
La narrativa de los bienes comunes es una oportunidad para unir a la gente en torno a nuestras acciones por la tierra y vincularlas a otros ámbitos de lucha, pero no basta por sí sola. Por lo tanto, necesitamos reforzar esta narrativa para hacerla accesible y deseable a un bloque social más amplio que reúna a personas con formas muy diferentes de estar en el mundo, pero que aspiran a sociedades basadas en la autonomía, la igualdad y la participación armoniosa y alegre en lo vivo. En efecto, la narrativa de los comunes debe proponer las formas más ricas posibles de relacionarse con la tierra, capaces de oponerse a la tendencia del capitalismo a convertir a los seres humanos en seres externos a sí mismos, a sus semejantes y al mundo en general[7]. En particular, este bloque social debe reunir a una gran parte de los trabajadores agrícolas y crear suficientes vocaciones campesinas agroecológicas para dar salida a todas las victorias que podamos encontrar al recuperar la tierra del capitalismo[8]. De este modo, el éxito de las luchas por la tierra dependerá del éxito de otras luchas, como las del derecho a la alimentación, y viceversa. Por último, vincular nuestras luchas por la tierra y anticapitalistas con otras como el acceso a la tierra para las mujeres y los no blancos es fundamentalmente correcto, y pragmáticamente necesario para construir una coalición lo suficientemente amplia como para ganar. El daño causado a la tierra y a las personas que viven de ella por el capitalismo, el patriarcado y el colonialismo es un punto de unión obvio, pero que requerirá abrirse a las luchas de todas las partes. Desde esta perspectiva, la invisibilidad de la opresión de las mujeres y de los no blancos en la agricultura en Francia es uno de los primeros obstáculos que hay que eliminar.
La cuestión del cuidado de la tierra y de los agricultores está ahora en el orden del día y es asumida por una parte importante de la población francesa. El éxito de la película Au nom de la Terre (En el nombre de la Tierra), estrenada en 2019, que aborda de frente la cuestión del suicidio de los agricultores, es un buen ejemplo de ello. Sin embargo, es evidente que hay que politizar el tema. Queda por compartir la comprensión de los mecanismos que intervienen en estos problemas de las tierras agrícolas. Hay que empezar a desvelar la importancia del capitalismo en los desórdenes de la tierra que deploramos, y movilizar la crítica anticapitalista y las teorías del procomún. Este trabajo deberá llevarse a cabo en una confrontación constante con nuestras prácticas, a partir de la situación actual de las instituciones francesas de la tierra agrícola, ya sean formales o informales, sin olvidar su historia y las luchas que condujeron a su creación. La existencia de un derecho formal que permite la asignación no mercantil y política de la tierra es una oportunidad para lograr una comunización de los usos de la tierra agrícola en Francia.
*
A primera hora de la mañana, la niebla se disipa, filtrando los primeros rayos de sol que tiñen de tonos pastel la hierba del pantano. Algunas vacas se adentran en los canales bajo la atenta mirada de los guardabueyes. Aquí, a pocos metros por encima del océano vecino, los hortelanos tradicionales o llegados la víspera viven, se alimentan, aman, filosofan, se despedazan y mucho más. Aquí la vida es dulce, a veces. No es un efecto inmediato del bucólico paisaje, sino una conquista a largo plazo. En esta aparente tranquilidad, que por un momento parecería inmutable, quizá estemos asistiendo a los albores de una revolución. Quién la dirigirá exactamente y cómo sigue siendo un misterio. Lo imprevisible acecha y nos preparamos para ello. Nada menos que nuestra supervivencia y la de todos los seres vivos está en juego frente al capitalismo. Esperemos que haya más distancia entre el capitolio y la roca tarpeya que entre el pantano y el océano helado. Debemos conseguir ahogar el cálculo egoísta y cultivar por fin los bienes comunes como Cándido cultivaba su jardín.
Notas
[1]L’Atelier paysan, Reprendre la Terre aux machines: manifeste pour une autonomie paysanne et alimentaire, París, Seuil, 2021.
[2] Andreas Malm, «El mito del Antropoceno», Jacobin, marzo de 2015, https://jacobin.com/2015/03/.
[3] Para ello, podemos comparar el análisis del uso de los «shocks» por parte del capitalismo, teorizado por la activista Naomie Klein, con el pensamiento de lo imprevisible propuesto por el filósofo Edouard Glissant. Naomie Klein (2007), La Stratégie du choc : la montée d’un capitalisme du désastre, Acte Sud y Edouard Glissant (1997), Traité du tout-monde, Gallimard.
[4] Véase : Léna Balaud y Antoine Chopot, Nous ne sommes pas seuls, Politique des soulèvements terrestres, París, Seuil, 2021.
[5] Malcolm Ferdinand, Une écologie décoloniale, Penser l’écologie depuis le monde caribéen, París, Seuil, 2019.
[6] Por ejemplo: Collectif reprise de terre, «Reprise de terres: une présentation», Terrestres, julio, 2021. https://www.terrestres.org/
[7] Renaud Garcia, Le sens des limites : Contre l’abstraction capitaliste, París, L’Échappée, 2018.
[8] Los compañeros de L’Atelier paysan señalan con razón que «para que [la cuestión de la tierra] se convierta en central, tendría que haber muchos más proyectos agrícolas y las condiciones económicas de estos proyectos tendrían que ser viables». L’Atelier paysan, Reprendre la Terre aux machines: manifeste pour une autonomie paysanne et alimentaire, París, Seuil, 2021
9. Nuevo orden mundial
La visión de Tomaselli sobre el nuevo orden mundial que está naciendo, y que no podemos saber cómo se configurará. https://www.meer.com/it/79920-
Perspectivas de un nuevo orden mundial en evolución
Cambio global: del declive de la hegemonía a una era de incertidumbre
8 de abril de 2024 Enrico Tomaselli
En 1919, con el cambio de siglo, Antonio Gramsci fundó un periódico llamado «L’Ordine Nuovo». Sólo dos años antes se había producido la Revolución de Octubre, una convulsión que había cambiado radical -y profundamente- las perspectivas y que, de hecho, marcaría toda la historia del siglo, y Gramsci intuyó con razón que ese acontecimiento no sólo lo cambiaba todo, sino que -de un modo u otro- prefiguraba el nacimiento de un orden mundial diferente.
Y hoy nos encontramos de nuevo en una situación similar, vislumbrando el amanecer de un nuevo mundo. Todavía estamos en una fase de transición, inevitablemente caótica, pero la dirección está ahí y, pase lo que pase, el mundo ya no será como lo conocemos. Sin embargo, lo que todavía no se ha comprendido, al menos aquí en Occidente, es que el cambio que se avecina es mucho más que un simple cambio en el papel del poder hegemónico, no se trata simplemente de un traspaso (por sangriento que sea) de un imperio a otro.
El nuevo mundo presupone un nuevo orden. Es todo el paradigma lo que se pondrá en tela de juicio. El mismo año en que Gramsci fundó su periódico, las potencias europeas vencedoras de la Primera Guerra Mundial fundaron la Sociedad de Naciones, con el objetivo de mantener la paz y desarrollar la cooperación internacional en los ámbitos económico y social. O, mucho más sencillamente, establecer un orden, un instrumento regulador, para mantener y perpetuar el equilibrio de poder establecido por el conflicto.
Pero ambas estaban tan impregnadas de la lógica predominante que había caracterizado a los países europeos durante siglos, que duraron muy poco. Y sólo con la Segunda Guerra Mundial, que algunos consideraron nada más que una continuación de la primera, se llegó a un punto y aparte. No por casualidad, ya que marcó el fin de la hegemonía europea y el auge de la estadounidense.
El nacimiento de la ONU fue precisamente el nuevo instrumento regulador que entonces se imaginó, y en torno a él se intentó construir una arquitectura normativa que diera forma y reglas al orden de posguerra. De nuevo, existía la idea -o tal vez sólo el ideal- de que este nuevo orden, y sus reglas, serían capaces de garantizar la paz. Cosa que, puntualmente, no ocurrió.
En cualquier caso, aunque nunca se respetó plenamente, este orden de la ONU se mantuvo más o menos vigente durante algunas décadas, mientras, al menos, existieron dos campos opuestos (ideológico, y no sólo político-militar) que, equilibrándose mutuamente, garantizaron que -aunque en clave de compromiso- este orden se mantuviera vigente. Hasta que, con el final de la Guerra Fría y la caída de la URSS, tanto el equilibrio como el viejo orden se rompieron.
Este viejo orden, en cualquier caso, aunque estaba marcado fundamentalmente por el equilibrio competitivo entre EEUU y la Unión Soviética, conservaba muchos rasgos del anterior orden eurocéntrico; uno, sobre todo, la arbitrariedad de las potencias hegemónicas a la hora de establecer no sólo los destinos, sino incluso las fronteras de las naciones. En efecto, basta mirar cualquier mapa para comprender cómo, sobre todo en África y Oriente Medio, éstas se trazaron y mantuvieron según la lógica exclusiva de la dominación. Una lógica que resultó perfectamente funcional incluso en la era bipolar de la Guerra Fría. Pero, como decíamos, cuando ésta terminó, el sistema de equilibrios se rompió, y con él el orden que se basaba en ellos. El orden, pero no los instrumentos reguladores.
Una vez terminada la historia, según la famosa -y ficticia- definición de Fukuyama,1 el hegemón solitario que ha surgido ha ido construyendo, pues, una arquitectura reguladora articulada, obviamente a su exclusiva medida. Sin embargo, esta construcción se ha caracterizado por su duplicidad -inevitablemente destinada, como ha sucedido, a resolverse en dualidad. Por un lado, en efecto, se ha mantenido la ONU, con todos sus corolarios normativos (el derecho internacional), pero por otro se ha creado una especie de avatar, el llamado «orden internacional basado en normas», que sin embargo no es más que una especie de pegatina, que puede recolocarse a voluntad, pero que alude -de forma suficientemente vaga- a las Naciones Unidas y a sus normas.
La referencia a las normas, de hecho, sugiere que se trata de las más o menos universalmente reconocidas (y algo menos respetadas) que encarna la ONU. Pero en realidad, como bien sabemos, se trata simplemente de una mascarada: no sólo las reglas de este supuesto orden no son las de la ONU, sino que de hecho simplemente no existen.
Tanto es así que pueden cambiar fácilmente en el tiempo y en el espacio, allí donde convenga a la potencia hegemónica. En el marco de estas (no)reglas, por ejemplo, es lícito arrebatar a una nación una parte de su territorio por la fuerza de las armas, convirtiéndola en un nuevo país (casualmente vasallo del hegemón, véase Serbia y Kosovo), pero sólo si esta secesión conviene a Washington. Si, por el contrario, la secesión afecta a sus intereses, entonces va contra las reglas (véase Crimea). Si una región exige democráticamente la independencia, y esto no coincide con los intereses hegemónicos (véase Cataluña), es reprimida; si otra región quiere ser reconocida como independiente, y esto coincide con los intereses hegemónicos (véase Taiwán), se le da todo el apoyo posible: político, económico e incluso militar.
El doble rasero es la manifestación concreta de que las famosas reglas invocadas por Occidente son en realidad sólo una: «hagamos lo que hagamos o digamos lo que digamos, siempre tenemos razón y los demás están equivocados». Se trata, evidentemente, de una lógica totalmente nueva, ya que el derecho es siempre el producto de una relación de poder. Cuando el equilibrio de poder está fuertemente desequilibrado, con un bando ampliamente dominante, el derecho también se ve afectado. A lo largo del periodo de la Guerra Fría, hubo un equilibrio -imperfecto y cambiante, pero sin embargo bastante estable- que mantuvo un cierto equilibrio del derecho; del mismo modo (y no casualmente en el mismo periodo) que la presencia de fuertes movimientos populares anticapitalistas produjo un equilibrio similar de intereses en la legislación nacional.
Todo esto está llegando a su fin. Hacia lo que nos dirigimos no es hacia un mundo en el que la hegemonía estadounidense está siendo sustituida por la hegemonía china, ni siquiera hacia un mundo multipolar, en el que coexisten varias potencias, de diversos niveles, sin un dominus único. Hacia lo que nos dirigimos es hacia un mundo que reescribirá sus propias reglas. Un mundo en el que muchas de las cosas que ahora nos parecen impensables se harán posibles, y muchas de las cosas que ahora nos parecen correctas nos parecerán cuestionables. Este es el reto más difícil, especialmente para nosotros los europeos, que durante siglos hemos vivido en un mundo caracterizado por un conjunto de ideas-fuerza hijas de nuestra historia y nuestra cultura, y que hemos exportado (casi nunca con suavidad…) a casi todas partes. Se trata de un cambio de perspectiva muy profundo, que pondrá en tela de juicio -muchas veces, de muchas maneras y en muchos contextos diferentes- nuestras certezas.
Mientras sigamos pensando en términos hegemónicos -¿quién ocupará el lugar de nuestro tutor estadounidense? ¿Qué implicará la transición bajo un nuevo imperio? ¿Cómo de difícil será la transición de uno a otro? – es toda la estructura sistémica la que está a punto de ser subvertida.
Eso es para lo que debemos prepararnos. Porque de lo contrario, en el mundo venidero, corremos el riesgo no tanto de cambiar de gobernantes como de volvernos simplemente irrelevantes. Y para un continente que en cualquier caso, para bien o para mal, ha contribuido tanto a la historia de la humanidad, y como protagonista, podría ser verdaderamente traumático encontrarse de nuevo como mera periferia.
Notas
1 El fin de la Historia y el último hombre, Francis Fukuyama, Penguin, 1992.
Enrico Tomaselli. Fundador y director artístico del festival internacional de videoarte Magmart, experto en gestión y políticas culturales, profesional de la comunicación visual y los nuevos medios.
Observación de José Luis Martín Ramos:
Ignora muchos temas, generaliza en la nueva moda de la geopolítica banal, obviando -¡qué pesado soy!- el análisis de clase.
Lo del orden basado en normas no es de ahora, de la segunda mitad del XX es algo que tiene que ver con los pactos colectivos y el denominado derecho internacional, el tratado de Westfalia. Y es una obviedad que en una nueva situación en la correlación internacional, las normas ya no son -todas- las mismas de antes. Todo esto es pura palabrería: «ni siquiera hacia un mundo multipolar, en el que coexisten varias potencias, de diversos niveles, sin un dominus único. Hacia lo que nos dirigimos es hacia un mundo que reescribirá sus propias reglas. Un mundo en el que muchas de las cosas que ahora nos parecen impensables se harán posibles, y muchas de las cosas que ahora nos parecen correctas nos parecerán cuestionables.»
¿Cuándo y por qué dejaremos de «pensar en términos hegemónicos»? ¿Cuándo descienda de los cielos la paz sobre la tierra?. Pretende no ser eurocéntrico y su «análisis» sigue siendo muy eurocéntrico.
No sé qué «beneficio» ideológico, analítico, proporciona esta geopolítica de mesa camilla.