Del compañero y miembro de Espai Marx, Carlos Valmaseda.
1. La posibilidad de un nuevo partido de izquierda en Gran Bretaña a debate.
2. El imperialismo neozelandés.
3. Cuarta fase de la resistencia iraquí.
4. La infiltración en el ejército iraní.
5. Sonámbulos hacia la guerra nuclear.
6. Las contradicciones de Monbiot.
7. Bombardeos.
8. La visión de Scott Ritter sobre el 7 de octubre.
9. Resumen de la guerra en Palestina y Líbano, 10 de octubre
1. La posibilidad de un nuevo partido de izquierda en Gran Bretaña a debate.
En la estela de las discusiones sobre la formación de un nuevo partido de izquierda en Gran Bretaña, estas reflexiones publicadas en Viento Sur. https://vientosur.info/la-
La venganza de la Izquierda Red
Harry Holmes 08/Oct/2024
“El rumor duplica, como la voz y el eco, el número de los temidos.”
Earl of Warwick, Enrique IV, parte 2, acto 3, escena 1, de W. Shakespeare
La fábrica de rumores en la izquierda británica funciona a todo trapo. En cada partido, alguien tiene una idea sobre el partido. Se defiende la replicación de nuestro propio Nuevo Frente Popular o el despliegue masivo de asambleas ciudadanas en el marco de una estrategia electoral. La formación de la Independent Alliance (Alianza Independiente), en la estela de Jeremy Corbyn, Shockat Adam, Adnan Hussain, Ayoub Khan e Iqbal Mohamed, no ha hecho más que acelerar estos planes.
Reconocer la necesidad de un nuevo vehículo nacional en el que pueda unirse prácticamente la izquierda es un paso adelante frente al mero rastreo de diversos movimientos callejeros. Existe una base social real para un proyecto de este tipo, dispersa entre el voto por varios diputados independientes propalestinos, por Corbyn y otros diputados de izquierda que integran formaciones como los Verdes. Sin embargo, en la derecha tenemos la nueva relación entre los disturbios racistas, la nueva derecha en el Parlamento y el compromiso del starmerismo con el aparato represivo del Estado británico.
Jonas Marvin, comentando el resultado inicial de las elecciones, declaró: “Ante todo, las elecciones de 2024 han confirmado la hipótesis de James Kanagasooriam de que hemos entrado de un periodo de castillos de arena políticos en que prevalecen la fugacidad política, la volatilidad electoral y el consenso menguante, todo ello en detrimento del potencial laborista.” El riesgo ahora es que los intentos actuales de cohesionar a la izquierda construyan su propio castillo de arena político, incapaces de apoyarse en la posible base social de una política socialista renovada, acabando frustrados y cediendo todavía más terreno a la derecha.
¿Qué es la Izquierda Red?
La Izquierda Red (Network Left) es una expresión un tanto irónica, pero que resulta útil para analizar la ecología de los grupos que han surgido de las ruinas del corbynismo, así como del movimiento obrero más amplio.
Por Izquierda Red entiendo figuras de la izquierda británica cuyo método de organización está basado en su relación con una pequeña selección de otros individuos que ocupan posiciones clave para lanzar campañas y grupos. Estas redes pueden haber surgido en virtud de la posición institucional de estas personas en ONG, publicaciones de izquierda u organizaciones de activistas, sus seguidores y seguidoras en redes sociales o su función anterior en proyectos alrededor del corbynismo. Su orientación hacia el exterior, tanto si es intencionada como si no, se centra en otras figuras clave de la izquierda, contactadas en privado para lanzar proyectos.
Esto no es para denunciar ninguna conspiración o sugerir que existe una oscura camarilla de amos del cotarro de la izquierda. De lo que hablamos es de una lógica de actuación que mucha gente ha venido en llamar activismo, llevada a cabo a menudo con los impulsos correctos en mente: la idea de que “si yo y mis amigos no lo hacemos, no lo hará nadie”. Son personas que acaban viéndose, a veces con razón, otras sin ella, como las principales fuerzas motrices de la izquierda más amplia, en muchos casos con escasas relaciones de rendición de cuentas tras ellas.
En ocasiones esto puede ser una manera muy efectiva de actuar, particularmente cuando estas personas son capaces de movilizar a más gente por efecto de una especie de onda expansiva, reorganizando a gente que se dispersó a los cuatro vientos después de 2019. Si logro implicar a estas personas clave, ellas llamarán a sus amigos, y así sucesivamente. Ha habido varios momentos desde la escalada genocida en Palestina en que podemos ver que esto ocurre. El primer impulso de una campaña, seguido de una avalancha de mensajes de Whatsapps y Signal a antiguos o nuevos aliados, acaba reuniendo a gente suficiente para formar un piquete, montar una manifestación o celebrar un acto.
Otras veces no da resultado. De manera bastante regular puedes observar la aparición de una nueva campaña, red o grupo, a menudo en redes sociales, de las que, si estás en el ajo, puedes nombrar de inmediato a las personas que están detrás. Una organización de campaña que de hecho consiste en cuatro gatos que ya conoces por Instagram. Manifestaciones convocadas por coaliciones de estos grupos acaban sacando a la calle tan solo un número marginal de personas, cosa que, en el mejor de los casos, causa bochorno, pero en el peor, sobre todo en tiempos en que la represión policial va en aumento, pone en riesgo real a quienes acuden a la convocatoria.
No obstante, en el momento en que se plantea cada vez más la necesidad de forjar una organización a escala nacional, esta manera de organizarse se convierte en barrera. Corre el riesgo de repetir algunos de los errores de la izquierda bajo el corbynismo y después, a saber, integrar una predilección antidemocrática por las propias organizaciones que abre la puerta a maniobras burocráticas que impiden el desarrollo de una base de masas más amplia.
La posibilidad preocupante de los próximos meses es que surja una formación chapucera en torno a Corbyn y la Independent Alliance; concebida por una coalición variopinta de personal parlamentario, gente que se considera facilitadora de conversaciones de la izquierda gracias a su número de seguidores o su cargo institucional, y cualesquiera otros recursos que hay detrás de formaciones independientes como Assemble, We Deserve Better y demás1/. Mientras que cada persona implicada reconocerá con razón el momento histórico para construir una organización de amplia base para relanzar la izquierda, crearla mediante una serie de conversaciones de trastienda entre personal parlamentario y ONG es la manera perfecta de frustrar desde el principio la formación de una organización dirigida por su militancia, como explico más abajo.
¿Para quién trabajas? ¿Y ellos te empoderan?
El rasgo crucial que caracteriza el modelo de actuación de la Izquierda Red es la ausencia de algo que se parezca a una base o militancia, o siquiera cierto número de personas ante las que rendir cuentas. A veces esto no es intencionado, ya que un número significativo de personas aprendieron su activismo en un contexto en que lanzaban campañas sobre la base de pequeños círculos de amigos y mantienen esta práctica como si fuera la única manera posible. Otras veces hay más intención detrás, como en el caso de la personalidad que ha estado en diversas ONG sucesivas o el del burócrata enquistado, quienes creen que nadie más es tan efectivo movilizando a la gente.
Curiosamente, así es como una especie deforme de activismo horizontalista acaba aliándose con las burocracias tradicionales, como las de los sindicatos. Todavía carecemos de suficientes análisis de lo que siquiera fue el corbynismo, ni de los fallos de elementos de su interior como Momentum, lo cual es un problema para nosotros cuando no falta mucho para entrar en la segunda mitad de la década de 2020. Una serie de figuras que estuvieron implicadas en los movimientos estudiantiles de comienzos de la década de 2010, que en muchos casos defendían políticas autónomas o anarquistas, acabaron siendo activistas clave, comentaristas y participantes en espacios corbynistas, a menudo hasta el punto de asumir empleos de jornada completa como ayudantes de disputados o diputadas, ONG inclinadas a la izquierda y en sindicatos, es decir, ocupando espacios que en última instancia son decididamente jerárquicos. Por supuesto, muchas personas no siguieron esta trayectoria, pero esta sí representa un elemento real del movimiento que subsiste hoy en día.
En muchos casos, un grupo lanza una campaña no jerárquica, sin normas para la admisión de miembros, sin criterios para la elección de una dirección ni para el trato a dar a las minorías políticas (es decir, ante la posibilidad de que una minoría del grupo esté en desacuerdo pero permanezca implicada y continúe defendiendo su posición), puede que se celebren asambleas o así, pero en general vemos identificados los problemas en Tyranny of Structurelessness, de Jo Freeman.
En estos grupos emergen pronto algunas personas como figuras clave, a menudo en virtud de sus dotes organizativas, la lucidez de sus análisis políticos y a veces por el ruido que arman. Obtienen una cantidad significativa de poder social en los espacios más amplios del movimiento, a menudo movilizados para asegurarse un empleo a jornada completa o cualquier pequeña cantidad económica que esté disponible. Esto, a su vez, alimenta la vanidad de la persona y, en el peor de los casos, la idea más extendida de que es la persona a la que dirigirse con tal o cual problema político: sin ella no es posible la acción política.
Algo parecido sucede con cierta clase de delegados o empleados de algún sindicato de fábrica o de barrio/inquilinos que acaban actuando como una burocracia frente a sus miembros. Esto se ha analizado tradicionalmente en el estudio de la relación entre base y burocracia. Un buen resumen de esta problemática es el que ofrece una publicación de Notes from Below: Por nuestra parte, podemos concebir las movilizaciones por la mejora de la vida de la clase trabajadora como medio para acumular fuerzas y ganar posiciones en los lugares de trabajo. Sin embargo, para los cuadros sindicales estas movilizaciones se ven a menudo como una manera de construir el sindicato como institución. Por ejemplo, un dirigente sindical que conozco entiende la acción, la afiliación y todo esto como una manera de ampliar la base financiera con el fin de reforzar el aparato de representación sindical. Este es el enfoque que dan los cuadros a la acción sindical y así es como la ven estratégicamente como una vía de avance. A menudo, la gente afiliada está dispuesta a asumir riesgos reales cuando se implican en una lucha por reparar una injusticia, mejorar las condiciones de trabajo, los salarios y los contratos laborales, y esto puede acarrearles sanciones o el despido. De nuevo, los cuadros sindicales no corren ese riesgo.
De modo que los cuadros sindicales se preocupan más por el sindicato como institución, y por tanto son más conservadores. Cuando la empresa amenaza con acciones legales, el cuadro está preocupado porque este tipo de reacción puede ser una amenaza para el sindicato como institución. La gran innovación de la legislación antisindical de los tories radica en haber entendido esta diferencia entre cuadros y militantes de base. Lo que hizo y sigue haciendo dicha legislación es presionar a los cuadros para que controlen a las bases. Y si las y los activistas de base cruzan la línea roja y rebasan los límites de la legislación antisindical, significa que entonces está en riesgo el patrimonio sindical, y con ello toda la institución.
Lo que acaban compartiendo tanto el grupo emergente de figuras del movimiento como los burócratas, lo que une a quienes supuestamente dirigen las movilizaciones horizontalizadas, al personal de las ONG y a las burocracias sindicales, es su antipatía o incomodidad con la clase de organización dirigida por sus bases. Sus motivos varían, pero con el tiempo esto puede servir de elemento unificador.
El cénit de esta tendencia fue Enough is Enough, que retrospectivamente conoció una alianza de personalidades con elementos de la burocracia sindical y del movimiento de inquilinas que acabó monopolizando la protesta contra el aumento del coste de la vida. Incapaces o reacios a aprovechar la concurrencia masiva a sus convocatorias para formar grupos dirigidos por las bases, a pesar de las propuestas del público asistente en diversas localidades, toda la energía del movimiento se disipó. Todo lo que quedó fue una lista de correos y una amplia confusión.
Las y los socialistas deberían tener esto más claro que los recientes intentos de impulsar proyectos como We Deserve Better, que podían parecer excepcionalmente ambiciosos, pero que de momento no han hecho más que solicitar donativos y el registro en una lista de correos y que representan esa misma lógica, aunque sean fruto de la iniciativa de personas que en principio actúan de buena fe. Mientras afirma que “vamos a tratar de conquistar una pila de escaños en las próximas elecciones”, de momento no ofrecen ningúna vía para que la gente se implique más allá de ser consumidora pasiva de mensajes electrónicos y de perder dinero, desde el principio se descarta la idea de que quienes les apoyan quisieran tal vez contribuir con algo más y de que de hecho son agentes políticos por derecho propio y deberían tener voz y voto con respecto a este proyecto.
Esto es un problema porque el poder real de toda entidad radical es el poder colectivo de quienes la conforman. Irónicamente, pese a toda la radicalidad política de las profesadas figuras implicadas en estos proyectos, se hallan muy a la derecha de figuras como Kautsky, caricaturizado como el cénit de la politica reformista. En su breve análisis de la labor parlamentaria en 1908, Kautsky declara explícitamente: Únicamente si cuenta con una fuerza de apoyo extraparlamentaria podrá el proletariado aprovechar plenamente su poder parlamentario. Solo podremos lograr en la sede legislativa lo que se pueda conseguir allí a condición de que estemos preparados para defender nuestro derecho de representación. Debemos estar dispuestos a luchar en todo momento por la papeleta con todos los medios de que disponemos.
La fuerza de cualquier proyecto político vendrá exclusivamente de su militancia y de su masa de apoyo, como expresa Steven Ribble en su reciente análisis del Nuevo Frente Popular francés. Para construir este apoyo masivo, como mínimo debemos ofrecer una forma clara de que la gente pueda implicarse, asumir responsabilidades y finalmente crecer como su propio liderazgo dentro del proyecto. Si movilizamos mediante un pequeño núcleo de contactos, personalidades o burócratas, tal vez obtengamos recursos con bastante rapidez, pero inmediatamente creamos una capa de distinción entre estos fundadores y sus nuevos reclutas. Es decir, tiene que haber una base y cuanto más pronto se pueda implicar una masa de militantes con suficiente arraigo social en una deliberación democrática sobre la orientación del movimiento, tanto mejor.
La organización emblemática, desde este punto de vista, y cuya historia ha dado pie a diversos análisis, fue Momentum2/. Mientras constituía una base militante, dio cancha amplia al temor rojo del entrismo de otros grupos de extrema izquierda y a voces del grupo parlamentario laborista, lo que dio lugar a maniobras antidemocráticas, ejemplificadas en el golpe por email de 2017, que impuso nuevos mecanismos estatutarios y la anulación del poder de los cargos electos. Esto hizo que Momentum tuviera más en común con una ONG tradicional al final del proyecto de Corbyn. El resultado, por supuesto, fue que cuando hizo falta un debate estratégico serio, en los últimos años del proyecto, y particularmente tras la derrota de 2019, el barco ya había zarpado.
Si Momentum fue una tragedia, existe el riesgo de que toda nueva organización sea una farsa. Insisto: si se crea mediante acuerdos de trastienda, una nueva organización nacional se verá abocada de inmediato a recibir en sus filas a personas de la izquierda institucional, es decir, de otros grupos marxistas. Puesto que se trata de individuos mandatados para participar en organizaciones de base amplia de una manera disciplinada, plantearían un reto para el liderazgo de las figuras que lanzan la organización, o por lo menos constituirían un elemento disruptivo frente a sus estrategias predilectas.
Esto es mucho más probable en un contexto en que la política dominante de la Independent Alliance no es únicamente su oposición al genocidio, sino el discurso político sobre su independencia, su apartidismo, etc. (representado muy claramente en los intentos de Assemble de esquivar el desacuerdo político mediante asambleas comunitarias3/). Naturalmente, esta clase de política antipolítica se alineará con intentos burocráticos de expulsar a quienes defienden políticas explícitamente socialistas. No obstante, eso es precisamente lo que tienes que hacer si tratas a la masa de la sociedad como participantes potenciales reales de tu proyecto político.
Evidentemente, sería de locos que uno se dedicara a escribir y discutir a favor de organizaciones democráticas de masas, mientras su práctica pasa en realidad por favorecer que las figuras clave de la izquierda celebren almuerzos para discutir sobre propuestas. Pues sí, nos hallamos en una situación así de estrambótica. Mientras los de la Izquierda Red preconizan una democracia radical, la práctica de obrar mediante la deliberación en privado entre individuos siempre frustra tales intentos.
Dentro de los fragmentos
Sería fácil explayarse poéticamente sobre los numerosos síntomas cotidianos de este tipo de activismo. La creación de mecanismos asamblearios en los que ya se han acordado propuestas, grupos de trabajo y ámbitos de actividad; la asamblea como una mera serie de pasarelas para canalizar a las y los activistas a la acción. La proliferación de rituales del movimiento, como los anuncios excesivamente largos de los derechos legales antes de las manifestaciones, al margen del riesgo efectivo que acarrea la protesta, ya que esto es lo que hacéis. El temor a la polémica abierta entre grupos debido al riesgo de espantar a alguien de tu red, por mucho que la discrepancia sea realmente enriquecedora. La formación de toda una serie de grupos funcionales de apoyo al movimiento, que imparten formación en comunicación y facilitación. Y así sucesivamente. Todos ellos reflejan una mistificación, la idea de que el activismo es una cosa que nosotros hacemos y cierto escepticismo de que la mayoría de la gente sea capaz de convertirse en agentes políticos efectivos y merecedora de diálogo.
De un modo similar, podríamos pensar sobre los espacios típicos de este tipo de activismo. Sin dura es una práctica dominante en las ciudades más grandes, como Londres y otras. Pero esto no significa que el activismo real sea exclusivo de las ciudades menores: una retirada muy común a una especie de política subnarodnik en que hemos de abandonar la comodidad de nuestras urbes para retornar a las provincias. Los espacios con una izquierda organizada más pequeña pueden ser igual de susceptibles de caer en una política reconfortante, consistente en codearse entre figuras clave, en contraste con la construcción de una organización de masas; únicamente se expresa de maneras diferentes. A fin de cuentas, un cuadro entrometido del consejo sindical de una ciudad de provincias y el operador de un centro de reflexión poscorbynista comparten más que lo que podrían hacer entrever sus diferentes apariencias.
Más que extenderse sobre estos elementos, quisiera subrayar que existen alternativas. Toda formación que surja en los próximos años debería caracterizarse lo antes posible por una afiliación abierta, una dirección elegida y mecanismos para que florezca una base de masas. Debería reconocer la realidad de que sus miembros probablemente vean aproximarse a grupos existentes en la izquierda británica y quienes se afilien a la organización deberían oponerse a todo intento de luchar contra esto. Únicamente si se unen las fuerzas marxistas de dentro de la extrema izquierda existente y quienes preconizan un programa socialista y se han dispersado a los cuatro vientos a causa del corbynismo, seremos capaces de formar una organización de este tipo y lograr que cumpla las funciones en que pensamos cuando decimos el partido.
Naturalmente, habrá debates en torno a la necesidad de construir lazos entre esta formación y lo que existe de la lucha extraparlamentaria y mantener esos lazos en términos reales. Para ello, hemos de reconocer desde muy pronto que existe una burocracia sindical y su papel a menudo antidemocrático en proyectos recientes. Sin embargo, dado el deseo de esta burocracia de obtener concesiones del gobierno laborista, debemos prepararnos ante la probabilidad de que una parte significativa de las entidades sindicales se nieguen a comprometerse con un nuevo proyecto. El resultado será una nueva formación cuya base será mayoritariamente movimentista, en particular el movimiento de solidaridad con Palestina. Por consiguiente, hemos de mirar con escepticismo el papel de una serie de mascarones de proa del movimiento y las ONG que los amparan, que tratarán de relacionarse con el proyecto, porque no traerán el cambio social que necesitamos. La victoria está en el empoderamiento de la base social, de la que vimos destellos en las elecciones. Esta mentalidad es parte integrante del conjunto del proyecto político socialista.
En su libro Lenin Rediscovered, Lars Lih explica que el proyecto organizativo marxista, reflejado en el ¿Qué hacer? de Lenin y en toda su obra, puede condensarse en la interpretación de la buena nueva: “Lenin creía que la Socialdemocracia tenía la misión de llevar a la clase obrera la buena nueva de su propia misión histórica a escala mundial y que, además, este mensaje será recibido, en conjunto, de forma entusiasta e inspirará la acción4/.
Esto significaba, en contraste con las lecturas de Lenin como un líder dictatorial interesado en una revolución dirigida por una pequeña minoría de la sociedad, que él creía en la posibilidad de que la clase trabajadora se movilizara como agente político. En este sentido, en su análisis del Príncipe moderno, Gramsci explicó: “El príncipe moderno… no puede ser una persona real, un individuo concreto. Solo puede ser un organismo, un elemento complejo de la sociedad en que cierta voluntad colectiva que ya ha sido reconocida y hasta cierto punto se ha afirmado en la acción, comienza a adoptar una forma concreta. La historia ya ha mostrado este organismo, que es el partido político, la primera célula en que se juntan gérmenes de una voluntad colectiva tendente a devenir universal y total5/.
Esto significa que un órgano político capaz de intervenir en este periodo de incertidumbre estratégica exige como mínimo que sus miembros puedan definir colectivamente su estrategia y aplicar su voluntad: tanto Lenin como Gramsci compartían la creencia en la posibilidad política de las masas de actuar colectivamente. Esto lo expresó de manera más sencilla el revolucionario anticolonial Amilcar Cabral: “Hemos de practicar la democracia revolucionaria en todos los aspectos de la vida del Partido. Todo miembro responsable ha de tener el coraje de sus responsabilidades, ganándose el respeto de los demás por su labor y respetando como es debido la labor de los demás. No escondan nada ante el pueblo. No digan mentiras: denúncienlas. No pongan máscaras a las dificultades, los errores, las caídas. No canten fáciles victorias.”
Todo esto requiere una especie de operación política en que el debate abierto, la militancia y la rendición de cuentas sean práctica cotidiana, no las conversaciones en privado, los golpecitos en la espalda y las maquinaciones del aparato, de la dirección y demás. Para evitar que esto entre a formar parte del proyecto, determinadas figuras deben mirarse en el espejo y decir: “tú no eres así, colega, créeme, tú no eres así”. En ausencia de este tipo de autoconciencia hará falta que cualquier otra persona se ponga al frente de la exigencia prioritaria de apertura y de una democracia estructurada. Para ello hace falta una confianza casi mesiánica en la posibilidad de los sectores oprimidos y explotados de convertirse en los amos colectivos de su propio destino.
19/09/2024 Harry Holmes
Traducción: viento sur
1/ Por supuesto, el resultado todavía más preocupante es que no se forme nada por el estilo, ni siquiera esa maldita creación de una organización nacional, y que en vez de ello cada cual permanezca en su cáscara esperando a que suene el pistoletazo de salida para la siguiente campaña electoral.
2/ Por ejemplo, en Max Shanly (2020), Where Momentum went wrong: https://tribunemag.co.uk/, y en Ronan Burtenshaw y Marcus Barnett (2020), Rebuilding the Labour Left: https://tribunemag.co.uk/
3/ Las asambleas pueden ser una cosa magnífica e importante, pero hay que esforzarse más por comprender cómo estas asambleas son diferentes de las que surgieron originalmente del movimiento Extinction Rebellion. Ante todo porque las comunidades ya están divididas por diferencias de clase, raza, género y, en última instancia, poder; lo que intentamos es politizar y organizar al elemento subalterno de las comunidades, no ofrecer a todo el mundo un mecanismo para participar. De lo contrario, por supuesto, esos espacios pasarán a ser dominados por elementos que tienen tiempo y recursos, y o bien reflejan esa especie de escenario de compromiso inocuo de las pocas asambleas apoyadas por el consejo, o bien el predominio del elemento más poderoso.
4/ Lars T. Lih (2005), Lenin Rediscovered: ‘What is to be Done?’ in Context, Haymarket Books, p. 22.
5/ Antonio Gramsci (1971), Selections from the Prison Notebooks, Lawrence and Wishart, p. 129. Esta idea se reafirma con fuerza en la obra pionera de Peter Thomas (2009), The Gramscian Moment, Haymarket Books.
2. El imperialismo neozelandés
Siendo anglos no se podía esperar otra cosa, pero la verdad es que no sabía nada sobre las andanzas del imperialismo neozelandés en el Pacífico. https://links.org.au/new-
El imperialismo neozelandés en el Pacífico en el siglo XXI
Por Grant Brookes Publicado 10 de octubre de 2024
Publicado por primera vez en ISO Aotearoa.. El Pacífico es nuestra familia, y estar aquí es una gran oportunidad para reafirmar la posición de Nueva Zelanda como socio cercano y de confianza.
En su visita a Niue en junio de 2024, el primer ministro Christopher Luxon sacó a relucir esta conocida historia oficial sobre la relación del gobierno neozelandés con los pueblos de Te Moana-Nui-a-Kiwa, una historia contada tanto por los políticos nacionales como por los laboristas.
La historia oficial es un mito.
Más cercana a la verdad es la opinión dada recientemente en una entrevista con el portavoz del Partido Verde para los Pueblos del Pacífico, Teanau Tuiono: «La relación con Nueva Zelanda y el Pacífico también ha sido problemática. Nueva Zelanda ha utilizado el Pacífico como lugar de extracción de recursos o para traer mano de obra barata. Así que esa relación forma parte de la historia».
Pero cualquier sugerencia de que el imperialismo neozelandés en el Pacífico no es más que una parte de la historia sería errónea.
La visión de Nueva Zelanda como plataforma de lanzamiento del imperialismo occidental en el Pacífico estuvo presente en las mentes de los colonizadores británicos desde su temprana llegada a Aotearoa. En un discurso ante la Cámara de los Comunes en 1845, Charles Buller -miembro del Parlamento y director de la New Zealand Company- declaró: Una colonia británica en Nueva Zelanda sería la dueña natural de este océano… Podríais convertirla en verdad en la Gran Bretaña del hemisferio sur: allí podríais concentrar el comercio del Pacífico; y desde esa nueva sede de vuestro dominio podríais dar leyes y modales a un nuevo mundo.
Los sucesivos políticos neozelandeses del siglo XIX -desde el gobernador George Grey hasta los primeros ministros Julius Vogel, Robert Stout y Richard Seddon- solicitaron a la Oficina Colonial de Londres que hiciera realidad esta visión y se anexionara una serie de naciones del Pacífico, como Fiyi, Tonga, Sāmoa, las Nuevas Hébridas (Vanuatu) e incluso territorios controlados por Francia. Tuvieron poco éxito. Los imperialistas británicos estaban más centrados en proteger su imperio de los rivales europeos y las revueltas indígenas.
El descontento creciente ante la reticencia de Londres hizo que la atención se centrara en imponer un gobierno directo desde Wellington en nombre de Gran Bretaña. En 1901, el gobierno neozelandés asumió el control de las islas Cook y de Niue, lugar de reciente creación del mito de Christopher Luxon. A continuación se produjo la invasión militar de Samoa Occidental (1914), seguida del control de Nauru (1923, en asociación con Australia y el Reino Unido) y Tokelau (1926). El dominio directo no terminó hasta la elección del primer Ulu-o-Tokelau (jefe de gobierno de Tokelau) en 1993. La brutal historia del dominio imperial de Nueva Zelanda sobre estos pueblos ha sido documentada antes. Pero la intervención militar y el imperialismo neozelandés en el Pacífico, ahora en asociación con Australia y Estados Unidos, ha continuado sin tregua en el siglo XXI.
Bougainville
En 1997, las tropas neozelandesas fueron enviadas a Bougainville como Grupo de Supervisión de la Tregua, marcando el final de una guerra de nueve años entre el Ejército Revolucionario de Bougainville y el gobierno de Papúa Nueva Guinea (PNG). Es famoso su desembarco en la isla armados únicamente con guitarras. Muchos de los soldados aún conservan vívidos recuerdos de su ayuda a la población de Bougainville. Pero cualesquiera que fueran las motivaciones personales de cada soldado, se les estaba utilizando para servir a los intereses del gobierno neozelandés.
La historia oficial presenta la intervención de Nueva Zelanda como un servicio a la población, la mayoría de la cual anhelaba la paz. Las fuerzas de Papúa Nueva Guinea habían matado a 12.000 buganvilianos de una población de 160.000 habitantes. Un tercio de la población fue expulsada de sus hogares. Pero los buganvilianos también querían la independencia y el fin de la destrucción medioambiental causada por la enorme mina de cobre de Panguna, en la isla.
La mina de Panguna era propiedad conjunta del gobierno de Papúa Nueva Guinea y de la multinacional australiana Rio Tinto. Inaugurada en 1972, la mina generó miles de millones de dólares en beneficios para Río Tinto y proporcionó al gobierno de Papúa Nueva Guinea una quinta parte de sus ingresos. Sólo el 1% de los beneficios revirtió en la población de Bougainville. Mientras tanto, más de mil millones de toneladas de estériles de la mina, contaminados con residuos tóxicos, se vertieron en los ríos, matando peces, aves y otros animales. Las tierras tribales, hogar de los espíritus de los antepasados, fueron profanadas.
Australia se opuso a la independencia de Bougainville y respaldó la guerra del gobierno de Papúa Nueva Guinea contra su pueblo. Financió al ejército de Papúa Nueva Guinea y le suministró entrenamiento, munición, aviones, armas e incluso personal. Las municiones incendiarias de fósforo que se arrojaron sobre las aldeas en 1994 fueron suministradas por Australia. El fósforo es un arma de terror indiscriminado, que se adhiere a diversas superficies, incluidas la piel y la ropa, y que quema a temperaturas de 800-2500 °C. Su uso contra objetivos civiles está prohibido por la ley. Su uso contra objetivos civiles está prohibido por el derecho internacional.
Como era de esperar, el Ejército Revolucionario de Bougainville se negó a permitir la entrada de tropas australianas en la isla para supervisar la tregua. «Está claro que Australia no es neutral, porque fue una de las principales partes en los nueve años de guerra de Bougainville», declaró el presidente del gobierno provisional de Bougainville, Francis Ona. «El verdadero interés del gobierno australiano es permitir el regreso seguro de Río Tinto a la explotación minera de Panguna».
Sin embargo, cinco meses después de la llegada de las tropas neozelandesas, en abril de 1998, 250 soldados australianos desembarcaban en Bougainville y Nueva Zelanda entregaba el mando de la operación al brigadier Bruce Osborne, del ejército australiano. «Nueva Zelanda tuvo que implicarse desde el principio para abrir la puerta a Australia», afirmó Reuben Siara, asesor jurídico del Gobierno Provisional de Bougainville.
El acuerdo de paz de 1997 incluía la promesa de celebrar un referéndum sobre la independencia de Bougainville. Tuvieron que pasar 22 años más para que se celebrara ese referéndum. A pesar de que el 97% votó a favor de la independencia en 2019, el gobierno de Papúa Nueva Guinea se ha negado hasta ahora a aceptar el resultado y, a pesar de una larga reclamación de indemnización, Río Tinto no ha pagado ningún dinero. La intervención militar de Nueva Zelanda en Bougainville ha garantizado sobre todo la protección de los intereses imperiales occidentales.
Timor Oriental
En 1999, las tropas neozelandesas se desplegaron en Timor Oriental como parte de una operación de las Naciones Unidas dirigida por Australia. El territorio había estado bajo una brutal ocupación indonesia desde 1975, cuando las fuerzas indonesias lanzaron una invasión masiva por aire y mar para aplastar la independencia timorense.
Las elecciones celebradas ese año en la antigua colonia portuguesa habían dado la victoria al Frente Revolucionário de Timor-Leste Independente (Fretilin). El dictador militar de Indonesia, el Presidente Suharto, ordenó la invasión debido a los temores de la Guerra Fría sobre la expansión del comunismo, junto con el descubrimiento de reservas de petróleo y gas en el lecho marino entre Timor Oriental y Australia. Amnistía Internacional calcula que hasta 200.000 timorenses -una cuarta parte de la población- fueron asesinados posteriormente durante los 24 años de ocupación indonesia.
Documentos desclasificados han demostrado que Estados Unidos y Australia apoyaron plenamente la invasión. La razón de entonces es de dominio público. El político australiano Justin O’Byrne salivó en un discurso ante el Senado en 1973 sobre el «gas y el petróleo de Timor Oriental en cantidades que podrían igualar incluso las fabulosas riquezas de Oriente Medio.»
El gobierno de Nueva Zelanda también apoyó la invasión de Indonesia. Un telegrama enviado en 1975 por Frank Corner, Secretario de Asuntos Exteriores, a la embajada de Nueva Zelanda en Australia decía: «El gobierno tenía una posición privada y otra pública sobre el problema. En privado, reconocíamos… la integración con Indonesia. Sin embargo, el gobierno no podía afirmarlo abiertamente, y subrayó que los deseos del pueblo timorense eran el factor fundamental». A lo largo de los años ochenta y principios de los noventa, el apoyo de los gobiernos occidentales a la invasión inicial se extendió a la actual ocupación indonesia.
El cambio de política se produjo en 1998. El año anterior, el presidente indonesio Suharto había sido derrocado por una revolución popular. El nuevo gobierno reformista estaba abierto a una mayor autonomía para Timor Oriental. El derechista Primer Ministro australiano, John Howard, vio la oportunidad de eliminar a los intermediarios e intimidar a un gobierno incipiente en un Timor Oriental independiente para hacerse con una tajada de los recursos. Y con miles de soldados australianos sobre el terreno reteniendo al nuevo gobierno de Fretilin como rehén, John Howard se salió con la suya.
El 20 de mayo de 2002, el primer día de la independencia formal de la República Democrática de Timor Oriental, se firmó el Tratado del Mar de Timor, por el que se concedían a Australia reservas por valor de miles de millones de dólares y se garantizaba el control australiano de todas las actividades de exploración y procesamiento de petróleo y gas en una «Zona Conjunta de Desarrollo Petrolero».
El relato oficial del despliegue de Nueva Zelanda en Timor Oriental habla de las tropas defendiendo a los timorenses de las milicias indonesias deshonestas opuestas a la independencia. «La verdadera agenda de la ‘fuerza de paz’ de la ONU», explicaba entonces el periodista de investigación John Pilger, «es garantizar que Timor Oriental, aunque nominalmente independiente, siga bajo el dominio de Yakarta y de los intereses comerciales occidentales.»
Empobrecida por décadas de ocupación y lastrada por un tratado petrolero desfavorable, la nueva nación-estado era desesperadamente pobre. Los salarios estaban limitados a 3 dólares diarios. La ONU informó de que la mitad de la población vivía con menos de 0,55 dólares al día. En 2000, el Presidente Xanana Gusmao advirtió de que los soldados mal pagados de Timor Oriental llevaban una «existencia infrahumana» empobrecida y podrían acabar sublevándose. En 2006, su predicción se cumplió. Las tropas neozelandesas regresaron a Timor Oriental, de nuevo bajo mando australiano. El levantamiento fue reprimido. El Primer Ministro Fretilin, que cortejaba la inversión china para construir instalaciones de procesamiento de petróleo y gas en Timor Oriental, fue obligado a dimitir y se instauró un nuevo gobierno más complaciente con el imperialismo occidental.
Islas Salomón
En 2003, tropas neozelandesas desembarcaron en Honiara, capital de las Islas Salomón. La misión oficial de la fuerza liderada por Australia era «restaurar el orden». Cinco años de conflicto interétnico habían costado más de 100 vidas. Unas 40.000 personas habían sido expulsadas de sus hogares. Los soldados neozelandeses se quedarían una década, y volverían de nuevo después.
Antes de la década de 1880, las Salomón eran un conjunto de islas separadas y autónomas. En 1883, fueron colonizadas por Alemania y Gran Bretaña, obligando a grupos étnicos dispares con lenguas y costumbres distintas a formar una sola nación.
Las tensiones étnicas creadas por la colonización se agravaron aún más con la ocupación estadounidense de las Salomón durante la Segunda Guerra Mundial, cuando trasladaron la capital de la nación de la isla de Malaita a una isla vecina, Guadalcanal (conocida en lengua indígena como Isatabu). La demanda de mano de obra estadounidense también impulsó la emigración masiva de malaitanos a la nueva capital, lo que ejerció presión sobre las tierras de los isatabu. En Guadalcanal, las mujeres son las principales propietarias de la tierra. En Malaita, son los hombres. Con el tiempo, los hombres malaitanos se casaron con mujeres de Guadalcanal, obteniendo derechos sobre la tierra en la isla.
Cuando la crisis económica asiática de 1998 dejó a miles de personas sin trabajo, las tensiones étnicas latentes estallaron. El Movimiento por la Libertad de Isatabu atacó a los emigrantes malaitanos. En respuesta, la Malaitan Eagle Force se alzó en armas. Al anunciar el despliegue militar neozelandés, el ministro de Asuntos Exteriores, Phil Goff, calificó a las Islas Salomón de «Estado fallido» que necesitaba la intervención exterior de Australia y Nueva Zelanda.
Pero las verdaderas razones de la intervención se exponían claramente en un informe titulado Our Failing Neighbour, publicado en 2003 por el Instituto Australiano de Política Estratégica. En primer lugar, «está en juego la posición de Australia en el resto del mundo, incluso con Estados Unidos». Nueva Zelanda se mostró de acuerdo, y el ministro de Asuntos Exteriores, Winston Peters, comentó en 2006 que «la implicación de Nueva Zelanda en las Islas Salomón y Timor Oriental son buenos ejemplos de dónde coincide nuestra contribución internacional con los intereses estadounidenses.» Y en segundo lugar, según el Instituto Australiano de Política Estratégica, «el colapso de las Islas Salomón está privando a Australia de oportunidades de negocio e inversión».
En 1998, la multinacional australiana Delta Gold había abierto una enorme mina en Guadalcanal. La lucrativa mina representaba una cuarta parte de la economía de las Islas Salomón, pero los beneficios no llegaban a la población local. La extrema desigualdad en las Salomón significaba que, en 2003, el 1% de los hogares recibía el 52% de todos los ingresos. La intervención australiana no pretendía cambiar esta situación. Se trataba de que la mina de oro, incautada por militantes de Guadalcanal en 2000, volviera a estar bajo gestión australiana. La mina reabrió sus puertas con nuevos propietarios australianos, Allied Gold, y dos años más tarde las últimas tropas neozelandesas y australianas abandonaron el país, para regresar tras nuevos disturbios en 2021.
Tonga
En 2006, se enviaron tropas neozelandesas y australianas al Reino de Tonga, de nuevo para «restaurar el orden». Tonga era una sociedad profundamente desigual dominada por el rey y sus nobles. De los 33 diputados del parlamento tongano, catorce eran nombrados vitaliciamente por el rey y nueve más por los 33 miembros de la nobleza del país. Sólo nueve eran elegidos directamente por los «plebeyos».
La familia real utilizó su poder para amasar enormes fortunas personales en cuentas bancarias en paraísos fiscales en colaboración con capitalistas internacionales. El rey ganó 26 millones de dólares vendiendo pasaportes tonganos, sobre todo a residentes de Hong Kong, antes de la devolución del territorio a China en 1997. La revista Forbes cifra la fortuna de su hija, la princesa Pilolevu, en más de 30 millones de dólares. En 2005, la renta media en Tonga era inferior a 40 dólares semanales.
Ese mismo año, una décima parte de la población salió a la calle en protestas masivas en demanda de democracia. Una huelga de seis semanas de los trabajadores del sector público exigió aumentos salariales del 60-80% y la creación inmediata de una Comisión Real «para revisar la Constitución y permitir el establecimiento de un gobierno más democrático.» Las elecciones generales de 2005 dieron siete de los nueve escaños de elección directa al Movimiento por los Derechos Humanos y la Democracia, encabezado por el diputado ʻAkilisi Pōhiva.
Cuando el rey Tāufaʻāhau Tupou IV murió en septiembre de 2006 y el impopular príncipe George Tupou V fue nombrado su sucesor, la ira popular estalló en disturbios. Llegaron tropas de Australia y Nueva Zelanda para imponer la ley marcial.
El ministro de Asuntos Exteriores Winston Peters dijo: «Nuestra presencia no consiste en tomar partido. Nueva Zelanda ha apoyado plenamente la reforma democrática pacífica en Tonga.» Pero ʻAkilisi Pōhiva condenó la intervención extranjera. El presidente del Comité Nacional para la Reforma Política, el doctor Sitiveni Halapua, dijo que las tropas extranjeras estaban allí «para meter miedo a la gente y apoyar al gobierno.» Una vez restablecido el orden, ʻAkilisi Pōhiva y otros diputados prodemocráticos fueron detenidos y acusados de sedición.
La presión por el cambio en Tonga era imparable, pero el potencial revolucionario de 2006 fue embotado por el ejército neozelandés, de modo que cuando finalmente llegó la reforma democrática cuatro años después, los ricos y poderosos estaban protegidos. El patrimonio neto del actual rey, Tupou VI, es de 100 millones de dólares.
PACER Plus
Aunque la intervención militar directa es la expresión más visible del imperialismo neozelandés en el Pacífico, es sólo la punta de la lanza. Detrás del uso de la fuerza armada está la presión diplomática y el ejercicio del poder económico sobre las naciones del Pacífico, incluso a través de «programas de ayuda» con condiciones. Las condiciones de la ayuda incluyen requisitos para que los gobiernos del Pacífico apliquen políticas favorables a los intereses comerciales occidentales. A veces exigen que los receptores de la ayuda gasten el dinero en bienes y servicios del país donante. Esta «ayuda bumerán», que beneficia principalmente a las empresas occidentales, ha sido durante mucho tiempo una característica de la política exterior australiana y ahora también forma parte del planteamiento de Nueva Zelanda.
Un claro ejemplo del imperialismo económico neozelandés es el Acuerdo del Pacífico sobre el Estrechamiento de las Relaciones Económicas (PACER) y el consiguiente acuerdo multilateral de libre comercio conocido como PACER Plus.
El PACER comenzó como un intento de sabotear el Acuerdo Comercial de los Países de las Islas del Pacífico (PICTA), una iniciativa liderada por el Pacífico lanzada en 2001 para ampliar el comercio de bienes entre 14 miembros del Foro de las Islas del Pacífico, excluidos Australia y Nueva Zelanda. El sabotaje tuvo éxito. Se presionó a las naciones del Pacífico para que no ratificaran el acuerdo y el PICTA nunca entró en vigor.
El acuerdo de libre comercio PACER Plus entró en vigor en 2020. Funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores y Comercio (MFAT) afirman que el acuerdo «impulsará el desarrollo económico sostenible y contribuirá a una región del Pacífico más estable y resistente».
Sin embargo, según análisis independientes, la eliminación de los aranceles de importación privará a las naciones del Pacífico de 60 millones de dólares anuales en ingresos públicos, costará el 75% de los puestos de trabajo en el sector manufacturero del Pacífico y tendrá repercusiones negativas para la salud debido al aumento de alimentos baratos y poco saludables, así como a las amenazas para la producción de alimentos sanos y culturalmente apropiados.
Los objetivos reales, también pregonados por MFAT, dicen que PACER Plus «mejorará el acceso al mercado» para las empresas neozelandesas, «proporcionará mayor coherencia, certidumbre y transparencia al comercio en la región del Pacífico» y «generará oportunidades para invertir o asociarse con empresas del Pacífico.» Una petición firmada por 171 personalidades y 33 organizaciones de la región, entre ellas el Consejo Australiano de Sindicatos y el Consejo Neozelandés de Sindicatos, pedía a los gobiernos del Pacífico que no firmaran.
Imperialismo
La expansión imperialista y la dominación del Pacífico han sido una característica de la política exterior de Nueva Zelanda desde las primeras etapas de la colonización. No es el resultado de decisiones tomadas por este o aquel político. Como señalaron marxistas como Vladimir Lenin y Nikolai Bujarin hace más de un siglo, el imperialismo es un producto inevitable del capitalismo. Resumiendo su trabajo, el socialista estadounidense Brian Jones escribe: El capitalismo, en su fase «clásica», se caracterizaba por la competencia entre empresas productoras de mercancías dentro de mercados nacionales unificados… Bujarin y Lenin se propusieron demostrar, sin embargo, que la era de la competencia entre pequeñas empresas conducía necesariamente a la creación de gigantescos trusts y cárteles.
¿Qué es un «trust» o un «cártel»? Son simplemente organizaciones dentro de una industria o incluso entre industrias que se forman para conferir las ventajas del monopolio a sus participantes… Lenin utiliza el ejemplo de un sindicato alemán del carbón que llegó a dominar el 87 por ciento de la producción de carbón de su zona en 1893, y el 95 por ciento en 1910. Hay innumerables ejemplos modernos. Los medios de comunicación mundiales estaban controlados por cincuenta corporaciones en 1983, en 2004 sólo quedaban cinco. Su objetivo es utilizar su inmenso tamaño para destruir a su competencia, no para aumentarla. Mediante la compra de influencia política, la subventa a los pequeños productores, etc., las grandes empresas asfixian sistemáticamente hasta la muerte a sus rivales más pequeños… esta concentración llegó a un punto hace más de 100 años en el que ciertas industrias se fusionaron con el Estado nacional…
Las fronteras nacionales son demasiado estrechas para el crecimiento de estas industrias, que se ven obligadas a adquirir constantemente nuevos mercados, nuevas fuentes de materias primas y nuevas salidas para la inversión fuera de la nación «de origen». Una vez repartido el mundo entre las potencias mundiales, éstas se ven siempre empujadas por la competencia del mercado a reorganizar quién posee qué, y no tienen otra forma de resolver quién se queda con qué que no sea por la fuerza. Así pues, la era del imperialismo es la de una constante competencia económica entre Estados que estalla una y otra vez en una competencia militar abierta.
Cada Estado puede emplear diversas políticas, pero el imperialismo no se reduce a una política concreta. Las propias políticas deben considerarse como parte de un sistema mundial de competencia imperialista.
Esto no sólo explica por qué los gobiernos neozelandeses siempre han actuado para suprimir la autodeterminación del Pacífico y asegurar el control occidental de los recursos, sino también por qué azuzan el miedo a la «influencia china» en el Pacífico, y por qué a veces incluso critican el «colonialismo francés».
La liberación en el Pacífico requiere, en primer lugar, que los trabajadores de Aotearoa vean a través de la cortina de humo de las mentiras oficiales sobre el papel de Nueva Zelanda. En última instancia, sin embargo, también requiere el fin del sistema capitalista que -en diversos grados- nos oprime a todos en Te Moana-Nui-a-Kiwa.
3. Cuarta fase de la resistencia iraquí
Aunque juega de momento un papel menor en el conflicto, también la resistencia iraquí ha hecho sus pinitos contra los israelíes. Supongo que a ellos, si las cosas se ponen peor, les tocarían los estadounidenses, que los tienen al lado, pero de momento así están las operaciones.
https://thecradle.co/articles/
La resistencia iraquí entra en la guerra con nuevos objetivos y armas avanzadas
La resistencia iraquí se está convirtiendo en un actor clave del Eje de la Resistencia, coordinándose con las fuerzas yemeníes, intensificando los ataques contra una gama más amplia de objetivos israelíes y deseosa de remodelar la trayectoria de la guerra.
Khalil Nasrallah 9 DE OCTUBRE DE 2024
Un año después del lanzamiento de la Operación Inundación de Al-Aqsa, la resistencia iraquí ha entrado en una nueva fase en su apoyo a Gaza -y ahora a Líbano-, y sus operaciones han adquirido un papel más significativo en la creciente guerra regional. Estas acciones no son meramente simbólicas; la dirección de la resistencia en Iraq se ha centrado en intensificar sus actividades para presionar a los responsables de la toma de decisiones en Tel Aviv.
En los últimos 12 meses, la Resistencia Islámica de Irak (IRI) ha perfeccionado sus tácticas y mejorado su armamento, garantizando que sus ataques tanto sur como norte de Israel, especialmente en Eilat, logren resultados tangibles.
La unidad de la resistencia y una estrategia de múltiples frentes
El ataque más notable del IRI se produjo el 4 de octubre de 2024 cuando se atacó una base militar en el norte del Golán, matando a dos soldados israelíes e hiriendo a otros 24 de la Brigada Golani de «élite».
Una semana antes de la operación, Ali al-Mahdi, un comandante de la resistencia iraquí, fue citado diciendo: Las facciones armadas tienen plena capacidad y preparación en términos de combatientes, armas y drones para librar una larga guerra a nivel regional. Por lo tanto, cualquier avance en la guerra de Hezbolá con la entidad arrastrará directamente a las facciones a una guerra abierta sin líneas rojas… La resistencia está plenamente preparada si es necesario acudir al Líbano, o seguir llevando a cabo ataques en el interior de Israel con misiles de largo alcance.
A pesar de enfrentarse a importantes desafíos internos y presiones externas, la resistencia iraquí se ha mostrado decidida a negarse a dar un paso atrás en la misión más amplia de participar en la «Unidad de Frentes«. Esta estrategia se refiere a los esfuerzos coordinados en todo el Eje de Resistencia de la región, dirigidos contra el Estado de ocupación y los emplazamientos militares estadounidenses en múltiples frentes.
Fases de la escalada
La primera fase de las operaciones militares del IRI comenzó poco después de que Israel declarara la guerra a Gaza. En ese momento, la labor de resistencia se centró en dos objetivos principales: Las bases militares estadounidenses en Siria e Irak y las posiciones israelíes en el sur de la Palestina ocupada. Aunque los ataques contra objetivos israelíes fueron inicialmente limitados, esta fase marcó el inicio de una estrategia más amplia.
La segunda fase se produjo tras la tregua del 2 de febrero, en la que la facción de la resistencia iraquí Kataib Hezbolá respondió a las presiones internas deteniendo temporalmente los ataques contra bases y objetivos estadounidenses tras una importante operación en la base Al-Tanf de Hezbolá.
A pesar de esta pausa, las facciones de la resistencia iraquí intensificaron significativamente sus ataques contra objetivos israelíes, utilizando tanto drones como misiles de crucero Al-Arqab para golpear las regiones norte y sur de Israel. Estos ataques se hicieron más eficaces a medida que el IRI empezó a emplear armamento avanzado, como drones y misiles de crucero, lo que obligó a Israel a reconocer la amenaza que suponían las fuerzas de la resistencia al este.
La tercera fase se desarrolló aproximadamente un mes después de interrumpir las operaciones contra las bases estadounidenses e implicó una cooperación más estrecha y directa con las fuerzas yemeníes. Juntos, en marzo, lanzaron operaciones conjuntas dirigidas contra barcos israelíes, el importante puerto mediterráneo de Haifa y otras infraestructuras críticas, esfuerzos conjuntos que formaban parte de la propia «cuarta fase de escalada de Sanaa.»
Esta fase puso de relieve la creciente coordinación militar no sólo entre la resistencia iraquí y las fuerzas yemeníes, sino también entre las diversas facciones alineadas dentro del Eje de Resistencia de Asia Occidental.
Actualmente, la resistencia iraquí ha entrado en su cuarta fase, que se centra en golpear más profundamente en la profundidad territorial israelí, haciendo hincapié en las zonas del norte de la Palestina ocupada. Esta escalada ha coincidido con los ataques destructivos de Israel en todo Líbano y la desarticulación de la estructura de mando y control Hezbolá con los asesinatos selectivos del secretario general Hassan Nasrallah y otros altos mandos.
Lo que distingue a esta fase es el aumento de la frecuencia y la intensidad de los ataques, así como la introducción en el conflicto de drones avanzados y armamento. El 3 de octubre, la resistencia iraquí anunció que atacó un lugar crítico en el sur de los territorios ocupados.
Iraq se afirma en el Eje
La continuación e intensificación de estas operaciones por parte de la resistencia iraquí persiguen varios objetivos estratégicos. En primer lugar, la resistencia pretende reafirmar su posición ascendente dentro del Eje de la Resistencia, dedicado a preservar la unidad de los esfuerzos regionales contra Israel e impedir su fragmentación por fuerzas externas, en particular Estados Unidos.
En segundo lugar, pretende presionar a quienes toman las decisiones en Tel Aviv para que detengan la agresión contra Gaza y Líbano. En tercer lugar, la resistencia quiere mantener a Israel bajo una amenaza constante, recordándole que es vulnerable a los ataques del frente oriental.
Por último, las operaciones pretenden señalar a Estados Unidos que la resistencia no se deja intimidar y que puede volver a atacar bases estadounidenses si se le provoca, especialmente si las fuerzas estadounidenses intensifican su participación en apoyo del Estado de ocupación.
No cabe duda de que Washington está ejerciendo la máxima presión sobre el gobierno iraquí para que frene al IRI, como ya hizo antes de la tregua del 2 de febrero. Pero esta vez, la resistencia iraquí se dirige principalmente contra Israel, lo que dificulta la misión de persuasión de Estados Unidos.
A estas alturas parece haber pocas posibilidades de retirada, independientemente de la presión ejercida, especialmente tras el asesinato de Nasralá por Tel Aviv. El veterano líder de Hezbolá es considerado un querido símbolo de la resistencia en Irak, y el IRI se siente más obligado que nunca a demostrar lealtad hacia él y hacia el papel esencial de su organización en el apoyo a los iraquíes cuando fueron invadidos por el ISIS. Mientras el ISIS aterrorizaba amplias franjas de Irak, el Hezbolá libanés envió combatientes y cuadros para apoyar a los iraquíes e incluso participó en el enfrentamiento.
Otro frente para Israel
Se espera que Tel Aviv, ya desbordado por los conflictos en siete frentes, intente atacar a la resistencia iraquí cuando surja la oportunidad. Sin embargo, Israel está actualmente preocupado por su guerra contra Hezbolá en Líbano y su enfrentamiento más amplio con Irán, lo que hace menos probable por el momento un compromiso directo con la resistencia iraquí.
Sin embargo, el reciente y exitoso ataque en los Altos del Golán sirve como recordatorio de lo que los iraquíes están dispuestos a hacer si el conflicto se recrudece. Los dirigentes del IRI son plenamente conscientes de las posibles represalias israelíes, sobre todo teniendo en cuenta los anteriores ataques israelíes, como los de 2019, que tuvieron como objetivo sectores de las Unidades de Movilización Popular (PMU) iraquíes.
Mientras el Estado de ocupación continúa con sus agresiones sin precedentes contra la región, la resistencia entiende que el resultado de este conflicto tendrá consecuencias de largo alcance para Asia Occidental en su conjunto. Irak, como parte integrante de la región, está profundamente entrelazado con estos acontecimientos.
La resistencia iraquí reconoce que su papel en esta guerra va más allá de la defensa de Gaza y Líbano. Entiende que la batalla actual es un momento crucial en la lucha por el poder en Asia Occidental y que Bagdad es un jugador clave en la configuración del futuro de la región.
Teniendo esto en cuenta, la resistencia iraquí parece decidida a intensificar sus operaciones militares, diversificar sus tácticas e introducir armas más avanzadas en la lucha, sabiendo que los resultados de este conflicto repercutirán en toda la región.
4. La infiltración en el ejército iraní
Parece que la infiltración que acabó con Nasralá no fue en Hezbolá sino en Irán, por lo que parece… Según Middle East Eye, el jefe de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria está bajo arresto. https://www.middleeasteye.net/
Exclusiva: Esmail Qaani bajo vigilancia e interrogado mientras Irán investiga el asesinato de Nasrallah
El jefe de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria no ha resultado herido, pero se ha visto envuelto en una importante investigación sobre violaciones de la seguridad iraní, según fuentes de Middle East Eye.
Por Suadad al-Salhy Fecha de publicación: 10 de octubre de 2024
Esmail Qaani, líder de la Fuerza Quds de élite de la Guardia Revolucionaria iraní, está vivo e ileso, pero bajo vigilancia y está siendo interrogado mientras Irán investiga importantes fallos de seguridad, según han informado múltiples fuentes a Middle East Eye.
Qaani no ha sido visto en público desde que Israel mató a el líder de Hezbolá Hassan Nasrallah en un ataque aéreo masivo sobre Beirut el 27 de septiembre, un suceso que sacudió la alianza antiisraelí Eje de la Resistencia.
Desde entonces, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) de Irán ha abierto investigaciones sobre cómo Israel pudo penetrar en la máxima dirección del movimiento libanés e identificar dónde y cuándo se encontraría Nasralá.
Diez fuentes en Teherán, Beirut y Bagdad, entre ellas altas figuras chiíes y fuentes cercanas a Hezbolá y en el IRGC, dijeron a MEE que incluso Qaani, uno de los generales de más alto rango de Irán, y su equipo están bajo llave mientras los investigadores buscan respuestas.
Qaani se convirtió en jefe de la Fuerza Quds, la unidad de ultramar del CGRI, tras el asesinato estadounidense de su anterior líder,Qassem Soleimani, en enero de 2020.
En los dos últimos meses, Israel ha matado a varios altos dirigentes del Eje de Resistencia liderado por Irán, incluida la mayor parte de la cúpula militar de Hezbolá.
Las sospechas de que los altos mandos iraníes pudieran haber sido comprometidos se agravaron cuando el presunto sucesor de Nasralá, Hashem Safieddine, murió al parecer en otro potente ataque israelí contra una base subterránea secreta de Hezbolá el 4 de octubre.
Se cree que Safieddine fue asesinado en una reunión del Consejo de la Shura de Hezbolá, que incluye a los más altos dirigentes del partido, según las fuentes. A los pocos minutos de llegar, fue alcanzado por un ataque tan potente que derribó cuatro grandes edificios residenciales.
La suerte de Safieddine y sus acompañantes sigue sin confirmarse, ya que la aviación israelí dispara contra cualquier trabajador de rescate o miembro de Hezbolá que intente llegar al lugar.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, dijo el martes que Safieddine había sido «eliminado», pero un portavoz militar israelí dijo más tarde que no podía confirmar que hubiera muerto.
Qaani llegó a Líbano dos días después del asesinato de Nasralá, acompañado por varios comandantes del CGRI y otras figuras «para evaluar la situación sobre el terreno», según fuentes del MEE.
Pero tras el atentado contra Safieddine se perdió todo contacto con él durante dos días, añadieron.
En Internet y en los medios de comunicación se ha especulado con la posibilidad de que Qaani resultara herido o muerto en los continuos bombardeos israelíes sobre los suburbios del sur de Beirut.
Pero una fuente del IRGC y altos funcionarios iraquíes dijeron a MEE que el líder de la Fuerza Quds no resultó herido y no estaba con Safieddine en la reunión del Consejo de la Shura.
El martes, Iraj Masjedi, subcomandante de la Fuerza Quds y exembajador iraní en Bagdad, declaró a la prensa que Qaani «goza de buena salud y cumple con sus obligaciones diarias».
Sin embargo, ocho fuentes de Irán, Irak y Líbano dijeron que está detenido mientras continúan las investigaciones.
«Los iraníes tienen serias sospechas de que los israelíes se han infiltrado en el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, especialmente en los que trabajan en el ámbito libanés, por lo que todos están siendo investigados actualmente», declaró a MEE el comandante de una facción armada cercana a Irán.
«Por el momento no hay nada seguro. Las investigaciones siguen en curso y todas las posibilidades están abiertas.»
Violación «100 por cien iraní»
Las investigaciones de Irán sobre las circunstancias que rodearon la muerte de Nasralá también se han centrado en los últimos movimientos del general de brigada Abbas Nilforoushan, comandante de la Fuerza Quds que fue asesinado junto al líder de Hezbolá.
Nilforoushan comenzó a supervisar las operaciones en Siria y Líbano después de que su predecesor, el general de brigada Mohammad Reza Zahedi, muriera en un ataque israelí contra un edificio del consulado iraní en Damasco en abril.
Dos fuentes próximas a Hezbolá y fuentes iraquíes familiarizadas con los acontecimientos dijeron a MEE que Nasralá había estado fuera de los suburbios del sur de Beirut la noche anterior a su asesinato, pero regresó a la zona para reunirse con Nilforoushan y varios dirigentes del partido en su habitual sala de operaciones fortificada.
Nilforoushan, que había volado a Beirut esa noche desde Teherán, fue llevado directamente desde el avión a la sala de operaciones situada bajo el barrio residencial de Haret Hreik, dijeron las fuentes. Llegó allí antes que Nasralá.
El ataque contra la reunión se produjo poco después de que Nasralá entrara en la sala, según las fuentes.
«La brecha era cien por cien iraní y no hay ninguna duda sobre esta parte», dijo a MEE una fuente cercana a Hezbolá.
Los medios estatales iraníes anunciaron la muerte de Nilforoushan como un «mártir» que murió junto a Nasralá.
Fuentes próximas a Hezbolá dijeron a MEE que Qaani se encontraba en Líbano y que se esperaba que asistiera a la reunión del Consejo de la Shura por invitación de Safieddine el día del ataque aéreo.
Pero Qaani se disculpó y se retiró de la reunión poco antes de que comenzara, dijeron.
«Israel atacó el lugar de la reunión con una redada mayor y más dura que la de Nasralá. Lo que se buscaba era la cabeza de Safieddine, y nadie más», declaró una fuente cercana a Hezbolá.
«Qaani fue invitado a esta reunión y en las circunstancias actuales debería haber estado presente».
No está claro dónde se encuentra ahora Qaani. Ocho fuentes dicen que se encuentra en Teherán, pero otra afirma que sigue en Beirut.
Fuentes libanesas e iraquíes han descrito a Qaani como «bajo arresto domiciliario» y han dicho que actualmente está siendo interrogado por figuras bajo la supervisión directa del líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei.
El comandante de una facción armada respaldada por Irán dijo a MEE que el asesinato de Ismail Haniyeh, líder político de Hamás, en Teherán en julio había aumentado las sospechas de que las fuerzas de seguridad de Irán habían sido gravemente penetradas.
Haniyeh murió en una explosión en una casa de huéspedes asegurada por el IRGC durante una visita a Teherán para asistir a la toma de posesión del presidente iraní Masoud Pezeshkian.
«Los iraníes intentan ahora determinar el alcance de la brecha y su fuente. Los indicios apuntan a que la fuente es la Guardia Revolucionaria, pero no es posible estar seguros en este momento», dijo el comandante.
«Todo lo que se puede decir ahora es que la brecha es muy grande y las pérdidas que ha causado son mucho mayores de lo que nadie podía esperar».
JLMR: Pues no sé si lo pone peor
CV: Yo creo que sí, y por eso Marandi se ha apresurado a decir que es mentira. Propaganda qatarí, dicen en los comentarios, porque según ellos son los que sostienen a Middle East Eye. https://x.com/s_m_marandi/
5. Sonámbulos hacia la guerra nuclear
Fazi invita en su Substack a otro periodista, en este caso el irlandés Ciarán O’Regan, sobre los riesgos de que nos estemos acercando demasiado peligrosamente a una guerra nuclear, como estamos leyendo estos días. Es curioso que no haya de momento la menor respuesta por parte de la población europea, con un movimiento contra la guerra bajo mínimos.
Caminando dormidos hacia la guerra nuclear
Al redoblar la guerra por poderes contra Rusia, la OTAN nos arrastra cada vez más hacia el umbral nuclear, un umbral que ha sido rebajado tanto por EE.UU. como por Rusia
Thomas Fazi Oct 09, 2024
Post invitado del periodista irlandés Ciarán O’Regan (Substack; Twitter).
Condenados
Irlanda ha firmado recientemente un acuerdo bilateral de seguridad de 10 años con Ucrania. Simon Harris, nuestro Taoiseach (primer ministro) «extrema derecha» , firmó este acuerdo a pesar de que, como he esbozado, Ucrania cuenta con un bloque ultranacionalista de «extrema derecha» que, aunque electoralmente muy pequeño, tiene una seria influencia política y apoyo estatal, especialmente desde el derrocamiento en 2014, con el respaldo de Estados Unidos, del Gobierno democráticamente elegido de Víktor Yanukóvich. También es una nación que, de forma bastante trágica para el 73% de los votantes que eligieron a Zelenskyy como presidente en 2019 con una promesa de paz, está siendo demolida militarmente en el campo de batalla.
Durante su visita de septiembre a Donald Trump, Zelenskyy nos dijo que «Putin no puede ganar y Ucrania tiene que prevalecer». El presidente Biden también se reunió con Zelenskyy y declaró que «Ucrania ganará esta guerra. Y Estados Unidos seguirá a su lado en cada paso del camino».
Los hechos básicos sobre el terreno, sin embargo, cuentan una historia muy diferente. La victoria, según la famosa definición atribuida a Clausewitz, es la capacidad de obligar al enemigo a hacer nuestra voluntad. Y tal y como están las cosas, Ucrania y sus partidarios occidentales no parecen tener medios para obligar a los rusos a hacer nada. Según John Mearsheimer, profesor de la Universidad de Chicago, «Rusia va a ganar esta guerra». El problema, según Mearsheimer, «es que no hay forma de que podamos revertir la situación en el campo de batalla».
En el frente del personal, Ucrania no tiene la mano de obra para reemplazar las pérdidas que, como Geoffrey Roberts, profesor emérito del University College Cork sugirió en The Irish Times ya en julio de 2022, había «hasta mil soldados al día muertos, heridos o hechos prisioneros». Y las cosas no han hecho más que empeorar desde entonces, especialmente a medida que las líneas del frente ucranianas se derrumban. «Las bajas ucranianas y la pérdida de material militar se están intensificando», escribe el profesor Glenn Diesen de la Universidad del Sureste de Noruega, «lo que está desplazando las tasas de desgaste aún más a favor de Rusia». El profesor Diesen continúa diciendo que el «rápido aumento de las bajas en el bando perdedor es un fenómeno muy común hacia el final de una guerra, siendo un ejemplo común el pico de bajas alemanas en las fases finales de la Segunda Guerra Mundial». Incluso la CNN, epítome de los medios del establishment, ha reconocido este desastre de mano de obra. En un informe del 8 de septiembre de 2024, CNN escribe: Dos años y medio de dura ofensiva rusa han diezmado muchas unidades ucranianas. Los refuerzos son escasos y distantes entre sí, lo que deja a algunos soldados exhaustos y desmoralizados. La situación es particularmente grave entre las unidades de infantería cerca de Pokrovsk y en otras partes de la línea del frente oriental, donde Ucrania está luchando para detener los avances sigilosos de Rusia. La CNN habló con seis comandantes y oficiales que están o han estado hasta hace poco combatiendo o supervisando unidades en la zona. Los seis dijeron que la deserción y la insubordinación se están convirtiendo en un problema generalizado, especialmente entre los soldados recién reclutados.
Dadas estas terribles pérdidas, los problemas de moral y el fervor ideológico en el seno de algunos elementos de los servicios militares y de seguridad, no es de extrañar que investigadores como Ivan Katchanovski, profesor de la Universidad de Ottawa, proporcionen innumerables vídeos de brutales reclutamientos forzosos en los que hombres ucranianos son sacados a la fuerza de las calles. En un hilo de Twitter/X que incluye ocho de estos vídeos, profesor Katchanovski escribe: Un vídeo muestra una movilización forzada en Kharkiv, Ucrania. El centro de movilización de Kharkiv culpó a este hombre arrebatado y golpeado de su propia paliza. Más de 1.000 vídeos que he examinado muestran el uso de la fuerza para movilizar a hombres agarrándolos en calles, autobuses, parques, lugares de trabajo, tiendas, en diferentes lugares de Ucrania.
Numerosos informes muestran que, tras ser secuestrados por la fuerza, los hombres son conducidos a centros de movilización militar, confinados allí a la fuerza durante días y con sus teléfonos móviles confiscados. A continuación, se les hace pasar por una comisión médica sin ningún examen real de su salud y aptitud para el servicio militar y se les envía, tras un breve e insuficiente entrenamiento militar, a luchar en la guerra. Hay numerosos vídeos & informes de que los hombres son a menudo golpeados, en algunos casos hasta la muerte, por los oficiales del servicio militar obligatorio durante la movilización forzosa.
El silencio de los autoproclamados partidarios de Ucrania es total.
Larry Johnson, antiguo analista de la CIA y asesor antiterrorista del Departamento de Estado que ha sido muy crítico con la guerra por poderes de Occidente en Ucrania, pinta un panorama desolador: Creo que uno de los principales factores que contribuyen al espectacular aumento de las bajas ucranianas es la falta de personal entrenado. En claro contraste con el planteamiento ruso, los ucranianos están cogiendo a gente de la calle, metiéndolos en furgonetas, llevándolos a un punto de recogida donde se les entrega equipo militar esencial y enviándolos después al frente. Ucrania está eludiendo el proceso normal de realizar al menos tres meses de entrenamiento básico, seguidos de otros tres a seis meses de entrenamiento individual avanzado, por ejemplo, aprender a manejar una pieza de artillería, un avión no tripulado o un tanque. Una vez completado ese entrenamiento, el nuevo soldado sigue siendo verde, inexperto. Ucrania no hace lo mismo con sus nuevos reclutas.
Una vez que un novato llega al frente -en un mundo ideal- estaría rodeado de veteranos canosos, suboficiales curtidos que le enseñarían al novato cómo mantenerse vivo en el campo de batalla. Pero eso no les ocurre a los ucranianos. La mayoría de sus suboficiales experimentados están muertos o heridos y sus puestos han sido ocupados por sargentos inexpertos, que además tienen poca formación oficial. Aunque hay algunas excepciones, me refiero a la mayoría.
Bajo la ley marcial ucraniana, según el Irish Times, la mayoría de los hombres de entre 18 y 60 años tienen prohibido salir del país. Y en un giro terriblemente antihumano de los acontecimientos, el Financial Times describe cómo los ministros de Defensa polaco y lituano se han «comprometido a ayudar a Ucrania a repatriar a sus hombres en edad de combatir pero que han abandonado el país para evitar ser enviados al campo de batalla». Mearsheimer describe la grave escasez de hombres en Ucrania: Además de todas las categorías de armas que [el entrevistador] ha descrito, les superan ampliamente en número de hombres. Y, ya sabes, lees algunas historias procedentes del lado ucraniano que dicen que en términos de mano de obra, en una serie de lugares críticos a lo largo del frente, son superados en número de 8 a 1. Y en términos de artillería son superados en número de 10 a 1. Y en términos de artillería son superados 10 a 1. He visto dos o tres referencias a estas proporciones. Esto es asombroso. […] Recuerden, la artillería es responsable de más del 80% de las bajas en esta guerra.
Esta ventaja de 10 a 1 fue predicha ya en abril de 2024 por el máximo comandante militar estadounidense en Europa, y fue destacada poco después por el candidato a vicepresidente republicano, J.D. Vance, en el New York Times. En el frente del material, ahora está más claro que el agua que Rusia es capaz de producir muchos más proyectiles de artillería que toda la OTAN junta, sin incluir lo que Corea del Norte, un país capaz de producir dos millones de proyectiles al año en tiempos de paz, y posiblemente el doble o incluso el triple si es necesario, está proporcionando a Rusia..
«Fundamentalmente», escribe Vance, «carecemos de la capacidad para fabricar la cantidad de armas que Ucrania necesita que le suministremos para ganar la guerra». Para corroborar la terrible situación de la mano de obra descrita anteriormente por Mearsheimer, Katchanovski, CNN y Johnson, Vance escribe que se están empleando «políticas draconianas de reclutamiento», que Rusia tiene cuatro veces más población, que cientos de miles de hombres ucranianos han huido del país, que la edad media de los combatientes ucranianos es de 43 años y que, «después de dos años de conflicto, en algunos pueblos casi no quedan hombres». Y, lo que es más importante, Vance también describe el estado extremadamente inadecuado de la producción de proyectiles de artillería estadounidense: Considera nuestra capacidad para producir proyectiles de artillería de 155 milímetros. El año pasado, el ministro de Defensa ucraniano estimó que las necesidades básicas del país para estos proyectiles eran de más de cuatro millones al año, pero que podría disparar hasta siete millones si dispusiera de esa cantidad. Desde el comienzo del conflicto, Estados Unidos ha hecho todo lo posible por aumentar la producción de proyectiles de 155 milímetros. Hemos duplicado aproximadamente nuestra capacidad y ahora podemos producir 360.000 al año, menos de una décima parte de lo que Ucrania dice necesitar. El objetivo de la Administración es llegar a 1,2 millones -el 30% de lo necesario- para finales de 2025. Esto costaría muy caro a los contribuyentes estadounidenses y tendría un resultado desagradablemente familiar: el fracaso en el extranjero.
Esta realidad ayuda a situar en un contexto útil el viaje de Zelenskyy a la fábrica de proyectiles de Scranton, Pensilvania, fotografiada más abajo.
El hecho de que Zelenskyy participara en semejante ardid publicitario, firmando juguetonamente estas herramientas de sangre y ruina, durante un viaje para presentar su «plan de victoria» a Biden, a pesar de saber seguramente que los combatientes de Ucrania no tienen ninguna esperanza de prevalecer sobre Rusia según cualquier análisis razonable de la capacidad militar convencional, va más allá de lo grotesco. Como ya se ha señalado, no tienen suficientes hombres adecuadamente entrenados y Occidente combinado es físicamente incapaz de producir municiones suficientes para suministrar a Ucrania lo que necesita para igualar, no digamos superar, el potencial militar ruso.
Los militares ucranianos están condenados. Y dado el papel decisivo que ha desempeñado la artillería en esta guerra, esa imagen de Zelenskyy firmando obuses, por todas las razones equivocadas, bien puede pasar a los libros de historia en las próximas décadas.
Encrucijada
Eso, claro, si en las décadas futuras hay historiadores. «No sé con qué armas se librará la Tercera Guerra Mundial, pero la Cuarta Guerra Mundial se librará con palos y piedras». Así reza la frase que a menudo se atribuye a Albert Einstein. Y puede que tuviera razón. A partir de enero de 2023, el Reloj del Juicio Final se ha movido 90 segundos para la medianoche, lo más cerca que ha estado nunca.
Todos conocemos las explosiones y los peligros de la radiación, pero otro efecto de la guerra nuclear es mucho menos conocido. Un artículo publicado en 2022 en la revista, Nature Food, resumía la amenaza que supone para la agricultura de la siguiente manera: Acontecimientos extraordinarios como grandes erupciones volcánicas o una guerra nuclear podrían causar alteraciones repentinas del clima mundial y afectar a la seguridad alimentaria. El enfriamiento volcánico global causado por los aerosoles de ácido sulfúrico en la estratosfera ha provocado graves hambrunas e inestabilidad política, por ejemplo, tras la erupción del Laki en 1783 en Islandia o la del Tambora en 1815 en Indonesia. En el caso de una guerra nuclear, el enfriamiento global dependería del rendimiento de las armas, del número de éstas y de los objetivos, entre otros factores atmosféricos y geográficos. En una guerra nuclear, las bombas dirigidas contra ciudades y zonas industriales provocarían tormentas de fuego, inyectando grandes cantidades de hollín en la atmósfera superior, que se extenderían globalmente y enfriarían rápidamente el planeta. Estas cargas de hollín provocarían alteraciones decenales en el clima de la Tierra, lo que afectaría a los sistemas de producción de alimentos en tierra y en los océanos.
Aunque esto pueda sonar descabellado para quienes desconocen el concepto de «invierno nuclear», un trabajo de 2023 publicado en la revista Nature Scientific Reports, describía cómo Europa tuvo un «año sin verano» en 1816. Esto se debió probablemente a la erupción del Tambora de 1815 en Indonesia mencionada anteriormente. Como irlandés que soy, me preocupa profundamente que los autores nos digan que en «Irlanda también había pruebas de un aumento de las tasas de mortalidad por hambruna y/o enfermedades relacionadas con la hambruna», así como «pruebas de disturbios o manifestaciones por alimentos». «La supervivencia y el florecimiento de la civilización humana», escriben, «podrían verse amenazados por una catástrofe global abrupta que redujera la luz solar que llega a la tierra».
La guerra nuclear me preocupa profundamente desde mucho antes de que Rusia invadiera Ucrania. En un ensayo para Areo Magazine de noviembre de 2021, esbocé cómo incluso los conflictos nucleares localizados, desplegando sólo una pequeña fracción de los arsenales mundiales totales, pueden matar de hambre a miles de millones, y cómo una guerra total entre Rusia y EE.UU. -que tienen muchos miles de armas cada uno- llevaría a temperaturas bajo cero incluso en verano, sumiendo así a la Tierra en una nueva Edad de Hielo. Otros puntos clave son los siguientes:
- En la Tierra hay unas 14.000 armas nucleares (que sepamos).
- Si tan sólo 100 de estas armas se utilizaran en ciudades, el humo y las partículas resultantes podrían ascender a la atmósfera superior, donde bloquearían el sol durante años y dificultarían el cultivo de alimentos en todo el planeta.
- Hemos tenido muchos cuasi accidentes nucleares. Y ha sido por pura suerte: hemos tenido a las personas adecuadas en el lugar adecuado y en el momento oportuno, incluidos héroes de los que probablemente nunca haya oído hablar, como Vasily Arkhipov;Vasily Arkhipov y Stanislav Petrov.
- La vieja narrativa de la Guerra Fría de la «destrucción mutua asegurada» (MAD) ya no es relevante debido a las nuevas revelaciones sobre las realidades del invierno nuclear. La ciencia más actualizada apunta a la «destrucción autoasegurada» (DAS), en la que incluso el país que dispara las armas, sin sufrir fuego de respuesta, verá afectada su capacidad de cultivar alimentos debido a los cielos ennegrecidos;
- No existen planes para alimentar a la población en caso de un repentino enfriamiento global inducido incluso por una guerra nuclear localizada a pequeña escala en la que participase menos de una centésima parte de las armas mundiales. Como dije citando al Dr. Dave Denkenberger: «Nadie parece tener un plan para lo que ocurriría. Por supuesto, se oye hablar de la continuidad de los planes del gobierno y de los búnkeres, pero no parece haber un plan para mantener con vida a la mayoría de la gente»;
- Existen más publicaciones científicas sobre «escarabajos peloteros» que sobre el estudio de cómo alimentar al mundo en caso de un enfriamiento global repentino inducido por armas nucleares
En su libro de 2020, El Precipicio, Toby Ord, del Instituto Futuro de la Humanidad de Oxford, sugiere que entramos en una nueva era en 1945 con el aprovechamiento militarista del átomo: Con la detonación de la primera bomba atómica, comenzó una nueva era para la humanidad. En ese momento, nuestro poder tecnológico en rápida aceleración alcanzó por fin el umbral en el que podríamos ser capaces de destruirnos a nosotros mismos. El primer punto en el que la amenaza para la humanidad desde dentro superó a las amenazas del mundo natural. Un punto en el que todo el futuro de la humanidad pende de un hilo. Donde cada avance que lograron nuestros antepasados podría dilapidarse, y cada avance que puedan lograr nuestros descendientes podría ser negado. […] Las armas nucleares supusieron un cambio discontinuo en el poder humano. En Hiroshima, una sola bomba causó el daño de miles de personas. Y seis años más tarde, una sola bomba termonuclear contenía más energía que todos los explosivos utilizados en todo el transcurso de la Segunda Guerra Mundial.1
Ord también sugirió que el enfriamiento global provocado por una guerra nuclear tiene las mismas probabilidades2 de destruir el futuro de la humanidad que el calentamiento global que solemos asociar con el «cambio climático». Uno puede imaginarse que esto es difícil de creer dada la poca atención que ha recibido la hambruna masiva inducida por armas nucleares en comparación con los fanáticos activistas aficionados a culpar a los eructos de las vacas del derretimiento de los icebergs.Que tanto el invierno nuclear como el calentamiento global descontrolado puedan plantear el mismo riesgo, hace que el hecho de que nos hayamos centrado tanto en el calentamiento global gradual, mientras ignoramos funcionalmente el enfriamiento global repentino, sea absolutamente alucinante. Sin embargo, la estimación de Ord de este riesgo ha sido muy criticada. En una aleccionadora entrevista con el Instituto Foresight en julio de 2021, el famoso denunciante, activista antinuclear y, por desgracia, recientemente fallecido Daniel Ellsberg, considera que el riesgo del demonio nuclear es mucho mayor de lo que propone Ord. Siento un gran respeto por ambos hombres, pero me inclino por Ellsberg en este punto. Dado que los seres humanos somos impredecibles y que nuestra tecnología es incomprensiblemente poderosa pero sujeta a errores, en cualquier momento pueden producirse tambaleos que provoquen la caída de la primera ficha de dominó hacia una reacción en cadena de catástrofe.
En una presentación del Instituto Schiller sobre las realidades de la guerra nuclear del mes pasado, el profesor Stephen Starr de la Universidad de Missouri describe cómo cree que Occidente podría escalar el conflicto: Creo que parte de lo que Putin estaba advirtiendo con este nuevo cambio de doctrina es porque Rusia está a punto de traspasar todas las líneas en Ucrania, y tienen como 700.000 soldados en la frontera. Y si entran de lleno, habrá muchos llamamientos para que la OTAN tome represalias. Si lo hacen, creo que este es el tipo de escenario en el que se prevé una represalia nuclear.
El cambio en la doctrina nuclear al que se refiere aquí el profesor Starr se refiere a que los rusos decidieron ajustar sus protocolos debido a la preocupación de que naciones con armamento nuclear, como Estados Unidos, apoyaran a naciones sin armamento nuclear, como Ucrania, para atacar a Rusia. El profesor Diesen ha detallado este desarrollo durante la 69ª Reunión semanal de la Coalición Internacional por la Paz del Instituto Schiller. Un breve fragmento: La doctrina anterior que tenían era muy restringida. Utilizarían la energía nuclear en represalia a un ataque nuclear, o en segundo lugar si hubiera una amenaza a su existencia por medios convencionales. Pero lo que están haciendo ahora es efectivamente como resultado de la guerra de poder en la que ven que esa disuasión se ha debilitado. Y creo que se trata de una valoración razonable [que también] se acepta en Occidente. Al abrir cualquier periódico occidental, ¿qué vemos?: «Oh, bueno, Rusia ya ni siquiera responde a sus líneas rojas. Seguro que podemos hacer lo que queramos, podemos empezar a bombardear dentro de Rusia. Nunca se atreverían a contraatacar porque sería suicida. No podemos ser rehenes de su chantaje nuclear’ – que es como nos referimos ahora a la disuasión nuclear.
Así que por esta razón ha habido un gran empuje para ver cómo Rusia puede restaurar su disuasión. Los chicos de The Duran también han publicado un interesante resumen sobre las implicaciones jurídicas y geopolíticas de este cambio doctrinal. El coronel Jacques Baud, un oficial de inteligencia suizo retirado que ha trabajado para la ONU y la OTAN, sostiene que este cambio de doctrina «era de esperar» como respuesta al cambio de la propia doctrina estadounidense en abril de 2022. El coronel Baud describe cómo el presidente Biden se alejó de la disuasión y, en su lugar, «aceptó el principio del primer uso. A partir de ese momento, mantuvimos conversaciones en Rusia sobre el cambio de doctrina nuclear». Según un artículo publicado en abril de 2022 por Arms Control Association: La política de Biden declara que el «papel fundamental» del arsenal nuclear estadounidense es disuadir de un ataque nuclear, pero seguirá dejando abierta la opción de que las armas nucleares puedan utilizarse en «circunstancias extremas para defender los intereses vitales de Estados Unidos o de sus aliados y socios», según han declarado funcionarios a [Arms Control Today]. Según un informe del 25 de marzo de The Wall Street Journal, esto podría incluir el uso nuclear para disuadir ataques enemigos convencionales, biológicos, químicos y posiblemente ciberataques.
Esta postura nuclear es muy preocupante para aquellos de nosotros que preferiríamos que la humanidad no se extinguiera. En el capítulo final de su increíblemente clarividente libro de 2018, Losing Military Supremacy, Andrei Martyanov argumenta que, a falta de un intercambio nuclear, Estados Unidos no puede derrotar a Rusia en su vecindad geográfica inmediata. También afirma que Estados Unidos se ha acostumbrado a vencer fácil y rápidamente a una oposición débil con una abrumadora superioridad tecnológica y material, pero que todos «seguimos bajo la amenaza de un error de cálculo masivo por parte de Estados Unidos» en lo que se refiere a un rival militar como Rusia, algo que Martyanov considera muy probable debido a la «incompetencia e ilusión de la clase dirigente estadounidense». En su opinión, este tipo de error de cálculo conduciría a una «escalada incontrolada hasta un umbral nuclear muy peligroso», al que Estados Unidos se vería obligado a acercarse «en un intento de salvar su menguante reputación». Martyanov continúa diciendo que esto podría ocurrir en el caso de una «humillación a gran escala» en relación con Ucrania.
Y en su libro recientemente publicado, La guerra final de Estados Unidos, vuelve sobre el «error masivo de cálculo estadounidense» que había predicho seis años antes: Al aniquilar de forma efectiva varias iteraciones de las Fuerzas Armadas de Ucrania (AFU), incluyendo el grueso de los «voluntarios» de la OTAN y el material militar occidental, que por primera vez se enfrentaban a un adversario con unas fuerzas armadas extremadamente avanzadas, una economía industrial masiva y una estrategia que fue alumbrada por la que posiblemente sea la mayor escuela y pensamiento militar de la historia, la Verdadera Revolución Rusa en Asuntos Militares impulsó un cambio de paradigma en la guerra.
Este proverbial gorila de 800 libras en la habitación que ya no puede ser ignorado -el error de cálculo de Occidente respecto a Rusia es de proporciones épicas- está dirigido por élites absolutamente incompetentes, la mayoría de las cuales no tienen formación en guerra, diplomacia o economía. Construyeron el imperio de la mentira y ahora no pueden hacer nada para detener la degeneración de Occidente en una distopía de lo que sea que pase por políticas suicidas. Advertí de esta crisis en mis tres libros anteriores y ahora está sobre nosotros y no va a terminar bien para el Occidente combinado.3.
Martyanov continúa sugiriendo que Rusia no tiene a nadie en quien confiar en «Occidente, que se ha convertido en un eufemismo de Estados Unidos, que ya ha convertido a los Estados europeos en sus perritos falderos y, posiblemente, en carne de cañón»4. De este último punto se hizo eco el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, en su discurso del 28 de septiembre de 2024 ante la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU), cuando invocó el plan secreto de Estados Unidos y el Reino Unido de los años 40 para destruir la Unión Soviética. Pero ahora, según Lavrov, están intentando abiertamente infligir una «derrota estratégica» a Rusia: Los actuales estrategas anglosajones no ocultan sus ideas. Por ahora esperan, es cierto, derrotar a Rusia utilizando el ilegítimo régimen neonazi de Kiev, pero ya están preparando a Europa para que también se lance a esta escapada suicida.
El desprecio estadounidense por los intereses europeos no es nada nuevo. «Que se joda la UE»: así lo dijo la ex embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Victoria Nuland, durante una llamada telefónica que se filtró a principios de febrero de 2014, en la que ella y el embajador de Estados Unidos en Ucrania, Geoffrey Pyatt, seleccionaron al nuevo gobierno ucraniano, más de dos semanas antes de los golpes de Estado respaldados por Estados Unidos contra el presidente Yanukóvich.
En otro artículo sobre el discurso de Lavrov en la AGNU, el Guardian escribe: «Putin dijo que si es atacado por cualquier país apoyado por una nación con armas nucleares, Rusia lo considerará un ataque conjunto». El artículo continúa diciéndonos que, al describir la nueva doctrina de su país, Putin «subrayó que Rusia podría utilizar armas nucleares en respuesta a un ataque convencional que supusiera una «amenaza crítica para nuestra soberanía»». Sin embargo, a diferencia del coronel Baud, el Guardian no recuerda a sus lectores que EE.UU. cambió su propia doctrina nuclear hace casi dos años y medio, y lo hizo para disuadir incluso «ciberataques».
Estamos en un manicomio. Una escalada hacia la guerra nuclear entre Estados Unidos y Rusia significaría que prácticamente todos los habitantes de ambos países, y probablemente la mayoría de la población del hemisferio norte, serían vaporizados o morirían de hambre bajo cielos ennegrecidos por partículas que bloquearían el sol durante una década. Lo más absurdo es que este riesgo inminente para la vida de miles de millones de personas -y posiblemente para la existencia de la humanidad en general si el invierno nuclear es lo suficientemente grave- se produce a pesar de que Ucrania no tiene ninguna esperanza de derrotar a Rusia en el campo de batalla.
Si esta situación llega a escalar hasta un intercambio nuclear, ¿quién asumirá la responsabilidad? Esta es la pregunta que se hace Benjamin Abelow en su impresionantemente conciso libro de 2022, Cómo Occidente llevó la guerra a Ucrania. Y aunque reconoce plenamente que «en un sentido próximo», Putin y sus asesores militares son responsables, el sentido distal, como sugiere el título del libro, atribuye la responsabilidad a Occidente: Si Estados Unidos no hubiera empujado a la OTAN hasta la frontera con Rusia; no hubiera desplegado sistemas de lanzamiento de misiles con capacidad nuclear en Rumanía y los hubiera planeado para Polonia y quizá también para otros lugares; no hubiera contribuido al derrocamiento del gobierno ucraniano elegido democráticamente en 2014; no derogar el tratado ABM y luego el tratado de misiles nucleares de alcance intermedio, y luego hacer caso omiso de los intentos rusos de negociar una moratoria bilateral sobre los despliegues; no realizar ejercicios con fuego real con cohetes en Estonia para practicar atacar objetivos dentro de Rusia; no coordinar un ejercicio de entrenamiento militar masivo de 32 naciones cerca del territorio ruso; no entrelazar el ejército estadounidense con Ucrania; etc. etc. etc. – si Estados Unidos y sus aliados de la OTAN no hubieran hecho estas cosas, probablemente la guerra de Ucrania no habría tenido lugar. Creo que es una afirmación razonable.5
A continuación se expone cómo EEUU optó por respaldar a fuerzas «fuertemente nacionalistas» en Ucrania en lugar de presionar por la paz en el Donbass desde que comenzó la guerra civil en 2014; vertió armas en una Ucrania cada vez más militarizada; se negó a renunciar a los planes de integrar a Ucrania en la OTAN a pesar de la preocupación explícita de Rusia; y «puede haber dado la impresión a los líderes y al pueblo ucranianos de que podría ir directamente a la guerra con Rusia en nombre de Ucrania»6.Yo añadiría a esto la presión de las potencias occidentales para que abandonen las negociaciones de Estambul de la primavera de 2022, que he esbozado anteriormente, y que Victoria Nuland, ha confirmado en esencia.
Además, Abelow presenta un argumento de Stephen F. Cohen, profesor emérito de la Universidad de Nueva York y Princeton, que es complementario a uno que he expuesto anteriormente en torno a la presión interna ejercida sobre Zelenskyy por las fuerzas de «extrema derecha» para que no negocie. Cohen sugiere que las negociaciones con Rusia requerirían el apoyo de Estados Unidos para superar esta presión interna: Algunos dicen que son fascistas, pero sin duda son ultranacionalistas, y han dicho que matarán a Zelensky si sigue en la línea de negociar con Putin. […] Zelensky no puede seguir adelante… a menos que América le cubra las espaldas. Quizá no sea suficiente, pero a menos que la Casa Blanca fomente esta diplomacia, Zelensky no tiene ninguna posibilidad.7
Esta guerra es todo un desastre; no sólo para el pueblo de Ucrania, que ha tenido un número desconocido, pero sin duda masivo, de sus hombres muertos y gravemente heridos, y su país destruido de tal manera que tardará años, si no décadas, en ser reconstruido, si es que alguna vez lo es, o para los rusos que han tenido a sus seres queridos muertos y mutilados, sino para toda la humanidad que ha tenido una espada de Damocles radiactiva colgando sobre nuestras cabezas, por un hilo deshilachado, desde el 24 de febrero de 2022. En un artículo de principios de septiembre de 2024 sobre el colapso de Ucrania, el profesor Diesen escribe: Lo que diferencia a la guerra de Ucrania de muchas otras guerras es que se trata de una guerra por delegación en la que la OTAN utiliza a los ucranianos para luchar contra Rusia. La variable incierta e impredecible es, por tanto, cómo reaccionará la OTAN cuando pierda su guerra contra Rusia. La OTAN ya está proporcionando armas, municiones, entrenamiento, inteligencia, selección de objetivos, planificación de la guerra, gestión de complejos sistemas de armamento y envío de mercenarios occidentales. El apoyo de la OTAN a los ataques dentro de territorio ruso y a la invasión de territorio ruso ya nos ha llevado al borde de una guerra directa. Los estadounidenses parecen dispuestos a cortar por lo sano y centrarse en una guerra más amplia en Oriente Medio o en enfrentarse a China, pero los europeos lo han apostado todo a derrotar militarmente a Rusia. En términos de capacidades, lo que importa es Estados Unidos.
Sencillamente, ya no hay buenas soluciones. Las dos únicas opciones son negociar o implicarse cada vez más en combates directos. La OTAN ha rechazado en gran medida la diplomacia y se ha colocado en una trampa retórica en la que la victoria es el único resultado aceptable, y la UE incluso castiga a Estados miembros como Hungría que intentan restablecer la diplomacia y las negociaciones con Rusia. Sin embargo, una participación más directa de la OTAN probablemente desencadenaría una guerra directa con Rusia, la mayor potencia nuclear del mundo, y no está claro cómo sería una «victoria» que no desencadenara primero un intercambio nuclear.
Otros, que en realidad deberían saberlo mejor, han sugerido una tercera opción. «El camino hacia la paz es que el agresor, Rusia, retire inmediata e incondicionalmente todas sus tropas y equipamiento militar de todo el territorio de Ucrania». Así escribió el ministro irlandés de Asuntos Exteriores y Defensa, Micheál Martin, el día en que Irlanda firmó su nuevo acuerdo de seguridad con Ucrania. La élite política gobernante de Irlanda, como obedientes perritos falderos de la UE y de EE.UU. por extensión, han estado redoblando su apoyo a una guerra por poderes que ya está perdida y, como resultado, están fomentando una catástrofe humanitaria y geopolítica que corre el riesgo de escalar hacia el umbral nuclear, un umbral que ha sido rebajado tanto por EE.UU. como por Rusia. Esto es insano. Incluso dejando de lado las muchas formas en que las élites irlandesas han estado impulsando la decadencia nacional, el apoyo a la alimentación de los hombres de Ucrania en una picadora de carne, con el fin de satisfacer a los belicistas en Bruselas y DC, es razón suficiente para reemplazarlos. No hace falta decir que el pueblo de Irlanda tiene que destituir a estos megalómanos y títeres de calcetín cuando se les dé la oportunidad en las próximas elecciones generales.
Con el riesgo aceptable de parecer un soñador ingenuo, terminaré recurriendo a las sabias palabras sobre nuestra difícil situación de dos hombres que vivieron el punto álgido de las tensiones nucleares de la Guerra Fría, la crisis de los misiles cubanos de 1962. En un ensayo publicado en 1963, Martin Luther King Jr. presentó la encrucijada existencial de la humanidad de la siguiente manera: Si asumimos que la humanidad tiene derecho a sobrevivir, entonces debemos encontrar una alternativa a la guerra y la destrucción. En nuestros días de vehículos espaciales y misiles balísticos guiados, la opción es la no violencia o la no existencia.8
Y en su vídeo de la campaña presidencial de 1964, «Daisy», Lyndon B. Johnson se las ingenió de alguna manera para señalar esta misma encrucijada de forma aún más clara: «O nos amamos, o morimos».
- Toby Ord, El precipicio, Bloomsbury Publishing, 2020, págs. 22-23..
- Ibid., pg. 167.
- Andrei Martyanov, La guerra final de Estados Unidos, Clarity Press, 2024, págs. vii-viii..
- Ibid., pg. viii-ix.
- Benjamin Abelow, Cómo Occidente trajo la guerra a Ucrania, Siland Press, 2022, pg. 56-57.
- Ibid., pg. 57-58.
- Ibid., pág. 59-60.
- Martin Luther King Jr., Una mente dura y un corazón tierno, Penguin Random House UK, 2020, pg. 33.
6. Las contradicciones de Monbiot
Jonathan Cook analiza la entrevista que os pasé ayer de Hedges a Monbiot desde su perspectiva habitual: la crítica a los medios británicos, y en este caso, muy especialmente, al periódico en el que trabaja Monbiot, The Guardian. https://jonathancook.substack.
Monbiot tiene razón sobre la maldad del capitalismo. Sin embargo, actúa como su propagandista
El capitalismo es irremediablemente destructivo, advierte George Monbiot. Entonces, ¿por qué se hace pasar por The Guardian, cuando su papel es crear apoyo bipartidista para aplastar a la izquierda anticapitalista y antibelicista?
Jonathan Cook 10 de octubre de 2024
Chris Hedges mantiene un interesante debate con el columnista de The Guardian George Monbiot sobre su nuevo libro acerca del capitalismo y su encarnación moderna, el neoliberalismo. Monbiot considera, con razón, que el capitalismo es un modo de organización económica sumamente «coercitivo, destructivo y explotador».
https://www.youtube.com/watch?
El neoliberalismo, observa Monbiot, surgió como respuesta del capitalismo a su mayor desafío: la democracia.
Tras siglos de lucha, los ciudadanos occidentales consiguieron ganar el derecho a votar. La clase dominante capitalista se enfrentó a un grave problema. La población intentó utilizar su nuevo poder político para asegurarse otros derechos, como la protección laboral. Los trabajadores se organizaron en sindicatos para exigir una mayor participación en el valor de las mercancías que creaban. Estos nuevos votantes también querían una mejor calidad de vida, incluidos fines de semana libres y una vivienda adecuada, así como un medio ambiente libre de contaminantes industriales que contaminaban (y siguen contaminando) el aire que respiraban, los alimentos que comían y el agua que bebían.
Esos derechos amenazaban intrínsecamente la maximización del beneficio, el objetivo del capitalismo.
El neoliberalismo ofreció una solución. Trató de hacer que el capitalismo fuera invisible para el público replanteándolo como el «orden natural». Al igual que la gravedad, llegó a ser tratado como «algo que estaba ahí, no algo inventado por la gente», como bien dice Monbiot.
Los «creadores de riqueza» -los multimillonarios que se aprovechan del bien común- se convirtieron en dioses seculares. Cualquier interferencia en el llamado «libre mercado» -de hecho, un mercado que no es libre en absoluto, sino cuidadosamente manipulado para beneficiar a una pequeña élite monopolística- se consideró sacrílega.
Se creó una red de grupos de reflexión, financiada en secreto por los multimillonarios, para fabricar un consenso sobre la inmutabilidad y benevolencia del capitalismo, un mensaje que fue amplificado con entusiasmo por los medios de comunicación propiedad de los multimillonarios.
Un elemento central del truco de la confianza en el corazón del neoliberalismo fue la sugerencia de que cualquier disidencia, cualquier límite puesto a la codicia rapaz de la clase capitalista, conduciría inexorablemente al totalitarismo, al estalinismo.
El capitalismo se convirtió en sinónimo de libertad, innovación y autoexpresión. Cuestionar el capitalismo es atentar contra la propia libertad. Esta idea estaba en el corazón del implacable ataque al movimiento obrero que subió varias marchas durante los años Thatcher-Reagan de la década de 1980. Los sindicatos fueron presentados como una amenaza para el buen funcionamiento de la economía, para el crecimiento y para la «libertad».
Era también la época en que un grupo de altos cargos políticos de Washington fundaron la Comisión Trilateral, deseosos de abordar un problema que definieron como «exceso de democracia». Cabe señalar que el actual primer ministro británico, Sir Keir Starmer, se unió en secreto a la Comisión Trilateral en torno a 2017, mientras formaba parte del gabinete laborista en la sombra. Fue uno de los dos únicos diputados -de un total de 650- a los que se invitó a convertirse en miembro en ese periodo.
Starmer personifica el modo en que el neoliberalismo ha hecho irrelevante la política parlamentaria. Los votantes británicos, como los estadounidenses, tienen ahora que elegir entre dos alas duras del capitalismo. El eslogan TINA de Margaret Thatcher – «No hay alternativa»- ha dado por fin sus frutos.
En la práctica, hoy todos somos neoliberales. Cualquier otra forma de organizar la sociedad que la que tenemos -que depende de un consumo desenfrenado, que requiere un crecimiento económico insostenible, de tala y quema- se ha vuelto imposible de imaginar para la mayoría de la gente.
En todo esto, el argumento de Monbiot es fuerte y claro.
Pero tengo una pregunta urgente para este crítico del capitalismo: ¿Es el Guardian Media Group para el que trabaja Monbiot una organización de noticias capitalista o no?
Monbiot siempre ha defendido su periódico como algo excepcional: el único medio corporativo supuestamente «bueno». Ha criticado a todos los demás medios de comunicación de forma tan inequívoca como al capitalismo. Pero insiste en que The Guardian es diferente. ¿En qué sentido?
Si tiene razón sobre el capitalismo, y creo que la tiene, entonces es difícil entender cómo no ha llegado a la conclusión de que el Guardian también es un producto del modo de organización económica coercitivo, destructivo y explotador del capitalismo.
The Guardian depende de la publicidad corporativa. En otras palabras, tiene que mantener contentos a sus anunciantes, es decir, a los anunciantes integrados en el sistema capitalista y enriquecidos por él.
The Guardian es propiedad y está dirigido por una corporación, Guardian Media Group, que está vinculada a un complejo de otras corporaciones con intereses económicos totalmente dependientes del éxito de un sistema capitalista impulsado por el consumo y el beneficio. (Algunos crédulos todavía creen erróneamente que el periódico es propiedad de algún fideicomiso de tipo benéfico en lugar de una sociedad anónima).
El hecho de que The Guardian esté profundamente arraigado en el sistema capitalista de Occidente explica por qué desempeñó un papel tan importante en el desprestigio y la difamación de Jeremy Corbyn, el único líder de un partido británico importante que se recuerda que intenta desafiar el status quo neoliberal.
Tiene sentido de por qué el periódico tan visiblemente ayudó a destruir a Julian Assange, el fundador de Wikileaks que expuso las industrias de guerra y acaparamiento de recursos de Occidente como nadie antes que él. Lo hizo sacando a la luz documentos oficiales clasificados que probaban los crímenes de la clase dominante.
Esto explica por qué The Guardian ha sido tan desmesuradamente débil a la hora de dar algún tipo de voz a los millones de británicos, muchos de ellos de la izquierda a la que supuestamente representa, que están conmocionados y horrorizados por el genocidio israelí de la población de Gaza y por la absoluta complicidad de los gobiernos británico y estadounidense.
Se entiende por qué The Guardian ha sido un animador de una guerra totalmente evitable en Ucrania desencadenada por la expansión de la OTAN durante décadas cada vez más cerca de la frontera de Rusia con Ucrania ante las protestas de Moscú. Fue una medida que los expertos occidentales advirtieron hace tiempo señalaría a Rusia que Occidente buscaba la confrontación, erosionaría la confianza del Kremlin en que se podría mantener el principio de disuasión nuclear y, en última instancia, provocaría una reacción igualmente violenta.
Esto explica por qué The Guardian ha estado hablando de boquilla sobre la catástrofe climática que se avecina, al tiempo que fomenta activamente los hábitos de consumo y las expectativas que hacen imposible la reducción de los niveles de CO2.
Y, finalmente, tiene sentido por qué The Guardian se esfuerza tanto en presentarse como una publicación exclusivamente progresista y de izquierdas. Al hacerlo, The Guardian se ha convertido en la doncella en jefe del capitalismo.
Cuando surge un líder de un partido genuinamente de izquierdas, como Corbyn, The Guardian puede machacarlo desde la izquierda con mucha más eficacia que periódicos como el Daily Telegraph y el Daily Mail desde la derecha. El ataque bipartidista contra Corbyn resultó mucho más convincente y creíble que si lo hubiera llevado a cabo únicamente la prensa de derechas.
Lo mismo ocurre con las guerras. Si el Guardian apoya la última guerra -como hace invariablemente- entonces estas guerras deben ser algo bueno porque la izquierda y la derecha están de acuerdo. La prensa de derechas puede vender la guerra a sus lectores sobre la base de «amenazas terroristas» y un «choque de civilizaciones», mientras que el Guardian puede venderla a sus lectores sobre la base del «humanitarismo» o la necesidad de derrocar al último «nuevo Hitler».
El sistema capitalista necesita una corporación mediática como The Guardian, aunque sólo sea para impedir que un medio de comunicación genuinamente independiente, genuinamente anticapitalista y genuinamente antibelicista consiga afianzarse en el espacio público.
Esta es también la razón por la que The Guardian ha sido tan importante en el esfuerzo por inflamar los temores sobre el «populismo» -tanto de derechas como de izquierdas- y las «noticias falsas» en las redes sociales. Desprestigia a la izquierda progresista, anticapitalista y antibelicista tachándola de apapachadora de dictadores, belicista genocida y antisemita con el mismo entusiasmo con el que denuncia la supremacía blanca de la derecha trumpiana. Sobresale en esto, su propia forma especializada de desinformación.
Lo que nos lleva de nuevo a Monbiot.
He escrito muchos artículos a lo largo de los años criticando a Monbiot. Y cada vez que lo hago, me inundan con comentarios de que este es otro ejemplo de la izquierda comiéndose a la izquierda, de uvas agrias, de puntuaciones baratas.
Lo cual no viene a cuento.
No se trata principalmente de Monbiot. Se trata de su función en una economía capitalista – y de cómo contribuye al papel de The Guardian de socavar una izquierda anticapitalista y antibelicista. Monbiot no tiene que entender la función que desempeña para seguir desempeñándola. De hecho, todo indica que es totalmente ciego a su función.
También destaca cómo nosotros, la izquierda progresista, estamos atrapados en una trampa que la clase capitalista ha diseñado para nosotros. El libro de Monbiot sobre el neoliberalismo, a juzgar por su entrevista con Hedges, es sin duda excelente. Y porque es excelente, le ganará a Monbiot más devotos, y más prestigio en la izquierda. Lo que le hará aún más útil al Guardian para demostrar sus credenciales izquierdistas.
Monbiot no es el principal culpable de ello. Nuestra credulidad como lectores, como pensadores críticos, sí.
Hablando la parte callada en voz alta, Joe Biden admitió hace muchos años que Estados Unidos habría tenido que inventar Israel si no existiera ya.
Lo que quería decir era que Israel cumple una función que beneficia a las élites de Washington: como portaaviones encubierto de Estados Unidos en Oriente Próximo; como pararrayos de las protestas cuando Occidente proyecta su poder violento en la región rica en petróleo; como catalizador para avivar las divisiones étnicas y sectarias que han impedido la consolidación de un nacionalismo árabe laico; como hegemón colonial que cita la Biblia y que ha fomentado un fundamentalismo islámico que refleja el fundamentalismo judeo-sionista de Israel; y como póliza de seguros, que permite a los políticos estadounidenses calumniar de antisemitas a los críticos nacionales de su política en Oriente Próximo.
Del mismo modo, el capitalismo necesitaría inventar un Guardian, si no existiera ya. Y a su vez, el Guardian tendría que inventar un Monbiot si no fuera ya uno de sus columnistas.
The Guardian es de vital importancia para los esfuerzos del neoliberalismo por mantener la legitimidad del capitalismo haciéndolo invisible. Lo hace sugiriendo que la rectitud del capitalismo es tan indiscutible que goza de un apoyo político universal. Mientras tanto, el Guardian necesita a George Monbiot para poder demostrar a la izquierda que se da tribuna a todas las partes, que la prensa libre es realmente libre, que no hay necesidad de mayor pluralismo.
El hecho de que Monbiot haya escrito un libro criticando el capitalismo y el neoliberalismo es otra de las grandes paradojas del sistema. Pero, lamentablemente, es una que el Guardian, y el capitalismo, no sólo pueden acomodar, sino también utilizar como arma contra la izquierda.
Si esto es difícil de aceptar, consideremos la catástrofe climática. The Guardian es probablemente el medio de comunicación corporativo que más abiertamente se ha pronunciado sobre este tema, aunque hay que reconocer que es un listón muy bajo. Muchos lectores están absolutamente comprometidos a apoyar económicamente al Guardian cada mes por su cobertura de una crisis climática que ya está sobre nosotros. Y, sin embargo, el Guardian Media Group está inmerso en un sistema de promoción del consumo -de vuelos a destinos paradisíacos y de coches de lujo- que está alimentando el mismo desastre climático contra el que el Guardian supuestamente hace sonar la alarma.
En otras palabras, está haciendo propaganda del mismo modelo de consumo que también nos advierte de que está destruyendo nuestro planeta. Funciona porque los seres humanos tenemos una gran capacidad de disonancia cognitiva, de acomodar dos pensamientos contradictorios al mismo tiempo. Es precisamente la razón por la que la propaganda tiene tanto éxito, y por la que somos tan malos pensadores críticos a menos que ejercitemos esta facultad como un músculo más.
Monbiot es tan víctima de esta tendencia humana a la disonancia cognitiva como cualquier otro. De hecho, parece sumamente vulnerable a ella.
Como ya señalé en un artículo anterior, Monbiot ha sido un constante defensor de las interminables guerras de Occidente, aparentemente ajeno al hecho de que son parte integral de los esfuerzos del capitalismo para racionalizar la aspiración de enormes sumas de dinero para enriquecer a la élite de la riqueza a través de las industrias de guerra en lugar de cuidar de los ciudadanos, y que estas guerras tienen un coste incalculable para el medio ambiente, como la destrucción de Gaza y ahora el Líbano debería subrayar.
Como escribí hace dos años: Monbiot sostiene como una piedad preciada lo que deberían ser dos posturas totalmente incoherentes: que las élites británicas y occidentales están saqueando el planeta en beneficio de las empresas, inmunes a la catástrofe que están causando en el medio ambiente y ajenas a las vidas que están destruyendo en casa y en el extranjero; y que esas mismas élites están librando guerras buenas y humanitarias para proteger los intereses de los pueblos pobres y oprimidos en el extranjero, desde Siria y Libia hasta Ucrania, pueblos que casualmente viven en zonas de importancia geoestratégica.
Debido al control corporativo de las prioridades políticas británicas, afirma Monbiot, no debemos creer nada de lo que nos dicen los medios corporativos, exceptocuando esas prioridades se refieren a proteger a los pueblos que se enfrentan a despiadados dictadores extranjeros, desde el sirio Bashar al-Assad hasta el ruso Vladimir Putin. Entonces hay que creer absolutamente a los medios de comunicación.
Pero lo peor es que Monbiot no es sólo un crédulo. Ha sido el perro de presa más eficaz de los medios corporativos contra la izquierda antibelicista.
Ha dedicado gran parte de su tiempo y sus energías a vigilar el discurso de la izquierda y a difamar a sus figuras más antiguas, desde Noam Chomsky hasta el difunto John Pilger. Ha calificado a ambos de «descalificadores del genocidio» en al menos dos columnas por cuestionar la verdadera naturaleza de las «guerras humanitarias» de Occidente. Y lo hizo mientras también afirmaba estar demasiado ocupado para sacar tiempo para escribir una columna sobre los años de tortura y juicio espectáculo de Assange por hacer periodismo sobre los crímenes de guerra de Occidente.
La última «guerra humanitaria» de Occidente -Israel supuestamente «defendiéndose» mediante el genocidio contra el pueblo palestino que ha estado ocupando beligerantemente durante décadas y cuyas tierras ha robado- ha sido una venta especialmente difícil para los medios corporativos. Pero es precisamente donde estábamos destinados a acabar por ignorar -o peor aún, invalidar- las voces de figuras como Chomsky y Pilger, que intentaban mostrarnos el panorama más amplio de lo que realmente eran estas guerras.
Y Monbiot cumplió precisamente ese papel en el Guardian de invalidarlos.
Lee su nuevo libro sobre el capitalismo si lo necesitas. Absorbe sus lecciones. Pero recuerda, la más importante es ésta: Monbiot puede tener razón sobre la maldad del capitalismo siendo él mismo cómplice a fondo de su maldad.
7. Bombardeos
El último boletín de Vijay para el Tricontinental está dedicado a algo a lo que ya nos hemos acostumbrado. El bombardeo masivo sobre la población civil. https://thetricontinental.org/
Ahora ya saben lo que significa bombardear de verdad | Boletín 41 (2024)
En el último año, EE.UU. proporcionó a Israel la cifra récord de 17.900 millones de dólares en ayuda militar apoyando un genocidio contra el pueblo palestino.
octubre 10, 2024
Queridas amigas y amigos,
Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.
El 1 de octubre, Michael McCaul, presidente del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes estadounidense, emitió una declaración en la que instaba al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, a “ejercer la máxima presión sobre Irán y sus apoderados, en lugar de presionar a Israel para que cese el fuego. Necesitamos acelerar las transferencias de armas a Israel que esta administración ha retrasado durante meses, incluidas bombas de 2.000 libras, para asegurar que Israel tenga todas las herramientas para disuadir estas amenazas”. El beligerante llamamiento de McCaul se produjo días después de que Israel utilizara más de ochenta bombas de 2.000 libras de fabricación estadounidense junto con otras municiones, el 27 de septiembre, para atacar un barrio residencial de Beirut y una zona de la capital israelí matando –entre cientos de civiles– a Sayyed Hassan Nasrallah (1960–2024), el líder de Hezbolá. En este único bombardeo, Israel lanzó más bombas de este tipo que el ejército estadounidense en su invasión a Irak en 2003.
El comandante Graham Scarbro, ex aviador de la Marina estadounidense, revisó las pruebas de los ataques israelíes para el Instituto Naval de Estados Unidos. En un revelador artículo, Scarbro señala que Israel “parece haber adoptado un enfoque considerablemente diferente a las fuerzas estadounidenses respecto a los daños colaterales en las últimas décadas”. Aunque Estados Unidos nunca ha mostrado una preocupación significativa por las víctimas civiles o los “daños colaterales”, cabe señalar que incluso altos mandos militares estadounidenses se han sorprendido del grado de desprecio de Israel por la vida humana. Los militares israelíes, escribe Scarbro, “parecen tener un umbral más alto en cuanto a los daños colaterales… lo que significa que atacan incluso cuando las probabilidades de que haya víctimas civiles son mayores”.
Aunque Washington sabe que los israelíes han estado bombardeando Gaza, y ahora Líbano, con total desenfreno –incluso después de que la Corte Internacional de Justicia dictaminara que es “plausible” que Israel esté cometiendo genocidio contra los palestinos de Gaza–, Estados Unidos continúa suministrando armamento mortífero a los israelíes. El 10 de octubre de 2023, Biden dijo, “Estamos incrementando la ayuda militar adicional”, que ha alcanzado la cifra récord de al menos 17.900 millones de dólares durante el último año de genocidio. En marzo de 2024, The Washington Post informó que Estados Unidos había “aprobado y entregado discretamente más de 100 ventas militares a Israel, que incluyeron ‘miles de municiones guiadas de precisión, bombas de pequeño diámetro, destructores de búnkeres, armas ligeras y otra ayuda letal”, que ascendían a “miles de municiones para armamento de precisión guiada, bombas de pequeño diámetro, destructores de búnkeres, armas pequeñas y otra forma de apoyo letal”. Estas “pequeñas” ventas no alcanzaron el límite mínimo establecido por la legislación estadounidense, que exige que el presidente solicite la aprobación del Congreso (que, de todos modos, no habría sido denegada). Estas ventas representaron la transferencia de al menos 14.000 bombas MK-84 de 2.000 libras y 6.500 bombas de 500 libras que Israel ha utilizado tanto en Gaza como en el Líbano.
Para Israel ya es una rutina en Gaza el uso habitual de bombas de 2.000 libras para atacar zonas pobladas por civiles, a quienes las propias autoridades israelíes habían dicho que se refugiaran en esos lugares. “En las dos primeras semanas de la guerra”, informó The New York Times, “aproximadamente el 90 por ciento de las municiones que Israel lanzó en Gaza fueron bombas guiadas por satélite de 1.000 o 2.000 libras”. En marzo de 2024, el senador estadounidense Bernie Sanders tuiteó: “Estados Unidos no puede rogar a Netanyahu que deje de bombardear a civiles un día y al siguiente enviarle miles de bombas de 2.000 libras que pueden arrasar manzanas enteras. Esto es obsceno”. Un informe de 2016 de Action on Armed Violence [Acción sobre la violencia armada – AOAV, por su sigla en inglés] ofrecía la siguiente evaluación de estas armas de destrucción masiva: Se trata de bombas extremadamente potentes, con una gran capacidad destructiva cuando se utilizan en zonas pobladas. Pueden volar edificios y matar o herir a personas a cientos de metros del punto de detonación. El patrón de fragmentación y el alcance de una bomba MK 84 de 2.000 libras es difícil de predecir, pero en general se dice que esta arma tiene un “radio letal” (es decir, la distancia en la que es probable que mate a las personas que se encuentren cerca) de hasta 360 metros. Las ondas expansivas de un arma de este tipo pueden crear un gran efecto de conmoción; cabe esperar que una bomba de 2.000 libras cause lesiones y daños graves hasta a 800 metros del punto de impacto.
He recorrido varias veces el barrio de Haret Hreik, de Dahiyeh en Beirut alcanzado por las bombas israelíes en el ataque contra el alto mando de Hezbolá. Se trata de una zona muy congestionada, con apenas unos metros entre edificios residenciales de gran altura. Atacar un conjunto de estos edificios con más de ochenta de estas potentes bombas no puede calificarse de “preciso”. El bombardeo israelí de Beirut refleja la crudeza de sus ataques contra Gaza y simboliza el desprecio por la vida humana que caracteriza tanto a la guerra israelí como a la estadounidense. El 23 de septiembre, Israel bombardeó el Líbano a un ritmo de más de un ataque aéreo por minuto. En días, los “intensos ataques aéreos de Israel” desplazaron a más de un millón de personas, una quinta parte de la población total del Líbano.
La primera bomba que cayó de un avión fue una granada de mano Haasen (Dinamarca) lanzada por el teniente Giulio Cavotti, de la Fuerza Aérea italiana, el 1 de noviembre de 1911 sobre la ciudad de Tagiura, cerca de Trípoli (Libia). Cien años después, en una especie de conmemoración grotesca, aviones franceses y estadounidenses bombardearon Libia una vez más como parte de su guerra para derrocar al gobierno de Muammar Gaddafi. La ferocidad de los bombardeos aéreos se constató desde el principio, como lo documentó Sven Lindqvist en su libro A History of Bombing [Historia de los bombardeos] (2003). En marzo de 1924, el jefe de escuadrón británico Arthur “Bombardero” Harris redactó un informe (posteriormente suprimido) sobre sus bombardeos en Irak y el significado “real” de los bombardeos aéreos: Donde lxs árabes y lxs kurdos acababan de empezar a darse cuenta de que si podían soportar un poco de ruido, podían soportar los bombardeos… ahora ya saben lo que significa un bombardeo de verdad, en bajas y daños; ahora saben que en 45 minutos un pueblo de tamaño natural… puede ser prácticamente aniquilado y un tercio de sus habitantes muertos o heridos por cuatro o cinco máquinas que no les ofrecen ningún objetivo real, ninguna oportunidad de gloria como guerreros, ningún medio eficaz de escapar.
Cien años después, estas palabras del “bombardero” Harris describen perfectamente el tipo de crueldad infligida tanto a Palestina como al Líbano.
Podrían preguntarse: ¿qué pasa con los cohetes lanzados contra Israel por Hezbolá e Irán? ¿No forman parte de la brutalidad de la guerra? Ciertamente, forman parte de la fealdad de la guerra, pero no se puede establecer un paralelismo fácil. Los misiles balísticos de Irán se produjeron tras el ataque de Israel a una instalación diplomática iraní en Siria (abril de 2024), el asesinato del líder de Hamás Ismail Haniyeh en Teherán tras la toma de posesión del presidente iraní Masoud Pezeshkian (julio de 2024), el asesinato de Nasrallah en Beirut (septiembre de 2024) y el asesinato de varios oficiales militares iraníes. Es significativo que, mientras Israel ha lanzado innumerables ataques contra civiles, personal médico, periodistas y trabajadorxs humanitarixs, los misiles iraníes se dirigieron exclusivamente contra instalaciones militares y de inteligencia israelíes y no contra zonas civiles. Hezbolá, por su parte, atacó la base aérea israelí de Ramat David, al este de Haifa, en septiembre de 2024. Ni Irán ni Hezbolá han disparado sus municiones contra barrios congestionados de ciudades israelíes. Desde el 8 de octubre de 2023, los ataques aéreos israelíes contra Líbano han superado con creces los ataques de Hezbolá contra Israel. Antes de la actual oleada de hostilidades, el 10 de septiembre, Israel ya había asesinado a 137 civiles libaneses y desplazado a cientos de miles de libaneses de sus hogares. Mientras tanto, los cohetes de Hezbolá habían matado para entonces a 14 civiles israelíes y sus cohetes habían provocado la evacuación de 63.000 civiles israelíes. No sólo ha habido una diferencia cuantitativa en el número de ataques y el número de muertes, sino una diferencia cualitativa en el uso de la violencia. La violencia dirigida en gran medida contra objetivos militares es permisible en determinadas condiciones según el derecho internacional. La violencia indiscriminada, como cuando se utilizan bombas masivas contra civiles, viola las leyes de la guerra.
Etel Adnan (1925-2021), poetisa y artista libanesa, creció en Beirut después que sus padres huyeran del Imperio otomano en ruinas convertido en la actual Turquía. Excavó profundo en la tierra del conflicto y el dolor, ingredientes de su poesía. Su voz resonaba desde el balcón de su apartamento en Ashrafieh, la “pequeña montaña”, desde donde podía ver los barcos que entraban y salían del puerto. Cuando murió Etel Adnan, el novelista Elias Khoury (1948-2024), quien falleció poco antes que Beirut fuera bombardeada nuevamente, escribió que lloraba a una mujer que no moriría, pero que temía por su ciudad, que sufría sola. He aquí algunos extractos del poema de Etel, “Beirut, 1982”, para recordarnos que estamos tan furiosos como una tormenta.
Nunca creí
que la venganza
sería un árbol
creciendo en mi jardín
*
Los árboles crecen en todas direcciones
El pueblo palestino también:
desplazado
no como las mariposas
sin alas,
incapaz de volar,
cargado de amor
por sus fronteras y su
miseria,
nadie puede estar eternamente tras
las rejas
o bajo la lluvia.
…
Jamás lloraremos con lágrimas
sino con sangre.
…
No será en los cementerios donde
plantaremos el grano
ni en la palma de mi mano
Estamos furiosos como una tormenta.
Cordialmente,
Vijay
8. La visión de Scott Ritter sobre el 7 de octubre
También Ritter ha querido dar su visión sobre el aniversario.
La caída de Israel
8 de octubre de 2024
Hace un año, Israel estaba en una situación privilegiada. Hoy, se enfrenta a su desaparición.
Por Scott Ritter Especial para Consortium News
He escrito anteriormente sobre el ataque de Hamás a Israel del 7 de octubre de 2023, calificándolo de «la incursión militar más exitosa de este siglo».
He descrito la acción de Hamás como una operación militar, mientras que Israel y sus aliados la han calificado de acción terrorista de la magnitud de lo ocurrido contra Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001..
«La diferencia entre los dos términos», señalé, «es la noche y el día: al calificar los sucesos del 7 de octubre de actos terroristas, Israel transfiere la culpa de las enormes pérdidas de sus servicios militares, de seguridad y de inteligencia a Hamás. Sin embargo, si Israel reconociera que lo que hizo Hamás fue, de hecho, una incursión -una operación militar-, la competencia de los servicios militares, de seguridad y de inteligencia israelíes quedaría en entredicho, al igual que el liderazgo político responsable de supervisar y dirigir sus operaciones.»
El terrorismo emplea estrategias que buscan la victoria a través del desgaste y la intimidación, para desgastar al enemigo y crear en él una sensación de impotencia. Los terroristas evitan por naturaleza el conflicto existencial decisivo, sino que persiguen la batalla asimétrica que enfrenta sus puntos fuertes con las debilidades de sus enemigos.
La guerra que se ha apoderado del Levante desde el 7 de octubre de 2023 no es una operación antiterrorista tradicional. El conflicto entre Hamás e Israel se ha transformado en un conflicto entre Israel y el llamado eje de resistencia en el que participan Hamás, Hezbolá, Ansarulá (los huzíes de Yemen), las Fuerzas de Movilización Popular, es decir, milicias de Irak, Siria e Irán. Es una guerra regional en todos los sentidos, que debe ser evaluada como tal.
El estratega prusiano Carl von Clausewitz señaló en su obra clásica, Sobre la guerra, que «la guerra no es un mero acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de la relación política, una realización de la misma por otros medios.»
Desde una perspectiva puramente militar, la incursión de Hamás en Israel el 7 de octubre de 2023 fue un enfrentamiento relativamente menor, en el que participaron unos pocos miles de combatientes de cada bando.
Sin embargo, como acontecimiento geopolítico mundial, no tiene equivalente contemporáneo.
La incursión de Hamás desencadenó una serie de respuestas variadas, algunas de las cuales fueron diseñadas, como atraer a las Fuerzas de Defensa israelíes a Gaza, donde quedarían atrapadas en una guerra eterna que no podrían ganar, desencadenando la doble doctrina israelí que rige la respuesta militar a la toma de rehenes de la «Doctrina Aníbal» y la práctica israelí del castigo colectivo, la «Doctrina Dahiya».»
Ambas doctrinas exhiben a las IDF ante el mundo como la antítesis del «ejército más moral del mundo» al exponer la intención asesina arraigada en el ADN de las IDF, una propensión a la violencia contra inocentes que define la forma israelí de hacer la guerra y, por extensión, a la nación israelí.
Antes del 7 de octubre de 2023, Israel fue capaz de disfrazar su verdadero carácter ante el mundo exterior, convenciendo a todos menos a un puñado de activistas de que sus acciones contra los «terroristas» eran proporcionales y humanas.
Hoy el mundo conoce a Israel como el Estado genocida y de apartheid que realmente es.
Las consecuencias de esta nueva iluminación global son manifiestas.
Cambiando la ‘cara de Oriente Medio’
El presidente Joe Biden, el 9 de sept. 9 de septiembre de 2023, durante la cumbre del G20 en la India, anunció una importante iniciativa política, el Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa, o IMEC, una propuesta de corredor ferroviario, naval, de oleoductos y cables digitales que conectará Europa, Oriente Medio y la India.
Benjamin Netanyahu, el primer ministro israelí, comentando el anuncio de Biden, llamó al IMEC «un proyecto de cooperación que es el mayor de nuestra historia» que «nos lleva a una nueva era de integración y cooperación regional y global, sin precedentes y única en su alcance» añadiendo que «hará realidad una visión de muchos años que cambiará la faz de Oriente Próximo y de Israel.«
Pero como el mundo ve ahora a Israel como una empresa criminal, el IMEC parece a todos los efectos que ya no existe: el mayor proyecto de cooperación de la historia israelí que habría cambiado Oriente Próximo probablemente nunca llegará a buen puerto.
Por un lado, Arabia Saudí, un actor clave en el proyecto, ya que ha invertido 20.000 millones de dólares en él, dice que nonormalizará las relaciones con Israel, necesarias para el proyecto, hasta que las guerras terminen y un Estado palestino sea reconocido por Israel, algo que la Knesset votó a principios de este año que nunca ocurriría.
La desaparición del IMEC es sólo una parte del golpe económico de 67.000 millones de dólares que ha sufrido Israel desde que comenzó el conflicto de Gaza.
El turismo ha caído un 80%. El puerto meridional de Eilat ya no funciona debido a la campaña antibuque llevada a cabo por los Houthi en el Mar Rojo y el Golfo de Adén. La estabilidad de la mano de obra se ha visto alterada por el desplazamiento de decenas de miles de israelíes de sus hogares a causa de los ataques de Hamás y Hezbolá, así como por la movilización de más de 300.000 reservistas. Todo esto se combina para crear una tormenta perfecta de problemas que matan la economía y que asolarán a Israel mientras continúe el conflicto actual.
La conclusión es que, si no se controla, Israel se enfrenta al colapso económico. Las inversiones han caído, la economía se contrae y la confianza en un futuro económico se ha evaporado. En resumen, Israel ya no es un lugar ideal para jubilarse, formar una familia, trabajar… o vivir. La bíblica «tierra que mana leche y miel», si es que alguna vez existió, ya no existe.
Este es un problema existencial para Israel.
Para que exista una «patria judía» viable, la demografía dicta que debe haber una mayoría judía discernible en Israel. En Israel viven poco menos de 10 millones de personas. Unos 7,3 millones son judíos; otros 2,1 millones son árabes (los drusos y otras minorías no árabes constituyen el resto).
Hay unos 5,1 millones de palestinos bajo ocupación, lo que deja una división aproximada de 50-50 cuando se miran los totales combinados entre árabes y judíos. Se calcula que 350.000 israelíes tienen doble nacionalidad con un país de la UE, mientras que más de 200.000 la tienen con Estados Unidos.
Igualmente, muchos israelíes de ascendencia europea pueden solicitar fácilmente un pasaporte simplemente demostrando que ellos, sus padres o incluso sus abuelos residieron en un país europeo. Otro millón y medio de israelíes son de ascendencia rusa, y muchos de ellos tienen pasaportes rusos válidos.
Aunque las principales razones para mantener esta doble nacionalidad son la comodidad y la economía, muchos ven el segundo pasaporte como «una póliza de seguro», un lugar al que huir si la vida en Israel se vuelve insostenible.
La vida en Israel está a punto de volverse insostenible.
Escapar de Israel
Israel ya había sufrido un creciente problema de emigración derivado del descontento con las políticas del gobierno de Netanyahu – unos 34,000 israelíes abandonaron permanentemente Israel entre julio y octubre de 2023, principalmente en protesta por las reformas judiciales promulgadas por Netanyahu.
Aunque se produjo un repunte de la emigración inmediatamente después de los atentados del 7 de octubre de 2023 (unos 12.300 israelíes emigraron de forma permanente en el mes siguiente al ataque de Hamás), el número de emigrantes permanentes en 2024 fue de unos 30.000, un descenso respecto al año anterior.
Pero ahora Israel está siendo bombardeado casi a diario por drones de largo alcance, cohetes y misiles disparados desde Hezbolá, las milicias de Irak y los huzíes de Yemen. El ataque con misiles balísticos iraníes del 1 de octubre demostró vívidamente a todos los israelíes la realidad de que no hay defensa viable contra estos ataques.
Además, si el conflicto entre Israel e Irán sigue agravándose (e Israel ha prometido una represalia de inmensas proporciones), Irán ha indicado que destruirá las infraestructuras críticas de Israel -centrales eléctricas, plantas desalinizadoras de agua, centros de producción y distribución de energía- en pocas palabras, Israel dejará de poder funcionar como un Estado-nación moderno.
En ese momento, se cobrarán las pólizas de seguro cuando cientos de miles de israelíes con doble pasaporte voten con los pies. Rusia ya ha dicho a sus ciudadanos que se marchen. Y si otros millones de israelíes que reúnen los requisitos para obtener pasaportes europeos optan por ejercer esa opción, Israel se enfrentará a su última pesadilla: una caída precipitada de la población judía que incline la balanza demográfica decisivamente hacia los no judíos, haciendo discutible la noción de una patria exclusiva para los judíos.
Israel se está volviendo rápidamente insostenible, tanto como concepto (el mundo se está cansando rápidamente de la realidad genocida del sionismo) como en la práctica (es decir, colapso económico y demográfico.).
La cambiante visión desde EEUU
Esta es la realidad actual de Israel: en el plazo de un año, pasó de «cambiar la faz de Oriente Próximo» a ser un paria insostenible cuya única salvación es el hecho de contar con el apoyo continuado de Estados Unidos para apuntalarlo militar, económica y diplomáticamente.
Y aquí radica el problema.
Lo que hacía atractivo a Israel para Estados Unidos -la ventaja estratégica de un enclave judío proamericano en un mar de incertidumbre árabe- ya no se sostiene tan firmemente como antes. La Guerra Fría ha quedado atrás, y los beneficios geopolíticos acumulados en la relación entre Estados Unidos e Israel ya no son evidentes.
La era del unilateralismo estadounidense se está desvaneciendo, siendo rápidamente sustituida por una multipolaridad con centro de gravedad en Moscú, Pekín y Nueva Delhi. Mientras Estados Unidos se adapta a esta nueva realidad, se encuentra inmerso en una lucha por los corazones y las mentes del «sur global», el resto del mundo fuera de la UE, la OTAN y un puñado de naciones prooccidentales del Pacífico.
La claridad moral que el liderazgo estadounidense pretende aportar a la escena mundial se ve empañada significativamente por su continuo apoyo incuestionable a Israel.
Israel, en sus acciones posteriores al 7 de octubre de 2023, se ha autoidentificado como un Estado genocida totalmente incompatible con cualquier noción de derecho internacional o con los preceptos básicos de la humanidad.
Incluso algunos supervivientes del Holocausto reconocen que el Israel actual se ha convertido en la manifestación viva del mismo mal que sirvió de justificación para su creación: la ideología brutalmente racista de la Alemania nazi.
Israel es un anatema para todo lo que representa la civilización moderna.
El mundo está despertando poco a poco a esta realidad.
También Estados Unidos.
Por el momento, el lobby proisraelí está montando una acción de retaguardia, lanzando su peso detrás de los candidatos políticos en un intento desesperado por comprar el apoyo continuado de sus benefactores estadounidenses.
Pero la realidad geopolítica dicta que Estados Unidos, al final, no se suicidará en nombre de un Estado israelí que ha perdido toda legitimidad moral a los ojos de la mayor parte del mundo.
El apoyo estadounidense a Israel tiene consecuencias económicas, sobre todo por la creciente atracción gravitatoria del foro BRICS, cuya creciente lista de miembros y de aspirantes a serlo es un quién es quién de naciones fundamentalmente opuestas al Estado israelí.
La profundización de la crisis social y económica en Estados Unidos creará hoy una nueva realidad política en la que los líderes estadounidenses se verán obligados por las realidades electorales a abordar los problemas que se manifiestan en suelo estadounidense.
El día en que el Congreso puede asignar miles de millones de dólares sin cuestionar guerras en el extranjero, incluidas las que implican a Israel, está llegando a su fin.
El famoso adagio del agente político James Carville, «Es la economía, estúpido», resuena con tanta fuerza hoy como cuando lo escribió en 1992. Para sobrevivir económicamente, Estados Unidos tendrá que ajustar sus prioridades nacionales e internacionales, lo que requiere conformidad no sólo con la voluntad del pueblo estadounidense, sino con un nuevo orden internacional basado en el derecho que rechace en gran medida el genocidio israelí en curso.
Aparte de los sionistas acérrimos que resistirán en el «establishment» no electo de la función pública gubernamental, el mundo académico y los medios de comunicación de masas, los estadounidenses gravitarán hacia una nueva realidad política en la que ya no se acepte el apoyo incuestionable a Israel.
Ésta será la gota que colme el vaso para Israel.
La tormenta perfecta de rechazo global al genocidio, la resistencia sostenida por parte del «eje de resistencia» liderado por Irán, el colapso económico y la realineación de las prioridades estadounidenses tendrán como resultado la anulación de Israel como entidad política viable. El calendario para esta anulación viene dictado por el ritmo de colapso de la sociedad israelí: podría ocurrir en un año o podría desarrollarse a lo largo de la próxima década.
Pero sucederá.
El fin de Israel.
Y todo comenzó el 7 de octubre de 2023. 7 de octubre de 2023, el día que cambió el mundo.
9. Resumen de la guerra en Palestina y Líbano, 10 de octubre.
Ayer hubo resumen de Mondoweiss. https://mondoweiss.net/2024/
Día 370 del Genocidio Israelí: Israel estrangula el norte de Gaza en aparente aplicación del «Plan de los Generales
Ataques israelíes contra la última panadería que funcionaba en el norte de Gaza, mientras las tropas israelíes siguen asediando e invadiendo Jabalia por sexto día consecutivo. Mientras tanto, las fuerzas israelíes se enfrentan a una fuerte resistencia en el sur de Líbano. Los ataques israelíes tienen como objetivo la última panadería en funcionamiento en el norte de Gaza y las tropas israelíes siguen asediando e invadiendo Yabalia por sexto día consecutivo. Mientras tanto, las fuerzas israelíes encuentran una fuerte resistencia en el sur de Líbano.
Por Faris Giacaman 10 de octubre de 2024
Bajas
- 42.065 + muertos* y al menos 97.886 heridos en la Franja de Gaza. Se ha identificado a 32.280 de los muertos, entre ellos 10.627 niños y 5.956 mujeres, que representan el 60% de las víctimas, y 2.770 ancianos hasta el 6 de agosto de 2024. Se calcula que hay unos 10.000 más bajo los escombros*.
- Más de 749 palestinos han muerto en Cisjordania ocupada, incluido Jerusalén Oriental. Entre ellos hay al menos 146 niños.**
- 2.141 libaneses muertos y más de 10.096 heridos por las fuerzas israelíes desde el 8 de octubre de 2023***.
- Israel revisó a la baja su cifra estimada de muertos del 7 de octubre, de 1.400 a 1.189.
- El ejército israelí reconoce la muerte de 720 soldados israelíes y las heridas de al menos otros 4.100 desde el 7 de octubre.****
* La rama de Gaza del Ministerio de Sanidad palestino confirmó esta cifra en su informe diario, publicado a través de su canal de WhatsApp el 10 de octubre de 2024. Grupos de derechos y expertos en salud pública estiman que el número de muertos es mucho mayor.
** El número de muertos en Cisjordania y Jerusalén no se actualiza periódicamente. El recuento se basa en la fecha oficial libanesa del inicio de «la agresión israelí al Líbano», cuando Israel comenzó los ataques aéreos en territorio libanés tras el inicio del «frente de apoyo» de Hezbolá a Gaza.
**** Estas cifras son publicadas por el ejército israelí, mostrando los soldados cuyos nombres «se permitieron publicar.» El diario israelí Yediot Ahronot informó el 4 de agosto de 2024 que unos 10.000 soldados y oficiales israelíes han muerto o han resultado heridos desde el 7 de octubre. El jefe de la asociación de heridos del ejército israelí dijo al Canal 12 de Israel que el número de soldados israelíes heridos supera los 20.000, incluidos al menos 8.000 que han quedado discapacitados permanentemente desde el 1 de junio. El Canal 7 de Israel informó de que, según las cifras del servicio de rehabilitación del Ministerio de Guerra israelí, 8.663 nuevos heridos se incorporaron al sistema de rehabilitación de discapacitados del ejército desde el 7 de octubre y hasta el 18 de junio.
Eventos clave
- La rama de Gaza del Ministerio de Sanidad palestino dice que el número de muertos supera los 42.065, con 97.886 heridos desde el 7 de octubre, de los cuales el 33% son niños, el 18,4% mujeres y el 8,6% ancianos; al menos 115 niños palestinos nacidos y muertos por las fuerzas israelíes desde el 7 de octubre.
- El Ministerio de Salud palestino dice que el número de muertos por el ejército israelí o los colonos en Cisjordania y Jerusalén ha llegado a 749 desde el 7 de octubre de 2023.
- El Ministerio de Sanidad libanés afirma que 2.141 libaneses han muerto y más de 10.099 han resultado heridos en cientos de ataques aéreos israelíes en todo Líbano, especialmente en el sur y en el valle de la Beqaa, desde el comienzo de la escalada de hostilidades entre Hezbolá e Israel en septiembre de 2024.
- Israel continúa asediando e invadiendo Jabalia, en el norte de Gaza, por sexto día consecutivo.
- Israel bombardea la última panadería del norte de Gaza mientras Defensa Civil Palestina afirma que las fuerzas israelíes impiden que la ayuda llegue al norte.
- Israel mata a 30 palestinos en un bombardeo contra una clínica en Gaza y a 28 en otro contra una escuela en Deir al-Balah, ambos refugios de civiles.
- Israel sigue bombardeando ciudades libanesas del sur y del valle de la Beqaa y mata a 13 personas sólo el jueves.
- Hezbolá intensifica el lanzamiento de cohetes contra Haifa y el centro de Galilea; Israel anuncia dos israelíes muertos y 12 heridos.
- El ejército israelí anuncia la muerte de un oficial el jueves en el sur del Líbano y un soldado herido, mientras que Hizbulá anuncia la destrucción de un tanque israelí y el bombardeo de concentraciones militares israelíes al otro lado de la frontera.
- El jefe del Mossad israelí informa a Estados Unidos de que la nueva condición adicional de Israel para un alto el fuego en Líbano es la liberación de los cautivos israelíes en Gaza.
¿Es la invasión de Yabalia el comienzo del «Plan de los Generales»?
Los ataques aéreos israelíes en toda la Franja de Gaza han matado al menos a 184 palestinos desde el pasado martes, 8 de octubre, según la rama de Gaza del Ministerio de Sanidad palestino. Sólo el jueves, 54 palestinos murieron en múltiples ataques, según el informe diario del Ministerio.
El asedio israelí a partes del norte de Gaza entró el jueves en su sexto día, sellando Beit Lahia y Jabalia mientras el ejército israelí lanzaba una invasión militar de la zona, que alberga a unas 200.000 personas.
Los analistas han considerado las actuales operaciones de Israel en el norte de Gaza como el primer paso en la aplicación de la visión expuesta por el general israelí retirado Giora Eiland en un artículo que publicó en los primeros meses de la guerra. El artículo de Eiland recibió el apoyo de varios oficiales militares y generales israelíes a principios de septiembre y desde entonces se le conoce como el «plan de los generales» en los medios de comunicación. El plan pretende sellar el norte de Gaza y hacerlo inhabitable, obligando a los cientos de miles de palestinos que viven en él a huir al sur y convertir todo el norte en una zona militar despoblada.
Debido a esta propuesta, Eiland fue incluido específicamente en el caso de Sudáfrica contra Israel en la Corte Internacional de Justicia, que dictaminó que Israel estaba cometiendo un genocidio plausible en Gaza. A finales de septiembre, Netanyahu dijo supuestamente a los legisladores israelíes que estaba considerando el «plan de los generales», dos semanas antes de que las fuerzas israelíes iniciaran su nueva invasión de Yabalia, que tuvo como resultado el sellado del campo de refugiados el pasado domingo y el inicio de un asedio militar.
En las primeras semanas de su asalto a Gaza después del 7 de octubre, Israel obligó a cerca de un millón de palestinos a abandonar sus hogares en el norte, ordenándoles trasladarse a zonas atestadas en las gobernaciones de Deir al-Balah, Khan Younis y Rafah, que también atacó y sigue bombardeando;
Israel sigue negándose a que los palestinos desplazados regresen al norte, uno de los principales puntos de discordia en las estancadas conversaciones de alto el fuego, ya que las fuerzas israelíes han establecido una zona militar a lo largo del sur de la ciudad de Gaza, conocida como el corredor de Netzarim, que aísla de hecho el norte de la franja del centro y el sur.
Testigos presenciales de Jabalia que hablaron con Mondoweiss a principios de semana informaron de que soldados y drones de ataque con cuadricópteros dispararon contra civiles que llevaban trozos de tela blanca que intentaban evacuar, que utilizaron a residentes de Jabalia como escudos humanos y que hubo bombardeos indiscriminados y bombardeos de artillería.
La Defensa Civil Palestina informó de que muchos cadáveres siguen tendidos en las calles y que sus equipos no pueden recuperarlos debido al fuego israelí. El ejército israelí ordenó a principios de semana la evacuación de los habitantes de varias zonas de Yabalia, y muchos ya han huido de sus casas. Las órdenes de evacuación también incluyeron los hospitales de Kamal Adwan, al-Awda e Indonesia.
Israel inició el pasado domingo la actual invasión terrestre de Yabalia, la tercera de gran envergadura desde el 7 de octubre del año pasado, al tiempo que estrechaba el cerco sobre el norte de la Franja de Gaza.
Israel ataca la última panadería que funcionaba en el norte de Gaza
El jueves, aviones de guerra israelíes bombardearon a familias desplazadas que se refugiaban en la clínica Al Rimal de la ciudad de Gaza, matando al menos a 25 personas e hiriendo a 100, según informaron testigos presenciales a los medios de comunicación. Imágenes de vídeo difundidas por medios de comunicación palestinos mostraban a personal médico recogiendo cadáveres desmembrados en una ambulancia.
En Deir al-Balah, aviones de guerra israelíes atacaron la escuela Rafida, donde se refugiaban civiles, matando a 28 personas e hiriendo a 50. Una superviviente de mediana edad dijo a Mondoweiss que «aquí no había gente armada, ni Hamás, la mayoría de la gente aquí son mujeres y niñas, esto es una oficina de directores de escuela que se usaba para vacunaciones y mujeres embarazadas.»
«¿Por qué nos hacen esto?», exclamó la superviviente. «Nos atacaron en tiendas de campaña. En las casas. En las calles y en las escuelas. ¿Adónde iremos? ¿Nadie en el mundo entero puede detener a Israel?».
Mientras tanto, Israel bombardeó el miércoles la última panadería que quedaba en el norte de la Franja de Gaza. La Defensa Civil Palestina informó de que el ejército israelí lleva varios días impidiendo la entrada de ayuda humanitaria en el norte, lo que hace resurgir el riesgo de hambruna que asoló el norte de la Franja a principios de año, donde siguen viviendo unos 400.000 palestinos.
Israel sigue bombardeando Líbano mientras Hezbolá aumenta el lanzamiento de cohetes y los encarnizados combates en la frontera.
El ejército israelí anunció que había bombardeado 110 objetivos pertenecientes a Hezbolá en Líbano, entre ellos arsenales de cohetes y otras instalaciones militares. Fuentes libanesas informaron de que los ataques israelíes tuvieron como objetivo las localidades de Suhmor y Sahl Bawadi, en el valle de la Beqaa, y Arzoun, al-Kyam, Qana, Naqoura, Teir Harfa, Maifadoun y la ciudad de Tiro, en el sur. Sólo el jueves, el Ministerio de Sanidad libanés anunció la muerte de 13 libaneses en todo el país, incluidos niños, en nueve ataques aéreos israelíes.
En un discurso televisado el martes 8 de octubre, cuando se cumplía un año del comienzo de las operaciones transfronterizas de Hezbolá contra las fuerzas israelíes en apoyo de Gaza, el vicesecretario general del grupo de resistencia libanés, Naim Qassem, afirmó que la jerarquía y el mando y control de Hezbolá «no se han visto afectados por los asesinatos» de sus altos mandos militares y de su secretario general, Hasan Nasralá. Qassem añadió que «no hay ningún puesto vacante en la dirección de Hezbolá», ya que la organización ha sustituido a todos sus dirigentes asesinados.
Qassem también negó, por segunda vez, las afirmaciones de Israel de haber destruido su arsenal de armas, afirmando que las «capacidades militares del movimiento están bien» y que está librando la guerra con Israel «de forma escalonada según los planes militares.»
Desde hace diez días, las fuerzas israelíes llevan a cabo operaciones terrestres en el sur del Líbano, enfrentándose a una fuerte resistencia de los combatientes de Hezbolá. En el momento de escribir estas líneas, las fuerzas israelíes sólo han penetrado varios centenares de metros en territorio libanés antes de retirarse. El jueves, el ejército israelí anunció la muerte de un oficial y la herida de un soldado en el sur del Líbano, lo que eleva a 16 el número de sus soldados muertos admitidos en el Líbano desde el comienzo de sus operaciones terrestres, además de cientos de heridos.
El martes y el miércoles, Hezbolá intensificó el lanzamiento de cohetes contra la ciudad de Haifa y sus alrededores. Las autoridades israelíes anunciaron que 12 israelíes habían resultado heridos en la ciudad y que otros dos habían muerto por disparos de cohetes en Kiryat Shmona, en la alta Galilea. Circularon por Internet imágenes de vídeo que mostraban los daños causados en casas y edificios de Haifa por el disparo de cohetes.
Mientras tanto, el Times of Israel informó de que el jefe del Mossad israelí informó a Estados Unidos de una nueva condición israelí para un alto el fuego en Líbano, a saber, la liberación de los cautivos israelíes en Gaza. El primer ministro israelí había declarado hace dos semanas en una reunión con su gabinete que el objetivo de Israel en Líbano era obligar a Hezbolá a desvincularse de la guerra en Gaza, ya que el movimiento libanés ha mantenido que sólo detendrá sus operaciones si Israel pone fin a su guerra contra el asediado enclave costero.